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26/09/14: De vuelta a Bali dónde conocemos a los monos de Ubud

Día 11: Dejamos Yogyakarta y volvemos a Bali…

A las 5.30h nos levantamos con una pereza brutal, bajamos a tomar el desayuno que tenemos incluido y volvemos a la habitación a recoger nuestro equipaje, hoy dejamos Java y volvemos a “la isla de los dioses”.

Hacemos el check-out y desde la misma recepción nos piden un taxi para ir al aeropuerto. Es muy temprano y no tenemos ganas de regateos ya, así que le pedimos que ponga el taxímetro y let’s go! Ayer le preguntamos a Kioto cuánto nos podría costar un taxi oficial del hotel al aeropuerto y nos dijo que unas 20.000 o 30.000 rupias. En unos 20 minutos llegamos y el taxista nos dice que debemos pagar 2.000 rupias de peaje para entrar con el coche al aeropuerto. Cuando llegamos a la terminal, le pagamos las 20.000 rupias que marca el taxímetro y para dentro.

Teóricamente nuestro vuelo sale a las 8,05h pero ya sale en las pantallas que va con retraso. Será nuestro primer vuelo con la compañía indonesia Garuda Airlines. Es la única compañía indonesia certificada para volar según la normativa UE y hasta hace muy poquito, la única que incluía las tasas aéreas en su billete. Lo bueno de esta compañía es que acepta pago con tarjetas europeas a través de su web, así que al igual que con Kalstar, puedes evitar tener que comprar mediante intermediarios.

Facturamos las maletas y nos quedamos con las mochilas. Pasamos a la zona de embarque tras pasar otro control de seguridad super light de esos suyos 😛

Decidimos comer algo más, ya que apenas lo hicimos antes. Nos tomamos un café con leche y unas tostadas cada uno por 25.000 rupias. La cafetería tiene una gran cristalera que da a la pista dónde cargan y descargan los aviones. Alucinamos un montón cuando vemos que un avión que acaba de despegar se aposenta justo delante nuestro y podemos disfrutar de todo el proceso de descarga y carga de pasajeros y equipaje así como de todas las comprobaciones y pasos que siguen hasta que el avión vuelve a pista para despegar. ¡Mola! Os dejo un vídeo que grabamos: http://youtu.be/IZSH4OPQSIc

Estamos en la terminal de vuelos domésticos pero aún así me sorprende que solo haya cinco puertas de embarque para el tamaño que tiene la ciudad… ¡nuestro vuelo se retrasa 1h! Ya sabíamos que la puntualidad brilla por su ausencia en Indonesia pero con el madrugón que nos habíamos pegado, este rato de más se nos hizo eterno.

 

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Al fin, nuestro vuelo sale anunciado en una puerta de embarque. Hacemos cola y allí flipamos de nuevo al ver “el equipaje de mano” de algunos y lo pongo entre comillas porqué muchos llevan mochilas enormes y otros tantos 3-4 piezas grandotas… Tras enseñar nuestro billete y pasaporte a la chica de la puerta, salimos a la pista dónde a pie te diriges hasta tu avión. Suerte que te señalan cuál es, si no sería fácil irte a otro lado x’D

La verdad es que este avión es realmente cómodo y cuenta hasta con pantalla multimedia, lo cuál nos sorprende bastante teniendo en cuenta que se trata de una low cost…

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Nos entretenemos con la pantalla jugando un poco, leyendo su revista dónde vemos que a partir de final de 2014 inauguran vuelos a Londres y pasamos el rato del vuelo. Veo en las pantallas que sobrevolamos la zona volcánica del este de Java y al mirar por la ventanilla me encuentro con la caldera del Tengger y el Bromo & Co, así como el Kawah Ijen

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la zona del Bromo

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más del Bromo

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la zona del Ijen

Puede parecer una tontería pero me gusta un montón despedirme de Java con esta imagen… me acuerdo de las dos jornadas tan intensas que vivimos para ver los volcanes y lo gratificantes que fueron al ver dónde nos habíamos metido.

Seguimos con el vuelo… quedan pocos minutos para llegar a Bali y vemos el estrecho que hay entre ambas islas, volamos sobre la zona de Ketapang pero ya apreciamos la costa balinesa entre las brumas…

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Tras dos horas de vuelo, llegamos de nuevo a Bali. Ponemos el reloj en hora ya que aquí hay 1h más que en Java. Este aeropuerto ya lo conocemos así que nos orientamos mejor. Vamos a la zona de recogida de equipajes y llegan nuestras maletas sanas y salvas. De verdad que esta parte es la que más me estresa de un viaje…

Vamos a la zona de taxis para coger uno hasta Ubud. Aquí nos tocan un poco lo que no suena porque en el cartel informativo que tienen en el stand de los taxis oficiales pone que son 250.000 IDR hasta Ubud y a nosotros nos piden 300.000 diciendo que es por las maletas… a ver, digo yo… si estás en un aeropuerto lo lógico es que la gente vaya con maleta ¿no? ¿porqué no ponen los precios reales y punto? ¡Uff! Como no nos queda más remedio, aceptamos el precio y nos vamos con el taxista que nos asignan. El hombre es majo y chapurrea algo de inglés. Nos explica un poco por dónde vamos y nos dice que tardaremos menos de una hora y media en llegar.

Qué horror el modo de conducir de los indonesios… de verdad que te pasas el viaje con los webs por corbata 😀 Es terrible el tráfico que tienen y el estado de las carreteras, y ese modo kamikaze de conducir… un viaje que aquí harías en media hora allí te cuesta el triple. Intentamos echar una cabezada y a eso de las 13h, una hora y cuarto después, llegamos al hotel. Le pagamos al señor lo pactado y salimos hacia el hall.

Para nuestra estancia de 3 noches en Ubud, escogimos el hotel Alaya Resort Ubud. Una chulada de hotel, de verdad. Es un poco caro para los precios del país pero en su día vimos que en Ubud los precios subían respecto al resto y nos gustó que contara con un 9,8 de puntuación en Booking, así que nos decidimos por disfrutar de nuestra estancia en él. Y así fue, todo un acierto.

Hacemos el check-in y nos enseñan nuestra habitación. Alucinamos en colores 🙂

 

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nuestra habitación

 

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nuestra habitación

 

La cama es literalmente enorme y súper cómoda, la habitación muy muy amplia y muy luminosa y tiene una ducha zen que nos encanta, además de frutas típicas para picotear. El botones nos explica los horarios del desayuno, del restaurante y de la piscina, cómo funciona la TV y las claves para usar el Wifi. Cuando nos quedamos solos echamos un vistazo a la terraza de la habitación y vemos que hay un campo de arroz justo delante nuestro ¡qué paz y qué maravilla de sitio!

 

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nuestra terraza

 

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Nos cambiamos de ropa y nos ponemos más frescos ya que aquí hace bastante más calor que días atrás. Nos embadurnamos de protector solar y de repelente de mosquitos a consciencia ya que Ubud es zona de riesgo de dengue y malaria, y salimos a descubrir la zona y comer algo. A pocos metros del hotel hay una bifurcación que da a tres calles, todas ellas repletas de tiendas, restaurantes y templos. Nos decidimos por una de ellas al azar.

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nuestros primeros templos hindúes

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Nos sorprende ver tantos templos juntos… es algo que preguntaremos al guía que tenemos contratado mañana. Seguimos caminando con cierta dificultad ya que las aceras están muy atrotinadas y constantemente te van parando “los excuse me” 😛

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en Bali encuentras estas estrellas en sus aceras

Lo bueno que tiene Indonesia, es que los restaurantes tienen todos la carta en inglés y con los precios en la puerta, así que antes de entrar al local ya te puedes hacer a la idea de lo que vas a comer y de lo que te vas a gastar. Lo malo, es que en prácticamente todos los restaurantes tienen el mismo menú… lo que dificulta el poder variar la dieta 😦

Al fin, localizamos un warung que nos entra por el ojo y entramos. El sitio está más que decente, cuenta con wifi gratis y está adosado a una casa tradicional balinesa por lo que vemos su jardín desde él.

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Nos comemos un pizza yo y un plato de pasta mi marido con unos refrescos por 90.000 rupias, nada mal 🙂 Y ya con la tripa llena, volvemos a la calle con el objetivo de visitar un lugar muy conocido en Ubud, el Monkey Forest. Sabemos que vamos por el buen camino porqué empezamos a ver estas esculturas a lo largo de la calle:

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Ubicado en el corazón de Ubdu, el Monkey Forest es una reserva natural de más de 27 hectáreas de extensión en la que se encuentran varios templos, pero que es especialmente conocida gracias al grupo de monos que habitan en ella… Pagamos 20.000 rupias cada uno por la entrada y allá vamos. Al entrar al parque tienes unas indicaciones que nosotros ya habíamos leído por internet, así que ya vamos preparados… te recomiendan no llevar nada brillante, quitarte gorras o sombreros y no llevar nada que llame la atención de los monos ya que son un poco cabroncetes y unos manguis, así que te robarán sin ninguna piedad. Aunque venden comida para darles, no se recomienda hacerlo, pueden ser agresivos si hay comida de por medio… Hoy vamos casi con lo puesto, dejamos mochilas y bolsos en el hotel, solo llevamos las gorras que las guardamos en los bolsillos y la cámara pequeña. Así que una vez preparados, vamos allá.

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El lugar es muy muy bonito, se respira paz y hace fresquete, ¡cosa que se agradece! Pero no puedes evitar mirar a todos lados no sea que te venga algún macaco por la espalda… 😛 El Bosque de los Monos contiene una densa y variada vegetación compuesta por más de 100 especies diferentes de árboles. Entre el verde manto del bosque se encuentran varios templos y un cementerio que son vigilados cuidadosamente por los monos que viven en la reserva.

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Empezamos a encontrarnos macacos mientras recorremos el parque. En la taquilla nos dieron un mapa del lugar y vemos que hay tres o cuatro de templos, un lago y un cementerio. Así que nos dirigimos primero al lago bajo la atenta mirada de los monos…

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Más que un lago, es una fuente que recoge agua del riachuelo que pasa por debajo y dónde la gente echa monedas al más puro estilo de la Fontana di Trevi 🙂

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De ahí nos vamos a uno de los templos del parque. Dedicado a varios dioses, es el lugar dónde más monos se concentran… y dónde más vendedores de comida hay, así como gente que se ofrece para hacerte una foto con ellos haciendo que se te suban a los hombros o la cabeza. Aquí la cosa es hacer negocio como sea…

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Aquí podemos presenciar una pelea entre varios machos y realmente dan miedito cuando están enfadados ¡¿eh?! ¡Vaya dientes enseñan y cómo gruñen…! Por suerte, otros tienen cara de ser más buenos…

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Tras un buen rato en esta zona, seguimos caminando hacia el siguiente templo que está cerca de la salida.

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Nos quedamos un buen rato mirando a esta estatua:

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Simboliza a algún dios hindú pero realmente nos sorprende lo “curiosas” que pueden ser sus representaciones… ¿qué opinas?

A eso de las 17h y a punto de cerrar, decidimos dar por finalizada la visita al lugar. De vuelta al hotel nos encontramos con toda una calle repleta de tiendas, así que echamos un vistazo y compro un pareo la mar de chulo tras regatear por 200.000 rupias. Estoy segura que podría haberlo sacado por menos, pero tras 5 minutos de estira y afloja ya no tenía ganas de estirar más… En España me hubiera costado bastante más y realmente me gustaba mucho, así que sin problema.

Echamos el ojo a algunos sitios que nos pueden interesar para la cena y localizamos una lavandería… esto si que nos interesa mucho porqué estamos casi en el ecuador del viaje y necesitamos lavar la ropa usada, apenas nos queda limpia. Siempre que hacemos grandes viajes, llevamos ropa para una semana o 10 días y lavamos en destino, es algo que te permite llevar menos equipaje, ir menos cargados y tener más espacio para llevar souvenirs a la vuelta.

Vamos al hotel a por la ropa sucia y volvemos a la lavandería que está a 2 minutos a pie. Nos da las tarifas que nos parecen más que buenas y nos dice que mañana por la tarde ya podremos recogerla, limpia, seca y planchada. ¡Mola!

Y ahora que ya tenemos este tema solucionado… ¡vamos a catar esa fabulosa piscina que tiene el hotel! Así que volvemos al hotel, nos ponemos los bañadores y vamos a descubrir la piscina.

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la terraza de nuestra habitación

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Tiene una pinta tremenda ¡¿eh?! Dejamos las cosas en la tumbona y nos echamos al agua que está templadita. ¡Menuda maravilla! ¡Al fin un poco de relax con un buen bañito! Estamos solos en la piscina, así que disfrutamos a nuestras anchas de ella. Junto a la piscina hay un bar y decidimos rematar la tarde tomando unos mocktail de frutas riquísimos por 170.000 rupias los dos. ¡Esto es vida! 😀 Conforme va cayendo el atardecer vamos escuchando a todo tipo de bichos, hay uno que hace un sonido muy gracioso… días más adelante descubriremos de qué animal se trata…

Empiezan a acudir mosquitos a tope, así que ha llegado la hora de volver a la habitación. Nos damos una buena ducha y salimos a cenar. Vamos a la misma calle dónde comimos hoy y nos decidimos por otro warung. Cenamos dos mie goreng más un refresco y una Bintang (cerveza indonesia) por 180.000 rupias los dos. Está muy bueno pero de nuevo, muy muy picante…

 

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Tras la cena, regresamos al hotel. Hablamos un poquito con los nuestros y a dormir en esa fabulosa cama de 2m… mañana empezaremos a descubrir los rincones que esconde Bali 🙂

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25/09/14: Acabamos de conocer Yogyakarta y visitamos otro de los grandes, el Prambanan

Día 10: Yogyakarta: Prambanan, entre batiks, Palacio del Sultán y del Agua, y mercado de los pájaros. 

 

Hoy no tenemos que madrugar en exceso ya que hasta las 9h no nos recogerá el conductor. Nos levantamos con calma, bajamos a desayunar y luego nos preparamos para la excursión de hoy. Os dejo unas vistas desde la terraza de la habitación de primera hora de la mañana.

 

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Es nuestro último día en Yogyakarta, mañana temprano volvemos a Bali y también hoy tenemos contratado tour con Kioto. El primer punto del día es otra de las visitas estrella del viaje a Indonesia: el Prambanan. Pero antes hacemos parada junto a un pequeño templo hindú cercano al Prambanan, el Candi Sari.

 

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Tan solo lo visitamos por fuera, ya que hay que pagar entrada y preferimos pagar por el Prambanan. Junto al templo hay una mezquita que bien podría pasar por iglesia ortodoxa…

 

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Tras unos minutos por el caótico tráfico javanés, llegamos al aparcamiento del templo. Pagamos 18$ por persona y la entrada, igual que en el Borobudur, incluye el sarong necesario para la visita. En la sala dónde se compran las entradas hay esta maqueta (foto extraída de Wikipedia) que muestra cómo era en su origen el Prambanan, con sus 240 templos.

 

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Hacemos parada en boxes y luego damos un paseo de unos 10 minutos por un parque que rodea el templo hasta que empezamos a vislumbrar esta majestuosidad.

 

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Considerado Patrimonio de Humanidad por la Unesco, el templo data del siglo IX y está dedicado a los tres dioses principales del hinduismo. Es considerado templo madre de esta religión aunque su verdadera función era la de ser un gran “cementerio” hindú. Nos quedamos sin palabras. Desde aquí podemos echar unas buenas fotos panorámicas del complejo. Como no, hay un tipo que se ofrece para echarte una foto por la que te cobra unas cuantas miles de rupias. Pero nosotros vamos acompañados por Kioto quién hace la misma función sin cobrarnos 😛

 

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Como ya vimos en otros templos, aquí también encontramos montones de piedras en los alrededores, Kioto nos dice que el complejo original ocupaba casi 1 hectárea pero que hoy en día apenas quedan estas pocas estructuras en pie y al ser Patrimonio de la Unesco no permiten su restauración. Una pena, la verdad.

 

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vista panorámica

 

Nos acercamos a la entrada principal dónde hay unos paneles informativos con datos del templo, fotos antiguas y proyectos de recuperación. Conforme te acercas al complejo, aún fascina más ya que empiezas a apreciar los relieves de cada uno de los templos que conforman el Prambanan.

 

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Desde aquí se aprecia una buena vista del volcán Merapi, el más activo de toda Indonesia. Y se aprecia con bastante claridad esa forma cónica que le caracteriza y su cráter humeante.

 

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Nos vamos adentrando en el complejo de templos que es el Prambanan y nos va fascinando un poquito más con cada paso.

 

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El complejo está formado por esos tres grandes templos centrales, dedicados a Siva (el central) y a Visnu y Brahma (los laterales), y rodeado por otros dedicados a animales relevantes en la vida de estos dioses. Kioto nos relata las bases del hinduismo y nos hace un pequeño esquema sobre la tierra.

 

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Al igual que ocurre con el budismo en el Borobudur, los relieves de todos los templos que conforman el Prambanan, relatan historias del hinduismo e ilustran la epopeya del Ramayana con un realismo que te deja sin palabras ¡sobretodo cuando piensas que el templo data del siglo IX!

 

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algunas con efecto 3D!

 

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Shiva

 

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Kioto nos va enseñando cada uno de los templos y nos explica a quién están dedicados así como historias relacionadas con ellos. Yo no puedo dejar de echar fotos, el sitio me tiene maravillada. Así que como una imagen vale más que mil palabras, prefiero dejar de hablar y mostraros una parte de las cientos de fotos que eché.

 

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templo dedicado a Shiva

 

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Brahma

 

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detalle de la estatua de Brahma

 

Vamos entrando en los distintos templos y los rodeamos mientras disfrutamos de los relieves que éstos muestran.

 

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interior del templo de Shiva

 

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exterior del templo de Shiva

 

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Hace un calor espantoso y solo es media mañana, el día apunta maneras… así que tras casi 2h visitando este fantástico lugar, decidimos con mucho pesar poner fin a la visita.

 

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Siempre que visito un lugar que me fascina, echo un último vistazo y una última foto… es como ese momento en que “me despido” de un lugar que seguro recordaré siempre, que llevaré grabado en la retina… Y ésta es la foto de ese último momento en el Prambanan:

 

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Kioto nos comenta que algunas noches realizan un espectáculo de luces y bailes javaneses con el Prambanan de fondo y nos ofrece la posibilidad de verlo hoy, pero el espectáculo es bastante caro y termina muy tarde, además tendríamos que pagar taxi de ida y vuelta al hotel… así que lo dejamos correr.

Volvemos a cruzar el parque que rodea el templo hacia la salida. Hay un cercado dónde tienen ciervos y también un mercado con ropa, comida, souvenirs… compramos un par de botellas de agua bien fresquitas por 1.000 rupias y Kioto nos invita a unas bananas. Volvemos al coche y nos dirigimos al siguiente punto del día. Pero de camino, paramos cerca de otros dos templos cercanos y de una típica casa javanesa para echar unas fotos.

 

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típica casa javanesa con su peculiar tejado

El siguiente punto es la visita a un taller de batik. Es una turistada del 15 pero queríamos comprar algún batik así que nos venía bien que Kioto incluyera un taller en la ruta de hoy. Los batik son telas teñidas con una técnica de reserva que se consigue con un proceso artesanal bastante laborioso. Aunque es típico de varios países del sudeste asiático, el de Java fue inscrito como Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 2009.

El taller que visitamos es el Art Gallery Batik Painting de un famoso artesano javanés, Kabul Wiji Hartono, que por lo visto tuvo una exposición en el Museo de Guggenheim de Bilbao hace unos años. El hombre nos explica el proceso en ¡ESPAÑOL! y nos deja echar unas fotos, algo que se agradece.

 Nos explica que para hacer un batik, lo primero es dibujar la tela. Luego lo recubren con cera como veréis en las siguientes imágenes y le dan un baño de color. De esto modo, se tiñe toda la tela, excepto el dibujo que queda blanco.

 

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Luego, vuelven a “pintar” con cera aquellas zonas que no quieren que cambie de color, y le vuelven a dar un baño con un tono diferente… así sucesivamente hasta que consiguen pintar de distintos colores todo el dibujo del lienzo.

 

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aquí tras haber bañado el lienzo en dos colores y en dos fases distintas, primero para el tono azul y luego para el dorado.

 

La verdad es que el tipo tiene verdaderas maravillas en su taller. Nos cuenta que un batik sencillo puede tardar una semana en hacerlo, uno más laborioso como el de la siguiente foto, ¡hasta 3 meses! En el taller le ayudan 4-5 aprendices, aunque nos explica que encargos muy especiales, los elabora solo.

 

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éste fue mi favorito sin duda!

 

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Como anécdota nos cuenta que algunas celebridades de nuestro país así como algunos famosos le han comprado batik en su taller 🙂 Le decimos que queremos comprar alguno y nos invita a dar una vuelta por el taller.

 

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¡Nos cuesta horrores decidirnos porqué todos son preciosos! Hay batik de todos los precios y tamaños, vemos que los firmados por él son más caros que los firmados por las aprendices. Tras mucho pensárnoslo, decidimos comprar dos por 80€ al cambio, uno para el despacho de casa y otro para nuestra habitación.

 

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Nos envuelve los lienzos bien doblados y nos explica que cuando lleguemos a casa, los planchemos y los coloquemos en un bastidor. Nos dice que al ser de algodón y haber usado buen tinte, se pueden lavar en la lavadora y planchar sin problema. El lavarlo no lo he probado, pero plancharlo si y sin problema 😉

Tras la compra, nos dirigimos al siguiente punto del día: El Kraton de Yogyakarta o el Palacio del Sultán. Y es que aunque pueda parecer curioso, Yogyarkata es la única región de Indonesia que mantiene como gobierno un sultanato de la época pre-colonial. El Kraton es la vivienda oficial del sultán pero además, se usa como lugar de reunión con el pueblo, cuenta con salas de exposiciones y cedió las 30.000 hectáreas de su jardín a la gente menos pudiente de la región para que construyeran sus casas en su terreno. Es un sultán con devoción por ayudar a los más necesitados, lo cuál me gustó.

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sello del actual Sultán

Para entrar a la zona visitable del palacio, pagamos 12.500 rupias por persona más 2.000 rupias por la cámara de fotos. Kioto nos explica que durante la visita, iremos acompañados por una guía propia del palacio, una funcionaria del sultanato que nos explicará todo sobre el lugar y sus tradiciones, pero que a pesar de que supuestamente es gratuita, debemos darle una propina de unas 30.000 rupias al finalizar la visita de 1h. Nos quedamos un poco flipados con esto, pero ya sabéis que son una panda de piratillas… así que nada, vamos con la señora.

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La guía nos va explicando la historia del sultán de Yogya, así como cuáles son sus competencias y sus tradiciones mientras recorremos algunas salas, patios y jardines.

 

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Hace un calor brutal hoy y se agradece que en la visita haya salas interiores y patios cubiertos 😛 Hay varias salas dónde guardan los tesoros del Sultán, regalos de otras monarquías o jefes de estado así como algunas cosas de cuando el Sultán era niño, como ropa, libros, juguetes… Aunque parece un sultanato poco dado a las grandes riquezas, sí se puede apreciar en algunas salas que no deja de ser un palacio real…

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las columnas y los techos de esta sala están cubiertos de pan de oro

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Vemos también el “tambor” que usaban años atrás para avisar de algún peligro a la población.

 

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Vemos a algunos tipos con una vestimenta peculiar y un señor sable a la cintura y le preguntamos a la guía. Nos dice que son miembros de la Guardia del Sultán. Por lo visto, solo pueden ejercer como guardias los hombres y éstos no pueden dedicarse a nada más ni tener familia, viven en el palacio o en las cercanías a éste y reciben un salario muy bajo por ello. Vemos chicos muy jóvenes pero también señores bien mayores.

 

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Una de las salas de exposiciones está presidida por este gran mural con una foto del Sri Sultan Hamengkubuwono X, actual Sultán con su lema: “Tahta untuk rakyat” que significa “un trono para un pueblo”.

 

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“un trono para un pueblo”

 

Tras la visita y las explicaciones recibidas en inglés por la guía, le damos la propina que nos dijo Kioto y nos reencontramos con él. Nos dirigimos al siguiente punto del tour de hoy: el Palacio de Agua Taman Sari.

Construido en 1758 como un jardín de recreo para el Sultán y su familia, estuvo abandonado durante años y su reconstrucción se inició en 2004. Pagamos 12.000 rupias cada uno más 1.000 rupias por la cámara de fotos y entramos.

 

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Hay varias estancias destinadas a reuniones, dormitorios, salas de estar distribuidas en dos pisos, así como dos grandes estanques con fuentes. Fue diseñado por un arquitecto portugués en la época colonial, de ahí que no tenga nada que ver con las típicas edificaciones asiáticas o javanesas.

 

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 No sé si fue el calor terrible que hacía, que las piscinas estaban casi vacías, que había hambre a estas horas o que yo no podía quitarme de la cabeza la Alhambra de Granada… que a pesar de los grandes esfuerzos de Kioto, el lugar me decepcionó sobremanera. Así que por mi, os podéis ahorrar unas cuantas rupias y pasar de largo.

Le pedimos a Kioto que nos lleve a comer antes de que nos dé una lipotimia. Nos dice que nos va a llevar a un sitio típico de la zona que se comen bien, pero llegamos a las puertas de un verdadero antro. Sucio, con pinta de pegajoso, con la cocina en medio de la calle y sin indicios de higiene por ningún lado… así que muy educadamente le pedimos que nos lleve a otro sitio si no le importa :S Nos lleva a un restaurante tipo buffet en una casa tradicional javanesa muy bonita, en la que corre una brisita buena a través de las columnas de la sala y con más limpieza a todas luces. Nos sale caro, unas 200.000 rupias y la comida tampoco mataba pero al menos comimos tranquilos sin pensar en que cogíamos la triquinosis como poco :/

De ahí, al último punto del tour de hoy: el mercado de las aves. La entrada es gratuita pero hay que pagar 3.000 rupias por el aparcamiento.

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Tal y como su nombre indica es un mercado dónde venden aves, jaulas, comida y accesorios para el cuidado de los pájaros. Es un mercado bastante grande y con un montón de paradas. Todo el mundo nos mira, somos los únicos occidentales por la zona…

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algunas jaulas son muy bonitas

 

Vemos algunas especies como el gallo negro que no conocíamos antes. Es un gallo que por lo visto tiene una alta concentración de hierro en su sangre y ello provoca que todo él (patas, plumas, pico, ojos…) sea negro.

 

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este lorito cantaba

 

Pero también venden otros animales, algunos en peligro de extinción y me siento un poco Frank de la Jungla al ver en qué condiciones tienen a los animales ahí… vemos búhos y murciélagos simplemente tapados con una sábana; serpientes y tortugas apelotonadas, algunas en jaulas de cristal con poca ventilación; perritos y gatitos amontonados en jaulas diminutas y sin agua ni comida; vemos un dragón de Komodo, algunos luwak… pero todos en pésimas condiciones. Una pena.

 

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un luwak

 

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una víbora

 

 

En algunos puestos no me dejan hacer fotos y otros directamente no nos dejan ni entrar… la consciencia tranquila que tendrían ¿eh?

Cuando ya no podemos aguantar más viendo cómo tienen a los pobres animales, le pedimos a Kioto que nos lleve al hotel. Nos dice de visitar algún taller de artesanos más pero desestimamos la idea. Todavía hace muchísimo calor y estamos agotados, necesitamos descansar un poco tras varios días de trote.

Así que volvemos al coche y vamos hacia el hotel. De camino le pedimos que nos pare en algún cajero para poder sacar dinero. Aquí flipamos en colores… por dejar el coche en la acera 2 minutos mientras sacamos dinero nos toca pagar 3.000 rupias al jeta de turno en concepto de “parking”, ¿¿¡¡perdona!!?? ¿¿¡¡pero la acera no es de todo el mundo??!! Sin comentarios de verdad…

Al fin llegamos al hotel, pagamos a Kioto el día de hoy más alguna entrada y aparcamiento que teníamos pendientes. El chico se ha portado genial, ha hecho verdaderos esfuerzos por explicarnos muchas cosas de su país y de su gente y todo en un español más que bueno teniendo en cuenta que lo estudia de forma autodidacta, así que nos disponemos a darle una propina por su servicio pero la rechaza, nos dice que él se gana bien la vida y que si queremos, le demos la propina a Ajo, el conductor. Le decimos que se la repartan pero insiste en que mejor se la demos a Ajo, así que salimos del hotel y vamos hacia su coche para darle la propina. Al hombre se le ve sorprendido y más que feliz y mediante Kioto nos dice que ha sido un placer acompañarnos estos días. Nos despedimos de ambos con gran gratitud y volvemos al hotel.

Son las 17h y pensamos en bajar a la piscina, pero vemos en las normas del hotel que solo se permite ir con burkini… ¡lástima me lo dejé en casa…! Como evidentemente, no tengo ninguno nos quedamos sin poder disfrutar de la super piscina del hotel… así que me doy un baño relajante y la mar de reconfortante y luego nos echamos una siesta de ministros. A eso de las 20h bajamos a cenar, repetimos en el restaurante del hotel. No nos gusta demasiado el ambiente que hay en los alrededores, así que preferimos pagar un poco más pero ir a lo seguro. Tras la cena, preparamos de nuevo las maletas… ¡mañana volvemos a Bali!

24/09/14: Nueva jornada entre templos y volcanes en Java

Día 9: Yogyakarta – Templos y meseta del Dieng Plateau

 

Esta noche nos ha costado dormir más que noches anteriores ya que de madrugada oímos la llamada a la oración de las mezquitas cercanas, pero por suerte la cama es la mar de cómoda y en seguida cogimos el sueño de nuevo hasta las 7h que suena el despertador.

 

Nos vestimos y bajamos a desayunar. Tenemos desayuno buffet incluido en el precio del hotel. Disfrutamos de un buen café javanés y unos dulces que nos saben a gloria. Volvemos a la habitación a por las cosas y antes de las 8h estamos en la recepción dónde nos recoge Ajo, el conductor.

 

De nuevo nos topamos con un tráfico brutal y nos cuesta casi 1h salir de la caótica Yogyakarta. A las afueras recogemos a Kioto, nuestro guía, tal y como quedamos ayer. Hoy nos espera otro largo día de carretera para llegar hasta la meseta del volcán Dieng Plateau, al norte de Yogya.

 

¿Y qué nos espera en Dieng? Se trata de una zona montañosa en el centro de Java a más de 2.000m sobre el nivel del mar, una zona mucho más rural, lejos de las grandes ciudades de su caos y por tanto, más tranquila. Su nombre proviene de “Di Hyang” que significa “Morada de los Dioses” y es que en esta zona, se construyeron más de 400 templos hindúes alrededor del 750 dC, mucho más antiguos que los grandes Prambanan y Borobudur, y consideradas las construcciones de piedra más antiguas de Java. Lamentablemente, a penas se conservan 8 templos de esos 400, la mayoría de ellos en ruinas… También nos espera la visita a uno de los cráteres volcánicos de la zona, y eso de ver volcanes a nosotros ya sabéis que ¡nos encanta!

 

Lo malo es que como ya avanzaba, aunque Dieng está solo a unos 150km de Yogya, la espantosidad de sus carreteras y su tráfico hace que este viaje sea laaargo… ¡algo así como 3h y media! Así que nos armamos de paciencia, intentamos no mirar demasiado hacia adelante para no morir del susto por la conducción tan temeraria que tienen y aprovechamos para charlar con Kioto que nos sigue contando cosas interesantes sobre su país y su gente.

 

Si hasta Wonosobo la carretera es mala, de ahí al Dieng ya es peor… una carretera de un carril y medio de montaña con cientos de curvas y una pendiente importante. ¡Qué mareo! Ahora, las vistas son geniales… ver esos campos de cultivo en terraza a lo largo de la ladera de las montañas no tiene precio.

 

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Paramos en un mirador… vaya un trozo de explanada junto a la carretera en la que han montado una tienda y un WC cochambroso por el que cobran entrada, y en el que nos cobran 1.000 rupias solo por aparcar, esta gente ve negocio por doquier ¿eh? Al menos las vistas desde aquí de todo el valle valen la pena.

 

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Seguimos unos minutos más hasta llegar a la meseta del Dieng, dónde pagamos una retribución de 3.000 rupias por persona. Es como un peaje. Aparcamos en el complejo de templos y pagamos la entrada que da acceso a todos ellos y al cráter del volcán (25.000 IDR por persona). Ajo nos espera en el coche y nosotros salimos con Kioto a ver los primeros templos del día -por fin-.

 

Antes de seguir con el relato, os dejo un mapa de la zona para que os sea más fácil situaros según os vaya contando:

 

 

Como os decía, el complejo conocido como Candi Arjuna cuenta con una serie de templos cada uno dedicado a un dios hinduísta. Se trata de una explanada bastante grande pero apenas quedan los restos de lo que en su día debió ser.

 

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Vemos algunos montones de piedras y le preguntamos a Kioto que nos dice que se trata de los restos de templos. Los apilan intentando buscar correlación entre ellos para algún día tratar de restaurar el complejo. En algunos ya trabajan. Y otros están en buenas condiciones e incluso se puede entrar en ellos.

 

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Nos alejamos un poco para poder tener una perspectiva del lugar y luego caminamos unos minutos a través de un camino y Kioto nos enseña un par de templos que están entre campos de cultivo. Volvemos al coche y Ajo nos lleva hasta el siguiente templo de la zona: el Candi Gatotkaca:

 

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interior del templo

 

Lo bueno de visitar esta zona es que no hay apenas gente… solo un par de parejas locales y nosotros. Así que se respira paz 🙂

Volvemos al coche y recorremos unos cuantos kilómetros más hasta el siguiente punto de la visita y es que hoy aprovechando que estamos en zona volcánica, veremos ¡más cráteres! Aparcamos y nos vamos hacia el Sikidang Kawah.

 

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¡Alucinamos, estamos en el mismísimo cráter de un volcán activo! El suelo está caliente, sale humo por doquier, huele a huevos podridos, hay trozos de azufre y el agua que hay en pequeños charcos burbujea, además notas movimiento bajo tus pies. ¿No os lo creéis? ¡Pues mirad!

 

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Nos acercamos a una zona cercada y al asomarnos vemos que hay ¡¡lava burbujeando!!

 

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Cuando piensas la temperatura que debe tener eso te pones malo, si cayeras ahí te desharías literalmente en pocos segundos. Piensas en el lugar que estás y se ponen los pelos de punta pero a la vez te maravilla el poder disfrutar del espectáculo que nos brinda la naturaleza. Y es que aunque los templos de esta zona no son gran cosa, poder disfrutar de ésto, hace que el viaje hasta aquí haya merecido la pena. Rodeamos el cráter burbujeante y flipamos en colores con lo que vemos.

 

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Os dejo un vídeo que grabé del lugar: http://youtu.be/zNC0PODqCcg

 

 

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Vista del cráter con lava

 

 

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vista panorámica

 

 

Kioto nos deja a nuestro aire y pasamos más de media hora aquí, dándole vueltas al hoyo y quedándonos con esta experiencia grabada en la retina. De vuelta al coche, pasamos junto a unos puestos dónde venden verduras y comida típica de la zona así como figuras hechas con azufre del estilo a las que vendían los mineros del Ijen.

 

De camino al siguiente punto, paramos un momento a echarle la foto a un templo que queda junto a la carretera, el Candi Bima.

 

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Y proseguimos unos kilómetros más hasta llegar a los lagos Telaga Warna y Telaga Pengilon, nuestro último punto en el tour por la meseta del Dieng. Aparcamos junto al Dieng Plateau Theater, una especie de observatorio, pero nosotros no entramos en él si no que caminamos unos minutos por un camino de tierra en ascenso hasta una pequeña cima dónde poder contemplar la vista panorámica de los lagos. Aquí pagamos 5.000 rupias cada uno para poder acceder a ese “mirador”.

 

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Nos sorprende encontrar aquí arriba a unos cuantos locales construyendo una plataforma… Kioto nos dice que es para ¡echarse la siesta a la sombra! Madre mía… De los lagos sorprende ese contraste de color entre ellos. Los lagos se formaron sobre el cráter de dos volcanes. El lago turquesa es de ese color por la mayor concentración de azufre en sus aguas.

 

Los lagos se pueden visitar de dos formas, una como hacemos nosotros con una vista panorámica y otra, pagar 100.000 rupias para poder bajar hasta la orilla y recorrerla, junto a la visita a unas cuevas que hay cerca. El precio nos pareció excesivo así que preferimos verlos así y pagar solo 5.000 rupias.

 

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Tras unos minutos disfrutando de las vistas, volvemos al coche. Son más de las 14h así que volvemos a Wonosobo para buscar un sitio dónde comer. Kioto nos comenta que esta pequeña ciudad cuenta con el 1r restaurante chino que se abrió en Indonesia y es que por lo visto los primeros inmigrantes chinos que llegaron al país se asentaron en esta zona. Nos comenta que se come bien y que es barato, así que allá que vamos. Se trata del Asia Restaurant y data de los 60 y hay poca gente. Tienen comida típica de varias zonas de China, así que cogemos unos cuantos platos y los compartimos para probar más cosas 🙂 Nos sale por 181.500 rupias los dos.

 

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Fanta de fresa 🙂

 

Ya con la panza llena y antes de iniciar el camino de vuelta a Yogya, Kioto nos propone entrar al mercado de Wonosobo y así conocer cómo es un mercado javanés. Aceptamos y nos adentramos en un laberinto de puestos de verduras, hortalizas, frutas, huevos, carne, pescado, ropa, cosas para el hogar y todo lo que uno pueda necesitar.

 

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Puesto de pescado salado

 

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puestos de carnes

 

Kioto nos explica el uso de muchas plantas medicinales, por lo visto son muy fan de la medicina natural, y nos explica qué son algunas frutas y verduras que no conocemos y que son típicas de allí. Hablamos de recetas, intercambiamos información sobre alimentos de aquí y de allí y nos cuenta muchas cosas sobre la gastronomía javanesa. Nosotros flipamos con las condiciones en que tienen algunos alimentos, pero creo que ellos flipan aún más con nosotros ya que nos miran con cara de no haber visto un occidental en su vida. En un puesto del mercado, la señora incluso me toca el brazo mientras me mira con cara de impresionada como si no pudiera creer que soy real. No hay persona en el mercado que no nos mire con cara de alucine… y confirmamos con Kioto que debemos ser los primeros occidentales que nos adentramos en su mercado 🙂

 

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Tras un buen rato aquí, decidimos emprender el viaje de vuelta. Si la ida se hizo pesada, la vuelta ni os cuento. Hay un tráfico espantoso, y de nuevo vivimos el horror de la conducción indonesia: adelantamientos con coches o camines que vienen de frente y con línea continua, circular por el arcén para adelantar o correr más, bocinazos y luces continuos, 3 hileras de vehículos en dos carriles… vamos que es un cague ir en coche en Indonesia y eso que vamos en los asientos de atrás, ¡¡no quiero ni pensar lo que debe ser conducir allí!!

 

Le preguntamos a Kioto si llegamos con tiempo de ver los templos budistas de Mendut y Pawon y nos dice que sin problema. Así tras dos horas de coche, llegamos. Estos templos forman parte del complejo budista de Yogyakarta junto al Borobudur. Nos cuenta que una vez al año  budistas de muchos puntos, acuden hasta aquí para hacer una procesión que empieza en estos dos templos y acaba con un recorrido por el Borobudur hasta “alcanzar el Nirvana”. Realmente debe ser agotador porqué hay varios kilómetros de distancia entre los templos.

 

Pagamos 3.300 IDR cada uno por la entrada combinada a los dos templos. Primero visitamos el Candi Pawon que está dedicado a Kubera, el dios budista de la riqueza.

 

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Estamos solos aquí así que podemos disfrutar de la visita con calma. Nos impresionan los relieves de sus paredes. Dentro se intuye dónde se hallaba el Buda de su interior así como un quemador de incienso, pero hoy en día está vacío.

 

Sin título

 

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Las estupas y el tipo de piedra te recuerdan mucho a las del Borobudur, el templo madre del budismo. El templo está rodeado de un pequeño jardín del que me llaman la atención los bonsai de Flor de Camboya que hay.

 

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Junto al templo hay varias tiendas y entramos en una que nos llama la atención por tener figuras hechas con piedra volcánica como la de los templos. Kioto nos alerta que venden figuras hechas con dos tipos de piedra, la volcánica de verdad que cuando echan agua sobre ella la absorbe y otra “sintética” que la repele. Sabiendo el truco, nos adentramos en la tienda para comprar una estupa como las del Borobudur. Ese templo nos marcó y queremos tener algo de él en casa. Así que tras mirar todas las que tiene, de comprobar cuáles son las buenas y de regatear, conseguimos comprarla por 150.000 rupias.

 

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Nuestra campana del Borobudur

 

Tras la compra, volvemos al coche y nos dirigimos al otro templo budista de la zona: el templo de Mendut.

 

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Por fuera, su aspecto es muy similar a los otros templos que hemos visitado hoy. Aún así, le damos una vuelta y disfrutamos del realismo de los relieves de la piedra. En sus muros se cuentan leyendas que Kioto nos resume.

 

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Hay un par de chicas jovencitas que no dejan de mirarnos y sonreírnos. Kioto nos dice que los locales no acaban de acostumbrarse a ver occidentales y les encanta echarse fotos con nosotros, así que  le decimos que les pregunte si quieren una. Las chicas muy cortadas le dicen que si y allá que vamos. Nos miran con unos ojos como platos ¡jeje! nos hacemos una foto con nuestra cámara y otra con su móvil. Seguro que andamos por el wathsapp de alguna adolescente javanesa ¡jaja!

 

Luego entramos al templo y alucinamos con lo que vemos: un Buda enorme de 3m de altura en posición sentado y con sus manos en Dharmachakra es decir, enseñando la rueda de la vida. Acompañado por otros dos en postura de abhaya mudra que representa la protección y la bendición, y de vitarka mudra que representa la sabiduría y el conocimiento.

 

 

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El templo por fuera puede parecer más de lo mismo, pero que conserve las figuras de Buda originales, esculpida con tanto realismo, hace que este templo sea más atractivo que los visitados en la jornada de hoy.

 

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Como buena budista, compro unos inciensos por 1.000 rupias y con una reverencia los enciendo frente al gran buda. A Kioto no deja de sorprenderle 🙂

Al salir vemos que hay un grupo de franceses que estaban visitando el templo que se dirigen hacia la salida y en seguida, les asalta el grupo “sarong”. Y os preguntaréis ¿qué es eso? pues eso es un grupo de locales que te asalta siempre a la salida de los lugares de interés ofreciéndote sarong, abanicos, figuras, souvenirs o lo que se tercie que vendan… todo ofrecido a grito pelado y de un modo muy cansino… no hay quien se los quite de encima 😀

 

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El guía nos dice que junto al templo hay un ficus milenario. Algunas de sus ramas en lugar de crecer hacia arriba, crecen hacia abajo hasta volver al suelo. Él las usa como lianas y nos invita a subirnos a ellas como si fuéramos Tarzan. Menudas risas 🙂

 

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Aquí lo tenéis a él

 

Junto al templo también amontonan cientos de piedras que antiguamente conformaban una parte de él. Salimos discretamente para evitar a los vendedores y vemos que hay un monasterio budista. Kioto nos dice que se puede entrar en él gratuitamente y allá que vamos, él nos deja 30 minutos a nuestro aire para disfrutar del lugar.

 

El monasterio está formado por varios edificios, rodeado por jardines decorados al estilo zen que tanto me gusta a mi.

 

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Encontramos una gran campana de bronce y varias estatuas de buda en varias posiciones. Estamos solos visitando el lugar, con el sol que cae y el entorno es mágico.

 

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Se nos hace de noche aquí y ya salíamos del recinto cuando vemos que hay un buda recostado que nos llama la atención y vemos que junto a él, se encuentra una sala dónde hay otro junto a un altar budista, así que entramos.

 

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En nuestros viajes a Japón siempre habíamos visto budas sentados, nunca uno recostado y nos sorprende gratamente. Éste tiene una postura relajada, como si durmiera.

 

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Tras los 30 minutos que se nos pasan volando y ya con noche cerrada, vamos hacia el coche y nos encontramos a Kioto hablando con unos españoles. Hablamos unos minutos con ellos y luego retomamos el viaje de vuelta al hotel. Son solo las 18,30h pero llevamos todo el día de arriba a abajo y con un tute de carretera tremendo y estamos agotados. Tenemos bien bien 1h de viaje hasta el hotel. Como ayer, Kioto nos dice que él se quedará cerca de su casa y que Ajo nos llevará hasta el hotel. Mañana nos recogerán más tarde que hoy ya que el día será más relajado.

 

Cuando llegamos al hotel, le damos una propina a Ajo, se la ha ganado pobre hombre con esas 8h de coche que se ha chupado hoy.

Subimos a la habitación y nos damos una buena ducha. Luego, igual que ayer, bajamos a cenar al restaurante del hotel. Hoy nos zampamos unas hamburguesas rebuenas y pronto a dormir que estamos k.o.

Mañana más 😉

23/09/14: Hoy alcanzaremos el Nirvana… visita al Borobudur.

Día 8: Kumai – Semarang – Yogyakarta

 

A las 6h amanece un nuevo día, el último a bordo del klotok, con el sonido del amanecer en la selva… ¡qué pasada! El desayuno de hoy consta de unas tostadas con mermelada de piña y unos huevos revueltos, con zumo y café con leche. A las 7h ya nos ponemos en marcha hacia el puerto de Kumai, ya que nuestro vuelo hacia Java sale pronto y les pedimos llegar con antelación. Durante el trayecto, Maitza nos pide que le escribamos algo en su diario de viajeros. Le dedicamos unas amables palabras hacia ella, hacia la tripulación y explicamos como podemos la gran experiencia vivida en este lugar.

Tras una hora de navegación, desandando el camino del primer día llegamos al embarcadero de Jenie en Kumai. Allí nos recibe él, y con mucho pesar nos despedimos del barco y de su tripulación. Se han portado de fábula con nosotros, han sido amables y muy atentos en todo momento y sin duda, recomendamos muy mucho hacer este tour con ellos.

Jenie y Maitza nos llevan al aeropuerto de Pangkalan Bun. De camino Jenie se interesa por saber cómo nos hemos encontrado a bordo y cómo han ido las visitas a los campamentos. Descubrimos que es un gran futbolero y que le gusta el Barça, así que tenemos tema de conversación con él ¡jeje! Nos cuenta que una vez fue al aeropuerto a recoger a unos españoles y se presentó con la camiseta del Barça, cuál fue su sorpresa cuando descubrió que los españoles ¡¡eran de Madrid y que eran anti-culés!! Menudas risas al imaginar la situación… En media hora estamos en el aeropuerto y nos despedimos de ellos.

 

Este aeropuerto ya os comenté que era pequeñísimo. Consta de tres habitaciones: una para el control de seguridad y facturación, otra de espera para salidas y otra de recogida de equipaje para las llegadas. Tras pasar el “cutre” control de seguridad dónde de nuevo nos choca que no tengamos que vaciar bolsillos, quitar metales ni chaquetas, pasamos a la sala de facturación dónde hay dos mostradores, de las dos únicas compañías que vuelan aquí: Kalstar y TransNusa, y dónde vemos cómo sacan nuestra maleta hacia la zona de pista por una ventana. ¡Buenísimo! Nosotros volamos de nuevo con Kalstar pero esta vez a Semarang, dónde nos recogerá el guía que tenemos contratado para los siguientes tres días. Tenemos que esperar más de 1h, hasta las 10,20h que salga nuestro vuelo. Antes de acceder a la sala de espera, pagamos las tasas aeroportuarias, 10.000 IDR por persona. Decir que las tasas siempre se pagan en efectivo.

 

Por suerte, llevamos una tarjeta local de datos y nos podemos conectar a internet, lo que hace nuestra espera más amena… Después de 2 días sin conexión pasamos el rato bien entretenidos mirando redes sociales, correo y whatsappeando. El mejor whatsapp se lo lleva mi madre… es del 1r día en Borneo y me dice “no veo hotel para esta noche ni mañana… ¿¡dónde dormís?!” y una auto-respuesta a los pocos minutos “he revisado la guía que me pasaste y veo que dormís en LA SELVA!!!! tened mucho cuidado” 😀 ¡¡¡me parto!!! y en seguida le escribo para decirle que todo ha ido bien, que ha sido una súper experiencia y le envío algunas fotos y vídeos 🙂

 

No sé si tenéis costumbre de hacerlo o no, pero yo sé que nuestros padres padecen cuando nos vamos tan lejos y siempre les envío por email una guía con el itinerario que seguiremos, los horarios y códigos de los vuelos, los hoteles dónde dormimos cada noche con los datos de contacto, el teléfono de la embajada y qué hacer en caso de urgencia. Además, nos registramos como viajeros al extranjero en la web del Ministerio de Asuntos Exteriores, dónde se rellena un formulario con esos mismos datos. Creo que puede ser de gran ayuda para localizarnos si ocurriera alguna cosa. Ya se sabe, más vale prevenir que curar.

 

Como iba diciendo, tras una hora de espera “poniéndonos al día”, vemos en la pantalla que sale nuestro vuelo a Semarang anunciado así que nos dirigimos a la puerta de embarque que no es más que una puerta que da directamente a pista con dos personas que te miran los billetes -nada de mirar el pasaporte- y pa’lante. Como ya hicimos al llegar, nos dirigimos a pie hacia nuestro avión. Esta vez nos mezclan entre los locales. Nos acomodamos en nuestros asientos y preparamos la cámara de nuevo para captar esa imagen tan fantástica que da el sobrevolar este lugar. El vuelo sale puntual, algo que nos sorprende teniendo en cuenta la fama de impuntualidad que tienen los aeropuertos indonesios.

 

Hoy abandonamos este lugar que seguro recordaremos siempre, y volvemos a la isla de Java para visitar la ciudad de Yogyakarta y sus alrededores. Pero no hay vuelo directo de Pangkalan Bun a Yogya, así que volaremos a Semarang, al norte de la isla, dónde nos recogerá Kioto, el guía que hemos contratado. El vuelo transcurre tranquilo y esta vez también nos sirven un piscolabis. ¡Cómo molan estas low cost!

 

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Tras una hora de vuelo, llegamos al aeropuerto de Semarang… que no es mucho más grande que los que llevamos visitados estos días. Lo primero, retrasar el reloj y es que en Java hay 1h menos. Entramos en la terminal y esperamos a recoger nuestras maletas. Aquí de nuevo vienen esos amables caballeros que pretenden recoger tus maletas y llevártelas por un módico precio… los espantamos como podemos, ¡of course! Recogemos nuestras maletas de la cinta y tras comprobarnos antes de salir que nuestra maleta coincide con el código de la facturación, salimos hacia fuera. Allí nos reciben un montón de guías, conductores y gente que ofrece tours. Localizo al tipo que lleva el cartel con nuestro nombre y nos dirigimos hacia él. El guía que hemos escogido para estos días es Sukkiato, aunque se hace llamar Kioto. Nos cobra 60€ por día e incluye guía en español, transporte y conductor, gasolina y peajes. Es algo caro, pero el hecho de que sea en español lo encare bastante.

 

Nos recoge su conductor y nos encaminamos a Yogyakarta. Realmente no debería ser un largo trayecto, son 130km pero con esas carreteras de Dios que me tienen y el tráfico que parece que te encuentres permanentemente en medio de un atasco de una gran ciudad… pues hace que el viaje sea de ¡¡¡3h!!! Un pequeño tramo se hace por autopista, que lo que para ellos es una autopista para nosotros es una nacional, y el resto por su nacional que es una carretera comarcal de montaña para nosotros 😛

 

Tras un laaaargo viaje en el que ya no sabemos cómo ponernos, nos acercamos al fin a Yogya. Durante el trayecto, Kioto nos ha ido explicando ya algunas curiosidades sobre Indonesia y Java, sus religiones, cosas sobre sus gentes, sus costumbres… se ve un tipo agradable y aunque no domina al 100% el español, hace verdaderos esfuerzos por hablarlo y aprender algunas palabras que no conoce. Nos dice que si queremos llegamos con hora de poder ver hoy el Borobudur que nos cae de paso hacia Yogya, así mañana no habrá que madrugar tanto e iremos más relajados. Nos parece genial, el Borobudur fue uno de los principales motivos de visitar Indonesia y además nos apetece mucho ver algo más que no sea la tapicería del coche y atascos.

 

Así que a eso de las 14h y a pocos kilómetros del templo nos dice de parar a comer en un sitio que conoce que está chulo. El lugar es un tanto pijis. Es un complejo de restaurante con música javanesa en vivo, tienda y taller de orfebrería. No recuerdo lo que nos costó la comida pero no fue cara para la pinta del lugar. Tomamos unos platos de pasta con un refresco… nos apetece variar la dieta :p

 

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El sitio es muy bonito y se come la mar de tranquilo. Tras la comida, entramos con Kioto al taller de orfebrería dónde nos enseñan cómo trabajan la plata de forma artesanal. Hacen unas figuras del Borobudur preciosas en plata, pero el precio pica así que no compramos. Luego entramos a la tienda, tienen café de Luwak y nos compramos un paquete. El Kopi Luwak está considerado uno de los mejores cafés del mundo. El proceso consiste en que el animalillo llamado Luwak (una especie de hurón) come los granos más maduros y selectos de las plantaciones de café, éste tiene unas enzimas en su estómago que le dan un sabor muy característico al café ya que es capaz de romper las proteínas del grano que producen su amargor. Una vez lo expulsa, lo lavan y relavan y lo tuestan. Si sabes la historia del café antes de tomarlo reconozco que puede dar asquete, pero de verdad que no he probado mejor café en mi vida.

 

Tras la compra, volvemos al coche y en pocos minutos llegamos al parking del Borobudur. La entrada es especialmente cara y sobretodo si lo compras con los precios de allí, casi 30€ por persona pero se trata del templo budista más grande del mundo y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es para los budista lo que la Meca es para los musulmanes. La entrada incluye un par de botellines de agua y el sarong. ¡Nuestro primer sarong! ¿Y qué es eso? os estaréis preguntando. Un sarong es una especie de pareo que usan los indonesios para entrar a sus templos, sean budistas o hinduhístas. Para ellos, de cintura para abajo es la parte impura del cuerpo y por tanto hay que taparla como señal de respecto a sus dioses.

Y ya preparados, nos adentramos en el parque que rodea al templo. Como buena budista, estoy encantada de estar aquí. Para mí será toda una experiencia que tampoco olvidaré jamás.

 

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Construido entre los años 750 y 850, es un santuario y lugar de peregrinaje budista. Consta de seis plataformas cuadradas coronadas por tres plataformas circulares y está decorado por más de 2.600 relieves que relatan la vida de Buda y por 504 estatuas distintas de éste. 

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La visita comienza en la base del monumento y se va ascendiendo a través de un camino a través de los tres niveles de la cosmología budista o naturaleza de la mente hasta llegar a la cima que representa el Nirvana.

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Os dejo el enlace a la Wikipedia dónde explica la historia, el redescubrimiento y algunos detalles del templo por si os interesa saber más.

 

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Los bloques de piedra que conforman el templo están sueltos, no se usó mortero para unirlos.

Nos adentramos en esta mole de templo y vamos descubriendo los distintos pasajes de la vida de Buda. Es un lugar que me dejó sin habla, literalmente. Así que mejor que soltaros más rollo, os dejo unas cuantas imágenes del lugar.

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Los relieves son realmente buenos, se pueden apreciar hasta los gestos de las caras.

 

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A algunos Buda les robaron la cabeza en tiempos de saqueo.

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Vamos ascendiendo por las distintas plataformas, y Kioto nos va explicando la vida de Buda conforme la vamos viendo en los relieves, así como detalles del Budismo. Conforme vamos ganando altura por las distintas plataformas, empezamos a disfrutar de las vistas que ofrece el lugar, construido sobre una colina rodeado de un gran parque y de las estupas que conforman la cima del templo.

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Hay poca gente visitando el templo y Kioto nos ha dejado media hora para nosotros solos, así que disfrutamos en silencio del lugar. La puesta del sol que se acerca le da un aire más mágico si cabe y le da un color a las piedras precioso. 

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Detalle de las manos de uno de los Budas que hay en el interior de las estupas.

Estamos solos y se respira mucha paz en el ambiente. ¿O será que me siento yo en paz en este lugar? Sea como fuere, me siento fenomenal aquí y creo que solo por visitar este lugar, el viaje a Indonesia ha valido la pena.

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Conforme se alcanza el Nirvana, las estupas cambian la forma de sus agujeros haciendo un símil del desprendimiento de lo material y lo físico que se necesita para ello, llegando a la estupa central que no tiene ninguna apertura, ya que representa que no necesitas nada para tenerlo todo, para conseguir la felicidad y la paz absolutas.

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No vemos el momento de irnos de aquí 😦 pero se acercan las 17h y Kioto nos espera a pie del templo para disfrutar de la vista completa del Borobudur y quisiéramos verlo antes de que cierren a las 17,15h. Así que con mucho pesar y empapando mi retina con instantáneas de este lugar, vamos bajando hasta volver a la base. Aquí nos espera el guía que nos muestra una vista completa del templo. Parece mentira que hace más de mil años fueran capaces de construir algo así. Me quedo sin habla, igual que me pasó frente a algunos templos egipcios.

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A las 17,15h cierran, así que nos dirigimos al coche y emprendemos el viaje de 1h que nos queda hasta el centro de Yogyacarta dónde tenemos nuestro hotel. A las afueras de la ciudad, Kioto nos dice que él se queda ahí ya que vive en esa zona y que el conductor nos llevará hasta el hotel. Pactamos la hora de recogida de mañana y nos despedimos de él.

El conductor nos lleva hasta nuestro hotel, el Melià Purosani Hotel Yogyakarta, dónde tenemos reserva para tres noches con desayuno incluido. Le damos una propina al despedirnos, el tipo se la ha ganado con la paliza de conducir que se ha pegado hoy.

Hacemos el check-in. El hotel está muy bien. Conseguí una oferta para una suite a precio de habitación doble y nos llevamos una sorpresa al ver que la habitación está en la planta VIP, ¡toma! Se trata de una habitación muy amplia, con un gran baño con ducha y bañera y en un piso alto, así que hay buenas vistas de la ciudad. El hotel está en el barrio de Malioboro, uno de los más turísticos de la ciudad y dicen de los más seguros, pero estamos agotados y no nos apetece nada salir a buscar dónde cenar. Así que bajamos al restaurante del hotel, dónde nos tomamos unas pizzas bien ricas con piano en directo y todo! Tras la cena, ducha, hablamos con los nuestros para decirles que estamos en el siguiente destino y a dormir que el cuerpo ya no da más de si.