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14/10/13: Last day in Tokyo… Entre Ronin, compras y un tifón amenazante…

Día 18: día inolvidable entre descendientes Ronin…

¡¡Qué dolor hoy cuando al despertar nos damos cuenta que mañana ya volvemos a casa!! Chocado Chocado Nos levantamos tranquilamente a eso de las 9h, bajamos a desayunar y nos ponemos en marcha.

Al bajar a los túneles que conectan el hotel con las estaciones JR y de metro, notamos un señor temblor y además nos zumban los oídos. Oímos como el edificio entero cruje… ¡alucinante! Chocado No es nuestro primer terremoto en Japón y apenas dura unos segundos… tras los cuales, seguimos nuestra ruta como tal cosa. Mr. Green

Tomamos la Asakusa Line hasta la parada Sengakuji, en el distrito de Shinawaga. Amantes de la historia samurai, no nos podía faltar la visita de hoy en este segundo viaje. A pocos metros de la estación ya vemos la gran puerta de madera que marca la entrada al Templo Sengaku-ji, más conocido por el Templo de los 47 Ronin.

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Este templo, de entrada gratuita, en si es poca cosa… una puerta de madera, un pequeño templo, una lámpara de piedra a su entrada… pero en su cementerio están enterrados los 47 Ronin, los cuales continúan siendo uno de los relatos históricos más populares en Japón sobre la lealtad, la resistencia y la fuerza de voluntad, características altamente respetadas en la cultura nipona.

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En marzo de 1701, el señor Asano Takuminokami de Ako (actual Prefectura de Hyogo) provocado y tratado con arroganci,a atacó al señor Kira Hozukenosuke en el castillo de Edo. El mismo día, Asano fue condenado a cometer seppuku (ritual suicida), mientras que Kira no fue castigado a pesar de la costumbre de castigar a ambas partes en este tipo de incidentes. Además, toda la familia Asano fue relevada del poder, dejando a los samurai de Asano sin señor y por tanto, convirtiéndolos en Ronin. Durante más de un año y medio, los samurai de Asano prepararon la venganza de su maestro injustamente castigado, hasta que el 14 de diciembre de 1702, el grupo de los 47 Ronin bajo su líder Oishi Kuranosuke, lograron finalmente vengar a su amo matando al señor Kira. Llevaron la cabeza de Kira al templo Sengakuji, lugar dónde la enterraron y dónde posteriormente, fueron sentenciados por las autoridades a realizarse el seppuku (los 47) por el asesinato de Kira.

Y es en este templo, dónde siguen estando enterrados los 47 y dónde sus familiares a día de hoy mantienen sus tumbas limpias, con agua e incienso y dónde se siguen dejando las cenizas de los descendientes de éstos.

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Cuando entramos al cementerio, escuchamos a un grupo de gente siguiendo unas oraciones cantadas por un sacerdote y nos damos cuenta que se trata de un funeral. Nos parece de mala educación estar allí así que nos damos media vuelta como para alejarnos hasta que terminen, pero uno de los allí presentes nos llama con insistencia para que pasemos. Así que con una reverencia y todos nuestros respetos, pasamos hacia la zona del cementerio del templo. ¡Alucinante poder ver un funeral de un descendiente de los Ronin! Chocado

Un funeral budista es algo muy curioso de ver… hay máximo respeto y silencio, nadie llora, todos siguen los cánticos del sacerdote y siguen una serie de rituales (echar agua, echar humo, poner un bol de arroz con inciensos clavados en él…) a los que aquí no estamos acostumbrados. A pesar de que nos han invitado a pasar, nos parece feo estar ahí, así que muy discretamente nos adentramos en el cementerio para poder ver las tumbas de los Ronin. Tan solo algunas son accesibles, otras están cercadas por una valla de piedra. Es de mala educación hacer fotos a las tumbas… por lo que solo tengo dos fotos que hice al finalizar el funeral y quedarnos solos.

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Aquí podéis ver la distribución de las tumbas.

Tras una visita de lo más inesperada, vamos dando un paseo de unos 15-20 minutos hasta la estación JR Shinawaga mientras vamos comentado la experiencia vivida.

Allí tomamos la linea circular JR Yamanote hasta… ¡¡Ikebukuro!! ¡Si, otra vez! Pero esta vez vamos dando un paseo por las calles de alrededor de la estación buscando tiendas de segunda mano de cámaras y objetivos. Entramos en varias, pero no acabamos de ver claro el comprarla de este modo, así que vamos en busca de un objetivo nuevo… y de mi peluche Doraemon Sacando la lengua Se hace la hora de comer, y decidimos volver a una pizzeria en la que estuvimos cenando una noche en el 1r viaje.

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Tenemos que hacer cola de unos 10 minutos para conseguir mesa, ¡está a tope! Y es que han cambiado un poco de formato desde nuestra primera visita. Para las cenas siguen haciendo a la carta, pero al mediodía han montado un buffet de pizzas y pastas más bebidas y postres (también pizzas pero dulces) por 1300¥ (los dos). Comemos hasta los topes, todo está riquísimo 🙂 Probamos pizzas que aquí no veremos ni de coña, como una que había con shiitake y algas nori Riendo

Tras una buena comida, volvemos a la estación JR Ikebukuro para tomar de nuevo la línea JR Yamanote e ir a otro de los distritos “clásicos” y que aún no hemos pisado en este viaje: ¡Shinjuku!

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Pero esta vez, como ya conocimos el barrio en el 1r viaje, nos vamos derechos a las calles de la electrónica que hay en los alrededores de la estación en busca y captura de un nuevo objetivo para mi cámara Sacando la lengua Entramos de nuevo en varias tiendas de segunda mano… en algunas nos miran hasta raro… debieron pensar “qué hacen estos gaijin aquí” Chocado y en otras vimos verdaderas reliquias dignas de museo de historia Sacando la lengua Finalmente, vamos a las tiendas clásicas tipo Yodobashi… comparamos precios y en Big Camera encontramos una buena oferta (70% de descuento) en un objetivo nuevo de larga distancia que va derecho a la saca no sin antes hacer el papeleo para el Dutty Free. Aprovechamos para comprar unas bridas para cerrar con más seguridad las mochilas ya que hemos decidido que debido a la carga en compras realizadas, y aprovechando que con Lufthansa podemos facturar dos maletas por pasajero, mandaremos también las mochilas a la bodega.

Por más que miramos en distintas tiendas de juguetes, no hay forma de encontrar el dichoso peluche de Doraemon, así que con mucha frustración, me quedo sin él… Mi marido se compra una bandolera de piel en una tienda de ropa de chico (no recuerdo el nombre) en la misma estación y así compartiremos bultos para el equipaje de mano… ¡qué fuerte! tras 19 días de viaje ya estamos distribuyendo el equipaje y pensando en el viaje de vuelta que es ¡¡¡MAÑANA, qué horror!!! Chocado Confundido Por un lado tenemos ganas de volver, son muchos días fuera de casa, pero por otro nos fascina tanto este país que nos entra la depre Trist

Cuando llegamos a la estación de Shimbashi, vemos que ya ha anochecido. Hace días que nos llama la atención un reloj enorme que se ve en la 1ª planta del centro comercial Caretta y no nos podemos ir con la intriga, somos así de curiosos. Así que subimos y vemos que es un gran reloj hecho de metal a los pies de la Nippon TV Tower…

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Decidimos ir hacia el hotel por las calles elevadas que comunican todo el Shiodome Building. Echamos unas fotos de los rascacielos de esta zona tokyota. Sabemos que no impresionan tanto como los rascacielos de otras ciudades, pero aún así tienen su encanto y además desde aquí se ve la Tokyo Tower iluminada de rojo.

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Nos encontramos haciendo estas fotos, cuando oímos el sonido de una súper sirena tipo alarma, pero un sonido espantosamente llamativo… ¡nos asustamos un montón! No sabemos de dónde procede y por unos momentos nos quedamos petrificados intentando averiguar si se trata de un terremoto más intenso que el de esta mañana… Chocado Chocado ¡pero nada tiembla! Vemos a gente correr en dirección al reloj y allá vamos nosotros también no vaya a tratarse de algo serio… ya sabéis que “dónde fueres, haz lo que vieres…” Ojos que se mueven y cuál es nuestra sorpresa al ver que la sirena y todo el mundo corriendo es porque el reloj al marcar las 18h hace un espectáculo de música, luces y hay figuras en movimiento como un carrusel al ritmo de la música… ¡¡la leche, pa’matarlos es poco!! Bueno, pues ya que estamos, nos quedamos a verlo… Mr. Green

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El espectáculo del reloj dura como 5 minutos, al acabar, vemos una tienda de chuches dónde nos compramos algunas para el viaje de mañana. Bajamos al Familiy Mart a comprar algunos dulces y galletas para traernos y para desayunar mañana, y unos refrescos. Y con las manos bien cargadas, nos vamos al hotel a hacer las maletas… ¡qué dolor!

Nos encontramos a medio hacer las maletas cuando haciendo zapping en la tele vemos que sacan imágenes de un tifón que se acerca a Japón… tras ver la misma noticia en varios canales, interpretamos que a eso de las 12h tocará suelo justo en ¡¡¡Tokyo!!!

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Nuestro vuelo sale a las 10,30h, esperemos no tener problemas para partir… Ojos que se mueven

Bajamos a cenar al centro comercial que hay junto al hotel unos buenos ramen para despedirnos de Japón. Echamos unas últimas fotos desde la habitación, hablamos con los nuestros para decirles que estamos bien, tristes pero bien… Y acabamos de preparar las cosas, y a dormir pronto que mañana toca madrugar y nos espera un laaaargo viaje de vuelta… sleep

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13/10/13: de Harajuku a Odaiba en busca de Cosplays

Día 17: conocemos algunos “clásicos” en la capital nipona y dedicamos el resto del día a las compras y el ocio…

Hoy es domingo y ¿¡a dónde se va los domingos en Tokyo?! ¡¡A Harajuku!! Aplauso Nos levantamos con la calma, desayunamos y nos ponemos en marcha. JR Yamanote hasta Harajuku y conforme nos vamos acercando a nuestro destino el tren se va llenando más y más hasta que ya no cabe ni un alfiler… en Harajuku bajamos toda la marabunta, creo que el vagón ha subido medio metro al bajar todo el mundo 😛

Nos dirigimos en primer lugar al santuario de Meiji Jingu, de entrada gratuita, es uno de los más populares en Japón y de los más importantes de Tokyo. Dedicado a los espíritus deificados del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. La construcción del santuario finalizó en 1920, ocho años después de la muerte del emperador y seis después de la muerte de la emperatriz. El santuario fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido poco después. El Emperador Meiji fue el primer emperador del Japón moderno, nació en 1852 y ascendió al trono en 1867, en el pico de la Restauración Meiji, cuando la era feudal llegó a su fin y el emperador fue restablecido en el poder. Durante el período Meiji, Japón se fue modernizando y occidentalizando para abrirse a las principales potencias mundiales. Falleció en 1912.

Y tras un poco de historia, continuo con el relato 🙂 Cruzamos una gran torii de piedra y en seguida encontramos algunos toneletes de sake ofrecidos por los fieles, así como unos barriles de madera repletos de arroz.

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Seguimos paseando por un camino empedrado y rodeado de un frondoso bosque. Tanto el Meiji Shrine como el adyacente parque Yoyogi constituyen una gran zona boscosa dentro de la ciudad. Vemos las indicaciones para el jardín privado y la casa del tesoro pero no los visitamos… nos llama la atención la cantidad de niños y niñas vestidos con trajes tradicionales, así como el montón de familias que llevan a sus bebés para “bautizarlos”. Me encanta esa mezcla de modernidad y tradición que tiene la cultura japonesa 🙂

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Al llegar a las puertas del santuario vemos un montón de turistas en modo paparazzi… y es que hay una boda tradicional sintoísta. Ei pues yo no voy a ser menos Mr. Green Algunas invitadas llevan kimonos realmente bonitos, otras van con vestidos de fiesta como los nuestros, eso sí todos elegantísimos/as. Me acuerdo del capítulo de Callejeros Viajeros que mostraban bodas japonesas y de los costes que conllevan, mucho más elevados a los que nos gastamos aquí.

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Los novios y la comitiva nupcial entran al interior del edificio principal y cierran las puertas, así que nos quedamos sin poder visitarlo. Vemos el resto de edificios y los patios que los rodean y disfrutamos de los pequeños detalles…

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Tras un ratito aquí, desandamos nuestros pasos hasta la entrada principal junto al puente de Harajuku y entramos al parque Yoyogui a ver si hay suerte y encontramos algún cosplay y/o rockabilly que en el anterior viaje no hubo manera 😛 Nos compramos unos helados y nos sentamos en un banquito a descansar. Hay grupos de chicos y chicas que ensayan bailes musicales y obras de teatro, algún personaje disfrazado… pero poca cosa. ¡Vaya chasco! Es la segunda vez que vamos al Yoyogui en su busca y nos quedamos con las ganas. Así que con el intento frustrado 2, nos vamos hacia Takeshita Dori. Algo en el cielo nos llama la atención: ¡es un mini zeppeling!

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Esta calle estrecha y de unos 400m de largo, está llena de tiendas y cafeterías dirigidas a los adolescentes, se dice de ella que es un símbolo de Harajuku y el lugar de nacimiento de muchas de las tendencias de la moda tokyota. Ya desde el principio de la calle vemos que está abarrotada, se hace difícil poder andar por ella… entramos en algunas tiendas de juguetes en busca de mi peluche de Doraemon pero no hay suerte… desde luego, si te gusta ese estilo de ropa puedes encontrar ¡verdaderas gangas!

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Tras recorrer la calle, nos dirigimos a Omotesando. Esta arbolada avenida de 1km de largo es conocida como los Campos Eliseos de Tokyo ya que cuenta con tiendas de grandes marcas y restaurantes y hoteles de alto standing. Aquí tenemos dos objetivos, entrar al Kiddy Land y al Oriental Bazar para hacer algunas compras.

En el Kiddy no acabamos de encontrar nada que nos guste y no tienen Doraemons… pero en el Bazar ¡arrasamos! Es una de las tiendas de souvenirs más grandes de Tokyo y puedes encontrar de todo en ella, la mayoría de cosas a un precio muy asequible. Compramos un juego de té, unos posa-palillos, un par de marca-páginas, unos posa-vasos de bambú, unas esterillas individuales y dos maceteros con semillas de bonsái de sakura y de arce, ¡todo por 4 duros, digo yens! Me llevo el hanami y el momiji a casa Heart

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Al salir, topamos con el colegio oficial de enfermería de Tokyo y deformación profesional… pero me hace ilusión 😀 foto de recuerdo y para enviársela a mis compis Mr. Green

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Como vamos cargados, decidimos volver al hotel a dejar las compras. Así que cogemos la JR de nuevo hasta Shimbashi y descargamos. Aprovechamos que es la hora de comer para entrar al centro comercial que hay junto al hotel, el Caretta. Nos decidimos por un restaurante de tonkatsu, en el que por unos 2500¥ los dos, ¡comemos hasta reventar! -literalmente- unos menús de sopa con bol de tonkatsu con col y arroz y té de cebada caliente gratuito para beber.

Aprovechando que estamos en el triángulo JR-metro-Yurikamome, nos dirigimos hacia la estación del Yurikamome para ir a Odaiba, ¡otro de nuestros barrios favoritos en Tokyo! Nos bajamos en la parada que hay junto al Venus Fort (trayecto 360¥ pp). Ya de camino hemos visto que hay como una exposición de coches de rally, así que luego iremos a echar un vistazo.

Entramos en el centro comercial Venus Fort, la otra vez sólo lo vimos por fuera, y nos quedamos flipados con ese techo falso pero que parece ¡¡¡muy muy real!!!

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Damos un paseo y ¡vaya flipe de sitio! De nuevo nuestro lema del viaje sale de nuestras bocas: ¡¡“es muy friki pero mola” jaja!! Es como si emularan una ciudad italiana, con sus suelos de adoquines, su fuente y hasta con iglesia ¬¬’

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Cogemos un mapa del lugar ya que es enorme y nos dirigimos hacia la exposición de coches antiguos que hay con entrada gratuita. Menudos coches tienen aquí…

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Pero mi marido ya lo flipa del todo cuando vemos que hay un ¡¡¡DeLorean!!! La carrocería es de acero como el de la película y está muy bien conservado… solo se fabricaron unos 8000 en todo el mundo, así que ver uno es todo un lujo.

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Después de hacerle mil fotos desde todos los ángulos, seguimos viendo el resto de exposición. Me hace gracia ver un Mazda Carol, éste es tocayo mío Sacando la lengua También tienen una exposición de maquetas de coches y motos, así como información sobre la historia del motor japonés. Antes de salir, de nuevo nos acercamos al DeLorean, mi marido disfrutó como un niño Mr. Green

Miramos algunas tiendas y entramos a todas las jugueterías pero sigo sin encontrar el peluche de Doraemon… empiezo a pensar que lo han retirado del mercado hasta que se acerquen las olimpiadas del 2020…

Cambiamos de edificio y vemos de pasada la exposición gratuita de Toyota, no hacemos demasiado hincapié puesto que ya estuvimos aquí en el primer viaje. Cruzamos hacia el Leisureland y entramos. Es una sala de recreativos enorme y tiene algunas “atracciones” al estilo del Joypolis, vemos que hay una que es un castillo ninja, nos acercamos con intención de entrar pero todos los carteles están en japonés… preguntamos a uno de los empleados y como puede nos dice que no está en inglés… así que nos quedamos con las ganas… Pero nos damos un masajito de pies por 200¥ cada uno en las máquinas que ya probamos en el primer viaje, ¡nos sabe a gloria!

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En la sala hay un montón de rockabillies y de cosplay… ¡Ah, ¿así que están aquí?! Al salir del Leisureland, miramos los precios para subir a la noria pero vemos que ¡¡hay una cola de 1h!!, así que pasamos de largo.

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En los jardines que rodean el centro comercial vemos que hay un montón de grupos de cosplays por lo que llegamos a la conclusión que se han movido de barrio… supongo que en Harajuku se debían sentir un poco “observados” por los guiris y buscan aquí su rinconcito.

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Vamos dando un paseo hasta el Divercity, otro gran complejo de ocio, con tiendas y restaurantes y… ¡¡¡su Gundam escala 1:1!!! ¡Alucina! Está rodeado de gente echando fotos y “midiéndose” con él… pero vaya que los más altos apenas éramos como sus pies de altos o_O’

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Antes de entrar al centro por eso, nos acercamos a una exposición de coches de rally que hay al lado y vemos que también hay pistas dónde hacen derrapes y alguna carrera de karts.

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Y ahora si, entramos al centro. Nos miramos las tiendas, vemos algunas de las marcas habituales que tenemos por aquí y como no, entro a todas las jugueterías que pillo en busca de un peluche de Doraemon, de nuevo intento fallido… Entramos a la tienda Kitty que hay y me enamoro al instante de un gorrito de punto, y eso que yo no soy de Kitty… así que a la saca para mi “sobrina” postiza recién nacida y que conoceré cuando volvamos a casa… uff qué poquito queda para la vuelta, ¡madre mía! Chocado

Tras la compra, nos tomamos un cafelillo de verdad en un Starbucks y salimos hacia las playas que hay en la bahía con intención de ver el atardecer desde allí. Pasamos por delante del Joypolis y estamos más que tentados de volver a entrar, pero decidimos no hacerlo porqué si no nos pueden dar las uvas allí ¡jajaja! ¡¡¡¡Odaiba es el distrito del vicio!!!! Avergonzado Mr. Green

Llegamos a la bahía y nos sentamos junto a una de sus playas para ver cómo cae el sol sobre la bahía de Tokyo, con el Rainbow Bridge, la Tokyo Tower y el Skytree sobresaliendo del skyline de la ciudad.

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Es bonito ver cómo va cayendo el sol. Mientras en la playa algunos juegan a béisbol, unas chicas intentan hacerse una foto saltando, otros pasean de la mano… y nosotros pensamos en lo lejos que estamos de casa en estos momentos, de lo mucho que hemos disfrutado de Japón en estos 18 días.

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Cuando empieza a anochecer, decidimos volver pero antes echamos un vistazo al ToysR’us por si por un casual hubiera un Doraemon para mi… pero tampoco… ¡qué mala suerte! ¿Cómo puede ser que no haya ni uno solo? Ojos que se mueven Vemos de nuevo a la Estatua de la Libertad nipona que está junto a la tienda y con la sede de la televisión japonesa de fondo 🙂

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Tras las últimas fotos, cogemos de nuevo la línea Yurikamome y volvemos a la estación de Shiodome (360¥ pp). Una vez allí decidimos coger el metro Asakusa Line e ir a echar unas fotos nocturnas del Senso-ji. Así que en pocos minutos estamos frente al santuario… ¡wow qué recuerdos del primer viaje otra vez! Lástima que la gran lámpara de papel está cubierta por una lona, pero por suerte ya la vimos en el 1r viaje Muy feliz

Entramos al recinto y miro por las tiendas que venden peluchitos a ver si encuentro un Doraemon… veo uno en un escaparate pero ya han cerrado el puesto, ¡no me lo puedo creer!

Seguimos recorriendo la calle comercial hasta el santuario. Si ya nos gustó a la luz del sol en su día, visto de noche con todos los edificios y la pagoda iluminados ¡nos gusta más! Además no hay mucha gente a éstas horas por lo que podemos echar unas fotos sin agobios y disfrutar del lugar tranquilamente.

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Y tras la visita, volvemos al metro, línea Asakusa hasta Shiodome de nuevo. Estamos verdaderamente cansados, menudo tute nos hemos pegado hoy… así que para no romper con las costumbres, compramos cena en el Family Mart y nos vamos al hotel a descansar que ya toca… sleep

11/10/13: Bosques, cascadas, lagos y templos pintorescos en Nikko

Día 15: descubrimos un Japón diferente en Nikko

Hoy toca hacer una excursión que nos quedó pendiente en el primer viaje, Nikko. Como sabéis, fuimos a Japón por primera vez dos meses después del tsunami de 2011, realmente podríamos haber ido a Nikko pero para tranquilidad de los nuestros evitamos “acercarnos” a Fukushima, así que quedó pendiente para la siguiente ocasión. Y ahora llegaba el momento Heart

Nos levantamos bien temprano, desayunamos en el hotel y salimos hacia la JR Tokyo (tan solo tardamos 4 minutos desde JR Shimbashi) dónde a las 8,08h cogeremos el shinkansen hacia Utsunomiya. Es nuestro último día de Japan Rail Pass y ¡hay que aprovecharlo! Riendo

Decidimos no reservar los billetes para el día de hoy, ya que no sabíamos exactamente el rato que pasaríamos en Nikko. Mientras esperamos que arranque el tren, vemos en las pantallas que éste tiene parada en Fukushima, así que grabo un vídeo para enviárselo a un compi del trabajo que me ha dado mucho la brasa (otra vez) con el tema de la radiación. Doblemente malvado Mr. Green

El trayecto dura unos 50 minutos. Al llegar a Utsunomiya, cambiamos cogemos un tren local de la línea JR Nikko Line. Es un tren viejuno y ya suponemos que pasará por una vía del estilo a las de Takayama al tratarse de una zona montañosa. En 42 minutos de “shin-borreguero” -como bautizó mi marido a estos trenes- llegamos a Nikko.

Nikko (日光): A dos horas en tren de Tokyo, es al mismo tiempo una maravilla de belleza natural y un importante emplazamiento de obras maestras arquitectónicas de Japón. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999. La mayoría de los edificios de los santuarios, así como numerosos elementos, han sido catalogados como Tesoros Nacionales o valioso patrimonio cultural.

Son las 9,54h y sé por la info que saqué del foro Los Viajeros que a las 10,01h sale un bus hacia las cascadas… queremos empezar la ruta de hoy por esa zona así que a paso ligero vamos de la JR Nikko a la Tobu Nikko, compramos los pases del bus (2000¥ pp -el pase de dos días-) y con ciertos problemas por lo mal indicado que está, conseguimos dar con el bus que sube hacia el lago y las cascadas ¡in extremis! Aunque son solo 15km de trayecto, es una carretera de montaña con unas pendientes y unas curvas por las que cuesta creer que los buses vayan por ahí… así que se convierte en un paseo de 50 minutos.

El bus nos deja en la terminal de bus de la zona norte de Nikko y en menos de 5 minutos estamos junto a la cascada Kegon (Kegon no Taki). Con casi 100m de altura es una de las tres cascadas más bellas de Japón y la más bonita de esta zona. Es la única vía de escape de las aguas del lago Chuzenji. Vamos hacia la plataforma de observación gratuita y nos maravillamos con las vistas! Heart Aunque ayer ya vimos otras cascadas en los lagos del Fuji, ésta nos gusta mucho. Estamos a unos cuantos metros de distancia y aún así nos llega el agua que salpica al caer. Están rodeadas de unos precipicios preciosos y de un bonito bosque entre las montañas.

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Decidimos pagar para coger el ascensor (530¥ pp) para observarlas casi en su base. Aquí hace más frío que arriba, queda a la sombra y junto a la humedad del lugar necesitamos echar mano a las sudaderas. Las vistas desde aquí son aún más impresionantes.

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Tras un buen rato de disfrutar de las vistas, de echar unas cuantas fotos y vídeos estrenando mi cámara nueva 🙂 cogemos de nuevo el ascensor para volver arriba. Nos compramos unas bebidas en las máquinas que hay y luego vamos hacia el lago en un corto paseo de unos 10 minutos. Junto a él vemos una gran torii de madera, muy similar a la de Kyoto.

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Según íbamos subiendo con el bus, vimos que la niebla se iba dispersando y aquí aún queda algo de ella, aunque luce el sol. Se nota que estamos en zona montañosa y a una cierta altura porque hoy no nos sobran para nada las sudaderas…

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El lago Chuzenji (Chuzen-ji-ko) es un pintoresco lago en medio de las montañas al norte de la ciudad de Nikko. Se encuentra a los pies del Monte Nantai, el volcán sagrado de Nikko, cuya erupción bloqueó el valle, creando así el lago hace unos 20.000 años. Se encuentra a 1269m de altura sobre el nivel del mar.

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Vemos que hay barquitos con forma de cisne para dar un paseo por él, varios restaurantes y hoteles en su orilla y aunque sabemos que al otro extremo se encuentra el templo Chuzenji, no conseguimos distinguirlo a través de la niebla. Es tentador quedarse en esta zona y verla con calma, pero ambos tenemos dolor de cabeza (supongo que por la altitud), así que decimos volver a la estación de buses y coger el siguiente autobús que baja hacia el centro de Nikko. Son las 12,15h y tenemos unos 45 minutos de bajada. De nuevo nos impresiona sobremanera la carretera de Dios por la que pasa el bus.

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Decidimos bajar en la parada de Nishisando con intención de ver el abismo. Pero antes hacemos un alto para comer. Aunque muchos en el foro recomiendan un restaurante de lo más pintoresco en Nikko, estamos lejos de él, así que nos decidimos por un pequeño restaurante-tienda de encurtidos cerca de la parada. La señora que lo lleva no habla ni papa de inglés pero con las fotos de la carta y señas nos entendemos a la perfección. Comemos un riquísimo bol de ramen con un buen té (unos 2000¥ los dos) que nos va de perlas para entrar en calor.

Y ahora si, a eso de las 14h y con la tripa llena, vamos hacia el abismo de Kanmagafuchi. Según la guía hay un paseo de 10-15 minutos a pie, aunque a mi me pareció algo más. Formado por una erupción del cercano Monte Nantai, este pequeño barranco cerca del centro de Nikko tiene un agradable sendero para caminar junto al río ofreciendo un paisaje precioso. También conocido por su fila de cerca de 70 estatuas de piedra de Jizo, un Bodhisattva que cuida de los niños fallecidos y de los viajeros.

Ya sabíamos por comentarios del foro y fotos que habíamos visto que lo de “abismo” le queda un poco grande… y aún así, una vez allí nos echamos unas buenas risas con el tema Mr. Green Mr. Green Desde luego si vas con la mentalidad de ver un abismo como tal, quítatelo de la cabeza. Eso si, me pareció un lugar fascinante. A un lado, encuentras la hilera de Jizo cubiertos de musgo, al otro el pequeño barranco por dónde baja el agua que proviene del Chuzenji, con una gran fuerza formando grandes remolinos en el agua y puliendo las grandes rocas que lo bordean. Im-presionante, de verdad. Y como vale más una imagen que mil palabras, ahí os dejo algunas instantáneas. Heart

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Tras un buen rato allí y después de tomarnos un café calentito de una de las máquinas que había en la zona, seguimos con la ruta. Cuando planeamos la excursión de hoy pensábamos ver los principales templos de la zona pero en verano decidieron quitar el pase que incluía la entrada conjunta a todos ellos y cobrar por separado cada templo, haciendo que subiera el precio…, luego además cubrieron el Rinnoji para restaurarlo y además pensamos en que ya llevaríamos un par de semanas por Japón recorriendo templos y que posiblemente estaríamos empachados, así que decidimos descartar templos y quedarnos solo con el Toshogu, uno de los más importantes. Y ahí es a dónde nos dirigimos. Tras unos 30minutos andando llegamos a la zona de los templos. Enfilamos unas escaleras de piedra que llevan hasta el Rinnoji y el Toshogu y nos adentramos en el bonito bosque que los rodea.

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En primer lugar pasamos junto al Rinnoji, el templo más importante de Nikko. Fue fundado en 766 por el monje Shodo Shonin quien introdujo el budismo en Nikko en el s. VIII. El templo está totalmente cubierto por lonas ya que están en obras de restauración, así que echamos unas fotos al Gomado Hall, el único edificio que queda descubierto y seguimos.

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Llegamos hasta la gran torii de piedra que marca la entrada al Santuario Toshogu, considerado como la principal atracción de Nikko. Construido en 1636, se trata del mausoleo de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa que gobernó Japón durante más de 250 años (hasta 1868), y dedicado a los espíritus de Ieyasu y a otras dos personalidades históricas más influyentes de Japón: Toyotomi Hideyoshi y Minamoto Yoritomo.

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Nada más cruzar la gran torii uno ya es consciente de que este complejo de templos es algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Japón, y aunque no es exclusivo de esta región será lo único de esta arquitectura que verás en un viaje “tradicional” a Japón. El santuario está formado por más de una docena de edificios sintoístas y budistas y están envueltos por un bonito bosque. Destacan sin duda la gran variedad de colores así como los elaborados gravados de cada uno de los edificios.

Junto a la torii hay una gran pagoda de cinco pisos en un llamativo color rojo que destaca entre el verdor del bosque. ¡Increíble!

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Avanzamos hasta la taquilla dónde compramos el ticket que incluye la entrada a todos los edificios del santuario (1300¥ pp). No entraré en detalle en relatar cada edificio que visitamos aquí, pero si mencionar que si os gusta la naturaleza no os podéis perder la visita a este lugar.

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Del santuario destacan tres cosas como “más importantes”, la primera es el templo que contiene los grabados de los tres monos de la sabiduría (conocidos popularmente por los monos del WhatsApp) que enseñan el tradicional “ver, oír y callar” al modo nipón, en este punto había un montón de escolares recibiendo las explicaciones por parte de sus maestros Muy feliz

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Por otro lado tenemos la sala del “Rugido del Dragón“. No hablaré demasiado de ello porqué me pareció una turistada al 200%, quizá si se esforzaran por dar las explicaciones previas al “rugido” me gustaría más… Y por último, la escultura del Gato Durmiente… ¡que aquí ya me mataron! Se trata de un ascenso por unas empinadas escaleras de piedra -y no corto precisamente- para ver una estupa que se supone contiene al dichoso gato… si me lo cuentan antes, teniendo en cuenta el estado de mi espalda, no subo… ¡¡estuve a punto de hacerme el harakiri!! Avisados quedáis, futuros viajeros Mr. Green

Y aunque leyendo mi último párrafo pueda parecer una chorrada ir a este santuario, ¡para nada! Los edificios son súper bonitos, algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver y con un entorno natural fantástico, solo por eso ya merece la pena la visita. Eso si, no os dejéis engatusar, sobretodo por ¡lo del gato! Sacando la lengua

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Algunos edificios estaban cubiertos de andamios por obras de restauración pero pudimos ver la gran mayoría sin problemas. Tras la visita y a punto del cierre del templo, decidimos seguir con la ruta. Antes por eso, compramos unos souvenirs, algunos a los mismos monjes del templo y otros, en las tiendecitas que hay fuera del recinto del Toshogu, cómo no… de monitos va la cosa Riendo

 

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Y para terminar la ruta de hoy, nos dirigimos al Puente sagrado Shinkyo, totalmente lacado en rojo forma un gracioso arco sobre el río Daiya. La leyenda cuenta que el ermitaño que dio origen a Nikko atravesó el río a lomos de dos serpientes, representadas hoy en día por los brazos del puente. En la época feudal, sólo el emperador tenía derecho a cruzarlo y lleva hasta un parque de 16.000 cedros situado cerca del Toshogu, aunque técnicamente pertenece al Santuario Futarasan. El puente está considerado como uno de los tres mejores puentes de Japón y fue construido en 1636. Hoy en día también se puede cruzar pero hay que pagar por ello y lleva hasta un pequeño templo que hay a la otra orilla del templo.

Me dispongo a echar unas fotos cuando notamos que el puente dónde estamos y que queda frente a al Shinkyo empieza a temblar. En un principio pensamos que es porqué está pasando un camión, pero el temblor continua… así que nos apartamos unos metros del puente y esperamos a que pase, vaya sitio de cogernos un terremoto ¡¿eh?! Tan sólo dura unos segundos más y ahora si, volvemos al puente para echar las instantáneas del Shinkyo.

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A estas alturas del día estamos bien cansados y aunque hay solo unos 30 minutos a pie hasta la estación JR, decidimos esperar al siguiente bus aprovechando que tenemos el pase. En pocos minutos llega y en un momento estamos en la estación de trenes de la Tobu. De ahí, caminamos hacia a la estación JR Nikko (están una junto a la otra) y miramos los horarios para volver a Utsunomiya… aún faltan unos 30 minutos para el siguiente tren, así que nos tomamos un refresco de las máquinas y esperamos.

Tomamos el tren que conforme se acerca la hora de partir se va llenando y en unos 45 minutos volvemos a estar en JR Utsunomiya. Como no llevamos los billetes reservados, vamos hacia la zona de “no reservado” del andén y nos toca hacer una buena cola… aquí ya vemos que el shinkansen a Tokyo va a ir a petar… y efectivamente, nos toca ir de pie una buena parte del trayecto Ojos que se mueven

Y aquí me pasa algo curioso y que me desmonta bastante la visión de gente amable que tengo de los japoneses… ya me llama la atención que habiendo mujeres de pie y hombres sentados, ninguno sea capaz de levantar el culo y ceder el asiento y eso que había algunas señoras ¡muy mayores! Ojos que se mueven Cuando llegamos a la parada de Omiya, el señor que está sentado junto a mi (yo de pie en el pasillo) se levanta para bajar y un hombre -más o menos de mi edad- intenta quitarme el sitio, estando yo prácticamente sentada ya… y con muy mala cara me dice “¡gaijin!” (es la forma despectiva de llamar a un extranjero en japonés) Malvado o muy loco Os juro que le pegué una mirada de mala hostia española que se giró de golpe y me dejó quedarme sentada Pelea Pelea No me comporto nunca así, pero me sentó fatal su reacción de empujarme para levantarme y su “insulto” porque además yo me encontraba fatal… ¡uff! que mala leche me entró Avergonzado eso si, me senté que ya lo necesitaba, tremendo dolor de espalda llevaba ya… a la siguiente parada se bajó el señor que estaba sentado a mi lado, y ya se pudo sentar mi marido conmigo, el otro hombre no hizo ni amago Mr. Green

Al llegar a Tokyo, ya no tenemos fuerzas para nada… con lo cansados que íbamos, solo nos faltaba tener que viajar casi todo el trayecto a pie (vaya último trayecto en Shinkansen Sacando la lengua ), así que decidimos coger la JR Yamanote hasta Shimbashi, comprar cena en un Family Mart que hay cerca del hotel e irnos a descansar. Nos pica la curiosidad por saber si el temblor que notamos en el puente era un terremoto de verdad… buscamos por internet y afirmativo, se trataba de un terremoto de 6 y pico con epicentro cerca de Utsunomiya.

Éste ha sido nuestro último día de excursiones y nos quedan por delante tres días para disfrutar al máximo Tokyo antes de partir… ¡tan solo nos quedan unos días por Japón! Confundido Chocado

Antes de dormir, pasamos un ratito viendo los trenes (Shinkansen, monorail y locales) que pasan frente a nuestra ventana.

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Y ahora si, ¡buenas noches! sleep

08/10/13: Matsumoto, su castillo cuervo y de vuelta a la gran metrópolis

Día 12: visitamos Matsumoto y regresamos a… ¡¡Tokyo!!

Hoy nos levantamos muy temprano para cambiar de nuevo de destino: nos vamos a Matsumoto y después a la big city Aplauso Aplauso

A pesar de que seguimos con el JRP activo, decidimos hacer el trayecto de Takayama a Matsumoto con los buses de la compañía Nohi ya que nos acorta en más de 2h el tiempo de viaje. Ayer preguntamos en la estación de buses y nos dijeron que no era necesario reservar asiento. Por lo que madrugamos bastante, desayunamos en la habitación lo comprado ayer, recogemos las cosas, hacemos el check-out estilo Japón (dejar la llave en una cesta en recepción) y nos vamos para la estación de buses.

Compramos los billetes (3100¥ pp) y a las 7,50h ponemos rumbo a Matsumoto. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno. Pasamos por zonas boscosas en las que se empieza a ver el momiji y el contraste de colores en el follaje de los árboles, lagos, ríos y cascadas humeantes. A mitad de camino, el bus hace una parada en una zona de onsens y nos dan 15 minutos para poder ir al baño. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos un cafelillo en las máquinas. Tras la pausa seguimos el camino. A las 10,10h llegamos a Matsumoto. Nos acercamos hasta la estación JR Matsumoto (frente a la estación de buses) y dejamos las mochilas en una consigna (400¥) así podremos hacer la visita sin cargas.

Matsumoto (松本): Es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Nagano. Conocida por Matsumoto-jo, uno de los castillos que se conservan de origen en Japón. Podrás disfrutar de un ambiente relajado y cosmopolita a la vez.

A pesar de que hay varias cosas por visitar en Matsumoto, decidimos ver lo más imprescindible y coger el tren de mediodía para poder llegar a Tokyo a media tarde. Así que nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y nos ponemos en marcha. No hay demasiada distancia entre la estación y los sitios que queremos visitar por lo que prescindiremos del transporte público. Caminamos durante unos 15-20 minutos hasta llegar al castillo. De nuevo me maravillan las artísticas tapas de alcantarilla de Japón Heart

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La construcción del Castillo data de la era Sengoku, por Toyotomi Hideyoshi entre 1594-1597 como un fuerte bajo el nombre de Castillo Fukashi. En 1872, siguiendo la restauración Meiji, el castillo fue vendido en una subasta, y corrió riesgo de ser desmantelado. Hoy día, es considerado Tesoro Nacional y es conocido como el Castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros, es uno de los mayores exponentes del arte hirajiro (castillo construido sobre una llanura y no sobre una colina).

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Pagamos la entrada que incluye el City Museum (600¥ pp). Nos maravilla el entorno dónde está construido el castillo, situado en la llanura de Matsumoto y rodeado de un gran foso. Dicen que las tierras sobre las que se posa, son tierras pantanosas que obligaron a los constructores a hacer estructuras muy sólidas, usando largos maderos fijados en el suelo y apoyarlo sobre muros de piedra de 7 metros. Su altura alcanza 30m distribuidos en seis plantas.

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Vemos que en los alrededores del castillo están montando casetas como para una feria o un mercadillo que dificulta la visita… así que nos vamos directos hacia los jardines del castillo. A pesar de que una de sus torres está tapada por una lona (están haciendo trabajos de restauración), disfrutamos de su bella vista.

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Nos acercamos hasta el edificio y entramos en su interior tras descalzarnos. Vamos subiendo plantas y visitando las exposiciones de armas, artefactos y armaduras que se exponen. La mayoría de las explicaciones están en japonés, pero encontramos algunos carteles en inglés. Me llama la atención este kit para quitar metralla… deformación profesional ¡jaja!

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Es increíble, caminar por los suelos de madera pulida e ir subiendo por las distintas plantas a la vez que piensas en cómo debía ser estar en el castillo en aquella época. A pesar de que hemos estado en otros castillos japoneses, éste nos gusta mucho y nos gusta saber que es uno de los tres que se conservan de origen.

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La vista de los jardines desde las ventanas empieza a ser bonita, y podemos ver con detalle los tejados y su elaborada ornamentación.

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Para acceder a los últimos pisos hay un poco de cola ya que los escalones son muy empinados, ¡casi 60cm de altura entre escalones por lo que cuesta subirlos! Al fin, llegamos a lo más alto desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad, del puente de madera lacada (que están reconstruyendo) y de los alpes japoneses.

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Bajamos de nuevo hacia los jardines. Sabemos que hay alguna cosa más para ver en el recinto del castillo, pero como están haciendo obras en algunas torres y en el puente dificultan el acceso al resto de jardines, por lo que decidimos dar por concluida la visita… Salimos del jardín y volvemos a la zona del foso. Hay un gran parque junto al castillo pero no nos podemos acercar bien por las casetas que están montando -entendemos que celebrarán algo en breve-, así que nos conformamos con ver el castillo desde este punto, nos echamos unas fotos y nos deleitamos con las vistas de la construcción.

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Vamos al Museo y la chica nos dice que solo podemos ver dos plantas con la entrada combinada del castillo, si queremos ver más tendremos que pagar un extra. Mientras nos lo pensamos, accedemos a la parte que si podemos visitar. Hay una exposición de armas y armadura, alguna maqueta del castillo y planos de su construcción, así como las estatuas de pececillo que hay en lo alto del castillo. Toda la información está en japonés, lo cuál dificulta la visita.

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También se exponen objetos antiguos, cosas sobre el kabuki, amuletos, dioses, navegación y ¡hasta un camión de bomberos de época!

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Como toda la información está en japo no nos enteramos de mucho, por lo que decidimos no pagar el extra e ir hacia la calle comercial. De camino a ella encontramos un edificio muy tradicional entre bloques, así como algunos amuletos.

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Visitamos un santuario de camino, el Yohashira Jinja, dedicado a los Zouka Sanshin o los tres dioses creadores. Tiene una gran torii de metal a la entrada que es feucha, pero el santuario me pareció bonito y muy tranquilo, apenas había visitantes.

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Seguimos hacia la calle comercial Nakamachi-dori, conocida como la calle de las ranas y que cuenta con varias tiendas de artesanía y restaurantes.

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Y ¿porqué tantas ranas? La calle se llama “kaeru”, que en japonés tiene muchísimos significados entre ellos “rana”, “volver/regresar” y “poder comprar”, como véis el idioma japonés tiene muchísimas palabras homófonas. Los locales usan el nombre de la calle con los tres significados, por ese motivo la calle está repleta de estatuas de ranas, de tiendas donde comprar y al final del paseo vuelven a casa. A raíz del juego de palabras que supone “kaeru”, es costumbre llevar una ranita en el monedero o cartera para que “el dinero que se gasta, regrese”. Como podéis ver, ¡los japos son muy supersticiosos!

Y ahora si, tras unos 10 minutos de paseo y encontrándonos hasta con un tablao flamenco, llegamos a la estación JR Matsumoto de nuevo.

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Miramos los horarios de los trenes y vemos que hay uno para Shinjuku directo a las 13,47h y ese es nuestro objetivo. Aprovechamos que nos falta 1h para ir a comer unas tempuras con su arroz y su sopa de miso riquísimas en la misma estación (1600¥ los dos).

Sin mucha demora recogemos las mochilas de la consigna y nos vamos hacia los andenes. Aquí pasamos un poco de mal rato porqué las indicaciones de los trenes (tanto en el suelo del andén como en las pantallas) sólo está en japonés. Por suerte, mi marido que es un amante de los trenes, reconoce el modelo del tren que tenemos que tomar y allá que vamos hacia las señalizaciones correctas en el suelo del andén. Cuando llega el tren, le preguntamos a un supervisor de Japan Railways por los vagones de no reservado y subimos. Nos acomodamos y puntual como todos los transportes en Japón, salimos hacia nuestra nueva nueva base, ¡¡¡Tokyo!!! Mr. Green

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Interior del tren

De camino, dormimos un ratito y nos despertamos ¡¡¡¡justo a tiempo de ver el Fuji, menuda alegría!!!! Aplauso Aplauso Aplauso Las fotos no son de muy buena calidad, pensad que estaba lejos, con el móvil de la época y en movimiento… pero para que os hagáis una idea y podáis distinguirlo vosotros también si viajáis en tren por la zona.

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Reconocemos la estación de Odawara de nuestro primer viaje cuando fuimos a Hakone… y conforme el tren se acerca a Tokyo nos entra la emoción de nuevo… saber que volvemos a Tokyo, que disfrutaremos de nuevo de la ciudad e ir reconociendo edificios en Shinjuku… ¡¡los pelos de punta!! Heart

Tokyo (東京): Es la capital de Japón y una de las ciudades más pobladas del mundo. Consta de 23 distritos centrales y varias ciudades anexas. Conocida como Edo antes de 1868, y convertida en 1603 en el centro político de Japón, cuando Tokugawa Ieyasu estableció su gobierno feudal allí. Con la Restauración Meiji de 1868, el emperador y la capital se mudaron desde Kyoto a Edo que pasó a llamarse Tokyo (“capital del este”). Grandes partes de Tokyo fueron destruidas en el gran terremoto de Kanto de 1923 y en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Hoy, la metrópolis ofrece una selección ilimitada de compras, entretenimiento, cultura y restaurantes, a la vez que conserva partes con mucha historia, así como grandes zonas verdes.

A las 16,39h llegamos a la estación JR Shinjuku y nos os podéis imaginar qué sensación Heart A pesar de ser la estación que más miedo da a los viajeros por ser la más transitada del mundo a nosotros nos encanta estar aquí y como peces por el agua, en seguida damos con la línea JR Yamanote para ir hacia el hotel. La experiencia es un grado y aquí se nota ¡mucho! Riendo

Qué pasada volver a estar en esta línea de tren, vamos viendo las estaciones y los edificios por dónde pasa, y vamos recordando cosas del primer viaje… “aquí compramos esto… aquí vimos aquello… ¿te acuerdas de esta tienda?… aquí fue dónde…” ¡Nos pasó igual que en Kyoto! Tras unos 30 minutos de viaje, llegamos a la estación JR Shimbashi. Salimos hacia Shiodome por el túnel subterráneo que comunica ambas estaciones para llegar hasta nuestro hotel. Para la estancia en Tokyo, nos decantamos por el hotel Villa Fontaine Shiodome (por 105000¥ en habitación doble con desayuno incluido por 7 noches) y en el cual habíamos pasado la última noche de nuestro primer viaje y en el que estuvimos la mar de a gusto. Además está muy bien comunicado con varias líneas de metro y tren JR, y rodeado de restaurantes y centros comerciales.

De nuevo, mil recuerdos vienen a nuestra mente mientras recorremos este pasillo subterráneo y llegamos al hotel… hasta que nos viene a la cabeza la pregunta del millón: ¿¡habrán llegado las maletas y el sake?! Mr. Green Nos dirigimos a la recepción para hacer el check-in. Recordaros que es costumbre en Japón pagar la estancia en los alojamientos al hacer el check-in, lo cuál agiliza luego la salida el último día. La chica de recepción nos dice que tenemos en nuestra habitación las maletas y un paquete esperándonos. ¿¿¡¡He dicho ya que adoro este país??!! Aplauso Aplauso

Alucinamos un montón y es que nos han dado casi la misma habitación, mismo número pero en un piso menos que la otra vez, estamos contentos porqué disfrutaremos de las mismas vistas sobre las múltiples líneas de tren que pasan por delante, viendo trenes de todo tipo 🙂

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¡¡nuestro sake!!

 

Descargamos las mil cosas que llevamos encima y aprovechamos el wifi de la habitación para mirar el correo a ver si Augusto (de Rutafujitours) nos ha escrito… y efectivamente, tengo un mail suyo en el que nos dice que se prevé mal tiempo para el día que tenemos reservada la visita a la zona del Fuji y nos pregunta si podemos cambiarlo al jueves, le contesto que sin problema y sin perder tiempo nos vamos a disfrutar de Tokyo.

Primera parada: ¡Akihabara! Mr. Green ¿¡Cómo no?! Tras un corto trayecto con la línea JR Yamanote, llegamos al barrio de la electrónica, el cómic, el ocio y el vicio en general 🙂

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La idea es comprar una cámara de fotos réflex aprovechando que el cambio con el yen está genial. Nos recorremos varias tiendas (Yodobashi, Map Camera, Big Camera, Tokyu…) así como tiendecitas pequeñas de primera y segunda mano, comparando precios y modelos, me voy anotando aquellos que me interesan y tras una comprobación por internet en los próximos días iré a por ella.

Tras más de 2h de caminata, mirando y remirando, decidimos cenar en un McDonnalds (1300¥ los dos) y volver al hotel que entre el madrugón, el tute de bus y tren, y la caminata de todo el día estamos cansadísimos… Llamadita a los nuestros para contarles lo emocionados que nos sentimos de volver a estar en Tokyo, ducha y a dormir sleep

31/05/2011: regresamos a Tokyo y allí pasamos nuestro último día en Japón.

Día 16: el viaje se acerca a su fin… último día en Tokyo.

Mi marido me despierta con un “buenos días niponita” 🙂 Debo decir que es la noche que mejor he dormido desde que estamos en Japón, valoración del futón: ¡¡un 10!! Nos damos una ducha rápida… si, con el cubelete 😀 y muy a pesar nuestro no nos metemos en el onsen… Queremos salir sobre las 10-10,30h para no llegar demasiado tarde a Tokyo y poder aprovechar un poco el último día en el país nipón. ¡Ay madre qué impresión pensar que mañana cogemos el avión de vuelta a casa!

Sobre las 9h llaman a la puerta, en un momento recogen los futones y nos preparan la mesa del desayuno. Ayer ya pedimos desayuno occidental porqué no nos apetecía nada tomar sopa de pescado de buena mañana que es lo que suele llevar el desayuno japonés 😛 Nos sirven un desayuno bien copioso: huevos revueltos, frankfurt, bacon, tostadas con varias mermeladas, zumo y café con leche. Hay tanta cantidad de todo que es imposible terminarlo, y aunque nos sabe fatal dejarnos comida somos incapaces de acabar con todo lo que nos han traido.

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Una vez llenada la panza, hacemos las mochilas. Comprobamos que no nos dejemos nada y salimos hacia recepción. ¿Estarán nuestras bambas? ¡Jajaja!

Llegamos a recepción y en seguida nos viene la señora hiper-mega-amable que nos pide que la esperemos en la sala dónde estuvimos ayer para el check-in. Al momento viene con la factura para hacer el check-out. Nos pregunta si hemos estado a gusto y le decimos que es el mejor alojamiento que hemos probado nunca y que lo vamos a recomendar muy mucho, se pone la mar de contenta 🙂 Nos pregunta de dónde somos y al decirle que somos de Barcelona nos explica que tiene amigos que han visitado nuestra ciudad y que ella tiene una visita pendiente, ¡qué mona! Pagamos y salimos hacia la recepción, dónde recuperamos nuestras bambas 😀 Ya con nuestro calzado de nuevo, nos despedimos de ellos, del ryokan y del onsen con mucho pesar ¡hubiéramos hecho otra noche aquí encantadísimos! Con cientos de “domo arigato” por parte de todos, e incluso un “muchas gracias por su visita” en español por parte de la encargada, salimos hacia la carretera dónde está la parada del bus.

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la entrada del Ryokan

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Tras pocos minutos de espera, llega el bus que nos llevará a Hakone-Yumoto. Es un trayecto de unos 30’, y una vez allí cogemos el tren hasta Odawara, seguimos usando el Hakone Free Pass ya que era para dos días.

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el botón para pedir parada en el bus

Una vez en la estación de Odawara, pagamos la diferencia de precio para el billete del tren directo a Shinjuku (Tokyo), y digo la diferencia porque con el pase tenemos descuento en el tren a Shinjuku (no compramos el que lleva incluida la ida y vuelta a Tokyo porque tan solo necesitábamos el trayecto de hoy).

Éste es un tren rápido, del estilo al Shinkansen pero de otra compañía de ferrocarriles y en una hora y pico nos plantamos en la capital de nuevo.

Una vez en la estación JR Shinjuku, compramos los billetes para el Narita Exprés de mañana. Qué penita comprar ese billete… eso quiere decir que nos quedan horas en Japón, ¡uff! Tras comprarlos, tomamos un tren JR hasta la estación JR Shimbashi. Esta estación se comunica mediante túneles subterráneos y galerías comerciales con la estación de tren y metro Shiodome. ¡Es inmensa! Para la última noche en Japón escogimos el Hotel Villa Fontain Shiodome, un hotel que cuando planeamos el viaje salía carísimo pero que tras el accidente de Fukushima, y con la caída del turismo, bajaron precios y al final nos salió genial. Además está muy bien ubicado porqué se encuentra adherido a la estación de Shiodome y por tanto, a todo el transporte de la zona que te conecta con la mayor parte de Tokyo, y con varios centros comerciales muy cerquita.

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El check-in es a partir de las 15h pero nos falta una hora para poder hacerlo, así que una vez localizado el hotel echamos un vistazo a las calles de alrededor y decidimos ir a comer por la zona. Shidome es un barrio financiero y de oficinas, cuenta con altos rascacielos -para los estándares de Asia- y es una zona que se ve bastante nueva. Está ubicada entre la zona de la Tokyo Tower, Ginza y el río Sumida.

Para comer nos decantamos por un italiano dónde nos tomamos unas pizzas la mar de ricas 🙂 Decidimos volver a la zona de la estación y acabar de hacer las compras que tenemos en mente por allí. Entramos en una licorería y compramos 3 botellas de sake para regalar a los nuestros y, una de umeshu -licor de ciruela- para nosotros, a ver si hay suerte y se parece al que tomamos ayer en el ryokan 🙂

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uno de los sake que trajimos

Entre la comida y las compras se nos hacen las 15,30h, así que vamos para el hotel a hacer el check-in pensando en que esperemos que hayan llegado nuestras maletas 😛 Llegamos a recepción y en cuanto decimos el nombre de la reserva, la recepcionista nos dice que anoche recibieron nuestras maletas y que las tenemos en la habitación esperándonos. ¡Genial!

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el hall del hotel

Nos encontramos haciendo el check-in cuando se me resbala la bolsa dónde llevaba el umeshu y se me cae al suelo… con la mala suerte que empiezo a oler a alcohol que da gusto ¡OMG! La chica pensará que soy una alcohólica :S Terminamos el check-in lo más rápido que podemos y tomamos el ascensor que nos lleva hasta la 10ª planta dónde se encuentra nuestra habitación.

Se ha roto la botella en mil pedazos y suerte que la bolsa es buena y ha contenido el licor… ¡si no lo hubiera puesto todo perdido! Coloco la bolsa en la bañera y vierto allí el licor que está en la bolsa, por suerte no se ha roto ninguno de los sakes que eran para regalar.

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Una vez contenido el problemilla, me fijo en que la habitaicón es bastante grande para los estándares de Japón y que tiene unas vistas espectaculares 🙂 Mi marido ya está pegado a la ventana observando los distintos trenes que pasan por allí.

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en todos los alojamientos tienes hervidor de agua en la habitación

El plan para hoy era ver la zona de Roppongi, una zona bastante urbanita y llena de comercios… pero mi marido leyó por internet que recomendaban visitar el Sunshine City, un centro comercial con un mirador gratuito en la última planta con unas muy buenas vistas de la ciudad, y como tampoco tendremos de tiempo de mucha cosa, decidimos tomar un metro que nos lleve a Ikebukuro, y esta vez podemos disfrutar de este distrito a gusto, puesto que el día que vinimos diluviaba. Nos deleitamos paseando por sus calles llenas de luces de neón, cosplays y jóvenes cargados con carteles enormes anunciando ofertas en electrónica y cómics a grito pelao. Este barrio es del estilo a Akiha, y de hecho dicen que es la Akiba de las chicas ya que es más “tranquilo”.

Llegamos al centro comercial y como todos en Japón, ¡es enorme! Recorremos las primeras plantas y entramos en algunas tiendas a echar un vistazo y cuando está a punto de anochecer, tomamos el ascensor que lleva al mirador. ¡Qué caña de ascensor! Al entrar las paredes son blancas pero una vez se pone en funcionamiento, se encienden unas luces psicodélicas y en las paredes se ven dibujos del horóscopo, constelaciones y una música muy acorde a la situación 😀 Hay una pantallita que marca la velocidad a la que va el ascensor, y qué pasada, ¡¡alcanza los 600m/min!! Nos zumban los oídos como si fuéramos en un avión O_O

Al llegar arriba vamos dando un paseo de 360º observando la panorámica de la ciudad que hay desde sus grandes ventanales. Realmente no tiene nada que envidiar con otros miradores que hemos visitado estos días. De este modo hemos visto Tokyo desde las alturas a pleno día, de noche y al atardecer. Tres estampas totalmente distintas que recomiendo ver si se puede.

Nota: Siento la calidad de las fotos, pero mi cámara de entonces hacía lo que podía por la noche…

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En una zona del mirador hay sofás para dos personas y todo está decorado con corazones. La verdad es que es un bonito lugar al que ir con tu pareja 🙂

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Tras un buen rato admirando las vistas, volvemos al ascensor que nos lleva de vuelta a tierra.

Vamos hacia la zona de restauración ya que hemos pensado en cenar aquí. Es nuestra última cena nipona, así que no podemos ir a otro sitio que no sea a comer comida japonesa de la buena 🙂 Nos tomamos unos fideos y unos tonkatsus riquísimos. ¡Cómo voy a echar de menos la comida japo auténtica! Mr. Green

Tras la última cena en Japón, volvemos a la estación JR y allí tomamos un tren que nos lleve de vuelta hacia el hotel. Nos dejamos las maletas listas que mañana toca madrugar de lo lindo… Nos damos una ducha y llamamos a casa para decir a los nuestros que por Hakone de maravilla y que mañana ya volvemos, ¡uf qué pena!!

Mi marido se ha pasado el día de hoy diciéndome: “yo no me voy de aquí… ¡que me deporten!”, “¿y si buscamos trabajo y nos quedamos para siempre?” y “¿hay que volver al tercer mundo (España) de nuevo?” ¡Jaja! La verdad es que es tan, tan, tan alucinante todo lo que hemos visto y vivido aquí que yo tampoco quiero volver… de buena gana me quedaba, ¡amenazo con volver! Mr. Green

Nos vamos a dormir con un gran pesar, mañana tocará madrugar y el viaje de vuelta a casa será largo…

29/05/2011: día de lluvia por Shibuya, el parque Yoyogi en busca de los cosplays y cena en Ikebukuro.

Día 14: buscamos a los cosplays de Yoyogi, recorremos las calles de Shibuya bajo la lluvia y quedada para cenar truncada por el aguacero…

Hoy es domingo, se aprecia el cansancio de dos semanas sin parar y llueve a cántaros (según las noticias el tifón ha llegado a Tokyo), así que nos decantamos por no madrugar demasiado y dar un paseo con calma por Shibuya para ver bien el barrio.

Desayunamos las tortitas y el zumo natural de rigor en el bar del hotel y de nuevo nos ponemos en marcha. Vamos hacia la estación JR, nuestro punto de partida y buscamos la salida de Hachiko a ver si podemos encontrar la estatua del perro Hachiko ya que llevamos días pasando por allí, pero como hay tanta gente siempre, ¡aún no la hemos visto! Hachiko, era el perro de un profesor de universidad que acompañaba a su dueño hasta la estación todos los días dónde cogía un tren para ir a trabajar, el perro lo esperaba allí hasta que el profesor regresaba del trabajo y juntos volvían a casa.  El profesor un día, murió de forma inesperada y el perro fiel a su costumbre, siguió yendo a Shibuya a esperar a que su dueño regresara para volver con él a casa. Es una bonita historia que demuestra la fidelidad de los perros hacia sus amos y que conmovió a muchísima gente del barrio por lo que al fallecer Hachiko le construyeron una estatua conmemorativa a las puertas de la estación.  Tras rebuscar un poco entre la gente, ¡al fin la encontramos!

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Seguimos caminando por las ajetreadas calles de Shibuya y entramos en unos cuantos centros comerciales, decidimos que hoy compraremos parte de los regalitos para los nuestros aprovechando el día de tranquis. Es una pasada entrar en sus centros comerciales… ¡son todos inmensos! Hasta la tienda que parece más pequeña resulta ser un verdadero centro de 5 plantas O_O
¡Me encantan las cosas que venden y me lo llevaría todo! Compramos algunos regalos y también cosillas para nosotros. El resto de souvenirs los compraremos el último día en Tokyo.

Casi sin darnos cuenta, llegamos al Estadio Nacional de Yoyogi. En él hacen desde conciertos y espectáculos hasta competiciones importantes de artes marciales o de patinaje sobre hielo. Hoy deben celebrar algo importante porque hay una cola enorme para entrar y es imposible acceder a él sin la entrada, así que nos conformamos con verlo por fuera.

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¡Me encantan los paraguas transparentes! Todo el mundo aquí los lleva y me parecen chulísimos, lástima que no me caben en la maleta… pero para el próximo viaje buscaré el modo de traerme uno ¡jeje!

Seguimos el paseo bajo la lluvia hacia el Parque de Yoyogi. Éste es el mayor parque de Tokyo y es costumbre que los domingos vaya la gente disfrazada de sus personajes de manga o animación favoritos y se concentren varios grupos de jóvenes, y no tan jóvenes… son los conocidos cosplayers tokyotas. Pero como diluvia, ¡los únicos frikis en el parque somos nosotros dos! Eso, o no sabemos encontrarlos porqué el parque es enorme… sea como sea, nos quedamos con las ganas de verlos. Otro tema pendiente para el próximo viaje, encontrar a los cosplays de Yoyogi Mr. Green

Frikis no vemos, pero nos quedamos alucinando con el parque, esos lagos, puentes y del verdor tan espectacular, así como de lo estupendamente cuidado que está el parque, ¡qué pasada! ¡Adoro los parques japoneses!

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En una zona del parque hay un mercadillo de antigüedades y de productos ecológicos. Nos compramos unas galletas riquísimas para matar el gusanillo con un té calentito, que hoy realmente apetece.

De vuelta hacia Shibuya, vemos una tienda de vestidos de fiesta y de novia… ¡qué risa al ver los modelitos! Si lo llego a saber me compro mi vestido de novia aquí, el rosa de la planta baja o el amarillo de la más alta por ejemplo serían ideales ¡juass! Riendo

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Vemos también una Apple Store enorme, una tienda Disney impresionante, una iglesia cristiana que nos sorprende porqué no habíamos visto ninguna aún… y con este cartel también nos reímos un montón: “niños kinki”, ay madre si supieran lo que significa kinki aquí… :p

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Vamos caminando de nuevo hacia la JR Shibuya y decidimos comer cerca del hotel porqué diluvia y vamos mojados hasta las trancas a pesar de llevar el paraguas y el chubasquero. Entramos en un bar de tempuras y tras una comida deliciosa, volvemos al hotel a secarnos.

Al llegar al hotel, vemos que la pareja con la que compartimos el inicio del viaje, nos han enviado un mensaje por Facebook para quedar esta noche para cenar juntos ya que ellos también están en Tokyo, quedamos a las 19,30h en Ikebukuro, en una salida determinada porque la estación es enorme (¡como todas allí!).

Pasamos la tarde de perreo y preparando las maletas porqué mañana cambiamos de zona y hemos decidido llevarnos solo las mochilas a Hakone y enviar las maletas al último hotel de Tokyo para evitar ir cargados en los tres mil transportes que cogeremos estos días… ¡¡Qué ganas de ir a Hakone, es nuestro caprichazo del viaje!! Pero no adelanto acontecimientos :p

Cuando se acerca la hora de la quedada, nos arreglamos y cogemos el metro hacia Ikebukuro. Llueve un montón, las calles tienen ¡medio palmo de agua! Tras más de 45 minutos de espera en el lugar acordado y de empaparnos de arriba a abajo sin que la otra pareja aparezca y sin poder contactar con ellos porqué sus móviles no funcionaban en Japón, decidimos ir a buscar un sitio para cenar nosotros. Nos decantamos por un italiano que tiene muy buena pinta a pocos metros de la JR Ikebukuro.

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Hay bastante jaleo porqué hay un grupo de adolescentes que celebran algo y menudo jolgorio tienen montado 🙂 Antes de irnos, voy al lavabo y al pasar por delante suyo me llaman para que me gire hacia ellos, lo que no se esperan es que me acerque a ellos y les salude en inglés, ¡tendríais que haber visto su cara de corte total, jaja! Pero ellos me dejan más alucinada a mi cuando los chicos me preguntan si soy un manga ¡jaja, qué risa por favor! Chapurreando me dicen que tengo los ojos de chica-manga, ¡me parto yo sola! Y las chicas me miran muy mal, se deben pensar que me quiero ligar a algún chico… ¡pero si podrían ser mi hermano pequeño! Me voy al lavabo y al volver se lo explico a mi marido que se parte de risa. Al irnos, los chicos me vuelven a llamar y mi chico en broma les dice en inglés, “¡eh! cortaros que es mi chica” con lo se quedan súper cortados y esta vez son las chicas las que sonríen 😀 Los camareros que se han dado cuenta del cachondeo que se traen se parten y nosotros aún más, ¡vaya pavo que tienen! Está claro que el pavo en la adolescencia es universal :p

Al salir vemos que aún llueve con más fuerza y ahora ya hay casi un palmo de agua en el suelo… ya no sirven de nada los paraguas, así que salimos corriendo hacia la estación de tren, suerte que no nos habíamos alejado demasiado. Cogemos la línea JR Yamanote hasta Shibuya y allí de nuevo, salimos volando hacia el hotel. Estamos un poco preocupados porqué no haya algún problema por ir a Hakone con este tiempo, al ser montañoso no sabemos cómo habrá afectado el tifón allí…

Les mandamos un mensaje a la otra pareja por FB preguntándoles si han tenido algún problema y explicando que tras más de 45 minutos bajo la lluvia esperando y calados hasta las cejas, nos habíamos ido a cenar y que ya quedaríamos otro día si querían, no nos contestaron así que no sabemos qué ocurrió…

Hablamos con nuestros padres ya que en Hakone no tendremos internet y nos vamos pronto a dormir que mañana nos tocará madrugar bastante, aunque no dolerá demasiado sabiendo que nos espera nuestro querido ryokan con ¡¡¡onsen privado!!! ¡¡¡Si, el caprichazo de nuestra luna de miel!!! Aplauso Aplauso

26/05/2011: los contrastes de Tokyo, del Palacio Imperial al bullicioso -y vicioso- Shinjuku, con terremoto incluido!

Día 11: recorremos el parque del Palacio Imperial y conocemos el bullicioso distrito financiero de Shinjuku.

Amanece un nuevo día en Tokyo! Esta madrugada me levanté al WC y al volver a la cama vi que la lámpara del techo se movía… pensé que eran imaginaciones mías e incluso me puse las gafas para verlo bien, y efectivamente no solo bailaba la lámpara (cada vez más rápido) si no que también vibraba la pared. Recuerdo que le dije a mi marido: “¡¿se está moviendo la lámpara?!” y él dormido profundamente me contestó “si, hay un terremoto, duérmete”… me dejó alucinada Chocado parece que hasta su subconsciente estaba mentalizado de ello :p Tras unos segundos, dejó de temblar todo y yo volví a dormirme. Al despertar por la mañana le expliqué lo ocurrido y alucinaba con la respuesta que me dio 😀

Bajamos a desayunar al bar del hotel esas deliciosas tortitas que preparan y ya con las pilas cargadas, salimos de nuevo a continuar recorriendo la ciudad de Tokyo. Hoy visitaremos los jardines del Palacio Imperial (el Palacio está cerrado al público salvo dos días al año, ya que es la vivienda oficial del emperador y su familia). Para llegar a allí, tomamos la línea JR Yamanote en la estación de Shibuya y bajamos en la estación central de Tokyo. Vamos dando un paseo desde la estación hasta la zona del Palacio mientras nos deleitamos con los rascacielos que nos rodean y con la curiosa forma de construirlos que tienen, usando andamios de bambú ¡guau! Esta zona está completamente en obras y es que están reformando la estación JR Tokyo, una de las más antiguas de la ciudad, y sus alrededores. Cuando esté terminada seguro que es impresionante. La estación en si, es enorme y pasas varios minutos caminando para ir de una salida o de una línea a otra.

Tras unos 20 minutos caminando por la zona, llegamos al Palacio. ¡¡Es realmente impresionante!! Con esa construcción tan tradicional y esos fabulosos jardines tan cuidados, es un lugar muy bonito 🙂

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Nuevamente, sorprende ver esa estampa tan tradicional rodeada de rascacielos y edificios modernos, pero ¡¡así es Tokyo!! Amistad

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En los jardines que rodean al Palacio vemos a algunos “indigentes” y digo indigentes entre comillas porqué la mayoría van trajeados y simplemente están allí pasando el tiempo, no se acercan a pedir limosna ya que para ellos es una gran deshonra estar sin trabajo y más aún pedir, así que si te acercas y les das algo lo aceptan encantados pero si no, no te piden nada ni te molestarán. Como os digo, muchos van trajeados porqué suelen ser gente humilde que se ha quedado sin trabajo, para ellos es tal la deshonra de no trabajar que ni siquiera se lo comunican a sus familias, y cada día se levantan a la hora de siempre y salen de casa como si fueran al trabajo, pero pasan las horas en parques, y vuelven a casa cumpliendo el mismo horario que si hubieran ido a trabajar. ¡Es increíble hasta dónde llega el concepto de honor japonés! Chocado

El Palacio está rodeado por un gran foso con agua, vamos recorriendo el parque junto al foso hasta llegar a los puentes Nijubashi y un poco más adelante a la Puerta de Otemon.

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La entrada al jardín del Palacio es gratuita. Recorremos tan solo una parte del parque porqué es enoooorme y ya llevamos un buen rato andando bajo una solana importante, menuda chicharrina y solo estamos en mayo…

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Pasamos por al lado del Budokan, un gran pabellón de artes marciales. No se ve nada porqué está vallado pero si que se escuchan los “hiaaaaa” de los que entrenan ¡jajaja! Tras un buen paseo, decidimos dar la vuelta y salir de nuevo hacia la estación JR Tokyo.

El plan era ir a Omotesando, un distrito bastante nuevo y dedicado al comercio pero decidimos que en lugar de eso, nos vamos a conocer Shinjuku. Es lo bueno de viajar por libre, que puedes cambiar la ruta según lo que más te apetezca en cada momento… Cogemos de nuevo la JR Yamanote hasta la parada JR Shijuku.

Veréis que la mayoría de los trayectos en Tokyo los hacemos con las líneas JR, en especial la Yamanote que es la línea circular. Hay muchísimas líneas más, tanto JR como de metro que conectan todos los puntos de la ciudad, la cuestión es que como aún tenemos activo el Japan Rail Pass los trayectos en trenes JR nos salen gratis… por eso, siempre que podemos tiramos de él, aunque en ocasiones sería más rápido usar líneas de metro privadas.

Shinjuku es el más importante distrito administrativo de Tokyo. Su estación JR es una de las más transitadas del mundo, con un promedio de ¡3 millones de pasajeros al día! Realmente es una estación impresionante, en ella se pueden tomar trenes a casi todos los puntos del país, cuenta con muchísimas tiendas y restaurantes de todo tipo y más de un centro comercial adherido a ella. Sus salidas están distribuidas en tres alas principales (este, oeste y sur) y decenas de salidas secundarias para cada orientación. Así que es imprescindible tener muy claro hacia dónde te vas a dirigir y qué salida debes tomar porqué si no es fácil salir por el lugar equivocado, y pegarte media hora caminando para cruzar la estación de punta a punta… ¡como para ir con prisas, vaya! ¬¬’

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el logo verde JR es común para todos los trenes y estaciones de la compañía Japan Railways

Es la hora de comer, así que entramos en un bar de tonkatsus y tomamos un menú delicioso por ¡unos 7€ los dos! ¿¡Quién dijo que Japón es caro?!

Luego, salimos a la calle por la salida sur para ver la zona de los grandes almacenes Takashimaya y Tokyu Hands así como la Terrace City, una zona elevada que cuenta con varios bares y restaurantes con unas buenas vistas de esta zona de la ciudad. Intentamos encontrar el acceso al Shinjuku Koen, el parque más grande del distrito y uno de los más grandes de Tokyo, y aunque localizamos el parque, está vallado y no encontramos la entrada, eso o ya ha cerrado porque son las 17h. Así que tras un buen rato dando vueltas, decidimos entrar de nuevo a la estación para dirigirnos a la salida oeste, dónde se encuentran los grandes rascacielos de Shinjuku.

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Damos un paseo por entre sus edificios que a cuál más llamativo y curioso, hasta llegar al edificio del Gobierno Metropolitano de Shinjuku. También conocido como el TOCHO, se trata del centro administrativo más importante de Tokio.

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Construido en 1991, fue el edificio más alto de Japón hasta que en 1993 la Landmark Tower de Yokohama le quitó el primer puesto. En el último piso de sus torres gemelas hay un mirador desde los cuales se tienen una fantásticas vistas sobre la ciudad e incluso del Monte Fuji en días despejados. La entrada a los miradores es gratuita y se puede acceder de 9,30h a 23h, excepto algunos días de Navidad.

Tal y como recomendaban las guías, nos decantamos por subir a la torre sur. Así que subimos por los ascensores que nos indican hasta el piso 45. ¡Las vistas desde aquí son espectaculares! La pena es que el día está muy nublado y no conseguimos ver el Mt Fuji. Pero si distinguimos los edificios, parques y templos más importantes de la ciudad, realmente se pierde la vista en el horizonte, ¡esta ciudad es enorme!

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Antes de irnos vamos al baño y nada más entrar, me doy cuenta de que el agua de la taza del “Toto” vibra y gira de una forma peculiar. Toco la pared y noto que también se mueve. Cuando salgo del baño, veo a mi marido con una mano sobre la pared que me dice con cara de preocupación: “vibra”, seguido de un “¡¿qué hacemos?!” Chocado Le digo que lo mejor es observar qué hacen los locales e imitarlos. Vemos que nadie se inmuta pero han cerrado los ascensores provisionalmente, así que decidimos sentarnos en la cafetería que hay en el mirador a tomamos un café y seguir observando qué hacen los japoneses que hay a nuestro alrededor, pensamos que si ellos se muestran tranquilos debe ser un terremoto leve. Vemos que nuestro café vibra en la taza durante unos minutos, igual que “bailan” los edificios que nos rodean. Realmente es asombroso… ¡estamos en un piso 45 de altura sintiendo un terremoto y no nos hubiéramos dado cuenta de ello si no hubiéramos visto el agua vibrar! Y asombrosa también la calma con que se lo toman los japoneses, se nota que están más que acostumbrados. Por la noche veríamos por internet que se trataba de un terremoto de 5,3º en la Escala Ritcher, y ellos tan panchos…

Cuando cesa el terremoto ponen en marcha los ascensores de nuevo. Nos terminamos nuestros cafés y bajamos de nuevo a la calle.

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No podemos evitar mirar arriba y pensar en que hemos sentido un terremoto estando allí… Ver para creer. Caminamos de nuevo hacia la zona de la estación, pero esta vez nos dirigimos a Kabukicho, el barrio rojo de Shinjuku.

A pocas calles de la estación, este barrio es conocido por sus sex-shops y clubes. También cuenta con una gran cantidad de tiendas y restaurantes por lo que es una gran zona de ocio dentro del distrito de Shinjuku.

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Es impresionante la cantidad de sex-shops que hay aquí, pero todos del tamaño de un ¡Corte Inglés, con plantas y más plantas repletas de vicio! :p Allí las mujeres sólo pueden entrar a los pisos destinados para juguetes femeninos y los hombres a los masculinos, así que es una intriga lo que venden para cada sexo :p Nosotros entramos en un par de ellos por ver el ambiente de estos lugares y realmente sorprende la cantidad de juguetes, disfraces y pelis que venden en estas tiendas. Tengo que decir que me siento observada en los sex-shops, no deben estar acostumbrados a ver a una occidental mirando lo que venden :p Hay muchísimos locales con cabinas para ver porno, curiosamente sólo para hombres, salas de strip-tease, love hotels,  prostitutas y tipos que las vigilan por la calle… Aunque dicen que es un lugar seguro y sé que estoy en Japón dónde la delincuencia es mínima, este sitio no me inspira confianza y tampoco tenemos intención de comprar nada, por lo que no estamos demasiado tiempo recorriendo esta zona.

A eso de las 19h, volvemos de nuevo a la estación y cogemos de nuevo la línea JR Yamanote para volver a Shibuya. Ya en “nuestro barrio”, cenamos en una taberna unas tapas japonesas acompañadas por unas cervezas. Con la panza llena, regresamos al hotel después de todo un día de caminata por esta gran ciudad.

Como cada día, aprovechamos el ratito de antes de ir a dormir para darnos una ducha, mirar las noticias, hacer copia de seguridad de las fotos y hablar con los nuestros de las experiencias que estamos viviendo y luego ya, a dormir.

Mañana más 😉

25/05/2011: de Asakusa a Odaiba, del barrio más tradicional al más moderno de Tokyo

Día 10: conocemos la tradicional Asakusa y nos perdemos entre el ocio y la ludopatía de Odaiba :p

Hoy no madrugamos en exceso… aunque debemos bajar antes de las 10h a desayunar (lo tenemos incluido en el precio). Hay una cafetería en la planta baja del hotel y allí nos sirven el desayuno con unos tickets que nos dio la recepcionista al hacer el check-in. Pedimos un zumo natural y unas tortitas al estilo americano para cada uno y ¡qué ricas! A lo largo del viaje, veremos que en ciertos aspectos se nota la influencia de los americanos tras la II Guerra Mundial en la cultura y gastronomía japonesas…

Caminamos hasta la estación JR Shibuya para tomar el metro hacia el distrito de Asakusa, uno de los distritos más coloridos e interesantes de Tokyo. Este barrio se desarrolló a principios del siglo XVII alrededor del templo Senso-ji y poco a poco, se ha ido convirtiendo en una de las partes más vibrantes y a la vez tradicionales de la ciudad.  En él también se encuentra una de las lonjas de pescado más grandes del mundo.

Tomamos la línea JR Yamanote hasta la estación Shimbashi y allí el metro de la línea Asakusa. Llegamos a la estación que teníamos marcada en la guía, pero nos despistamos un poco porqué nos bajamos por error una parada antes de la que tocaba… damos un paseo tremendo intentando ir hacia la dirección del primer punto a visitar y llegamos hasta la orilla del río Sumida, pero como vemos que andando no nos aclaramos, desandamos el camino y volvemos al metro, y tras una parada más, ahora si nos bajamos en la correcta, adentrándonos de lleno en el corazón del barrio de Asakusa.

Un consejo para futuros viajeros, imprescindible llevar una brújula o algún mapa offline que os localice rápidamente, os sacará de más de un apuro al salir de las estaciones de metro/tren.

A pocos metros de la estación de metro, y ahora si, nos encontramos con la Puerta de Kaminari-mon de la que prende una gran lámpara de papel que indica la entrada principal al complejo del santuario. Esta puerta esta dedicada al dios del viento y al del trueno, y fue construida originalmente en el 942. En la época Edo los japoneses pasaban por debajo de la puerta para rezar por su salud, felicidad u otros asuntos.

Como curiosidad deciros que en la linterna se puede ver el logo de Panasonic®, ya que fue donada por ellos en 1995, mide 4 metros de alto, 3,4 metros de diámetro y pesa 670 Kg.

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Nos llama la atención que al otro lado de la puerta hay una gran alpargata y vemos que muchos jóvenes saltan para intentar tocarla, es un símbolo shinto y dicen que si alcanzas a tocarla te traerá suerte.

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Tras cruzar la gran puerta, nos encontramos con la calle comercial Nakamise, un paseo de unos 250 metros repleto de tiendas y puestos de comida que conduce directamente a la Puerta Hozo‐mon y a la Sala Kannon‐do. Es un lugar agradable dónde pasear y dónde hay tiendas de todo (comida, kimonos, katanas, abanicos, muñecas típicas…) pero sobretodo venden linternas de papel.

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Al final de esa calle comercial, encontramos un patio en el que se distribuyen unos cuantos edificios del templo y una gran pagoda de 5 pisos. Nos adentramos en el gran recinto que conforma el templo de Senso-ji.

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Como siempre, nos purificamos al entrar al recinto

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El templo Demboin es la vivienda del sacerdote principal del templo, se trata de un pequeño templo privado con jardín interior al que solo se puede acceder con un pase. La pagoda original fue construida por Iemitsy Tokugawa pero ardió tras un bombardeo en la II Guerra Mundial, por lo que se reconstruyó en 1973. Cuenta con 53 metros y es considerada la segunda más alta de Japón.
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Aquí se nos acerca un hombre un tanto peculiar y nos empieza a preguntar en un inglés bastante básico de dónde somos, cuál es el motivo de nuestro viaje, etc. Lo dejo con mi marido hablando y yo me voy a echar unas cuantas fotos de esta parte del templo. Tras unos 10 minutos, aún lo encuentro hablando con aquél hombre con una cara de agobio impresionante, así que muy educadamente lo rescato y seguimos con la visita :p

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¿Qué decir del lugar? ¡Me encanta el contraste entre lo tradicional y lo moderno que muestra este país! En la foto de arriba podéis ver la torre Skytree mientras la construían 🙂

Continuamos recorriendo el templo y llegamos al Tenoki Sebsihu y la Capilla de Asakusa, también conocido como templo de Kannon, diosa de la misericordia. Es el templo más viejo de Tokio, y uno de los más importantes. Al lado de éste hay una capilla sintoísta, la Asakusa Jinja.

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La historia el templo está consagrada a la bodhisattva Kannon. Según la leyenda una estatua de Kannon fue encontrada en el río Sumida en el año 628 por dos pescadores, los hermanos Hinokuma Hamanari e Hinokuma Takenari. El jefe de su aldea, Hajino Nakamoto, decidió que la estatua era sagrada y reconstruyo su propia casa creando un templo pequeño en Asakusa de modo que los aldeanos pudieran adorar a Kannon. La construcción del templo Senso-ji terminó en 645 por lo que es considerado es el templo más antiguo de Tokyo. Las bendiciones y milagros de Kannon provocaron una alta reputación por todo Japón y gente de todos los puntos del país acudían a Asakusa a venerar a la estatua.

Vemos que en el interior y los alrededores del templo de Kannon decenas de monjes están celebrando una ceremonia, y hay cantidad de gente asistiendo a ésta. Nos quedamos unos minutos en un rincón observando la ceremonia que llevan a cabo y luego seguimos recorriendo el complejo del templo. Damos un paseo por sus jardines que son impresionantes, como ¡todos en Japón! La pena es que no podemos visitar el templo de Kannon ya que es dónde se lleva a cabo la ceremonia… habrá que volver Riendo

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Junto al recinto de templos hay un parque de atracciones no muy grande, pero como vemos que no hay ninguna atracción interesante pasamos de largo. Volvemos a la calle comercial Nakamise y nos quedamos alucinados al ver a ¡¡¡unos ninjas!!! Mi marido les pide hacerse una foto y ellos aceptan encantados… Justo cuando voy a disparar la foto, veo que ¡¡sacan las katanas!! ¡¡Ay Dios que me quedo viuda ya!! ¡jajaja! ¡Qué graciosos! Suponemos que son actores o un par de frikis disfrazados, dudamos que los ninjas paseen tan tranquilos por las calles de Tokyo, o ¡¿no?! Muy feliz

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De ahí nos dirigimos al muelle para tomar el barquito que nos lleve a la Bahía de Odaiba. Nos encontramos en la puerta de la terminal de ferry mirando las diferentes rutas y precios que hay desde aquí, cuando un hombre se nos acerca y nos pregunta en inglés de dónde somos y si necesitamos ayuda. Le decimos que somos españoles y antes de qué nos dé tiempo a decir más el señor nos dice “aaaah yo hablo español” ¡¡wooow!! ¡nos quedamos alucinando! El señor se nos presenta y hacemos lo propio. Nos recomienda una de las rutas para llegar a Odaiba y nos dice que él bajará una parada antes que nosotros por lo que si queremos nos puede acompañar un tramo del trayecto en barco. Aceptamos encantados y compramos los billetes con su ayuda.

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Mientras esperamos a que llegue el barco, nos explica que es ingeniero aeronáutico y que además trabaja como intérprete español para la Embajada española en Tokyo, que a veces ha hecho alguna traducción de libros/documentos e incluso ha colaborado con la policía en algún caso dónde hubiera españoles que necesitaran ayuda con el idioma. Nos da la tarjeta de su página web y nos explica que en su tiempo libre hace de guía turístico por Tokyo con grupos de españoles bajo reserva.

Nuestro barco llega y subimos a bordo. No puedo dejar de sorprenderme viendo la ciudad desde este punto de vista y no puedo parar de hacer fotos 🙂 A estas alturas seguro que ya sabéis que me encanta hacer fotos, ¿verdad? Mr. Green

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El embarcadero está frente al edificio de la compañía cervecera japonesa Asahi. El guía nos explica que por lo visto hay controversia con la estética del edificio, algunos ciudadanos lo ven como un edificio modernista y original que ven como si fuera un vaso de cerveza con la espuma, mientras otros le llaman el edificio de la “cagarruta” -en japonés claro- por la forma de la estructura amarilla, que cada cual escoja la que prefiera :p

El señor nos va explicando qué es cada edificio e incluso un poco de historia de cada lugar, ¡alucinamos con la amabilidad del hombre! Aunque os tengo que decir que me sale la vena ratilla española y me quedo un poco pillada pensando en si realmente lo hace de forma altruista o luego nos intentará cobrar algo… Por lo bajini le comento mis pensamientos a mi marido, él me dice que no cree que nos cobre, supone que lo hace por gusto… y efectivamente, el hombre nos explicó con gran estusiasmo todo lo que él sabía, así como datos interesantes sobre su país, su cultura y los tokyotas. También él iba echando fotos para su página web.

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Le preguntamos la repercusión del tsunami y del accidente nuclear en la vida de los japoneses y su respuesta es: “lo que pasó fue una gran desgracia, pero eso ya pasó y está resuelto, así que podemos hacer vida totalmente normal. No entendemos ¡porqué no vienen los turistas!”. Le explicamos la repercusión mediática que tuvimos en nuestro país y el miedo que hay aquí a viajar a Japón en ese momento, y nos explica que él hizo varias entrevistas para televisiones españolas explicando lo sucedido y diciendo que se podía viajar con total normalidad al país. Nos felicita por ser “unos valientes españoles que ignora a la prensa sensacionalista”, ¡¡este hombre me cae bien!!

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La lonja de Pescado Tsukijii, la más grande y activa de Japón

Llegamos a su parada, junto al Odaiba Seaside Park. Nos despedimos de él y le damos las gracias por sus explicaciones y su compañía durante el trayecto. Cuando el barco está a punto de zarpar, vemos que sube corriendo de nuevo para advertirnos que en la próxima parada que haga el barco debemos bajar y cambiar de embarcación si no volveremos al punto de partida. Le damos las gracias en español, japonés e inglés porque es impresionante hasta dónde llega la amabilidad de esta gente y nos despedimos de él. ¡Flipante!

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Tras un ratito más, llegamos a la parada que nos advirtió, bajamos y esperamos al otro barco que nos llevará hasta la bahía. En este embarcadero hay atracado un barco estilo pirata. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos una bebida fresquita de la máquina que hay en el embarcadero mientras esperamos al siguiente barco que nos llevará a la bahía de Odaiba.

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Tras unos 30′ de viaje, llegamos a Odaiba. ¡¡Es impresionante!! Se trata de una isla artificial construida en 1853 por el shogunato Tokugawa en la Bahía de Tokyo, ganando terreno al mar  como una fortaleza marítima para proteger la ciudad de posibles ataques marítimos pero con el tiempo, y sobretodo a partir de 1996 pasó a ser un distrito modernista, futurista, comercial y de ocio 🙂

 

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pasamos por debajo del Rainbow Bridge

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El edificio de la bola es el de la televisión Fuji y el de la derecha, el de Salvamento Marítimo

Junto al embarcadero hay una playa y… una estatua de la libertad, ¡toma ya!

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Hay múltiples lugares a visitar en Odaiba, desde el edificio de la televisión japonesa Fuji, a varios centros comerciales como el Palette Town (compuesta por un enorme centro comercial, una sala de exposiciones de Toyota® y una de las 3 norias más grandes del mundo) y salas de ocio, ¡viva el consumismo y la ludopatía! ¡jajaja! También en Odaiba se encuentra uno de los baños públicos más grandes de Tokyo montados al estilo de pueblo artificial con toda una parafernalia de tiendas, restaurantes… vamos que aunque te vayas a relajar en un ofuro no pierden de vista las compras, ¡que viva el consumismo! :p

Nos hace mucha gracia ver una Estatua de la Libertad en Japón. Aún no hemos visto la más conocida (la de New York -que visitaríamos en 2015 en nuestro viaje a la Gran Manzana– ) pero si la de París y ahora la de Tokyo 🙂

Hacemos fotitos de rigor, y vemos que en la playa hay bastante gente tomando el sol, así como alguna que otra vela. Vamos dando un paseo tranquilamente junto a la playa hacia la zona comercial de esta parte de la isla. En uno de los edificios vemos que hay ¡¡una mini-montaña rusa dentro!! Nos quedamos alucinados y decidimos que tenemos que entrar ahí si o si 😀

Buscamos un sitio dónde comer puesto que son casi las 15h y nos decantamos por un bar americano dónde preparan hot-dog y batidos. Después de tantos días comiendo y cenando japonés nos apetece variar un poco y comer algo de “mierda de la buena” (como solemos llamarle nosotros a la comida basura) :p

Descansamos un poquito las piernas mientras tomamos una comida buenísima, y después rehacemos los planes que teníamos para esta tarde… si, volvemos al centro comercial dónde vimos la mini-montaña rusa en su interior 😀

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Resulta que dentro del centro comercial hay como un parque de atracciones de SEGA®, se trata del Joypolis. Aunque es un pelín caro ¡nos damos el capricho! Entramos y nos encontramos con cuatro pisos de simuladores Sega ¡qué pasada! Nos volvemos niños por una tarde y subimos en todas las atracciones, y es que son simuladores dónde puedes subir, por ejemplo hay una mini-montaña rusa, una atracción de Prison Break de la que tienes que escapar, un vuelo tipo Indiana Jones en avioneta montados en asientos que se mueven al son de la imagen y el sonido, de un helicóptero,  y…

… el de coches es ¡la caña! Se trata de coches deportivos de verdad montados sobre una plataforma que simula los movimientos y frente a una pantalla enorme dónde tienes el video juego con la carrera. En este me río muchísimo porque el chico se queda alucinado de que me quiera subir yo sola en un coche. Por lo visto allí las chicas suben de copiloto con sus novios. El operario me explica en inglés cómo funciona el coche y me pregunta si quiero cambio automático o manual, yo hubiera escogido el manual pero me doy cuenta de que como todos los coches allí, el volante está a la derecha y por tanto también el cambio de marchas está invertido… así que ¡¡automático, automático!! Me hace poner el cinturón y ajustar el asiento a los pedales y ¡empieza la carrera! Delante del coche tienes una mega-pantalla dónde ves el circuito y veo también el coche que “conduce” mi marido… ¡¡a por él!! Después de un poco de dificultad al principio hasta que me adapto a los movimientos del coche y pedales… ¡¡consigo ganar la carrera!! Al bajar de los coches, los chicos me felicitan y me vitorean, y es que nos dicen que es la primera vez que una chica gana en ese simulador, ¡¡toma ya, OLE YO, OLE YO!! ¡jajajaja! Aplauso Aplauso
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Seguimos dando una vuelta por el centro y subimos a más simuladores de motos, de esquí, hay uno de carreras por el hielo con un Bobsleigh en el que nos montamos los dos juntos y damos unas vueltas que nos pone boca abajo y todo :p ¡mola! Cuando nos damos cuenta miramos el reloj y vemos que llevamos casi 3h allí metidos, ¡madre mía, cuánto vicio por favor! Vemos un apartado dónde hay varias máquinas de fotos en las que puedes escoger un tema y luego editarlas a tu gusto e imprimirlas, nos damos cuenta de que es la atracción favorita de las adolescentes en todas las salas de juegos, así que decidimos imitarlas y nos metemos en una. Escogemos el tema “amor”, seleccionamos dos personas y entramos. En la pantalla de la cabina te va diciendo las poses que tienes que poner para cada una de las 6 fotos que echa. Después salimos y nos vamos a la cabina de al lado, dónde puedes ver las 6 fotos y retocarlas, pero del rollo “dientes más brillantes” u “ojos pintados”, y también puedes escribir sobre ellas o ponerles dibujitos sobre el tema “amor”. Las decoramos y le damos a imprimir, por 200¥ tenemos nuestras 6 fotos por duplicado de recuerdo, ¡qué kawaii!

Terminamos nuestra estancia allí, pasando por unas máquinas de reflexoterapia podal que ¡¡son la caña!! Te hace unos masajes en los pies que te dejan como nuevos y después de tantos días de caminatas… ¡repetimos 3 veces! Cada masajito vale 100¥ (unos 0’60€!) y salimos super relajados, no veo el momento de irme de esa máquina :p

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Con mucho esfuerzo nos vamos de ese centro tan genuino con el que nos hemos topado por azar y seguimos dando un paseo por la isla.

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Llegamos a la zona de Palette Town, una zona compuesta por un centro comercial enorme, en el que vemos una macro tienda de Hello Kity y de Barbie, una de las 3 norias más grandes del mundo (al estilo de la London Eye) y una sala de exposiciones de la casa Toyota en la que entramos y vemos unos cochazos increíbles, tanto actuales como antiguos e incluso de rally y Fórmula 1.

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Al caer la tarde, tomamos el tren hacia el distrito de Hamamatshucho y cenamos en un Mc enorme donde alucinamos porque al pedir nos dice la chica con mil reverencias que la perdonemos pero que nuestro pedido tardará un poco… le preguntamos cuánto y nos dice que ¡un par de minutos! Le decimos que no importa que es poco tiempo y esperaremos a que esté listo el pedido, pero la chica nos pide que vayamos a una mesa que ella nos traerá lo que falta en cuanto esté preparado… pero tendríais que haber visto la cara de disgusto por no podernos servir en el acto. Nos cuesta de creer la verdad, en el centro de Barcelona antes de que pusieran las máquinas para auto-pago, hemos llegado a esperar 20 minutos a que nos tomaran nota y prepararan nuestros menús… Hay que decir que allí sirven enseguida la comida, tanto en los Mc como en cualquier otro restaurante, parece ser que no es muy ético hacer esperar al cliente, pero para nosotros es impresionante que nos haga 10 reverencias a modo de disculpas por un retraso de 2 minutos.  Le hacemos caso, no vaya a ser que se sienta peor la muchacha y nos vamos a buscar una mesa. Antes de que nos hayamos sentado ya llega la chica con lo que nos faltaba del pedido de nuevo disculpándose entre reverencias, le respondemos con un par de “domo arigato” y un par de reverencias a modo de agradecimiento y empezamos a cenar alucinados por lo ocurrido…

De allí nos vamos paseando hacia la Tokyo Tower. Es uno de los símbolos de la ciudad ya que es fácil divisarla desde bastantes puntos.  Con una altura de 332,6 metros es usada como torre comunicaciones y cuenta con un mirador al que acceder para tener una bonitas vistas de la ciudad.

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En Tokyo hay básicamente dos grandes miradores, uno es la Tokyo Tower y el otro son los edificios del Gobierno Metropolitano de Shinjuku, a éste segundo iremos de día por lo que decidimos ver las vistas nocturnas desde la Tokyo Tower. Hay otros miradores, como el de la torre Roppongi aunque no cuenta con tanta altura como los dos anteriores. Decir que en 2011, cuando realizamos este primer viaje a Japón, aún no estaba terminada la gran torre Skytree, la que hoy en día cuanta con el mirador más alto de Japón y también el más caro de todos…

Vista en fotos ya impresiona pero verla en directo, es genial. Aunque es un clon de la Tour Eiffel de Paris, es algo más alta y pesa menos que la torre francesa, estos japos son unos crack’s ¡no solo la han copiado si no que además la han mejorado! 😀

La torre cuenta con dos miradores, uno a 150 metros de altura y otro a 250m, y hay que pagar por acceder a cada uno de ellos (en 2011: 1420¥ para acceder a los dos miradores y 820¥ si te conformas con el inferior). Nosotros decidimos pagar por los dos, ya que subimos nos vamos hasta lo más alto y disfrutamos del máximo de visitas posibles 🙂

Subimos con el primer ascensor hasta el primer nivel y nos maravillamos con las vistas de la ciudad, se pierde la vista entre las miles de luces en el horizonte, es alucinante ver el tamaño de la gran metrópolis que es Tokyo toda iluminada 🙂 Tras dar la vuelta entera al 1r mirador, tomamos el ascensor que nos lleva al segundo nivel.

Estamos muy altos y se nota en nuestros oídos, los tenemos taponados aquí arriba pero no importa ya que las vistas desde aquí son ¡¡aún mejores!! ¡¡Es impresionante lo grandiosa que se ve la ciudad!!

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Tras ver los 360º de Tokyo desde lo más alto, bajamos de nuevo al primer nivel. Vemos que hay unos cristales macizos en el suelo por dónde se ve la calle, la base de la torre y la gente que hay allí abajo. Ponemos nuestros pies encima del cristal y echo una foto… mientras algunos de los que nos rodean gritan un “¡aaah!” Parece ser que no se fían mucho de la resistencia de ese cristal ¬¬’

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Bajamos de nuevo y desandamos nuestros pasos hasta la estación JR de Hamamatshucho de nuevo. Nos fijamos en que aquí reparan las calles y hacen las obras necesarias de noche, cuando entorpecen menos al tráfico, aunque no sé qué opinaran los tokyotas que intentan dormir… Pasamos por unas calles un tanto oscuras y apenas transitadas, como buenos españoles desconfiamos un poco de ir por allí, tanta oscuridad nos genera cierta inquietud no nos vaya a salir alguien con malas intenciones…, pero cuando vemos que un hombre con un maletín que debe venir de trabajar se mete en el cementerio que junto al templo Zojoji totalmente a oscuras para cruzarlo hacia alguna calle que debe haber al otro lado, alucinamos de lo lindo. ¡Éstas cosas solo se pueden hacer en Japón! En cualquier otro lugar del mundo ya nos hubieran atracado. Tras ese momento, nos damos realmente cuenta de lo seguro que es este país. Una vez de vuelta veríamos en varias lugares que Japón es el país con menos tasa de delincuencia del mundo.

Llegamos a la estación y cogemos un tren de la JR Yamantoe hasta la estación de Shibuya. Una vez en nuestro barrio tokyota, caminamos los 5-10 minutos que nos separan del hotel y nos vamos a descansar.  Hoy ha sido un día ajetreado y ya toca descansar… mañana más Tokyo 😉

24/05/2011: ¡¡la gran Tokyo nos espera!!

Día 9: viajamos a la gran metropolis de Tokyo y empezamos a conocer Shibuya…

Nos levantamos temprano de nuevo ya que nuestro tren sale a las 8,15h. Hacemos el check-out y nos compramos desayuno para llevar en un Choco-Crock® de la estación, una cadena de pastelerías que tienen unos croissants de choco ¡buenísimos! No hay tren directo de Hiroshima a Tokyo por lo que tendremos que hacer un transbordo en Osaka… el trayecto hasta allí lo hacemos la mar de relajados e incluso echamos una cabezada tras tomarnos el desayuno.

A las 9,44h llegamos a Osaka y a las 10,13h salimos hacia Tokyo con una puntualidad extrema. A pesar de que muchos la desaconsejan, nos hubiera gustado visitar Osaka pero para ello teníamos que sacrificar un día de Kyoto o Tokyo y preferíamos ver a fondo esas dos ciudades antes de “mal-verlas” todas, por lo que decidimos que Osaka quedaría para el próximo viaje Sacando la lengua

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Pese a que el trayecto Hiroshima-Tokyo nos ocupará toda una mañana, estamos súper emocionados por poder visitar al fin la capital nipona… hemos pasado unos días muy culturales y espirituales y, ahora llega la parte friki del viaje. La de disfrutar de la gran metrópolis que es Tokyo, de su día a día… aunque también habrá una pequeña parte cultural porqué Tokyo es una ciudad de contrastes…

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interior del Shinkansen

 

El viaje Osaka – Tokyo es largo y también aprovechamos este trayecto para dormir… llevamos días de madrugones y de caminatas, y aún no nos hemos recuperado de la vorágine de los últimos preparativos de la boda, con lo que a estas alturas del viaje estamos agotados.

Pero me despierto a punto para disfrutar de las vistas del ¡¡¡Mt Fuji!!! que hay desde el tren. Truquillo: en el trayecto Osaka-Tokyo, pedid asientos en el lado izquierdo para poder verlo si os dejan las nubes claro… ¡qué pasada! Está bastante tapado, pero ver -aunque sea un trocito- del gran icono que es el Fuji nos embarga de emoción 🙂

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si os fijáis se ve un trocito de la cima nevada sobre el cartel naranja 🙂

 

Llegamos a Tokyo a las 13,10h. En la oficina JR nos recomendaron bajar en la estación JR Shinawaga en lugar de JR Tokyo (que sería la “central”) ya que así nos quedaba más cerca la zona dónde se encuentra nuestro hotel. Allí tomamos la línea JR Yamanote (línea JR circular) hasta la estación JR Shibuya, dónde tenemos reservado el hotel para estos días, y tras unos minutos de trayecto, llegamos al que será  “nuestro barrio” en Tokyo.

Salimos al bullicioso barrio que es Shibuya -sea la hora que sea- y seguimos las indicaciones de la web del hotel para llegar hasta él… nos cuesta un poco verlo y de hecho nos pasamos de largo, pero finalmente damos con él. Escogimos el Granbell Sibuya, Hacemos el check-in y subimos a la habitación a dejar las maletas. La habitación es estrechita pero ¡muy cuca y limpia!

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Vistazo rápido y salimos a comer que estamos famélicos a estas horas… Decidimos ir hacia la zona de la estación dónde hemos visto varios restaurantes. La verdad es que el hotel está super bien ubicado, a menos de 10 minutos a pie de la estación de tren JR Shibuya, el centro neurálgico del distrito.

Entramos en un centro comercial que hay frente a la estación (aquí tampoco hay barras con detectores en la salida, igual que en casa… ¬¬’ ) y vemos que en la planta -2 hay varios restaurantes. Damos una pequeña vuelta mirando los escaparates y nos decantamos por uno que hacen tempuras y sopitas 😉

Debo hacer un pequeño inciso para explicar cómo funcionan los restaurantes allí puesto que es algo distinto a lo que estamos acostumbrados aquí pero veréis que ¡no pierden la practicidad de vista! En primer lugar prácticamente todos los restaurantes tienen unos escaparates con réplicas exactas en plástico de los platos que ofrecen con los precios de cada uno, de modo que cuando entras sabes qué encontrarás y cuánto te gastarás. Cuando entras al bar/restaurante una voz gritona te saluda y pregunta cuántos sois para comer, en muchos sitios saben decirlo en inglés pero si no es el caso, con gestos puedes hacerte entender a la perfección. Te colocan en la mesa, y te dejan la carta, una toallita húmeda para limpiarte las manos antes de empezar a comer (fría en los baratos, caliente en los de cierta categoría), un sobre con dos palillos y un vaso de agua fría o té. Coges la carta y escoges los platos, y esto es verdaderamente simple porqué en la gran mayoría de cartas hay fotos de los platos, una descripción de los ingredientes en japonés y en inglés y el precio, tan solo nos topamos con cartas solo en japo en algún bareto pequeño de barrio, pero no será lo más frecuente. Para las bebidas igual, foto al canto y precio. Cuando lo tienes claro, avisas al camarero con un sumimasen (que significa disculpe en japonés). Vendrá a tomar nota, encontramos poca gente que supiera hablar bien en inglés, pero muchos lo chapurrean y si no es el caso es tan simple como indicar con los dedos el plato y bebida que quieres (a la Coca-Cola® ellos le llaman “Cora“) y con los dedos decir la cantidad de platos. Se llevarán la carta y ese es el momento de limpiarse las manos. Son muy muy escrupulosos con la higiene… las toallitas te las dan hasta en el Mc’Donnalds® y tan solo en un sitio no nos la dieron pero había un par de lavamanos con jabón bien accesibles dónde lavarse antes de empezar a comer. Con una velocidad que impresiona, te servirán los platos y te dejarán la cuenta boca-abajo en una esquina de la mesa de forma que cuando termines de comer, te levantes con tu cuenta, vayas a la caja, pagues y te vayas. No tienes que esperar a que te la traigan después ni son de mezclar dinero con comida. En muchos restaurantes sencillos no tienen carta de bebidas pero te van rellenando el vaso de agua o té continuamente y ¡gratis! Así de simple y sencillo 😉

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Seguimos. Volvemos al hotel y le preguntamos a la chica de recepción si hay alguna lavandería cerca. Nos da un mapa con las indicaciones para llegar a la más cercana, recogemos la ropa de la habitación y vamos a poner lavadoras. Esto formaba parte del plan para hoy, ya que así podemos minimizar el equipaje a llevar y como allí todo es barato no dudamos en ir a lavar la ropa 🙂 Llegamos a la lavandería y se trata de un establecimiento pequeño dónde todas las máquinas funcionan con monedas. Vemos que algunos ponen la lavadora y se van… pero nosotros decidimos cogernos un cafelillo de la máquina que hay en la puerta y sentarnos a descansar mientras nuestra ropa está lista.

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En unos 40′ queda limpia y la pasamos a la secadora. Nos quedamos alucinados con el lugar dónde se encuentra la lavandería. Estamos en Shibuya, uno de los barrios más grandes de Tokyo y sin embargo, parece un pueblecito dentro de una gran ciudad, vemos que la gente tiene el coche abierto, los aparatos de aire acondicionado a pie de calle y sin sujetar… ¡está claro que aquí no roban! Y a nosotros nos sorprende sobremanera… Vemos también un parking de bicis con dos alturas… hay que aprovechar al máximo el espacio ¡¿eeh?!

Algo que nos llama mucho la atención porque aquí no estamos habituados a ello, es que tienen el tendido eléctrico a la vista. Es la forma más segura de tenerlo en lugares con alto riesgo de seísmo, ya que enterrados sería más fácil que hubiera cortocircuitos en caso de terremoto y el riesgo de incendio o avería también es mayor.

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Cerca de la lavandería vemos un edificio que es un centro cultural con forma de robot, ¡¡mola!!

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Cuando termina la secadora, vamos al hotel de nuevo. Algunas piezas se han quedado un poco húmedas, así que las tendemos por la habitación y salimos de nuevo a echar un vistazo al barrio dónde nos alojamos, Shibuya.

Vemos la estación de trenes que es inmensa, ¡¡tiene 2 centros comerciales adheridos a ella!! Y vemos también el famoso paso de peatones en cruz de Shibuya o Scramble Kousaten, y es digno de ver porque es el paso de peatones ¡más transitado del mundo! ¡Qué pasada!, cada vez que el semáforo se pone en verde aparece una marea humana que cruza de un lado a otro de la calle y también en diagonal,  Y es que a diario lo cruzan una media de un millón de personas, ¡casi nada!

Damos una vuelta por la zona comercial de Shibuya y vemos los famosos centros comerciales “109” entre otros. El CC Shibuya 109 es un complejo de ropa juvenil para chicas con más de 100 boutiques repartidas en 10 pisos. Usualmente se pronuncia “Shibuya ichi maru kyu“, tiene su homónimo cerca para chicos. Recorremos un par de plantas y alucinamos 😛

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Los taxis tokyotas son muy molones, abren la puerta para el pasajero de forma automática ¡mola! Si, lo sé, he perdido la cuenta de los “mola” que ya he soltado, pero nos chocaron muchas cosas, sobretodo ese primer día en Tokyo, con sus peculiaridades y sus gentes. Llevamos apenas unas horas en la ciudad y ya estamos encantados 🙂 Quizá para aquellos que ya hayan visitado otras metrópolis como New York o Hong Kong no les impresione tanto ese primer contacto con Tokyo… para mi era la 1ª vez en una gran ciudad de este estilo, con luces por doquier, edificios tan altos y ese ambiente, y tengo que decir que me encantó. Y a día de hoy, después de haber estado en NY y en HK, sigo pensando que Tokyo tiene algo especial 😀

Seguimos con el paseo y vemos mogollón de centros de ocio con karaoke, salas de juegos o Pachinko, ¡el deporte nacional japonés, jajaja! Se trata de salas atiborradas de máquinas tragaperras en las que el juego consiste en encestar bolitas… hasta aquí fácil, pero luego hay que ir respondiendo a preguntas y resolviendo problemas, así que ni intentamos echar una partida porque las máquinas ¡están en japo! Vemos que los hay “pofesionales” y todo, que llevan guantes blancos para no hacerse ¿callos? ¡jajaja! ¡¡No!! Como siempre ellos son tan pulcros que les da repelús tocar con las manos algo manoseado antes por otro, formas de evitar contagios 😉

Entramos en una de las “salas” de juegos… ¡¡¡5 plantas de ludopatía!!! y echamos unas partidas a un juego de disparar pero en el que te montan en una especie de simulador Sacando la lengua ¡qué frikis! Riendo Riendo

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Después de un rato dándole a las maquinitas, seguimos dando un paseo por la zona mientras buscamos un sitio dónde cenar. No hemos querido ver demasiado de Shibuya hoy porque tenemos un día programado para ver el barrio a fondo, pero nos deleitamos entre las luces de neón y los enormes carteles publicitarios. Pasamos de nuevo por el gran paso de peatones, ¡es realmente impresionante!

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Cenamos en un bar irlandés, así podemos variar un poco nuestra dieta y nos tomamos unas cervezas japonesas, marca Asahi, que no están mal con unas tapas 🙂 Y ponemos rumbo al hotel, llevamos un par de días de grandes madrugones y necesitamos dormir y descansar que nos esperan más días de caminatas recorriendo Tokyo.