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21/07/16: recorremos el norte de la isla y disfrutamos de una buena comida lanzaroteña

Día 5: seguimos descubriendo monumentos y lugares con encanto

Hoy nos despertamos pronto así que aprovechamos para proseguir con el turisteo por la isla. Vamos a desayunar y después cogemos el coche.

Volvemos a pasar por la carretera de la muerte que es subir a Las Casitas de Fermés con el tamagochi que tenemos alquilado, hay tramos de subida en curva que me toca poner hasta ¡primera! Ahora, nos echamos unas risas cada vez que pasamos por aquí 😀

Volvemos hacia la zona del Valle de la Geria, este terreno volcánico de viñedos nos gustó mucho cuando pasamos ayer y de nuevo paramos en varios puntos a lo largo del camino para echar fotos y disfrutar de más cerca de los campos de viñas.

También paramos en un par de ocasiones a echar fotos de los cráteres que encontramos por doquier con placas de magma solidificado a su alrededor. Realmente los paisajes que ofrece Lanzarote son alucinantes.

Tras repostar y hacer parada en boxes, proseguimos hacia la Caleta de Famara, hacia el noroeste de la isla. Este pueblo es conocido por los surferos que suben hasta aquí a romper las grandes olas que se forman en su costa. Cogemos la marea baja por lo que no hay mucho oleaje, aunque si bandera roja por las corrientes. Caminamos a lo largo del paseo marítimo y alucinamos al ver magma solidificado de las últimas erupciones que hubiera en la zona, ¿¡he dicho ya que me encanta todo lo relacionado con lo volcánico?!

Tras un buen paseo, volvemos al coche y nos acercamos hasta una de las playas más famosas de la zona, en la que a pesar de haber bandera roja hay gente bañándose, poco conocimiento le ponen algunos… Nosotros nos conformamos con echar unas fotos y proseguimos el camino hacia el norte de la isla.

Tras un ratito en carretera, llegamos a Teguise. Apenas hay ambiente ya que hoy no es día de mercadillo (por el que es conocida la localidad). Pero nosotros venimos aquí para echar un vistazo al Castillo de Sta Bárbara que está en lo alto del volcán Guanapay, el cual se usaba con carácter defensivo ya que desde su emplazamiento se observa todo el mar, pudiendo prever algunos ataques piratas. A día de hoy alberga el Museo de la Piratería (por lo visto está planteado en plan cómic), pero nos parece caro y nos conformamos con la vista desde fuera, que ya merecen la pena porque hay una vista panorámica sobre el valle.

También es recomendable alejarse un poco del castillo y dar una vuelta por el cráter del volcán que se conserva junto a él.

Proseguimos por otra carretera de Dios, con varias curvas en herradura, y llegamos al Valle de Haría, desde dónde hay unas vistas espectaculares del río de lava que va desde el volcán de La Corona hasta el mar y que formó la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua. Una vez pasado el pueblo de La Haría, y tras trazar unas pocas curvas muy cerradas en herradura, llegamos a un restaurante con aparcamiento gratuito que tiene un mirador desde el cual hay unas vistas espectaculares de toda la extensión del volcán hasta la costa con el famoso “valle de las mil palmeras”.

Y tras echar unas cuantas fotos desde aquí y desde otro mirador que encontramos un poco más adelante a pie de carretera, seguimos hasta llegar al Mirador del Río. Entramos con el bono que compramos el 1r día de visitas. Lugar construido por César Manrique y enclavado en el Risco de Famara a 480 metros de altura sobre el nivel del mar, ofrece uno de los paisajes marinos más espectaculares del archipiélago canario sobre el río (apertura del mar) que separa las islas de Lanzarote y La Graciosa. El lugar es bonito de visitar, y cuenta con un restaurante con vistas estupendas… pero lo que de verdad impresiona de este lugar es el entorno dónde está construido, sobre un acantilado formado por una colada de lava que no tiene desperdicio. Hay una perfecta panorámica de la Isla La Graciosa que queda justo enfrente. Ahora, menudo vendaval hace aquí, ¡casi salimos volando!

Vemos que venden Aloe Vera DO Lanzarote y decidimos comprarnos uno para llevarnos de recuerdo viajero a casa (6€). Va bien protegido así que llevarlo en la maleta facturada no ha de ser un problema. También compramos un imán de la isla para la colección 🙂

Tras la visita, decidimos probar la gastronomía lanzaroteña y pasar del bufet del hotel hoy, así que de camino al siguiente punto del día, paramos en Arrieta, la que fuera primera capital de la isla. Habíamos visto buenos comentarios del restaurante El Amanecer pero está cerrado por vacaciones todo el mes de julio, así que gracias a Foursquare nos decantamos por el restaurante La Nasa que está en la misma calle y resultó ser ¡todo un acierto! Tiene unas vistas a la costa y al muelle espectaculares desde las mesas, el personal es súper amable y la comida que sirven ¡nos sabe a gloria! Pedimos unas papas arrugás y un plato de queso frito para compartir, y una fideuá al estilo lanzaroteño que quita el hipo. De verdad que el lugar es totalmente recomendable. Los tres platos, con pan, una botella de agua y dos cafés nos cuesta 37€. Y no pedimos postre porque se nos saldría por las orejas de lo llenos que estamos 😛

las vistas que tenemos desde la mesa

Tras la jartá de comer, volvemos al coche y ponemos rumbo al último punto del día, el Jardín de Cactus. También lo tenemos incluido en el bono y aunque en un principio no pensábamos venir, ha sido todo un acierto porque es un bonito jardín con un molino, repleto de cactus de todos los tipos. Los hay enormes tamaño árbol y otros pequeñetes… Lo bueno es que tienen el nombre científico de cada especie por lo que si te gusta alguno será fácil poder comprarlo luego y alguno caerá porque con la solana que pega en nuestro balcón, solo sobreviven los cactus… El lugar también fue proyectado por César Manrique y se nota 🙂

Aquí venden unos packs de cactus chiquitines que van bien protegidos y decidimos llevarnos algunos para nuestro balcón. Os dejo una foto de cómo era cuando los plantamos junto al Aloe, ahora están todos enormes, el clima de Barcelona también les gusta 🙂

Tras casi una hora de visita bajo un sol abrasador, volvemos al coche y ahora si, vamos de vuelta al hotel, llegamos sobre las 17h. Nos colocamos el bañador, y bien embadurnados de protector solar, bajamos a la piscina a darnos un bañito y a tomarnos un ron miel con limón bien rico, hoy tampoco lo perdonamos como veis… Así echamos el resto de la tarde de relax, se está súper a gusto ya que la temperatura y el sol ahora son agradables.

Cuando cierran la piscina, subimos a la habitación a arreglarnos que hoy toca cena en el restaurante asiático del hotel dónde tenemos reserva. Nos reciben con un chupito, empezamos bien 😉 Es también tipo bufet y hay un poco de todo, sobretodo comida china, pero debo decir que no mata nada… casi hubiéramos cenado mejor en el bufet internacional…

Tras la cena echamos la partida de billar con el mojito de rigor, ¡que se note que estamos de vacaciones!

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18/07/16: descubrimos el PN del Timanfaya, el Golfo y los Hervideros… ¿¡he dicho ya que me encanta Lanzarote?!

Día 2: mañana de descubrimientos, tarde de relax 🙂

A eso de las 8h nos despertamos. Nos arreglamos y bajamos a desayunar. Madre mía ¡qué variedad de cosas hay en el bufet para desayunar! Con las pilas cargadas, volvemos a la habitación a lavarnos los dientes y coger la mochila, y tras embadurnarnos de protector solar vamos a buscar el coche de alquiler que tenemos en el parking del hotel.

Hoy empieza el turisteo por la isla, ¿acaso pensabas que estaríamos todo el día tirados como lagartos? Los que nos conocen saben que somos incapaces de estar todo el día sin hacer nada, por eso alquilamos el coche. Por las mañanas haremos turisteo y descubriremos los rincones que esconde la isla y por las tardes, relax 🙂

Os dejo un pequeño mapa de la isla para que os hagáis una idea de las zonas a visitar… Recordad que nosotros nos alojamos en el sur, en las Playas del Papagayo.

Tras unos 20 minutos de trayecto llegamos a la entrada al P.N. del Timanfaya. En la caseta de la entrada compramos el bono para 6 atracciones de mayor relevancia de la isla (30€ pp, solo aceptan efectivo, aquí más info sobre los bonos que tienen y aquí sobre los centros de arte, cultura y turismo).

Proseguimos hacia el parking. Empieza a haber coches en la zona, pero llegamos a punto porque nada más aparcar nos hacen subir a la guagua para el tour por la zona volcánica. Dura unos 40 minutos y una locución va explicando la historia del lugar. Tenemos suerte y como recomendaban en blogs y foros, podemos sentarnos en la parte derecha del bus desde la que hay mejores vistas 🙂

Con una extensión de 51,07 km² se trata de un parque de origen volcánico, siendo las últimas erupciones las producidas en 1824. Cuenta con más de 25 volcanes la mayoría de ellos “dormidos” por lo que en cualquier momento podrían volver a activarse. Los más emblemáticos son las Montañas del Fuego, la Montaña Rajada o la Caldera del Corazoncillo. Es alucinante el paisaje que aquí se ofrece, increíble encontrar un lugar desértico, en el que solo viven algunas especies vegetales y muy pocos animales, y no más humanos que los turistas a bordo del bus del que no te dejan bajar para asegurar la preservación del lugar. Durante el trayecto descubrimos las calderas más importantes y vemos zonas con aspecto desértico y otras con lavadas de antiguas erupciones.

en el parque se ven varios cráteres

y zonas magmáticas

Desde luego el conductor del bus se merece la ola porque alucinas con el camino que sigue en el recorrido por el Parque, hay puntos en los que no entiendes ni cómo puede pasar por ahí un autobús… Al finalizar la ruta, puedes visitar el restaurante “el Diablo” diseñado por César Manrique en el que cocinan con el calor de un pozo que viene del interior del volcán, a unos 300ºC. Y es que la zona todavía presenta actividad volcánica, existiendo puntos de calor en la superficie que alcanzan los 100-120º C y hasta los 600º C a 13 metros de profundidad. En esta parte también tienes la zona de los experimentos, en la que tienen un par de espectáculos, en el primero ves calderas naturales en las que prenden rastrojos con el calor que sale de la tierra.

Y en el otro, echan agua por unos agujeros y se forma un géiser. Es una turistada pero me parece de lo más curioso de lo que es capaz la tierra. Os dejo un pequeño vídeo:

Desde aquí salen también rutas a camello, por unos 6€ por persona, pero ya hicimos una en Gran Canaria en 2012 y aquí hace un calor terrible a estas horas. Así que decidimos seguir con las visitas del día. Decir que este lugar nos ha encantado, las vistas son geniales, ver tanto cráter y tanta zona volcánica nos hace volar la mente hasta los recuerdos que tenemos de las experiencias en el Sakurajima (Japón 2013) y en el Bromo e Ijen (Indonesia 2014).

Hacemos parada en boxes y volvemos al coche, poniendo rumbo a El Golfo. Decir que es indispensable ir al parque a primera hora de la mañana para evitar colas y no morir de insolación, fijaos en la fila de coches que había cuando nos íbamos intentando aparcar…

Tardamos apenas unos minutos por una carretera bordeada por placas de magma solidificado en llegar al aparcamiento gratuito que hay junto a El Golfo, un cráter volcánico situado junto a un acantilado. Debido a la continua erosión del mar, con el tiempo se seccionó el cráter quedando aislado y formándose una pequeña laguna conectada al mar por grietas subterráneas, con un característico color verdoso (debido a los organismos que hay en ella), actualmente separada del mar por una playa de arena negra que ocupa parte del antiguo cráter. Conocido también como el Charco de los Clicos o laguna verde.

Las vistas son geniales, el lugar es precioso entre acantilados pero hace un vendaval importante que imposibilita acercarse demasiado a los altos acantilados desde los que se vislumbra la laguna (está prohibido bajar a ella). Tras una media hora aquí, volvemos al coche y nos dirigimos a Los Hervideros. De camino paramos en otro Charco junto a una playa volcánica, lástima que no hemos pensado a coger los bañadores porque aquí si se permite el baño 😦

Aunque no es un punto turístico de la isla, nos parece un lugar muy chulo y podemos tocar por primera vez la arena de playa volcánica, con ese característico color negro.

Los Hervideros a simple vista parece un acantilado sin más, pero a la que recorres los caminos marcados entre las rocas, descubres los mil recovecos que componen el lugar.

Es un lugar en el que la lava al contacto con el mar se solidificó creando formas muy curiosas. Se conoce como Los Hervideros porque en los días de gran oleaje, el agua golpea fuertemente contra las rocas, dando la impresión de que es agua hirviendo al salir por los agujeros en las rocas. La pena es que hay poco oleaje hoy, con grandes olas rompiendo debe ser espectacular… aún así el lugar se merece una visita.

Tras un buen rato disfrutando de la formación rocosa que es el lugar y de las espectaculares vistas de los acantilados, volvemos al coche y ponemos rumbo de nuevo. De camino de vuelta al hotel pasamos frente a las Salinas de Janubio y decidimos parar un momento a echar un vistazo. Con una extensión de 500.000 m2 son una de las salinas más importantes del mundo, aunque en los últimos años tan solo producen para consumo canario, se construyeron sobre la Caleta de Janubio, un charco que quedó aislado del mar en las erupciones de 1700. A través de acequias y molinos se bombea el agua marina hacia los parterres donde gracias a la acción del sol se evapora el agua quedando la sal.

Y ahora si, es algo más de la 1h y decidimos volver al hotel para ir a comer (a aprovechar el todo incluido). Tras unos 30 minutos por una carretera de largas rectas y paisajes alucinantes, llegamos al hotel. Dejamos el coche en el parking del establecimiento y nos vamos directos al restaurante.

Después de comer subimos a la habitación, nos damos una ducha que vamos de arena hasta las orejas con tanto viento y es hora de siesta time. Ya descansados, bajamos a merendar y después hacemos un rato de spa y piscina con un granizado de lima con ron miel, le estamos cogiendo el gustillo a esta bebida 😛

Sobre las 20h volvemos a la habitación. Nos arreglamos y bajamos a cenar. El resort tiene un par de restaurantes temáticos pero son bajo reserva, así que toca esperar al día que nos tocó al hacer el check-in, y mientras seguimos degustando las delicias que preparan en la zona italiana del bufet internacional, otra cosa quizá no pero comer, estamos comiendo bien…

Con la tripa llena, bajamos a la sala de los billares y mientras echamos una partida, nos tomamos un mojito. Sobre las 24h nos vamos a dormir, mañana seguiremos descubriendo la isla 🙂

En pocos días… ¡¡partimos de nuevo!!

Aunque hubo viajecito a Paris en abril, tengo ya un mono viajero tremendo y no veo el momento de volver a sacar las maletas del armario, llenarlas con lo indispensable, mis gadgets, y partir rumbo a un nuevo destino para seguir creciendo con mis viajes 🙂 Y esto, por fin, ocurrirá en pocos días y es que…

¡¡NOS VAMOS A LANZAROTE!!

Esta vez nos quedamos “más cerca de casa”, pero es un viaje que hace tiempo que tenemos en mente. En 2012 estuvimos 7 días recorriendo Las Palmas de Gran Canaria y en esta ocasión, visitaremos la volcánica Lanzarote. ¡Cómo me gusta a mi que haya volcanes en mis destinos! 😛

Como sabéis me encantan aquellos viajes que combinen cultura e historia con naturaleza. Me encanta patear ciudades y conocer rincones, pero esta vez necesito playa, panching y ¡relax a tope! Así que tras barajar varios destinos -nacionales e internacionales-, nos decantamos por volver a Canarias.

Como siempre el primer paso es reservar los vuelos, por primera vez volaremos con Ryanair, a ver qué tal la experiencia… Los vuelos nos han salido por 430€ (los dos, facturando una maleta en ida y vuelta, sin ella eran 50€ menos).

El siguiente paso, y este nos costó un poco más dado que planeamos a pocas semanas vista y en temporada alta, pero finalmente encontramos el hotel Sandos Papagayo Beach Resort, situado en la zona sur de Playa Blanca, que nos sale por unos 1000€ los dos por 6 noches en modalidad todo incluido. La verdad es que las instalaciones tienen una pinta tremenda, y el spa más todavía 😛 Cuenta con varias piscinas, restaurantes temáticos y una playa muuuy tentadora justo delante del hotel. En un inicio buscábamos hoteles con media pensión, pensando en que si salimos de excursiones no aprovecharemos una comida, pero viendo los precios, éste nos sale mucho más económico que muchos con solo desayuno. ¡Ventajas de ser Genius en Booking!

A pesar de que necesitamos relax y descanso a tope, nos conozco, así que ya he reservado un coche para nuestra estancia en Lanzarote para poder recorrer la isla a nuestro aire y descubrir esos rincones maravillos que esconde: el Timanfaya, la Cueva de los Verdes, Los Jameos del Agua, el Mirador del Río, El Golfo, las Salinas de Janubio, etc. Por recomendaciones en Trip Advisor y Los Viajeros, finalmente hemos hecho la reserva a través de AutoReisen, una empresa de alquiler de coches local. Hemos cogido uno coche pequeño tipo C3 para 6 días por 83€, viendo el precio por menos días con otras compañías, la verdad es que este nos sale a cuenta cogerlo así -con recogida y entrega en el aeropuerto-, y poder movernos a nuestro aire desde que lleguemos sin tener que rompernos la cabeza con horarios de guaguas. Nos incluye el seguro a todo riesgo, tasas de aeropuerto y la opción de conducir los dos sin costes extras.

A diferencia de otros viajes, hemos mirado qué lugares de interés hay en la isla para conocer pero no llevamos ninguna planificación hecha, iremos sobre la marcha, día a día según nos vaya apetenciendo.

Y ahora si, ¡¡empieza la cuenta atrás!! 😀

¡A la vuelta os cuento con detalle!

08/10/13: Matsumoto, su castillo cuervo y de vuelta a la gran metrópolis

Día 12: visitamos Matsumoto y regresamos a… ¡¡Tokyo!!

Hoy nos levantamos muy temprano para cambiar de nuevo de destino: nos vamos a Matsumoto y después a la big city Aplauso Aplauso

A pesar de que seguimos con el JRP activo, decidimos hacer el trayecto de Takayama a Matsumoto con los buses de la compañía Nohi ya que nos acorta en más de 2h el tiempo de viaje. Ayer preguntamos en la estación de buses y nos dijeron que no era necesario reservar asiento. Por lo que madrugamos bastante, desayunamos en la habitación lo comprado ayer, recogemos las cosas, hacemos el check-out estilo Japón (dejar la llave en una cesta en recepción) y nos vamos para la estación de buses.

Compramos los billetes (3100¥ pp) y a las 7,50h ponemos rumbo a Matsumoto. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno. Pasamos por zonas boscosas en las que se empieza a ver el momiji y el contraste de colores en el follaje de los árboles, lagos, ríos y cascadas humeantes. A mitad de camino, el bus hace una parada en una zona de onsens y nos dan 15 minutos para poder ir al baño. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos un cafelillo en las máquinas. Tras la pausa seguimos el camino. A las 10,10h llegamos a Matsumoto. Nos acercamos hasta la estación JR Matsumoto (frente a la estación de buses) y dejamos las mochilas en una consigna (400¥) así podremos hacer la visita sin cargas.

Matsumoto (松本): Es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Nagano. Conocida por Matsumoto-jo, uno de los castillos que se conservan de origen en Japón. Podrás disfrutar de un ambiente relajado y cosmopolita a la vez.

A pesar de que hay varias cosas por visitar en Matsumoto, decidimos ver lo más imprescindible y coger el tren de mediodía para poder llegar a Tokyo a media tarde. Así que nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y nos ponemos en marcha. No hay demasiada distancia entre la estación y los sitios que queremos visitar por lo que prescindiremos del transporte público. Caminamos durante unos 15-20 minutos hasta llegar al castillo. De nuevo me maravillan las artísticas tapas de alcantarilla de Japón Heart

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La construcción del Castillo data de la era Sengoku, por Toyotomi Hideyoshi entre 1594-1597 como un fuerte bajo el nombre de Castillo Fukashi. En 1872, siguiendo la restauración Meiji, el castillo fue vendido en una subasta, y corrió riesgo de ser desmantelado. Hoy día, es considerado Tesoro Nacional y es conocido como el Castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros, es uno de los mayores exponentes del arte hirajiro (castillo construido sobre una llanura y no sobre una colina).

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Pagamos la entrada que incluye el City Museum (600¥ pp). Nos maravilla el entorno dónde está construido el castillo, situado en la llanura de Matsumoto y rodeado de un gran foso. Dicen que las tierras sobre las que se posa, son tierras pantanosas que obligaron a los constructores a hacer estructuras muy sólidas, usando largos maderos fijados en el suelo y apoyarlo sobre muros de piedra de 7 metros. Su altura alcanza 30m distribuidos en seis plantas.

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Vemos que en los alrededores del castillo están montando casetas como para una feria o un mercadillo que dificulta la visita… así que nos vamos directos hacia los jardines del castillo. A pesar de que una de sus torres está tapada por una lona (están haciendo trabajos de restauración), disfrutamos de su bella vista.

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Nos acercamos hasta el edificio y entramos en su interior tras descalzarnos. Vamos subiendo plantas y visitando las exposiciones de armas, artefactos y armaduras que se exponen. La mayoría de las explicaciones están en japonés, pero encontramos algunos carteles en inglés. Me llama la atención este kit para quitar metralla… deformación profesional ¡jaja!

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Es increíble, caminar por los suelos de madera pulida e ir subiendo por las distintas plantas a la vez que piensas en cómo debía ser estar en el castillo en aquella época. A pesar de que hemos estado en otros castillos japoneses, éste nos gusta mucho y nos gusta saber que es uno de los tres que se conservan de origen.

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La vista de los jardines desde las ventanas empieza a ser bonita, y podemos ver con detalle los tejados y su elaborada ornamentación.

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Para acceder a los últimos pisos hay un poco de cola ya que los escalones son muy empinados, ¡casi 60cm de altura entre escalones por lo que cuesta subirlos! Al fin, llegamos a lo más alto desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad, del puente de madera lacada (que están reconstruyendo) y de los alpes japoneses.

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Bajamos de nuevo hacia los jardines. Sabemos que hay alguna cosa más para ver en el recinto del castillo, pero como están haciendo obras en algunas torres y en el puente dificultan el acceso al resto de jardines, por lo que decidimos dar por concluida la visita… Salimos del jardín y volvemos a la zona del foso. Hay un gran parque junto al castillo pero no nos podemos acercar bien por las casetas que están montando -entendemos que celebrarán algo en breve-, así que nos conformamos con ver el castillo desde este punto, nos echamos unas fotos y nos deleitamos con las vistas de la construcción.

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Vamos al Museo y la chica nos dice que solo podemos ver dos plantas con la entrada combinada del castillo, si queremos ver más tendremos que pagar un extra. Mientras nos lo pensamos, accedemos a la parte que si podemos visitar. Hay una exposición de armas y armadura, alguna maqueta del castillo y planos de su construcción, así como las estatuas de pececillo que hay en lo alto del castillo. Toda la información está en japonés, lo cuál dificulta la visita.

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También se exponen objetos antiguos, cosas sobre el kabuki, amuletos, dioses, navegación y ¡hasta un camión de bomberos de época!

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Como toda la información está en japo no nos enteramos de mucho, por lo que decidimos no pagar el extra e ir hacia la calle comercial. De camino a ella encontramos un edificio muy tradicional entre bloques, así como algunos amuletos.

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Visitamos un santuario de camino, el Yohashira Jinja, dedicado a los Zouka Sanshin o los tres dioses creadores. Tiene una gran torii de metal a la entrada que es feucha, pero el santuario me pareció bonito y muy tranquilo, apenas había visitantes.

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Seguimos hacia la calle comercial Nakamachi-dori, conocida como la calle de las ranas y que cuenta con varias tiendas de artesanía y restaurantes.

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Y ¿porqué tantas ranas? La calle se llama “kaeru”, que en japonés tiene muchísimos significados entre ellos “rana”, “volver/regresar” y “poder comprar”, como véis el idioma japonés tiene muchísimas palabras homófonas. Los locales usan el nombre de la calle con los tres significados, por ese motivo la calle está repleta de estatuas de ranas, de tiendas donde comprar y al final del paseo vuelven a casa. A raíz del juego de palabras que supone “kaeru”, es costumbre llevar una ranita en el monedero o cartera para que “el dinero que se gasta, regrese”. Como podéis ver, ¡los japos son muy supersticiosos!

Y ahora si, tras unos 10 minutos de paseo y encontrándonos hasta con un tablao flamenco, llegamos a la estación JR Matsumoto de nuevo.

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Miramos los horarios de los trenes y vemos que hay uno para Shinjuku directo a las 13,47h y ese es nuestro objetivo. Aprovechamos que nos falta 1h para ir a comer unas tempuras con su arroz y su sopa de miso riquísimas en la misma estación (1600¥ los dos).

Sin mucha demora recogemos las mochilas de la consigna y nos vamos hacia los andenes. Aquí pasamos un poco de mal rato porqué las indicaciones de los trenes (tanto en el suelo del andén como en las pantallas) sólo está en japonés. Por suerte, mi marido que es un amante de los trenes, reconoce el modelo del tren que tenemos que tomar y allá que vamos hacia las señalizaciones correctas en el suelo del andén. Cuando llega el tren, le preguntamos a un supervisor de Japan Railways por los vagones de no reservado y subimos. Nos acomodamos y puntual como todos los transportes en Japón, salimos hacia nuestra nueva nueva base, ¡¡¡Tokyo!!! Mr. Green

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Interior del tren

De camino, dormimos un ratito y nos despertamos ¡¡¡¡justo a tiempo de ver el Fuji, menuda alegría!!!! Aplauso Aplauso Aplauso Las fotos no son de muy buena calidad, pensad que estaba lejos, con el móvil de la época y en movimiento… pero para que os hagáis una idea y podáis distinguirlo vosotros también si viajáis en tren por la zona.

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Reconocemos la estación de Odawara de nuestro primer viaje cuando fuimos a Hakone… y conforme el tren se acerca a Tokyo nos entra la emoción de nuevo… saber que volvemos a Tokyo, que disfrutaremos de nuevo de la ciudad e ir reconociendo edificios en Shinjuku… ¡¡los pelos de punta!! Heart

Tokyo (東京): Es la capital de Japón y una de las ciudades más pobladas del mundo. Consta de 23 distritos centrales y varias ciudades anexas. Conocida como Edo antes de 1868, y convertida en 1603 en el centro político de Japón, cuando Tokugawa Ieyasu estableció su gobierno feudal allí. Con la Restauración Meiji de 1868, el emperador y la capital se mudaron desde Kyoto a Edo que pasó a llamarse Tokyo (“capital del este”). Grandes partes de Tokyo fueron destruidas en el gran terremoto de Kanto de 1923 y en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Hoy, la metrópolis ofrece una selección ilimitada de compras, entretenimiento, cultura y restaurantes, a la vez que conserva partes con mucha historia, así como grandes zonas verdes.

A las 16,39h llegamos a la estación JR Shinjuku y nos os podéis imaginar qué sensación Heart A pesar de ser la estación que más miedo da a los viajeros por ser la más transitada del mundo a nosotros nos encanta estar aquí y como peces por el agua, en seguida damos con la línea JR Yamanote para ir hacia el hotel. La experiencia es un grado y aquí se nota ¡mucho! Riendo

Qué pasada volver a estar en esta línea de tren, vamos viendo las estaciones y los edificios por dónde pasa, y vamos recordando cosas del primer viaje… “aquí compramos esto… aquí vimos aquello… ¿te acuerdas de esta tienda?… aquí fue dónde…” ¡Nos pasó igual que en Kyoto! Tras unos 30 minutos de viaje, llegamos a la estación JR Shimbashi. Salimos hacia Shiodome por el túnel subterráneo que comunica ambas estaciones para llegar hasta nuestro hotel. Para la estancia en Tokyo, nos decantamos por el hotel Villa Fontaine Shiodome (por 105000¥ en habitación doble con desayuno incluido por 7 noches) y en el cual habíamos pasado la última noche de nuestro primer viaje y en el que estuvimos la mar de a gusto. Además está muy bien comunicado con varias líneas de metro y tren JR, y rodeado de restaurantes y centros comerciales.

De nuevo, mil recuerdos vienen a nuestra mente mientras recorremos este pasillo subterráneo y llegamos al hotel… hasta que nos viene a la cabeza la pregunta del millón: ¿¡habrán llegado las maletas y el sake?! Mr. Green Nos dirigimos a la recepción para hacer el check-in. Recordaros que es costumbre en Japón pagar la estancia en los alojamientos al hacer el check-in, lo cuál agiliza luego la salida el último día. La chica de recepción nos dice que tenemos en nuestra habitación las maletas y un paquete esperándonos. ¿¿¡¡He dicho ya que adoro este país??!! Aplauso Aplauso

Alucinamos un montón y es que nos han dado casi la misma habitación, mismo número pero en un piso menos que la otra vez, estamos contentos porqué disfrutaremos de las mismas vistas sobre las múltiples líneas de tren que pasan por delante, viendo trenes de todo tipo 🙂

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¡¡nuestro sake!!

 

Descargamos las mil cosas que llevamos encima y aprovechamos el wifi de la habitación para mirar el correo a ver si Augusto (de Rutafujitours) nos ha escrito… y efectivamente, tengo un mail suyo en el que nos dice que se prevé mal tiempo para el día que tenemos reservada la visita a la zona del Fuji y nos pregunta si podemos cambiarlo al jueves, le contesto que sin problema y sin perder tiempo nos vamos a disfrutar de Tokyo.

Primera parada: ¡Akihabara! Mr. Green ¿¡Cómo no?! Tras un corto trayecto con la línea JR Yamanote, llegamos al barrio de la electrónica, el cómic, el ocio y el vicio en general 🙂

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La idea es comprar una cámara de fotos réflex aprovechando que el cambio con el yen está genial. Nos recorremos varias tiendas (Yodobashi, Map Camera, Big Camera, Tokyu…) así como tiendecitas pequeñas de primera y segunda mano, comparando precios y modelos, me voy anotando aquellos que me interesan y tras una comprobación por internet en los próximos días iré a por ella.

Tras más de 2h de caminata, mirando y remirando, decidimos cenar en un McDonnalds (1300¥ los dos) y volver al hotel que entre el madrugón, el tute de bus y tren, y la caminata de todo el día estamos cansadísimos… Llamadita a los nuestros para contarles lo emocionados que nos sentimos de volver a estar en Tokyo, ducha y a dormir sleep

30/09/13: el chispeante Sakurajima… ¡una de las mejores experiencias viajeras!

Día 4: hoy conoceremos de cerca el chispeante Sakurajima.

Hoy es un día muy especial en la ruta y hasta el mismo día no supimos si podríamos hacer la excursión programada para hoy: ¡¡la visita a la isla de Sakurajima!! Aplauso

Pero lo primero, cargar las pilas… tenemos el desayuno incluido, así que hoy no nos tenemos que preocupar por buscar kombini para ello. Después hacemos el check-out y les pedimos si nos pueden guardar las mochilas hasta la tarde y liberados de tener que llevar carga, salimos a la calle. En Kagoshima hace sol pero ya se ve a lo lejos que el Sakurajima sigue humeando igual que ayer… esperemos que podamos hacer la excursión tal y como estaba previsto… Cogemos un tranvía en la puerta del hotel (160¥ pp) hasta la parada Suizokukan-guchi. Seguimos por la calle perpendicular durante unos 5 minutos a pie en dirección al mar para ir a la terminal de Ferrys.

Sakurajima (桜島): Se trata de un estrato volcán activo, situado en el sur de la isla de Kyushu. Hasta 1914, Sakurajima era una isla pero debido a una gran erupción se unió a la península de Osumi. La actividad volcánica continua a día de hoy en activo. Su cima está dividida en tres picos: el Kitadake o pico norte, el Nakadake o pico central y el Minamidake o pico sur, activo actualmente. Su punto más alto es el Kitadake, a 1117m sobre el nivel del mar.

Tomamos el primer ferry que parte hacia la isla, salen cada 10-15 minutos y tardan más o menos lo mismo en hacer la travesía. Navegamos en el Cherry Queen 🙂

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Es curioso ver que sobre Kagoshima hay un cielo despejado y en cambio, sobre Sakurajima una humareda que parece el fin del mundo…

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El trayecto del ferry se paga al llegar a la terminal de Sakurajima (150¥ pp). Una vez allí, cogemos un mapa en la oficina de turismo y bajamos a la calle. Nada más salir, ya se nota el humo en el ambiente y alucinamos al ver todo el suelo y objetos completamente cubiertos por cenizas…. ¡¡woooow impresionante!!

Hay dos opciones para visitar la isla: una es comprar el tour con Sakurajima Regular Sightseeing Bus que sale desde la estación JR Kagoshima Chuo y que te lleva hasta el ferry y luego recorre la isla, vas con guía japonés pero te dejan un librito en inglés con las explicaciones por 2000¥/persona (también se puede comprar en la terminal del ferry ya en Sakurajima por 1700¥). O bien, tomar el Sakurajima Island View bus por 500¥/persona (pase diario ilimitado) e ir haciendo la ruta circular (mucho más corta que el otro bus), con la posibilidad de ir bajando en cada parada para visitar el lugar con detalle.

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La ruta roja es la del Island View y la ruta azul que recorre toda la isla, la del Sightseeing Bus.

Decidimos comprar el pase para el Sakurajima Island View (500¥ pp). El trayecto dura unos 60 minutos y hace una ruta circular. También se pueden pagar los trayectos entre paradas por separado, pero si quieres hacer recorrido completo o usarlo en más de una ocasión merece la pena el pase. Además tienes descuento de 30¥ en el ferry, que algo es algo 😛 Hay algunas paradas dónde sólo se detiene si la pides y otras dónde tiene un tiempo establecido para que la gente pueda bajar y hacer fotos.

El bus sale del puerto de Sakurajima y la primera parada es Hinoshima Megumikan Rest Shop, una zona de restaurantes dónde también hay un kombini. La siguiente, Rainbow Sakurajima Inn, situada junto a un complejo hotelero con onsen y tiendas… Sakurajima Visitor Center es la siguiente parada, pero decidimos seguir hacia el Observatorio Karasujima dónde estaciona 5 minutos para poder disfrutar de las vistas del lugar.

Volvemos al bus y nos dirigimos al Akamizu View Park dónde estaciona durante 8 min. Situado al sur del centro de visitantes se encuentra el observatorio desde donde se puede ver la colada de lava de 1914 que sepultó la pequeña isla que antes estaba a 500m de la costa y se tragó tres pueblos, destruyendo más de mil hogares. Se trata de un observatorio a pocos metros del mar, desde el cual se puede ver una panorámica de la ciudad de Kagoshima, así como del volcán -¡que humea que da gusto!-. Hay una escultura hecha en piedra volcánica en honor a un concierto benéfico que se organizó en la isla.

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Veréis que muchas fotos tienen una especie de velo… no es fallo de la cámara ni del enfoque, es por la cantidad de ceniza que llovía en algunas zonas. En esta foto podéis ver cómo está la flora local… llena de cenizas y quemada por el calor de éstas…

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Volvemos al bus y tras un buen rato de subida por una carretera de Dios, llegamos al Observatorio de Yunohira. Aquí tenemos 15min. para flipar en colores literalmente, y digo flipar en colores porqué nada más llegar, nos topamos con un montón de humo, llueve ceniza a tutiplén y pican los ojos y la boca que da gusto por el azufre que hay en el ambiente. Chocado Ojos que se mueven Estamos a unos 2,5 kilómetros del volcán que no deja de humear y se nota. Mi marido decide entrar a la tienda que hay en el observatorio a ver si encuentra mascarillas (¡ante todo nuestra salud!) y yo me quedo haciendo fotos. Las vistas desde aquí son increíbles, tanto de la costa, como del volcán. Este observatorio se encuentra a unos 350m sobre el nivel del mar.

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Alrededor del edificio, hay un balcón con carteles dónde señala puntos importantes de cada zona, así como información sobre las distintas erupciones que ha habido en la historia del Sakurajima. En su interior, encontramos un mini museo con más información.

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Aquí podéis ver cómo se acumula la ceniza por doquier…

Quedan pocos minutos para volver al bus cuando mi marido sale de la tienda con su objetivo cumplido: ¡¡ya tenemos mascarillas!! Nos las ponemos y él echa un vistazo rápido. Justo en el momento que le estoy haciendo una foto, sale un “puff” enorme y muy negro del volcán, todos los allí presentes nos quedamos helados… todo el mundo mira en dirección al volcán con los ojos muy abiertos… ¡¿eso es bueno, normal o malo?!

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Volvemos al bus que regresa al puerto. En 15 minutos he quedado bien llena de cenizas. Si, dejamos el paraguas en el hotel… ¡qué listos! ¬¬’

Una vez de vuelta en el puerto, cogemos de nuevo el bus y ésta vez paramos en la parada Rainbow. Vemos un muelle que da a una playa volcánica, ¡mola!

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Entramos en las tiendas que hay aquí para hacer parada en boxes. Compramos unas bebidas y visitamos el Toto. En una de las tiendas veo unos imanes súper cuquis hechos con piedra volcánica y no puedo resistir la tentación de comprarlos 🙂 (200¥, 2 imanes). No sé a vosotros, pero a mi me recuerdan a Epi y Blas 😛

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Recorremos un trocito del Paseo de Lava, junto a la costa.  Se trata de un pequeño sendero en el que hay acumulados muchísimos restos de la lavada que convirtió la isla en península. Es impresionante ver esas rocas y esas cenizas por doquier…

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ooh yeah!! 😛

 

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Tras pocos minutos, llegamos a los baños de pies 🙂 Se tratan de unos baños de pies públicos y al aire libre, de aguas termales que vienen del interior del volcán. Nos descalzamos sin pensarlo y metemos los pies… ¡¡mmm, qué a gusto!!

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Es súper relajante estar ahí, con el volcán humeando, el sonido de las olas y completamente solos con los pies en remojo en agua calentita Heart No vemos el momento de sacar los pies de ahí… ¡hasta que se pone a llover! ¡No fastidies! Se me rompió el rollo zen al momento Mr. Green por suerte hay una especie de cobertizo y nos metemos ahí hasta que a los pocos minutos deja de llover. Es como la típica tormenta de verano y suponemos que es por el acumulo de ceniza en el ambiente…

Vamos al Centro de Visitantes de la isla. Se trata de un museo/tienda de entrada gratuita con información e imágenes de la historia de la isla y de las distintas erupciones del volcán.

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Tras la visita se acerca la hora de comer, así que nos vamos al Family Mart que habíamos visto antes y que está a menos de 5 minutos a pie del Centro y comemos allí mismo (1200¥ los dos) con vistas al volcán. Puede parecer que al ser comida pre-cocinada que te calientan allí estará malo o “revenío” pero ¡para nada, está todo riquísimo y es bien barato!

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Mientras comemos comentamos lo alucinados que estamos con éste lugar y mi marido dice de coger el bus que hace la ruta larga y pasar más tiempo aquí antes de irnos a Kumamoto. Como solo es la 1h y sé que el bus sale sobre las 14h nos vamos con calma hacia el puerto, pero antes visitamos el Santuario Tsukiyomi. Mientras vemos el santuario, el volcán hace otro nuevo “pufff” más grande que el de antes… uy, uy…

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El santuario es un bonito lugar, todo de madera roja lacada, rodeado de árboles y con esas vistas… está dedicado a los dioses del volcán para proteger a los ciudadanos de la isla de su furia.

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Salimos de nuevo a la carretera y en seguida llegamos al puerto. Compramos los billetes para el tour (1700¥ pp) y esperamos a que sean las 14,20h. Al subir al bus, nos entregan un librito en inglés con todo el recorrido que hace y con información sobre la isla y las paradas. Somos unas 8 personas, solo 2 japoneses y el resto somos extranjeros (¡esto si que es raro!). El tour dura unas dos horas y media.

El bus sale del puerto y la primera parte es el mismo recorrido del Sakurajima Island View sólo que va directo al observatorio de Yunohira dónde hace la primera parada. Durante todo el trayecto del tour, vemos varios “pufff” del volcán y cada vez que hay uno la guía grita un “uuuhg” señalando al volcán y con cara de flipe, por lo que empezamos a pensar que ver tantas explosiones en un mismo día no es muy normal… Chocado Os aseguro que vimos un montón, a cuál más impresionante y que por lo que hemos podido ver en internet no es habitual. ¡Es que perdimos la cuenta!

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Desde el Observatorio de Yunohira se puede ver el cráter de uno de los volcanes inactivos.

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Creo que mi cara muestra el alucine vs acongoje del momento (aunque solo se me vean los ojillos)

De ahí vamos hacia la costa norte de la isla y vamos recorriendo una carretera junto a la costa y desde dónde vemos varias playas de ceniza y piedra volcánica, la más importante es la Saido Beach.

Por la parte de atrás del volcán, la que aún no habíamos visto, se ven con mayor claridad las explosiones del Minami-dake.

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Desde el bus vemos la torii enterrada del Santuario Kurokami. Es una muestra de la magnitud de la erupción de 1914, la misma erupción que causó la conexión de tierra de Sakurajima a la península de Osumi y que cubrió esta torii de 3m de altura con lava y cenizas, dejando sólo el tercio superior visible. Los vecinos de la zona intentaron desenterrarla pero finalmente no lo hicieron, y decidieron conservarla así como recuerdo de lo ocurrido.

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Hacemos una parada en una tienda para poder ir al baño los que quieran y dónde nos dejan probar los rábanos típicos que cultivan en la isla (son los más grandes de Japón), los tienen dulces, encurtidos… y además nos invitan a un chupito de Sochu, ¡riquísimo! Vemos que tienen guardadas algunas rocas que han salido disparadas de las erupciones del volcán… ¡alucina!

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Compramos un paquete de rábano dulce que a mi marido le pirra y salimos hacia un patio trasero que hay. Recuerdo haber leído en algún blog que aquí te traen para hacer negocio y que el sitio merecía la pena por tener una torii enterrada mucho mejor que la del Kurokami. ¡Y así es! Hay una torii de madera lacada que marca el punto de acceso a un pequeño cementerio (deducimos que de la familia) y una torii de piedra enterrada, al fondo podéis ver que el volcán sigue a lo suyo…

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Volvemos al bus y nos dirigimos hacia el Observatorio de lava Arimura, uno de los mejores lugares para observar el humeante Minami-dake y su flujo de lava constante. La zona tiene una serie de puntos de observación que están conectados por senderos pavimentados por los que se puede dar un pequeño paseo y unas vistas del océano fantásticas con trampas para ostras que por lo visto también son típicas en la zona.

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Aquí nos hacen una foto de grupo que nos ofrecen comprarla al llegar al puerto. Como no nos interesa, ni recuerdo cuánto costaba…

Junto al mirador hay una serie de tiendas con productos locales, unos baños y uno de los muchos refugios que hay en la isla. Hay un sistema de detección de erupciones bastante complejo en la isla. Hay unos sensores que se encuentran repartidos por todo el terreno, a unos cuantos metros de profundidad que detectan el menor cambio de temperatura o movimiento sísmico. Así como detectores de azufre en aire y estos refugios por si el volcán expulsara piedras de gran tamaño. Además, en los últimos años no dejan acercarse a la zona de los cráteres (hay un perímetro de seguridad) para poder evacuar con mayor facilidad en caso necesario.

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Volvemos al bus y de camino hacia el puerto pasamos por un lugar que nos deja totalmente anonadados. Chocado Chocado Se trata de un barrio llamado Higashi-Sakurajima, dónde cae continuamente una cantidad impresionante de ceniza de forma que aquello parece Silent Hill, ¡todo está completamente cubierto! Cuesta ver por la cantidad de humo y ceniza y vemos que la gente va cubierta con chubasqueros/capas, mascarillas o paños sobre la cara y con gafas que cubren los ojos por completo. ¡¿Pero cómo pueden vivir aquí y así?! ¡¡Alucinamos!! Ojos que se mueven Lo siento, no tengo foto porqué fui incapaz de hacer nada más que alucinar viendo aquello 😛

Llegamos al puerto y bajamos del bus. Como compramos el billete del bus en Sakurajima, tenemos que cruzar por nuestra cuenta con el ferry. Así que subimos a la terminal y cogemos el primero que parte (120¥ pp, tenemos 30¥ de descuento cada uno).

Realmente no nos arrepentimos para nada de haber venido hasta aquí ni de haber pagado los dos buses. Ha sido una experiencia increíble que jamás olvidaremos y algo muy muy recomendable Heart

Eso si, si decidís venir a este lugar tenéis que tener la precaución de traer ropa que no os importe que se ensucie mucho (por la ceniza), mascarillas si el humo es importante, paraguas para evitar la lluvia de ceniza y ¡vigilad las cámaras! A la mía le costaba mover el objetivo, por no hablar de la cantidad de ceniza que se le coló por todas partes y que me vi negra para limpiar… ah y si lleváis lentillas, no os recomiendo usarlas ese día… pasé un buen rato intentando quitarles la ceniza y al final, las tuve que tirar porque no había manera ¬¬’ pero todo ello mereció la pena, sin duda.

Llegamos de nuevo a Kagoshima y nos dirigimos a la parada del tranvía (160¥ pp) para volver al hotel a recoger nuestras cosas. En unos 10’ ya estamos allí, recogemos las cosas de la recepción y les damos mil arigato por guardárnoslas gratis 🙂 Salimos de nuevo a la calle y caminamos unos 10 minutos hasta la estación JR Kagoshima-Chuo, dejamos con pesar esta ciudad y cogemos un Shinkansen a las 18h que en algo menos de hora y media nos lleva al último destino en Kyushu: Kumamoto.

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Kumamoto (熊本): puerta de entrada a la región de Aso, fue la ciudad que inventó el kobori (forma de nadar erguido portando la armadura samurai), ahora es más conocida por su castillo.

Nos alojamos en el Dormy Inn Kumamoto por 14600¥ (dos noches los dos) y también cuenta con baños públicos. La verdad es que esta cadena hotelera no la conocíamos pero la habíamos visto recomendada en el foro Los Viajeros y decir que me sumo a la recomendación. Son de los de BBB (bueno, bonito y barato) y la mar de cómodos; están bien comunicados con las estaciones JR y tienen siempre buses, tranvías o metros cerca.

Sobre las 19,30h llegamos a Kumamoto, lo primero es tomar un tranvía para llegar al hotel, cerca de la parada Karashima-cho. Tardamos unos 10-15 minutos en llegar. Aquí ya empezamos a pensar “por favor, por favor que estén las maletas!” 😛 Efectivamente, al hacer el check-in nos informan que nuestras maletas nos esperan en la habitación, ¡¡oleeeee!! ¿¡He dicho ya que me encanta la eficiencia nipona?! Aplauso Aplauso

Decidimos salir a dar un paseo por los alrededores, hemos visto desde la parada del tranvía que hay unas calles comerciales cubiertas con buena pinta, así que allá vamos. Nos recuerdan a la zona de Nishiki de Kyoto, y aunque es tarde ya, hay bastante ambiente. Encontramos varias tiendas de todo tipo, restaurantes, kombinis… decidimos dejar un poco de lado la dieta local y vamos a cenar unas hamburguesas (1200¥ los dos). Compramos desayuno y agua en un 7/11 y nos vamos de vuelta al hotel que ya es hora de descansar. De camino podemos ver un trocito del castillo iluminado, y es que estamos alojados muy cerca. Pero eso ya queda para mañana, hoy estamos ko. sleep

29/09/13: llegó la hora de flipar en Kagoshima…

Día 3: visitamos la tradicional Dazaifu y flipamos en Kagoshima

Amanece un nuevo día en Japón y apenas son las 7h… Tengo que decir que el Hana como hostal está genial, bien ubicado, gente amable, todo limpio… pero no he dormido en un futón más incómodo ¡en mi vida! tengo problemas de espalda y no pegué ojo… ya no sabía ni como ponerme, me levanté varias veces a estirarme… ¡ufff! y mi marido que no tiene problemas, acabó bien contracturado de estar en él toda la noche… además había un grupo de americanos en el hostal que estuvieron hasta las 2h corriendo escaleras arriba y abajo y gritando como locos… Vaya que si ya íbamos cansados, acabamos más después de esa noche tan larga… Avergonzado Avergonzado

Aprovechamos el madrugón para cerrar las maletas y salimos a comprarnos el desayuno. Ayer vimos un Family Mart cerca del hostal y allá que nos vamos, con intención además de preguntar si cuentan con el servicio de Yamato Transport. Compramos unos dulces, un café con leche y un té verde riquísimo todo por unos 600¥. El chico que nos atiende no habla ni papa de inglés (¡qué raro!) Ojos que se mueven , pero por suerte llevo en el móvil la guía personalizada con una imagen del formulario con las instrucciones para rellenarlo y al enseñárselo en seguida nos los da (uno por maleta). Justo antes de salir, empieza a chispear así que compramos un par de paraguas… ¡transparentes! Era uno de los objetivos de este viaje y ya está cumplido Mr. Green Aplauso Volvemos al hostal dónde desayunamos en la cocina comunitaria y ya rellenamos los formularios para el envío de las maletas. Como nos vamos antes de que abran la recepción, ya quedamos con la chica que le dejaríamos la llave de la habitación en un cestillo que hay junto a la entrada, me encantan los check-in ultrarápidos de Japón 😀

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nuestro desayuno y algo de picoteo para la mañana…

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la zona común del hostal

Cargados con nuestras maletas, volvemos al Family Mart y le entregamos al chico los formularios. Comprueba que estén bien rellenos y nos da el ok, pagamos el transporte (unos 2500¥ las dos maletas de Fukuoka a Kumamoto) y nos entrega el comprobante y el ticket de compra con los datos de la tienda por si hubiera que reclamar por el envío… ¡cruzamos los dedos!

Una vez nos desprendemos de las maletas, nos dirigimos de nuevo a la estación de metro de Gion y allí tomamos uno que nos lleve hasta la estación de trenes JR Hakata (200¥ cada uno). Dejamos las mochilas, las chaquetas y los paraguas en una consigna de la estación (400¥, tamaño medio) y vamos a buscar el tren de la línea regular JR Kagoshima para ir a Dazaifu. Aquí tenemos problemillas ya que tenemos que ir hasta JR Futsukaichi Sta, pero no sale indicado en ningún panel y en los carteles TODO está en japonés Chocado , así que vamos al “tío de la gorrilla”, léase el funcionario de la Japan Railways que hay junto a los tornos y le preguntamos, pero otra vez nos topamos con que aquí no habla inglés ni Dios y no hay forma humana de entenderse, ¡ni enseñándole en el mapa dónde queremos ir! Así que volvemos a la zona de andenes y probamos a ver si hay wifi… ¡¡¡¡afortunadamente hay uno gratuito!!! Aplauso ¡Uff, es nuestra salvación! De eso modo buscamos la línea y el sentido que tenemos que coger y esperamos a que llegue el siguiente tren. Una vez nos montamos, vamos siguiendo la ruta que sigue el tren con Google Maps para asegurarnos que vamos bien porqué la información que dan en el tren está de nuevo… ¡¡TODA en japonés, qué horror!! Chocado

Al fin llegamos a JR Futsukaichi y aquí sabemos que tenemos que caminar unos 10 minutos hasta la estación de la línea privada Nishitetsu para coger otro tren hasta la población de Dazaifu. Salimos de la estación y nos encontramos mirando un mapa para averiguar cómo llegar a la estación de la línea privada cuando una pareja joven nos preguntan si vamos a Dazaifu en ¡perfecto inglés! casi lloramos de la alegría 😛 Nos dicen que ellos también van hacia allá y se ofrecen a que les acompañemos porque por lo visto es algo complicado… evidentemente aceptamos y vamos con ellos encantado. Callejeamos bastante y no vemos indicaciones en las calles que marque el camino… iba pensando en que solos no lo hubiéramos hecho cuando veo que el chico va señalando algo en el suelo y es que cada pocos metros hay unas imprentas en el suelo dónde marca la dirección a seguir para la estación JR y para la privada. Os dejo la foto porqué de verdad que sin eso, ¡es imposible!

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la marca azul señala el sentido hacia la línea privada y la roja, hacia la estación JR

Durante el trayecto de unos 10-15 minutos a pie nos preguntan de dónde somos y al decirles que de Barcelona nos dicen que están preparando un viaje a nuestra ciudad para el año que viene, ¡qué gracia! Llegamos a la estación Nishitetsu y allí cogemos el tren a Dazaifu (180¥ cada uno) que podemos pagar también con las tarjetas de contacto Icoca. Al llegar a Dazaifu les damos mil gracias acompañadas de tres mil reverencias por su ayuda y nos separamos.

Entramos a la oficina de turismo para coger un mapa y salimos a la calle.

Dazaifu (太宰府): Esta pequeña localidad fue el anterior centro gubernamental de Kyushu, conserva un bonito conjunto de templos y un famoso santuario.

Aunque en la ciudad hay varios templos que se pueden visitar, a nosotros solo nos interesa el más importante así como el santuario. Para llegar a la zona de templos, hay que recorrer una calle comercial que nos recuerda mucho a la de Miyajima (puedes ver el relato sobre nuestro paso por Miyajima aquí).

Al final de la calle comercial hay una gran torii de piedra y tras cruzarla, encuentras otras dos toriis que llevan al Santuario Tenmangu.

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Se trata del Santuario Tenmangu más importante de Japón y está dedicado al espíritu de Sugawara Michizane, erudito y político de la era Heian, muy popular entre los estudiantes. Tras cruzar la torii de la entrada, pasamos junto a varias lámparas de piedra y encontramos un gran estanque con dos puentes de madera lacada que lo cruzan.

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El estanque tiene la forma del carácter japonés que simboliza el corazón. Un camino conduce a través de dos puentes arqueados y las islas que hay en el estanque simbolizan el pasado, el presente y el futuro.

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Tras cruzar los puentes, encontramos una gran puerta con una gran lámpara roja de papel al más puro estilo del Senso-ji de Tokyo (puedes ver el relato sobre nuestra primera visita al Senso-ji aquí).

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Tras cruzarla hay una fuente de purificación y un ciruelo legendario que según cuenta la tradición voló desde Kyoto a Dazaifu para acompañar a Michizane en su exilio.

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Vemos el edificio principal y hacemos “parada en boxes” (WC y bebida fresquita). En estas máquinas hay una gran variedad de bebidas…

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Empieza a chispear y nuestros paraguas se quedaron en Fukuoka… hacemos un poco de tiempo pero viendo que solo chispea y que no tiene pinta de parar, continuamos con la visita del templo, cruzando los dedos para que no llueva fuerte.

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Tras visitar el santuario, volvemos a la calle principal y tras cruzar la gran torii de piedra de nuevo giramos a la izquierda y vamos a vistar el Templo Komyozenji, la entrada cuesta 200¥ y se trata de un templo Zen de la secta Rinzai del budismo japonés, fundado entre 1192-1333 por un discípulo del fundador del templo Tofukuji de Kyoto. Como curiosidad, decir que no hay nadie que cobre la entrada, hay que echar las monedas en un cofre que hay junto a un pequeño altar.

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Este templo cuenta con dos jardines, uno delantero que se compone de 15 rocas sobre un suelo de guijarros, distribuidas formando el carácter japonés para la “luz”.

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Y un jardín trasero que se puede ver desde el porche del templo y que alterna zonas de piedras, rocas y musgo… ¡simplemente espectacular! Además, vimos por primera vez un poquito de momiji, tan sólo una ramita pero nos hizo mucha ilusión ¡jeje!

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Tras deleitarnos con el jardín trasero del templo un buen rato (menuda paz se respiraba en el lugar) vimos que dejaba de chispear así que aprovechamos para volver a la calle comercial. Entramos en algunas tiendas, tienen cosas chulísimas, muchas son artesanales. Aquí nos compramos una tabla de madera con un escrito con una campanilla -la señora de la tienda nos dijo que era de protección para el hogar- y una lámpara de papel roja con ventosa para la nevera  Mr. Green

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nuestro imán de Dazaifu

Vamos dando un paseo hasta llegar a la estación de tren mientras miramos algunos escaparates más. Vemos una estatua con la “mascota” de Dazaifu y alucinamos de nuevo con las tapas de alcantarilla tan bonitas que tienen en Japón.

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Cogemos el tren (180¥ c/u) de nuevo para hacer la ruta en sentido contrario para volver a Hakata. Fuimos de los primeros en subir al tren, así que aproveché para sacar esta instantánea del interior.

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Cuando llegamos a la estación Nishitetsu, hacemos el paseíllo entre calles siguiendo las marcas del suelo hasta llegar a la estación JR Futsukaichi y esta vez lo hacemos a la carrera porqué ahora llueve con más ganas… Cogemos el primer tren JR que va hacia Hakata, un expreso que en unos 15 minutos nos planta en la capital de Kyushu. Allí recuperamos nuestras cosas de la consigna y cogemos el primer Shinkansen que se dirige a la estación Kagoshima-Chuo, ¡nuestro siguiente destino en Kyushu! Riendo

Como no sabíamos a qué hora acabaríamos de Dazaifu, no reservamos asientos por lo que nos dirigimos a los vagones de no reservado, nos podemos sentar sin problema ya que viaja poca gente aquí. De hecho, los trenes que recorren Kyushu son más cortos que los que sueles ver por Kansai y Kanto. El viaje dura una hora y media más o menos.

Kagoshima (鹿児島): Se trata de la ciudad más meridional de las cuatro islas principales de Japón, con un volcán muy activo situado al otro lado de la bahía, el Sakurajima. Los acostumbrados habitantes locales suelen abrir sus paraguas frente a las recurrentes explosiones del volcán, que arroja fina ceniza que acaba cubriendo el paisaje y oscureciendo el sol.

Llegamos a Kagoshima-Chuo sobre las 14h y aprieta el hambre, así que nos dirigimos al primer restaurante que vemos en la misma estación. Comemos de coña y como para reventar por unos 1000¥ los dos, además nos invitan a un té de cebada caliente de postre.

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Dejamos de nuevo las cosas en una consigna para no perder tiempo (300¥ una mediana), cogemos unos mapas en la oficina de turismo y salimos a la calle. ¡Nos alegramos al ver el cielo despejado! La idea es coger el bus Kagoshima City View para dar una vuelta por la ciudad y subir con él al mirador del Shiyorama Koen, un parque que se extiende por el monte Shiyorama a 107m sobre el nivel del mar y que sirvió como base del Castillo y recordado por ser dónde tuvo lugar la última batalla de la rebelión Satsuma en 1877 y, desde el cual dicen que hay unas buenas vistas de la ciudad y del volcán Sakurajima.

Nos cuesta un poco encontrar la parada del bus porqué nuevamente TODO está en japonés Malvado o muy loco , pero vemos que hay unas voluntarias en la zona de las paradas de los buses y nos acercamos con la esperanza que sepan algo de inglés… ¡bingo! la señora chapurrea algo y nos aclara cuál es la parada. En seguida llega el “retro” bus y nos montamos. Existe la opción de comprar el pase diario (600¥), pero tan sólo pensamos hacer un par de trayectos por lo que no nos sale a cuenta, así que pagaremos el billete sencillo al bajar del bus. Recordad que en Japón se sube al bus por la parte trasera y se paga al bajar.

La ciudad no es demasiado grande pero es bonita. Cuenta con varios museos y algún templo, así como varias esculturas de personajes importantes de la historia samurai. Subimos por una carretera de Dios hasta el parque de Shiyorama y ahí bajamos del bus (150¥ c/u). Subimos por una calle que hay algunos puestos de souvenirs y en seguida llegamos al mirador. ¡¡Vaya vistas y qué pasada ver el Sakurajima humeando!!

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Aquí nos damos cuenta de que todo está lleno de cenizas y vemos que la gente apunta al volcán continuamente… Confundido hay la opción de hacer una ruta de senderismo por el parque, pero son más de las 16h, pronto empezará a anochecer y estamos cansados, así que volvemos a la parada del bus con la intención de ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poco. Cogemos el bus y terminamos de hacer el trozo de ruta circular por la ciudad. Pasamos muy cerca del mar y del puerto… así como por una gran avenida en la que vemos que hay calles comerciales cubiertas del estilo a las de Kyoto.

Estábamos tan tranquilos sentados en el bus observando la ciudad desde las ventanillas cuando de repente todo el mundo grita al unísono “¡¡guau!!” mientras señalan al volcán. Nos giramos de golpe y vemos que el volcán ha expulsado una gran nube de humo negro Chocado Chocado ¡Nos quedamos boquiabiertos! Sabíamos que el volcán está activo y que humea de forma constante pero no nos esperábamos ¡ver eso! Todos los japoneses comentan algo con tono de sorpresa mientras no dejan de mirar al volcán que sigue sacando humo negro… ¿¡eso es bueno o malo?! Ojos que se mueven Ojos que se mueven

Durante el corto trayecto hasta Kagoshima-Chuo vemos que todo el suelo se está cubriendo de cenizas por momentos, se ha hecho de noche de golpe y la gente abre paraguas y se tapa la boca y la nariz con toallas o mascarillas… ¡¡madre mía dónde nos hemos metido!! Al llegar a la estación comprobamos que literalmente que ¡¡¡¡LLUEVE CENIZA!!!! Qué fuerte, aún flipamos en colores al recordar lo que fue vivir aquella experiencia. Una nube negra de humo cubre toda la ciudad y no deja de llover ceniza. Pican los ojos y la garganta y huele a azufre un montón. En un momento se ha cubierto el suelo… Entramos a la estación a recoger nuestras cosas de la consigna y salimos de nuevo a la calle porqué de verdad que no podemos dejar de flipar, esta vez abrimos los paraguas y empezamos a hacer fotos y vídeos de todo, ¡es increíble!

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no es niebla, es la ceniza que “llueve”

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la nube de humo que llega del volcán

 

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fijaos en el suelo de la calle

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montones de ceniza se agolpan en las aceras

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la vista a través del paraguas transparente, se puede ver la ceniza que “llueve”

 

Pasados unos 20 minutos haciendo fotos y vídeos sin parar y alucinando, decidimos ir hacia el hotel, nos pican demasiado los ojos y la garganta… ¡esto no puede ser sano! Imaginad si estábamos alucinando que ni nos habíamos dado cuenta que en la estación JR Kagoshima-Chuo hay una noria que sobresale por el tejado… 😛

 

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Nos dirigimos hacia la parada del tranvía y nuevamente ¡¡TODO en japonés, qué horror!! Sabemos la línea que tenemos que coger y la parada pero ni idea del sentido… preguntamos a unos cuantos pero todos nos miran con cara de “no entiendo” así que subimos al primero que pasa y tras dos paradas comprobamos que vamos en sentido contrario, así que nos toca bajar (160¥ /pp) y cogemos el siguiente que pasa en sentido contrario, esta vez si, vamos en la dirección correcta y tras pocas paradas bajamos en la nuestra (otros 160¥ c/u).

Nos alojamos en el Hotel Hokke Club Kagoshima por 6000¥ la noche en habitación doble con desayuno incluido. Hacemos el check-in y subimos a la habitación. Este hotel es de tipo occidental, con lavabo privado. Además el hotel cuenta con baños públicos pero nos dió reparo eso de bañarnos con desconocidos en pelotas y no los probamos. Llamadnos tontos, si pudiera volver a atrás los aprovecharía seguro 😛

Nos echamos un rato porqué estamos agotados entre el maldito jet-lag y la nochecita que hemos pasado en el hostal. Tras un ratito de descanso y a pesar de que no me gusta la idea porque me da yuyu, mi marido me convence para salir a disfrutar de “Silent Hill” xD Es ya de noche cuando salimos pero aún así se siente el olor a humo y azufre y está todo más cubierto que antes por las cenizas. Nos acercamos a la zona de calles comerciales cubiertas, a unos 10 minutos a pie del hotel, hay un montón de tiendas pero ya están cerrando. Así que volvemos hacia el hotel, parando antes en un Family Mart a comprar cena y desayuno para mañana por cuatro yenes. En este viaje me aficioné a los yakisoba UFO Mr. Green Mr. Green estaban riquísimos y como en todos los hoteles había hervidor de agua, los cené más de una noche ¡jeje!

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nuestra cena improvisada del Family Mart

Tras la cena, llamadita a los nuestros para contarles lo flipados que estamos. Mañana teníamos previsto visitar la isla de Sakurajima pero no sabemos si podremos hacer la excursión… todo dependería de cómo amanezca el volcán. Y alucinando en colores y agradecidos por habernos decidido a venir a esta ciudad, nos vamos a dormir Heart

30/05/2011: el caprichazo del viaje está aquí… ¡nos vamos a Hakone a disfrutar del onsen privado!

Día 15: recorremos la zona del Mt Hakone, divisamos el Mt Fuji y disfrutamos de la mejor experiencia nipona…

Hoy nos levantamos bien temprano y de un salto. Nos espera un día muy emocionante y muy esperado en nuestra luna de miel y es que ¡¡nos vamos a Hakone y el super ryokan nos espera!! Heart Heart

Bajamos a desayunar y al terminar subimos a buscar las maletas ya que toca hacer el check-out del hotel Granbell de Shibuya. Hemos estado muy a gusto en este alojamiento y lo recomiendo. Anoche finalmente, decidimos que enviaríamos nuestras maletas hacia el hotel dónde pasaremos la última noche en Tokyo, e irnos a Hakone solo con las mochilas con ropa para dos días y todos los gadgets, para poder ir más cómodos.

Quizá os suene extraño eso de enviar las maletas, pero cuando viajas a Japón es algo habitual. Hay un par de empresas que se dedican al envío de maletas por todo el país, un servicio que aporta comodidad y practicidad muchas veces y que además está súper bien de precio. Queda claro nuevamente que Japón es un país práctico y que piensa en la comodidad Mr. Green

Bajamos a recepción, hacemos el check-out y la recepcionista nos gestionará el envío de las maletas con la empresa Yamato, nos ayuda a rellenar el formulario de envío con nuestros datos, las direcciones de origen y destino, y además llama al hotel dónde las enviamos para avisarle que nuestras maletas llegaran mañana y que nos las guarden en recepción si son tan amables.  Una vez hecho el trámite, nos despedimos de ella con un gran “domo arigato”.

La empresa más conocida y recomendada es Yamato Transport (recientemente han abierto una oficina en Barcelona) que se identifica por el logo de un gato que porta a un gatito. Os dejo el ejemplo de cómo se rellena el formulario de envío que aparece en su web. Si vais a enviar las maletas con ellos, os recomiendo llevarlo encima porque aunque los japos estarán siempre dispuestos a ayudaros, en algunas zonas el inglés es limitado y podéis pasar un mal rato. Se rellena el formulario por cada bulto que envíes, se paga en el lugar dónde lo depositas (ya sea en la recepción de un hotel, un combini o la oficina) y te quedas con una copia del formulario y del recibo del pago por si hubiera que reclamar.

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Y tras este truco, continuo con el relato…

Nos dirigimos a la estación JR Shibuya dónde cogemos la línea circular JR Yamanote para ir hacia la estación central de Tokyo, dónde tomaremos el Shinkansen hasta Odawara. Habíamos reservado los asientos la noche anterior, asegurándonos poder ir sentados en nuestro último trayecto en Shinkansen y es que hoy se nos termina el tiempo de uso del Japan Rail Pass. Para ir de Odawara a Hakone y los pueblecitos de la zona, hay montada una ruta en tren, tranvía, funicular, teleférico, barco y bus… y para tomar todos estos transportes de forma econónima han creado el Hakone Free Pass, un pase de dos días que te incluye el trayecto en todos los transportes de la zona. Puedes comprarlo en la oficina que tienen en la estación JR Odawara, o bien en la estación JR Shinjuku en Tokyo y que incluya el trayecto en tren hasta la zona de Hakone (para aquellos que no tengan el JRP activo).

Una vez en Odawara, nos compramos unas bebidas en una máquina para tomarlas mientras esperamos el siguiente tren  (ya drentro del pase) para ir a Hakone-Yumoto, dónde haremos el primer transbordo. Tomamos un tren tipo cercanías, el trayecto dura unos 30 minutos. Al llegar a Hakone-Yumoto, buscamos el andén desde el cual sale el siguiente tren hacia Gora y nos quedamos alucinados al ver el tren en qué montaremos… ¡¡es del año de María Castaña!! :O

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mosaico en el suelo de la estación de Gora

Pero aún alucinamos más cuando iniciado el trayecto vemos por dónde está construida la línea del tren. Y es que la vía pasa a través de un bosque un tanto frondoso, lleno de pendientes, dónde las ramas de los árboles tocan los cristales del tren continuamente… vamos el tren de Lleida a la Pobla de Segur es una maravilla al lado de esta 😀 Pero también hay que reconocer que ésta línea nos sube unos 300m de altitud y tiene su encanto 🙂

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Tras unos 35 minutos de trayecto por la montaña llegamos a Gora. Nada más bajarnos del tren ya vemos las indicaciones para tomar el funicular hasta Sounzan. ¡Éste sube 211 metros de desnivel en 1,2km! ¡Menuda pendiente! En unos 10 minutos llegamos a Sounzan dónde haremos el siguiente transbordo y es que ahora nos toca el teleférico 😀

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¡¡Qué pasada de vistas!!  Se ve todo el valle de Hakone desde las alturas y por lo que leíemos, en días despejados se puede ver el Monte Fuji desde aquí, pero nosotros tenemos un nubarrón justo dónde se supone que está el volcán más famoso de Japón por lo que de momento no lo podemos ver… Este lugar es impresionante y debe ser parada obligatoria para todos los amantes de la naturaleza, aunque reconozco que tienen montada una turistada tremenda con todo el tema de los transportes. ¿Turistada? Si, pero mola mucho 😛

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El teleférico tiene una parada a medio camino, dónde hacemos un alto para disfrutar de las vistas sobre el cráter creado en la última erupción del Monte Hakone hace ya 3000 años. Desde el teleférico ya podemos a ver las chimeneas sulfurosas y las minas de azufre que hay allí.

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Llegamos a Owakudani, el área alrededor del cráter dónde se pueden tomar los famosos huevos negros (cocidos en agua volcánica). Es una tradición japonesa venir al menos una vez en la vida hasta aquí para comerlos. Dicen que por cada huevo negro cocido que te comes vivirás 7 años más. Si te comes dos huevos vivirás 14 años más;  si te comes 3, 21 años; pero cuidado que si te comes 4 huevos tu hígado puede sufrir lo suyo… 😛 Es por esta tradición que esta zona se conoce como el Valle de la Longevidad.

Bajamos del teleférico, y nada más salir a la calle ya se puede notar el olor a azufre tan característico en el ambiente. Menudo olor a rancio, ya nos pica la lengua.

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En esta zona hay un ruta de unos 10 minutos a pie que permite acercarte más a la zona volcánica y situarte junto a las fumarolas. Pero por normativa de seguridad, hay un semáforo que indica los niveles de azufre en el aire y  sólo se puede hacer la ruta en función de lo que marque éste. Hoy no tenemos suerte y el semáforo está en rojo, por lo que no se permite el paso… tenemos que conformarnos con verlas desde la entrada al camino que se encuentra vallado.

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una de las muchas fuentes con agua termal que hay en la zona

Entramos en una de las tiendas dónde nos compramos un helado. Yo quiero probar los huevos pero los venden en paquetes de 4 y como a mi marido los huevos no le gustan, pues decido comprar un paquete de 6 que viene envasado al vacío para llevármelo a casa de mis padres y probarlos con ellos a la vuelta 🙂

Me siento en una de las mesas a comerme mi helado mientras mi marido va al baño y cuál es mi sorpresa cuando en menos de 2 minutos, el nubarrón que hay sobre el Mt Fuji desaparece y ¡¡se deja ver!! ¡¡Qué pasada!! Esto si que ha sido toda una suerte 🙂  Todos los allí presentes desenfundamos las cámaras para llevarnos una instantánea Guiño En esas que llega mi chico y cuando lo ve se emociona un montón también. Es difícil de explicar pero sabes que estás viendo todo un icono nipón, con todo el simbolismo que tiene el Fuji para los japoneses, y una emoción te embarga.

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Aunque estamos casi en junio la cima aún está nevada

Llevamos unos 30 minutos en esta zona y ya nos pica la lengua un montón y nos empieza a doler la cabeza por el azufre, así que decidimos volver al teleférico y seguir con la ruta.

Subimos de nuevo a una cabina y esta vez en lugar de subir, bajamos hacia la zona del Lago Ashi, en Togendai. De nuevo disfrutamos del trayecto con unas fabulosas vistas, con el lago allá abajo y el Fuji al frente. Este día está resultando uno de los más chulos del viaje. Al llegar a Togendai vemos atracado en el embarcadero el barco “pirata” que recorre el Lago Ashi de orilla a orilla tal y como ponía en la guía. Nos dirigimos al embarcadero para tomar el barquito, el siguiente transbordo en la ruta circular que recorre Hakone.

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¡¡Qué pasada, menudo lugar!! Sin duda me quedo con las vistas desde el barco, con todo el lago iluminado por los rayos del sol, rodeado de montañas arboladas, con el Fuji al fondo… ¡Realmente bonito! Además hace un día estupendo (tras el diluvio de anoche en Tokyo vaya gusto) por lo que en la cubierta del barco se está de lujo Heart

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Tras una media hora de travesía llegamos al otro extremo del lago, a la pequeña población de Hakone-Machi.
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Al fondo y a la izquierda, medio tapado por nubes se aprecia el Mt Fuji con su pico nevado

 

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Desembarcamos, y de allí vamos dando un paseo de otros 35 minutos hacia Moto-Hakone. De camino, encontramos el Hakone Check-point, un importante punto de control de tráfico a lo largo de la ruta Tokaido, la antigua vía que unía Edo (Tokyo) con Kyoto durante el período Edo. Hace unos años lo restauraron y crearon el Museo Sekisko Shioryokan, un museo al aire libre representativo del antiguo punto de control de Hakone y que muestra objetos relacionados con la vía de paso.

 

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No me pareció una visita imprescindible pero si recomendable, no solo por conocer un poco más sobre el periodo Edo si no por las fabulosas vistas del lago que hay desde aquí 🙂
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Al terminar la visita nos compramos unas bebidas en una máquina y seguimos con el paseo hacia Moto-Hakone siguiendo la antigua ruta Tokaido, la Old Tokaido, una ruta rodeada de cedros milenarios que antiguamente unía las dos capitales niponas. Qué paz se respira en este lugar, es increíble. Sin duda fue todo un acierto decantarnos por hacer esta excursión, y la volvería a hacer sin dudarlo… y eso que aún no hemos estado en el ryokan 🙂
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Llegamos a Moto-Hakone, dónde continuamos deleitándonos con las vistas del lago desde el embarcadero, el Monte Fuji se esconde de nuevo entre nubarrones… Es una pasada verte rodeado de tanta naturaleza después de varios días por la gran metrópolis.
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Junto a la estación de autobuses de Moto-Hakone, encontramos una gran torii que marca la entrada al pueblo.
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Son las 13,30h y empezamos a tener hambre. Ayer quedamos com los dueños del ryokan que llegaríamos sobre las 15,30h, así que decidimos buscar un sitio para comer antes de ir hacia allá. Nos decantamos por un pequeño restaurante con vistas al lago en el cuál vemos en su escaparate que tienen unos ramen con muy buena pinta. Entramos al restaurante y vemos que la planta baja es una tienda de productos locales y que el pequeño restaurante está en el primer piso.

Una vez pedida y servida la comida, la dueña nos viene con un recipiente lleno de cubiertos, no habla inglés pero se hace entender. Los descartamos pero como vemos la cara de la señora que no queda muy convencida, le mostramos que sabemos comer con palillos y nos aplaude ¡jaja qué maja!

Comemos con calma, disfrutando de la comida que está deliciosa y de las vistas sobre el lago que hay desde aquí. Tras la comida, la señora nos sirve un vaso de té verde buenísimo y que está incluido en el precio.

Sobre las 14,30h, nos despedimos de esta gente tan maja con un sonoro “domo arigato” (muchas gracias en japonés) y vamos hacia la estación de autobuses de Moto-Hakone. No nos acabamos de aclarar porqué en el mapa de las paradas que hay, no sale la que nos indicaban en la web del ryokan, así que entramos a preguntar al revisor que muy amablemente nos explica que recientemente han cambiado el nombre de la parada. Nos indica la línea que tenemos que tomar y nos marca en un mapa la ruta que seguirá el bus… ¡vamos como para perdernos! Le damos las gracias y salimos a esperar el bus que nos ha dicho el señor.

En esas que llegan dos buses a la vez y exactamente iguales, y nosotros pensamos “¡¿y ahora cuál es?!”. En esas que sale el hombre corriendo de la estación para decirnos cuál de los dos debemos tomar, e incluso avisa al conductor de la parada en la que tenemos que bajar por si nos despistamos. Nosotros alucinamos, ¿¡cómo pueden ser tan sumamente amables?! De verdad que tanta amabilidad hay momentos como este en que nos abruma, aquí no hace nadie eso ni de coña… Nuevamente un “domo arigato” junto a una gran reverencia porque no sabemos otra forma de agradecerle toda su ayuda. Sin él aún estaríamos dando vueltas…

Subimos al bus, y vemos que todo el mundo nos mira… y es que somos los únicos guiris que hay a bordo del bus. A estas alturas del viaje ya no nos extraña esta situación puesto que nos ha pasado en varias ocasiones a lo largo de estos 15 días que llevamos en Japón, es la repercusión turística del accidente nuclear. Muchos extranjeros han dejado de visitar el país por miedo a lo desconocido, nunca podrán imaginar el daño que hizo a este nivel el accidente de Fukushima y la gran repercusión mediática completamente errónea que hubo en occidente…

Cuando nos acercamos a la parada que nos dijo el hombre de la estación, la solicitamos por si el conductor no se acuerda, pero al bajar como debemos pasar junto a él para pasar el Hakone Free Pass por la máquina y validar el viaje, nos dice que él ya estaba pendiente de pararnos aquí, qué mono. Le damos las gracias y bajamos… hemos llegado al ryokan 🙂

La parada del bus está en la carretera, y queda justo al lado de la entrada del alojamiento. Ostras qué ganas teníamos de llegar a aquí 🙂 Pero vemos que son las 15h y nos sabe mal llegar antes de lo previsto, así que decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores del ryokan para ver qué hay por aquí. En esas que veo un cartel indicando WC. Alucino un poco porqué estamos en medio del campo, pero seguimos las indicaciones y llegamos una pequeña caseta y ante todo pronóstico de “no creo que este lavabo en medio del monte esté limpio…” , me sorprendo gratamente al verme reflejada en su suelo de lo limpio que está O_O Nuevamente alucino con la limpieza y pulcritud de los baños públicos. Vemos que junto a la caseta del “TOTO”, hay un pequeño claro con una fuente natural y un estanque de agua caliente.

 

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Nos dirigimos hacia allá y otra vez alucinamos al ver que en un claro en medio del bosque han colocado dos bancos dónde poder sentarse y… ¡¡una máquina de bebidas!! ¡Estos japos son la hostia! O_O Así que nos sacamos un café calentito de la máquina y nos sentamos a disfrutar de las vistas y escuchar los sonidos de la naturaleza.

 

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Son las 15,20h cuando vemos que se acerca un nubarrón terrible, se avecina un tormetón… Así que nos acabamos el café y nos dirigimos al ryokan. Qué emoción poder estar aquí, el caprichazo de nuestra honeymoon está a punto de verse cumplido 🙂
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Volvemos a subir hacia la carretera, la cruzamos y entramos a los jardines del Mikawaya Ryokan. Tiene una fuente preciosa frente a la entrada y el edificio es de construcción típica japonesa. Subimos las escaleras de la entrada y no nos da tiempo a llegar a la puerta que ya nos la abren con mil reverencias y palabras de bienvenida en inglés y en japonés, ¡madre mía! Les decimos que tenemos una reserva y en seguida llega la encargada del ryokan a recibirnos. Nos indica que nos quitemos las bambas y nos pongamos unas zapatillas que nos presta para ir por el ryokan. Al quitarme las bambas hago intención de agacharme a cogerlas y antes de que me dé tiempo, la señora me lo impide y llama a un botones para que nos las recoja y nos las guarde. Nos dice que si tenemos que salir a la calle las pidamos en recepción que nos las guardan allí… Ay madre que me veo volviendo a Tokyo con sus zapatillas de estar por casa, ¡jajaja!

Nos llevan a una sala con vistas a los jardines y nos pide que esperemos allí un momento. De nuevo siento que tanta amabilidad me abruma, desgraciadamente no estamos acostumbrados a este nivel…

Contaros que un ryokan es un alojamiento típico japonés. Hay diferentes modalidades, tipo albergue, casa privada con alquiler de habitaciones o tipo hostal/hotel. Puedes encontrarlos con habitaciones completas o que tengas que compartir el baño, éste puede ser termal o artificial, que estén en la calle o en una sala, de uso privado o público. Los precios son muy variables, todo depende de las comodidades del lugar y de las estrellas… los hay bien baratos, pero también los hay de gama alta como es el caso del Mikawaya.

Vuelve a venir la señora -nos dice su nombre pero no lo recuerdo-, comprueba que en la reserva que hicimos esté todo correcto, y nos explica los horarios de la cena, del desayuno y del check-out. Hacemos el check-in y luego nos lleva a hacer un tour por el ryokan. Nos enseña las diferentes estancias y salas compartidas (sala de lectura, comedor, salón…), los diferentes pisos y los baños termales. Entramos en el de mujeres y me explica cómo funciona y los pasos que hay que seguir para darte un baño típico japonés. Salimos y luego entra al de hombres con mi marido para explicárselo a él también, después de dar un grito en varios idiomas avisando que entra, no vaya a ser que haya algún hombre en pelota picada 😛

De allí nos lleva a nuestra habitación, la “Hanna 1”. Al entrar a la habitación, vemos que hay una pequeña sala intermedia, como un descansillo dónde nos dice que debemos dejar las zapatillas ya que en la habitación hay que ir descalzos puesto que el suelo es de tatami y es muy delicado. Es nuestro primer ryokan y al entrar a la habitación alucinamos en colores, ¡qué pasada, es como estar en casa de Doraemon! 😀

En el centro de la sala hay una mesa bajita con dos sillas, pero unas sillas peculiares ya que no tienen patas, solo asiento y respaldo y están sobre el suelo. Lor armarios son con puertas correderas de papel. Hay una especie de galería con una mesa y dos butacones desde los que se puedes disfrutar de la vista de la terraza y el jardín del ryokan. En esta zona, hay un lavamanos y un cuartito dónde está el TOTO, dónde hay unas zapatillas de uso exclusivo para el lavabo.

 

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tampoco a este TOTO le faltán sus botoncillos 🙂

 

Y después de enseñarnos esta parte de la habitación, salimos a la terraza. En ella hay una ducha con un cubilete y el onsen, el baño con agua termal natural proviniente del Mt Hakone.

 

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La señora nos explica que el agua del onsen está a unos 40ºC así que tenemos que tener la precaución de abrir un grifo de agua fría antes de meternos para evitar quemarnos e ir removiéndola de vez en cuando con una especie de pala de madera que hay para que se vaya mezclando y no nos achicharremos. Nos explica de nuevo que también aquí hay que ducharse antes de meterse en el onsen.

Nos pide que la esperemos un momento y en seguida llega con dos yukatas (kimono de estar por casa), y nos enseña a ponérnoslo correctamente ya que cada sexo lo cruza hacia un lado. Sale de nuevo, y vuelve con una chica más joven, quién nos dice que se encargará de nuestra habitación y que si necesitamos alguna cosa contactemos con ella en un número de teléfono. También nos explica que será quién nos traiga la cena y el desayuno de mañana y, quién nos prepare el futón para dormir. A las 19,30h servirán la cena y nos pide que estemos preparados cuando llegue esa hora. Nos dejan con un té verde y un dulce japonés para merendar y nuestro onsen esperándonos :p

Madre mía, qué mujer más amable… Los japoneses lo son, pero esta mujer supera la media ¬¬’ Una vez se marchan, nos ponemos cómodos y nos tomamos la merienda que nos han servido… y en cuanto acabamos, ¡¡nos vamos de cabeza a probar el onsen!!

Las vistas desde la terraza hacia el bosque son fantásticas. Hace fresquito en la calle y da no sé qué saber que te estás duchando en medio del bosque pero son costumbres del lugar y nosotros nos adaptamos a todo.

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las vistas desde la terraza de nuestra habitación

Una vez bien duchados y aclarados, nos metemos en el onsen y… ¡oh my good, pero qué a gusto se está! Heart Es increíble la sensación de estar oyendo caer la lluvía y tu estar en remojo en el agua calentita, menudo relax 🙂

En la habitación tenemos un panfleto con todas las propiedades terapéuticas del agua termal de Hakone.

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Nos pegamos 2h metidos en remojo en el agua caliente… se nos ha hecho de noche incluso, pero es que no hay quien salga de allí, se está súper a gusto. Verdaderamente ha valido la pena venir hasta aquí hoy y más aún dejar la visita a Hakone para el final del viaje, así nos recuperamos del cansancio de todos estos días y renovamos las pilas.

Finalmente, decidimos salir del agua que no es plan que venga la chica a servir la cena y nos pille en pelotas 😀 Nos vestimos con los yukatas que nos dejó la dueña, anda que no molan 🙂

A las 19,30h en punto, llaman a la puerta. La chica nos prepara la mesa para la cena. En un santiamén nos traen un montón de platos típicos, se trata de una degustación. Le pedimos que nos traiga un umeshu de la zona para acompañar la cena. Estamos de luna de miel, hemos podido cumplir un sueño y hay que brindar por ello 😉
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Aunque hay un par de platos que nos nos gustan, en general cenamos a las mil maravillas… podemos probar el shabu-shabu con carne de Kobe que está delicioso 🙂 Nos damos cuenta de que hay muchos platos de la cocina japonesa que aún no habíamos probado, y el umeshu que nos ha traído entra genial…

Después de cenar, vuelve la chica a retirar la mesa y las sillas, monta los futones para que los tengamos listos cuando queramos ir a dormir  y nos dice que mañana volverá a recogerlo. También nos dice que si necesitamos alguna cosa durante la noche que la llamemos al número que nos dijo antes y vendrá, ¡nos sentimos como reyes en este lugar!

Una vez se despide, no nos lo pensamos dos veces y volvemos al onsen. ¡Qué pasada¡ Menuda paz, qué relax, qué bien se está metidos en el agua calentita viendo las estrellas… hace fresquito pero al estar metidos en el agua apenas se siente. Tras otra buena hora y pico en remojo, y ya más arrugados que dos abuelos centenarios, salimos del onsen y nos vamos a dormir que hay que probar la experiencia del futón 🙂

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Hoy ha sido un día agotador pero a la vez muy gratificante, sin duda ha pasado directo al top ten de nuestras mejores experiencias viajeras y no nos cabe duda que este día lo recordaremos con gran cariño.
A eso de las 23h, nos acostamos pensando en si mañana encontraremos nuestras maletas cuando lleguemos al hotel Mr. Green

30/09/14: día entre dragones de Komodo, peces y corales en islas desiertas… estamos en Flores!

Día 15: Volamos a una nueva isla para conocer a los Dragones de Komodo…

4, 45h y suena el despertador… Vaya nochecita… no hemos pegado ojo porque toda la noche ha habido un vaivén de gente por los pasillos hablando a voces que no nos han dejado descansar, pero aún así nos levantamos emocionados. Hoy cambiamos de isla, volamos a Flores en la región de Nusa Tenggara que se encuentra al este de Indonesia y que está formada por un archipiélago que incluye el Parque Nacional de Komodo y si, vais bien… si tenemos suerte podremos ¡ver a los DRAGONES DE KOMODO!

Hacemos el check-out en el hotel y pedimos un taxi para ir al aeropuerto que nos cuesta 43.000 rupias hasta la terminal de vuelos domésticos del “Ngurah Rai Internasional Airport”. No es que haya escrito mal internacional, es que los indonesios lo escriben así y ¡yo me parto con ello!

Nos dirigimos a los mostradores de Garuda Airlines y cambiamos de nuevo la reserva que te mandan por email al comprar, por los billetes y facturamos las maletas grandes que nos van incluidas en el precio. Tras esto, pasamos a la zona de embarque. Como os comenté hasta final de octubre de 2014, Garuda incluía las tasas aeroportuarias en el precio así que nos evitamos pagarlas al pasar los controles de seguridad.

Aprovechamos que nos queda un ratito libre para ir a una cafetería del aeropuerto a desayunar (190.000 rupias los dos).

Tengo que contaros que este es un trayecto que nos hace especial ilusión, sumaremos un nuevo medio de transporte a la lista de los usados en nuestros viajes, y es que ¡volaremos en un avión de hélices! Puede que muchos piensen que estos aviones son más inseguros, pero al contrario, se ha demostrado que tienen una tasa de fiabilidad mayor que los convencionales y una vez probados, tengo que decir que para el tamaño del avión notamos menos turbulencias que en cualquier avión tipo A-320.

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Nuestro vuelo sale puntual a las 7,10h de la mañana. Tenemos la hélice junto a nuestra ventanilla, así que podemos verla de cerca 🙂

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El despegue es de lo más curioso, parece que le falte pista para coger velocidad y una vez en el aire le cuesta un poco más coger altitud pero esto te permite poder disfrutar con calma de las vistas y no notas tanto ese “gusanillo” en el estómago que se suele notar en otros aviones. Este avión es más pequeño de lo que estamos acostumbrados, son unas 20 filas de 2 asientos a cada lado del pasillo, aunque tengo que decir que los asientos son anchos y muy cómodos. A mitad de camino nos sirven un tentempié que no está nada mal.

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Hemos tenido suerte y es que nos ha tocado el asiento en el lado izquierdo del avión y tal y como leí por internet antes del viaje, a unos 10 minutos de Bali se pude ver el cráter de un volcán que provocó una de las mayores erupciones registradas en todo el mundo,  que fue tan bestia que hizo que cambiara el clima en ¡¡todo el planeta durante un año!!

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Además, podemos disfrutar de las vistas de la costa de Bali, de las Nusa y Lombok y de otras islas que vamos sobrevolando… se nota que Indonesia está en el conocido “cinturón de fuego del Pacífico” porqué en la mayoría de ellas vemos cráteres volcánicos y montes humeantes… Durante el trayecto no podemos parar de hacer fotos y vídeos, ¡esto mola mucho! Os dejo uno de ellos 🙂

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costa de Bali

 

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Lombok

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islas indonesias en el Pacífico

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Llegamos según lo esperado a las 8,45h al Aeropuerto InternaSional de Komodo 😀 y como es habitual, nos dejan en pista y nos dirigimos a pie hasta la terminal. Curiosidad 1 de este trayecto: muchos de los pasajeros se quedan en el avión porqué es una especie de bus con alas y tiene ¡dos paradas! La primera es Labuan Bajo y luego sigue hacia otra isla. ¡Mola!

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Aeropuerto de Komodo

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nuestro avión

Cuando llegamos a la terminal, nos damos cuenta de algo… y es que vemos cómo descargan las maletas del avión y entre ellas, están las nuestras ¡jaja! Luego las llevan con un carrito hasta la terminal y las dejan en la única cinta que hay en el aeropuerto. De nuevo es una terminal pequeña de 3 salas, una para las llegadas, otra para el embarque y la de facturación, eso si se ve todo muy nuevo.

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Una vez tenemos  nuestro equipaje, salimos y nos encontramos con Franciska de la agencia Florescharm con quien hemos contratado el tour para los dos días y medio que estaremos en Flores. Este es el tour que más caro nos salió (6.800.000 rupias) pero lo lleva todo incluido -guía de habla inglesa, barco a Rinca, entrada al parque de Komodo, snorkel, unas cuevas y unas cascadas, comidas, alojamiento y transporte-. Quizá hubiéramos podido haber conseguido algo más barato contratando en destino pero preferíamos llevarlo todo atado desde casa.

Franciska nos lleva en su coche hasta el puerto de Labuan Bajo, antes hacemos una pequeña parada para tener una vista panorámica del puerto y de la pequeña localidad.

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Al llegar, le pagamos el precio acordado y nos acompaña hasta el barco con el que iremos a la isla de Rinca y en el que nos espera Nis, nuestro guía para estos días con ellos. Nos ayudan a subir el equipaje al barco y nos ponemos cómodos ya que el trayecto hasta la isla es de 2h. Junto al embarcadero hay unos erizos con mucha pinta de mala leche… ¡vaya púas! Nis me confirma que sus púas son venosas…

 

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El capitán del barco nos explica dónde está el bote y los chalecos salvavidas y cómo debemos usarlos en caso de necesidad y una vez dicho esto, zarpamos hacia la isla de Rinca. Aunque el mar está tranquilo, el barco es del estilo a los klotok de Borneo por lo que la barandilla es muy bajita y parece que te vayas a caer de un momento a otro… pero hay dos bancos acolchados en la cubierta, así que nos ponemos cómodos y disfrutamos del trayecto.

 

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¡Las vistas son espectaculares! Un mar azul intenso que varía de color en las playas que rodean las cientos de islas que conforman este archipiélago. Viendo todas las islas que nos rodean -y las que no llegamos a ver- entiendes porqué Indonesia está conformada por más de 17.000 islas… muchas de ellas son pequeñas y están deshabitadas.

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Observamos que estas islas tienen un aspecto totalmente diferente a lo que llevamos visto en el resto de islas y recordamos que hemos cruzado la línea de Wallace…. la línea que marca un límite biogeográfico a través del archipiélago malayo (Indonesia y Malasia) y que separa los continentes de Asia y Oceanía.

A mitad del siglo XIX, Russell Wallace, observó cómo la fauna y flora eran notablemente distintas a cada lado de la línea a pesar de la cercanía entre islas y la relativa similitud climática, pero reflejaban historias evolutivas separadas de las especies que habitaban en cada zona, de forma que trazó una línea de separación que cruza entre las islas de Bali y Lombok, Borneo y las Célebes y llega al sur de Filipinas como podéis ver en la siguiente imagen extraída de Wikipedia:

 

 

¡Vaya rollo que os acabo de soltar! :p Y dicho esto, sigo con el relato del día de hoy… como os contaba, observamos cómo la tierra es más árida en esta zona de Indonesia y el calor es algo más seco que en Bali, ¡algo que se agradece muchísimo! Ir a bordo del barco, con la brisita, maravillándonos con las vistas de todas las islas que nos rodean es ¡fantástico! ¡La cámara ya saca humo! :p Os dejo un vídeo del momento:

Nis, nuestro guía de habla inglesa en Flores, nos explica muchísimas cosas sobre las islas de Flores, su ciudad Labuan Bajo y del Parque Nacional de Komodo al que nos dirigimos. Es un chico joven, de unos 18 o 20 años, habla un inglés la mar de bueno y le pone ganas… además de interesarse muchísimo por cosas de nuestro país, lo que hace el trayecto la mar de ameno con la charla 🙂

Nos dice que a estas horas la marea está baja y por ello en algunas islas podemos ver la arena que las rodea. Nos cuenta que algunos hombres recorren estas zonas de arena con rastrillos y redes para recolectar almejas y algunos crustáceos… al estilo de los percebeiros gallegos, ¡vaya!

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Tras 2 horas de trayecto súper agradable con estas vistas, llegamos a la isla de Rinca en la que se encuentra una parte del Parque Nacional de Komodo, fundado en 1980 con el objetivo de proteger al dragón de Komodo que vive en libertad. Cuenta con una superficie de unos 1.238 km² que abarcan las islas de Komodo, Rinca y Padar, y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el 91 y una de las siete maravillas naturales del mundo en 2011.

En el embarcadero hay varios barcos atracados ya… Nos embadurnamos de repelente de mosquitos y protector solar, cogemos las botas de trekking, gorras y cámaras y ¡vamos allá! Para llegar al embarcadero hay que saltar de barco en barco, con cuidado de no caer al agua ya que nos advierten que puede haber cocodrilos de agua salada (con muy mala leche) y dragones de Komodo… Tras llegar al embarcadero sin sufrir bajas, debemos recorrer unos 10 minutos a pie hasta llegar a la entrada oficial del parque dónde como podréis imaginar cayeron varias fotos de rigor 😉

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Y tras el momento “soy turista y se nota”, Nis nos explica algunas cosas importantes que debemos conocer antes de acercarnos más al parque:

1. Los dragones solo ven tres colores: blanco, marrón y negro. ¡Fantástico, voy de negro!

2. Son sensibles a los movimientos en péndulo y a las cosas brillantes. ¡Fantástico otra vez, llevo la cámara al cuello!

3. Si te persiguen -bastante probable en mi caso teniendo en cuenta los puntos 1 y 2…-, debes correr en zig-zag e intentar subir a un árbol cuánto antes. ¿¡A qué árbol si esto es un secarral?! ¡¿Correr, cuánto?! ¡¡Pero si estos bichos alcanzan los 20km/h!!

Madre mía, no sé si quiero seguir andando… ¡jajaja! Tras unos minutos más a pie, llegamos al campamento dónde viven los ranger del parque. Vemos que todas las casas de madera que hay en el campamento están elevadas más de medio metro del suelo, como intuíamos, es para evitar la entrada de “intrusos no deseados” en las casas.

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Hay tres recorridos por el parque en Rinca: el básico que dura una media hora y que recorre la zona cercana al campamento(aprox 1km); el intermedio que dura una hora y media más o menos y recorre unos 3km lo que es buena parte del parque; y el largo que recorre el parque al completo (unos 5km) y dura dos horas y pico. Nos decantamos por el recorrido intermedio ya que hace un calor terrible y creemos que dará para ver bastante… Nis nos presenta al ranger que nos acompañará en el recorrido mientras él nos espera en el campamento.

Nada más presentarnos al ranger, vamos hacia el inicio del recorrido que pasa junto a las cocinas de los ranger y ¡bingo! ¡Hay un montón de dragones echando una siesta! ¡Madre mía, si en foto ya impresionaban, en vivo ni te cuento!

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Los dragones de Komodo son los lagartos más grandes del mundo con una longitud media de 2-3m metros y unos 70 kg de peso. A consecuencia de su tamaño, son superpredadores de los ecosistemas en los que habitan. Se cree que es uno de los animales más antiguos del mundo y que su historia se remonta a hace 4 millones de años.

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Cada bicharraco de esos es más grande que yo e impone de verdad. Están bastante quietos y el ranger nos cuenta que solo están así cuando hace poco que han comido, por lo visto el solete les acelera la digestión -son rumiantes-. Aún así, vemos cómo más de uno saca la lengua y la mueve sin parar… ése es su sentido del olfato y de la orientación y según parece, pueden oler a una presa de 4 a 9km de distancia…

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Por lo que había leído antes del viaje, los que hay junto a las cocinas son fáciles de ver… aunque la gente normalmente hablaba de uno o dos dragones… y me sorprende gratamente encontrar tantos. No sabemos si veremos más durante el recorrido ya que es cuestión de suerte, pero puedo decir que habiendo visto estos ya me doy por satisfecha. Estar a poco más de un par de metros de estos animales con aspecto prehistórico y poder observarlos con detalle ya es todo un hito para nosotros.

Tras las fotos de rigor, nos encaminamos hacia el interior de la isla para iniciar el recorrido. El ranger nos advierte que debemos caminar tras él todo el tiempo, no detenernos si no lo hace él, no separarnos y no acercarnos a los animales a menos de 2-3 metros. Él lleva un palo robusto acabado en dos puntas, nos comenta que en caso de que un dragón se nos acercara podría bloquearle la boca con él. El dragón de Komodo tiene una aceleración rápida por lo que te puede atacar en pocos segundos y su modus operandi es morder a su presa, inyectando a través de su saliva varias bacterias y proteínas tóxicas que inhiben la coagulación, bajan la tensión arterial, provocan parálisis muscular e inducen a la hipotermia, lo que les conduce a una pérdida de consciencia. Una vez paralizada la presa, es cuando se la come. Por ello es altamente peligroso que te muerda un dragón y hay que actuar con urgencia en caso de que eso ocurra…

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Como os iba diciendo, empezamos el recorrido y a los pocos minutos el ranger nos avisa de que ¡ha visto a otro! Es una hembra y está cuidando de su nido. Nos colocamos tras unos árboles para estar más seguros y el ranger nos dice que podemos echar las fotos que queramos pero sin acercarnos más, tampoco se me ocurriría la verdad… :p

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El ranger nos explica que los dragones hacen varios agujeros en el suelo, de unos 2 metros de profundidad y colocan los huevos solo en uno, así despistan a aquellos depredadores que se los quieran comer. La puesta suele ser en septiembre y hasta abril no eclosionan.

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¡Qué pasada! estamos teniendo mucha suerte y anotamos otro a la lista de los avistados 🙂 Tras unos minutos allí, seguimos el recorrido. Sin poder evitarlo, te encuentras mirando hacia todos los lados intentando avistar alguno más y confundiendo las ramas que hay en el suelo o los troncos de algunos árboles con dragones 😀

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los ficus recubren algunos troncos de otros árboles

Tras unos minutos más caminando con cuidado por la cantidad de raíces y ramas que hay por el suelo, llegamos a un claro entre varios árboles dónde veo a un búfalo. Lo comento con el ranger y paramos en un lugar seguro para poder observarlo mejor y echar unas fotos.

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Debe estar rumiando porqué está estirado en el suelo la mar de tranquilo. Nos mira pero no se mueve. Tiene un buen tamaño y nos llama la atención ver un búfalo aquí. No sé si os pasará lo mismo, pero nosotros normalmente relacionábamos a los búfalos con los peludos que hay por América 🙂

En un punto del camino vemos que hay varios árboles con cráneos de animales allí colgados. El chico nos dice que a algunos ranger les gusta coleccionar los que encuentran a veces en los recorridos de vigilancia que hacen y los cuelgan allí o a la entrada del campamento como ya vimos.

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Cerca de allí vemos unos pájaros que los locales conocen como enamorados porqué dicen que son los animales más fieles que conocen, por lo visto se emparentan desde jóvenes y no se separan hasta la muerte, además van juntos siempre a todos lados…

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Seguimos caminando, pasamos la cuenca de un río por el que apenas pasa un hilo de agua (se nota que estamos en la época seca) y nos dirigimos hacia una zona más seca y con menos árboles. ¿Y si aparece uno ahora a qué árbol me subo si no hay? 😀

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El ranger que nos ha tocado (no recuerdo su nombre) es la mar de majo. Es un chico de nuestra edad más o menos y que lleva varios años trabajando en el parque. Su función no es solo acompañar a los que visitamos el parque si no que también hacen seguimiento de todos los dragones que hay y de otras especies de animales, vigilan que no estén enfermos o heridos y los protegen, ya que los dragones que viven en libertad están en peligro de extinción y son especie protegida por el gobierno de Indonesia.

Además nos explica muchísimas cosas sobre los dragones. Por ejemplo, nos cuenta que al nacer las crías deben correr hacia los árboles y subir a lo alto de éstos para protegerse ya que la madre se los comería si se quedaran en tierra… nos sorprende un montón este dato, la madre los protege mientras están en el huevo pero luego se los zampa si no espabilan… ¡flipa! Los más jóvenes viven en los árboles y solo bajan al suelo a buscar comida, viven así hasta los 4 o 5 años de edad. Creo que es la única especie animal que conozco que la madre se coma a sus hijos…

Os dejo el enlace de Wikipedia sobre los dragones, hay muchísima información por si os interesa saber más sobre estos animales: http://es.wikipedia.org/wiki/Varanus_komodoensis

Tras unos minutos más, nos encontramos con otro ranger y una pareja y… ¡otro dragón! Está echando una siesta sobre un tronco y la verdad es que cuesta verlo ¡¿eh?!

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Los dos ranger se colocan a unos metros del animal y nos dicen que nos movamos con lentitud y que no nos acerquemos más de dónde están ellos, pero que podemos echar fotos con seguridad. ¡Qué pasada! estamos apenas a 3 metros de él y podemos verlo con detalle. Su piel escamosa, sus garras, los colores, su cola que es casi tan grande como él… ¡todo!

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Pasamos casi media hora aquí, no podemos dejar de mirarlo y de pensar en lo afortunados que somos de poder estar viendo esto en persona. Este viaje ha tenido momentos muy duros, momentos en que incluso llegué a pensar en irme antes de tiempo pero poder estar aquí y ahora, hace que el viaje haya merecido la pena. Esta experiencia pasa sin duda a mi top ten viajero. Dudo que jamás pueda olvidar lo que siento en estos momentos…

El ranger nos dice de seguir con el camino, nos quedan unos 20 minutos de trayecto. No me puedo ir de aquí sin echar la mirada atrás y llevarme una última instantánea.

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Como nos dijo, en unos 20 minutos llegamos de nuevo a la zona del campamento y aquí hay algunos monos y ciervos a la sombra de los árboles. Hasta los animales se resguardan como pueden del calor sofocante que hace.

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Una vez en el campamento, nos despedimos del ranger y nos reunimos con Nis en el bar-tienda. Nos compramos unas bebidas frescas (15.000 rupias los dos) y nos sentamos unos minutos para reponernos del calor. Nis nos pregunta por cómo ha ido y cuando le decimos los que vimos nos felicita, por lo visto no es frecuente encontrar tantos en esta época del año. Sobre las 12,45h, volvemos al embarcadero y subimos a bordo de nuestro barco que en seguida se pone en marcha en dirección a Labuan Bajo. Nis nos comenta que tras la comida que nos servirán en breve tocará el snorkel, así que nos cambiamos ya y nos ponemos más frescos y de nuevo, disfrutamos de estas maravillosas vistas 🙂

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Una vez en mar abierto, el capitán nos sirve varios platos: tempuras de tofu, atún con una salsa agridulce, una ensalada, unos mie goreng, arroz blanco y berenjenas fritas. Comemos con Nis mientras el capitán sigue al timón. Todo está riquísimo y tras la caminata entra la mar de bien 🙂

A eso de las 14h llegamos a la isla Kelor, una de las muchas islas que conforman la zona y en la que no vive nadie. Es una isla pequeña, rodeada de una playa de arena blanca en la que durante una hora y algo podremos hacer snorkel.

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Entre el capitán y Nis atracan el barco a pocos metros de la playa. Nos quitamos la ropa quedando solo con el bañador y nos prestan unas aletas, unas gafas y un tubo, y nos ayudan a bajar del barco con una escalera. Estamos prácticamente solos aquí y nos parece un pequeño paraíso 🙂

He hecho buceo desde pequeña con mi padre y es algo que me gusta muchísimo, en cambio mi marido no lo veía claro porqué nunca antes había hecho snorkel… pero al ver que se trata de una playa tranquila y sin oleaje, con varios metros con poca profundidad y animado por mi que ya he empezado a ver pececillos y corales fantásticos, accede a hacerlo también. Le ayudo a ponerse el equipo, le explico cómo respirar por el tubo y que no se separe de mi y ¡allá vamos!

Vemos varias especies de peces nuevas para mi, de varios tamaños, de todos los colores y muchos son curiosos, se acercan a nosotros y hasta nos rozan. Todo el fondo está cubierto de coral blanco y el agua está bastante caliente. Me sorprende que hay varios metros dónde casi vas rozando el cuerpo con el fondo de la poca profundidad que hay pero de repente ves una caída al vacío, el agua se vuelve fría y no ves nada de lo profundo y oscuro que se vuelve… No conozco las mareas ni las corrientes de la zona y mi marido es la primera vez que bucea, así que evito acercarnos a esa zona por precaución y seguimos disfrutando de lo que vemos cerca de la orilla.

No tengo fotos ya que no llevo cámara acuática pero si os diré que mi marido acabó emocionado tras 40 minutos buceando y salió diciéndome que cuándo repetimos 🙂 A mi me gustó mucho, hacía tiempo que no buceaba y poder ver peces y corales nuevos me encantó.

Empezamos a coger frío, así que decidimos salir y tomar un poco el sol. Le devolvemos el equipo al guía y le pedimos que nos pase la cámara y las toallas que dejamos en la cubierta antes de bajar.

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Ponemos las toallas sobre la arena blanca y fina y nos echamos a tomar un poco el sol. Al poco llega una pareja de locales, ella lleva un burkini y se sorprende al verme a mi en bikini 😛 Me llama la atención que no saben nadar, se mojan un poco las piernas y en seguida se van, quedándonos de nuevo solos sobre la arena.

Cuando estamos bastante secos, decidimos recorrer la pequeña isla y echar unas fotos de este paraíso que no olvidaremos nunca.

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la arena es blanca y fina, se trata de coral batido por las olas

 

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al acercarte a la orilla, puedes ver pequeños trozos de coral blanco

 

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Hay solo dos barcos más atracados en la isla por lo que estamos prácticamente solos. Tras recorrerla, cosa que se hace rápido porqué es una isla pequeña, volvemos al barco y ponemos rumbo al puerto de Labuan Bajo para dar por finalizado el tour de hoy. Sin duda hoy ha sido un buen día y seguro que no lo olvidaremos jamás 🙂

A eso de las 16,30h llegamos a puerto. Allí nos espera un conductor que nos lleva hasta el hotel que va incluido en el tour, el Hotel Laprima a las afueras de Labuan Bajo. Nis nos ayuda con el check-in y nos dice que nos recogerán a las 19,30h para ir a cenar al pueblo. Nos despedimos de él y subimos a dejar las cosas en la habitación. ¡Alucinamos con las vistas tan geniales que tenemos desde la habitación!

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Decidimos acabar de pasar la tarde en esa fantástica piscina que tiene el hotel, así que cogemos las toallas y los móviles y vamos para abajo. Nos acomodamos en unas tumbonas y nos damos un baño, el agua está buenísima y apenas hay gente. La playa está a pocos pasos de la piscina y puedes oír el vaivén de las olas mientras te bañas en la piscina.

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Hoy nos ha dado el sol de lo lindo a pesar de llevar protector solar 50+ y para muestra un botón:

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con las pulseras que compramos en Borneo

 

Tras un buen rato de relax aquí, aprovechando el wifi gratis del hotel para ponernos al día en redes sociales y hablar con los nuestros, me acerco un momento a la playa que hay frente a la piscina y me maravillo con la estampa del sol cayendo sobre el mar…

 

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Así que le propongo a mi marido volver a la habitación para captar unas instantáneas de la puesta del sol sobre la bahía desde allí que estaremos más altos. Subimos a la habitación y no me equivocaba, desde el balcón es mucho mejor la vista y disfrutamos de una puesta de  sol fantástica. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van unas cuantas:

 

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En apenas un minuto, vemos como el sol se esconde entre las islas. Sin duda, el colofón a un gran día 🙂

Nos damos una buena ducha y nos arreglamos para la cena. Sobre las 19,30h bajamos al hall dónde nos espera Nis y el conductor -no recuerdo el nombre del chico-. Nos llevan a Labuan Bajo a cenar. Nis nos comenta que en el precio del tour entran hasta 150.000 rupias para la cena, si la cuenta sube más, nosotros pagamos la diferencia. Nos parece bien y nos dejamos aconsejar por ellos sobre dónde ir ya que no tenemos ni idea… nos recomiendan un italiano, el Mediterráneo. El sitio está bien, la comida está buena y hay buen ambiente. Nos pedimos dos pizzas y dos Coca-colas y cenamos la mar de bien por 207.000 rupias (aunque solo pagamos 57.000).

Tras la cena, nos llevan de nuevo al hotel. La verdad es que suerte que nos llevan ellos porqué el hotel está bastante retirado del pueblo y la carretera por la que hay que ir está completamente a oscuras. Vimos a algunos turistas que iban a pie por aquella carretera sin nada de luz y pensamos que era bastante arriesgado lo que hacían…

Llegamos al hotel, quedamos en la hora de recogida de mañana y nos vamos a dormir pronto. Hoy ha sido un gran día 🙂

29/09/14: Hoy día de templos y palacios acuáticos y un bañito en una playa virgen en Bali

Día 14: Seguimos descubriendo Bali y cambiamos de hotel otra vez…

Nuevo día en Bali y último en el fantástico hotel de Ubud. Mañana cambiamos de nuevo de isla, así que esta noche dormiremos en Denpasar para estar más cerca del aeropuerto ya que nuestro vuelo sale muy temprano. Cuando contratamos el tour, fue algo que le comenté a Riasa y me dijo que no habría problema en hacer el tour de hoy con las maletas en el coche, así nos evitábamos volver a Ubud solo para recogerlas… Así que tras degustar el fantástico desayuno que ofrece el hotel y que nos va incluido en el precio, recogemos las maletas de la habitación y hacemos el check-out con mucho pesar, hemos estado de maravilla en este alojamiento 🙂

Dewa ya nos espera en el hall, cargamos las maletas en su coche y nos ponemos en marcha para seguir conociendo la isla de los dioses. Os dejo el recorrido de hoy en Google Maps:

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Como veis, hoy será un día de mucho coche… pero con visitas que nos gustaran mucho 🙂

El primer punto del día es la visita a otra aldea tradicional balinesa, la aldea Tenganan. Hasta la década de los 70 era conocida por ser una de las sociedades más aisladas de Bali pero a partir de esa fecha, el gobierno central los abrió al turismo, rompió con las reglas endogámicas que había en la localidad y abrieron las comunicaciones por carretera para acceder a ella, pero curiosamente aún no disponen de luz, agua corriente ni señal de móvil…

Pero lo primero es pasar por boxes, pagamos 2.000 rupias cada uno para poder acceder a unos WC “públicos”. Luego nos dirigimos a la entrada del pueblo dónde hay un local en una garita que te registra en un libro, anota tu nombre y tu nacionalidad y se paga un donativo de 15.000 rupias por los dos.

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Sorprende adentrarse en este lugar. Tengo la sensación de estar en un pueblo español de los años 40-50 e imaginar a mis abuelos de jóvenes allí por cosas que me explicaban de sus tiempos mozos. Se lo comento a Dewa y éste se interesa por saber qué me contaban mis abuelos de esa época.

Él nos cuenta que en las aldeas tradicionales de Bali suele haber una estructura similar en todas ellas en las que se edifica siempre en torno al templo de la localidad. Las casas suelen tener la puerta abierta y tú puedes entrar cuando quieras y tienen unos edificios en común que son los graneros, el wantilan o pabellón para las actividades comunitarias y la torre vigía para alertar a los vecinos de cualquier cosa que ocurra (defunción, nacimientos, alarmas, inicio de las oraciones en el templo o reuniones…). Cómo veis hay una relación muy estrecha entre vecinos.

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wantilan

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uno de los graneros

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aquí almacenan leña y cereales para todos

 

Me llama la atención ver una bomba para extraer agua en el centro del pueblo. Dewa nos cuenta que no hay agua corriente aquí y por tanto, deben extraerla de un pozo subterráneo. Por lo visto el gobierno balinés les ofreció llevarles agua, telefonía y luz pero los aldeanos lo rechazaron ya que prefieren seguir viviendo con sus tradiciones. Me pareció de lo más curioso…

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Nos encontramos recorriendo las calles de la aldea cuando a lo lejos veo a un tipo que está haciendo pelear a dos gallos. Sin pensarlo, cojo la cámara, hago zoom y disparo sin que se dé cuenta :p Cuando nos acercamos al tipo en seguida separa a los gallos, pero cuando se fija en que llevo la cámara al cuello, me ofrece pagarle 10.000 rupias para que los gallos se peleen y poder fotografiarlos. Desisto su oferta y Dewa se parte porqué él si se dio cuenta de que hice la foto 😀

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curiosa afición la suya de tener pollos de colores…

 

Tras la visita a la aldea, volvemos al coche y nos dirigimos al siguiente punto del día., el palacio acuático de Tirta Gangga que se encuentra en la zona de Candidasa. Pagamos 20.000 rupias por persona y nos adentramos en uno de los top ten de Bali. Tirta Gangga significa literalmente “agua del Ganges” así que ya os podéis imaginar la importancia que tiene este lugar para los hindúes de la isla.

El complejo fue construido en 1946 por el fallecido rajá Karangasem pero fue destruido casi en su totalidad por la erupción del cercano Monte Agung en 1963. Hoy en día se encuentra restaurado y continua mostrando la magnificencia real de los tiempos de los antiguos rajás balineses…

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El lugar es realmente bonito y tiene pocos visitantes así que podemos disfrutarlo a nuestras anchas. Cuenta con varias piscinas, en algunas te puedes bañar y en otras puedes pasar de piedra en piedra al más puro estilo de Humor Amarillo y caminar sobre el estanque repleto de fantásticas estatuas de dioses hindúes.

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Los estanques están llenos de carpas enormes que se acercan a ti a cambio de un trozo de pan de gamba ¡jaja! mi marido consigue tocar algunas a base de camelárselas con el pan ¡jaja!

 

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Seguimos recorriendo el recinto de casi una hectárea y vemos las otras piscinas que forman el complejo del Tirta Gangga. El templo está muy bien cuidado, todo muy limpio (raro…) y al haber poca gente se disfruta aún más.

 

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algunos dioses custodian el templo

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Antes de irnos del lugar, hacemos parada en boxes ya que vemos que hay unos lavabos con un cartel que pone “WC free”. Y aquí nuevamente nos topamos con los piratillas indonesios… me encuentro esperando a que salga mi marido cuando llega un local y me dice que hay que pagar 2.000 rupias por persona por usar el WC, yo le señalo el cartel y le digo que ni hablar. En ese momento llega otra pareja y el tipo se va para ellos y les suelta el mismo discurso, el chico que igual no había visto el cartel a pesar de que yo se lo estaba diciendo, le paga con un billete de 10.000 rupias pero el chico se queda sin el cambio ya que el local se niega a dárselo, ¡pa’ flipar! En esas que sale mi marido del WC, le explico lo ocurrido y el local se acerca a él para pedirle el donativo ya que yo no se lo quise dar y mi marido ¡ni hablar! Se mosquea un montón con el tipo, le dice que si pone “gratis” es gratis y como intente timarlo como a los otros chicos llama a la policía. ¡Oye, mano de santo! ¡solo había que nombrar a la poli para que se alejara de nosotros! Dewa ve que tardamos en salir y se acerca a ver qué ocurre, se lo contamos y le dice al tipo que no nos moleste más que vamos con él… Nosotros nos libramos del timo por los pelos, pero la otra pareja perdieron 10.000 rupias por la jeta del tiparraco aquél… ¡sin comentarios!

En fin, tras el pequeño percance volvemos al coche y nos dirigimos al último punto de la visita de hoy pero a medio camino, Dewa para un momento el coche para que podamos ver una de las famosas playas de arena volcánica de la zona de Candidasa.

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Sería complicado bañarse aquí sin unos buenos escarpines porque toda la playa es de piedra, pero las vistas son bonitas y podemos ver las cercanas islas de Nusa Penida, Nusa Lembongan y Nusa Ceningan.

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Volvemos al coche y ahora si, vamos hacia el Taman Ujung Water Palace, conocido como el palacio real de verano de la época de la colonización holandesa de Bali. Aparcamos y nos dirigimos hacia la taquilla, pagamos 10.000 rupias por persona y para dentro.

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Por lo visto también fue en gran parte destruido con la erupción del Agung de 1963 y por un terremoto en 1975, pero hoy en día se encuentra totalmente restaurado.

Vamos rodeando la piscina principal por un pasillo rodeado de palmeras con bananas, flores de loto y hasta hay un cercado con ciervos a los que Dewa les da unas flores para comer y tendrías que ver ¡cómo se tiraban a por ellas!

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Dewa nos va explicando la historia del lugar mientras nos acercamos al puente que cruza ambas piscinas y que lleva al interior del palacio. Fue inaugurado en 1921 por el rey de Karangasem (último rey balinés y arquitecto de su propio palacio) era usado como lugar de descanso y para recibir a los visitantes extranjeros importantes del rajá. El edificio principal se conoce como el Bale Gili y está rodeado por dos grandes piscinas y unos grandes jardines.

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Nos cuenta que se cree que la piscina trasera del palacio se usaba para destruir la magia negra que hacía la hermana del rey, curioso… Entramos al Palacio y para nosotros es una maravilla, ya no solo porqué el lugar merece la pena ser visitado si no porqué hace un calor terrible fuera, debemos rondar los 40º y en el palacio ¡se está realmente fresco!

Recorremos las distintas estancias que conforman el palacio, el salón, la sala de recepción, la sala de lectura, algunas habitaciones… y vemos que desde la habitación de los reyes había unas vistas fantásticas a las piscinas y jardines. Así se entiende porqué les gustaba el lugar para relajarse 🙂

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Con mucho pesar salimos del edificio y nos dirigimos a visitar los jardines del Palacio. ¡Vaya chicharra cae hoy! Lo malo de visitar este lugar a mediodía es que hay pocas sombras, así que se hace durillo recorrer el complejo.

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Dewa nos anima a subir la escalinata que hay al fondo del jardín. Nos dice que las vistas desde allá arriba merecen mucho la pena el esfuerzo de subir a pleno sol. Me armo de valor y allá voy, mi marido se lo repiensa más pero al final accede a subir conmigo.

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La escalera es muy muy empinada y los escalones son algo más altos de lo normal pero esperanzados por Dewa seguimos subiendo hasta llegar arriba y realmente merece la pena el esfuerzo. Hay unas vistas geniales de todo el Palacio y sus jardines, y ver que a un lado tienes el monte Agung (hoy si se deja ver) y al otro el océano hace que seas totalmente consciente de las diferencias tan bruscas en la orografía de la isla, ¡una combinación de costa y montaña en pocos kilómetros! ¡Y unas fantásticas vistas!

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Bajamos y nos reunimos de nuevo con Dewa. Finalizada la visita del lugar, volvemos al coche. Ayer por la tarde ya nos dijo que hoy lleváramos el bañador puesto porqué al finalizar la ruta del día, nos llevaría a una de las mejores playas de Bali, la Virgin Beach. Tras una media hora de trayecto, Dewa para junto a un tipo con una sombrilla y nos dice que hay que pagar 3.000 rupias cada uno para acceder a ella, pagamos y vemos que se mete literalmente por un camino de cabras con el coche… vaya, ni las cabras se atreverían a meterse por ahí. Nosotros flipamos en colores, hacemos verdaderos esfuerzos por no darnos cabezazos contra el techo del coche y las ventanillas laterales y nos encogemos con los golpes que sufren los bajos del coche con las rocas del camino. Tras unos minutos por ese infame camino, que a nosotros se nos hacen largos, llegamos a un aparcamiento. Dewa nos dice que podemos dejar todas las cosas aquí sin problema y con total seguridad ya que él se quedará en el coche mientras disfrutamos de la playa.

De camino le habíamos preguntado si podríamos comer en la zona y nos dijo que hay un warung a pie de playa en el que se come bien y barato y con unas vistas geniales. Y así es… llegamos a una pequeña cala de arena blanca y con el agua de un azul turquesa intenso, con poca gente y que parece tranquila. Comemos en un warung a pie de playa, pero tan al pie que el suelo del restaurante es la arena de la playa 🙂 unos mie goreng con un refresco la mar de ricos (pero nuevamente muy picantes) por 95.000 rupias los dos.

Tras la comida, bajamos a la zona de la playa. Alquilamos unas tumbonas por 10.000 rupias cada uno por 2h tras regatearle un buen rato al tipo y nos tumbamos a disfrutar de las vistas. Lo siento, no tengo fotos del sitio porqué dejamos las cámaras y los móviles en el coche… pero os subo una sacada del blog de Viajeros Callejeros para que la veáis:

 

 

¿Lo malo…? Que no nos pudimos bañar ya que había unas olas de más de 3 metros y unas corrientes tremendas… nos metimos solo hasta la cadera porque no era seguro meterse más. ¿Lo otro malo? Que en la playa había poca gente pero estaba plagada de excuse me. Si, están por todas partes, ¡son omnipresentes! “Excuse me sarong”, “excuse me massage” ,”excuse me drink”, excuse me… lo que quieras, es un continuo. Mi marido aún no sé cómo, consiguió desconectar y se durmió un ratito, yo pasé aquellas dos horas disfrutando de las vistas y pensando en cómo se estaba sucediendo este viaje mientras espantaba a todos los excuse me que se acercaban…

Sobre las 16h y como habíamos acordado con Dewa, recogemos las toallas y volvemos al coche dónde nos espera él. Como pactamos al contratar el tour nos acercará hasta el hotel dónde dormimos hoy en Denpasar.

Lo que para cualquier lugar del mundo sería un trayecto de apenas una hora por la corta distancia que hay, aquí se convirtió en una locura de casi 3h para llegar al hotel que se encontraba a las afueras de Denpasar. ¡Menudo atasco! ¡Ni las Rondas de Barcelona ni Manhattan en hora punta, aquello si era tráfico!

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A Dewa le decíamos que no sabíamos cómo podía soportar eso todos los días… lo que se suponía que era un carril para cada sentido, como veis en la foto anterior, eran 3 o 4 filas de coches y motos que se cruzaban de cualquier manera y con una banda sonora de bocinazos de todo tipo… ¡Uff! Al fin, sobre las 19h llegamos al hotel escogido para esta noche, el B Hotel Bali & Spa que nos sale por unos 26€ al cambio la noche en habitación doble con baño privado. Es un hotel de paso ya que mañana salimos temprano hacia Labuan Bajo y queremos estar cerca del aeropuerto. Aquí nos despedimos de Dewa hasta el 3 de octubre que volveremos a hacer tour con él.

Hacemos el check-in y subimos a la habitación. Hay unas bonitas vistas de una piscina con muy buena pinta pero ya han cerrado… La habitación es sencilla y no muy grande pero para una noche tenemos más que suficiente.

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Estamos agotados con tanto coche hoy y no hemos visto nada interesante en las cercanías del hotel, así que decidimos cenar en el restaurante del mismo y listos. Yo no me atrevo a tomar nada, la comida del warung me ha sentado fatal y tengo un dolor de abdomen brutal… pero veo en la carta que tienen Fish&Chips y pienso “eso no llevará picante…”, así que nos lo pedimos los dos, con un refresco y una agua embotellada más postre por 220.000 rupias los dos.

Tras la cena, volvemos a la habitación e intentamos no remover demasiado las maletas, ducha y a dormir prontito que mañana nos espera toda una aventura,otro de los top ten del viaje… ¡conocer a los Dragones de Komodo!

26/09/14: De vuelta a Bali dónde conocemos a los monos de Ubud

Día 11: Dejamos Yogyakarta y volvemos a Bali…

A las 5.30h nos levantamos con una pereza brutal, bajamos a tomar el desayuno que tenemos incluido y volvemos a la habitación a recoger nuestro equipaje, hoy dejamos Java y volvemos a “la isla de los dioses”.

Hacemos el check-out y desde la misma recepción nos piden un taxi para ir al aeropuerto. Es muy temprano y no tenemos ganas de regateos ya, así que le pedimos que ponga el taxímetro y let’s go! Ayer le preguntamos a Kioto cuánto nos podría costar un taxi oficial del hotel al aeropuerto y nos dijo que unas 20.000 o 30.000 rupias. En unos 20 minutos llegamos y el taxista nos dice que debemos pagar 2.000 rupias de peaje para entrar con el coche al aeropuerto. Cuando llegamos a la terminal, le pagamos las 20.000 rupias que marca el taxímetro y para dentro.

Teóricamente nuestro vuelo sale a las 8,05h pero ya sale en las pantallas que va con retraso. Será nuestro primer vuelo con la compañía indonesia Garuda Airlines. Es la única compañía indonesia certificada para volar según la normativa UE y hasta hace muy poquito, la única que incluía las tasas aéreas en su billete. Lo bueno de esta compañía es que acepta pago con tarjetas europeas a través de su web, así que al igual que con Kalstar, puedes evitar tener que comprar mediante intermediarios.

Facturamos las maletas y nos quedamos con las mochilas. Pasamos a la zona de embarque tras pasar otro control de seguridad super light de esos suyos 😛

Decidimos comer algo más, ya que apenas lo hicimos antes. Nos tomamos un café con leche y unas tostadas cada uno por 25.000 rupias. La cafetería tiene una gran cristalera que da a la pista dónde cargan y descargan los aviones. Alucinamos un montón cuando vemos que un avión que acaba de despegar se aposenta justo delante nuestro y podemos disfrutar de todo el proceso de descarga y carga de pasajeros y equipaje así como de todas las comprobaciones y pasos que siguen hasta que el avión vuelve a pista para despegar. ¡Mola! Os dejo un vídeo que grabamos: http://youtu.be/IZSH4OPQSIc

Estamos en la terminal de vuelos domésticos pero aún así me sorprende que solo haya cinco puertas de embarque para el tamaño que tiene la ciudad… ¡nuestro vuelo se retrasa 1h! Ya sabíamos que la puntualidad brilla por su ausencia en Indonesia pero con el madrugón que nos habíamos pegado, este rato de más se nos hizo eterno.

 

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Al fin, nuestro vuelo sale anunciado en una puerta de embarque. Hacemos cola y allí flipamos de nuevo al ver “el equipaje de mano” de algunos y lo pongo entre comillas porqué muchos llevan mochilas enormes y otros tantos 3-4 piezas grandotas… Tras enseñar nuestro billete y pasaporte a la chica de la puerta, salimos a la pista dónde a pie te diriges hasta tu avión. Suerte que te señalan cuál es, si no sería fácil irte a otro lado x’D

La verdad es que este avión es realmente cómodo y cuenta hasta con pantalla multimedia, lo cuál nos sorprende bastante teniendo en cuenta que se trata de una low cost…

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Nos entretenemos con la pantalla jugando un poco, leyendo su revista dónde vemos que a partir de final de 2014 inauguran vuelos a Londres y pasamos el rato del vuelo. Veo en las pantallas que sobrevolamos la zona volcánica del este de Java y al mirar por la ventanilla me encuentro con la caldera del Tengger y el Bromo & Co, así como el Kawah Ijen

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la zona del Bromo

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más del Bromo

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la zona del Ijen

Puede parecer una tontería pero me gusta un montón despedirme de Java con esta imagen… me acuerdo de las dos jornadas tan intensas que vivimos para ver los volcanes y lo gratificantes que fueron al ver dónde nos habíamos metido.

Seguimos con el vuelo… quedan pocos minutos para llegar a Bali y vemos el estrecho que hay entre ambas islas, volamos sobre la zona de Ketapang pero ya apreciamos la costa balinesa entre las brumas…

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Tras dos horas de vuelo, llegamos de nuevo a Bali. Ponemos el reloj en hora ya que aquí hay 1h más que en Java. Este aeropuerto ya lo conocemos así que nos orientamos mejor. Vamos a la zona de recogida de equipajes y llegan nuestras maletas sanas y salvas. De verdad que esta parte es la que más me estresa de un viaje…

Vamos a la zona de taxis para coger uno hasta Ubud. Aquí nos tocan un poco lo que no suena porque en el cartel informativo que tienen en el stand de los taxis oficiales pone que son 250.000 IDR hasta Ubud y a nosotros nos piden 300.000 diciendo que es por las maletas… a ver, digo yo… si estás en un aeropuerto lo lógico es que la gente vaya con maleta ¿no? ¿porqué no ponen los precios reales y punto? ¡Uff! Como no nos queda más remedio, aceptamos el precio y nos vamos con el taxista que nos asignan. El hombre es majo y chapurrea algo de inglés. Nos explica un poco por dónde vamos y nos dice que tardaremos menos de una hora y media en llegar.

Qué horror el modo de conducir de los indonesios… de verdad que te pasas el viaje con los webs por corbata 😀 Es terrible el tráfico que tienen y el estado de las carreteras, y ese modo kamikaze de conducir… un viaje que aquí harías en media hora allí te cuesta el triple. Intentamos echar una cabezada y a eso de las 13h, una hora y cuarto después, llegamos al hotel. Le pagamos al señor lo pactado y salimos hacia el hall.

Para nuestra estancia de 3 noches en Ubud, escogimos el hotel Alaya Resort Ubud. Una chulada de hotel, de verdad. Es un poco caro para los precios del país pero en su día vimos que en Ubud los precios subían respecto al resto y nos gustó que contara con un 9,8 de puntuación en Booking, así que nos decidimos por disfrutar de nuestra estancia en él. Y así fue, todo un acierto.

Hacemos el check-in y nos enseñan nuestra habitación. Alucinamos en colores 🙂

 

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nuestra habitación

 

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nuestra habitación

 

La cama es literalmente enorme y súper cómoda, la habitación muy muy amplia y muy luminosa y tiene una ducha zen que nos encanta, además de frutas típicas para picotear. El botones nos explica los horarios del desayuno, del restaurante y de la piscina, cómo funciona la TV y las claves para usar el Wifi. Cuando nos quedamos solos echamos un vistazo a la terraza de la habitación y vemos que hay un campo de arroz justo delante nuestro ¡qué paz y qué maravilla de sitio!

 

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nuestra terraza

 

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Nos cambiamos de ropa y nos ponemos más frescos ya que aquí hace bastante más calor que días atrás. Nos embadurnamos de protector solar y de repelente de mosquitos a consciencia ya que Ubud es zona de riesgo de dengue y malaria, y salimos a descubrir la zona y comer algo. A pocos metros del hotel hay una bifurcación que da a tres calles, todas ellas repletas de tiendas, restaurantes y templos. Nos decidimos por una de ellas al azar.

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nuestros primeros templos hindúes

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Nos sorprende ver tantos templos juntos… es algo que preguntaremos al guía que tenemos contratado mañana. Seguimos caminando con cierta dificultad ya que las aceras están muy atrotinadas y constantemente te van parando “los excuse me” 😛

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en Bali encuentras estas estrellas en sus aceras

Lo bueno que tiene Indonesia, es que los restaurantes tienen todos la carta en inglés y con los precios en la puerta, así que antes de entrar al local ya te puedes hacer a la idea de lo que vas a comer y de lo que te vas a gastar. Lo malo, es que en prácticamente todos los restaurantes tienen el mismo menú… lo que dificulta el poder variar la dieta 😦

Al fin, localizamos un warung que nos entra por el ojo y entramos. El sitio está más que decente, cuenta con wifi gratis y está adosado a una casa tradicional balinesa por lo que vemos su jardín desde él.

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Nos comemos un pizza yo y un plato de pasta mi marido con unos refrescos por 90.000 rupias, nada mal 🙂 Y ya con la tripa llena, volvemos a la calle con el objetivo de visitar un lugar muy conocido en Ubud, el Monkey Forest. Sabemos que vamos por el buen camino porqué empezamos a ver estas esculturas a lo largo de la calle:

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Ubicado en el corazón de Ubdu, el Monkey Forest es una reserva natural de más de 27 hectáreas de extensión en la que se encuentran varios templos, pero que es especialmente conocida gracias al grupo de monos que habitan en ella… Pagamos 20.000 rupias cada uno por la entrada y allá vamos. Al entrar al parque tienes unas indicaciones que nosotros ya habíamos leído por internet, así que ya vamos preparados… te recomiendan no llevar nada brillante, quitarte gorras o sombreros y no llevar nada que llame la atención de los monos ya que son un poco cabroncetes y unos manguis, así que te robarán sin ninguna piedad. Aunque venden comida para darles, no se recomienda hacerlo, pueden ser agresivos si hay comida de por medio… Hoy vamos casi con lo puesto, dejamos mochilas y bolsos en el hotel, solo llevamos las gorras que las guardamos en los bolsillos y la cámara pequeña. Así que una vez preparados, vamos allá.

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El lugar es muy muy bonito, se respira paz y hace fresquete, ¡cosa que se agradece! Pero no puedes evitar mirar a todos lados no sea que te venga algún macaco por la espalda… 😛 El Bosque de los Monos contiene una densa y variada vegetación compuesta por más de 100 especies diferentes de árboles. Entre el verde manto del bosque se encuentran varios templos y un cementerio que son vigilados cuidadosamente por los monos que viven en la reserva.

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Empezamos a encontrarnos macacos mientras recorremos el parque. En la taquilla nos dieron un mapa del lugar y vemos que hay tres o cuatro de templos, un lago y un cementerio. Así que nos dirigimos primero al lago bajo la atenta mirada de los monos…

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Más que un lago, es una fuente que recoge agua del riachuelo que pasa por debajo y dónde la gente echa monedas al más puro estilo de la Fontana di Trevi 🙂

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De ahí nos vamos a uno de los templos del parque. Dedicado a varios dioses, es el lugar dónde más monos se concentran… y dónde más vendedores de comida hay, así como gente que se ofrece para hacerte una foto con ellos haciendo que se te suban a los hombros o la cabeza. Aquí la cosa es hacer negocio como sea…

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Aquí podemos presenciar una pelea entre varios machos y realmente dan miedito cuando están enfadados ¡¿eh?! ¡Vaya dientes enseñan y cómo gruñen…! Por suerte, otros tienen cara de ser más buenos…

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Tras un buen rato en esta zona, seguimos caminando hacia el siguiente templo que está cerca de la salida.

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Nos quedamos un buen rato mirando a esta estatua:

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Simboliza a algún dios hindú pero realmente nos sorprende lo “curiosas” que pueden ser sus representaciones… ¿qué opinas?

A eso de las 17h y a punto de cerrar, decidimos dar por finalizada la visita al lugar. De vuelta al hotel nos encontramos con toda una calle repleta de tiendas, así que echamos un vistazo y compro un pareo la mar de chulo tras regatear por 200.000 rupias. Estoy segura que podría haberlo sacado por menos, pero tras 5 minutos de estira y afloja ya no tenía ganas de estirar más… En España me hubiera costado bastante más y realmente me gustaba mucho, así que sin problema.

Echamos el ojo a algunos sitios que nos pueden interesar para la cena y localizamos una lavandería… esto si que nos interesa mucho porqué estamos casi en el ecuador del viaje y necesitamos lavar la ropa usada, apenas nos queda limpia. Siempre que hacemos grandes viajes, llevamos ropa para una semana o 10 días y lavamos en destino, es algo que te permite llevar menos equipaje, ir menos cargados y tener más espacio para llevar souvenirs a la vuelta.

Vamos al hotel a por la ropa sucia y volvemos a la lavandería que está a 2 minutos a pie. Nos da las tarifas que nos parecen más que buenas y nos dice que mañana por la tarde ya podremos recogerla, limpia, seca y planchada. ¡Mola!

Y ahora que ya tenemos este tema solucionado… ¡vamos a catar esa fabulosa piscina que tiene el hotel! Así que volvemos al hotel, nos ponemos los bañadores y vamos a descubrir la piscina.

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la terraza de nuestra habitación

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Tiene una pinta tremenda ¡¿eh?! Dejamos las cosas en la tumbona y nos echamos al agua que está templadita. ¡Menuda maravilla! ¡Al fin un poco de relax con un buen bañito! Estamos solos en la piscina, así que disfrutamos a nuestras anchas de ella. Junto a la piscina hay un bar y decidimos rematar la tarde tomando unos mocktail de frutas riquísimos por 170.000 rupias los dos. ¡Esto es vida! 😀 Conforme va cayendo el atardecer vamos escuchando a todo tipo de bichos, hay uno que hace un sonido muy gracioso… días más adelante descubriremos de qué animal se trata…

Empiezan a acudir mosquitos a tope, así que ha llegado la hora de volver a la habitación. Nos damos una buena ducha y salimos a cenar. Vamos a la misma calle dónde comimos hoy y nos decidimos por otro warung. Cenamos dos mie goreng más un refresco y una Bintang (cerveza indonesia) por 180.000 rupias los dos. Está muy bueno pero de nuevo, muy muy picante…

 

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Tras la cena, regresamos al hotel. Hablamos un poquito con los nuestros y a dormir en esa fabulosa cama de 2m… mañana empezaremos a descubrir los rincones que esconde Bali 🙂

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