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11/10/13: Bosques, cascadas, lagos y templos pintorescos en Nikko

Día 15: descubrimos un Japón diferente en Nikko

Hoy toca hacer una excursión que nos quedó pendiente en el primer viaje, Nikko. Como sabéis, fuimos a Japón por primera vez dos meses después del tsunami de 2011, realmente podríamos haber ido a Nikko pero para tranquilidad de los nuestros evitamos “acercarnos” a Fukushima, así que quedó pendiente para la siguiente ocasión. Y ahora llegaba el momento Heart

Nos levantamos bien temprano, desayunamos en el hotel y salimos hacia la JR Tokyo (tan solo tardamos 4 minutos desde JR Shimbashi) dónde a las 8,08h cogeremos el shinkansen hacia Utsunomiya. Es nuestro último día de Japan Rail Pass y ¡hay que aprovecharlo! Riendo

Decidimos no reservar los billetes para el día de hoy, ya que no sabíamos exactamente el rato que pasaríamos en Nikko. Mientras esperamos que arranque el tren, vemos en las pantallas que éste tiene parada en Fukushima, así que grabo un vídeo para enviárselo a un compi del trabajo que me ha dado mucho la brasa (otra vez) con el tema de la radiación. Doblemente malvado Mr. Green

El trayecto dura unos 50 minutos. Al llegar a Utsunomiya, cambiamos cogemos un tren local de la línea JR Nikko Line. Es un tren viejuno y ya suponemos que pasará por una vía del estilo a las de Takayama al tratarse de una zona montañosa. En 42 minutos de “shin-borreguero” -como bautizó mi marido a estos trenes- llegamos a Nikko.

Nikko (日光): A dos horas en tren de Tokyo, es al mismo tiempo una maravilla de belleza natural y un importante emplazamiento de obras maestras arquitectónicas de Japón. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999. La mayoría de los edificios de los santuarios, así como numerosos elementos, han sido catalogados como Tesoros Nacionales o valioso patrimonio cultural.

Son las 9,54h y sé por la info que saqué del foro Los Viajeros que a las 10,01h sale un bus hacia las cascadas… queremos empezar la ruta de hoy por esa zona así que a paso ligero vamos de la JR Nikko a la Tobu Nikko, compramos los pases del bus (2000¥ pp -el pase de dos días-) y con ciertos problemas por lo mal indicado que está, conseguimos dar con el bus que sube hacia el lago y las cascadas ¡in extremis! Aunque son solo 15km de trayecto, es una carretera de montaña con unas pendientes y unas curvas por las que cuesta creer que los buses vayan por ahí… así que se convierte en un paseo de 50 minutos.

El bus nos deja en la terminal de bus de la zona norte de Nikko y en menos de 5 minutos estamos junto a la cascada Kegon (Kegon no Taki). Con casi 100m de altura es una de las tres cascadas más bellas de Japón y la más bonita de esta zona. Es la única vía de escape de las aguas del lago Chuzenji. Vamos hacia la plataforma de observación gratuita y nos maravillamos con las vistas! Heart Aunque ayer ya vimos otras cascadas en los lagos del Fuji, ésta nos gusta mucho. Estamos a unos cuantos metros de distancia y aún así nos llega el agua que salpica al caer. Están rodeadas de unos precipicios preciosos y de un bonito bosque entre las montañas.

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Decidimos pagar para coger el ascensor (530¥ pp) para observarlas casi en su base. Aquí hace más frío que arriba, queda a la sombra y junto a la humedad del lugar necesitamos echar mano a las sudaderas. Las vistas desde aquí son aún más impresionantes.

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Tras un buen rato de disfrutar de las vistas, de echar unas cuantas fotos y vídeos estrenando mi cámara nueva 🙂 cogemos de nuevo el ascensor para volver arriba. Nos compramos unas bebidas en las máquinas que hay y luego vamos hacia el lago en un corto paseo de unos 10 minutos. Junto a él vemos una gran torii de madera, muy similar a la de Kyoto.

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Según íbamos subiendo con el bus, vimos que la niebla se iba dispersando y aquí aún queda algo de ella, aunque luce el sol. Se nota que estamos en zona montañosa y a una cierta altura porque hoy no nos sobran para nada las sudaderas…

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El lago Chuzenji (Chuzen-ji-ko) es un pintoresco lago en medio de las montañas al norte de la ciudad de Nikko. Se encuentra a los pies del Monte Nantai, el volcán sagrado de Nikko, cuya erupción bloqueó el valle, creando así el lago hace unos 20.000 años. Se encuentra a 1269m de altura sobre el nivel del mar.

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Vemos que hay barquitos con forma de cisne para dar un paseo por él, varios restaurantes y hoteles en su orilla y aunque sabemos que al otro extremo se encuentra el templo Chuzenji, no conseguimos distinguirlo a través de la niebla. Es tentador quedarse en esta zona y verla con calma, pero ambos tenemos dolor de cabeza (supongo que por la altitud), así que decimos volver a la estación de buses y coger el siguiente autobús que baja hacia el centro de Nikko. Son las 12,15h y tenemos unos 45 minutos de bajada. De nuevo nos impresiona sobremanera la carretera de Dios por la que pasa el bus.

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Decidimos bajar en la parada de Nishisando con intención de ver el abismo. Pero antes hacemos un alto para comer. Aunque muchos en el foro recomiendan un restaurante de lo más pintoresco en Nikko, estamos lejos de él, así que nos decidimos por un pequeño restaurante-tienda de encurtidos cerca de la parada. La señora que lo lleva no habla ni papa de inglés pero con las fotos de la carta y señas nos entendemos a la perfección. Comemos un riquísimo bol de ramen con un buen té (unos 2000¥ los dos) que nos va de perlas para entrar en calor.

Y ahora si, a eso de las 14h y con la tripa llena, vamos hacia el abismo de Kanmagafuchi. Según la guía hay un paseo de 10-15 minutos a pie, aunque a mi me pareció algo más. Formado por una erupción del cercano Monte Nantai, este pequeño barranco cerca del centro de Nikko tiene un agradable sendero para caminar junto al río ofreciendo un paisaje precioso. También conocido por su fila de cerca de 70 estatuas de piedra de Jizo, un Bodhisattva que cuida de los niños fallecidos y de los viajeros.

Ya sabíamos por comentarios del foro y fotos que habíamos visto que lo de “abismo” le queda un poco grande… y aún así, una vez allí nos echamos unas buenas risas con el tema Mr. Green Mr. Green Desde luego si vas con la mentalidad de ver un abismo como tal, quítatelo de la cabeza. Eso si, me pareció un lugar fascinante. A un lado, encuentras la hilera de Jizo cubiertos de musgo, al otro el pequeño barranco por dónde baja el agua que proviene del Chuzenji, con una gran fuerza formando grandes remolinos en el agua y puliendo las grandes rocas que lo bordean. Im-presionante, de verdad. Y como vale más una imagen que mil palabras, ahí os dejo algunas instantáneas. Heart

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Tras un buen rato allí y después de tomarnos un café calentito de una de las máquinas que había en la zona, seguimos con la ruta. Cuando planeamos la excursión de hoy pensábamos ver los principales templos de la zona pero en verano decidieron quitar el pase que incluía la entrada conjunta a todos ellos y cobrar por separado cada templo, haciendo que subiera el precio…, luego además cubrieron el Rinnoji para restaurarlo y además pensamos en que ya llevaríamos un par de semanas por Japón recorriendo templos y que posiblemente estaríamos empachados, así que decidimos descartar templos y quedarnos solo con el Toshogu, uno de los más importantes. Y ahí es a dónde nos dirigimos. Tras unos 30minutos andando llegamos a la zona de los templos. Enfilamos unas escaleras de piedra que llevan hasta el Rinnoji y el Toshogu y nos adentramos en el bonito bosque que los rodea.

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En primer lugar pasamos junto al Rinnoji, el templo más importante de Nikko. Fue fundado en 766 por el monje Shodo Shonin quien introdujo el budismo en Nikko en el s. VIII. El templo está totalmente cubierto por lonas ya que están en obras de restauración, así que echamos unas fotos al Gomado Hall, el único edificio que queda descubierto y seguimos.

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Llegamos hasta la gran torii de piedra que marca la entrada al Santuario Toshogu, considerado como la principal atracción de Nikko. Construido en 1636, se trata del mausoleo de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa que gobernó Japón durante más de 250 años (hasta 1868), y dedicado a los espíritus de Ieyasu y a otras dos personalidades históricas más influyentes de Japón: Toyotomi Hideyoshi y Minamoto Yoritomo.

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Nada más cruzar la gran torii uno ya es consciente de que este complejo de templos es algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Japón, y aunque no es exclusivo de esta región será lo único de esta arquitectura que verás en un viaje “tradicional” a Japón. El santuario está formado por más de una docena de edificios sintoístas y budistas y están envueltos por un bonito bosque. Destacan sin duda la gran variedad de colores así como los elaborados gravados de cada uno de los edificios.

Junto a la torii hay una gran pagoda de cinco pisos en un llamativo color rojo que destaca entre el verdor del bosque. ¡Increíble!

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Avanzamos hasta la taquilla dónde compramos el ticket que incluye la entrada a todos los edificios del santuario (1300¥ pp). No entraré en detalle en relatar cada edificio que visitamos aquí, pero si mencionar que si os gusta la naturaleza no os podéis perder la visita a este lugar.

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Del santuario destacan tres cosas como “más importantes”, la primera es el templo que contiene los grabados de los tres monos de la sabiduría (conocidos popularmente por los monos del WhatsApp) que enseñan el tradicional “ver, oír y callar” al modo nipón, en este punto había un montón de escolares recibiendo las explicaciones por parte de sus maestros Muy feliz

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Por otro lado tenemos la sala del “Rugido del Dragón“. No hablaré demasiado de ello porqué me pareció una turistada al 200%, quizá si se esforzaran por dar las explicaciones previas al “rugido” me gustaría más… Y por último, la escultura del Gato Durmiente… ¡que aquí ya me mataron! Se trata de un ascenso por unas empinadas escaleras de piedra -y no corto precisamente- para ver una estupa que se supone contiene al dichoso gato… si me lo cuentan antes, teniendo en cuenta el estado de mi espalda, no subo… ¡¡estuve a punto de hacerme el harakiri!! Avisados quedáis, futuros viajeros Mr. Green

Y aunque leyendo mi último párrafo pueda parecer una chorrada ir a este santuario, ¡para nada! Los edificios son súper bonitos, algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver y con un entorno natural fantástico, solo por eso ya merece la pena la visita. Eso si, no os dejéis engatusar, sobretodo por ¡lo del gato! Sacando la lengua

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Algunos edificios estaban cubiertos de andamios por obras de restauración pero pudimos ver la gran mayoría sin problemas. Tras la visita y a punto del cierre del templo, decidimos seguir con la ruta. Antes por eso, compramos unos souvenirs, algunos a los mismos monjes del templo y otros, en las tiendecitas que hay fuera del recinto del Toshogu, cómo no… de monitos va la cosa Riendo

 

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Y para terminar la ruta de hoy, nos dirigimos al Puente sagrado Shinkyo, totalmente lacado en rojo forma un gracioso arco sobre el río Daiya. La leyenda cuenta que el ermitaño que dio origen a Nikko atravesó el río a lomos de dos serpientes, representadas hoy en día por los brazos del puente. En la época feudal, sólo el emperador tenía derecho a cruzarlo y lleva hasta un parque de 16.000 cedros situado cerca del Toshogu, aunque técnicamente pertenece al Santuario Futarasan. El puente está considerado como uno de los tres mejores puentes de Japón y fue construido en 1636. Hoy en día también se puede cruzar pero hay que pagar por ello y lleva hasta un pequeño templo que hay a la otra orilla del templo.

Me dispongo a echar unas fotos cuando notamos que el puente dónde estamos y que queda frente a al Shinkyo empieza a temblar. En un principio pensamos que es porqué está pasando un camión, pero el temblor continua… así que nos apartamos unos metros del puente y esperamos a que pase, vaya sitio de cogernos un terremoto ¡¿eh?! Tan sólo dura unos segundos más y ahora si, volvemos al puente para echar las instantáneas del Shinkyo.

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A estas alturas del día estamos bien cansados y aunque hay solo unos 30 minutos a pie hasta la estación JR, decidimos esperar al siguiente bus aprovechando que tenemos el pase. En pocos minutos llega y en un momento estamos en la estación de trenes de la Tobu. De ahí, caminamos hacia a la estación JR Nikko (están una junto a la otra) y miramos los horarios para volver a Utsunomiya… aún faltan unos 30 minutos para el siguiente tren, así que nos tomamos un refresco de las máquinas y esperamos.

Tomamos el tren que conforme se acerca la hora de partir se va llenando y en unos 45 minutos volvemos a estar en JR Utsunomiya. Como no llevamos los billetes reservados, vamos hacia la zona de “no reservado” del andén y nos toca hacer una buena cola… aquí ya vemos que el shinkansen a Tokyo va a ir a petar… y efectivamente, nos toca ir de pie una buena parte del trayecto Ojos que se mueven

Y aquí me pasa algo curioso y que me desmonta bastante la visión de gente amable que tengo de los japoneses… ya me llama la atención que habiendo mujeres de pie y hombres sentados, ninguno sea capaz de levantar el culo y ceder el asiento y eso que había algunas señoras ¡muy mayores! Ojos que se mueven Cuando llegamos a la parada de Omiya, el señor que está sentado junto a mi (yo de pie en el pasillo) se levanta para bajar y un hombre -más o menos de mi edad- intenta quitarme el sitio, estando yo prácticamente sentada ya… y con muy mala cara me dice “¡gaijin!” (es la forma despectiva de llamar a un extranjero en japonés) Malvado o muy loco Os juro que le pegué una mirada de mala hostia española que se giró de golpe y me dejó quedarme sentada Pelea Pelea No me comporto nunca así, pero me sentó fatal su reacción de empujarme para levantarme y su “insulto” porque además yo me encontraba fatal… ¡uff! que mala leche me entró Avergonzado eso si, me senté que ya lo necesitaba, tremendo dolor de espalda llevaba ya… a la siguiente parada se bajó el señor que estaba sentado a mi lado, y ya se pudo sentar mi marido conmigo, el otro hombre no hizo ni amago Mr. Green

Al llegar a Tokyo, ya no tenemos fuerzas para nada… con lo cansados que íbamos, solo nos faltaba tener que viajar casi todo el trayecto a pie (vaya último trayecto en Shinkansen Sacando la lengua ), así que decidimos coger la JR Yamanote hasta Shimbashi, comprar cena en un Family Mart que hay cerca del hotel e irnos a descansar. Nos pica la curiosidad por saber si el temblor que notamos en el puente era un terremoto de verdad… buscamos por internet y afirmativo, se trataba de un terremoto de 6 y pico con epicentro cerca de Utsunomiya.

Éste ha sido nuestro último día de excursiones y nos quedan por delante tres días para disfrutar al máximo Tokyo antes de partir… ¡tan solo nos quedan unos días por Japón! Confundido Chocado

Antes de dormir, pasamos un ratito viendo los trenes (Shinkansen, monorail y locales) que pasan frente a nuestra ventana.

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Y ahora si, ¡buenas noches! sleep

27/05/2011: conocemos la tradicional Yanaka, disfrutamos como niños en el zoo y aún más en Akihabara

Día 12: nuevo día en Tokyo recorriendo Yanaka/Nippori, el Ueno Koen y el distrito de la electrónica por antonomasia: Akihabara.

 

Hoy volvemos a visitar el Tokyo más tradicional y para ello iremos a la zona de Nippori y recorreremos las apaciguadas calles de Yanaka. Así que tras desayunar vamos a la estación JR Shibuya y tomamos de nuevo la línea circular JR Yamanote hasta la estación JR Nippori. Éste es un barrio muy tranquilo, formado por casitas bajas y ningún rascacielos… parece un pueblo dentro de la gran metrópolis y es que a pesar de que el gran terremoto de Kanto de 1923 y los bombardeos americanos en la II Guerra Mundial dejaron pocos edificios antiguos en la ciudad, en Nippori aún quedan alguos vestigios del pasado, con casas antiguas y decenas de santuarios y templos repartidos por sus tranquilas callejuelas 🙂

Salimos de la estación y nos dirigimos hacia el cementerio de Yanaka, el más grande de Tokyo. Yanaka es un barrio ubicado en el distrito de Nippori que data del periodo Edo (1603-1867). A pocos pasos de la estación JR se encuentra el Templo Tennoji en el cual no se puede entrar pero si visitar sus jardines que como todos en Japón, ¡son preciosos!

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Caminamos por unas callejuelas por las que no pasa ni una alma, hasta llegar al Cementerio de Yanaka, repleto de tablas de madera y lápidas conmemorativas, algunas datan de finales de 1800… Atravesamos el cementerio por su calle principal hasta llegar a un barrio residencial.

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Ya habíamos visto algún cementerio en Kyoto pero no habíamos caminado por ninguno y es realmente sobrecogedor, cuanta calma se respira en el lugar… el aroma de los inciensos llena el ambiente. Hay poca gente por aquí, y los que encontramos son japoneses que van a visitar las tablas de sus difuntos. El cementerio está repleto de cerezos, lástima que ya ha pasado la floración porque en pleno hanami debe ser espectacular…

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Continuamos el paseo y llegamos a Yanaka Ginza Street, una gran calle repleta de tiendas de barrio, pequeños comercios de comida preparada, pescaderías, fruterías pequeñas y realmente auténticas. No nos acabamos de aclarar de por dónde debemos tirar para seguir la ruta que teníamos pensada, así que desandamos lo andado y volvemos a la estación de JR Nippori. Allí tomamos el tren de nuevo para ir al distrito de Ueno.

Junto a la estación se encuentra el Ueno Koen, uno de los mayores parques de Tokyo y en el que se encuentran algunos templos, el zoo, el Museo Nacional de Tokyo, el Museo Nacional de Ciencia de Japón, el Museo Nacional de Arte Occidental, un gran lago y una sala de conciertos, ¡ahí es ná!

Vamos dando un paseo por el parque de Ueno con intención de visitar uno de los grandes santuarios japoneses, el Ueno Toshogu, pero está en obras de restauración y nos tenemos que conformar con ver la lona que lo protege con un gran mural del templo,  pero si podemos disfrutar de las decenas de lámparas de piedra que hay bordean el camino al templo.

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Seguimos paseando, vemos a grandes grupos de escolares que están de excursión, una zona de ferias y llegamos a la altura del Zoo. En principio no teníamos pensado entrar pero al final decidimos hacerlo. No hemos ido a un zoo desde que éramos bien pequeños (con el cole) y nos hace gracia entrar, además es uno de los pocos zoos del mundo en los que se pueden ver osos panda.

Antes de entrar, compramos en una tienda chiquitita justo al lado del zoo unas galletas rellenas de chocolate con forma de panda, típicas del parque. Empezamos a tener hambre y aún falta un rato para comer… ¡están riquísimas!

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¡la bolsa ya es lo más!

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las galletas molan mucho 😀

Pagamos la entrada que es mucho más económica que la del zoo de Barcelona, todo hay que decirlo… y ¡entramos!

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me encantan los escolares japoneses, todos con su uniforme y las gorras del mismo color 🙂

Es un zoo bastante grande, nada más entrar vemos unas cuantas especies de pájaros y nos ponemos a hacer cola para ver a los panda. Aunque hay bastante cola, avanza rápida y en seguida pasamos a ver los osos, no habíamos visto antes y ¡¡son súper chulos!! Tienen pinta de ser mimosines, aunque los pillamos echando la siesta. Uno de ellos parece que esté “sentando la cabeza” ¡jaja! Fotos de rigor y seguimos con la visita, contentos por habernos animado a entrar.

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De allí vamos a ver los leones y los tigres. Luego vemos los gorilas que son muy graciosos, hay uno que no deja de echarse paja encima y de vez en cuando para y mira a la gente como buscando su aprobación 🙂 Y el otro lleva una toalla sobre los hombros, como si viniera del onsen 😀

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Vemos los elefantes que se acercan a saludar a la gente, y los monos japoneses, como los que vimos en el Monkey Park de Kyoto, pero nos fijamos en que hay dos que parece que estén haciendo “guarreridas españolas” ¡cómo nos reímos! Opinad vosotros mismos… :p

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Nos sorpende ver en la zona del aviario un templo hinduísta… no habíamos visto ninguno antes y nos sorprende su estilo “más recargado”.

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Vemos que hay un chiringuito para comer y como son las 14h y ya aprieta el hambre, compramos unas “Coras” (Coca-Cola®), unos yakisoba (si, somos adictos al yakisoba 😀 ) y un par de perritos calientes… ¡¡viva la dieta!! Eso sí, está todo súper bueno y nos sale bien barato.

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Después de comer seguimos con la visita al zoo. Con los pingüinos nos pasamos un buen rato, nos recuerda a la peli Madagascar, están todos en fila y no dejan de mirar a la gente del palo “sonreíd y saludad, chicos… sonreíd y saludad…” ¡jaja!

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Entramos a la zona de los animales que necesitan menos luz y vemos un zorrillo como Timón, de la peli el Rey León que está ¡posando a la gente! Si, si, como lees, está todo tieso y cada “x” segundos gira la cabeza y se queda muy quieto para que la gente pueda fotografiarlo, y repite el gesto hacia todas las direcciones, qué curioso…

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Seguimos con la visita, vemos a varias especies de animales hasta llegar a los lemures y de nuevo nos acordamos de la peli Madagascar y su “¡yo quiero marcha, marcha!” y la mítica frase “son una panda de panolis” :p Como veis nos echamos unas buenas risas… ¡igual que niños!

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Luego vemos la zona de los reptiles dónde hay un cocodrilo de más de ¡7m! Uf, encontrarse un bicho así tiene que dar miedito ¡¿eh?!

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Antes de terminar la visita hacemos parada en boxes (wc, refresco y un heladito), y salimos del zoo para seguir recorriendo el Ueno Park, dónde encontramos algún templo más.

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nos sorprende esta bebida con sabor a almendras porqué está producida por Schweppes y embasada por Coca-Cola…

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el día está nublado y ante la amenaza de lluvia han cubierto los fanalillos de papel 🙂

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Como aún es pronto, decidimos modificar un poco la ruta programada y decidimos visitar un distrito más, Akihabara o el de la electrónica, conocido por los tokyotas como Akiba. Así que volvemos a la estación JR y tomamos el tren de la línea Yamanote hasta la estación JR Akihabara.

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Éste es otro de los famosos distritos repletos de luces de neón y pantallas de televisión enormes, de tiendas de electrónica y cuando digo tiendas, son verdaderos centros comerciales de electrónica en cada número de cada calle, ¡realmente impresionante! Un paraíso del merchandising y de los videojuegos que incitan al consumismo de una forma impresionante… o_O

Pasear por sus calles es increíble, ya no solo por sus comercios si no porqué en las calles hay chicos y chicas disfrazados de todo lo imaginable haciendo publicidad, los dependientes salen de las tiendas y gritan sus ofertas, hay carteles de promociones por todos lados y pantallas de televisión enormes en los que anuncian sus productos de forma muy llamativa. Nos deleitamos paseando por sus tiendas y a pesar de que es muy muy tentador no compramos nada. Aunque no tengas intención de comprar electrónica, cómics o gadgets, el barrio bien merece una visita porqué es ver para creer.

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Entramos a los grandes almacenes Yodobashi (ya habíamos ido al de Kyoto) y ¡qué pasada,  8 plantas del tamaño de un Corte Inglés® repleto hasta la bandera de gadgets y electrónica! Me miro con detalle las cámaras de fotos reflex, y realmente valdría mucho la pena (hay hasta 200€-300€ de diferencia con los precios de aquí) pero los menús solo están en japonés con lo cual sería harto complicado poder usarlas… así que me quedo con las ganas 😦 Lo que si compramos es un pen-drive de 64GB por unos 50€, ¡alucina!

Vemos que en la misma estación JR Akihabara hay un americano con una pinta tremenda, así que decidimos cenar aquí. Nos pedimos una carne a la brasa con un arroz gohan (estos japos no olvidan el arroz blanco ni al cenar americano…) ¡está todo riquísimo! Cenamos hasta los topes… Una vez llenamos la panza, tomamos el tren JR Yamanote de vuelta a Shibuya.

Al llegar a la estación de Shibuya, a punto de bajar del tren veo de refilón a Carles Puyol en un anuncio por la ventana… me quedo súper pillada ¬¬’  Al bajar del vagón le digo a mi marido: “¡¡acabo de ver a Puyol en un anuncio!!”, él no se lo acaba de creer así que esperamos a que se vaya el tren del andén y efectivamente, hay un anuncio en el que salen varios jugadores del Barça 😀 Ahora entendemos porqué cuando decimos que somos de Barcelona nos contestan “¡Barça!” y es que los tienen hasta en los anuncios del tren 🙂

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Y tras este “encuentro”, volvemos al hotel que ya toca descansar después de otra gran caminata por Tokyo, además mañana le espera una gran sorpresa a mi marido Aplauso