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07/10/13: descubrimos Shirakawago y algunos templos de Takayama

Día 11: con Sarubobo a Shirakawago y visita a los templos del norte de Takayama

Llega un nuevo día y con él avanzamos por el ecuador de nuestro viaje… hemos dormido bien en el “doble” futón que nos preparamos ¡jeje! Y digo doble porque siempre busco en el armario el futón de repuesto para que sea más mullidito 😛 Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, y nos vamos para la estación JR Takayama dónde nos recogerá el bus del hostal J’Hoppers para ir a Shirakawago.

Shirakawa-go ( 白川村 ): Región remota y montañosa entre Takayama y Kanazawa. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 y famosa por sus tradicionales casas gassho-zukuri, algunas de las cuales tienen más de 250 años de antigüedad. Tiene un encanto rústico y ocupa un lugar especial en el corazón de los japoneses.

Para hacer la excursión a esta aldea hay tres opciones: alquilar un coche, los buses de la Nohi Bus (4200¥/persona i/v) o con los buses del hostal J’hoppers (3300¥/persona i/v si te alojas en él). Tanto por horarios como por precio, nos pareció mejor opción la tercera y al poco de hacer la reserva de las dos noches de alojamiento, contratamos también la excursión. Hay dos turnos, uno por la mañana y otro por la tarde. Preferimos hacer la de la mañana y aprovechar la tarde para pasear por Takayama.

Así que a las 8,10h tenemos que estar en la estación dónde nos recoge el bus con su guía, Yamamoto. Un chico joven que habla bien inglés e incluso alguna palabra suelta de español y que durante la hora de trayecto hasta Shirakawago nos explica cómo se construyen las casas gassho-zukuri, cuántos habitantes hay en la población, cuáles son las casas más interesantes para visitar… e incluso nos hace una foto con la mascota de la región: ¡Sarubobo!

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Tras 1h de trayecto, la primera parada es el mirador de Shiroyama, al norte del pueblo, desde donde hay unas vistas panorámicas de Ogimachi y sus caseríos magníficas.

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Es alucinante ver el entorno natural de los alpes japoneses en este punto. Hay un cartel que marca los principales picos y su altitud. Es curioso porqué parece que no sean tan altos, pero te paras a pensar y ¡ya estás a unos 1000m!

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No hace frío, pese a que traíamos las chaquetas y un jersey, con el jersey fino es suficiente. Hay un día despejado y luce el sol.

Entramos en unas tiendas que hay junto al mirador y compramos un imán para la nevera con un Sarubobo sonriente (450¥). También hay un puesto dónde te hacen fotos con el pueblo de fondo pero nos parecen caras y el guía ya nos ha hecho algunas fotos con nuestra cámara, así que pasamos de largo.

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nuestro imán de Sarubobo

Tras unos 20 minutos aquí admirando las vistas, volvemos al bus y en unos 5 minutos llegamos al parking de la aldea. Este trayecto también se puede hacer a pie, según las guías son unos 20 minutos.

Bajamos del bus y de nuevo nos impresiona el entorno. Estamos rodeados de naturaleza y ¡me encanta! Hay muchísimos buses aparcados y por tanto mucha gente, pero no da sensación de agobio. El guía nos dice que tenemos hasta las 11h para estar por el pueblo y visitar las casas que queramos.

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El asentamiento central de la región es Ogimachi. En él viven 600 personas y con sus 110 edificios gassho-zukuri. Muchas de las casas son ahora restaurantes, museos o minshuku, casas de particulares dónde se puede pasar la noche por un precio ajustado. Algunos caseríos de pueblos cercanos se han trasladado hasta aquí formando un museo al aire libre en un intento para evitar que fueran destruidos. Este museo, junto con la gran concentración de granjas y lugares de interés de la ciudad y el acceso a la zona hacen de Ogimachi el mejor lugar de Shirakawa-go y Gokayama para ver granjas gassho-zukuri. La aldea es pequeña (aproximadamente 1km de superficie) por lo que es fácil recorrerla a pie.

Cruzamos el puente y pasamos bajo una gran torii de piedra. La aldea está compuesta por varias casas gassho-zukuri pero también hay otras de madera sin los grandes tejados de caña. Todas las casas tienen huertos y muchas de ellas las han convertido en tiendas de artesanos. Hay alguna destilería de sake e incluso un templo.

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En la guía personalizada que me hago para todos los viajes, llevaba apuntadas las casas más importantes a las que se puede entrar, hay que pagar 300¥ para entrar en cada una de ellas. Decidimos ir hacia la casa y templo Myozenji (300¥ pp). Éste templo es el único que cuenta con techo de paja al estilo gassho-zukuri en lugar de las típicas tejas vistas en la mayoría y está conectado a la casa de campo Myozenji-ke. Según las guías, el propietario de la casa habla inglés y enseña los edificios, sin embargo nos topamos con un tipo que no habla ni papa de inglés, un monje que tan solo nos mira y con señas nos mandan al ático tras cobrarnos la entrada, eso sí.

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campanario del templo

Lo recorremos y vemos la forma de construcción del techo de paja por dentro, vemos que tienen algunas herramientas de campo expuestas. Pero no recibimos ninguna explicación y los carteles solo están en japonés. Un señor nos ofrece hacernos una foto con un Sarubobo, nos la hace con su cámara y con la nuestra y sospechamos que luego nos querrán cobrar pero como no se saben explicar nos quedamos con la duda.

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ático de la casa

Bajamos al piso principal y allí por señas nos mandan hacia el templo al que podemos entrar para visitarlo. Su altar y sus paredes está decorado con pan de oro, y cuenta con unas bonitas puertas de papel. No sé si se puede hacer fotos o no, no veo ningún cartel en inglés y estamos solos, así que echo unas poquitas sin flash.

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Tras visitar el templo, volvemos de nuevo a la casa y una chica nos dice que si queremos podemos comprar la foto. ¡¿ah, ahora si me hablas en inglés, eh?! 😛 Como la llevamos en nuestra cámara también y la que nos ofrecen es cara, pasamos de largo con una sonrisa y un arigato (gracias)…

Salimos de nuevo a la aldea y seguimos recorriendo sus calles y viendo las casas por fuera. Decidimos que no entraremos en ninguna más, ayer vimos muchas en Hida -de todos los tipos- y allí si estaba todo en inglés con buenas explicaciones mientras que aquí nos parece que van al negocio pero sin dar ninguna explicación en inglés y nos sentimos un poco estafados.

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En esta casa tenían matas calabacines ¡enredados por el tejado!

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Recorremos el pueblo hasta llegar al otro extremo, dónde hay un estanque lleno de nenúfares y unas bonitas vistas de las casas.

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Nos compramos un helado de soja riquísimo (270¥ los dos) y luego entramos en algunas tiendas de artesanía y encurtidos mientras hacemos tiempo hasta las 11h para volver al bus. ¡¡Menudo calor hace, no parece que estemos en octubre en los alpes!!

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A pesar de que el entorno natural de este lugar es precioso, se respira mucha paz y la aldea en si es muy bonita, no nos acaba de gustar la excursión. Nos parece todo muy caro, tanto el llegar hasta aquí como la entrada a las casas, para que además tengas que verlas tú solo e intentar averiguar lo que pone en los carteles en japonés. No aprendes nada ya que no te enteras ni de cómo las construían ni de cómo vivían allí y todo está enfocado a sacar dinero al turista (entradas, tiendas…). Así que la valoración general es negativa y recomendamos al 200% Hida No Sato antes que Shirakawago. Ahora, si dispones de días y no llevas un presupuesto apretado, haz las dos y podrás comparar 😉

Tomamos el bus de vuelta a Takayama y a las 12h ya estamos allí. Comemos unos ramen riquísimos cerca de la estación y nos vamos al hostal, necesitamos una ducha y una siesta con urgencia después del madrugón y la chicharrina que hemos pasado.

A eso de las 15,30h y con las pilas cargadas de nuevo, salimos dispuestos a visitar los templos de la ciudad. El primero es el Templo de Hida Kokubunji (gratis) construido en el 764 por el emperador Shoumu, y que se encuentra a pocos minutos a pie del hostal.

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Alberga una bonita pagoda de 3 pisos única en la región de Hida que originalmente era de 7 pisos y que tras los años fue disminuyendo de tamaño hasta quedar en 5, y posteriormente en 3 tras una guerra. Hay una piedra de 1,8m de diámetro en el recinto que se cree que era la primera piedra de la pagoda de 7 pisos. Encontramos un gran árbol de ginko de 38m y milenario considerado Tesoro Nacional.

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De este templo nos llama la atención que las ofrendas no son tablas ema ni otros amuletos shinto a los que estamos acostumbrados, si no ¡peluches de Sarubobo!

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Nos gusta mucho este lugar, rodeado de árboles en los que se respira paz y del que podemos disfrutar a solas. De aquí nos vamos por las calles comerciales Kokubunji, cruzando el puente de madera lacada en verde de Kaji-Bashi y siguiendo por la calle Yasugawa hacia el norte de la ciudad.

Llegamos al templo Takayama Betsuin, construido por la principal rama del budismo en Hida, Jodo Shinshuu. Originalmente se encontraba en Shirakawago y fue trasladado hasta aquí para transformarlo en el templo principal de los discípulos de la secta Shinshu en Hida.

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Seguimos calle arriba y llegamos a la zona de templos de Higashiyama que cuenta con más de una docena de templos, un cementerio, un santuario en lo alto de la montaña y un parque. Hay unas bonitas vistas de la ciudad desde aquí. Durante una hora larga recorremos estas calles plagadas de templos.

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Cuando ya estamos saturados de tanto templo, bajamos callejeando hasta llegar a la Biblioteca Municipal dónde hacemos parada en boxes y nos tomamos unos refrescos de unas máquinas que hay junto a un banquito, desde allí vemos como el encargado de la biblioteca baja las banderas de Japón y de la ciudad de sus mástiles al son del himno de Japón, os dejo un vídeo:

Bajamos de nuevo por las calles comerciales del centro hasta llegar a la estación JR Takayama. Nuestro objetivo era ir a relajarnos un poco a los baños de pies, pero unos nos parecieron una cutrez -básicamente una fuente en medio de la calle frente a un hotel- y para el otro teníamos 15 minutos más de caminata y ¡estamos agotados! Así que buscamos sitio para cenar, tomamos una riquísima ternera de Hida para despedirnos de la región, pasamos por un kombini a comprar el desayuno de mañana y unas chuches para el viaje, y nos volvemos al hostal. Llevamos más de 4h andando sin parar y estamos ko. Decidimos llenar la bañera de la habitación y disfurtar de un bañito para quitarnos el cansancio de encima Mr. Green Y ya relajados, a dormir que mañana toca madrugar de lo lindo, ¡¡otra vez!!

 

06/10/13: Takayama y Hida no Sato, lugar de tradiciones… y al fin, ¡¡compramos el barrilete de sake!!

Día 10: conocemos un Japón más rural…

Un nuevo día amanece en Japón y nosotros nos vamos al siguiente destino en nuestra ruta: ¡Takayama! Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, recogemos el equipaje y nos ponemos en marcha. Cogemos el tren directo a Toyama de la compañía Japan Railways de las 7,10h para acortar el trayecto y a las 8h nos montamos en el JR Limited Exprés Hida al que mi marido bautiza como el “Shin-borreguero” ¡jajaja! Es un tren diésel con velocidad punta de 81km/h y una velocidad media de 35km/h -medido con GPS- que en hora y media nos lleva a Takayama contaminando por un tubo pero mostrándonos paisajes de montaña muy chulos Mr. Green

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Llegamos sobre las 9,30h a Takayama. Pedimos un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y para nuestra sorpresa ¡nos lo dan ¡en español! Haremos una estancia de dos noches en la ciudad, y para ello escogimos el hostal J’Hoppers Hida Takayama por 12000¥ (los dos en habitación doble con baño privado). Así que nos dirigimos hacia allá para descargar, tardamos unos 5 minutos a pie desde la estación. Tengo que decir que las chicas que hay en la recepción son súper majas, una de ellas ha estado dos veces en Barcelona y nos dice que es su ciudad europea favorita (me cae bien esta chica…  Muy feliz ). Nos guardan las mochilas, chaquetas y paraguas sin problemas hasta el mediodía que podremos hacer el check-in y nos explica en qué consiste el matsuri que se celebra aquí en dos días, una pena porqué no hubo forma de cuadrar el itinerario para coger éste tampoco y ¡pinta muy chulo!

Takayama (高山): conocida por sus viejas tabernas, sus tiendas y sus destilerías de sake, Takayama es toda una rareza. Es una ciudad del S. XX (si bien, pequeña) que ha sabido mantener el sabor tradicional. Su encanto reside en sus animados mercados matutinos, sus templos en la colina y sus afables habitantes.

La idea para hoy es visitar la ciudad por la mañana sin ningún agobio y por la tarde acercarnos a Hida no Sato. Para mañana tenemos contratada la excursión que organiza el J’hoppers para ir a Shirakawago y aún nos quedará otra noche… Cuando organizamos el viaje, preveíamos que este lugar nos gustaría, así que decidimos darle dos noches y aprovechar para aflojar un poco el ritmo que ya son 11 días desde que salimos de casa y no ¡hemos parado!

A otros 5 minutos a pie más o menos nos topamos con el puente Naka-bashi de madera lacada en rojo que cruza el río Miyagawa.

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Justo al lado se organiza uno de los mercados matutinos, en los que venden básicamente fruta y verduras, encurtidos, conservas y alguna artesanía.

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El mercado está enfrente de la casa gubernamental Takayama Jinya. Se trata del último edificio gubernamental del período del shogunato Tokugawa del período Edo.

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El hermoso edificio de estilo tradicional japonés se construyó en 1615 como centro administrativo del clan Kanamori, pero los sogunes se lo arrebataron más tarde. La entrada principal estaba reservada a los altos cargos. El edificio actual data de 1816 y sirvió de sede del Gobierno local hasta 1969, hoy día está abierto al público como museo. La entrada cuesta 500¥ (por persona) y hay visitas guiadas en inglés gratuitas, pero tenemos que esperar más de 1h para el siguiente grupo, por lo que decidimos verlo por libre.

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Todas las salas cuentan con carteles informativos que explican a qué estaban destinadas y explican algo de la historia de la ciudad.

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Además de las oficinas, hay un granero dónde almacenaban el arroz a la forma tradicional y que era usado como moneda de pago. Es considerado el más grande de Japón así como uno de los más antiguos, por lo que no dejan hacer fotos en el interior. El edificio está rodeado de un bonito jardín zen. Además cuenta con una sala de tortura en la que se explican los procedimientos al detalle. No me parece demasiado dura después de haber visitado la del Palacio de los Reyes Católicos de Córdoba que era de la Santa Inquisición, la del Palacio Ducale de Venecia o el Museo de la Tortura de Carcassonne…

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En las distintas salas, muestran objetos y documentos oficiales de los señores feudales del pasado, mapas antiguos de la región de Hida y planos de otras ciudades históricas. Nos parece una visita de lo más interesante y el edificio es chulísimo. A la salida, paramos en boxes y nos tomamos un café de las máquinas.

Tras la visita al Takayama-Jinya, cruzamos el puente y nos adentramos en la San-machi-suji o casco antiguo de la ciudad que está cruzando el rio. El distrito cuenta con tres calles principales (Ichi, Nino y San-no-machi) y está lleno de restaurantes, tiendas tradicionales, museos, destilerías de sake… éstas últimas se distinguen porque sobre sus entradas cuelgan bolas de cedro.

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destilería de sake

Muchos de los edificios de esta zona datan del periodo Edo (1600-1868) y es genial poder pasear por esas calles tan tradicionales imaginando cómo sería en aquél entonces…

Ya comenté en el diario del primer viaje, que el día que nos íbamos vimos en una tienda del Dutty Free del aeropuerto de Narita unos barriletes de sake como los que ofrecen en los santuarios y nos pesó mucho no poder llevarnos uno (sobrepasaban los 100 ml que marca la normativa como equipaje de mano), así que teníamos muy claro -y más sabiendo que Takayama es conocida por ser una de las principales productoras de sake del país- que en este viaje caía uno ¡fijo! Así que mientras paseamos por las calles y vemos las Old Private Houses, vamos entrando en las destilerías que vemos hasta ¡¡¡dar con el barrilete!!! Mi marido ni se lo piensa, compramos uno de 2,5 litros de sake, otro más pequeño de 1L para unos amigos y un jarrón de cerámica que también va relleno de 0,5L. Además nos compramos una botella de sake sin filtrar, algo muy raro de encontrar. Vemos que junto a la caja tienen la etiqueta de Yamato Transport, y se nos ilumina la bombilla… le preguntamos al dueño si es posible enviar los sake que hemos comprado al hotel de Tokyo (y así evitar ir cargados hacia Matsumoto y luego hacia Tokyo) y nos dice que sin problema. Le damos la dirección del hotel y la fecha de llegada a allí y nos calcula el precio en base al peso como “frágil y refrigerado”, 8000¥ que pagamos gustosos con tal de no ir cargados como mulas Muy feliz ¡¡¿¿he dicho ya que me encanta la practicidad de este país??!!

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¡¡nuestro barrilete!!

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Jarrón con vasito incluido…

Más contentos que unos niños con zapatos nuevos, decidimos irnos hacia la zona de la estación JR a comer, así ya estamos allí para coger el bus hacia Hida No Sato después. Habíamos visto un par de tabernas cuando llegamos que nos llamaron la atención, así que nos fuimos derechos hacia ellas. Una solo la abren por la tarde, así que entramos en la otra dónde los carteles muestran unos ramen tremendos con carne de Hida asada. Por unos 1200¥ los dos, ¡nos ponemos hasta arriba de los mejores ramen que hemos probado nunca!

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¡aún se me hace la boca agua al acordarme de ese ramen!

Tras la comida, cruzamos la calle hacia la estación de buses para comprar el pase combinado de bus ida y vuelta + entrada para Hida No Sato (900¥), lo compramos en las máquinas que hay fuera, puesto que dentro hay mucha cola. Tenemos que esperar una media hora larga ya que el bus acababa de pasar, pero aprovechamos el wifi de la estación para ponernos al día. Al fin llega el Sarubobo Bus… ¡¡vaya retrobus de categoría!! Mr. Green Mr. Green

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Nos subimos al piso de arriba y en unos 10 minutos estamos en Hida No Sato. Casi llegando a allí nos llama la atención un edificio dorado enorme. Tiene pinta de secta :S

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Cuando tenemos conexión a internet. miramos qué es y vemos que se trata de la sede principal de una nueva religión nacida en Takayama, “La luz de la verdad”, basada en la creencia de que Cristo estuvo en Japón y no murió crucificado como dice el catolicismo si no de anciano en Japón… sin comentarios… Os dejo enlace a su web sukyomahikarieurope.org/en/ y de Wikipedia es.wikipedia.org/wiki/… D_Mahikari por si os interesa saber más sobre el tema.

Hida Folk Village o Hida no Sato, es un museo al aire libre que exhibe más de 30 granjas y casas tradicionales de la región de Hida, distrito montañoso de la Prefectura de Gifu. Las casas fueron construidas durante el Período Edo (1603-1867) y fueron trasladadas desde sus lugares de origen hasta aquí para crear el museo en 1971. Mantiene la atmósfera de un pueblo de montaña.

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mapa del Museo

El museo cuenta con edificios como la casa del ex jefe de la aldea, del tala cabañas, almacenes y una serie de caseríos gassho-zukuri.

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La mayoría de las granjas llevan el nombre de sus techos de paja escarpadas que se asemejan a un par de manos unidas en oración (“gassho“). Algunas fueron trasladadas aquí desde la cercana Shirakawago, donde las casas gassho-zukuri son reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Todos los edificios exhibidos en el Hida Folk Village están cuidadosamente preservados y abiertos al público.

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Lo que más nos gusta de Hida, además de poder ver las casas tradicionales de la zona es el poder entrar en todas ellas, conocer cómo vivían y cómo se organizaban en estas aldeas. Todas las casas cuentan con carteles dónde explican la historia de la casa original, costumbres, cómo se construyó, etc. Además muestran herramientas y utensilios usados en la vida cotidiana de la época y tienen una arquitectura de madera única. En algunas casas imparten talleres.

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Usaban un hogar para calentar la casa, cocinar y secar la ropa. Sobre ellos, colocaban unas plataformas de hierro colgadas del techo que en caso de subir demasiado las llamas lo hacían caer sobre el fuego y lo apagaban, evitando así incendios.

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Aprendemos cómo construían esos tejados capaces de aguantar varios metros de nieve sobre ellos.

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detalle del tejado

Seguimos recorriendo el recinto y vemos que hay una gran campana traída desde un templo de la región, dicen que si la haces sonar y pides un deseo mientras dura el eco se cumple, así que allá va Carol-San a hacerla sonar Guiño

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Entre los pinos, vemos plantaciones de setas shiitake, es curioso porque esta zona es una de las que más producen y a mi se me hace la boca agua solo de recordar su sabor y aroma 😛

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También hay en lo alto de una colina un pequeño templo que normalmente está cerrado al público pero que tenemos la suerte de encontrar abierto por las fiestas del matsuri, así que podemos deleitarnos con las pinturas de sus techos.

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Vemos estas dos piedras, que según dice el cartel explicativo cada una de ellas pesa unos 70kg. Las usaban para medir la fuerza y concentración de los hombres de la aldea, ya que además de levantar el peso debían ser capaces de evitar que les resbalara (por la forma que tienen).

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Mientras recorremos el lugar, escuchamos a pocos pasos de nosotros un grito de una mujer. Nos acercamos al grupo y vemos a una japonesa que corre de un lado a otro gritando súper asustada. Uno de los hombres del grupo nos dice en inglés que han visto una serpiente y por eso la mujer grita así. Nos acercamos un poco más y se trata de una pequeña serpiente de unos 30cm de largo que corre más asustada que la mujer a esconderse. Menudas risas tiene el grupo a costa del pobre bicho y de la pobre mujer… Nosotros seguimos con el camino de vuelta a la zona de la entrada al Museo al aire libre.

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Junto al lago, tienen también unas casetas con juegos tradicionales japoneses. Nos pasamos un buen rato allí bien entretenidos… Muy feliz Antes de irnos, hacemos parada en boxes y nos tomamos unos batidos de las máquinas. ¡Riquísimo!

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¡Este lugar nos ha gustado mucho y lo recomendamos al 100%! Cumple con las 3 B (bueno, bonito y barato) Guiño

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Sobre las 16,30h estamos de vuelta en Takayama, estamos cansados por el madrugón y la caminata que llevamos ya, así que decidimos volver al hostal, hacer el check-in y echarnos un rato la siesta, hay que probar el futón de nuevo 😉

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A las 18,30h nos ponemos en marcha de nuevo, salimos a ver Takayama de noche. Paseamos por las calles comerciales cercanas al hostal y aunque teníamos pensado cenar en alguno de los restaurantes recomendados en el foro Los Viajeros, la taberna que hay frente a la estación y que a mediodía estaba cerrada, nos llama mucho la atención. Así que vamos hacia allá.

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Entramos, y la mujer que hay en la recepción nos hace quitar los zapatos y dejarlos en unas taquillas que hay junto a la entrada. Una vez descalzos, nos lleva por un largo pasillo con cubículos privados a lado y lado hasta el nuestro. (Perdonad la calidad de las fotos, las eché con mi móvil de aquella época que con poca luz hacía lo que podía…)

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los cubículos privados

Al principio nos rayamos un poco porqué pensamos que tendremos que estar arrodillados durante toda la cena frente a esas mesas bajitas que tan poco me gustan… pero disimuladamente miro cómo están los de los cubículos aledaños y veo que están sentados con las piernas en un hoyo que hay bajo la mesa, ¡¡¡uff!!! Ahora si, cómodos y más relajados, nos miramos la carta. Es una izakaya, por tanto puedes escoger menús cerrados que incluyen varias tapas, o bien coger platos sueltos. Nos decantamos por probar un poco de todo. Después de tantas cenas de kombini nos apetece algo con un poco de categoría Sacando la lengua Éstos son algunas de las que pedimos.

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Yakitori o pincho de pollo

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niguiris de salmón braseado con caviar de salmón

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wagyu de Hida (ternera premium) a la plancha con setas

Repetimos el plato de wagyu de Hida que ¡¡estaba de rechupete!! Y de postre pedimos un variado de dulces japoneses, con los que nos invitan a un chupito de shōchū riquísimo. Comemos y bebemos fenomenal por 3800¥ los dos. Es algo caro, pero de verdad que solo por probar esa ternera que se deshace en la boca ¡¡ya lo vale!!

Compramos en un Family Mart que hay cerca algo de desayuno para mañana (600¥) y nos vamos a dar un paseo por las calles principales para bajar un poco la cena y ver el ambiente tan tranquilo que se respira en esta ciudad.

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Y tras el paseo volvemos al hostal, hoy ha sido un día muy guay y mañana toca madrugar de nuevo 🙂

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