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11/10/13: Bosques, cascadas, lagos y templos pintorescos en Nikko

Día 15: descubrimos un Japón diferente en Nikko

Hoy toca hacer una excursión que nos quedó pendiente en el primer viaje, Nikko. Como sabéis, fuimos a Japón por primera vez dos meses después del tsunami de 2011, realmente podríamos haber ido a Nikko pero para tranquilidad de los nuestros evitamos “acercarnos” a Fukushima, así que quedó pendiente para la siguiente ocasión. Y ahora llegaba el momento Heart

Nos levantamos bien temprano, desayunamos en el hotel y salimos hacia la JR Tokyo (tan solo tardamos 4 minutos desde JR Shimbashi) dónde a las 8,08h cogeremos el shinkansen hacia Utsunomiya. Es nuestro último día de Japan Rail Pass y ¡hay que aprovecharlo! Riendo

Decidimos no reservar los billetes para el día de hoy, ya que no sabíamos exactamente el rato que pasaríamos en Nikko. Mientras esperamos que arranque el tren, vemos en las pantallas que éste tiene parada en Fukushima, así que grabo un vídeo para enviárselo a un compi del trabajo que me ha dado mucho la brasa (otra vez) con el tema de la radiación. Doblemente malvado Mr. Green

El trayecto dura unos 50 minutos. Al llegar a Utsunomiya, cambiamos cogemos un tren local de la línea JR Nikko Line. Es un tren viejuno y ya suponemos que pasará por una vía del estilo a las de Takayama al tratarse de una zona montañosa. En 42 minutos de “shin-borreguero” -como bautizó mi marido a estos trenes- llegamos a Nikko.

Nikko (日光): A dos horas en tren de Tokyo, es al mismo tiempo una maravilla de belleza natural y un importante emplazamiento de obras maestras arquitectónicas de Japón. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999. La mayoría de los edificios de los santuarios, así como numerosos elementos, han sido catalogados como Tesoros Nacionales o valioso patrimonio cultural.

Son las 9,54h y sé por la info que saqué del foro Los Viajeros que a las 10,01h sale un bus hacia las cascadas… queremos empezar la ruta de hoy por esa zona así que a paso ligero vamos de la JR Nikko a la Tobu Nikko, compramos los pases del bus (2000¥ pp -el pase de dos días-) y con ciertos problemas por lo mal indicado que está, conseguimos dar con el bus que sube hacia el lago y las cascadas ¡in extremis! Aunque son solo 15km de trayecto, es una carretera de montaña con unas pendientes y unas curvas por las que cuesta creer que los buses vayan por ahí… así que se convierte en un paseo de 50 minutos.

El bus nos deja en la terminal de bus de la zona norte de Nikko y en menos de 5 minutos estamos junto a la cascada Kegon (Kegon no Taki). Con casi 100m de altura es una de las tres cascadas más bellas de Japón y la más bonita de esta zona. Es la única vía de escape de las aguas del lago Chuzenji. Vamos hacia la plataforma de observación gratuita y nos maravillamos con las vistas! Heart Aunque ayer ya vimos otras cascadas en los lagos del Fuji, ésta nos gusta mucho. Estamos a unos cuantos metros de distancia y aún así nos llega el agua que salpica al caer. Están rodeadas de unos precipicios preciosos y de un bonito bosque entre las montañas.

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Decidimos pagar para coger el ascensor (530¥ pp) para observarlas casi en su base. Aquí hace más frío que arriba, queda a la sombra y junto a la humedad del lugar necesitamos echar mano a las sudaderas. Las vistas desde aquí son aún más impresionantes.

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Tras un buen rato de disfrutar de las vistas, de echar unas cuantas fotos y vídeos estrenando mi cámara nueva 🙂 cogemos de nuevo el ascensor para volver arriba. Nos compramos unas bebidas en las máquinas que hay y luego vamos hacia el lago en un corto paseo de unos 10 minutos. Junto a él vemos una gran torii de madera, muy similar a la de Kyoto.

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Según íbamos subiendo con el bus, vimos que la niebla se iba dispersando y aquí aún queda algo de ella, aunque luce el sol. Se nota que estamos en zona montañosa y a una cierta altura porque hoy no nos sobran para nada las sudaderas…

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El lago Chuzenji (Chuzen-ji-ko) es un pintoresco lago en medio de las montañas al norte de la ciudad de Nikko. Se encuentra a los pies del Monte Nantai, el volcán sagrado de Nikko, cuya erupción bloqueó el valle, creando así el lago hace unos 20.000 años. Se encuentra a 1269m de altura sobre el nivel del mar.

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Vemos que hay barquitos con forma de cisne para dar un paseo por él, varios restaurantes y hoteles en su orilla y aunque sabemos que al otro extremo se encuentra el templo Chuzenji, no conseguimos distinguirlo a través de la niebla. Es tentador quedarse en esta zona y verla con calma, pero ambos tenemos dolor de cabeza (supongo que por la altitud), así que decimos volver a la estación de buses y coger el siguiente autobús que baja hacia el centro de Nikko. Son las 12,15h y tenemos unos 45 minutos de bajada. De nuevo nos impresiona sobremanera la carretera de Dios por la que pasa el bus.

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Decidimos bajar en la parada de Nishisando con intención de ver el abismo. Pero antes hacemos un alto para comer. Aunque muchos en el foro recomiendan un restaurante de lo más pintoresco en Nikko, estamos lejos de él, así que nos decidimos por un pequeño restaurante-tienda de encurtidos cerca de la parada. La señora que lo lleva no habla ni papa de inglés pero con las fotos de la carta y señas nos entendemos a la perfección. Comemos un riquísimo bol de ramen con un buen té (unos 2000¥ los dos) que nos va de perlas para entrar en calor.

Y ahora si, a eso de las 14h y con la tripa llena, vamos hacia el abismo de Kanmagafuchi. Según la guía hay un paseo de 10-15 minutos a pie, aunque a mi me pareció algo más. Formado por una erupción del cercano Monte Nantai, este pequeño barranco cerca del centro de Nikko tiene un agradable sendero para caminar junto al río ofreciendo un paisaje precioso. También conocido por su fila de cerca de 70 estatuas de piedra de Jizo, un Bodhisattva que cuida de los niños fallecidos y de los viajeros.

Ya sabíamos por comentarios del foro y fotos que habíamos visto que lo de “abismo” le queda un poco grande… y aún así, una vez allí nos echamos unas buenas risas con el tema Mr. Green Mr. Green Desde luego si vas con la mentalidad de ver un abismo como tal, quítatelo de la cabeza. Eso si, me pareció un lugar fascinante. A un lado, encuentras la hilera de Jizo cubiertos de musgo, al otro el pequeño barranco por dónde baja el agua que proviene del Chuzenji, con una gran fuerza formando grandes remolinos en el agua y puliendo las grandes rocas que lo bordean. Im-presionante, de verdad. Y como vale más una imagen que mil palabras, ahí os dejo algunas instantáneas. Heart

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Tras un buen rato allí y después de tomarnos un café calentito de una de las máquinas que había en la zona, seguimos con la ruta. Cuando planeamos la excursión de hoy pensábamos ver los principales templos de la zona pero en verano decidieron quitar el pase que incluía la entrada conjunta a todos ellos y cobrar por separado cada templo, haciendo que subiera el precio…, luego además cubrieron el Rinnoji para restaurarlo y además pensamos en que ya llevaríamos un par de semanas por Japón recorriendo templos y que posiblemente estaríamos empachados, así que decidimos descartar templos y quedarnos solo con el Toshogu, uno de los más importantes. Y ahí es a dónde nos dirigimos. Tras unos 30minutos andando llegamos a la zona de los templos. Enfilamos unas escaleras de piedra que llevan hasta el Rinnoji y el Toshogu y nos adentramos en el bonito bosque que los rodea.

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En primer lugar pasamos junto al Rinnoji, el templo más importante de Nikko. Fue fundado en 766 por el monje Shodo Shonin quien introdujo el budismo en Nikko en el s. VIII. El templo está totalmente cubierto por lonas ya que están en obras de restauración, así que echamos unas fotos al Gomado Hall, el único edificio que queda descubierto y seguimos.

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Llegamos hasta la gran torii de piedra que marca la entrada al Santuario Toshogu, considerado como la principal atracción de Nikko. Construido en 1636, se trata del mausoleo de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa que gobernó Japón durante más de 250 años (hasta 1868), y dedicado a los espíritus de Ieyasu y a otras dos personalidades históricas más influyentes de Japón: Toyotomi Hideyoshi y Minamoto Yoritomo.

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Nada más cruzar la gran torii uno ya es consciente de que este complejo de templos es algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Japón, y aunque no es exclusivo de esta región será lo único de esta arquitectura que verás en un viaje “tradicional” a Japón. El santuario está formado por más de una docena de edificios sintoístas y budistas y están envueltos por un bonito bosque. Destacan sin duda la gran variedad de colores así como los elaborados gravados de cada uno de los edificios.

Junto a la torii hay una gran pagoda de cinco pisos en un llamativo color rojo que destaca entre el verdor del bosque. ¡Increíble!

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Avanzamos hasta la taquilla dónde compramos el ticket que incluye la entrada a todos los edificios del santuario (1300¥ pp). No entraré en detalle en relatar cada edificio que visitamos aquí, pero si mencionar que si os gusta la naturaleza no os podéis perder la visita a este lugar.

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Del santuario destacan tres cosas como “más importantes”, la primera es el templo que contiene los grabados de los tres monos de la sabiduría (conocidos popularmente por los monos del WhatsApp) que enseñan el tradicional “ver, oír y callar” al modo nipón, en este punto había un montón de escolares recibiendo las explicaciones por parte de sus maestros Muy feliz

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Por otro lado tenemos la sala del “Rugido del Dragón“. No hablaré demasiado de ello porqué me pareció una turistada al 200%, quizá si se esforzaran por dar las explicaciones previas al “rugido” me gustaría más… Y por último, la escultura del Gato Durmiente… ¡que aquí ya me mataron! Se trata de un ascenso por unas empinadas escaleras de piedra -y no corto precisamente- para ver una estupa que se supone contiene al dichoso gato… si me lo cuentan antes, teniendo en cuenta el estado de mi espalda, no subo… ¡¡estuve a punto de hacerme el harakiri!! Avisados quedáis, futuros viajeros Mr. Green

Y aunque leyendo mi último párrafo pueda parecer una chorrada ir a este santuario, ¡para nada! Los edificios son súper bonitos, algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver y con un entorno natural fantástico, solo por eso ya merece la pena la visita. Eso si, no os dejéis engatusar, sobretodo por ¡lo del gato! Sacando la lengua

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Algunos edificios estaban cubiertos de andamios por obras de restauración pero pudimos ver la gran mayoría sin problemas. Tras la visita y a punto del cierre del templo, decidimos seguir con la ruta. Antes por eso, compramos unos souvenirs, algunos a los mismos monjes del templo y otros, en las tiendecitas que hay fuera del recinto del Toshogu, cómo no… de monitos va la cosa Riendo

 

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Y para terminar la ruta de hoy, nos dirigimos al Puente sagrado Shinkyo, totalmente lacado en rojo forma un gracioso arco sobre el río Daiya. La leyenda cuenta que el ermitaño que dio origen a Nikko atravesó el río a lomos de dos serpientes, representadas hoy en día por los brazos del puente. En la época feudal, sólo el emperador tenía derecho a cruzarlo y lleva hasta un parque de 16.000 cedros situado cerca del Toshogu, aunque técnicamente pertenece al Santuario Futarasan. El puente está considerado como uno de los tres mejores puentes de Japón y fue construido en 1636. Hoy en día también se puede cruzar pero hay que pagar por ello y lleva hasta un pequeño templo que hay a la otra orilla del templo.

Me dispongo a echar unas fotos cuando notamos que el puente dónde estamos y que queda frente a al Shinkyo empieza a temblar. En un principio pensamos que es porqué está pasando un camión, pero el temblor continua… así que nos apartamos unos metros del puente y esperamos a que pase, vaya sitio de cogernos un terremoto ¡¿eh?! Tan sólo dura unos segundos más y ahora si, volvemos al puente para echar las instantáneas del Shinkyo.

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A estas alturas del día estamos bien cansados y aunque hay solo unos 30 minutos a pie hasta la estación JR, decidimos esperar al siguiente bus aprovechando que tenemos el pase. En pocos minutos llega y en un momento estamos en la estación de trenes de la Tobu. De ahí, caminamos hacia a la estación JR Nikko (están una junto a la otra) y miramos los horarios para volver a Utsunomiya… aún faltan unos 30 minutos para el siguiente tren, así que nos tomamos un refresco de las máquinas y esperamos.

Tomamos el tren que conforme se acerca la hora de partir se va llenando y en unos 45 minutos volvemos a estar en JR Utsunomiya. Como no llevamos los billetes reservados, vamos hacia la zona de “no reservado” del andén y nos toca hacer una buena cola… aquí ya vemos que el shinkansen a Tokyo va a ir a petar… y efectivamente, nos toca ir de pie una buena parte del trayecto Ojos que se mueven

Y aquí me pasa algo curioso y que me desmonta bastante la visión de gente amable que tengo de los japoneses… ya me llama la atención que habiendo mujeres de pie y hombres sentados, ninguno sea capaz de levantar el culo y ceder el asiento y eso que había algunas señoras ¡muy mayores! Ojos que se mueven Cuando llegamos a la parada de Omiya, el señor que está sentado junto a mi (yo de pie en el pasillo) se levanta para bajar y un hombre -más o menos de mi edad- intenta quitarme el sitio, estando yo prácticamente sentada ya… y con muy mala cara me dice “¡gaijin!” (es la forma despectiva de llamar a un extranjero en japonés) Malvado o muy loco Os juro que le pegué una mirada de mala hostia española que se giró de golpe y me dejó quedarme sentada Pelea Pelea No me comporto nunca así, pero me sentó fatal su reacción de empujarme para levantarme y su “insulto” porque además yo me encontraba fatal… ¡uff! que mala leche me entró Avergonzado eso si, me senté que ya lo necesitaba, tremendo dolor de espalda llevaba ya… a la siguiente parada se bajó el señor que estaba sentado a mi lado, y ya se pudo sentar mi marido conmigo, el otro hombre no hizo ni amago Mr. Green

Al llegar a Tokyo, ya no tenemos fuerzas para nada… con lo cansados que íbamos, solo nos faltaba tener que viajar casi todo el trayecto a pie (vaya último trayecto en Shinkansen Sacando la lengua ), así que decidimos coger la JR Yamanote hasta Shimbashi, comprar cena en un Family Mart que hay cerca del hotel e irnos a descansar. Nos pica la curiosidad por saber si el temblor que notamos en el puente era un terremoto de verdad… buscamos por internet y afirmativo, se trataba de un terremoto de 6 y pico con epicentro cerca de Utsunomiya.

Éste ha sido nuestro último día de excursiones y nos quedan por delante tres días para disfrutar al máximo Tokyo antes de partir… ¡tan solo nos quedan unos días por Japón! Confundido Chocado

Antes de dormir, pasamos un ratito viendo los trenes (Shinkansen, monorail y locales) que pasan frente a nuestra ventana.

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Y ahora si, ¡buenas noches! sleep
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10/10/13: Fuji-Go-Ko, su belleza, sus leyendas y sus misterios…

Día 14: descubrimos la falda del Monte Fuji y pasamos uno de los mejores días en tierras niponas.

Hoy es un día muy esperado en nuestra ruta por tierras niponas ya que tenemos reservada la excursión a los lagos del Fuji con Augusto de rutafujitours.tk/ y nos hace especial ilusión. En nuestro primer viaje nos decantamos por visitar Hakone desde dónde se dejó ver por unos minutos el monte más importante de Japón y en esta ocasión, decidimos visitar el Fuji de más cerca.

Así que tal y como nos indicó Augusto en sus mails, nos levantamos bien temprano para tomar el Shinkansen Kodama que sale de la estación JR Tokyo y que llega a la estación JR Shin-Fuji (Shizuoka) a las 9,07h. Ya llegando a Shin-Fuji, el monte se ve bien despejado desde el tren, ¡¡qué ilusión!! Aplauso

Como os comenté, teníamos planeada esta excursión para otro día pero Augusto nos contactó para cambiarla de día ya que para se preveía mal tiempo en la zona. Y llegar y ver que hace un sol espléndido y que el cielo está despejado y se ve perfectamente el monte nos encantó 🙂

Al llegar a la estación, en seguida damos con Augusto, nos saludamos y nos presenta a la otra pareja con quien compartiremos la excursión, son un matrimonio español  afincados en México. Salimos a la calle y nos montamos en su monovolumen para ir hacia la primera parada.

NOTA IMPORTANTE: los que tengáis previsto hacer esta excursión con Augusto y queráis mantener (como hicimos nosotros) la sorpresa de descubrir in situ los lugares a los que te lleva, no sigáis leyendo y pasad directos a la próxima etapa del viaje.

Mientras nos dirigimos al primer punto de la ruta, vamos hablando un poco de todo y nos vamos conociendo. En este momento ya puedo decir que estamos totalmente satisfechos de habernos decidido a hacer la ruta con él… poder compartir experiencias niponas y aprender más sobre Japón y los japoneses con alguien que lleva viviendo más de 25 años en el país es genial. Para la otra pareja este es su primer viaje a Japón y la primera vez que ven el Fuji, van un poco a su rollo pero son majos.

La primera parada es el Santuario Fujinomiya Sengen Taisha, comúnmente conocido por Santuario del Fuji. Sus terrenos llegan hasta la 8ª estación en el ascenso al Fuji así que se considera la puerta sagrada de entrada al Fuji y es el santuario al que los peregrinos van a rezar por un buen ascenso al monte.

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Tanto el agua de la fuente de purificación como la del gran estanque que hay junto al santuario es agua de un manantial que proviene del interior del Fuji, dicen que tarda 10 años en filtrarse a través de él desde la cima hasta el estanque que hay junto al templo. Por tanto, aunque dejara de llover durante 10 años, emanaría agua de él. Augusto nos dice que podemos beber de ella y así purificarnos. Hace mucho calor y humedad, y el agua está fresquita, ¡nos parece riquísima!

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Junto al estanque, encontramos a un grupo de cámaras que van grabando a un chico joven. Se trata de un mago conocido en Japón y que tiene un show televisivo que está grabando un reportaje sobre el santuario para promover el turismo a la zona.

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Es increíble lo transparente que es el agua del manantial Wakutama Ike y la cantidad de litros de agua que hay.

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Desde aquí hay una buena vista del Fuji…

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Salimos del santuario y vemos un aparcamiento que hay en los terrenos de éste, Augusto nos comenta que aquí traen los vehículos nuevos para que los sacerdotes del santuario se los bendigan.

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Cogemos de nuevo el coche y vamos hacia las cascadas de Shiraito y las de Otodome. Son dos cascadas muy próximas al santuario y que se encuentran junto a un mercado de encurtidos, tisanas, artesanos… dónde nos dan a probar un rico té verde en uno de los puestos dónde Agusto conoce al dueño.

Las cascadas de Shiraito o del velo de la novia, cuentan con una altura de 30m y una extensión de 200m y deben su nombre a que da la impresión de estar hechas por hilos de seda.

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La Catarata de Otodome debe su nombre a que en este lugar se usaba para amenazar o algo más… ya que el gran ruido que hace el agua al caer tapaa cualquier otro sonido. Es asombroso la cantidad de agua que emana…

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De nuevo volvemos al coche y nos adentramos a las faldas del Fuji. Augusto nos explica cómo un peruano de abuelo japonés acabó en el país del sol naciente así como las dificultades con las que se encontró al llegar, la más importante: el idioma. Circulamos por una carretera estrecha como las típicas de montaña, con pendientes y curvas cerradas. Llegado a un punto Augusto nos explica que hay cámaras que graban las matrículas de los coches que entran y salen de esta zona. El motivo es que nos adentramos en los terrenos de Aokigahara Jyukai el “mar de árboles”, más conocido como el bosque de los suicidas. Confundido

Si, si… ¡como lees! Este bosque de más de 3000 hectáreas de extensión, es el lugar escogido por muchas personas cada año para poner fin a su vida. Se trata de un bosque que nació sobre la lava de la erupción del año 854 en el que apenas hay fauna, convirtiéndose en un lugar muy tranquilo. Además, su densa vegetación hace que entre poca luz solar y que sea fácil perderse en él. Cabe decir que en Japón, los familiares de los suicidas deben asumir los costes que puedan ocasionar con este acto (por ejemplo, si uno se tira al tren, su familia debe pagar los costes de limpieza, reparación e indemnización a los afectados) así que muchos son los que escogen este lugar alejado y “gratuito” para acabar con su vida, ya sea ahorcados, por sobredosis de fármacos o drogas, o inanición. Desde la década de los 70, cada año se hacen batidas organizadas por agentes forestales, ejército y voluntarios para limpiar el bosque de cadáveres y hasta hace unos años se publicaban las cifras de los cuerpos recuperados (varias decenas e incluso llegando a los 100 y pico/año) pero ya hace un tiempo que no se publican en un intento de no llamar la atención ni crear publicidad sobre ello, aunque hay varios libros que hablan del bosque e incluso alguna peli.

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La historia de este bosque con ese fin se remonta al Japón feudal en el S. XIX, cuando la gente de la zona abandonaba allí a los niños y/o ancianos que no podían mantener en épocas de hambruna y epidemias. Aunque ya habíamos leído algo al respecto, encontrarnos en este lugar y conocer a fondo su historia, impresiona de verdad. Mientras seguimos circulando hacia el siguiente punto del tour, Augusto nos va explicando todo esto. Le pregunto qué ocurre si ves a alguien que se adentra en el bosque y nos dice que en ese caso, pararía e intentaría convencer a la persona para que no lo haga y si éste entrara igualmente, llamaría a los forestales para que tengan constancia de que alguien se ha adentrado, aunque por lo visto, si alguien sospecha que un familiar o amigo puede haber ido allí, puedes llamar a los forestales y ellos miran en las cámaras si su coche está en la zona o se le ha visto entrar en algún punto, pero es la familia quien debe ir a buscarlo al bosque, ellos no entran a por él… pero la cosa está en que no solo se puede acceder en coche a él, también puedes ir en bus o incluso andando… así que es difícil de controlar la entrada de gente, ¡espeluznante! En algunos puntos vemos cintas de colores atadas a la valla que rodea al bosque o en árboles, Augusto nos explica que esas marcas las dejan los indecisos, por si luego se lo piensan que sepan salir del bosque… pero ver tantas cintas, algunas descoloridas e incluso cubiertas de musgo te dice que esa persona no se lo replanteó y yace en el bosque… ¡uff! 😦

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Llegamos a un aparcamiento, bajamos del coche y Augusto nos acompaña un trozo hacia un sendero que entra al bosque, pero nos dice que debemos seguir el camino y las indicaciones hacia la caverna de hielo pero que no nos acompaña si no que irá con el coche hacia la caverna, dónde nos esperará para ganar tiempo y no tener que desandar lo andado para volver al coche. Nos recomienda coger un jersey/chaqueta ya que en el bosque suele hacer más fresco. El recorrido son unos 30 minutos y si lo hacemos así ganamos media hora para ver más cosas… dice que es seguro si seguimos el camino y que estemos tranquilos que si en 40 minutos no hemos salido llamará a los forestales 😀 Tendríais que haber visto la cara de la otra pareja… yo creo que se les pusieron por corbata en cuanto oyeron “no os acompaño” 😛 nos despedimos de él y nos adentramos en el sendero. Perdonad pero muchas fotos se ven algo borrosas, luego explico el porqué.

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Es curioso pasear por este lugar… por un lado es un bosque muy bonito, con un intenso verdor, cubierto de musgo y con el terreno de piedra volcánica, pero por otro lado ves esas cintas de colores y piensas a lo que mucha gente va a allí y da mal rollo… Nosotros vamos paseando tranquilamente, viendo el paisaje cada uno sumido en sus propios pensamientos, confiamos en que si Augusto nos deja ir solos por aquí es que este tramo es seguro y no tiene pérdida, pero la otra pareja va con el turbo y nos dejan atrás continuamente, no tengo tiempo ni de parar a hacer fotos, así que prácticamente todas salen desenfocadas… ¡Sorry!

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Reina un silencio increíble entre nosotros. Inconscientemente miras a todos lados como “buscando” y es fácil confundir las ramas y huecos bajo los árboles con otras “cosas”. Apenas hay luz, las ramas de unos árboles se abrazan con otros. Hace fresco. No se oyen animales ni el cantar de los pájaros, solo silencio… y los otros ¡venga a correr! Mi marido y yo nos damos la mano y seguimos con el camino… sigues pensando en lo triste del lugar pero el entorno tan bonito que es… Miras unos metros más allá del camino y ves lo frondoso y espeso que se vuelve el bosque y piensas, si entro ahí me pierdo ¡seguro!

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En unos 20 minutos llegamos al final del sendero, dónde nos espera Augusto y la otra pareja que casi iban a la carrera, junto a un cartel que dice “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo” y un teléfono de ayuda psicológica.

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Nos sorprende el cartel ya que la mayoría de los suicidios en Japón son en gente de entre 16 y 30 años, y muchos lo hacen por la presión social que sienten por parte de sus mayores. Vemos que hay un camino que entra al bosque, cerrado por una cuerda. Augusto nos propone caminar unos metros por él para que veamos lo frondoso que se vuelve el bosque en un momento.

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Tras el impacto de este lugar, nos lleva a la Caverna de hielo de Narusawa. Formada por bolsas de gas atrapadas por la lava durante una potente erupción ocurrida hace mas de 1100 años, se trata de una serie cavernas con estalagmitas fantásticamente configuradas, y permanece helada incluso en los meses de verano.

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mapa de la zona

Nos colocamos unos cascos y nos adentramos con mucho cuidado, puesto que el suelo resbala un montón y la cueva es realmente baja en muchos momentos. Bajamos por unas escaleras bien empinadas y en seguida se nota como baja la temperatura. Llegamos a un punto en el que tenemos que andar de cuclillas y con mucho cuidado para no golpearnos con las rocas y para evitar resbalar. Augusto nos va haciendo fotos conforme avanzamos, se ha quedado nuestras cámaras, lo cuál agradezco.

Llegamos a un lugar dónde podemos ponernos de pie y vemos que hay un hueco en la piedra repleto de monedas, velas y amuletos, nos comenta que es un altar por “las almas del Fuji”. Seguimos avanzando, hasta llegar junto a unos bloques de hielo. Es impresionante ver cómo se mantienen fríos aquí abajo a pesar del calor que hace en la superficie. Más fotos con mucho cuidado de no resbalar.

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Tras un ratito aquí, emprendemos el camino de salida. Es una buena subida, medio a gachas, así que llegamos a un claro y nos paramos a descansar, desde aquí se ven las copas de los árboles del bosque, ¡estamos bajo él!

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Dejamos los cascos y entramos en una pequeña tienda dónde venden souvenirs y encurtidos aunque a nosotros no nos convence nada. Volvemos al coche y nos ponemos de nuevo en marcha. Nos pregunta cómo vamos de hambre, son algo más de las dos así que vamos a comer. El cielo se ha tapado por completo, hay unos tremendos nubarrones que amenazan con descargar y perdemos de vista el Fuji 😦 Pasamos junto al parque de atracciones FujiQ Highland… cuando preparábamos el viaje, nos planteamos una visita al parque pero si hacíamos el tour no nos quedaba tiempo para ello… así que al verlo, nos queda la espinita de ir, pero queda pendiente para el próximo viaje Riendo

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una de sus montañas rusas

Augusto nos lleva a comer a un restaurante de sushi en trenecito que mola mucho, bien de precio y todo ¡riquísimo! Además es muy gracioso porque puedes pedir platos especiales y te los trae un shinkansen 😛

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Tras una comida deliciosa, nos lleva a una tienda cercana dónde puedes comprar de todo por cuatro yens. Augusto nos deja un ratito para compras. Nosotros salimos cargados con vasos de té, unos bols, una bandeja y un mortero para semillas de sésamo.

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Y bien cargados, volvemos al coche y ponemos rumbo hacia los lagos. Lamentablemente, el cielo está muy muy nublado y llueve en algunas zonas así que mucho me temo que no podremos disfrutar de los lagos con la vista del Fuji. El primero que bordeamos es el Kawaguchi-ko, el más central y el que mayor turismo acoge.

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En un momento del camino, Augusto nos dice que preparemos las cámaras en modo vídeo y le demos a grabar cuando él nos avise. A los pocos minutos, pasamos por encima de una clave de sol pintada en el asfalto y empieza a sonar el himno del Fuji. ¡Nos quedamos alucinados!

Una vez termina, da la vuelta y nos dice que volvamos a grabar, y ahora ¡suena la segunda estrofa del himno!

El sonido proviene del contacto de los neumáticos con unas bandas rugosas que hay en el asfalto… ¡¡¡muy muy friki pero mola!!! Mr. Green Mr. Green

Seguimos la ruta hacia los otros lagos. Perdonadme pero no logro recordar bien de qué lago es cada foto, así que es posible que me cuele con alguna…

Seguimos la ruta hacia el Sai-ko, el segundo más pequeño de la zona y que está bordeado en su orilla suroeste por el bosque de Aokigahara. Nos llama la atención cómo una cinta intenta evitar el paso hacia él. En este encontramos a una pareja joven que están pescando en el lago Muy feliz

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El siguiente punto en la ruta es el pueblo-museo al aire libre Iyashi no Sato. En este lugar vivían varias familias hasta que en los años 60 y como consecuencia de la lluvia de un tifón que azotó la zona, hubo unos deslizamientos de tierra que cubrieron buena parte de las casas, murieron varias personas. Los supervivientes, decidieron reconstruir sus casas con los materiales que pudieron recuperar y desde entonces, la aldea es un lugar conmemorativo a aquellas víctimas. Muchos ya no viven en ella, se trasladaron a una zona más segura pero mantienen el lugar vivo y es un reclamo turístico en la zona. Usan las casas como tiendas dónde venden sus artesanías. Realmente hacen cosas muy bonitas, muchos de ellos usan calabazas como material principal.

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Las casas son del estilo a las de la región de Hida, con los tejados de paja con forma gassho-zukuri.

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Augusto conoce a la mayoría de los lugareños y nos dejan entrar en algunas casas privadas. En una de ellas, vive una viejita que perdió a toda su familia y nos invita a tomar un té de cebada riquísimo mientras nos deja echarle unas fotos al interior de su casa.

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Paseamos por las distintas casas y entramos en algunas tiendas de artesanía. En este lugar, Augusto tiene preparada una sorpresa, y es que nos invita a vestirnos de samurai/geisha por algunos yenes,  ¡nos echamos unas buenas risas! Mr. Green

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Esta región también es conocida por sus plantaciones tradicionales de wasabi. Os dejo una foto dónde se ve el huerto 😉

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El cielo sigue bien encapotado mientras seguimos la ruta para ver los lagos que nos quedan. ¡Este lugar me fascina! Ésa combinación de tradiciones, naturaleza y mil leyendas… le dan un aire místico al lugar. Estamos totalmente satisfechos por haber decidido hacer la ruta con Augusto y estamos seguros que algún día volveremos a este lugar. Además nos faltará hacer la ascensión al Fuji en algún momento Muy feliz Hacemos una parada junto al lago Shoji, el más pequeño de los cinco lagos. En este también se concentran varios hoteles en su orilla izquierda, mientras que en la orilla derecha es dónde se encuentra Iyashi no Sato.

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Augusto además es un tipo súper agradable, ha aprendido mucho sobre la cultura nipona en los años que lleva aquí y nos explica muchas cosas que desconocíamos, comentamos dudas que tenemos y nos pide que le expliquemos nuestros dos viajes a tierras niponas, y cosas sobre nuestra ciudad. Hablamos de todo con él, política, trabajo, religión, familia… ¡¡Lo recomendamos sin duda!!

Debo decir que los lagos me parecen un lugar idílico. Todos ellos y sin distinción. Se respira mucha calma en este lugar… y estar rodeados de esos parajes fantásticos, y el Fuji tan cerquita… son el colofón a un bonito día. Lástima que el Fuji se haya vuelto tímido y no se deje ver entre los nubarrones que cubren el cielo, aunque es curioso ver cómo las nubes lo abrazan y muestran la forma de su silueta. Ir por la carretera que bordea el bosque de Aokigahara te hace no perder de vista lo trágico del lugar y, ver que en los lagos más cercanos a él no hay ningún hotel ni actividad turística te hace pensar en lo muy supersticiosos que son los japoneses.

A Augusto le supo mal que el Fuji no se dejara ver y no sé cuántas veces fuimos de norte a sur y de este a oeste buscando un sitio desde dónde poder verlo, y auqnue no hubo forma, se agradeció el detalle, la verdad. Finalmente, nos quedamos junto al lago Motosu hasta el anochecer esperando a poder ver al Fuji antes de irnos. El Motosu-ko es el más profundo de los cinco lagos y el más tranquilo de todos, puesto que no hay casas ni hoteles en su alrededor por la cercanía de éste al bosque. Normalmente ofrece una vista magnífica del Monte Fuji desde su orilla norte, la cual figura en los billetes de 1000¥.

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Aquí hay un señor muy mayor con un pedazo de equipo fotográfico que está esperando que se despeje el Fuji para hacer unas bonitas fotos del atardecer. Augusto nos traduce lo que dice y nos cuenta que va allí todas las tardes para echar fotos del atardecer sobre el Fuji, nos enseña algunas de sus fotos y son realmente ¡buenísimas! Espectaculares los atardeceres que tiene captados Heart

Pasamos un buen rato aquí, respirando la magia del lugar, viendo cómo las nubes abrazan el Fuji y escuchando solo el agua en la orilla y el canto de las cigarras, esto es algo que me sorprende… que las cigarras sigan cantando en octubre Muy feliz

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a la derecha, se puede ver cómo las nubes abrazan al Fuji

A eso de las 18,30h volvemos a montar en el coche, con gran pesar por no haber podido disfrutar de la vista del Fuji cubriendo los lagos, pero tenemos casi 1h de camino hasta la estación de Shin-Fuji. De camino vuelve a llover y esta vez con más fuerza. Augusto va mirando todo el tiempo por el retrovisor y las ventanillas a ver si se distingue el Fuji pero sigue bien tapado. Llegamos sobre las 19,30h a la estación JR. Le pagamos la excursión a Augusto (14500¥ pp). Le damos mil gracias en castellano y en japonés, y nos despedimos de él. Cogemos el primer Shinkansen Kodama hacia Tokyo que pasa y con la sensación de haber pasado un día genial.

Cuando llegamos a la zona del hotel son algo más de las 21h, estamos cansados y mañana toca madrugar de nuevo. Así que decidimos comprarnos cena en el Family Mart que hay cerca del hotel e irnos prontito a la cama. Hoy ha sido un día genial, de esos que se van directos al top ten de viajes y experiencias, y que seguro ¡recordaremos siempre! Heart

02/10/13: ¡de vuelta a nuestra ciudad favorita del mundo: Kyoto!

Día 6: Volvemos a visitar Kyoto y sus templos…

Hoy es un día importante, y es que ¡¡¡volvemos a Kyoto!!! Nos levantamos de un salto, desayunamos, recogemos las cosas y nos vamos a buscar un tranvía que nos lleve a la estación JR Kumamoto. Sudamos un poco la gota gorda para bajar del tranvía tan cargados… tienen la puerta de salida súper estrecha y con unos escalones altísimos,  y nosotros vamos cargados con las maletas y las mochilas, ¡imaginaos el cuadro!

Habíamos reservado estos trayectos la noche que llegamos y suerte que lo hicimos porqué el tren se fue llenando a base de bien.

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Nos encantan los shinkansen 🙂

Salimos a las 9,05h hacia Shin-Osaka. El trayecto, aunque es larguillo se hace ameno. Vamos recordando lo vivido estos días por Kyushu, aún alucinando con el Sakurajima, y estamos deseando volver a Kyoto, ¡la ciudad que nos cautivó en el primer viaje! Llegamos a Shin-Osaka a las 12,20h. Tenemos  20 minutos de trasbordo que nos pasamos bien entretenidos viendo como la gente alucinaba con la decoración de nuestro tren… ¡y es que mola mucho, jaja!

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Tras esos 20 minutos en los que cambiamos de andén, tomamos otro Shinkansen que nos lleva caminito de la capital cultural nipona.

Kyoto 京都: el alma de la cultura tradicional japonesa y el escenario sobre el que ha tenido lugar gran parte de la historia nipona. Esta ciudad con 17 lugares designados Patrimonio Mundial por la Unesco, más de 1600 templos budistas y 400 santuarios sintoístas, es una de las más ricas del mundo en lo que a cultura se refiere.

Tras 14 minutos de trayecto llegamos a la estación JR Kyoto. ¡¡¡Qué ilusión!!! Riendo nos sentimos de una forma muy similar al día de llegada a Japón por segunda vez, una emoción tremenda nos embarga, reconocemos tiendas, restaurantes y sitios de la estación del primer viaje y un sinfín de imágenes y recuerdos nos vienen a la cabeza… el primer viaje fue algo especial, no sólo conocimos por primera vez el país nipón si no que además era nuestra luna de miel 🙂 Vemos por una de las ventanas de la estación el Hotel Vista, dónde nos alojamos en el primer viaje, ¡qué gracia nos hace! Mr. Green

Decidimos pasar un momento por la oficina de turismo para recoger un par de mapas de la ciudad y de los buses, y salimos hacia la calle por la salida de la Kyoto Tower para ir al ryokan. ¡¡No os podéis imaginar la ilusión que sentimos al volver a recorrer estas calles!! Vamos caminando y vamos diciendo “aquí cenamos tal día, aquí compramos esto, aquí vimos aquello…” ¡más mola! Aplauso

Para el alojamiento en Kyoto, nos decantamos por el ryokan Matsubaya Inn (42.840¥ – 3 noches los dos). Se trata de un ryokan con más de 100 años de experiencia y con algunos premios Trip Advisor y, muy recomendado por algunos foreros de Los Viajeros. Está a unos 10 minutos a pie de la JR Kyoto y cuenta con metros y buses en las cercanías. Hacemos el check-in y aunque aún no podemos subir a la habitación, el hijo del Sr Matsubaya nos enseña el ryokan y nuestra habitación (la están limpiando en ese momento), nos explica cómo conectarnos al wifi y nos da una tarjeta del ryokan con los datos de contacto por si hubiera algun problema. El chico es súper majo y habla bien en inglés. Le pedimos dejar las maletas allí y salimos a buscar un lugar para comer.

Decidimos acercarnos a la JR Kyoto de nuevo, ya que luego cogeremos allí el bus para ir a los templos que tenemos planeados visitar esta tarde. Además es una zona con un montón de sitios para comer. Decidimos entrar al Centro Comercial Yodobashi Camera y nos vamos hasta la última planta dónde hay varios restaurantes de todo tipo. Nos decantamos por uno de fideos (2300¥ los dos). Es un lugar curioso, tú escoges qué quieres comer, ellos te sirven los ingredientes y tú tienes que cocinártelos sobre una plancha que hay en la mesa. Para mi no fue un problema porque desde nuestro 1r viaje cocino algunos platos japoneses en casa, y los yakisoba están entre ellos, pero en caso de no saber por dónde empezar, te echan un cable. ¡¡Riquísimos, esos fideos nos saben a gloria!! Y me encanta poder hacer los yakisoba sobre una de esas planchas, como una auténtica japo.

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Una vez llenado el buche, salimos hacia la estación de buses, adherida a la JR Kyoto. Compramos en la máquina un pase diario de bus (500¥ pp) y cogemos el bus 206 hasta la parada del Sanjusangendo. Éste fue uno de los templos que no visitamos en el primer viaje ya que estaba en obras de restauración por aquél entonces. Pagamos (600¥ pp) y entramos. Ya desde fuera nos parece chulísimo. Se trata de un edificio de 118m de longitud, y está como considerado el templo construido en madera más largo del mundo.

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Nos quitamos los zapatos, los dejamos en las taquillas que hay junto a la entrada, y entramos al hall del edificio principal. ¡¡Es realmente impresionante!! Lástima no poder hacer fotos en el interior… la imagen principal es una Kannon Bodhisattva sentada, que simboliza la paz y la compasión, y está considerada como un Tesoro Nacional. El efecto se multiplica por las miles de estatuas antiguas de Kannon que llenan el resto de la sala, así como con los soldados de la compasión, que flanquean la imagen principal distribuidos formando cincuenta columnas de diez filas de profundidad, talladas en ciprés y cubiertas con pan de oro. Cada una tiene más de veinte pares de brazos, y se dice que son responsables de salvar muchos mundos. En 1249 hubo un incendio que destruyó el edificio original, pero se consiguieron salvar 124 de esas estatuas, las restantes datan del siglo 13. También hay 28 estatuas de deidades guardianas con expresiones intensas. Abrumador. Espectacular. Heart

Os dejo una foto extraida de Google:

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Salimos del hall y vamos hacia los jardines. Hay una campana y un santuario junto al templo, así como un pequeño estanque y un bonito jardín.

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Tras un buen rato recorriendo el recinto del templo, volvemos a la calle principal y tomamos de nuevo el bus 206 hasta la parada Gojo-zaka. Callejeamos un poco, recordando que la última vez que estuvimos aquí caía un diluvio por un tifón que no dejaba ver a dos metros de ti…, y tras un corto paseo lleno de recuerdos, llegamos al  Kiyomizu-Dera, un lugar que nos impresionó en el primer viaje y que no pudimos disfrutar del todo por culpa de la lluvia que caía aquel día. Así que aquí estamos de nuevo, con un sol espléndido y con ganas de ver lo que nos faltó la otra vez. Pagamos (300¥ pp) y entramos. Os dejo aquí el link del relato de nuestra 1ª visita en 2011.

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Ya en la entrada vemos que hay un montón de grupos de escolares… pero pese a que hay un gentío considerable, no hay sensación de agobio.

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El Kiyomizu-Dera o Templo del Agua Pura, aunque se trata de un templo budista fundado en el año 778, alberga en su interior un santuario sintoísta, el santuario Jishu. Un templo que incluya un santuario shinto es algo bastante peculiar y difícil de encontrar… pero creo que de ahí radica la magia de este lugar.

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Volvemos a recorrer el recinto del templo, disfrutando de las vistas de la ciudad que hay desde aquí.

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Recorremos de nuevo el pabellón principal con su balcón de madera a 13m por encima de la colina que se sustenta sobre vigas de madera, de las que se dice que no usaron clavos para sujetarlas. En éste edificio se conserva una estatua con las 11 caras de Kannon.

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Vemos que la otra balconada de madera está completamente tapada por toldos y andamios, qué pena, de ahí había unas bonitas vistas del balcón de madera con Kyoto de fondo… En el 1r viaje, vimos la zona del Santuario Jishu, dedicado al amor, así que esta vez bajamos las escaleras y vamos hacia la cascada Otowa, a la base del edificio principal y que diverge en tres chorritos de agua considerada sagrada, de los que se puede beber. Se dice que según del chorro que bebas, tendrás una vida amorosa afortunada, éxito en los estudios o longevidad. Nos ponemos a la cola y como no acabamos de tener claro qué chorro es cada cuál, bebemos del primero que queda libre, ya se verá con los años de cuál bebimos, ¿no? Sacando la lengua

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De ahí recorremos un pequeño sendero hasta la Pagoda Koyasu, la visita a ésta dicen que ayuda a lograr un parto fácil y seguro, así que ya voy servida para cuando llegue el momento Sacando la lengua Vale mucho la pena acercarse hasta aquí, hay unas bonitas vistas del templo y no hay nadie, ¡¡la vemos a solas!!

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A las 17h, empieza a sonar la campana que anuncia el cierre del templo, así que nos quedamos con las ganas de ver la sala dónde dicen que hay 200 estatuas de Jizo, una pena porqué este buda me inspira simpatía, es mi buda favorito Muy feliz Salimos del templo por una de las calles comerciales, la Matsubara Dori. ¡Ahí si que hay un montón de gente!

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Entramos en algunas tiendas a mirar cosillas, y en una de ellas compro un jizo monísimo (1000¥) ¡me encanta! Muy feliz Mi marido se mira las katanas, pero se nota mucho que son baratijas (las verdaderas no se pueden sacar del país ya que están consideradas Tesoro Nacional) por lo que al final pasamos de largo.

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mi Jizo

Lo que más me gusta de Kyoto es que puedes encontrar templos en cualquier rincón… así como estatuillas de la suerte por doquier.

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Vamos dando un paseo a lo largo de la calle, disfrutando del entorno y del ambiente, hasta llegar a Higashi Oji-Dori, dónde tomamos de nuevo el bus 206 que nos llevará de vuelta a la estación JR Kyoto.

Ya expliqué en el diario del primer viaje cómo funcionan los buses en Japón así que no me voy a repetir, pero si recordar que en la zona del centro de la ciudad los buses tienen una tarifa plana de 220¥ y en caso de salir de esa zona, veréis que junto al conductor hay una pantalla dónde indica el precio que debes pagar en función del número de parada que has subido. Sabrás el número de parada que se trata ya que al subir (por la puerta de atrás) te sale un papelillo con el número. En caso de llevar un bono diario (500¥, de viajes ilimitados) no debes pagar nada al bajar siempre que te muevas por la zona de tarifa plana, si sales de ella, deberás abonar la diferencia de precio antes de bajar.

Una vez en la JR, entramos al Map Camera y al Yodobashi, queremos comprar una cámara de fotos réflex que ya me quedé con las ganas en el primer viaje… Miramos varios modelos y nos encontramos con que tan solo se pueden poner los menús en español en algunas máquinas Sony. Las Canon y Nikon aceptan inglés o japonés y en el resto, sólo japonés… ¡ya les vale! Me apunto las que me interesan para comparar precios.

Volvemos a la estación JR y bajamos a las plantas -1 y -2, dónde hay un supermercado enorme dónde venden bentos, sushi y comida preparada para llevar, y conforme se acerca la hora de cierre bajan los precios como si fuera una lonja, ¡truquillos que aprendimos en el primer viaje! Mr. Green Las chikagai o ciudades subterráneas son algo que me gusta mucho de Japón, aprovechan el subsuelo para construir centros comerciales inmensos. Compramos la cena y también el desayuno para mañana. En una parafarmacia de la estación, compramos un protector solar en spray. ¡¡Una maravilla!! Ya compramos uno allí en el primer viaje y esta vez me llevo dos, van de fábula porque protegen pero no dejan la piel pringosa y son muy cómodos de aplicar Riendo Y ahora ya si, volvemos al ryokan, ya es hora de descansar.

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la Kyoto Tower es mucho más bonita de noche que de día…

La habitación es la mar de amplia y cómoda. Tan solo hay un par de cosas que no me acaban de gustar de los hoteles tradicionales y tenemos que preguntar si en sus casas también lo tienen así… lo primero es la mesa con las sillas al suelo -sin patas-, supongo que si estás bien de la espalda se lleva bien, pero en mi caso que la tengo hecha polvo, es súper súper incómodo… ¡no sé ni como ponerme! Lo segundo es algunos futones… según la tradición, cuanto más dura es la superficie dónde duermes más rectitud aprendes, a mi esto no me convence y siempre busco en el armario, dónde los suelen guardar, otro futón para ponerlo debajo y que sea más blandito Sacando la lengua Algo que si me encanta son los suelos de tatami, son súper cómodos y me encanta andar por ellos Heart Y me llaman la atención los pequeños altares que siempre encuentras en algún rincón de la sala. Aquí además encontramos uno libro con los textos del Dharma.

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altar de la habitación

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los futones esperan a ser montados…

Después de cenar, llamamos a los nuestros vía internet, echamos un vistazo a las redes sociales, duchita y a dormir que al fin nos espera un buen futón.

30/09/13: el chispeante Sakurajima… ¡una de las mejores experiencias viajeras!

Día 4: hoy conoceremos de cerca el chispeante Sakurajima.

Hoy es un día muy especial en la ruta y hasta el mismo día no supimos si podríamos hacer la excursión programada para hoy: ¡¡la visita a la isla de Sakurajima!! Aplauso

Pero lo primero, cargar las pilas… tenemos el desayuno incluido, así que hoy no nos tenemos que preocupar por buscar kombini para ello. Después hacemos el check-out y les pedimos si nos pueden guardar las mochilas hasta la tarde y liberados de tener que llevar carga, salimos a la calle. En Kagoshima hace sol pero ya se ve a lo lejos que el Sakurajima sigue humeando igual que ayer… esperemos que podamos hacer la excursión tal y como estaba previsto… Cogemos un tranvía en la puerta del hotel (160¥ pp) hasta la parada Suizokukan-guchi. Seguimos por la calle perpendicular durante unos 5 minutos a pie en dirección al mar para ir a la terminal de Ferrys.

Sakurajima (桜島): Se trata de un estrato volcán activo, situado en el sur de la isla de Kyushu. Hasta 1914, Sakurajima era una isla pero debido a una gran erupción se unió a la península de Osumi. La actividad volcánica continua a día de hoy en activo. Su cima está dividida en tres picos: el Kitadake o pico norte, el Nakadake o pico central y el Minamidake o pico sur, activo actualmente. Su punto más alto es el Kitadake, a 1117m sobre el nivel del mar.

Tomamos el primer ferry que parte hacia la isla, salen cada 10-15 minutos y tardan más o menos lo mismo en hacer la travesía. Navegamos en el Cherry Queen 🙂

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Es curioso ver que sobre Kagoshima hay un cielo despejado y en cambio, sobre Sakurajima una humareda que parece el fin del mundo…

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El trayecto del ferry se paga al llegar a la terminal de Sakurajima (150¥ pp). Una vez allí, cogemos un mapa en la oficina de turismo y bajamos a la calle. Nada más salir, ya se nota el humo en el ambiente y alucinamos al ver todo el suelo y objetos completamente cubiertos por cenizas…. ¡¡woooow impresionante!!

Hay dos opciones para visitar la isla: una es comprar el tour con Sakurajima Regular Sightseeing Bus que sale desde la estación JR Kagoshima Chuo y que te lleva hasta el ferry y luego recorre la isla, vas con guía japonés pero te dejan un librito en inglés con las explicaciones por 2000¥/persona (también se puede comprar en la terminal del ferry ya en Sakurajima por 1700¥). O bien, tomar el Sakurajima Island View bus por 500¥/persona (pase diario ilimitado) e ir haciendo la ruta circular (mucho más corta que el otro bus), con la posibilidad de ir bajando en cada parada para visitar el lugar con detalle.

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La ruta roja es la del Island View y la ruta azul que recorre toda la isla, la del Sightseeing Bus.

Decidimos comprar el pase para el Sakurajima Island View (500¥ pp). El trayecto dura unos 60 minutos y hace una ruta circular. También se pueden pagar los trayectos entre paradas por separado, pero si quieres hacer recorrido completo o usarlo en más de una ocasión merece la pena el pase. Además tienes descuento de 30¥ en el ferry, que algo es algo 😛 Hay algunas paradas dónde sólo se detiene si la pides y otras dónde tiene un tiempo establecido para que la gente pueda bajar y hacer fotos.

El bus sale del puerto de Sakurajima y la primera parada es Hinoshima Megumikan Rest Shop, una zona de restaurantes dónde también hay un kombini. La siguiente, Rainbow Sakurajima Inn, situada junto a un complejo hotelero con onsen y tiendas… Sakurajima Visitor Center es la siguiente parada, pero decidimos seguir hacia el Observatorio Karasujima dónde estaciona 5 minutos para poder disfrutar de las vistas del lugar.

Volvemos al bus y nos dirigimos al Akamizu View Park dónde estaciona durante 8 min. Situado al sur del centro de visitantes se encuentra el observatorio desde donde se puede ver la colada de lava de 1914 que sepultó la pequeña isla que antes estaba a 500m de la costa y se tragó tres pueblos, destruyendo más de mil hogares. Se trata de un observatorio a pocos metros del mar, desde el cual se puede ver una panorámica de la ciudad de Kagoshima, así como del volcán -¡que humea que da gusto!-. Hay una escultura hecha en piedra volcánica en honor a un concierto benéfico que se organizó en la isla.

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Veréis que muchas fotos tienen una especie de velo… no es fallo de la cámara ni del enfoque, es por la cantidad de ceniza que llovía en algunas zonas. En esta foto podéis ver cómo está la flora local… llena de cenizas y quemada por el calor de éstas…

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Volvemos al bus y tras un buen rato de subida por una carretera de Dios, llegamos al Observatorio de Yunohira. Aquí tenemos 15min. para flipar en colores literalmente, y digo flipar en colores porqué nada más llegar, nos topamos con un montón de humo, llueve ceniza a tutiplén y pican los ojos y la boca que da gusto por el azufre que hay en el ambiente. Chocado Ojos que se mueven Estamos a unos 2,5 kilómetros del volcán que no deja de humear y se nota. Mi marido decide entrar a la tienda que hay en el observatorio a ver si encuentra mascarillas (¡ante todo nuestra salud!) y yo me quedo haciendo fotos. Las vistas desde aquí son increíbles, tanto de la costa, como del volcán. Este observatorio se encuentra a unos 350m sobre el nivel del mar.

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Alrededor del edificio, hay un balcón con carteles dónde señala puntos importantes de cada zona, así como información sobre las distintas erupciones que ha habido en la historia del Sakurajima. En su interior, encontramos un mini museo con más información.

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Aquí podéis ver cómo se acumula la ceniza por doquier…

Quedan pocos minutos para volver al bus cuando mi marido sale de la tienda con su objetivo cumplido: ¡¡ya tenemos mascarillas!! Nos las ponemos y él echa un vistazo rápido. Justo en el momento que le estoy haciendo una foto, sale un “puff” enorme y muy negro del volcán, todos los allí presentes nos quedamos helados… todo el mundo mira en dirección al volcán con los ojos muy abiertos… ¡¿eso es bueno, normal o malo?!

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Volvemos al bus que regresa al puerto. En 15 minutos he quedado bien llena de cenizas. Si, dejamos el paraguas en el hotel… ¡qué listos! ¬¬’

Una vez de vuelta en el puerto, cogemos de nuevo el bus y ésta vez paramos en la parada Rainbow. Vemos un muelle que da a una playa volcánica, ¡mola!

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Entramos en las tiendas que hay aquí para hacer parada en boxes. Compramos unas bebidas y visitamos el Toto. En una de las tiendas veo unos imanes súper cuquis hechos con piedra volcánica y no puedo resistir la tentación de comprarlos 🙂 (200¥, 2 imanes). No sé a vosotros, pero a mi me recuerdan a Epi y Blas 😛

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Recorremos un trocito del Paseo de Lava, junto a la costa.  Se trata de un pequeño sendero en el que hay acumulados muchísimos restos de la lavada que convirtió la isla en península. Es impresionante ver esas rocas y esas cenizas por doquier…

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ooh yeah!! 😛

 

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Tras pocos minutos, llegamos a los baños de pies 🙂 Se tratan de unos baños de pies públicos y al aire libre, de aguas termales que vienen del interior del volcán. Nos descalzamos sin pensarlo y metemos los pies… ¡¡mmm, qué a gusto!!

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Es súper relajante estar ahí, con el volcán humeando, el sonido de las olas y completamente solos con los pies en remojo en agua calentita Heart No vemos el momento de sacar los pies de ahí… ¡hasta que se pone a llover! ¡No fastidies! Se me rompió el rollo zen al momento Mr. Green por suerte hay una especie de cobertizo y nos metemos ahí hasta que a los pocos minutos deja de llover. Es como la típica tormenta de verano y suponemos que es por el acumulo de ceniza en el ambiente…

Vamos al Centro de Visitantes de la isla. Se trata de un museo/tienda de entrada gratuita con información e imágenes de la historia de la isla y de las distintas erupciones del volcán.

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Tras la visita se acerca la hora de comer, así que nos vamos al Family Mart que habíamos visto antes y que está a menos de 5 minutos a pie del Centro y comemos allí mismo (1200¥ los dos) con vistas al volcán. Puede parecer que al ser comida pre-cocinada que te calientan allí estará malo o “revenío” pero ¡para nada, está todo riquísimo y es bien barato!

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Mientras comemos comentamos lo alucinados que estamos con éste lugar y mi marido dice de coger el bus que hace la ruta larga y pasar más tiempo aquí antes de irnos a Kumamoto. Como solo es la 1h y sé que el bus sale sobre las 14h nos vamos con calma hacia el puerto, pero antes visitamos el Santuario Tsukiyomi. Mientras vemos el santuario, el volcán hace otro nuevo “pufff” más grande que el de antes… uy, uy…

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El santuario es un bonito lugar, todo de madera roja lacada, rodeado de árboles y con esas vistas… está dedicado a los dioses del volcán para proteger a los ciudadanos de la isla de su furia.

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Salimos de nuevo a la carretera y en seguida llegamos al puerto. Compramos los billetes para el tour (1700¥ pp) y esperamos a que sean las 14,20h. Al subir al bus, nos entregan un librito en inglés con todo el recorrido que hace y con información sobre la isla y las paradas. Somos unas 8 personas, solo 2 japoneses y el resto somos extranjeros (¡esto si que es raro!). El tour dura unas dos horas y media.

El bus sale del puerto y la primera parte es el mismo recorrido del Sakurajima Island View sólo que va directo al observatorio de Yunohira dónde hace la primera parada. Durante todo el trayecto del tour, vemos varios “pufff” del volcán y cada vez que hay uno la guía grita un “uuuhg” señalando al volcán y con cara de flipe, por lo que empezamos a pensar que ver tantas explosiones en un mismo día no es muy normal… Chocado Os aseguro que vimos un montón, a cuál más impresionante y que por lo que hemos podido ver en internet no es habitual. ¡Es que perdimos la cuenta!

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Desde el Observatorio de Yunohira se puede ver el cráter de uno de los volcanes inactivos.

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Creo que mi cara muestra el alucine vs acongoje del momento (aunque solo se me vean los ojillos)

De ahí vamos hacia la costa norte de la isla y vamos recorriendo una carretera junto a la costa y desde dónde vemos varias playas de ceniza y piedra volcánica, la más importante es la Saido Beach.

Por la parte de atrás del volcán, la que aún no habíamos visto, se ven con mayor claridad las explosiones del Minami-dake.

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Desde el bus vemos la torii enterrada del Santuario Kurokami. Es una muestra de la magnitud de la erupción de 1914, la misma erupción que causó la conexión de tierra de Sakurajima a la península de Osumi y que cubrió esta torii de 3m de altura con lava y cenizas, dejando sólo el tercio superior visible. Los vecinos de la zona intentaron desenterrarla pero finalmente no lo hicieron, y decidieron conservarla así como recuerdo de lo ocurrido.

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Hacemos una parada en una tienda para poder ir al baño los que quieran y dónde nos dejan probar los rábanos típicos que cultivan en la isla (son los más grandes de Japón), los tienen dulces, encurtidos… y además nos invitan a un chupito de Sochu, ¡riquísimo! Vemos que tienen guardadas algunas rocas que han salido disparadas de las erupciones del volcán… ¡alucina!

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Compramos un paquete de rábano dulce que a mi marido le pirra y salimos hacia un patio trasero que hay. Recuerdo haber leído en algún blog que aquí te traen para hacer negocio y que el sitio merecía la pena por tener una torii enterrada mucho mejor que la del Kurokami. ¡Y así es! Hay una torii de madera lacada que marca el punto de acceso a un pequeño cementerio (deducimos que de la familia) y una torii de piedra enterrada, al fondo podéis ver que el volcán sigue a lo suyo…

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Volvemos al bus y nos dirigimos hacia el Observatorio de lava Arimura, uno de los mejores lugares para observar el humeante Minami-dake y su flujo de lava constante. La zona tiene una serie de puntos de observación que están conectados por senderos pavimentados por los que se puede dar un pequeño paseo y unas vistas del océano fantásticas con trampas para ostras que por lo visto también son típicas en la zona.

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Aquí nos hacen una foto de grupo que nos ofrecen comprarla al llegar al puerto. Como no nos interesa, ni recuerdo cuánto costaba…

Junto al mirador hay una serie de tiendas con productos locales, unos baños y uno de los muchos refugios que hay en la isla. Hay un sistema de detección de erupciones bastante complejo en la isla. Hay unos sensores que se encuentran repartidos por todo el terreno, a unos cuantos metros de profundidad que detectan el menor cambio de temperatura o movimiento sísmico. Así como detectores de azufre en aire y estos refugios por si el volcán expulsara piedras de gran tamaño. Además, en los últimos años no dejan acercarse a la zona de los cráteres (hay un perímetro de seguridad) para poder evacuar con mayor facilidad en caso necesario.

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Volvemos al bus y de camino hacia el puerto pasamos por un lugar que nos deja totalmente anonadados. Chocado Chocado Se trata de un barrio llamado Higashi-Sakurajima, dónde cae continuamente una cantidad impresionante de ceniza de forma que aquello parece Silent Hill, ¡todo está completamente cubierto! Cuesta ver por la cantidad de humo y ceniza y vemos que la gente va cubierta con chubasqueros/capas, mascarillas o paños sobre la cara y con gafas que cubren los ojos por completo. ¡¿Pero cómo pueden vivir aquí y así?! ¡¡Alucinamos!! Ojos que se mueven Lo siento, no tengo foto porqué fui incapaz de hacer nada más que alucinar viendo aquello 😛

Llegamos al puerto y bajamos del bus. Como compramos el billete del bus en Sakurajima, tenemos que cruzar por nuestra cuenta con el ferry. Así que subimos a la terminal y cogemos el primero que parte (120¥ pp, tenemos 30¥ de descuento cada uno).

Realmente no nos arrepentimos para nada de haber venido hasta aquí ni de haber pagado los dos buses. Ha sido una experiencia increíble que jamás olvidaremos y algo muy muy recomendable Heart

Eso si, si decidís venir a este lugar tenéis que tener la precaución de traer ropa que no os importe que se ensucie mucho (por la ceniza), mascarillas si el humo es importante, paraguas para evitar la lluvia de ceniza y ¡vigilad las cámaras! A la mía le costaba mover el objetivo, por no hablar de la cantidad de ceniza que se le coló por todas partes y que me vi negra para limpiar… ah y si lleváis lentillas, no os recomiendo usarlas ese día… pasé un buen rato intentando quitarles la ceniza y al final, las tuve que tirar porque no había manera ¬¬’ pero todo ello mereció la pena, sin duda.

Llegamos de nuevo a Kagoshima y nos dirigimos a la parada del tranvía (160¥ pp) para volver al hotel a recoger nuestras cosas. En unos 10’ ya estamos allí, recogemos las cosas de la recepción y les damos mil arigato por guardárnoslas gratis 🙂 Salimos de nuevo a la calle y caminamos unos 10 minutos hasta la estación JR Kagoshima-Chuo, dejamos con pesar esta ciudad y cogemos un Shinkansen a las 18h que en algo menos de hora y media nos lleva al último destino en Kyushu: Kumamoto.

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Kumamoto (熊本): puerta de entrada a la región de Aso, fue la ciudad que inventó el kobori (forma de nadar erguido portando la armadura samurai), ahora es más conocida por su castillo.

Nos alojamos en el Dormy Inn Kumamoto por 14600¥ (dos noches los dos) y también cuenta con baños públicos. La verdad es que esta cadena hotelera no la conocíamos pero la habíamos visto recomendada en el foro Los Viajeros y decir que me sumo a la recomendación. Son de los de BBB (bueno, bonito y barato) y la mar de cómodos; están bien comunicados con las estaciones JR y tienen siempre buses, tranvías o metros cerca.

Sobre las 19,30h llegamos a Kumamoto, lo primero es tomar un tranvía para llegar al hotel, cerca de la parada Karashima-cho. Tardamos unos 10-15 minutos en llegar. Aquí ya empezamos a pensar “por favor, por favor que estén las maletas!” 😛 Efectivamente, al hacer el check-in nos informan que nuestras maletas nos esperan en la habitación, ¡¡oleeeee!! ¿¡He dicho ya que me encanta la eficiencia nipona?! Aplauso Aplauso

Decidimos salir a dar un paseo por los alrededores, hemos visto desde la parada del tranvía que hay unas calles comerciales cubiertas con buena pinta, así que allá vamos. Nos recuerdan a la zona de Nishiki de Kyoto, y aunque es tarde ya, hay bastante ambiente. Encontramos varias tiendas de todo tipo, restaurantes, kombinis… decidimos dejar un poco de lado la dieta local y vamos a cenar unas hamburguesas (1200¥ los dos). Compramos desayuno y agua en un 7/11 y nos vamos de vuelta al hotel que ya es hora de descansar. De camino podemos ver un trocito del castillo iluminado, y es que estamos alojados muy cerca. Pero eso ya queda para mañana, hoy estamos ko. sleep

29/09/13: llegó la hora de flipar en Kagoshima…

Día 3: visitamos la tradicional Dazaifu y flipamos en Kagoshima

Amanece un nuevo día en Japón y apenas son las 7h… Tengo que decir que el Hana como hostal está genial, bien ubicado, gente amable, todo limpio… pero no he dormido en un futón más incómodo ¡en mi vida! tengo problemas de espalda y no pegué ojo… ya no sabía ni como ponerme, me levanté varias veces a estirarme… ¡ufff! y mi marido que no tiene problemas, acabó bien contracturado de estar en él toda la noche… además había un grupo de americanos en el hostal que estuvieron hasta las 2h corriendo escaleras arriba y abajo y gritando como locos… Vaya que si ya íbamos cansados, acabamos más después de esa noche tan larga… Avergonzado Avergonzado

Aprovechamos el madrugón para cerrar las maletas y salimos a comprarnos el desayuno. Ayer vimos un Family Mart cerca del hostal y allá que nos vamos, con intención además de preguntar si cuentan con el servicio de Yamato Transport. Compramos unos dulces, un café con leche y un té verde riquísimo todo por unos 600¥. El chico que nos atiende no habla ni papa de inglés (¡qué raro!) Ojos que se mueven , pero por suerte llevo en el móvil la guía personalizada con una imagen del formulario con las instrucciones para rellenarlo y al enseñárselo en seguida nos los da (uno por maleta). Justo antes de salir, empieza a chispear así que compramos un par de paraguas… ¡transparentes! Era uno de los objetivos de este viaje y ya está cumplido Mr. Green Aplauso Volvemos al hostal dónde desayunamos en la cocina comunitaria y ya rellenamos los formularios para el envío de las maletas. Como nos vamos antes de que abran la recepción, ya quedamos con la chica que le dejaríamos la llave de la habitación en un cestillo que hay junto a la entrada, me encantan los check-in ultrarápidos de Japón 😀

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nuestro desayuno y algo de picoteo para la mañana…

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la zona común del hostal

Cargados con nuestras maletas, volvemos al Family Mart y le entregamos al chico los formularios. Comprueba que estén bien rellenos y nos da el ok, pagamos el transporte (unos 2500¥ las dos maletas de Fukuoka a Kumamoto) y nos entrega el comprobante y el ticket de compra con los datos de la tienda por si hubiera que reclamar por el envío… ¡cruzamos los dedos!

Una vez nos desprendemos de las maletas, nos dirigimos de nuevo a la estación de metro de Gion y allí tomamos uno que nos lleve hasta la estación de trenes JR Hakata (200¥ cada uno). Dejamos las mochilas, las chaquetas y los paraguas en una consigna de la estación (400¥, tamaño medio) y vamos a buscar el tren de la línea regular JR Kagoshima para ir a Dazaifu. Aquí tenemos problemillas ya que tenemos que ir hasta JR Futsukaichi Sta, pero no sale indicado en ningún panel y en los carteles TODO está en japonés Chocado , así que vamos al “tío de la gorrilla”, léase el funcionario de la Japan Railways que hay junto a los tornos y le preguntamos, pero otra vez nos topamos con que aquí no habla inglés ni Dios y no hay forma humana de entenderse, ¡ni enseñándole en el mapa dónde queremos ir! Así que volvemos a la zona de andenes y probamos a ver si hay wifi… ¡¡¡¡afortunadamente hay uno gratuito!!! Aplauso ¡Uff, es nuestra salvación! De eso modo buscamos la línea y el sentido que tenemos que coger y esperamos a que llegue el siguiente tren. Una vez nos montamos, vamos siguiendo la ruta que sigue el tren con Google Maps para asegurarnos que vamos bien porqué la información que dan en el tren está de nuevo… ¡¡TODA en japonés, qué horror!! Chocado

Al fin llegamos a JR Futsukaichi y aquí sabemos que tenemos que caminar unos 10 minutos hasta la estación de la línea privada Nishitetsu para coger otro tren hasta la población de Dazaifu. Salimos de la estación y nos encontramos mirando un mapa para averiguar cómo llegar a la estación de la línea privada cuando una pareja joven nos preguntan si vamos a Dazaifu en ¡perfecto inglés! casi lloramos de la alegría 😛 Nos dicen que ellos también van hacia allá y se ofrecen a que les acompañemos porque por lo visto es algo complicado… evidentemente aceptamos y vamos con ellos encantado. Callejeamos bastante y no vemos indicaciones en las calles que marque el camino… iba pensando en que solos no lo hubiéramos hecho cuando veo que el chico va señalando algo en el suelo y es que cada pocos metros hay unas imprentas en el suelo dónde marca la dirección a seguir para la estación JR y para la privada. Os dejo la foto porqué de verdad que sin eso, ¡es imposible!

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la marca azul señala el sentido hacia la línea privada y la roja, hacia la estación JR

Durante el trayecto de unos 10-15 minutos a pie nos preguntan de dónde somos y al decirles que de Barcelona nos dicen que están preparando un viaje a nuestra ciudad para el año que viene, ¡qué gracia! Llegamos a la estación Nishitetsu y allí cogemos el tren a Dazaifu (180¥ cada uno) que podemos pagar también con las tarjetas de contacto Icoca. Al llegar a Dazaifu les damos mil gracias acompañadas de tres mil reverencias por su ayuda y nos separamos.

Entramos a la oficina de turismo para coger un mapa y salimos a la calle.

Dazaifu (太宰府): Esta pequeña localidad fue el anterior centro gubernamental de Kyushu, conserva un bonito conjunto de templos y un famoso santuario.

Aunque en la ciudad hay varios templos que se pueden visitar, a nosotros solo nos interesa el más importante así como el santuario. Para llegar a la zona de templos, hay que recorrer una calle comercial que nos recuerda mucho a la de Miyajima (puedes ver el relato sobre nuestro paso por Miyajima aquí).

Al final de la calle comercial hay una gran torii de piedra y tras cruzarla, encuentras otras dos toriis que llevan al Santuario Tenmangu.

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Se trata del Santuario Tenmangu más importante de Japón y está dedicado al espíritu de Sugawara Michizane, erudito y político de la era Heian, muy popular entre los estudiantes. Tras cruzar la torii de la entrada, pasamos junto a varias lámparas de piedra y encontramos un gran estanque con dos puentes de madera lacada que lo cruzan.

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El estanque tiene la forma del carácter japonés que simboliza el corazón. Un camino conduce a través de dos puentes arqueados y las islas que hay en el estanque simbolizan el pasado, el presente y el futuro.

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Tras cruzar los puentes, encontramos una gran puerta con una gran lámpara roja de papel al más puro estilo del Senso-ji de Tokyo (puedes ver el relato sobre nuestra primera visita al Senso-ji aquí).

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Tras cruzarla hay una fuente de purificación y un ciruelo legendario que según cuenta la tradición voló desde Kyoto a Dazaifu para acompañar a Michizane en su exilio.

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Vemos el edificio principal y hacemos “parada en boxes” (WC y bebida fresquita). En estas máquinas hay una gran variedad de bebidas…

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Empieza a chispear y nuestros paraguas se quedaron en Fukuoka… hacemos un poco de tiempo pero viendo que solo chispea y que no tiene pinta de parar, continuamos con la visita del templo, cruzando los dedos para que no llueva fuerte.

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Tras visitar el santuario, volvemos a la calle principal y tras cruzar la gran torii de piedra de nuevo giramos a la izquierda y vamos a vistar el Templo Komyozenji, la entrada cuesta 200¥ y se trata de un templo Zen de la secta Rinzai del budismo japonés, fundado entre 1192-1333 por un discípulo del fundador del templo Tofukuji de Kyoto. Como curiosidad, decir que no hay nadie que cobre la entrada, hay que echar las monedas en un cofre que hay junto a un pequeño altar.

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Este templo cuenta con dos jardines, uno delantero que se compone de 15 rocas sobre un suelo de guijarros, distribuidas formando el carácter japonés para la “luz”.

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Y un jardín trasero que se puede ver desde el porche del templo y que alterna zonas de piedras, rocas y musgo… ¡simplemente espectacular! Además, vimos por primera vez un poquito de momiji, tan sólo una ramita pero nos hizo mucha ilusión ¡jeje!

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Tras deleitarnos con el jardín trasero del templo un buen rato (menuda paz se respiraba en el lugar) vimos que dejaba de chispear así que aprovechamos para volver a la calle comercial. Entramos en algunas tiendas, tienen cosas chulísimas, muchas son artesanales. Aquí nos compramos una tabla de madera con un escrito con una campanilla -la señora de la tienda nos dijo que era de protección para el hogar- y una lámpara de papel roja con ventosa para la nevera  Mr. Green

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nuestro imán de Dazaifu

Vamos dando un paseo hasta llegar a la estación de tren mientras miramos algunos escaparates más. Vemos una estatua con la “mascota” de Dazaifu y alucinamos de nuevo con las tapas de alcantarilla tan bonitas que tienen en Japón.

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Cogemos el tren (180¥ c/u) de nuevo para hacer la ruta en sentido contrario para volver a Hakata. Fuimos de los primeros en subir al tren, así que aproveché para sacar esta instantánea del interior.

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Cuando llegamos a la estación Nishitetsu, hacemos el paseíllo entre calles siguiendo las marcas del suelo hasta llegar a la estación JR Futsukaichi y esta vez lo hacemos a la carrera porqué ahora llueve con más ganas… Cogemos el primer tren JR que va hacia Hakata, un expreso que en unos 15 minutos nos planta en la capital de Kyushu. Allí recuperamos nuestras cosas de la consigna y cogemos el primer Shinkansen que se dirige a la estación Kagoshima-Chuo, ¡nuestro siguiente destino en Kyushu! Riendo

Como no sabíamos a qué hora acabaríamos de Dazaifu, no reservamos asientos por lo que nos dirigimos a los vagones de no reservado, nos podemos sentar sin problema ya que viaja poca gente aquí. De hecho, los trenes que recorren Kyushu son más cortos que los que sueles ver por Kansai y Kanto. El viaje dura una hora y media más o menos.

Kagoshima (鹿児島): Se trata de la ciudad más meridional de las cuatro islas principales de Japón, con un volcán muy activo situado al otro lado de la bahía, el Sakurajima. Los acostumbrados habitantes locales suelen abrir sus paraguas frente a las recurrentes explosiones del volcán, que arroja fina ceniza que acaba cubriendo el paisaje y oscureciendo el sol.

Llegamos a Kagoshima-Chuo sobre las 14h y aprieta el hambre, así que nos dirigimos al primer restaurante que vemos en la misma estación. Comemos de coña y como para reventar por unos 1000¥ los dos, además nos invitan a un té de cebada caliente de postre.

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Dejamos de nuevo las cosas en una consigna para no perder tiempo (300¥ una mediana), cogemos unos mapas en la oficina de turismo y salimos a la calle. ¡Nos alegramos al ver el cielo despejado! La idea es coger el bus Kagoshima City View para dar una vuelta por la ciudad y subir con él al mirador del Shiyorama Koen, un parque que se extiende por el monte Shiyorama a 107m sobre el nivel del mar y que sirvió como base del Castillo y recordado por ser dónde tuvo lugar la última batalla de la rebelión Satsuma en 1877 y, desde el cual dicen que hay unas buenas vistas de la ciudad y del volcán Sakurajima.

Nos cuesta un poco encontrar la parada del bus porqué nuevamente TODO está en japonés Malvado o muy loco , pero vemos que hay unas voluntarias en la zona de las paradas de los buses y nos acercamos con la esperanza que sepan algo de inglés… ¡bingo! la señora chapurrea algo y nos aclara cuál es la parada. En seguida llega el “retro” bus y nos montamos. Existe la opción de comprar el pase diario (600¥), pero tan sólo pensamos hacer un par de trayectos por lo que no nos sale a cuenta, así que pagaremos el billete sencillo al bajar del bus. Recordad que en Japón se sube al bus por la parte trasera y se paga al bajar.

La ciudad no es demasiado grande pero es bonita. Cuenta con varios museos y algún templo, así como varias esculturas de personajes importantes de la historia samurai. Subimos por una carretera de Dios hasta el parque de Shiyorama y ahí bajamos del bus (150¥ c/u). Subimos por una calle que hay algunos puestos de souvenirs y en seguida llegamos al mirador. ¡¡Vaya vistas y qué pasada ver el Sakurajima humeando!!

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Aquí nos damos cuenta de que todo está lleno de cenizas y vemos que la gente apunta al volcán continuamente… Confundido hay la opción de hacer una ruta de senderismo por el parque, pero son más de las 16h, pronto empezará a anochecer y estamos cansados, así que volvemos a la parada del bus con la intención de ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poco. Cogemos el bus y terminamos de hacer el trozo de ruta circular por la ciudad. Pasamos muy cerca del mar y del puerto… así como por una gran avenida en la que vemos que hay calles comerciales cubiertas del estilo a las de Kyoto.

Estábamos tan tranquilos sentados en el bus observando la ciudad desde las ventanillas cuando de repente todo el mundo grita al unísono “¡¡guau!!” mientras señalan al volcán. Nos giramos de golpe y vemos que el volcán ha expulsado una gran nube de humo negro Chocado Chocado ¡Nos quedamos boquiabiertos! Sabíamos que el volcán está activo y que humea de forma constante pero no nos esperábamos ¡ver eso! Todos los japoneses comentan algo con tono de sorpresa mientras no dejan de mirar al volcán que sigue sacando humo negro… ¿¡eso es bueno o malo?! Ojos que se mueven Ojos que se mueven

Durante el corto trayecto hasta Kagoshima-Chuo vemos que todo el suelo se está cubriendo de cenizas por momentos, se ha hecho de noche de golpe y la gente abre paraguas y se tapa la boca y la nariz con toallas o mascarillas… ¡¡madre mía dónde nos hemos metido!! Al llegar a la estación comprobamos que literalmente que ¡¡¡¡LLUEVE CENIZA!!!! Qué fuerte, aún flipamos en colores al recordar lo que fue vivir aquella experiencia. Una nube negra de humo cubre toda la ciudad y no deja de llover ceniza. Pican los ojos y la garganta y huele a azufre un montón. En un momento se ha cubierto el suelo… Entramos a la estación a recoger nuestras cosas de la consigna y salimos de nuevo a la calle porqué de verdad que no podemos dejar de flipar, esta vez abrimos los paraguas y empezamos a hacer fotos y vídeos de todo, ¡es increíble!

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no es niebla, es la ceniza que “llueve”

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la nube de humo que llega del volcán

 

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fijaos en el suelo de la calle

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montones de ceniza se agolpan en las aceras

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la vista a través del paraguas transparente, se puede ver la ceniza que “llueve”

 

Pasados unos 20 minutos haciendo fotos y vídeos sin parar y alucinando, decidimos ir hacia el hotel, nos pican demasiado los ojos y la garganta… ¡esto no puede ser sano! Imaginad si estábamos alucinando que ni nos habíamos dado cuenta que en la estación JR Kagoshima-Chuo hay una noria que sobresale por el tejado… 😛

 

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Nos dirigimos hacia la parada del tranvía y nuevamente ¡¡TODO en japonés, qué horror!! Sabemos la línea que tenemos que coger y la parada pero ni idea del sentido… preguntamos a unos cuantos pero todos nos miran con cara de “no entiendo” así que subimos al primero que pasa y tras dos paradas comprobamos que vamos en sentido contrario, así que nos toca bajar (160¥ /pp) y cogemos el siguiente que pasa en sentido contrario, esta vez si, vamos en la dirección correcta y tras pocas paradas bajamos en la nuestra (otros 160¥ c/u).

Nos alojamos en el Hotel Hokke Club Kagoshima por 6000¥ la noche en habitación doble con desayuno incluido. Hacemos el check-in y subimos a la habitación. Este hotel es de tipo occidental, con lavabo privado. Además el hotel cuenta con baños públicos pero nos dió reparo eso de bañarnos con desconocidos en pelotas y no los probamos. Llamadnos tontos, si pudiera volver a atrás los aprovecharía seguro 😛

Nos echamos un rato porqué estamos agotados entre el maldito jet-lag y la nochecita que hemos pasado en el hostal. Tras un ratito de descanso y a pesar de que no me gusta la idea porque me da yuyu, mi marido me convence para salir a disfrutar de “Silent Hill” xD Es ya de noche cuando salimos pero aún así se siente el olor a humo y azufre y está todo más cubierto que antes por las cenizas. Nos acercamos a la zona de calles comerciales cubiertas, a unos 10 minutos a pie del hotel, hay un montón de tiendas pero ya están cerrando. Así que volvemos hacia el hotel, parando antes en un Family Mart a comprar cena y desayuno para mañana por cuatro yenes. En este viaje me aficioné a los yakisoba UFO Mr. Green Mr. Green estaban riquísimos y como en todos los hoteles había hervidor de agua, los cené más de una noche ¡jeje!

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nuestra cena improvisada del Family Mart

Tras la cena, llamadita a los nuestros para contarles lo flipados que estamos. Mañana teníamos previsto visitar la isla de Sakurajima pero no sabemos si podremos hacer la excursión… todo dependería de cómo amanezca el volcán. Y alucinando en colores y agradecidos por habernos decidido a venir a esta ciudad, nos vamos a dormir Heart

28/09/13: ¡nos vamos a Kyushu!

Día 2: vamos a conocer una región poco visitada… viajamos a Fukuoka

Hoy nos levantamos bien temprano ya que a las 7,36h sale nuestro Shinkasen hacia la primera parada en Kyushu. En un primer momento habíamos pensado enviar las maletas de Osaka a Kyoto, pero luego decidimos que serían demasiados días para llevar la ropa en la mochila así que nos las llevamos con nosotros. Hacemos el check-out del hotel y bajamos a la estación.

Hoy es nuestro primer día con el Japan Rail Pass (JRP) de 14 días. Tomamos un tren de la JR Kyoto Line para llegar a la estación de Shin-Osaka desde dónde sale nuestro Shinkansen, pero antes nos compramos desayuno en el Starbucks para tomarlo en el tren. En la estación vemos algún tren molón… muy ¡kawaii!

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¡Nos hace una ilusión tremenda volver a subir en un Shinkansen! Podréis pensar que en España también tenemos trenes “bala” pero es que el modelo japonés alcanza altas velocidades sin notarse ni una sola vibración, este en concreto llegó a alcanzar los 302km/h -medido con GPS-. Mr. Green

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El trayecto dura unas 2,30h desde Osaka. Hasta Hiroshima vamos reconociendo ciudades y lugares que habíamos visto en el 1r viaje, y al parar en Hiroshima nos vienen un montón de recuerdos… de nuevo nos entra la venilla nostálgica de nuestra Honeymoon  😛 pero esta vez vamos más allá y llegamos a la estación JR Hakata tras haber cruzado el estrecho de Kanmon o Shimonoseki.

Tengo que hacer un alto porqué esto es algo muy curioso, Fukuoka (capital de Kyushu) era en un principio una ciudad señorial que contaba con un castillo y a pocos kilómetros se encontraba la aldea de Hakata. Con los años, ambas crecieron tanto que en 1889 acabaron fusionándose, pero los japoneses son mucho de recordar por lo que decidieron mantener ambos nombres, aunque se usa Hakata para la estación de trenes y Fukuoka para nombrar a la ciudad oficialmente, así como su aeropuerto.

Fukuoka (福岡): La cercanía con Corea, ha tenido a lo largo de su historia casi tantas influencias coreanas como japonesa, aunque es considerada el lugar de nacimiento de la civilización japonesa. Kyushu, fue el primer punto de contacto de Japón con el resto de civilizaciones asiáticas ya que era considerado un lugar de fácil acceso para los conquistadores que procedían de Europa ya en el siglo XVI. Hoy en día es la capital de la isla de Kyushu.

En Fukuoka nos alojamos en el Hana Hostel Fukuoka por 6800¥ los dos en habitación doble con baño privado. Se puede ir andando desde la estación JR Hakata en un paseo de unos 15-20 minutos, pero como vamos bien cargados decidimos coger el metro para acercarnos un poco, así que lo cogemos hasta la parada de Gion (200¥ cada uno, 5 minutos de trayecto) y desde allí seguimos las indicaciones que dan en la web para llegar andando, en unos 5 minutos nos plantamos allí. El hostal se encuentra al principio de una calle comercial cubierta que nos recuerda mucho a la que vimos en Kyoto en el 1r viaje…

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Hacemos el check-in y aunque no podemos subir a la habitación aún, nos guardan las maletas hasta que podamos entrar a mediodía. La chica de recepción, que es súper amable, nos dice que en la cocina hay café y té gratis, así que nos tomamos uno antes de ponernos en marcha. La chica me pregunta cómo se pronuncia mi nombre es castellano, le digo “Carolina”, a lo que ella contesta “en Japón: Carolina-San”, os podéis imaginar que aquí mi marido ya me bautiza de por vida como “Carol-SanMr. Green

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la cocina del hostal

Tras el cafelillo y una corta conversación con la chica, nos ponemos en rumbo. Lo primero que visitamos es un pequeño templo que hay a pocos pasos del hostal (no recuerdo su nombre…).

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Después seguimos hacia el complejo de templos sintoístas, Kushida Shrine, dedicado a la diosa sintoísta Amaterasu, que literalmente significa “la que brilla en el cielo” y considerada diosa del sol y del universo.

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Junto a su entrada hay una carroza de procecioes o Matsuri que impresiona por su altura.

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Es media mañana y hace un calor terrible ya… así que nos tomamos unas bebidas de las máquinas que hay junto a la entrada y seguimos con la visita. Nos encontramos un pequeño pasillo de toriis rojas que llevan a un templo dedicado a Inari (al más puro estilo Fushimi Inari en miniatura).

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Al edificio principal del santuario no nos acercamos demasiado ya que están haciendo una celebración. Comentaros que el santuario data del año 757.

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De ahí, desandamos nuestros pasos y volvemos a Kawabata, la calle comercial cubierta dónde encuentran varios restaurantes, tiendas y hoteles/hostales.

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La recorremos de punta a punta hasta cruzar con la calle Meiji-dori con la intención de coger un bus hasta el Ohori Koen, pero no nos aclaramos en la parada del bus puesto que TODO está en japonés, preguntamos a un par de personas y ni por señas nos aclaramos, y aquí ya nos empezamos a oler que va a ser difícil entenderse en esta ciudad… así que viendo que está la estación de metro Nakasu-Kawabata, decidimos entrar en él e ir hasta la parada Ohoki-Koen (200¥ cada uno). Nos sorprende encontrarnos un mural de Miró en la estación del metro…

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Salimos hacia el parque Ohori y nos encontramos en seguida con un gran lago, con un paseo dónde hay gente sentada en bancos, otros paseando, en bici, pescando y niños correteando.

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plano del parque

Es la mar de agradable… si no fuera por el calor espantoso que hace ¡hasta en la sombra! Tomamos el sendero que se supone que lleva a las ruinas del Castillo y tras más de 1h andando siguiendo las indicaciones y sin ver más que algunas piedras que se supone que son “tramos” de muralla con cuatro tristes piedras y achicharrados de calor, decidimos que pasamos de largo… según las guías aún quedaba algo decente que visitar pero esto es un fiasco. Además aún nos acusa el cansancio del viaje y el jet-lag y acabamos un poco hasta los mismísimos Confundido Recorremos otro buen trozo de parque hasta que conseguimos salir a una calle principal. Sinceramente, suerte que llevábamos el mapa que nos habían dado en el hostal y un mapa off-line en el móvil que nos ayudó a orientarnos porqué si no esta ciudad ¡parece un laberinto y el parque más! Caminamos unos 20 minutos más hasta llegar a una avenida dónde vemos indicaciones para el metro.

Vemos un McDonald’s y viendo que son más de las 14h y que no podemos andar más (¡¡llevamos más 2h desde que llegamos a Ohori bajo una solana tremenda!!) nos metemos de cabeza a por unas hamburguesas. Nos pedimos un par de menús que nos cuesta lo suyo hacernos entender porqué curiosamente ni señalando la foto del menú… (1200¥ los dos). Fue un momento crítico… hasta ahora no nos había gustado nada de lo que habíamos visto, nos parecía una ciudad anodina, muy difícil de comunicarnos con la gente y mal indicada, por no decir fatal ya que no había ¡¡nada en inglés!! y a punto estuvimos de irnos al hotel a dormir hasta mañana y listos 😦

Pero al final, decidimos darle una segunda oportunidad, así que después de comer cogemos el metro hasta JR Hakata (200¥ cada uno) y de ahí, vamos dando un paseo de unos 15 minutos hasta el Santuario Sumiyoshi. La entrada al templo es gratuita (100¥ para el jardín privado, pero no entramos). Éste está considerado como el origen de los santuarios dedicados a Sumiyoshi Taisha.

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Agradecemos esta visita ya que entre los árboles del santuario hace un poquito más de fresco y hay algún banquito dónde sentarse a la sombra, de verdad que hace mucho calor y además es muy húmedo por lo que la sensación térmica es mayor. No puedo imaginar lo que debe ser visitar esta ciudad en agosto…

De aquí, vamos dando un paseo de unos 10 minutos hasta llegar a la zona comercial de Canal City. Miramos de refilón alguna tienda y nos vamos para el hostal. Literalmente no podemos más, tanto por el cansancio como por el calor, así que nos vamos a echar un rato. Monto los futones y a dormir una horita para recuperar algo de fuerzas.

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Tras recuperarnos un poco, salimos de nuevo a la calle. Ahora si se puede estar… ¡ya no hace esa chicharrina! Cenamos en una taberna que hay justo enfrente del hostal. Aquí no hablan ni papa de inglés pero al menos si tienen la carta traducida. Pedimos y al poco empiezan a traerno platos y más platos de comida… resulta que todos los platos se acompañan de arroz y sopa pero el tío de la taberna no nos dijo nada ni intentó siquiera que pidiéramos menos, así que no os podéis imaginar la cantidad de comida que viene Confundido  Sabemos que en Japón es de mala educación dejarse comida, es un desplante muy grande pero tenemos que hacerlo o ¡morimos de indigestión! Por suerte nos sale barato y es que comemos hasta reventar por unos 2000¥ los dos, y estaba todo riquísimo, ¡qué placer volver a tomar auténtica comida japonesa! 😀

A pesar de que estamos súper cansados, damos un paseo por la calle comercial, los templos y los alrededores del hostal para bajar la comida, cualquiera se mete en la cama después de semejante atracón…

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la carroza de Matsuri

 

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el santuario Kushida

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una de las entradas a Kawabata

Tras el paseo, regresamos al hostal. Nos damos una ducha y a dormir que estamos realmente agotados.

P.S: Ahora que ya os he hecho el relato de este día, deciros que nosotros no recomendamos para nada visitar esta ciudad. No le encontramos nada destacable, nos pareció una ciudad de lo más anodina. El transporte es complejo, ya que el bus sólo está en japonés y el metro son dos líneas que recorren las afueras de la ciudad por lo que no abarcan el centro, así que casi todos los trayectos los tendréis que hacer a pie como nos pasó a nosotros. Aunque las distancias no son muy grandes, los 15-20 minutos a pie para ir a cualquier punto no os los quita nadie… y claro, ¡id sumando! Por otra parte, aunque en el 1r viaje no tuvimos ningún problema, aquí nos costó horrores comunicaros con ellos ya que nadie habla más de dos palabras seguidas de inglés y tampoco vimos que se esforzaran en hacerse entender como ocurre en la mayoría de las ciudades de Honsu. En todo caso, recomendaría una parada en Dazaifu -lo explico en la siguiente etapa-, pero vaya, que si tuviera que volver a planear un viaje a Kyushu, pasaría de largo de esta ciudad.

28/05/2011: visitamos el Museo del Ferrocarril de Omiya, el parque de atracciones Tokyo Dome y un Love Hotel :p

Día 13: como niños en el Museo del Ferrocarril y en el Tokyo Dome… y probamos la experiencia de un love hotel 😀

Antes de explicaros la etapa de hoy, tengo que decir que a mi marido le encanta todo lo relacionado con el mundo del ferrocarril. Su abuelo era ferroviario y a mi chico, desde muy pequeño le encantaba ir con él a ver las vías, los trenes, las  estaciones y le encantaba que su abuelo le explicara cosas sobre trenes. A medida que fue creciendo, le siguió gustando ese mundillo y conoce muchísimo sobre el tema, por lo que siempre que podemos visitamos museos del ferrocarril. Conociendo su afición, el día de la boda le regalé una maqueta de la primera locomotora a vapor que consiguió el récord mundial en velocidad, junto a un vale por una visita al Museo del Ferrocarril de Tokyo, uno de los más grandes del mundo, y que hasta el día de la boda él no sabía que había incluído la visita en el itinerario 🙂

Así que podéis imaginar la cara que puso cuando ese día al levantarnos, le dije que la visita al museo tocaba hoy. Estaba muy emocionado. Tras un desayuno rápido, nos vamos para la estación JR Shibuya. Tomamos un tren hacia la zona norte de la ciudad y de allí otro tren JR hasta Omiya, en la prefectura de Saitama.

Hace días que nos fijamos que en las estaciones de metro y en algunos centros comerciales hay un cartel promocional de un cantante con pinta de volver locas a las jovencitas… anoche estuvimos escuchando su canción promo y ¡nos partimos de risa! Os dejo un enlace para que podáis escucharla, así como una foto del cartel 😀

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Tras una media hora de trayecto llegamos a la estación JR Omiya y ya vemos las indicaciones para el Museo del Ferrocarril. Debemos coger un monorail que hace de lanzadera con el museo.

Cuando llegamos vemos que ya pinta chulo… el suelo de la entrada está hecho con paneles informativos, ¡qué original! Hay alguna locomotora fuera y aquí empiezan las fotos 🙂

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Compramos las entradas (1000¥ pp) en las máquinas que hay en la entrada, lo que agiliza bastante el proceso porqué hay bastante gente… Aunque pueda parecer difícil ya que a simple vista solo ves kanjis, es bastante fácil ya que hay un cartelito en inglés con el paso a paso.

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Mi marido va con los ojos como platos mirándolo todo 🙂 Disfruta como un niño y la verdad es que yo también porque el lugar es muy interesante. El museo fue inaugurado en 2007 y cuenta con una superficie total de 28.200 m2.

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Fue construido en un antiguo almacén adherido a la estación JR Omiya y, cuenta con 3 plantas enormes y un gran parque dónde también hay atracciones, se puede hacer picnic y actividades con los más peques. Es un lugar muy dinámico ya que además de tener decenas de trenes, vagones y locomotoras a los que se puede subir, se puede “jugar” con la maquinaria a modo de “acelerar – frenar” mientras ves como funcionan los pistones, el motor, los frenos… tienen una locomotora de vapor antiquísima en el centro que cada hora la encienden para que se pueda escuchar su motor soplar, ¡qué pasada! Me recuerda mucho a la maqueta de la locomotora que le compré para la boda 😀
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La planta baja está repleta de de trenes japoneses de todas las épocas por lo que puedes ver la evolución que ha habido en el país.
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Celebran el aniversario del 1r Shinkansen (tren bala) y por eso podemos verlo allí expuesto. Al parecer el primer tren bala lo diseñaron en 1941 pero al estallar la Segunda Guerra Mundial y verse el país implicado, se paralizó su construcción. De forma que hasta 1954 no empezaron la construcción de la primera línea que uniría Tokyo con Osaka, que uniría dos de las principales ciudades niponas y que cruzaría la isla central del país. Y fue en 1964 cuando el Shinkansen hizo su primer trayecto entre Tokyo y Osaka. Todo un avance si tenemos en cuenta que ya el primer modelo iba a ¡más de 200km/h!

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el morro psicodélico del 1r Shinkansen

Tras un par de horas buenas entre esas locomotoras y vagones, subimos a la segunda planta dónde hay exposiciones de uniformes, paneles informativos, billetes de tren, la evolución de las tarjetas electrónicas para pagar, maquetas de trenes, instrumentos ferroviarios, etc…. y además con unas vistas geniales sobre la planta baja.

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En un mostrador hay un señor que monta maquetas, ¡qué pasada! Son todas chulísimas y de vez en cuando enciende alguna para que circule por unas vías que recorren toda la exposición 🙂

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Subimos al tercer piso dónde hay un mirador desde el cual se ve todo el museo así como la antigua estación que allí había y en otro apartado, hay vías con sus cambios de agujas, ruedas… de todo un poco para que la gente pueda “aprender tocando”. A la parte de la calle no salimos porque llueve a cántaros hoy…

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Se hace la hora de comer pero el restaurante de allí está a rebosar de gente, por lo que tomamos de nuevo el monoraíl y comemos en la estación de Omiya antes de coger el tren de vuelta a Tokyo.

De camino recordamos que en uno de los trayectos de tren que habíamos hecho vimos un parque de atracciones y decidimos ir a buscarlo. Así que bajamos en la estación JR Suidobashi desde dónde se divisa el lugar, y vamos hacia el Tokyo Dome City. Se trata de un complejo de ocio que incluye varias tiendas de cómics, un estadio cubierto dónde hacen conciertos, espectáculos y también partidos de béisbol (los japos son muy aficionados a este deporte); también tiene un mega centro comercial, un spa y un parque de atracciones impresionante.

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esaparate de una tienda de cómics

 

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el estadio Tokyo Dome

Conforme nos acercamos alucinamos con su montaña rusa, ya que además de tener varios looping’s bien chulos, tiene un trozo de vía que cruza ¡literalmente un edificio!!

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Vemos que están haciendo un espectáculo para niños y aquello está a petar de gente 🙂 El parque de atracciones tiene una gran noria que ¡también la cruza la montaña rusa!, algunas atracciones para niños y una de agua que tiene muy buena pinta.

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La pena es que por lo visto hubo un accidente mortal en el parque a primeros de año y está cerrado al público por la investigación que se lleva a cabo pero hay un cartel informativo que explica que lo abren de nuevo el día 1 de junio, qué pena porqué ese día volvemos a casa… Así que nos quedamos con unas ganas terribles de subir a esa pedazo de montaña rusa 😦 Por lo que va directa a la lista de pendientes para un próximo viaje.

Tomamos un café con una caracola rellena de canela y pasas, ¡riquísima! en una cafetería dónde podemos descansar un poquito ya que llevamos todo el día de pie… De vuelta a la estación de tren, vemos una tienda de Bubba Gump. ¡Qué gracia!  Es una mezcla entre bar de tapas y tienda de souvenirs con el logo Bubba Gump y veo que dentro tienen hasta la réplica del banco y el maletín dónde se sentaba Forrest Gump a explicar su historia 🙂 Luego descubrí que hay restaurantes de la cadena Bubba Gump en algunas de las grandes ciudades del mundo (como NY, LA…).

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Volvemos al metro y decidimos ir al hotel a descansar un poco. Son muchos días de tute y madrugones y a estas alturas estamos cansaditos… De nuevo JR hasta Shibuya y de allí a nuestro hotel que está a 5 minutos a pie de la estación.

Nos echamos una siesta y después pensamos en probar una experiencia muy friki… vamos a ir a un Love Hotel para ver cómo son 😛 Así que antes de salir, nos documentamos bien por internet sobre dónde se encuentran los Love Hotel de Shibuya.

A eso de las 20h, salimos a cenar y nos decantamos por un sitio de ramen cerca de la estación JR y luego damos un paseo por el barrio, nos encanta recorrer este lugar por la noche ya que están todos los carteles publicitarios encendidos, hay luces de neón por doquier y gente a diestro y siniestro 🙂 Además, se nota que hoy es sábado porqué hay mucho más ambiente por sus calles.

Tras la cena, seguimos dando un paseo hasta entrar en las callejuelas dónde se encuentran los Love Hotel del barrio. Hay que decir que los japos son bastante viciosillos pero son muy discretos y puritanos en público, es raro ver a una pareja dándose un beso o cogidos de la mano por la calle por ejemplo, por lo que han inventado este tipo de hoteles dónde puedes coger una habitación para toda una noche o sólo para unas horas e ir con tu pareja y tener intimidad. Los hay de todo tipo, sencillos con solo la cama y un wc, con jacuzzi en la habitación, con karaoke y consola, con tele y DVD, temáticos dónde puedes pedir disfraces… y la verdad es que están muy bien de precio. En pocas calles tienes concentrados prácticamente todos los hoteles de este tipo. También los encontrarás en barrios como Shinjuku, Ikebukuro o Akiba.

Además son muy discretos. Junto a la puerta tienes un cartel informativo con el precio aproximado y unos dibujos con todo lo que tiene la habitación. Cuando entras, hay un plafón grande con fotos de las habitaciones y el precio. Si la luz está encendida es que está libre, si está apagada es que está ocupada. Una vez te decides por una, solo tienes que pulsar sobre la foto y automáticamente le sale una señal a la persona que hay en la recepción. Te diriges a ella, pero no te ves con esa persona ya que tienen un cristal opaco para que no se distingan las caras. Te da la llave de la habitación con las indicaciones para llegar, pagas y te dice el tiempo del que dispones en función de lo que pagues.

Nosotros fuimos a uno con jacuzzi en la habitación. También tenía una pedazo de tele de plasma con varios canales “x”, con karaoke, un sofá y luego había un tocador con secador y amenities de todo tipo. Junto a la cama había un pack con toallitas húmedas y varios preservativos. Vamos que está claro para lo que son estos hoteles… son hoteles picadero :p

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Tras las fotos de rigor a la habitación, probamos el jacuzzi. Qué risa pasamos porqué al encender las burbujas se apagó la luz del baño y se encendieron unas luces psicodélicas dentro de la bañera ¡jaja!

Tras el rato pagado por la habitación, dejamos la llave en la recepción -de nuevo sin tener contacto visual con la persona responsable-. Al salir vimos a varias parejas cogidas de la mano en búsqueda de su Love Hotel Ojos que se muevenHeart Nosotros volvemos a nuestro hotel que es dónde tenemos pagada la noche y ya toca descansar :p

24/05/2011: ¡¡la gran Tokyo nos espera!!

Día 9: viajamos a la gran metropolis de Tokyo y empezamos a conocer Shibuya…

Nos levantamos temprano de nuevo ya que nuestro tren sale a las 8,15h. Hacemos el check-out y nos compramos desayuno para llevar en un Choco-Crock® de la estación, una cadena de pastelerías que tienen unos croissants de choco ¡buenísimos! No hay tren directo de Hiroshima a Tokyo por lo que tendremos que hacer un transbordo en Osaka… el trayecto hasta allí lo hacemos la mar de relajados e incluso echamos una cabezada tras tomarnos el desayuno.

A las 9,44h llegamos a Osaka y a las 10,13h salimos hacia Tokyo con una puntualidad extrema. A pesar de que muchos la desaconsejan, nos hubiera gustado visitar Osaka pero para ello teníamos que sacrificar un día de Kyoto o Tokyo y preferíamos ver a fondo esas dos ciudades antes de “mal-verlas” todas, por lo que decidimos que Osaka quedaría para el próximo viaje Sacando la lengua

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Pese a que el trayecto Hiroshima-Tokyo nos ocupará toda una mañana, estamos súper emocionados por poder visitar al fin la capital nipona… hemos pasado unos días muy culturales y espirituales y, ahora llega la parte friki del viaje. La de disfrutar de la gran metrópolis que es Tokyo, de su día a día… aunque también habrá una pequeña parte cultural porqué Tokyo es una ciudad de contrastes…

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interior del Shinkansen

 

El viaje Osaka – Tokyo es largo y también aprovechamos este trayecto para dormir… llevamos días de madrugones y de caminatas, y aún no nos hemos recuperado de la vorágine de los últimos preparativos de la boda, con lo que a estas alturas del viaje estamos agotados.

Pero me despierto a punto para disfrutar de las vistas del ¡¡¡Mt Fuji!!! que hay desde el tren. Truquillo: en el trayecto Osaka-Tokyo, pedid asientos en el lado izquierdo para poder verlo si os dejan las nubes claro… ¡qué pasada! Está bastante tapado, pero ver -aunque sea un trocito- del gran icono que es el Fuji nos embarga de emoción 🙂

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si os fijáis se ve un trocito de la cima nevada sobre el cartel naranja 🙂

 

Llegamos a Tokyo a las 13,10h. En la oficina JR nos recomendaron bajar en la estación JR Shinawaga en lugar de JR Tokyo (que sería la “central”) ya que así nos quedaba más cerca la zona dónde se encuentra nuestro hotel. Allí tomamos la línea JR Yamanote (línea JR circular) hasta la estación JR Shibuya, dónde tenemos reservado el hotel para estos días, y tras unos minutos de trayecto, llegamos al que será  “nuestro barrio” en Tokyo.

Salimos al bullicioso barrio que es Shibuya -sea la hora que sea- y seguimos las indicaciones de la web del hotel para llegar hasta él… nos cuesta un poco verlo y de hecho nos pasamos de largo, pero finalmente damos con él. Escogimos el Granbell Sibuya, Hacemos el check-in y subimos a la habitación a dejar las maletas. La habitación es estrechita pero ¡muy cuca y limpia!

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Vistazo rápido y salimos a comer que estamos famélicos a estas horas… Decidimos ir hacia la zona de la estación dónde hemos visto varios restaurantes. La verdad es que el hotel está super bien ubicado, a menos de 10 minutos a pie de la estación de tren JR Shibuya, el centro neurálgico del distrito.

Entramos en un centro comercial que hay frente a la estación (aquí tampoco hay barras con detectores en la salida, igual que en casa… ¬¬’ ) y vemos que en la planta -2 hay varios restaurantes. Damos una pequeña vuelta mirando los escaparates y nos decantamos por uno que hacen tempuras y sopitas 😉

Debo hacer un pequeño inciso para explicar cómo funcionan los restaurantes allí puesto que es algo distinto a lo que estamos acostumbrados aquí pero veréis que ¡no pierden la practicidad de vista! En primer lugar prácticamente todos los restaurantes tienen unos escaparates con réplicas exactas en plástico de los platos que ofrecen con los precios de cada uno, de modo que cuando entras sabes qué encontrarás y cuánto te gastarás. Cuando entras al bar/restaurante una voz gritona te saluda y pregunta cuántos sois para comer, en muchos sitios saben decirlo en inglés pero si no es el caso, con gestos puedes hacerte entender a la perfección. Te colocan en la mesa, y te dejan la carta, una toallita húmeda para limpiarte las manos antes de empezar a comer (fría en los baratos, caliente en los de cierta categoría), un sobre con dos palillos y un vaso de agua fría o té. Coges la carta y escoges los platos, y esto es verdaderamente simple porqué en la gran mayoría de cartas hay fotos de los platos, una descripción de los ingredientes en japonés y en inglés y el precio, tan solo nos topamos con cartas solo en japo en algún bareto pequeño de barrio, pero no será lo más frecuente. Para las bebidas igual, foto al canto y precio. Cuando lo tienes claro, avisas al camarero con un sumimasen (que significa disculpe en japonés). Vendrá a tomar nota, encontramos poca gente que supiera hablar bien en inglés, pero muchos lo chapurrean y si no es el caso es tan simple como indicar con los dedos el plato y bebida que quieres (a la Coca-Cola® ellos le llaman “Cora“) y con los dedos decir la cantidad de platos. Se llevarán la carta y ese es el momento de limpiarse las manos. Son muy muy escrupulosos con la higiene… las toallitas te las dan hasta en el Mc’Donnalds® y tan solo en un sitio no nos la dieron pero había un par de lavamanos con jabón bien accesibles dónde lavarse antes de empezar a comer. Con una velocidad que impresiona, te servirán los platos y te dejarán la cuenta boca-abajo en una esquina de la mesa de forma que cuando termines de comer, te levantes con tu cuenta, vayas a la caja, pagues y te vayas. No tienes que esperar a que te la traigan después ni son de mezclar dinero con comida. En muchos restaurantes sencillos no tienen carta de bebidas pero te van rellenando el vaso de agua o té continuamente y ¡gratis! Así de simple y sencillo 😉

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Seguimos. Volvemos al hotel y le preguntamos a la chica de recepción si hay alguna lavandería cerca. Nos da un mapa con las indicaciones para llegar a la más cercana, recogemos la ropa de la habitación y vamos a poner lavadoras. Esto formaba parte del plan para hoy, ya que así podemos minimizar el equipaje a llevar y como allí todo es barato no dudamos en ir a lavar la ropa 🙂 Llegamos a la lavandería y se trata de un establecimiento pequeño dónde todas las máquinas funcionan con monedas. Vemos que algunos ponen la lavadora y se van… pero nosotros decidimos cogernos un cafelillo de la máquina que hay en la puerta y sentarnos a descansar mientras nuestra ropa está lista.

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En unos 40′ queda limpia y la pasamos a la secadora. Nos quedamos alucinados con el lugar dónde se encuentra la lavandería. Estamos en Shibuya, uno de los barrios más grandes de Tokyo y sin embargo, parece un pueblecito dentro de una gran ciudad, vemos que la gente tiene el coche abierto, los aparatos de aire acondicionado a pie de calle y sin sujetar… ¡está claro que aquí no roban! Y a nosotros nos sorprende sobremanera… Vemos también un parking de bicis con dos alturas… hay que aprovechar al máximo el espacio ¡¿eeh?!

Algo que nos llama mucho la atención porque aquí no estamos habituados a ello, es que tienen el tendido eléctrico a la vista. Es la forma más segura de tenerlo en lugares con alto riesgo de seísmo, ya que enterrados sería más fácil que hubiera cortocircuitos en caso de terremoto y el riesgo de incendio o avería también es mayor.

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Cerca de la lavandería vemos un edificio que es un centro cultural con forma de robot, ¡¡mola!!

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Cuando termina la secadora, vamos al hotel de nuevo. Algunas piezas se han quedado un poco húmedas, así que las tendemos por la habitación y salimos de nuevo a echar un vistazo al barrio dónde nos alojamos, Shibuya.

Vemos la estación de trenes que es inmensa, ¡¡tiene 2 centros comerciales adheridos a ella!! Y vemos también el famoso paso de peatones en cruz de Shibuya o Scramble Kousaten, y es digno de ver porque es el paso de peatones ¡más transitado del mundo! ¡Qué pasada!, cada vez que el semáforo se pone en verde aparece una marea humana que cruza de un lado a otro de la calle y también en diagonal,  Y es que a diario lo cruzan una media de un millón de personas, ¡casi nada!

Damos una vuelta por la zona comercial de Shibuya y vemos los famosos centros comerciales “109” entre otros. El CC Shibuya 109 es un complejo de ropa juvenil para chicas con más de 100 boutiques repartidas en 10 pisos. Usualmente se pronuncia “Shibuya ichi maru kyu“, tiene su homónimo cerca para chicos. Recorremos un par de plantas y alucinamos 😛

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Los taxis tokyotas son muy molones, abren la puerta para el pasajero de forma automática ¡mola! Si, lo sé, he perdido la cuenta de los “mola” que ya he soltado, pero nos chocaron muchas cosas, sobretodo ese primer día en Tokyo, con sus peculiaridades y sus gentes. Llevamos apenas unas horas en la ciudad y ya estamos encantados 🙂 Quizá para aquellos que ya hayan visitado otras metrópolis como New York o Hong Kong no les impresione tanto ese primer contacto con Tokyo… para mi era la 1ª vez en una gran ciudad de este estilo, con luces por doquier, edificios tan altos y ese ambiente, y tengo que decir que me encantó. Y a día de hoy, después de haber estado en NY y en HK, sigo pensando que Tokyo tiene algo especial 😀

Seguimos con el paseo y vemos mogollón de centros de ocio con karaoke, salas de juegos o Pachinko, ¡el deporte nacional japonés, jajaja! Se trata de salas atiborradas de máquinas tragaperras en las que el juego consiste en encestar bolitas… hasta aquí fácil, pero luego hay que ir respondiendo a preguntas y resolviendo problemas, así que ni intentamos echar una partida porque las máquinas ¡están en japo! Vemos que los hay “pofesionales” y todo, que llevan guantes blancos para no hacerse ¿callos? ¡jajaja! ¡¡No!! Como siempre ellos son tan pulcros que les da repelús tocar con las manos algo manoseado antes por otro, formas de evitar contagios 😉

Entramos en una de las “salas” de juegos… ¡¡¡5 plantas de ludopatía!!! y echamos unas partidas a un juego de disparar pero en el que te montan en una especie de simulador Sacando la lengua ¡qué frikis! Riendo Riendo

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Después de un rato dándole a las maquinitas, seguimos dando un paseo por la zona mientras buscamos un sitio dónde cenar. No hemos querido ver demasiado de Shibuya hoy porque tenemos un día programado para ver el barrio a fondo, pero nos deleitamos entre las luces de neón y los enormes carteles publicitarios. Pasamos de nuevo por el gran paso de peatones, ¡es realmente impresionante!

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Cenamos en un bar irlandés, así podemos variar un poco nuestra dieta y nos tomamos unas cervezas japonesas, marca Asahi, que no están mal con unas tapas 🙂 Y ponemos rumbo al hotel, llevamos un par de días de grandes madrugones y necesitamos dormir y descansar que nos esperan más días de caminatas recorriendo Tokyo.

23/05/2011: conocemos la dura Hiroshima y la mística Miyajima…

Día 8: acabamos acongojados con la cúpula de la Bomba atómica y el museo de la Paz, disfrutamos de los mejores yakisoba y nos enamoramos de la pequeña Miyajima…

 

 

Hoy nos levantamos bien pronto para tomar el Shinkansen hacia Hiroshima. Hacemos el check-out del hotel, compramos desayuno para llevar en la estación, y a las 7,20h estamos en el tren rumbo a nuestro nuevo destino en Japón: Hiroshima.

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nuestro Shinkansen entrando en la estación JR Kyoto

El camino se hace ameno ya que viajar en un Shinkansen es una verdadera maravilla… 300km/h sin una sola vibración 🙂 Un auténtico placer para los amantes del mundo ferroviario 🙂 Aprovechamos para comernos algunos dulces típicos de Kyoto que compramos en la estación.

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Llueve prácticamente todo el tiempo y mucho nos tememos que seguirá así cuando lleguemos a destino. Aún así, tenemos muchísimas ganas de conocer Hiroshima, un lugar de lo más relevante en la historia del mundo, y la cercana isla de Miyajima, un paraje del que nos enamoramos ¡solo viéndolo en foto!

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Como siempre llegamos a la hora exacta que marca el billete. No nos cuesta nada encontrar el hotel porque está adherido a la estación central de trenes. Para nuestra estancia en esta ciudad, escogimos el Granvia Hiroshima éste es un hotel de 4* que reservamos a pocos días de cerrar el viaje. Es una cadena hotelera japonesa que tiene alojamientos en todas las ciudades importantes de la ciudad, y siempre adheridos a estaciones de tren relevantes. Ya lo habíamos visto cuando buscamos el resto de alojamientos y se iba de presupuesto, pero con el tema del tsunami vimos que había bajado considerablemente el precio y no dudamos en escogerlo para esta noche. Mucha gente duerme en Miyajima, realmente debe ser toda una experiencia dormir en un ryokan allí, pero nosotros abogamos por la comodidad ya que mañana tendremos que coger el tren bien temprano también y preferimos estar cerca de la estación.

Lo malo que tienen la mayoría de hoteles en Japón, es que son estrictos con la hora del check-in y además suele ser a partir de las 14-15h… como no podemos hacerlo hasta la tarde, pedimos que nos guarden las maletas porqué sinceramente no me veo yendo a Miyajima con ellas… así que dejamos allí las maletas y nos llevamos con nosotros las mochilas. Volvemos a la estación JR Hiroshima, y mi marido se piensa lo de ir cargados los dos con las mochilas, así que decide dejar su mochila en una consigna de la estación e irnos solo con la mía que es dónde llevo todos los gadgets (iPad, cámara, documentos, etc.). Tras esta pequeña gestión,  tomamos un tren regular de la línea JR Sanyo hasta la estación JR Miyajima-Guchi dónde enlazamos con el ferry que lleva a la isla de Miyajima. El trayecto en el tren y el ferry nos entran en el pase Japan Rail Pass.

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Desde la orilla en que se toma el ferry ya se ve la archiconocida torii flotante de la isla así como santuario que hay junto a la orilla. El trayecto es de lo más relajante y en 10 minutos ya estamos en Miyajima.

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En el Ferry, al fondo se ve la torii flotante de Miyajima

En esta isla se encuentra uno de los iconos más conocidos de Japón: la gran torii flotante (torii en japonés significa puerta sagrada e indica la entrada o cercanía a un lugar sagrado).

En la terminal del ferry hay una oficina de información donde nos dan un mapa en español de la isla. Vemos unas máquinas de bebidas y nos compramos unas latas de café caliente que ¡están riquísimos! Probamos varios a lo largo de los dos viajes, y me quedo con los de la marca Coca-Cola®. En Japón está mal visto eso de comer o beber por la calle, así que nos tomamos el café sentados en un banco junto a la terminal y una vez terminados, empezamos a descubrir esta maravillosa isla. Por el camino nos encontramos con una agradable sorpresa y es que aquí ¡también hay ciervos en libertad!

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Sabemos que la isla sufre grandes mareas a lo largo del día (es una de las islas del pacífico afecta por las mareas más fuertes), y en función de la época y de la hora, podrás ver la torii bañada por el agua si hay marea alta y el santuario “flotando”, o bien podrás acercarte hasta ella y hacerte unas fotos debajo de ella si la marea está baja. Puedes conocer las horas de las mareas a través de esta web: http://tbone.biol.sc.edu/tide/tideshow.cgi?site=Itukusima,+Hirosima,+Japan

Nosotros preferimos descubrirla bañada por el agua, como en las típicas postales de la zona. Es por ello que decidimos visitar la isla por la mañana. Desde el mismo paseo que rodea la orilla de la isla, nos hacemos unas fotos con la torii flotante de fondo. La O-torii tiene una altura total de 16 metros, con unos pilares de 10 m. de circunferencia  y fue construida en 1875.

Y la pregunta del millón es: ¿porqué la torii está en el mar? Pues muy sencillo… el Santuario Itsukushima, del cuál es la puerta sagrada, está dedicado al dios shintoista que vigila el mar y se supone que para llegar de forma “pura” al santuario, se debe hacer por mar, pasando bajo la gran torii y atracando en alguno de los pasadizos elevados sobre el mar del santuario 🙂

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Nos encontramos haciendo fotos por allí y disfrutando de esa estampa cuando veo sentados en un banco a ¡la pareja con quién iniciamos nuestro viaje! ¡Menuda sorpresa! Nos acercamos a saludarlos y ellos también alucinan de habernos encontrado allí. Nos explican que han pasado la noche en Miyajima y hoy vuelven a Kyoto. Charlamos un rato con ellos y nos dan a probar unos dulces típicos que han comprado en la isla… de repente unos cuantos ciervos se acercan a nosotros para que les demos galletas ¡jajaja! ¡Menudos golosos y menudos interesados son estos ciervos!

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Tras un rato de charla con ellos, seguimos descubriendo la isla. Vamos a ver el Santuario de Itsukushima (entrada 300¥ pp). Construido sobre el mar en el 593 y remodelado en 1168.

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Fue nombrado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1996. Tiene una construcción muy peculiar de estilo Shinden en las que todas las salas y capillas que conforman el santuario está conectadas por unos pasillos sobre el mar con una longitud total de 300m desde los que se puede disfrutar de las vistas sobre el mar con su torii flotante.

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mientras visitamos el santuario comienza a bajar la marea… toda esta zona queda bañada por el mar cuando la marea está en el punto más alto.

Vemos montones de barriles de sake y arroz, otra estampa típica de Japón. Se trata de donativos que ofrecen los fieles al santuario.

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Desde su jardín se ven el templo Senjokaku o sala de los mil tatami, y la pagoda, construida en 1407 con cinco pisos y más de 27 m. de altura, es una de las más altas de Japón. Con mucho pesar no los visitamos puesto que queremos ver un poco de Hiroshima y teniendo en cuenta la paz que se respira en el ambiente de la isla y que nos faltará también por conocer el templo budista Daisho-in y el monten Misen, nos queda claro que habrá una nueva visita al lugar en un próximo viaje…  Muy feliz

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Eso si, de camino de vuelta a la terminal del ferry nos enamoramos aún más del lugar, entre sus jardines, sus templos y esas callejuelas comerciales tan típicas niponas repletas de tiendas y restaurantes, que nos vamos encontrando por el camino. Además huele a las mil maravillas ya que la isla es conocida por sus galletas con forma de pez y rellenas de lo que quieras (anko, chocolate, crema, etc.). Además, como las producen allí mismo, se puede ver todo el proceso artesanal de elaboración de los dulces a través de los escaparates. Antes de zarpar compramos unas galletas típicas para traer a nuestra familia y un par de cajas para nosotros que seguro caerán durante el viaje porque ¡¡están buenísimas!!

Otro manjar típico de la isla son las ostras y las sirven cocinadas de mil maneras. No las probamos, a mi marido no le gusta el marisco ni similares y a mi no me gustan las ostras :p

Expuesta en una de las tiendas se halla la pala de girar el arroz más grande del mundo 🙂 cosas de japos que les gusta hacer las cosas a lo grande 😀 Por el camino vemos a unos cuantos ciervos intentando atracar una tienda ¡jaja qué graciosos!

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Al igual que en Nara, aquí también hay carteles con ciertas normas de conducta con los ciervos…

Y ahora si, con mucho pesar salimos pitando para el ferry y de vuelta a Hiroshima. Una vez en la ciudad, desandamos nuestros pasos hasta la estación de tren, dónde de nuevo tomamos un tren de la línea JR Sanyo hasta la estación JR Hiroshima. Vamos con un poco de prisas porque a las 17h cierra todo en Hiroshima y son más de la 1h, así que decidimos comer en plan fast food en un McDonnalds®. Luego salimos de la estación y junto a ella, tomamos un tranvía hasta la zona del Castillo de Hiroshima, primer punto que conoceremos de esta ciudad.

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ferry que nos llevó de vuelta a Hiroshima

Pero antes de continuar con el relato del viaje, os cuento un poquito sobre la ciudad… Hiroshima es la capital de la prefectura de Hiroshima y la ciudad más grande de la región de Chugoku con 1 millón de habitantes. Enclavada junto al río Ota, se encuentra separada en nueve islas, tantas como brazos tiene el río. Hiroshima significa literalmente isla ancha y está construida sobre una serie de islas arenosas en el delta del Ota-gawa. Fue fundada a finales del siglo XVI y se convirtió en centro urbano durante la época Meiji. Desgraciadamente es mundialmente conocida por ser el escenario del primer bombardeo atómico en la historia al final de la II Guerra Mundial.

Como os decía, cogimos un tranvía en Hiroshima Sta. (líneas 1, 2, y 6) que nos lleva hasta la parada Kamiya-cho. De allí caminamos unos 10 minutos hasta llegar al Castillo de Hiroshima. Construido en 1589 por el clan Mori,  fue completamente destruido por la bomba atómica, pero se reconstruyó gracias a una donación privada (las obras finalizaron en 1958). No es un gran castillo ya que tampoco lo reconstruyeron al completo, si no que tan solo una parte de la muralla y algunas torres, y aunque es un lugar bonito, es totalmente prescindible su visita a no ser que seas un gran amante de los castillos japoneses :p

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Entramos gratis a una de sus torres que alberga un museo con una exposición de ropa, armas y una reproducción de habitaciones de como había sido el castillo en su época.

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Tras esto, nos vamos a recorrer un trocito del jardín Shukkeien, de acceso gratuito. Y aunque parece un lugar interesante y es enorme, es un rollo visitarlo con el aguacero que está cayendo… y sinceramente, preferimos visitar la zona de la Cúpula y el Museo de la Paz antes de que cierren.

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jardín Shukkeien

Apenas hay unos 15 min a pie del parque de la paz, pero como diluvia, volvemos a la parada del tranvía y cogemos uno que nos deja frente a la zona 0. Ya desde la parada del tram se intuye lo que allí hay…

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Pero conforme te acercas a la Cúpula de la Bomba Atómica, te quedas literalmente sin palabras y un escalofrío te recorre el cuerpo. Impresionante lugar. Pone los pelos de punta ver hasta qué punto es capaz de llegar el ser humano… muy muy impactante, de verdad.

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Me impresiona tanto que hasta me sabe mal sacar la cámara para tomar unas fotos. Al ver esos gruesos hierros que hay en el interior de los pilares de hormigón del edificio retorcidos por el calor, pienso en aquél 6 de agosto de 1945 y en el horror que vivieron los habitantes de esta ciudad y sus alrededores. El fenómeno se conoció como el Pika-Don (resplandor – ruido) porque en Hiroshima se produjo un increíble resplandor y a cientos de km se oyó un ruido ensordecedor, por lo que unos vivieron el resplandor y otros solamente el ruido. Hubo más de 250.000 muertos en aquel fatídico día, una ciudad casi al completo aniquilada en pocos segundos. Desde entonces se ha convertido en una ciudad comprometida con la paz y la abolición de las armas nucleares y cada 6 de agosto hacen una gran ceremonia con este fin.

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El edificio, antigua Exposición Comercial de la Prefectura es el símbolo de la destrucción infligida a Hiroshima y fue uno de los pocos edificios que quedaron en pie tras la explosión. Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996. Sus ruinas apuntaladas, incluso iluminadas de noche, permanecen como eterno recordatorio de la tragedia. Fue el epicentro de la bomba, que estalló a unos 100m de altura sobre él.

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Ambos en silencio y ensimismados en nuestros pensamientos, vamos dando un paseo bajo la lluvia hacia el  Parque Conmemorativo de la Paz.

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El parque se construyó como lugar de conmemoración del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima para promover la paz mundial y está ubicado dentro del área del epicentro de la explosión atómica, entre la Cúpula y el Museo. En el centro está situado el Cenotafio por las víctimas de la bomba atómica que contiene una lista de toda la gente que murió por la explosión o como consecuencia de la radiación. En el parque también puedes encontrar el monumento a los niños y el cenotafio por las víctimas coreanas. Lo recorremos bastante rápido porqué cada vez llueve más fuerte y nos lo pone difícil…

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Entramos al Museo Conmemorativo de la Paz (entrada 50¥, incluye audioguía en español) y desde el mismo momento en que cruzas el quicio de la puerta ya empiezan a ponerse los pelos aún más de punta de lo que ya los llevas…

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Aún se me encoge el corazón al pensar en todo lo que el museo muestra… es un lugar duro, que muestra lo cruel que puede ser el hombre y la injusticia de las guerras, cuánta gente inocente murió o quedó herida… impactante, no puedo decir más.

Junto a la entrada hay dos grandes maquetas de la ciudad, una antes de la explosión y otra de cómo quedó Hiroshima tras el bombardeo. Escalofriante.

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Antes…

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Después…

La audioguía te resume la II Guerra Mundial, los bandos que había y el motivo de que los americanos lanzaran la Little Boy sobre Japón y en concreto sobre Hiroshima, así como el posterior bombardeo atómico sobre Nagasaki pocos días después. Lo espeluznante es que uno de los objetivos que tenían para lanzar la segunda bomba era Kyoto. ¿Os imagináis que hubieran aniquilado todo su patrimonio? Además de sus gentes, of course… Hay varios vídeos en Youtube y varias páginas que explican todo esto, si os interesa la historia y en concreto la II World War como a mi, seguro que os apasiona y a la vez os enfurece.
La audioguía también te explica el cómo aconteció aquel 6 de agosto y los días y meses posteriores. Y todo esto te lo explica mientras vas recorriendo salas repletas de fotos y objetos que se encontraron entre las ruinas, lo que te provoca una sensación de acongoja impresionante.
Hubo un momento en que no podía más y dejé de escuchar la audioguía y de mirar aquellas vitrinas. Soy una persona muy empática y sufro con el sufrimiento de otros, sentía un gran dolor y un gran malestar… Así que personas empáticas, sensibles y/o aprensivas, os aviso, lo pasaréis mal en el museo pero aún así creo que todo el mundo debería visitarlo para ser conscientes de lo ocurrido y evitar que una atrocidad así vuelva a ocurrir.
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Son casi las 18h cuando salimos del museo (hora del cierre) con una mezcla de sentimientos entre pesar, furia y con el corazón en un puño… Junto a la salida escuchamos a una coral de jóvenes japoneses que cantan con tanto sentimiento que nos pone los pelos más de punta de lo que ya los llevamos. Lo comparto con vosotros.

Continua lloviendo a cántaros… regresamos a través del parque de la paz hacia la parada de tranvía que hay junto a la Cúpula. Allí tomamos un tranvía de nuevo para volver al hotel. Al igual que los buses de Kyoto, debes subir por la puerta de atrás.

Aquí nos pasa algo curioso y que nos tiene bastante rallados hasta llegar a la estación… en teoría, cuando subes a un bus/tranvía, junto a la puerta hay una máquina que saca un papel con el número de parada en la que subes y luego al bajar, te cobran en función del trayecto… pues bien, resulta que aquí la máquina no saca papel y todo el mundo pasa una tarjeta contactless por un lector, y claro nosotros nos quedamos ¿¡y cómo lo hacemos nosotros?! Chocado . Estuvimos rallados hasta llegar a la estación que era nuestra parada y también la última de esa línea, así que decidimos esperar a que bajara todo el mundo para poder ir con calma y explicarle al conductor como pudiéramos dónde habíamos subido para que nos cobrara el trayecto… así lo hicimos, y por suerte (¡es lo bueno de ser guiri!) nos había visto subir y nos dijo que no pasaba nada porqué no tuviéramos papel de subida, que nos cobraba lo que valía el trayecto que habíamos hecho. ¡Uffff qué susto! Muy feliz Muy feliz Le dimos las gracias con un sonoro “domo arigato” como ellos suelen hacer y ahora si, nos bajamos relajados del tranvía.

Luego con el tiempo además nos enteraríamos que hay una zona de tarifa plana en Hiroshima. No sabemos si nos cobró lo que tocaba por ese motivo o porqué realmente nos había visto subir en aquella parada 😀  Ya veis, anécdotas de viajero ¡jaja!

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Tram de la ciudad

Llegamos a la estación y recogemos la mochila de mi marido de la consigna y luego vamos hacia el hotel dónde hacemos el check-in y subimos a la habitación. Si el hall del hotel ya es chulo, ¡la habitación es increíble y enorme! ¡Y menudas vistas sobre la ciudad desde la habitación! Lástima de los nubarrones y la lluvia que no permiten disfrutarlas al máximo…

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Después del madrugón de hoy, estamos bastante cansados a estas horas ya… así que perreamos un poco en la habitación, aprovechamos para hacer copia de seguridad de las fotos, hablar con los nuestros y cuando se da la hora de ir a cenar, decidimos ir a lo cómodo por lo que vamos a buscar un restaurante en la misma estación.

Nos decidimos por uno de yakisobas y okonomiyakis que es bastante pequeño pero que ¡huele que alimenta desde fuera! Nos sientan en la barra, frente a la plancha. Al principio nos pareció un poco rollo eso de estar frente a la plancha pero luego nos encantó porque pudimos ver el arte que tenía el chef con las paletas y cómo se hacen los yakisoba y los okonomiyaki de Hiroshima y ya me veis a mi tomando buena nota de ello para luego hacerlos yo en casa. Si, mis yakisoba caseros son al estilo de Hiroshima 😀

Lo siento, no tengo fotos del momento, me dejé la cámara cargando y mi móvil de entonces echaba unas fotos de kk… 😦

Pedimos un yakisoba y un okonomiyaki para compartir y así poder probar ambos platos porque tenían una pinta estupenda los dos. Y os aseguro que ¡no los he probado mejores en mi vida! El lugar es 200% recomendable y si algún día volvemos a Hiroshima, tenemos claro que ¡¡volveremos a comer a allí!! No recuerdo el nombre del lugar ni sé si seguirá abierto, pero si alguien quiere indicaciones de cómo llegar, decidme.

Tras una cena exquisita y de comer hasta reventar, pasamos por la oficina de la Japan Railways y reservamos los billetes del Shinkansen para mañana, y volvemos al hotel. Hemos tenido un día agotador y toca dormir que mañana ponemos rumbo bien temprano hacia la capital, ¡¡si, nos vamos a Tokyo!!

P.S: si tuviera que volver a hacer esta excursión, sin duda hubiera visto lo que nos interesaba de Hiroshima por la mañana y luego hubiéramos ido a Miyajima, tal y como lo hicimos tuvimos la sensación de no poder disfrutar demasiado de la isla. Con el tiempo que disponíamos nos sobraba el castillo, así hubiéramos podido dedicar un poco más de tiempo al resto.

¿Lo ideal? Visitar Hiroshima por la mañana, luego ir a Miyajima y hacer noche allí, así puedes ver la torii con marea alta y marea baja. Por la tarde visitas el santuario, las calles comerciales y al día siguiente por la mañana, haces el ascenso al monte Misen y visitas el templo Daisho de bajada. Luego ya, siguiente destino 😉

16 y 17/05/11: Empieza nuestra Honeymoon: la aventura nipona!!

Día 1: ¡tras muchos percances, empieza nuestra luna de miel a Japón!

Nuestro viaje empieza hoy. Esta noche no hemos dormido nada (ha costado porque aún arrastramos cansancio de la boda) pero hemos resistido para empezar a acostumbrar al cuerpo al jet-lag. Hay que tener en cuenta que viajamos al futuro y tendremos 7h de diferencia respecto a España.

Nuestro vuelo sale a las 7,15h de Barcelona. Hemos quedado a las 5,30h en el aeropuerto con otra pareja de Barcelona con los que compartimos la primera parte del viaje…

En esta ocasión, escogimos British Airways para el viaje, es nuestro primer vuelo con ellos y la verdad es que no tenemos queja alguna. Unos días antes de volar, nos escribieron un mail informándonos que habían adelantado el vuelo de Londres a Tokyo por lo que no nos daba tiempo a hacer el cambio de terminal sin correr y jugándonosla… así que les llamé y sin problema alguno nos cambiaron al vuelo de conexión a Tokyo que salía más tarde para poder hacer la escala sin problemas. Nuestro vuelo de Barcelona sale puntual y llegamos a las 8,35h a London tal y como estaba previsto.

En el aeropuerto de Heathrow, tenemos que cambiar de terminal para ir de la terminal 3 (vuelos Europa) a la terminal 5 (intercontinental). Ahí van los pasos que indica la web del aeropuerto:

CAMBIO DE TERMINALES 1 Y A LA TERMINAL 5

Utilice los trenes Heathrow Express para una transferencia libre entre Heathrow Central y la Terminal 5. Este servicio rápido y cómodo sale cada 15 minutos y el trayecto dura unos tres minutos. Por favor, asegúrese de subir al tren correcto como Heathrow Express también se ejecuta sin escalas a Londres Paddington.
Heathrow Central está entre las terminales 1 y 3, que están a pocos minutos a pie a través de pasillos subterráneos y están señalizados desde las plataformas. La Terminal 5 de la estación de tren está en el sótano de la terminal y vinculados a la facturación y llegadas en ascensores exprés.

Por otra parte, los autobuses 441 y 724 de transporte gratuito entre las terminales, salen cada 10 y 20 minutos. Tenga en cuenta que el servicio de autobús 441 se desplaza desde la Terminal 4 de Heathrow Central y también de la Terminal 4 a Englefield Green. En la parte delantera del autobús encontrará claramente identificado su destino, pero si no está seguro, compruébelo con el conductor.

Una vez hecho el cambio de terminal -sin ningún problema- pasamos de nuevo el control de pasaportes y luego, tenemos tiempo de cambiar Euros por Yenes en una oficina de cambio, tomarnos algo, pasear por las tiendas del dutty free y aburrirnos hasta que a las 13,40h ponemos ¡¡rumbo a Tokyo!!

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El vuelo se hace muy pesado… y es que ¡¡¡son 12h de vuelo!!! por suerte podemos dormir un buen rato para recuperar horas de sueño (llegaremos por la mañana), jugar y ver pelis en la pantalla del avión, hablar y recordar momentos de la boda e imaginar cómo será el país al que viajamos y qué nos encontraremos.

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Sobrevolamos el Polo Norte y se nota que hace frio fuera porque cristales de hielo quedan pegados en la ventanilla…

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Durante el viaje nos dan también la cena y el desayuno y tras muuuuuchas horas a bordo, el capitán anuncia que nos aproximamos al aeropuerto de Narita y que en breve aterrizaremos en Tokyo. ¡¡Empieza un nuevo día y una nueva aventura viajera!!

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Día 2: ¡empieza la aventura nipona! Al fin, ponemos los pies por 1ª vez en Japón 🙂

Como iba explicando, tras el desayuno el capitán anuncia que nos acercamos a Narita. Levantamos la persiana y se empiezan a ver ¡campos de arroz por doquier!

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¡¡Fabulosa estampa!!

Las azafatas reparten el documento de la aduana y el visado para que los vayamos rellenando y así evitar que se alarguen aún más los trámites de inmigración al llegar a destino. En el visado pide una dirección, como vamos a estar en varios hoteles, decidimos poner el primero de ellos.

El aterrizaje es suave, tocamos tierra a las 9,05h según la hora prevista y no vemos el momento de bajarnos del avión 😛  En cuanto entramos al aeropuerto empezamos a alucinar al ver los anuncios que hay por los pasillos…

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Nos dirigimos directamente al control de inmigración y nos ponemos a la cola de los “no asiáticos”, debo decir que aunque la cola es enorme, en pocos minutos nos encontramos frente al funcionario de turno que nos toma las huellas dactilares, nos hace una foto y registro de pupilas y nos sella el pasaporte junto a la tarjeta de estancia temporal. El tipo me pregunta el motivo del viaje y cuando le digo “Honeymoon” me da la enhorabuena con una gran sonrisa y me desea una feliz estancia en su país 🙂 estos japos me caen bien ya… 😀 En cuanto pasamos esa zona ya veo las maletas en la zona de recogida, así que bajo (los demás aún están pasando los controles) y las recojo. ¡Llegan todas sin problemas! ¿Soy la única a la que el momento recogida de maletas le genera ansiedad? 😛

Una vez nos reunimos todos,  nos vamos a activar el Japan Rail Pass, un pase que ofrece el Gobierno japonés para los extranjeros que viajan a Japón y que ofrece “tarifa plana” para usar todos los trenes (excepto el tren Nozomi, el “super-bala”)  y el ferry de Miyajima. Como os expliqué, este pase sólo se puede comprar en tu país de origen, te dan como un talonario con tus datos y la fecha de viaje y cuando llegas a Japón y vas a usarlo por primera vez, tienes que ir a una oficina Japan Railways a activarlo. Nosotros compramos el JRP de 14 días. Aprovechamos para “comprar” (y digo comprar entre comillas porque sólo es recoger el billete que no tienes que pagar nada más) para el Narita Express (NEX), el tren de la JR que conecta el aeropuerto con la ciudad de Tokyo,, y para reservar los asientos del Shinkansen (tren bala) que nos llevará a Kyoto, lugar dónde empieza nuestra ruta. La chica de JR nos dice que podemos hacer el transbordo de tren en la estación JR Shinagawa que es mucho más rápido que en la JR Tokyo, así que le hacemos caso aunque nos inquieta contar solo con 15 minutos para hacer el cambio de tren…

Bajamos a la estación de tren del aeropuerto y ya empezamos a mirar y fotografiar todo! Y es que todo nos llama la atención. Desde la numeración de los vagones de cada tren rotulados en el suelo del andén, hasta los carteles publicitarios… y es que ya podemos decir que ¡¡¡¡estamos en Japón!!!!

Como curiosidad os explicaré que en el suelo del andén podréis encontrar marcas con el nombre de los distintos trenes que paran y el vagón, y allí dónde ponga que para el vagón 3 os aseguro que parará el vagón 3. Y allí dónde veáis el número de vuestro vagón, tendréis que hacer cola para subir, esto es especialmente importante si viajas sin asiento asignado. Y la cola será ordenada, si o si. Eficiencia nipona 😉 Por otro lado, a veces ocurre que una misma marca en el andén, sirve para distintos trenes y cada tren, con una longitud en vagones diferente, por lo que a veces encuentras varios números, solo tendrás que fijarte en el nombre o modelo de tren que pone también -eso está en los billetes-. Y tranquis, que cada tren está anunciado con antelación en las pantallas, tanto en las de la estación como en cada andén, en inglés y en japonés dónde os pone el destino, la hora de salida, las ciudades por las que pasa y el número de vagones y modelo de tren que viene 😉

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carteles informativos con los horarios del NEX en Narita

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marca en el suelo con el número de vagón

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Nuestro tren llegó súper puntual, y en una hora y pico nos plantamos en la estación JR Shinagawa, dónde hicimos el cambio de tren. Íbamos un poco asustados porqué sólo teníamos 15 minutos para hacer el cambio de tren, pero en realidad ¡hay tiempo de sobras! Todo está muy bien indicado y además los trenes son súper puntuales, ¡lo que ayuda muchísimo al viajero! Venimos con el chip “España” pero Japón no es sólo otro país ¡si no que también otro mundo!

Ver un Shinkansen por primera vez ¡impacta de veras! Se trata de un tren con aspecto supersónico, que llena de punta a punta un andén hiperlaaargo. El Nozomi, que es el “súper bala”, tiene 8 vagones y es también el más rápido (300km/h), los Hikari y los Kodama tienen unos  16 vagones y son algo menos veloces, 270km/h y 250km/h respectivamente. Tenéis mucha información sobre ellos en la Wikipedia por si os interesa 😉

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La puntualidad es la mayor virtud del sistema ferroviario japonés. Hay varios revisores a lo largo del andén para comprobar que todo el mundo sube y baja sin problemas. Pensad que su tiempo máximo de retraso histórico es de ¡¡5 segundos!! Igual que aquí eeeh?! :S  Si entre el pasaje hay algún viajero con movilidad reducida, veréis que vienen 3 revisores más y lo ayudan a subir (esto también lo vimos en el metro), así que la amabilidad del personal es su otra virtud. El tren es muy ancho, de modo que puedes llevar las maletas entre tus piernas y el asiento de delante sin problema. Los asientos son cómodos y el tren prácticamente no se nota que se mueva, y eso que va rápido, rápido… Además tienes una mesita, vemos que muchos trastean los portátiles o aprovechan para comer o dormir, ¡el deporte nacional en los trenes! Si tenéis alguna duda sobre si es vuestro tren o no, preguntad a los “de la gorrilla” que amablemente os ayudarán.

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billete de tren

En el trayecto en Shinkansen a Kyoto, durmieron todos. Yo aguanté el sueño porqué pensé que sería mejor para acostumbrarme al nuevo horario y ¡resultó efectivo! Aproveché para ver el paisaje junto a las vías que es espectacular y para revisar la guía y ver qué nos esperaba estos días, aunque me la sabía de memoria 😀

Hacia las 15h llegamos a Kyoto, la antigua capital nipona y la que alberga la mayor cantidad de templos Patrimonio de la Unesco del país. ¡¡La estación de trenes es inmensa!! Tiene tiendas, restaurantes, bares y hasta un ¡¡¡hiper-mega centro comercial!!! Chocado En cuanto bajamos del tren, vamos al hotel a dejar las maletas para poder ir a comer con calma, la verdad es que mejor ubicado, imposible, justo delante de la estación 😉 Nos hospedamos en el Hotel Vista de Kyoto  .

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nuestro hotel

El hotel está bastante bien pese a que la habitación es un tanto estrecha, pero ya se sabe que en Japón andan un poco escasos de espacio… pero se ve limpia y acogedora. ¡¡¡El baño es un puntazo, con todo de botones y chorritos y la taza del WC está caliente!!!, es la mar de agradable hacer un pipí en estos lavabos x’D

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Tras dejar las maletas y ver la habitación, volvemos los 4 a la estación de trenes para buscar un sitio para comer. Cuesta un poco encontrar algo porqué son casi las 16h y aquí comen pronto. Pero al final hacemos unas hamburguesas al estilo japonés la mar de ricas. Decidimos que empezaremos con la dieta local para la cena ya que ahora está todo cerrado.Tras comer volvemos a la habitación. Mi marido se queda roque, así que perreamos un poco hasta las 19,30h que salimos a buscar una caja de bento, comida japonesa preparada ¡a buen precio y rica, rica! Que encontramos en el centro comercial que hay en los bajos de la estación JR Kyoto y dónde a última hora de la tarde, hacen una especie de lonja, rebajando los precios de los productos -imaginamos porqué si no los venden los tendrán que tirar…-. Nos llevamos la caja al hotel dónde cenamos.

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Tras llenar la panza, hablamos con los padres vía Skype para decirles que hemos llegado bien y prontito a dormir que las horas de diferencia se notan y una tiene sueñito y el día ha estado cargado de emociones… sleep