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14/10/13: Last day in Tokyo… Entre Ronin, compras y un tifón amenazante…

Día 18: día inolvidable entre descendientes Ronin…

¡¡Qué dolor hoy cuando al despertar nos damos cuenta que mañana ya volvemos a casa!! Chocado Chocado Nos levantamos tranquilamente a eso de las 9h, bajamos a desayunar y nos ponemos en marcha.

Al bajar a los túneles que conectan el hotel con las estaciones JR y de metro, notamos un señor temblor y además nos zumban los oídos. Oímos como el edificio entero cruje… ¡alucinante! Chocado No es nuestro primer terremoto en Japón y apenas dura unos segundos… tras los cuales, seguimos nuestra ruta como tal cosa. Mr. Green

Tomamos la Asakusa Line hasta la parada Sengakuji, en el distrito de Shinawaga. Amantes de la historia samurai, no nos podía faltar la visita de hoy en este segundo viaje. A pocos metros de la estación ya vemos la gran puerta de madera que marca la entrada al Templo Sengaku-ji, más conocido por el Templo de los 47 Ronin.

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Este templo, de entrada gratuita, en si es poca cosa… una puerta de madera, un pequeño templo, una lámpara de piedra a su entrada… pero en su cementerio están enterrados los 47 Ronin, los cuales continúan siendo uno de los relatos históricos más populares en Japón sobre la lealtad, la resistencia y la fuerza de voluntad, características altamente respetadas en la cultura nipona.

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En marzo de 1701, el señor Asano Takuminokami de Ako (actual Prefectura de Hyogo) provocado y tratado con arroganci,a atacó al señor Kira Hozukenosuke en el castillo de Edo. El mismo día, Asano fue condenado a cometer seppuku (ritual suicida), mientras que Kira no fue castigado a pesar de la costumbre de castigar a ambas partes en este tipo de incidentes. Además, toda la familia Asano fue relevada del poder, dejando a los samurai de Asano sin señor y por tanto, convirtiéndolos en Ronin. Durante más de un año y medio, los samurai de Asano prepararon la venganza de su maestro injustamente castigado, hasta que el 14 de diciembre de 1702, el grupo de los 47 Ronin bajo su líder Oishi Kuranosuke, lograron finalmente vengar a su amo matando al señor Kira. Llevaron la cabeza de Kira al templo Sengakuji, lugar dónde la enterraron y dónde posteriormente, fueron sentenciados por las autoridades a realizarse el seppuku (los 47) por el asesinato de Kira.

Y es en este templo, dónde siguen estando enterrados los 47 y dónde sus familiares a día de hoy mantienen sus tumbas limpias, con agua e incienso y dónde se siguen dejando las cenizas de los descendientes de éstos.

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Cuando entramos al cementerio, escuchamos a un grupo de gente siguiendo unas oraciones cantadas por un sacerdote y nos damos cuenta que se trata de un funeral. Nos parece de mala educación estar allí así que nos damos media vuelta como para alejarnos hasta que terminen, pero uno de los allí presentes nos llama con insistencia para que pasemos. Así que con una reverencia y todos nuestros respetos, pasamos hacia la zona del cementerio del templo. ¡Alucinante poder ver un funeral de un descendiente de los Ronin! Chocado

Un funeral budista es algo muy curioso de ver… hay máximo respeto y silencio, nadie llora, todos siguen los cánticos del sacerdote y siguen una serie de rituales (echar agua, echar humo, poner un bol de arroz con inciensos clavados en él…) a los que aquí no estamos acostumbrados. A pesar de que nos han invitado a pasar, nos parece feo estar ahí, así que muy discretamente nos adentramos en el cementerio para poder ver las tumbas de los Ronin. Tan solo algunas son accesibles, otras están cercadas por una valla de piedra. Es de mala educación hacer fotos a las tumbas… por lo que solo tengo dos fotos que hice al finalizar el funeral y quedarnos solos.

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Aquí podéis ver la distribución de las tumbas.

Tras una visita de lo más inesperada, vamos dando un paseo de unos 15-20 minutos hasta la estación JR Shinawaga mientras vamos comentado la experiencia vivida.

Allí tomamos la linea circular JR Yamanote hasta… ¡¡Ikebukuro!! ¡Si, otra vez! Pero esta vez vamos dando un paseo por las calles de alrededor de la estación buscando tiendas de segunda mano de cámaras y objetivos. Entramos en varias, pero no acabamos de ver claro el comprarla de este modo, así que vamos en busca de un objetivo nuevo… y de mi peluche Doraemon Sacando la lengua Se hace la hora de comer, y decidimos volver a una pizzeria en la que estuvimos cenando una noche en el 1r viaje.

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Tenemos que hacer cola de unos 10 minutos para conseguir mesa, ¡está a tope! Y es que han cambiado un poco de formato desde nuestra primera visita. Para las cenas siguen haciendo a la carta, pero al mediodía han montado un buffet de pizzas y pastas más bebidas y postres (también pizzas pero dulces) por 1300¥ (los dos). Comemos hasta los topes, todo está riquísimo 🙂 Probamos pizzas que aquí no veremos ni de coña, como una que había con shiitake y algas nori Riendo

Tras una buena comida, volvemos a la estación JR Ikebukuro para tomar de nuevo la línea JR Yamanote e ir a otro de los distritos “clásicos” y que aún no hemos pisado en este viaje: ¡Shinjuku!

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Pero esta vez, como ya conocimos el barrio en el 1r viaje, nos vamos derechos a las calles de la electrónica que hay en los alrededores de la estación en busca y captura de un nuevo objetivo para mi cámara Sacando la lengua Entramos de nuevo en varias tiendas de segunda mano… en algunas nos miran hasta raro… debieron pensar “qué hacen estos gaijin aquí” Chocado y en otras vimos verdaderas reliquias dignas de museo de historia Sacando la lengua Finalmente, vamos a las tiendas clásicas tipo Yodobashi… comparamos precios y en Big Camera encontramos una buena oferta (70% de descuento) en un objetivo nuevo de larga distancia que va derecho a la saca no sin antes hacer el papeleo para el Dutty Free. Aprovechamos para comprar unas bridas para cerrar con más seguridad las mochilas ya que hemos decidido que debido a la carga en compras realizadas, y aprovechando que con Lufthansa podemos facturar dos maletas por pasajero, mandaremos también las mochilas a la bodega.

Por más que miramos en distintas tiendas de juguetes, no hay forma de encontrar el dichoso peluche de Doraemon, así que con mucha frustración, me quedo sin él… Mi marido se compra una bandolera de piel en una tienda de ropa de chico (no recuerdo el nombre) en la misma estación y así compartiremos bultos para el equipaje de mano… ¡qué fuerte! tras 19 días de viaje ya estamos distribuyendo el equipaje y pensando en el viaje de vuelta que es ¡¡¡MAÑANA, qué horror!!! Chocado Confundido Por un lado tenemos ganas de volver, son muchos días fuera de casa, pero por otro nos fascina tanto este país que nos entra la depre Trist

Cuando llegamos a la estación de Shimbashi, vemos que ya ha anochecido. Hace días que nos llama la atención un reloj enorme que se ve en la 1ª planta del centro comercial Caretta y no nos podemos ir con la intriga, somos así de curiosos. Así que subimos y vemos que es un gran reloj hecho de metal a los pies de la Nippon TV Tower…

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Decidimos ir hacia el hotel por las calles elevadas que comunican todo el Shiodome Building. Echamos unas fotos de los rascacielos de esta zona tokyota. Sabemos que no impresionan tanto como los rascacielos de otras ciudades, pero aún así tienen su encanto y además desde aquí se ve la Tokyo Tower iluminada de rojo.

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Nos encontramos haciendo estas fotos, cuando oímos el sonido de una súper sirena tipo alarma, pero un sonido espantosamente llamativo… ¡nos asustamos un montón! No sabemos de dónde procede y por unos momentos nos quedamos petrificados intentando averiguar si se trata de un terremoto más intenso que el de esta mañana… Chocado Chocado ¡pero nada tiembla! Vemos a gente correr en dirección al reloj y allá vamos nosotros también no vaya a tratarse de algo serio… ya sabéis que “dónde fueres, haz lo que vieres…” Ojos que se mueven y cuál es nuestra sorpresa al ver que la sirena y todo el mundo corriendo es porque el reloj al marcar las 18h hace un espectáculo de música, luces y hay figuras en movimiento como un carrusel al ritmo de la música… ¡¡la leche, pa’matarlos es poco!! Bueno, pues ya que estamos, nos quedamos a verlo… Mr. Green

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El espectáculo del reloj dura como 5 minutos, al acabar, vemos una tienda de chuches dónde nos compramos algunas para el viaje de mañana. Bajamos al Familiy Mart a comprar algunos dulces y galletas para traernos y para desayunar mañana, y unos refrescos. Y con las manos bien cargadas, nos vamos al hotel a hacer las maletas… ¡qué dolor!

Nos encontramos a medio hacer las maletas cuando haciendo zapping en la tele vemos que sacan imágenes de un tifón que se acerca a Japón… tras ver la misma noticia en varios canales, interpretamos que a eso de las 12h tocará suelo justo en ¡¡¡Tokyo!!!

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Nuestro vuelo sale a las 10,30h, esperemos no tener problemas para partir… Ojos que se mueven

Bajamos a cenar al centro comercial que hay junto al hotel unos buenos ramen para despedirnos de Japón. Echamos unas últimas fotos desde la habitación, hablamos con los nuestros para decirles que estamos bien, tristes pero bien… Y acabamos de preparar las cosas, y a dormir pronto que mañana toca madrugar y nos espera un laaaargo viaje de vuelta… sleep

13/10/13: de Harajuku a Odaiba en busca de Cosplays

Día 17: conocemos algunos “clásicos” en la capital nipona y dedicamos el resto del día a las compras y el ocio…

Hoy es domingo y ¿¡a dónde se va los domingos en Tokyo?! ¡¡A Harajuku!! Aplauso Nos levantamos con la calma, desayunamos y nos ponemos en marcha. JR Yamanote hasta Harajuku y conforme nos vamos acercando a nuestro destino el tren se va llenando más y más hasta que ya no cabe ni un alfiler… en Harajuku bajamos toda la marabunta, creo que el vagón ha subido medio metro al bajar todo el mundo 😛

Nos dirigimos en primer lugar al santuario de Meiji Jingu, de entrada gratuita, es uno de los más populares en Japón y de los más importantes de Tokyo. Dedicado a los espíritus deificados del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. La construcción del santuario finalizó en 1920, ocho años después de la muerte del emperador y seis después de la muerte de la emperatriz. El santuario fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido poco después. El Emperador Meiji fue el primer emperador del Japón moderno, nació en 1852 y ascendió al trono en 1867, en el pico de la Restauración Meiji, cuando la era feudal llegó a su fin y el emperador fue restablecido en el poder. Durante el período Meiji, Japón se fue modernizando y occidentalizando para abrirse a las principales potencias mundiales. Falleció en 1912.

Y tras un poco de historia, continuo con el relato 🙂 Cruzamos una gran torii de piedra y en seguida encontramos algunos toneletes de sake ofrecidos por los fieles, así como unos barriles de madera repletos de arroz.

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Seguimos paseando por un camino empedrado y rodeado de un frondoso bosque. Tanto el Meiji Shrine como el adyacente parque Yoyogi constituyen una gran zona boscosa dentro de la ciudad. Vemos las indicaciones para el jardín privado y la casa del tesoro pero no los visitamos… nos llama la atención la cantidad de niños y niñas vestidos con trajes tradicionales, así como el montón de familias que llevan a sus bebés para “bautizarlos”. Me encanta esa mezcla de modernidad y tradición que tiene la cultura japonesa 🙂

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Al llegar a las puertas del santuario vemos un montón de turistas en modo paparazzi… y es que hay una boda tradicional sintoísta. Ei pues yo no voy a ser menos Mr. Green Algunas invitadas llevan kimonos realmente bonitos, otras van con vestidos de fiesta como los nuestros, eso sí todos elegantísimos/as. Me acuerdo del capítulo de Callejeros Viajeros que mostraban bodas japonesas y de los costes que conllevan, mucho más elevados a los que nos gastamos aquí.

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Los novios y la comitiva nupcial entran al interior del edificio principal y cierran las puertas, así que nos quedamos sin poder visitarlo. Vemos el resto de edificios y los patios que los rodean y disfrutamos de los pequeños detalles…

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Tras un ratito aquí, desandamos nuestros pasos hasta la entrada principal junto al puente de Harajuku y entramos al parque Yoyogui a ver si hay suerte y encontramos algún cosplay y/o rockabilly que en el anterior viaje no hubo manera 😛 Nos compramos unos helados y nos sentamos en un banquito a descansar. Hay grupos de chicos y chicas que ensayan bailes musicales y obras de teatro, algún personaje disfrazado… pero poca cosa. ¡Vaya chasco! Es la segunda vez que vamos al Yoyogui en su busca y nos quedamos con las ganas. Así que con el intento frustrado 2, nos vamos hacia Takeshita Dori. Algo en el cielo nos llama la atención: ¡es un mini zeppeling!

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Esta calle estrecha y de unos 400m de largo, está llena de tiendas y cafeterías dirigidas a los adolescentes, se dice de ella que es un símbolo de Harajuku y el lugar de nacimiento de muchas de las tendencias de la moda tokyota. Ya desde el principio de la calle vemos que está abarrotada, se hace difícil poder andar por ella… entramos en algunas tiendas de juguetes en busca de mi peluche de Doraemon pero no hay suerte… desde luego, si te gusta ese estilo de ropa puedes encontrar ¡verdaderas gangas!

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Tras recorrer la calle, nos dirigimos a Omotesando. Esta arbolada avenida de 1km de largo es conocida como los Campos Eliseos de Tokyo ya que cuenta con tiendas de grandes marcas y restaurantes y hoteles de alto standing. Aquí tenemos dos objetivos, entrar al Kiddy Land y al Oriental Bazar para hacer algunas compras.

En el Kiddy no acabamos de encontrar nada que nos guste y no tienen Doraemons… pero en el Bazar ¡arrasamos! Es una de las tiendas de souvenirs más grandes de Tokyo y puedes encontrar de todo en ella, la mayoría de cosas a un precio muy asequible. Compramos un juego de té, unos posa-palillos, un par de marca-páginas, unos posa-vasos de bambú, unas esterillas individuales y dos maceteros con semillas de bonsái de sakura y de arce, ¡todo por 4 duros, digo yens! Me llevo el hanami y el momiji a casa Heart

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Al salir, topamos con el colegio oficial de enfermería de Tokyo y deformación profesional… pero me hace ilusión 😀 foto de recuerdo y para enviársela a mis compis Mr. Green

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Como vamos cargados, decidimos volver al hotel a dejar las compras. Así que cogemos la JR de nuevo hasta Shimbashi y descargamos. Aprovechamos que es la hora de comer para entrar al centro comercial que hay junto al hotel, el Caretta. Nos decidimos por un restaurante de tonkatsu, en el que por unos 2500¥ los dos, ¡comemos hasta reventar! -literalmente- unos menús de sopa con bol de tonkatsu con col y arroz y té de cebada caliente gratuito para beber.

Aprovechando que estamos en el triángulo JR-metro-Yurikamome, nos dirigimos hacia la estación del Yurikamome para ir a Odaiba, ¡otro de nuestros barrios favoritos en Tokyo! Nos bajamos en la parada que hay junto al Venus Fort (trayecto 360¥ pp). Ya de camino hemos visto que hay como una exposición de coches de rally, así que luego iremos a echar un vistazo.

Entramos en el centro comercial Venus Fort, la otra vez sólo lo vimos por fuera, y nos quedamos flipados con ese techo falso pero que parece ¡¡¡muy muy real!!!

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Damos un paseo y ¡vaya flipe de sitio! De nuevo nuestro lema del viaje sale de nuestras bocas: ¡¡“es muy friki pero mola” jaja!! Es como si emularan una ciudad italiana, con sus suelos de adoquines, su fuente y hasta con iglesia ¬¬’

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Cogemos un mapa del lugar ya que es enorme y nos dirigimos hacia la exposición de coches antiguos que hay con entrada gratuita. Menudos coches tienen aquí…

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Pero mi marido ya lo flipa del todo cuando vemos que hay un ¡¡¡DeLorean!!! La carrocería es de acero como el de la película y está muy bien conservado… solo se fabricaron unos 8000 en todo el mundo, así que ver uno es todo un lujo.

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Después de hacerle mil fotos desde todos los ángulos, seguimos viendo el resto de exposición. Me hace gracia ver un Mazda Carol, éste es tocayo mío Sacando la lengua También tienen una exposición de maquetas de coches y motos, así como información sobre la historia del motor japonés. Antes de salir, de nuevo nos acercamos al DeLorean, mi marido disfrutó como un niño Mr. Green

Miramos algunas tiendas y entramos a todas las jugueterías pero sigo sin encontrar el peluche de Doraemon… empiezo a pensar que lo han retirado del mercado hasta que se acerquen las olimpiadas del 2020…

Cambiamos de edificio y vemos de pasada la exposición gratuita de Toyota, no hacemos demasiado hincapié puesto que ya estuvimos aquí en el primer viaje. Cruzamos hacia el Leisureland y entramos. Es una sala de recreativos enorme y tiene algunas “atracciones” al estilo del Joypolis, vemos que hay una que es un castillo ninja, nos acercamos con intención de entrar pero todos los carteles están en japonés… preguntamos a uno de los empleados y como puede nos dice que no está en inglés… así que nos quedamos con las ganas… Pero nos damos un masajito de pies por 200¥ cada uno en las máquinas que ya probamos en el primer viaje, ¡nos sabe a gloria!

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En la sala hay un montón de rockabillies y de cosplay… ¡Ah, ¿así que están aquí?! Al salir del Leisureland, miramos los precios para subir a la noria pero vemos que ¡¡hay una cola de 1h!!, así que pasamos de largo.

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En los jardines que rodean el centro comercial vemos que hay un montón de grupos de cosplays por lo que llegamos a la conclusión que se han movido de barrio… supongo que en Harajuku se debían sentir un poco “observados” por los guiris y buscan aquí su rinconcito.

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Vamos dando un paseo hasta el Divercity, otro gran complejo de ocio, con tiendas y restaurantes y… ¡¡¡su Gundam escala 1:1!!! ¡Alucina! Está rodeado de gente echando fotos y “midiéndose” con él… pero vaya que los más altos apenas éramos como sus pies de altos o_O’

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Antes de entrar al centro por eso, nos acercamos a una exposición de coches de rally que hay al lado y vemos que también hay pistas dónde hacen derrapes y alguna carrera de karts.

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Y ahora si, entramos al centro. Nos miramos las tiendas, vemos algunas de las marcas habituales que tenemos por aquí y como no, entro a todas las jugueterías que pillo en busca de un peluche de Doraemon, de nuevo intento fallido… Entramos a la tienda Kitty que hay y me enamoro al instante de un gorrito de punto, y eso que yo no soy de Kitty… así que a la saca para mi “sobrina” postiza recién nacida y que conoceré cuando volvamos a casa… uff qué poquito queda para la vuelta, ¡madre mía! Chocado

Tras la compra, nos tomamos un cafelillo de verdad en un Starbucks y salimos hacia las playas que hay en la bahía con intención de ver el atardecer desde allí. Pasamos por delante del Joypolis y estamos más que tentados de volver a entrar, pero decidimos no hacerlo porqué si no nos pueden dar las uvas allí ¡jajaja! ¡¡¡¡Odaiba es el distrito del vicio!!!! Avergonzado Mr. Green

Llegamos a la bahía y nos sentamos junto a una de sus playas para ver cómo cae el sol sobre la bahía de Tokyo, con el Rainbow Bridge, la Tokyo Tower y el Skytree sobresaliendo del skyline de la ciudad.

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Es bonito ver cómo va cayendo el sol. Mientras en la playa algunos juegan a béisbol, unas chicas intentan hacerse una foto saltando, otros pasean de la mano… y nosotros pensamos en lo lejos que estamos de casa en estos momentos, de lo mucho que hemos disfrutado de Japón en estos 18 días.

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Cuando empieza a anochecer, decidimos volver pero antes echamos un vistazo al ToysR’us por si por un casual hubiera un Doraemon para mi… pero tampoco… ¡qué mala suerte! ¿Cómo puede ser que no haya ni uno solo? Ojos que se mueven Vemos de nuevo a la Estatua de la Libertad nipona que está junto a la tienda y con la sede de la televisión japonesa de fondo 🙂

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Tras las últimas fotos, cogemos de nuevo la línea Yurikamome y volvemos a la estación de Shiodome (360¥ pp). Una vez allí decidimos coger el metro Asakusa Line e ir a echar unas fotos nocturnas del Senso-ji. Así que en pocos minutos estamos frente al santuario… ¡wow qué recuerdos del primer viaje otra vez! Lástima que la gran lámpara de papel está cubierta por una lona, pero por suerte ya la vimos en el 1r viaje Muy feliz

Entramos al recinto y miro por las tiendas que venden peluchitos a ver si encuentro un Doraemon… veo uno en un escaparate pero ya han cerrado el puesto, ¡no me lo puedo creer!

Seguimos recorriendo la calle comercial hasta el santuario. Si ya nos gustó a la luz del sol en su día, visto de noche con todos los edificios y la pagoda iluminados ¡nos gusta más! Además no hay mucha gente a éstas horas por lo que podemos echar unas fotos sin agobios y disfrutar del lugar tranquilamente.

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Y tras la visita, volvemos al metro, línea Asakusa hasta Shiodome de nuevo. Estamos verdaderamente cansados, menudo tute nos hemos pegado hoy… así que para no romper con las costumbres, compramos cena en el Family Mart y nos vamos al hotel a descansar que ya toca… sleep

09/10/13: Jizo’s en Kamakura, casi vistas de pájaro en Yokohama y de cenita en Ueno

Día 13: conocemos una parte de Kamakura, subimos a lo más alto de la Landmark Tower en Yokohama y cenamos unos ramen en Ameyoko.

Anoche no pusimos alarma con la intención de dormir a gusto y rehicimos la ruta del día de hoy… estamos muy saturados de templos, aún nos falta visitar Nikko y tenemos que hacer de “marujas” y poner lavadoras, así que el día de hoy era ideal para dormir un rato más y tomárnoslo con mucha calma. Pero tantos días madrugando y yendo pronto a dormir, a las 9h ya no podemos dormir más. Ponemos un par de lavadoras en el mismo hotel (150¥ por lavado) y bajamos a desayunar bien justillos de tiempo (el comedor está abierto hasta las 9,30h). Una vez hemos desayunado y pasado el tiempo que marcaba la lavadora, volvemos a la sala de lavandería de nuestra planta a buscar la ropa. Me encanta este país, ¿¿lo he dicho ya?? Mr. Green En los hoteles tienes lavadoras gratuitas que en 30-40 minutos te dejan la ropa lista y secadoras a monedas muy baratijas, en este caso 100¥ el secado. En poco más de 20 minutos están listas pero como teníamos mucha ropa, ponemos la que ha quedado más húmeda en otra y la acabamos de secar. Luego volvemos a la habitación y “tendemos” la que está aún húmeda y ponemos el cartel para que no hagan la habitación hoy, si entran las de la limpieza les puede dar algo al ver cómo está la habitación con ropa por todos lados ¡jaja! Quizá os sorprenda esto de poner lavadoras a mitad de viaje, pero siempre lo hacemos en viajes largos, es la forma de ir con menos equipaje y poder aprovechar los huecos en la maleta para traernos cosas. Otra cosa que solemos hacer, es llevar la ropa que empieza a estar viejita y una vez usada la tiramos. Trucos de viajeros para ahorrar espacio en la maleta y poder viajar con 15Kg -si llega- varios días.

Una vez hechas nuestras labores, cogemos la mochila y nos ponemos en marcha a eso de las 10h y pico. Vamos hacia la estación  JR Shimbashi, desde dónde cogemos un tren directo de la línea JR Yokosuka Line que en 1h nos deja en Kamakura. En función de los templos que quieras ver de Kamakura hay que parar en la parada anterior, Kita-Kamakura, pero como decía decidimos rehacer la ruta de hoy y nosotros nos vamos directos a la estación JR Kamakura.

Kamakura (镰仓): centro político del país cuando Minamoto Yoritomo eligió la ciudad como sede de su nuevo gobierno militar en 1192. El gobierno de Kamakura continuó gobernando Japón durante más de un siglo. Hoy en día, Kamakura es una pequeña ciudad costera y un destino turístico muy popular. También conocida como la Kyoto Oriental, Kamakura ofrece numerosos templos, santuarios y otros monumentos históricos. Además, sus playas atraen a grandes multitudes durante los meses de verano.

Salimos de la zona JR de la estación y cogemos el tranvía de la compañía Enoshima Electric Railway, Enoden, hasta la parada Hase. Este trayecto lo pagamos con nuestra tarjeta de prepago ICOCA que nos acompaña desde el primer día de viaje. Salimos siguiendo las indicaciones hasta llegar al templo del Gran Daibutsu (200¥ pp). Durante el corto paseo de unos 10 minutos nos llama la atención unas señales que hay pintadas en el suelo en las que pone “SOS Tsunami, Exit” y una flecha hacia el norte. Me quedé muy asombrada, pero luego te paras a pensar y Kamakura es ciudad costera, con riesgo de tsunami… cruzaremos los dedos para no tener que usar esas indicaciones…

El gran buda (o Daibutsu) de Kamakura es una estatua de bronce del Buda Amida que se encuentra en los terrenos del templo Kotokuin y cuenta con una altura de 13,35 metros de altura, siendo la segunda estatua de bronce más alta de Japón (sólo superada por el Buda de Nara). La estatua fue fundida en 1252 y originalmente se encontraba en el interior de una gran sala del templo, pero el edificio fue destruido y reconstruido en varias ocasiones por el azote de tifones y un tsunami en los siglos 14 y 15, y curiosamente la estatua siempre se ha mantenido en pie. Desde 1495, el Buda se encuentra al aire libre.

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A pesar de que ya habíamos visitado el de Nara en el primer viaje y que este es algo más pequeño, nos gusta mucho más. No sabemos si por la cara de gran bondad del Buda o por el entorno natural… nos deleitamos con los detalles de la figura.

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Lo rodeamos y fotografiamos desde todos los ángulos. Nos sentamos un ratito junto a él en unos bancos de piedra que hay, además no hay demasiada gente por lo que podemos deleitarnos con las vistas en calma ¡qué maravilla!

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Pagamos (20¥ pp) para acceder a su interior. Aunque desde dentro la estatua no parece tan grande como por fuera, es impresionante ver todos esos detalles marcados en la estructura de bronce. Además, tan solo somos 4 personas aquí dentro por lo que podemos estarnos un ratito.

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Salimos del buda y vamos hacia la parte trasera de los terrenos. Hacemos parada en boxes y nos bebemos algo fresquito. Recorremos un par de tiendas de souvenirs del templo y compramos una estatua-hucha del Buda para regalarle a unos amigos (3000¥). Volvemos hacia el Buda, echamos la última foto y salimos a la calle principal de nuevo.

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A lo largo de la calle principal hay varias tiendas de artesanos, algunas de armas y con souvenirs. Compramos otra figura del Buda para nosotros (5000¥), vamos a tener el piso lleno de Budas Mr. Green Mr. Green

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Tras unos 5 minutos de paseo mirando las tiendecitas llegamos al Templo Hase-Dera.

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Compramos las entradas (300¥ pp) y accedemos a sus jardines. El Hase-Dera fue construido en la ladera de una colina arbolada, los jardines están en la zona inferior y los edificios principales del templo en lo alto de la colina, a los que se accede por unas escaleras, las cuales nos sorprenden porque vemos que están separadas como en dos carriles, uno para subir y otro para bajar. Estos japos son ordenados hasta para ¡¡esto!! Los jardines cuentan con un gran estanque con pequeñas cascadas que caen de la colina.

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En el camino hacia los edificios principales, se encuentra el Jizo Hall, con cientos de pequeñas estatuas de Bodhisattva Jizo, que ayuda a las almas de los niños muertos a llegar al paraíso, es asombroso ver la cantidad de estatuillas Jizo que hay, ¡pone los pelos de punta!

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A mi este Buda me genera simpatía porqué también es el encargado de proteger a los viajeros 🙂

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Seguimos subiendo y llegamos a una gran explanada en lo alto de la colina dónde se encuentran los edificios principales del templo. El Hasedera alberga una estatua de 9,18m de altura de la diosa Kannon (diosa de la misericordia), con once cabezas, cada una representa una característica de la diosa. Es considerada una de las estatuas de madera dorada más grandes de Japón y se encuentra en el edificio principal del templo, la sala Kannon-do. No se puede hacer fotos en el interior, una lástima porqué la estatua ¡es preciosa!

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Junto al Kannon-do, encontramos el Amida Hall, dónde se exhibe una estatua dorada de casi 3m de altura del Buda Amida (tampoco se puede fotografiar el interior).

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Y muy cerquita de este edificio, se encuentra un mirador desde el cual se puede ver la ciudad costera de Kamakura, así como sus playas. El mar hoy está bastante picado y hay unas buenas olas, de hecho se ven a varios surfistas y alguna vela. Nos llama mucho la atención un cartel que informa del riesgo de comer en esta terraza ya que las gaviotas y los halcones te pueden atacar…

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Recomiendo acercarse hasta aquí ya que hay unas buenas vistas de la costa pero también del templo. Encontramos un chiringuito de aperitivos y un restaurante en esta parte del recinto pero no nos acaba de convencer el menú por lo que decidimos terminar de ver el templo y ya buscaremos dónde comer…

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Vemos unas escalerillas que llevan más arriba en la colina y allá que vamos. Éstas llevan hasta un pequeño cementerio desde el que hay unas bonitas vistas del conjunto del templo. Tras un vistazo, bajamos de nuevo y nos dirigimos hacia la Benten-do, una pequeña sala que contiene una figura de Benzaiten, diosa de la belleza y de la riqueza femenina. Y luego, entramos en la cueva Benten-Kutsu, dónde se pueden encontrar estatuas de Jizo, Benten y alguna pequeña Kannon. Hay trozos que hay que andar muy agachado para no darte con los techos. Está todo iluminado por velas e inciensos.

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¡Este templo nos ha encantado! Heart Es de los más bonitos que hemos visitado y creo que fue todo un acierto disfurtarlo con calma y sin “llegar saturados” por haber visto otros templos de la zona.

Bajamos hacia los jardines y salimos del templo hacia la calle principal para volver a la estación Hase, dónde tomamos el tranvía para volver a Kamakura. El tranvía es muy retro, ¡mola! Y está claro que se acerca Halloween porqué hay calabazas por todas partes, ¡¡hasta en el freno de seguridad de las vías!!

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cartel publicitario en la estación

Comemos unos ramen (1900¥) en un restaurante de la estación JR Kamakura que ¡¡nos saben a gloria!! Y tras haber cargado las pilas, cogemos de nuevo un tren de la JR Yokosuka Line que en 25 minutos nos deja en Yokohama.

Yokohama (横 浜): Segunda ciudad más grande de Japón, con una población de más de tres millones. Hacia el final del período Edo (1603-1867), en la que Japón mantienía una política de auto-aislamiento, el puerto de Yokohama fue uno de los primeros en abrirse al comercio exterior en 1859. En consecuencia, Yokohama creció rápidamente a partir de un pequeño pueblo de pescadores hasta convertirse en una de las principales ciudades de Japón.

También rehicimos la ruta para esta ciudad y decidimos prescindir del barrio chino y de la zona de Minato Mirai. Cada vez tenemos más claro que habrá un tercer viaje, así que ya volveremos a ver la ciudad con calma en otra ocasión. Hoy nos conformamos con ver la Landmark Tower. Así que cogemos un tren de la JR Negishi Line y paramos en la primera parada, Sakuragicho que nos deja en frente de la torre. Hay muchas formas de moverse por Yokohama (barco, metro, tren y buses…) pero esta es la forma más rápida y económica si solo quieres ver la torre o un trocito del Minato Mirai y cuentas con el Japan Rail Pass activo.

Minato Mirai, es un área urbana junto al mar en el centro de Yokohama, cuyo nombre significa “puerto del futuro” que cuenta con varios rascacielos, centros comerciales, hoteles, centros de convenciones, un parque de atracciones, una de las norias más altas del mundo, un spa, museos y parques. La zona es realmente extensa, pero nosotros tan solo vamos a visitar el edificio de oficinas más alto de Japón, la Landmark Tower con 296m de altura.

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Encontramos a mucha gente en esta zona, jóvenes y salaryman sobretodo. Se nota que estamos muy cerca del mar por la brisa que se respira. Nos acercamos hasta la Landmark Tower y es realmente impresionante, no solo por su estructura que destaca del resto de rascacielos si no por su forma.

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La torre alberga oficinas, un gran centro comercial a sus pies y el Sky Garden Observatory en lo más alto, a 273m del suelo, siendo el más alto de Japón hasta la construcción de la Tokyo Skytree.

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Para acceder al mirador, debes entrar al centro comercial que hay sus pies, la taquilla está bien indicada -tanto por dentro del edificio como por fuera-. Pagamos la entrada (1000¥ pp) y entre mil reverencias y saludos de no sé cuantas tías trajeadas llegamos al ascensor.

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El ascensor de la torre es uno de los más rápidos del mundo, alcanzando una velocidad de 45km/h llevándote a lo alto de sus 70 plantas en 40 segundos. Da la sensación de levantar los pies del suelo y zumban los oídos que dan gusto… una que ya se conoce el dato, saca la cámara en modo vídeo nada más entrar al ascensor, la chica que nos acompaña me sonríe, y cierra las puertas.

El observatorio permite una vista de 360º alrededor del edificio. Hay carteles en inglés que explican cómo era la zona antes de la remodelación y qué es cada edificio o lugar que se puede ver desde aquí. En días despejados se puede contemplar el Fuji, nosotros tan solo intuimos su silueta porque hay una neblina. Se ve como Yokohama y Tokyo están prácticamente unidas… ¡increíble! Poder ver los edificios más bajos que éste, con sus helipuertos y la gente en la calle muy muy pequeñita… además hay una luz y un cielo muy bonitos con lo que la cámara saca humo 😛

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imposible saber dónde acaba Yokohama y dónde empieza Tokyo…

Tras tomarnos un café en el bar del mirador y habernos recreado mirando por todos lados, volvemos a abajo y de nuevo parece que se levanten los pies del suelo en el ascensor ¡jaja! Para salir una vez bajas del mirador, tienes que bajar un par de plantas del centro comercial y alucinamos con las escaleras mecánicas… ¡son curvas! no habíamos visto nunca unas así y ya nos veis volviendo a subir para volver a bajar grabando 😛 los japos que nos vieran debieron flipar con nosotros pero nos hizo mucha gracia, ¡jajaja!

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Volvemos de nuevo hacia la JR Sakuragicho para coger el tren hacia JR Yokohama y allí, tomamos la JR Yokosuka Line hasta Shimbashi. Solo son las 17,30h y hemos pensado en acercarnos al hotel a dejar las mochilas, ir a Akibahara a comprar la réflex y de allí ir directos a Ueno dónde hemos quedado con dos foreros de Los Viajeros para cenar. Así que tras descargar en el hotel, volvemos a JR Shimbashi dónde cogemos la JR Yamanote Line a Akiba.

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Esta vez no vamos a dar vueltas puesto que vamos derechos al Yodobashi dónde vimos una oferta muy buena, compramos la reflex a la que le había echado el ojo y que viendo comparativas por internet vi que está genial y que comprándola aquí me sale a un precio de ganga. Con gran eficiencia nipona, hacemos los trámites del Dutty Free para ahorrarnos los impuestos, y rápidos y veloces nos vamos hacia Ueno, a una parada con la JR Yamanote Line dónde hemos quedado para cenar.

Nos cuesta un poco orientarnos a pesar de ya conocer la estación del primer viaje porqué habíamos quedado en la salida este, pero vemos que los carteles no marcan con este, norte si no con lo que hay en cada salida… brújula del móvil en mano salimos por la que creemos que es más al este y allí damos con los dos chicos españoles que habíamos quedado a través del foro y que se encuentran disfrutando de su primer viaje por Japón.

Vamos hacia la zona de Ameyoko a cenar… esta zona es muy molona, son unas callecitas bajo y junto a las vías del tren repletas de tiendas, restaurantes y puestos de comida. Nos decidimos por un restaurante de ramen y charlamos un buen rato de aventuras niponas, los chicos nos preguntan cosas de ciudades que visitaran y que nosotros ya conocemos y hablamos de viajes en general… Cuando los tipos del bar nos empiezan a mirar mal (en Japón está muy mal vista la sobremesa), salimos y volvemos hacia la JR Ueno, dónde nos despedimos de ellos. Hemos pasado un rato ameno charlando con otros viajeros, pero mañana toca madrugar de lo lindo y no queremos irnos a dormir tarde.

De nuevo tomamos la JR Yamanote Line hacia Shimbashi y nos vamos al hotel, aunque no hemos madrugado hoy no hemos parado ni un momento y estamos cansadillos. Toqueteo un poco la nueva adquisición 😀 y nos vamos a dormir, mañana nos toca una excursión que nos hace especial ilusión y es que mañana veremos al gran icono nipón: ¡¡¡el Mt Fuji!!! Heart Heart

08/10/13: Matsumoto, su castillo cuervo y de vuelta a la gran metrópolis

Día 12: visitamos Matsumoto y regresamos a… ¡¡Tokyo!!

Hoy nos levantamos muy temprano para cambiar de nuevo de destino: nos vamos a Matsumoto y después a la big city Aplauso Aplauso

A pesar de que seguimos con el JRP activo, decidimos hacer el trayecto de Takayama a Matsumoto con los buses de la compañía Nohi ya que nos acorta en más de 2h el tiempo de viaje. Ayer preguntamos en la estación de buses y nos dijeron que no era necesario reservar asiento. Por lo que madrugamos bastante, desayunamos en la habitación lo comprado ayer, recogemos las cosas, hacemos el check-out estilo Japón (dejar la llave en una cesta en recepción) y nos vamos para la estación de buses.

Compramos los billetes (3100¥ pp) y a las 7,50h ponemos rumbo a Matsumoto. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno. Pasamos por zonas boscosas en las que se empieza a ver el momiji y el contraste de colores en el follaje de los árboles, lagos, ríos y cascadas humeantes. A mitad de camino, el bus hace una parada en una zona de onsens y nos dan 15 minutos para poder ir al baño. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos un cafelillo en las máquinas. Tras la pausa seguimos el camino. A las 10,10h llegamos a Matsumoto. Nos acercamos hasta la estación JR Matsumoto (frente a la estación de buses) y dejamos las mochilas en una consigna (400¥) así podremos hacer la visita sin cargas.

Matsumoto (松本): Es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Nagano. Conocida por Matsumoto-jo, uno de los castillos que se conservan de origen en Japón. Podrás disfrutar de un ambiente relajado y cosmopolita a la vez.

A pesar de que hay varias cosas por visitar en Matsumoto, decidimos ver lo más imprescindible y coger el tren de mediodía para poder llegar a Tokyo a media tarde. Así que nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y nos ponemos en marcha. No hay demasiada distancia entre la estación y los sitios que queremos visitar por lo que prescindiremos del transporte público. Caminamos durante unos 15-20 minutos hasta llegar al castillo. De nuevo me maravillan las artísticas tapas de alcantarilla de Japón Heart

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La construcción del Castillo data de la era Sengoku, por Toyotomi Hideyoshi entre 1594-1597 como un fuerte bajo el nombre de Castillo Fukashi. En 1872, siguiendo la restauración Meiji, el castillo fue vendido en una subasta, y corrió riesgo de ser desmantelado. Hoy día, es considerado Tesoro Nacional y es conocido como el Castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros, es uno de los mayores exponentes del arte hirajiro (castillo construido sobre una llanura y no sobre una colina).

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Pagamos la entrada que incluye el City Museum (600¥ pp). Nos maravilla el entorno dónde está construido el castillo, situado en la llanura de Matsumoto y rodeado de un gran foso. Dicen que las tierras sobre las que se posa, son tierras pantanosas que obligaron a los constructores a hacer estructuras muy sólidas, usando largos maderos fijados en el suelo y apoyarlo sobre muros de piedra de 7 metros. Su altura alcanza 30m distribuidos en seis plantas.

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Vemos que en los alrededores del castillo están montando casetas como para una feria o un mercadillo que dificulta la visita… así que nos vamos directos hacia los jardines del castillo. A pesar de que una de sus torres está tapada por una lona (están haciendo trabajos de restauración), disfrutamos de su bella vista.

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Nos acercamos hasta el edificio y entramos en su interior tras descalzarnos. Vamos subiendo plantas y visitando las exposiciones de armas, artefactos y armaduras que se exponen. La mayoría de las explicaciones están en japonés, pero encontramos algunos carteles en inglés. Me llama la atención este kit para quitar metralla… deformación profesional ¡jaja!

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Es increíble, caminar por los suelos de madera pulida e ir subiendo por las distintas plantas a la vez que piensas en cómo debía ser estar en el castillo en aquella época. A pesar de que hemos estado en otros castillos japoneses, éste nos gusta mucho y nos gusta saber que es uno de los tres que se conservan de origen.

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La vista de los jardines desde las ventanas empieza a ser bonita, y podemos ver con detalle los tejados y su elaborada ornamentación.

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Para acceder a los últimos pisos hay un poco de cola ya que los escalones son muy empinados, ¡casi 60cm de altura entre escalones por lo que cuesta subirlos! Al fin, llegamos a lo más alto desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad, del puente de madera lacada (que están reconstruyendo) y de los alpes japoneses.

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Bajamos de nuevo hacia los jardines. Sabemos que hay alguna cosa más para ver en el recinto del castillo, pero como están haciendo obras en algunas torres y en el puente dificultan el acceso al resto de jardines, por lo que decidimos dar por concluida la visita… Salimos del jardín y volvemos a la zona del foso. Hay un gran parque junto al castillo pero no nos podemos acercar bien por las casetas que están montando -entendemos que celebrarán algo en breve-, así que nos conformamos con ver el castillo desde este punto, nos echamos unas fotos y nos deleitamos con las vistas de la construcción.

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Vamos al Museo y la chica nos dice que solo podemos ver dos plantas con la entrada combinada del castillo, si queremos ver más tendremos que pagar un extra. Mientras nos lo pensamos, accedemos a la parte que si podemos visitar. Hay una exposición de armas y armadura, alguna maqueta del castillo y planos de su construcción, así como las estatuas de pececillo que hay en lo alto del castillo. Toda la información está en japonés, lo cuál dificulta la visita.

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También se exponen objetos antiguos, cosas sobre el kabuki, amuletos, dioses, navegación y ¡hasta un camión de bomberos de época!

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Como toda la información está en japo no nos enteramos de mucho, por lo que decidimos no pagar el extra e ir hacia la calle comercial. De camino a ella encontramos un edificio muy tradicional entre bloques, así como algunos amuletos.

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Visitamos un santuario de camino, el Yohashira Jinja, dedicado a los Zouka Sanshin o los tres dioses creadores. Tiene una gran torii de metal a la entrada que es feucha, pero el santuario me pareció bonito y muy tranquilo, apenas había visitantes.

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Seguimos hacia la calle comercial Nakamachi-dori, conocida como la calle de las ranas y que cuenta con varias tiendas de artesanía y restaurantes.

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Y ¿porqué tantas ranas? La calle se llama “kaeru”, que en japonés tiene muchísimos significados entre ellos “rana”, “volver/regresar” y “poder comprar”, como véis el idioma japonés tiene muchísimas palabras homófonas. Los locales usan el nombre de la calle con los tres significados, por ese motivo la calle está repleta de estatuas de ranas, de tiendas donde comprar y al final del paseo vuelven a casa. A raíz del juego de palabras que supone “kaeru”, es costumbre llevar una ranita en el monedero o cartera para que “el dinero que se gasta, regrese”. Como podéis ver, ¡los japos son muy supersticiosos!

Y ahora si, tras unos 10 minutos de paseo y encontrándonos hasta con un tablao flamenco, llegamos a la estación JR Matsumoto de nuevo.

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Miramos los horarios de los trenes y vemos que hay uno para Shinjuku directo a las 13,47h y ese es nuestro objetivo. Aprovechamos que nos falta 1h para ir a comer unas tempuras con su arroz y su sopa de miso riquísimas en la misma estación (1600¥ los dos).

Sin mucha demora recogemos las mochilas de la consigna y nos vamos hacia los andenes. Aquí pasamos un poco de mal rato porqué las indicaciones de los trenes (tanto en el suelo del andén como en las pantallas) sólo está en japonés. Por suerte, mi marido que es un amante de los trenes, reconoce el modelo del tren que tenemos que tomar y allá que vamos hacia las señalizaciones correctas en el suelo del andén. Cuando llega el tren, le preguntamos a un supervisor de Japan Railways por los vagones de no reservado y subimos. Nos acomodamos y puntual como todos los transportes en Japón, salimos hacia nuestra nueva nueva base, ¡¡¡Tokyo!!! Mr. Green

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Interior del tren

De camino, dormimos un ratito y nos despertamos ¡¡¡¡justo a tiempo de ver el Fuji, menuda alegría!!!! Aplauso Aplauso Aplauso Las fotos no son de muy buena calidad, pensad que estaba lejos, con el móvil de la época y en movimiento… pero para que os hagáis una idea y podáis distinguirlo vosotros también si viajáis en tren por la zona.

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Reconocemos la estación de Odawara de nuestro primer viaje cuando fuimos a Hakone… y conforme el tren se acerca a Tokyo nos entra la emoción de nuevo… saber que volvemos a Tokyo, que disfrutaremos de nuevo de la ciudad e ir reconociendo edificios en Shinjuku… ¡¡los pelos de punta!! Heart

Tokyo (東京): Es la capital de Japón y una de las ciudades más pobladas del mundo. Consta de 23 distritos centrales y varias ciudades anexas. Conocida como Edo antes de 1868, y convertida en 1603 en el centro político de Japón, cuando Tokugawa Ieyasu estableció su gobierno feudal allí. Con la Restauración Meiji de 1868, el emperador y la capital se mudaron desde Kyoto a Edo que pasó a llamarse Tokyo (“capital del este”). Grandes partes de Tokyo fueron destruidas en el gran terremoto de Kanto de 1923 y en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Hoy, la metrópolis ofrece una selección ilimitada de compras, entretenimiento, cultura y restaurantes, a la vez que conserva partes con mucha historia, así como grandes zonas verdes.

A las 16,39h llegamos a la estación JR Shinjuku y nos os podéis imaginar qué sensación Heart A pesar de ser la estación que más miedo da a los viajeros por ser la más transitada del mundo a nosotros nos encanta estar aquí y como peces por el agua, en seguida damos con la línea JR Yamanote para ir hacia el hotel. La experiencia es un grado y aquí se nota ¡mucho! Riendo

Qué pasada volver a estar en esta línea de tren, vamos viendo las estaciones y los edificios por dónde pasa, y vamos recordando cosas del primer viaje… “aquí compramos esto… aquí vimos aquello… ¿te acuerdas de esta tienda?… aquí fue dónde…” ¡Nos pasó igual que en Kyoto! Tras unos 30 minutos de viaje, llegamos a la estación JR Shimbashi. Salimos hacia Shiodome por el túnel subterráneo que comunica ambas estaciones para llegar hasta nuestro hotel. Para la estancia en Tokyo, nos decantamos por el hotel Villa Fontaine Shiodome (por 105000¥ en habitación doble con desayuno incluido por 7 noches) y en el cual habíamos pasado la última noche de nuestro primer viaje y en el que estuvimos la mar de a gusto. Además está muy bien comunicado con varias líneas de metro y tren JR, y rodeado de restaurantes y centros comerciales.

De nuevo, mil recuerdos vienen a nuestra mente mientras recorremos este pasillo subterráneo y llegamos al hotel… hasta que nos viene a la cabeza la pregunta del millón: ¿¡habrán llegado las maletas y el sake?! Mr. Green Nos dirigimos a la recepción para hacer el check-in. Recordaros que es costumbre en Japón pagar la estancia en los alojamientos al hacer el check-in, lo cuál agiliza luego la salida el último día. La chica de recepción nos dice que tenemos en nuestra habitación las maletas y un paquete esperándonos. ¿¿¡¡He dicho ya que adoro este país??!! Aplauso Aplauso

Alucinamos un montón y es que nos han dado casi la misma habitación, mismo número pero en un piso menos que la otra vez, estamos contentos porqué disfrutaremos de las mismas vistas sobre las múltiples líneas de tren que pasan por delante, viendo trenes de todo tipo 🙂

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¡¡nuestro sake!!

 

Descargamos las mil cosas que llevamos encima y aprovechamos el wifi de la habitación para mirar el correo a ver si Augusto (de Rutafujitours) nos ha escrito… y efectivamente, tengo un mail suyo en el que nos dice que se prevé mal tiempo para el día que tenemos reservada la visita a la zona del Fuji y nos pregunta si podemos cambiarlo al jueves, le contesto que sin problema y sin perder tiempo nos vamos a disfrutar de Tokyo.

Primera parada: ¡Akihabara! Mr. Green ¿¡Cómo no?! Tras un corto trayecto con la línea JR Yamanote, llegamos al barrio de la electrónica, el cómic, el ocio y el vicio en general 🙂

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La idea es comprar una cámara de fotos réflex aprovechando que el cambio con el yen está genial. Nos recorremos varias tiendas (Yodobashi, Map Camera, Big Camera, Tokyu…) así como tiendecitas pequeñas de primera y segunda mano, comparando precios y modelos, me voy anotando aquellos que me interesan y tras una comprobación por internet en los próximos días iré a por ella.

Tras más de 2h de caminata, mirando y remirando, decidimos cenar en un McDonnalds (1300¥ los dos) y volver al hotel que entre el madrugón, el tute de bus y tren, y la caminata de todo el día estamos cansadísimos… Llamadita a los nuestros para contarles lo emocionados que nos sentimos de volver a estar en Tokyo, ducha y a dormir sleep

01/06/2011: aquí termina la 1ª aventura nipona pero amenazamos con volver :D

Día 17: con gran pesar, emprendemos el viaje de regreso a casa…

Hoy termina nuestra aventura en tierras niponas. Nos levantamos súper apenados a eso de las 6h. Trist Nos entra el desayuno en el precio del hotel pero como tenemos que estar sobre las 8h en el aeropuerto y el comedor aún no está abierto, decidimos desayunar de camino al aeropuerto. Nos damos una ducha rápida que el día será largo y terminamos de cerrar las maletas. Hacemos el check-out más rápido de la historia y es que solo tenemos que dejar la llave de la habitación en una urna que hay en recepción.

Con un palo impresionante por tener que irnos ya… vamos a la estación JR Shimbashi que hay junto al hotel y allí cogemos una tren de la JR Yamanote hasta la estación de Shinagawa dónde tomaremos el Narita Exprés que reservamos ayer para ir hasta el aeropuerto.

El Narita llega súper puntual, como todos los trenes aquí, solo son las 7,18h pero ya hay bastante gente transitando por las estaciones. Subimos a bordo, colocamos las maletas de forma que no nos estorben y nos tomamos el desayuno que compramos en la estación antes de subir al tren.

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El trayecto dura una hora y pico. Llegamos al aeropuerto y nos dirigimos a la zona de facturación. No hay demasiada cola, así que en seguida nos podemos librar de las maletas, solo nos quedamos con las mochilas dónde llevamos los gadgets.

Tenemos casi 2h hasta que empiece el embarque por lo que dedicamos el tiempo de espera a mirar el correo en un punto de wifi gratuito -¿porqué no harán esto en todos los aeropuertos?- Ojos que se mueven y pasear por las tiendas del Dutty Free… qué pena que no haya vuelo directo hasta Barcelona porqué vemos unos toneletes llenos de sake como los que había en los santuarios que ¡molan mucho! Pero como son de más de 100ml no podemos embarcarlos en el equipaje de mano, pero queda apuntado para el próximo viaje…  Si, habrá próximo viaje, está decidido y aún no nos hemos ido 😛

Nos tomamos un tentempié y se nos hace la hora de embarcar. Antes voy al WC y me quedo paradísima al ver una sala de lactancia y otra de ostomías. Es la primera vez en mi vida que veo algo así  y aprovecho que no hay nadie en ninguna de las salas para curiosear. Alucino al ver lo preparadas que están las salas, en la de lactancia hay hasta un calienta biberones y en la de ostomías productos para poder hacer el recambio… y en ese momento recuerdo que los japoneses fueron pioneros en ostomías (lo siento, deformación profesional…).

De nuevo volamos con British Airways y o’clock embarcamos, se nota que son ingleses 🙂 Nos lo tomamos con toda la calma posible puesto que tenemos por delante 12h de viaje a bordo de ese avión, más luego el tiempo de espera en London y el vuelo a Barcelona… prefiero no pensar en ello. El asiento no está mal en cuanto a sitio para las piernas, pero son asientos de tres. No acabamos de entender porqué hacen filas de 3 asientos en vuelos tan largos dónde debería primar la comodidad.

El viaje de vuelta se hace pesadísimo… dormimos a trompicones, hablamos de lo vivido estos días y de lo que nos espera al llegar a casa, de lo diferente que es Japón a todo lo que hemos vistos, de las cosas que nos han sorprendido… vemos fotos… escuchamos música, jugamos y vemos 2 pelis… “no debe faltar mucho ¿no?”… “¡¡arg solo han pasado 4h!” Chocado  Volvemos a mirar fotos, volvemos a jugar y a escuchar música… “¡¿falta mucho?!” … “¡uff aún 3h!” Chocado  En serio, la ida no tanto, pero la vuelta se me hace eterna ¬¬’ Y lo más sorprendente es que el japo que hay sentado junto a la ventana en nuestra fila de asientos no se ha levantado ni una sola vez al baño y ni siquiera ha cambiado de postura en las tropocientas horas que llevamos a bordo, y eso que mi marido le ha dicho en un par de ocasiones que si se quiere levantar le dejamos pasar sin problema… ¿será un ninja? Mr. Green

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Finalmente anuncian que nos aproximamos a London, ¡al fin! El aterrizaje es suave y es un alivio sentir el suelo bajo tus pies después de 12h en el aire 🙂 Desembarcamos y observamos al japo de nuestro lado, vemos que pasa de largo de un par de lavabos, madre mía… éste es ninja ¡fijo! Mr. Green  Eso o va sondado… o no sé cómo consigue pasarse casi 13h sin orinar, menuda vejiga tiene el tipo 😛

Tenemos algo más de 2h de escala que se nos hacen interminables, ¿porqué no hay vuelo directo a Barcelona? Aprovechamos para ir al baño, mirar las tiendas del Dutty Free, tomarnos unos tentempiés y tenemos tiempo hasta de aburrirnos nuevamente. Madre mía, no hemos llegado a España y esto ya es súper diferente a Japón, ¡¿casi 5€ un batido?! ¡¡Yo quiero volver al país del sol naciente!!

Al fin sale anunciada la puerta de embarque de nuestro vuelo a Barcelona. Vemos que el japo que iba a nuestro lado también está allí, por lo visto es un guía turístico que acompaña a un grupo de japos a visitar nuestra ciudad. ¡Qué gracia! Le propongo a mi marido que les advierta que vigilen las carteras y las cámaras que en nuestro país roban a los turistas Avergonzado Conseguimos embarcar y a mi lado va la típica afroamericana que mide 2×2, con mogollón de bolsas de comida basura a los pies… Ojos que se mueven suerte que este vuelo dura poco porque la mujer lo ocupa todo y me tiene tan encajada que no me puedo ni mover en todo el trayecto.

Al fin, sobre las 21,30h aterrizamos en Barcelona. ¡A estas horas ya no sabemos dónde estamos, ni qué hora es, ni siquiera cómo nos llamamos! Salimos a las 7h de la mañana de Japón y tras un día entero de viaje, más las 8h de desfase horario, llegamos a casa. Estamos realmente agotados… pero muy felices por la experiencia vivida 🙂

Recogemos nuestras maletas de la cinta que llegan intactas; cenamos un bocata rápido en el mismo aeropuerto (qué caro nos parece todo ahora) y tomamos un taxi hasta la puerta de casa. Home, sweet home! Heart Ducha rápida, llamada a nuestros padres para decir que ya estamos en casa y a dormir hasta que el cuerpo diga ¡basta! sleep

31/05/2011: regresamos a Tokyo y allí pasamos nuestro último día en Japón.

Día 16: el viaje se acerca a su fin… último día en Tokyo.

Mi marido me despierta con un “buenos días niponita” 🙂 Debo decir que es la noche que mejor he dormido desde que estamos en Japón, valoración del futón: ¡¡un 10!! Nos damos una ducha rápida… si, con el cubelete 😀 y muy a pesar nuestro no nos metemos en el onsen… Queremos salir sobre las 10-10,30h para no llegar demasiado tarde a Tokyo y poder aprovechar un poco el último día en el país nipón. ¡Ay madre qué impresión pensar que mañana cogemos el avión de vuelta a casa!

Sobre las 9h llaman a la puerta, en un momento recogen los futones y nos preparan la mesa del desayuno. Ayer ya pedimos desayuno occidental porqué no nos apetecía nada tomar sopa de pescado de buena mañana que es lo que suele llevar el desayuno japonés 😛 Nos sirven un desayuno bien copioso: huevos revueltos, frankfurt, bacon, tostadas con varias mermeladas, zumo y café con leche. Hay tanta cantidad de todo que es imposible terminarlo, y aunque nos sabe fatal dejarnos comida somos incapaces de acabar con todo lo que nos han traido.

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Una vez llenada la panza, hacemos las mochilas. Comprobamos que no nos dejemos nada y salimos hacia recepción. ¿Estarán nuestras bambas? ¡Jajaja!

Llegamos a recepción y en seguida nos viene la señora hiper-mega-amable que nos pide que la esperemos en la sala dónde estuvimos ayer para el check-in. Al momento viene con la factura para hacer el check-out. Nos pregunta si hemos estado a gusto y le decimos que es el mejor alojamiento que hemos probado nunca y que lo vamos a recomendar muy mucho, se pone la mar de contenta 🙂 Nos pregunta de dónde somos y al decirle que somos de Barcelona nos explica que tiene amigos que han visitado nuestra ciudad y que ella tiene una visita pendiente, ¡qué mona! Pagamos y salimos hacia la recepción, dónde recuperamos nuestras bambas 😀 Ya con nuestro calzado de nuevo, nos despedimos de ellos, del ryokan y del onsen con mucho pesar ¡hubiéramos hecho otra noche aquí encantadísimos! Con cientos de “domo arigato” por parte de todos, e incluso un “muchas gracias por su visita” en español por parte de la encargada, salimos hacia la carretera dónde está la parada del bus.

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la entrada del Ryokan

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Tras pocos minutos de espera, llega el bus que nos llevará a Hakone-Yumoto. Es un trayecto de unos 30’, y una vez allí cogemos el tren hasta Odawara, seguimos usando el Hakone Free Pass ya que era para dos días.

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el botón para pedir parada en el bus

Una vez en la estación de Odawara, pagamos la diferencia de precio para el billete del tren directo a Shinjuku (Tokyo), y digo la diferencia porque con el pase tenemos descuento en el tren a Shinjuku (no compramos el que lleva incluida la ida y vuelta a Tokyo porque tan solo necesitábamos el trayecto de hoy).

Éste es un tren rápido, del estilo al Shinkansen pero de otra compañía de ferrocarriles y en una hora y pico nos plantamos en la capital de nuevo.

Una vez en la estación JR Shinjuku, compramos los billetes para el Narita Exprés de mañana. Qué penita comprar ese billete… eso quiere decir que nos quedan horas en Japón, ¡uff! Tras comprarlos, tomamos un tren JR hasta la estación JR Shimbashi. Esta estación se comunica mediante túneles subterráneos y galerías comerciales con la estación de tren y metro Shiodome. ¡Es inmensa! Para la última noche en Japón escogimos el Hotel Villa Fontain Shiodome, un hotel que cuando planeamos el viaje salía carísimo pero que tras el accidente de Fukushima, y con la caída del turismo, bajaron precios y al final nos salió genial. Además está muy bien ubicado porqué se encuentra adherido a la estación de Shiodome y por tanto, a todo el transporte de la zona que te conecta con la mayor parte de Tokyo, y con varios centros comerciales muy cerquita.

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El check-in es a partir de las 15h pero nos falta una hora para poder hacerlo, así que una vez localizado el hotel echamos un vistazo a las calles de alrededor y decidimos ir a comer por la zona. Shidome es un barrio financiero y de oficinas, cuenta con altos rascacielos -para los estándares de Asia- y es una zona que se ve bastante nueva. Está ubicada entre la zona de la Tokyo Tower, Ginza y el río Sumida.

Para comer nos decantamos por un italiano dónde nos tomamos unas pizzas la mar de ricas 🙂 Decidimos volver a la zona de la estación y acabar de hacer las compras que tenemos en mente por allí. Entramos en una licorería y compramos 3 botellas de sake para regalar a los nuestros y, una de umeshu -licor de ciruela- para nosotros, a ver si hay suerte y se parece al que tomamos ayer en el ryokan 🙂

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uno de los sake que trajimos

Entre la comida y las compras se nos hacen las 15,30h, así que vamos para el hotel a hacer el check-in pensando en que esperemos que hayan llegado nuestras maletas 😛 Llegamos a recepción y en cuanto decimos el nombre de la reserva, la recepcionista nos dice que anoche recibieron nuestras maletas y que las tenemos en la habitación esperándonos. ¡Genial!

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el hall del hotel

Nos encontramos haciendo el check-in cuando se me resbala la bolsa dónde llevaba el umeshu y se me cae al suelo… con la mala suerte que empiezo a oler a alcohol que da gusto ¡OMG! La chica pensará que soy una alcohólica :S Terminamos el check-in lo más rápido que podemos y tomamos el ascensor que nos lleva hasta la 10ª planta dónde se encuentra nuestra habitación.

Se ha roto la botella en mil pedazos y suerte que la bolsa es buena y ha contenido el licor… ¡si no lo hubiera puesto todo perdido! Coloco la bolsa en la bañera y vierto allí el licor que está en la bolsa, por suerte no se ha roto ninguno de los sakes que eran para regalar.

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Una vez contenido el problemilla, me fijo en que la habitaicón es bastante grande para los estándares de Japón y que tiene unas vistas espectaculares 🙂 Mi marido ya está pegado a la ventana observando los distintos trenes que pasan por allí.

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en todos los alojamientos tienes hervidor de agua en la habitación

El plan para hoy era ver la zona de Roppongi, una zona bastante urbanita y llena de comercios… pero mi marido leyó por internet que recomendaban visitar el Sunshine City, un centro comercial con un mirador gratuito en la última planta con unas muy buenas vistas de la ciudad, y como tampoco tendremos de tiempo de mucha cosa, decidimos tomar un metro que nos lleve a Ikebukuro, y esta vez podemos disfrutar de este distrito a gusto, puesto que el día que vinimos diluviaba. Nos deleitamos paseando por sus calles llenas de luces de neón, cosplays y jóvenes cargados con carteles enormes anunciando ofertas en electrónica y cómics a grito pelao. Este barrio es del estilo a Akiha, y de hecho dicen que es la Akiba de las chicas ya que es más “tranquilo”.

Llegamos al centro comercial y como todos en Japón, ¡es enorme! Recorremos las primeras plantas y entramos en algunas tiendas a echar un vistazo y cuando está a punto de anochecer, tomamos el ascensor que lleva al mirador. ¡Qué caña de ascensor! Al entrar las paredes son blancas pero una vez se pone en funcionamiento, se encienden unas luces psicodélicas y en las paredes se ven dibujos del horóscopo, constelaciones y una música muy acorde a la situación 😀 Hay una pantallita que marca la velocidad a la que va el ascensor, y qué pasada, ¡¡alcanza los 600m/min!! Nos zumban los oídos como si fuéramos en un avión O_O

Al llegar arriba vamos dando un paseo de 360º observando la panorámica de la ciudad que hay desde sus grandes ventanales. Realmente no tiene nada que envidiar con otros miradores que hemos visitado estos días. De este modo hemos visto Tokyo desde las alturas a pleno día, de noche y al atardecer. Tres estampas totalmente distintas que recomiendo ver si se puede.

Nota: Siento la calidad de las fotos, pero mi cámara de entonces hacía lo que podía por la noche…

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En una zona del mirador hay sofás para dos personas y todo está decorado con corazones. La verdad es que es un bonito lugar al que ir con tu pareja 🙂

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Tras un buen rato admirando las vistas, volvemos al ascensor que nos lleva de vuelta a tierra.

Vamos hacia la zona de restauración ya que hemos pensado en cenar aquí. Es nuestra última cena nipona, así que no podemos ir a otro sitio que no sea a comer comida japonesa de la buena 🙂 Nos tomamos unos fideos y unos tonkatsus riquísimos. ¡Cómo voy a echar de menos la comida japo auténtica! Mr. Green

Tras la última cena en Japón, volvemos a la estación JR y allí tomamos un tren que nos lleve de vuelta hacia el hotel. Nos dejamos las maletas listas que mañana toca madrugar de lo lindo… Nos damos una ducha y llamamos a casa para decir a los nuestros que por Hakone de maravilla y que mañana ya volvemos, ¡uf qué pena!!

Mi marido se ha pasado el día de hoy diciéndome: “yo no me voy de aquí… ¡que me deporten!”, “¿y si buscamos trabajo y nos quedamos para siempre?” y “¿hay que volver al tercer mundo (España) de nuevo?” ¡Jaja! La verdad es que es tan, tan, tan alucinante todo lo que hemos visto y vivido aquí que yo tampoco quiero volver… de buena gana me quedaba, ¡amenazo con volver! Mr. Green

Nos vamos a dormir con un gran pesar, mañana tocará madrugar y el viaje de vuelta a casa será largo…

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