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12/10/13: Redescubriendo Tokyo con una cena en un restaurante español de ¡10!

Día 16: día recorriendo Shiodome, Ginza, Ikebukuro, Kanda, Akiba, Shibuya… descubriendo nuevos lugares y disfrutando de otros ya conocidos.

Es sábado, y se va acercando el final del viaje pero tenemos unos días para disfrutar de Tokyo. El planning para los últimos tres días estaba pensado para visitar algunos imprescindibles que nos faltaban, repetir lugares que nos gustaron del primer viaje y sobretodo, perdernos por sus calles y con sus gentes. Evidentemente, el planning que terminamos haciendo no tenía nada con el ideado y… ¡ésto es lo que más me gusta de viajar por libre! Poder hacer o deshacer el planning según lo que más nos apetezca hacer en cada momento del viaje 🙂

Nos levantamos con calma a eso de las 9h, bajamos a desayunar de los últimos y empezamos la ruta de hoy con un imprescindible que tenemos a pocos pasos del hotel, los jardines imperiales de Hama Rikyu (500¥ pp). Estos jardines se construyeron como residencia en Tokyo de un señor feudal y albergaba cotos de caza reales en el período Edo, pasando a ser un palacio imperial más tarde. Se trata de uno de los jardines más grandes del centro del Tokyo y se encuentra entre los edificios de Shiodome Building, Ginza y la bahía de Tokyo.

Damos un paseo por los jardines, entre sus estanques y sus jardines repletos de flores y viendo el contraste que hace el jardín con los grandes edificios de Shiodome. ¡Me encantan los contrastes que ofrece Japón!

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Al fondo la Tokyo Tower entre los edificios de Shiodome

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Estamos apenas una hora ya que hace un calor insoportable… vamos buscando las pocas sombras que hay, parece mentira que estemos en octubre, nosotros pensábamos que haría más fresco pero es como el agosto de España… Vemos que están preparando un evento en la sala de té pero se paga a parte y toda la información está en japo así que no nos enteramos muy bien de qué va la cosa, así que decidimos huir de la chicharrina que cae en el jardín y adentrarnos en la ciudad de nuevo.

En un principio teníamos pensado subir a la Skytree pero al final decidimos pasar de ella, ya habíamos subido a tres miradores en el primer viaje y 3000¥ por persona nos parecía excesivo, así que cambiamos sobre la marcha el planning y nuestro siguiente punto en la ruta de hoy sería uno de los distritos que no visitamos en el primer viaje. En menos de 15 minutos a pie, estamos en las calles del exclusivo distrito de la moda y de las grandes marcas: Ginza.

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Su calle principal es conocida como los “campos Eliseos” tokyotas. Aquí tenemos como interesante algunos centros comerciales, pero lo que realmente nos interesa es algo muy friki a los pies del Sony Building y el Hibiya Chanter: ¡¡la estatua de Godzilla!! Mr. Green Paseamos durante más o menos una hora por sus calles, repletas de tiendas de todo tipo, pero sobretodo de grandes marcas.

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Pero aunque teníamos la ubicación en el mapa de la estatua de Godzilla, ¡no hubo forma de localizarla! Nos dio mucha rabia, es una parida pero nos hacía gracia 😛 A los pies del Sony Bld. estaban grabando un spot publicitario y no sabemos si es que estaba tapada/escondida entre las cámaras o es que la han retirado ya… Ojos que se mueven con un buen chasco por perdernos ese momento friki, decidimos coger el metro allí mismo y movernos de barrio.

De nuevo rompemos los planes previstos (pensábamos ir a Roponggi y al templo Zozoji a los pies de la Tokyo Tower, quedarán para el próximo viaje) pero en lugar de eso, decidimos volver a uno de los barrios que más nos gustaron en el 1r viaje: Ikebukuro.

En unos 20-30 minutos (190¥ pp el trayecto en metro) nos plantamos allí. Llevábamos anotada la dirección de una tienda que recomendaban en varias webs de cámaras y objetivos de segunda mano, pero de nuevo nos llevamos un chasco al ver que la han traspasado y que ahora hay una cafetería, ¡hoy no es nuestro día! Así que cogemos una de las calles principales y nos vamos al centro comercial Sunshine City.

A la entrada, había un grupo de chicos y chicas grabando un vídeo musical. Estuvimos un rato viéndolo y luego entramos al centro. Ya son cerca de las 14h y tenemos hambre, así que después de mirar los “escaparates” de varios restaurantes nos decantamos por uno con planchas en las mesas para preparar yakisoba y okonomiyakis. ¡¡¡Riquísisisimos!!! Nos ponemos como las botas (aprox 2000¥ los dos con refrescos) y con la panza llena, nos ponemos en marcha de nuevo. Recorremos varias tiendas de la Kitty y jugueterías en general, tengo que llevar algo de la Kitty a una amiga súper fan de ella que tuvo a su niña durante nuestro viaje y no me puedo ir de Tokyo sin comprar un Doraemon de peluche ¡jeje! Pero está claro que hoy no es nuestro día porqué no encuentro nada mono ni ningún Doraemon en ningún sitio… Confundido

Salimos del Sunshine y junto a él está el Tokyu Hands, entramos en busca de sus jugueterías y viendo que no tenemos éxito acabamos en la última planta entrando a un Neko Café que habíamos visto por internet 😀 Pagamos unos 300¥ por persona y tenemos una hora para jugar con los gatitos. ¡¡Qué monada!! Algunos duermen, otros juegan… hay muchos niños que disfrutan un montón de los gatitos y nos llama la atención un chico que lleva hasta juguetes gatunos para entretenerlos, debe ser un asiduo porque nada más entrar muchos gatos se le acercan a saludarlo.

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En este Neko también puedes adoptar algunos de los gatos que tienen e incluso tienen tienda de accesorios y comida. Tras un ratito ahí, cogemos de nuevo el metro y vamos hacia la Kanda Second-hand Book Area, entre los distritos de Akiba, Kanda y Chiyoda.

Este es un barrio algo particular, nada más salir del metro, cruzamos un puente y encontramos unas calles que están cortadas al tráfico y en las que hay un montón de casetas dónde hacen manualidades para adultos y niños, juegos de todo tipo, marionetas… nos recuerda un poco al encanto de Gràcia en Barcelona Sacando la lengua

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Recorremos sus calles hasta toparnos con una catedral ortodoxa, ¡esto si que no nos lo esperábamos!

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Intentamos entrar pero está cerrada y aún falta más de 40 minutos para que vuelvan a abrir por lo que no nos esperamos… Seguimos callejeando hasta la zona de las librerías de segunda mano y vamos entrando en ellas a echar un vistazo.

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Es curioso de ver. Aunque solo tienen libros en japonés, hay librerías que tienen libros muy muy antiguos, algunos ¡incluso con manuscritos! También hay tiendas de discos y de cómics. Nos tomamos un café decente en Starbucks y de paso descansamos las piernas un rato, y luego seguimos hacia Akihabara. Vemos en el mapa que queda un buen trozo, así que nos dirigimos a la parada de metro más cercana, así nos ahorramos un trozo de caminata.

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Salimos de nuevo a la calle y vamos por las tiendas pequeñas que hay detrás de la estación JR para echar un vistazo a las de segunda mano. Mi idea era comprarme otro objetivo, pero de segunda mano… lo malo es que muchos de los dependientes de estas tiendas hablan muy poco o nada de inglés y sin poder preguntar nada no me atrevo a comprar… así que echamos un vistazo en las tiendas más grandes para ojear los que tienen nuevos. Me encanta pasear por este barrio, tan dinámico y juvenil, tan electrónico y anime a la vez…

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Cuando empieza a anochecer, volvemos a la estación JR y tomamos el tren de nuevo hacia un nuevo destino para este día de pateo: ¡Shibuya! El que fue nuestro barrio en el primer viaje merece una visita de sábado noche 🙂 Ya desde la estación podemos ver lo abarrotado que está el paso de peatones. Aunque en el anterior viaje lo vimos casi a diario, ¡no deja de sorprendernos la cantidad de gente que pasa por él cada vez que el semáforo se pone en verde!

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Mucha gente va al Starbucks a hacer las fotos pero por lo visto se acumula demasiado gente cámara en mano y al personal del local no le gusta que la gente vaya a ello sin consumir… Una buena alternativa es la estación JR, también queda elevada y es gratis Sacando la lengua

Tras un buen rato ensimismados viendo al gentío, salimos a la calle y de nuevo vemos la estatua del perro más fiel: Hachiko. No repito la historia… pero la tenéis en la entrada de la primera visita al barrio en 2011.

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Tras la foto de rigor, disfrutamos de la sensación de cruzar de nuevo por el paso más transitado del mundo sin que nadie, absolutamente nadie ¡te roce! Son cerca de las 21h y tenemos hambre. Se me ocurre que podemos ir al restaurante español que probamos en el primer viaje, ¿qué mejor forma de celebrar el día de la hispanidad? A mi marido le parece genial la idea así que ¡allá vamos! El restaurante está muy cerca del hotel dónde nos alojábamos y nos hace especial ilusión recorrer esas calles, pasar por delante de tiendas y restaurantes dónde estuvimos hace dos años y mil recuerdos vuelven a nuestra mente. En apenas 5-10 minutos llegamos al restaurante y aunque está hasta los topes el dueño nos hace sitio para poder cenar. ¡¡Qué gracia ver algo escrito en español después de tantos días!!

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Como la vez anterior, pedimos unas copas de vino (un ribero y un rioja) y hacemos tapeo. Patatas bravas, champiñones al ajillo, lomo frito, jamón ibérico, lomo ibérico, tabla de quesos… ¡¡todo riquísimo!!

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El dueño es un japonés que estuvo en Gràcia (Barcelona) en una escuela de cocina e importa todos los ingredientes desde España. El hombre se interesa por nosotros y más cuando le decimos que somos de Gràcia 🙂 nos habla en español e incluso nos dice alguna cosa en catalán, es un encanto. Le contamos que ya estuvimos allí hace dos años y aún se emociona más al saber que volvemos a su restaurante. Nosotros hemos hecho tapeo, pero el tipo prepara guisos españoles y unas paellas y fideuás ¡que huelen estupendamente!

Parece curioso lo bueno que sabe comer como en casa estando al otro lado del mundo y después de casi tres semanas por tierras niponas 😀 El sitio es algo carillo, pero entendemos que es un premium (un buen restaurante japonés en España también lo es), además nos tomamos un par de copas de vino cada uno que nos sabe a gloria. Por algo menos de 5000¥ comemos y bebemos de vicio, así que no nos escuece ¡la verdad! Nos despedimos del dueño con varios gracias, gràcies y arigato, y volvemos hacia la estación JR Shibuya.

Cogemos la línea circular JR Yamanote de vuelta a Shimbashi y de ahí hacia el pasadizo subterráneo que lleva al hotel. Estamos realmente cansados, ha sido un día de mucho caminar pero estamos contentos de haber descubierto rincones nuevos y de haber vuelto a sitios que nos encantaron y que a día de hoy, ¡aún nos gustan más! Heart Heart

30/05/2011: el caprichazo del viaje está aquí… ¡nos vamos a Hakone a disfrutar del onsen privado!

Día 15: recorremos la zona del Mt Hakone, divisamos el Mt Fuji y disfrutamos de la mejor experiencia nipona…

Hoy nos levantamos bien temprano y de un salto. Nos espera un día muy emocionante y muy esperado en nuestra luna de miel y es que ¡¡nos vamos a Hakone y el super ryokan nos espera!! Heart Heart

Bajamos a desayunar y al terminar subimos a buscar las maletas ya que toca hacer el check-out del hotel Granbell de Shibuya. Hemos estado muy a gusto en este alojamiento y lo recomiendo. Anoche finalmente, decidimos que enviaríamos nuestras maletas hacia el hotel dónde pasaremos la última noche en Tokyo, e irnos a Hakone solo con las mochilas con ropa para dos días y todos los gadgets, para poder ir más cómodos.

Quizá os suene extraño eso de enviar las maletas, pero cuando viajas a Japón es algo habitual. Hay un par de empresas que se dedican al envío de maletas por todo el país, un servicio que aporta comodidad y practicidad muchas veces y que además está súper bien de precio. Queda claro nuevamente que Japón es un país práctico y que piensa en la comodidad Mr. Green

Bajamos a recepción, hacemos el check-out y la recepcionista nos gestionará el envío de las maletas con la empresa Yamato, nos ayuda a rellenar el formulario de envío con nuestros datos, las direcciones de origen y destino, y además llama al hotel dónde las enviamos para avisarle que nuestras maletas llegaran mañana y que nos las guarden en recepción si son tan amables.  Una vez hecho el trámite, nos despedimos de ella con un gran “domo arigato”.

La empresa más conocida y recomendada es Yamato Transport (recientemente han abierto una oficina en Barcelona) que se identifica por el logo de un gato que porta a un gatito. Os dejo el ejemplo de cómo se rellena el formulario de envío que aparece en su web. Si vais a enviar las maletas con ellos, os recomiendo llevarlo encima porque aunque los japos estarán siempre dispuestos a ayudaros, en algunas zonas el inglés es limitado y podéis pasar un mal rato. Se rellena el formulario por cada bulto que envíes, se paga en el lugar dónde lo depositas (ya sea en la recepción de un hotel, un combini o la oficina) y te quedas con una copia del formulario y del recibo del pago por si hubiera que reclamar.

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Y tras este truco, continuo con el relato…

Nos dirigimos a la estación JR Shibuya dónde cogemos la línea circular JR Yamanote para ir hacia la estación central de Tokyo, dónde tomaremos el Shinkansen hasta Odawara. Habíamos reservado los asientos la noche anterior, asegurándonos poder ir sentados en nuestro último trayecto en Shinkansen y es que hoy se nos termina el tiempo de uso del Japan Rail Pass. Para ir de Odawara a Hakone y los pueblecitos de la zona, hay montada una ruta en tren, tranvía, funicular, teleférico, barco y bus… y para tomar todos estos transportes de forma econónima han creado el Hakone Free Pass, un pase de dos días que te incluye el trayecto en todos los transportes de la zona. Puedes comprarlo en la oficina que tienen en la estación JR Odawara, o bien en la estación JR Shinjuku en Tokyo y que incluya el trayecto en tren hasta la zona de Hakone (para aquellos que no tengan el JRP activo).

Una vez en Odawara, nos compramos unas bebidas en una máquina para tomarlas mientras esperamos el siguiente tren  (ya drentro del pase) para ir a Hakone-Yumoto, dónde haremos el primer transbordo. Tomamos un tren tipo cercanías, el trayecto dura unos 30 minutos. Al llegar a Hakone-Yumoto, buscamos el andén desde el cual sale el siguiente tren hacia Gora y nos quedamos alucinados al ver el tren en qué montaremos… ¡¡es del año de María Castaña!! :O

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mosaico en el suelo de la estación de Gora

Pero aún alucinamos más cuando iniciado el trayecto vemos por dónde está construida la línea del tren. Y es que la vía pasa a través de un bosque un tanto frondoso, lleno de pendientes, dónde las ramas de los árboles tocan los cristales del tren continuamente… vamos el tren de Lleida a la Pobla de Segur es una maravilla al lado de esta 😀 Pero también hay que reconocer que ésta línea nos sube unos 300m de altitud y tiene su encanto 🙂

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Tras unos 35 minutos de trayecto por la montaña llegamos a Gora. Nada más bajarnos del tren ya vemos las indicaciones para tomar el funicular hasta Sounzan. ¡Éste sube 211 metros de desnivel en 1,2km! ¡Menuda pendiente! En unos 10 minutos llegamos a Sounzan dónde haremos el siguiente transbordo y es que ahora nos toca el teleférico 😀

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¡¡Qué pasada de vistas!!  Se ve todo el valle de Hakone desde las alturas y por lo que leíemos, en días despejados se puede ver el Monte Fuji desde aquí, pero nosotros tenemos un nubarrón justo dónde se supone que está el volcán más famoso de Japón por lo que de momento no lo podemos ver… Este lugar es impresionante y debe ser parada obligatoria para todos los amantes de la naturaleza, aunque reconozco que tienen montada una turistada tremenda con todo el tema de los transportes. ¿Turistada? Si, pero mola mucho 😛

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El teleférico tiene una parada a medio camino, dónde hacemos un alto para disfrutar de las vistas sobre el cráter creado en la última erupción del Monte Hakone hace ya 3000 años. Desde el teleférico ya podemos a ver las chimeneas sulfurosas y las minas de azufre que hay allí.

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Llegamos a Owakudani, el área alrededor del cráter dónde se pueden tomar los famosos huevos negros (cocidos en agua volcánica). Es una tradición japonesa venir al menos una vez en la vida hasta aquí para comerlos. Dicen que por cada huevo negro cocido que te comes vivirás 7 años más. Si te comes dos huevos vivirás 14 años más;  si te comes 3, 21 años; pero cuidado que si te comes 4 huevos tu hígado puede sufrir lo suyo… 😛 Es por esta tradición que esta zona se conoce como el Valle de la Longevidad.

Bajamos del teleférico, y nada más salir a la calle ya se puede notar el olor a azufre tan característico en el ambiente. Menudo olor a rancio, ya nos pica la lengua.

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En esta zona hay un ruta de unos 10 minutos a pie que permite acercarte más a la zona volcánica y situarte junto a las fumarolas. Pero por normativa de seguridad, hay un semáforo que indica los niveles de azufre en el aire y  sólo se puede hacer la ruta en función de lo que marque éste. Hoy no tenemos suerte y el semáforo está en rojo, por lo que no se permite el paso… tenemos que conformarnos con verlas desde la entrada al camino que se encuentra vallado.

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una de las muchas fuentes con agua termal que hay en la zona

Entramos en una de las tiendas dónde nos compramos un helado. Yo quiero probar los huevos pero los venden en paquetes de 4 y como a mi marido los huevos no le gustan, pues decido comprar un paquete de 6 que viene envasado al vacío para llevármelo a casa de mis padres y probarlos con ellos a la vuelta 🙂

Me siento en una de las mesas a comerme mi helado mientras mi marido va al baño y cuál es mi sorpresa cuando en menos de 2 minutos, el nubarrón que hay sobre el Mt Fuji desaparece y ¡¡se deja ver!! ¡¡Qué pasada!! Esto si que ha sido toda una suerte 🙂  Todos los allí presentes desenfundamos las cámaras para llevarnos una instantánea Guiño En esas que llega mi chico y cuando lo ve se emociona un montón también. Es difícil de explicar pero sabes que estás viendo todo un icono nipón, con todo el simbolismo que tiene el Fuji para los japoneses, y una emoción te embarga.

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Aunque estamos casi en junio la cima aún está nevada

Llevamos unos 30 minutos en esta zona y ya nos pica la lengua un montón y nos empieza a doler la cabeza por el azufre, así que decidimos volver al teleférico y seguir con la ruta.

Subimos de nuevo a una cabina y esta vez en lugar de subir, bajamos hacia la zona del Lago Ashi, en Togendai. De nuevo disfrutamos del trayecto con unas fabulosas vistas, con el lago allá abajo y el Fuji al frente. Este día está resultando uno de los más chulos del viaje. Al llegar a Togendai vemos atracado en el embarcadero el barco “pirata” que recorre el Lago Ashi de orilla a orilla tal y como ponía en la guía. Nos dirigimos al embarcadero para tomar el barquito, el siguiente transbordo en la ruta circular que recorre Hakone.

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¡¡Qué pasada, menudo lugar!! Sin duda me quedo con las vistas desde el barco, con todo el lago iluminado por los rayos del sol, rodeado de montañas arboladas, con el Fuji al fondo… ¡Realmente bonito! Además hace un día estupendo (tras el diluvio de anoche en Tokyo vaya gusto) por lo que en la cubierta del barco se está de lujo Heart

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Tras una media hora de travesía llegamos al otro extremo del lago, a la pequeña población de Hakone-Machi.
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Al fondo y a la izquierda, medio tapado por nubes se aprecia el Mt Fuji con su pico nevado

 

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Desembarcamos, y de allí vamos dando un paseo de otros 35 minutos hacia Moto-Hakone. De camino, encontramos el Hakone Check-point, un importante punto de control de tráfico a lo largo de la ruta Tokaido, la antigua vía que unía Edo (Tokyo) con Kyoto durante el período Edo. Hace unos años lo restauraron y crearon el Museo Sekisko Shioryokan, un museo al aire libre representativo del antiguo punto de control de Hakone y que muestra objetos relacionados con la vía de paso.

 

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No me pareció una visita imprescindible pero si recomendable, no solo por conocer un poco más sobre el periodo Edo si no por las fabulosas vistas del lago que hay desde aquí 🙂
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Al terminar la visita nos compramos unas bebidas en una máquina y seguimos con el paseo hacia Moto-Hakone siguiendo la antigua ruta Tokaido, la Old Tokaido, una ruta rodeada de cedros milenarios que antiguamente unía las dos capitales niponas. Qué paz se respira en este lugar, es increíble. Sin duda fue todo un acierto decantarnos por hacer esta excursión, y la volvería a hacer sin dudarlo… y eso que aún no hemos estado en el ryokan 🙂
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Llegamos a Moto-Hakone, dónde continuamos deleitándonos con las vistas del lago desde el embarcadero, el Monte Fuji se esconde de nuevo entre nubarrones… Es una pasada verte rodeado de tanta naturaleza después de varios días por la gran metrópolis.
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Junto a la estación de autobuses de Moto-Hakone, encontramos una gran torii que marca la entrada al pueblo.
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Son las 13,30h y empezamos a tener hambre. Ayer quedamos com los dueños del ryokan que llegaríamos sobre las 15,30h, así que decidimos buscar un sitio para comer antes de ir hacia allá. Nos decantamos por un pequeño restaurante con vistas al lago en el cuál vemos en su escaparate que tienen unos ramen con muy buena pinta. Entramos al restaurante y vemos que la planta baja es una tienda de productos locales y que el pequeño restaurante está en el primer piso.

Una vez pedida y servida la comida, la dueña nos viene con un recipiente lleno de cubiertos, no habla inglés pero se hace entender. Los descartamos pero como vemos la cara de la señora que no queda muy convencida, le mostramos que sabemos comer con palillos y nos aplaude ¡jaja qué maja!

Comemos con calma, disfrutando de la comida que está deliciosa y de las vistas sobre el lago que hay desde aquí. Tras la comida, la señora nos sirve un vaso de té verde buenísimo y que está incluido en el precio.

Sobre las 14,30h, nos despedimos de esta gente tan maja con un sonoro “domo arigato” (muchas gracias en japonés) y vamos hacia la estación de autobuses de Moto-Hakone. No nos acabamos de aclarar porqué en el mapa de las paradas que hay, no sale la que nos indicaban en la web del ryokan, así que entramos a preguntar al revisor que muy amablemente nos explica que recientemente han cambiado el nombre de la parada. Nos indica la línea que tenemos que tomar y nos marca en un mapa la ruta que seguirá el bus… ¡vamos como para perdernos! Le damos las gracias y salimos a esperar el bus que nos ha dicho el señor.

En esas que llegan dos buses a la vez y exactamente iguales, y nosotros pensamos “¡¿y ahora cuál es?!”. En esas que sale el hombre corriendo de la estación para decirnos cuál de los dos debemos tomar, e incluso avisa al conductor de la parada en la que tenemos que bajar por si nos despistamos. Nosotros alucinamos, ¿¡cómo pueden ser tan sumamente amables?! De verdad que tanta amabilidad hay momentos como este en que nos abruma, aquí no hace nadie eso ni de coña… Nuevamente un “domo arigato” junto a una gran reverencia porque no sabemos otra forma de agradecerle toda su ayuda. Sin él aún estaríamos dando vueltas…

Subimos al bus, y vemos que todo el mundo nos mira… y es que somos los únicos guiris que hay a bordo del bus. A estas alturas del viaje ya no nos extraña esta situación puesto que nos ha pasado en varias ocasiones a lo largo de estos 15 días que llevamos en Japón, es la repercusión turística del accidente nuclear. Muchos extranjeros han dejado de visitar el país por miedo a lo desconocido, nunca podrán imaginar el daño que hizo a este nivel el accidente de Fukushima y la gran repercusión mediática completamente errónea que hubo en occidente…

Cuando nos acercamos a la parada que nos dijo el hombre de la estación, la solicitamos por si el conductor no se acuerda, pero al bajar como debemos pasar junto a él para pasar el Hakone Free Pass por la máquina y validar el viaje, nos dice que él ya estaba pendiente de pararnos aquí, qué mono. Le damos las gracias y bajamos… hemos llegado al ryokan 🙂

La parada del bus está en la carretera, y queda justo al lado de la entrada del alojamiento. Ostras qué ganas teníamos de llegar a aquí 🙂 Pero vemos que son las 15h y nos sabe mal llegar antes de lo previsto, así que decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores del ryokan para ver qué hay por aquí. En esas que veo un cartel indicando WC. Alucino un poco porqué estamos en medio del campo, pero seguimos las indicaciones y llegamos una pequeña caseta y ante todo pronóstico de “no creo que este lavabo en medio del monte esté limpio…” , me sorprendo gratamente al verme reflejada en su suelo de lo limpio que está O_O Nuevamente alucino con la limpieza y pulcritud de los baños públicos. Vemos que junto a la caseta del “TOTO”, hay un pequeño claro con una fuente natural y un estanque de agua caliente.

 

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Nos dirigimos hacia allá y otra vez alucinamos al ver que en un claro en medio del bosque han colocado dos bancos dónde poder sentarse y… ¡¡una máquina de bebidas!! ¡Estos japos son la hostia! O_O Así que nos sacamos un café calentito de la máquina y nos sentamos a disfrutar de las vistas y escuchar los sonidos de la naturaleza.

 

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Son las 15,20h cuando vemos que se acerca un nubarrón terrible, se avecina un tormetón… Así que nos acabamos el café y nos dirigimos al ryokan. Qué emoción poder estar aquí, el caprichazo de nuestra honeymoon está a punto de verse cumplido 🙂
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Volvemos a subir hacia la carretera, la cruzamos y entramos a los jardines del Mikawaya Ryokan. Tiene una fuente preciosa frente a la entrada y el edificio es de construcción típica japonesa. Subimos las escaleras de la entrada y no nos da tiempo a llegar a la puerta que ya nos la abren con mil reverencias y palabras de bienvenida en inglés y en japonés, ¡madre mía! Les decimos que tenemos una reserva y en seguida llega la encargada del ryokan a recibirnos. Nos indica que nos quitemos las bambas y nos pongamos unas zapatillas que nos presta para ir por el ryokan. Al quitarme las bambas hago intención de agacharme a cogerlas y antes de que me dé tiempo, la señora me lo impide y llama a un botones para que nos las recoja y nos las guarde. Nos dice que si tenemos que salir a la calle las pidamos en recepción que nos las guardan allí… Ay madre que me veo volviendo a Tokyo con sus zapatillas de estar por casa, ¡jajaja!

Nos llevan a una sala con vistas a los jardines y nos pide que esperemos allí un momento. De nuevo siento que tanta amabilidad me abruma, desgraciadamente no estamos acostumbrados a este nivel…

Contaros que un ryokan es un alojamiento típico japonés. Hay diferentes modalidades, tipo albergue, casa privada con alquiler de habitaciones o tipo hostal/hotel. Puedes encontrarlos con habitaciones completas o que tengas que compartir el baño, éste puede ser termal o artificial, que estén en la calle o en una sala, de uso privado o público. Los precios son muy variables, todo depende de las comodidades del lugar y de las estrellas… los hay bien baratos, pero también los hay de gama alta como es el caso del Mikawaya.

Vuelve a venir la señora -nos dice su nombre pero no lo recuerdo-, comprueba que en la reserva que hicimos esté todo correcto, y nos explica los horarios de la cena, del desayuno y del check-out. Hacemos el check-in y luego nos lleva a hacer un tour por el ryokan. Nos enseña las diferentes estancias y salas compartidas (sala de lectura, comedor, salón…), los diferentes pisos y los baños termales. Entramos en el de mujeres y me explica cómo funciona y los pasos que hay que seguir para darte un baño típico japonés. Salimos y luego entra al de hombres con mi marido para explicárselo a él también, después de dar un grito en varios idiomas avisando que entra, no vaya a ser que haya algún hombre en pelota picada 😛

De allí nos lleva a nuestra habitación, la “Hanna 1”. Al entrar a la habitación, vemos que hay una pequeña sala intermedia, como un descansillo dónde nos dice que debemos dejar las zapatillas ya que en la habitación hay que ir descalzos puesto que el suelo es de tatami y es muy delicado. Es nuestro primer ryokan y al entrar a la habitación alucinamos en colores, ¡qué pasada, es como estar en casa de Doraemon! 😀

En el centro de la sala hay una mesa bajita con dos sillas, pero unas sillas peculiares ya que no tienen patas, solo asiento y respaldo y están sobre el suelo. Lor armarios son con puertas correderas de papel. Hay una especie de galería con una mesa y dos butacones desde los que se puedes disfrutar de la vista de la terraza y el jardín del ryokan. En esta zona, hay un lavamanos y un cuartito dónde está el TOTO, dónde hay unas zapatillas de uso exclusivo para el lavabo.

 

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tampoco a este TOTO le faltán sus botoncillos 🙂

 

Y después de enseñarnos esta parte de la habitación, salimos a la terraza. En ella hay una ducha con un cubilete y el onsen, el baño con agua termal natural proviniente del Mt Hakone.

 

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La señora nos explica que el agua del onsen está a unos 40ºC así que tenemos que tener la precaución de abrir un grifo de agua fría antes de meternos para evitar quemarnos e ir removiéndola de vez en cuando con una especie de pala de madera que hay para que se vaya mezclando y no nos achicharremos. Nos explica de nuevo que también aquí hay que ducharse antes de meterse en el onsen.

Nos pide que la esperemos un momento y en seguida llega con dos yukatas (kimono de estar por casa), y nos enseña a ponérnoslo correctamente ya que cada sexo lo cruza hacia un lado. Sale de nuevo, y vuelve con una chica más joven, quién nos dice que se encargará de nuestra habitación y que si necesitamos alguna cosa contactemos con ella en un número de teléfono. También nos explica que será quién nos traiga la cena y el desayuno de mañana y, quién nos prepare el futón para dormir. A las 19,30h servirán la cena y nos pide que estemos preparados cuando llegue esa hora. Nos dejan con un té verde y un dulce japonés para merendar y nuestro onsen esperándonos :p

Madre mía, qué mujer más amable… Los japoneses lo son, pero esta mujer supera la media ¬¬’ Una vez se marchan, nos ponemos cómodos y nos tomamos la merienda que nos han servido… y en cuanto acabamos, ¡¡nos vamos de cabeza a probar el onsen!!

Las vistas desde la terraza hacia el bosque son fantásticas. Hace fresquito en la calle y da no sé qué saber que te estás duchando en medio del bosque pero son costumbres del lugar y nosotros nos adaptamos a todo.

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las vistas desde la terraza de nuestra habitación

Una vez bien duchados y aclarados, nos metemos en el onsen y… ¡oh my good, pero qué a gusto se está! Heart Es increíble la sensación de estar oyendo caer la lluvía y tu estar en remojo en el agua calentita, menudo relax 🙂

En la habitación tenemos un panfleto con todas las propiedades terapéuticas del agua termal de Hakone.

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Nos pegamos 2h metidos en remojo en el agua caliente… se nos ha hecho de noche incluso, pero es que no hay quien salga de allí, se está súper a gusto. Verdaderamente ha valido la pena venir hasta aquí hoy y más aún dejar la visita a Hakone para el final del viaje, así nos recuperamos del cansancio de todos estos días y renovamos las pilas.

Finalmente, decidimos salir del agua que no es plan que venga la chica a servir la cena y nos pille en pelotas 😀 Nos vestimos con los yukatas que nos dejó la dueña, anda que no molan 🙂

A las 19,30h en punto, llaman a la puerta. La chica nos prepara la mesa para la cena. En un santiamén nos traen un montón de platos típicos, se trata de una degustación. Le pedimos que nos traiga un umeshu de la zona para acompañar la cena. Estamos de luna de miel, hemos podido cumplir un sueño y hay que brindar por ello 😉
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Aunque hay un par de platos que nos nos gustan, en general cenamos a las mil maravillas… podemos probar el shabu-shabu con carne de Kobe que está delicioso 🙂 Nos damos cuenta de que hay muchos platos de la cocina japonesa que aún no habíamos probado, y el umeshu que nos ha traído entra genial…

Después de cenar, vuelve la chica a retirar la mesa y las sillas, monta los futones para que los tengamos listos cuando queramos ir a dormir  y nos dice que mañana volverá a recogerlo. También nos dice que si necesitamos alguna cosa durante la noche que la llamemos al número que nos dijo antes y vendrá, ¡nos sentimos como reyes en este lugar!

Una vez se despide, no nos lo pensamos dos veces y volvemos al onsen. ¡Qué pasada¡ Menuda paz, qué relax, qué bien se está metidos en el agua calentita viendo las estrellas… hace fresquito pero al estar metidos en el agua apenas se siente. Tras otra buena hora y pico en remojo, y ya más arrugados que dos abuelos centenarios, salimos del onsen y nos vamos a dormir que hay que probar la experiencia del futón 🙂

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Hoy ha sido un día agotador pero a la vez muy gratificante, sin duda ha pasado directo al top ten de nuestras mejores experiencias viajeras y no nos cabe duda que este día lo recordaremos con gran cariño.
A eso de las 23h, nos acostamos pensando en si mañana encontraremos nuestras maletas cuando lleguemos al hotel Mr. Green

29/05/2011: día de lluvia por Shibuya, el parque Yoyogi en busca de los cosplays y cena en Ikebukuro.

Día 14: buscamos a los cosplays de Yoyogi, recorremos las calles de Shibuya bajo la lluvia y quedada para cenar truncada por el aguacero…

Hoy es domingo, se aprecia el cansancio de dos semanas sin parar y llueve a cántaros (según las noticias el tifón ha llegado a Tokyo), así que nos decantamos por no madrugar demasiado y dar un paseo con calma por Shibuya para ver bien el barrio.

Desayunamos las tortitas y el zumo natural de rigor en el bar del hotel y de nuevo nos ponemos en marcha. Vamos hacia la estación JR, nuestro punto de partida y buscamos la salida de Hachiko a ver si podemos encontrar la estatua del perro Hachiko ya que llevamos días pasando por allí, pero como hay tanta gente siempre, ¡aún no la hemos visto! Hachiko, era el perro de un profesor de universidad que acompañaba a su dueño hasta la estación todos los días dónde cogía un tren para ir a trabajar, el perro lo esperaba allí hasta que el profesor regresaba del trabajo y juntos volvían a casa.  El profesor un día, murió de forma inesperada y el perro fiel a su costumbre, siguió yendo a Shibuya a esperar a que su dueño regresara para volver con él a casa. Es una bonita historia que demuestra la fidelidad de los perros hacia sus amos y que conmovió a muchísima gente del barrio por lo que al fallecer Hachiko le construyeron una estatua conmemorativa a las puertas de la estación.  Tras rebuscar un poco entre la gente, ¡al fin la encontramos!

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Seguimos caminando por las ajetreadas calles de Shibuya y entramos en unos cuantos centros comerciales, decidimos que hoy compraremos parte de los regalitos para los nuestros aprovechando el día de tranquis. Es una pasada entrar en sus centros comerciales… ¡son todos inmensos! Hasta la tienda que parece más pequeña resulta ser un verdadero centro de 5 plantas O_O
¡Me encantan las cosas que venden y me lo llevaría todo! Compramos algunos regalos y también cosillas para nosotros. El resto de souvenirs los compraremos el último día en Tokyo.

Casi sin darnos cuenta, llegamos al Estadio Nacional de Yoyogi. En él hacen desde conciertos y espectáculos hasta competiciones importantes de artes marciales o de patinaje sobre hielo. Hoy deben celebrar algo importante porque hay una cola enorme para entrar y es imposible acceder a él sin la entrada, así que nos conformamos con verlo por fuera.

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¡Me encantan los paraguas transparentes! Todo el mundo aquí los lleva y me parecen chulísimos, lástima que no me caben en la maleta… pero para el próximo viaje buscaré el modo de traerme uno ¡jeje!

Seguimos el paseo bajo la lluvia hacia el Parque de Yoyogi. Éste es el mayor parque de Tokyo y es costumbre que los domingos vaya la gente disfrazada de sus personajes de manga o animación favoritos y se concentren varios grupos de jóvenes, y no tan jóvenes… son los conocidos cosplayers tokyotas. Pero como diluvia, ¡los únicos frikis en el parque somos nosotros dos! Eso, o no sabemos encontrarlos porqué el parque es enorme… sea como sea, nos quedamos con las ganas de verlos. Otro tema pendiente para el próximo viaje, encontrar a los cosplays de Yoyogi Mr. Green

Frikis no vemos, pero nos quedamos alucinando con el parque, esos lagos, puentes y del verdor tan espectacular, así como de lo estupendamente cuidado que está el parque, ¡qué pasada! ¡Adoro los parques japoneses!

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En una zona del parque hay un mercadillo de antigüedades y de productos ecológicos. Nos compramos unas galletas riquísimas para matar el gusanillo con un té calentito, que hoy realmente apetece.

De vuelta hacia Shibuya, vemos una tienda de vestidos de fiesta y de novia… ¡qué risa al ver los modelitos! Si lo llego a saber me compro mi vestido de novia aquí, el rosa de la planta baja o el amarillo de la más alta por ejemplo serían ideales ¡juass! Riendo

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Vemos también una Apple Store enorme, una tienda Disney impresionante, una iglesia cristiana que nos sorprende porqué no habíamos visto ninguna aún… y con este cartel también nos reímos un montón: “niños kinki”, ay madre si supieran lo que significa kinki aquí… :p

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Vamos caminando de nuevo hacia la JR Shibuya y decidimos comer cerca del hotel porqué diluvia y vamos mojados hasta las trancas a pesar de llevar el paraguas y el chubasquero. Entramos en un bar de tempuras y tras una comida deliciosa, volvemos al hotel a secarnos.

Al llegar al hotel, vemos que la pareja con la que compartimos el inicio del viaje, nos han enviado un mensaje por Facebook para quedar esta noche para cenar juntos ya que ellos también están en Tokyo, quedamos a las 19,30h en Ikebukuro, en una salida determinada porque la estación es enorme (¡como todas allí!).

Pasamos la tarde de perreo y preparando las maletas porqué mañana cambiamos de zona y hemos decidido llevarnos solo las mochilas a Hakone y enviar las maletas al último hotel de Tokyo para evitar ir cargados en los tres mil transportes que cogeremos estos días… ¡¡Qué ganas de ir a Hakone, es nuestro caprichazo del viaje!! Pero no adelanto acontecimientos :p

Cuando se acerca la hora de la quedada, nos arreglamos y cogemos el metro hacia Ikebukuro. Llueve un montón, las calles tienen ¡medio palmo de agua! Tras más de 45 minutos de espera en el lugar acordado y de empaparnos de arriba a abajo sin que la otra pareja aparezca y sin poder contactar con ellos porqué sus móviles no funcionaban en Japón, decidimos ir a buscar un sitio para cenar nosotros. Nos decantamos por un italiano que tiene muy buena pinta a pocos metros de la JR Ikebukuro.

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Hay bastante jaleo porqué hay un grupo de adolescentes que celebran algo y menudo jolgorio tienen montado 🙂 Antes de irnos, voy al lavabo y al pasar por delante suyo me llaman para que me gire hacia ellos, lo que no se esperan es que me acerque a ellos y les salude en inglés, ¡tendríais que haber visto su cara de corte total, jaja! Pero ellos me dejan más alucinada a mi cuando los chicos me preguntan si soy un manga ¡jaja, qué risa por favor! Chapurreando me dicen que tengo los ojos de chica-manga, ¡me parto yo sola! Y las chicas me miran muy mal, se deben pensar que me quiero ligar a algún chico… ¡pero si podrían ser mi hermano pequeño! Me voy al lavabo y al volver se lo explico a mi marido que se parte de risa. Al irnos, los chicos me vuelven a llamar y mi chico en broma les dice en inglés, “¡eh! cortaros que es mi chica” con lo se quedan súper cortados y esta vez son las chicas las que sonríen 😀 Los camareros que se han dado cuenta del cachondeo que se traen se parten y nosotros aún más, ¡vaya pavo que tienen! Está claro que el pavo en la adolescencia es universal :p

Al salir vemos que aún llueve con más fuerza y ahora ya hay casi un palmo de agua en el suelo… ya no sirven de nada los paraguas, así que salimos corriendo hacia la estación de tren, suerte que no nos habíamos alejado demasiado. Cogemos la línea JR Yamanote hasta Shibuya y allí de nuevo, salimos volando hacia el hotel. Estamos un poco preocupados porqué no haya algún problema por ir a Hakone con este tiempo, al ser montañoso no sabemos cómo habrá afectado el tifón allí…

Les mandamos un mensaje a la otra pareja por FB preguntándoles si han tenido algún problema y explicando que tras más de 45 minutos bajo la lluvia esperando y calados hasta las cejas, nos habíamos ido a cenar y que ya quedaríamos otro día si querían, no nos contestaron así que no sabemos qué ocurrió…

Hablamos con nuestros padres ya que en Hakone no tendremos internet y nos vamos pronto a dormir que mañana nos tocará madrugar bastante, aunque no dolerá demasiado sabiendo que nos espera nuestro querido ryokan con ¡¡¡onsen privado!!! ¡¡¡Si, el caprichazo de nuestra luna de miel!!! Aplauso Aplauso

28/05/2011: visitamos el Museo del Ferrocarril de Omiya, el parque de atracciones Tokyo Dome y un Love Hotel :p

Día 13: como niños en el Museo del Ferrocarril y en el Tokyo Dome… y probamos la experiencia de un love hotel 😀

Antes de explicaros la etapa de hoy, tengo que decir que a mi marido le encanta todo lo relacionado con el mundo del ferrocarril. Su abuelo era ferroviario y a mi chico, desde muy pequeño le encantaba ir con él a ver las vías, los trenes, las  estaciones y le encantaba que su abuelo le explicara cosas sobre trenes. A medida que fue creciendo, le siguió gustando ese mundillo y conoce muchísimo sobre el tema, por lo que siempre que podemos visitamos museos del ferrocarril. Conociendo su afición, el día de la boda le regalé una maqueta de la primera locomotora a vapor que consiguió el récord mundial en velocidad, junto a un vale por una visita al Museo del Ferrocarril de Tokyo, uno de los más grandes del mundo, y que hasta el día de la boda él no sabía que había incluído la visita en el itinerario 🙂

Así que podéis imaginar la cara que puso cuando ese día al levantarnos, le dije que la visita al museo tocaba hoy. Estaba muy emocionado. Tras un desayuno rápido, nos vamos para la estación JR Shibuya. Tomamos un tren hacia la zona norte de la ciudad y de allí otro tren JR hasta Omiya, en la prefectura de Saitama.

Hace días que nos fijamos que en las estaciones de metro y en algunos centros comerciales hay un cartel promocional de un cantante con pinta de volver locas a las jovencitas… anoche estuvimos escuchando su canción promo y ¡nos partimos de risa! Os dejo un enlace para que podáis escucharla, así como una foto del cartel 😀

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Tras una media hora de trayecto llegamos a la estación JR Omiya y ya vemos las indicaciones para el Museo del Ferrocarril. Debemos coger un monorail que hace de lanzadera con el museo.

Cuando llegamos vemos que ya pinta chulo… el suelo de la entrada está hecho con paneles informativos, ¡qué original! Hay alguna locomotora fuera y aquí empiezan las fotos 🙂

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Compramos las entradas (1000¥ pp) en las máquinas que hay en la entrada, lo que agiliza bastante el proceso porqué hay bastante gente… Aunque pueda parecer difícil ya que a simple vista solo ves kanjis, es bastante fácil ya que hay un cartelito en inglés con el paso a paso.

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Mi marido va con los ojos como platos mirándolo todo 🙂 Disfruta como un niño y la verdad es que yo también porque el lugar es muy interesante. El museo fue inaugurado en 2007 y cuenta con una superficie total de 28.200 m2.
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Fue construido en un antiguo almacén adherido a la estación JR Omiya y, cuenta con 3 plantas enormes y un gran parque dónde también hay atracciones, se puede hacer picnic y actividades con los más peques. Es un lugar muy dinámico ya que además de tener decenas de trenes, vagones y locomotoras a los que se puede subir, se puede “jugar” con la maquinaria a modo de “acelerar – frenar” mientras ves como funcionan los pistones, el motor, los frenos… tienen una locomotora de vapor antiquísima en el centro que cada hora la encienden para que se pueda escuchar su motor soplar, ¡qué pasada! Me recuerda mucho a la maqueta de la locomotora que le compré para la boda 😀

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 La planta baja está repleta de trenes japoneses de todas las épocas, por lo que puedes ver la evolución que ha habido en el país.
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Celebran el aniversario del 1r Shinkansen (tren bala) y por eso podemos verlo allí expuesto. Al parecer el primer tren bala lo diseñaron en 1941 pero al estallar la Segunda Guerra Mundial y verse el país implicado, se paralizó su construcción. De forma que hasta 1954 no empezaron la construcción de la primera línea que uniría Tokyo con Osaka, que uniría dos de las principales ciudades niponas y que cruzaría la isla central del país. Y fue en 1964 cuando el Shinkansen hizo su primer trayecto entre Tokyo y Osaka. Todo un avance si tenemos en cuenta que ya el primer modelo iba a ¡más de 200km/h!

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el morro psicodélico del 1r Shinkansen

Tras un par de horas buenas entre esas locomotoras y vagones, subimos a la segunda planta dónde hay exposiciones de uniformes, paneles informativos, billetes de tren, la evolución de las tarjetas electrónicas para pagar, maquetas de trenes, instrumentos ferroviarios, etc…. y además con unas vistas geniales sobre la planta baja.

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En un mostrador hay un señor que monta maquetas, ¡qué pasada! Son todas chulísimas y de vez en cuando enciende alguna para que circule por unas vías que recorren toda la exposición 🙂

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Subimos al tercer piso dónde hay un mirador desde el cual se ve todo el museo así como la antigua estación que allí había y en otro apartado, hay vías con sus cambios de agujas, ruedas… de todo un poco para que la gente pueda “aprender tocando”. A la parte de la calle no salimos porque hoy llueve a cántaros…

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Se hace la hora de comer pero el restaurante de allí está a rebosar de gente, por lo que tomamos de nuevo el monoraíl y comemos en la estación de Omiya antes de coger el tren de vuelta a Tokyo.

De camino recordamos que en uno de los trayectos de tren que habíamos hecho vimos un parque de atracciones y decidimos ir a buscarlo. Así que bajamos en la estación JR Suidobashi desde dónde se divisa el lugar, y vamos hacia el Tokyo Dome City. Se trata de un complejo de ocio que incluye varias tiendas de cómics, un estadio cubierto dónde hacen conciertos, espectáculos y también partidos de béisbol (los japos son muy aficionados a este deporte); también tiene un mega centro comercial, un spa y un parque de atracciones impresionante.

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escaparate de una tienda de cómics

 

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el estadio Tokyo Dome

Conforme nos acercamos alucinamos con su montaña rusa, ya que además de tener varios looping’s bien chulos, tiene un trozo de vía que cruza ¡literalmente un edificio!

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Vemos que están haciendo un espectáculo para niños y aquello está a petar de gente 🙂 El parque de atracciones tiene una gran noria que ¡también la cruza la montaña rusa!, algunas atracciones para niños y una de agua que tiene muy buena pinta.

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La pena es que por lo visto hubo un accidente mortal en el parque a primeros de año y está cerrado al público por la investigación que se lleva a cabo, pero hay un cartel informativo que explica que lo abren de nuevo el día 1 de junio. Qué pena porqué ese día volvemos a casa… Así que nos quedamos con unas ganas terribles de subir a esa pedazo de montaña rusa 😦 Por lo que va directa a la lista de pendientes para un próximo viaje.

Tomamos un café con una caracola rellena de canela y pasas, ¡riquísima! en una cafetería dónde podemos descansar un poquito, llevamos todo el día de pie… De vuelta a la estación de tren, vemos una tienda de Bubba Gump. ¡Qué gracia!  Es una mezcla entre bar de tapas y tienda de souvenirs con el logo Bubba Gump y veo que dentro tienen hasta la réplica del banco y el maletín dónde se sentaba Forrest Gump a explicar su historia 🙂 Luego descubrí que hay restaurantes de la cadena Bubba Gump en algunas de las grandes ciudades del mundo (como NY, LA…).

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Volvemos al metro y decidimos ir al hotel a descansar un poco. Son muchos días de tute y madrugones y a estas alturas estamos cansaditos… De nuevo JR hasta Shibuya y de allí a nuestro hotel que está a 5 minutos a pie de la estación.

Nos echamos una siesta y después pensamos en probar una experiencia muy friki… vamos a ir a un Love Hotel para ver cómo son 😛 Así que antes de salir, nos documentamos bien por internet sobre dónde se encuentran los Love Hotel de Shibuya.

A eso de las 20h, salimos a cenar y nos decantamos por un sitio de ramen cerca de la estación JR, y luego damos un paseo por el barrio. Nos encanta recorrer este lugar por la noche ya que están todos los carteles publicitarios encendidos, hay luces de neón por doquier y gente a diestro y siniestro 🙂 Además, se nota que hoy es sábado porqué hay mucho más ambiente por sus calles.

Nos adentramos en las callejuelas de la conocida “colina del amor”, dónde se encuentran los Love Hotel del barrio. Hay que decir que los japos son bastante viciosillos pero son muy discretos y puritanos en público, es raro ver a una pareja dándose un beso o cogidos de la mano por la calle por ejemplo, por lo que han inventado este tipo de hoteles dónde puedes coger una habitación para toda una noche o sólo para unas horas, e ir con tu pareja y tener intimidad. Los hay de todo tipo, sencillos con solo la cama y un wc, con jacuzzi en la habitación, con karaoke y consola, con tele y DVD, temáticos dónde puedes pedir disfraces… y la verdad es que están muy bien de precio. En pocas calles tienes concentrados prácticamente todos los hoteles de este tipo. También los encontrarás en barrios como Shinjuku, Ikebukuro o Akiba.

Además son muy discretos. Junto a la puerta tienes un cartel informativo con el precio aproximado y unos dibujos con todo lo que tiene la habitación. En el panel, si la luz está encendida es que la habitación está libre, si está apagada es que está ocupada. Una vez te decides por una, solo tienes que pulsar sobre la foto y automáticamente le sale una señal a la persona que hay en la recepción. Te diriges a ella, pero no te ves con esa persona ya que tienen un cristal opaco para que no se distingan las caras. Te da la llave de la habitación con las indicaciones para llegar, pagas y te dice el tiempo del que dispones en función de lo que pagues.

Nosotros fuimos a uno con jacuzzi en la habitación. También tenía una pedazo de tele de plasma con varios canales “x”, con karaoke, un sofá y luego había un tocador con secador y amenities de todo tipo. Junto a la cama había un pack con toallitas húmedas y varios preservativos. Vamos que está claro para lo que son estos hoteles… son hoteles picadero 😀

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Tras las fotos de rigor a la habitación, probamos el jacuzzi. Qué risa pasamos porqué al encender las burbujas se apagó la luz del baño y se encendieron unas luces psicodélicas dentro de la bañera 🙂

Tras el rato pagado por la habitación, dejamos la llave en la recepción -de nuevo sin tener contacto visual con la persona responsable-. Al salir vimos a varias parejas cogidas de la mano en búsqueda de su Love Hotel Ojos que se muevenHeart Nosotros volvemos a nuestro hotel que es dónde tenemos pagada la noche y ya toca descansar 😛

26/05/2011: los contrastes de Tokyo, del Palacio Imperial al bullicioso -y vicioso- Shinjuku, con terremoto incluido!

Día 11: recorremos el parque del Palacio Imperial y conocemos el bullicioso distrito financiero de Shinjuku.

Amanece un nuevo día en Tokyo! Esta madrugada me levanté al WC y al volver a la cama vi que la lámpara del techo se movía… pensé que eran imaginaciones mías e incluso me puse las gafas para verlo bien, y efectivamente no solo bailaba la lámpara (cada vez más rápido) si no que también vibraba la pared. Recuerdo que le dije a mi marido: “¡¿se está moviendo la lámpara?!” y él dormido profundamente me contestó “si, hay un terremoto, duérmete”… me dejó alucinada Chocado parece que hasta su subconsciente estaba mentalizado de ello :p Tras unos segundos, dejó de temblar todo y yo volví a dormirme. Al despertar por la mañana le expliqué lo ocurrido y alucinaba con la respuesta que me dio 😀

Bajamos a desayunar al bar del hotel esas deliciosas tortitas que preparan y ya con las pilas cargadas, salimos de nuevo a continuar recorriendo la ciudad de Tokyo. Hoy visitaremos los jardines del Palacio Imperial (el Palacio está cerrado al público salvo dos días al año, ya que es la vivienda oficial del emperador y su familia). Para llegar a allí, tomamos la línea JR Yamanote en la estación de Shibuya y bajamos en la estación central de Tokyo. Vamos dando un paseo desde la estación hasta la zona del Palacio mientras nos deleitamos con los rascacielos que nos rodean y con la curiosa forma de construirlos que tienen, usando andamios de bambú ¡guau! Esta zona está completamente en obras y es que están reformando la estación JR Tokyo, una de las más antiguas de la ciudad, y sus alrededores. Cuando esté terminada seguro que es impresionante. La estación en si, es enorme y pasas varios minutos caminando para ir de una salida o de una línea a otra.

Tras unos 20 minutos caminando por la zona, llegamos al Palacio. ¡¡Es realmente impresionante!! Con esa construcción tan tradicional y esos fabulosos jardines tan cuidados, es un lugar muy bonito 🙂

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Nuevamente, sorprende ver esa estampa tan tradicional rodeada de rascacielos y edificios modernos, pero ¡¡así es Tokyo!! Amistad

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En los jardines que rodean al Palacio vemos a algunos “indigentes” y digo indigentes entre comillas porqué la mayoría van trajeados y simplemente están allí pasando el tiempo, no se acercan a pedir limosna ya que para ellos es una gran deshonra estar sin trabajo y más aún pedir, así que si te acercas y les das algo lo aceptan encantados pero si no, no te piden nada ni te molestarán. Como os digo, muchos van trajeados porqué suelen ser gente humilde que se ha quedado sin trabajo, para ellos es tal la deshonra de no trabajar que ni siquiera se lo comunican a sus familias, y cada día se levantan a la hora de siempre y salen de casa como si fueran al trabajo, pero pasan las horas en parques, y vuelven a casa cumpliendo el mismo horario que si hubieran ido a trabajar. ¡Es increíble hasta dónde llega el concepto de honor japonés! Chocado

El Palacio está rodeado por un gran foso con agua, vamos recorriendo el parque junto al foso hasta llegar a los puentes Nijubashi y un poco más adelante a la Puerta de Otemon.

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La entrada al jardín del Palacio es gratuita. Recorremos tan solo una parte del parque porqué es enoooorme y ya llevamos un buen rato andando bajo una solana importante, menuda chicharrina y solo estamos en mayo…

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Pasamos por al lado del Budokan, un gran pabellón de artes marciales. No se ve nada porqué está vallado pero si que se escuchan los “hiaaaaa” de los que entrenan ¡jajaja! Tras un buen paseo, decidimos dar la vuelta y salir de nuevo hacia la estación JR Tokyo.

El plan era ir a Omotesando, un distrito bastante nuevo y dedicado al comercio pero decidimos que en lugar de eso, nos vamos a conocer Shinjuku. Es lo bueno de viajar por libre, que puedes cambiar la ruta según lo que más te apetezca en cada momento… Cogemos de nuevo la JR Yamanote hasta la parada JR Shijuku.

Veréis que la mayoría de los trayectos en Tokyo los hacemos con las líneas JR, en especial la Yamanote que es la línea circular. Hay muchísimas líneas más, tanto JR como de metro que conectan todos los puntos de la ciudad, la cuestión es que como aún tenemos activo el Japan Rail Pass los trayectos en trenes JR nos salen gratis… por eso, siempre que podemos tiramos de él, aunque en ocasiones sería más rápido usar líneas de metro privadas.

Shinjuku es el más importante distrito administrativo de Tokyo. Su estación JR es una de las más transitadas del mundo, con un promedio de ¡3 millones de pasajeros al día! Realmente es una estación impresionante, en ella se pueden tomar trenes a casi todos los puntos del país, cuenta con muchísimas tiendas y restaurantes de todo tipo y más de un centro comercial adherido a ella. Sus salidas están distribuidas en tres alas principales (este, oeste y sur) y decenas de salidas secundarias para cada orientación. Así que es imprescindible tener muy claro hacia dónde te vas a dirigir y qué salida debes tomar porqué si no es fácil salir por el lugar equivocado, y pegarte media hora caminando para cruzar la estación de punta a punta… ¡como para ir con prisas, vaya! ¬¬’

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el logo verde JR es común para todos los trenes y estaciones de la compañía Japan Railways

Es la hora de comer, así que entramos en un bar de tonkatsus y tomamos un menú delicioso por ¡unos 7€ los dos! ¿¡Quién dijo que Japón es caro?!

Luego, salimos a la calle por la salida sur para ver la zona de los grandes almacenes Takashimaya y Tokyu Hands así como la Terrace City, una zona elevada que cuenta con varios bares y restaurantes con unas buenas vistas de esta zona de la ciudad. Intentamos encontrar el acceso al Shinjuku Koen, el parque más grande del distrito y uno de los más grandes de Tokyo, y aunque localizamos el parque, está vallado y no encontramos la entrada, eso o ya ha cerrado porque son las 17h. Así que tras un buen rato dando vueltas, decidimos entrar de nuevo a la estación para dirigirnos a la salida oeste, dónde se encuentran los grandes rascacielos de Shinjuku.

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Damos un paseo por entre sus edificios que a cuál más llamativo y curioso, hasta llegar al edificio del Gobierno Metropolitano de Shinjuku. También conocido como el TOCHO, se trata del centro administrativo más importante de Tokio.

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Construido en 1991, fue el edificio más alto de Japón hasta que en 1993 la Landmark Tower de Yokohama le quitó el primer puesto. En el último piso de sus torres gemelas hay un mirador desde los cuales se tienen una fantásticas vistas sobre la ciudad e incluso del Monte Fuji en días despejados. La entrada a los miradores es gratuita y se puede acceder de 9,30h a 23h, excepto algunos días de Navidad.

Tal y como recomendaban las guías, nos decantamos por subir a la torre sur. Así que subimos por los ascensores que nos indican hasta el piso 45. ¡Las vistas desde aquí son espectaculares! La pena es que el día está muy nublado y no conseguimos ver el Mt Fuji. Pero si distinguimos los edificios, parques y templos más importantes de la ciudad, realmente se pierde la vista en el horizonte, ¡esta ciudad es enorme!

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Antes de irnos vamos al baño y nada más entrar, me doy cuenta de que el agua de la taza del “Toto” vibra y gira de una forma peculiar. Toco la pared y noto que también se mueve. Cuando salgo del baño, veo a mi marido con una mano sobre la pared que me dice con cara de preocupación: “vibra”, seguido de un “¡¿qué hacemos?!” Chocado Le digo que lo mejor es observar qué hacen los locales e imitarlos. Vemos que nadie se inmuta pero han cerrado los ascensores provisionalmente, así que decidimos sentarnos en la cafetería que hay en el mirador a tomamos un café y seguir observando qué hacen los japoneses que hay a nuestro alrededor, pensamos que si ellos se muestran tranquilos debe ser un terremoto leve. Vemos que nuestro café vibra en la taza durante unos minutos, igual que “bailan” los edificios que nos rodean. Realmente es asombroso… ¡estamos en un piso 45 de altura sintiendo un terremoto y no nos hubiéramos dado cuenta de ello si no hubiéramos visto el agua vibrar! Y asombrosa también la calma con que se lo toman los japoneses, se nota que están más que acostumbrados. Por la noche veríamos por internet que se trataba de un terremoto de 5,3º en la Escala Ritcher, y ellos tan panchos…

Cuando cesa el terremoto ponen en marcha los ascensores de nuevo. Nos terminamos nuestros cafés y bajamos de nuevo a la calle.

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No podemos evitar mirar arriba y pensar en que hemos sentido un terremoto estando allí… Ver para creer. Caminamos de nuevo hacia la zona de la estación, pero esta vez nos dirigimos a Kabukicho, el barrio rojo de Shinjuku.

A pocas calles de la estación, este barrio es conocido por sus sex-shops y clubes. También cuenta con una gran cantidad de tiendas y restaurantes por lo que es una gran zona de ocio dentro del distrito de Shinjuku.

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Es impresionante la cantidad de sex-shops que hay aquí, pero todos del tamaño de un ¡Corte Inglés, con plantas y más plantas repletas de vicio! :p Allí las mujeres sólo pueden entrar a los pisos destinados para juguetes femeninos y los hombres a los masculinos, así que es una intriga lo que venden para cada sexo :p Nosotros entramos en un par de ellos por ver el ambiente de estos lugares y realmente sorprende la cantidad de juguetes, disfraces y pelis que venden en estas tiendas. Tengo que decir que me siento observada en los sex-shops, no deben estar acostumbrados a ver a una occidental mirando lo que venden :p Hay muchísimos locales con cabinas para ver porno, curiosamente sólo para hombres, salas de strip-tease, love hotels,  prostitutas y tipos que las vigilan por la calle… Aunque dicen que es un lugar seguro y sé que estoy en Japón dónde la delincuencia es mínima, este sitio no me inspira confianza y tampoco tenemos intención de comprar nada, por lo que no estamos demasiado tiempo recorriendo esta zona.

A eso de las 19h, volvemos de nuevo a la estación y cogemos de nuevo la línea JR Yamanote para volver a Shibuya. Ya en “nuestro barrio”, cenamos en una taberna unas tapas japonesas acompañadas por unas cervezas. Con la panza llena, regresamos al hotel después de todo un día de caminata por esta gran ciudad.

Como cada día, aprovechamos el ratito de antes de ir a dormir para darnos una ducha, mirar las noticias, hacer copia de seguridad de las fotos y hablar con los nuestros de las experiencias que estamos viviendo y luego ya, a dormir.

Mañana más 😉

25/05/2011: de Asakusa a Odaiba, del barrio más tradicional al más moderno de Tokyo

Día 10: conocemos la tradicional Asakusa y nos perdemos entre el ocio y la ludopatía de Odaiba :p

Hoy no madrugamos en exceso… aunque debemos bajar antes de las 10h a desayunar (lo tenemos incluido en el precio). Hay una cafetería en la planta baja del hotel y allí nos sirven el desayuno con unos tickets que nos dio la recepcionista al hacer el check-in. Pedimos un zumo natural y unas tortitas al estilo americano para cada uno y ¡qué ricas! A lo largo del viaje, veremos que en ciertos aspectos se nota la influencia de los americanos tras la II Guerra Mundial en la cultura y gastronomía japonesas…

Caminamos hasta la estación JR Shibuya para tomar el metro hacia el distrito de Asakusa, uno de los distritos más coloridos e interesantes de Tokyo. Este barrio se desarrolló a principios del siglo XVII alrededor del templo Senso-ji y poco a poco, se ha ido convirtiendo en una de las partes más vibrantes y a la vez tradicionales de la ciudad.  En él también se encuentra una de las lonjas de pescado más grandes del mundo.

Tomamos la línea JR Yamanote hasta la estación Shimbashi y allí el metro de la línea Asakusa. Llegamos a la estación que teníamos marcada en la guía, pero nos despistamos un poco porqué nos bajamos por error una parada antes de la que tocaba… damos un paseo tremendo intentando ir hacia la dirección del primer punto a visitar y llegamos hasta la orilla del río Sumida, pero como vemos que andando no nos aclaramos, desandamos el camino y volvemos al metro, y tras una parada más, ahora si nos bajamos en la correcta, adentrándonos de lleno en el corazón del barrio de Asakusa.

Un consejo para futuros viajeros, imprescindible llevar una brújula o algún mapa offline que os localice rápidamente, os sacará de más de un apuro al salir de las estaciones de metro/tren.

A pocos metros de la estación de metro, y ahora si, nos encontramos con la Puerta de Kaminari-mon de la que prende una gran lámpara de papel que indica la entrada principal al complejo del santuario. Esta puerta esta dedicada al dios del viento y al del trueno, y fue construida originalmente en el 942. En la época Edo los japoneses pasaban por debajo de la puerta para rezar por su salud, felicidad u otros asuntos.

Como curiosidad deciros que en la linterna se puede ver el logo de Panasonic®, ya que fue donada por ellos en 1995, mide 4 metros de alto, 3,4 metros de diámetro y pesa 670 Kg.

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Nos llama la atención que al otro lado de la puerta hay una gran alpargata y vemos que muchos jóvenes saltan para intentar tocarla, es un símbolo shinto y dicen que si alcanzas a tocarla te traerá suerte.

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Tras cruzar la gran puerta, nos encontramos con la calle comercial Nakamise, un paseo de unos 250 metros repleto de tiendas y puestos de comida que conduce directamente a la Puerta Hozo‐mon y a la Sala Kannon‐do. Es un lugar agradable dónde pasear y dónde hay tiendas de todo (comida, kimonos, katanas, abanicos, muñecas típicas…) pero sobretodo venden linternas de papel.

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Al final de esa calle comercial, encontramos un patio en el que se distribuyen unos cuantos edificios del templo y una gran pagoda de 5 pisos. Nos adentramos en el gran recinto que conforma el templo de Senso-ji.

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Como siempre, nos purificamos al entrar al recinto

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El templo Demboin es la vivienda del sacerdote principal del templo, se trata de un pequeño templo privado con jardín interior al que solo se puede acceder con un pase. La pagoda original fue construida por Iemitsy Tokugawa pero ardió tras un bombardeo en la II Guerra Mundial, por lo que se reconstruyó en 1973. Cuenta con 53 metros y es considerada la segunda más alta de Japón.
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Aquí se nos acerca un hombre un tanto peculiar y nos empieza a preguntar en un inglés bastante básico de dónde somos, cuál es el motivo de nuestro viaje, etc. Lo dejo con mi marido hablando y yo me voy a echar unas cuantas fotos de esta parte del templo. Tras unos 10 minutos, aún lo encuentro hablando con aquél hombre con una cara de agobio impresionante, así que muy educadamente lo rescato y seguimos con la visita :p

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¿Qué decir del lugar? ¡Me encanta el contraste entre lo tradicional y lo moderno que muestra este país! En la foto de arriba podéis ver la torre Skytree mientras la construían 🙂

Continuamos recorriendo el templo y llegamos al Tenoki Sebsihu y la Capilla de Asakusa, también conocido como templo de Kannon, diosa de la misericordia. Es el templo más viejo de Tokio, y uno de los más importantes. Al lado de éste hay una capilla sintoísta, la Asakusa Jinja.

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La historia el templo está consagrada a la bodhisattva Kannon. Según la leyenda una estatua de Kannon fue encontrada en el río Sumida en el año 628 por dos pescadores, los hermanos Hinokuma Hamanari e Hinokuma Takenari. El jefe de su aldea, Hajino Nakamoto, decidió que la estatua era sagrada y reconstruyo su propia casa creando un templo pequeño en Asakusa de modo que los aldeanos pudieran adorar a Kannon. La construcción del templo Senso-ji terminó en 645 por lo que es considerado es el templo más antiguo de Tokyo. Las bendiciones y milagros de Kannon provocaron una alta reputación por todo Japón y gente de todos los puntos del país acudían a Asakusa a venerar a la estatua.

Vemos que en el interior y los alrededores del templo de Kannon decenas de monjes están celebrando una ceremonia, y hay cantidad de gente asistiendo a ésta. Nos quedamos unos minutos en un rincón observando la ceremonia que llevan a cabo y luego seguimos recorriendo el complejo del templo. Damos un paseo por sus jardines que son impresionantes, como ¡todos en Japón! La pena es que no podemos visitar el templo de Kannon ya que es dónde se lleva a cabo la ceremonia… habrá que volver Riendo

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Junto al recinto de templos hay un parque de atracciones no muy grande, pero como vemos que no hay ninguna atracción interesante pasamos de largo. Volvemos a la calle comercial Nakamise y nos quedamos alucinados al ver a ¡¡¡unos ninjas!!! Mi marido les pide hacerse una foto y ellos aceptan encantados… Justo cuando voy a disparar la foto, veo que ¡¡sacan las katanas!! ¡¡Ay Dios que me quedo viuda ya!! ¡jajaja! ¡Qué graciosos! Suponemos que son actores o un par de frikis disfrazados, dudamos que los ninjas paseen tan tranquilos por las calles de Tokyo, o ¡¿no?! Muy feliz

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De ahí nos dirigimos al muelle para tomar el barquito que nos lleve a la Bahía de Odaiba. Nos encontramos en la puerta de la terminal de ferry mirando las diferentes rutas y precios que hay desde aquí, cuando un hombre se nos acerca y nos pregunta en inglés de dónde somos y si necesitamos ayuda. Le decimos que somos españoles y antes de qué nos dé tiempo a decir más el señor nos dice “aaaah yo hablo español” ¡¡wooow!! ¡nos quedamos alucinando! El señor se nos presenta y hacemos lo propio. Nos recomienda una de las rutas para llegar a Odaiba y nos dice que él bajará una parada antes que nosotros por lo que si queremos nos puede acompañar un tramo del trayecto en barco. Aceptamos encantados y compramos los billetes con su ayuda.

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Mientras esperamos a que llegue el barco, nos explica que es ingeniero aeronáutico y que además trabaja como intérprete español para la Embajada española en Tokyo, que a veces ha hecho alguna traducción de libros/documentos e incluso ha colaborado con la policía en algún caso dónde hubiera españoles que necesitaran ayuda con el idioma. Nos da la tarjeta de su página web y nos explica que en su tiempo libre hace de guía turístico por Tokyo con grupos de españoles bajo reserva.

Nuestro barco llega y subimos a bordo. No puedo dejar de sorprenderme viendo la ciudad desde este punto de vista y no puedo parar de hacer fotos 🙂 A estas alturas seguro que ya sabéis que me encanta hacer fotos, ¿verdad? Mr. Green

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El embarcadero está frente al edificio de la compañía cervecera japonesa Asahi. El guía nos explica que por lo visto hay controversia con la estética del edificio, algunos ciudadanos lo ven como un edificio modernista y original que ven como si fuera un vaso de cerveza con la espuma, mientras otros le llaman el edificio de la “cagarruta” -en japonés claro- por la forma de la estructura amarilla, que cada cual escoja la que prefiera :p

El señor nos va explicando qué es cada edificio e incluso un poco de historia de cada lugar, ¡alucinamos con la amabilidad del hombre! Aunque os tengo que decir que me sale la vena ratilla española y me quedo un poco pillada pensando en si realmente lo hace de forma altruista o luego nos intentará cobrar algo… Por lo bajini le comento mis pensamientos a mi marido, él me dice que no cree que nos cobre, supone que lo hace por gusto… y efectivamente, el hombre nos explicó con gran estusiasmo todo lo que él sabía, así como datos interesantes sobre su país, su cultura y los tokyotas. También él iba echando fotos para su página web.

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Le preguntamos la repercusión del tsunami y del accidente nuclear en la vida de los japoneses y su respuesta es: “lo que pasó fue una gran desgracia, pero eso ya pasó y está resuelto, así que podemos hacer vida totalmente normal. No entendemos ¡porqué no vienen los turistas!”. Le explicamos la repercusión mediática que tuvimos en nuestro país y el miedo que hay aquí a viajar a Japón en ese momento, y nos explica que él hizo varias entrevistas para televisiones españolas explicando lo sucedido y diciendo que se podía viajar con total normalidad al país. Nos felicita por ser “unos valientes españoles que ignora a la prensa sensacionalista”, ¡¡este hombre me cae bien!!

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La lonja de Pescado Tsukijii, la más grande y activa de Japón

Llegamos a su parada, junto al Odaiba Seaside Park. Nos despedimos de él y le damos las gracias por sus explicaciones y su compañía durante el trayecto. Cuando el barco está a punto de zarpar, vemos que sube corriendo de nuevo para advertirnos que en la próxima parada que haga el barco debemos bajar y cambiar de embarcación si no volveremos al punto de partida. Le damos las gracias en español, japonés e inglés porque es impresionante hasta dónde llega la amabilidad de esta gente y nos despedimos de él. ¡Flipante!

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Tras un ratito más, llegamos a la parada que nos advirtió, bajamos y esperamos al otro barco que nos llevará hasta la bahía. En este embarcadero hay atracado un barco estilo pirata. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos una bebida fresquita de la máquina que hay en el embarcadero mientras esperamos al siguiente barco que nos llevará a la bahía de Odaiba.

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Tras unos 30′ de viaje, llegamos a Odaiba. ¡¡Es impresionante!! Se trata de una isla artificial construida en 1853 por el shogunato Tokugawa en la Bahía de Tokyo, ganando terreno al mar  como una fortaleza marítima para proteger la ciudad de posibles ataques marítimos pero con el tiempo, y sobretodo a partir de 1996 pasó a ser un distrito modernista, futurista, comercial y de ocio 🙂

 

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pasamos por debajo del Rainbow Bridge

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El edificio de la bola es el de la televisión Fuji y el de la derecha, el de Salvamento Marítimo

Junto al embarcadero hay una playa y… una estatua de la libertad, ¡toma ya!

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Hay múltiples lugares a visitar en Odaiba, desde el edificio de la televisión japonesa Fuji, a varios centros comerciales como el Palette Town (compuesta por un enorme centro comercial, una sala de exposiciones de Toyota® y una de las 3 norias más grandes del mundo) y salas de ocio, ¡viva el consumismo y la ludopatía! ¡jajaja! También en Odaiba se encuentra uno de los baños públicos más grandes de Tokyo montados al estilo de pueblo artificial con toda una parafernalia de tiendas, restaurantes… vamos que aunque te vayas a relajar en un ofuro no pierden de vista las compras, ¡que viva el consumismo! :p

Nos hace mucha gracia ver una Estatua de la Libertad en Japón. Aún no hemos visto la más conocida (la de New York -que visitaríamos en 2015 en nuestro viaje a la Gran Manzana– ) pero si la de París y ahora la de Tokyo 🙂

Hacemos fotitos de rigor, y vemos que en la playa hay bastante gente tomando el sol, así como alguna que otra vela. Vamos dando un paseo tranquilamente junto a la playa hacia la zona comercial de esta parte de la isla. En uno de los edificios vemos que hay ¡¡una mini-montaña rusa dentro!! Nos quedamos alucinados y decidimos que tenemos que entrar ahí si o si 😀

Buscamos un sitio dónde comer puesto que son casi las 15h y nos decantamos por un bar americano dónde preparan hot-dog y batidos. Después de tantos días comiendo y cenando japonés nos apetece variar un poco y comer algo de “mierda de la buena” (como solemos llamarle nosotros a la comida basura) :p

Descansamos un poquito las piernas mientras tomamos una comida buenísima, y después rehacemos los planes que teníamos para esta tarde… si, volvemos al centro comercial dónde vimos la mini-montaña rusa en su interior 😀

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Resulta que dentro del centro comercial hay como un parque de atracciones de SEGA®, se trata del Joypolis. Aunque es un pelín caro ¡nos damos el capricho! Entramos y nos encontramos con cuatro pisos de simuladores Sega ¡qué pasada! Nos volvemos niños por una tarde y subimos en todas las atracciones, y es que son simuladores dónde puedes subir, por ejemplo hay una mini-montaña rusa, una atracción de Prison Break de la que tienes que escapar, un vuelo tipo Indiana Jones en avioneta montados en asientos que se mueven al son de la imagen y el sonido, de un helicóptero,  y…

… el de coches es ¡la caña! Se trata de coches deportivos de verdad montados sobre una plataforma que simula los movimientos y frente a una pantalla enorme dónde tienes el video juego con la carrera. En este me río muchísimo porque el chico se queda alucinado de que me quiera subir yo sola en un coche. Por lo visto allí las chicas suben de copiloto con sus novios. El operario me explica en inglés cómo funciona el coche y me pregunta si quiero cambio automático o manual, yo hubiera escogido el manual pero me doy cuenta de que como todos los coches allí, el volante está a la derecha y por tanto también el cambio de marchas está invertido… así que ¡¡automático, automático!! Me hace poner el cinturón y ajustar el asiento a los pedales y ¡empieza la carrera! Delante del coche tienes una mega-pantalla dónde ves el circuito y veo también el coche que “conduce” mi marido… ¡¡a por él!! Después de un poco de dificultad al principio hasta que me adapto a los movimientos del coche y pedales… ¡¡consigo ganar la carrera!! Al bajar de los coches, los chicos me felicitan y me vitorean, y es que nos dicen que es la primera vez que una chica gana en ese simulador, ¡¡toma ya, OLE YO, OLE YO!! ¡jajajaja! Aplauso Aplauso
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Seguimos dando una vuelta por el centro y subimos a más simuladores de motos, de esquí, hay uno de carreras por el hielo con un Bobsleigh en el que nos montamos los dos juntos y damos unas vueltas que nos pone boca abajo y todo :p ¡mola! Cuando nos damos cuenta miramos el reloj y vemos que llevamos casi 3h allí metidos, ¡madre mía, cuánto vicio por favor! Vemos un apartado dónde hay varias máquinas de fotos en las que puedes escoger un tema y luego editarlas a tu gusto e imprimirlas, nos damos cuenta de que es la atracción favorita de las adolescentes en todas las salas de juegos, así que decidimos imitarlas y nos metemos en una. Escogemos el tema “amor”, seleccionamos dos personas y entramos. En la pantalla de la cabina te va diciendo las poses que tienes que poner para cada una de las 6 fotos que echa. Después salimos y nos vamos a la cabina de al lado, dónde puedes ver las 6 fotos y retocarlas, pero del rollo “dientes más brillantes” u “ojos pintados”, y también puedes escribir sobre ellas o ponerles dibujitos sobre el tema “amor”. Las decoramos y le damos a imprimir, por 200¥ tenemos nuestras 6 fotos por duplicado de recuerdo, ¡qué kawaii!

Terminamos nuestra estancia allí, pasando por unas máquinas de reflexoterapia podal que ¡¡son la caña!! Te hace unos masajes en los pies que te dejan como nuevos y después de tantos días de caminatas… ¡repetimos 3 veces! Cada masajito vale 100¥ (unos 0’60€!) y salimos super relajados, no veo el momento de irme de esa máquina :p

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Con mucho esfuerzo nos vamos de ese centro tan genuino con el que nos hemos topado por azar y seguimos dando un paseo por la isla.

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Llegamos a la zona de Palette Town, una zona compuesta por un centro comercial enorme, en el que vemos una macro tienda de Hello Kity y de Barbie, una de las 3 norias más grandes del mundo (al estilo de la London Eye) y una sala de exposiciones de la casa Toyota en la que entramos y vemos unos cochazos increíbles, tanto actuales como antiguos e incluso de rally y Fórmula 1.

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Al caer la tarde, tomamos el tren hacia el distrito de Hamamatshucho y cenamos en un Mc enorme donde alucinamos porque al pedir nos dice la chica con mil reverencias que la perdonemos pero que nuestro pedido tardará un poco… le preguntamos cuánto y nos dice que ¡un par de minutos! Le decimos que no importa que es poco tiempo y esperaremos a que esté listo el pedido, pero la chica nos pide que vayamos a una mesa que ella nos traerá lo que falta en cuanto esté preparado… pero tendríais que haber visto la cara de disgusto por no podernos servir en el acto. Nos cuesta de creer la verdad, en el centro de Barcelona antes de que pusieran las máquinas para auto-pago, hemos llegado a esperar 20 minutos a que nos tomaran nota y prepararan nuestros menús… Hay que decir que allí sirven enseguida la comida, tanto en los Mc como en cualquier otro restaurante, parece ser que no es muy ético hacer esperar al cliente, pero para nosotros es impresionante que nos haga 10 reverencias a modo de disculpas por un retraso de 2 minutos.  Le hacemos caso, no vaya a ser que se sienta peor la muchacha y nos vamos a buscar una mesa. Antes de que nos hayamos sentado ya llega la chica con lo que nos faltaba del pedido de nuevo disculpándose entre reverencias, le respondemos con un par de “domo arigato” y un par de reverencias a modo de agradecimiento y empezamos a cenar alucinados por lo ocurrido…

De allí nos vamos paseando hacia la Tokyo Tower. Es uno de los símbolos de la ciudad ya que es fácil divisarla desde bastantes puntos.  Con una altura de 332,6 metros es usada como torre comunicaciones y cuenta con un mirador al que acceder para tener una bonitas vistas de la ciudad.

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En Tokyo hay básicamente dos grandes miradores, uno es la Tokyo Tower y el otro son los edificios del Gobierno Metropolitano de Shinjuku, a éste segundo iremos de día por lo que decidimos ver las vistas nocturnas desde la Tokyo Tower. Hay otros miradores, como el de la torre Roppongi aunque no cuenta con tanta altura como los dos anteriores. Decir que en 2011, cuando realizamos este primer viaje a Japón, aún no estaba terminada la gran torre Skytree, la que hoy en día cuanta con el mirador más alto de Japón y también el más caro de todos…

Vista en fotos ya impresiona pero verla en directo, es genial. Aunque es un clon de la Tour Eiffel de Paris, es algo más alta y pesa menos que la torre francesa, estos japos son unos crack’s ¡no solo la han copiado si no que además la han mejorado! 😀

La torre cuenta con dos miradores, uno a 150 metros de altura y otro a 250m, y hay que pagar por acceder a cada uno de ellos (en 2011: 1420¥ para acceder a los dos miradores y 820¥ si te conformas con el inferior). Nosotros decidimos pagar por los dos, ya que subimos nos vamos hasta lo más alto y disfrutamos del máximo de visitas posibles 🙂

Subimos con el primer ascensor hasta el primer nivel y nos maravillamos con las vistas de la ciudad, se pierde la vista entre las miles de luces en el horizonte, es alucinante ver el tamaño de la gran metrópolis que es Tokyo toda iluminada 🙂 Tras dar la vuelta entera al 1r mirador, tomamos el ascensor que nos lleva al segundo nivel.

Estamos muy altos y se nota en nuestros oídos, los tenemos taponados aquí arriba pero no importa ya que las vistas desde aquí son ¡¡aún mejores!! ¡¡Es impresionante lo grandiosa que se ve la ciudad!!

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Tras ver los 360º de Tokyo desde lo más alto, bajamos de nuevo al primer nivel. Vemos que hay unos cristales macizos en el suelo por dónde se ve la calle, la base de la torre y la gente que hay allí abajo. Ponemos nuestros pies encima del cristal y echo una foto… mientras algunos de los que nos rodean gritan un “¡aaah!” Parece ser que no se fían mucho de la resistencia de ese cristal ¬¬’

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Bajamos de nuevo y desandamos nuestros pasos hasta la estación JR de Hamamatshucho de nuevo. Nos fijamos en que aquí reparan las calles y hacen las obras necesarias de noche, cuando entorpecen menos al tráfico, aunque no sé qué opinaran los tokyotas que intentan dormir… Pasamos por unas calles un tanto oscuras y apenas transitadas, como buenos españoles desconfiamos un poco de ir por allí, tanta oscuridad nos genera cierta inquietud no nos vaya a salir alguien con malas intenciones…, pero cuando vemos que un hombre con un maletín que debe venir de trabajar se mete en el cementerio que junto al templo Zojoji totalmente a oscuras para cruzarlo hacia alguna calle que debe haber al otro lado, alucinamos de lo lindo. ¡Éstas cosas solo se pueden hacer en Japón! En cualquier otro lugar del mundo ya nos hubieran atracado. Tras ese momento, nos damos realmente cuenta de lo seguro que es este país. Una vez de vuelta veríamos en varias lugares que Japón es el país con menos tasa de delincuencia del mundo.

Llegamos a la estación y cogemos un tren de la JR Yamantoe hasta la estación de Shibuya. Una vez en nuestro barrio tokyota, caminamos los 5-10 minutos que nos separan del hotel y nos vamos a descansar.  Hoy ha sido un día ajetreado y ya toca descansar… mañana más Tokyo 😉

24/05/2011: ¡¡la gran Tokyo nos espera!!

Día 9: viajamos a la gran metropolis de Tokyo y empezamos a conocer Shibuya…

Nos levantamos temprano de nuevo ya que nuestro tren sale a las 8,15h. Hacemos el check-out y nos compramos desayuno para llevar en un Choco-Crock® de la estación, una cadena de pastelerías que tienen unos croissants de choco ¡buenísimos! No hay tren directo de Hiroshima a Tokyo por lo que tendremos que hacer un transbordo en Osaka… el trayecto hasta allí lo hacemos la mar de relajados e incluso echamos una cabezada tras tomarnos el desayuno.

A las 9,44h llegamos a Osaka y a las 10,13h salimos hacia Tokyo con una puntualidad extrema. A pesar de que muchos la desaconsejan, nos hubiera gustado visitar Osaka pero para ello teníamos que sacrificar un día de Kyoto o Tokyo y preferíamos ver a fondo esas dos ciudades antes de “mal-verlas” todas, por lo que decidimos que Osaka quedaría para el próximo viaje Sacando la lengua

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Pese a que el trayecto Hiroshima-Tokyo nos ocupará toda una mañana, estamos súper emocionados por poder visitar al fin la capital nipona… hemos pasado unos días muy culturales y espirituales y, ahora llega la parte friki del viaje. La de disfrutar de la gran metrópolis que es Tokyo, de su día a día… aunque también habrá una pequeña parte cultural porqué Tokyo es una ciudad de contrastes…

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interior del Shinkansen

 

El viaje Osaka – Tokyo es largo y también aprovechamos este trayecto para dormir… llevamos días de madrugones y de caminatas, y aún no nos hemos recuperado de la vorágine de los últimos preparativos de la boda, con lo que a estas alturas del viaje estamos agotados.

Pero me despierto a punto para disfrutar de las vistas del ¡¡¡Mt Fuji!!! que hay desde el tren. Truquillo: en el trayecto Osaka-Tokyo, pedid asientos en el lado izquierdo para poder verlo si os dejan las nubes claro… ¡qué pasada! Está bastante tapado, pero ver -aunque sea un trocito- del gran icono que es el Fuji nos embarga de emoción 🙂

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si os fijáis se ve un trocito de la cima nevada sobre el cartel naranja 🙂

 

Llegamos a Tokyo a las 13,10h. En la oficina JR nos recomendaron bajar en la estación JR Shinawaga en lugar de JR Tokyo (que sería la “central”) ya que así nos quedaba más cerca la zona dónde se encuentra nuestro hotel. Allí tomamos la línea JR Yamanote (línea JR circular) hasta la estación JR Shibuya, dónde tenemos reservado el hotel para estos días, y tras unos minutos de trayecto, llegamos al que será  “nuestro barrio” en Tokyo.

Salimos al bullicioso barrio que es Shibuya -sea la hora que sea- y seguimos las indicaciones de la web del hotel para llegar hasta él… nos cuesta un poco verlo y de hecho nos pasamos de largo, pero finalmente damos con él. Escogimos el Granbell Sibuya, Hacemos el check-in y subimos a la habitación a dejar las maletas. La habitación es estrechita pero ¡muy cuca y limpia!

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Vistazo rápido y salimos a comer que estamos famélicos a estas horas… Decidimos ir hacia la zona de la estación dónde hemos visto varios restaurantes. La verdad es que el hotel está super bien ubicado, a menos de 10 minutos a pie de la estación de tren JR Shibuya, el centro neurálgico del distrito.

Entramos en un centro comercial que hay frente a la estación (aquí tampoco hay barras con detectores en la salida, igual que en casa… ¬¬’ ) y vemos que en la planta -2 hay varios restaurantes. Damos una pequeña vuelta mirando los escaparates y nos decantamos por uno que hacen tempuras y sopitas 😉

Debo hacer un pequeño inciso para explicar cómo funcionan los restaurantes allí puesto que es algo distinto a lo que estamos acostumbrados aquí pero veréis que ¡no pierden la practicidad de vista! En primer lugar prácticamente todos los restaurantes tienen unos escaparates con réplicas exactas en plástico de los platos que ofrecen con los precios de cada uno, de modo que cuando entras sabes qué encontrarás y cuánto te gastarás. Cuando entras al bar/restaurante una voz gritona te saluda y pregunta cuántos sois para comer, en muchos sitios saben decirlo en inglés pero si no es el caso, con gestos puedes hacerte entender a la perfección. Te colocan en la mesa, y te dejan la carta, una toallita húmeda para limpiarte las manos antes de empezar a comer (fría en los baratos, caliente en los de cierta categoría), un sobre con dos palillos y un vaso de agua fría o té. Coges la carta y escoges los platos, y esto es verdaderamente simple porqué en la gran mayoría de cartas hay fotos de los platos, una descripción de los ingredientes en japonés y en inglés y el precio, tan solo nos topamos con cartas solo en japo en algún bareto pequeño de barrio, pero no será lo más frecuente. Para las bebidas igual, foto al canto y precio. Cuando lo tienes claro, avisas al camarero con un sumimasen (que significa disculpe en japonés). Vendrá a tomar nota, encontramos poca gente que supiera hablar bien en inglés, pero muchos lo chapurrean y si no es el caso es tan simple como indicar con los dedos el plato y bebida que quieres (a la Coca-Cola® ellos le llaman “Cora“) y con los dedos decir la cantidad de platos. Se llevarán la carta y ese es el momento de limpiarse las manos. Son muy muy escrupulosos con la higiene… las toallitas te las dan hasta en el Mc’Donnalds® y tan solo en un sitio no nos la dieron pero había un par de lavamanos con jabón bien accesibles dónde lavarse antes de empezar a comer. Con una velocidad que impresiona, te servirán los platos y te dejarán la cuenta boca-abajo en una esquina de la mesa de forma que cuando termines de comer, te levantes con tu cuenta, vayas a la caja, pagues y te vayas. No tienes que esperar a que te la traigan después ni son de mezclar dinero con comida. En muchos restaurantes sencillos no tienen carta de bebidas pero te van rellenando el vaso de agua o té continuamente y ¡gratis! Así de simple y sencillo 😉

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Seguimos. Volvemos al hotel y le preguntamos a la chica de recepción si hay alguna lavandería cerca. Nos da un mapa con las indicaciones para llegar a la más cercana, recogemos la ropa de la habitación y vamos a poner lavadoras. Esto formaba parte del plan para hoy, ya que así podemos minimizar el equipaje a llevar y como allí todo es barato no dudamos en ir a lavar la ropa 🙂 Llegamos a la lavandería y se trata de un establecimiento pequeño dónde todas las máquinas funcionan con monedas. Vemos que algunos ponen la lavadora y se van… pero nosotros decidimos cogernos un cafelillo de la máquina que hay en la puerta y sentarnos a descansar mientras nuestra ropa está lista.

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En unos 40′ queda limpia y la pasamos a la secadora. Nos quedamos alucinados con el lugar dónde se encuentra la lavandería. Estamos en Shibuya, uno de los barrios más grandes de Tokyo y sin embargo, parece un pueblecito dentro de una gran ciudad, vemos que la gente tiene el coche abierto, los aparatos de aire acondicionado a pie de calle y sin sujetar… ¡está claro que aquí no roban! Y a nosotros nos sorprende sobremanera… Vemos también un parking de bicis con dos alturas… hay que aprovechar al máximo el espacio ¡¿eeh?!

Algo que nos llama mucho la atención porque aquí no estamos habituados a ello, es que tienen el tendido eléctrico a la vista. Es la forma más segura de tenerlo en lugares con alto riesgo de seísmo, ya que enterrados sería más fácil que hubiera cortocircuitos en caso de terremoto y el riesgo de incendio o avería también es mayor.

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Cerca de la lavandería vemos un edificio que es un centro cultural con forma de robot, ¡¡mola!!

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Cuando termina la secadora, vamos al hotel de nuevo. Algunas piezas se han quedado un poco húmedas, así que las tendemos por la habitación y salimos de nuevo a echar un vistazo al barrio dónde nos alojamos, Shibuya.

Vemos la estación de trenes que es inmensa, ¡¡tiene 2 centros comerciales adheridos a ella!! Y vemos también el famoso paso de peatones en cruz de Shibuya o Scramble Kousaten, y es digno de ver porque es el paso de peatones ¡más transitado del mundo! ¡Qué pasada!, cada vez que el semáforo se pone en verde aparece una marea humana que cruza de un lado a otro de la calle y también en diagonal,  Y es que a diario lo cruzan una media de un millón de personas, ¡casi nada!

Damos una vuelta por la zona comercial de Shibuya y vemos los famosos centros comerciales “109” entre otros. El CC Shibuya 109 es un complejo de ropa juvenil para chicas con más de 100 boutiques repartidas en 10 pisos. Usualmente se pronuncia “Shibuya ichi maru kyu“, tiene su homónimo cerca para chicos. Recorremos un par de plantas y alucinamos 😛

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Los taxis tokyotas son muy molones, abren la puerta para el pasajero de forma automática ¡mola! Si, lo sé, he perdido la cuenta de los “mola” que ya he soltado, pero nos chocaron muchas cosas, sobretodo ese primer día en Tokyo, con sus peculiaridades y sus gentes. Llevamos apenas unas horas en la ciudad y ya estamos encantados 🙂 Quizá para aquellos que ya hayan visitado otras metrópolis como New York o Hong Kong no les impresione tanto ese primer contacto con Tokyo… para mi era la 1ª vez en una gran ciudad de este estilo, con luces por doquier, edificios tan altos y ese ambiente, y tengo que decir que me encantó. Y a día de hoy, después de haber estado en NY y en HK, sigo pensando que Tokyo tiene algo especial 😀

Seguimos con el paseo y vemos mogollón de centros de ocio con karaoke, salas de juegos o Pachinko, ¡el deporte nacional japonés, jajaja! Se trata de salas atiborradas de máquinas tragaperras en las que el juego consiste en encestar bolitas… hasta aquí fácil, pero luego hay que ir respondiendo a preguntas y resolviendo problemas, así que ni intentamos echar una partida porque las máquinas ¡están en japo! Vemos que los hay “pofesionales” y todo, que llevan guantes blancos para no hacerse ¿callos? ¡jajaja! ¡¡No!! Como siempre ellos son tan pulcros que les da repelús tocar con las manos algo manoseado antes por otro, formas de evitar contagios 😉

Entramos en una de las “salas” de juegos… ¡¡¡5 plantas de ludopatía!!! y echamos unas partidas a un juego de disparar pero en el que te montan en una especie de simulador Sacando la lengua ¡qué frikis! Riendo Riendo

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Después de un rato dándole a las maquinitas, seguimos dando un paseo por la zona mientras buscamos un sitio dónde cenar. No hemos querido ver demasiado de Shibuya hoy porque tenemos un día programado para ver el barrio a fondo, pero nos deleitamos entre las luces de neón y los enormes carteles publicitarios. Pasamos de nuevo por el gran paso de peatones, ¡es realmente impresionante!

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Cenamos en un bar irlandés, así podemos variar un poco nuestra dieta y nos tomamos unas cervezas japonesas, marca Asahi, que no están mal con unas tapas 🙂 Y ponemos rumbo al hotel, llevamos un par de días de grandes madrugones y necesitamos dormir y descansar que nos esperan más días de caminatas recorriendo Tokyo.

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