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13/10/13: de Harajuku a Odaiba en busca de Cosplays

Día 17: conocemos algunos “clásicos” en la capital nipona y dedicamos el resto del día a las compras y el ocio…

Hoy es domingo y ¿¡a dónde se va los domingos en Tokyo?! ¡¡A Harajuku!! Aplauso Nos levantamos con la calma, desayunamos y nos ponemos en marcha. JR Yamanote hasta Harajuku y conforme nos vamos acercando a nuestro destino el tren se va llenando más y más hasta que ya no cabe ni un alfiler… en Harajuku bajamos toda la marabunta, creo que el vagón ha subido medio metro al bajar todo el mundo 😛

Nos dirigimos en primer lugar al santuario de Meiji Jingu, de entrada gratuita, es uno de los más populares en Japón y de los más importantes de Tokyo. Dedicado a los espíritus deificados del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. La construcción del santuario finalizó en 1920, ocho años después de la muerte del emperador y seis después de la muerte de la emperatriz. El santuario fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido poco después. El Emperador Meiji fue el primer emperador del Japón moderno, nació en 1852 y ascendió al trono en 1867, en el pico de la Restauración Meiji, cuando la era feudal llegó a su fin y el emperador fue restablecido en el poder. Durante el período Meiji, Japón se fue modernizando y occidentalizando para abrirse a las principales potencias mundiales. Falleció en 1912.

Y tras un poco de historia, continuo con el relato 🙂 Cruzamos una gran torii de piedra y en seguida encontramos algunos toneletes de sake ofrecidos por los fieles, así como unos barriles de madera repletos de arroz.

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Seguimos paseando por un camino empedrado y rodeado de un frondoso bosque. Tanto el Meiji Shrine como el adyacente parque Yoyogi constituyen una gran zona boscosa dentro de la ciudad. Vemos las indicaciones para el jardín privado y la casa del tesoro pero no los visitamos… nos llama la atención la cantidad de niños y niñas vestidos con trajes tradicionales, así como el montón de familias que llevan a sus bebés para “bautizarlos”. Me encanta esa mezcla de modernidad y tradición que tiene la cultura japonesa 🙂

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Al llegar a las puertas del santuario vemos un montón de turistas en modo paparazzi… y es que hay una boda tradicional sintoísta. Ei pues yo no voy a ser menos Mr. Green Algunas invitadas llevan kimonos realmente bonitos, otras van con vestidos de fiesta como los nuestros, eso sí todos elegantísimos/as. Me acuerdo del capítulo de Callejeros Viajeros que mostraban bodas japonesas y de los costes que conllevan, mucho más elevados a los que nos gastamos aquí.

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Los novios y la comitiva nupcial entran al interior del edificio principal y cierran las puertas, así que nos quedamos sin poder visitarlo. Vemos el resto de edificios y los patios que los rodean y disfrutamos de los pequeños detalles…

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Tras un ratito aquí, desandamos nuestros pasos hasta la entrada principal junto al puente de Harajuku y entramos al parque Yoyogui a ver si hay suerte y encontramos algún cosplay y/o rockabilly que en el anterior viaje no hubo manera 😛 Nos compramos unos helados y nos sentamos en un banquito a descansar. Hay grupos de chicos y chicas que ensayan bailes musicales y obras de teatro, algún personaje disfrazado… pero poca cosa. ¡Vaya chasco! Es la segunda vez que vamos al Yoyogui en su busca y nos quedamos con las ganas. Así que con el intento frustrado 2, nos vamos hacia Takeshita Dori. Algo en el cielo nos llama la atención: ¡es un mini zeppeling!

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Esta calle estrecha y de unos 400m de largo, está llena de tiendas y cafeterías dirigidas a los adolescentes, se dice de ella que es un símbolo de Harajuku y el lugar de nacimiento de muchas de las tendencias de la moda tokyota. Ya desde el principio de la calle vemos que está abarrotada, se hace difícil poder andar por ella… entramos en algunas tiendas de juguetes en busca de mi peluche de Doraemon pero no hay suerte… desde luego, si te gusta ese estilo de ropa puedes encontrar ¡verdaderas gangas!

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Tras recorrer la calle, nos dirigimos a Omotesando. Esta arbolada avenida de 1km de largo es conocida como los Campos Eliseos de Tokyo ya que cuenta con tiendas de grandes marcas y restaurantes y hoteles de alto standing. Aquí tenemos dos objetivos, entrar al Kiddy Land y al Oriental Bazar para hacer algunas compras.

En el Kiddy no acabamos de encontrar nada que nos guste y no tienen Doraemons… pero en el Bazar ¡arrasamos! Es una de las tiendas de souvenirs más grandes de Tokyo y puedes encontrar de todo en ella, la mayoría de cosas a un precio muy asequible. Compramos un juego de té, unos posa-palillos, un par de marca-páginas, unos posa-vasos de bambú, unas esterillas individuales y dos maceteros con semillas de bonsái de sakura y de arce, ¡todo por 4 duros, digo yens! Me llevo el hanami y el momiji a casa Heart

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Al salir, topamos con el colegio oficial de enfermería de Tokyo y deformación profesional… pero me hace ilusión 😀 foto de recuerdo y para enviársela a mis compis Mr. Green

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Como vamos cargados, decidimos volver al hotel a dejar las compras. Así que cogemos la JR de nuevo hasta Shimbashi y descargamos. Aprovechamos que es la hora de comer para entrar al centro comercial que hay junto al hotel, el Caretta. Nos decidimos por un restaurante de tonkatsu, en el que por unos 2500¥ los dos, ¡comemos hasta reventar! -literalmente- unos menús de sopa con bol de tonkatsu con col y arroz y té de cebada caliente gratuito para beber.

Aprovechando que estamos en el triángulo JR-metro-Yurikamome, nos dirigimos hacia la estación del Yurikamome para ir a Odaiba, ¡otro de nuestros barrios favoritos en Tokyo! Nos bajamos en la parada que hay junto al Venus Fort (trayecto 360¥ pp). Ya de camino hemos visto que hay como una exposición de coches de rally, así que luego iremos a echar un vistazo.

Entramos en el centro comercial Venus Fort, la otra vez sólo lo vimos por fuera, y nos quedamos flipados con ese techo falso pero que parece ¡¡¡muy muy real!!!

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Damos un paseo y ¡vaya flipe de sitio! De nuevo nuestro lema del viaje sale de nuestras bocas: ¡¡“es muy friki pero mola” jaja!! Es como si emularan una ciudad italiana, con sus suelos de adoquines, su fuente y hasta con iglesia ¬¬’

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Cogemos un mapa del lugar ya que es enorme y nos dirigimos hacia la exposición de coches antiguos que hay con entrada gratuita. Menudos coches tienen aquí…

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Pero mi marido ya lo flipa del todo cuando vemos que hay un ¡¡¡DeLorean!!! La carrocería es de acero como el de la película y está muy bien conservado… solo se fabricaron unos 8000 en todo el mundo, así que ver uno es todo un lujo.

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Después de hacerle mil fotos desde todos los ángulos, seguimos viendo el resto de exposición. Me hace gracia ver un Mazda Carol, éste es tocayo mío Sacando la lengua También tienen una exposición de maquetas de coches y motos, así como información sobre la historia del motor japonés. Antes de salir, de nuevo nos acercamos al DeLorean, mi marido disfrutó como un niño Mr. Green

Miramos algunas tiendas y entramos a todas las jugueterías pero sigo sin encontrar el peluche de Doraemon… empiezo a pensar que lo han retirado del mercado hasta que se acerquen las olimpiadas del 2020…

Cambiamos de edificio y vemos de pasada la exposición gratuita de Toyota, no hacemos demasiado hincapié puesto que ya estuvimos aquí en el primer viaje. Cruzamos hacia el Leisureland y entramos. Es una sala de recreativos enorme y tiene algunas “atracciones” al estilo del Joypolis, vemos que hay una que es un castillo ninja, nos acercamos con intención de entrar pero todos los carteles están en japonés… preguntamos a uno de los empleados y como puede nos dice que no está en inglés… así que nos quedamos con las ganas… Pero nos damos un masajito de pies por 200¥ cada uno en las máquinas que ya probamos en el primer viaje, ¡nos sabe a gloria!

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En la sala hay un montón de rockabillies y de cosplay… ¡Ah, ¿así que están aquí?! Al salir del Leisureland, miramos los precios para subir a la noria pero vemos que ¡¡hay una cola de 1h!!, así que pasamos de largo.

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En los jardines que rodean el centro comercial vemos que hay un montón de grupos de cosplays por lo que llegamos a la conclusión que se han movido de barrio… supongo que en Harajuku se debían sentir un poco “observados” por los guiris y buscan aquí su rinconcito.

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Vamos dando un paseo hasta el Divercity, otro gran complejo de ocio, con tiendas y restaurantes y… ¡¡¡su Gundam escala 1:1!!! ¡Alucina! Está rodeado de gente echando fotos y “midiéndose” con él… pero vaya que los más altos apenas éramos como sus pies de altos o_O’

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Antes de entrar al centro por eso, nos acercamos a una exposición de coches de rally que hay al lado y vemos que también hay pistas dónde hacen derrapes y alguna carrera de karts.

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Y ahora si, entramos al centro. Nos miramos las tiendas, vemos algunas de las marcas habituales que tenemos por aquí y como no, entro a todas las jugueterías que pillo en busca de un peluche de Doraemon, de nuevo intento fallido… Entramos a la tienda Kitty que hay y me enamoro al instante de un gorrito de punto, y eso que yo no soy de Kitty… así que a la saca para mi “sobrina” postiza recién nacida y que conoceré cuando volvamos a casa… uff qué poquito queda para la vuelta, ¡madre mía! Chocado

Tras la compra, nos tomamos un cafelillo de verdad en un Starbucks y salimos hacia las playas que hay en la bahía con intención de ver el atardecer desde allí. Pasamos por delante del Joypolis y estamos más que tentados de volver a entrar, pero decidimos no hacerlo porqué si no nos pueden dar las uvas allí ¡jajaja! ¡¡¡¡Odaiba es el distrito del vicio!!!! Avergonzado Mr. Green

Llegamos a la bahía y nos sentamos junto a una de sus playas para ver cómo cae el sol sobre la bahía de Tokyo, con el Rainbow Bridge, la Tokyo Tower y el Skytree sobresaliendo del skyline de la ciudad.

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Es bonito ver cómo va cayendo el sol. Mientras en la playa algunos juegan a béisbol, unas chicas intentan hacerse una foto saltando, otros pasean de la mano… y nosotros pensamos en lo lejos que estamos de casa en estos momentos, de lo mucho que hemos disfrutado de Japón en estos 18 días.

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Cuando empieza a anochecer, decidimos volver pero antes echamos un vistazo al ToysR’us por si por un casual hubiera un Doraemon para mi… pero tampoco… ¡qué mala suerte! ¿Cómo puede ser que no haya ni uno solo? Ojos que se mueven Vemos de nuevo a la Estatua de la Libertad nipona que está junto a la tienda y con la sede de la televisión japonesa de fondo 🙂

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Tras las últimas fotos, cogemos de nuevo la línea Yurikamome y volvemos a la estación de Shiodome (360¥ pp). Una vez allí decidimos coger el metro Asakusa Line e ir a echar unas fotos nocturnas del Senso-ji. Así que en pocos minutos estamos frente al santuario… ¡wow qué recuerdos del primer viaje otra vez! Lástima que la gran lámpara de papel está cubierta por una lona, pero por suerte ya la vimos en el 1r viaje Muy feliz

Entramos al recinto y miro por las tiendas que venden peluchitos a ver si encuentro un Doraemon… veo uno en un escaparate pero ya han cerrado el puesto, ¡no me lo puedo creer!

Seguimos recorriendo la calle comercial hasta el santuario. Si ya nos gustó a la luz del sol en su día, visto de noche con todos los edificios y la pagoda iluminados ¡nos gusta más! Además no hay mucha gente a éstas horas por lo que podemos echar unas fotos sin agobios y disfrutar del lugar tranquilamente.

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Y tras la visita, volvemos al metro, línea Asakusa hasta Shiodome de nuevo. Estamos verdaderamente cansados, menudo tute nos hemos pegado hoy… así que para no romper con las costumbres, compramos cena en el Family Mart y nos vamos al hotel a descansar que ya toca… sleep

29/09/13: llegó la hora de flipar en Kagoshima…

Día 3: visitamos la tradicional Dazaifu y flipamos en Kagoshima

Amanece un nuevo día en Japón y apenas son las 7h… Tengo que decir que el Hana como hostal está genial, bien ubicado, gente amable, todo limpio… pero no he dormido en un futón más incómodo ¡en mi vida! tengo problemas de espalda y no pegué ojo… ya no sabía ni como ponerme, me levanté varias veces a estirarme… ¡ufff! y mi marido que no tiene problemas, acabó bien contracturado de estar en él toda la noche… además había un grupo de americanos en el hostal que estuvieron hasta las 2h corriendo escaleras arriba y abajo y gritando como locos… Vaya que si ya íbamos cansados, acabamos más después de esa noche tan larga… Avergonzado Avergonzado

Aprovechamos el madrugón para cerrar las maletas y salimos a comprarnos el desayuno. Ayer vimos un Family Mart cerca del hostal y allá que nos vamos, con intención además de preguntar si cuentan con el servicio de Yamato Transport. Compramos unos dulces, un café con leche y un té verde riquísimo todo por unos 600¥. El chico que nos atiende no habla ni papa de inglés (¡qué raro!) Ojos que se mueven , pero por suerte llevo en el móvil la guía personalizada con una imagen del formulario con las instrucciones para rellenarlo y al enseñárselo en seguida nos los da (uno por maleta). Justo antes de salir, empieza a chispear así que compramos un par de paraguas… ¡transparentes! Era uno de los objetivos de este viaje y ya está cumplido Mr. Green Aplauso Volvemos al hostal dónde desayunamos en la cocina comunitaria y ya rellenamos los formularios para el envío de las maletas. Como nos vamos antes de que abran la recepción, ya quedamos con la chica que le dejaríamos la llave de la habitación en un cestillo que hay junto a la entrada, me encantan los check-in ultrarápidos de Japón 😀

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nuestro desayuno y algo de picoteo para la mañana…

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la zona común del hostal

Cargados con nuestras maletas, volvemos al Family Mart y le entregamos al chico los formularios. Comprueba que estén bien rellenos y nos da el ok, pagamos el transporte (unos 2500¥ las dos maletas de Fukuoka a Kumamoto) y nos entrega el comprobante y el ticket de compra con los datos de la tienda por si hubiera que reclamar por el envío… ¡cruzamos los dedos!

Una vez nos desprendemos de las maletas, nos dirigimos de nuevo a la estación de metro de Gion y allí tomamos uno que nos lleve hasta la estación de trenes JR Hakata (200¥ cada uno). Dejamos las mochilas, las chaquetas y los paraguas en una consigna de la estación (400¥, tamaño medio) y vamos a buscar el tren de la línea regular JR Kagoshima para ir a Dazaifu. Aquí tenemos problemillas ya que tenemos que ir hasta JR Futsukaichi Sta, pero no sale indicado en ningún panel y en los carteles TODO está en japonés Chocado , así que vamos al “tío de la gorrilla”, léase el funcionario de la Japan Railways que hay junto a los tornos y le preguntamos, pero otra vez nos topamos con que aquí no habla inglés ni Dios y no hay forma humana de entenderse, ¡ni enseñándole en el mapa dónde queremos ir! Así que volvemos a la zona de andenes y probamos a ver si hay wifi… ¡¡¡¡afortunadamente hay uno gratuito!!! Aplauso ¡Uff, es nuestra salvación! De eso modo buscamos la línea y el sentido que tenemos que coger y esperamos a que llegue el siguiente tren. Una vez nos montamos, vamos siguiendo la ruta que sigue el tren con Google Maps para asegurarnos que vamos bien porqué la información que dan en el tren está de nuevo… ¡¡TODA en japonés, qué horror!! Chocado

Al fin llegamos a JR Futsukaichi y aquí sabemos que tenemos que caminar unos 10 minutos hasta la estación de la línea privada Nishitetsu para coger otro tren hasta la población de Dazaifu. Salimos de la estación y nos encontramos mirando un mapa para averiguar cómo llegar a la estación de la línea privada cuando una pareja joven nos preguntan si vamos a Dazaifu en ¡perfecto inglés! casi lloramos de la alegría 😛 Nos dicen que ellos también van hacia allá y se ofrecen a que les acompañemos porque por lo visto es algo complicado… evidentemente aceptamos y vamos con ellos encantado. Callejeamos bastante y no vemos indicaciones en las calles que marque el camino… iba pensando en que solos no lo hubiéramos hecho cuando veo que el chico va señalando algo en el suelo y es que cada pocos metros hay unas imprentas en el suelo dónde marca la dirección a seguir para la estación JR y para la privada. Os dejo la foto porqué de verdad que sin eso, ¡es imposible!

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la marca azul señala el sentido hacia la línea privada y la roja, hacia la estación JR

Durante el trayecto de unos 10-15 minutos a pie nos preguntan de dónde somos y al decirles que de Barcelona nos dicen que están preparando un viaje a nuestra ciudad para el año que viene, ¡qué gracia! Llegamos a la estación Nishitetsu y allí cogemos el tren a Dazaifu (180¥ cada uno) que podemos pagar también con las tarjetas de contacto Icoca. Al llegar a Dazaifu les damos mil gracias acompañadas de tres mil reverencias por su ayuda y nos separamos.

Entramos a la oficina de turismo para coger un mapa y salimos a la calle.

Dazaifu (太宰府): Esta pequeña localidad fue el anterior centro gubernamental de Kyushu, conserva un bonito conjunto de templos y un famoso santuario.

Aunque en la ciudad hay varios templos que se pueden visitar, a nosotros solo nos interesa el más importante así como el santuario. Para llegar a la zona de templos, hay que recorrer una calle comercial que nos recuerda mucho a la de Miyajima (puedes ver el relato sobre nuestro paso por Miyajima aquí).

Al final de la calle comercial hay una gran torii de piedra y tras cruzarla, encuentras otras dos toriis que llevan al Santuario Tenmangu.

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Se trata del Santuario Tenmangu más importante de Japón y está dedicado al espíritu de Sugawara Michizane, erudito y político de la era Heian, muy popular entre los estudiantes. Tras cruzar la torii de la entrada, pasamos junto a varias lámparas de piedra y encontramos un gran estanque con dos puentes de madera lacada que lo cruzan.

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El estanque tiene la forma del carácter japonés que simboliza el corazón. Un camino conduce a través de dos puentes arqueados y las islas que hay en el estanque simbolizan el pasado, el presente y el futuro.

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Tras cruzar los puentes, encontramos una gran puerta con una gran lámpara roja de papel al más puro estilo del Senso-ji de Tokyo (puedes ver el relato sobre nuestra primera visita al Senso-ji aquí).

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Tras cruzarla hay una fuente de purificación y un ciruelo legendario que según cuenta la tradición voló desde Kyoto a Dazaifu para acompañar a Michizane en su exilio.

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Vemos el edificio principal y hacemos “parada en boxes” (WC y bebida fresquita). En estas máquinas hay una gran variedad de bebidas…

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Empieza a chispear y nuestros paraguas se quedaron en Fukuoka… hacemos un poco de tiempo pero viendo que solo chispea y que no tiene pinta de parar, continuamos con la visita del templo, cruzando los dedos para que no llueva fuerte.

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Tras visitar el santuario, volvemos a la calle principal y tras cruzar la gran torii de piedra de nuevo giramos a la izquierda y vamos a vistar el Templo Komyozenji, la entrada cuesta 200¥ y se trata de un templo Zen de la secta Rinzai del budismo japonés, fundado entre 1192-1333 por un discípulo del fundador del templo Tofukuji de Kyoto. Como curiosidad, decir que no hay nadie que cobre la entrada, hay que echar las monedas en un cofre que hay junto a un pequeño altar.

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Este templo cuenta con dos jardines, uno delantero que se compone de 15 rocas sobre un suelo de guijarros, distribuidas formando el carácter japonés para la “luz”.

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Y un jardín trasero que se puede ver desde el porche del templo y que alterna zonas de piedras, rocas y musgo… ¡simplemente espectacular! Además, vimos por primera vez un poquito de momiji, tan sólo una ramita pero nos hizo mucha ilusión ¡jeje!

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Tras deleitarnos con el jardín trasero del templo un buen rato (menuda paz se respiraba en el lugar) vimos que dejaba de chispear así que aprovechamos para volver a la calle comercial. Entramos en algunas tiendas, tienen cosas chulísimas, muchas son artesanales. Aquí nos compramos una tabla de madera con un escrito con una campanilla -la señora de la tienda nos dijo que era de protección para el hogar- y una lámpara de papel roja con ventosa para la nevera  Mr. Green

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nuestro imán de Dazaifu

Vamos dando un paseo hasta llegar a la estación de tren mientras miramos algunos escaparates más. Vemos una estatua con la “mascota” de Dazaifu y alucinamos de nuevo con las tapas de alcantarilla tan bonitas que tienen en Japón.

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Cogemos el tren (180¥ c/u) de nuevo para hacer la ruta en sentido contrario para volver a Hakata. Fuimos de los primeros en subir al tren, así que aproveché para sacar esta instantánea del interior.

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Cuando llegamos a la estación Nishitetsu, hacemos el paseíllo entre calles siguiendo las marcas del suelo hasta llegar a la estación JR Futsukaichi y esta vez lo hacemos a la carrera porqué ahora llueve con más ganas… Cogemos el primer tren JR que va hacia Hakata, un expreso que en unos 15 minutos nos planta en la capital de Kyushu. Allí recuperamos nuestras cosas de la consigna y cogemos el primer Shinkansen que se dirige a la estación Kagoshima-Chuo, ¡nuestro siguiente destino en Kyushu! Riendo

Como no sabíamos a qué hora acabaríamos de Dazaifu, no reservamos asientos por lo que nos dirigimos a los vagones de no reservado, nos podemos sentar sin problema ya que viaja poca gente aquí. De hecho, los trenes que recorren Kyushu son más cortos que los que sueles ver por Kansai y Kanto. El viaje dura una hora y media más o menos.

Kagoshima (鹿児島): Se trata de la ciudad más meridional de las cuatro islas principales de Japón, con un volcán muy activo situado al otro lado de la bahía, el Sakurajima. Los acostumbrados habitantes locales suelen abrir sus paraguas frente a las recurrentes explosiones del volcán, que arroja fina ceniza que acaba cubriendo el paisaje y oscureciendo el sol.

Llegamos a Kagoshima-Chuo sobre las 14h y aprieta el hambre, así que nos dirigimos al primer restaurante que vemos en la misma estación. Comemos de coña y como para reventar por unos 1000¥ los dos, además nos invitan a un té de cebada caliente de postre.

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Dejamos de nuevo las cosas en una consigna para no perder tiempo (300¥ una mediana), cogemos unos mapas en la oficina de turismo y salimos a la calle. ¡Nos alegramos al ver el cielo despejado! La idea es coger el bus Kagoshima City View para dar una vuelta por la ciudad y subir con él al mirador del Shiyorama Koen, un parque que se extiende por el monte Shiyorama a 107m sobre el nivel del mar y que sirvió como base del Castillo y recordado por ser dónde tuvo lugar la última batalla de la rebelión Satsuma en 1877 y, desde el cual dicen que hay unas buenas vistas de la ciudad y del volcán Sakurajima.

Nos cuesta un poco encontrar la parada del bus porqué nuevamente TODO está en japonés Malvado o muy loco , pero vemos que hay unas voluntarias en la zona de las paradas de los buses y nos acercamos con la esperanza que sepan algo de inglés… ¡bingo! la señora chapurrea algo y nos aclara cuál es la parada. En seguida llega el “retro” bus y nos montamos. Existe la opción de comprar el pase diario (600¥), pero tan sólo pensamos hacer un par de trayectos por lo que no nos sale a cuenta, así que pagaremos el billete sencillo al bajar del bus. Recordad que en Japón se sube al bus por la parte trasera y se paga al bajar.

La ciudad no es demasiado grande pero es bonita. Cuenta con varios museos y algún templo, así como varias esculturas de personajes importantes de la historia samurai. Subimos por una carretera de Dios hasta el parque de Shiyorama y ahí bajamos del bus (150¥ c/u). Subimos por una calle que hay algunos puestos de souvenirs y en seguida llegamos al mirador. ¡¡Vaya vistas y qué pasada ver el Sakurajima humeando!!

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Aquí nos damos cuenta de que todo está lleno de cenizas y vemos que la gente apunta al volcán continuamente… Confundido hay la opción de hacer una ruta de senderismo por el parque, pero son más de las 16h, pronto empezará a anochecer y estamos cansados, así que volvemos a la parada del bus con la intención de ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poco. Cogemos el bus y terminamos de hacer el trozo de ruta circular por la ciudad. Pasamos muy cerca del mar y del puerto… así como por una gran avenida en la que vemos que hay calles comerciales cubiertas del estilo a las de Kyoto.

Estábamos tan tranquilos sentados en el bus observando la ciudad desde las ventanillas cuando de repente todo el mundo grita al unísono “¡¡guau!!” mientras señalan al volcán. Nos giramos de golpe y vemos que el volcán ha expulsado una gran nube de humo negro Chocado Chocado ¡Nos quedamos boquiabiertos! Sabíamos que el volcán está activo y que humea de forma constante pero no nos esperábamos ¡ver eso! Todos los japoneses comentan algo con tono de sorpresa mientras no dejan de mirar al volcán que sigue sacando humo negro… ¿¡eso es bueno o malo?! Ojos que se mueven Ojos que se mueven

Durante el corto trayecto hasta Kagoshima-Chuo vemos que todo el suelo se está cubriendo de cenizas por momentos, se ha hecho de noche de golpe y la gente abre paraguas y se tapa la boca y la nariz con toallas o mascarillas… ¡¡madre mía dónde nos hemos metido!! Al llegar a la estación comprobamos que literalmente que ¡¡¡¡LLUEVE CENIZA!!!! Qué fuerte, aún flipamos en colores al recordar lo que fue vivir aquella experiencia. Una nube negra de humo cubre toda la ciudad y no deja de llover ceniza. Pican los ojos y la garganta y huele a azufre un montón. En un momento se ha cubierto el suelo… Entramos a la estación a recoger nuestras cosas de la consigna y salimos de nuevo a la calle porqué de verdad que no podemos dejar de flipar, esta vez abrimos los paraguas y empezamos a hacer fotos y vídeos de todo, ¡es increíble!

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no es niebla, es la ceniza que “llueve”

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la nube de humo que llega del volcán

 

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fijaos en el suelo de la calle

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montones de ceniza se agolpan en las aceras

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la vista a través del paraguas transparente, se puede ver la ceniza que “llueve”

 

Pasados unos 20 minutos haciendo fotos y vídeos sin parar y alucinando, decidimos ir hacia el hotel, nos pican demasiado los ojos y la garganta… ¡esto no puede ser sano! Imaginad si estábamos alucinando que ni nos habíamos dado cuenta que en la estación JR Kagoshima-Chuo hay una noria que sobresale por el tejado… 😛

 

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Nos dirigimos hacia la parada del tranvía y nuevamente ¡¡TODO en japonés, qué horror!! Sabemos la línea que tenemos que coger y la parada pero ni idea del sentido… preguntamos a unos cuantos pero todos nos miran con cara de “no entiendo” así que subimos al primero que pasa y tras dos paradas comprobamos que vamos en sentido contrario, así que nos toca bajar (160¥ /pp) y cogemos el siguiente que pasa en sentido contrario, esta vez si, vamos en la dirección correcta y tras pocas paradas bajamos en la nuestra (otros 160¥ c/u).

Nos alojamos en el Hotel Hokke Club Kagoshima por 6000¥ la noche en habitación doble con desayuno incluido. Hacemos el check-in y subimos a la habitación. Este hotel es de tipo occidental, con lavabo privado. Además el hotel cuenta con baños públicos pero nos dió reparo eso de bañarnos con desconocidos en pelotas y no los probamos. Llamadnos tontos, si pudiera volver a atrás los aprovecharía seguro 😛

Nos echamos un rato porqué estamos agotados entre el maldito jet-lag y la nochecita que hemos pasado en el hostal. Tras un ratito de descanso y a pesar de que no me gusta la idea porque me da yuyu, mi marido me convence para salir a disfrutar de “Silent Hill” xD Es ya de noche cuando salimos pero aún así se siente el olor a humo y azufre y está todo más cubierto que antes por las cenizas. Nos acercamos a la zona de calles comerciales cubiertas, a unos 10 minutos a pie del hotel, hay un montón de tiendas pero ya están cerrando. Así que volvemos hacia el hotel, parando antes en un Family Mart a comprar cena y desayuno para mañana por cuatro yenes. En este viaje me aficioné a los yakisoba UFO Mr. Green Mr. Green estaban riquísimos y como en todos los hoteles había hervidor de agua, los cené más de una noche ¡jeje!

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nuestra cena improvisada del Family Mart

Tras la cena, llamadita a los nuestros para contarles lo flipados que estamos. Mañana teníamos previsto visitar la isla de Sakurajima pero no sabemos si podremos hacer la excursión… todo dependería de cómo amanezca el volcán. Y alucinando en colores y agradecidos por habernos decidido a venir a esta ciudad, nos vamos a dormir Heart

25/05/2011: de Asakusa a Odaiba, del barrio más tradicional al más moderno de Tokyo

Día 10: conocemos la tradicional Asakusa y nos perdemos entre el ocio y la ludopatía de Odaiba :p

Hoy no madrugamos en exceso… aunque debemos bajar antes de las 10h a desayunar (lo tenemos incluido en el precio). Hay una cafetería en la planta baja del hotel y allí nos sirven el desayuno con unos tickets que nos dio la recepcionista al hacer el check-in. Pedimos un zumo natural y unas tortitas al estilo americano para cada uno y ¡qué ricas! A lo largo del viaje, veremos que en ciertos aspectos se nota la influencia de los americanos tras la II Guerra Mundial en la cultura y gastronomía japonesas…

Caminamos hasta la estación JR Shibuya para tomar el metro hacia el distrito de Asakusa, uno de los distritos más coloridos e interesantes de Tokyo. Este barrio se desarrolló a principios del siglo XVII alrededor del templo Senso-ji y poco a poco, se ha ido convirtiendo en una de las partes más vibrantes y a la vez tradicionales de la ciudad.  En él también se encuentra una de las lonjas de pescado más grandes del mundo.

Tomamos la línea JR Yamanote hasta la estación Shimbashi y allí el metro de la línea Asakusa. Llegamos a la estación que teníamos marcada en la guía, pero nos despistamos un poco porqué nos bajamos por error una parada antes de la que tocaba… damos un paseo tremendo intentando ir hacia la dirección del primer punto a visitar y llegamos hasta la orilla del río Sumida, pero como vemos que andando no nos aclaramos, desandamos el camino y volvemos al metro, y tras una parada más, ahora si nos bajamos en la correcta, adentrándonos de lleno en el corazón del barrio de Asakusa.

Un consejo para futuros viajeros, imprescindible llevar una brújula o algún mapa offline que os localice rápidamente, os sacará de más de un apuro al salir de las estaciones de metro/tren.

A pocos metros de la estación de metro, y ahora si, nos encontramos con la Puerta de Kaminari-mon de la que prende una gran lámpara de papel que indica la entrada principal al complejo del santuario. Esta puerta esta dedicada al dios del viento y al del trueno, y fue construida originalmente en el 942. En la época Edo los japoneses pasaban por debajo de la puerta para rezar por su salud, felicidad u otros asuntos.

Como curiosidad deciros que en la linterna se puede ver el logo de Panasonic®, ya que fue donada por ellos en 1995, mide 4 metros de alto, 3,4 metros de diámetro y pesa 670 Kg.

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Nos llama la atención que al otro lado de la puerta hay una gran alpargata y vemos que muchos jóvenes saltan para intentar tocarla, es un símbolo shinto y dicen que si alcanzas a tocarla te traerá suerte.

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Tras cruzar la gran puerta, nos encontramos con la calle comercial Nakamise, un paseo de unos 250 metros repleto de tiendas y puestos de comida que conduce directamente a la Puerta Hozo‐mon y a la Sala Kannon‐do. Es un lugar agradable dónde pasear y dónde hay tiendas de todo (comida, kimonos, katanas, abanicos, muñecas típicas…) pero sobretodo venden linternas de papel.

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Al final de esa calle comercial, encontramos un patio en el que se distribuyen unos cuantos edificios del templo y una gran pagoda de 5 pisos. Nos adentramos en el gran recinto que conforma el templo de Senso-ji.

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Como siempre, nos purificamos al entrar al recinto

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El templo Demboin es la vivienda del sacerdote principal del templo, se trata de un pequeño templo privado con jardín interior al que solo se puede acceder con un pase. La pagoda original fue construida por Iemitsy Tokugawa pero ardió tras un bombardeo en la II Guerra Mundial, por lo que se reconstruyó en 1973. Cuenta con 53 metros y es considerada la segunda más alta de Japón.
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Aquí se nos acerca un hombre un tanto peculiar y nos empieza a preguntar en un inglés bastante básico de dónde somos, cuál es el motivo de nuestro viaje, etc. Lo dejo con mi marido hablando y yo me voy a echar unas cuantas fotos de esta parte del templo. Tras unos 10 minutos, aún lo encuentro hablando con aquél hombre con una cara de agobio impresionante, así que muy educadamente lo rescato y seguimos con la visita :p

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¿Qué decir del lugar? ¡Me encanta el contraste entre lo tradicional y lo moderno que muestra este país! En la foto de arriba podéis ver la torre Skytree mientras la construían 🙂

Continuamos recorriendo el templo y llegamos al Tenoki Sebsihu y la Capilla de Asakusa, también conocido como templo de Kannon, diosa de la misericordia. Es el templo más viejo de Tokio, y uno de los más importantes. Al lado de éste hay una capilla sintoísta, la Asakusa Jinja.

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La historia el templo está consagrada a la bodhisattva Kannon. Según la leyenda una estatua de Kannon fue encontrada en el río Sumida en el año 628 por dos pescadores, los hermanos Hinokuma Hamanari e Hinokuma Takenari. El jefe de su aldea, Hajino Nakamoto, decidió que la estatua era sagrada y reconstruyo su propia casa creando un templo pequeño en Asakusa de modo que los aldeanos pudieran adorar a Kannon. La construcción del templo Senso-ji terminó en 645 por lo que es considerado es el templo más antiguo de Tokyo. Las bendiciones y milagros de Kannon provocaron una alta reputación por todo Japón y gente de todos los puntos del país acudían a Asakusa a venerar a la estatua.

Vemos que en el interior y los alrededores del templo de Kannon decenas de monjes están celebrando una ceremonia, y hay cantidad de gente asistiendo a ésta. Nos quedamos unos minutos en un rincón observando la ceremonia que llevan a cabo y luego seguimos recorriendo el complejo del templo. Damos un paseo por sus jardines que son impresionantes, como ¡todos en Japón! La pena es que no podemos visitar el templo de Kannon ya que es dónde se lleva a cabo la ceremonia… habrá que volver Riendo

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Junto al recinto de templos hay un parque de atracciones no muy grande, pero como vemos que no hay ninguna atracción interesante pasamos de largo. Volvemos a la calle comercial Nakamise y nos quedamos alucinados al ver a ¡¡¡unos ninjas!!! Mi marido les pide hacerse una foto y ellos aceptan encantados… Justo cuando voy a disparar la foto, veo que ¡¡sacan las katanas!! ¡¡Ay Dios que me quedo viuda ya!! ¡jajaja! ¡Qué graciosos! Suponemos que son actores o un par de frikis disfrazados, dudamos que los ninjas paseen tan tranquilos por las calles de Tokyo, o ¡¿no?! Muy feliz

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De ahí nos dirigimos al muelle para tomar el barquito que nos lleve a la Bahía de Odaiba. Nos encontramos en la puerta de la terminal de ferry mirando las diferentes rutas y precios que hay desde aquí, cuando un hombre se nos acerca y nos pregunta en inglés de dónde somos y si necesitamos ayuda. Le decimos que somos españoles y antes de qué nos dé tiempo a decir más el señor nos dice “aaaah yo hablo español” ¡¡wooow!! ¡nos quedamos alucinando! El señor se nos presenta y hacemos lo propio. Nos recomienda una de las rutas para llegar a Odaiba y nos dice que él bajará una parada antes que nosotros por lo que si queremos nos puede acompañar un tramo del trayecto en barco. Aceptamos encantados y compramos los billetes con su ayuda.

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Mientras esperamos a que llegue el barco, nos explica que es ingeniero aeronáutico y que además trabaja como intérprete español para la Embajada española en Tokyo, que a veces ha hecho alguna traducción de libros/documentos e incluso ha colaborado con la policía en algún caso dónde hubiera españoles que necesitaran ayuda con el idioma. Nos da la tarjeta de su página web y nos explica que en su tiempo libre hace de guía turístico por Tokyo con grupos de españoles bajo reserva.

Nuestro barco llega y subimos a bordo. No puedo dejar de sorprenderme viendo la ciudad desde este punto de vista y no puedo parar de hacer fotos 🙂 A estas alturas seguro que ya sabéis que me encanta hacer fotos, ¿verdad? Mr. Green

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El embarcadero está frente al edificio de la compañía cervecera japonesa Asahi. El guía nos explica que por lo visto hay controversia con la estética del edificio, algunos ciudadanos lo ven como un edificio modernista y original que ven como si fuera un vaso de cerveza con la espuma, mientras otros le llaman el edificio de la “cagarruta” -en japonés claro- por la forma de la estructura amarilla, que cada cual escoja la que prefiera :p

El señor nos va explicando qué es cada edificio e incluso un poco de historia de cada lugar, ¡alucinamos con la amabilidad del hombre! Aunque os tengo que decir que me sale la vena ratilla española y me quedo un poco pillada pensando en si realmente lo hace de forma altruista o luego nos intentará cobrar algo… Por lo bajini le comento mis pensamientos a mi marido, él me dice que no cree que nos cobre, supone que lo hace por gusto… y efectivamente, el hombre nos explicó con gran estusiasmo todo lo que él sabía, así como datos interesantes sobre su país, su cultura y los tokyotas. También él iba echando fotos para su página web.

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Le preguntamos la repercusión del tsunami y del accidente nuclear en la vida de los japoneses y su respuesta es: “lo que pasó fue una gran desgracia, pero eso ya pasó y está resuelto, así que podemos hacer vida totalmente normal. No entendemos ¡porqué no vienen los turistas!”. Le explicamos la repercusión mediática que tuvimos en nuestro país y el miedo que hay aquí a viajar a Japón en ese momento, y nos explica que él hizo varias entrevistas para televisiones españolas explicando lo sucedido y diciendo que se podía viajar con total normalidad al país. Nos felicita por ser “unos valientes españoles que ignora a la prensa sensacionalista”, ¡¡este hombre me cae bien!!

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La lonja de Pescado Tsukijii, la más grande y activa de Japón

Llegamos a su parada, junto al Odaiba Seaside Park. Nos despedimos de él y le damos las gracias por sus explicaciones y su compañía durante el trayecto. Cuando el barco está a punto de zarpar, vemos que sube corriendo de nuevo para advertirnos que en la próxima parada que haga el barco debemos bajar y cambiar de embarcación si no volveremos al punto de partida. Le damos las gracias en español, japonés e inglés porque es impresionante hasta dónde llega la amabilidad de esta gente y nos despedimos de él. ¡Flipante!

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Tras un ratito más, llegamos a la parada que nos advirtió, bajamos y esperamos al otro barco que nos llevará hasta la bahía. En este embarcadero hay atracado un barco estilo pirata. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos una bebida fresquita de la máquina que hay en el embarcadero mientras esperamos al siguiente barco que nos llevará a la bahía de Odaiba.

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Tras unos 30′ de viaje, llegamos a Odaiba. ¡¡Es impresionante!! Se trata de una isla artificial construida en 1853 por el shogunato Tokugawa en la Bahía de Tokyo, ganando terreno al mar  como una fortaleza marítima para proteger la ciudad de posibles ataques marítimos pero con el tiempo, y sobretodo a partir de 1996 pasó a ser un distrito modernista, futurista, comercial y de ocio 🙂

 

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pasamos por debajo del Rainbow Bridge

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El edificio de la bola es el de la televisión Fuji y el de la derecha, el de Salvamento Marítimo

Junto al embarcadero hay una playa y… una estatua de la libertad, ¡toma ya!

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Hay múltiples lugares a visitar en Odaiba, desde el edificio de la televisión japonesa Fuji, a varios centros comerciales como el Palette Town (compuesta por un enorme centro comercial, una sala de exposiciones de Toyota® y una de las 3 norias más grandes del mundo) y salas de ocio, ¡viva el consumismo y la ludopatía! ¡jajaja! También en Odaiba se encuentra uno de los baños públicos más grandes de Tokyo montados al estilo de pueblo artificial con toda una parafernalia de tiendas, restaurantes… vamos que aunque te vayas a relajar en un ofuro no pierden de vista las compras, ¡que viva el consumismo! :p

Nos hace mucha gracia ver una Estatua de la Libertad en Japón. Aún no hemos visto la más conocida (la de New York -que visitaríamos en 2015 en nuestro viaje a la Gran Manzana– ) pero si la de París y ahora la de Tokyo 🙂

Hacemos fotitos de rigor, y vemos que en la playa hay bastante gente tomando el sol, así como alguna que otra vela. Vamos dando un paseo tranquilamente junto a la playa hacia la zona comercial de esta parte de la isla. En uno de los edificios vemos que hay ¡¡una mini-montaña rusa dentro!! Nos quedamos alucinados y decidimos que tenemos que entrar ahí si o si 😀

Buscamos un sitio dónde comer puesto que son casi las 15h y nos decantamos por un bar americano dónde preparan hot-dog y batidos. Después de tantos días comiendo y cenando japonés nos apetece variar un poco y comer algo de “mierda de la buena” (como solemos llamarle nosotros a la comida basura) :p

Descansamos un poquito las piernas mientras tomamos una comida buenísima, y después rehacemos los planes que teníamos para esta tarde… si, volvemos al centro comercial dónde vimos la mini-montaña rusa en su interior 😀

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Resulta que dentro del centro comercial hay como un parque de atracciones de SEGA®, se trata del Joypolis. Aunque es un pelín caro ¡nos damos el capricho! Entramos y nos encontramos con cuatro pisos de simuladores Sega ¡qué pasada! Nos volvemos niños por una tarde y subimos en todas las atracciones, y es que son simuladores dónde puedes subir, por ejemplo hay una mini-montaña rusa, una atracción de Prison Break de la que tienes que escapar, un vuelo tipo Indiana Jones en avioneta montados en asientos que se mueven al son de la imagen y el sonido, de un helicóptero,  y…

… el de coches es ¡la caña! Se trata de coches deportivos de verdad montados sobre una plataforma que simula los movimientos y frente a una pantalla enorme dónde tienes el video juego con la carrera. En este me río muchísimo porque el chico se queda alucinado de que me quiera subir yo sola en un coche. Por lo visto allí las chicas suben de copiloto con sus novios. El operario me explica en inglés cómo funciona el coche y me pregunta si quiero cambio automático o manual, yo hubiera escogido el manual pero me doy cuenta de que como todos los coches allí, el volante está a la derecha y por tanto también el cambio de marchas está invertido… así que ¡¡automático, automático!! Me hace poner el cinturón y ajustar el asiento a los pedales y ¡empieza la carrera! Delante del coche tienes una mega-pantalla dónde ves el circuito y veo también el coche que “conduce” mi marido… ¡¡a por él!! Después de un poco de dificultad al principio hasta que me adapto a los movimientos del coche y pedales… ¡¡consigo ganar la carrera!! Al bajar de los coches, los chicos me felicitan y me vitorean, y es que nos dicen que es la primera vez que una chica gana en ese simulador, ¡¡toma ya, OLE YO, OLE YO!! ¡jajajaja! Aplauso Aplauso
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Seguimos dando una vuelta por el centro y subimos a más simuladores de motos, de esquí, hay uno de carreras por el hielo con un Bobsleigh en el que nos montamos los dos juntos y damos unas vueltas que nos pone boca abajo y todo :p ¡mola! Cuando nos damos cuenta miramos el reloj y vemos que llevamos casi 3h allí metidos, ¡madre mía, cuánto vicio por favor! Vemos un apartado dónde hay varias máquinas de fotos en las que puedes escoger un tema y luego editarlas a tu gusto e imprimirlas, nos damos cuenta de que es la atracción favorita de las adolescentes en todas las salas de juegos, así que decidimos imitarlas y nos metemos en una. Escogemos el tema “amor”, seleccionamos dos personas y entramos. En la pantalla de la cabina te va diciendo las poses que tienes que poner para cada una de las 6 fotos que echa. Después salimos y nos vamos a la cabina de al lado, dónde puedes ver las 6 fotos y retocarlas, pero del rollo “dientes más brillantes” u “ojos pintados”, y también puedes escribir sobre ellas o ponerles dibujitos sobre el tema “amor”. Las decoramos y le damos a imprimir, por 200¥ tenemos nuestras 6 fotos por duplicado de recuerdo, ¡qué kawaii!

Terminamos nuestra estancia allí, pasando por unas máquinas de reflexoterapia podal que ¡¡son la caña!! Te hace unos masajes en los pies que te dejan como nuevos y después de tantos días de caminatas… ¡repetimos 3 veces! Cada masajito vale 100¥ (unos 0’60€!) y salimos super relajados, no veo el momento de irme de esa máquina :p

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Con mucho esfuerzo nos vamos de ese centro tan genuino con el que nos hemos topado por azar y seguimos dando un paseo por la isla.

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Llegamos a la zona de Palette Town, una zona compuesta por un centro comercial enorme, en el que vemos una macro tienda de Hello Kity y de Barbie, una de las 3 norias más grandes del mundo (al estilo de la London Eye) y una sala de exposiciones de la casa Toyota en la que entramos y vemos unos cochazos increíbles, tanto actuales como antiguos e incluso de rally y Fórmula 1.

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Al caer la tarde, tomamos el tren hacia el distrito de Hamamatshucho y cenamos en un Mc enorme donde alucinamos porque al pedir nos dice la chica con mil reverencias que la perdonemos pero que nuestro pedido tardará un poco… le preguntamos cuánto y nos dice que ¡un par de minutos! Le decimos que no importa que es poco tiempo y esperaremos a que esté listo el pedido, pero la chica nos pide que vayamos a una mesa que ella nos traerá lo que falta en cuanto esté preparado… pero tendríais que haber visto la cara de disgusto por no podernos servir en el acto. Nos cuesta de creer la verdad, en el centro de Barcelona antes de que pusieran las máquinas para auto-pago, hemos llegado a esperar 20 minutos a que nos tomaran nota y prepararan nuestros menús… Hay que decir que allí sirven enseguida la comida, tanto en los Mc como en cualquier otro restaurante, parece ser que no es muy ético hacer esperar al cliente, pero para nosotros es impresionante que nos haga 10 reverencias a modo de disculpas por un retraso de 2 minutos.  Le hacemos caso, no vaya a ser que se sienta peor la muchacha y nos vamos a buscar una mesa. Antes de que nos hayamos sentado ya llega la chica con lo que nos faltaba del pedido de nuevo disculpándose entre reverencias, le respondemos con un par de “domo arigato” y un par de reverencias a modo de agradecimiento y empezamos a cenar alucinados por lo ocurrido…

De allí nos vamos paseando hacia la Tokyo Tower. Es uno de los símbolos de la ciudad ya que es fácil divisarla desde bastantes puntos.  Con una altura de 332,6 metros es usada como torre comunicaciones y cuenta con un mirador al que acceder para tener una bonitas vistas de la ciudad.

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En Tokyo hay básicamente dos grandes miradores, uno es la Tokyo Tower y el otro son los edificios del Gobierno Metropolitano de Shinjuku, a éste segundo iremos de día por lo que decidimos ver las vistas nocturnas desde la Tokyo Tower. Hay otros miradores, como el de la torre Roppongi aunque no cuenta con tanta altura como los dos anteriores. Decir que en 2011, cuando realizamos este primer viaje a Japón, aún no estaba terminada la gran torre Skytree, la que hoy en día cuanta con el mirador más alto de Japón y también el más caro de todos…

Vista en fotos ya impresiona pero verla en directo, es genial. Aunque es un clon de la Tour Eiffel de Paris, es algo más alta y pesa menos que la torre francesa, estos japos son unos crack’s ¡no solo la han copiado si no que además la han mejorado! 😀

La torre cuenta con dos miradores, uno a 150 metros de altura y otro a 250m, y hay que pagar por acceder a cada uno de ellos (en 2011: 1420¥ para acceder a los dos miradores y 820¥ si te conformas con el inferior). Nosotros decidimos pagar por los dos, ya que subimos nos vamos hasta lo más alto y disfrutamos del máximo de visitas posibles 🙂

Subimos con el primer ascensor hasta el primer nivel y nos maravillamos con las vistas de la ciudad, se pierde la vista entre las miles de luces en el horizonte, es alucinante ver el tamaño de la gran metrópolis que es Tokyo toda iluminada 🙂 Tras dar la vuelta entera al 1r mirador, tomamos el ascensor que nos lleva al segundo nivel.

Estamos muy altos y se nota en nuestros oídos, los tenemos taponados aquí arriba pero no importa ya que las vistas desde aquí son ¡¡aún mejores!! ¡¡Es impresionante lo grandiosa que se ve la ciudad!!

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Tras ver los 360º de Tokyo desde lo más alto, bajamos de nuevo al primer nivel. Vemos que hay unos cristales macizos en el suelo por dónde se ve la calle, la base de la torre y la gente que hay allí abajo. Ponemos nuestros pies encima del cristal y echo una foto… mientras algunos de los que nos rodean gritan un “¡aaah!” Parece ser que no se fían mucho de la resistencia de ese cristal ¬¬’

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Bajamos de nuevo y desandamos nuestros pasos hasta la estación JR de Hamamatshucho de nuevo. Nos fijamos en que aquí reparan las calles y hacen las obras necesarias de noche, cuando entorpecen menos al tráfico, aunque no sé qué opinaran los tokyotas que intentan dormir… Pasamos por unas calles un tanto oscuras y apenas transitadas, como buenos españoles desconfiamos un poco de ir por allí, tanta oscuridad nos genera cierta inquietud no nos vaya a salir alguien con malas intenciones…, pero cuando vemos que un hombre con un maletín que debe venir de trabajar se mete en el cementerio que junto al templo Zojoji totalmente a oscuras para cruzarlo hacia alguna calle que debe haber al otro lado, alucinamos de lo lindo. ¡Éstas cosas solo se pueden hacer en Japón! En cualquier otro lugar del mundo ya nos hubieran atracado. Tras ese momento, nos damos realmente cuenta de lo seguro que es este país. Una vez de vuelta veríamos en varias lugares que Japón es el país con menos tasa de delincuencia del mundo.

Llegamos a la estación y cogemos un tren de la JR Yamantoe hasta la estación de Shibuya. Una vez en nuestro barrio tokyota, caminamos los 5-10 minutos que nos separan del hotel y nos vamos a descansar.  Hoy ha sido un día ajetreado y ya toca descansar… mañana más Tokyo 😉

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