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13/10/13: de Harajuku a Odaiba en busca de Cosplays

Día 17: conocemos algunos “clásicos” en la capital nipona y dedicamos el resto del día a las compras y el ocio…

Hoy es domingo y ¿¡a dónde se va los domingos en Tokyo?! ¡¡A Harajuku!! Aplauso Nos levantamos con la calma, desayunamos y nos ponemos en marcha. JR Yamanote hasta Harajuku y conforme nos vamos acercando a nuestro destino el tren se va llenando más y más hasta que ya no cabe ni un alfiler… en Harajuku bajamos toda la marabunta, creo que el vagón ha subido medio metro al bajar todo el mundo 😛

Nos dirigimos en primer lugar al santuario de Meiji Jingu, de entrada gratuita, es uno de los más populares en Japón y de los más importantes de Tokyo. Dedicado a los espíritus deificados del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. La construcción del santuario finalizó en 1920, ocho años después de la muerte del emperador y seis después de la muerte de la emperatriz. El santuario fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido poco después. El Emperador Meiji fue el primer emperador del Japón moderno, nació en 1852 y ascendió al trono en 1867, en el pico de la Restauración Meiji, cuando la era feudal llegó a su fin y el emperador fue restablecido en el poder. Durante el período Meiji, Japón se fue modernizando y occidentalizando para abrirse a las principales potencias mundiales. Falleció en 1912.

Y tras un poco de historia, continuo con el relato 🙂 Cruzamos una gran torii de piedra y en seguida encontramos algunos toneletes de sake ofrecidos por los fieles, así como unos barriles de madera repletos de arroz.

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Seguimos paseando por un camino empedrado y rodeado de un frondoso bosque. Tanto el Meiji Shrine como el adyacente parque Yoyogi constituyen una gran zona boscosa dentro de la ciudad. Vemos las indicaciones para el jardín privado y la casa del tesoro pero no los visitamos… nos llama la atención la cantidad de niños y niñas vestidos con trajes tradicionales, así como el montón de familias que llevan a sus bebés para “bautizarlos”. Me encanta esa mezcla de modernidad y tradición que tiene la cultura japonesa 🙂

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Al llegar a las puertas del santuario vemos un montón de turistas en modo paparazzi… y es que hay una boda tradicional sintoísta. Ei pues yo no voy a ser menos Mr. Green Algunas invitadas llevan kimonos realmente bonitos, otras van con vestidos de fiesta como los nuestros, eso sí todos elegantísimos/as. Me acuerdo del capítulo de Callejeros Viajeros que mostraban bodas japonesas y de los costes que conllevan, mucho más elevados a los que nos gastamos aquí.

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Los novios y la comitiva nupcial entran al interior del edificio principal y cierran las puertas, así que nos quedamos sin poder visitarlo. Vemos el resto de edificios y los patios que los rodean y disfrutamos de los pequeños detalles…

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Tras un ratito aquí, desandamos nuestros pasos hasta la entrada principal junto al puente de Harajuku y entramos al parque Yoyogui a ver si hay suerte y encontramos algún cosplay y/o rockabilly que en el anterior viaje no hubo manera 😛 Nos compramos unos helados y nos sentamos en un banquito a descansar. Hay grupos de chicos y chicas que ensayan bailes musicales y obras de teatro, algún personaje disfrazado… pero poca cosa. ¡Vaya chasco! Es la segunda vez que vamos al Yoyogui en su busca y nos quedamos con las ganas. Así que con el intento frustrado 2, nos vamos hacia Takeshita Dori. Algo en el cielo nos llama la atención: ¡es un mini zeppeling!

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Esta calle estrecha y de unos 400m de largo, está llena de tiendas y cafeterías dirigidas a los adolescentes, se dice de ella que es un símbolo de Harajuku y el lugar de nacimiento de muchas de las tendencias de la moda tokyota. Ya desde el principio de la calle vemos que está abarrotada, se hace difícil poder andar por ella… entramos en algunas tiendas de juguetes en busca de mi peluche de Doraemon pero no hay suerte… desde luego, si te gusta ese estilo de ropa puedes encontrar ¡verdaderas gangas!

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Tras recorrer la calle, nos dirigimos a Omotesando. Esta arbolada avenida de 1km de largo es conocida como los Campos Eliseos de Tokyo ya que cuenta con tiendas de grandes marcas y restaurantes y hoteles de alto standing. Aquí tenemos dos objetivos, entrar al Kiddy Land y al Oriental Bazar para hacer algunas compras.

En el Kiddy no acabamos de encontrar nada que nos guste y no tienen Doraemons… pero en el Bazar ¡arrasamos! Es una de las tiendas de souvenirs más grandes de Tokyo y puedes encontrar de todo en ella, la mayoría de cosas a un precio muy asequible. Compramos un juego de té, unos posa-palillos, un par de marca-páginas, unos posa-vasos de bambú, unas esterillas individuales y dos maceteros con semillas de bonsái de sakura y de arce, ¡todo por 4 duros, digo yens! Me llevo el hanami y el momiji a casa Heart

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Al salir, topamos con el colegio oficial de enfermería de Tokyo y deformación profesional… pero me hace ilusión 😀 foto de recuerdo y para enviársela a mis compis Mr. Green

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Como vamos cargados, decidimos volver al hotel a dejar las compras. Así que cogemos la JR de nuevo hasta Shimbashi y descargamos. Aprovechamos que es la hora de comer para entrar al centro comercial que hay junto al hotel, el Caretta. Nos decidimos por un restaurante de tonkatsu, en el que por unos 2500¥ los dos, ¡comemos hasta reventar! -literalmente- unos menús de sopa con bol de tonkatsu con col y arroz y té de cebada caliente gratuito para beber.

Aprovechando que estamos en el triángulo JR-metro-Yurikamome, nos dirigimos hacia la estación del Yurikamome para ir a Odaiba, ¡otro de nuestros barrios favoritos en Tokyo! Nos bajamos en la parada que hay junto al Venus Fort (trayecto 360¥ pp). Ya de camino hemos visto que hay como una exposición de coches de rally, así que luego iremos a echar un vistazo.

Entramos en el centro comercial Venus Fort, la otra vez sólo lo vimos por fuera, y nos quedamos flipados con ese techo falso pero que parece ¡¡¡muy muy real!!!

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Damos un paseo y ¡vaya flipe de sitio! De nuevo nuestro lema del viaje sale de nuestras bocas: ¡¡“es muy friki pero mola” jaja!! Es como si emularan una ciudad italiana, con sus suelos de adoquines, su fuente y hasta con iglesia ¬¬’

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Cogemos un mapa del lugar ya que es enorme y nos dirigimos hacia la exposición de coches antiguos que hay con entrada gratuita. Menudos coches tienen aquí…

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Pero mi marido ya lo flipa del todo cuando vemos que hay un ¡¡¡DeLorean!!! La carrocería es de acero como el de la película y está muy bien conservado… solo se fabricaron unos 8000 en todo el mundo, así que ver uno es todo un lujo.

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Después de hacerle mil fotos desde todos los ángulos, seguimos viendo el resto de exposición. Me hace gracia ver un Mazda Carol, éste es tocayo mío Sacando la lengua También tienen una exposición de maquetas de coches y motos, así como información sobre la historia del motor japonés. Antes de salir, de nuevo nos acercamos al DeLorean, mi marido disfrutó como un niño Mr. Green

Miramos algunas tiendas y entramos a todas las jugueterías pero sigo sin encontrar el peluche de Doraemon… empiezo a pensar que lo han retirado del mercado hasta que se acerquen las olimpiadas del 2020…

Cambiamos de edificio y vemos de pasada la exposición gratuita de Toyota, no hacemos demasiado hincapié puesto que ya estuvimos aquí en el primer viaje. Cruzamos hacia el Leisureland y entramos. Es una sala de recreativos enorme y tiene algunas “atracciones” al estilo del Joypolis, vemos que hay una que es un castillo ninja, nos acercamos con intención de entrar pero todos los carteles están en japonés… preguntamos a uno de los empleados y como puede nos dice que no está en inglés… así que nos quedamos con las ganas… Pero nos damos un masajito de pies por 200¥ cada uno en las máquinas que ya probamos en el primer viaje, ¡nos sabe a gloria!

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En la sala hay un montón de rockabillies y de cosplay… ¡Ah, ¿así que están aquí?! Al salir del Leisureland, miramos los precios para subir a la noria pero vemos que ¡¡hay una cola de 1h!!, así que pasamos de largo.

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En los jardines que rodean el centro comercial vemos que hay un montón de grupos de cosplays por lo que llegamos a la conclusión que se han movido de barrio… supongo que en Harajuku se debían sentir un poco “observados” por los guiris y buscan aquí su rinconcito.

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Vamos dando un paseo hasta el Divercity, otro gran complejo de ocio, con tiendas y restaurantes y… ¡¡¡su Gundam escala 1:1!!! ¡Alucina! Está rodeado de gente echando fotos y “midiéndose” con él… pero vaya que los más altos apenas éramos como sus pies de altos o_O’

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Antes de entrar al centro por eso, nos acercamos a una exposición de coches de rally que hay al lado y vemos que también hay pistas dónde hacen derrapes y alguna carrera de karts.

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Y ahora si, entramos al centro. Nos miramos las tiendas, vemos algunas de las marcas habituales que tenemos por aquí y como no, entro a todas las jugueterías que pillo en busca de un peluche de Doraemon, de nuevo intento fallido… Entramos a la tienda Kitty que hay y me enamoro al instante de un gorrito de punto, y eso que yo no soy de Kitty… así que a la saca para mi “sobrina” postiza recién nacida y que conoceré cuando volvamos a casa… uff qué poquito queda para la vuelta, ¡madre mía! Chocado

Tras la compra, nos tomamos un cafelillo de verdad en un Starbucks y salimos hacia las playas que hay en la bahía con intención de ver el atardecer desde allí. Pasamos por delante del Joypolis y estamos más que tentados de volver a entrar, pero decidimos no hacerlo porqué si no nos pueden dar las uvas allí ¡jajaja! ¡¡¡¡Odaiba es el distrito del vicio!!!! Avergonzado Mr. Green

Llegamos a la bahía y nos sentamos junto a una de sus playas para ver cómo cae el sol sobre la bahía de Tokyo, con el Rainbow Bridge, la Tokyo Tower y el Skytree sobresaliendo del skyline de la ciudad.

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Es bonito ver cómo va cayendo el sol. Mientras en la playa algunos juegan a béisbol, unas chicas intentan hacerse una foto saltando, otros pasean de la mano… y nosotros pensamos en lo lejos que estamos de casa en estos momentos, de lo mucho que hemos disfrutado de Japón en estos 18 días.

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Cuando empieza a anochecer, decidimos volver pero antes echamos un vistazo al ToysR’us por si por un casual hubiera un Doraemon para mi… pero tampoco… ¡qué mala suerte! ¿Cómo puede ser que no haya ni uno solo? Ojos que se mueven Vemos de nuevo a la Estatua de la Libertad nipona que está junto a la tienda y con la sede de la televisión japonesa de fondo 🙂

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Tras las últimas fotos, cogemos de nuevo la línea Yurikamome y volvemos a la estación de Shiodome (360¥ pp). Una vez allí decidimos coger el metro Asakusa Line e ir a echar unas fotos nocturnas del Senso-ji. Así que en pocos minutos estamos frente al santuario… ¡wow qué recuerdos del primer viaje otra vez! Lástima que la gran lámpara de papel está cubierta por una lona, pero por suerte ya la vimos en el 1r viaje Muy feliz

Entramos al recinto y miro por las tiendas que venden peluchitos a ver si encuentro un Doraemon… veo uno en un escaparate pero ya han cerrado el puesto, ¡no me lo puedo creer!

Seguimos recorriendo la calle comercial hasta el santuario. Si ya nos gustó a la luz del sol en su día, visto de noche con todos los edificios y la pagoda iluminados ¡nos gusta más! Además no hay mucha gente a éstas horas por lo que podemos echar unas fotos sin agobios y disfrutar del lugar tranquilamente.

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Y tras la visita, volvemos al metro, línea Asakusa hasta Shiodome de nuevo. Estamos verdaderamente cansados, menudo tute nos hemos pegado hoy… así que para no romper con las costumbres, compramos cena en el Family Mart y nos vamos al hotel a descansar que ya toca… sleep

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11/10/13: Bosques, cascadas, lagos y templos pintorescos en Nikko

Día 15: descubrimos un Japón diferente en Nikko

Hoy toca hacer una excursión que nos quedó pendiente en el primer viaje, Nikko. Como sabéis, fuimos a Japón por primera vez dos meses después del tsunami de 2011, realmente podríamos haber ido a Nikko pero para tranquilidad de los nuestros evitamos “acercarnos” a Fukushima, así que quedó pendiente para la siguiente ocasión. Y ahora llegaba el momento Heart

Nos levantamos bien temprano, desayunamos en el hotel y salimos hacia la JR Tokyo (tan solo tardamos 4 minutos desde JR Shimbashi) dónde a las 8,08h cogeremos el shinkansen hacia Utsunomiya. Es nuestro último día de Japan Rail Pass y ¡hay que aprovecharlo! Riendo

Decidimos no reservar los billetes para el día de hoy, ya que no sabíamos exactamente el rato que pasaríamos en Nikko. Mientras esperamos que arranque el tren, vemos en las pantallas que éste tiene parada en Fukushima, así que grabo un vídeo para enviárselo a un compi del trabajo que me ha dado mucho la brasa (otra vez) con el tema de la radiación. Doblemente malvado Mr. Green

El trayecto dura unos 50 minutos. Al llegar a Utsunomiya, cambiamos cogemos un tren local de la línea JR Nikko Line. Es un tren viejuno y ya suponemos que pasará por una vía del estilo a las de Takayama al tratarse de una zona montañosa. En 42 minutos de “shin-borreguero” -como bautizó mi marido a estos trenes- llegamos a Nikko.

Nikko (日光): A dos horas en tren de Tokyo, es al mismo tiempo una maravilla de belleza natural y un importante emplazamiento de obras maestras arquitectónicas de Japón. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999. La mayoría de los edificios de los santuarios, así como numerosos elementos, han sido catalogados como Tesoros Nacionales o valioso patrimonio cultural.

Son las 9,54h y sé por la info que saqué del foro Los Viajeros que a las 10,01h sale un bus hacia las cascadas… queremos empezar la ruta de hoy por esa zona así que a paso ligero vamos de la JR Nikko a la Tobu Nikko, compramos los pases del bus (2000¥ pp -el pase de dos días-) y con ciertos problemas por lo mal indicado que está, conseguimos dar con el bus que sube hacia el lago y las cascadas ¡in extremis! Aunque son solo 15km de trayecto, es una carretera de montaña con unas pendientes y unas curvas por las que cuesta creer que los buses vayan por ahí… así que se convierte en un paseo de 50 minutos.

El bus nos deja en la terminal de bus de la zona norte de Nikko y en menos de 5 minutos estamos junto a la cascada Kegon (Kegon no Taki). Con casi 100m de altura es una de las tres cascadas más bellas de Japón y la más bonita de esta zona. Es la única vía de escape de las aguas del lago Chuzenji. Vamos hacia la plataforma de observación gratuita y nos maravillamos con las vistas! Heart Aunque ayer ya vimos otras cascadas en los lagos del Fuji, ésta nos gusta mucho. Estamos a unos cuantos metros de distancia y aún así nos llega el agua que salpica al caer. Están rodeadas de unos precipicios preciosos y de un bonito bosque entre las montañas.

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Decidimos pagar para coger el ascensor (530¥ pp) para observarlas casi en su base. Aquí hace más frío que arriba, queda a la sombra y junto a la humedad del lugar necesitamos echar mano a las sudaderas. Las vistas desde aquí son aún más impresionantes.

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Tras un buen rato de disfrutar de las vistas, de echar unas cuantas fotos y vídeos estrenando mi cámara nueva 🙂 cogemos de nuevo el ascensor para volver arriba. Nos compramos unas bebidas en las máquinas que hay y luego vamos hacia el lago en un corto paseo de unos 10 minutos. Junto a él vemos una gran torii de madera, muy similar a la de Kyoto.

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Según íbamos subiendo con el bus, vimos que la niebla se iba dispersando y aquí aún queda algo de ella, aunque luce el sol. Se nota que estamos en zona montañosa y a una cierta altura porque hoy no nos sobran para nada las sudaderas…

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El lago Chuzenji (Chuzen-ji-ko) es un pintoresco lago en medio de las montañas al norte de la ciudad de Nikko. Se encuentra a los pies del Monte Nantai, el volcán sagrado de Nikko, cuya erupción bloqueó el valle, creando así el lago hace unos 20.000 años. Se encuentra a 1269m de altura sobre el nivel del mar.

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Vemos que hay barquitos con forma de cisne para dar un paseo por él, varios restaurantes y hoteles en su orilla y aunque sabemos que al otro extremo se encuentra el templo Chuzenji, no conseguimos distinguirlo a través de la niebla. Es tentador quedarse en esta zona y verla con calma, pero ambos tenemos dolor de cabeza (supongo que por la altitud), así que decimos volver a la estación de buses y coger el siguiente autobús que baja hacia el centro de Nikko. Son las 12,15h y tenemos unos 45 minutos de bajada. De nuevo nos impresiona sobremanera la carretera de Dios por la que pasa el bus.

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Decidimos bajar en la parada de Nishisando con intención de ver el abismo. Pero antes hacemos un alto para comer. Aunque muchos en el foro recomiendan un restaurante de lo más pintoresco en Nikko, estamos lejos de él, así que nos decidimos por un pequeño restaurante-tienda de encurtidos cerca de la parada. La señora que lo lleva no habla ni papa de inglés pero con las fotos de la carta y señas nos entendemos a la perfección. Comemos un riquísimo bol de ramen con un buen té (unos 2000¥ los dos) que nos va de perlas para entrar en calor.

Y ahora si, a eso de las 14h y con la tripa llena, vamos hacia el abismo de Kanmagafuchi. Según la guía hay un paseo de 10-15 minutos a pie, aunque a mi me pareció algo más. Formado por una erupción del cercano Monte Nantai, este pequeño barranco cerca del centro de Nikko tiene un agradable sendero para caminar junto al río ofreciendo un paisaje precioso. También conocido por su fila de cerca de 70 estatuas de piedra de Jizo, un Bodhisattva que cuida de los niños fallecidos y de los viajeros.

Ya sabíamos por comentarios del foro y fotos que habíamos visto que lo de “abismo” le queda un poco grande… y aún así, una vez allí nos echamos unas buenas risas con el tema Mr. Green Mr. Green Desde luego si vas con la mentalidad de ver un abismo como tal, quítatelo de la cabeza. Eso si, me pareció un lugar fascinante. A un lado, encuentras la hilera de Jizo cubiertos de musgo, al otro el pequeño barranco por dónde baja el agua que proviene del Chuzenji, con una gran fuerza formando grandes remolinos en el agua y puliendo las grandes rocas que lo bordean. Im-presionante, de verdad. Y como vale más una imagen que mil palabras, ahí os dejo algunas instantáneas. Heart

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Tras un buen rato allí y después de tomarnos un café calentito de una de las máquinas que había en la zona, seguimos con la ruta. Cuando planeamos la excursión de hoy pensábamos ver los principales templos de la zona pero en verano decidieron quitar el pase que incluía la entrada conjunta a todos ellos y cobrar por separado cada templo, haciendo que subiera el precio…, luego además cubrieron el Rinnoji para restaurarlo y además pensamos en que ya llevaríamos un par de semanas por Japón recorriendo templos y que posiblemente estaríamos empachados, así que decidimos descartar templos y quedarnos solo con el Toshogu, uno de los más importantes. Y ahí es a dónde nos dirigimos. Tras unos 30minutos andando llegamos a la zona de los templos. Enfilamos unas escaleras de piedra que llevan hasta el Rinnoji y el Toshogu y nos adentramos en el bonito bosque que los rodea.

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En primer lugar pasamos junto al Rinnoji, el templo más importante de Nikko. Fue fundado en 766 por el monje Shodo Shonin quien introdujo el budismo en Nikko en el s. VIII. El templo está totalmente cubierto por lonas ya que están en obras de restauración, así que echamos unas fotos al Gomado Hall, el único edificio que queda descubierto y seguimos.

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Llegamos hasta la gran torii de piedra que marca la entrada al Santuario Toshogu, considerado como la principal atracción de Nikko. Construido en 1636, se trata del mausoleo de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa que gobernó Japón durante más de 250 años (hasta 1868), y dedicado a los espíritus de Ieyasu y a otras dos personalidades históricas más influyentes de Japón: Toyotomi Hideyoshi y Minamoto Yoritomo.

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Nada más cruzar la gran torii uno ya es consciente de que este complejo de templos es algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Japón, y aunque no es exclusivo de esta región será lo único de esta arquitectura que verás en un viaje “tradicional” a Japón. El santuario está formado por más de una docena de edificios sintoístas y budistas y están envueltos por un bonito bosque. Destacan sin duda la gran variedad de colores así como los elaborados gravados de cada uno de los edificios.

Junto a la torii hay una gran pagoda de cinco pisos en un llamativo color rojo que destaca entre el verdor del bosque. ¡Increíble!

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Avanzamos hasta la taquilla dónde compramos el ticket que incluye la entrada a todos los edificios del santuario (1300¥ pp). No entraré en detalle en relatar cada edificio que visitamos aquí, pero si mencionar que si os gusta la naturaleza no os podéis perder la visita a este lugar.

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Del santuario destacan tres cosas como “más importantes”, la primera es el templo que contiene los grabados de los tres monos de la sabiduría (conocidos popularmente por los monos del WhatsApp) que enseñan el tradicional “ver, oír y callar” al modo nipón, en este punto había un montón de escolares recibiendo las explicaciones por parte de sus maestros Muy feliz

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Por otro lado tenemos la sala del “Rugido del Dragón“. No hablaré demasiado de ello porqué me pareció una turistada al 200%, quizá si se esforzaran por dar las explicaciones previas al “rugido” me gustaría más… Y por último, la escultura del Gato Durmiente… ¡que aquí ya me mataron! Se trata de un ascenso por unas empinadas escaleras de piedra -y no corto precisamente- para ver una estupa que se supone contiene al dichoso gato… si me lo cuentan antes, teniendo en cuenta el estado de mi espalda, no subo… ¡¡estuve a punto de hacerme el harakiri!! Avisados quedáis, futuros viajeros Mr. Green

Y aunque leyendo mi último párrafo pueda parecer una chorrada ir a este santuario, ¡para nada! Los edificios son súper bonitos, algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver y con un entorno natural fantástico, solo por eso ya merece la pena la visita. Eso si, no os dejéis engatusar, sobretodo por ¡lo del gato! Sacando la lengua

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Algunos edificios estaban cubiertos de andamios por obras de restauración pero pudimos ver la gran mayoría sin problemas. Tras la visita y a punto del cierre del templo, decidimos seguir con la ruta. Antes por eso, compramos unos souvenirs, algunos a los mismos monjes del templo y otros, en las tiendecitas que hay fuera del recinto del Toshogu, cómo no… de monitos va la cosa Riendo

 

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Y para terminar la ruta de hoy, nos dirigimos al Puente sagrado Shinkyo, totalmente lacado en rojo forma un gracioso arco sobre el río Daiya. La leyenda cuenta que el ermitaño que dio origen a Nikko atravesó el río a lomos de dos serpientes, representadas hoy en día por los brazos del puente. En la época feudal, sólo el emperador tenía derecho a cruzarlo y lleva hasta un parque de 16.000 cedros situado cerca del Toshogu, aunque técnicamente pertenece al Santuario Futarasan. El puente está considerado como uno de los tres mejores puentes de Japón y fue construido en 1636. Hoy en día también se puede cruzar pero hay que pagar por ello y lleva hasta un pequeño templo que hay a la otra orilla del templo.

Me dispongo a echar unas fotos cuando notamos que el puente dónde estamos y que queda frente a al Shinkyo empieza a temblar. En un principio pensamos que es porqué está pasando un camión, pero el temblor continua… así que nos apartamos unos metros del puente y esperamos a que pase, vaya sitio de cogernos un terremoto ¡¿eh?! Tan sólo dura unos segundos más y ahora si, volvemos al puente para echar las instantáneas del Shinkyo.

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A estas alturas del día estamos bien cansados y aunque hay solo unos 30 minutos a pie hasta la estación JR, decidimos esperar al siguiente bus aprovechando que tenemos el pase. En pocos minutos llega y en un momento estamos en la estación de trenes de la Tobu. De ahí, caminamos hacia a la estación JR Nikko (están una junto a la otra) y miramos los horarios para volver a Utsunomiya… aún faltan unos 30 minutos para el siguiente tren, así que nos tomamos un refresco de las máquinas y esperamos.

Tomamos el tren que conforme se acerca la hora de partir se va llenando y en unos 45 minutos volvemos a estar en JR Utsunomiya. Como no llevamos los billetes reservados, vamos hacia la zona de “no reservado” del andén y nos toca hacer una buena cola… aquí ya vemos que el shinkansen a Tokyo va a ir a petar… y efectivamente, nos toca ir de pie una buena parte del trayecto Ojos que se mueven

Y aquí me pasa algo curioso y que me desmonta bastante la visión de gente amable que tengo de los japoneses… ya me llama la atención que habiendo mujeres de pie y hombres sentados, ninguno sea capaz de levantar el culo y ceder el asiento y eso que había algunas señoras ¡muy mayores! Ojos que se mueven Cuando llegamos a la parada de Omiya, el señor que está sentado junto a mi (yo de pie en el pasillo) se levanta para bajar y un hombre -más o menos de mi edad- intenta quitarme el sitio, estando yo prácticamente sentada ya… y con muy mala cara me dice “¡gaijin!” (es la forma despectiva de llamar a un extranjero en japonés) Malvado o muy loco Os juro que le pegué una mirada de mala hostia española que se giró de golpe y me dejó quedarme sentada Pelea Pelea No me comporto nunca así, pero me sentó fatal su reacción de empujarme para levantarme y su “insulto” porque además yo me encontraba fatal… ¡uff! que mala leche me entró Avergonzado eso si, me senté que ya lo necesitaba, tremendo dolor de espalda llevaba ya… a la siguiente parada se bajó el señor que estaba sentado a mi lado, y ya se pudo sentar mi marido conmigo, el otro hombre no hizo ni amago Mr. Green

Al llegar a Tokyo, ya no tenemos fuerzas para nada… con lo cansados que íbamos, solo nos faltaba tener que viajar casi todo el trayecto a pie (vaya último trayecto en Shinkansen Sacando la lengua ), así que decidimos coger la JR Yamanote hasta Shimbashi, comprar cena en un Family Mart que hay cerca del hotel e irnos a descansar. Nos pica la curiosidad por saber si el temblor que notamos en el puente era un terremoto de verdad… buscamos por internet y afirmativo, se trataba de un terremoto de 6 y pico con epicentro cerca de Utsunomiya.

Éste ha sido nuestro último día de excursiones y nos quedan por delante tres días para disfrutar al máximo Tokyo antes de partir… ¡tan solo nos quedan unos días por Japón! Confundido Chocado

Antes de dormir, pasamos un ratito viendo los trenes (Shinkansen, monorail y locales) que pasan frente a nuestra ventana.

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Y ahora si, ¡buenas noches! sleep

10/10/13: Fuji-Go-Ko, su belleza, sus leyendas y sus misterios…

Día 14: descubrimos la falda del Monte Fuji y pasamos uno de los mejores días en tierras niponas.

Hoy es un día muy esperado en nuestra ruta por tierras niponas ya que tenemos reservada la excursión a los lagos del Fuji con Augusto de rutafujitours.tk/ y nos hace especial ilusión. En nuestro primer viaje nos decantamos por visitar Hakone desde dónde se dejó ver por unos minutos el monte más importante de Japón y en esta ocasión, decidimos visitar el Fuji de más cerca.

Así que tal y como nos indicó Augusto en sus mails, nos levantamos bien temprano para tomar el Shinkansen Kodama que sale de la estación JR Tokyo y que llega a la estación JR Shin-Fuji (Shizuoka) a las 9,07h. Ya llegando a Shin-Fuji, el monte se ve bien despejado desde el tren, ¡¡qué ilusión!! Aplauso

Como os comenté, teníamos planeada esta excursión para otro día pero Augusto nos contactó para cambiarla de día ya que para se preveía mal tiempo en la zona. Y llegar y ver que hace un sol espléndido y que el cielo está despejado y se ve perfectamente el monte nos encantó 🙂

Al llegar a la estación, en seguida damos con Augusto, nos saludamos y nos presenta a la otra pareja con quien compartiremos la excursión, son un matrimonio español  afincados en México. Salimos a la calle y nos montamos en su monovolumen para ir hacia la primera parada.

NOTA IMPORTANTE: los que tengáis previsto hacer esta excursión con Augusto y queráis mantener (como hicimos nosotros) la sorpresa de descubrir in situ los lugares a los que te lleva, no sigáis leyendo y pasad directos a la próxima etapa del viaje.

Mientras nos dirigimos al primer punto de la ruta, vamos hablando un poco de todo y nos vamos conociendo. En este momento ya puedo decir que estamos totalmente satisfechos de habernos decidido a hacer la ruta con él… poder compartir experiencias niponas y aprender más sobre Japón y los japoneses con alguien que lleva viviendo más de 25 años en el país es genial. Para la otra pareja este es su primer viaje a Japón y la primera vez que ven el Fuji, van un poco a su rollo pero son majos.

La primera parada es el Santuario Fujinomiya Sengen Taisha, comúnmente conocido por Santuario del Fuji. Sus terrenos llegan hasta la 8ª estación en el ascenso al Fuji así que se considera la puerta sagrada de entrada al Fuji y es el santuario al que los peregrinos van a rezar por un buen ascenso al monte.

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Tanto el agua de la fuente de purificación como la del gran estanque que hay junto al santuario es agua de un manantial que proviene del interior del Fuji, dicen que tarda 10 años en filtrarse a través de él desde la cima hasta el estanque que hay junto al templo. Por tanto, aunque dejara de llover durante 10 años, emanaría agua de él. Augusto nos dice que podemos beber de ella y así purificarnos. Hace mucho calor y humedad, y el agua está fresquita, ¡nos parece riquísima!

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Junto al estanque, encontramos a un grupo de cámaras que van grabando a un chico joven. Se trata de un mago conocido en Japón y que tiene un show televisivo que está grabando un reportaje sobre el santuario para promover el turismo a la zona.

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Es increíble lo transparente que es el agua del manantial Wakutama Ike y la cantidad de litros de agua que hay.

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Desde aquí hay una buena vista del Fuji…

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Salimos del santuario y vemos un aparcamiento que hay en los terrenos de éste, Augusto nos comenta que aquí traen los vehículos nuevos para que los sacerdotes del santuario se los bendigan.

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Cogemos de nuevo el coche y vamos hacia las cascadas de Shiraito y las de Otodome. Son dos cascadas muy próximas al santuario y que se encuentran junto a un mercado de encurtidos, tisanas, artesanos… dónde nos dan a probar un rico té verde en uno de los puestos dónde Agusto conoce al dueño.

Las cascadas de Shiraito o del velo de la novia, cuentan con una altura de 30m y una extensión de 200m y deben su nombre a que da la impresión de estar hechas por hilos de seda.

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La Catarata de Otodome debe su nombre a que en este lugar se usaba para amenazar o algo más… ya que el gran ruido que hace el agua al caer tapaa cualquier otro sonido. Es asombroso la cantidad de agua que emana…

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De nuevo volvemos al coche y nos adentramos a las faldas del Fuji. Augusto nos explica cómo un peruano de abuelo japonés acabó en el país del sol naciente así como las dificultades con las que se encontró al llegar, la más importante: el idioma. Circulamos por una carretera estrecha como las típicas de montaña, con pendientes y curvas cerradas. Llegado a un punto Augusto nos explica que hay cámaras que graban las matrículas de los coches que entran y salen de esta zona. El motivo es que nos adentramos en los terrenos de Aokigahara Jyukai el “mar de árboles”, más conocido como el bosque de los suicidas. Confundido

Si, si… ¡como lees! Este bosque de más de 3000 hectáreas de extensión, es el lugar escogido por muchas personas cada año para poner fin a su vida. Se trata de un bosque que nació sobre la lava de la erupción del año 854 en el que apenas hay fauna, convirtiéndose en un lugar muy tranquilo. Además, su densa vegetación hace que entre poca luz solar y que sea fácil perderse en él. Cabe decir que en Japón, los familiares de los suicidas deben asumir los costes que puedan ocasionar con este acto (por ejemplo, si uno se tira al tren, su familia debe pagar los costes de limpieza, reparación e indemnización a los afectados) así que muchos son los que escogen este lugar alejado y “gratuito” para acabar con su vida, ya sea ahorcados, por sobredosis de fármacos o drogas, o inanición. Desde la década de los 70, cada año se hacen batidas organizadas por agentes forestales, ejército y voluntarios para limpiar el bosque de cadáveres y hasta hace unos años se publicaban las cifras de los cuerpos recuperados (varias decenas e incluso llegando a los 100 y pico/año) pero ya hace un tiempo que no se publican en un intento de no llamar la atención ni crear publicidad sobre ello, aunque hay varios libros que hablan del bosque e incluso alguna peli.

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La historia de este bosque con ese fin se remonta al Japón feudal en el S. XIX, cuando la gente de la zona abandonaba allí a los niños y/o ancianos que no podían mantener en épocas de hambruna y epidemias. Aunque ya habíamos leído algo al respecto, encontrarnos en este lugar y conocer a fondo su historia, impresiona de verdad. Mientras seguimos circulando hacia el siguiente punto del tour, Augusto nos va explicando todo esto. Le pregunto qué ocurre si ves a alguien que se adentra en el bosque y nos dice que en ese caso, pararía e intentaría convencer a la persona para que no lo haga y si éste entrara igualmente, llamaría a los forestales para que tengan constancia de que alguien se ha adentrado, aunque por lo visto, si alguien sospecha que un familiar o amigo puede haber ido allí, puedes llamar a los forestales y ellos miran en las cámaras si su coche está en la zona o se le ha visto entrar en algún punto, pero es la familia quien debe ir a buscarlo al bosque, ellos no entran a por él… pero la cosa está en que no solo se puede acceder en coche a él, también puedes ir en bus o incluso andando… así que es difícil de controlar la entrada de gente, ¡espeluznante! En algunos puntos vemos cintas de colores atadas a la valla que rodea al bosque o en árboles, Augusto nos explica que esas marcas las dejan los indecisos, por si luego se lo piensan que sepan salir del bosque… pero ver tantas cintas, algunas descoloridas e incluso cubiertas de musgo te dice que esa persona no se lo replanteó y yace en el bosque… ¡uff! 😦

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Llegamos a un aparcamiento, bajamos del coche y Augusto nos acompaña un trozo hacia un sendero que entra al bosque, pero nos dice que debemos seguir el camino y las indicaciones hacia la caverna de hielo pero que no nos acompaña si no que irá con el coche hacia la caverna, dónde nos esperará para ganar tiempo y no tener que desandar lo andado para volver al coche. Nos recomienda coger un jersey/chaqueta ya que en el bosque suele hacer más fresco. El recorrido son unos 30 minutos y si lo hacemos así ganamos media hora para ver más cosas… dice que es seguro si seguimos el camino y que estemos tranquilos que si en 40 minutos no hemos salido llamará a los forestales 😀 Tendríais que haber visto la cara de la otra pareja… yo creo que se les pusieron por corbata en cuanto oyeron “no os acompaño” 😛 nos despedimos de él y nos adentramos en el sendero. Perdonad pero muchas fotos se ven algo borrosas, luego explico el porqué.

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Es curioso pasear por este lugar… por un lado es un bosque muy bonito, con un intenso verdor, cubierto de musgo y con el terreno de piedra volcánica, pero por otro lado ves esas cintas de colores y piensas a lo que mucha gente va a allí y da mal rollo… Nosotros vamos paseando tranquilamente, viendo el paisaje cada uno sumido en sus propios pensamientos, confiamos en que si Augusto nos deja ir solos por aquí es que este tramo es seguro y no tiene pérdida, pero la otra pareja va con el turbo y nos dejan atrás continuamente, no tengo tiempo ni de parar a hacer fotos, así que prácticamente todas salen desenfocadas… ¡Sorry!

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Reina un silencio increíble entre nosotros. Inconscientemente miras a todos lados como “buscando” y es fácil confundir las ramas y huecos bajo los árboles con otras “cosas”. Apenas hay luz, las ramas de unos árboles se abrazan con otros. Hace fresco. No se oyen animales ni el cantar de los pájaros, solo silencio… y los otros ¡venga a correr! Mi marido y yo nos damos la mano y seguimos con el camino… sigues pensando en lo triste del lugar pero el entorno tan bonito que es… Miras unos metros más allá del camino y ves lo frondoso y espeso que se vuelve el bosque y piensas, si entro ahí me pierdo ¡seguro!

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En unos 20 minutos llegamos al final del sendero, dónde nos espera Augusto y la otra pareja que casi iban a la carrera, junto a un cartel que dice “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo” y un teléfono de ayuda psicológica.

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Nos sorprende el cartel ya que la mayoría de los suicidios en Japón son en gente de entre 16 y 30 años, y muchos lo hacen por la presión social que sienten por parte de sus mayores. Vemos que hay un camino que entra al bosque, cerrado por una cuerda. Augusto nos propone caminar unos metros por él para que veamos lo frondoso que se vuelve el bosque en un momento.

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Tras el impacto de este lugar, nos lleva a la Caverna de hielo de Narusawa. Formada por bolsas de gas atrapadas por la lava durante una potente erupción ocurrida hace mas de 1100 años, se trata de una serie cavernas con estalagmitas fantásticamente configuradas, y permanece helada incluso en los meses de verano.

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mapa de la zona

Nos colocamos unos cascos y nos adentramos con mucho cuidado, puesto que el suelo resbala un montón y la cueva es realmente baja en muchos momentos. Bajamos por unas escaleras bien empinadas y en seguida se nota como baja la temperatura. Llegamos a un punto en el que tenemos que andar de cuclillas y con mucho cuidado para no golpearnos con las rocas y para evitar resbalar. Augusto nos va haciendo fotos conforme avanzamos, se ha quedado nuestras cámaras, lo cuál agradezco.

Llegamos a un lugar dónde podemos ponernos de pie y vemos que hay un hueco en la piedra repleto de monedas, velas y amuletos, nos comenta que es un altar por “las almas del Fuji”. Seguimos avanzando, hasta llegar junto a unos bloques de hielo. Es impresionante ver cómo se mantienen fríos aquí abajo a pesar del calor que hace en la superficie. Más fotos con mucho cuidado de no resbalar.

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Tras un ratito aquí, emprendemos el camino de salida. Es una buena subida, medio a gachas, así que llegamos a un claro y nos paramos a descansar, desde aquí se ven las copas de los árboles del bosque, ¡estamos bajo él!

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Dejamos los cascos y entramos en una pequeña tienda dónde venden souvenirs y encurtidos aunque a nosotros no nos convence nada. Volvemos al coche y nos ponemos de nuevo en marcha. Nos pregunta cómo vamos de hambre, son algo más de las dos así que vamos a comer. El cielo se ha tapado por completo, hay unos tremendos nubarrones que amenazan con descargar y perdemos de vista el Fuji 😦 Pasamos junto al parque de atracciones FujiQ Highland… cuando preparábamos el viaje, nos planteamos una visita al parque pero si hacíamos el tour no nos quedaba tiempo para ello… así que al verlo, nos queda la espinita de ir, pero queda pendiente para el próximo viaje Riendo

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una de sus montañas rusas

Augusto nos lleva a comer a un restaurante de sushi en trenecito que mola mucho, bien de precio y todo ¡riquísimo! Además es muy gracioso porque puedes pedir platos especiales y te los trae un shinkansen 😛

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Tras una comida deliciosa, nos lleva a una tienda cercana dónde puedes comprar de todo por cuatro yens. Augusto nos deja un ratito para compras. Nosotros salimos cargados con vasos de té, unos bols, una bandeja y un mortero para semillas de sésamo.

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Y bien cargados, volvemos al coche y ponemos rumbo hacia los lagos. Lamentablemente, el cielo está muy muy nublado y llueve en algunas zonas así que mucho me temo que no podremos disfrutar de los lagos con la vista del Fuji. El primero que bordeamos es el Kawaguchi-ko, el más central y el que mayor turismo acoge.

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En un momento del camino, Augusto nos dice que preparemos las cámaras en modo vídeo y le demos a grabar cuando él nos avise. A los pocos minutos, pasamos por encima de una clave de sol pintada en el asfalto y empieza a sonar el himno del Fuji. ¡Nos quedamos alucinados!

Una vez termina, da la vuelta y nos dice que volvamos a grabar, y ahora ¡suena la segunda estrofa del himno!

El sonido proviene del contacto de los neumáticos con unas bandas rugosas que hay en el asfalto… ¡¡¡muy muy friki pero mola!!! Mr. Green Mr. Green

Seguimos la ruta hacia los otros lagos. Perdonadme pero no logro recordar bien de qué lago es cada foto, así que es posible que me cuele con alguna…

Seguimos la ruta hacia el Sai-ko, el segundo más pequeño de la zona y que está bordeado en su orilla suroeste por el bosque de Aokigahara. Nos llama la atención cómo una cinta intenta evitar el paso hacia él. En este encontramos a una pareja joven que están pescando en el lago Muy feliz

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El siguiente punto en la ruta es el pueblo-museo al aire libre Iyashi no Sato. En este lugar vivían varias familias hasta que en los años 60 y como consecuencia de la lluvia de un tifón que azotó la zona, hubo unos deslizamientos de tierra que cubrieron buena parte de las casas, murieron varias personas. Los supervivientes, decidieron reconstruir sus casas con los materiales que pudieron recuperar y desde entonces, la aldea es un lugar conmemorativo a aquellas víctimas. Muchos ya no viven en ella, se trasladaron a una zona más segura pero mantienen el lugar vivo y es un reclamo turístico en la zona. Usan las casas como tiendas dónde venden sus artesanías. Realmente hacen cosas muy bonitas, muchos de ellos usan calabazas como material principal.

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Las casas son del estilo a las de la región de Hida, con los tejados de paja con forma gassho-zukuri.

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Augusto conoce a la mayoría de los lugareños y nos dejan entrar en algunas casas privadas. En una de ellas, vive una viejita que perdió a toda su familia y nos invita a tomar un té de cebada riquísimo mientras nos deja echarle unas fotos al interior de su casa.

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Paseamos por las distintas casas y entramos en algunas tiendas de artesanía. En este lugar, Augusto tiene preparada una sorpresa, y es que nos invita a vestirnos de samurai/geisha por algunos yenes,  ¡nos echamos unas buenas risas! Mr. Green

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Esta región también es conocida por sus plantaciones tradicionales de wasabi. Os dejo una foto dónde se ve el huerto 😉

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El cielo sigue bien encapotado mientras seguimos la ruta para ver los lagos que nos quedan. ¡Este lugar me fascina! Ésa combinación de tradiciones, naturaleza y mil leyendas… le dan un aire místico al lugar. Estamos totalmente satisfechos por haber decidido hacer la ruta con Augusto y estamos seguros que algún día volveremos a este lugar. Además nos faltará hacer la ascensión al Fuji en algún momento Muy feliz Hacemos una parada junto al lago Shoji, el más pequeño de los cinco lagos. En este también se concentran varios hoteles en su orilla izquierda, mientras que en la orilla derecha es dónde se encuentra Iyashi no Sato.

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Augusto además es un tipo súper agradable, ha aprendido mucho sobre la cultura nipona en los años que lleva aquí y nos explica muchas cosas que desconocíamos, comentamos dudas que tenemos y nos pide que le expliquemos nuestros dos viajes a tierras niponas, y cosas sobre nuestra ciudad. Hablamos de todo con él, política, trabajo, religión, familia… ¡¡Lo recomendamos sin duda!!

Debo decir que los lagos me parecen un lugar idílico. Todos ellos y sin distinción. Se respira mucha calma en este lugar… y estar rodeados de esos parajes fantásticos, y el Fuji tan cerquita… son el colofón a un bonito día. Lástima que el Fuji se haya vuelto tímido y no se deje ver entre los nubarrones que cubren el cielo, aunque es curioso ver cómo las nubes lo abrazan y muestran la forma de su silueta. Ir por la carretera que bordea el bosque de Aokigahara te hace no perder de vista lo trágico del lugar y, ver que en los lagos más cercanos a él no hay ningún hotel ni actividad turística te hace pensar en lo muy supersticiosos que son los japoneses.

A Augusto le supo mal que el Fuji no se dejara ver y no sé cuántas veces fuimos de norte a sur y de este a oeste buscando un sitio desde dónde poder verlo, y auqnue no hubo forma, se agradeció el detalle, la verdad. Finalmente, nos quedamos junto al lago Motosu hasta el anochecer esperando a poder ver al Fuji antes de irnos. El Motosu-ko es el más profundo de los cinco lagos y el más tranquilo de todos, puesto que no hay casas ni hoteles en su alrededor por la cercanía de éste al bosque. Normalmente ofrece una vista magnífica del Monte Fuji desde su orilla norte, la cual figura en los billetes de 1000¥.

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Aquí hay un señor muy mayor con un pedazo de equipo fotográfico que está esperando que se despeje el Fuji para hacer unas bonitas fotos del atardecer. Augusto nos traduce lo que dice y nos cuenta que va allí todas las tardes para echar fotos del atardecer sobre el Fuji, nos enseña algunas de sus fotos y son realmente ¡buenísimas! Espectaculares los atardeceres que tiene captados Heart

Pasamos un buen rato aquí, respirando la magia del lugar, viendo cómo las nubes abrazan el Fuji y escuchando solo el agua en la orilla y el canto de las cigarras, esto es algo que me sorprende… que las cigarras sigan cantando en octubre Muy feliz

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a la derecha, se puede ver cómo las nubes abrazan al Fuji

A eso de las 18,30h volvemos a montar en el coche, con gran pesar por no haber podido disfrutar de la vista del Fuji cubriendo los lagos, pero tenemos casi 1h de camino hasta la estación de Shin-Fuji. De camino vuelve a llover y esta vez con más fuerza. Augusto va mirando todo el tiempo por el retrovisor y las ventanillas a ver si se distingue el Fuji pero sigue bien tapado. Llegamos sobre las 19,30h a la estación JR. Le pagamos la excursión a Augusto (14500¥ pp). Le damos mil gracias en castellano y en japonés, y nos despedimos de él. Cogemos el primer Shinkansen Kodama hacia Tokyo que pasa y con la sensación de haber pasado un día genial.

Cuando llegamos a la zona del hotel son algo más de las 21h, estamos cansados y mañana toca madrugar de nuevo. Así que decidimos comprarnos cena en el Family Mart que hay cerca del hotel e irnos prontito a la cama. Hoy ha sido un día genial, de esos que se van directos al top ten de viajes y experiencias, y que seguro ¡recordaremos siempre! Heart

09/10/13: Jizo’s en Kamakura, casi vistas de pájaro en Yokohama y de cenita en Ueno

Día 13: conocemos una parte de Kamakura, subimos a lo más alto de la Landmark Tower en Yokohama y cenamos unos ramen en Ameyoko.

Anoche no pusimos alarma con la intención de dormir a gusto y rehicimos la ruta del día de hoy… estamos muy saturados de templos, aún nos falta visitar Nikko y tenemos que hacer de “marujas” y poner lavadoras, así que el día de hoy era ideal para dormir un rato más y tomárnoslo con mucha calma. Pero tantos días madrugando y yendo pronto a dormir, a las 9h ya no podemos dormir más. Ponemos un par de lavadoras en el mismo hotel (150¥ por lavado) y bajamos a desayunar bien justillos de tiempo (el comedor está abierto hasta las 9,30h). Una vez hemos desayunado y pasado el tiempo que marcaba la lavadora, volvemos a la sala de lavandería de nuestra planta a buscar la ropa. Me encanta este país, ¿¿lo he dicho ya?? Mr. Green En los hoteles tienes lavadoras gratuitas que en 30-40 minutos te dejan la ropa lista y secadoras a monedas muy baratijas, en este caso 100¥ el secado. En poco más de 20 minutos están listas pero como teníamos mucha ropa, ponemos la que ha quedado más húmeda en otra y la acabamos de secar. Luego volvemos a la habitación y “tendemos” la que está aún húmeda y ponemos el cartel para que no hagan la habitación hoy, si entran las de la limpieza les puede dar algo al ver cómo está la habitación con ropa por todos lados ¡jaja! Quizá os sorprenda esto de poner lavadoras a mitad de viaje, pero siempre lo hacemos en viajes largos, es la forma de ir con menos equipaje y poder aprovechar los huecos en la maleta para traernos cosas. Otra cosa que solemos hacer, es llevar la ropa que empieza a estar viejita y una vez usada la tiramos. Trucos de viajeros para ahorrar espacio en la maleta y poder viajar con 15Kg -si llega- varios días.

Una vez hechas nuestras labores, cogemos la mochila y nos ponemos en marcha a eso de las 10h y pico. Vamos hacia la estación  JR Shimbashi, desde dónde cogemos un tren directo de la línea JR Yokosuka Line que en 1h nos deja en Kamakura. En función de los templos que quieras ver de Kamakura hay que parar en la parada anterior, Kita-Kamakura, pero como decía decidimos rehacer la ruta de hoy y nosotros nos vamos directos a la estación JR Kamakura.

Kamakura (镰仓): centro político del país cuando Minamoto Yoritomo eligió la ciudad como sede de su nuevo gobierno militar en 1192. El gobierno de Kamakura continuó gobernando Japón durante más de un siglo. Hoy en día, Kamakura es una pequeña ciudad costera y un destino turístico muy popular. También conocida como la Kyoto Oriental, Kamakura ofrece numerosos templos, santuarios y otros monumentos históricos. Además, sus playas atraen a grandes multitudes durante los meses de verano.

Salimos de la zona JR de la estación y cogemos el tranvía de la compañía Enoshima Electric Railway, Enoden, hasta la parada Hase. Este trayecto lo pagamos con nuestra tarjeta de prepago ICOCA que nos acompaña desde el primer día de viaje. Salimos siguiendo las indicaciones hasta llegar al templo del Gran Daibutsu (200¥ pp). Durante el corto paseo de unos 10 minutos nos llama la atención unas señales que hay pintadas en el suelo en las que pone “SOS Tsunami, Exit” y una flecha hacia el norte. Me quedé muy asombrada, pero luego te paras a pensar y Kamakura es ciudad costera, con riesgo de tsunami… cruzaremos los dedos para no tener que usar esas indicaciones…

El gran buda (o Daibutsu) de Kamakura es una estatua de bronce del Buda Amida que se encuentra en los terrenos del templo Kotokuin y cuenta con una altura de 13,35 metros de altura, siendo la segunda estatua de bronce más alta de Japón (sólo superada por el Buda de Nara). La estatua fue fundida en 1252 y originalmente se encontraba en el interior de una gran sala del templo, pero el edificio fue destruido y reconstruido en varias ocasiones por el azote de tifones y un tsunami en los siglos 14 y 15, y curiosamente la estatua siempre se ha mantenido en pie. Desde 1495, el Buda se encuentra al aire libre.

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A pesar de que ya habíamos visitado el de Nara en el primer viaje y que este es algo más pequeño, nos gusta mucho más. No sabemos si por la cara de gran bondad del Buda o por el entorno natural… nos deleitamos con los detalles de la figura.

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Lo rodeamos y fotografiamos desde todos los ángulos. Nos sentamos un ratito junto a él en unos bancos de piedra que hay, además no hay demasiada gente por lo que podemos deleitarnos con las vistas en calma ¡qué maravilla!

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Pagamos (20¥ pp) para acceder a su interior. Aunque desde dentro la estatua no parece tan grande como por fuera, es impresionante ver todos esos detalles marcados en la estructura de bronce. Además, tan solo somos 4 personas aquí dentro por lo que podemos estarnos un ratito.

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Salimos del buda y vamos hacia la parte trasera de los terrenos. Hacemos parada en boxes y nos bebemos algo fresquito. Recorremos un par de tiendas de souvenirs del templo y compramos una estatua-hucha del Buda para regalarle a unos amigos (3000¥). Volvemos hacia el Buda, echamos la última foto y salimos a la calle principal de nuevo.

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A lo largo de la calle principal hay varias tiendas de artesanos, algunas de armas y con souvenirs. Compramos otra figura del Buda para nosotros (5000¥), vamos a tener el piso lleno de Budas Mr. Green Mr. Green

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Tras unos 5 minutos de paseo mirando las tiendecitas llegamos al Templo Hase-Dera.

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Compramos las entradas (300¥ pp) y accedemos a sus jardines. El Hase-Dera fue construido en la ladera de una colina arbolada, los jardines están en la zona inferior y los edificios principales del templo en lo alto de la colina, a los que se accede por unas escaleras, las cuales nos sorprenden porque vemos que están separadas como en dos carriles, uno para subir y otro para bajar. Estos japos son ordenados hasta para ¡¡esto!! Los jardines cuentan con un gran estanque con pequeñas cascadas que caen de la colina.

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En el camino hacia los edificios principales, se encuentra el Jizo Hall, con cientos de pequeñas estatuas de Bodhisattva Jizo, que ayuda a las almas de los niños muertos a llegar al paraíso, es asombroso ver la cantidad de estatuillas Jizo que hay, ¡pone los pelos de punta!

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A mi este Buda me genera simpatía porqué también es el encargado de proteger a los viajeros 🙂

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Seguimos subiendo y llegamos a una gran explanada en lo alto de la colina dónde se encuentran los edificios principales del templo. El Hasedera alberga una estatua de 9,18m de altura de la diosa Kannon (diosa de la misericordia), con once cabezas, cada una representa una característica de la diosa. Es considerada una de las estatuas de madera dorada más grandes de Japón y se encuentra en el edificio principal del templo, la sala Kannon-do. No se puede hacer fotos en el interior, una lástima porqué la estatua ¡es preciosa!

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Junto al Kannon-do, encontramos el Amida Hall, dónde se exhibe una estatua dorada de casi 3m de altura del Buda Amida (tampoco se puede fotografiar el interior).

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Y muy cerquita de este edificio, se encuentra un mirador desde el cual se puede ver la ciudad costera de Kamakura, así como sus playas. El mar hoy está bastante picado y hay unas buenas olas, de hecho se ven a varios surfistas y alguna vela. Nos llama mucho la atención un cartel que informa del riesgo de comer en esta terraza ya que las gaviotas y los halcones te pueden atacar…

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Recomiendo acercarse hasta aquí ya que hay unas buenas vistas de la costa pero también del templo. Encontramos un chiringuito de aperitivos y un restaurante en esta parte del recinto pero no nos acaba de convencer el menú por lo que decidimos terminar de ver el templo y ya buscaremos dónde comer…

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Vemos unas escalerillas que llevan más arriba en la colina y allá que vamos. Éstas llevan hasta un pequeño cementerio desde el que hay unas bonitas vistas del conjunto del templo. Tras un vistazo, bajamos de nuevo y nos dirigimos hacia la Benten-do, una pequeña sala que contiene una figura de Benzaiten, diosa de la belleza y de la riqueza femenina. Y luego, entramos en la cueva Benten-Kutsu, dónde se pueden encontrar estatuas de Jizo, Benten y alguna pequeña Kannon. Hay trozos que hay que andar muy agachado para no darte con los techos. Está todo iluminado por velas e inciensos.

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¡Este templo nos ha encantado! Heart Es de los más bonitos que hemos visitado y creo que fue todo un acierto disfurtarlo con calma y sin “llegar saturados” por haber visto otros templos de la zona.

Bajamos hacia los jardines y salimos del templo hacia la calle principal para volver a la estación Hase, dónde tomamos el tranvía para volver a Kamakura. El tranvía es muy retro, ¡mola! Y está claro que se acerca Halloween porqué hay calabazas por todas partes, ¡¡hasta en el freno de seguridad de las vías!!

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cartel publicitario en la estación

Comemos unos ramen (1900¥) en un restaurante de la estación JR Kamakura que ¡¡nos saben a gloria!! Y tras haber cargado las pilas, cogemos de nuevo un tren de la JR Yokosuka Line que en 25 minutos nos deja en Yokohama.

Yokohama (横 浜): Segunda ciudad más grande de Japón, con una población de más de tres millones. Hacia el final del período Edo (1603-1867), en la que Japón mantienía una política de auto-aislamiento, el puerto de Yokohama fue uno de los primeros en abrirse al comercio exterior en 1859. En consecuencia, Yokohama creció rápidamente a partir de un pequeño pueblo de pescadores hasta convertirse en una de las principales ciudades de Japón.

También rehicimos la ruta para esta ciudad y decidimos prescindir del barrio chino y de la zona de Minato Mirai. Cada vez tenemos más claro que habrá un tercer viaje, así que ya volveremos a ver la ciudad con calma en otra ocasión. Hoy nos conformamos con ver la Landmark Tower. Así que cogemos un tren de la JR Negishi Line y paramos en la primera parada, Sakuragicho que nos deja en frente de la torre. Hay muchas formas de moverse por Yokohama (barco, metro, tren y buses…) pero esta es la forma más rápida y económica si solo quieres ver la torre o un trocito del Minato Mirai y cuentas con el Japan Rail Pass activo.

Minato Mirai, es un área urbana junto al mar en el centro de Yokohama, cuyo nombre significa “puerto del futuro” que cuenta con varios rascacielos, centros comerciales, hoteles, centros de convenciones, un parque de atracciones, una de las norias más altas del mundo, un spa, museos y parques. La zona es realmente extensa, pero nosotros tan solo vamos a visitar el edificio de oficinas más alto de Japón, la Landmark Tower con 296m de altura.

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Encontramos a mucha gente en esta zona, jóvenes y salaryman sobretodo. Se nota que estamos muy cerca del mar por la brisa que se respira. Nos acercamos hasta la Landmark Tower y es realmente impresionante, no solo por su estructura que destaca del resto de rascacielos si no por su forma.

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La torre alberga oficinas, un gran centro comercial a sus pies y el Sky Garden Observatory en lo más alto, a 273m del suelo, siendo el más alto de Japón hasta la construcción de la Tokyo Skytree.

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Para acceder al mirador, debes entrar al centro comercial que hay sus pies, la taquilla está bien indicada -tanto por dentro del edificio como por fuera-. Pagamos la entrada (1000¥ pp) y entre mil reverencias y saludos de no sé cuantas tías trajeadas llegamos al ascensor.

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El ascensor de la torre es uno de los más rápidos del mundo, alcanzando una velocidad de 45km/h llevándote a lo alto de sus 70 plantas en 40 segundos. Da la sensación de levantar los pies del suelo y zumban los oídos que dan gusto… una que ya se conoce el dato, saca la cámara en modo vídeo nada más entrar al ascensor, la chica que nos acompaña me sonríe, y cierra las puertas.

El observatorio permite una vista de 360º alrededor del edificio. Hay carteles en inglés que explican cómo era la zona antes de la remodelación y qué es cada edificio o lugar que se puede ver desde aquí. En días despejados se puede contemplar el Fuji, nosotros tan solo intuimos su silueta porque hay una neblina. Se ve como Yokohama y Tokyo están prácticamente unidas… ¡increíble! Poder ver los edificios más bajos que éste, con sus helipuertos y la gente en la calle muy muy pequeñita… además hay una luz y un cielo muy bonitos con lo que la cámara saca humo 😛

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imposible saber dónde acaba Yokohama y dónde empieza Tokyo…

Tras tomarnos un café en el bar del mirador y habernos recreado mirando por todos lados, volvemos a abajo y de nuevo parece que se levanten los pies del suelo en el ascensor ¡jaja! Para salir una vez bajas del mirador, tienes que bajar un par de plantas del centro comercial y alucinamos con las escaleras mecánicas… ¡son curvas! no habíamos visto nunca unas así y ya nos veis volviendo a subir para volver a bajar grabando 😛 los japos que nos vieran debieron flipar con nosotros pero nos hizo mucha gracia, ¡jajaja!

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Volvemos de nuevo hacia la JR Sakuragicho para coger el tren hacia JR Yokohama y allí, tomamos la JR Yokosuka Line hasta Shimbashi. Solo son las 17,30h y hemos pensado en acercarnos al hotel a dejar las mochilas, ir a Akibahara a comprar la réflex y de allí ir directos a Ueno dónde hemos quedado con dos foreros de Los Viajeros para cenar. Así que tras descargar en el hotel, volvemos a JR Shimbashi dónde cogemos la JR Yamanote Line a Akiba.

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Esta vez no vamos a dar vueltas puesto que vamos derechos al Yodobashi dónde vimos una oferta muy buena, compramos la reflex a la que le había echado el ojo y que viendo comparativas por internet vi que está genial y que comprándola aquí me sale a un precio de ganga. Con gran eficiencia nipona, hacemos los trámites del Dutty Free para ahorrarnos los impuestos, y rápidos y veloces nos vamos hacia Ueno, a una parada con la JR Yamanote Line dónde hemos quedado para cenar.

Nos cuesta un poco orientarnos a pesar de ya conocer la estación del primer viaje porqué habíamos quedado en la salida este, pero vemos que los carteles no marcan con este, norte si no con lo que hay en cada salida… brújula del móvil en mano salimos por la que creemos que es más al este y allí damos con los dos chicos españoles que habíamos quedado a través del foro y que se encuentran disfrutando de su primer viaje por Japón.

Vamos hacia la zona de Ameyoko a cenar… esta zona es muy molona, son unas callecitas bajo y junto a las vías del tren repletas de tiendas, restaurantes y puestos de comida. Nos decidimos por un restaurante de ramen y charlamos un buen rato de aventuras niponas, los chicos nos preguntan cosas de ciudades que visitaran y que nosotros ya conocemos y hablamos de viajes en general… Cuando los tipos del bar nos empiezan a mirar mal (en Japón está muy mal vista la sobremesa), salimos y volvemos hacia la JR Ueno, dónde nos despedimos de ellos. Hemos pasado un rato ameno charlando con otros viajeros, pero mañana toca madrugar de lo lindo y no queremos irnos a dormir tarde.

De nuevo tomamos la JR Yamanote Line hacia Shimbashi y nos vamos al hotel, aunque no hemos madrugado hoy no hemos parado ni un momento y estamos cansadillos. Toqueteo un poco la nueva adquisición 😀 y nos vamos a dormir, mañana nos toca una excursión que nos hace especial ilusión y es que mañana veremos al gran icono nipón: ¡¡¡el Mt Fuji!!! Heart Heart

08/10/13: Matsumoto, su castillo cuervo y de vuelta a la gran metrópolis

Día 12: visitamos Matsumoto y regresamos a… ¡¡Tokyo!!

Hoy nos levantamos muy temprano para cambiar de nuevo de destino: nos vamos a Matsumoto y después a la big city Aplauso Aplauso

A pesar de que seguimos con el JRP activo, decidimos hacer el trayecto de Takayama a Matsumoto con los buses de la compañía Nohi ya que nos acorta en más de 2h el tiempo de viaje. Ayer preguntamos en la estación de buses y nos dijeron que no era necesario reservar asiento. Por lo que madrugamos bastante, desayunamos en la habitación lo comprado ayer, recogemos las cosas, hacemos el check-out estilo Japón (dejar la llave en una cesta en recepción) y nos vamos para la estación de buses.

Compramos los billetes (3100¥ pp) y a las 7,50h ponemos rumbo a Matsumoto. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno. Pasamos por zonas boscosas en las que se empieza a ver el momiji y el contraste de colores en el follaje de los árboles, lagos, ríos y cascadas humeantes. A mitad de camino, el bus hace una parada en una zona de onsens y nos dan 15 minutos para poder ir al baño. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos un cafelillo en las máquinas. Tras la pausa seguimos el camino. A las 10,10h llegamos a Matsumoto. Nos acercamos hasta la estación JR Matsumoto (frente a la estación de buses) y dejamos las mochilas en una consigna (400¥) así podremos hacer la visita sin cargas.

Matsumoto (松本): Es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Nagano. Conocida por Matsumoto-jo, uno de los castillos que se conservan de origen en Japón. Podrás disfrutar de un ambiente relajado y cosmopolita a la vez.

A pesar de que hay varias cosas por visitar en Matsumoto, decidimos ver lo más imprescindible y coger el tren de mediodía para poder llegar a Tokyo a media tarde. Así que nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y nos ponemos en marcha. No hay demasiada distancia entre la estación y los sitios que queremos visitar por lo que prescindiremos del transporte público. Caminamos durante unos 15-20 minutos hasta llegar al castillo. De nuevo me maravillan las artísticas tapas de alcantarilla de Japón Heart

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La construcción del Castillo data de la era Sengoku, por Toyotomi Hideyoshi entre 1594-1597 como un fuerte bajo el nombre de Castillo Fukashi. En 1872, siguiendo la restauración Meiji, el castillo fue vendido en una subasta, y corrió riesgo de ser desmantelado. Hoy día, es considerado Tesoro Nacional y es conocido como el Castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros, es uno de los mayores exponentes del arte hirajiro (castillo construido sobre una llanura y no sobre una colina).

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Pagamos la entrada que incluye el City Museum (600¥ pp). Nos maravilla el entorno dónde está construido el castillo, situado en la llanura de Matsumoto y rodeado de un gran foso. Dicen que las tierras sobre las que se posa, son tierras pantanosas que obligaron a los constructores a hacer estructuras muy sólidas, usando largos maderos fijados en el suelo y apoyarlo sobre muros de piedra de 7 metros. Su altura alcanza 30m distribuidos en seis plantas.

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Vemos que en los alrededores del castillo están montando casetas como para una feria o un mercadillo que dificulta la visita… así que nos vamos directos hacia los jardines del castillo. A pesar de que una de sus torres está tapada por una lona (están haciendo trabajos de restauración), disfrutamos de su bella vista.

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Nos acercamos hasta el edificio y entramos en su interior tras descalzarnos. Vamos subiendo plantas y visitando las exposiciones de armas, artefactos y armaduras que se exponen. La mayoría de las explicaciones están en japonés, pero encontramos algunos carteles en inglés. Me llama la atención este kit para quitar metralla… deformación profesional ¡jaja!

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Es increíble, caminar por los suelos de madera pulida e ir subiendo por las distintas plantas a la vez que piensas en cómo debía ser estar en el castillo en aquella época. A pesar de que hemos estado en otros castillos japoneses, éste nos gusta mucho y nos gusta saber que es uno de los tres que se conservan de origen.

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La vista de los jardines desde las ventanas empieza a ser bonita, y podemos ver con detalle los tejados y su elaborada ornamentación.

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Para acceder a los últimos pisos hay un poco de cola ya que los escalones son muy empinados, ¡casi 60cm de altura entre escalones por lo que cuesta subirlos! Al fin, llegamos a lo más alto desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad, del puente de madera lacada (que están reconstruyendo) y de los alpes japoneses.

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Bajamos de nuevo hacia los jardines. Sabemos que hay alguna cosa más para ver en el recinto del castillo, pero como están haciendo obras en algunas torres y en el puente dificultan el acceso al resto de jardines, por lo que decidimos dar por concluida la visita… Salimos del jardín y volvemos a la zona del foso. Hay un gran parque junto al castillo pero no nos podemos acercar bien por las casetas que están montando -entendemos que celebrarán algo en breve-, así que nos conformamos con ver el castillo desde este punto, nos echamos unas fotos y nos deleitamos con las vistas de la construcción.

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Vamos al Museo y la chica nos dice que solo podemos ver dos plantas con la entrada combinada del castillo, si queremos ver más tendremos que pagar un extra. Mientras nos lo pensamos, accedemos a la parte que si podemos visitar. Hay una exposición de armas y armadura, alguna maqueta del castillo y planos de su construcción, así como las estatuas de pececillo que hay en lo alto del castillo. Toda la información está en japonés, lo cuál dificulta la visita.

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También se exponen objetos antiguos, cosas sobre el kabuki, amuletos, dioses, navegación y ¡hasta un camión de bomberos de época!

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Como toda la información está en japo no nos enteramos de mucho, por lo que decidimos no pagar el extra e ir hacia la calle comercial. De camino a ella encontramos un edificio muy tradicional entre bloques, así como algunos amuletos.

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Visitamos un santuario de camino, el Yohashira Jinja, dedicado a los Zouka Sanshin o los tres dioses creadores. Tiene una gran torii de metal a la entrada que es feucha, pero el santuario me pareció bonito y muy tranquilo, apenas había visitantes.

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Seguimos hacia la calle comercial Nakamachi-dori, conocida como la calle de las ranas y que cuenta con varias tiendas de artesanía y restaurantes.

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Y ¿porqué tantas ranas? La calle se llama “kaeru”, que en japonés tiene muchísimos significados entre ellos “rana”, “volver/regresar” y “poder comprar”, como véis el idioma japonés tiene muchísimas palabras homófonas. Los locales usan el nombre de la calle con los tres significados, por ese motivo la calle está repleta de estatuas de ranas, de tiendas donde comprar y al final del paseo vuelven a casa. A raíz del juego de palabras que supone “kaeru”, es costumbre llevar una ranita en el monedero o cartera para que “el dinero que se gasta, regrese”. Como podéis ver, ¡los japos son muy supersticiosos!

Y ahora si, tras unos 10 minutos de paseo y encontrándonos hasta con un tablao flamenco, llegamos a la estación JR Matsumoto de nuevo.

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Miramos los horarios de los trenes y vemos que hay uno para Shinjuku directo a las 13,47h y ese es nuestro objetivo. Aprovechamos que nos falta 1h para ir a comer unas tempuras con su arroz y su sopa de miso riquísimas en la misma estación (1600¥ los dos).

Sin mucha demora recogemos las mochilas de la consigna y nos vamos hacia los andenes. Aquí pasamos un poco de mal rato porqué las indicaciones de los trenes (tanto en el suelo del andén como en las pantallas) sólo está en japonés. Por suerte, mi marido que es un amante de los trenes, reconoce el modelo del tren que tenemos que tomar y allá que vamos hacia las señalizaciones correctas en el suelo del andén. Cuando llega el tren, le preguntamos a un supervisor de Japan Railways por los vagones de no reservado y subimos. Nos acomodamos y puntual como todos los transportes en Japón, salimos hacia nuestra nueva nueva base, ¡¡¡Tokyo!!! Mr. Green

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Interior del tren

De camino, dormimos un ratito y nos despertamos ¡¡¡¡justo a tiempo de ver el Fuji, menuda alegría!!!! Aplauso Aplauso Aplauso Las fotos no son de muy buena calidad, pensad que estaba lejos, con el móvil de la época y en movimiento… pero para que os hagáis una idea y podáis distinguirlo vosotros también si viajáis en tren por la zona.

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Reconocemos la estación de Odawara de nuestro primer viaje cuando fuimos a Hakone… y conforme el tren se acerca a Tokyo nos entra la emoción de nuevo… saber que volvemos a Tokyo, que disfrutaremos de nuevo de la ciudad e ir reconociendo edificios en Shinjuku… ¡¡los pelos de punta!! Heart

Tokyo (東京): Es la capital de Japón y una de las ciudades más pobladas del mundo. Consta de 23 distritos centrales y varias ciudades anexas. Conocida como Edo antes de 1868, y convertida en 1603 en el centro político de Japón, cuando Tokugawa Ieyasu estableció su gobierno feudal allí. Con la Restauración Meiji de 1868, el emperador y la capital se mudaron desde Kyoto a Edo que pasó a llamarse Tokyo (“capital del este”). Grandes partes de Tokyo fueron destruidas en el gran terremoto de Kanto de 1923 y en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Hoy, la metrópolis ofrece una selección ilimitada de compras, entretenimiento, cultura y restaurantes, a la vez que conserva partes con mucha historia, así como grandes zonas verdes.

A las 16,39h llegamos a la estación JR Shinjuku y nos os podéis imaginar qué sensación Heart A pesar de ser la estación que más miedo da a los viajeros por ser la más transitada del mundo a nosotros nos encanta estar aquí y como peces por el agua, en seguida damos con la línea JR Yamanote para ir hacia el hotel. La experiencia es un grado y aquí se nota ¡mucho! Riendo

Qué pasada volver a estar en esta línea de tren, vamos viendo las estaciones y los edificios por dónde pasa, y vamos recordando cosas del primer viaje… “aquí compramos esto… aquí vimos aquello… ¿te acuerdas de esta tienda?… aquí fue dónde…” ¡Nos pasó igual que en Kyoto! Tras unos 30 minutos de viaje, llegamos a la estación JR Shimbashi. Salimos hacia Shiodome por el túnel subterráneo que comunica ambas estaciones para llegar hasta nuestro hotel. Para la estancia en Tokyo, nos decantamos por el hotel Villa Fontaine Shiodome (por 105000¥ en habitación doble con desayuno incluido por 7 noches) y en el cual habíamos pasado la última noche de nuestro primer viaje y en el que estuvimos la mar de a gusto. Además está muy bien comunicado con varias líneas de metro y tren JR, y rodeado de restaurantes y centros comerciales.

De nuevo, mil recuerdos vienen a nuestra mente mientras recorremos este pasillo subterráneo y llegamos al hotel… hasta que nos viene a la cabeza la pregunta del millón: ¿¡habrán llegado las maletas y el sake?! Mr. Green Nos dirigimos a la recepción para hacer el check-in. Recordaros que es costumbre en Japón pagar la estancia en los alojamientos al hacer el check-in, lo cuál agiliza luego la salida el último día. La chica de recepción nos dice que tenemos en nuestra habitación las maletas y un paquete esperándonos. ¿¿¡¡He dicho ya que adoro este país??!! Aplauso Aplauso

Alucinamos un montón y es que nos han dado casi la misma habitación, mismo número pero en un piso menos que la otra vez, estamos contentos porqué disfrutaremos de las mismas vistas sobre las múltiples líneas de tren que pasan por delante, viendo trenes de todo tipo 🙂

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¡¡nuestro sake!!

 

Descargamos las mil cosas que llevamos encima y aprovechamos el wifi de la habitación para mirar el correo a ver si Augusto (de Rutafujitours) nos ha escrito… y efectivamente, tengo un mail suyo en el que nos dice que se prevé mal tiempo para el día que tenemos reservada la visita a la zona del Fuji y nos pregunta si podemos cambiarlo al jueves, le contesto que sin problema y sin perder tiempo nos vamos a disfrutar de Tokyo.

Primera parada: ¡Akihabara! Mr. Green ¿¡Cómo no?! Tras un corto trayecto con la línea JR Yamanote, llegamos al barrio de la electrónica, el cómic, el ocio y el vicio en general 🙂

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La idea es comprar una cámara de fotos réflex aprovechando que el cambio con el yen está genial. Nos recorremos varias tiendas (Yodobashi, Map Camera, Big Camera, Tokyu…) así como tiendecitas pequeñas de primera y segunda mano, comparando precios y modelos, me voy anotando aquellos que me interesan y tras una comprobación por internet en los próximos días iré a por ella.

Tras más de 2h de caminata, mirando y remirando, decidimos cenar en un McDonnalds (1300¥ los dos) y volver al hotel que entre el madrugón, el tute de bus y tren, y la caminata de todo el día estamos cansadísimos… Llamadita a los nuestros para contarles lo emocionados que nos sentimos de volver a estar en Tokyo, ducha y a dormir sleep

07/10/13: descubrimos Shirakawago y algunos templos de Takayama

Día 11: con Sarubobo a Shirakawago y visita a los templos del norte de Takayama

Llega un nuevo día y con él avanzamos por el ecuador de nuestro viaje… hemos dormido bien en el “doble” futón que nos preparamos ¡jeje! Y digo doble porque siempre busco en el armario el futón de repuesto para que sea más mullidito 😛 Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, y nos vamos para la estación JR Takayama dónde nos recogerá el bus del hostal J’Hoppers para ir a Shirakawago.

Shirakawa-go ( 白川村 ): Región remota y montañosa entre Takayama y Kanazawa. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995 y famosa por sus tradicionales casas gassho-zukuri, algunas de las cuales tienen más de 250 años de antigüedad. Tiene un encanto rústico y ocupa un lugar especial en el corazón de los japoneses.

Para hacer la excursión a esta aldea hay tres opciones: alquilar un coche, los buses de la Nohi Bus (4200¥/persona i/v) o con los buses del hostal J’hoppers (3300¥/persona i/v si te alojas en él). Tanto por horarios como por precio, nos pareció mejor opción la tercera y al poco de hacer la reserva de las dos noches de alojamiento, contratamos también la excursión. Hay dos turnos, uno por la mañana y otro por la tarde. Preferimos hacer la de la mañana y aprovechar la tarde para pasear por Takayama.

Así que a las 8,10h tenemos que estar en la estación dónde nos recoge el bus con su guía, Yamamoto. Un chico joven que habla bien inglés e incluso alguna palabra suelta de español y que durante la hora de trayecto hasta Shirakawago nos explica cómo se construyen las casas gassho-zukuri, cuántos habitantes hay en la población, cuáles son las casas más interesantes para visitar… e incluso nos hace una foto con la mascota de la región: ¡Sarubobo!

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Tras 1h de trayecto, la primera parada es el mirador de Shiroyama, al norte del pueblo, desde donde hay unas vistas panorámicas de Ogimachi y sus caseríos magníficas.

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Es alucinante ver el entorno natural de los alpes japoneses en este punto. Hay un cartel que marca los principales picos y su altitud. Es curioso porqué parece que no sean tan altos, pero te paras a pensar y ¡ya estás a unos 1000m!

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No hace frío, pese a que traíamos las chaquetas y un jersey, con el jersey fino es suficiente. Hay un día despejado y luce el sol.

Entramos en unas tiendas que hay junto al mirador y compramos un imán para la nevera con un Sarubobo sonriente (450¥). También hay un puesto dónde te hacen fotos con el pueblo de fondo pero nos parecen caras y el guía ya nos ha hecho algunas fotos con nuestra cámara, así que pasamos de largo.

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nuestro imán de Sarubobo

Tras unos 20 minutos aquí admirando las vistas, volvemos al bus y en unos 5 minutos llegamos al parking de la aldea. Este trayecto también se puede hacer a pie, según las guías son unos 20 minutos.

Bajamos del bus y de nuevo nos impresiona el entorno. Estamos rodeados de naturaleza y ¡me encanta! Hay muchísimos buses aparcados y por tanto mucha gente, pero no da sensación de agobio. El guía nos dice que tenemos hasta las 11h para estar por el pueblo y visitar las casas que queramos.

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El asentamiento central de la región es Ogimachi. En él viven 600 personas y con sus 110 edificios gassho-zukuri. Muchas de las casas son ahora restaurantes, museos o minshuku, casas de particulares dónde se puede pasar la noche por un precio ajustado. Algunos caseríos de pueblos cercanos se han trasladado hasta aquí formando un museo al aire libre en un intento para evitar que fueran destruidos. Este museo, junto con la gran concentración de granjas y lugares de interés de la ciudad y el acceso a la zona hacen de Ogimachi el mejor lugar de Shirakawa-go y Gokayama para ver granjas gassho-zukuri. La aldea es pequeña (aproximadamente 1km de superficie) por lo que es fácil recorrerla a pie.

Cruzamos el puente y pasamos bajo una gran torii de piedra. La aldea está compuesta por varias casas gassho-zukuri pero también hay otras de madera sin los grandes tejados de caña. Todas las casas tienen huertos y muchas de ellas las han convertido en tiendas de artesanos. Hay alguna destilería de sake e incluso un templo.

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En la guía personalizada que me hago para todos los viajes, llevaba apuntadas las casas más importantes a las que se puede entrar, hay que pagar 300¥ para entrar en cada una de ellas. Decidimos ir hacia la casa y templo Myozenji (300¥ pp). Éste templo es el único que cuenta con techo de paja al estilo gassho-zukuri en lugar de las típicas tejas vistas en la mayoría y está conectado a la casa de campo Myozenji-ke. Según las guías, el propietario de la casa habla inglés y enseña los edificios, sin embargo nos topamos con un tipo que no habla ni papa de inglés, un monje que tan solo nos mira y con señas nos mandan al ático tras cobrarnos la entrada, eso sí.

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campanario del templo

Lo recorremos y vemos la forma de construcción del techo de paja por dentro, vemos que tienen algunas herramientas de campo expuestas. Pero no recibimos ninguna explicación y los carteles solo están en japonés. Un señor nos ofrece hacernos una foto con un Sarubobo, nos la hace con su cámara y con la nuestra y sospechamos que luego nos querrán cobrar pero como no se saben explicar nos quedamos con la duda.

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ático de la casa

Bajamos al piso principal y allí por señas nos mandan hacia el templo al que podemos entrar para visitarlo. Su altar y sus paredes está decorado con pan de oro, y cuenta con unas bonitas puertas de papel. No sé si se puede hacer fotos o no, no veo ningún cartel en inglés y estamos solos, así que echo unas poquitas sin flash.

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Tras visitar el templo, volvemos de nuevo a la casa y una chica nos dice que si queremos podemos comprar la foto. ¡¿ah, ahora si me hablas en inglés, eh?! 😛 Como la llevamos en nuestra cámara también y la que nos ofrecen es cara, pasamos de largo con una sonrisa y un arigato (gracias)…

Salimos de nuevo a la aldea y seguimos recorriendo sus calles y viendo las casas por fuera. Decidimos que no entraremos en ninguna más, ayer vimos muchas en Hida -de todos los tipos- y allí si estaba todo en inglés con buenas explicaciones mientras que aquí nos parece que van al negocio pero sin dar ninguna explicación en inglés y nos sentimos un poco estafados.

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En esta casa tenían matas calabacines ¡enredados por el tejado!

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Recorremos el pueblo hasta llegar al otro extremo, dónde hay un estanque lleno de nenúfares y unas bonitas vistas de las casas.

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Nos compramos un helado de soja riquísimo (270¥ los dos) y luego entramos en algunas tiendas de artesanía y encurtidos mientras hacemos tiempo hasta las 11h para volver al bus. ¡¡Menudo calor hace, no parece que estemos en octubre en los alpes!!

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A pesar de que el entorno natural de este lugar es precioso, se respira mucha paz y la aldea en si es muy bonita, no nos acaba de gustar la excursión. Nos parece todo muy caro, tanto el llegar hasta aquí como la entrada a las casas, para que además tengas que verlas tú solo e intentar averiguar lo que pone en los carteles en japonés. No aprendes nada ya que no te enteras ni de cómo las construían ni de cómo vivían allí y todo está enfocado a sacar dinero al turista (entradas, tiendas…). Así que la valoración general es negativa y recomendamos al 200% Hida No Sato antes que Shirakawago. Ahora, si dispones de días y no llevas un presupuesto apretado, haz las dos y podrás comparar 😉

Tomamos el bus de vuelta a Takayama y a las 12h ya estamos allí. Comemos unos ramen riquísimos cerca de la estación y nos vamos al hostal, necesitamos una ducha y una siesta con urgencia después del madrugón y la chicharrina que hemos pasado.

A eso de las 15,30h y con las pilas cargadas de nuevo, salimos dispuestos a visitar los templos de la ciudad. El primero es el Templo de Hida Kokubunji (gratis) construido en el 764 por el emperador Shoumu, y que se encuentra a pocos minutos a pie del hostal.

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Alberga una bonita pagoda de 3 pisos única en la región de Hida que originalmente era de 7 pisos y que tras los años fue disminuyendo de tamaño hasta quedar en 5, y posteriormente en 3 tras una guerra. Hay una piedra de 1,8m de diámetro en el recinto que se cree que era la primera piedra de la pagoda de 7 pisos. Encontramos un gran árbol de ginko de 38m y milenario considerado Tesoro Nacional.

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De este templo nos llama la atención que las ofrendas no son tablas ema ni otros amuletos shinto a los que estamos acostumbrados, si no ¡peluches de Sarubobo!

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Nos gusta mucho este lugar, rodeado de árboles en los que se respira paz y del que podemos disfrutar a solas. De aquí nos vamos por las calles comerciales Kokubunji, cruzando el puente de madera lacada en verde de Kaji-Bashi y siguiendo por la calle Yasugawa hacia el norte de la ciudad.

Llegamos al templo Takayama Betsuin, construido por la principal rama del budismo en Hida, Jodo Shinshuu. Originalmente se encontraba en Shirakawago y fue trasladado hasta aquí para transformarlo en el templo principal de los discípulos de la secta Shinshu en Hida.

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Seguimos calle arriba y llegamos a la zona de templos de Higashiyama que cuenta con más de una docena de templos, un cementerio, un santuario en lo alto de la montaña y un parque. Hay unas bonitas vistas de la ciudad desde aquí. Durante una hora larga recorremos estas calles plagadas de templos.

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Cuando ya estamos saturados de tanto templo, bajamos callejeando hasta llegar a la Biblioteca Municipal dónde hacemos parada en boxes y nos tomamos unos refrescos de unas máquinas que hay junto a un banquito, desde allí vemos como el encargado de la biblioteca baja las banderas de Japón y de la ciudad de sus mástiles al son del himno de Japón, os dejo un vídeo:

Bajamos de nuevo por las calles comerciales del centro hasta llegar a la estación JR Takayama. Nuestro objetivo era ir a relajarnos un poco a los baños de pies, pero unos nos parecieron una cutrez -básicamente una fuente en medio de la calle frente a un hotel- y para el otro teníamos 15 minutos más de caminata y ¡estamos agotados! Así que buscamos sitio para cenar, tomamos una riquísima ternera de Hida para despedirnos de la región, pasamos por un kombini a comprar el desayuno de mañana y unas chuches para el viaje, y nos volvemos al hostal. Llevamos más de 4h andando sin parar y estamos ko. Decidimos llenar la bañera de la habitación y disfurtar de un bañito para quitarnos el cansancio de encima Mr. Green Y ya relajados, a dormir que mañana toca madrugar de lo lindo, ¡¡otra vez!!

 

06/10/13: Takayama y Hida no Sato, lugar de tradiciones… y al fin, ¡¡compramos el barrilete de sake!!

Día 10: conocemos un Japón más rural…

Un nuevo día amanece en Japón y nosotros nos vamos al siguiente destino en nuestra ruta: ¡Takayama! Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, recogemos el equipaje y nos ponemos en marcha. Cogemos el tren directo a Toyama de la compañía Japan Railways de las 7,10h para acortar el trayecto y a las 8h nos montamos en el JR Limited Exprés Hida al que mi marido bautiza como el “Shin-borreguero” ¡jajaja! Es un tren diésel con velocidad punta de 81km/h y una velocidad media de 35km/h -medido con GPS- que en hora y media nos lleva a Takayama contaminando por un tubo pero mostrándonos paisajes de montaña muy chulos Mr. Green

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Llegamos sobre las 9,30h a Takayama. Pedimos un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y para nuestra sorpresa ¡nos lo dan ¡en español! Haremos una estancia de dos noches en la ciudad, y para ello escogimos el hostal J’Hoppers Hida Takayama por 12000¥ (los dos en habitación doble con baño privado). Así que nos dirigimos hacia allá para descargar, tardamos unos 5 minutos a pie desde la estación. Tengo que decir que las chicas que hay en la recepción son súper majas, una de ellas ha estado dos veces en Barcelona y nos dice que es su ciudad europea favorita (me cae bien esta chica…  Muy feliz ). Nos guardan las mochilas, chaquetas y paraguas sin problemas hasta el mediodía que podremos hacer el check-in y nos explica en qué consiste el matsuri que se celebra aquí en dos días, una pena porqué no hubo forma de cuadrar el itinerario para coger éste tampoco y ¡pinta muy chulo!

Takayama (高山): conocida por sus viejas tabernas, sus tiendas y sus destilerías de sake, Takayama es toda una rareza. Es una ciudad del S. XX (si bien, pequeña) que ha sabido mantener el sabor tradicional. Su encanto reside en sus animados mercados matutinos, sus templos en la colina y sus afables habitantes.

La idea para hoy es visitar la ciudad por la mañana sin ningún agobio y por la tarde acercarnos a Hida no Sato. Para mañana tenemos contratada la excursión que organiza el J’hoppers para ir a Shirakawago y aún nos quedará otra noche… Cuando organizamos el viaje, preveíamos que este lugar nos gustaría, así que decidimos darle dos noches y aprovechar para aflojar un poco el ritmo que ya son 11 días desde que salimos de casa y no ¡hemos parado!

A otros 5 minutos a pie más o menos nos topamos con el puente Naka-bashi de madera lacada en rojo que cruza el río Miyagawa.

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Justo al lado se organiza uno de los mercados matutinos, en los que venden básicamente fruta y verduras, encurtidos, conservas y alguna artesanía.

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El mercado está enfrente de la casa gubernamental Takayama Jinya. Se trata del último edificio gubernamental del período del shogunato Tokugawa del período Edo.

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El hermoso edificio de estilo tradicional japonés se construyó en 1615 como centro administrativo del clan Kanamori, pero los sogunes se lo arrebataron más tarde. La entrada principal estaba reservada a los altos cargos. El edificio actual data de 1816 y sirvió de sede del Gobierno local hasta 1969, hoy día está abierto al público como museo. La entrada cuesta 500¥ (por persona) y hay visitas guiadas en inglés gratuitas, pero tenemos que esperar más de 1h para el siguiente grupo, por lo que decidimos verlo por libre.

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Todas las salas cuentan con carteles informativos que explican a qué estaban destinadas y explican algo de la historia de la ciudad.

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Además de las oficinas, hay un granero dónde almacenaban el arroz a la forma tradicional y que era usado como moneda de pago. Es considerado el más grande de Japón así como uno de los más antiguos, por lo que no dejan hacer fotos en el interior. El edificio está rodeado de un bonito jardín zen. Además cuenta con una sala de tortura en la que se explican los procedimientos al detalle. No me parece demasiado dura después de haber visitado la del Palacio de los Reyes Católicos de Córdoba que era de la Santa Inquisición, la del Palacio Ducale de Venecia o el Museo de la Tortura de Carcassonne…

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En las distintas salas, muestran objetos y documentos oficiales de los señores feudales del pasado, mapas antiguos de la región de Hida y planos de otras ciudades históricas. Nos parece una visita de lo más interesante y el edificio es chulísimo. A la salida, paramos en boxes y nos tomamos un café de las máquinas.

Tras la visita al Takayama-Jinya, cruzamos el puente y nos adentramos en la San-machi-suji o casco antiguo de la ciudad que está cruzando el rio. El distrito cuenta con tres calles principales (Ichi, Nino y San-no-machi) y está lleno de restaurantes, tiendas tradicionales, museos, destilerías de sake… éstas últimas se distinguen porque sobre sus entradas cuelgan bolas de cedro.

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destilería de sake

Muchos de los edificios de esta zona datan del periodo Edo (1600-1868) y es genial poder pasear por esas calles tan tradicionales imaginando cómo sería en aquél entonces…

Ya comenté en el diario del primer viaje, que el día que nos íbamos vimos en una tienda del Dutty Free del aeropuerto de Narita unos barriletes de sake como los que ofrecen en los santuarios y nos pesó mucho no poder llevarnos uno (sobrepasaban los 100 ml que marca la normativa como equipaje de mano), así que teníamos muy claro -y más sabiendo que Takayama es conocida por ser una de las principales productoras de sake del país- que en este viaje caía uno ¡fijo! Así que mientras paseamos por las calles y vemos las Old Private Houses, vamos entrando en las destilerías que vemos hasta ¡¡¡dar con el barrilete!!! Mi marido ni se lo piensa, compramos uno de 2,5 litros de sake, otro más pequeño de 1L para unos amigos y un jarrón de cerámica que también va relleno de 0,5L. Además nos compramos una botella de sake sin filtrar, algo muy raro de encontrar. Vemos que junto a la caja tienen la etiqueta de Yamato Transport, y se nos ilumina la bombilla… le preguntamos al dueño si es posible enviar los sake que hemos comprado al hotel de Tokyo (y así evitar ir cargados hacia Matsumoto y luego hacia Tokyo) y nos dice que sin problema. Le damos la dirección del hotel y la fecha de llegada a allí y nos calcula el precio en base al peso como “frágil y refrigerado”, 8000¥ que pagamos gustosos con tal de no ir cargados como mulas Muy feliz ¡¡¿¿he dicho ya que me encanta la practicidad de este país??!!

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¡¡nuestro barrilete!!

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Jarrón con vasito incluido…

Más contentos que unos niños con zapatos nuevos, decidimos irnos hacia la zona de la estación JR a comer, así ya estamos allí para coger el bus hacia Hida No Sato después. Habíamos visto un par de tabernas cuando llegamos que nos llamaron la atención, así que nos fuimos derechos hacia ellas. Una solo la abren por la tarde, así que entramos en la otra dónde los carteles muestran unos ramen tremendos con carne de Hida asada. Por unos 1200¥ los dos, ¡nos ponemos hasta arriba de los mejores ramen que hemos probado nunca!

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¡aún se me hace la boca agua al acordarme de ese ramen!

Tras la comida, cruzamos la calle hacia la estación de buses para comprar el pase combinado de bus ida y vuelta + entrada para Hida No Sato (900¥), lo compramos en las máquinas que hay fuera, puesto que dentro hay mucha cola. Tenemos que esperar una media hora larga ya que el bus acababa de pasar, pero aprovechamos el wifi de la estación para ponernos al día. Al fin llega el Sarubobo Bus… ¡¡vaya retrobus de categoría!! Mr. Green Mr. Green

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Nos subimos al piso de arriba y en unos 10 minutos estamos en Hida No Sato. Casi llegando a allí nos llama la atención un edificio dorado enorme. Tiene pinta de secta :S

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Cuando tenemos conexión a internet. miramos qué es y vemos que se trata de la sede principal de una nueva religión nacida en Takayama, “La luz de la verdad”, basada en la creencia de que Cristo estuvo en Japón y no murió crucificado como dice el catolicismo si no de anciano en Japón… sin comentarios… Os dejo enlace a su web sukyomahikarieurope.org/en/ y de Wikipedia es.wikipedia.org/wiki/… D_Mahikari por si os interesa saber más sobre el tema.

Hida Folk Village o Hida no Sato, es un museo al aire libre que exhibe más de 30 granjas y casas tradicionales de la región de Hida, distrito montañoso de la Prefectura de Gifu. Las casas fueron construidas durante el Período Edo (1603-1867) y fueron trasladadas desde sus lugares de origen hasta aquí para crear el museo en 1971. Mantiene la atmósfera de un pueblo de montaña.

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mapa del Museo

El museo cuenta con edificios como la casa del ex jefe de la aldea, del tala cabañas, almacenes y una serie de caseríos gassho-zukuri.

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La mayoría de las granjas llevan el nombre de sus techos de paja escarpadas que se asemejan a un par de manos unidas en oración (“gassho“). Algunas fueron trasladadas aquí desde la cercana Shirakawago, donde las casas gassho-zukuri son reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Todos los edificios exhibidos en el Hida Folk Village están cuidadosamente preservados y abiertos al público.

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Lo que más nos gusta de Hida, además de poder ver las casas tradicionales de la zona es el poder entrar en todas ellas, conocer cómo vivían y cómo se organizaban en estas aldeas. Todas las casas cuentan con carteles dónde explican la historia de la casa original, costumbres, cómo se construyó, etc. Además muestran herramientas y utensilios usados en la vida cotidiana de la época y tienen una arquitectura de madera única. En algunas casas imparten talleres.

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Usaban un hogar para calentar la casa, cocinar y secar la ropa. Sobre ellos, colocaban unas plataformas de hierro colgadas del techo que en caso de subir demasiado las llamas lo hacían caer sobre el fuego y lo apagaban, evitando así incendios.

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Aprendemos cómo construían esos tejados capaces de aguantar varios metros de nieve sobre ellos.

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detalle del tejado

Seguimos recorriendo el recinto y vemos que hay una gran campana traída desde un templo de la región, dicen que si la haces sonar y pides un deseo mientras dura el eco se cumple, así que allá va Carol-San a hacerla sonar Guiño

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Entre los pinos, vemos plantaciones de setas shiitake, es curioso porque esta zona es una de las que más producen y a mi se me hace la boca agua solo de recordar su sabor y aroma 😛

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También hay en lo alto de una colina un pequeño templo que normalmente está cerrado al público pero que tenemos la suerte de encontrar abierto por las fiestas del matsuri, así que podemos deleitarnos con las pinturas de sus techos.

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Vemos estas dos piedras, que según dice el cartel explicativo cada una de ellas pesa unos 70kg. Las usaban para medir la fuerza y concentración de los hombres de la aldea, ya que además de levantar el peso debían ser capaces de evitar que les resbalara (por la forma que tienen).

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Mientras recorremos el lugar, escuchamos a pocos pasos de nosotros un grito de una mujer. Nos acercamos al grupo y vemos a una japonesa que corre de un lado a otro gritando súper asustada. Uno de los hombres del grupo nos dice en inglés que han visto una serpiente y por eso la mujer grita así. Nos acercamos un poco más y se trata de una pequeña serpiente de unos 30cm de largo que corre más asustada que la mujer a esconderse. Menudas risas tiene el grupo a costa del pobre bicho y de la pobre mujer… Nosotros seguimos con el camino de vuelta a la zona de la entrada al Museo al aire libre.

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Junto al lago, tienen también unas casetas con juegos tradicionales japoneses. Nos pasamos un buen rato allí bien entretenidos… Muy feliz Antes de irnos, hacemos parada en boxes y nos tomamos unos batidos de las máquinas. ¡Riquísimo!

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¡Este lugar nos ha gustado mucho y lo recomendamos al 100%! Cumple con las 3 B (bueno, bonito y barato) Guiño

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Sobre las 16,30h estamos de vuelta en Takayama, estamos cansados por el madrugón y la caminata que llevamos ya, así que decidimos volver al hostal, hacer el check-in y echarnos un rato la siesta, hay que probar el futón de nuevo 😉

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A las 18,30h nos ponemos en marcha de nuevo, salimos a ver Takayama de noche. Paseamos por las calles comerciales cercanas al hostal y aunque teníamos pensado cenar en alguno de los restaurantes recomendados en el foro Los Viajeros, la taberna que hay frente a la estación y que a mediodía estaba cerrada, nos llama mucho la atención. Así que vamos hacia allá.

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Entramos, y la mujer que hay en la recepción nos hace quitar los zapatos y dejarlos en unas taquillas que hay junto a la entrada. Una vez descalzos, nos lleva por un largo pasillo con cubículos privados a lado y lado hasta el nuestro. (Perdonad la calidad de las fotos, las eché con mi móvil de aquella época que con poca luz hacía lo que podía…)

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los cubículos privados

Al principio nos rayamos un poco porqué pensamos que tendremos que estar arrodillados durante toda la cena frente a esas mesas bajitas que tan poco me gustan… pero disimuladamente miro cómo están los de los cubículos aledaños y veo que están sentados con las piernas en un hoyo que hay bajo la mesa, ¡¡¡uff!!! Ahora si, cómodos y más relajados, nos miramos la carta. Es una izakaya, por tanto puedes escoger menús cerrados que incluyen varias tapas, o bien coger platos sueltos. Nos decantamos por probar un poco de todo. Después de tantas cenas de kombini nos apetece algo con un poco de categoría Sacando la lengua Éstos son algunas de las que pedimos.

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Yakitori o pincho de pollo

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niguiris de salmón braseado con caviar de salmón

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wagyu de Hida (ternera premium) a la plancha con setas

Repetimos el plato de wagyu de Hida que ¡¡estaba de rechupete!! Y de postre pedimos un variado de dulces japoneses, con los que nos invitan a un chupito de shōchū riquísimo. Comemos y bebemos fenomenal por 3800¥ los dos. Es algo caro, pero de verdad que solo por probar esa ternera que se deshace en la boca ¡¡ya lo vale!!

Compramos en un Family Mart que hay cerca algo de desayuno para mañana (600¥) y nos vamos a dar un paseo por las calles principales para bajar un poco la cena y ver el ambiente tan tranquilo que se respira en esta ciudad.

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Y tras el paseo volvemos al hostal, hoy ha sido un día muy guay y mañana toca madrugar de nuevo 🙂

05/10/13: Nos vamos a territorio de los Maeda: Kanazawa

Día 9: nos adentramos en el Ura Nihon (裏日本) o el Japón más “auténtico”…

Llega un nuevo día y nosotros hoy dejamos Kyoto con mucho, mucho pesar, y es que es nuestra ciudad japonesa favorita y aunque sabemos que volveremos algún día, cuesta despedirse de ella.

Hoy nos vamos a conocer la zona de los “Alpes Japoneses” y lo digo entre comillas porqué a los más puristas no les gusta que se les llame así 😛 Como quedamos con el hijo del Sr Matsubaya, tenemos listos los papeles para el envío de las maletas hacia el hotel de Tokyo con la empresa Yamato cuando bajamos a hacer el check-out. A los alpes nos vamos solo con las mochilas, las chaquetas y los paraguas (anuncian lluvias…) para viajar más cómodos los siguientes días en los que tendremos que coger varios transportes, y enviamos el resto del equipaje hacia la gran ciudad. Hemos quedado muy contentos con el Matsubaya Inn Ryokan y sin duda lo recomendamos. Nos regalan dos pack’s de palillos como agradecimiento por nuestra estancia, ¡qué majos! Aplauso Nos despedimos del personal que lleva el ryokan con grandes reverencias acompañados por varios dōmo arigatō (muchas gracias).

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Salimos hacia la estación JR Kyoto para coger el tren que nos llevará a Kanazawa y para el que reservamos los billetes ayer en la oficina de Japan Railways. De todos los que hay, el Thunderbird es el único que va directo desde Kyoto por lo que te ahorras casi 1h de viaje… tenemos reservados los billetes para las 9,09h. Al salir del ryokan está lloviendo y hace fresquillo, suerte que nos hemos quedado con las chaquetas y los paraguas… Nos compramos algo de desayuno en las máquinas de la estación para tomarlo en el tren de camino. Cuando subes a un tren japonés, ves que el deporte nacional es dormir en ellos. Muchas veces ves que se despiertan de golpe y bajan en la siguiente parada, siempre he tenido la duda de si tienen los tiempos controlados o es que allá dónde se despiertan se bajan y luego dan la vuelta… 😛 El otro deporte nacional si se trata de viajes largos es comer, así que podéis hacerlo tranquilamente, siempre y cuando luego no dejéis basura en el tren y la depositéis en las papeleras de los andenes.

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nuestro tren

El trayecto hasta Kanazawa es muy chulo, hay unos paisajes de montaña con unos lagos espectaculares. A las 11,13h llegamos a destino. Decidimos deshacernos del equipaje aprovechando que el hotel está justo al lado de la estación y así visitar la ciudad sin cargas. Para esta noche, escogimos de nuevo un hotel de la cadena Dormy Inn Kanazawa por 13000¥ (los dos). Cuenta con baños públicos en el último piso, lavadoras a monedas y está muy bien ubicado, en la calle justo al lado de las estaciones JR y de buses. Estos hoteles suelen estar bien de precio y estupendamente ubicados, los recomiendo sin duda.

Kanazawa (金沢): A partir del siglo XV la importancia de Kanazawa creció al establecerse la poderosa y combativa secta Ikko. Durante el periodo Edo el clan Maeda (el segundo más poderoso en términos de producción de arroz y tamaño de feudo) se asentó en la ciudad. Kanazawa fue creciendo hasta convertirse en una ciudad de gran éxito cultural rivalizando con Kyoto y Tokyo. En la II Guerra Mundial, fue la segunda ciudad más grande Japón (después de Kyoto) en escapar de la destrucción de los ataques aéreos. Gracias a ello, hoy en día aún se mantienen partes de la antigua ciudad amurallada, con los distritos de los samuráis, templos y distritos de ocio y de geishas, en buenas condiciones.

El centro de la ciudad se define por Kanazawa Castle Park. Todas las atracciones principales están situadas dentro de un radio de unos dos kilómetros alrededor del parque del castillo, por lo que es posible explorar la mayor parte de la ciudad a pie. La estación JR Kanazawa por eso no es céntrica, se encuentra a unos dos kilómetros (unos cinco minutos en autobús) al noroeste del centro de la ciudad. Hay una red de autobuses que conectan la estación con el centro de la ciudad y las principales atracciones turísticas de Kanazawa. Los buses tienen un precio de tarifa plana de 200¥ por trayecto en el centro de la ciudad, o como en Kyoto, puedes comprar un bono diario de viajes ilimitados por 500¥. Hay varias líneas pero la más útil para los turistas es la del Loop Bus Kanazawa, que conecta la estación de Kanazawa en un circuito en sentido horario con la mayoría de los lugares de interés. El ticket se compra en la oficina de turismo de Kanazawa que se encuentra adherida a la estación JR y el bus se toma en la entrada principal de ésta.

Tras dejar el equipaje en el hotel (que nos lo guardan gratis), volvemos a la estación para comprar el pase diario del Loop Bus (500¥ pp) y lo tomamos para ir hacia la zona del Castillo y el Kenro-koen. Tras unos minutos de trayecto, bajamos en la parada “Kenro-koen-shita”. Justo en frente, ya vemos la muralla del castillo de Kanazawa.

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Subimos unos escalones para llegar al puente y entramos al recinto del Kanazawa-jo o castillo de Kanazawa. La entrada a éste es gratis (solo hay que pagar 300¥ si quieres acceder a las torres).

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Este castillo fue la sede del clan Maeda desde 1583 hasta el final del periodo Edo. Se quemó un par de veces a lo largo de su historia, por lo que tan solo queda en pie la Puerta Ishikawa-mon de origen.

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Desde hace varios años están trabajando en la reconstrucción de las torres, del foso, de la puerta de acceso principal al Kanazawa-jo y los almacenes del castillo. Decidimos ver solo un trozo del recinto y no pagar la entrada a las torres ya que nada más entrar al patio interior del castillo vemos que están preparando una especie de feria dentro del recinto para mañana, en los carteles ponen que se celebra el Matsuri… lástima no poder cuadrar el itinerario de otro modo para disfrutar de él 🙂

Salimos de nuevo por la Ishikawa-mon y desandamos lo andado para ir hacia el otro extremo del puente, dónde se encuentra una de las entradas al parque Kenro-koen. Pagamos la entrada (600¥ pp). Éste es considerado como uno de los tres mejores jardines de Japón. Solían ser los jardines exteriores del castillo, un jardín privado de la familia Maeda, pero no fue abierto al público hasta 1871. Dispone de varios estanques, arroyos, cascadas, puentes, casas de té y una villa samurai en su recinto.

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Su nombre, literalmente significa “jardín de las seis subliminales”, refiriéndose a la amplitud, aislamiento, artificialidad, antigüedad, abundancia de agua y amplias vistas, seis atributos que hacen de un jardín perfecto según una teoría china basada en el yin-yang.

Pasamos un buen rato deleitándonos con el lugar, e incluso nos sentamos en algún banco a observar. Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo con algunas fotos que como siempre no hacen honor al vivo y en directo. Aquí disfrutamos viendo el inicio del momiji, el momento del otoño en que las hojas de los arces se tiñen de color rojizo.

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el Kenro-koen cuenta con la lámpara de piedra más antigua de Japón

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Adherida al jardín se encuentra la Villa Seisonkaku (entrada 700¥ pp), una de las villas samurai más elegantes de Japón y construida por un señor Maeda para el retiro de su madre, durante los últimos años del periodo Edo.

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Es un gran edificio con una serie de salas con suelos de tatami construidas en dos plantas. Una de sus características más interesantes son los techos que cubren el mirador del jardín, construidos sin columnas para no interrumpir las vistas del jardín. Así como los suelos de madera que rodean la casa y dan acceso a los jardines, que como los del Castillo Nijo de Kyoto crujen al caminar sobre ellos a no ser que lo hagas muy muy despacio. Sus jardines privados nos maravillan también. Y cuenta con otra característica que no habíamos visto antes, cada estancia tiene las paredes pintadas de un color, pero colores fuertes como rojo, naranja, morado… al estilo holandés o incluso, árabe, dicen que por influencia de comerciantes extranjeros que había conocido el Sr Maeda. Este lugar nos gusta mucho, se respira paz en sus estancias y además, muestra juegos, muebles, ropas y joyas de la familia. Lástima no poder hacer fotos ni del interior ni de sus jardines porque son una pasada…

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Algo que teníamos pensado para el día de hoy era visitar el Templo Myoryuji, conocido como el Templo Ninja. El mundo ninja nos atrae a ambos, pero hay muy pocas cosas sobre ellos en Japón (no les tienen mucho aprecio que digamos… Doblemente malvado ) pero leyendo por internet vimos que había que hacer reserva telefónica previa y que solo hablan japonés, y había opiniones muy negativas de algunos visitantes, lo cuál nos echó atrás. Así que decidimos coger el bus de nuevo para acercamos a la estación, allí comemos en un restaurante italiano unas ricas pizzas (2000¥ aprox los dos) y vamos al hotel a hacer el check-in y pasar por la habitación para refrescarnos un poco, ¡hace un calor terrible!

Aunque el jardín Kenro-koen y la villa samurai nos ha gustado muchísimo, no acabamos de encontrarle el punto a esta ciudad… suponemos que es por el cansancio que llevamos encima, y el bochorno y la humedad tan fuertes que hace, aún así, decidimos darle un voto de confianza por lo que cogemos de nuevo el bus aprovechando el bono diario y nos vamos hacia Nagamachi o distrito samurai.

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Queríamos entrar a ver la casa Nomura, pero cuando llegamos el señor que hay a la entrada nos dice que ya van a cerrar y que no nos da tiempo a visitarla. Tenía apuntado de la japan-guide que cierran a las 17,30h y solo son las 16,30h así que nos quedamos descolocados… vienen otros grupos detrás nuestro y se encuentran con lo mismo, ¡vaya fiasco! Paseamos un poco por la zona y vemos que todas las casas samurai están cerradas o a punto de hacerlo :S

Tan solo podemos entrar en la Takada Family House (entrada gratis) una pequeña casa samurai que conserva los establos dónde guardaban los caballos de los samurai, un par de estancias construidas en madera y la puerta original. Contiene además un bonito jardín. Tienen carteles en inglés, así que podemos aprender un poquito más sobre los samurai.

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Seguimos caminando hacia el Museo Ashigaru, pero aunque solo son las 17h, ¡está todo cerrado ya! En esta zona nos llama la atención un centro sanitario cristiano ortodoxo con capilla incluida, es la primera iglesia cristiana que vemos en Japón Muy feliz

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La zona es bonita y bien merece un paseo, la pena es no poder visitar más casas de samurai que es la esencia del barrio…

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Decidimos acercarnos de nuevo al centro y visitar los dos santuarios principales de la ciudad a sabiendas que los santuarios no cierran Sacando la lengua Ambos son de entrada gratuita. El primero que vemos es el Oyama-jinja. Este santuario está dedicado a Maeda Toshiie, el primer señor del poderoso clan Maeda. Construido en 1599 por su sucesor en el Monte Utatsu y trasladado posteriormente a su ubicación actual. ¡Lo flipamos con la entrada! Tiene una gran torii de piedra y tras ella, ¡una puerta al más puro estilo europeo!

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La puerta fue diseñada por un arquitecto holandés usando elementos de temática religiosa europea y asiática. Sus pisos superiores fueron usados como faro, recordad que Kanazawa fue la capital portuaria del norte de Honsu. La puerta era originalmente la de entrada al palacio del castillo y fue trasladada al santuario posteriormente. En el recinto se alza una estatua de Toshiie y cuenta con diversos estanques con unas carpas enormes 😛

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Vemos que en el interior del templo hay una sacerdotisa enseñando unos cantos a otra más joven. Hay varias personas escuchándolas, y la verdad es que es algo curioso de ver, nos ponemos en una esquina para no molestar y nos quedamos un rato observándolas. También vemos a varios salaryman que vienen a hacer sus oraciones tras la jornada de trabajo. Esto es lo que más me gusta en un viaje, poder pararte a observar el día a día de la gente del lugar, poder empaparme de su verdadera esencia… 🙂

De allí, nos dirigimos al Ozaki-jinja, santuario shinto dedicado a los grandes señores Amaterasu-o-minokami, Tokugawa Ieyasu y Maeda Toshitsune, y que fue construido en 1643.

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Vemos en el mapa de la ciudad que el mercado Omicho está a pocos pasos del santuario, así que tras la visita al pequeño santuario, allá vamos. Este mercado funciona al mismo modo que la lonja de pescado Tsukiji de Tokyo. Se encuentra entre el barrio de Katamachi y la estación JR, y en él hay centenares de tiendas y restaurantes. Muchas de ellas ya han cerrado cuando llegamos, así que recorremos un par de calles y salimos hacia la calle principal de nuevo.

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No encontramos ninguna parada del Loop bus cerca, así que nos toca ir caminando hacia el hotel dónde queremos descansar un rato con la intención de luego cenar en alguno de los distritos de las geishas para poder conocer también esa zona de la ciudad. Aunque en el mapa no parecía que hubiera tanto, tardamos más de 30 minutos a pie… al fin llegamos a la estación JR y vemos la “torii” de aluminio de la entrada, que en realidad no es una torii si no un tambor tsuzumi… ¡de nada más que 13,5 metros de alto por 24 metros de ancho! Así como la fuente/reloj que con el agua y luces va formando mensajes y marcando la hora.

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Tras las fotos de rigor, nos vamos hacia el hotel a descansar un rato. No sé si por el cansancio acumulado de estos días, la caminata de hoy, la terrible humedad que hay, el calor tremendo que hemos pasado o qué… pero me empiezo a encontrar fatal, con dolor en todas las articulaciones y una sensación de agotamiento brutal… ¡como si estuviera incubando un gripazo terrible! Así que con mucho pesar decidimos pasar de largo del distrito de las geishas y dedicar el resto de la tarde a descansar. Mi marido baja a un 7/11 que hemos visto cerca a comprar la cena y el desayuno para mañana (1700¥ todo) y decidimos relajarnos y cargar las pilas.

La verdad es que las cenas de los kombini nos apañaron prácticamente a diario, por pocos yenes cenamos decentemente en la habitación de la mayoría de los alojamientos. Es una de las facilidades que pone Japón, y es que en todos ellos encontramos hervidor de agua y neverita en la habitación, y algunos incluso microondas de uso comunitario.

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hoy sopa de miso, yakisoba, bolitas de pollo empanado y arroz gohan

Cenamos pronto y tras ello, nos enfundamos los yukata de cortesía que tenemos en la habitación y nos vamos a darnos un bañito relajante al sentō (baño comunitario) del hotel. Tras un buen rato en remojo en el agua calentita para que me siento un poco menos agotada…, volvemos a la habitación y a nos vamos a dormir pronto, ¡¡espero estar mejor mañana!!

04/10/13: last day in Kyoto entre bosques de bambú…

Día 8: de vuelta a Arashiyama, nuestro barrio favorito de Kyoto.

Un nuevo día en Japón… y el último por Kyoto 😦 Nos va a dar penita dejar de nuevo esta ciudad, nuestra favorita en el país nipón. Desayunamos en la habitación y nos ponemos en marcha. Hoy pretendíamos ver primero el santuario Shimogamo y luego ir hacia Arashiyama, pero no nos acaba de quedar claro si el templo está en obras todavía o no, y estamos deseando visitar de nuevo la zona de Arashiyama, nuestro barrio favorito en esta ciudad, así que pasamos de largo del Shimogamo y nos vamos derechos a Arashiyama.

Para ir hacia esa zona hay dos opciones, coger el tren o bien, el bus pero éste último el trayecto no entra en el bono diario y tocaría pagar bastante más (ya lo probamos en el primer viaje…) así que aprovechando que tenemos los JRP activados, vamos hacia la estación JR Kyoto y cogemos el primer tren de la línea JR Sagano y bajamos en la estación JR Saga-Arashiyama. Aquí ya empezamos a recordar lugares y edificios de nuevo Mr. Green

A pocos minutos a pie de la estación, se encuentra nuestro primer templo del día, el Tenryuji. Éste es el templo más importante del distrito de Arashiyama, ocupa el primer puesto entre los cinco grandes templos zen de la ciudad y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue el templo principal de su propia escuela, la secta budista Rinzai Zen y construido en 1339 por el shogun Takauji quién dedicó el templo al emperador Go-Daigo que acababa de fallecer. Los edificios del templo han sido reconstruidos en varias ocasiones ya que sufrieron daños en varios incendios y guerras pero los jardines se conservan de origen.

Se puede acceder a tan solo uno de los edificios del templo ya que los otros los están reconstruyendo pero lo que realmente nos interesa de este lugar son sus jardines, así que sólo pagamos por ellos (500¥ pp). Nada más entrar, se rodea el edificio principal del templo, se puede ver su interior desde fuera y cuenta con un bonito jardín zen delantero.

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Seguimos rodeando el edificio y nos encontramos con un impresionante lago rodeado de plantas, flores y árboles con un bonito follaje de otoño.

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Hay varios senderos que recorren el parque y algunos suben unos cuantos metros por encima del parque, por la falda del monte de Arashiyama.

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Mientras recorres esos senderos vas encontrando lámparas de piedra, terreno cubierto de musgo y plantas y árboles de todo tipo. Así como algunas fuentes y “altares”, y algo de fauna local…

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Junto a los terrenos del templo se encuentra el bosque de bambú de Arashiyama, hay una salida del parque directo a él, pero nosotros decidimos acabar de recorrer el parque en forma circular y salir por dónde entramos.

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Así que nos acercamos de nuevo a la zona del lago y vemos las famosas puertas del edificio pintadas, una con un dragón, así como el altar con el monje.

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Salimos del templo y nos dirigimos de nuevo a la calle principal. Queremos volver a visitar nuestro templo favorito en la ciudad, poco recomendado en las guías de viaje y que descubrimos en el primer viaje gracias a un blog. Pero antes nos tomamos unos refrescos, aunque el día está medio nublado hay una humedad tremenda, con lo que de nuevo pasamos un calorazo terrible… ¡¡Cómo echo de menos estas máquinas!!

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con un par de estas bebidas haces una sobredosis de vitamina C… ¬¬’

Y ahora si, cruzamos las vías hacia la famosa calle Saga-Toriimoto que conserva el estilo de la época Meiji, con edificios machiya tradicionales (“casas de la ciudad”).  Algo que nos encanta de Kyoto es que puedes encontrar templos y santuarios en cualquier lugar, en calles recónditas o en grandes avenidas y todos tienen algún encanto.

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Nos encontramos con el templo Seiryoji (entrada gratuita) que ya conocíamos del primer viaje pero muy de pasada y del que no tenemos fotos (me quedé sin batería en la cámara cuando visitamos esta zona), así que decidimos entrar a verlo, esta vez con más calma y nos encontramos con un grupo de monjes que celebran una ceremonia.

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Los Nio o guardianes de Buda que suele haber a la entrada de los templos budistas son impresionantes…

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Recorremos el recinto de nuevo entre cánticos de monjes…

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Tras una media hora recorriendo el recinto del Seiryoji, salimos de nuevo para seguir subiendo la calle. Estamos a unos 5 minutos del templo al que nos dirigimos pero vemos que son las 14h, aprieta el hambre y recordamos que por la zona no había apenas lugares para comer, por lo que decidimos parar en el primer restaurante que encontremos para que no se nos haga muy tarde… A pocos minutos, vemos uno con pinta de chiquitín que las fotos de los platos que tienen en la calle nos parecen bien y no está mal de precio, así que decidimos entrar. El propietario nos mira algo extrañado pero muy amablemente nos indica una mesa. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos trae la carta y … ¡ESTÁ TODO EN JAPONÉS! ¡oh , oh! Pero a estas alturas no hay problema, en un segundo viaje no te agobias con ciertas cosas, y empiezas reconocer algunas palabras (soba es un tipo de fideo, ebi es langostino, sake es salmón, toro es atún, shiitake son setas, gohan es arroz…) y por señas escogemos dos platos (casi al azar) y a cruzar los dedos a ver qué hemos pedido ¡¡jajaja!! Y he aquí…

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La verdad es que están riquísimos los dos, disfrutamos de una muy buena comida por 1400¥ los dos, acompañado por un té riquísimo del que te van rellenando el vaso conforme lo vas bebiendo, y hasta nos invitan a un chupito de sake al terminar 🙂

Tras una riquísima comida, seguimos recorriendo la calle hasta llegar a la callejuela que lleva a nuestro templo favorito en esta ciudad: el Gio-ji.

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esta zona de Kyoto es poco conocida y tiene mucho encanto…

Nos fijamos que hay otro templo justo al lado que pone un cartel de “Museo” en la entrada, así que decidimos entrar a ver qué encontramos (500¥ pp). El jardín del templo nos recuerda mucho al de Gio-ji, todo cubierto de musgo. Lo siento, no recuerdo el nombre del templo pero estaba justo al lado.

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La señora de la taquilla nos pregunta si hablamos inglés y nos guía hasta el templo. Allí nos recibe un hombre que nos explica el significado de algunos símbolos budistas y nos invita a pasar a una sala que hay al lado dónde tienen una especie de museo con piezas de varios lugares pero sobretodo del Todaiji de Nara. Pero no nos enteramos de casi nada porque todas las explicaciones están solo en japonés… así que echamos un vistazo rápido, nos deleitamos un poco más con el jardín por amortizar algo los 1000¥ que hemos pagado, y con mal sabor de boca porqué nos parece un poco robo, nos vamos, ahora sí, ¡al Gio-ji de nuestros amores! Pagamos 500¥ pp la mar de gustosos y entramos. Nos es inevitable alucinar. Si lo recordábamos bonito, ¡en vivo lo es más! Se trata de un pequeño templo con un Buda de Luz pero rodeado de un jardín espectacular de altos arces y cubierto de musgo junto al bosque de bambú de Arashiyama. Y como más vale una imagen que mil palabras, aquí tenéis algunas, aunque no hacen honor al vivo y en directo.

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Recordamos que cuando estuvimos la primera vez había un gatito blanco que nos acompañó en toda la visita, vivía allí y era muy cariñoso. Nos extraña no verlo y mi marido dice que igual se ha muerto… en esas que llegamos al pequeño edificio del templo y vemos que hay un altar con fotos del gatito, juguetes y comida, y es que ¡se ha muerto este verano 😦 Nos da mucha pena, pobrete!, así que echamos unas monedas en el altar del gatito. Quizá os parezca una chorrada, pero ese gatito formaba parte del encanto y del buen recuerdo del templo y ver que ya no está nos da pena.

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Pasamos un buen rato sentados en el suelo de tatami del templo observando el jardín. Y con mucho pesar, decidimos irnos para ir a ver alguna cosa más de la zona asegurando que volveremos a este lugar en nuestra próxima visita a Kyoto…

Bajamos de nuevo por la calle principal. Recordamos del primer viaje que había un gran cementerio cerca del bosque de bambú pero no damos con él. Recorremos el sendero del bosque de bambú. Es muy agradable pasear por ahí y hay una sombra que se agradece mucho después del día de humedad y calor que ha hecho.

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Justo al llegar a las vías del tren, vemos que pasa el tren panorámico de Sagano Torokko que hace un recorrido entre Kameoka y Kyoto recorriendo la línea JR Sanin por las montañas de Kyoto. Os dejo un enlace al blog Japonismo dónde hablan sobre él por si os interesa.

Nada más  cruzar las vías del tren nos topamos con un santuario del que no habíamos leído nada en las guías. Se trata del Nonomiya-jinja Shrine, dedicado a los dioses del sol y del fuego, y de entrada gratuita. Es un santuario realmente bonito y es espectacular ver el contraste de la madera lacada en rojo con el musgo del suelo y los bambú 🙂

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Vemos unas tablas Ema muy bonitas y decidimos comprar dos (500¥ c/u) para dejar nuestro mensaje en el santuario y llevarnos un deseo a casa en ellas: “siempre llevaremos Kyoto en nuestros corazones” y “por muchos viajes más”. Colgamos una de ellas junto a las demás con una reverencia y tras habernos purificado como marca la tradición shinto, la otra nos la llevamos a casa.

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Aquí pasamos un buen rato y es bonito ver cómo va oscureciendo a través del bambú. Seguimos nuestro camino hacia la calle principal que lleva al Puente Togetsukyo que significa “puente que cruza la luna”.  Este puente de madera, cuenta con más de 100 años de antigüedad. Recordamos que la otra vez compramos unos helados muy ricos en una tienda y allá que vamos. Nos compramos un delicioso helado de soja para mi y de té verde para mi marido (300¥ c/u) y nos sentamos junto al río a comerlos mientras vemos caer el sol con la magnífica estampa del río y el Monte Arashiyama.

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Me hubiera gustado acercarnos a Kobe tal y como tenía pensado, pero estamos cansados y mañana toca madrugón, así que decidimos acabar nuestro día en Kyoto quedándonos en la ciudad. Tras un corto paseo, cogemos el tren en la estación JR Saga-Arashiyama de vuelta a la JR Kyoto. Al llegar, reservamos los billetes del tren a Kanazawa para mañana y damos una vuelta por el centro comercial Big Camera que hay al lado para mirar las réflex, cojo algunos precios de los modelos que más me llaman y nos vamos un rato a descansar al ryokan, de camino compramos unos dulces, unos refrescos y desayuno para mañana en el Lawson (800¥) para tomarlos en la habitación. Muy cerca del ryokan hay una tienda que venden souvenirs y que me miro su escaparate desde que llegamos a Kyoto, finalmente, decidimos entrar ya que vemos unos buda protectores que a mi marido le encantan, compramos uno por 800¥, ale ya tenemos otro buda para casa Mr. Green

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el escaparate

 

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nuestro buda protege la entrada de casa 🙂

Vamos a la habitación a descansar un poco y tomarnos los refrescos. Sobre las 18,30h, decidimos salir a dar una vuelta. Antes de irnos, hablamos con Matsubaya-San hijo para ver si nos gestionaría el envío de las maletas a Tokyo ya que a la zona de los alpes iremos con mochila, el chico nos pide los datos del hotel de destino y nos dice que mañana al hacer el check-in nos recoge las maletas y se ocupa él. ¡Genial!

Cogemos el metro en la estación Gojo hasta Shijo (210¥ pp) para ir a la zona comercial de Teramachi. Echamos unas fotos de la zona y nos adentramos en las calles comerciales. Nos encanta ese contraste de tiendas, restaurantes con toriis de piedra y santuarios con lámparas de papel Muy feliz

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Entramos en un par de ellos. En uno, hay una especie de marioneta que si le echas 100¥ te da un papel de la fortuna. Si es bueno te lo quedas y si es malo, lo atas en un árbol que hay junto a ella para que los dioses shinto te protejan de ella. Como es buena nos la llevamos. Ale ya tenemos otra para la colección Mr. Green Os dejo un vídeo porqué el bicho era muy gracioso…

Ya de por si, me encantan los farolillos que adornan los santuarios, pero iluminados por la noche ya me acaban de enamorar…

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Decidimos cenar unas hamburguesas en una cadena que hemos visto en varios lugares, la First Kitchen por 1000¥ los dos, no están mal pero tampoco matan… Tras la cena, caminamos de vuelta a Shijo-Dori por las calles comerciales. A estas horas ya van cerrando muchos puestos.

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En Shijo-Dori cogemos el bus nº5 que nos deja entre la parada del metro Gojo, a pocos minutos a pie del ryokan (220¥ pp). Una vez en la habitación preparamos las mochilas, cerramos las maletas, ducha, llamadita y a dormir que mañana nos vamos a conocer otra zona 🙂

03/10/13: Kyoto & Osaka

Día 7: día de grandes templos en Kyoto, y tarde de ocio en Osaka

¡¡A las 5,30h amanece un nuevo día, horror es demasiado temprano!! Ojos que se mueven el ryokan no tiene persianas, tan solo unas puertas de papel correderas opacas que dejan entrar la luz y como estamos en el país del sol naciente pues amacene temprano como podéis ver… Para algunos esto no será un problema pero para mi marido si, ¡y grande! Suerte que llevaba un antifaz para el avión en la maleta, y con él puesto y yo tapada hasta las cejas pudimos dormir un par de horitas más. Muy feliz

Esta noche hemos dormido bien en el “doble” futón que nos hicimos 🙂 La mar de cómodos. Desayunamos en el ryokan lo comprado el día anterior en el konbini y salimos hacia la estación JR Kyoto para coger un tren regular de la línea JR Nara Line (de los que paren en todas las estaciones), hasta la JR Tofukuji. Como llevamos los JRP activos, tan solo tenemos que enseñárselo al revisor de la entrada a la zona de vías de la estación y pasamos. Llevamos con nosotros los paraguas ya que el día empieza algo lluvioso y muy nublado…

Hoy vamos a visitar algunos de los templos considerados imprescindibles en Kyoto y que no visitamos en el primer viaje. El primero de la lista para hoy está a unos 10 minutos a pie desde la estación JR Tofukuji, pero decidimos tomar otro camino para ir viendo algunos de los templitos que hay por la zona. Empezamos encontrándonos con el Taiko-an, de la rama Rinzai del budismo.

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A pocos pasos, se encuentra el Dojuin Temple. En el que se encuentran un montón de Jizo’s, ¿¡he dicho ya que me encanta este buda?! Es el protector de los niños pero también de los viajeros, ¿será por eso que me inspira simpatía? 🙂

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Y tras unos pocos metros más, encontramos un camino cubierto de madera en medio de un pequeño bosque que nos adentra hasta el Templo Tofukuji.

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Se trata de un conjunto de templos, fundado en 1236 a instancias del clan Fujiwara y su nombre es la combinación de los dos grandes templos de Nara: el Todaiji y el Kofukuji. Éste ha sido históricamente uno de los principales templos Zen de Kyoto, y es de los principales de la escuela Rinzai. Hay varias partes del recinto que son de acceso gratuito. Algunos son estructuras del periodo Muromachi y son raros ejemplos de arquitectura zen superviviente de la época.

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Sin embargo, hay dos zonas que se deben pagar para poder acceder a ellas: el jardín Hojo y el Puente Tsutenkyo, y el Kaisando Hall. En primer lugar, pagamos (400¥ pp) para acceder al puente de madera Tsutenkyo que conduce hasta el Kaisando Hall, lugar que sirve como mausoleo del primer sacerdote principal del templo. El camino de piedra frente al Kaisando está flanqueado por impresionantes jardines a ambos lados, un jardín de piedra seca a la izquierda y un estanque a la derecha. El Kaisando y sus jardines fueron reconstruidos durante el último período Edo (1603-1867).

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Volvemos nuestros pasos y nos dirigimos al Hojo, (400¥ pp), las antiguas dependencias de los sacerdotes, rodeadas de unos jardines espectaculares que combinan agua, rocas, piedra y musgo. En el interior del edificio no se pueden hacer fotos, pero si en los jardines.

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Salimos del Hojo y nos tomamos un café de las máquinas que hay a la entrada por unos pocos yenes.

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Cruzamos la gran puerta Sanmon, la puerta zen más antigua en su estilo, con 22m de altura y que data de 1425.

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De camino hacia la estación JR, encontramos un par de templitos más, a los que solo nos asomamos y en menos de 10 minutos estamos de nuevo en el tren de la línea JR Nara de vuelta a Kyoto. Debo decir, que hay mucha gente que visita el Tofukuji aprovechando el camino a Nar, al igual que Fushimi Inari ya que caen de camino y es la misma línea de tren la que lleva a ambos. Nosotros en su día preferimos disfrutar de Nara y de Fushimi Inari tranquilamente por lo que los visitamos en días distintos.

Al llegar a la estación JR Kyoto, compramos el bono diario para el bus (500¥ pp) y tomamos la línea 5 para ir a los templos Eikando y Nanzenji, en la zona del sendero de la filosofía. Bajamos en la parada Nanzenji-Eikando-michi y en seguida empezamos a recordar que hace dos años y unos meses paseábamos por esta bonita y tranquila zona de Kyoto, en el barrio de Higashiyama.

Nos acercamos hasta el templo Eikando porque tenemos dudas de si lo visitamos en el primer viaje, y sólo con verlo por fuera ya nos queda claro que si lo vimos (el mismo día que visitamos Fushimi Inari y que estuvimos recorriendo la zona por la tarde), así que seguimos caminando unos metros más por el sendero de la filosofía hacia el sur y a pocos minutos llegamos al templo Nanzenji, otro de los grandes que nos faltaron la primera vez ya que estaba en obras de restauración.

Situado en la base de las boscosas montañas de Higashiyama, es uno de los templos zen más importantes de Japón. Fue construido como casa de retiro para el emperador Kemayama, convirtiéndose más tarde en el templo zen. El Nanzenji lo componen varios edificios (la puerta Sanmon, el Hojo, el Konchi-en, el Nanzenji como tal y el Tenjuan), así como un par de grandes jardines. El acceso al patio principal es gratuito, pero cada edificio tiene su entrada propia de pago así que decidimos que sólo entraremos a aquellos que realmente nos interesan. Lo primero que nos encontramos es la gran puerta de entrada Sanmon, construida en 1628 como homenaje a los soldados que murieron en el asedio del castillo de Osaka en 1615. La entrada son 500¥ para subir a lo más alto, pero nos conformamos con verla desde el suelo y disfrutar de cruzar a través de sus grandes columnas.

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Este templo cuenta con algo extraño de ver por estos lares: un acueducto de ladrillo al más puro estilo romano que cruza los terrenos. Fue construido durante la época Meiji (1868-1912), forma parte de un sistema de canales que se construyó para llevar agua y mercancías entre Kyoto y el lago Biwa, en la vecina prefectura de Shiga.

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De ahí nos fuimos hasta el Hojo, la residencia del ex-jefe del sacerdote y la sala principal del Nanzenji. Famoso por su jardín de rocas, de las que se dice que se asemejan a tigres y sus cachorros cruzando a través del agua.

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Pagamos su entrada (600¥ pp) y nada más acceder al edificio ya puedes disfrutar de su arquitectura, así como de las pinturas de tigres hechas en pan de oro que hay en las puertas correderas, de los suelos de madera y tatami y de un fantástico comedor con vistas a un jardín zen que ya lo quisiera para mi, ¡sobretodo por las vistas!

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Disfrutamos de sus jardines en los que se respira una gran paz. El delantero es el zen con la representación de las rocas simulando los tigres (que nosotros no fuimos capaces de ver esa similitud la verdad… 😛 ) y el trasero, combina musgo con piedras rastrilladas y vegetación.

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Son casi las 13h, así que decidimos desandar lo andado por el sendero de la filosofía y dirigirnos hasta la gran torii que marca la entrada al Santuario Heian, ya que no encontramos ningún bus ni metro cercanos que nos fuera bien para ir a la zona que habíamos pensado visitar por la tarde, así que nos toca caminar unos 20-30 minutos a pie desde el templo… Se ha despejado el día y hace un calor y una humedad terribles, pasamos una buena chicharra durante el paseo ¬¬’ Así que una vez junto a la gran torii, decidimos aprovechar el pase diario que llevamos y coger el primer bus que pase para acercarnos un poco a la zona de Pontocho para comer. Nos bajamos justo antes de cruzar el puente y entramos al primer bareto que vemos. En la puerta vemos fotos de unas bandejas de tonkatsu y boles de arroz de esos que llevan de todo a buen precio y allá que vamos. Al entrar, todo el mundo nos mira. Somos los únicos gaijin del local y está lleno de abueletes y trabajadores en su hora de comer. La mujer que lleva el local nos acompaña a una mesa y nos trae una carta medio en japonés, medio en inglés pero que nos sirve para pedirle por señas lo que queremos. Comemos de fábula por unos 1500¥ los dos y ¡hasta nos invitan a un chupito de shochu! Este es uno de esos lugares que en el primer viaje no hubiéramos entrado por miedo a no aclararnos, pero que la veteranía de un segundo viaje te lo permite, y resulta ser de esos lugares en los que mejor comes y que años después aún recuerdas 🙂

Ya con la panza llena, nos acercamos de nuevo hasta la torii en un paseo de unos 10 minutos, y de camino entramos a un par de templos que nos encontramos medio escondidos entre las casas.

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Cruzamos el puente de madera lacada que cruza el río y nos maravillamos de nuevo con la vista de ¡¡la madre de las torii!!

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Solo hay que fijarse en la altura de los coches o de los árboles que hay en la zona para valorar su inmensidad…

El Santuario Heian, pese a ser uno de los más importantes de Kyoto, no lo visitamos en el primer viaje, así que no nos podíamos ir de la ciudad sin disfrutar de su visita y sin cruzar “las zamburguesas” de sus jardines 🙂 El Santuario Heian fue construido para celebrar el 1100 aniversario de la fundación de la capital de Kyoto y está dedicado a los espíritus de los primeros y últimos emperadores que reinaron la ciudad (Kammu y Komei). Heian es el antiguo nombre que tenía Kyoto.

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El acceso al santuario es gratuita. Y de nuevo, hay un montón de escolares por el patio interior… se nota que es uno de los grandes porqué está a rebentar igual que ayer el Kiyomizu.

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Nos deleitamos con la arquitectura de las torres y sus tejados, ¡¡qué pasada!! Ese contraste del rojo y el verde hace pensar en templos más de estilo chino…

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Nos acercamos hacia la entrada a los jardines que si son de pago (600¥ pp) y nada más entrar ya se respira paz, mucha paz. A diferencia del santuario, aquí hay muy poca gente recorriendo el parque y hay sombra (¿¿¡¡he dicho ya que pasamos mucho calor??!!) así que nos deleitamos con las vistas. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas fotos de los jardines que sin duda no hacen honor a la belleza del vivo y directo…

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Como anécdota contar que hubo una señora japonesa que casi se cae al agua al cruzar las piedras, ya que era muy bajita y no llegaba, ¡pobre! lo pasó mal cruzando pero nosotros también por si la teníamos que rescatar 😦 pero finalmente pudo cruzarlas todas y sonriente llegó al otro lado 🙂 Y cuando me disponía a cruzar yo (grabando mientras lo hacía), un señor mayor que había haciendo fotos en el parque me pidió permiso para hacerme una foto cruzando. Así que la menda está entre las fotos de aquel buen señor… Mr. Green

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Al salir de parque son algo más de las 16h y aunque la idea inicial era escaparnos a conocer Kobe, pensamos que la visita a Osaka del primer día nos supo a poco, así que decidimos volver a Osaka y ver la zona comercial de Dotonbori y dejar Kobe para otra ocasión con más calma. Cogemos el bus 100 hasta la estación JR y allí un tren local con el JRP que aún tenemos activo hasta Shin-Osaka.

Una vez en Shin-Osaka, tomamos el metro hasta Shinsaibashi (no recuerdo el precio del trayecto pero creo que fueron unos 200¥ pp) y nos adentramos por las calles comerciales de la ciudad dando un paseo, entramos en algunas tiendas, nos miramos las cámaras y objetivos en otras, compramos alguna bebida y llegamos hasta los “iconos” de la ciudad, como el corredor de Glico y el pulpo de un restaurante de Takoyaki (bolas de pulpo típicas de la ciudad).

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Llevamos un buen día de caminata y estamos cansadísimos. La idea era cenar en Osaka y luego volver a Kyoto, pero estamos tan ko que finalmente, decidimos caminar otros 5 minutos hasta la parada Namba del metro, volver a Shin-Osaka y coger el primer shinkansen que salga a Kyoto. Una vez en nuestra ciudad base, compramos cena y desayuno para mañana en un Family Mart (1500¥) y nos vamos al ryokan. Cena, ducha y ¡caímos rendidos en el futón, agotados pero super felices por todo lo visitado hoy! sleep sleep