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12/10/16: islas, acantilados, cuevas, cascadas… en el Ao Phang-Nga National Park

Día 12: recorremos el Ao Phang-Nga NP y descubrimos sus rincones

Hoy toca madrugar un poco ya que tenemos contratado un tour para casi todo el día. Desayunamos en el bufet del hotel y a las 7,50h vamos a la oficina de turismo que hay en el hotel como acordamos ayer. Nos acompañan hasta Railay East dónde cogemos un barco hasta el embarcadero de Ao Nammao. Allí nos espera un empleado del hotel que nos lleva en un cochecillo eléctrico hasta su oficina, dónde a los pocos minutos nos viene a buscar una furgo. Van 4 personas ya en ella y vamos hacia un punto de encuentro a buscar a otras 4. De nuevo popurrí de nacionalidades: unos ingleses, dos alemanas, un filipino, un chico de Yemen y una pareja de Israel. El guía que llevamos es un cachondo y nos va explicando el plan para hoy con bromas entre medias, como que comeremos sopa de mono porque vamos a ver el templo del mono, broma que alguno se traga viendo las caras 😀

Tras unos 40 minutos de camino, paramos en una estación de servicio unos minutos para poder ir al baño y comprar algo para desayunar. El guía nos dice que el grupo de hoy es grande y vamos repartidos en tres vans.

Seguimos con la ruta, y tras otros 40 minutos llegamos al embarcadero de Phang-Nga Bay, la puerta de entrada al Ao Phang-Nga National Park. Allí tomamos una long boat hacia el primer punto del día. Tardamos aproximadamente 30 minutos en llegar a través de una bahía repleta de islas y rodeada por manglares. Las vistas son espectaculares.

Cuando llegamos a la James Bond Island, nos dicen que tenemos 30 minutos para disfrutar de esta pequeña isla que cuenta con unas pequeñas grutas muy chulas.

Y de las vistas hacia el peñasco dónde en 1974 se rodó la peli de James Bond, El hombre de la pistola de oro, que vimos de nuevo antes de partir para ir abriendo boca 😛

Aquí hay montones de puestos dónde comprar souvenirs, pero no vemos nada que nos llame la atención. Tras la media hora, volvemos al embarcadero y subimos a bordo de la long boat de nuevo. Ésta vez acabamos todos empapados ya que el viento arrastra el agua que levanta la barca…

Tras unos 15 minutos llegamos junto a la isla Hong, y subimos a bordo de un gran barco desde el cuál salen las canoas para recorrer las Limeston Cave. Nos colocamos el chaleco salvavidas y montamos a bordo de una canoa dónde un local nos lleva, qué fiasco pensábamos que teníamos que remar nosotros…

El lugar es muy muy bonito y el paseo es relajante…

Tras unos 20 minutos en la canoa, volvemos al barco que hace de embarcadero y nos sirven una bebida fresca.

Después de refrescarnos un poco, que menuda chicharrina cae hoy también… volvemos a la long boat que nos lleva hasta la isla Koh Panyi.

Nos llevan a un restaurante en la isla y es que ya son más de las 14h… toca comer. Hay varias mesas y nos van repartiendo por ellas, encontramos platos de arroz, tortilla, pollo adobado, pollo con anacardos, verduras, sopa, pescado rebozado y piña.

Nos toca en una mesa en la que la tensión se puede cortar con un cuchillo… a un lado tenemos a una pareja de árabes, al otro dos chicas rusas y en frente las alemanas que van en nuestra furgo, con las que cruzamos miradas de “vaya tela” y es que las otras parejas solo hablan entre ellos, no miran a nadie de la mesa y solo se dedican a arrasar con la comida que hay para todos, sin importarles si todos comemos de todo… no sé, una actitud muy hostil… con lo bueno que sería poder hablar entre nosotros y compartir experiencias… En fin, cuando vamos a buscar un café nos encontramos con una pareja de españoles que iban en la long boat, y entablamos conversación con ellos. Son un par de sevillanos que viven en Málaga y que están de viaje de novios. Nos caen bien y es agradable poder hablar un poco en castellano después de varios días por Tailandia…. seguimos el resto del tour juntos compartiendo experiencias.

Tras el café, volvemos a la long boat que nos lleva de vuelta al embarcadero Phang-Nga Bay.  Allí subimos a las furgos y nos llevan al Wat Suwan Kuha, más conocido como el Monkey Temple (entrada 20 baths, incluida en el tour).

El templo, además de estar invadido por macacos, está construido dentro de una cueva enorme. Cuenta con un gran buda reclinado. Siento la calidad de las fotos de hoy, pero son hechas con el móvil y no da para más…

Además puedes visitar una buena parte de la gruta. Aconsejable llevar calzado cerrado con suela de goma o sandalias cerradas porque el suelo está mojado y es muy resbaladizo.

Al salir del templo, encontramos a varios monos merodeando por la zona. Hay algunos puestos dónde venden comida para dársela, aunque el guía lo desaconseja ya que pueden ser agresivos…

Tras la visita al lugar, volvemos a las furgos y nos dirigimos al último punto del día, las cascadas Ton Tai. Tardamos unos 20 minutos en llegar hasta ellas.

Aquí de nuevo se hace imprescindible llevar sandalias cerradas, el suelo resbala muchísimo. Recorremos un corto sendero y vemos 3 de las 6 cascadas que hay en la zona, las otras no se visitan porque hay más se 1h de camino montaña arriba y es peligroso su acceso…

Entre la 1ª y 2ª cascada, y entre la 2ª y la 3ª hay zonas dónde se permite el baño. Muchos no lo dudan y se dan un baño refrescante, yo no lo veo tan claro, más que nada porque luego hay casi 2h de coche hasta el embarcadero del hotel y tendría que ir empapada… pero si me acerco al agua y me refresco un poco, mi marido si se echa al agua sin pensarlo mucho a pesar de estar helada.

De vuelta a las furgos, los guías sacan refrescos y galletas para todos, se agradece la merendola porque la comida fue algo escasa con los ansias aquellos… y sobre las 16,30h, partimos hacia los embarcaderos y hoteles de cada grupo. El camino se hace distendido charlando con la gente y el guía del grupo que vamos en la van.

A nosotros nos dejan en el embarcadero de Ao Nammao, y  de allí zarpamos en un barco hacia Railay East, de camino disfrutamos de una bonita puesta de sol…

Luego caminamos los 5 minutos que nos separan del oeste y nos vamos directos a darnos un baño en la playa mientras vemos acabar de ponerse el sol.

A las 18,30h vamos a la habitación, nos duchamos y salimos a cenar. No tenemos muchas ganas de dar vueltas, así que nos pedimos un par de platos de pollo empanado con patatas fritas y dos refrescos por unos 700 baths en el restaurante del hotel. La comida occidental encarece bastante la cuenta, pero no puedo comer más picante…

Y ya con la panza llena, volvemos a la habitación y nos vamos a dormir pronto, el madrugón de hoy hace mella y ¡mañana nos esperan más islas!

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11/10/16: recorremos Railay y sus fabulosas playas

Día 11: playas y cuevas de Railay, y un gran atardecer como colofón a un día de relax absoluto

Hoy nos levantamos con la calma a eso de las 9h después de haber dormido casi 10h del tirón ¡qué falta nos hacía! Vamos a desayunar al bufet del hotel que tenemos incluido, está todo delicioso.

Decidimos dedicar el día de hoy a conocer la península de Railay. Así que tras embadurnarnos bien de protector solar, nos dirigimos a Railay East y recorremos su costa.

Ayer ya nos lo pareció, pero hoy lo confirmamos la costa Este es muy distinta a la Oeste dónde nos alojamos, y es que la primera es una zona de manglares y cuando baja la marea se ven las raíces de estas plantas acuáticas e incluso cangrejos recorriendo la zona. Esta parte de la península la utilizan como puerto para traer mercancías a la zona desde Krabi, así que no es muy aconsejable el baño aquí y posiblemente por la noche haya plagas de mosquitos.

Caminamos hasta llegar al extremo de la costa Este dónde encontramos zonas de escalada que sabemos que lleva a un mirador pero vemos que la subida es un auténtico barrizal y o tienes dotes de escalador o no subes ni de coña…. Seguimos el camino que nos lleva entre cuevas, lianas, estalactitas y estalagmitas hasta Phra Nang Beach, la playa más idílica de la península de Railay.

Alucinamos con las formaciones rocosas que hay y esperamos no ver a ninguno de los monos que anuncian los carteles que hay que tener cuidado porqué son cleptómanos 😛

Llegamos a la playa y vemos la cueva de la Princesa, curiosamente repleta de amuletos con forma fálica por doquier. Cuenta la leyenda que aquí se hundió en el S.III aC, una barcaza real que llevaba a bordo a una princesa india. Su espíritu se quedó en la cueva y concede favores a todo aquel que venga a presentarle sus respetos.

Realmente esta playa merece el puesto de mejor playa de Railay, es preciosa y alucinante a su vez con las formas que hace la piedra y las calitas escondidas entre ellas.

Nos damos un baño sin pensarlo, y aquí también encontramos que el agua tiene una temperatura ideal.

Tras más de una hora aquí sumergidos en sus aguas cálidas y alucinando con las vistas tan fabulosas que ofrece el lugar, volvemos dando un paseo hacia la coste este y de allí vamos a la cueva del diamante. Pagamos 200 baths pp y entramos.

Encima de la Hat Railay East está esta otra cueva la cuál atraviesa una pasarela de madera llevándote por algunas grutas rodeadas de formaciones calizas, pero por lo visto con el tiempo el agua ha desaparecido y con ella los juegos de luces que le daban nombre a la cueva. Así, aunque el lugar es bonito, se trata de una cueva pequeña con algunas formaciones minerales que podrías encontrar cerca de casa sin demasiado problema, y por tanto, el precio que cobran por la entrada nos parece excesivo.

Tras la visita, volvemos hacia la zona del hotel, esta vez por un camino diferente repleto de tiendas y restaurantes que nos llevan a la calle dónde ayer compramos el batido y el coco. Es casi mediodía y estamos bien acalorados por el paseíto de vuelta, así que decidimos comprarnos un par de helados de té verde por 140 baths y nos los tomamos frente a la playa. Luego, nos damos un buen baño ya frente al hotel.

A las 13h empezamos  a tener hambre, así que sin pensarlo mucho vamos a comer al restaurante del hotel, tomamos un par de platos de comida thai por 400 baths con la bebida mientras disfrutamos de las vistas hacia la playa y de la brisa del mar.

Tras la comida, vamos un rato a la habitación a descansar un poco de tanto sol. Le echamos un vistazo a la información sobre los tours por la zona que ofrece la agencia de viajes del hotel y decidimos que los próximos dos días, visitaremos con ellos diferentes islas del mar de Andamán. Contratamos dos tours para mañana y pasado allí mismo, ya que vimos que los que ofrecían por la calle comercial no distaba mucho de precio, supongo que como hay competencia todos ofrecen más o menos lo mismo.

Después alquilamos un kayak frente al hotel y damos una vuelta de una hora por 200 baths, que se nos hace eterna porque el mar está más picado de lo que parecía desde la orilla y hay mucha corriente que dificulta el remo… Dejamos el kayak y nos damos otro buen baño, la playa de Railay West está tan bien que no harías otra cosa en todo el día…

A las 16,30 nos vamos un rato a la piscina del hotel, aunque somos más de playa vemos que aquí hay más sombras y preferimos venirnos un rato antes que acabar churrascados…

Y a las 17,30h voy a buscar la réflex a la villa para no perder la oportunidad de captar la puesta de sol tan fabulosa que ofrece el lugar.

Y tras ver como en pocos minutos se esconde el sol tras el horizonte pero aún con luz, volvemos a la costa este para verla con la marea alta… ¡qué diferente se ve respecto a esta mañana!

Se está muy a gusto aquí, así que aprovechando que hacen un happy hour en uno de los hoteles de esta zona, decidimos quedarnos aquí y tomarnos un par de mojitos con unas pizzas deliciosas por 800 baths. Tras la cena, regresamos hacia la costa oeste.

Y volvemos a nuestra villa dónde disfrutamos del jacuzzi un rato, aunque nos vamos pronto a dormir que mañana toca madrugar para el tour de James Bond Island 🙂

10/10/16: nos vamos a un paraíso llamado Railay…

Día 10: comienzan nuestros días de relax absoluto en las playas tailandesas…

El despertador suena a las 4h. Aunque ayer nos fuimos a dormir pronto, estamos ¡ko! Cerramos las mochilas y bajamos a hacer el check-out. Pedimos a la chica de recepción que nos pida un taxi para ir al aeropuerto, y mientras llama nos dice que vayamos hacia fuera con ella y el de seguridad a esperarlo. Nos dice que tardará unos 15 minutos y que por la hora que es, nos costará 300 baths. Es el doble de lo que teníamos apuntado, aunque entendemos que a estas horas debe tener algún recargo… El de seguridad le dice algo a la reepcionista en thai y entendemos la palabra tuk-tuk… viendo que pasan los 15 minutos y que por la calle principal están pasando tuk-tuks, le decimos a la chica que vamos a buscar uno. Se queda extrañada -suponemos que debe tener comisión con el taxista- pero le decimos que tenemos prisa y nos acompaña con el chico de seguridad hasta la calle principal y esperan a que montemos en uno que nos llevará al aeropuerto por 150 baths. La chica nos sorprende cuando nos da un abrazo de despedida o_O’ más que nada porque la acabamos de conocer… 😀

Montamos en el tuk tuk con las mochilas y en 15 minutos estamos en el aeropuerto. Pasamos el control de seguridad de la entrada y vamos a desayunar a un Starbucks, lo único que hay abierto a estas horas. Pedimos dos capuccino y dos cinamon roll por 290 baths que nos entonan el cuerpo a estas horas de la mañana.

Es un aeropuerto pequeño, pero todo está perfectamente indicado. A las 5,30h pasamos el segundo control de seguridad y nos sentamos frente a la puerta de embarque a esperar la salida de nuestro vuelo.

A las 6,10h empieza el embarque y a las 6,30h despegamos según lo previsto. Dormimos prácticamente todo el vuelo y a las 8,15h estamos en Krabi.

Salimos en seguida, ventajas de ir con mochila y no facturar el equipaje 🙂

Como el traslado al hotel nos pareció algo complicado cuando hicimos la reserva, contratamos con ellos la recogida en el aeropuerto y traslado al hotel en Railay. En teoría nos tendrían que estar esperando, pero pasados 30 minutos y viendo que han recogido a casi todo el mundo ya, empezamos a pensar que se han olvidado de nosotros… y efectivamente, tras casi 1h de espera decidimos llamar al hotel y preguntar. Nos dicen que se han olvidado pero que nos mandan a un transporte privado para nosotros por el mismo precio pactado lo más deprisa posible. Tras media hora de espera más, nos recogen con una mini-van y nos llevan hasta el puerto de Ao Man Mao. Allí nos espera una barca que nos lleva en unos 10 minutos hasta Railay East, qué pasada… aunque habíamos visto fotos de las montañas y acantilados de la zona, vistos en persona impresionan mucho más… ¡esto tiene muy buena pinta!

En el embarcadero este, nos espera un botones que nos lleva las mochilas al hotel que está en Railay West (a 5 minutos a pie). El alojamiento escogido para las próximas noches es el Railay Village Resort & Spa.

Nos sirven una bebida a base de coco mientras esperamos a ser atendidos en recepción para hacer el check-in, la recepción da justo frente a la playa, ¡menudas vistas! Aunque el cielo está algo encapotado…

Hacemos el check-in y ya pagamos también el traslado desde el aeropuerto (1600 baths). La chica de recepción nos pide disculpas en tres idiomas diferentes por haberse olvidado de nosotros… ¡qué le vamos a hacer!, un error lo tiene cualquiera… Nos acompañan a la habitación y alucinamos pepinillos cuando en lugar de llevarnos a una habitación doble con vistas a la piscina como contratamos, nos encontramos con que nos dan ¡una villa fabulosa con jacuzzi incluido! Entendemos que es una compensación del hotel por haberse olvidado de recogernos en el aeropuerto ya que hemos pagado lo mismo… ¡todo un detalle la verdad, así se pueden olvidar de mi cuando quieran! 😛

En la habitación encontramos un poco de fruta fresca, nos dicen que cada día nos traerán una bandeja de forma gratuita, pero que vigilemos de no dejarla a la vista ni tampoco las ventanas abiertas ya que hay monos cleptómanos en la zona.

Nos cambiamos de ropa y vamos derechos a la playa… se está despejando aunque hace algo de viento, pero aún así se está genial. Tras dar un paseo por la orilla disfrutando de las fabulosas vistas del lugar, nos damos un baño. Toda la playa es de arena suave, sin apenas oleaje y con el agua templada, y con esas vistas.. ¡¡es toda una maravilla estar aquí!! Además no hay “excuse me” como en las playas de Indonesia, ¡otro punto a favor!

Cuando nos damos cuenta se ha hecho la 1h y hace ya unas cuantas horas que desayunamos en el aeropuerto de Chiang Mai, así que vamos a comer. Vamos a lo fácil y nos comemos unas hamburguesas en el restaurante del hotel con cerveza y refresco por 590 baths. Se nota que esta zona es más turística y que hay menos oferta de restauración porque los precios son más elevados que en el resto de zonas que hemos visitado, aún así es barato si nos fijamos en los precios de cualquier ciudad europea y más teniendo en cuenta que estamos a pie de playa.

restaurante del hotel, junto a la playa

Tras la comida, vamos a la habitación a descansar un rato que con el madrugón de hoy estamos ko. Dormimos un par de horas y luego volvemos a la playa a darnos otro baño. ¡Se está genial! El agua está templada y no dan ganas de salir de ella… Disfrutamos de una bonita puesta de sol entre baño y baño.

Una vez anochece, vamos a curiosear por la zona y vemos que detrás del hotel hay una calle repleta de tiendas y restaurantes. Nos compramos un batido de fruta del dragón que me pirra y un coco por 130 baths, y nos los llevamos a la villa. Nos sentamos en la terraza que tenemos y allí nos los tomamos a la fresca, ¡esto es vida! 🙂

A las 20h salimos a cenar, tras echar un vistazo a los menús que tienen expuestos los distintos restaurantes, nos decantamos por el restaurante del hotel de al lado dónde nos tomamos un par de bistecs a la pimienta deliciosos, con verduras y patatas, más dos refrescos por 900 baths. Se está genial cenando a pie de playa, escuchando solo el oleaje y viendo como sube la marea…

Y tras la cena, nos espera un estupendo baño en el jacuzzi para acabar el día bien relajados 😀 Nos queda claro que nos esperan días de auténtico relax 🙂

23/11/15: descubrimos la pintoresca isla de Cheung Chau y rematamos las compras

Día 6: recorremos la cercana isla de Cheung Chau y ultimamos compras…

 

Hoy es nuestro último día completo en Hong Kong, los días nos han pasado volando y hemos disfrutado muchísimo del destino.

Nos levantamos tranquilamente a eso de las 9,30h y vamos a desayunar al bufet del hotel. La idea para hoy era ir a visitar el cercano país de Macau, pero mirando información anoche, vimos que el precio del ferry es alto y que salvo un par de monumentos, tampoco tiene gran cosa que no sean casinos y centros de ocio. Así que buscamos una alternativa para hoy y, salimos a la aventura…

Cogemos el metro hasta la parada de Central y de allí vamos caminando hasta la zona de muelles mientras disfrutamos de nuevo de las vistas que ofrece esta zona de Hong Kong.

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Llegamos al Pier 5 y compramos los billetes para el ferry a la cercana isla de Cheung Chau, dónde pasaremos la mañana, por 13,8HKD en ferry ordinary, es decir, en el más sencillo. Cuando zarpamos alucinamos con las vistas que hay desde el mar, con Kowloon a un lado y Hong Kong al otro 🙂

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El barco tarda 55 minutos en llegar y mientras, observamos la cantidad de islas que conforman el país, todas ellas montañosas.

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Puede que sea pequeña, pero la isla de Cheung Chau es uno de esos lugares que no deja a nadie indiferente… Además de ser la sede del Festival anual de los Bollos, la isla de Cheung Chau, con sus templos, marisquerías, playas, e incluso un refugio de piratas, constituye un atractivo lugar durante todo el año.

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Cuando llegamos a la isla, vemos que hay bastante turismo en la zona, sobretodo interior. El muelle está abarrotado de barcos pesqueros y frente a él, hay una calle repleta de tiendas y restaurantes, sobretodo dónde sirven marisco.

 

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Callejeamos y damos un paseo hasta la playa, en el otro extremo de la isla. No nos lo pensamos demasiado, nos quitamos las bambas, nos remangamos los tejanos y metemos los pies en el mar 🙂 ¡¡El agua está buenísima!! Lástima no tener toalla y bañador porqué me daba un baño muy a gusto 🙂 No hay nada de olas ni corrientes…

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Nos sentamos un rato en la arena hasta que se nos secan los pies para poder ponernos las bambas de nuevo, ¡se está de lujo aquí! 🙂 Vaya acierto hacer esta escapada hoy…

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Callejeamos un poco por el pueblo, compramos un Aquarius por 10HKD, y vemos los dos templos más importantes que tiene la isla. El primero es el templo de Pak Tai, levantado por los habitantes de Cheung Chau hace 200 años en honor de Pak Tai, el Dios del Mar del Taoísmo que también recibe el atractivo título de Emperador Supremo del Cielo del Norte o del Cielo Misterioso.

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La entrada es gratuita y vemos que contiene artesanía de madera bañada en oro de la época de la dinastía Qing (1644-1911) y una espada de hierro de la dinastía Song (960-1279). Cuenta con dos pequeños altares, y podemos disfrutar del lugar a solas.

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El segundo templo que visitamos es el de Kwan Kung, situado en una pequeña colina en el centro de la isla, construido recientemente (1973) cuenta con una estatua del dios Kwan Kung elaborado a partir de una pieza entera de madera de alcanfor. El templo está bastante deteriorado, construido entre casas, apenas cuenta con un pequeño altar actualmente.

Volvemos al paseo marítimo y viendo que no nos convence ningún sitio para comer (mucho calor, sin aire y marisco -que a mi marido no le va nada-) decidimos coger el Fast Ferry que sale en 10 minutos y volver a HK.

 

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Éste es bastante más rápido que el ordinary, y en 35 minutos estamos en el muelle cercano a Central.

Cogemos el metro hasta la parada de Jordan, y al llegar a la zona del hotel echamos un vistazo a los restaurantes que hay, pero son más de las 15h y muchos o han cerrado o no nos convence nada la comida, así que decidimos ir a un combini y comprarnos comida preparada (fideos, unas salchichas y nos bollos rellenos, más unos refrescos por 80HKD) y subimos a la habitación del hotel a comer.

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nuestra comida improvisada

Decidimos echarnos una siesta y descansar un poco, hoy el calor está apretando y se hace muy pesado estar en la calle.

Cuando nos despertamos, recogemos las cosas y empezamos a hacer las maletas, y a eso de las 19.30h nos acercamos a Temple Street de nuevo a hacer unas compras que le hemos cogido el gustillo al regateo 😛 Por cierto, os dejo una foto sacada de internet de la calle vista desde un edificio alto, para que os hagáis una idea 🙂

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Hoy arrasamos… compramos 5 monederos pequeños por 120HKD, otro monedero más grande de imitación de Mulberry por 110 HKD, una cartera de piel por 70 HKD y un pack de 5 imanes por 35HKD. ¡Espero que no nos paren en la aduana porque vamos cargados! 😛

Se nota que se acerca diciembre y con ella la Navidad, y que Hong Kong es un país consumista, porque empezamos a ver decoración navideña por todas partes 🙂

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Sobre las 21h volvemos al hotel y decidimos subir a cenar al restaurante del hotel. Pedimos 3 platos, uno de fideos, otro de soja con verduras y uno de ternera con verduras, más unas bolitas rellenas de pasta dulce, y té por 444HKD. ¡Cenamos de vicio y somos incapaces de terminarlo todo!

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Tras la cena, volvemos a la habitación. Nos damos una ducha y a dormir… que mañana nos espera un largo viaje de regreso a casa 😦

13/10/13: de Harajuku a Odaiba en busca de Cosplays

Día 17: conocemos algunos “clásicos” en la capital nipona y dedicamos el resto del día a las compras y el ocio…

Hoy es domingo y ¿¡a dónde se va los domingos en Tokyo?! ¡¡A Harajuku!! Aplauso Nos levantamos con la calma, desayunamos y nos ponemos en marcha. JR Yamanote hasta Harajuku y conforme nos vamos acercando a nuestro destino el tren se va llenando más y más hasta que ya no cabe ni un alfiler… en Harajuku bajamos toda la marabunta, creo que el vagón ha subido medio metro al bajar todo el mundo 😛

Nos dirigimos en primer lugar al santuario de Meiji Jingu, de entrada gratuita, es uno de los más populares en Japón y de los más importantes de Tokyo. Dedicado a los espíritus deificados del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. La construcción del santuario finalizó en 1920, ocho años después de la muerte del emperador y seis después de la muerte de la emperatriz. El santuario fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido poco después. El Emperador Meiji fue el primer emperador del Japón moderno, nació en 1852 y ascendió al trono en 1867, en el pico de la Restauración Meiji, cuando la era feudal llegó a su fin y el emperador fue restablecido en el poder. Durante el período Meiji, Japón se fue modernizando y occidentalizando para abrirse a las principales potencias mundiales. Falleció en 1912.

Y tras un poco de historia, continuo con el relato 🙂 Cruzamos una gran torii de piedra y en seguida encontramos algunos toneletes de sake ofrecidos por los fieles, así como unos barriles de madera repletos de arroz.

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Seguimos paseando por un camino empedrado y rodeado de un frondoso bosque. Tanto el Meiji Shrine como el adyacente parque Yoyogi constituyen una gran zona boscosa dentro de la ciudad. Vemos las indicaciones para el jardín privado y la casa del tesoro pero no los visitamos… nos llama la atención la cantidad de niños y niñas vestidos con trajes tradicionales, así como el montón de familias que llevan a sus bebés para “bautizarlos”. Me encanta esa mezcla de modernidad y tradición que tiene la cultura japonesa 🙂

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Al llegar a las puertas del santuario vemos un montón de turistas en modo paparazzi… y es que hay una boda tradicional sintoísta. Ei pues yo no voy a ser menos Mr. Green Algunas invitadas llevan kimonos realmente bonitos, otras van con vestidos de fiesta como los nuestros, eso sí todos elegantísimos/as. Me acuerdo del capítulo de Callejeros Viajeros que mostraban bodas japonesas y de los costes que conllevan, mucho más elevados a los que nos gastamos aquí.

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Los novios y la comitiva nupcial entran al interior del edificio principal y cierran las puertas, así que nos quedamos sin poder visitarlo. Vemos el resto de edificios y los patios que los rodean y disfrutamos de los pequeños detalles…

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Tras un ratito aquí, desandamos nuestros pasos hasta la entrada principal junto al puente de Harajuku y entramos al parque Yoyogui a ver si hay suerte y encontramos algún cosplay y/o rockabilly que en el anterior viaje no hubo manera 😛 Nos compramos unos helados y nos sentamos en un banquito a descansar. Hay grupos de chicos y chicas que ensayan bailes musicales y obras de teatro, algún personaje disfrazado… pero poca cosa. ¡Vaya chasco! Es la segunda vez que vamos al Yoyogui en su busca y nos quedamos con las ganas. Así que con el intento frustrado 2, nos vamos hacia Takeshita Dori. Algo en el cielo nos llama la atención: ¡es un mini zeppeling!

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Esta calle estrecha y de unos 400m de largo, está llena de tiendas y cafeterías dirigidas a los adolescentes, se dice de ella que es un símbolo de Harajuku y el lugar de nacimiento de muchas de las tendencias de la moda tokyota. Ya desde el principio de la calle vemos que está abarrotada, se hace difícil poder andar por ella… entramos en algunas tiendas de juguetes en busca de mi peluche de Doraemon pero no hay suerte… desde luego, si te gusta ese estilo de ropa puedes encontrar ¡verdaderas gangas!

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Tras recorrer la calle, nos dirigimos a Omotesando. Esta arbolada avenida de 1km de largo es conocida como los Campos Eliseos de Tokyo ya que cuenta con tiendas de grandes marcas y restaurantes y hoteles de alto standing. Aquí tenemos dos objetivos, entrar al Kiddy Land y al Oriental Bazar para hacer algunas compras.

En el Kiddy no acabamos de encontrar nada que nos guste y no tienen Doraemons… pero en el Bazar ¡arrasamos! Es una de las tiendas de souvenirs más grandes de Tokyo y puedes encontrar de todo en ella, la mayoría de cosas a un precio muy asequible. Compramos un juego de té, unos posa-palillos, un par de marca-páginas, unos posa-vasos de bambú, unas esterillas individuales y dos maceteros con semillas de bonsái de sakura y de arce, ¡todo por 4 duros, digo yens! Me llevo el hanami y el momiji a casa Heart

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Al salir, topamos con el colegio oficial de enfermería de Tokyo y deformación profesional… pero me hace ilusión 😀 foto de recuerdo y para enviársela a mis compis Mr. Green

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Como vamos cargados, decidimos volver al hotel a dejar las compras. Así que cogemos la JR de nuevo hasta Shimbashi y descargamos. Aprovechamos que es la hora de comer para entrar al centro comercial que hay junto al hotel, el Caretta. Nos decidimos por un restaurante de tonkatsu, en el que por unos 2500¥ los dos, ¡comemos hasta reventar! -literalmente- unos menús de sopa con bol de tonkatsu con col y arroz y té de cebada caliente gratuito para beber.

Aprovechando que estamos en el triángulo JR-metro-Yurikamome, nos dirigimos hacia la estación del Yurikamome para ir a Odaiba, ¡otro de nuestros barrios favoritos en Tokyo! Nos bajamos en la parada que hay junto al Venus Fort (trayecto 360¥ pp). Ya de camino hemos visto que hay como una exposición de coches de rally, así que luego iremos a echar un vistazo.

Entramos en el centro comercial Venus Fort, la otra vez sólo lo vimos por fuera, y nos quedamos flipados con ese techo falso pero que parece ¡¡¡muy muy real!!!

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Damos un paseo y ¡vaya flipe de sitio! De nuevo nuestro lema del viaje sale de nuestras bocas: ¡¡“es muy friki pero mola” jaja!! Es como si emularan una ciudad italiana, con sus suelos de adoquines, su fuente y hasta con iglesia ¬¬’

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Cogemos un mapa del lugar ya que es enorme y nos dirigimos hacia la exposición de coches antiguos que hay con entrada gratuita. Menudos coches tienen aquí…

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Pero mi marido ya lo flipa del todo cuando vemos que hay un ¡¡¡DeLorean!!! La carrocería es de acero como el de la película y está muy bien conservado… solo se fabricaron unos 8000 en todo el mundo, así que ver uno es todo un lujo.

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Después de hacerle mil fotos desde todos los ángulos, seguimos viendo el resto de exposición. Me hace gracia ver un Mazda Carol, éste es tocayo mío Sacando la lengua También tienen una exposición de maquetas de coches y motos, así como información sobre la historia del motor japonés. Antes de salir, de nuevo nos acercamos al DeLorean, mi marido disfrutó como un niño Mr. Green

Miramos algunas tiendas y entramos a todas las jugueterías pero sigo sin encontrar el peluche de Doraemon… empiezo a pensar que lo han retirado del mercado hasta que se acerquen las olimpiadas del 2020…

Cambiamos de edificio y vemos de pasada la exposición gratuita de Toyota, no hacemos demasiado hincapié puesto que ya estuvimos aquí en el primer viaje. Cruzamos hacia el Leisureland y entramos. Es una sala de recreativos enorme y tiene algunas “atracciones” al estilo del Joypolis, vemos que hay una que es un castillo ninja, nos acercamos con intención de entrar pero todos los carteles están en japonés… preguntamos a uno de los empleados y como puede nos dice que no está en inglés… así que nos quedamos con las ganas… Pero nos damos un masajito de pies por 200¥ cada uno en las máquinas que ya probamos en el primer viaje, ¡nos sabe a gloria!

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En la sala hay un montón de rockabillies y de cosplay… ¡Ah, ¿así que están aquí?! Al salir del Leisureland, miramos los precios para subir a la noria pero vemos que ¡¡hay una cola de 1h!!, así que pasamos de largo.

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En los jardines que rodean el centro comercial vemos que hay un montón de grupos de cosplays por lo que llegamos a la conclusión que se han movido de barrio… supongo que en Harajuku se debían sentir un poco “observados” por los guiris y buscan aquí su rinconcito.

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Vamos dando un paseo hasta el Divercity, otro gran complejo de ocio, con tiendas y restaurantes y… ¡¡¡su Gundam escala 1:1!!! ¡Alucina! Está rodeado de gente echando fotos y “midiéndose” con él… pero vaya que los más altos apenas éramos como sus pies de altos o_O’

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Antes de entrar al centro por eso, nos acercamos a una exposición de coches de rally que hay al lado y vemos que también hay pistas dónde hacen derrapes y alguna carrera de karts.

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Y ahora si, entramos al centro. Nos miramos las tiendas, vemos algunas de las marcas habituales que tenemos por aquí y como no, entro a todas las jugueterías que pillo en busca de un peluche de Doraemon, de nuevo intento fallido… Entramos a la tienda Kitty que hay y me enamoro al instante de un gorrito de punto, y eso que yo no soy de Kitty… así que a la saca para mi “sobrina” postiza recién nacida y que conoceré cuando volvamos a casa… uff qué poquito queda para la vuelta, ¡madre mía! Chocado

Tras la compra, nos tomamos un cafelillo de verdad en un Starbucks y salimos hacia las playas que hay en la bahía con intención de ver el atardecer desde allí. Pasamos por delante del Joypolis y estamos más que tentados de volver a entrar, pero decidimos no hacerlo porqué si no nos pueden dar las uvas allí ¡jajaja! ¡¡¡¡Odaiba es el distrito del vicio!!!! Avergonzado Mr. Green

Llegamos a la bahía y nos sentamos junto a una de sus playas para ver cómo cae el sol sobre la bahía de Tokyo, con el Rainbow Bridge, la Tokyo Tower y el Skytree sobresaliendo del skyline de la ciudad.

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Es bonito ver cómo va cayendo el sol. Mientras en la playa algunos juegan a béisbol, unas chicas intentan hacerse una foto saltando, otros pasean de la mano… y nosotros pensamos en lo lejos que estamos de casa en estos momentos, de lo mucho que hemos disfrutado de Japón en estos 18 días.

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Cuando empieza a anochecer, decidimos volver pero antes echamos un vistazo al ToysR’us por si por un casual hubiera un Doraemon para mi… pero tampoco… ¡qué mala suerte! ¿Cómo puede ser que no haya ni uno solo? Ojos que se mueven Vemos de nuevo a la Estatua de la Libertad nipona que está junto a la tienda y con la sede de la televisión japonesa de fondo 🙂

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Tras las últimas fotos, cogemos de nuevo la línea Yurikamome y volvemos a la estación de Shiodome (360¥ pp). Una vez allí decidimos coger el metro Asakusa Line e ir a echar unas fotos nocturnas del Senso-ji. Así que en pocos minutos estamos frente al santuario… ¡wow qué recuerdos del primer viaje otra vez! Lástima que la gran lámpara de papel está cubierta por una lona, pero por suerte ya la vimos en el 1r viaje Muy feliz

Entramos al recinto y miro por las tiendas que venden peluchitos a ver si encuentro un Doraemon… veo uno en un escaparate pero ya han cerrado el puesto, ¡no me lo puedo creer!

Seguimos recorriendo la calle comercial hasta el santuario. Si ya nos gustó a la luz del sol en su día, visto de noche con todos los edificios y la pagoda iluminados ¡nos gusta más! Además no hay mucha gente a éstas horas por lo que podemos echar unas fotos sin agobios y disfrutar del lugar tranquilamente.

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Y tras la visita, volvemos al metro, línea Asakusa hasta Shiodome de nuevo. Estamos verdaderamente cansados, menudo tute nos hemos pegado hoy… así que para no romper con las costumbres, compramos cena en el Family Mart y nos vamos al hotel a descansar que ya toca… sleep

En pocos días… ¡¡partimos de nuevo!!

Aunque hubo viajecito a Paris en abril, tengo ya un mono viajero tremendo y no veo el momento de volver a sacar las maletas del armario, llenarlas con lo indispensable, mis gadgets, y partir rumbo a un nuevo destino para seguir creciendo con mis viajes 🙂 Y esto, por fin, ocurrirá en pocos días y es que…

¡¡NOS VAMOS A LANZAROTE!!

Extraída de Wikipedia

Esta vez nos quedamos “más cerca de casa”, pero es un viaje que hace tiempo que tenemos en mente. En 2012 estuvimos 7 días recorriendo Las Palmas de Gran Canaria y en esta ocasión, visitaremos la volcánica Lanzarote. ¡Cómo me gusta a mi que haya volcanes en mis destinos! 😛

Como sabéis me encantan aquellos viajes que combinen cultura e historia con naturaleza. Me encanta patear ciudades y conocer rincones, pero esta vez necesito playa, panching y ¡relax a tope! Así que tras barajar varios destinos -nacionales e internacionales-, nos decantamos por volver a Canarias.

Como siempre el primer paso es reservar los vuelos, por primera vez volaremos con Ryanair, a ver qué tal la experiencia… Los vuelos nos han salido por 430€ (los dos, facturando una maleta en ida y vuelta, sin ella eran 50€ menos).

El siguiente paso, y este nos costó un poco más dado que planeamos a pocas semanas vista y en temporada alta, pero finalmente encontramos el hotel Sandos Papagayo Beach Resort, situado en la zona sur de Playa Blanca, que nos sale por unos 1000€ los dos por 6 noches en modalidad todo incluido. La verdad es que las instalaciones tienen una pinta tremenda, y el spa más todavía 😛 Cuenta con varias piscinas, restaurantes temáticos y una playa muuuy tentadora justo delante del hotel. En un inicio buscábamos hoteles con media pensión, pensando en que si salimos de excursiones no aprovecharemos una comida, pero viendo los precios, éste nos sale mucho más económico que muchos con solo desayuno. ¡Ventajas de ser Genius en Booking!

A pesar de que necesitamos relax y descanso a tope, nos conozco, así que ya he reservado un coche para nuestra estancia en Lanzarote para poder recorrer la isla a nuestro aire y descubrir esos rincones maravillos que esconde: el Timanfaya, la Cueva de los Verdes, Los Jameos del Agua, el Mirador del Río, El Golfo, las Salinas de Janubio, etc. Por recomendaciones en Trip Advisor y Los Viajeros, finalmente hemos hecho la reserva a través de AutoReisen, una empresa de alquiler de coches local. Hemos cogido uno coche pequeño tipo C3 para 6 días por 83€, viendo el precio por menos días con otras compañías, la verdad es que este nos sale a cuenta cogerlo así -con recogida y entrega en el aeropuerto-, y poder movernos a nuestro aire desde que lleguemos sin tener que rompernos la cabeza con horarios de guaguas. Nos incluye el seguro a todo riesgo, tasas de aeropuerto y la opción de conducir los dos sin costes extras.

A diferencia de otros viajes, hemos mirado qué lugares de interés hay en la isla para conocer pero no llevamos ninguna planificación hecha, iremos sobre la marcha, día a día según nos vaya apetenciendo.

Y ahora si, ¡¡empieza la cuenta atrás!! 😀

¡A la vuelta os cuento con detalle!

30/09/13: el chispeante Sakurajima… ¡una de las mejores experiencias viajeras!

Día 4: hoy conoceremos de cerca el chispeante Sakurajima.

Hoy es un día muy especial en la ruta y hasta el mismo día no supimos si podríamos hacer la excursión programada para hoy: ¡¡la visita a la isla de Sakurajima!! Aplauso

Pero lo primero, cargar las pilas… tenemos el desayuno incluido, así que hoy no nos tenemos que preocupar por buscar kombini para ello. Después hacemos el check-out y les pedimos si nos pueden guardar las mochilas hasta la tarde y liberados de tener que llevar carga, salimos a la calle. En Kagoshima hace sol pero ya se ve a lo lejos que el Sakurajima sigue humeando igual que ayer… esperemos que podamos hacer la excursión tal y como estaba previsto… Cogemos un tranvía en la puerta del hotel (160¥ pp) hasta la parada Suizokukan-guchi. Seguimos por la calle perpendicular durante unos 5 minutos a pie en dirección al mar para ir a la terminal de Ferrys.

Sakurajima (桜島): Se trata de un estrato volcán activo, situado en el sur de la isla de Kyushu. Hasta 1914, Sakurajima era una isla pero debido a una gran erupción se unió a la península de Osumi. La actividad volcánica continua a día de hoy en activo. Su cima está dividida en tres picos: el Kitadake o pico norte, el Nakadake o pico central y el Minamidake o pico sur, activo actualmente. Su punto más alto es el Kitadake, a 1117m sobre el nivel del mar.

Tomamos el primer ferry que parte hacia la isla, salen cada 10-15 minutos y tardan más o menos lo mismo en hacer la travesía. Navegamos en el Cherry Queen 🙂

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Es curioso ver que sobre Kagoshima hay un cielo despejado y en cambio, sobre Sakurajima una humareda que parece el fin del mundo…

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El trayecto del ferry se paga al llegar a la terminal de Sakurajima (150¥ pp). Una vez allí, cogemos un mapa en la oficina de turismo y bajamos a la calle. Nada más salir, ya se nota el humo en el ambiente y alucinamos al ver todo el suelo y objetos completamente cubiertos por cenizas…. ¡¡woooow impresionante!!

Hay dos opciones para visitar la isla: una es comprar el tour con Sakurajima Regular Sightseeing Bus que sale desde la estación JR Kagoshima Chuo y que te lleva hasta el ferry y luego recorre la isla, vas con guía japonés pero te dejan un librito en inglés con las explicaciones por 2000¥/persona (también se puede comprar en la terminal del ferry ya en Sakurajima por 1700¥). O bien, tomar el Sakurajima Island View bus por 500¥/persona (pase diario ilimitado) e ir haciendo la ruta circular (mucho más corta que el otro bus), con la posibilidad de ir bajando en cada parada para visitar el lugar con detalle.

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La ruta roja es la del Island View y la ruta azul que recorre toda la isla, la del Sightseeing Bus.

Decidimos comprar el pase para el Sakurajima Island View (500¥ pp). El trayecto dura unos 60 minutos y hace una ruta circular. También se pueden pagar los trayectos entre paradas por separado, pero si quieres hacer recorrido completo o usarlo en más de una ocasión merece la pena el pase. Además tienes descuento de 30¥ en el ferry, que algo es algo 😛 Hay algunas paradas dónde sólo se detiene si la pides y otras dónde tiene un tiempo establecido para que la gente pueda bajar y hacer fotos.

El bus sale del puerto de Sakurajima y la primera parada es Hinoshima Megumikan Rest Shop, una zona de restaurantes dónde también hay un kombini. La siguiente, Rainbow Sakurajima Inn, situada junto a un complejo hotelero con onsen y tiendas… Sakurajima Visitor Center es la siguiente parada, pero decidimos seguir hacia el Observatorio Karasujima dónde estaciona 5 minutos para poder disfrutar de las vistas del lugar.

Volvemos al bus y nos dirigimos al Akamizu View Park dónde estaciona durante 8 min. Situado al sur del centro de visitantes se encuentra el observatorio desde donde se puede ver la colada de lava de 1914 que sepultó la pequeña isla que antes estaba a 500m de la costa y se tragó tres pueblos, destruyendo más de mil hogares. Se trata de un observatorio a pocos metros del mar, desde el cual se puede ver una panorámica de la ciudad de Kagoshima, así como del volcán -¡que humea que da gusto!-. Hay una escultura hecha en piedra volcánica en honor a un concierto benéfico que se organizó en la isla.

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Veréis que muchas fotos tienen una especie de velo… no es fallo de la cámara ni del enfoque, es por la cantidad de ceniza que llovía en algunas zonas. En esta foto podéis ver cómo está la flora local… llena de cenizas y quemada por el calor de éstas…

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Volvemos al bus y tras un buen rato de subida por una carretera de Dios, llegamos al Observatorio de Yunohira. Aquí tenemos 15min. para flipar en colores literalmente, y digo flipar en colores porqué nada más llegar, nos topamos con un montón de humo, llueve ceniza a tutiplén y pican los ojos y la boca que da gusto por el azufre que hay en el ambiente. Chocado Ojos que se mueven Estamos a unos 2,5 kilómetros del volcán que no deja de humear y se nota. Mi marido decide entrar a la tienda que hay en el observatorio a ver si encuentra mascarillas (¡ante todo nuestra salud!) y yo me quedo haciendo fotos. Las vistas desde aquí son increíbles, tanto de la costa, como del volcán. Este observatorio se encuentra a unos 350m sobre el nivel del mar.

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Alrededor del edificio, hay un balcón con carteles dónde señala puntos importantes de cada zona, así como información sobre las distintas erupciones que ha habido en la historia del Sakurajima. En su interior, encontramos un mini museo con más información.

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Aquí podéis ver cómo se acumula la ceniza por doquier…

Quedan pocos minutos para volver al bus cuando mi marido sale de la tienda con su objetivo cumplido: ¡¡ya tenemos mascarillas!! Nos las ponemos y él echa un vistazo rápido. Justo en el momento que le estoy haciendo una foto, sale un “puff” enorme y muy negro del volcán, todos los allí presentes nos quedamos helados… todo el mundo mira en dirección al volcán con los ojos muy abiertos… ¡¿eso es bueno, normal o malo?!

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Volvemos al bus que regresa al puerto. En 15 minutos he quedado bien llena de cenizas. Si, dejamos el paraguas en el hotel… ¡qué listos! ¬¬’

Una vez de vuelta en el puerto, cogemos de nuevo el bus y ésta vez paramos en la parada Rainbow. Vemos un muelle que da a una playa volcánica, ¡mola!

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Entramos en las tiendas que hay aquí para hacer parada en boxes. Compramos unas bebidas y visitamos el Toto. En una de las tiendas veo unos imanes súper cuquis hechos con piedra volcánica y no puedo resistir la tentación de comprarlos 🙂 (200¥, 2 imanes). No sé a vosotros, pero a mi me recuerdan a Epi y Blas 😛

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Recorremos un trocito del Paseo de Lava, junto a la costa.  Se trata de un pequeño sendero en el que hay acumulados muchísimos restos de la lavada que convirtió la isla en península. Es impresionante ver esas rocas y esas cenizas por doquier…

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ooh yeah!! 😛

 

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Tras pocos minutos, llegamos a los baños de pies 🙂 Se tratan de unos baños de pies públicos y al aire libre, de aguas termales que vienen del interior del volcán. Nos descalzamos sin pensarlo y metemos los pies… ¡¡mmm, qué a gusto!!

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Es súper relajante estar ahí, con el volcán humeando, el sonido de las olas y completamente solos con los pies en remojo en agua calentita Heart No vemos el momento de sacar los pies de ahí… ¡hasta que se pone a llover! ¡No fastidies! Se me rompió el rollo zen al momento Mr. Green por suerte hay una especie de cobertizo y nos metemos ahí hasta que a los pocos minutos deja de llover. Es como la típica tormenta de verano y suponemos que es por el acumulo de ceniza en el ambiente…

Vamos al Centro de Visitantes de la isla. Se trata de un museo/tienda de entrada gratuita con información e imágenes de la historia de la isla y de las distintas erupciones del volcán.

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Tras la visita se acerca la hora de comer, así que nos vamos al Family Mart que habíamos visto antes y que está a menos de 5 minutos a pie del Centro y comemos allí mismo (1200¥ los dos) con vistas al volcán. Puede parecer que al ser comida pre-cocinada que te calientan allí estará malo o “revenío” pero ¡para nada, está todo riquísimo y es bien barato!

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Mientras comemos comentamos lo alucinados que estamos con éste lugar y mi marido dice de coger el bus que hace la ruta larga y pasar más tiempo aquí antes de irnos a Kumamoto. Como solo es la 1h y sé que el bus sale sobre las 14h nos vamos con calma hacia el puerto, pero antes visitamos el Santuario Tsukiyomi. Mientras vemos el santuario, el volcán hace otro nuevo “pufff” más grande que el de antes… uy, uy…

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El santuario es un bonito lugar, todo de madera roja lacada, rodeado de árboles y con esas vistas… está dedicado a los dioses del volcán para proteger a los ciudadanos de la isla de su furia.

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Salimos de nuevo a la carretera y en seguida llegamos al puerto. Compramos los billetes para el tour (1700¥ pp) y esperamos a que sean las 14,20h. Al subir al bus, nos entregan un librito en inglés con todo el recorrido que hace y con información sobre la isla y las paradas. Somos unas 8 personas, solo 2 japoneses y el resto somos extranjeros (¡esto si que es raro!). El tour dura unas dos horas y media.

El bus sale del puerto y la primera parte es el mismo recorrido del Sakurajima Island View sólo que va directo al observatorio de Yunohira dónde hace la primera parada. Durante todo el trayecto del tour, vemos varios “pufff” del volcán y cada vez que hay uno la guía grita un “uuuhg” señalando al volcán y con cara de flipe, por lo que empezamos a pensar que ver tantas explosiones en un mismo día no es muy normal… Chocado Os aseguro que vimos un montón, a cuál más impresionante y que por lo que hemos podido ver en internet no es habitual. ¡Es que perdimos la cuenta!

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Desde el Observatorio de Yunohira se puede ver el cráter de uno de los volcanes inactivos.

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Creo que mi cara muestra el alucine vs acongoje del momento (aunque solo se me vean los ojillos)

De ahí vamos hacia la costa norte de la isla y vamos recorriendo una carretera junto a la costa y desde dónde vemos varias playas de ceniza y piedra volcánica, la más importante es la Saido Beach.

Por la parte de atrás del volcán, la que aún no habíamos visto, se ven con mayor claridad las explosiones del Minami-dake.

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Desde el bus vemos la torii enterrada del Santuario Kurokami. Es una muestra de la magnitud de la erupción de 1914, la misma erupción que causó la conexión de tierra de Sakurajima a la península de Osumi y que cubrió esta torii de 3m de altura con lava y cenizas, dejando sólo el tercio superior visible. Los vecinos de la zona intentaron desenterrarla pero finalmente no lo hicieron, y decidieron conservarla así como recuerdo de lo ocurrido.

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Hacemos una parada en una tienda para poder ir al baño los que quieran y dónde nos dejan probar los rábanos típicos que cultivan en la isla (son los más grandes de Japón), los tienen dulces, encurtidos… y además nos invitan a un chupito de Sochu, ¡riquísimo! Vemos que tienen guardadas algunas rocas que han salido disparadas de las erupciones del volcán… ¡alucina!

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Compramos un paquete de rábano dulce que a mi marido le pirra y salimos hacia un patio trasero que hay. Recuerdo haber leído en algún blog que aquí te traen para hacer negocio y que el sitio merecía la pena por tener una torii enterrada mucho mejor que la del Kurokami. ¡Y así es! Hay una torii de madera lacada que marca el punto de acceso a un pequeño cementerio (deducimos que de la familia) y una torii de piedra enterrada, al fondo podéis ver que el volcán sigue a lo suyo…

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Volvemos al bus y nos dirigimos hacia el Observatorio de lava Arimura, uno de los mejores lugares para observar el humeante Minami-dake y su flujo de lava constante. La zona tiene una serie de puntos de observación que están conectados por senderos pavimentados por los que se puede dar un pequeño paseo y unas vistas del océano fantásticas con trampas para ostras que por lo visto también son típicas en la zona.

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Aquí nos hacen una foto de grupo que nos ofrecen comprarla al llegar al puerto. Como no nos interesa, ni recuerdo cuánto costaba…

Junto al mirador hay una serie de tiendas con productos locales, unos baños y uno de los muchos refugios que hay en la isla. Hay un sistema de detección de erupciones bastante complejo en la isla. Hay unos sensores que se encuentran repartidos por todo el terreno, a unos cuantos metros de profundidad que detectan el menor cambio de temperatura o movimiento sísmico. Así como detectores de azufre en aire y estos refugios por si el volcán expulsara piedras de gran tamaño. Además, en los últimos años no dejan acercarse a la zona de los cráteres (hay un perímetro de seguridad) para poder evacuar con mayor facilidad en caso necesario.

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Volvemos al bus y de camino hacia el puerto pasamos por un lugar que nos deja totalmente anonadados. Chocado Chocado Se trata de un barrio llamado Higashi-Sakurajima, dónde cae continuamente una cantidad impresionante de ceniza de forma que aquello parece Silent Hill, ¡todo está completamente cubierto! Cuesta ver por la cantidad de humo y ceniza y vemos que la gente va cubierta con chubasqueros/capas, mascarillas o paños sobre la cara y con gafas que cubren los ojos por completo. ¡¿Pero cómo pueden vivir aquí y así?! ¡¡Alucinamos!! Ojos que se mueven Lo siento, no tengo foto porqué fui incapaz de hacer nada más que alucinar viendo aquello 😛

Llegamos al puerto y bajamos del bus. Como compramos el billete del bus en Sakurajima, tenemos que cruzar por nuestra cuenta con el ferry. Así que subimos a la terminal y cogemos el primero que parte (120¥ pp, tenemos 30¥ de descuento cada uno).

Realmente no nos arrepentimos para nada de haber venido hasta aquí ni de haber pagado los dos buses. Ha sido una experiencia increíble que jamás olvidaremos y algo muy muy recomendable Heart

Eso si, si decidís venir a este lugar tenéis que tener la precaución de traer ropa que no os importe que se ensucie mucho (por la ceniza), mascarillas si el humo es importante, paraguas para evitar la lluvia de ceniza y ¡vigilad las cámaras! A la mía le costaba mover el objetivo, por no hablar de la cantidad de ceniza que se le coló por todas partes y que me vi negra para limpiar… ah y si lleváis lentillas, no os recomiendo usarlas ese día… pasé un buen rato intentando quitarles la ceniza y al final, las tuve que tirar porque no había manera ¬¬’ pero todo ello mereció la pena, sin duda.

Llegamos de nuevo a Kagoshima y nos dirigimos a la parada del tranvía (160¥ pp) para volver al hotel a recoger nuestras cosas. En unos 10’ ya estamos allí, recogemos las cosas de la recepción y les damos mil arigato por guardárnoslas gratis 🙂 Salimos de nuevo a la calle y caminamos unos 10 minutos hasta la estación JR Kagoshima-Chuo, dejamos con pesar esta ciudad y cogemos un Shinkansen a las 18h que en algo menos de hora y media nos lleva al último destino en Kyushu: Kumamoto.

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Kumamoto (熊本): puerta de entrada a la región de Aso, fue la ciudad que inventó el kobori (forma de nadar erguido portando la armadura samurai), ahora es más conocida por su castillo.

Nos alojamos en el Dormy Inn Kumamoto por 14600¥ (dos noches los dos) y también cuenta con baños públicos. La verdad es que esta cadena hotelera no la conocíamos pero la habíamos visto recomendada en el foro Los Viajeros y decir que me sumo a la recomendación. Son de los de BBB (bueno, bonito y barato) y la mar de cómodos; están bien comunicados con las estaciones JR y tienen siempre buses, tranvías o metros cerca.

Sobre las 19,30h llegamos a Kumamoto, lo primero es tomar un tranvía para llegar al hotel, cerca de la parada Karashima-cho. Tardamos unos 10-15 minutos en llegar. Aquí ya empezamos a pensar “por favor, por favor que estén las maletas!” 😛 Efectivamente, al hacer el check-in nos informan que nuestras maletas nos esperan en la habitación, ¡¡oleeeee!! ¿¡He dicho ya que me encanta la eficiencia nipona?! Aplauso Aplauso

Decidimos salir a dar un paseo por los alrededores, hemos visto desde la parada del tranvía que hay unas calles comerciales cubiertas con buena pinta, así que allá vamos. Nos recuerdan a la zona de Nishiki de Kyoto, y aunque es tarde ya, hay bastante ambiente. Encontramos varias tiendas de todo tipo, restaurantes, kombinis… decidimos dejar un poco de lado la dieta local y vamos a cenar unas hamburguesas (1200¥ los dos). Compramos desayuno y agua en un 7/11 y nos vamos de vuelta al hotel que ya es hora de descansar. De camino podemos ver un trocito del castillo iluminado, y es que estamos alojados muy cerca. Pero eso ya queda para mañana, hoy estamos ko. sleep

25/05/2011: de Asakusa a Odaiba, del barrio más tradicional al más moderno de Tokyo

Día 10: conocemos la tradicional Asakusa y nos perdemos entre el ocio y la ludopatía de Odaiba :p

Hoy no madrugamos en exceso… aunque debemos bajar antes de las 10h a desayunar (lo tenemos incluido en el precio). Hay una cafetería en la planta baja del hotel y allí nos sirven el desayuno con unos tickets que nos dio la recepcionista al hacer el check-in. Pedimos un zumo natural y unas tortitas al estilo americano para cada uno y ¡qué ricas! A lo largo del viaje, veremos que en ciertos aspectos se nota la influencia de los americanos tras la II Guerra Mundial en la cultura y gastronomía japonesas…

Caminamos hasta la estación JR Shibuya para tomar el metro hacia el distrito de Asakusa, uno de los distritos más coloridos e interesantes de Tokyo. Este barrio se desarrolló a principios del siglo XVII alrededor del templo Senso-ji y poco a poco, se ha ido convirtiendo en una de las partes más vibrantes y a la vez tradicionales de la ciudad.  En él también se encuentra una de las lonjas de pescado más grandes del mundo.

Tomamos la línea JR Yamanote hasta la estación Shimbashi y allí el metro de la línea Asakusa. Llegamos a la estación que teníamos marcada en la guía, pero nos despistamos un poco porqué nos bajamos por error una parada antes de la que tocaba… damos un paseo tremendo intentando ir hacia la dirección del primer punto a visitar y llegamos hasta la orilla del río Sumida, pero como vemos que andando no nos aclaramos, desandamos el camino y volvemos al metro, y tras una parada más, ahora si nos bajamos en la correcta, adentrándonos de lleno en el corazón del barrio de Asakusa.

Un consejo para futuros viajeros, imprescindible llevar una brújula o algún mapa offline que os localice rápidamente, os sacará de más de un apuro al salir de las estaciones de metro/tren.

A pocos metros de la estación de metro, y ahora si, nos encontramos con la Puerta de Kaminari-mon de la que prende una gran lámpara de papel que indica la entrada principal al complejo del santuario. Esta puerta esta dedicada al dios del viento y al del trueno, y fue construida originalmente en el 942. En la época Edo los japoneses pasaban por debajo de la puerta para rezar por su salud, felicidad u otros asuntos.

Como curiosidad deciros que en la linterna se puede ver el logo de Panasonic®, ya que fue donada por ellos en 1995, mide 4 metros de alto, 3,4 metros de diámetro y pesa 670 Kg.

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Nos llama la atención que al otro lado de la puerta hay una gran alpargata y vemos que muchos jóvenes saltan para intentar tocarla, es un símbolo shinto y dicen que si alcanzas a tocarla te traerá suerte.

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Tras cruzar la gran puerta, nos encontramos con la calle comercial Nakamise, un paseo de unos 250 metros repleto de tiendas y puestos de comida que conduce directamente a la Puerta Hozo‐mon y a la Sala Kannon‐do. Es un lugar agradable dónde pasear y dónde hay tiendas de todo (comida, kimonos, katanas, abanicos, muñecas típicas…) pero sobretodo venden linternas de papel.

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Al final de esa calle comercial, encontramos un patio en el que se distribuyen unos cuantos edificios del templo y una gran pagoda de 5 pisos. Nos adentramos en el gran recinto que conforma el templo de Senso-ji.

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Como siempre, nos purificamos al entrar al recinto

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El templo Demboin es la vivienda del sacerdote principal del templo, se trata de un pequeño templo privado con jardín interior al que solo se puede acceder con un pase. La pagoda original fue construida por Iemitsy Tokugawa pero ardió tras un bombardeo en la II Guerra Mundial, por lo que se reconstruyó en 1973. Cuenta con 53 metros y es considerada la segunda más alta de Japón.
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Aquí se nos acerca un hombre un tanto peculiar y nos empieza a preguntar en un inglés bastante básico de dónde somos, cuál es el motivo de nuestro viaje, etc. Lo dejo con mi marido hablando y yo me voy a echar unas cuantas fotos de esta parte del templo. Tras unos 10 minutos, aún lo encuentro hablando con aquél hombre con una cara de agobio impresionante, así que muy educadamente lo rescato y seguimos con la visita :p

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¿Qué decir del lugar? ¡Me encanta el contraste entre lo tradicional y lo moderno que muestra este país! En la foto de arriba podéis ver la torre Skytree mientras la construían 🙂

Continuamos recorriendo el templo y llegamos al Tenoki Sebsihu y la Capilla de Asakusa, también conocido como templo de Kannon, diosa de la misericordia. Es el templo más viejo de Tokio, y uno de los más importantes. Al lado de éste hay una capilla sintoísta, la Asakusa Jinja.

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La historia el templo está consagrada a la bodhisattva Kannon. Según la leyenda una estatua de Kannon fue encontrada en el río Sumida en el año 628 por dos pescadores, los hermanos Hinokuma Hamanari e Hinokuma Takenari. El jefe de su aldea, Hajino Nakamoto, decidió que la estatua era sagrada y reconstruyo su propia casa creando un templo pequeño en Asakusa de modo que los aldeanos pudieran adorar a Kannon. La construcción del templo Senso-ji terminó en 645 por lo que es considerado es el templo más antiguo de Tokyo. Las bendiciones y milagros de Kannon provocaron una alta reputación por todo Japón y gente de todos los puntos del país acudían a Asakusa a venerar a la estatua.

Vemos que en el interior y los alrededores del templo de Kannon decenas de monjes están celebrando una ceremonia, y hay cantidad de gente asistiendo a ésta. Nos quedamos unos minutos en un rincón observando la ceremonia que llevan a cabo y luego seguimos recorriendo el complejo del templo. Damos un paseo por sus jardines que son impresionantes, como ¡todos en Japón! La pena es que no podemos visitar el templo de Kannon ya que es dónde se lleva a cabo la ceremonia… habrá que volver Riendo

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Junto al recinto de templos hay un parque de atracciones no muy grande, pero como vemos que no hay ninguna atracción interesante pasamos de largo. Volvemos a la calle comercial Nakamise y nos quedamos alucinados al ver a ¡¡¡unos ninjas!!! Mi marido les pide hacerse una foto y ellos aceptan encantados… Justo cuando voy a disparar la foto, veo que ¡¡sacan las katanas!! ¡¡Ay Dios que me quedo viuda ya!! ¡jajaja! ¡Qué graciosos! Suponemos que son actores o un par de frikis disfrazados, dudamos que los ninjas paseen tan tranquilos por las calles de Tokyo, o ¡¿no?! Muy feliz

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De ahí nos dirigimos al muelle para tomar el barquito que nos lleve a la Bahía de Odaiba. Nos encontramos en la puerta de la terminal de ferry mirando las diferentes rutas y precios que hay desde aquí, cuando un hombre se nos acerca y nos pregunta en inglés de dónde somos y si necesitamos ayuda. Le decimos que somos españoles y antes de qué nos dé tiempo a decir más el señor nos dice “aaaah yo hablo español” ¡¡wooow!! ¡nos quedamos alucinando! El señor se nos presenta y hacemos lo propio. Nos recomienda una de las rutas para llegar a Odaiba y nos dice que él bajará una parada antes que nosotros por lo que si queremos nos puede acompañar un tramo del trayecto en barco. Aceptamos encantados y compramos los billetes con su ayuda.

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Mientras esperamos a que llegue el barco, nos explica que es ingeniero aeronáutico y que además trabaja como intérprete español para la Embajada española en Tokyo, que a veces ha hecho alguna traducción de libros/documentos e incluso ha colaborado con la policía en algún caso dónde hubiera españoles que necesitaran ayuda con el idioma. Nos da la tarjeta de su página web y nos explica que en su tiempo libre hace de guía turístico por Tokyo con grupos de españoles bajo reserva.

Nuestro barco llega y subimos a bordo. No puedo dejar de sorprenderme viendo la ciudad desde este punto de vista y no puedo parar de hacer fotos 🙂 A estas alturas seguro que ya sabéis que me encanta hacer fotos, ¿verdad? Mr. Green

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El embarcadero está frente al edificio de la compañía cervecera japonesa Asahi. El guía nos explica que por lo visto hay controversia con la estética del edificio, algunos ciudadanos lo ven como un edificio modernista y original que ven como si fuera un vaso de cerveza con la espuma, mientras otros le llaman el edificio de la “cagarruta” -en japonés claro- por la forma de la estructura amarilla, que cada cual escoja la que prefiera :p

El señor nos va explicando qué es cada edificio e incluso un poco de historia de cada lugar, ¡alucinamos con la amabilidad del hombre! Aunque os tengo que decir que me sale la vena ratilla española y me quedo un poco pillada pensando en si realmente lo hace de forma altruista o luego nos intentará cobrar algo… Por lo bajini le comento mis pensamientos a mi marido, él me dice que no cree que nos cobre, supone que lo hace por gusto… y efectivamente, el hombre nos explicó con gran estusiasmo todo lo que él sabía, así como datos interesantes sobre su país, su cultura y los tokyotas. También él iba echando fotos para su página web.

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Le preguntamos la repercusión del tsunami y del accidente nuclear en la vida de los japoneses y su respuesta es: “lo que pasó fue una gran desgracia, pero eso ya pasó y está resuelto, así que podemos hacer vida totalmente normal. No entendemos ¡porqué no vienen los turistas!”. Le explicamos la repercusión mediática que tuvimos en nuestro país y el miedo que hay aquí a viajar a Japón en ese momento, y nos explica que él hizo varias entrevistas para televisiones españolas explicando lo sucedido y diciendo que se podía viajar con total normalidad al país. Nos felicita por ser “unos valientes españoles que ignora a la prensa sensacionalista”, ¡¡este hombre me cae bien!!

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La lonja de Pescado Tsukijii, la más grande y activa de Japón

Llegamos a su parada, junto al Odaiba Seaside Park. Nos despedimos de él y le damos las gracias por sus explicaciones y su compañía durante el trayecto. Cuando el barco está a punto de zarpar, vemos que sube corriendo de nuevo para advertirnos que en la próxima parada que haga el barco debemos bajar y cambiar de embarcación si no volveremos al punto de partida. Le damos las gracias en español, japonés e inglés porque es impresionante hasta dónde llega la amabilidad de esta gente y nos despedimos de él. ¡Flipante!

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Tras un ratito más, llegamos a la parada que nos advirtió, bajamos y esperamos al otro barco que nos llevará hasta la bahía. En este embarcadero hay atracado un barco estilo pirata. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos una bebida fresquita de la máquina que hay en el embarcadero mientras esperamos al siguiente barco que nos llevará a la bahía de Odaiba.

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Tras unos 30′ de viaje, llegamos a Odaiba. ¡¡Es impresionante!! Se trata de una isla artificial construida en 1853 por el shogunato Tokugawa en la Bahía de Tokyo, ganando terreno al mar  como una fortaleza marítima para proteger la ciudad de posibles ataques marítimos pero con el tiempo, y sobretodo a partir de 1996 pasó a ser un distrito modernista, futurista, comercial y de ocio 🙂

 

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pasamos por debajo del Rainbow Bridge

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El edificio de la bola es el de la televisión Fuji y el de la derecha, el de Salvamento Marítimo

Junto al embarcadero hay una playa y… una estatua de la libertad, ¡toma ya!

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Hay múltiples lugares a visitar en Odaiba, desde el edificio de la televisión japonesa Fuji, a varios centros comerciales como el Palette Town (compuesta por un enorme centro comercial, una sala de exposiciones de Toyota® y una de las 3 norias más grandes del mundo) y salas de ocio, ¡viva el consumismo y la ludopatía! ¡jajaja! También en Odaiba se encuentra uno de los baños públicos más grandes de Tokyo montados al estilo de pueblo artificial con toda una parafernalia de tiendas, restaurantes… vamos que aunque te vayas a relajar en un ofuro no pierden de vista las compras, ¡que viva el consumismo! :p

Nos hace mucha gracia ver una Estatua de la Libertad en Japón. Aún no hemos visto la más conocida (la de New York -que visitaríamos en 2015 en nuestro viaje a la Gran Manzana– ) pero si la de París y ahora la de Tokyo 🙂

Hacemos fotitos de rigor, y vemos que en la playa hay bastante gente tomando el sol, así como alguna que otra vela. Vamos dando un paseo tranquilamente junto a la playa hacia la zona comercial de esta parte de la isla. En uno de los edificios vemos que hay ¡¡una mini-montaña rusa dentro!! Nos quedamos alucinados y decidimos que tenemos que entrar ahí si o si 😀

Buscamos un sitio dónde comer puesto que son casi las 15h y nos decantamos por un bar americano dónde preparan hot-dog y batidos. Después de tantos días comiendo y cenando japonés nos apetece variar un poco y comer algo de “mierda de la buena” (como solemos llamarle nosotros a la comida basura) :p

Descansamos un poquito las piernas mientras tomamos una comida buenísima, y después rehacemos los planes que teníamos para esta tarde… si, volvemos al centro comercial dónde vimos la mini-montaña rusa en su interior 😀

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Resulta que dentro del centro comercial hay como un parque de atracciones de SEGA®, se trata del Joypolis. Aunque es un pelín caro ¡nos damos el capricho! Entramos y nos encontramos con cuatro pisos de simuladores Sega ¡qué pasada! Nos volvemos niños por una tarde y subimos en todas las atracciones, y es que son simuladores dónde puedes subir, por ejemplo hay una mini-montaña rusa, una atracción de Prison Break de la que tienes que escapar, un vuelo tipo Indiana Jones en avioneta montados en asientos que se mueven al son de la imagen y el sonido, de un helicóptero,  y…

… el de coches es ¡la caña! Se trata de coches deportivos de verdad montados sobre una plataforma que simula los movimientos y frente a una pantalla enorme dónde tienes el video juego con la carrera. En este me río muchísimo porque el chico se queda alucinado de que me quiera subir yo sola en un coche. Por lo visto allí las chicas suben de copiloto con sus novios. El operario me explica en inglés cómo funciona el coche y me pregunta si quiero cambio automático o manual, yo hubiera escogido el manual pero me doy cuenta de que como todos los coches allí, el volante está a la derecha y por tanto también el cambio de marchas está invertido… así que ¡¡automático, automático!! Me hace poner el cinturón y ajustar el asiento a los pedales y ¡empieza la carrera! Delante del coche tienes una mega-pantalla dónde ves el circuito y veo también el coche que “conduce” mi marido… ¡¡a por él!! Después de un poco de dificultad al principio hasta que me adapto a los movimientos del coche y pedales… ¡¡consigo ganar la carrera!! Al bajar de los coches, los chicos me felicitan y me vitorean, y es que nos dicen que es la primera vez que una chica gana en ese simulador, ¡¡toma ya, OLE YO, OLE YO!! ¡jajajaja! Aplauso Aplauso
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Seguimos dando una vuelta por el centro y subimos a más simuladores de motos, de esquí, hay uno de carreras por el hielo con un Bobsleigh en el que nos montamos los dos juntos y damos unas vueltas que nos pone boca abajo y todo :p ¡mola! Cuando nos damos cuenta miramos el reloj y vemos que llevamos casi 3h allí metidos, ¡madre mía, cuánto vicio por favor! Vemos un apartado dónde hay varias máquinas de fotos en las que puedes escoger un tema y luego editarlas a tu gusto e imprimirlas, nos damos cuenta de que es la atracción favorita de las adolescentes en todas las salas de juegos, así que decidimos imitarlas y nos metemos en una. Escogemos el tema “amor”, seleccionamos dos personas y entramos. En la pantalla de la cabina te va diciendo las poses que tienes que poner para cada una de las 6 fotos que echa. Después salimos y nos vamos a la cabina de al lado, dónde puedes ver las 6 fotos y retocarlas, pero del rollo “dientes más brillantes” u “ojos pintados”, y también puedes escribir sobre ellas o ponerles dibujitos sobre el tema “amor”. Las decoramos y le damos a imprimir, por 200¥ tenemos nuestras 6 fotos por duplicado de recuerdo, ¡qué kawaii!

Terminamos nuestra estancia allí, pasando por unas máquinas de reflexoterapia podal que ¡¡son la caña!! Te hace unos masajes en los pies que te dejan como nuevos y después de tantos días de caminatas… ¡repetimos 3 veces! Cada masajito vale 100¥ (unos 0’60€!) y salimos super relajados, no veo el momento de irme de esa máquina :p

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Con mucho esfuerzo nos vamos de ese centro tan genuino con el que nos hemos topado por azar y seguimos dando un paseo por la isla.

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Llegamos a la zona de Palette Town, una zona compuesta por un centro comercial enorme, en el que vemos una macro tienda de Hello Kity y de Barbie, una de las 3 norias más grandes del mundo (al estilo de la London Eye) y una sala de exposiciones de la casa Toyota en la que entramos y vemos unos cochazos increíbles, tanto actuales como antiguos e incluso de rally y Fórmula 1.

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Al caer la tarde, tomamos el tren hacia el distrito de Hamamatshucho y cenamos en un Mc enorme donde alucinamos porque al pedir nos dice la chica con mil reverencias que la perdonemos pero que nuestro pedido tardará un poco… le preguntamos cuánto y nos dice que ¡un par de minutos! Le decimos que no importa que es poco tiempo y esperaremos a que esté listo el pedido, pero la chica nos pide que vayamos a una mesa que ella nos traerá lo que falta en cuanto esté preparado… pero tendríais que haber visto la cara de disgusto por no podernos servir en el acto. Nos cuesta de creer la verdad, en el centro de Barcelona antes de que pusieran las máquinas para auto-pago, hemos llegado a esperar 20 minutos a que nos tomaran nota y prepararan nuestros menús… Hay que decir que allí sirven enseguida la comida, tanto en los Mc como en cualquier otro restaurante, parece ser que no es muy ético hacer esperar al cliente, pero para nosotros es impresionante que nos haga 10 reverencias a modo de disculpas por un retraso de 2 minutos.  Le hacemos caso, no vaya a ser que se sienta peor la muchacha y nos vamos a buscar una mesa. Antes de que nos hayamos sentado ya llega la chica con lo que nos faltaba del pedido de nuevo disculpándose entre reverencias, le respondemos con un par de “domo arigato” y un par de reverencias a modo de agradecimiento y empezamos a cenar alucinados por lo ocurrido…

De allí nos vamos paseando hacia la Tokyo Tower. Es uno de los símbolos de la ciudad ya que es fácil divisarla desde bastantes puntos.  Con una altura de 332,6 metros es usada como torre comunicaciones y cuenta con un mirador al que acceder para tener una bonitas vistas de la ciudad.

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En Tokyo hay básicamente dos grandes miradores, uno es la Tokyo Tower y el otro son los edificios del Gobierno Metropolitano de Shinjuku, a éste segundo iremos de día por lo que decidimos ver las vistas nocturnas desde la Tokyo Tower. Hay otros miradores, como el de la torre Roppongi aunque no cuenta con tanta altura como los dos anteriores. Decir que en 2011, cuando realizamos este primer viaje a Japón, aún no estaba terminada la gran torre Skytree, la que hoy en día cuanta con el mirador más alto de Japón y también el más caro de todos…

Vista en fotos ya impresiona pero verla en directo, es genial. Aunque es un clon de la Tour Eiffel de Paris, es algo más alta y pesa menos que la torre francesa, estos japos son unos crack’s ¡no solo la han copiado si no que además la han mejorado! 😀

La torre cuenta con dos miradores, uno a 150 metros de altura y otro a 250m, y hay que pagar por acceder a cada uno de ellos (en 2011: 1420¥ para acceder a los dos miradores y 820¥ si te conformas con el inferior). Nosotros decidimos pagar por los dos, ya que subimos nos vamos hasta lo más alto y disfrutamos del máximo de visitas posibles 🙂

Subimos con el primer ascensor hasta el primer nivel y nos maravillamos con las vistas de la ciudad, se pierde la vista entre las miles de luces en el horizonte, es alucinante ver el tamaño de la gran metrópolis que es Tokyo toda iluminada 🙂 Tras dar la vuelta entera al 1r mirador, tomamos el ascensor que nos lleva al segundo nivel.

Estamos muy altos y se nota en nuestros oídos, los tenemos taponados aquí arriba pero no importa ya que las vistas desde aquí son ¡¡aún mejores!! ¡¡Es impresionante lo grandiosa que se ve la ciudad!!

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Tras ver los 360º de Tokyo desde lo más alto, bajamos de nuevo al primer nivel. Vemos que hay unos cristales macizos en el suelo por dónde se ve la calle, la base de la torre y la gente que hay allí abajo. Ponemos nuestros pies encima del cristal y echo una foto… mientras algunos de los que nos rodean gritan un “¡aaah!” Parece ser que no se fían mucho de la resistencia de ese cristal ¬¬’

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Bajamos de nuevo y desandamos nuestros pasos hasta la estación JR de Hamamatshucho de nuevo. Nos fijamos en que aquí reparan las calles y hacen las obras necesarias de noche, cuando entorpecen menos al tráfico, aunque no sé qué opinaran los tokyotas que intentan dormir… Pasamos por unas calles un tanto oscuras y apenas transitadas, como buenos españoles desconfiamos un poco de ir por allí, tanta oscuridad nos genera cierta inquietud no nos vaya a salir alguien con malas intenciones…, pero cuando vemos que un hombre con un maletín que debe venir de trabajar se mete en el cementerio que junto al templo Zojoji totalmente a oscuras para cruzarlo hacia alguna calle que debe haber al otro lado, alucinamos de lo lindo. ¡Éstas cosas solo se pueden hacer en Japón! En cualquier otro lugar del mundo ya nos hubieran atracado. Tras ese momento, nos damos realmente cuenta de lo seguro que es este país. Una vez de vuelta veríamos en varias lugares que Japón es el país con menos tasa de delincuencia del mundo.

Llegamos a la estación y cogemos un tren de la JR Yamantoe hasta la estación de Shibuya. Una vez en nuestro barrio tokyota, caminamos los 5-10 minutos que nos separan del hotel y nos vamos a descansar.  Hoy ha sido un día ajetreado y ya toca descansar… mañana más Tokyo 😉

09/10/14: se acerca el final del viaje… y nos vamos a conocer Nusa Dua

Día 24: visitamos Nusa Dua, su centro comercial y su playa

Anoche estuvimos mirando dónde podríamos ir hoy ya que nos hemos recorrido Seminyak de arriba a abajo y queremos disfrutar del último día completo en Bali…

A eso de las 9h nos levantamos y tomamos el desayuno en la habitación. Tras arreglarnos, bajamos a recepción y preguntamos cuánto nos costaría un taxi a Nusa Dua, nos dicen que unas 140-150.000 rupias. No nos parece demasiado caro, así que les pedimos que nos llamen a uno.

Cuando llega, le pedimos que ponga el taxímetro y que nos lleve al Centro Comercial Bali Collection que se encuentra en Nusa Dua. Tardamos unos 30-40 minutos en llegar y nos sorprende muchísimo que a la entrada al aparcamiento, hay un montón de controles militares… el taxista nos explica que hay un Forum Internacional sobre la democracia que tiene lugar estos días en el recinto…  ¡En ese momento ya alucinamos en colores del tinglao que tienen ahí montado! Se trata de un súper centro comercial lleno de tiendas, restaurantes, teatro dónde hacen espectáculos, complejos hoteleros de grandes cadenas (Hilton, Mercure, Melia, Grand Hyatt, etc.) y playas privadas, y lo mejor de todo es que ¡¡¡aquí no hay excuse me!!! Es un lugar que se ve pijillo y las tiendas tienen el precio estipulado, aquí no hay cabida al regateo.

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Pagamos al taxista 130.000 rupias del trayecto + 10.000 rupias por el peaje de la autopista construida sobre el mar y que nos ha acortado el tiempo de viaje en más de 30 minutos, y entramos al complejo tras pasar la mochila por un scanner y nosotros por un arco de seguridad.

Viendo el tamaño del recinto, decidimos que lo primero es buscar un mapa del lugar para ubicarnos un poco. Os dejo el mapa de su web:

Entramos en todas las tiendas de souvenirs que encontramos y nos hacemos con un montón de cosas chulas 🙂 Entre ellas una figura tallada en madera con un dios Ganesa, un imán con “el pajarraco mitológico” Garuda, unos cuantos paquetes de café Kopi Luwak para los nuestros, unas pulseras, unos llaveros… todo por 1.400.000 rupias, así como un vestido super mono para mi por 250.000 rupias.

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Tras llevarnos media tienda 😛 decidimos acabar de visitar el CC y buscar una playa entre los resorts de la zona. Encontramos una dónde estamos prácticamente solos, con arena blanca y el agua muy calmada. Hay unos árboles muy cerquita dónde poder echarse a la sombra. Es ideal para relajarse un ratito… sacamos las toallas que llevamos en la mochila y nos acomodamos.

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La marea está baja y hay que irse bastante adentro para que cubra… pero no nos importa porqué el agua está buenísima y por fin podemos disfrutar de un baño juntos sin preocuparnos por que nos quiten las cosas ya que hay un momento en el que estamos completamente solos… ¡una maravilla!

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Estamos un par de horas disfrutando del relax… ¡genial! Luego baja aún más la marea, lo que hace difícil bañarse, y empieza a apretar el hambre. Así que decidimos recoger los bártulos y volver al CC para buscar un sitio dónde comer. De camino a uno de los restaurantes recomendados por Trip Advisor, vemos que dentro del CC también hay un altar…

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Nos decidimos por el restaurante italiano Uno.  La verdad es que solo pasar por delante ya huele que alimenta… nos decidimos por unas carnes con acompañamiento, dos tiramisú y unos refrescos (400.000 rupias) que nos sabe a gloria 😀

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Tras la comida, nos acercamos de nuevo a la zona de playas, pero continua la marea demasiado baja para bañarse, así que decidimos volver al hotel. Pactamos un transporte hasta el hotel por 130.000 rupias con peaje incluido. El tipo es amable y habla un inglés chapurreao pero con el que se hace entender… nos cuenta alguna curiosidad sobre Bali durante el trayecto.

Una vez en el hotel, dejamos las cosas en la habitación y decidimos acercarnos a la playa que hay cerquita de éste. La marea está muy baja y para poder bañarse hay que avanzar mucho, justo hasta dónde rompen las olas con fuerza… así que descartando que podamos bañarnos, decidimos dar un largo paseo por la orilla.

Luego, vemos que hay pocos excuse me hoy, así que alquilamos unas tumbonas por 50.000 rupias las dos para 2h, y nos echamos a tomar los últimos rayos de sol que nos quedan en Bali… hoy es un día raro, por un lado pensamos que llevamos 24 días en Indonesia y tenemos ganas de volver a casa y con los nuestros, pero por otro lado entra esa morriña final de viaje…

Sobre las 18h, ya con el sol bajito y después de disfrutar de un último atardecer aquí,  volvemos al hotel y nos tomamos un par de batidos (75.000 rupias).

Ha sido un día guay, mucho relax y creo que, un buen modo de despedirnos del lugar… tras los batidos, subimos a darnos una ducha y después salimos a cenar. Repetimos en el Santa Fe con esos platos deliciosos y su música en directo. Hoy una pizza para mi , una burger para mi marido y unas Bintang por 170.000 rupias.

Antes de volver al hotel, y como cada día, compramos el desayuno para mañana por 61.000 rupias. Y ahora si, llega ese momento agri-dulce de todo viaje, el momento en que toca hacer maletas :/

Una vez en la cama, haciendo zapping en la tele vemos que echan Blade… y aunque la hemos visto mil veces, nos la volvemos a tragar en VO con subtítulos en inglés 🙂

08/10/14: nuevo día en Seminyak, más compras, más playa, más piscina, ¡más relax!

Día 23: más compras, más playa, más piscina, ¡más relax!

 

Hoy de nuevo contamos con un día de descanso en Seminyak… nos levantamos sobre las 9,30h, desayunamos en la habitación y de nuevo salimos de compras.

Habíamos leído en internet que hay una gran tienda dónde venden de todo a buen precio, el Geneva Handicraft y aunque pertenece a Kuta, vemos que no está muy lejos del hotel, así que decidimos ir andando. Tenemos un paseo de unos 30 minutos que nos tomamos con calma y buscando las sombras porqué a estas horas ya hace un calor terrible…

Cuando llegamos vemos que se trata de un centro comercial más que de una tienda, ya que son 3 plantas más el garaje dónde tienen esculturas de madera y piedra a cuál más chula. Nos hubiera hecho gracia traernos alguna pieza de madera o un templito de piedra, pero para mandarlo ha de ser en un contenedor en barco y para que salga a cuenta, tendrías que comprar los muebles para todo el piso… una pena porqué realmente hacen maravillas con la piedra y la madera balinesas.

No tengo fotos, pero he encontrado un blog en el que hablan del lugar, os dejo una foto suya…

 

Tras más de una hora dando vueltas por las distintas plantas, salimos de allí con unos pareos, una cuchara de madera para cocinar y 3 platos de aperitivos, unos posa-vasos y un posa-llaves hechos con conchas de coral, y unos imanes de Geko, todo por 256.000 rupias.

Si las maletas ya venían a tope, verás tú a la vuelta cómo van a ir… suerte que tenemos kilos de sobras para facturar 😛

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Salimos con las manos bien cargadas y a medio camino hacia el hotel, hacemos parada en un combini para tomarnos unos helados, comprar agua y unas bebidas isotónicas (12.000 rupias todo), hace un calor terrible, mínimo 40ºC, y necesitamos parar a hidratarnos…

Cuando llegamos al hotel, dejamos las bolsas en la habitación, cogemos una mochila con las toallas y el protector solar y salimos de nuevo hacia el Flea Market Oberoi a dar una vuelta, pero esta vez no compramos nada más. Yo no tengo fotos del lugar, pero os dejo una sacada de internet:

Comemos en el Food Village, una pizzeria junto al mercado, 2 pizzas y 2 refrescos por 140.000 rupias. El sitio estaba bien… con música actual y buen ambiente. No os podéis imaginar lo que nos reímos aquí cuando mi marido se pidió una Fanta@ de Strawberry y vimos cómo se escribe fresa en indonesio…

¡Stroberi!

Así, tal cuál suena… ¡vaya panzón de reír! ¡os dejo la foto porqué si os lo cuento sin imagen seguro que no me creéis!

 

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Después de comer, nos acercamos a la playa por el acceso que hay junto al mercado. Alquilamos dos tumbonas por 50.000 rupias 1h, tras regatear mucho. Hoy tampoco nos podemos bañar, ¡menudas corrientes! Sólo con meter los pies en la orilla ya notas que te arrastra. Increíble… Tras la hora de alquiler de la tumbona, vamos dando un paseo por la orilla hasta llegar a la playa que queda cerquita del hotel.

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Caminamos los 5 minutos que hay entre la playa y el hotel. Al llegar, mi marido sube a la habitación a echarse un rato, el calor de hoy ha hecho mella… y yo me quedo refrescándome en la piscina. Cuando él baja, nos pedimos un plato de fruta y unos batidos (140.000 rupias).

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Estamos un ratito charlando allí, con la música de fondo y el frescor de la piscina se está genial 🙂 A eso de las 18,30h, subimos a la habitación. Nos duchamos y preparamos para salir a cenar. Hoy repetimos en el Bush Telegraph unas burger buenísimas con un par de birras. Tampoco tengo fotos del lugar, así que os dejo un par sacadas de internet:

Y antes de volver al hotel, pasamos como cada noche a comprar el desayuno de mañana (50.000 rupias). Y ahora si, a domir pero hoy con el pensamiento de que llevamos 23 días aquí y en 2 días volvemos a casa…