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25/05/2011: de Asakusa a Odaiba, del barrio más tradicional al más moderno de Tokyo

Día 10: conocemos la tradicional Asakusa y nos perdemos entre el ocio y la ludopatía de Odaiba :p

Hoy no madrugamos en exceso… aunque debemos bajar antes de las 10h a desayunar (lo tenemos incluido en el precio). Hay una cafetería en la planta baja del hotel y allí nos sirven el desayuno con unos tickets que nos dio la recepcionista al hacer el check-in. Pedimos un zumo natural y unas tortitas al estilo americano para cada uno y ¡qué ricas! A lo largo del viaje, veremos que en ciertos aspectos se nota la influencia de los americanos tras la II Guerra Mundial en la cultura y gastronomía japonesas…

Caminamos hasta la estación JR Shibuya para tomar el metro hacia el distrito de Asakusa, uno de los distritos más coloridos e interesantes de Tokyo. Este barrio se desarrolló a principios del siglo XVII alrededor del templo Senso-ji y poco a poco, se ha ido convirtiendo en una de las partes más vibrantes y a la vez tradicionales de la ciudad.  En él también se encuentra una de las lonjas de pescado más grandes del mundo.

Tomamos la línea JR Yamanote hasta la estación Shimbashi y allí el metro de la línea Asakusa. Llegamos a la estación que teníamos marcada en la guía, pero nos despistamos un poco porqué nos bajamos por error una parada antes de la que tocaba… damos un paseo tremendo intentando ir hacia la dirección del primer punto a visitar y llegamos hasta la orilla del río Sumida, pero como vemos que andando no nos aclaramos, desandamos el camino y volvemos al metro, y tras una parada más, ahora si nos bajamos en la correcta, adentrándonos de lleno en el corazón del barrio de Asakusa.

Un consejo para futuros viajeros, imprescindible llevar una brújula o algún mapa offline que os localice rápidamente, os sacará de más de un apuro al salir de las estaciones de metro/tren.

A pocos metros de la estación de metro, y ahora si, nos encontramos con la Puerta de Kaminari-mon de la que prende una gran lámpara de papel que indica la entrada principal al complejo del santuario. Esta puerta esta dedicada al dios del viento y al del trueno, y fue construida originalmente en el 942. En la época Edo los japoneses pasaban por debajo de la puerta para rezar por su salud, felicidad u otros asuntos.

Como curiosidad deciros que en la linterna se puede ver el logo de Panasonic®, ya que fue donada por ellos en 1995, mide 4 metros de alto, 3,4 metros de diámetro y pesa 670 Kg.

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Nos llama la atención que al otro lado de la puerta hay una gran alpargata y vemos que muchos jóvenes saltan para intentar tocarla, es un símbolo shinto y dicen que si alcanzas a tocarla te traerá suerte.

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Tras cruzar la gran puerta, nos encontramos con la calle comercial Nakamise, un paseo de unos 250 metros repleto de tiendas y puestos de comida que conduce directamente a la Puerta Hozo‐mon y a la Sala Kannon‐do. Es un lugar agradable dónde pasear y dónde hay tiendas de todo (comida, kimonos, katanas, abanicos, muñecas típicas…) pero sobretodo venden linternas de papel.

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Al final de esa calle comercial, encontramos un patio en el que se distribuyen unos cuantos edificios del templo y una gran pagoda de 5 pisos. Nos adentramos en el gran recinto que conforma el templo de Senso-ji.

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Como siempre, nos purificamos al entrar al recinto

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El templo Demboin es la vivienda del sacerdote principal del templo, se trata de un pequeño templo privado con jardín interior al que solo se puede acceder con un pase. La pagoda original fue construida por Iemitsy Tokugawa pero ardió tras un bombardeo en la II Guerra Mundial, por lo que se reconstruyó en 1973. Cuenta con 53 metros y es considerada la segunda más alta de Japón.
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Aquí se nos acerca un hombre un tanto peculiar y nos empieza a preguntar en un inglés bastante básico de dónde somos, cuál es el motivo de nuestro viaje, etc. Lo dejo con mi marido hablando y yo me voy a echar unas cuantas fotos de esta parte del templo. Tras unos 10 minutos, aún lo encuentro hablando con aquél hombre con una cara de agobio impresionante, así que muy educadamente lo rescato y seguimos con la visita :p

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¿Qué decir del lugar? ¡Me encanta el contraste entre lo tradicional y lo moderno que muestra este país! En la foto de arriba podéis ver la torre Skytree mientras la construían 🙂

Continuamos recorriendo el templo y llegamos al Tenoki Sebsihu y la Capilla de Asakusa, también conocido como templo de Kannon, diosa de la misericordia. Es el templo más viejo de Tokio, y uno de los más importantes. Al lado de éste hay una capilla sintoísta, la Asakusa Jinja.

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La historia el templo está consagrada a la bodhisattva Kannon. Según la leyenda una estatua de Kannon fue encontrada en el río Sumida en el año 628 por dos pescadores, los hermanos Hinokuma Hamanari e Hinokuma Takenari. El jefe de su aldea, Hajino Nakamoto, decidió que la estatua era sagrada y reconstruyo su propia casa creando un templo pequeño en Asakusa de modo que los aldeanos pudieran adorar a Kannon. La construcción del templo Senso-ji terminó en 645 por lo que es considerado es el templo más antiguo de Tokyo. Las bendiciones y milagros de Kannon provocaron una alta reputación por todo Japón y gente de todos los puntos del país acudían a Asakusa a venerar a la estatua.

Vemos que en el interior y los alrededores del templo de Kannon decenas de monjes están celebrando una ceremonia, y hay cantidad de gente asistiendo a ésta. Nos quedamos unos minutos en un rincón observando la ceremonia que llevan a cabo y luego seguimos recorriendo el complejo del templo. Damos un paseo por sus jardines que son impresionantes, como ¡todos en Japón! La pena es que no podemos visitar el templo de Kannon ya que es dónde se lleva a cabo la ceremonia… habrá que volver Riendo

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Junto al recinto de templos hay un parque de atracciones no muy grande, pero como vemos que no hay ninguna atracción interesante pasamos de largo. Volvemos a la calle comercial Nakamise y nos quedamos alucinados al ver a ¡¡¡unos ninjas!!! Mi marido les pide hacerse una foto y ellos aceptan encantados… Justo cuando voy a disparar la foto, veo que ¡¡sacan las katanas!! ¡¡Ay Dios que me quedo viuda ya!! ¡jajaja! ¡Qué graciosos! Suponemos que son actores o un par de frikis disfrazados, dudamos que los ninjas paseen tan tranquilos por las calles de Tokyo, o ¡¿no?! Muy feliz

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De ahí nos dirigimos al muelle para tomar el barquito que nos lleve a la Bahía de Odaiba. Nos encontramos en la puerta de la terminal de ferry mirando las diferentes rutas y precios que hay desde aquí, cuando un hombre se nos acerca y nos pregunta en inglés de dónde somos y si necesitamos ayuda. Le decimos que somos españoles y antes de qué nos dé tiempo a decir más el señor nos dice “aaaah yo hablo español” ¡¡wooow!! ¡nos quedamos alucinando! El señor se nos presenta y hacemos lo propio. Nos recomienda una de las rutas para llegar a Odaiba y nos dice que él bajará una parada antes que nosotros por lo que si queremos nos puede acompañar un tramo del trayecto en barco. Aceptamos encantados y compramos los billetes con su ayuda.

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Mientras esperamos a que llegue el barco, nos explica que es ingeniero aeronáutico y que además trabaja como intérprete español para la Embajada española en Tokyo, que a veces ha hecho alguna traducción de libros/documentos e incluso ha colaborado con la policía en algún caso dónde hubiera españoles que necesitaran ayuda con el idioma. Nos da la tarjeta de su página web y nos explica que en su tiempo libre hace de guía turístico por Tokyo con grupos de españoles bajo reserva.

Nuestro barco llega y subimos a bordo. No puedo dejar de sorprenderme viendo la ciudad desde este punto de vista y no puedo parar de hacer fotos 🙂 A estas alturas seguro que ya sabéis que me encanta hacer fotos, ¿verdad? Mr. Green

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El embarcadero está frente al edificio de la compañía cervecera japonesa Asahi. El guía nos explica que por lo visto hay controversia con la estética del edificio, algunos ciudadanos lo ven como un edificio modernista y original que ven como si fuera un vaso de cerveza con la espuma, mientras otros le llaman el edificio de la “cagarruta” -en japonés claro- por la forma de la estructura amarilla, que cada cual escoja la que prefiera :p

El señor nos va explicando qué es cada edificio e incluso un poco de historia de cada lugar, ¡alucinamos con la amabilidad del hombre! Aunque os tengo que decir que me sale la vena ratilla española y me quedo un poco pillada pensando en si realmente lo hace de forma altruista o luego nos intentará cobrar algo… Por lo bajini le comento mis pensamientos a mi marido, él me dice que no cree que nos cobre, supone que lo hace por gusto… y efectivamente, el hombre nos explicó con gran estusiasmo todo lo que él sabía, así como datos interesantes sobre su país, su cultura y los tokyotas. También él iba echando fotos para su página web.

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Le preguntamos la repercusión del tsunami y del accidente nuclear en la vida de los japoneses y su respuesta es: “lo que pasó fue una gran desgracia, pero eso ya pasó y está resuelto, así que podemos hacer vida totalmente normal. No entendemos ¡porqué no vienen los turistas!”. Le explicamos la repercusión mediática que tuvimos en nuestro país y el miedo que hay aquí a viajar a Japón en ese momento, y nos explica que él hizo varias entrevistas para televisiones españolas explicando lo sucedido y diciendo que se podía viajar con total normalidad al país. Nos felicita por ser “unos valientes españoles que ignora a la prensa sensacionalista”, ¡¡este hombre me cae bien!!

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La lonja de Pescado Tsukijii, la más grande y activa de Japón

Llegamos a su parada, junto al Odaiba Seaside Park. Nos despedimos de él y le damos las gracias por sus explicaciones y su compañía durante el trayecto. Cuando el barco está a punto de zarpar, vemos que sube corriendo de nuevo para advertirnos que en la próxima parada que haga el barco debemos bajar y cambiar de embarcación si no volveremos al punto de partida. Le damos las gracias en español, japonés e inglés porque es impresionante hasta dónde llega la amabilidad de esta gente y nos despedimos de él. ¡Flipante!

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Tras un ratito más, llegamos a la parada que nos advirtió, bajamos y esperamos al otro barco que nos llevará hasta la bahía. En este embarcadero hay atracado un barco estilo pirata. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos una bebida fresquita de la máquina que hay en el embarcadero mientras esperamos al siguiente barco que nos llevará a la bahía de Odaiba.

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Tras unos 30′ de viaje, llegamos a Odaiba. ¡¡Es impresionante!! Se trata de una isla artificial construida en 1853 por el shogunato Tokugawa en la Bahía de Tokyo, ganando terreno al mar  como una fortaleza marítima para proteger la ciudad de posibles ataques marítimos pero con el tiempo, y sobretodo a partir de 1996 pasó a ser un distrito modernista, futurista, comercial y de ocio 🙂

 

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pasamos por debajo del Rainbow Bridge

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El edificio de la bola es el de la televisión Fuji y el de la derecha, el de Salvamento Marítimo

Junto al embarcadero hay una playa y… una estatua de la libertad, ¡toma ya!

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Hay múltiples lugares a visitar en Odaiba, desde el edificio de la televisión japonesa Fuji, a varios centros comerciales como el Palette Town (compuesta por un enorme centro comercial, una sala de exposiciones de Toyota® y una de las 3 norias más grandes del mundo) y salas de ocio, ¡viva el consumismo y la ludopatía! ¡jajaja! También en Odaiba se encuentra uno de los baños públicos más grandes de Tokyo montados al estilo de pueblo artificial con toda una parafernalia de tiendas, restaurantes… vamos que aunque te vayas a relajar en un ofuro no pierden de vista las compras, ¡que viva el consumismo! :p

Nos hace mucha gracia ver una Estatua de la Libertad en Japón. Aún no hemos visto la más conocida (la de New York -que visitaríamos en 2015 en nuestro viaje a la Gran Manzana– ) pero si la de París y ahora la de Tokyo 🙂

Hacemos fotitos de rigor, y vemos que en la playa hay bastante gente tomando el sol, así como alguna que otra vela. Vamos dando un paseo tranquilamente junto a la playa hacia la zona comercial de esta parte de la isla. En uno de los edificios vemos que hay ¡¡una mini-montaña rusa dentro!! Nos quedamos alucinados y decidimos que tenemos que entrar ahí si o si 😀

Buscamos un sitio dónde comer puesto que son casi las 15h y nos decantamos por un bar americano dónde preparan hot-dog y batidos. Después de tantos días comiendo y cenando japonés nos apetece variar un poco y comer algo de “mierda de la buena” (como solemos llamarle nosotros a la comida basura) :p

Descansamos un poquito las piernas mientras tomamos una comida buenísima, y después rehacemos los planes que teníamos para esta tarde… si, volvemos al centro comercial dónde vimos la mini-montaña rusa en su interior 😀

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Resulta que dentro del centro comercial hay como un parque de atracciones de SEGA®, se trata del Joypolis. Aunque es un pelín caro ¡nos damos el capricho! Entramos y nos encontramos con cuatro pisos de simuladores Sega ¡qué pasada! Nos volvemos niños por una tarde y subimos en todas las atracciones, y es que son simuladores dónde puedes subir, por ejemplo hay una mini-montaña rusa, una atracción de Prison Break de la que tienes que escapar, un vuelo tipo Indiana Jones en avioneta montados en asientos que se mueven al son de la imagen y el sonido, de un helicóptero,  y…

… el de coches es ¡la caña! Se trata de coches deportivos de verdad montados sobre una plataforma que simula los movimientos y frente a una pantalla enorme dónde tienes el video juego con la carrera. En este me río muchísimo porque el chico se queda alucinado de que me quiera subir yo sola en un coche. Por lo visto allí las chicas suben de copiloto con sus novios. El operario me explica en inglés cómo funciona el coche y me pregunta si quiero cambio automático o manual, yo hubiera escogido el manual pero me doy cuenta de que como todos los coches allí, el volante está a la derecha y por tanto también el cambio de marchas está invertido… así que ¡¡automático, automático!! Me hace poner el cinturón y ajustar el asiento a los pedales y ¡empieza la carrera! Delante del coche tienes una mega-pantalla dónde ves el circuito y veo también el coche que “conduce” mi marido… ¡¡a por él!! Después de un poco de dificultad al principio hasta que me adapto a los movimientos del coche y pedales… ¡¡consigo ganar la carrera!! Al bajar de los coches, los chicos me felicitan y me vitorean, y es que nos dicen que es la primera vez que una chica gana en ese simulador, ¡¡toma ya, OLE YO, OLE YO!! ¡jajajaja! Aplauso Aplauso
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Seguimos dando una vuelta por el centro y subimos a más simuladores de motos, de esquí, hay uno de carreras por el hielo con un Bobsleigh en el que nos montamos los dos juntos y damos unas vueltas que nos pone boca abajo y todo :p ¡mola! Cuando nos damos cuenta miramos el reloj y vemos que llevamos casi 3h allí metidos, ¡madre mía, cuánto vicio por favor! Vemos un apartado dónde hay varias máquinas de fotos en las que puedes escoger un tema y luego editarlas a tu gusto e imprimirlas, nos damos cuenta de que es la atracción favorita de las adolescentes en todas las salas de juegos, así que decidimos imitarlas y nos metemos en una. Escogemos el tema “amor”, seleccionamos dos personas y entramos. En la pantalla de la cabina te va diciendo las poses que tienes que poner para cada una de las 6 fotos que echa. Después salimos y nos vamos a la cabina de al lado, dónde puedes ver las 6 fotos y retocarlas, pero del rollo “dientes más brillantes” u “ojos pintados”, y también puedes escribir sobre ellas o ponerles dibujitos sobre el tema “amor”. Las decoramos y le damos a imprimir, por 200¥ tenemos nuestras 6 fotos por duplicado de recuerdo, ¡qué kawaii!

Terminamos nuestra estancia allí, pasando por unas máquinas de reflexoterapia podal que ¡¡son la caña!! Te hace unos masajes en los pies que te dejan como nuevos y después de tantos días de caminatas… ¡repetimos 3 veces! Cada masajito vale 100¥ (unos 0’60€!) y salimos super relajados, no veo el momento de irme de esa máquina :p

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Con mucho esfuerzo nos vamos de ese centro tan genuino con el que nos hemos topado por azar y seguimos dando un paseo por la isla.

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Llegamos a la zona de Palette Town, una zona compuesta por un centro comercial enorme, en el que vemos una macro tienda de Hello Kity y de Barbie, una de las 3 norias más grandes del mundo (al estilo de la London Eye) y una sala de exposiciones de la casa Toyota en la que entramos y vemos unos cochazos increíbles, tanto actuales como antiguos e incluso de rally y Fórmula 1.

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Al caer la tarde, tomamos el tren hacia el distrito de Hamamatshucho y cenamos en un Mc enorme donde alucinamos porque al pedir nos dice la chica con mil reverencias que la perdonemos pero que nuestro pedido tardará un poco… le preguntamos cuánto y nos dice que ¡un par de minutos! Le decimos que no importa que es poco tiempo y esperaremos a que esté listo el pedido, pero la chica nos pide que vayamos a una mesa que ella nos traerá lo que falta en cuanto esté preparado… pero tendríais que haber visto la cara de disgusto por no podernos servir en el acto. Nos cuesta de creer la verdad, en el centro de Barcelona antes de que pusieran las máquinas para auto-pago, hemos llegado a esperar 20 minutos a que nos tomaran nota y prepararan nuestros menús… Hay que decir que allí sirven enseguida la comida, tanto en los Mc como en cualquier otro restaurante, parece ser que no es muy ético hacer esperar al cliente, pero para nosotros es impresionante que nos haga 10 reverencias a modo de disculpas por un retraso de 2 minutos.  Le hacemos caso, no vaya a ser que se sienta peor la muchacha y nos vamos a buscar una mesa. Antes de que nos hayamos sentado ya llega la chica con lo que nos faltaba del pedido de nuevo disculpándose entre reverencias, le respondemos con un par de “domo arigato” y un par de reverencias a modo de agradecimiento y empezamos a cenar alucinados por lo ocurrido…

De allí nos vamos paseando hacia la Tokyo Tower. Es uno de los símbolos de la ciudad ya que es fácil divisarla desde bastantes puntos.  Con una altura de 332,6 metros es usada como torre comunicaciones y cuenta con un mirador al que acceder para tener una bonitas vistas de la ciudad.

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En Tokyo hay básicamente dos grandes miradores, uno es la Tokyo Tower y el otro son los edificios del Gobierno Metropolitano de Shinjuku, a éste segundo iremos de día por lo que decidimos ver las vistas nocturnas desde la Tokyo Tower. Hay otros miradores, como el de la torre Roppongi aunque no cuenta con tanta altura como los dos anteriores. Decir que en 2011, cuando realizamos este primer viaje a Japón, aún no estaba terminada la gran torre Skytree, la que hoy en día cuanta con el mirador más alto de Japón y también el más caro de todos…

Vista en fotos ya impresiona pero verla en directo, es genial. Aunque es un clon de la Tour Eiffel de Paris, es algo más alta y pesa menos que la torre francesa, estos japos son unos crack’s ¡no solo la han copiado si no que además la han mejorado! 😀

La torre cuenta con dos miradores, uno a 150 metros de altura y otro a 250m, y hay que pagar por acceder a cada uno de ellos (en 2011: 1420¥ para acceder a los dos miradores y 820¥ si te conformas con el inferior). Nosotros decidimos pagar por los dos, ya que subimos nos vamos hasta lo más alto y disfrutamos del máximo de visitas posibles 🙂

Subimos con el primer ascensor hasta el primer nivel y nos maravillamos con las vistas de la ciudad, se pierde la vista entre las miles de luces en el horizonte, es alucinante ver el tamaño de la gran metrópolis que es Tokyo toda iluminada 🙂 Tras dar la vuelta entera al 1r mirador, tomamos el ascensor que nos lleva al segundo nivel.

Estamos muy altos y se nota en nuestros oídos, los tenemos taponados aquí arriba pero no importa ya que las vistas desde aquí son ¡¡aún mejores!! ¡¡Es impresionante lo grandiosa que se ve la ciudad!!

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Tras ver los 360º de Tokyo desde lo más alto, bajamos de nuevo al primer nivel. Vemos que hay unos cristales macizos en el suelo por dónde se ve la calle, la base de la torre y la gente que hay allí abajo. Ponemos nuestros pies encima del cristal y echo una foto… mientras algunos de los que nos rodean gritan un “¡aaah!” Parece ser que no se fían mucho de la resistencia de ese cristal ¬¬’

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Bajamos de nuevo y desandamos nuestros pasos hasta la estación JR de Hamamatshucho de nuevo. Nos fijamos en que aquí reparan las calles y hacen las obras necesarias de noche, cuando entorpecen menos al tráfico, aunque no sé qué opinaran los tokyotas que intentan dormir… Pasamos por unas calles un tanto oscuras y apenas transitadas, como buenos españoles desconfiamos un poco de ir por allí, tanta oscuridad nos genera cierta inquietud no nos vaya a salir alguien con malas intenciones…, pero cuando vemos que un hombre con un maletín que debe venir de trabajar se mete en el cementerio que junto al templo Zojoji totalmente a oscuras para cruzarlo hacia alguna calle que debe haber al otro lado, alucinamos de lo lindo. ¡Éstas cosas solo se pueden hacer en Japón! En cualquier otro lugar del mundo ya nos hubieran atracado. Tras ese momento, nos damos realmente cuenta de lo seguro que es este país. Una vez de vuelta veríamos en varias lugares que Japón es el país con menos tasa de delincuencia del mundo.

Llegamos a la estación y cogemos un tren de la JR Yamantoe hasta la estación de Shibuya. Una vez en nuestro barrio tokyota, caminamos los 5-10 minutos que nos separan del hotel y nos vamos a descansar.  Hoy ha sido un día ajetreado y ya toca descansar… mañana más Tokyo 😉

24/05/2011: ¡¡la gran Tokyo nos espera!!

Día 9: viajamos a la gran metropolis de Tokyo y empezamos a conocer Shibuya…

Nos levantamos temprano de nuevo ya que nuestro tren sale a las 8,15h. Hacemos el check-out y nos compramos desayuno para llevar en un Choco-Crock® de la estación, una cadena de pastelerías que tienen unos croissants de choco ¡buenísimos! No hay tren directo de Hiroshima a Tokyo por lo que tendremos que hacer un transbordo en Osaka… el trayecto hasta allí lo hacemos la mar de relajados e incluso echamos una cabezada tras tomarnos el desayuno.

A las 9,44h llegamos a Osaka y a las 10,13h salimos hacia Tokyo con una puntualidad extrema. A pesar de que muchos la desaconsejan, nos hubiera gustado visitar Osaka pero para ello teníamos que sacrificar un día de Kyoto o Tokyo y preferíamos ver a fondo esas dos ciudades antes de “mal-verlas” todas, por lo que decidimos que Osaka quedaría para el próximo viaje Sacando la lengua

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Pese a que el trayecto Hiroshima-Tokyo nos ocupará toda una mañana, estamos súper emocionados por poder visitar al fin la capital nipona… hemos pasado unos días muy culturales y espirituales y, ahora llega la parte friki del viaje. La de disfrutar de la gran metrópolis que es Tokyo, de su día a día… aunque también habrá una pequeña parte cultural porqué Tokyo es una ciudad de contrastes…

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interior del Shinkansen

 

El viaje Osaka – Tokyo es largo y también aprovechamos este trayecto para dormir… llevamos días de madrugones y de caminatas, y aún no nos hemos recuperado de la vorágine de los últimos preparativos de la boda, con lo que a estas alturas del viaje estamos agotados.

Pero me despierto a punto para disfrutar de las vistas del ¡¡¡Mt Fuji!!! que hay desde el tren. Truquillo: en el trayecto Osaka-Tokyo, pedid asientos en el lado izquierdo para poder verlo si os dejan las nubes claro… ¡qué pasada! Está bastante tapado, pero ver -aunque sea un trocito- del gran icono que es el Fuji nos embarga de emoción 🙂

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si os fijáis se ve un trocito de la cima nevada sobre el cartel naranja 🙂

 

Llegamos a Tokyo a las 13,10h. En la oficina JR nos recomendaron bajar en la estación JR Shinawaga en lugar de JR Tokyo (que sería la “central”) ya que así nos quedaba más cerca la zona dónde se encuentra nuestro hotel. Allí tomamos la línea JR Yamanote (línea JR circular) hasta la estación JR Shibuya, dónde tenemos reservado el hotel para estos días, y tras unos minutos de trayecto, llegamos al que será  “nuestro barrio” en Tokyo.

Salimos al bullicioso barrio que es Shibuya -sea la hora que sea- y seguimos las indicaciones de la web del hotel para llegar hasta él… nos cuesta un poco verlo y de hecho nos pasamos de largo, pero finalmente damos con él. Escogimos el Granbell Sibuya, Hacemos el check-in y subimos a la habitación a dejar las maletas. La habitación es estrechita pero ¡muy cuca y limpia!

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Vistazo rápido y salimos a comer que estamos famélicos a estas horas… Decidimos ir hacia la zona de la estación dónde hemos visto varios restaurantes. La verdad es que el hotel está super bien ubicado, a menos de 10 minutos a pie de la estación de tren JR Shibuya, el centro neurálgico del distrito.

Entramos en un centro comercial que hay frente a la estación (aquí tampoco hay barras con detectores en la salida, igual que en casa… ¬¬’ ) y vemos que en la planta -2 hay varios restaurantes. Damos una pequeña vuelta mirando los escaparates y nos decantamos por uno que hacen tempuras y sopitas 😉

Debo hacer un pequeño inciso para explicar cómo funcionan los restaurantes allí puesto que es algo distinto a lo que estamos acostumbrados aquí pero veréis que ¡no pierden la practicidad de vista! En primer lugar prácticamente todos los restaurantes tienen unos escaparates con réplicas exactas en plástico de los platos que ofrecen con los precios de cada uno, de modo que cuando entras sabes qué encontrarás y cuánto te gastarás. Cuando entras al bar/restaurante una voz gritona te saluda y pregunta cuántos sois para comer, en muchos sitios saben decirlo en inglés pero si no es el caso, con gestos puedes hacerte entender a la perfección. Te colocan en la mesa, y te dejan la carta, una toallita húmeda para limpiarte las manos antes de empezar a comer (fría en los baratos, caliente en los de cierta categoría), un sobre con dos palillos y un vaso de agua fría o té. Coges la carta y escoges los platos, y esto es verdaderamente simple porqué en la gran mayoría de cartas hay fotos de los platos, una descripción de los ingredientes en japonés y en inglés y el precio, tan solo nos topamos con cartas solo en japo en algún bareto pequeño de barrio, pero no será lo más frecuente. Para las bebidas igual, foto al canto y precio. Cuando lo tienes claro, avisas al camarero con un sumimasen (que significa disculpe en japonés). Vendrá a tomar nota, encontramos poca gente que supiera hablar bien en inglés, pero muchos lo chapurrean y si no es el caso es tan simple como indicar con los dedos el plato y bebida que quieres (a la Coca-Cola® ellos le llaman “Cora“) y con los dedos decir la cantidad de platos. Se llevarán la carta y ese es el momento de limpiarse las manos. Son muy muy escrupulosos con la higiene… las toallitas te las dan hasta en el Mc’Donnalds® y tan solo en un sitio no nos la dieron pero había un par de lavamanos con jabón bien accesibles dónde lavarse antes de empezar a comer. Con una velocidad que impresiona, te servirán los platos y te dejarán la cuenta boca-abajo en una esquina de la mesa de forma que cuando termines de comer, te levantes con tu cuenta, vayas a la caja, pagues y te vayas. No tienes que esperar a que te la traigan después ni son de mezclar dinero con comida. En muchos restaurantes sencillos no tienen carta de bebidas pero te van rellenando el vaso de agua o té continuamente y ¡gratis! Así de simple y sencillo 😉

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Seguimos. Volvemos al hotel y le preguntamos a la chica de recepción si hay alguna lavandería cerca. Nos da un mapa con las indicaciones para llegar a la más cercana, recogemos la ropa de la habitación y vamos a poner lavadoras. Esto formaba parte del plan para hoy, ya que así podemos minimizar el equipaje a llevar y como allí todo es barato no dudamos en ir a lavar la ropa 🙂 Llegamos a la lavandería y se trata de un establecimiento pequeño dónde todas las máquinas funcionan con monedas. Vemos que algunos ponen la lavadora y se van… pero nosotros decidimos cogernos un cafelillo de la máquina que hay en la puerta y sentarnos a descansar mientras nuestra ropa está lista.

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En unos 40′ queda limpia y la pasamos a la secadora. Nos quedamos alucinados con el lugar dónde se encuentra la lavandería. Estamos en Shibuya, uno de los barrios más grandes de Tokyo y sin embargo, parece un pueblecito dentro de una gran ciudad, vemos que la gente tiene el coche abierto, los aparatos de aire acondicionado a pie de calle y sin sujetar… ¡está claro que aquí no roban! Y a nosotros nos sorprende sobremanera… Vemos también un parking de bicis con dos alturas… hay que aprovechar al máximo el espacio ¡¿eeh?!

Algo que nos llama mucho la atención porque aquí no estamos habituados a ello, es que tienen el tendido eléctrico a la vista. Es la forma más segura de tenerlo en lugares con alto riesgo de seísmo, ya que enterrados sería más fácil que hubiera cortocircuitos en caso de terremoto y el riesgo de incendio o avería también es mayor.

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Cerca de la lavandería vemos un edificio que es un centro cultural con forma de robot, ¡¡mola!!

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Cuando termina la secadora, vamos al hotel de nuevo. Algunas piezas se han quedado un poco húmedas, así que las tendemos por la habitación y salimos de nuevo a echar un vistazo al barrio dónde nos alojamos, Shibuya.

Vemos la estación de trenes que es inmensa, ¡¡tiene 2 centros comerciales adheridos a ella!! Y vemos también el famoso paso de peatones en cruz de Shibuya o Scramble Kousaten, y es digno de ver porque es el paso de peatones ¡más transitado del mundo! ¡Qué pasada!, cada vez que el semáforo se pone en verde aparece una marea humana que cruza de un lado a otro de la calle y también en diagonal,  Y es que a diario lo cruzan una media de un millón de personas, ¡casi nada!

Damos una vuelta por la zona comercial de Shibuya y vemos los famosos centros comerciales “109” entre otros. El CC Shibuya 109 es un complejo de ropa juvenil para chicas con más de 100 boutiques repartidas en 10 pisos. Usualmente se pronuncia “Shibuya ichi maru kyu“, tiene su homónimo cerca para chicos. Recorremos un par de plantas y alucinamos 😛

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Los taxis tokyotas son muy molones, abren la puerta para el pasajero de forma automática ¡mola! Si, lo sé, he perdido la cuenta de los “mola” que ya he soltado, pero nos chocaron muchas cosas, sobretodo ese primer día en Tokyo, con sus peculiaridades y sus gentes. Llevamos apenas unas horas en la ciudad y ya estamos encantados 🙂 Quizá para aquellos que ya hayan visitado otras metrópolis como New York o Hong Kong no les impresione tanto ese primer contacto con Tokyo… para mi era la 1ª vez en una gran ciudad de este estilo, con luces por doquier, edificios tan altos y ese ambiente, y tengo que decir que me encantó. Y a día de hoy, después de haber estado en NY y en HK, sigo pensando que Tokyo tiene algo especial 😀

Seguimos con el paseo y vemos mogollón de centros de ocio con karaoke, salas de juegos o Pachinko, ¡el deporte nacional japonés, jajaja! Se trata de salas atiborradas de máquinas tragaperras en las que el juego consiste en encestar bolitas… hasta aquí fácil, pero luego hay que ir respondiendo a preguntas y resolviendo problemas, así que ni intentamos echar una partida porque las máquinas ¡están en japo! Vemos que los hay “pofesionales” y todo, que llevan guantes blancos para no hacerse ¿callos? ¡jajaja! ¡¡No!! Como siempre ellos son tan pulcros que les da repelús tocar con las manos algo manoseado antes por otro, formas de evitar contagios 😉

Entramos en una de las “salas” de juegos… ¡¡¡5 plantas de ludopatía!!! y echamos unas partidas a un juego de disparar pero en el que te montan en una especie de simulador Sacando la lengua ¡qué frikis! Riendo Riendo

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Después de un rato dándole a las maquinitas, seguimos dando un paseo por la zona mientras buscamos un sitio dónde cenar. No hemos querido ver demasiado de Shibuya hoy porque tenemos un día programado para ver el barrio a fondo, pero nos deleitamos entre las luces de neón y los enormes carteles publicitarios. Pasamos de nuevo por el gran paso de peatones, ¡es realmente impresionante!

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Cenamos en un bar irlandés, así podemos variar un poco nuestra dieta y nos tomamos unas cervezas japonesas, marca Asahi, que no están mal con unas tapas 🙂 Y ponemos rumbo al hotel, llevamos un par de días de grandes madrugones y necesitamos dormir y descansar que nos esperan más días de caminatas recorriendo Tokyo.

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