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03/10/16: recorremos los antiguos templos de Ayutthaya

Día 3: disfrutamos de la magia de Ayutthaya y catamos los grillos a la parrilla en Bangkok

Hoy nos levantamos temprano ya que el plan para hoy es ir a conocer la cercana ciudad de Ayutthaya. Tras tomar el desayuno y arreglarnos, cogemos un taxi hasta Victory Monument, hay muchísimo tráfico y un trayecto de 20 minutos se convierte en uno ¡de 45! Suerte que los taxímetros aquí sólo cuentan distancia recorrida y no tiempo… el trayecto nos sale por 100 THB.

Para ir a Ayutthaya hay dos opciones,  coger un tren desde Hua Lamptong que tarda unas 2h, o bien, tomar una minivan que cuesta 80 baths por trayecto y persona y tarda poco más de 1h. Nosotros nos decantamos por la segunda opción. El taxista nos deja en una callejuela repleta de puestos de minivan que van a distintos destinos. Pagamos al chico del puesto de Ayutthaya y nos dice que en media hora sale la siguiente.
Mientras esperamos voy a un baño público cercano (3 baths) que está bastante limpio y al salir, el chico nos guía hacia la furgo que nos llevará. Somos los únicos occidentales… van unos cuantos locales y un grupo de chinos. Cuesta horrores salir de la ciudad, hay un tráfico tremendo.

Tras hora y media, y un par de paradas en el camino para dejar a unos locales en una universidad que queda de camino, llegamos a Ayutthaya… tienen todo un tinglado montado porque te paran bastante lejos del centro, y aquí ya te esperan unos cuantos tuk-tuk. Negociamos con uno de ellos 3h en las que nos llevará a los templos principales de la ciudad, y nos dejará en el lugar desde dónde salen las furgos de vuelta por 750 baths. Tampoco regateamos demasiado porque aquí no hay más opciones… Una vez cerrado el trato nos montamos en el tuk-tuk y empezamos con la ruta del día.

Situada a 85 km al norte de Bangkok, Ayutthaya fue la capital del Reino de Siam desde 1350 a 1767 D.C. Los restos de esa capital (mayoritariamente templos y estupas medio en ruinas) ocupan un área de 15 km2 y son uno de los lugares históricos más importantes de Tailandia. Fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991.

El primer templo al que nos lleva el tuk-tukero es el Wat Yai Chai Mongkhon. Pagamos 50 baths pp y entramos. Como casi todos los templos tailandeses está conformado por varios edificios, que se conservan en bastante buen estado, rodeados por un bonito y cuidado jardín. Cuenta con un buda reclinado de 17 metros de alto y 9.5m de ancho del estilo al que vimos ayer en Bangkok.

Construido en el año 1357, el edificio principal del templo cuenta con una gran estupa y está rodeado por Budas cubiertos con paños amarillos como símbolo de pureza.

Subimos a lo alto del edificio y desde allí obtenemos unas bonitas vistas del recinto del Mongkhon.

Tras unos 30 minutos recorriendo el recinto, volvemos al tuk-tuk y seguimos hasta el Wat Mahathat. Pagamos 50 baths pp. Fue erigido en 1374 durante el reinado de Borom Rachathirat I, el templo está prácticamente en ruinas tras los saqueos birmanos, y casi todos los Buda están decapitados… aún así es curiosa su visita y la recomiendo.

Este templo cuenta con uno de los lugares más fotografiados de Tailandia, es famoso por albergar una cabeza de buda entre las raíces de un árbol.

Seguimos hasta el Wat Phra Si Sanphet. La entrada también cuesta 50 baths por persona y es interesante por albergar tres grandes estupas con las cenizas de los tres Reyes más importantes de la ciudad.

Situado dentro de los terrenos del Palacio Real, el templo se usaba para importantes ceremonias reales como juramentos de lealtad y como capilla privada de la familia real. En el año 1.500, el Rey colocó en uno de los santuarios del templo una imagen de Buda en bronce recubierto con 250 kg de oro y de 16 metros de altura, a la que llamó Phra Si Sanphet y por la que tomó ese nombre el templo. Pero Ayutthaya fue saqueada en 1767 por los birmanos, y quemaron el lugar y robaron las estatuas de oro, incluido el Buda de 16 metros. Aun así, es otro de los imprescindibles en la ruta de templos ya que sus tres chedis son las más fotografiadas de Ayutthaya.

Tras un rápido recorrido porque hace un calor terrible, volvemos al tuk-tuk que nos lleva al Wat Lokayasutharam con el buda reclinado de 17 metros de largo por 7 de alto, y que sin duda inspiró al creador del juego Street Fighter. No hay que pagar entrada.

El tuk-tukero nos pregunta qué más templos queremos ver de entre los más importantes de la ciudad, descartamos el Wat Phra Ram que es el más caro y el que menos nos llama la atención. Proseguimos la ruta hasta el Wat Phu Khao Thong un monasterio en forma de estupa que me recuerda ligeramente al Borobudur de Indonesia. La entrada es gratuita y se pueden subir unos cuantos escalones para llegar a lo más alto, aunque las vistas deben ser geniales no queremos que nos dé una insolación, así que nos conformamos con la vista desde el suelo.

El siguiente en la ruta es el Wat Thummikarat, un recinto que cuenta con varios templos y bonitos budas.

Y el último de la jornada será sin duda el que más nos sorprenda. Se trata del Wat Na Phra Men, un pequeño templo que cuesta 20 baths y que parece poco visitado por turistas.

Cuenta con una gran buda de oro de 16 metros en la sala principal y con otro de bronce algo más pequeño en la sala secundaria.

En ésta última hay un monje junto al buda. Como siempre al entrar en un templo budista hacemos una reverencia al buda y el monje al vernos, nos pide que nos arrodillemos frente a él con las palmas de las manos unidas, de repente empieza a orar algo en tailandés y a bendecirnos, y luego nos regala un amuleto a cada uno. ¡Nos quedamos alucinados! Son éstas cosas las que marcan los viajes y te hacen crecer… 🙂

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Tras un montón de agradecimientos y una propina de 20 baths nos vamos de vuelta al tuk-tuk que nos lleva al punto de salida de las minivan hacia Bangkok. Le pagamos los 750 baths acordados más 10 de propina.

Cuando llegamos a la mini-van, empieza a chispear y una vez en la furgo, mientras esperamos a la hora de la salida, empieza un diluvio que no tiene pinta de parar… ¡qué cantidad de agua cae en este país cuando llueve!

A las 14.10h y con la furgo a tope, salimos hacia Bangkok. Éste conductor va más rapidillo y no hace paradas por lo que en una hora estamos en el punto de partida junto al Monumento a la Victoria. Pagamos los 80 baths pp de la vuelta y vamos a buscar dónde comer.

Vemos que allí al lado está el Centro Comercial One Centre y como empieza a chispear aquí también y tiene pinta de venir tormenta, no nos lo pensamos mucho… en la planta superior hay varios restaurantes, nos decantamos por uno italiano. Pedimos una pizza, un bistec con guarnición y dos refrescos por 430 baths. ¡Comemos de vicio, mientras vemos cómo cae la del pulpo!

Tras la comida, bajamos al hall y tras ponernos las chaquetas y proteger la mochila dónde llevo la cámara y los objetivos, salimos a la calle a buscar un taxi. El primero que para se hace el tonto cuando le pido el taxímetro, como si no me entendiera… tras repetírselo 3 veces señalando al aparato y todo, desisto. Cierro la puerta y llamo al siguiente. Éste al vernos empapados por completo, enciende el taxímetro sin pedírselo y nos dice que subamos. Nos lleva al hotel por 90 baths pero le pagamos 100 por habernos parado y haber sido amable con nosotros…

Aprovechamos para descansar un poco mientras cae agua como para parar un tren y cuando amaina un poco, salimos a comprarnos un chubasquero en una tienda cercana que vimos ayer (40 baths c/u) por lo que pueda pasar… Pasamos también por el 7/11 a comprar agua y desayuno para mañana, y algunas cosillas para picar.

Dejamos las cosas en el hotel y viendo que ha parado de llover, salimos a dar un paseo. Llegamos hasta Rambuttri Rd dónde decidimos hacer un reto que teníamos para este viaje: comprar unos grillos a la parrilla y probarlos. Por 20 baths y con mucha pimienta, el hombre nos sirve unos pocos. Preparamos la cámara e inmortalizamos el momento. No están malos pero tampoco matan, así que con uno para hacer vídeo nos basta 😀

Tras la coña, decidimos cenar en el restaurante que hay frente al hotel dónde ayer comimos de vicio. Nos tomamos unos rollitos, un arroz frito, un pad thai, un refresco y una cerveza Chang por 360 baths. Cenamos entre risas viendo la reacción de los nuestros comentando el vídeo del grillo por el Whatssap 😀

Volvemos al hotel y decidimos aprovechar al máximo la bañera hidromasaje de la habitación, nos damos un buen baño relajante… hacemos las mochilas que mañana cambiamos de zona y a dormir que el día ha sido agotador…

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Actualización 2017: las minivans ya no salen desde Victory Monument, sino desde 3 nuevas localizaciones, según el destino: Morchit 2 para ir al Norte, Noreste y centro del país; Sai Tai Mai (Southern Bus Terminal) para ir al Sur y el Oeste; y Ekkamai para ir hacia el Este. Más información.

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20/01/17: pasamos la mañana en Pest y su barrio judío y, la tarde en uno de sus balnearios con el contraste de temperaturas…

Día 2: Recorremos el barrio judío y Pest, acabamos el día de relax total en uno de los balnearios de la ciudad

Nos levantamos a las 9h pasadas con algo de resaca después del tour por los bares en ruinas de anoche… Nos damos una ducha rápida y salimos hacia la Sinagoga dónde empezará el tour que contratamos ayer por el barrio judío y Pest con los chicos de White Umbrella.

Aprovechamos que tenemos el pase del metro activo para cogerlo y que nos acerque, por las mañanas hace un frío tremendo… El metro de Budapest merece una mención a parte. Siempre, siempre, comprad billete y validadlo al entrar a la estación en las máquinas naranjas -excepto si lleváis un pase que solo hay que activarlo la primera vez que lo uses- porque los revisores están en cada esquina y tienen devoción por los guiris. Si te pillan sin billete te cae una multa de varios cientos de euros y te llevas un mal rato, así que no merece la pena ir sin él, creo yo. El metro es de los más antiguos de Europa y mantiene un estilo soviet peculiar, pero es altamente eficaz y rápido.

Al llegar a la zona decidimos desayunar tranquilamente en una cafetería frente a la Sinagoga. Tomamos un par de menús con croissant, café y zumo por 1500 florines cada uno. A las 10,40h salimos a los fríos -7ºC que hay en este momento en la calle.

Nos unimos al grupo de españoles que se ha empezado a formar frente a la Sinagoga,  coincidimos con tres parejas que hicieron el free tour con nosotros ayer. La guía de nuevo es Xela.

Trolebús frente a la Gran Sinagoga

 

Empezamos el tour conociendo la historia de la Sinagoga, del barrio judío y de su historia más oscura en el holocausto nazi. Se trata de la segunda Sinagoga más grande del mundo, sólo superada por la de Jerusalén. El estilo predominante de la sinagoga es el morisco, aunque también combina toques bizantinos, románticos y góticos. Recibe muchos otros nombres: La Gran Sinagoga, La Sinagoga Dohány o la Sinagoga del Tabaco, ya que en judío dohány significa tabaco.

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis hicieron de los alrededores de la sinagoga un ghetto judío que posteriormente se convirtió en un campo de concentración. Desde este lugar muchos judíos fueron enviados a los campos de exterminio. De los judíos que sobrevivieron, fueron más de 2.000 los que murieron de hambre y frío. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de la Gran Sinagoga.

A lo largo del recorrido por el barrio descubrimos esculturas y graffitis que simbolizan o conmemoran a grandes personas que de forma altruista ayudaron a los judíos a escapar del genocidio nazi que había en Hungría y especialmente en la ciudad de Budapest, así como a grandes judíos húngaros que hicieron cosas grandes.

Carl Rutz memorial

 

 

 

Budapest tiene tres Sinagogas en realidad aunque la más conocida es la Gran Sinagoga, cuenta también con la Sinagoga de la calle Rumbach o “Pequeña sinagoga”, actualmente en desuso ya que está muy deteriorada, y la Sinagoga de la calle Kazinczy (no permiten las visitas). Pasamos frente a la Sinagoga pequeña y vemos que a pesar de contar con una arquitectura del estilo a la más grande del barrio está en condiciones deplorables…

 

 

Seguimos caminando por las callejuelas del barrio judío descubriendo rincones, bares en ruinas y edificios simbólicos. Entramos en un patio privado dónde se encuentra el último resquicio del muro que separaba el ghetto judío del resto de la ciudad. Se encuentra en un patio de casas bastante deterioradas pero en las que aún hay gente que las habita.

 

 

plano del antiguo ghetto marcado por el muro

 

Y tras un recorrido de 2h por él, nos dirigimos hacia la avenida más famosa y glamurosa de la ciudad, la Avenida Andrassy, justo a la altura de la gran Opera de Budapest.

La avenida, construida en 1872, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002, en gran parte gracias a las bellas fachadas de las casas y palacios renacentistas que se conservan. Era la avenida construida por el emperador austro-húngaro Andrassy, esposo de la emperatriz Sisi. Tenía tanto glamour en su época que construyeron la avenida con suelos de madera. Frente a la Opera aún se conserva algún pedazo del suelo original.

Entramos al hall de la Opera dónde nos explica la historia de ésta. Fue construida por el pueblo húngaro poco después de haber finalizado la construcción de la Opera de Viena para deleite de los emperadores cuando venían a la ciudad, pero como a los húngaros les gusta hacer las cosas a lo grande, pues resultó que ésta Opera gustó más que la de Viena, lo cuál no acabó de gustar al emperador Andrassy quién era nacido en Viena y sentía más devoción por su ciudad… a quién si le apasionó, tanto en belleza como en acústica fue a la emperatriz Sisi quién pasaba largas temporadas en Budapest alejada de los grandes lujos de Viena.

 

 

La emperatriz Sisi se sentía mucho más a gusto en Budapest y la ciudad, sentía devoción por ella. Se puede observar al comprobar que hay calles, plazas, edificios, pinturas, monumentos, etc. dedicados a su figura.

Llevamos más de 3h en la calle con un frío que pela… Xela nos da unos minutos de descanso para tomar un café y entrar en calor. Junto a la cafetería dónde nos tomamos un café calentito, se encuentra una estatua en memoria de Miklós Radnóti, uno de los grandes poetas y líricos de la historia de Hungría.

 

La vida de este hombre estuvo cargada de mala suerte desde su nacimiento… en el que falleció su madre y su hermano gemelo. Muy jovencito quedó huérfano de padre también, aún así consiguió estudiar y hacerse un hueco en el comercio del país, mientras dedicaba su tiempo libre a la lírica y la poesía. Lideró algunos movimientos en contra del gobierno de su país que no gustaron a algunos y lo castigaron a realizar trabajos forzados. En la II Guerra Mundial, se vio obligado a luchar en el frente ucraniano y cuando Hungría perdió frente al ejército alemán, Radnóti que era de origen judío, fue condenado a un campo de concentración. Consiguió escapar de éste para volver con su esposa, y cuando le quedaban apenas unas pocas horas de camino (desde Ucrania y en pleno invierno), falleció de frío e inanición. Su esposa al enterarse, decidió publicar sus obras y consiguió el éxito como escritor a título póstumo. Toda una desgracia de vida… si queréis saber más sobre él hay mucha información en Wikipedia. Es solo un ejemplo de la lucha de algunos judíos por hacerse un huequito en la historia, otros cientos de miles quedaron simplemente en el olvido…

Seguimos caminando por la Avenida Andrassy hasta la altura de la Casa del Terror. Me hubiera gustado entrar en este museo comunista pero está cerrado por mantenimiento anual todo el mes de enero.

Aquí cogemos el metro eléctrico más antiguo de Europa, construido para la Exposición Universal de 1896, coincidiendo con la celebración del 1000 años de la fundación de la ciudad. Se trata de la línea 1 del metro de la ciudad que recorre la Av. Andrassy de punta a punta.

Bajamos en Hosok Ter, la plaza de los Héroes. También construida para aquella Exposición Universal en la que se encuentra el mayor monumento y cenotafio a los héroes caídos en guerra -en las muchas en las que el país se ha visto involucrado-.

A lado y lado del monumento, encontramos el Museo de Bellas Artes y la Galería Nacional.

Y si caminamos un poco más hacia el Parque de la Ciudad, encontramos junto a su entrada una enorme pista de hielo y el Castillo Vajdahunyad, con una gran similitud al castillo del Conde Drácula de Transilvania (antiguo territorio húngaro).

Caminamos sobre placas de hielo hasta el castillo. Construido inicialmente en madera para la Expo de 1896 (les faltaba tiempo…), fue reconstruido en piedra al terminar el evento. Su arquitectura es una copia de otros edificios existentes en Hungría. Dentro del castillo podéis encontrar un museo de agricultura y una pequeña iglesia.

 

 

 

Xela nos explica algunas historias sobre personajes húngaros bastante sangrientos y después vamos a conocer la estatua del escritor Anónimo y a tocar su lápiz para que me inspire en la redacción del trabajo de final de máster que tengo entre manos 😛

 

Son las 15h cuando finaliza el tour. A pesar de que el parque tiene pinta de ser muy bonito y de esconder más estatuas y rincones, todo el suelo está helado y se hace difícil caminar por él sin resbalar (a pesar de llevar calzado para nieve)… así que volvemos al metro echando un último vistazo a la imponente imagen que ofrece la puerta amurallada del castillo.

Ya en el metro, y tras un par de transbordos, nos bajamos en la parada Fovam Ter. Desde aquí hay unas vistas geniales de la puesta de sol sobre el Szabadság Híd o Puente de la Libertad que cruza hacia el monte Gellért.

Entramos al Mercado Central y alucinamos con el ambiente que hay en él. Nos recuerda bastante al Mercado del Ninot de Barcelona, con ese estilo industrial que han mantenido.

 

Subimos a la planta superior y escogemos un restaurante de comida local en el que nos ponemos las botas de comida local y vino caliente por 30€. Tenemos demasiada hambre cuando escogemos los platos y luego somos incapaces de terminar todo lo pedido… la comida local es buena, bastante condimentada con pimentón rojo y de cuchara se nota que hace frío 🙂

Paseamos por la planta superior entre los puestos de souvenirs y productos locales, y compramos un imán para la colección y una caja secreta, souvenir típico de aquí.

Salimos del mercado y cogemos el metro hasta el hostal. Descansamos un ratito y luego salimos bañador en mano hasta el Balneario Szchény, situado en el Parque de la Ciudad. Se trata de uno de los recintos termales más grandes de Europa. El edificio actual fue inaugurado en 1913 y tiene un estilo neo gótico; cuenta con 15 piscinas, 3 grandes al aire libre y 12 pequeñas en los recintos del interior, en los que también hay saunas y salas de masajes. Pagamos la entrada básica (4000 florines cada uno) y vamos a buscar toallas de alquiler por 1000 Ft. El recinto es enorme y cuenta con grandes vestuarios, hay algunos privados pero ya no les queda, así que vamos a los comunes. Allí encuentras taquillas dónde poder dejar tus cosas que se abren y cierran con el chip de la pulsera que te entregan al comprar la entrada, lo único que debes recordar es el número de ésta 🙂

Una vez cambiados, cubiertos con el biquini y una mini toalla salimos al exterior, a los -7ºC que hay en este momento… salimos disparados hacia la piscina más cercana, con el agua a 38ºC. Es increíble la sensación de bienestar que genera el agua y el vapor que emana de la piscina.

 

Nuestra idea inicial era ir solo a las piscinas interiores, pero descubrimos que para llegar a ellas hay que cruzar por las piscinas exteriores… así que ésta caía más cerca de la puerta 😛

Aún así, somos valientes y corremos hasta la otra piscina exterior, situada en el otro extremo del recinto y hasta las interiores. Entramos en uno de los baños de vapor y al salir descubrimos que ¡nos han quitado una toalla! No os imagináis nuestra cara y nuestro cabreo… por lo visto es una práctica habitual porque una vez te has secado con ella, con el frío de la calle se congela y la gente coge la de los demás… así que no nos queda otra que buscarnos la vida para recuperarla. Tras esto, decidimos volver a la piscina exterior dónde podemos controlar mejor las toallas.

Nos pegamos casi 2h en remojo en ella. Menuda sensación estar a 38º en el agua cuando en la calle hay -7!!

Sobre las 19,30h salimos del agua con mucho pesar y ¡mucho frío! Volvemos a los vestuarios, nos cambiamos y secamos el pelo y volvemos al metro.  De allí cogemos el metro hasta la Nyugati Pályaudvar o estación central de trenes.

El hecho de venir hasta aquí no es solo por ver la estación, si no para cumplir una tradición viajera: “McDonalds por el mundo” y es que adherido a la estación hay uno de los restaurantes de la cadena más elegantes del mundo, ambientado en estilo neo gótico que caracteriza a la ciudad 🙂

Y tras la cena y con un relax increíble en el cuerpo volvemos al hostal en metro. Nos damos una ducha para entrar en calor y a dormir, estamos ko.

21/09/15: seguimos descubriendo rincones de Manhattan, el Intrepid y alucinamos con las vistas desde el Empire State

Día 3: recorremos el centro de Manhattan, disfrutamos del Intrepid y su Concorde, y de las espectaculares vistas desde lo más alto del Empire State!

El jetlag hace que a eso de las 7,30h estemos despiertos… desayunamos en el apartamento, y sobre las 9h salimos hacia el metro. Tomamos la línea E en Port Authority hasta la parada 5Av/53St.

Caminamos unos metros por la 5th Avenue hasta la St Patrick’s Cathedral, ayer la vimos iluminada en la noche y hoy entramos a conocer su interior. Sede de la arquidiócesis de New York, es la catedral católica más grande de EEUU. La entrada es gratuita pero comprueban los bolsos al entrar. Y si por fuera es impresionante, por dentro lo es aún más.

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Su construcción comenzó en 1858 pero no se finalizó hasta 1879, ya que durante la Guerra de Secesión quedaron los trabajos paralizados. La idea era crear un templo que dominara la ciudad con sus torres de más de 100 metros de altura, pero la verdad es que hoy en día parece chiquitita ya que se encuentra entre los rascacielos de la 5ª Avenida y frente al imponente Rockefeller Center… Recorremos el interior del templo, disfrutando de sus columnas y suelos de mármol, sus rosetones y los bonitos órganos.

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Al salir nos acercamos a la tienda Lego que hay cerca del Rockefeller pero está cerrada… pasamos por la plaza central del Rockefeller Center y lo vemos de día… creo que me quedo con la vista nocturna 🙂

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reflejos…

Luego entramos a la Nintendo Store, muy cerca de allí, y disfrutamos de una pequeña exposición de videojuegos y máquinas Nintendo de todas las épocas. Compramos un peluche para uno de mis sobrinos.

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Caminamos hasta la 42th Street, sintiéndonos unos neoyorquinos más 😛 Una vez en la 42 seguimos hasta cruzar con Park Avenue, dónde se encuentra la Terminal Grand Central, y entramos.

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La estación fue inaugurada en febrero de 1913 y reformada en 1998, Grand Central es una de las joyas arquitectónicas de Nueva York, sus bóvedas son del arquitecto Rafael Gustavino, un valenciano formado en Barcelona, asesor de Eusebi Güell y uno de los creadores de la bóveda catalana.

Como os decía, la Grand Central es la estación de trenes más grande del mundo en número de andenes. Cuenta con dos niveles, ambos subterráneos. Es un lugar que ha conseguido sobrevivir conservando su estilo durante casi un siglo. Su construcción vino motivada por la necesidad de soterrar las vías y jubilar los trenes a vapor, pero en los años 50, el boom del automóvil y la creación de nuevas zonas residenciales hicieron que el tren cayera en desuso. Ésto, junto al gran incremento de precio del terreno en Manhattan, pusieron a la estación en peligro, pero finalmente, decidieron construir zonas comerciales en los terrenos de la estación y vender el edificio de oficinas que habían construido en su parte trasera. De esa venta surgió el rascacielos de la Pan Am (ahora MetLife), de 59 plantas.

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La parte más llamativa de la estación es sin duda su nave central, el Vanderbilt Hall. Se trata de una sala de espera de más de 1.100 metros cuadrados. Lo más sorprendente de la sala, además de su tamaño, son sus techos y la decoración en general, por lo que ha sido usada como escenario para innumerables películas.

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Como curiosidad, dicen que en una de las galerías laterales, si hablas en una esquina, en la contraria se escucha tu eco… no pudimos comprobarlo porque estaba a rebosar de gente… 😛 La verdad es que la estación parece más una galería de arte, bien merece una visita.

Salimos de nuevo a la 42th Street y avanzamos hacia Lexington Avenue, hasta el que para mi es uno de los edificios más bonitos de New York, el Chrysler Building.

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Diseñado por el arquitecto William Van Alen,  es un ejemplo de la arquitectura art decó.  Su construcción competía con la torre del Bantk Of Manhattan (actual The Trump Building) para ser el más alto de la ciudad, dado que el Chrysler “perdía”, decidieron añadirle la aguja piramidal en secreto para alcanzar así su altura de 319 metros y ser el más alto del mundo durante 11 meses, hasta que finalizó la construcción del Empire State Building en 1931.

La verdad es que estar a sus pies es una sensación alucinante, te sientes muy pequeño mirando arriba… Hasta hace unos años se podía subir hasta la planta 77 dónde había un mirador, pero lo cerraron al público. Así que nos conformamos con entrar al vestíbulo y ver sus murales.

 

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Seguimos avanzando por la 42th Street hasta llegar al Daily News, el famoso rascacielos dónde estaba el Daily Planet la sede dónde trabajaba el protagonista de Superman.

 

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Es curioso entrar a su hall, dónde hay una pequeña colección de antigüedades y llama la atención la enorme bola del mundo que aparece en la película.

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Tras una corta visita, volvemos a la calle 42 y desandamos nuestros pasos para ir al siguiente destino, sin perder de vista el Chrysler, que como os decía me tiene fascinada… creo que es de los edificios más bonitos de NYC.

 

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Llegamos de nuevo a la 5th Avenue y giramos a la izquierda, dónde se encuentra una de las entradas al Bryan Park, y de la Biblioteca Pública.

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Llevamos un buen rato de caminata y estamos cansados… nos sentamos en unas mesas que hay fuera y descansamos un poco aprovechando el wifi gratis de la biblioteca. Del edificio, destaca la lujosa McGraw Rotunda y la sala principal, la Rose Main, conocida por ser unos de los escenarios de los Cazafantasmas. Si eres respetuoso con la gente que está estudiando, puedes entrar al interior sin problema.

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Junto a la New York Public Library encontramos una boca de metro que nos va bien, así que tomamos la línea 7 hasta Times Square, y una vez allí caminamos 10 minutos hasta nuestro apartamento. Decidimos comer “en casa” y así descansar un poco de caminata.

Como os explicaba en la entrada con los preparativos, llevamos el pase NYC Explorer Pass, en el que tenemos incluidos algunos monumentos importantes, entre ellos el Intrepid Sea, Air & Space Museum, al que nos dirigimos tras la comida y que tenemos a unos 15 minutos a pie desde el apartamento.

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Ubicado en el muelle 86 de la orilla del río Hudson, se encuentra el enorme portaaviones Intrepid, partícipe en la II Guerra Mundial y en la guerra de Vietnam entre otras, en el programa espacial estadounidense y en las labores de rescate del 11S.

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Pasamos los controles de seguridad de la entrada, intercambiamos el pase por la entrada y lo primero que visitamos es el submarino Growler, construido en 1958 y retirado en el 64 al quedar obsoleto. Es bastante claustrofóbico, no sé cómo podían pasarse meses varias personas en su interior… lo que más nos llama la atención es la sala de los torpedos. Dentro del submarino no dejan hacer fotos y se entra en grupos reducidos, vigilado por soldados de la Navy, una vez en la escotilla si nos dejan echar alguna.

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Tras la visita, entramos al barco del cuál se visitan 4 cubiertas que van desde el puente de mando hasta los dormitorios. Se trata del USS Intrepid, también conocido como The Fighting I, fue uno de los 24 portaaviones de la clase Essex construidos durante la II Guerra Mundial para la Marina de los EEUU y comisionado en agosto de 1943. Si visto de fuera parece grande, una vez allí ¡parece enorme!

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la sala del sonar

 

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el sillón del “jefe”

 

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En la cubierta de vuelo encontramos más de una decena de aviones y helicópteros de distintas épocas, entre los que destacan el avión espía A-12 Blackbird, el F-14 Tomcat y el AV-8A Harrier.

 

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Lo bueno es que frente a cada aeronave tienes carteles informativos explicando sus usos, características y peculiaridades, con lo que se aprende un montón.

Bajando al hangar se encuentra el museo propiamente dicho, dónde se pueden ver objetos originales, maquetas y material multimedia referente al barco y a su historia. La cubierta repleta de aviones y helicópteros ya me ha impresionado, pero no me imaginaba que aquí abajo también habría aviones…

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la primera campana del Intrepid

 

Esta parte es más interactiva, y además de los objetos que exponen, hay varios simuladores y puedes toquetear algunas cosas. La verdad es que el museo es impresionante… solo os diré que llegamos a las 14,30h y salimos a las 17h, al cierre.

Tras ver el hangar, bajamos al muelle y nos dirigimos al Concorde. Si, lees bien, tienen un Concorde en el museo 🙂

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¡Nos flipa un montón poder ver este bicho de cerca! Puesto en servicio el 21 de enero de 1976, debía ser alucinante ir a bordo de uno de ellos… Y es que fue único avión comercial capaz de romper la barrera del sonido y cruzar el Atlántico en 2 horas y 52 minutos…

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Existe la posibilidad de entrar en él pagando un extra con la entrada, pero nosotros nos conformamos con verlo por fuera, y nos fijamos en todos los pequeños detalles. Su último vuelo fue el 26 de noviembre de 2003 a raíz de un grave accidente dónde fallecieron todos los tripulantes.

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Desde esta parte del muelle se puede ver New Jersey, el “gran competidor” 😀 Nos echamos unas risas al recordar los comentarios de los personajes de la serie How I Met Your Mother respecto a ello 🙂

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A las 17h anuncian el cierre del museo, y con pesar, salimos. ¡Este lugar nos ha encantado! Decidimos volver al apartamento a descansar un rato. Caminamos los 15 minutos que nos separan, pasando antes por el supermercado a comprar cena y desayuno para mañana. Nos echamos un ratito y nos tomamos un refresco, y a las 19,20h salimos de nuevo. Cogemos el metro en Times Square, línea Q, R, N hasta la parada 34St Herald con la 5th Ave… ¿ya sabéis a dónde vamos? A conocer el rascacielos más mítico de todo New York, una visita que nos hace especial ilusión… vamos a conocer el Empire State Building 🙂

Tenemos la entrada incluida en el NYC Explorer Pass, así que pasamos los controles de seguridad e intercambiamos el pase por la entrada, y tomamos un ascensor hasta la planta 80 dónde se ubica el primer mirador y las tiendas de souvenirs. De allí, se toma otro ascensor hasta el piso 86 dónde está la plataforma de observación al aire libre.

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Diseñado por William F. Lamb e inaugurado el 1 de mayo de 1931, con 443 metros de altura (381 metros sin el pináculo), fue durante años el edificio más alto de NY, y el primero del mundo en superar los 100 pisos de altura. Salimos a la terraza y alucinamos con las vistas sobre la ciudad que nunca duerme.

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Cada día de la semana, iluminan el edificio de un color y en ocasiones especiales pueden hacer “homenajes lumínicos”, por ejemplo cuando la selección española ganó el Mundial, la iluminaron con los colores de nuestra bandera. Podéis saber los colores de cada día en su página web.

 

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Las vistas que ofrece sobre la ciudad ¡son espectaculares! Al estar en pleno centro de Manhattan puedes distinguir todos sus lugares emblemáticos… Times Square, el estadio Madison, las grandes avenidas que cruzan la ciudad, Central Park, el Rockefeller, The One… a pesar del frío que hace aquí arriba, no vemos el momento de irnos 🙂

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Pasamos una hora larga en lo más alto disfrutando de las vistas. Comentar que pagando un plus, se puede acceder a otro mirador en el piso 102, pero es acristalado por lo que no subimos… Estamos helados, y aunque nos quedaríamos más rato, decidimos bajar. Antes, pasamos por la tienda de souvenirs y compramos un imán muy molón por 8,70$ para nuestra colección 🙂

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Desandamos los pasos de nuevo hasta el metro, de vuelta con la misma línea hasta Times Square y regresamos al apartamento. ¡¡Estamos cansadísimos tras todo el día de caminata!! Pero a la vez muy felices por todo lo conocido hoy 🙂  Cenamos lo comprado, ducha y a las 23h caemos planos en la cama, ¡estamos ko!

29/09/13: llegó la hora de flipar en Kagoshima…

Día 3: visitamos la tradicional Dazaifu y flipamos en Kagoshima

Amanece un nuevo día en Japón y apenas son las 7h… Tengo que decir que el Hana como hostal está genial, bien ubicado, gente amable, todo limpio… pero no he dormido en un futón más incómodo ¡en mi vida! tengo problemas de espalda y no pegué ojo… ya no sabía ni como ponerme, me levanté varias veces a estirarme… ¡ufff! y mi marido que no tiene problemas, acabó bien contracturado de estar en él toda la noche… además había un grupo de americanos en el hostal que estuvieron hasta las 2h corriendo escaleras arriba y abajo y gritando como locos… Vaya que si ya íbamos cansados, acabamos más después de esa noche tan larga… Avergonzado Avergonzado

Aprovechamos el madrugón para cerrar las maletas y salimos a comprarnos el desayuno. Ayer vimos un Family Mart cerca del hostal y allá que nos vamos, con intención además de preguntar si cuentan con el servicio de Yamato Transport. Compramos unos dulces, un café con leche y un té verde riquísimo todo por unos 600¥. El chico que nos atiende no habla ni papa de inglés (¡qué raro!) Ojos que se mueven , pero por suerte llevo en el móvil la guía personalizada con una imagen del formulario con las instrucciones para rellenarlo y al enseñárselo en seguida nos los da (uno por maleta). Justo antes de salir, empieza a chispear así que compramos un par de paraguas… ¡transparentes! Era uno de los objetivos de este viaje y ya está cumplido Mr. Green Aplauso Volvemos al hostal dónde desayunamos en la cocina comunitaria y ya rellenamos los formularios para el envío de las maletas. Como nos vamos antes de que abran la recepción, ya quedamos con la chica que le dejaríamos la llave de la habitación en un cestillo que hay junto a la entrada, me encantan los check-in ultrarápidos de Japón 😀

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nuestro desayuno y algo de picoteo para la mañana…

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la zona común del hostal

Cargados con nuestras maletas, volvemos al Family Mart y le entregamos al chico los formularios. Comprueba que estén bien rellenos y nos da el ok, pagamos el transporte (unos 2500¥ las dos maletas de Fukuoka a Kumamoto) y nos entrega el comprobante y el ticket de compra con los datos de la tienda por si hubiera que reclamar por el envío… ¡cruzamos los dedos!

Una vez nos desprendemos de las maletas, nos dirigimos de nuevo a la estación de metro de Gion y allí tomamos uno que nos lleve hasta la estación de trenes JR Hakata (200¥ cada uno). Dejamos las mochilas, las chaquetas y los paraguas en una consigna de la estación (400¥, tamaño medio) y vamos a buscar el tren de la línea regular JR Kagoshima para ir a Dazaifu. Aquí tenemos problemillas ya que tenemos que ir hasta JR Futsukaichi Sta, pero no sale indicado en ningún panel y en los carteles TODO está en japonés Chocado , así que vamos al “tío de la gorrilla”, léase el funcionario de la Japan Railways que hay junto a los tornos y le preguntamos, pero otra vez nos topamos con que aquí no habla inglés ni Dios y no hay forma humana de entenderse, ¡ni enseñándole en el mapa dónde queremos ir! Así que volvemos a la zona de andenes y probamos a ver si hay wifi… ¡¡¡¡afortunadamente hay uno gratuito!!! Aplauso ¡Uff, es nuestra salvación! De eso modo buscamos la línea y el sentido que tenemos que coger y esperamos a que llegue el siguiente tren. Una vez nos montamos, vamos siguiendo la ruta que sigue el tren con Google Maps para asegurarnos que vamos bien porqué la información que dan en el tren está de nuevo… ¡¡TODA en japonés, qué horror!! Chocado

Al fin llegamos a JR Futsukaichi y aquí sabemos que tenemos que caminar unos 10 minutos hasta la estación de la línea privada Nishitetsu para coger otro tren hasta la población de Dazaifu. Salimos de la estación y nos encontramos mirando un mapa para averiguar cómo llegar a la estación de la línea privada cuando una pareja joven nos preguntan si vamos a Dazaifu en ¡perfecto inglés! casi lloramos de la alegría 😛 Nos dicen que ellos también van hacia allá y se ofrecen a que les acompañemos porque por lo visto es algo complicado… evidentemente aceptamos y vamos con ellos encantado. Callejeamos bastante y no vemos indicaciones en las calles que marque el camino… iba pensando en que solos no lo hubiéramos hecho cuando veo que el chico va señalando algo en el suelo y es que cada pocos metros hay unas imprentas en el suelo dónde marca la dirección a seguir para la estación JR y para la privada. Os dejo la foto porqué de verdad que sin eso, ¡es imposible!

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la marca azul señala el sentido hacia la línea privada y la roja, hacia la estación JR

Durante el trayecto de unos 10-15 minutos a pie nos preguntan de dónde somos y al decirles que de Barcelona nos dicen que están preparando un viaje a nuestra ciudad para el año que viene, ¡qué gracia! Llegamos a la estación Nishitetsu y allí cogemos el tren a Dazaifu (180¥ cada uno) que podemos pagar también con las tarjetas de contacto Icoca. Al llegar a Dazaifu les damos mil gracias acompañadas de tres mil reverencias por su ayuda y nos separamos.

Entramos a la oficina de turismo para coger un mapa y salimos a la calle.

Dazaifu (太宰府): Esta pequeña localidad fue el anterior centro gubernamental de Kyushu, conserva un bonito conjunto de templos y un famoso santuario.

Aunque en la ciudad hay varios templos que se pueden visitar, a nosotros solo nos interesa el más importante así como el santuario. Para llegar a la zona de templos, hay que recorrer una calle comercial que nos recuerda mucho a la de Miyajima (puedes ver el relato sobre nuestro paso por Miyajima aquí).

Al final de la calle comercial hay una gran torii de piedra y tras cruzarla, encuentras otras dos toriis que llevan al Santuario Tenmangu.

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Se trata del Santuario Tenmangu más importante de Japón y está dedicado al espíritu de Sugawara Michizane, erudito y político de la era Heian, muy popular entre los estudiantes. Tras cruzar la torii de la entrada, pasamos junto a varias lámparas de piedra y encontramos un gran estanque con dos puentes de madera lacada que lo cruzan.

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El estanque tiene la forma del carácter japonés que simboliza el corazón. Un camino conduce a través de dos puentes arqueados y las islas que hay en el estanque simbolizan el pasado, el presente y el futuro.

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Tras cruzar los puentes, encontramos una gran puerta con una gran lámpara roja de papel al más puro estilo del Senso-ji de Tokyo (puedes ver el relato sobre nuestra primera visita al Senso-ji aquí).

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Tras cruzarla hay una fuente de purificación y un ciruelo legendario que según cuenta la tradición voló desde Kyoto a Dazaifu para acompañar a Michizane en su exilio.

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Vemos el edificio principal y hacemos “parada en boxes” (WC y bebida fresquita). En estas máquinas hay una gran variedad de bebidas…

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Empieza a chispear y nuestros paraguas se quedaron en Fukuoka… hacemos un poco de tiempo pero viendo que solo chispea y que no tiene pinta de parar, continuamos con la visita del templo, cruzando los dedos para que no llueva fuerte.

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Tras visitar el santuario, volvemos a la calle principal y tras cruzar la gran torii de piedra de nuevo giramos a la izquierda y vamos a vistar el Templo Komyozenji, la entrada cuesta 200¥ y se trata de un templo Zen de la secta Rinzai del budismo japonés, fundado entre 1192-1333 por un discípulo del fundador del templo Tofukuji de Kyoto. Como curiosidad, decir que no hay nadie que cobre la entrada, hay que echar las monedas en un cofre que hay junto a un pequeño altar.

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Este templo cuenta con dos jardines, uno delantero que se compone de 15 rocas sobre un suelo de guijarros, distribuidas formando el carácter japonés para la “luz”.

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Y un jardín trasero que se puede ver desde el porche del templo y que alterna zonas de piedras, rocas y musgo… ¡simplemente espectacular! Además, vimos por primera vez un poquito de momiji, tan sólo una ramita pero nos hizo mucha ilusión ¡jeje!

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Tras deleitarnos con el jardín trasero del templo un buen rato (menuda paz se respiraba en el lugar) vimos que dejaba de chispear así que aprovechamos para volver a la calle comercial. Entramos en algunas tiendas, tienen cosas chulísimas, muchas son artesanales. Aquí nos compramos una tabla de madera con un escrito con una campanilla -la señora de la tienda nos dijo que era de protección para el hogar- y una lámpara de papel roja con ventosa para la nevera  Mr. Green

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nuestro imán de Dazaifu

Vamos dando un paseo hasta llegar a la estación de tren mientras miramos algunos escaparates más. Vemos una estatua con la “mascota” de Dazaifu y alucinamos de nuevo con las tapas de alcantarilla tan bonitas que tienen en Japón.

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Cogemos el tren (180¥ c/u) de nuevo para hacer la ruta en sentido contrario para volver a Hakata. Fuimos de los primeros en subir al tren, así que aproveché para sacar esta instantánea del interior.

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Cuando llegamos a la estación Nishitetsu, hacemos el paseíllo entre calles siguiendo las marcas del suelo hasta llegar a la estación JR Futsukaichi y esta vez lo hacemos a la carrera porqué ahora llueve con más ganas… Cogemos el primer tren JR que va hacia Hakata, un expreso que en unos 15 minutos nos planta en la capital de Kyushu. Allí recuperamos nuestras cosas de la consigna y cogemos el primer Shinkansen que se dirige a la estación Kagoshima-Chuo, ¡nuestro siguiente destino en Kyushu! Riendo

Como no sabíamos a qué hora acabaríamos de Dazaifu, no reservamos asientos por lo que nos dirigimos a los vagones de no reservado, nos podemos sentar sin problema ya que viaja poca gente aquí. De hecho, los trenes que recorren Kyushu son más cortos que los que sueles ver por Kansai y Kanto. El viaje dura una hora y media más o menos.

Kagoshima (鹿児島): Se trata de la ciudad más meridional de las cuatro islas principales de Japón, con un volcán muy activo situado al otro lado de la bahía, el Sakurajima. Los acostumbrados habitantes locales suelen abrir sus paraguas frente a las recurrentes explosiones del volcán, que arroja fina ceniza que acaba cubriendo el paisaje y oscureciendo el sol.

Llegamos a Kagoshima-Chuo sobre las 14h y aprieta el hambre, así que nos dirigimos al primer restaurante que vemos en la misma estación. Comemos de coña y como para reventar por unos 1000¥ los dos, además nos invitan a un té de cebada caliente de postre.

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Dejamos de nuevo las cosas en una consigna para no perder tiempo (300¥ una mediana), cogemos unos mapas en la oficina de turismo y salimos a la calle. ¡Nos alegramos al ver el cielo despejado! La idea es coger el bus Kagoshima City View para dar una vuelta por la ciudad y subir con él al mirador del Shiyorama Koen, un parque que se extiende por el monte Shiyorama a 107m sobre el nivel del mar y que sirvió como base del Castillo y recordado por ser dónde tuvo lugar la última batalla de la rebelión Satsuma en 1877 y, desde el cual dicen que hay unas buenas vistas de la ciudad y del volcán Sakurajima.

Nos cuesta un poco encontrar la parada del bus porqué nuevamente TODO está en japonés Malvado o muy loco , pero vemos que hay unas voluntarias en la zona de las paradas de los buses y nos acercamos con la esperanza que sepan algo de inglés… ¡bingo! la señora chapurrea algo y nos aclara cuál es la parada. En seguida llega el “retro” bus y nos montamos. Existe la opción de comprar el pase diario (600¥), pero tan sólo pensamos hacer un par de trayectos por lo que no nos sale a cuenta, así que pagaremos el billete sencillo al bajar del bus. Recordad que en Japón se sube al bus por la parte trasera y se paga al bajar.

La ciudad no es demasiado grande pero es bonita. Cuenta con varios museos y algún templo, así como varias esculturas de personajes importantes de la historia samurai. Subimos por una carretera de Dios hasta el parque de Shiyorama y ahí bajamos del bus (150¥ c/u). Subimos por una calle que hay algunos puestos de souvenirs y en seguida llegamos al mirador. ¡¡Vaya vistas y qué pasada ver el Sakurajima humeando!!

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Aquí nos damos cuenta de que todo está lleno de cenizas y vemos que la gente apunta al volcán continuamente… Confundido hay la opción de hacer una ruta de senderismo por el parque, pero son más de las 16h, pronto empezará a anochecer y estamos cansados, así que volvemos a la parada del bus con la intención de ir al hotel a hacer el check-in y descansar un poco. Cogemos el bus y terminamos de hacer el trozo de ruta circular por la ciudad. Pasamos muy cerca del mar y del puerto… así como por una gran avenida en la que vemos que hay calles comerciales cubiertas del estilo a las de Kyoto.

Estábamos tan tranquilos sentados en el bus observando la ciudad desde las ventanillas cuando de repente todo el mundo grita al unísono “¡¡guau!!” mientras señalan al volcán. Nos giramos de golpe y vemos que el volcán ha expulsado una gran nube de humo negro Chocado Chocado ¡Nos quedamos boquiabiertos! Sabíamos que el volcán está activo y que humea de forma constante pero no nos esperábamos ¡ver eso! Todos los japoneses comentan algo con tono de sorpresa mientras no dejan de mirar al volcán que sigue sacando humo negro… ¿¡eso es bueno o malo?! Ojos que se mueven Ojos que se mueven

Durante el corto trayecto hasta Kagoshima-Chuo vemos que todo el suelo se está cubriendo de cenizas por momentos, se ha hecho de noche de golpe y la gente abre paraguas y se tapa la boca y la nariz con toallas o mascarillas… ¡¡madre mía dónde nos hemos metido!! Al llegar a la estación comprobamos que literalmente que ¡¡¡¡LLUEVE CENIZA!!!! Qué fuerte, aún flipamos en colores al recordar lo que fue vivir aquella experiencia. Una nube negra de humo cubre toda la ciudad y no deja de llover ceniza. Pican los ojos y la garganta y huele a azufre un montón. En un momento se ha cubierto el suelo… Entramos a la estación a recoger nuestras cosas de la consigna y salimos de nuevo a la calle porqué de verdad que no podemos dejar de flipar, esta vez abrimos los paraguas y empezamos a hacer fotos y vídeos de todo, ¡es increíble!

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no es niebla, es la ceniza que “llueve”

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la nube de humo que llega del volcán

 

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fijaos en el suelo de la calle

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montones de ceniza se agolpan en las aceras

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la vista a través del paraguas transparente, se puede ver la ceniza que “llueve”

 

Pasados unos 20 minutos haciendo fotos y vídeos sin parar y alucinando, decidimos ir hacia el hotel, nos pican demasiado los ojos y la garganta… ¡esto no puede ser sano! Imaginad si estábamos alucinando que ni nos habíamos dado cuenta que en la estación JR Kagoshima-Chuo hay una noria que sobresale por el tejado… 😛

 

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Nos dirigimos hacia la parada del tranvía y nuevamente ¡¡TODO en japonés, qué horror!! Sabemos la línea que tenemos que coger y la parada pero ni idea del sentido… preguntamos a unos cuantos pero todos nos miran con cara de “no entiendo” así que subimos al primero que pasa y tras dos paradas comprobamos que vamos en sentido contrario, así que nos toca bajar (160¥ /pp) y cogemos el siguiente que pasa en sentido contrario, esta vez si, vamos en la dirección correcta y tras pocas paradas bajamos en la nuestra (otros 160¥ c/u).

Nos alojamos en el Hotel Hokke Club Kagoshima por 6000¥ la noche en habitación doble con desayuno incluido. Hacemos el check-in y subimos a la habitación. Este hotel es de tipo occidental, con lavabo privado. Además el hotel cuenta con baños públicos pero nos dió reparo eso de bañarnos con desconocidos en pelotas y no los probamos. Llamadnos tontos, si pudiera volver a atrás los aprovecharía seguro 😛

Nos echamos un rato porqué estamos agotados entre el maldito jet-lag y la nochecita que hemos pasado en el hostal. Tras un ratito de descanso y a pesar de que no me gusta la idea porque me da yuyu, mi marido me convence para salir a disfrutar de “Silent Hill” xD Es ya de noche cuando salimos pero aún así se siente el olor a humo y azufre y está todo más cubierto que antes por las cenizas. Nos acercamos a la zona de calles comerciales cubiertas, a unos 10 minutos a pie del hotel, hay un montón de tiendas pero ya están cerrando. Así que volvemos hacia el hotel, parando antes en un Family Mart a comprar cena y desayuno para mañana por cuatro yenes. En este viaje me aficioné a los yakisoba UFO Mr. Green Mr. Green estaban riquísimos y como en todos los hoteles había hervidor de agua, los cené más de una noche ¡jeje!

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nuestra cena improvisada del Family Mart

Tras la cena, llamadita a los nuestros para contarles lo flipados que estamos. Mañana teníamos previsto visitar la isla de Sakurajima pero no sabemos si podremos hacer la excursión… todo dependería de cómo amanezca el volcán. Y alucinando en colores y agradecidos por habernos decidido a venir a esta ciudad, nos vamos a dormir Heart

19/05/11: nuevo día en Kyoto entre Palacios, Castillos y macacos ansiosos…

Día 4: conocemos el Palacio Imperial, el Castillo de Nijo y subimos al Monkey Mt.

Hoy no madrugamos excesivamente ya que visitaremos el Palacio Imperial de Kyoto y tenemos reservadas las entradas para las 10,30h. Esto es algo importante si quieres visitar alguno de los edificios reales que hay en Kyoto, ya que debes reservar entrada con antelación puesto que vuelan en seguida… Se puede hacer a través de su web.

Para el día de hoy compramos el pase diario del metro (600¥) y usamos este medio aquí por primera vez. Nada más entrar nos llama la atención que ¡hay aire acondicionado en la estación! ¡Mola! Tras 4 paradas, llegamos a la zona del Palacio Imperial, el centro de Kyoto. Decidimos desayunar en una cafetería de estilo americano cercana al recinto del Palacio, y que tiene buena pinta. Nos pedimos unas tortitas con café y zumo. Antes de ir hacia el Palacio voy al baño y cuál es mi sorpresa cuando veo esto:

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Un lavamanos con jabón, agua y secador ¡todo en el mismo aparato! ¡¡Son la caña estos japos!! 😀

Nos acercamos al Palacio Imperial…  y tremendo jardín tiene el Palacio… hay una zona de parque abierta a todo el mundo que es impresionante, literalmente enorme.

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Y luego hay una zona a la que sólo se puede acceder reservando la entrada en la Oficina del Palacio Imperial (online o in situ), nosotros como os decía, reservamos por internet para asegurarnos sitio con el grupo en inglés (hay grupos en japonés y en inglés, pero del segundo hay solo uno al día).

Al llegar a las taquillas nos pasa algo muy curioso… y que a día de hoy aún no hemos comprendido 😛 Resulta que cuando reservas por la web, te llega un correo de confirmación al email que debes presentar en taquilla dónde te lo cambian por las entradas para acceder al recinto, y teóricamente, la entrada se paga en ese momento. La cuestión es que nosotros (las dos parejas) presentamos el papel y el tipo le dio 4 vueltas, yo creo que los miró hasta del revés… dijo algo en japonés, luego entendimos “English”, dijimos que si y nos hizo pasar… sin cobrarnos la entrada. No sabemos si es que al estar en papel en inglés no entendió que no estaba pagado, si es que lo que dijo en japonés era algo al respecto que no supimos descifrar o es que como había solo 4 personas más esperando para el tour en inglés (recordad que fuimos 2 meses después del tsunami y, cuando veías a un turista por la calle casi que te alegrabas de verlo y todo…) pasaron a entrada gratis o yo qué sé que pasó. Si a alguien más le ha ocurrido esto, agradezco que me explique su experiencia, la duda me corroe y quizá le deba 2 entradas a la Casa Imperial japonesa ¬¬’ mmm si es así, tendré que volver 😛

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Como os iba contando, tras el incidente con el tipo de la taquilla, cruzamos una gran puerta de madera lacada en rojo que a mi me recuerda al palacio de la peli Mulan y entramos al recinto del Palacio Imperial de Kyoto. Éste fue uno de los últimos palacios construidos en la antigua capital imperial que fue Kyoto, y data de la época Edo.

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En 1869 se establece el periodo Meiji en Japón y con él, se traslada la capital a Tokyo. Es entonces cuando los emperadores se trasladan de este palacio al nuevo que se construyó en Tokyo. Sin embargo, los actuales emperadores nipones fueron coronados aquí, quizá como acto simbólico o de reconocimiento a la ciudad de Kyoto.

Comienza el tour y la guía nos va explicando detalles de todos los edificios y puertas que se conservan del antiguo palacio. Yo la verdad es que estoy tan maravillada, que solo puedo hacer fotos y no presto demasiada atención a las explicaciones. Como la información la podéis encontrar en cualquier web, os dejo algunas de las fotos que eché.

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me encantan la cantidad de detalles que tienen los tejados tallados en madera…

El Palacio es muy chulo a pesar de que no se puede entrar dentro de los edificios. Pero si tiene algo realmente espectacular y que hace que la visita a este lugar sea un imprescindible en Kyoto son sus jardines imperiales. Una verdadera maravilla basada en la cultura zen, muy muy acogedores y relajantes.

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Además, si algo tiene la primavera en Japón es que todo huele fenomenal y en estos jardines especialmente. Tras un buen rato recorriendo el recinto, el tour llega a su fin y salimos, eso si, hay una buena caminata hasta llegar a una de las calles que bordean el recinto imperial.

Junto a la salida del Palacio hay un parque repleto de estudiantes, nos sentamos un poco a la fresca porque hace ¡mucho calor! y nos tomamos algo fresquito de una máquina que hay allí. Nuevamente por 100-150¥, mi marido prueba bebida nueva, esta vez ¡Fanta de mora!

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No sé si os lo he comentado ya, pero en Japón tienes WC y máquinas de bebidas en cada esquina. Los WC son limpísimos, gratis y bien equipados. Las máquinas de bebida, son baratas y encuentras bebidas que aquí no se comercializan -como el café con leche de la marca Coca-Cola-, las tienes frías y en algunas también, calientes. Mi marido en cada máquina que parábamos a “repostar” se compraba una bebida diferente, ¡yo no sé la cantidad que llegó a probar! 😀

Tras una breve pausa, y de ser por un rato el centro de atención otra vez de todos los estudiantes que hay allí concentrados, decidimos ir a una especie de grandes almacenes de telas japonesas en las que hacen kimonos que recomiendan en una guía… nos arrepentimos un poco de ir porque hay más de 30 minutos andando, hace un calor insoportable y además a mi se me han deformado las bambas, así que un poco mal…

Tiene a destacar que puedes ver los teleros con los que hacen los kimonos de una forma bastante artesanal. Puedes comprar los kimonos que producen, lo que no pone en la guía que recomienda la visita es que un buen kimono puede costar fácilmente más de 1000€ y allí solo venden kimonos buenos…

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Lo bueno es que hay un desfile de kimonos, y al menos podemos ver lo bonitos que son, aunque es ponerse los dientes largos 😛

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De allí, de nuevo un largo paseo a pie hasta el siguiente punto del día. De camino vemos un parking algo peculiar…

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… peculiar para nosotros porqué aprovechar al máximo el espacio (y si hace falta construir un aparcamiento en vertical), ¡allí es lo habitual! 🙂

Tras la caminata, llegamos al siguiente punto: el Castillo de Nijo o el Nijo-jo. Y por lo que vemos desde fuera ya nos queda claro que este sitio nos va a gustar, seguro.

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El castillo fue construido por Tokugawa Ieuyasu, fundador del Shogunato Edo, como residencia para él y sus sucesores. El edificio del palacio ahora conocido como “castillo secundario” fue terminado en 1603. Mantiene su forma original y es famoso por su arquitectura Momoyama, que cuanta con puertas correderas decoradas y suelos que crujen cuando alguien camina sobre ellos (una medida de seguridad contra intrusos), y a nosotros ya nos veis andando de puntillas para ver si así no cruje como si fuéramos ninjas 😛

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El castillo está declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Iemitsu también añadió el Honmaru incluyendo una torre de 5 pisos. La construcción original fue destruida por un incendio en el siglo 18 y la estructura actual fue traída desde el palacio imperial en 1893.

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A pesar de llamarse castillo no tiene la configuración típica como los castillos de Himeji, Matsumoto u Osaka por ejemplo, si no que está formado por distintos edificios rodeados por un gran jardín y a su vez por unas murallas altísimas protegidas por un foso de unos cuantos metros de ancho y profundidad.

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Lo bueno de viajar a final de primavera es que los verdes son muy verdes y las flores están en pleno esplendor (lástima que el hanami o floración del cerezo es antes, para marzo-abril) y los contrastes son preciosos.

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Aquí descubrimos que los jardines los cuidan los jubilados… por lo visto para ellos es una deshonra cobrar sin trabajar por lo que cuando se jubilan, para cobrar honradamente su pensión se dedican a cuidar a niños en guarderías, cuidar jardines…

En una zona del parque hay unos chamizos dónde sentarse un poco a la sombra, máquinas de bebidas y lavabos. Nos cogemos una bebida fresquita, ¡¡¡qué calor hace!!! y al entrar al lavabo conozco por primera vez el TOTO (así llaman al sr Roca japonés), con su correspondiente botón de alarma por si necesitas ayuda y las instrucciones del buen uso del TOTO no vaya a ser que te coloques del revés y la líes…

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Tras una buena caminata recorriendo el recinto del Nijo-jo, y a eso de las 14,30h, decidimos que ha llegado el momento de comer. Nos decantamos por un sitio de ramen que hay al lado del castillo. Es un lugar un tanto peculiar ya que junto a la entrada hay una máquina con las fotos de los platos y los precios. Tu seleccionas lo que quieres comer y lo pagas en la misma máquina, ésta te saca un ticket que tienes que entregar en la barra, te asignan mesa y cuando tu comida está lista te la traen 🙂

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Nos tomamos unos udon con caldito que aunque hace un calor tremendo y una sopa caliente como que no apetece, es lo único que entendemos en la máquina, el resto está en japo y no tenemos muy claro lo que llevan los platos por la mini-foto. Pero la verdad es que están riquísimos y nos encanta poder comer la dieta local. Súper barato, y súper rápido, por cierto.

Allí decidimos separar nuestra ruta de la de la otra pareja, ellos tienen un día menos en Kyoto y quieren aprovechar al máximo la tarde, mientras que nosotros preferimos disfrutar con calma de cada lugar y de volver al país en otra ocasión a ver lo que en este viaje no nos de tiempo… Si, como veis solo necesitamos 3 días en el país del Sol Naciente para decidir que volveríamos 😛 Así que tras comer, nos cogemos un metro para volver al Monkey Mt, a ver si hoy lo podemos ver.

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Ayer ya nos llamó bastante la atención esta zona de la ciudad, parece un pequeño pueblo adherido a una gran capital… y la gente aquí lleva un ritmo más tranquilo. A orillas del río hay zonas de estar dónde poder tomarse un helado o barquitas para poder recorrer el río. Seguimos caminando, desde el metro hay un paseo de unos 15-20 minutos hasta la entrada al Monkey Park.

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Junto a la entrada hay un pequeño santuario sintoísta dónde poder bendecirse antes de emprender el ascenso a la cima del monte Iwatayama.  Como son las 15,30h más o menos, podemos entrar sin problemas, cierran a las 16,30h. Se trata de un parque que va siguiendo una ruta de ascenso por la montaña y la verdad es que es una maravilla de lugar, todo un remanso de paz en medio de una gran capital.

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El ascenso es un poco cansado porque hay que subir unos 140 metros pero a lo largo del camino te vas encontrando con monos de los “del culo pelao” que corren de un lado a otro del camino y que trepan por los árboles. En la taquilla nos han dado un papel con las normas, con las que nosotros hacemos unas coñas muy buenas 😛

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Por el camino también encontramos algunos carteles recordándote las normas: no les puedes mirar a los ojos, ni tocarlos ni darles de comer fuera del lugar indicado porque pueden atacarte. Te recuerdan que son animales salvajes, vaya, y que tengas cuidado de no hacer el indio con ellos.

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En un momento dado nos encontramos con un mono grandote justo en medio del camino. Nos paramos a unos metros de él a ver si decide apartarse, pero el bicho está entretenido hurgando en el suelo, así que con precaución y sin tocarlo, pasamos por su lado.

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Al llegar a la cima, hay una caseta en la que desde dentro le puedes dar de comer a los monos. Y como buenos turistas, pagamos 100¥ por la bolsita de cacahuetes y nos acercamos a las rejas a darles de comer. Son la mar de graciosos y en cuanto te ven con la bolsa ya te ponen la mano en plan Barragán “dame arrgo, dame arrgo” ¡jeje!

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Son unos ansias de mucho cuidado y algunos se pelean entre ellos por coger primero el cacahuete… lo más curioso de todo es que normalmente tenemos enjaulados a los animales y en este lugar, son las personas las que se meten en la jaula para darles de comer a los animales que se encuentran en libertad. Me gusta.

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En la cima hay también un mirador con unas vistas espectaculares de Kyoto. Cuando oía hablar de Kyoto, con tanto templo y tanto patrimonio cultural, no sé porqué me imaginaba una ciudad pequeña o un pueblo incluso, pero al estar aquí arriba realmente tomas consciencia de ¡la gran ciudad que es Kyoto!

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Uno de los cuidadores nos ve que nos hacemos una auto-foto, y se nos acerca a hacérnosla él. Cuál es nuestra sorpresa cuando empieza a tirar cacahuetes al suelo, junto a nuestros pies… para que uno de los monos se siente delante para salir en la foto también, ¡qué majo!

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Le damos las gracias con un domo arigato y nos vamos que hay que bajar todo lo que hemos subido, y yo ya no aguanto más las bambas, ¡me están matando!

Esta vez, tomamos un tren JR en la estación JR Arashiyama que nos dejará en JR Kyoto en pocos minutos de trayecto. Nos llama la atención ver en el andén señales que indican dónde paran los vagones exclusivos para mujeres. Ya había oído hablar de ellos, por lo visto hay mucho viciosillo que mete mano aprovechando las horas punta en las que los trenes van a tope y por ello, idearon estos vagones dónde solo pueden subir las mujeres para evitar problemas de este tipo.

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Al llegar a la estación central de Kyoto, nos vamos directos al centro comercial que hay adherido a ella y que se encuentra en las plantas superiores de ésta, más concretamente a la sección de calzado, ¡¡necesito comprarme unas bambas nuevas o llegaré a casa con muñones en los pies!!

Tengo cierta dificultad porque los números de mujer llegan hasta el 38 y yo hago un 41… Aquí me ocurre algo que no olvidaré jamás… tendríais que haber visto la cara de la chica cuando le dije mi número de pie ¡me miró con cara de alucine total a la cara y a los pies sucesivamente unas cuantas veces! Chocado ¡jajaja! Cuando consiguió reaccionar, me envió directa a la sección de hombres ¡juas! Por suerte, encuentro unas bambas de chico que son blanquitas por lo que pueden pasar por chica y listos. El precio de las deportivas es similar al que encontramos en España, solo que me puedo desgravar las tasas. Una vez hecho el trámite me voy a lavabo directa y me las cambio, ¡no aguanto más las otras! y allí mismo las tiro 😛 ¡uff, qué descanso! Y aquí me llama la atención algo, y es que en cada WC (en todos los cubículos) cuentan con sillitas para dejar al bebé mientras tú haces pipí y hay espacio suficiente para entrar con sillas (de bebé o de ruedas) sin ninguna dificultad. Además, cuentan con una máquina que emite un sonido de agua que corre… así disimulan ruidillos, ¡jaja!

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Son las 19,30h, y estamos agotados, así que decidimos cenar ya. Vamos a un restaurante de la estación dónde nos tomamos unas bandejas con sopa de miso y un bol de arroz con tempuras que nos sabe a gloria.

Y ahora si, que si, cruzamos la estación y nos vamos al hotel que estamos cansadísimos. ¡Mañana más!

Edito: me comentan que el Palacio Imperial desde hace un tiempo es gratis entrar, pero cuando yo hice la reserva ponía precio, quizá para cuando fuimos ya lo habían puesto gratuito…