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09/10/16: último día en Chiang Mai descubriendo templos en la cueva y su mercado dominical…

Día 9: pasamos nuestro último día en Chiang Mai de relax, entre templos, masajes y paseos por sus calles convertidas en mercado…

Hoy es el último día completo en Chiang Mai y decidimos tomárnoslo con calma. Nos levantamos pasadas las 9h y como se nos ha pasado la hora del desayuno en el hotel, nos acercamos a un 7/11 a comprarnos algo. Lo tomamos en la habitación y a eso de las 10h salimos a buscar un tuk-tuk. Pactamos 300 baths por ida y vuelta al Wat Umong, a las afueras de la ciudad.

Tardamos casi media hora en llegar, y ya nos veis a nosotros en nuestro tuk-tuk entre decenas de coches por la especie de autovía de 3 carriles por sentido que hay para salir de Chiang Mai, ¡¡éstas cosas solo se ven en Asia!!

La entrada al templo es gratuita. El Wat Umong o templo de la cueva se encuentra situado a faldas del monte Doi Shutep en un entorno estupendo, rodeado de bosques y vegetación. Fue construido en el momento de esplendor del Reino Lana que tenía su capital en Chiang Mai alrededor del año 1297 por el famoso Rey Manglai y reúne todas las características de la cultura lana de la época con esas claras referencias a sus orígenes y raíces del norte de la india pues una de la parte más famosa del templo es su réplica del Pilar de Ashoka similar al existente en la antigua ciudad india de Vaishali y que encontramos en la entrada al templo.

Este es un lugar curioso en el que hay túneles excavados en la roca, repletos de budas y altares en cada esquina. Encontramos que están grabando una peli y no podemos recorrerlos por completo, debemos hacerlo a tramos, aún así la visita merece la pena. Los túneles fueron creados a finales del siglo 14 en un espacio abierto que quedada a la vera de la montaña de Chiang Mai, creando uno a uno los pasadizos que se cruzaban entre sí.

La historia cuenta que un monje lo creo por órdenes del rey Manglai y quería hacerlo un poco distinto a los demás, levantando estos túneles que representan lo compleja que es la vida y la mente humana. Tras fallecer su monje, el templo quedo abandonado hasta el año de 1940 en que los habitantes de la ciudad empezaron su restauración, manteniendo la parte principal tal y como estaba antaño, con plantas y musgo cubriendo sus paredes de ladrillo, lo que le da un aspecto mucho más auténtico.

Subimos a los jardines que hay sobre las cuevas por una gran escalinata de piedra custodiada por dragones.

Arriba encontramos una gran estupa de piedra rodeada por bonitos jardines con un gran estanque.

Vemos que junto a la gran estupa, hay otras capillas de menor tamaño a las que no entramos porque hay gente orando. Nos hace gracia encontrar aquí una estatua de los tres monos sabios (los monitos del Whatssap) y que tienen origen en el Santuario Toshogu de Nikko (Japón) y que visitamos en 2013.

Tras 45 minutos de visita, vamos al lugar dónde nos espera la tuk-tukera para volver a la ciudad. Le pedimos que nos deje en el hotel ya que vamos a visitar un pequeño templo budista que hay en frente, el Wat Dok Ueang.

En el interior del edificio central hay un gran buda dorado y en sus paredes hay pintadas escenas de la vida de alguno de los grandes reyes de Chiang Mai, pero no podemos saber mucho más ya que no hay información sobre el lugar. Encontramos también a unas mujeres preparando ofrendas para una ceremonia que harán más tarde.

Hoy hace un calor tremendo, 34ºC con sensación térmica de 38 y a éstas horas no se puede estar en la calle… así que decidimos volver al hotel e ir un rato a la piscina. En remojo se lleva mejor el calor…

A las 15h, vamos a buscar un sitio dónde comer. Nos decantamos por un restaurante de comida local dónde comemos un par de platos de arroz por 200 baths. Tras la comida, vamos a darnos un capricho y entramos a un local de masajes, yo me hago la pedicura más masaje de pies y mi marido, un masaje de pies y piernas por 500 baths todo.

Nos dejan ko, y aún falta un rato para que abran el mercado de los domingos, así que vamos a descansar un rato a la habitación. Antes pasamos por un 7/11 a comprar algo de picoteo, encontramos Kit Kat de te verde que ¡nos chifla!

Tras una siestecilla, sobre las 17,30h salimos hacia la puerta Tha Phae, una de las entradas principales de la ciudad amurallada y uno de los puntos de inicio del Sunday Market.

motos, tuk-tuk y songthaew… los medios de transporte de la ciudad 🙂

Recorremos buena parte del mercado, en él encuentras ropa, cosas para casa, tallas de madera, cuadros, comida, etc… vamos caminando hasta llegar a la plaza con el Monumento a los Tres Reyes. Nos damos una buena caminata entre cientos de puestos con productos de todo tipo y un gentío considerable. De tanto en tanto encontramos algún pequeño templo entre los puestos.

Alucinamos en un momento dado, cuando empieza a sonar un himno y todo el mundo se queda paralizado honrando a la música que suena…

Aquí podríamos haber cenado en alguno de los muchos puestos de comida, pero apenas pasan las 19h y no tenemos demasiada hambre… así que seguimos caminando hacia nuestro hotel. Paramos a cenar en un restaurante de comida occidental que vemos a pocos metros del alojamiento, necesitamos cambiar un poco de dieta… nos tomamos un par de chuletas con verduras y un refresco cada uno por 490 baths. Es carillo pero cenamos bien y podemos comer algo “normal” que tanto noodle, arroz y picantes empiezan a hacer mella…

Y ahora si, a eso de las 20h volvemos al hotel. Hacemos las mochilas y nos vamos a dormir pronto, mañana cambiamos de zona… iremos a ver si el paraíso existe como dicen 😛 Nuestro vuelo sale muy temprano y tocará madrugar de lo lindo.

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06/10/16: conocemos los grandes templos de Chiang Mai y le damos al regateo en el Night Market

Día 6: hoy conocemos el Wat Phra Sing, el Doi Suthep y el mercado nocturno de Chiang Mai

Hoy nos levantamos con la calma a eso de las 8,30h tras haber dormido toda la noche del tirón, necesitábamos una cama 😛

Nos arreglamos y bajamos a desayunar al restaurante del hotel ya que en éste lo tenemos incluido. Cuando volvemos a la habitación vemos que ¡diluvia! Así que esperamos un poco a ver si afloja y por suerte en pocos minutos escampa y sale el sol.

Caminamos unos 15 minutos hasta el Wat Phra Sing, uno de los templos budistas más importante de la ciudad. Pagamos 20 baths cada uno para entrar. En este templo no se puede entrar con camiseta de tirantes ni pantalones cortos o muy ajustados, ellos te prestan un pañuelo para taparte, pero yo que ya lo sabía llevo el sarong que me compré en el viaje a Indonesia.

El recinto es muy bonito, y además del edificio principal que alberga al Buda más venerado de la ciudad, cuenta con varios edificios y estupas o chedis doradas en sus jardines traseros.

Nos estamos un rato por el templo mientras escuchamos las oraciones de los monjes provenientes del interior del edificio principal. Se respira paz en este lugar…

Tras la visita, pactamos precio con un conductor de songthaew para ir al templo de Doi Suthep situado a las afueras de la ciudad, conseguimos pactar 600 baths i/v los dos con una hora de espera allí mientras visitamos el templo. Sé que lo podríamos haber sacado por menos, pero el calor hace mella, solo hay este conductor aquí y no hay ningunas ganas de regatear… hay una opción más económica por 100 baths pp pero tienes que montar tú un grupo de 8 personas, y con la solana que pega no vemos a nadie con ganas de ello…

de camino al Doi Suthep

Tras 40 minutos de trayecto montaña arriba, llegamos al monasterio más importante de la ciudad. Pagamos 30 baths cada uno de entrada tras haber subido una buena escalinata que nos recuerda en parte a los dibujos de Son Goku 😛

El lugar nos encanta, aunque hay demasiada gente visitándolo para mi gusto. Se trata de uno de los templos más sagrados al norte de la ciudad. Fundado en 1383 durante le reinado de Keu Naone, sus orígenes están teñidos de misticismo. Cuenta la leyenda que un monje llegado de Sukhotai aconsejó al rey de Lanna fundar un templo con la milagrosa réplica de una reliquia de Buda conservada en el Wat Suan Dok. La réplica se cargó a lomos de un elefante blanco, que vagó por la montaña hasta caer muerto en este lugar, el “elegido”. En la terraza de la 1ª planta se documenta la historia del templo con un santuario dedicado a Sudeva, el ermitaño que vivió en el monte, y una estatua del elefante que subió la reliquia.

En la terraza de la 2ª planta hay una pintoresca chedi dorada que conserva la reliquia; la corona una sombrilla de cinco niveles que conmemora la independencia de la ciudad del dominio birmano y su unión con Tailandia.

Compramos una campanilla que hace una música muy suave por 250 baths, ale ya tenemos nuestro ¡primer recuerdo viajero!

Seguimos recorriendo el recinto del Doi Suthep, ¡es enorme! Encontramos algunos templos más que lo conforman y damos con unas terrazas con unas vistas geniales de la ciudad de Chiang Mai.

Nos llama la atención que hay un ruido muy estridente de tanto en tanto… cuando llegamos a la salida vemos que se trata de una especie de grillo… ¡¡vaya potencia!!

Nos compramos un par de helados en un puesto que hay junto a la salida por 40 baths y bajamos la larga escalera de vuelta a la furgo. ¡Nos ha pasado la hora volando!

Tras 40 minutos de bajada, y de vuelta en el Phra Sing le pagamos lo acordado, y vamos a buscar un sitio dónde comer, que a estas horas ya aprieta el hambre… nos decantamos por un restaurante de comida local en el que tomamos una comida deliciosa con un par de refrescos por 280 baths.

Decidimos pasar un momento por el hotel, pero con esta chicharrina no tenemos ganas de andar, así que pactamos con un tuk-tukero que por 50 baths nos lleva en apenas 5 minutos.

Hacemos parada en boxes, descargamos un poco la mochila y nos vamos dando un corto paseo hasta Patthama Tour (Tu guia en Chiang Mai) a pagar las excursiones que tenemos reservadas para mañana y pasado. El dueño de la agencia es un catalán afincado aquí hace unos años, no se encuentra en la oficina pero la chica que nos atiende le llama por teléfono y me lo pasa para hablar con él. Nos explica los detalles de las excursiones y nos recomienda algunas cosillas que hacer en la ciudad. Pagamos lo acordado y volvemos hacia el hotel en un corto paseo, parando a medio camino a tomarnos unos capuccino por 130 baths, y a comprarme unos pantalones en un taller local dónde la chica los cose a mano (dos pantalones por 200 baths).

Descansamos un poco, nos damos un baño en la piscina y sobre las 19h salimos a buscar un tuk-tuk que nos lleve al bazar nocturno, acordamos 80 baths para el trayecto.

Alucinamos con la cantidad de puestos que hay, aunque claramente se trata de un lugar enfocado a los turistas.

Hay un grupo de mujeres tocando música Thai y nos deleitamos unos minutos escuchándolas.

Compramos dos camisetas de chico por 250 baths, dos de chica por 260 baths y unas campanillas para la meditación por 250 baths… aunque les regateamos lo que podemos, son duros de pelar y alguno incluso se enfada si les regateas, lo cuál nos llama la atención ya que suele ser el deporte nacional…

Tras una hora y pico, y habiendo visto sólo una pequeña parte del mercado, decidimos entrar a un McDonnalds a cenar, y seguir con la tradición de “McDonnalds por el mundo” 😛

Una vez cenados, salimos a buscar un tuk-tuk que nos lleve de vuelta al hotel, encontramos a uno que nos lleva por 80 baths.

Son casi las 22h cuando llegamos… ducha y a dormir que ¡estamos agotados!

05/10/16: tras una noche espantosa en el tren, llegamos a Chiang Mai

Día 5: comenzamos a recorrer Chiang Mai, una ciudad menos caótica

A las 6,30h oímos jaleo por el pasillo y decidimos levantarnos ya… lástima porque ahora es cuando al fin nos habíamos dormido profundamente… ¡Vaya noche larga! Ha sido imposible dormir más de 20 minutos seguidos, el tren hace demasiado ruido y traquetea de lo lindo… soy de sueño profundo y puedo dormir en cualquier sitio, pero aquí no ha habido manera. Hubo un par de baches que tuvimos que levantarnos a colocar el colchón en su sitio, mi marido ha sido incapaz de volver a la litera de arriba (había alto riesgo de caída), y los amortiguadores parecían un par de burros rebuznando, y no exagero. Ni echando mano a los tapones para los oídos… Nada que ver con aquél viaje a Oviedo en tren hotel en 2009.

A las 7h nos preguntan si queremos algo para desayunar, como llevamos los dulces que compramos ayer en Chinatown y unas galletas, pedimos solo un par de cafés. Y ya nos traen también la cuenta: 390 baths por el desayuno y la cena.

¿Nuestra conclusión del viaje en el tren nocturno? Si quieres vivir una experiencia peculiar, y ahorrar una noche de hotel, ve en el tren nocturno. Si viajas en 3ª clase (butacones reclinables sin aire acondicionado) o en 2ª, con camas en habitaciones compartidas sale algo más económico pero tienes menos intimidad… en primera clase vas solo 2 personas, tienes puerta con pestillo y aire acondicionado. Si quieres comodidad, sin duda coge un vuelo low cost con Air Asia y duerme en un hotel. Por cierto, no hay gran diferencia de precio entre 1ª y 2ª clase, pero los de primera ¡vuelan!

Como os iba explicando, está amaneciendo y las vistas del paisaje desde el tren son chulas, esta zona es mucho más verde que lo que pudimos ver en Bangkok.

A las 7,30h y según lo previsto, llegamos a Chiang Mai.

Al salir de la estación nos encontramos con un montón de tuk-tuk y shongtaews. En Chiang Mai solo hay taxis para ir a y desde el aeropuerto. Negociamos con un conductor y nos lleva al hotel, en la zona amurallada, por 120 baths.

Tras unos 15 minutos nos deja en la puerta del MD Boutique Hotel. Tenemos reserva para 4 noches en habitación doble con vistas a la piscina y desayuno por 9000 baths. Hacemos el check-in y nos piden 200 baths de depósito. Como era de esperar hasta las 14h no nos dan la habitación, al menos nos guardan las mochilas…

Salimos a conocer la ciudad amurallada que conforma el casco antiguo que el Rey Mengrai construyó al fundar la ciudad en 1296 sustituyendo a Chiang Rai como capital del reino de Lanna, con la idea de protegerla de las incursiones desde Birmania. Aún poniendo todo su empeño, fue ocupada a menudo por los birmanos y por los thais del reino de Ayutthaya. En su interior, alberga los templos y monumentos más importantes de la ciudad y es lo que nosotros vamos a comenzar a descubrir. Así, nos dirigimos al norte. El primer templo que visitamos es el pequeño Wat Saen Muang Ma Luang. Los edificios que lo conforman están cerrados, así que la visita es escueta.

Después vamos al más antiguo de la ciudad, el Wat Chiang Man, construido en 1296 por el fundador de la ciudad Phaya Mengrai. De entrada gratuita, cuenta con la estatua de buda más antigua de toda Tailandia, con más de 1800 años.

El pequeño santuario a la derecha de la capilla principal alberga dos famosos budas: el Phra Sila, bajorrelieve de mármol de 30 cm de alto al parecer venido de Sri Lanka o India, y el Phra Sae Tang Khamani, imagen de cristal de 10cm de alto de la cual se dice que fue venida de Lavo (Lopburi) hace 1800 años. Frente al boht (salón de ordenaciones), en una losa de piedra figura la referencia más antigua a la fundación de la ciudad, una inscripción de 1581.

Cuenta con otros edificios igualmente bonitos y bien conservados.

Al salir, entramos a una cafetería cercana a tomarnos un par de cafés a ver si nos despejamos un poco (125 baths), la noche de insomnio hace estragos. Tras una pausa, seguimos caminando hacia el siguiente punto en la ruta. De camino pasamos por delante del Monumento a los tres Reyes, centro espiritual de la ciudad, muestra a los reyes del norte que forjaron una alianza en la época Lann: Rey Mengrai (fundador de Chiang Mai), Ramkamhaeng de Sukhothai y Ngam Muang de Payao.

Y tras unos 10 minutos a pie, llegamos al Wat Chedi Luang. Pagamos 40 baths pp y entramos a visitar este imponente templo que cuenta con una de las chedis más altas del país, erigida en 1391 con una altura original de unos 80 metros.  Actualmente mide menos de 40 metros y está medio en ruinas tras un terremoto en 1545. El célebre Buda Esmeralda (ahora en Bangkok), ocupaba el nicho oriental en 1475.

Tiene 4 grandes puertas, una en cada punto cardinal, a las que se acceden a través de largas escaleras y contienen diferentes estatuas de Buda y los laterales con elefantes. Es todo un imprescindible si visitas la ciudad.

Además, en el mismo recinto hay otros templos menores también muy llamativos, como una capilla con un Buda dorado reclinado en su interior o el templo Acharn Mun Bhuridatto Viharn en veneración del monje Bhuridatto a quien conservan embalsamado. A esta capilla no llegamos a entrar porque hay como 20-30 monjes en la puerta preparándose para rezar y nos sabe mal meternos en medio.

Nos sentamos un poco a la sombra y después proseguimos hacia el Wat Ithakhin, el cuál alberga el primer pilar de la ciudad y al que sólo se puede entrar si eres hombre (para su “santidad” las mujeres somos impuras… Éstas cosas no las entenderé jamás, perdonadme. Se cree que el templo fue uno de los primeros que se construyeron al fundarse la ciudad, y por tanto, era de los de mayor importancia espiritual. Fue abandonado tras la guerra con Birmania y recientemente restaurado.

Pasamos por un 7/11 que hay frente al templo a comprar un Red-Bull y agua fresca, hace un calor y una humedad tremendos.

Vemos que al lado está el Wat Phan Tao, un templo budista construido por completo en madera de teca y entramos (es gratuito). Su interior es bien bonito y cuenta con un gran Buda dorado en el centro. También cuenta con un bonito jardín trasero.

Tras la visita al templo, decidimos acercarnos al hotel y buscar un sitio para darnos un masaje, y proseguir con los templos mañana. Estamos tan cansados que no estamos disfrutando apenas…

Tras menos de 15 minutos a pie, llegamos al hotel. Hacemos parada en boxes y luego nos decantamos por un lugar para masajes que hay cerca. Nos dan un masaje de pies de 1h por 200 baths cada uno. Es tan relajante que nos cuesta mantenernos despiertos…

Tras el masaje que nos sabe a gloria, vamos hacia el canal a buscar una farmacia para comprar protector solar. Justo al lado vemos un sitio dónde hacen comida thai con la cocina a la vista y que huele de maravilla, así que nos pedimos un par de platos de arroz con un refresco y una cerveza por 390 baths. ¡Delicioso!

Damos una vuelta a la manzana y descubrimos un mercado de verduras, frutas y puestos de comida con muy buena pinta todo. Y ahora si, son las 14h así que vamos para el hotel que ya estará lista nuestra habitación.

Tras acomodarnos y dejar los bártulos en la habitación, bajamos a la piscina a darnos un baño, necesitamos refrescarnos un poco… Estamos solos y el agua está fresquita, así que se está en la gloria 🙂

Pasamos un rato, pero pega el sol de lo lindo y nos da miedo achicharrarnos ya que aún es fuerte… así que sobre las 15,30h subimos a la habitación y nos echamos un rato a dormir que también lo necesitamos.

A eso de las 19h hacemos un intento de ir caminando al mercado nocturno, pero está oscureciendo y hay poca iluminación fuera de la zona amurallada, y tampoco tenemos muy claro por dónde ir ni vemos ningún tuk tuk… así que decidimos volver a la zona del hotel e intentarlo otro día. Vemos en un puesto que venden grass jelly, una gelatina de jalea que mi marido tenía ganas de probar, compramos una terrina por 30 baths que está bien rica 🙂

Damos una vuelta por los alrededores del canal y cenamos unos hot-dog con patatas fritas y refrescos por 290 baths todo, ya no podemos con nuestras almas… así que tras la cena, volvemos al hotel. Ducha y a dormir confortablemente en una cama 😛

04/10/16: conocemos el Chinatown de Bangkok antes de partir hacia Chiang Mai

Día 4: nueva jornada de momentos y experiencias inolvidables…

Hoy nos levantamos pasadas las 8h. Desayunamos, nos arreglamos y cerramos las mochilas. Bajamos a recepción para hacer el check-out y pedimos que nos guarden las mochilas por una hora.

Vamos al cercano templo Wat In o del Gran Buda de Pie. Su entrada es gratuita y además de varios edificios para la oración, cuenta con un gran buda dorado de 32 metros de altura plantado de pie.

Tras la visita, volvemos al hotel a recoger las mochilas y pedimos un taxi que nos lleve a la estación de trenes de Hua Lampong. El trayecto nos cuesta 75 baths. Dejamos las mochilas en la consigna de la estación por 60 baths c/u. Aunque por el tamaño deberían habernos cobrado 40 por cada una, preferimos no decir nada y que nos guarde bien las mochilas…

Más liberados, cruzamos la calle y vamos a la oficina de 12go quiénes nos hicieron de intermediarios para comprar los billetes del tren nocturno a Chiang Mai. Intercambiamos el boucher por los billetes y nos devuelven 200 baths porqué por lo visto al hacer la compra de los billetes salieron más baratos de lo previsto.

Luego caminamos hacia el templo Wat Traimit. La entrada al buda de oro cuesta 40 baths pp y hay que subir 4 pisos para llegar a la sala que lo alberga. El lugar es bonito, bien merece su visita.

Como os decía, alberga un Buda de Oro de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de oro macizo. Esculpida en el elegante estilo Sukhotai, la imagen fue “descubierta” hace 40 años bajo una capa de yeso al caerse la grúa que lo trasladaba a un nuevo edificio dentro del recinto del templo. Se cree que el Buda fue construido en Ayutthaya, y para protegerlo del ataque de los birmanos a la antigua capital tailandesa, fue transportado a Bangkok recubierto de una capa de yeso, la cual fue abandonada durante más de 200 años, momento en el que al transportarla hubo el “accidente” y se descubrió el Buda de oro.

Las vistas del templo desde allí arriba también son bien curiosas, y descubrimos que está rodeado de altos edificios.

A pesar de que hace un calor tremendo, decidimos dar un paseo hasta Chinatown. Nos liamos un poco  y vamos por dónde no toca, encontrándonos con unas calles repletas de talleres mecánicos… cuando al fin damos con la calle principal nos encontramos con cientos de puestos de comida y tiendas con productos de medicina tradicional china y encurtidos, al más puro estilo de las calles que recorrimos en nuestro viaje por Hong Kong el año pasado.

Nos llama la atención un puesto en el que elaboran dulces artesanales allí mismo. Tienen buena pinta y por 42 baths nos hacemos con unos cuantos para probarlos.

Entramos en un pequeño templo camuflado entre puestos de comida que nos recuerda mucho a los visitados en Hong Kong el año pasado…

Sobre las 12.40h, volvemos hacia la estación y entramos al metro. Pagamos 19 baths cada uno por recorrer 2 paradas hasta Si-Lom. Es curioso pero la máquina del metro al introducir el dinero te da una moneda de plástico que debes usar para entrar y salir del metro. Se parecen a las fichas que te dan en las ferias 😀

Al llegar a la zona, nos decantamos por un restaurante de noodles, dónde comemos por 350 baths. Con la panza llena, recorremos las calles peatonales elevadas tan típicas de la ciudad. Me encantan las vistas “caóticas” que ofrecen las grandes ciudades del sudeste asiático 🙂

Al salir encontramos un Cat Café al más puro estilo japo 🙂 Nos hace tanta gracia que no podemos evitar entrar. Pedimos un capuccino y un matcha latte frappé por 290 baths y subimos a la zona dónde tienen a los gatos. Aunque la mayoría duermen, el lugar está muy bien, hay poca gente, los tienen bien cuidados y nos recuerda a los Neko Café que visitamos en nuestro 2º viaje a Japón. Pasamos una hora acariciando a los gatitos que nos hacen caso.

Al salir, vamos hacia el parque Lumphini, dónde nos sentamos en un banco junto al estanque a tomar la fresca.

A eso de las 16h, volvemos al metro (19 baths pp) y nos dirigimos a la estación Hua Lamptong. Nos sorprende la poca gente que usa el metro, parece que esté hecho para clases altas -y turistas-.

Una vez en la estación, compramos bebidas para el viaje y recogemos las mochilas de la consigna. Falta 1h 30 para que salga el tren pero estamos agotados, el calor de hoy es mortal y no queremos alejarnos ya de la estación, así que nos sentamos a esperar en la gran sala de espera que tiene el recinto.

A las 17.30h nos dicen que ya podemos subir a bordo y allá que vamos a descubrir nuestro camarote en 1ª clase en el tren nocturno que nos llevará a Chiang Mai.

En el vagón que viajamos hay 12 cabinas de 1ª clase y un par de lavabos solo para los pasajeros de este vagón, uno de estilo occidental y otro tipo letrina con ducha de agua fría, ambos están limpios en todo momento. Nuestra cabina es de primera, no está mal viendo el resto del tren 😛

Salimos puntuales a las 18.15h. Media hora más tarde pasa la azafata comentando que podemos pedir cena en el camarote, son bandejas a escoger con crema, sopa, arroz y carne o pescado con verduras por 170-190 baths. Aunque se puede llevar comida de fuera e incluso ir al vagón restaurante dónde posiblemente sea más barato, optamos por la comodidad. El pack que pedimos cuesta 170 baths c/u. La comida no está mal aunque es bastante picante para mi gusto. Aprovechamos para comernos algunos dulces que compramos en el Chinatown, ¡están bien ricos!

Tras la cena, a eso de las 19,45h pasan a hacer las camas y ya nos dejan el camarote listo para dormir. Aunque tenemos serias dudas de poder dormir esta noche porque el ruido y el traqueteo del tren son importantes. No es nuestro 1r viaje en tren nocturno, ya hicimos un viaje de Barcelona a Oviedo hace años, pero nada tenía que ver aquél tren con este… 😀

Sobre las 21h y agotados de todo el día, nos echamos a dormir. A eso de las 23h, mi marido que va en la litera superior, se baja conmigo porque dice que es imposible estar allá arriba… le parece que se vaya a caer con cada bache :S

Veremos qué tal la experiencia del tren nocturno

03/10/16: recorremos los antiguos templos de Ayutthaya

Día 3: disfrutamos de la magia de Ayutthaya y catamos los grillos a la parrilla en Bangkok

Hoy nos levantamos temprano ya que el plan para hoy es ir a conocer la cercana ciudad de Ayutthaya. Tras tomar el desayuno y arreglarnos, cogemos un taxi hasta Victory Monument, hay muchísimo tráfico y un trayecto de 20 minutos se convierte en uno ¡de 45! Suerte que los taxímetros aquí sólo cuentan distancia recorrida y no tiempo… el trayecto nos sale por 100 THB.

Para ir a Ayutthaya hay dos opciones,  coger un tren desde Hua Lamptong que tarda unas 2h, o bien, tomar una minivan que cuesta 80 baths por trayecto y persona y tarda poco más de 1h. Nosotros nos decantamos por la segunda opción. El taxista nos deja en una callejuela repleta de puestos de minivan que van a distintos destinos. Pagamos al chico del puesto de Ayutthaya y nos dice que en media hora sale la siguiente.
Mientras esperamos voy a un baño público cercano (3 baths) que está bastante limpio y al salir, el chico nos guía hacia la furgo que nos llevará. Somos los únicos occidentales… van unos cuantos locales y un grupo de chinos. Cuesta horrores salir de la ciudad, hay un tráfico tremendo.

Tras hora y media, y un par de paradas en el camino para dejar a unos locales en una universidad que queda de camino, llegamos a Ayutthaya… tienen todo un tinglado montado porque te paran bastante lejos del centro, y aquí ya te esperan unos cuantos tuk-tuk. Negociamos con uno de ellos 3h en las que nos llevará a los templos principales de la ciudad, y nos dejará en el lugar desde dónde salen las furgos de vuelta por 750 baths. Tampoco regateamos demasiado porque aquí no hay más opciones… Una vez cerrado el trato nos montamos en el tuk-tuk y empezamos con la ruta del día.

Situada a 85 km al norte de Bangkok, Ayutthaya fue la capital del Reino de Siam desde 1350 a 1767 D.C. Los restos de esa capital (mayoritariamente templos y estupas medio en ruinas) ocupan un área de 15 km2 y son uno de los lugares históricos más importantes de Tailandia. Fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991.

El primer templo al que nos lleva el tuk-tukero es el Wat Yai Chai Mongkhon. Pagamos 50 baths pp y entramos. Como casi todos los templos tailandeses está conformado por varios edificios, que se conservan en bastante buen estado, rodeados por un bonito y cuidado jardín. Cuenta con un buda reclinado de 17 metros de alto y 9.5m de ancho del estilo al que vimos ayer en Bangkok.

Construido en el año 1357, el edificio principal del templo cuenta con una gran estupa y está rodeado por Budas cubiertos con paños amarillos como símbolo de pureza.

Subimos a lo alto del edificio y desde allí obtenemos unas bonitas vistas del recinto del Mongkhon.

Tras unos 30 minutos recorriendo el recinto, volvemos al tuk-tuk y seguimos hasta el Wat Mahathat. Pagamos 50 baths pp. Fue erigido en 1374 durante el reinado de Borom Rachathirat I, el templo está prácticamente en ruinas tras los saqueos birmanos, y casi todos los Buda están decapitados… aún así es curiosa su visita y la recomiendo.

Este templo cuenta con uno de los lugares más fotografiados de Tailandia, es famoso por albergar una cabeza de buda entre las raíces de un árbol.

Seguimos hasta el Wat Phra Si Sanphet. La entrada también cuesta 50 baths por persona y es interesante por albergar tres grandes estupas con las cenizas de los tres Reyes más importantes de la ciudad.

Situado dentro de los terrenos del Palacio Real, el templo se usaba para importantes ceremonias reales como juramentos de lealtad y como capilla privada de la familia real. En el año 1.500, el Rey colocó en uno de los santuarios del templo una imagen de Buda en bronce recubierto con 250 kg de oro y de 16 metros de altura, a la que llamó Phra Si Sanphet y por la que tomó ese nombre el templo. Pero Ayutthaya fue saqueada en 1767 por los birmanos, y quemaron el lugar y robaron las estatuas de oro, incluido el Buda de 16 metros. Aun así, es otro de los imprescindibles en la ruta de templos ya que sus tres chedis son las más fotografiadas de Ayutthaya.

Tras un rápido recorrido porque hace un calor terrible, volvemos al tuk-tuk que nos lleva al Wat Lokayasutharam con el buda reclinado de 17 metros de largo por 7 de alto, y que sin duda inspiró al creador del juego Street Fighter. No hay que pagar entrada.

El tuk-tukero nos pregunta qué más templos queremos ver de entre los más importantes de la ciudad, descartamos el Wat Phra Ram que es el más caro y el que menos nos llama la atención. Proseguimos la ruta hasta el Wat Phu Khao Thong un monasterio en forma de estupa que me recuerda ligeramente al Borobudur de Indonesia. La entrada es gratuita y se pueden subir unos cuantos escalones para llegar a lo más alto, aunque las vistas deben ser geniales no queremos que nos dé una insolación, así que nos conformamos con la vista desde el suelo.

El siguiente en la ruta es el Wat Thummikarat, un recinto que cuenta con varios templos y bonitos budas.

Y el último de la jornada será sin duda el que más nos sorprenda. Se trata del Wat Na Phra Men, un pequeño templo que cuesta 20 baths y que parece poco visitado por turistas.

Cuenta con una gran buda de oro de 16 metros en la sala principal y con otro de bronce algo más pequeño en la sala secundaria.

En ésta última hay un monje junto al buda. Como siempre al entrar en un templo budista hacemos una reverencia al buda y el monje al vernos, nos pide que nos arrodillemos frente a él con las palmas de las manos unidas, de repente empieza a orar algo en tailandés y a bendecirnos, y luego nos regala un amuleto a cada uno. ¡Nos quedamos alucinados! Son éstas cosas las que marcan los viajes y te hacen crecer… 🙂

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Tras un montón de agradecimientos y una propina de 20 baths nos vamos de vuelta al tuk-tuk que nos lleva al punto de salida de las minivan hacia Bangkok. Le pagamos los 750 baths acordados más 10 de propina.

Cuando llegamos a la mini-van, empieza a chispear y una vez en la furgo, mientras esperamos a la hora de la salida, empieza un diluvio que no tiene pinta de parar… ¡qué cantidad de agua cae en este país cuando llueve!

A las 14.10h y con la furgo a tope, salimos hacia Bangkok. Éste conductor va más rapidillo y no hace paradas por lo que en una hora estamos en el punto de partida junto al Monumento a la Victoria. Pagamos los 80 baths pp de la vuelta y vamos a buscar dónde comer.

Vemos que allí al lado está el Centro Comercial One Centre y como empieza a chispear aquí también y tiene pinta de venir tormenta, no nos lo pensamos mucho… en la planta superior hay varios restaurantes, nos decantamos por uno italiano. Pedimos una pizza, un bistec con guarnición y dos refrescos por 430 baths. ¡Comemos de vicio, mientras vemos cómo cae la del pulpo!

Tras la comida, bajamos al hall y tras ponernos las chaquetas y proteger la mochila dónde llevo la cámara y los objetivos, salimos a la calle a buscar un taxi. El primero que para se hace el tonto cuando le pido el taxímetro, como si no me entendiera… tras repetírselo 3 veces señalando al aparato y todo, desisto. Cierro la puerta y llamo al siguiente. Éste al vernos empapados por completo, enciende el taxímetro sin pedírselo y nos dice que subamos. Nos lleva al hotel por 90 baths pero le pagamos 100 por habernos parado y haber sido amable con nosotros…

Aprovechamos para descansar un poco mientras cae agua como para parar un tren y cuando amaina un poco, salimos a comprarnos un chubasquero en una tienda cercana que vimos ayer (40 baths c/u) por lo que pueda pasar… Pasamos también por el 7/11 a comprar agua y desayuno para mañana, y algunas cosillas para picar.

Dejamos las cosas en el hotel y viendo que ha parado de llover, salimos a dar un paseo. Llegamos hasta Rambuttri Rd dónde decidimos hacer un reto que teníamos para este viaje: comprar unos grillos a la parrilla y probarlos. Por 20 baths y con mucha pimienta, el hombre nos sirve unos pocos. Preparamos la cámara e inmortalizamos el momento. No están malos pero tampoco matan, así que con uno para hacer vídeo nos basta 😀

Tras la coña, decidimos cenar en el restaurante que hay frente al hotel dónde ayer comimos de vicio. Nos tomamos unos rollitos, un arroz frito, un pad thai, un refresco y una cerveza Chang por 360 baths. Cenamos entre risas viendo la reacción de los nuestros comentando el vídeo del grillo por el Whatssap 😀

Volvemos al hotel y decidimos aprovechar al máximo la bañera hidromasaje de la habitación, nos damos un buen baño relajante… hacemos las mochilas que mañana cambiamos de zona y a dormir que el día ha sido agotador…

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Actualización 2017: las minivans ya no salen desde Victory Monument, sino desde 3 nuevas localizaciones, según el destino: Morchit 2 para ir al Norte, Noreste y centro del país; Sai Tai Mai (Southern Bus Terminal) para ir al Sur y el Oeste; y Ekkamai para ir hacia el Este. Más información.

23/11/15: descubrimos la pintoresca isla de Cheung Chau y rematamos las compras

Día 6: recorremos la cercana isla de Cheung Chau y ultimamos compras…

 

Hoy es nuestro último día completo en Hong Kong, los días nos han pasado volando y hemos disfrutado muchísimo del destino.

Nos levantamos tranquilamente a eso de las 9,30h y vamos a desayunar al bufet del hotel. La idea para hoy era ir a visitar el cercano país de Macau, pero mirando información anoche, vimos que el precio del ferry es alto y que salvo un par de monumentos, tampoco tiene gran cosa que no sean casinos y centros de ocio. Así que buscamos una alternativa para hoy y, salimos a la aventura…

Cogemos el metro hasta la parada de Central y de allí vamos caminando hasta la zona de muelles mientras disfrutamos de nuevo de las vistas que ofrece esta zona de Hong Kong.

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Llegamos al Pier 5 y compramos los billetes para el ferry a la cercana isla de Cheung Chau, dónde pasaremos la mañana, por 13,8HKD en ferry ordinary, es decir, en el más sencillo. Cuando zarpamos alucinamos con las vistas que hay desde el mar, con Kowloon a un lado y Hong Kong al otro 🙂

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El barco tarda 55 minutos en llegar y mientras, observamos la cantidad de islas que conforman el país, todas ellas montañosas.

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Puede que sea pequeña, pero la isla de Cheung Chau es uno de esos lugares que no deja a nadie indiferente… Además de ser la sede del Festival anual de los Bollos, la isla de Cheung Chau, con sus templos, marisquerías, playas, e incluso un refugio de piratas, constituye un atractivo lugar durante todo el año.

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Cuando llegamos a la isla, vemos que hay bastante turismo en la zona, sobretodo interior. El muelle está abarrotado de barcos pesqueros y frente a él, hay una calle repleta de tiendas y restaurantes, sobretodo dónde sirven marisco.

 

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Callejeamos y damos un paseo hasta la playa, en el otro extremo de la isla. No nos lo pensamos demasiado, nos quitamos las bambas, nos remangamos los tejanos y metemos los pies en el mar 🙂 ¡¡El agua está buenísima!! Lástima no tener toalla y bañador porqué me daba un baño muy a gusto 🙂 No hay nada de olas ni corrientes…

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Nos sentamos un rato en la arena hasta que se nos secan los pies para poder ponernos las bambas de nuevo, ¡se está de lujo aquí! 🙂 Vaya acierto hacer esta escapada hoy…

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Callejeamos un poco por el pueblo, compramos un Aquarius por 10HKD, y vemos los dos templos más importantes que tiene la isla. El primero es el templo de Pak Tai, levantado por los habitantes de Cheung Chau hace 200 años en honor de Pak Tai, el Dios del Mar del Taoísmo que también recibe el atractivo título de Emperador Supremo del Cielo del Norte o del Cielo Misterioso.

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La entrada es gratuita y vemos que contiene artesanía de madera bañada en oro de la época de la dinastía Qing (1644-1911) y una espada de hierro de la dinastía Song (960-1279). Cuenta con dos pequeños altares, y podemos disfrutar del lugar a solas.

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El segundo templo que visitamos es el de Kwan Kung, situado en una pequeña colina en el centro de la isla, construido recientemente (1973) cuenta con una estatua del dios Kwan Kung elaborado a partir de una pieza entera de madera de alcanfor. El templo está bastante deteriorado, construido entre casas, apenas cuenta con un pequeño altar actualmente.

Volvemos al paseo marítimo y viendo que no nos convence ningún sitio para comer (mucho calor, sin aire y marisco -que a mi marido no le va nada-) decidimos coger el Fast Ferry que sale en 10 minutos y volver a HK.

 

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Éste es bastante más rápido que el ordinary, y en 35 minutos estamos en el muelle cercano a Central.

Cogemos el metro hasta la parada de Jordan, y al llegar a la zona del hotel echamos un vistazo a los restaurantes que hay, pero son más de las 15h y muchos o han cerrado o no nos convence nada la comida, así que decidimos ir a un combini y comprarnos comida preparada (fideos, unas salchichas y nos bollos rellenos, más unos refrescos por 80HKD) y subimos a la habitación del hotel a comer.

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nuestra comida improvisada

Decidimos echarnos una siesta y descansar un poco, hoy el calor está apretando y se hace muy pesado estar en la calle.

Cuando nos despertamos, recogemos las cosas y empezamos a hacer las maletas, y a eso de las 19.30h nos acercamos a Temple Street de nuevo a hacer unas compras que le hemos cogido el gustillo al regateo 😛 Por cierto, os dejo una foto sacada de internet de la calle vista desde un edificio alto, para que os hagáis una idea 🙂

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Hoy arrasamos… compramos 5 monederos pequeños por 120HKD, otro monedero más grande de imitación de Mulberry por 110 HKD, una cartera de piel por 70 HKD y un pack de 5 imanes por 35HKD. ¡Espero que no nos paren en la aduana porque vamos cargados! 😛

Se nota que se acerca diciembre y con ella la Navidad, y que Hong Kong es un país consumista, porque empezamos a ver decoración navideña por todas partes 🙂

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Sobre las 21h volvemos al hotel y decidimos subir a cenar al restaurante del hotel. Pedimos 3 platos, uno de fideos, otro de soja con verduras y uno de ternera con verduras, más unas bolitas rellenas de pasta dulce, y té por 444HKD. ¡Cenamos de vicio y somos incapaces de terminarlo todo!

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Tras la cena, volvemos a la habitación. Nos damos una ducha y a dormir… que mañana nos espera un largo viaje de regreso a casa 😦

21/11/15: recorremos la zona de Central y nos lanzamos al regateo en Temple Street

Día 4: recorremos la isla de HK y nos echamos unas risas con las compras del día…

Hoy nos levantamos con calma, hemos dormido algo mejor que las noches anteriores pero aún así tenemos sueño acumulado y estamos de vacaciones… tras tomar el desayuno en el bufet del hotel, decidimos que hoy destinaremos el día a conocer aquellos lugares más emblemáticos de la isla de Hong Kong. Así que bajamos hasta la parada de metro Jordan y allí lo tomamos hasta la estación Central.

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Tomada por los ingleses en 1840, la isla de Hong Kong es la zona más moderna de la ciudad y concentra la mayor parte de las empresas de la región administrativa de Kong Kong. En el norte de la isla se encuentra la Bahía Victoria, donde se localizan los edificios más famosos de Hong Kong. Cuenta con uno de los skylines más impresionantes del mundo y resulta un auténtico
placer contemplarlo tanto de día como de noche.

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Esta zona es muy diferente a Kowloon, con altos edificios, calles nuevas bien pavimentadas y mucho más limpias. Caminamos por el paso elevado entre los edificios hasta llegar al Two International Finance Centre.

Su construcción finalizó en 2003, y cuenta con 415 metros de altura en 90 plantas.  Fue el edificio más alto de Hong Kong hasta la reciente construcción del International Commerce Centre en Kwoloon. En el cine es conocido por ser escenario en Tomb Raider y en El Caballero Oscuro.

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En la planta 55 se encuentra la sede de la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el banco central del país que además de ofrecer una exposición de billetes y monedas a lo largo de su historia, cuenta con una pequeña exposición fotográfica de cómo era la bahía hace años y, cuenta con unas vistas excelentes de la zona.

Subir al mirador de la planta 55 es gratis, pero debes solicitar una tarjeta de visitante en la recepción del edificio. Es imprescindible presentar el pasaporte original ya que la tarjeta es nominativa. Tras hacer el trámite, pasamos por el control de bolsos y detector de metales, y subimos con el ascensor que nos indican. El edificio se nota que es nuevo y que cuenta con varias plantas de oficinas, porque hay un montón de gente trajeada por aquí… Recomiendo ir vestido “decente”.

La exposición de monedas y billetes está bien, con muchísima información en inglés, no solo a nivel de moneda si no que también de la economía del país y cuenta algo de historia también. Pero lo que realmente merece la pena son las fabulosas visitas de la isla de Hong Kong y de la bahía que hay desde aquí arriba 🙂

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Y el “antes” y el “ahora” de la isla impacta de veras…

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Una vez recorremos la exposición, volvemos a la calle y seguimos conociendo la zona de Central. Vamos caminando hasta la Catedral de St John, hay un paseo de unos 15 minutos. Decidimos seguir caminando por el paso elevado y vemos que éste se introduce en centros comerciales y los altos edificios y que los cruza por sus hall.

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Los centros comerciales son una pasada y realmente te das cuenta que el consumismo aquí, al igual que en Japón y seguramente en las otras grandes ciudades chinas, está por las nubes… puedes encontrar de todo en sus CC, incluso un ¡gran carrusel!

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Tras el paseo entre tiendas y coches de lujo y mucha gente trajeada que va de allá para acá, llegamos a la elegante y antigua Catedral de St John que entre tanto rascacielos, choca muchísimo encontrar este edificio rodeado de un bonito parque.

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La catedral ha desempeñado un papel simbólico y perenne en la historia de Hong Kong. Se trata del edificio eclesiástico occidental más antiguo que queda en la ciudad. La primera piedra fue colocada por el Gobernador Davis sólo seis años después de que los Británicos tomaron posesión de Hong Kong. Desde entonces, la “isla estéril” que China cedió a Gran Bretaña en 1841 se ha convertido en uno de los principales centros de comercio del mundo. St John sigue sirviendo con diligencia su importante congregación anglicana, resguardada por los rascacielos del distrito financiero.

Los comentarios que habíamos visto por internet decían que el lugar merece la pena ser visitado, que su estilo anglicano es digno de una visita, pero nosotros nos encontramos con que se está celebrando un entierro de un párroco… por lo que nos parece totalmente fuera de lugar entrar. Así que la rodeamos para verla por fuera y seguimos con la ruta prevista para hoy, antes por eso, nos sentamos 10 minutos en un banquito del parque a descansar un poco del calor bochornoso que hace entre los edificios.

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Seguimos con la ruta hacia el Bank Of China, que también cuenta con un mirador en su planta 43 de acceso gratuito y que tan solo necesitarás el pasaporte para acceder. Pero cuál es nuestra sorpresa cuando llegamos y vemos que está cerrado…

El edificio fue construido en 1989 según los planos del arquitecto chino Leoh Ming Pei, con un asombroso diseño y una iluminación espectacular. Mide 367 metros de altura, tiene 72 plantas y está construido con aluminio y cristal. Cuando finalizó su construcción se convirtió en el edificio más alto de Asia, récord que se mantuvo hasta 1992 cuando finalizó la construcción del Central
Plaza. También fue el primer rascacielos fuera de Estados Unidos en superar la barrera de los 300 metros.

La gran torre es fácil de reconocer por las líneas que recorren el edificio con formas romboides y triangulares y es uno de los que más resalta por la noche.

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Hacemos parada en un combini cercano a comprarnos unas bebidas frescas por 11,50 HKD que pagamos con las tarjetas Octopus del metro, ¡me encanta ese sistema por que te olvidas de tener que llevar moneda pequeña!

Tras hidratarnos entramos en uno de los centros comerciales adheridos a la estación de metro Admiralty para parar en boxes y luego cogemos el primer metro que pasa hacia Sheung Whan. Caminamos un par de calles y llegamos a la entrada del Templo Man Mo, escondido entre altos edificios.

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Se trata del templo taoista más importante de Hong Kong, fue construido en 1847 por mercaderes chinos en honor a los dioses de la literatura (Man) y de la guerra (Mo) y sirvió como tribunal arbitral para las disputas locales. Fue el centro de la vida civil de la isla en el S. XIX, cuando el nivel de confianza entre lugareños y colonos era mínimo ya que los británicos habían impuesto una
política de segregacionismo para evitar que los chinos se mezclaran con ellos.

Si no estás acostumbrado a visitar templos taoistas como es nuestro caso llama mucho la atención… con esas cientos de lámparas de incienso colgando del techo y dando aroma al lugar, ahora asmáticos andaos con cuidado porque la humareda es considerable… Hay varios altares repartidos por el edificio, con tiendecitas de amuletos, y también cuenta con la puerta original del templo en su interior.

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Tras la visita al templo, nos dirigimos a la cercana calle de Cat Street, dónde se encuentra el Mercado de Antigüedades que reúne tiendas de antigüedades,  galerías de arte, pequeñas tiendas y puestos de amuletos y de objectos de segunda mano que permiten encontrar muebles, elementos decorativos,  artículos artesanales y algunas piezas de jade o productos bordados y de seda. La pega es que hay cosas de dudosa autenticidad… así que a pesar de que echamos un vistazo a fondo a distintas tiendas, finalmente no compramos nada aquí.

Nos acercamos dando un paseo de unos 15 minutos hasta la zona de muelles. Decidimos entrar en el centro comercial que hay junto a la terminal del ferry a Macau, dónde buscamos sitio para comer. Nos decidimos por un restaurante dónde comemos dos platazos de arroz con verduras y unos niguiris la mar de ricos por 250 HKD.

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Tras la comida, vemos que tenemos el metro de Sheung Whan al lado, así que allí lo cogemos y volvemos a Admiralty. Desde allí caminamos hasta llegar junto a la bahía dónde se encuentra el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong, un gran auditorio que en parte recuerda a la ópera de Sidney. Están celebrando un evento y no podemos acercarnos demasiado al edificio.

En esta zona también encontramos grandes rascacielos y tenemos una buena vista del sur de Kowloon. De todos modos, visto desde aquí, el centro no impresiona tanto y llegamos a la conclusión que mucho mejor verlo desde la otra orilla, sobretodo si dispones de poco tiempo. Entramos en un Starbucks a tomarnos un frapuccino bien fresco y después volvemos al metro.

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Cogemos el metro directo hasta Jordan y volvemos al hotel a descansar un poco. Llevamos horas caminando bajo un sol abrasador y un bochorno importante…

La idea era ver hoy el espectáculo de luces nocturno, pero nos quedamos dormidos y cuando llegamos es tarde y ya ha terminado. Vigilad si queréis verlo porque apenas dura unos minutos y hay que ir con tiempo para encontrar un hueco (aquello de llena de ¡hordas de gente!). Damos una vuelta por la zona y de nuevo disfrutamos de la vista del skyline con todos sus edificios iluminados en la noche.

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Entramos en el CC iSquare pero no nos llama ningún restaurante para cenar, así que decidimos coger el metro y volver a Jordan, e ir a Temple Street Market.

Hoy si que nos lanzamos al regateo y a las compras y nos hacemos con una figura de un león Fu tallada en madera y 2 reposa-palillos por 125 HKD (la figura costaba 180 y lo otro 10 c/u).

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Y después de un buen rato de regateo, compramos dos monederos -suponemos que de imitación, aunque está muy lograda- de “marca” Jimmy Choo por 120HKD cada uno (partíamos de 90 HKG por cada uno) 😛

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Cuando nos damos cuenta, son las 22.30h y ahora si, aprieta el hambre. Damos una vuelta por los puestos de comida callejera del mercado pero no nos inspiran mucha confianza… así que vamos a un combini y compramos cena, una cerveza y una cola por 50 HKD. Lo bueno de los hoteles asiáticos es que generalmente tienes hervidor de agua en la habitación, así que te puedes apañar alguna cena en la habitación comprando por ejemplo cajas de fideos a los que solo hay que  echarles agua hirviendo para prepararlos.

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Tras la cena, nos echamos unas risas grabando un vídeo para los nuestros al estilo “El precio justo” enseñándoles los monederos que hemos comprado e intentando que averigüen si son de verdad o imitación y el precio que hemos pagado… 😀 Tengo que decir que pensé que por  7€ los monederos apenas me durarían… pero estaba equivocada, llevo encima desde entonces el gris y está impecable y el lila lo guardo de reserva envuelto en su funda y lo mismo 😀

A lo tonto, son las 24h cuando nos vamos a dormir, por suerte mañana no tenemos pensado madrugar demasiado 🙂

06/10/13: Takayama y Hida no Sato, lugar de tradiciones… y al fin, ¡¡compramos el barrilete de sake!!

Día 10: conocemos un Japón más rural…

Un nuevo día amanece en Japón y nosotros nos vamos al siguiente destino en nuestra ruta: ¡Takayama! Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, recogemos el equipaje y nos ponemos en marcha. Cogemos el tren directo a Toyama de la compañía Japan Railways de las 7,10h para acortar el trayecto y a las 8h nos montamos en el JR Limited Exprés Hida al que mi marido bautiza como el “Shin-borreguero” ¡jajaja! Es un tren diésel con velocidad punta de 81km/h y una velocidad media de 35km/h -medido con GPS- que en hora y media nos lleva a Takayama contaminando por un tubo pero mostrándonos paisajes de montaña muy chulos Mr. Green

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Llegamos sobre las 9,30h a Takayama. Pedimos un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y para nuestra sorpresa ¡nos lo dan ¡en español! Haremos una estancia de dos noches en la ciudad, y para ello escogimos el hostal J’Hoppers Hida Takayama por 12000¥ (los dos en habitación doble con baño privado). Así que nos dirigimos hacia allá para descargar, tardamos unos 5 minutos a pie desde la estación. Tengo que decir que las chicas que hay en la recepción son súper majas, una de ellas ha estado dos veces en Barcelona y nos dice que es su ciudad europea favorita (me cae bien esta chica…  Muy feliz ). Nos guardan las mochilas, chaquetas y paraguas sin problemas hasta el mediodía que podremos hacer el check-in y nos explica en qué consiste el matsuri que se celebra aquí en dos días, una pena porqué no hubo forma de cuadrar el itinerario para coger éste tampoco y ¡pinta muy chulo!

Takayama (高山): conocida por sus viejas tabernas, sus tiendas y sus destilerías de sake, Takayama es toda una rareza. Es una ciudad del S. XX (si bien, pequeña) que ha sabido mantener el sabor tradicional. Su encanto reside en sus animados mercados matutinos, sus templos en la colina y sus afables habitantes.

La idea para hoy es visitar la ciudad por la mañana sin ningún agobio y por la tarde acercarnos a Hida no Sato. Para mañana tenemos contratada la excursión que organiza el J’hoppers para ir a Shirakawago y aún nos quedará otra noche… Cuando organizamos el viaje, preveíamos que este lugar nos gustaría, así que decidimos darle dos noches y aprovechar para aflojar un poco el ritmo que ya son 11 días desde que salimos de casa y no ¡hemos parado!

A otros 5 minutos a pie más o menos nos topamos con el puente Naka-bashi de madera lacada en rojo que cruza el río Miyagawa.

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Justo al lado se organiza uno de los mercados matutinos, en los que venden básicamente fruta y verduras, encurtidos, conservas y alguna artesanía.

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El mercado está enfrente de la casa gubernamental Takayama Jinya. Se trata del último edificio gubernamental del período del shogunato Tokugawa del período Edo.

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El hermoso edificio de estilo tradicional japonés se construyó en 1615 como centro administrativo del clan Kanamori, pero los sogunes se lo arrebataron más tarde. La entrada principal estaba reservada a los altos cargos. El edificio actual data de 1816 y sirvió de sede del Gobierno local hasta 1969, hoy día está abierto al público como museo. La entrada cuesta 500¥ (por persona) y hay visitas guiadas en inglés gratuitas, pero tenemos que esperar más de 1h para el siguiente grupo, por lo que decidimos verlo por libre.

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Todas las salas cuentan con carteles informativos que explican a qué estaban destinadas y explican algo de la historia de la ciudad.

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Además de las oficinas, hay un granero dónde almacenaban el arroz a la forma tradicional y que era usado como moneda de pago. Es considerado el más grande de Japón así como uno de los más antiguos, por lo que no dejan hacer fotos en el interior. El edificio está rodeado de un bonito jardín zen. Además cuenta con una sala de tortura en la que se explican los procedimientos al detalle. No me parece demasiado dura después de haber visitado la del Palacio de los Reyes Católicos de Córdoba que era de la Santa Inquisición, la del Palacio Ducale de Venecia o el Museo de la Tortura de Carcassonne…

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En las distintas salas, muestran objetos y documentos oficiales de los señores feudales del pasado, mapas antiguos de la región de Hida y planos de otras ciudades históricas. Nos parece una visita de lo más interesante y el edificio es chulísimo. A la salida, paramos en boxes y nos tomamos un café de las máquinas.

Tras la visita al Takayama-Jinya, cruzamos el puente y nos adentramos en la San-machi-suji o casco antiguo de la ciudad que está cruzando el rio. El distrito cuenta con tres calles principales (Ichi, Nino y San-no-machi) y está lleno de restaurantes, tiendas tradicionales, museos, destilerías de sake… éstas últimas se distinguen porque sobre sus entradas cuelgan bolas de cedro.

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destilería de sake

Muchos de los edificios de esta zona datan del periodo Edo (1600-1868) y es genial poder pasear por esas calles tan tradicionales imaginando cómo sería en aquél entonces…

Ya comenté en el diario del primer viaje, que el día que nos íbamos vimos en una tienda del Dutty Free del aeropuerto de Narita unos barriletes de sake como los que ofrecen en los santuarios y nos pesó mucho no poder llevarnos uno (sobrepasaban los 100 ml que marca la normativa como equipaje de mano), así que teníamos muy claro -y más sabiendo que Takayama es conocida por ser una de las principales productoras de sake del país- que en este viaje caía uno ¡fijo! Así que mientras paseamos por las calles y vemos las Old Private Houses, vamos entrando en las destilerías que vemos hasta ¡¡¡dar con el barrilete!!! Mi marido ni se lo piensa, compramos uno de 2,5 litros de sake, otro más pequeño de 1L para unos amigos y un jarrón de cerámica que también va relleno de 0,5L. Además nos compramos una botella de sake sin filtrar, algo muy raro de encontrar. Vemos que junto a la caja tienen la etiqueta de Yamato Transport, y se nos ilumina la bombilla… le preguntamos al dueño si es posible enviar los sake que hemos comprado al hotel de Tokyo (y así evitar ir cargados hacia Matsumoto y luego hacia Tokyo) y nos dice que sin problema. Le damos la dirección del hotel y la fecha de llegada a allí y nos calcula el precio en base al peso como “frágil y refrigerado”, 8000¥ que pagamos gustosos con tal de no ir cargados como mulas Muy feliz ¡¡¿¿he dicho ya que me encanta la practicidad de este país??!!

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¡¡nuestro barrilete!!

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Jarrón con vasito incluido…

Más contentos que unos niños con zapatos nuevos, decidimos irnos hacia la zona de la estación JR a comer, así ya estamos allí para coger el bus hacia Hida No Sato después. Habíamos visto un par de tabernas cuando llegamos que nos llamaron la atención, así que nos fuimos derechos hacia ellas. Una solo la abren por la tarde, así que entramos en la otra dónde los carteles muestran unos ramen tremendos con carne de Hida asada. Por unos 1200¥ los dos, ¡nos ponemos hasta arriba de los mejores ramen que hemos probado nunca!

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¡aún se me hace la boca agua al acordarme de ese ramen!

Tras la comida, cruzamos la calle hacia la estación de buses para comprar el pase combinado de bus ida y vuelta + entrada para Hida No Sato (900¥), lo compramos en las máquinas que hay fuera, puesto que dentro hay mucha cola. Tenemos que esperar una media hora larga ya que el bus acababa de pasar, pero aprovechamos el wifi de la estación para ponernos al día. Al fin llega el Sarubobo Bus… ¡¡vaya retrobus de categoría!! Mr. Green Mr. Green

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Nos subimos al piso de arriba y en unos 10 minutos estamos en Hida No Sato. Casi llegando a allí nos llama la atención un edificio dorado enorme. Tiene pinta de secta :S

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Cuando tenemos conexión a internet. miramos qué es y vemos que se trata de la sede principal de una nueva religión nacida en Takayama, “La luz de la verdad”, basada en la creencia de que Cristo estuvo en Japón y no murió crucificado como dice el catolicismo si no de anciano en Japón… sin comentarios… Os dejo enlace a su web sukyomahikarieurope.org/en/ y de Wikipedia es.wikipedia.org/wiki/… D_Mahikari por si os interesa saber más sobre el tema.

Hida Folk Village o Hida no Sato, es un museo al aire libre que exhibe más de 30 granjas y casas tradicionales de la región de Hida, distrito montañoso de la Prefectura de Gifu. Las casas fueron construidas durante el Período Edo (1603-1867) y fueron trasladadas desde sus lugares de origen hasta aquí para crear el museo en 1971. Mantiene la atmósfera de un pueblo de montaña.

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mapa del Museo

El museo cuenta con edificios como la casa del ex jefe de la aldea, del tala cabañas, almacenes y una serie de caseríos gassho-zukuri.

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La mayoría de las granjas llevan el nombre de sus techos de paja escarpadas que se asemejan a un par de manos unidas en oración (“gassho“). Algunas fueron trasladadas aquí desde la cercana Shirakawago, donde las casas gassho-zukuri son reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Todos los edificios exhibidos en el Hida Folk Village están cuidadosamente preservados y abiertos al público.

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Lo que más nos gusta de Hida, además de poder ver las casas tradicionales de la zona es el poder entrar en todas ellas, conocer cómo vivían y cómo se organizaban en estas aldeas. Todas las casas cuentan con carteles dónde explican la historia de la casa original, costumbres, cómo se construyó, etc. Además muestran herramientas y utensilios usados en la vida cotidiana de la época y tienen una arquitectura de madera única. En algunas casas imparten talleres.

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Usaban un hogar para calentar la casa, cocinar y secar la ropa. Sobre ellos, colocaban unas plataformas de hierro colgadas del techo que en caso de subir demasiado las llamas lo hacían caer sobre el fuego y lo apagaban, evitando así incendios.

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Aprendemos cómo construían esos tejados capaces de aguantar varios metros de nieve sobre ellos.

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detalle del tejado

Seguimos recorriendo el recinto y vemos que hay una gran campana traída desde un templo de la región, dicen que si la haces sonar y pides un deseo mientras dura el eco se cumple, así que allá va Carol-San a hacerla sonar Guiño

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Entre los pinos, vemos plantaciones de setas shiitake, es curioso porque esta zona es una de las que más producen y a mi se me hace la boca agua solo de recordar su sabor y aroma 😛

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También hay en lo alto de una colina un pequeño templo que normalmente está cerrado al público pero que tenemos la suerte de encontrar abierto por las fiestas del matsuri, así que podemos deleitarnos con las pinturas de sus techos.

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Vemos estas dos piedras, que según dice el cartel explicativo cada una de ellas pesa unos 70kg. Las usaban para medir la fuerza y concentración de los hombres de la aldea, ya que además de levantar el peso debían ser capaces de evitar que les resbalara (por la forma que tienen).

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Mientras recorremos el lugar, escuchamos a pocos pasos de nosotros un grito de una mujer. Nos acercamos al grupo y vemos a una japonesa que corre de un lado a otro gritando súper asustada. Uno de los hombres del grupo nos dice en inglés que han visto una serpiente y por eso la mujer grita así. Nos acercamos un poco más y se trata de una pequeña serpiente de unos 30cm de largo que corre más asustada que la mujer a esconderse. Menudas risas tiene el grupo a costa del pobre bicho y de la pobre mujer… Nosotros seguimos con el camino de vuelta a la zona de la entrada al Museo al aire libre.

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Junto al lago, tienen también unas casetas con juegos tradicionales japoneses. Nos pasamos un buen rato allí bien entretenidos… Muy feliz Antes de irnos, hacemos parada en boxes y nos tomamos unos batidos de las máquinas. ¡Riquísimo!

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¡Este lugar nos ha gustado mucho y lo recomendamos al 100%! Cumple con las 3 B (bueno, bonito y barato) Guiño

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Sobre las 16,30h estamos de vuelta en Takayama, estamos cansados por el madrugón y la caminata que llevamos ya, así que decidimos volver al hostal, hacer el check-in y echarnos un rato la siesta, hay que probar el futón de nuevo 😉

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A las 18,30h nos ponemos en marcha de nuevo, salimos a ver Takayama de noche. Paseamos por las calles comerciales cercanas al hostal y aunque teníamos pensado cenar en alguno de los restaurantes recomendados en el foro Los Viajeros, la taberna que hay frente a la estación y que a mediodía estaba cerrada, nos llama mucho la atención. Así que vamos hacia allá.

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Entramos, y la mujer que hay en la recepción nos hace quitar los zapatos y dejarlos en unas taquillas que hay junto a la entrada. Una vez descalzos, nos lleva por un largo pasillo con cubículos privados a lado y lado hasta el nuestro. (Perdonad la calidad de las fotos, las eché con mi móvil de aquella época que con poca luz hacía lo que podía…)

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los cubículos privados

Al principio nos rayamos un poco porqué pensamos que tendremos que estar arrodillados durante toda la cena frente a esas mesas bajitas que tan poco me gustan… pero disimuladamente miro cómo están los de los cubículos aledaños y veo que están sentados con las piernas en un hoyo que hay bajo la mesa, ¡¡¡uff!!! Ahora si, cómodos y más relajados, nos miramos la carta. Es una izakaya, por tanto puedes escoger menús cerrados que incluyen varias tapas, o bien coger platos sueltos. Nos decantamos por probar un poco de todo. Después de tantas cenas de kombini nos apetece algo con un poco de categoría Sacando la lengua Éstos son algunas de las que pedimos.

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Yakitori o pincho de pollo

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niguiris de salmón braseado con caviar de salmón

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wagyu de Hida (ternera premium) a la plancha con setas

Repetimos el plato de wagyu de Hida que ¡¡estaba de rechupete!! Y de postre pedimos un variado de dulces japoneses, con los que nos invitan a un chupito de shōchū riquísimo. Comemos y bebemos fenomenal por 3800¥ los dos. Es algo caro, pero de verdad que solo por probar esa ternera que se deshace en la boca ¡¡ya lo vale!!

Compramos en un Family Mart que hay cerca algo de desayuno para mañana (600¥) y nos vamos a dar un paseo por las calles principales para bajar un poco la cena y ver el ambiente tan tranquilo que se respira en esta ciudad.

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Y tras el paseo volvemos al hostal, hoy ha sido un día muy guay y mañana toca madrugar de nuevo 🙂

05/10/13: Nos vamos a territorio de los Maeda: Kanazawa

Día 9: nos adentramos en el Ura Nihon (裏日本) o el Japón más “auténtico”…

Llega un nuevo día y nosotros hoy dejamos Kyoto con mucho, mucho pesar, y es que es nuestra ciudad japonesa favorita y aunque sabemos que volveremos algún día, cuesta despedirse de ella.

Hoy nos vamos a conocer la zona de los “Alpes Japoneses” y lo digo entre comillas porqué a los más puristas no les gusta que se les llame así 😛 Como quedamos con el hijo del Sr Matsubaya, tenemos listos los papeles para el envío de las maletas hacia el hotel de Tokyo con la empresa Yamato cuando bajamos a hacer el check-out. A los alpes nos vamos solo con las mochilas, las chaquetas y los paraguas (anuncian lluvias…) para viajar más cómodos los siguientes días en los que tendremos que coger varios transportes, y enviamos el resto del equipaje hacia la gran ciudad. Hemos quedado muy contentos con el Matsubaya Inn Ryokan y sin duda lo recomendamos. Nos regalan dos pack’s de palillos como agradecimiento por nuestra estancia, ¡qué majos! Aplauso Nos despedimos del personal que lleva el ryokan con grandes reverencias acompañados por varios dōmo arigatō (muchas gracias).

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Salimos hacia la estación JR Kyoto para coger el tren que nos llevará a Kanazawa y para el que reservamos los billetes ayer en la oficina de Japan Railways. De todos los que hay, el Thunderbird es el único que va directo desde Kyoto por lo que te ahorras casi 1h de viaje… tenemos reservados los billetes para las 9,09h. Al salir del ryokan está lloviendo y hace fresquillo, suerte que nos hemos quedado con las chaquetas y los paraguas… Nos compramos algo de desayuno en las máquinas de la estación para tomarlo en el tren de camino. Cuando subes a un tren japonés, ves que el deporte nacional es dormir en ellos. Muchas veces ves que se despiertan de golpe y bajan en la siguiente parada, siempre he tenido la duda de si tienen los tiempos controlados o es que allá dónde se despiertan se bajan y luego dan la vuelta… 😛 El otro deporte nacional si se trata de viajes largos es comer, así que podéis hacerlo tranquilamente, siempre y cuando luego no dejéis basura en el tren y la depositéis en las papeleras de los andenes.

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nuestro tren

El trayecto hasta Kanazawa es muy chulo, hay unos paisajes de montaña con unos lagos espectaculares. A las 11,13h llegamos a destino. Decidimos deshacernos del equipaje aprovechando que el hotel está justo al lado de la estación y así visitar la ciudad sin cargas. Para esta noche, escogimos de nuevo un hotel de la cadena Dormy Inn Kanazawa por 13000¥ (los dos). Cuenta con baños públicos en el último piso, lavadoras a monedas y está muy bien ubicado, en la calle justo al lado de las estaciones JR y de buses. Estos hoteles suelen estar bien de precio y estupendamente ubicados, los recomiendo sin duda.

Kanazawa (金沢): A partir del siglo XV la importancia de Kanazawa creció al establecerse la poderosa y combativa secta Ikko. Durante el periodo Edo el clan Maeda (el segundo más poderoso en términos de producción de arroz y tamaño de feudo) se asentó en la ciudad. Kanazawa fue creciendo hasta convertirse en una ciudad de gran éxito cultural rivalizando con Kyoto y Tokyo. En la II Guerra Mundial, fue la segunda ciudad más grande Japón (después de Kyoto) en escapar de la destrucción de los ataques aéreos. Gracias a ello, hoy en día aún se mantienen partes de la antigua ciudad amurallada, con los distritos de los samuráis, templos y distritos de ocio y de geishas, en buenas condiciones.

El centro de la ciudad se define por Kanazawa Castle Park. Todas las atracciones principales están situadas dentro de un radio de unos dos kilómetros alrededor del parque del castillo, por lo que es posible explorar la mayor parte de la ciudad a pie. La estación JR Kanazawa por eso no es céntrica, se encuentra a unos dos kilómetros (unos cinco minutos en autobús) al noroeste del centro de la ciudad. Hay una red de autobuses que conectan la estación con el centro de la ciudad y las principales atracciones turísticas de Kanazawa. Los buses tienen un precio de tarifa plana de 200¥ por trayecto en el centro de la ciudad, o como en Kyoto, puedes comprar un bono diario de viajes ilimitados por 500¥. Hay varias líneas pero la más útil para los turistas es la del Loop Bus Kanazawa, que conecta la estación de Kanazawa en un circuito en sentido horario con la mayoría de los lugares de interés. El ticket se compra en la oficina de turismo de Kanazawa que se encuentra adherida a la estación JR y el bus se toma en la entrada principal de ésta.

Tras dejar el equipaje en el hotel (que nos lo guardan gratis), volvemos a la estación para comprar el pase diario del Loop Bus (500¥ pp) y lo tomamos para ir hacia la zona del Castillo y el Kenro-koen. Tras unos minutos de trayecto, bajamos en la parada “Kenro-koen-shita”. Justo en frente, ya vemos la muralla del castillo de Kanazawa.

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Subimos unos escalones para llegar al puente y entramos al recinto del Kanazawa-jo o castillo de Kanazawa. La entrada a éste es gratis (solo hay que pagar 300¥ si quieres acceder a las torres).

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Este castillo fue la sede del clan Maeda desde 1583 hasta el final del periodo Edo. Se quemó un par de veces a lo largo de su historia, por lo que tan solo queda en pie la Puerta Ishikawa-mon de origen.

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Desde hace varios años están trabajando en la reconstrucción de las torres, del foso, de la puerta de acceso principal al Kanazawa-jo y los almacenes del castillo. Decidimos ver solo un trozo del recinto y no pagar la entrada a las torres ya que nada más entrar al patio interior del castillo vemos que están preparando una especie de feria dentro del recinto para mañana, en los carteles ponen que se celebra el Matsuri… lástima no poder cuadrar el itinerario de otro modo para disfrutar de él 🙂

Salimos de nuevo por la Ishikawa-mon y desandamos lo andado para ir hacia el otro extremo del puente, dónde se encuentra una de las entradas al parque Kenro-koen. Pagamos la entrada (600¥ pp). Éste es considerado como uno de los tres mejores jardines de Japón. Solían ser los jardines exteriores del castillo, un jardín privado de la familia Maeda, pero no fue abierto al público hasta 1871. Dispone de varios estanques, arroyos, cascadas, puentes, casas de té y una villa samurai en su recinto.

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Su nombre, literalmente significa “jardín de las seis subliminales”, refiriéndose a la amplitud, aislamiento, artificialidad, antigüedad, abundancia de agua y amplias vistas, seis atributos que hacen de un jardín perfecto según una teoría china basada en el yin-yang.

Pasamos un buen rato deleitándonos con el lugar, e incluso nos sentamos en algún banco a observar. Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo con algunas fotos que como siempre no hacen honor al vivo y en directo. Aquí disfrutamos viendo el inicio del momiji, el momento del otoño en que las hojas de los arces se tiñen de color rojizo.

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el Kenro-koen cuenta con la lámpara de piedra más antigua de Japón

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Adherida al jardín se encuentra la Villa Seisonkaku (entrada 700¥ pp), una de las villas samurai más elegantes de Japón y construida por un señor Maeda para el retiro de su madre, durante los últimos años del periodo Edo.

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Es un gran edificio con una serie de salas con suelos de tatami construidas en dos plantas. Una de sus características más interesantes son los techos que cubren el mirador del jardín, construidos sin columnas para no interrumpir las vistas del jardín. Así como los suelos de madera que rodean la casa y dan acceso a los jardines, que como los del Castillo Nijo de Kyoto crujen al caminar sobre ellos a no ser que lo hagas muy muy despacio. Sus jardines privados nos maravillan también. Y cuenta con otra característica que no habíamos visto antes, cada estancia tiene las paredes pintadas de un color, pero colores fuertes como rojo, naranja, morado… al estilo holandés o incluso, árabe, dicen que por influencia de comerciantes extranjeros que había conocido el Sr Maeda. Este lugar nos gusta mucho, se respira paz en sus estancias y además, muestra juegos, muebles, ropas y joyas de la familia. Lástima no poder hacer fotos ni del interior ni de sus jardines porque son una pasada…

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Algo que teníamos pensado para el día de hoy era visitar el Templo Myoryuji, conocido como el Templo Ninja. El mundo ninja nos atrae a ambos, pero hay muy pocas cosas sobre ellos en Japón (no les tienen mucho aprecio que digamos… Doblemente malvado ) pero leyendo por internet vimos que había que hacer reserva telefónica previa y que solo hablan japonés, y había opiniones muy negativas de algunos visitantes, lo cuál nos echó atrás. Así que decidimos coger el bus de nuevo para acercamos a la estación, allí comemos en un restaurante italiano unas ricas pizzas (2000¥ aprox los dos) y vamos al hotel a hacer el check-in y pasar por la habitación para refrescarnos un poco, ¡hace un calor terrible!

Aunque el jardín Kenro-koen y la villa samurai nos ha gustado muchísimo, no acabamos de encontrarle el punto a esta ciudad… suponemos que es por el cansancio que llevamos encima, y el bochorno y la humedad tan fuertes que hace, aún así, decidimos darle un voto de confianza por lo que cogemos de nuevo el bus aprovechando el bono diario y nos vamos hacia Nagamachi o distrito samurai.

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Queríamos entrar a ver la casa Nomura, pero cuando llegamos el señor que hay a la entrada nos dice que ya van a cerrar y que no nos da tiempo a visitarla. Tenía apuntado de la japan-guide que cierran a las 17,30h y solo son las 16,30h así que nos quedamos descolocados… vienen otros grupos detrás nuestro y se encuentran con lo mismo, ¡vaya fiasco! Paseamos un poco por la zona y vemos que todas las casas samurai están cerradas o a punto de hacerlo :S

Tan solo podemos entrar en la Takada Family House (entrada gratis) una pequeña casa samurai que conserva los establos dónde guardaban los caballos de los samurai, un par de estancias construidas en madera y la puerta original. Contiene además un bonito jardín. Tienen carteles en inglés, así que podemos aprender un poquito más sobre los samurai.

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Seguimos caminando hacia el Museo Ashigaru, pero aunque solo son las 17h, ¡está todo cerrado ya! En esta zona nos llama la atención un centro sanitario cristiano ortodoxo con capilla incluida, es la primera iglesia cristiana que vemos en Japón Muy feliz

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La zona es bonita y bien merece un paseo, la pena es no poder visitar más casas de samurai que es la esencia del barrio…

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Decidimos acercarnos de nuevo al centro y visitar los dos santuarios principales de la ciudad a sabiendas que los santuarios no cierran Sacando la lengua Ambos son de entrada gratuita. El primero que vemos es el Oyama-jinja. Este santuario está dedicado a Maeda Toshiie, el primer señor del poderoso clan Maeda. Construido en 1599 por su sucesor en el Monte Utatsu y trasladado posteriormente a su ubicación actual. ¡Lo flipamos con la entrada! Tiene una gran torii de piedra y tras ella, ¡una puerta al más puro estilo europeo!

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La puerta fue diseñada por un arquitecto holandés usando elementos de temática religiosa europea y asiática. Sus pisos superiores fueron usados como faro, recordad que Kanazawa fue la capital portuaria del norte de Honsu. La puerta era originalmente la de entrada al palacio del castillo y fue trasladada al santuario posteriormente. En el recinto se alza una estatua de Toshiie y cuenta con diversos estanques con unas carpas enormes 😛

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Vemos que en el interior del templo hay una sacerdotisa enseñando unos cantos a otra más joven. Hay varias personas escuchándolas, y la verdad es que es algo curioso de ver, nos ponemos en una esquina para no molestar y nos quedamos un rato observándolas. También vemos a varios salaryman que vienen a hacer sus oraciones tras la jornada de trabajo. Esto es lo que más me gusta en un viaje, poder pararte a observar el día a día de la gente del lugar, poder empaparme de su verdadera esencia… 🙂

De allí, nos dirigimos al Ozaki-jinja, santuario shinto dedicado a los grandes señores Amaterasu-o-minokami, Tokugawa Ieyasu y Maeda Toshitsune, y que fue construido en 1643.

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Vemos en el mapa de la ciudad que el mercado Omicho está a pocos pasos del santuario, así que tras la visita al pequeño santuario, allá vamos. Este mercado funciona al mismo modo que la lonja de pescado Tsukiji de Tokyo. Se encuentra entre el barrio de Katamachi y la estación JR, y en él hay centenares de tiendas y restaurantes. Muchas de ellas ya han cerrado cuando llegamos, así que recorremos un par de calles y salimos hacia la calle principal de nuevo.

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No encontramos ninguna parada del Loop bus cerca, así que nos toca ir caminando hacia el hotel dónde queremos descansar un rato con la intención de luego cenar en alguno de los distritos de las geishas para poder conocer también esa zona de la ciudad. Aunque en el mapa no parecía que hubiera tanto, tardamos más de 30 minutos a pie… al fin llegamos a la estación JR y vemos la “torii” de aluminio de la entrada, que en realidad no es una torii si no un tambor tsuzumi… ¡de nada más que 13,5 metros de alto por 24 metros de ancho! Así como la fuente/reloj que con el agua y luces va formando mensajes y marcando la hora.

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Tras las fotos de rigor, nos vamos hacia el hotel a descansar un rato. No sé si por el cansancio acumulado de estos días, la caminata de hoy, la terrible humedad que hay, el calor tremendo que hemos pasado o qué… pero me empiezo a encontrar fatal, con dolor en todas las articulaciones y una sensación de agotamiento brutal… ¡como si estuviera incubando un gripazo terrible! Así que con mucho pesar decidimos pasar de largo del distrito de las geishas y dedicar el resto de la tarde a descansar. Mi marido baja a un 7/11 que hemos visto cerca a comprar la cena y el desayuno para mañana (1700¥ todo) y decidimos relajarnos y cargar las pilas.

La verdad es que las cenas de los kombini nos apañaron prácticamente a diario, por pocos yenes cenamos decentemente en la habitación de la mayoría de los alojamientos. Es una de las facilidades que pone Japón, y es que en todos ellos encontramos hervidor de agua y neverita en la habitación, y algunos incluso microondas de uso comunitario.

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hoy sopa de miso, yakisoba, bolitas de pollo empanado y arroz gohan

Cenamos pronto y tras ello, nos enfundamos los yukata de cortesía que tenemos en la habitación y nos vamos a darnos un bañito relajante al sentō (baño comunitario) del hotel. Tras un buen rato en remojo en el agua calentita para que me siento un poco menos agotada…, volvemos a la habitación y a nos vamos a dormir pronto, ¡¡espero estar mejor mañana!!

04/10/13: last day in Kyoto entre bosques de bambú…

Día 8: de vuelta a Arashiyama, nuestro barrio favorito de Kyoto.

Un nuevo día en Japón… y el último por Kyoto 😦 Nos va a dar penita dejar de nuevo esta ciudad, nuestra favorita en el país nipón. Desayunamos en la habitación y nos ponemos en marcha. Hoy pretendíamos ver primero el santuario Shimogamo y luego ir hacia Arashiyama, pero no nos acaba de quedar claro si el templo está en obras todavía o no, y estamos deseando visitar de nuevo la zona de Arashiyama, nuestro barrio favorito en esta ciudad, así que pasamos de largo del Shimogamo y nos vamos derechos a Arashiyama.

Para ir hacia esa zona hay dos opciones, coger el tren o bien, el bus pero éste último el trayecto no entra en el bono diario y tocaría pagar bastante más (ya lo probamos en el primer viaje…) así que aprovechando que tenemos los JRP activados, vamos hacia la estación JR Kyoto y cogemos el primer tren de la línea JR Sagano y bajamos en la estación JR Saga-Arashiyama. Aquí ya empezamos a recordar lugares y edificios de nuevo Mr. Green

A pocos minutos a pie de la estación, se encuentra nuestro primer templo del día, el Tenryuji. Éste es el templo más importante del distrito de Arashiyama, ocupa el primer puesto entre los cinco grandes templos zen de la ciudad y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue el templo principal de su propia escuela, la secta budista Rinzai Zen y construido en 1339 por el shogun Takauji quién dedicó el templo al emperador Go-Daigo que acababa de fallecer. Los edificios del templo han sido reconstruidos en varias ocasiones ya que sufrieron daños en varios incendios y guerras pero los jardines se conservan de origen.

Se puede acceder a tan solo uno de los edificios del templo ya que los otros los están reconstruyendo pero lo que realmente nos interesa de este lugar son sus jardines, así que sólo pagamos por ellos (500¥ pp). Nada más entrar, se rodea el edificio principal del templo, se puede ver su interior desde fuera y cuenta con un bonito jardín zen delantero.

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Seguimos rodeando el edificio y nos encontramos con un impresionante lago rodeado de plantas, flores y árboles con un bonito follaje de otoño.

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Hay varios senderos que recorren el parque y algunos suben unos cuantos metros por encima del parque, por la falda del monte de Arashiyama.

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Mientras recorres esos senderos vas encontrando lámparas de piedra, terreno cubierto de musgo y plantas y árboles de todo tipo. Así como algunas fuentes y “altares”, y algo de fauna local…

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Junto a los terrenos del templo se encuentra el bosque de bambú de Arashiyama, hay una salida del parque directo a él, pero nosotros decidimos acabar de recorrer el parque en forma circular y salir por dónde entramos.

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Así que nos acercamos de nuevo a la zona del lago y vemos las famosas puertas del edificio pintadas, una con un dragón, así como el altar con el monje.

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Salimos del templo y nos dirigimos de nuevo a la calle principal. Queremos volver a visitar nuestro templo favorito en la ciudad, poco recomendado en las guías de viaje y que descubrimos en el primer viaje gracias a un blog. Pero antes nos tomamos unos refrescos, aunque el día está medio nublado hay una humedad tremenda, con lo que de nuevo pasamos un calorazo terrible… ¡¡Cómo echo de menos estas máquinas!!

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con un par de estas bebidas haces una sobredosis de vitamina C… ¬¬’

Y ahora si, cruzamos las vías hacia la famosa calle Saga-Toriimoto que conserva el estilo de la época Meiji, con edificios machiya tradicionales (“casas de la ciudad”).  Algo que nos encanta de Kyoto es que puedes encontrar templos y santuarios en cualquier lugar, en calles recónditas o en grandes avenidas y todos tienen algún encanto.

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Nos encontramos con el templo Seiryoji (entrada gratuita) que ya conocíamos del primer viaje pero muy de pasada y del que no tenemos fotos (me quedé sin batería en la cámara cuando visitamos esta zona), así que decidimos entrar a verlo, esta vez con más calma y nos encontramos con un grupo de monjes que celebran una ceremonia.

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Los Nio o guardianes de Buda que suele haber a la entrada de los templos budistas son impresionantes…

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Recorremos el recinto de nuevo entre cánticos de monjes…

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Tras una media hora recorriendo el recinto del Seiryoji, salimos de nuevo para seguir subiendo la calle. Estamos a unos 5 minutos del templo al que nos dirigimos pero vemos que son las 14h, aprieta el hambre y recordamos que por la zona no había apenas lugares para comer, por lo que decidimos parar en el primer restaurante que encontremos para que no se nos haga muy tarde… A pocos minutos, vemos uno con pinta de chiquitín que las fotos de los platos que tienen en la calle nos parecen bien y no está mal de precio, así que decidimos entrar. El propietario nos mira algo extrañado pero muy amablemente nos indica una mesa. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos trae la carta y … ¡ESTÁ TODO EN JAPONÉS! ¡oh , oh! Pero a estas alturas no hay problema, en un segundo viaje no te agobias con ciertas cosas, y empiezas reconocer algunas palabras (soba es un tipo de fideo, ebi es langostino, sake es salmón, toro es atún, shiitake son setas, gohan es arroz…) y por señas escogemos dos platos (casi al azar) y a cruzar los dedos a ver qué hemos pedido ¡¡jajaja!! Y he aquí…

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La verdad es que están riquísimos los dos, disfrutamos de una muy buena comida por 1400¥ los dos, acompañado por un té riquísimo del que te van rellenando el vaso conforme lo vas bebiendo, y hasta nos invitan a un chupito de sake al terminar 🙂

Tras una riquísima comida, seguimos recorriendo la calle hasta llegar a la callejuela que lleva a nuestro templo favorito en esta ciudad: el Gio-ji.

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esta zona de Kyoto es poco conocida y tiene mucho encanto…

Nos fijamos que hay otro templo justo al lado que pone un cartel de “Museo” en la entrada, así que decidimos entrar a ver qué encontramos (500¥ pp). El jardín del templo nos recuerda mucho al de Gio-ji, todo cubierto de musgo. Lo siento, no recuerdo el nombre del templo pero estaba justo al lado.

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La señora de la taquilla nos pregunta si hablamos inglés y nos guía hasta el templo. Allí nos recibe un hombre que nos explica el significado de algunos símbolos budistas y nos invita a pasar a una sala que hay al lado dónde tienen una especie de museo con piezas de varios lugares pero sobretodo del Todaiji de Nara. Pero no nos enteramos de casi nada porque todas las explicaciones están solo en japonés… así que echamos un vistazo rápido, nos deleitamos un poco más con el jardín por amortizar algo los 1000¥ que hemos pagado, y con mal sabor de boca porqué nos parece un poco robo, nos vamos, ahora sí, ¡al Gio-ji de nuestros amores! Pagamos 500¥ pp la mar de gustosos y entramos. Nos es inevitable alucinar. Si lo recordábamos bonito, ¡en vivo lo es más! Se trata de un pequeño templo con un Buda de Luz pero rodeado de un jardín espectacular de altos arces y cubierto de musgo junto al bosque de bambú de Arashiyama. Y como más vale una imagen que mil palabras, aquí tenéis algunas, aunque no hacen honor al vivo y en directo.

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Recordamos que cuando estuvimos la primera vez había un gatito blanco que nos acompañó en toda la visita, vivía allí y era muy cariñoso. Nos extraña no verlo y mi marido dice que igual se ha muerto… en esas que llegamos al pequeño edificio del templo y vemos que hay un altar con fotos del gatito, juguetes y comida, y es que ¡se ha muerto este verano 😦 Nos da mucha pena, pobrete!, así que echamos unas monedas en el altar del gatito. Quizá os parezca una chorrada, pero ese gatito formaba parte del encanto y del buen recuerdo del templo y ver que ya no está nos da pena.

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Pasamos un buen rato sentados en el suelo de tatami del templo observando el jardín. Y con mucho pesar, decidimos irnos para ir a ver alguna cosa más de la zona asegurando que volveremos a este lugar en nuestra próxima visita a Kyoto…

Bajamos de nuevo por la calle principal. Recordamos del primer viaje que había un gran cementerio cerca del bosque de bambú pero no damos con él. Recorremos el sendero del bosque de bambú. Es muy agradable pasear por ahí y hay una sombra que se agradece mucho después del día de humedad y calor que ha hecho.

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Justo al llegar a las vías del tren, vemos que pasa el tren panorámico de Sagano Torokko que hace un recorrido entre Kameoka y Kyoto recorriendo la línea JR Sanin por las montañas de Kyoto. Os dejo un enlace al blog Japonismo dónde hablan sobre él por si os interesa.

Nada más  cruzar las vías del tren nos topamos con un santuario del que no habíamos leído nada en las guías. Se trata del Nonomiya-jinja Shrine, dedicado a los dioses del sol y del fuego, y de entrada gratuita. Es un santuario realmente bonito y es espectacular ver el contraste de la madera lacada en rojo con el musgo del suelo y los bambú 🙂

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Vemos unas tablas Ema muy bonitas y decidimos comprar dos (500¥ c/u) para dejar nuestro mensaje en el santuario y llevarnos un deseo a casa en ellas: “siempre llevaremos Kyoto en nuestros corazones” y “por muchos viajes más”. Colgamos una de ellas junto a las demás con una reverencia y tras habernos purificado como marca la tradición shinto, la otra nos la llevamos a casa.

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Aquí pasamos un buen rato y es bonito ver cómo va oscureciendo a través del bambú. Seguimos nuestro camino hacia la calle principal que lleva al Puente Togetsukyo que significa “puente que cruza la luna”.  Este puente de madera, cuenta con más de 100 años de antigüedad. Recordamos que la otra vez compramos unos helados muy ricos en una tienda y allá que vamos. Nos compramos un delicioso helado de soja para mi y de té verde para mi marido (300¥ c/u) y nos sentamos junto al río a comerlos mientras vemos caer el sol con la magnífica estampa del río y el Monte Arashiyama.

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Me hubiera gustado acercarnos a Kobe tal y como tenía pensado, pero estamos cansados y mañana toca madrugón, así que decidimos acabar nuestro día en Kyoto quedándonos en la ciudad. Tras un corto paseo, cogemos el tren en la estación JR Saga-Arashiyama de vuelta a la JR Kyoto. Al llegar, reservamos los billetes del tren a Kanazawa para mañana y damos una vuelta por el centro comercial Big Camera que hay al lado para mirar las réflex, cojo algunos precios de los modelos que más me llaman y nos vamos un rato a descansar al ryokan, de camino compramos unos dulces, unos refrescos y desayuno para mañana en el Lawson (800¥) para tomarlos en la habitación. Muy cerca del ryokan hay una tienda que venden souvenirs y que me miro su escaparate desde que llegamos a Kyoto, finalmente, decidimos entrar ya que vemos unos buda protectores que a mi marido le encantan, compramos uno por 800¥, ale ya tenemos otro buda para casa Mr. Green

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el escaparate

 

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nuestro buda protege la entrada de casa 🙂

Vamos a la habitación a descansar un poco y tomarnos los refrescos. Sobre las 18,30h, decidimos salir a dar una vuelta. Antes de irnos, hablamos con Matsubaya-San hijo para ver si nos gestionaría el envío de las maletas a Tokyo ya que a la zona de los alpes iremos con mochila, el chico nos pide los datos del hotel de destino y nos dice que mañana al hacer el check-in nos recoge las maletas y se ocupa él. ¡Genial!

Cogemos el metro en la estación Gojo hasta Shijo (210¥ pp) para ir a la zona comercial de Teramachi. Echamos unas fotos de la zona y nos adentramos en las calles comerciales. Nos encanta ese contraste de tiendas, restaurantes con toriis de piedra y santuarios con lámparas de papel Muy feliz

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Entramos en un par de ellos. En uno, hay una especie de marioneta que si le echas 100¥ te da un papel de la fortuna. Si es bueno te lo quedas y si es malo, lo atas en un árbol que hay junto a ella para que los dioses shinto te protejan de ella. Como es buena nos la llevamos. Ale ya tenemos otra para la colección Mr. Green Os dejo un vídeo porqué el bicho era muy gracioso…

Ya de por si, me encantan los farolillos que adornan los santuarios, pero iluminados por la noche ya me acaban de enamorar…

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Decidimos cenar unas hamburguesas en una cadena que hemos visto en varios lugares, la First Kitchen por 1000¥ los dos, no están mal pero tampoco matan… Tras la cena, caminamos de vuelta a Shijo-Dori por las calles comerciales. A estas horas ya van cerrando muchos puestos.

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En Shijo-Dori cogemos el bus nº5 que nos deja entre la parada del metro Gojo, a pocos minutos a pie del ryokan (220¥ pp). Una vez en la habitación preparamos las mochilas, cerramos las maletas, ducha, llamadita y a dormir que mañana nos vamos a conocer otra zona 🙂