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08/10/13: Matsumoto, su castillo cuervo y de vuelta a la gran metrópolis

Día 12: visitamos Matsumoto y regresamos a… ¡¡Tokyo!!

Hoy nos levantamos muy temprano para cambiar de nuevo de destino: nos vamos a Matsumoto y después a la big city Aplauso Aplauso

A pesar de que seguimos con el JRP activo, decidimos hacer el trayecto de Takayama a Matsumoto con los buses de la compañía Nohi ya que nos acorta en más de 2h el tiempo de viaje. Ayer preguntamos en la estación de buses y nos dijeron que no era necesario reservar asiento. Por lo que madrugamos bastante, desayunamos en la habitación lo comprado ayer, recogemos las cosas, hacemos el check-out estilo Japón (dejar la llave en una cesta en recepción) y nos vamos para la estación de buses.

Compramos los billetes (3100¥ pp) y a las 7,50h ponemos rumbo a Matsumoto. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno. Pasamos por zonas boscosas en las que se empieza a ver el momiji y el contraste de colores en el follaje de los árboles, lagos, ríos y cascadas humeantes. A mitad de camino, el bus hace una parada en una zona de onsens y nos dan 15 minutos para poder ir al baño. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos un cafelillo en las máquinas. Tras la pausa seguimos el camino. A las 10,10h llegamos a Matsumoto. Nos acercamos hasta la estación JR Matsumoto (frente a la estación de buses) y dejamos las mochilas en una consigna (400¥) así podremos hacer la visita sin cargas.

Matsumoto (松本): Es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Nagano. Conocida por Matsumoto-jo, uno de los castillos que se conservan de origen en Japón. Podrás disfrutar de un ambiente relajado y cosmopolita a la vez.

A pesar de que hay varias cosas por visitar en Matsumoto, decidimos ver lo más imprescindible y coger el tren de mediodía para poder llegar a Tokyo a media tarde. Así que nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y nos ponemos en marcha. No hay demasiada distancia entre la estación y los sitios que queremos visitar por lo que prescindiremos del transporte público. Caminamos durante unos 15-20 minutos hasta llegar al castillo. De nuevo me maravillan las artísticas tapas de alcantarilla de Japón Heart

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La construcción del Castillo data de la era Sengoku, por Toyotomi Hideyoshi entre 1594-1597 como un fuerte bajo el nombre de Castillo Fukashi. En 1872, siguiendo la restauración Meiji, el castillo fue vendido en una subasta, y corrió riesgo de ser desmantelado. Hoy día, es considerado Tesoro Nacional y es conocido como el Castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros, es uno de los mayores exponentes del arte hirajiro (castillo construido sobre una llanura y no sobre una colina).

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Pagamos la entrada que incluye el City Museum (600¥ pp). Nos maravilla el entorno dónde está construido el castillo, situado en la llanura de Matsumoto y rodeado de un gran foso. Dicen que las tierras sobre las que se posa, son tierras pantanosas que obligaron a los constructores a hacer estructuras muy sólidas, usando largos maderos fijados en el suelo y apoyarlo sobre muros de piedra de 7 metros. Su altura alcanza 30m distribuidos en seis plantas.

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Vemos que en los alrededores del castillo están montando casetas como para una feria o un mercadillo que dificulta la visita… así que nos vamos directos hacia los jardines del castillo. A pesar de que una de sus torres está tapada por una lona (están haciendo trabajos de restauración), disfrutamos de su bella vista.

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Nos acercamos hasta el edificio y entramos en su interior tras descalzarnos. Vamos subiendo plantas y visitando las exposiciones de armas, artefactos y armaduras que se exponen. La mayoría de las explicaciones están en japonés, pero encontramos algunos carteles en inglés. Me llama la atención este kit para quitar metralla… deformación profesional ¡jaja!

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Es increíble, caminar por los suelos de madera pulida e ir subiendo por las distintas plantas a la vez que piensas en cómo debía ser estar en el castillo en aquella época. A pesar de que hemos estado en otros castillos japoneses, éste nos gusta mucho y nos gusta saber que es uno de los tres que se conservan de origen.

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La vista de los jardines desde las ventanas empieza a ser bonita, y podemos ver con detalle los tejados y su elaborada ornamentación.

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Para acceder a los últimos pisos hay un poco de cola ya que los escalones son muy empinados, ¡casi 60cm de altura entre escalones por lo que cuesta subirlos! Al fin, llegamos a lo más alto desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad, del puente de madera lacada (que están reconstruyendo) y de los alpes japoneses.

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Bajamos de nuevo hacia los jardines. Sabemos que hay alguna cosa más para ver en el recinto del castillo, pero como están haciendo obras en algunas torres y en el puente dificultan el acceso al resto de jardines, por lo que decidimos dar por concluida la visita… Salimos del jardín y volvemos a la zona del foso. Hay un gran parque junto al castillo pero no nos podemos acercar bien por las casetas que están montando -entendemos que celebrarán algo en breve-, así que nos conformamos con ver el castillo desde este punto, nos echamos unas fotos y nos deleitamos con las vistas de la construcción.

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Vamos al Museo y la chica nos dice que solo podemos ver dos plantas con la entrada combinada del castillo, si queremos ver más tendremos que pagar un extra. Mientras nos lo pensamos, accedemos a la parte que si podemos visitar. Hay una exposición de armas y armadura, alguna maqueta del castillo y planos de su construcción, así como las estatuas de pececillo que hay en lo alto del castillo. Toda la información está en japonés, lo cuál dificulta la visita.

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También se exponen objetos antiguos, cosas sobre el kabuki, amuletos, dioses, navegación y ¡hasta un camión de bomberos de época!

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Como toda la información está en japo no nos enteramos de mucho, por lo que decidimos no pagar el extra e ir hacia la calle comercial. De camino a ella encontramos un edificio muy tradicional entre bloques, así como algunos amuletos.

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Visitamos un santuario de camino, el Yohashira Jinja, dedicado a los Zouka Sanshin o los tres dioses creadores. Tiene una gran torii de metal a la entrada que es feucha, pero el santuario me pareció bonito y muy tranquilo, apenas había visitantes.

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Seguimos hacia la calle comercial Nakamachi-dori, conocida como la calle de las ranas y que cuenta con varias tiendas de artesanía y restaurantes.

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Y ¿porqué tantas ranas? La calle se llama “kaeru”, que en japonés tiene muchísimos significados entre ellos “rana”, “volver/regresar” y “poder comprar”, como véis el idioma japonés tiene muchísimas palabras homófonas. Los locales usan el nombre de la calle con los tres significados, por ese motivo la calle está repleta de estatuas de ranas, de tiendas donde comprar y al final del paseo vuelven a casa. A raíz del juego de palabras que supone “kaeru”, es costumbre llevar una ranita en el monedero o cartera para que “el dinero que se gasta, regrese”. Como podéis ver, ¡los japos son muy supersticiosos!

Y ahora si, tras unos 10 minutos de paseo y encontrándonos hasta con un tablao flamenco, llegamos a la estación JR Matsumoto de nuevo.

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Miramos los horarios de los trenes y vemos que hay uno para Shinjuku directo a las 13,47h y ese es nuestro objetivo. Aprovechamos que nos falta 1h para ir a comer unas tempuras con su arroz y su sopa de miso riquísimas en la misma estación (1600¥ los dos).

Sin mucha demora recogemos las mochilas de la consigna y nos vamos hacia los andenes. Aquí pasamos un poco de mal rato porqué las indicaciones de los trenes (tanto en el suelo del andén como en las pantallas) sólo está en japonés. Por suerte, mi marido que es un amante de los trenes, reconoce el modelo del tren que tenemos que tomar y allá que vamos hacia las señalizaciones correctas en el suelo del andén. Cuando llega el tren, le preguntamos a un supervisor de Japan Railways por los vagones de no reservado y subimos. Nos acomodamos y puntual como todos los transportes en Japón, salimos hacia nuestra nueva nueva base, ¡¡¡Tokyo!!! Mr. Green

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Interior del tren

De camino, dormimos un ratito y nos despertamos ¡¡¡¡justo a tiempo de ver el Fuji, menuda alegría!!!! Aplauso Aplauso Aplauso Las fotos no son de muy buena calidad, pensad que estaba lejos, con el móvil de la época y en movimiento… pero para que os hagáis una idea y podáis distinguirlo vosotros también si viajáis en tren por la zona.

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Reconocemos la estación de Odawara de nuestro primer viaje cuando fuimos a Hakone… y conforme el tren se acerca a Tokyo nos entra la emoción de nuevo… saber que volvemos a Tokyo, que disfrutaremos de nuevo de la ciudad e ir reconociendo edificios en Shinjuku… ¡¡los pelos de punta!! Heart

Tokyo (東京): Es la capital de Japón y una de las ciudades más pobladas del mundo. Consta de 23 distritos centrales y varias ciudades anexas. Conocida como Edo antes de 1868, y convertida en 1603 en el centro político de Japón, cuando Tokugawa Ieyasu estableció su gobierno feudal allí. Con la Restauración Meiji de 1868, el emperador y la capital se mudaron desde Kyoto a Edo que pasó a llamarse Tokyo (“capital del este”). Grandes partes de Tokyo fueron destruidas en el gran terremoto de Kanto de 1923 y en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Hoy, la metrópolis ofrece una selección ilimitada de compras, entretenimiento, cultura y restaurantes, a la vez que conserva partes con mucha historia, así como grandes zonas verdes.

A las 16,39h llegamos a la estación JR Shinjuku y nos os podéis imaginar qué sensación Heart A pesar de ser la estación que más miedo da a los viajeros por ser la más transitada del mundo a nosotros nos encanta estar aquí y como peces por el agua, en seguida damos con la línea JR Yamanote para ir hacia el hotel. La experiencia es un grado y aquí se nota ¡mucho! Riendo

Qué pasada volver a estar en esta línea de tren, vamos viendo las estaciones y los edificios por dónde pasa, y vamos recordando cosas del primer viaje… “aquí compramos esto… aquí vimos aquello… ¿te acuerdas de esta tienda?… aquí fue dónde…” ¡Nos pasó igual que en Kyoto! Tras unos 30 minutos de viaje, llegamos a la estación JR Shimbashi. Salimos hacia Shiodome por el túnel subterráneo que comunica ambas estaciones para llegar hasta nuestro hotel. Para la estancia en Tokyo, nos decantamos por el hotel Villa Fontaine Shiodome (por 105000¥ en habitación doble con desayuno incluido por 7 noches) y en el cual habíamos pasado la última noche de nuestro primer viaje y en el que estuvimos la mar de a gusto. Además está muy bien comunicado con varias líneas de metro y tren JR, y rodeado de restaurantes y centros comerciales.

De nuevo, mil recuerdos vienen a nuestra mente mientras recorremos este pasillo subterráneo y llegamos al hotel… hasta que nos viene a la cabeza la pregunta del millón: ¿¡habrán llegado las maletas y el sake?! Mr. Green Nos dirigimos a la recepción para hacer el check-in. Recordaros que es costumbre en Japón pagar la estancia en los alojamientos al hacer el check-in, lo cuál agiliza luego la salida el último día. La chica de recepción nos dice que tenemos en nuestra habitación las maletas y un paquete esperándonos. ¿¿¡¡He dicho ya que adoro este país??!! Aplauso Aplauso

Alucinamos un montón y es que nos han dado casi la misma habitación, mismo número pero en un piso menos que la otra vez, estamos contentos porqué disfrutaremos de las mismas vistas sobre las múltiples líneas de tren que pasan por delante, viendo trenes de todo tipo 🙂

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¡¡nuestro sake!!

 

Descargamos las mil cosas que llevamos encima y aprovechamos el wifi de la habitación para mirar el correo a ver si Augusto (de Rutafujitours) nos ha escrito… y efectivamente, tengo un mail suyo en el que nos dice que se prevé mal tiempo para el día que tenemos reservada la visita a la zona del Fuji y nos pregunta si podemos cambiarlo al jueves, le contesto que sin problema y sin perder tiempo nos vamos a disfrutar de Tokyo.

Primera parada: ¡Akihabara! Mr. Green ¿¡Cómo no?! Tras un corto trayecto con la línea JR Yamanote, llegamos al barrio de la electrónica, el cómic, el ocio y el vicio en general 🙂

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La idea es comprar una cámara de fotos réflex aprovechando que el cambio con el yen está genial. Nos recorremos varias tiendas (Yodobashi, Map Camera, Big Camera, Tokyu…) así como tiendecitas pequeñas de primera y segunda mano, comparando precios y modelos, me voy anotando aquellos que me interesan y tras una comprobación por internet en los próximos días iré a por ella.

Tras más de 2h de caminata, mirando y remirando, decidimos cenar en un McDonnalds (1300¥ los dos) y volver al hotel que entre el madrugón, el tute de bus y tren, y la caminata de todo el día estamos cansadísimos… Llamadita a los nuestros para contarles lo emocionados que nos sentimos de volver a estar en Tokyo, ducha y a dormir sleep

04/10/13: last day in Kyoto entre bosques de bambú…

Día 8: de vuelta a Arashiyama, nuestro barrio favorito de Kyoto.

Un nuevo día en Japón… y el último por Kyoto 😦 Nos va a dar penita dejar de nuevo esta ciudad, nuestra favorita en el país nipón. Desayunamos en la habitación y nos ponemos en marcha. Hoy pretendíamos ver primero el santuario Shimogamo y luego ir hacia Arashiyama, pero no nos acaba de quedar claro si el templo está en obras todavía o no, y estamos deseando visitar de nuevo la zona de Arashiyama, nuestro barrio favorito en esta ciudad, así que pasamos de largo del Shimogamo y nos vamos derechos a Arashiyama.

Para ir hacia esa zona hay dos opciones, coger el tren o bien, el bus pero éste último el trayecto no entra en el bono diario y tocaría pagar bastante más (ya lo probamos en el primer viaje…) así que aprovechando que tenemos los JRP activados, vamos hacia la estación JR Kyoto y cogemos el primer tren de la línea JR Sagano y bajamos en la estación JR Saga-Arashiyama. Aquí ya empezamos a recordar lugares y edificios de nuevo Mr. Green

A pocos minutos a pie de la estación, se encuentra nuestro primer templo del día, el Tenryuji. Éste es el templo más importante del distrito de Arashiyama, ocupa el primer puesto entre los cinco grandes templos zen de la ciudad y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue el templo principal de su propia escuela, la secta budista Rinzai Zen y construido en 1339 por el shogun Takauji quién dedicó el templo al emperador Go-Daigo que acababa de fallecer. Los edificios del templo han sido reconstruidos en varias ocasiones ya que sufrieron daños en varios incendios y guerras pero los jardines se conservan de origen.

Se puede acceder a tan solo uno de los edificios del templo ya que los otros los están reconstruyendo pero lo que realmente nos interesa de este lugar son sus jardines, así que sólo pagamos por ellos (500¥ pp). Nada más entrar, se rodea el edificio principal del templo, se puede ver su interior desde fuera y cuenta con un bonito jardín zen delantero.

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Seguimos rodeando el edificio y nos encontramos con un impresionante lago rodeado de plantas, flores y árboles con un bonito follaje de otoño.

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Hay varios senderos que recorren el parque y algunos suben unos cuantos metros por encima del parque, por la falda del monte de Arashiyama.

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Mientras recorres esos senderos vas encontrando lámparas de piedra, terreno cubierto de musgo y plantas y árboles de todo tipo. Así como algunas fuentes y “altares”, y algo de fauna local…

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Junto a los terrenos del templo se encuentra el bosque de bambú de Arashiyama, hay una salida del parque directo a él, pero nosotros decidimos acabar de recorrer el parque en forma circular y salir por dónde entramos.

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Así que nos acercamos de nuevo a la zona del lago y vemos las famosas puertas del edificio pintadas, una con un dragón, así como el altar con el monje.

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Salimos del templo y nos dirigimos de nuevo a la calle principal. Queremos volver a visitar nuestro templo favorito en la ciudad, poco recomendado en las guías de viaje y que descubrimos en el primer viaje gracias a un blog. Pero antes nos tomamos unos refrescos, aunque el día está medio nublado hay una humedad tremenda, con lo que de nuevo pasamos un calorazo terrible… ¡¡Cómo echo de menos estas máquinas!!

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con un par de estas bebidas haces una sobredosis de vitamina C… ¬¬’

Y ahora si, cruzamos las vías hacia la famosa calle Saga-Toriimoto que conserva el estilo de la época Meiji, con edificios machiya tradicionales (“casas de la ciudad”).  Algo que nos encanta de Kyoto es que puedes encontrar templos y santuarios en cualquier lugar, en calles recónditas o en grandes avenidas y todos tienen algún encanto.

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Nos encontramos con el templo Seiryoji (entrada gratuita) que ya conocíamos del primer viaje pero muy de pasada y del que no tenemos fotos (me quedé sin batería en la cámara cuando visitamos esta zona), así que decidimos entrar a verlo, esta vez con más calma y nos encontramos con un grupo de monjes que celebran una ceremonia.

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Los Nio o guardianes de Buda que suele haber a la entrada de los templos budistas son impresionantes…

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Recorremos el recinto de nuevo entre cánticos de monjes…

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Tras una media hora recorriendo el recinto del Seiryoji, salimos de nuevo para seguir subiendo la calle. Estamos a unos 5 minutos del templo al que nos dirigimos pero vemos que son las 14h, aprieta el hambre y recordamos que por la zona no había apenas lugares para comer, por lo que decidimos parar en el primer restaurante que encontremos para que no se nos haga muy tarde… A pocos minutos, vemos uno con pinta de chiquitín que las fotos de los platos que tienen en la calle nos parecen bien y no está mal de precio, así que decidimos entrar. El propietario nos mira algo extrañado pero muy amablemente nos indica una mesa. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos trae la carta y … ¡ESTÁ TODO EN JAPONÉS! ¡oh , oh! Pero a estas alturas no hay problema, en un segundo viaje no te agobias con ciertas cosas, y empiezas reconocer algunas palabras (soba es un tipo de fideo, ebi es langostino, sake es salmón, toro es atún, shiitake son setas, gohan es arroz…) y por señas escogemos dos platos (casi al azar) y a cruzar los dedos a ver qué hemos pedido ¡¡jajaja!! Y he aquí…

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La verdad es que están riquísimos los dos, disfrutamos de una muy buena comida por 1400¥ los dos, acompañado por un té riquísimo del que te van rellenando el vaso conforme lo vas bebiendo, y hasta nos invitan a un chupito de sake al terminar 🙂

Tras una riquísima comida, seguimos recorriendo la calle hasta llegar a la callejuela que lleva a nuestro templo favorito en esta ciudad: el Gio-ji.

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esta zona de Kyoto es poco conocida y tiene mucho encanto…

Nos fijamos que hay otro templo justo al lado que pone un cartel de “Museo” en la entrada, así que decidimos entrar a ver qué encontramos (500¥ pp). El jardín del templo nos recuerda mucho al de Gio-ji, todo cubierto de musgo. Lo siento, no recuerdo el nombre del templo pero estaba justo al lado.

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La señora de la taquilla nos pregunta si hablamos inglés y nos guía hasta el templo. Allí nos recibe un hombre que nos explica el significado de algunos símbolos budistas y nos invita a pasar a una sala que hay al lado dónde tienen una especie de museo con piezas de varios lugares pero sobretodo del Todaiji de Nara. Pero no nos enteramos de casi nada porque todas las explicaciones están solo en japonés… así que echamos un vistazo rápido, nos deleitamos un poco más con el jardín por amortizar algo los 1000¥ que hemos pagado, y con mal sabor de boca porqué nos parece un poco robo, nos vamos, ahora sí, ¡al Gio-ji de nuestros amores! Pagamos 500¥ pp la mar de gustosos y entramos. Nos es inevitable alucinar. Si lo recordábamos bonito, ¡en vivo lo es más! Se trata de un pequeño templo con un Buda de Luz pero rodeado de un jardín espectacular de altos arces y cubierto de musgo junto al bosque de bambú de Arashiyama. Y como más vale una imagen que mil palabras, aquí tenéis algunas, aunque no hacen honor al vivo y en directo.

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Recordamos que cuando estuvimos la primera vez había un gatito blanco que nos acompañó en toda la visita, vivía allí y era muy cariñoso. Nos extraña no verlo y mi marido dice que igual se ha muerto… en esas que llegamos al pequeño edificio del templo y vemos que hay un altar con fotos del gatito, juguetes y comida, y es que ¡se ha muerto este verano 😦 Nos da mucha pena, pobrete!, así que echamos unas monedas en el altar del gatito. Quizá os parezca una chorrada, pero ese gatito formaba parte del encanto y del buen recuerdo del templo y ver que ya no está nos da pena.

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Pasamos un buen rato sentados en el suelo de tatami del templo observando el jardín. Y con mucho pesar, decidimos irnos para ir a ver alguna cosa más de la zona asegurando que volveremos a este lugar en nuestra próxima visita a Kyoto…

Bajamos de nuevo por la calle principal. Recordamos del primer viaje que había un gran cementerio cerca del bosque de bambú pero no damos con él. Recorremos el sendero del bosque de bambú. Es muy agradable pasear por ahí y hay una sombra que se agradece mucho después del día de humedad y calor que ha hecho.

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Justo al llegar a las vías del tren, vemos que pasa el tren panorámico de Sagano Torokko que hace un recorrido entre Kameoka y Kyoto recorriendo la línea JR Sanin por las montañas de Kyoto. Os dejo un enlace al blog Japonismo dónde hablan sobre él por si os interesa.

Nada más  cruzar las vías del tren nos topamos con un santuario del que no habíamos leído nada en las guías. Se trata del Nonomiya-jinja Shrine, dedicado a los dioses del sol y del fuego, y de entrada gratuita. Es un santuario realmente bonito y es espectacular ver el contraste de la madera lacada en rojo con el musgo del suelo y los bambú 🙂

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Vemos unas tablas Ema muy bonitas y decidimos comprar dos (500¥ c/u) para dejar nuestro mensaje en el santuario y llevarnos un deseo a casa en ellas: “siempre llevaremos Kyoto en nuestros corazones” y “por muchos viajes más”. Colgamos una de ellas junto a las demás con una reverencia y tras habernos purificado como marca la tradición shinto, la otra nos la llevamos a casa.

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Aquí pasamos un buen rato y es bonito ver cómo va oscureciendo a través del bambú. Seguimos nuestro camino hacia la calle principal que lleva al Puente Togetsukyo que significa “puente que cruza la luna”.  Este puente de madera, cuenta con más de 100 años de antigüedad. Recordamos que la otra vez compramos unos helados muy ricos en una tienda y allá que vamos. Nos compramos un delicioso helado de soja para mi y de té verde para mi marido (300¥ c/u) y nos sentamos junto al río a comerlos mientras vemos caer el sol con la magnífica estampa del río y el Monte Arashiyama.

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Me hubiera gustado acercarnos a Kobe tal y como tenía pensado, pero estamos cansados y mañana toca madrugón, así que decidimos acabar nuestro día en Kyoto quedándonos en la ciudad. Tras un corto paseo, cogemos el tren en la estación JR Saga-Arashiyama de vuelta a la JR Kyoto. Al llegar, reservamos los billetes del tren a Kanazawa para mañana y damos una vuelta por el centro comercial Big Camera que hay al lado para mirar las réflex, cojo algunos precios de los modelos que más me llaman y nos vamos un rato a descansar al ryokan, de camino compramos unos dulces, unos refrescos y desayuno para mañana en el Lawson (800¥) para tomarlos en la habitación. Muy cerca del ryokan hay una tienda que venden souvenirs y que me miro su escaparate desde que llegamos a Kyoto, finalmente, decidimos entrar ya que vemos unos buda protectores que a mi marido le encantan, compramos uno por 800¥, ale ya tenemos otro buda para casa Mr. Green

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el escaparate

 

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nuestro buda protege la entrada de casa 🙂

Vamos a la habitación a descansar un poco y tomarnos los refrescos. Sobre las 18,30h, decidimos salir a dar una vuelta. Antes de irnos, hablamos con Matsubaya-San hijo para ver si nos gestionaría el envío de las maletas a Tokyo ya que a la zona de los alpes iremos con mochila, el chico nos pide los datos del hotel de destino y nos dice que mañana al hacer el check-in nos recoge las maletas y se ocupa él. ¡Genial!

Cogemos el metro en la estación Gojo hasta Shijo (210¥ pp) para ir a la zona comercial de Teramachi. Echamos unas fotos de la zona y nos adentramos en las calles comerciales. Nos encanta ese contraste de tiendas, restaurantes con toriis de piedra y santuarios con lámparas de papel Muy feliz

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Entramos en un par de ellos. En uno, hay una especie de marioneta que si le echas 100¥ te da un papel de la fortuna. Si es bueno te lo quedas y si es malo, lo atas en un árbol que hay junto a ella para que los dioses shinto te protejan de ella. Como es buena nos la llevamos. Ale ya tenemos otra para la colección Mr. Green Os dejo un vídeo porqué el bicho era muy gracioso…

Ya de por si, me encantan los farolillos que adornan los santuarios, pero iluminados por la noche ya me acaban de enamorar…

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Decidimos cenar unas hamburguesas en una cadena que hemos visto en varios lugares, la First Kitchen por 1000¥ los dos, no están mal pero tampoco matan… Tras la cena, caminamos de vuelta a Shijo-Dori por las calles comerciales. A estas horas ya van cerrando muchos puestos.

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En Shijo-Dori cogemos el bus nº5 que nos deja entre la parada del metro Gojo, a pocos minutos a pie del ryokan (220¥ pp). Una vez en la habitación preparamos las mochilas, cerramos las maletas, ducha, llamadita y a dormir que mañana nos vamos a conocer otra zona 🙂

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