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05/10/13: Nos vamos a territorio de los Maeda: Kanazawa

Día 9: nos adentramos en el Ura Nihon (裏日本) o el Japón más “auténtico”…

Llega un nuevo día y nosotros hoy dejamos Kyoto con mucho, mucho pesar, y es que es nuestra ciudad japonesa favorita y aunque sabemos que volveremos algún día, cuesta despedirse de ella.

Hoy nos vamos a conocer la zona de los “Alpes Japoneses” y lo digo entre comillas porqué a los más puristas no les gusta que se les llame así 😛 Como quedamos con el hijo del Sr Matsubaya, tenemos listos los papeles para el envío de las maletas hacia el hotel de Tokyo con la empresa Yamato cuando bajamos a hacer el check-out. A los alpes nos vamos solo con las mochilas, las chaquetas y los paraguas (anuncian lluvias…) para viajar más cómodos los siguientes días en los que tendremos que coger varios transportes, y enviamos el resto del equipaje hacia la gran ciudad. Hemos quedado muy contentos con el Matsubaya Inn Ryokan y sin duda lo recomendamos. Nos regalan dos pack’s de palillos como agradecimiento por nuestra estancia, ¡qué majos! Aplauso Nos despedimos del personal que lleva el ryokan con grandes reverencias acompañados por varios dōmo arigatō (muchas gracias).

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Salimos hacia la estación JR Kyoto para coger el tren que nos llevará a Kanazawa y para el que reservamos los billetes ayer en la oficina de Japan Railways. De todos los que hay, el Thunderbird es el único que va directo desde Kyoto por lo que te ahorras casi 1h de viaje… tenemos reservados los billetes para las 9,09h. Al salir del ryokan está lloviendo y hace fresquillo, suerte que nos hemos quedado con las chaquetas y los paraguas… Nos compramos algo de desayuno en las máquinas de la estación para tomarlo en el tren de camino. Cuando subes a un tren japonés, ves que el deporte nacional es dormir en ellos. Muchas veces ves que se despiertan de golpe y bajan en la siguiente parada, siempre he tenido la duda de si tienen los tiempos controlados o es que allá dónde se despiertan se bajan y luego dan la vuelta… 😛 El otro deporte nacional si se trata de viajes largos es comer, así que podéis hacerlo tranquilamente, siempre y cuando luego no dejéis basura en el tren y la depositéis en las papeleras de los andenes.

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nuestro tren

El trayecto hasta Kanazawa es muy chulo, hay unos paisajes de montaña con unos lagos espectaculares. A las 11,13h llegamos a destino. Decidimos deshacernos del equipaje aprovechando que el hotel está justo al lado de la estación y así visitar la ciudad sin cargas. Para esta noche, escogimos de nuevo un hotel de la cadena Dormy Inn Kanazawa por 13000¥ (los dos). Cuenta con baños públicos en el último piso, lavadoras a monedas y está muy bien ubicado, en la calle justo al lado de las estaciones JR y de buses. Estos hoteles suelen estar bien de precio y estupendamente ubicados, los recomiendo sin duda.

Kanazawa (金沢): A partir del siglo XV la importancia de Kanazawa creció al establecerse la poderosa y combativa secta Ikko. Durante el periodo Edo el clan Maeda (el segundo más poderoso en términos de producción de arroz y tamaño de feudo) se asentó en la ciudad. Kanazawa fue creciendo hasta convertirse en una ciudad de gran éxito cultural rivalizando con Kyoto y Tokyo. En la II Guerra Mundial, fue la segunda ciudad más grande Japón (después de Kyoto) en escapar de la destrucción de los ataques aéreos. Gracias a ello, hoy en día aún se mantienen partes de la antigua ciudad amurallada, con los distritos de los samuráis, templos y distritos de ocio y de geishas, en buenas condiciones.

El centro de la ciudad se define por Kanazawa Castle Park. Todas las atracciones principales están situadas dentro de un radio de unos dos kilómetros alrededor del parque del castillo, por lo que es posible explorar la mayor parte de la ciudad a pie. La estación JR Kanazawa por eso no es céntrica, se encuentra a unos dos kilómetros (unos cinco minutos en autobús) al noroeste del centro de la ciudad. Hay una red de autobuses que conectan la estación con el centro de la ciudad y las principales atracciones turísticas de Kanazawa. Los buses tienen un precio de tarifa plana de 200¥ por trayecto en el centro de la ciudad, o como en Kyoto, puedes comprar un bono diario de viajes ilimitados por 500¥. Hay varias líneas pero la más útil para los turistas es la del Loop Bus Kanazawa, que conecta la estación de Kanazawa en un circuito en sentido horario con la mayoría de los lugares de interés. El ticket se compra en la oficina de turismo de Kanazawa que se encuentra adherida a la estación JR y el bus se toma en la entrada principal de ésta.

Tras dejar el equipaje en el hotel (que nos lo guardan gratis), volvemos a la estación para comprar el pase diario del Loop Bus (500¥ pp) y lo tomamos para ir hacia la zona del Castillo y el Kenro-koen. Tras unos minutos de trayecto, bajamos en la parada “Kenro-koen-shita”. Justo en frente, ya vemos la muralla del castillo de Kanazawa.

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Subimos unos escalones para llegar al puente y entramos al recinto del Kanazawa-jo o castillo de Kanazawa. La entrada a éste es gratis (solo hay que pagar 300¥ si quieres acceder a las torres).

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Este castillo fue la sede del clan Maeda desde 1583 hasta el final del periodo Edo. Se quemó un par de veces a lo largo de su historia, por lo que tan solo queda en pie la Puerta Ishikawa-mon de origen.

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Desde hace varios años están trabajando en la reconstrucción de las torres, del foso, de la puerta de acceso principal al Kanazawa-jo y los almacenes del castillo. Decidimos ver solo un trozo del recinto y no pagar la entrada a las torres ya que nada más entrar al patio interior del castillo vemos que están preparando una especie de feria dentro del recinto para mañana, en los carteles ponen que se celebra el Matsuri… lástima no poder cuadrar el itinerario de otro modo para disfrutar de él 🙂

Salimos de nuevo por la Ishikawa-mon y desandamos lo andado para ir hacia el otro extremo del puente, dónde se encuentra una de las entradas al parque Kenro-koen. Pagamos la entrada (600¥ pp). Éste es considerado como uno de los tres mejores jardines de Japón. Solían ser los jardines exteriores del castillo, un jardín privado de la familia Maeda, pero no fue abierto al público hasta 1871. Dispone de varios estanques, arroyos, cascadas, puentes, casas de té y una villa samurai en su recinto.

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Su nombre, literalmente significa “jardín de las seis subliminales”, refiriéndose a la amplitud, aislamiento, artificialidad, antigüedad, abundancia de agua y amplias vistas, seis atributos que hacen de un jardín perfecto según una teoría china basada en el yin-yang.

Pasamos un buen rato deleitándonos con el lugar, e incluso nos sentamos en algún banco a observar. Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo con algunas fotos que como siempre no hacen honor al vivo y en directo. Aquí disfrutamos viendo el inicio del momiji, el momento del otoño en que las hojas de los arces se tiñen de color rojizo.

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el Kenro-koen cuenta con la lámpara de piedra más antigua de Japón

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Adherida al jardín se encuentra la Villa Seisonkaku (entrada 700¥ pp), una de las villas samurai más elegantes de Japón y construida por un señor Maeda para el retiro de su madre, durante los últimos años del periodo Edo.

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Es un gran edificio con una serie de salas con suelos de tatami construidas en dos plantas. Una de sus características más interesantes son los techos que cubren el mirador del jardín, construidos sin columnas para no interrumpir las vistas del jardín. Así como los suelos de madera que rodean la casa y dan acceso a los jardines, que como los del Castillo Nijo de Kyoto crujen al caminar sobre ellos a no ser que lo hagas muy muy despacio. Sus jardines privados nos maravillan también. Y cuenta con otra característica que no habíamos visto antes, cada estancia tiene las paredes pintadas de un color, pero colores fuertes como rojo, naranja, morado… al estilo holandés o incluso, árabe, dicen que por influencia de comerciantes extranjeros que había conocido el Sr Maeda. Este lugar nos gusta mucho, se respira paz en sus estancias y además, muestra juegos, muebles, ropas y joyas de la familia. Lástima no poder hacer fotos ni del interior ni de sus jardines porque son una pasada…

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Algo que teníamos pensado para el día de hoy era visitar el Templo Myoryuji, conocido como el Templo Ninja. El mundo ninja nos atrae a ambos, pero hay muy pocas cosas sobre ellos en Japón (no les tienen mucho aprecio que digamos… Doblemente malvado ) pero leyendo por internet vimos que había que hacer reserva telefónica previa y que solo hablan japonés, y había opiniones muy negativas de algunos visitantes, lo cuál nos echó atrás. Así que decidimos coger el bus de nuevo para acercamos a la estación, allí comemos en un restaurante italiano unas ricas pizzas (2000¥ aprox los dos) y vamos al hotel a hacer el check-in y pasar por la habitación para refrescarnos un poco, ¡hace un calor terrible!

Aunque el jardín Kenro-koen y la villa samurai nos ha gustado muchísimo, no acabamos de encontrarle el punto a esta ciudad… suponemos que es por el cansancio que llevamos encima, y el bochorno y la humedad tan fuertes que hace, aún así, decidimos darle un voto de confianza por lo que cogemos de nuevo el bus aprovechando el bono diario y nos vamos hacia Nagamachi o distrito samurai.

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Queríamos entrar a ver la casa Nomura, pero cuando llegamos el señor que hay a la entrada nos dice que ya van a cerrar y que no nos da tiempo a visitarla. Tenía apuntado de la japan-guide que cierran a las 17,30h y solo son las 16,30h así que nos quedamos descolocados… vienen otros grupos detrás nuestro y se encuentran con lo mismo, ¡vaya fiasco! Paseamos un poco por la zona y vemos que todas las casas samurai están cerradas o a punto de hacerlo :S

Tan solo podemos entrar en la Takada Family House (entrada gratis) una pequeña casa samurai que conserva los establos dónde guardaban los caballos de los samurai, un par de estancias construidas en madera y la puerta original. Contiene además un bonito jardín. Tienen carteles en inglés, así que podemos aprender un poquito más sobre los samurai.

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Seguimos caminando hacia el Museo Ashigaru, pero aunque solo son las 17h, ¡está todo cerrado ya! En esta zona nos llama la atención un centro sanitario cristiano ortodoxo con capilla incluida, es la primera iglesia cristiana que vemos en Japón Muy feliz

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La zona es bonita y bien merece un paseo, la pena es no poder visitar más casas de samurai que es la esencia del barrio…

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Decidimos acercarnos de nuevo al centro y visitar los dos santuarios principales de la ciudad a sabiendas que los santuarios no cierran Sacando la lengua Ambos son de entrada gratuita. El primero que vemos es el Oyama-jinja. Este santuario está dedicado a Maeda Toshiie, el primer señor del poderoso clan Maeda. Construido en 1599 por su sucesor en el Monte Utatsu y trasladado posteriormente a su ubicación actual. ¡Lo flipamos con la entrada! Tiene una gran torii de piedra y tras ella, ¡una puerta al más puro estilo europeo!

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La puerta fue diseñada por un arquitecto holandés usando elementos de temática religiosa europea y asiática. Sus pisos superiores fueron usados como faro, recordad que Kanazawa fue la capital portuaria del norte de Honsu. La puerta era originalmente la de entrada al palacio del castillo y fue trasladada al santuario posteriormente. En el recinto se alza una estatua de Toshiie y cuenta con diversos estanques con unas carpas enormes 😛

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Vemos que en el interior del templo hay una sacerdotisa enseñando unos cantos a otra más joven. Hay varias personas escuchándolas, y la verdad es que es algo curioso de ver, nos ponemos en una esquina para no molestar y nos quedamos un rato observándolas. También vemos a varios salaryman que vienen a hacer sus oraciones tras la jornada de trabajo. Esto es lo que más me gusta en un viaje, poder pararte a observar el día a día de la gente del lugar, poder empaparme de su verdadera esencia… 🙂

De allí, nos dirigimos al Ozaki-jinja, santuario shinto dedicado a los grandes señores Amaterasu-o-minokami, Tokugawa Ieyasu y Maeda Toshitsune, y que fue construido en 1643.

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Vemos en el mapa de la ciudad que el mercado Omicho está a pocos pasos del santuario, así que tras la visita al pequeño santuario, allá vamos. Este mercado funciona al mismo modo que la lonja de pescado Tsukiji de Tokyo. Se encuentra entre el barrio de Katamachi y la estación JR, y en él hay centenares de tiendas y restaurantes. Muchas de ellas ya han cerrado cuando llegamos, así que recorremos un par de calles y salimos hacia la calle principal de nuevo.

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No encontramos ninguna parada del Loop bus cerca, así que nos toca ir caminando hacia el hotel dónde queremos descansar un rato con la intención de luego cenar en alguno de los distritos de las geishas para poder conocer también esa zona de la ciudad. Aunque en el mapa no parecía que hubiera tanto, tardamos más de 30 minutos a pie… al fin llegamos a la estación JR y vemos la “torii” de aluminio de la entrada, que en realidad no es una torii si no un tambor tsuzumi… ¡de nada más que 13,5 metros de alto por 24 metros de ancho! Así como la fuente/reloj que con el agua y luces va formando mensajes y marcando la hora.

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Tras las fotos de rigor, nos vamos hacia el hotel a descansar un rato. No sé si por el cansancio acumulado de estos días, la caminata de hoy, la terrible humedad que hay, el calor tremendo que hemos pasado o qué… pero me empiezo a encontrar fatal, con dolor en todas las articulaciones y una sensación de agotamiento brutal… ¡como si estuviera incubando un gripazo terrible! Así que con mucho pesar decidimos pasar de largo del distrito de las geishas y dedicar el resto de la tarde a descansar. Mi marido baja a un 7/11 que hemos visto cerca a comprar la cena y el desayuno para mañana (1700¥ todo) y decidimos relajarnos y cargar las pilas.

La verdad es que las cenas de los kombini nos apañaron prácticamente a diario, por pocos yenes cenamos decentemente en la habitación de la mayoría de los alojamientos. Es una de las facilidades que pone Japón, y es que en todos ellos encontramos hervidor de agua y neverita en la habitación, y algunos incluso microondas de uso comunitario.

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hoy sopa de miso, yakisoba, bolitas de pollo empanado y arroz gohan

Cenamos pronto y tras ello, nos enfundamos los yukata de cortesía que tenemos en la habitación y nos vamos a darnos un bañito relajante al sentō (baño comunitario) del hotel. Tras un buen rato en remojo en el agua calentita para que me siento un poco menos agotada…, volvemos a la habitación y a nos vamos a dormir pronto, ¡¡espero estar mejor mañana!!

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04/10/13: last day in Kyoto entre bosques de bambú…

Día 8: de vuelta a Arashiyama, nuestro barrio favorito de Kyoto.

Un nuevo día en Japón… y el último por Kyoto 😦 Nos va a dar penita dejar de nuevo esta ciudad, nuestra favorita en el país nipón. Desayunamos en la habitación y nos ponemos en marcha. Hoy pretendíamos ver primero el santuario Shimogamo y luego ir hacia Arashiyama, pero no nos acaba de quedar claro si el templo está en obras todavía o no, y estamos deseando visitar de nuevo la zona de Arashiyama, nuestro barrio favorito en esta ciudad, así que pasamos de largo del Shimogamo y nos vamos derechos a Arashiyama.

Para ir hacia esa zona hay dos opciones, coger el tren o bien, el bus pero éste último el trayecto no entra en el bono diario y tocaría pagar bastante más (ya lo probamos en el primer viaje…) así que aprovechando que tenemos los JRP activados, vamos hacia la estación JR Kyoto y cogemos el primer tren de la línea JR Sagano y bajamos en la estación JR Saga-Arashiyama. Aquí ya empezamos a recordar lugares y edificios de nuevo Mr. Green

A pocos minutos a pie de la estación, se encuentra nuestro primer templo del día, el Tenryuji. Éste es el templo más importante del distrito de Arashiyama, ocupa el primer puesto entre los cinco grandes templos zen de la ciudad y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue el templo principal de su propia escuela, la secta budista Rinzai Zen y construido en 1339 por el shogun Takauji quién dedicó el templo al emperador Go-Daigo que acababa de fallecer. Los edificios del templo han sido reconstruidos en varias ocasiones ya que sufrieron daños en varios incendios y guerras pero los jardines se conservan de origen.

Se puede acceder a tan solo uno de los edificios del templo ya que los otros los están reconstruyendo pero lo que realmente nos interesa de este lugar son sus jardines, así que sólo pagamos por ellos (500¥ pp). Nada más entrar, se rodea el edificio principal del templo, se puede ver su interior desde fuera y cuenta con un bonito jardín zen delantero.

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Seguimos rodeando el edificio y nos encontramos con un impresionante lago rodeado de plantas, flores y árboles con un bonito follaje de otoño.

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Hay varios senderos que recorren el parque y algunos suben unos cuantos metros por encima del parque, por la falda del monte de Arashiyama.

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Mientras recorres esos senderos vas encontrando lámparas de piedra, terreno cubierto de musgo y plantas y árboles de todo tipo. Así como algunas fuentes y “altares”, y algo de fauna local…

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Junto a los terrenos del templo se encuentra el bosque de bambú de Arashiyama, hay una salida del parque directo a él, pero nosotros decidimos acabar de recorrer el parque en forma circular y salir por dónde entramos.

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Así que nos acercamos de nuevo a la zona del lago y vemos las famosas puertas del edificio pintadas, una con un dragón, así como el altar con el monje.

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Salimos del templo y nos dirigimos de nuevo a la calle principal. Queremos volver a visitar nuestro templo favorito en la ciudad, poco recomendado en las guías de viaje y que descubrimos en el primer viaje gracias a un blog. Pero antes nos tomamos unos refrescos, aunque el día está medio nublado hay una humedad tremenda, con lo que de nuevo pasamos un calorazo terrible… ¡¡Cómo echo de menos estas máquinas!!

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con un par de estas bebidas haces una sobredosis de vitamina C… ¬¬’

Y ahora si, cruzamos las vías hacia la famosa calle Saga-Toriimoto que conserva el estilo de la época Meiji, con edificios machiya tradicionales (“casas de la ciudad”).  Algo que nos encanta de Kyoto es que puedes encontrar templos y santuarios en cualquier lugar, en calles recónditas o en grandes avenidas y todos tienen algún encanto.

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Nos encontramos con el templo Seiryoji (entrada gratuita) que ya conocíamos del primer viaje pero muy de pasada y del que no tenemos fotos (me quedé sin batería en la cámara cuando visitamos esta zona), así que decidimos entrar a verlo, esta vez con más calma y nos encontramos con un grupo de monjes que celebran una ceremonia.

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Los Nio o guardianes de Buda que suele haber a la entrada de los templos budistas son impresionantes…

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Recorremos el recinto de nuevo entre cánticos de monjes…

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Tras una media hora recorriendo el recinto del Seiryoji, salimos de nuevo para seguir subiendo la calle. Estamos a unos 5 minutos del templo al que nos dirigimos pero vemos que son las 14h, aprieta el hambre y recordamos que por la zona no había apenas lugares para comer, por lo que decidimos parar en el primer restaurante que encontremos para que no se nos haga muy tarde… A pocos minutos, vemos uno con pinta de chiquitín que las fotos de los platos que tienen en la calle nos parecen bien y no está mal de precio, así que decidimos entrar. El propietario nos mira algo extrañado pero muy amablemente nos indica una mesa. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos trae la carta y … ¡ESTÁ TODO EN JAPONÉS! ¡oh , oh! Pero a estas alturas no hay problema, en un segundo viaje no te agobias con ciertas cosas, y empiezas reconocer algunas palabras (soba es un tipo de fideo, ebi es langostino, sake es salmón, toro es atún, shiitake son setas, gohan es arroz…) y por señas escogemos dos platos (casi al azar) y a cruzar los dedos a ver qué hemos pedido ¡¡jajaja!! Y he aquí…

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La verdad es que están riquísimos los dos, disfrutamos de una muy buena comida por 1400¥ los dos, acompañado por un té riquísimo del que te van rellenando el vaso conforme lo vas bebiendo, y hasta nos invitan a un chupito de sake al terminar 🙂

Tras una riquísima comida, seguimos recorriendo la calle hasta llegar a la callejuela que lleva a nuestro templo favorito en esta ciudad: el Gio-ji.

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esta zona de Kyoto es poco conocida y tiene mucho encanto…

Nos fijamos que hay otro templo justo al lado que pone un cartel de “Museo” en la entrada, así que decidimos entrar a ver qué encontramos (500¥ pp). El jardín del templo nos recuerda mucho al de Gio-ji, todo cubierto de musgo. Lo siento, no recuerdo el nombre del templo pero estaba justo al lado.

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La señora de la taquilla nos pregunta si hablamos inglés y nos guía hasta el templo. Allí nos recibe un hombre que nos explica el significado de algunos símbolos budistas y nos invita a pasar a una sala que hay al lado dónde tienen una especie de museo con piezas de varios lugares pero sobretodo del Todaiji de Nara. Pero no nos enteramos de casi nada porque todas las explicaciones están solo en japonés… así que echamos un vistazo rápido, nos deleitamos un poco más con el jardín por amortizar algo los 1000¥ que hemos pagado, y con mal sabor de boca porqué nos parece un poco robo, nos vamos, ahora sí, ¡al Gio-ji de nuestros amores! Pagamos 500¥ pp la mar de gustosos y entramos. Nos es inevitable alucinar. Si lo recordábamos bonito, ¡en vivo lo es más! Se trata de un pequeño templo con un Buda de Luz pero rodeado de un jardín espectacular de altos arces y cubierto de musgo junto al bosque de bambú de Arashiyama. Y como más vale una imagen que mil palabras, aquí tenéis algunas, aunque no hacen honor al vivo y en directo.

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Recordamos que cuando estuvimos la primera vez había un gatito blanco que nos acompañó en toda la visita, vivía allí y era muy cariñoso. Nos extraña no verlo y mi marido dice que igual se ha muerto… en esas que llegamos al pequeño edificio del templo y vemos que hay un altar con fotos del gatito, juguetes y comida, y es que ¡se ha muerto este verano 😦 Nos da mucha pena, pobrete!, así que echamos unas monedas en el altar del gatito. Quizá os parezca una chorrada, pero ese gatito formaba parte del encanto y del buen recuerdo del templo y ver que ya no está nos da pena.

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Pasamos un buen rato sentados en el suelo de tatami del templo observando el jardín. Y con mucho pesar, decidimos irnos para ir a ver alguna cosa más de la zona asegurando que volveremos a este lugar en nuestra próxima visita a Kyoto…

Bajamos de nuevo por la calle principal. Recordamos del primer viaje que había un gran cementerio cerca del bosque de bambú pero no damos con él. Recorremos el sendero del bosque de bambú. Es muy agradable pasear por ahí y hay una sombra que se agradece mucho después del día de humedad y calor que ha hecho.

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Justo al llegar a las vías del tren, vemos que pasa el tren panorámico de Sagano Torokko que hace un recorrido entre Kameoka y Kyoto recorriendo la línea JR Sanin por las montañas de Kyoto. Os dejo un enlace al blog Japonismo dónde hablan sobre él por si os interesa.

Nada más  cruzar las vías del tren nos topamos con un santuario del que no habíamos leído nada en las guías. Se trata del Nonomiya-jinja Shrine, dedicado a los dioses del sol y del fuego, y de entrada gratuita. Es un santuario realmente bonito y es espectacular ver el contraste de la madera lacada en rojo con el musgo del suelo y los bambú 🙂

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Vemos unas tablas Ema muy bonitas y decidimos comprar dos (500¥ c/u) para dejar nuestro mensaje en el santuario y llevarnos un deseo a casa en ellas: “siempre llevaremos Kyoto en nuestros corazones” y “por muchos viajes más”. Colgamos una de ellas junto a las demás con una reverencia y tras habernos purificado como marca la tradición shinto, la otra nos la llevamos a casa.

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Aquí pasamos un buen rato y es bonito ver cómo va oscureciendo a través del bambú. Seguimos nuestro camino hacia la calle principal que lleva al Puente Togetsukyo que significa “puente que cruza la luna”.  Este puente de madera, cuenta con más de 100 años de antigüedad. Recordamos que la otra vez compramos unos helados muy ricos en una tienda y allá que vamos. Nos compramos un delicioso helado de soja para mi y de té verde para mi marido (300¥ c/u) y nos sentamos junto al río a comerlos mientras vemos caer el sol con la magnífica estampa del río y el Monte Arashiyama.

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Me hubiera gustado acercarnos a Kobe tal y como tenía pensado, pero estamos cansados y mañana toca madrugón, así que decidimos acabar nuestro día en Kyoto quedándonos en la ciudad. Tras un corto paseo, cogemos el tren en la estación JR Saga-Arashiyama de vuelta a la JR Kyoto. Al llegar, reservamos los billetes del tren a Kanazawa para mañana y damos una vuelta por el centro comercial Big Camera que hay al lado para mirar las réflex, cojo algunos precios de los modelos que más me llaman y nos vamos un rato a descansar al ryokan, de camino compramos unos dulces, unos refrescos y desayuno para mañana en el Lawson (800¥) para tomarlos en la habitación. Muy cerca del ryokan hay una tienda que venden souvenirs y que me miro su escaparate desde que llegamos a Kyoto, finalmente, decidimos entrar ya que vemos unos buda protectores que a mi marido le encantan, compramos uno por 800¥, ale ya tenemos otro buda para casa Mr. Green

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el escaparate

 

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nuestro buda protege la entrada de casa 🙂

Vamos a la habitación a descansar un poco y tomarnos los refrescos. Sobre las 18,30h, decidimos salir a dar una vuelta. Antes de irnos, hablamos con Matsubaya-San hijo para ver si nos gestionaría el envío de las maletas a Tokyo ya que a la zona de los alpes iremos con mochila, el chico nos pide los datos del hotel de destino y nos dice que mañana al hacer el check-in nos recoge las maletas y se ocupa él. ¡Genial!

Cogemos el metro en la estación Gojo hasta Shijo (210¥ pp) para ir a la zona comercial de Teramachi. Echamos unas fotos de la zona y nos adentramos en las calles comerciales. Nos encanta ese contraste de tiendas, restaurantes con toriis de piedra y santuarios con lámparas de papel Muy feliz

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Entramos en un par de ellos. En uno, hay una especie de marioneta que si le echas 100¥ te da un papel de la fortuna. Si es bueno te lo quedas y si es malo, lo atas en un árbol que hay junto a ella para que los dioses shinto te protejan de ella. Como es buena nos la llevamos. Ale ya tenemos otra para la colección Mr. Green Os dejo un vídeo porqué el bicho era muy gracioso…

Ya de por si, me encantan los farolillos que adornan los santuarios, pero iluminados por la noche ya me acaban de enamorar…

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Decidimos cenar unas hamburguesas en una cadena que hemos visto en varios lugares, la First Kitchen por 1000¥ los dos, no están mal pero tampoco matan… Tras la cena, caminamos de vuelta a Shijo-Dori por las calles comerciales. A estas horas ya van cerrando muchos puestos.

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En Shijo-Dori cogemos el bus nº5 que nos deja entre la parada del metro Gojo, a pocos minutos a pie del ryokan (220¥ pp). Una vez en la habitación preparamos las mochilas, cerramos las maletas, ducha, llamadita y a dormir que mañana nos vamos a conocer otra zona 🙂

03/10/13: Kyoto & Osaka

Día 7: día de grandes templos en Kyoto, y tarde de ocio en Osaka

¡¡A las 5,30h amanece un nuevo día, horror es demasiado temprano!! Ojos que se mueven el ryokan no tiene persianas, tan solo unas puertas de papel correderas opacas que dejan entrar la luz y como estamos en el país del sol naciente pues amacene temprano como podéis ver… Para algunos esto no será un problema pero para mi marido si, ¡y grande! Suerte que llevaba un antifaz para el avión en la maleta, y con él puesto y yo tapada hasta las cejas pudimos dormir un par de horitas más. Muy feliz

Esta noche hemos dormido bien en el “doble” futón que nos hicimos 🙂 La mar de cómodos. Desayunamos en el ryokan lo comprado el día anterior en el konbini y salimos hacia la estación JR Kyoto para coger un tren regular de la línea JR Nara Line (de los que paren en todas las estaciones), hasta la JR Tofukuji. Como llevamos los JRP activos, tan solo tenemos que enseñárselo al revisor de la entrada a la zona de vías de la estación y pasamos. Llevamos con nosotros los paraguas ya que el día empieza algo lluvioso y muy nublado…

Hoy vamos a visitar algunos de los templos considerados imprescindibles en Kyoto y que no visitamos en el primer viaje. El primero de la lista para hoy está a unos 10 minutos a pie desde la estación JR Tofukuji, pero decidimos tomar otro camino para ir viendo algunos de los templitos que hay por la zona. Empezamos encontrándonos con el Taiko-an, de la rama Rinzai del budismo.

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A pocos pasos, se encuentra el Dojuin Temple. En el que se encuentran un montón de Jizo’s, ¿¡he dicho ya que me encanta este buda?! Es el protector de los niños pero también de los viajeros, ¿será por eso que me inspira simpatía? 🙂

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Y tras unos pocos metros más, encontramos un camino cubierto de madera en medio de un pequeño bosque que nos adentra hasta el Templo Tofukuji.

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Se trata de un conjunto de templos, fundado en 1236 a instancias del clan Fujiwara y su nombre es la combinación de los dos grandes templos de Nara: el Todaiji y el Kofukuji. Éste ha sido históricamente uno de los principales templos Zen de Kyoto, y es de los principales de la escuela Rinzai. Hay varias partes del recinto que son de acceso gratuito. Algunos son estructuras del periodo Muromachi y son raros ejemplos de arquitectura zen superviviente de la época.

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Sin embargo, hay dos zonas que se deben pagar para poder acceder a ellas: el jardín Hojo y el Puente Tsutenkyo, y el Kaisando Hall. En primer lugar, pagamos (400¥ pp) para acceder al puente de madera Tsutenkyo que conduce hasta el Kaisando Hall, lugar que sirve como mausoleo del primer sacerdote principal del templo. El camino de piedra frente al Kaisando está flanqueado por impresionantes jardines a ambos lados, un jardín de piedra seca a la izquierda y un estanque a la derecha. El Kaisando y sus jardines fueron reconstruidos durante el último período Edo (1603-1867).

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Volvemos nuestros pasos y nos dirigimos al Hojo, (400¥ pp), las antiguas dependencias de los sacerdotes, rodeadas de unos jardines espectaculares que combinan agua, rocas, piedra y musgo. En el interior del edificio no se pueden hacer fotos, pero si en los jardines.

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Salimos del Hojo y nos tomamos un café de las máquinas que hay a la entrada por unos pocos yenes.

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Cruzamos la gran puerta Sanmon, la puerta zen más antigua en su estilo, con 22m de altura y que data de 1425.

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De camino hacia la estación JR, encontramos un par de templitos más, a los que solo nos asomamos y en menos de 10 minutos estamos de nuevo en el tren de la línea JR Nara de vuelta a Kyoto. Debo decir, que hay mucha gente que visita el Tofukuji aprovechando el camino a Nar, al igual que Fushimi Inari ya que caen de camino y es la misma línea de tren la que lleva a ambos. Nosotros en su día preferimos disfrutar de Nara y de Fushimi Inari tranquilamente por lo que los visitamos en días distintos.

Al llegar a la estación JR Kyoto, compramos el bono diario para el bus (500¥ pp) y tomamos la línea 5 para ir a los templos Eikando y Nanzenji, en la zona del sendero de la filosofía. Bajamos en la parada Nanzenji-Eikando-michi y en seguida empezamos a recordar que hace dos años y unos meses paseábamos por esta bonita y tranquila zona de Kyoto, en el barrio de Higashiyama.

Nos acercamos hasta el templo Eikando porque tenemos dudas de si lo visitamos en el primer viaje, y sólo con verlo por fuera ya nos queda claro que si lo vimos (el mismo día que visitamos Fushimi Inari y que estuvimos recorriendo la zona por la tarde), así que seguimos caminando unos metros más por el sendero de la filosofía hacia el sur y a pocos minutos llegamos al templo Nanzenji, otro de los grandes que nos faltaron la primera vez ya que estaba en obras de restauración.

Situado en la base de las boscosas montañas de Higashiyama, es uno de los templos zen más importantes de Japón. Fue construido como casa de retiro para el emperador Kemayama, convirtiéndose más tarde en el templo zen. El Nanzenji lo componen varios edificios (la puerta Sanmon, el Hojo, el Konchi-en, el Nanzenji como tal y el Tenjuan), así como un par de grandes jardines. El acceso al patio principal es gratuito, pero cada edificio tiene su entrada propia de pago así que decidimos que sólo entraremos a aquellos que realmente nos interesan. Lo primero que nos encontramos es la gran puerta de entrada Sanmon, construida en 1628 como homenaje a los soldados que murieron en el asedio del castillo de Osaka en 1615. La entrada son 500¥ para subir a lo más alto, pero nos conformamos con verla desde el suelo y disfrutar de cruzar a través de sus grandes columnas.

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Este templo cuenta con algo extraño de ver por estos lares: un acueducto de ladrillo al más puro estilo romano que cruza los terrenos. Fue construido durante la época Meiji (1868-1912), forma parte de un sistema de canales que se construyó para llevar agua y mercancías entre Kyoto y el lago Biwa, en la vecina prefectura de Shiga.

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De ahí nos fuimos hasta el Hojo, la residencia del ex-jefe del sacerdote y la sala principal del Nanzenji. Famoso por su jardín de rocas, de las que se dice que se asemejan a tigres y sus cachorros cruzando a través del agua.

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Pagamos su entrada (600¥ pp) y nada más acceder al edificio ya puedes disfrutar de su arquitectura, así como de las pinturas de tigres hechas en pan de oro que hay en las puertas correderas, de los suelos de madera y tatami y de un fantástico comedor con vistas a un jardín zen que ya lo quisiera para mi, ¡sobretodo por las vistas!

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Disfrutamos de sus jardines en los que se respira una gran paz. El delantero es el zen con la representación de las rocas simulando los tigres (que nosotros no fuimos capaces de ver esa similitud la verdad… 😛 ) y el trasero, combina musgo con piedras rastrilladas y vegetación.

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Son casi las 13h, así que decidimos desandar lo andado por el sendero de la filosofía y dirigirnos hasta la gran torii que marca la entrada al Santuario Heian, ya que no encontramos ningún bus ni metro cercanos que nos fuera bien para ir a la zona que habíamos pensado visitar por la tarde, así que nos toca caminar unos 20-30 minutos a pie desde el templo… Se ha despejado el día y hace un calor y una humedad terribles, pasamos una buena chicharra durante el paseo ¬¬’ Así que una vez junto a la gran torii, decidimos aprovechar el pase diario que llevamos y coger el primer bus que pase para acercarnos un poco a la zona de Pontocho para comer. Nos bajamos justo antes de cruzar el puente y entramos al primer bareto que vemos. En la puerta vemos fotos de unas bandejas de tonkatsu y boles de arroz de esos que llevan de todo a buen precio y allá que vamos. Al entrar, todo el mundo nos mira. Somos los únicos gaijin del local y está lleno de abueletes y trabajadores en su hora de comer. La mujer que lleva el local nos acompaña a una mesa y nos trae una carta medio en japonés, medio en inglés pero que nos sirve para pedirle por señas lo que queremos. Comemos de fábula por unos 1500¥ los dos y ¡hasta nos invitan a un chupito de shochu! Este es uno de esos lugares que en el primer viaje no hubiéramos entrado por miedo a no aclararnos, pero que la veteranía de un segundo viaje te lo permite, y resulta ser de esos lugares en los que mejor comes y que años después aún recuerdas 🙂

Ya con la panza llena, nos acercamos de nuevo hasta la torii en un paseo de unos 10 minutos, y de camino entramos a un par de templos que nos encontramos medio escondidos entre las casas.

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Cruzamos el puente de madera lacada que cruza el río y nos maravillamos de nuevo con la vista de ¡¡la madre de las torii!!

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Solo hay que fijarse en la altura de los coches o de los árboles que hay en la zona para valorar su inmensidad…

El Santuario Heian, pese a ser uno de los más importantes de Kyoto, no lo visitamos en el primer viaje, así que no nos podíamos ir de la ciudad sin disfrutar de su visita y sin cruzar “las zamburguesas” de sus jardines 🙂 El Santuario Heian fue construido para celebrar el 1100 aniversario de la fundación de la capital de Kyoto y está dedicado a los espíritus de los primeros y últimos emperadores que reinaron la ciudad (Kammu y Komei). Heian es el antiguo nombre que tenía Kyoto.

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El acceso al santuario es gratuita. Y de nuevo, hay un montón de escolares por el patio interior… se nota que es uno de los grandes porqué está a rebentar igual que ayer el Kiyomizu.

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Nos deleitamos con la arquitectura de las torres y sus tejados, ¡¡qué pasada!! Ese contraste del rojo y el verde hace pensar en templos más de estilo chino…

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Nos acercamos hacia la entrada a los jardines que si son de pago (600¥ pp) y nada más entrar ya se respira paz, mucha paz. A diferencia del santuario, aquí hay muy poca gente recorriendo el parque y hay sombra (¿¿¡¡he dicho ya que pasamos mucho calor??!!) así que nos deleitamos con las vistas. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas fotos de los jardines que sin duda no hacen honor a la belleza del vivo y directo…

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Como anécdota contar que hubo una señora japonesa que casi se cae al agua al cruzar las piedras, ya que era muy bajita y no llegaba, ¡pobre! lo pasó mal cruzando pero nosotros también por si la teníamos que rescatar 😦 pero finalmente pudo cruzarlas todas y sonriente llegó al otro lado 🙂 Y cuando me disponía a cruzar yo (grabando mientras lo hacía), un señor mayor que había haciendo fotos en el parque me pidió permiso para hacerme una foto cruzando. Así que la menda está entre las fotos de aquel buen señor… Mr. Green

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Al salir de parque son algo más de las 16h y aunque la idea inicial era escaparnos a conocer Kobe, pensamos que la visita a Osaka del primer día nos supo a poco, así que decidimos volver a Osaka y ver la zona comercial de Dotonbori y dejar Kobe para otra ocasión con más calma. Cogemos el bus 100 hasta la estación JR y allí un tren local con el JRP que aún tenemos activo hasta Shin-Osaka.

Una vez en Shin-Osaka, tomamos el metro hasta Shinsaibashi (no recuerdo el precio del trayecto pero creo que fueron unos 200¥ pp) y nos adentramos por las calles comerciales de la ciudad dando un paseo, entramos en algunas tiendas, nos miramos las cámaras y objetivos en otras, compramos alguna bebida y llegamos hasta los “iconos” de la ciudad, como el corredor de Glico y el pulpo de un restaurante de Takoyaki (bolas de pulpo típicas de la ciudad).

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Llevamos un buen día de caminata y estamos cansadísimos. La idea era cenar en Osaka y luego volver a Kyoto, pero estamos tan ko que finalmente, decidimos caminar otros 5 minutos hasta la parada Namba del metro, volver a Shin-Osaka y coger el primer shinkansen que salga a Kyoto. Una vez en nuestra ciudad base, compramos cena y desayuno para mañana en un Family Mart (1500¥) y nos vamos al ryokan. Cena, ducha y ¡caímos rendidos en el futón, agotados pero super felices por todo lo visitado hoy! sleep sleep

02/10/13: ¡de vuelta a nuestra ciudad favorita del mundo: Kyoto!

Día 6: Volvemos a visitar Kyoto y sus templos…

Hoy es un día importante, y es que ¡¡¡volvemos a Kyoto!!! Nos levantamos de un salto, desayunamos, recogemos las cosas y nos vamos a buscar un tranvía que nos lleve a la estación JR Kumamoto. Sudamos un poco la gota gorda para bajar del tranvía tan cargados… tienen la puerta de salida súper estrecha y con unos escalones altísimos,  y nosotros vamos cargados con las maletas y las mochilas, ¡imaginaos el cuadro!

Habíamos reservado estos trayectos la noche que llegamos y suerte que lo hicimos porqué el tren se fue llenando a base de bien.

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Nos encantan los shinkansen 🙂

Salimos a las 9,05h hacia Shin-Osaka. El trayecto, aunque es larguillo se hace ameno. Vamos recordando lo vivido estos días por Kyushu, aún alucinando con el Sakurajima, y estamos deseando volver a Kyoto, ¡la ciudad que nos cautivó en el primer viaje! Llegamos a Shin-Osaka a las 12,20h. Tenemos  20 minutos de trasbordo que nos pasamos bien entretenidos viendo como la gente alucinaba con la decoración de nuestro tren… ¡y es que mola mucho, jaja!

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Tras esos 20 minutos en los que cambiamos de andén, tomamos otro Shinkansen que nos lleva caminito de la capital cultural nipona.

Kyoto 京都: el alma de la cultura tradicional japonesa y el escenario sobre el que ha tenido lugar gran parte de la historia nipona. Esta ciudad con 17 lugares designados Patrimonio Mundial por la Unesco, más de 1600 templos budistas y 400 santuarios sintoístas, es una de las más ricas del mundo en lo que a cultura se refiere.

Tras 14 minutos de trayecto llegamos a la estación JR Kyoto. ¡¡¡Qué ilusión!!! Riendo nos sentimos de una forma muy similar al día de llegada a Japón por segunda vez, una emoción tremenda nos embarga, reconocemos tiendas, restaurantes y sitios de la estación del primer viaje y un sinfín de imágenes y recuerdos nos vienen a la cabeza… el primer viaje fue algo especial, no sólo conocimos por primera vez el país nipón si no que además era nuestra luna de miel 🙂 Vemos por una de las ventanas de la estación el Hotel Vista, dónde nos alojamos en el primer viaje, ¡qué gracia nos hace! Mr. Green

Decidimos pasar un momento por la oficina de turismo para recoger un par de mapas de la ciudad y de los buses, y salimos hacia la calle por la salida de la Kyoto Tower para ir al ryokan. ¡¡No os podéis imaginar la ilusión que sentimos al volver a recorrer estas calles!! Vamos caminando y vamos diciendo “aquí cenamos tal día, aquí compramos esto, aquí vimos aquello…” ¡más mola! Aplauso

Para el alojamiento en Kyoto, nos decantamos por el ryokan Matsubaya Inn (42.840¥ – 3 noches los dos). Se trata de un ryokan con más de 100 años de experiencia y con algunos premios Trip Advisor y, muy recomendado por algunos foreros de Los Viajeros. Está a unos 10 minutos a pie de la JR Kyoto y cuenta con metros y buses en las cercanías. Hacemos el check-in y aunque aún no podemos subir a la habitación, el hijo del Sr Matsubaya nos enseña el ryokan y nuestra habitación (la están limpiando en ese momento), nos explica cómo conectarnos al wifi y nos da una tarjeta del ryokan con los datos de contacto por si hubiera algun problema. El chico es súper majo y habla bien en inglés. Le pedimos dejar las maletas allí y salimos a buscar un lugar para comer.

Decidimos acercarnos a la JR Kyoto de nuevo, ya que luego cogeremos allí el bus para ir a los templos que tenemos planeados visitar esta tarde. Además es una zona con un montón de sitios para comer. Decidimos entrar al Centro Comercial Yodobashi Camera y nos vamos hasta la última planta dónde hay varios restaurantes de todo tipo. Nos decantamos por uno de fideos (2300¥ los dos). Es un lugar curioso, tú escoges qué quieres comer, ellos te sirven los ingredientes y tú tienes que cocinártelos sobre una plancha que hay en la mesa. Para mi no fue un problema porque desde nuestro 1r viaje cocino algunos platos japoneses en casa, y los yakisoba están entre ellos, pero en caso de no saber por dónde empezar, te echan un cable. ¡¡Riquísimos, esos fideos nos saben a gloria!! Y me encanta poder hacer los yakisoba sobre una de esas planchas, como una auténtica japo.

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Una vez llenado el buche, salimos hacia la estación de buses, adherida a la JR Kyoto. Compramos en la máquina un pase diario de bus (500¥ pp) y cogemos el bus 206 hasta la parada del Sanjusangendo. Éste fue uno de los templos que no visitamos en el primer viaje ya que estaba en obras de restauración por aquél entonces. Pagamos (600¥ pp) y entramos. Ya desde fuera nos parece chulísimo. Se trata de un edificio de 118m de longitud, y está como considerado el templo construido en madera más largo del mundo.

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Nos quitamos los zapatos, los dejamos en las taquillas que hay junto a la entrada, y entramos al hall del edificio principal. ¡¡Es realmente impresionante!! Lástima no poder hacer fotos en el interior… la imagen principal es una Kannon Bodhisattva sentada, que simboliza la paz y la compasión, y está considerada como un Tesoro Nacional. El efecto se multiplica por las miles de estatuas antiguas de Kannon que llenan el resto de la sala, así como con los soldados de la compasión, que flanquean la imagen principal distribuidos formando cincuenta columnas de diez filas de profundidad, talladas en ciprés y cubiertas con pan de oro. Cada una tiene más de veinte pares de brazos, y se dice que son responsables de salvar muchos mundos. En 1249 hubo un incendio que destruyó el edificio original, pero se consiguieron salvar 124 de esas estatuas, las restantes datan del siglo 13. También hay 28 estatuas de deidades guardianas con expresiones intensas. Abrumador. Espectacular. Heart

Os dejo una foto extraida de Google:

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Salimos del hall y vamos hacia los jardines. Hay una campana y un santuario junto al templo, así como un pequeño estanque y un bonito jardín.

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Tras un buen rato recorriendo el recinto del templo, volvemos a la calle principal y tomamos de nuevo el bus 206 hasta la parada Gojo-zaka. Callejeamos un poco, recordando que la última vez que estuvimos aquí caía un diluvio por un tifón que no dejaba ver a dos metros de ti…, y tras un corto paseo lleno de recuerdos, llegamos al  Kiyomizu-Dera, un lugar que nos impresionó en el primer viaje y que no pudimos disfrutar del todo por culpa de la lluvia que caía aquel día. Así que aquí estamos de nuevo, con un sol espléndido y con ganas de ver lo que nos faltó la otra vez. Pagamos (300¥ pp) y entramos. Os dejo aquí el link del relato de nuestra 1ª visita en 2011.

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Ya en la entrada vemos que hay un montón de grupos de escolares… pero pese a que hay un gentío considerable, no hay sensación de agobio.

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El Kiyomizu-Dera o Templo del Agua Pura, aunque se trata de un templo budista fundado en el año 778, alberga en su interior un santuario sintoísta, el santuario Jishu. Un templo que incluya un santuario shinto es algo bastante peculiar y difícil de encontrar… pero creo que de ahí radica la magia de este lugar.

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Volvemos a recorrer el recinto del templo, disfrutando de las vistas de la ciudad que hay desde aquí.

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Recorremos de nuevo el pabellón principal con su balcón de madera a 13m por encima de la colina que se sustenta sobre vigas de madera, de las que se dice que no usaron clavos para sujetarlas. En éste edificio se conserva una estatua con las 11 caras de Kannon.

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Vemos que la otra balconada de madera está completamente tapada por toldos y andamios, qué pena, de ahí había unas bonitas vistas del balcón de madera con Kyoto de fondo… En el 1r viaje, vimos la zona del Santuario Jishu, dedicado al amor, así que esta vez bajamos las escaleras y vamos hacia la cascada Otowa, a la base del edificio principal y que diverge en tres chorritos de agua considerada sagrada, de los que se puede beber. Se dice que según del chorro que bebas, tendrás una vida amorosa afortunada, éxito en los estudios o longevidad. Nos ponemos a la cola y como no acabamos de tener claro qué chorro es cada cuál, bebemos del primero que queda libre, ya se verá con los años de cuál bebimos, ¿no? Sacando la lengua

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De ahí recorremos un pequeño sendero hasta la Pagoda Koyasu, la visita a ésta dicen que ayuda a lograr un parto fácil y seguro, así que ya voy servida para cuando llegue el momento Sacando la lengua Vale mucho la pena acercarse hasta aquí, hay unas bonitas vistas del templo y no hay nadie, ¡¡la vemos a solas!!

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A las 17h, empieza a sonar la campana que anuncia el cierre del templo, así que nos quedamos con las ganas de ver la sala dónde dicen que hay 200 estatuas de Jizo, una pena porqué este buda me inspira simpatía, es mi buda favorito Muy feliz Salimos del templo por una de las calles comerciales, la Matsubara Dori. ¡Ahí si que hay un montón de gente!

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Entramos en algunas tiendas a mirar cosillas, y en una de ellas compro un jizo monísimo (1000¥) ¡me encanta! Muy feliz Mi marido se mira las katanas, pero se nota mucho que son baratijas (las verdaderas no se pueden sacar del país ya que están consideradas Tesoro Nacional) por lo que al final pasamos de largo.

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mi Jizo

Lo que más me gusta de Kyoto es que puedes encontrar templos en cualquier rincón… así como estatuillas de la suerte por doquier.

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Vamos dando un paseo a lo largo de la calle, disfrutando del entorno y del ambiente, hasta llegar a Higashi Oji-Dori, dónde tomamos de nuevo el bus 206 que nos llevará de vuelta a la estación JR Kyoto.

Ya expliqué en el diario del primer viaje cómo funcionan los buses en Japón así que no me voy a repetir, pero si recordar que en la zona del centro de la ciudad los buses tienen una tarifa plana de 220¥ y en caso de salir de esa zona, veréis que junto al conductor hay una pantalla dónde indica el precio que debes pagar en función del número de parada que has subido. Sabrás el número de parada que se trata ya que al subir (por la puerta de atrás) te sale un papelillo con el número. En caso de llevar un bono diario (500¥, de viajes ilimitados) no debes pagar nada al bajar siempre que te muevas por la zona de tarifa plana, si sales de ella, deberás abonar la diferencia de precio antes de bajar.

Una vez en la JR, entramos al Map Camera y al Yodobashi, queremos comprar una cámara de fotos réflex que ya me quedé con las ganas en el primer viaje… Miramos varios modelos y nos encontramos con que tan solo se pueden poner los menús en español en algunas máquinas Sony. Las Canon y Nikon aceptan inglés o japonés y en el resto, sólo japonés… ¡ya les vale! Me apunto las que me interesan para comparar precios.

Volvemos a la estación JR y bajamos a las plantas -1 y -2, dónde hay un supermercado enorme dónde venden bentos, sushi y comida preparada para llevar, y conforme se acerca la hora de cierre bajan los precios como si fuera una lonja, ¡truquillos que aprendimos en el primer viaje! Mr. Green Las chikagai o ciudades subterráneas son algo que me gusta mucho de Japón, aprovechan el subsuelo para construir centros comerciales inmensos. Compramos la cena y también el desayuno para mañana. En una parafarmacia de la estación, compramos un protector solar en spray. ¡¡Una maravilla!! Ya compramos uno allí en el primer viaje y esta vez me llevo dos, van de fábula porque protegen pero no dejan la piel pringosa y son muy cómodos de aplicar Riendo Y ahora ya si, volvemos al ryokan, ya es hora de descansar.

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la Kyoto Tower es mucho más bonita de noche que de día…

La habitación es la mar de amplia y cómoda. Tan solo hay un par de cosas que no me acaban de gustar de los hoteles tradicionales y tenemos que preguntar si en sus casas también lo tienen así… lo primero es la mesa con las sillas al suelo -sin patas-, supongo que si estás bien de la espalda se lleva bien, pero en mi caso que la tengo hecha polvo, es súper súper incómodo… ¡no sé ni como ponerme! Lo segundo es algunos futones… según la tradición, cuanto más dura es la superficie dónde duermes más rectitud aprendes, a mi esto no me convence y siempre busco en el armario, dónde los suelen guardar, otro futón para ponerlo debajo y que sea más blandito Sacando la lengua Algo que si me encanta son los suelos de tatami, son súper cómodos y me encanta andar por ellos Heart Y me llaman la atención los pequeños altares que siempre encuentras en algún rincón de la sala. Aquí además encontramos uno libro con los textos del Dharma.

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altar de la habitación

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los futones esperan a ser montados…

Después de cenar, llamamos a los nuestros vía internet, echamos un vistazo a las redes sociales, duchita y a dormir que al fin nos espera un buen futón.

Epílogo (1r viaje a Japón)

Reflexiones de nuestro 1r viaje a Japón en 2011…

Han pasado casi cinco años desde nuestra primera visita al país del sol naciente y aún siento añoranza de aquellos días, de todo lo vivido y sentido entre sus gentes y lugares. Cinco años ya… ¡uff!

Antes de ir y mientras me informaba sobre el país y sus costumbres, ya me quedó claro que el listón iba a quedar muy alto tras ese viaje pero una vez regresamos de allí, quedamos totalmente convencidos de que debería ser obligatorio visitar Japón al menos una vez en la vida.

Todo es tan diferente a lo que estamos acostumbrados y cuando digo todo, es todo. Sus ciudades, su gente, sus costumbres, su cultura, su religión, su sentido de los valores, su organización social… todo. Por primera vez en mi vida he podido vivir en mi piel que una sociedad fundada en el cumplimiento de los valores primordiales como la educación, la solidaridad, la humildad y la colaboración es posible y no solo es posible, si no que en Japón es una realidad. En 17 días no vimos ni una sola mala cara, ni un solo gesto de desdén -al menos de cara a la galería-. Todo lo contrario, nos ayudaron aún sin pedirlo, fueron educados y respetuosos y enormemente amables.

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Cuando la gente me pregunta “¿Qué tal por Japón?” os aseguro que me cuesta responder… y me cuesta no porque estuviera mal si no por lo tan diferente que es a lo que vemos a diario en nuestro país. Mi marido siempre dice que están en un orden superior, que han evolucionado más que nosotros y que aquello se puede considerar un mundo a parte. Si las habladurías dicen que los antiguos egipcios eran seres extraterrestres, los japoneses de hoy en día no pueden andar muy lejos. Porqué organizar tan bien un país de 127 millones de habitantes no es tarea fácil y sin embargo, ellos hacen que sea posible.

Para nosotros es impensable que alguien pueda hacer cola ordenada para subir al autobús o al metro; es impensable que dejes el bolso o la cartera en el andén o en un bar repleto de gente para guardar sitio y que cuando vuelvas siga allí; es impensable estar en un templo o un parque y tan solo oír el canto de los pájaros y el agua correr; que salgas de una tienda y aunque no hayas comprado nada te den las gracias; que “disculpe”, “por favor” y “gracias” salga constantemente de sus bocas; que el revisor del tren al entrar y salir del vagón haga una reverencia a todos los pasajeros como agradecimiento; que alguien salga de su casa con un mapa suyo porqué te ve mirando el tuyo sin acabar de orientarte, que te indique y encima te regale su mapa, es totalmente impensable en nuestra sociedad. Que la puntualidad sea extrema, hasta el punto que el máximo retraso permitido por Japan Railways sea de 8 segundos, aquí es impensable del todo (Renfe tiene mucho que aprender…). Penoso por nuestra parte, debo decir. Y podría seguir con un largo etcétera poniendo ejemplos con situaciones vividas allí.

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Japón es un país adaptado a dar facilidades y comodidades a su gente. Encuentras cientos de señales en inglés y en japonés con indicaciones (desde normas, hasta información y mapas de situación); todo el mundo intenta comunicarse, y aunque no hable bien inglés, se esfuerzan en chapurrearlo o buscan la forma de hacerse entender, ni que sea por señas…; en casi todos los restaurantes encuentras información sobre los platos que ofrecen y el precio, ya sean como réplicas en un escaparate o con fotos en la carta; máquinas de bebida y de comida baratas por doquier; todas las calles y pasillos de las estaciones están preparadas para los minusválidos; salas de lactancia con todo lo necesario para alimentar y cambiar a los bebés, limpísimos para uso público; alarmas de emergencia en cada lavabo por si te pasa algo; lavabos adaptados para poder entrar con el carrito del bebé o con sillitas para sentarlos; salas de ostomías en los lugares públicos; lavabos públicos impolutos -como aquí…-; que un tipo te haga de guía de forma totalmente altruista; y podría seguir con otra larga lista de ejemplos… ¡Ah! y el lavabo de chorritos es toda una experiencia y hay que decir que es un sistema mucho más higiénico que usar el tradicional papel.

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Algunos nos dicen que sentimos que fue tan maravilloso todo porque estábamos de luna de miel. Nosotros no estamos de acuerdo y tras hablar con otras personas que han ido sin ese fin, y ver que coinciden con nosotros en cuanto a la opinión que uno se trae del país nipón, podemos afirmar que Japón es muy diferente a todo lo que uno está acostumbrado.

Podría pasar horas recordando lo que vivimos en Japón pero lo que realmente me apetece es volver pronto… y es que Japón te cambia la mentalidad y te cambia la perspectiva de lo posible y de lo imposible.

Japón te cambia la vida Heart

 

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P.D: en breve, compartiré con vosotros el diario del 2º viaje 😉

23/05/2011: conocemos la dura Hiroshima y la mística Miyajima…

Día 8: acabamos acongojados con la cúpula de la Bomba atómica y el museo de la Paz, disfrutamos de los mejores yakisoba y nos enamoramos de la pequeña Miyajima…

 

 

Hoy nos levantamos bien pronto para tomar el Shinkansen hacia Hiroshima. Hacemos el check-out del hotel, compramos desayuno para llevar en la estación, y a las 7,20h estamos en el tren rumbo a nuestro nuevo destino en Japón: Hiroshima.

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nuestro Shinkansen entrando en la estación JR Kyoto

El camino se hace ameno ya que viajar en un Shinkansen es una verdadera maravilla… 300km/h sin una sola vibración 🙂 Un auténtico placer para los amantes del mundo ferroviario 🙂 Aprovechamos para comernos algunos dulces típicos de Kyoto que compramos en la estación.

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Llueve prácticamente todo el tiempo y mucho nos tememos que seguirá así cuando lleguemos a destino. Aún así, tenemos muchísimas ganas de conocer Hiroshima, un lugar de lo más relevante en la historia del mundo, y la cercana isla de Miyajima, un paraje del que nos enamoramos ¡solo viéndolo en foto!

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Como siempre llegamos a la hora exacta que marca el billete. No nos cuesta nada encontrar el hotel porque está adherido a la estación central de trenes. Para nuestra estancia en esta ciudad, escogimos el Granvia Hiroshima éste es un hotel de 4* que reservamos a pocos días de cerrar el viaje. Es una cadena hotelera japonesa que tiene alojamientos en todas las ciudades importantes de la ciudad, y siempre adheridos a estaciones de tren relevantes. Ya lo habíamos visto cuando buscamos el resto de alojamientos y se iba de presupuesto, pero con el tema del tsunami vimos que había bajado considerablemente el precio y no dudamos en escogerlo para esta noche. Mucha gente duerme en Miyajima, realmente debe ser toda una experiencia dormir en un ryokan allí, pero nosotros abogamos por la comodidad ya que mañana tendremos que coger el tren bien temprano también y preferimos estar cerca de la estación.

Lo malo que tienen la mayoría de hoteles en Japón, es que son estrictos con la hora del check-in y además suele ser a partir de las 14-15h… como no podemos hacerlo hasta la tarde, pedimos que nos guarden las maletas porqué sinceramente no me veo yendo a Miyajima con ellas… así que dejamos allí las maletas y nos llevamos con nosotros las mochilas. Volvemos a la estación JR Hiroshima, y mi marido se piensa lo de ir cargados los dos con las mochilas, así que decide dejar su mochila en una consigna de la estación e irnos solo con la mía que es dónde llevo todos los gadgets (iPad, cámara, documentos, etc.). Tras esta pequeña gestión,  tomamos un tren regular de la línea JR Sanyo hasta la estación JR Miyajima-Guchi dónde enlazamos con el ferry que lleva a la isla de Miyajima. El trayecto en el tren y el ferry nos entran en el pase Japan Rail Pass.

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Desde la orilla en que se toma el ferry ya se ve la archiconocida torii flotante de la isla así como santuario que hay junto a la orilla. El trayecto es de lo más relajante y en 10 minutos ya estamos en Miyajima.

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En el Ferry, al fondo se ve la torii flotante de Miyajima

En esta isla se encuentra uno de los iconos más conocidos de Japón: la gran torii flotante (torii en japonés significa puerta sagrada e indica la entrada o cercanía a un lugar sagrado).

En la terminal del ferry hay una oficina de información donde nos dan un mapa en español de la isla. Vemos unas máquinas de bebidas y nos compramos unas latas de café caliente que ¡están riquísimos! Probamos varios a lo largo de los dos viajes, y me quedo con los de la marca Coca-Cola®. En Japón está mal visto eso de comer o beber por la calle, así que nos tomamos el café sentados en un banco junto a la terminal y una vez terminados, empezamos a descubrir esta maravillosa isla. Por el camino nos encontramos con una agradable sorpresa y es que aquí ¡también hay ciervos en libertad!

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Sabemos que la isla sufre grandes mareas a lo largo del día (es una de las islas del pacífico afecta por las mareas más fuertes), y en función de la época y de la hora, podrás ver la torii bañada por el agua si hay marea alta y el santuario “flotando”, o bien podrás acercarte hasta ella y hacerte unas fotos debajo de ella si la marea está baja. Puedes conocer las horas de las mareas a través de esta web: http://tbone.biol.sc.edu/tide/tideshow.cgi?site=Itukusima,+Hirosima,+Japan

Nosotros preferimos descubrirla bañada por el agua, como en las típicas postales de la zona. Es por ello que decidimos visitar la isla por la mañana. Desde el mismo paseo que rodea la orilla de la isla, nos hacemos unas fotos con la torii flotante de fondo. La O-torii tiene una altura total de 16 metros, con unos pilares de 10 m. de circunferencia  y fue construida en 1875.

Y la pregunta del millón es: ¿porqué la torii está en el mar? Pues muy sencillo… el Santuario Itsukushima, del cuál es la puerta sagrada, está dedicado al dios shintoista que vigila el mar y se supone que para llegar de forma “pura” al santuario, se debe hacer por mar, pasando bajo la gran torii y atracando en alguno de los pasadizos elevados sobre el mar del santuario 🙂

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Nos encontramos haciendo fotos por allí y disfrutando de esa estampa cuando veo sentados en un banco a ¡la pareja con quién iniciamos nuestro viaje! ¡Menuda sorpresa! Nos acercamos a saludarlos y ellos también alucinan de habernos encontrado allí. Nos explican que han pasado la noche en Miyajima y hoy vuelven a Kyoto. Charlamos un rato con ellos y nos dan a probar unos dulces típicos que han comprado en la isla… de repente unos cuantos ciervos se acercan a nosotros para que les demos galletas ¡jajaja! ¡Menudos golosos y menudos interesados son estos ciervos!

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Tras un rato de charla con ellos, seguimos descubriendo la isla. Vamos a ver el Santuario de Itsukushima (entrada 300¥ pp). Construido sobre el mar en el 593 y remodelado en 1168.

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Fue nombrado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco en 1996. Tiene una construcción muy peculiar de estilo Shinden en las que todas las salas y capillas que conforman el santuario está conectadas por unos pasillos sobre el mar con una longitud total de 300m desde los que se puede disfrutar de las vistas sobre el mar con su torii flotante.

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mientras visitamos el santuario comienza a bajar la marea… toda esta zona queda bañada por el mar cuando la marea está en el punto más alto.

Vemos montones de barriles de sake y arroz, otra estampa típica de Japón. Se trata de donativos que ofrecen los fieles al santuario.

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Desde su jardín se ven el templo Senjokaku o sala de los mil tatami, y la pagoda, construida en 1407 con cinco pisos y más de 27 m. de altura, es una de las más altas de Japón. Con mucho pesar no los visitamos puesto que queremos ver un poco de Hiroshima y teniendo en cuenta la paz que se respira en el ambiente de la isla y que nos faltará también por conocer el templo budista Daisho-in y el monten Misen, nos queda claro que habrá una nueva visita al lugar en un próximo viaje…  Muy feliz

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Eso si, de camino de vuelta a la terminal del ferry nos enamoramos aún más del lugar, entre sus jardines, sus templos y esas callejuelas comerciales tan típicas niponas repletas de tiendas y restaurantes, que nos vamos encontrando por el camino. Además huele a las mil maravillas ya que la isla es conocida por sus galletas con forma de pez y rellenas de lo que quieras (anko, chocolate, crema, etc.). Además, como las producen allí mismo, se puede ver todo el proceso artesanal de elaboración de los dulces a través de los escaparates. Antes de zarpar compramos unas galletas típicas para traer a nuestra familia y un par de cajas para nosotros que seguro caerán durante el viaje porque ¡¡están buenísimas!!

Otro manjar típico de la isla son las ostras y las sirven cocinadas de mil maneras. No las probamos, a mi marido no le gusta el marisco ni similares y a mi no me gustan las ostras :p

Expuesta en una de las tiendas se halla la pala de girar el arroz más grande del mundo 🙂 cosas de japos que les gusta hacer las cosas a lo grande 😀 Por el camino vemos a unos cuantos ciervos intentando atracar una tienda ¡jaja qué graciosos!

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Al igual que en Nara, aquí también hay carteles con ciertas normas de conducta con los ciervos…

Y ahora si, con mucho pesar salimos pitando para el ferry y de vuelta a Hiroshima. Una vez en la ciudad, desandamos nuestros pasos hasta la estación de tren, dónde de nuevo tomamos un tren de la línea JR Sanyo hasta la estación JR Hiroshima. Vamos con un poco de prisas porque a las 17h cierra todo en Hiroshima y son más de la 1h, así que decidimos comer en plan fast food en un McDonnalds®. Luego salimos de la estación y junto a ella, tomamos un tranvía hasta la zona del Castillo de Hiroshima, primer punto que conoceremos de esta ciudad.

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ferry que nos llevó de vuelta a Hiroshima

Pero antes de continuar con el relato del viaje, os cuento un poquito sobre la ciudad… Hiroshima es la capital de la prefectura de Hiroshima y la ciudad más grande de la región de Chugoku con 1 millón de habitantes. Enclavada junto al río Ota, se encuentra separada en nueve islas, tantas como brazos tiene el río. Hiroshima significa literalmente isla ancha y está construida sobre una serie de islas arenosas en el delta del Ota-gawa. Fue fundada a finales del siglo XVI y se convirtió en centro urbano durante la época Meiji. Desgraciadamente es mundialmente conocida por ser el escenario del primer bombardeo atómico en la historia al final de la II Guerra Mundial.

Como os decía, cogimos un tranvía en Hiroshima Sta. (líneas 1, 2, y 6) que nos lleva hasta la parada Kamiya-cho. De allí caminamos unos 10 minutos hasta llegar al Castillo de Hiroshima. Construido en 1589 por el clan Mori,  fue completamente destruido por la bomba atómica, pero se reconstruyó gracias a una donación privada (las obras finalizaron en 1958). No es un gran castillo ya que tampoco lo reconstruyeron al completo, si no que tan solo una parte de la muralla y algunas torres, y aunque es un lugar bonito, es totalmente prescindible su visita a no ser que seas un gran amante de los castillos japoneses :p

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Entramos gratis a una de sus torres que alberga un museo con una exposición de ropa, armas y una reproducción de habitaciones de como había sido el castillo en su época.

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Tras esto, nos vamos a recorrer un trocito del jardín Shukkeien, de acceso gratuito. Y aunque parece un lugar interesante y es enorme, es un rollo visitarlo con el aguacero que está cayendo… y sinceramente, preferimos visitar la zona de la Cúpula y el Museo de la Paz antes de que cierren.

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jardín Shukkeien

Apenas hay unos 15 min a pie del parque de la paz, pero como diluvia, volvemos a la parada del tranvía y cogemos uno que nos deja frente a la zona 0. Ya desde la parada del tram se intuye lo que allí hay…

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Pero conforme te acercas a la Cúpula de la Bomba Atómica, te quedas literalmente sin palabras y un escalofrío te recorre el cuerpo. Impresionante lugar. Pone los pelos de punta ver hasta qué punto es capaz de llegar el ser humano… muy muy impactante, de verdad.

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Me impresiona tanto que hasta me sabe mal sacar la cámara para tomar unas fotos. Al ver esos gruesos hierros que hay en el interior de los pilares de hormigón del edificio retorcidos por el calor, pienso en aquél 6 de agosto de 1945 y en el horror que vivieron los habitantes de esta ciudad y sus alrededores. El fenómeno se conoció como el Pika-Don (resplandor – ruido) porque en Hiroshima se produjo un increíble resplandor y a cientos de km se oyó un ruido ensordecedor, por lo que unos vivieron el resplandor y otros solamente el ruido. Hubo más de 250.000 muertos en aquel fatídico día, una ciudad casi al completo aniquilada en pocos segundos. Desde entonces se ha convertido en una ciudad comprometida con la paz y la abolición de las armas nucleares y cada 6 de agosto hacen una gran ceremonia con este fin.

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El edificio, antigua Exposición Comercial de la Prefectura es el símbolo de la destrucción infligida a Hiroshima y fue uno de los pocos edificios que quedaron en pie tras la explosión. Declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en 1996. Sus ruinas apuntaladas, incluso iluminadas de noche, permanecen como eterno recordatorio de la tragedia. Fue el epicentro de la bomba, que estalló a unos 100m de altura sobre él.

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Ambos en silencio y ensimismados en nuestros pensamientos, vamos dando un paseo bajo la lluvia hacia el  Parque Conmemorativo de la Paz.

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El parque se construyó como lugar de conmemoración del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima para promover la paz mundial y está ubicado dentro del área del epicentro de la explosión atómica, entre la Cúpula y el Museo. En el centro está situado el Cenotafio por las víctimas de la bomba atómica que contiene una lista de toda la gente que murió por la explosión o como consecuencia de la radiación. En el parque también puedes encontrar el monumento a los niños y el cenotafio por las víctimas coreanas. Lo recorremos bastante rápido porqué cada vez llueve más fuerte y nos lo pone difícil…

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Entramos al Museo Conmemorativo de la Paz (entrada 50¥, incluye audioguía en español) y desde el mismo momento en que cruzas el quicio de la puerta ya empiezan a ponerse los pelos aún más de punta de lo que ya los llevas…

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Aún se me encoge el corazón al pensar en todo lo que el museo muestra… es un lugar duro, que muestra lo cruel que puede ser el hombre y la injusticia de las guerras, cuánta gente inocente murió o quedó herida… impactante, no puedo decir más.

Junto a la entrada hay dos grandes maquetas de la ciudad, una antes de la explosión y otra de cómo quedó Hiroshima tras el bombardeo. Escalofriante.

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Antes…

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Después…

La audioguía te resume la II Guerra Mundial, los bandos que había y el motivo de que los americanos lanzaran la Little Boy sobre Japón y en concreto sobre Hiroshima, así como el posterior bombardeo atómico sobre Nagasaki pocos días después. Lo espeluznante es que uno de los objetivos que tenían para lanzar la segunda bomba era Kyoto. ¿Os imagináis que hubieran aniquilado todo su patrimonio? Además de sus gentes, of course… Hay varios vídeos en Youtube y varias páginas que explican todo esto, si os interesa la historia y en concreto la II World War como a mi, seguro que os apasiona y a la vez os enfurece.
La audioguía también te explica el cómo aconteció aquel 6 de agosto y los días y meses posteriores. Y todo esto te lo explica mientras vas recorriendo salas repletas de fotos y objetos que se encontraron entre las ruinas, lo que te provoca una sensación de acongoja impresionante.
Hubo un momento en que no podía más y dejé de escuchar la audioguía y de mirar aquellas vitrinas. Soy una persona muy empática y sufro con el sufrimiento de otros, sentía un gran dolor y un gran malestar… Así que personas empáticas, sensibles y/o aprensivas, os aviso, lo pasaréis mal en el museo pero aún así creo que todo el mundo debería visitarlo para ser conscientes de lo ocurrido y evitar que una atrocidad así vuelva a ocurrir.
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Son casi las 18h cuando salimos del museo (hora del cierre) con una mezcla de sentimientos entre pesar, furia y con el corazón en un puño… Junto a la salida escuchamos a una coral de jóvenes japoneses que cantan con tanto sentimiento que nos pone los pelos más de punta de lo que ya los llevamos. Lo comparto con vosotros.

Continua lloviendo a cántaros… regresamos a través del parque de la paz hacia la parada de tranvía que hay junto a la Cúpula. Allí tomamos un tranvía de nuevo para volver al hotel. Al igual que los buses de Kyoto, debes subir por la puerta de atrás.

Aquí nos pasa algo curioso y que nos tiene bastante rallados hasta llegar a la estación… en teoría, cuando subes a un bus/tranvía, junto a la puerta hay una máquina que saca un papel con el número de parada en la que subes y luego al bajar, te cobran en función del trayecto… pues bien, resulta que aquí la máquina no saca papel y todo el mundo pasa una tarjeta contactless por un lector, y claro nosotros nos quedamos ¿¡y cómo lo hacemos nosotros?! Chocado . Estuvimos rallados hasta llegar a la estación que era nuestra parada y también la última de esa línea, así que decidimos esperar a que bajara todo el mundo para poder ir con calma y explicarle al conductor como pudiéramos dónde habíamos subido para que nos cobrara el trayecto… así lo hicimos, y por suerte (¡es lo bueno de ser guiri!) nos había visto subir y nos dijo que no pasaba nada porqué no tuviéramos papel de subida, que nos cobraba lo que valía el trayecto que habíamos hecho. ¡Uffff qué susto! Muy feliz Muy feliz Le dimos las gracias con un sonoro “domo arigato” como ellos suelen hacer y ahora si, nos bajamos relajados del tranvía.

Luego con el tiempo además nos enteraríamos que hay una zona de tarifa plana en Hiroshima. No sabemos si nos cobró lo que tocaba por ese motivo o porqué realmente nos había visto subir en aquella parada 😀  Ya veis, anécdotas de viajero ¡jaja!

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Tram de la ciudad

Llegamos a la estación y recogemos la mochila de mi marido de la consigna y luego vamos hacia el hotel dónde hacemos el check-in y subimos a la habitación. Si el hall del hotel ya es chulo, ¡la habitación es increíble y enorme! ¡Y menudas vistas sobre la ciudad desde la habitación! Lástima de los nubarrones y la lluvia que no permiten disfrutarlas al máximo…

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Después del madrugón de hoy, estamos bastante cansados a estas horas ya… así que perreamos un poco en la habitación, aprovechamos para hacer copia de seguridad de las fotos, hablar con los nuestros y cuando se da la hora de ir a cenar, decidimos ir a lo cómodo por lo que vamos a buscar un restaurante en la misma estación.

Nos decidimos por uno de yakisobas y okonomiyakis que es bastante pequeño pero que ¡huele que alimenta desde fuera! Nos sientan en la barra, frente a la plancha. Al principio nos pareció un poco rollo eso de estar frente a la plancha pero luego nos encantó porque pudimos ver el arte que tenía el chef con las paletas y cómo se hacen los yakisoba y los okonomiyaki de Hiroshima y ya me veis a mi tomando buena nota de ello para luego hacerlos yo en casa. Si, mis yakisoba caseros son al estilo de Hiroshima 😀

Lo siento, no tengo fotos del momento, me dejé la cámara cargando y mi móvil de entonces echaba unas fotos de kk… 😦

Pedimos un yakisoba y un okonomiyaki para compartir y así poder probar ambos platos porque tenían una pinta estupenda los dos. Y os aseguro que ¡no los he probado mejores en mi vida! El lugar es 200% recomendable y si algún día volvemos a Hiroshima, tenemos claro que ¡¡volveremos a comer a allí!! No recuerdo el nombre del lugar ni sé si seguirá abierto, pero si alguien quiere indicaciones de cómo llegar, decidme.

Tras una cena exquisita y de comer hasta reventar, pasamos por la oficina de la Japan Railways y reservamos los billetes del Shinkansen para mañana, y volvemos al hotel. Hemos tenido un día agotador y toca dormir que mañana ponemos rumbo bien temprano hacia la capital, ¡¡si, nos vamos a Tokyo!!

P.S: si tuviera que volver a hacer esta excursión, sin duda hubiera visto lo que nos interesaba de Hiroshima por la mañana y luego hubiéramos ido a Miyajima, tal y como lo hicimos tuvimos la sensación de no poder disfrutar demasiado de la isla. Con el tiempo que disponíamos nos sobraba el castillo, así hubiéramos podido dedicar un poco más de tiempo al resto.

¿Lo ideal? Visitar Hiroshima por la mañana, luego ir a Miyajima y hacer noche allí, así puedes ver la torii con marea alta y marea baja. Por la tarde visitas el santuario, las calles comerciales y al día siguiente por la mañana, haces el ascenso al monte Misen y visitas el templo Daisho de bajada. Luego ya, siguiente destino 😉

22/05/2011: último día en Kyoto entre tifones y fantásticos rincones…

Día 7: recorremos los templos de Higashiyama y subimos a lo más alto de Kyoto para contemplar las vistas en nuestro último día en esta ciudad.

¡Hoy amanece el día lloviendo a cántaros! Vamos a la estación a desayunar y aprovechamos para comprar unos paraguas, sin duda los vamos a necesitar… Compramos también el pase diario del bus por 500¥ cada uno, tomamos el nº 100 y nos dirigimos a los templos del sureste de Kyoto. Nos cuesta un poco encontrar nuestra parada porque ¡llueve tanto que no se ve nada a un metro de distancia!

El primero de la ruta en la zona de Higashiyama, es uno de los templos más bonitos -a nuestro parecer- y también de los más importantes de Kyoto, el Kiyomizu-Dera. Este templo es relevante por dos motivos, uno por estar construido íntegramente con madera y sin usar ni un solo clavo para sujetar la estructura y, lo segundo es que aunque se trata de un templo budista fundado en el año 778, alberga en su interior un santuario sintoísta, el santuario Jishu, algo bastante peculiar y difícil de encontrar…

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Pagamos los 300¥ por persona de la entrada y comenzamos a recorrer el complejo de templos que conforman el santuario de  Kiyomizu.

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El primer edificio que recorremos es el principal del templo, ése que está construido sobre enormes columnas de madera. Las vistas desde aquí hacia la ciudad y los jardines del templo son geniales, aunque quedan un poco deslucidas por la cantidad de agua que cae. Aunque podemos ver cómo cae el agua desde el tejado hacia la base del río a través de unas cadenitas enlazadas que hay en los laterales de la balconada.

 

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Kiyomizu (清水) significa agua pura. Su nombre viene de tres cascadas que hay en el complejo y de las que se forman 3 chorritos en las que puedes beber.  La tradición dice que estos chorros aportan, de derecha a izquierda, larga vida, prosperidad e inteligencia, a quien bebe de cada fuente, pero hay que beber solo de uno de ellos, ya que dicen que la desgracia se cierne sobre los avariciosos. Hay mucha cola para beber de la fuente y está diluviando, así que decidimos pasar de largo, ya habrá oportunidad en un futuro -esperemos que no muy distante-.

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Si recorres un sendero que sale desde la fuente de los tres chorros, llegas a una pagoda, pero como os digo está diluviando, así que nos decantamos en ir hacia la izquierda, hacia el santuario Jishu o del amor y así intentar cubrirnos a ratos, aunque a estas alturas ya estamos empapados…

Ésta zona está plagada de edificios con símbolos shinto, ¡este templo es impresionante! Es un lugar lleno de tradiciones y supersticiones, por ejemplo encontramos estas dos piedras separadas unos metros la una de la otra, dice la tradición que si consigues llegar de una a otra con los ojos cerrados y sin caer, encontrarás el amor verdadero. Vemos varios grupitos de jóvenes intentándolo Muy feliz

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Tras un buen rato, decidimos dejar atrás el Kiyomizu y seguir recorriendo la zona de Higashiyama. Nos sorprende ver las calles que rodean al templo, repletas de tiendas de souvenirs dónde encontrarás de todo, desde figuras hasta ropa y katanas de imitación.  Seguimos con la ruta hacia el Templo Kodaiji.
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De camino vemos la Pagoda Yasaka y nos compramos unos chubasqueros en una tienda chiquitina porque nos estamos empapando a pesar de llevar los paraguas. Aprovechamos para entrar a boxes, es decir ir al WC y comprar unas bebidas, nuevamente mi marido prueba bebida nueva Mr. Green

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Llegamos al templo de Kodaiji, por el que podemos pasear por su interior y nos deleitamos recorriendo sus jardines que se ven verdísimos a causa de la lluvia que está cayendo hoy.

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La entrada cuesta 600¥ pp. Fue una mujer japonesa llamada Nene la que construyó el santuario en 1606, en memoria de su esposo fallecido, el guerrero Toyotomi Hideyoshi.

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Recorremos los distintos jardines y edificios que conforman el templo conectados por un pasadizo de madera elevado. Es realmente relajante recorrer esos pasillos, oyendo tan solo el sonido de la lluvia al caer…

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También este templo tiene un bosque de bambú en sus jardines… alucinante, de verdad que fue un lugar que nos maravilló y que recomendamos visitar.

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Desde hace un rato, nos llama la atenición una gran diosa kannon de mármol que hace rato que vislumbramos sobresaliendo por encima de los edificios y ahora vemos que está muy cerca del templo Kodai, así que nos dirigimos allá. Se trata de la Ryozen Kannon construida sobre un museo dedicado a las víctimas de la II Guerra Mundial. Es increible el ambiente de paz que se respira en el lugar. Además estamos solos en el recinto por lo que podemos recorrerlo con toda tranquilidad.

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Encendemos unos inciensos por las víctimas y los dejamos sobre un gran quemador de incienso que hay frente al altar.

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Recorriendo el complejo, vemos que junto al museo hay un gran cementerio infantil que pone los pelos de punta… repleto de tumbas con estatuas de Jizo (buda protector de los niños y también de los viajeros), por respeto y porque nos pone los pelos de punta ver tanta tumba, preferimos no verlo.

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Por suerte ha dejado de llover lo que nos facilita el seguir viendo cosas, así que decidimos seguir con la ruta por las callejuelas empedradas y bien empinadas que conforman esta zona de Kyoto y en las que podemos encontrar casas casas típicas japonesas de dos plantas, tipo unifamiliar como la que vivía Doraemon 🙂 Esta zona tiene un encanto especial y nos está enamorando igual que lo hizo Arashiyama. De tanto en tanto, encontramos estatuas-amuletos a las cuales se les puede pedir deseos siguiendo las instrucciones que hay junto a ellas. Junto a una de ellas, encontramos un mapa de la zona con indicaciones para llegar a todos esos amuletos.

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había que tocarle un pie si deseabas fortuna.

 

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y en este debías posar una mano sobre la cabeza de la mujer y la otra sobre la del hombre para tener suerte en el matrimonio.

 

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mapa con la ubicación de todas las estatuas de Higashiyama

 

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una de las calles de Higashiyama

Tras un buen paseo, llegamos al Maruyama Park, de entrada gratuita, se trata de uno de los parques más grandes de Kyoto. Limita limita al norte con el templo Chi-on, y al oeste con el santuario Yasaka. Recorremos el parque con calma y pasamos aquí un buen rato, ahora que ya no llueve es mucho más agradable seguir con la caminata.

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Después de un ratito aquí, decidimos recorrer los edificios que conforman el  Santuario Yasaka y que se encuentra junto al parque. Su construcción se inició durante el inicio del periodo Heian, y entre 1871 y 1946 fue designado oficialmente como uno de los Kanpei-taisha de modo que quedaba bajo el apoyo del gobierno nipón.

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Nos llama mucho la atención que a farolillos de papel les han puesto unos chubasqueros para evitar que se mojen 🙂

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Salimos del santuario y del parque por la Shijō-dōri  o 4ª Avenida, una de las principales calles de la zona de Gion. Decidimos ir a comer a la zona de Gion Corner a un restaurante de ramen, vamos con la ropa empapada y nos apetece una sopa calentita 😛

Tras la pausa, volvemos hacia el parque Maruyama, pero esta vez para visitar el Templo de Chion-in. Se trata de un complejo formado por varios templos budistas, pero no podemos entrar en ninguno porqué hay una gran celebración y hay gente orando por doquier, de modo que ni nos cobran la entrada (600¥) aunque tampoco podemos ver nada…  El templo fue construido en el 1234, y reconstruido en el siglo XVII. En él se encuentra la campana más grande del país que pesa nada más y nada menos que ¡74 toneladas! Este templo es conocido porqué es uno de los templos dónde se celebran las 1o8 “campanadas” de fin de año, y necesitan de una docena de monjes para poder hacerla sonar… hay varios vídeos en internet que merecen la pena verlos porqué es un acto de lo más curioso.

Además, la entrada principal se conoce por sus grandes escalones, que fueron los que subía Tom Cruise en la peli El Último Samurai en su visita al emperador. Si, momento friki 😛

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Nuestro gozo un poco en un pozo al no poder visitar el templo… así que decidimos seguir con la ruta por Higashiyama. Nos dirigimos al templo Shoren-in, siguiendo las indicaciones que llevamos de subir por Jingu‐michi Dori. Pagamos los 500¥ pp de la entrada y nos adentramos en uno de los jardines más bonitos que encontrarás en Kyoto. Se trata de un templo chiquitín pero muy recomendado por todas las guías de viaje, y es que ¡¡realmente las guías tenían razón porqué es impresionante!! Nosotros también recomendamos visitarlo. Sus edificios y sobretodo su jardín… después de todos los templos recorridos, si tenemos que escoger uno para pasar una tarde, ¡¡éste sería un firme candidato!! La entrada al jardín nos sorprende puesto que es una puerta muy bajita… y evidentemente nos tenemos que agachar para no darnos en la cocorota 🙂

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Éste, como muchos de los parques de los templos que hemos visitado durante estos días, también tiene un gran bosque de bambú adherido a sus jardines.

Tras recorrer sus fabulosos jardines, nos sentamos en el suelo de tatami de uno de los edificios y allí nos quedamos un buen rato, nos deleitándos con las fuentes, los lagos, los jardines, y el bosque de bambú que rodea el templo… y de esta forma tan agradable terminamos el recorrido de templos en Kyoto, y es que hoy es nuestro último día en esta maravillosa ciudad.

Se respira tanta calma en los jardines japoneses que se puede decir que estamos en el ¡paraíso zen! A las 17h suena la campana que avisa del cierre, así que con mucho pesar, salimos.

Y para terminar la tarde, decidimos ir a la Kyoto Tower y subir a su mirador antes de que anochezca. Así que tomamos un bus que nos lleve de vuelta a la estación de autobuses ya que la torre está enfrente. Se entra por el mismo edificio que al hotel Tower, compramos los billetes en la entrada del hotel y subimos por el ascensor que nos indican hasta lo más alto del edificio.

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¡Menudas vistas de la ciudad que hay desde allí! Nos llama la atención que podemos ver todos los templos recorridos durante estos días y también nos sorprende ver la cantidad de templos que no hemos tenido tiempo de conocer, ¡sin duda hay que volver a esta ciudad!

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¡Menudo entramado de vías!

 

A la salida, hay un photocall muy friki en el que nos hacemos unas fotos, algunos locales nos miran sonriendo ¡jeje! Y es que Japón es eso, contrastes entre lo más friki e innovador y lo más tradicional y cultural 🙂

Compramos cena en la “lonja” que hay en los bajos de la estación JR Kyoto, dónde te preparan unas cajas de bento riquísimas a un precio muy económico, y que como os explicaba en entradas anteriores, cuánto más se acerca la hora del cierre más rebajado está todo. Aprovechamos también para ir a la oficina Japan Railways para reservar los asientos del Shinkansen de mañana a Hiroshima.

Al llegar al hotel y mirar las noticias online, vemos que un tifón azota Japón… ¡¡ahora entendemos los diluvios de hoy!! O_O Esperemos que no nos afecte en lo que nos queda de viaje… Decidimos irnos prontito a dormir, mañana toca madrugar de lo lindo!

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nuestra habitación

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¡¡cómo echo de menos los WC de botones!!

Qué pasada, es la última noche en Kyoto… ciudad que nos tiene encandilados y que casi 5 años después, podemos decir que es nuestra ciudad favorita del mundo 😉 Y de repente, pensamos que, sin darnos cuenta, ya llevamos una semana de luna de miel 🙂

Y con estas reflexiones, nos vamos a dormir que mañana toca conocer un nuevo destino de este fabuloso país…

21/05/11: ascendemos por el santuario de Fushimi Inari y nos deleitamos con los jardines del Templo Plateado

Día 6: seguimos en Kyoto, entre torii rojas sagradas y fabulosos jardines…

 

Hoy no madrugamos demasiado porque si no ¡igual no llegamos al último día del viaje! ¡jeje! Desayunamos con calma en la estación, en un bar francés que hacen unos bollos riquísimos y a los que cogemos afición… 😛 y con las pilas cargadas, salimos a ver los lugares programados para hoy.

El primer turno es para el templo Higashi Hongan-ji, que está a 5 minutos andando de la estación y que vimos anoche por casualidad al dar un paseo.

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Hongan-ji significa “el templo del voto original” y en realidad este templo estaba formado por dos templos gemelos, aunque con los años se separaron por otras construcciones, el Higashi y el Nishi Hongan-ji.

Aunque los edificios del templo son preciosos, pero no nos entretenemos mucho con la visita porqué están haciendo una celebración, hay cientos de monjes y no nos dejan hacer fotos ni grabar, me entero de ello por una bronca tremenda que me echa un monje, en japonés, pero que entiendo a la perfección ¬¬’ . Además hay muchísima vigilancia y tampoco nos dejan acercarnos a todos los edificios… deducimos que seguramente sea debido a algún acto oficial en el que celebran el 5º centenario de algo que ocurrió allí según indican los carteles de la entrada y que no acabamos de entender porqué están en japonés…

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Volvemos a la estación y cogemos un tren para ir a Fushimi Inari-Taisha, lugar conocido por sus cientos de torii rojas dónde grabaron una parte de la peli “Memorias de una Geisha”. El trayecto en tren JR dura unos 15 minutos, y no tiene pérdida porqué desde la estación ya se ven torii y edificios construidos con madera lacada en rojo.

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Hay mucha gente que visita Fushimi Inari el mismo día que Nara ya que la línea JR es la misma, pero nosotros -por recomendación de un familiar- decidimos dedicarle una mañana completa a cada uno para poder disfrutar al máximo de ambos lugares. Otra opción es venir al atardecer, dicen que es mágico, pero te arriesgas a que se haga de noche mientras asciendes y no está muy iluminado que digamos…

Inari, representada por una imagen de una zorra (el animal no mal penséis…) es la diosa del arroz y es considerada como la patrona de los negocios. Es por ello que todo aquél que pide por sus negocios, ofrece culto a Inari. Muchos son los que hacen ofrendas al santuario y a su patrona en forma de torii o puerta sagrada.  De ahí que el recinto esté lleno de torii rojas y que puedas encontrar estatuas de Inari por doquier. En cada torii inscriben el nombre y la fecha de donación.

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Como os contaba, nada más entrar en el recinto, nos encontramos con el santuario de Inari, desde el cuál se accede al camino de torii archiconocido que ascienden a lo largo de todo el monte Fushimi, llevándote a otros santuarios más pequeños. Junto al recinto principal del santuario encontramos un mapa del lugar.

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Nos decantamos por el camino de la izquierda y sin darnos cuenta, empezamos a ascender por el monte Fushimi rodeados de la paz que transmite este lugar, un camino repleto de cientos y cientos de toriis rojas que pone los pelos de punta.

A medio camino, hay un mirador con unas vistas muy chulas de Kyoto y Nara. Paramos a disfrutar de ellas y de paso a tomar un poco de aire, a pesar de que no son más de las 11h hace un calor tremendo que se suma al esfuerzo de la caminata.

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Tras recuperarnos un poco, seguimos ascendiendo. Nos damos cuenta que apenas entra luz entre las torii, están tan juntas que parece que el camino esté cubierto por un tejado. Además hay zonas boscosas a los lados y en otros puntos, los dos caminos se encuentran sin llegar a cruzarse.

 

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Seguimos un poco más hasta llegar a la fuente del zorro, la fuente que emana agua del Monte Fushimi, en la que nos purificamos y dónde decidimos dar media vuelta porque en este punto el camino de toriis se convierte en un camino de tierra por en medio del bosque. Sabemos -por nuestro familiar- que si seguimos por él, acabaríamos de nuevo junto al edificio principal del santuario, junto a la estación, pero decidimos dar media vuelta porqué estamos completamente solos en esta zona, hace ya un buen rato que dejamos de cruzarnos con gente…

Aquí también encontramos otro pequeño santuario dedicado a la diosa Inari en medio del bosque. Impresionante lugar, de verdad.

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Apenas sin darnos cuenta, hemos hecho el recorrido completo (unos 4km de subida y otros tantos de bajada). Sin duda, una experiencia fantástica e inolvidable 🙂

Llegamos de nuevo al mirador dónde nos sentamos en una cafetería que hay allí a tomarnos un helado para refrescarnos un poco, ¡¡riquísimo el helado de soybean (crema de semillas de soja)!! Después de un pequeño descanso, seguimos con el camino de vuelta hacia abajo. Llegamos a la estación JR Fushimi Inari y cogemos el primer tren que pasa hacia Kyoto.

Una vez en Kyoto es ya mediodía pero necesitamos una ducha después de la sudada que nos hemos pegado en Fushimi… tras ello, volvemos a la zona de la estación JR Kyoto dónde nos decidimos por unos bol de udon riquísimos en un restaurante cercano.

Para la tarde, tenemos pensado visitar el templo de Ginkaku-ji, también conocido como el Templo Plateado. Para llegar a él tomamos el metro hasta la estación Keage y vamos dando un paseo mientras recorremos el Sendero de la Filosofía, en el que nos cruzamos con muchas parejas niponas y también con algunas maiko (aprendices de geisha).

Este paseo es un lugar ideal para disfrutar del hanami (o floración del cerezo) en primavera y del momiji (enrojecer de las hojas) en otoño. En esta época del año -mayo- apenas queda alguna flor en los cerezos, pero aún así es un lugar muy bonito dónde pasear con calma.

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Al final del sendero se encuentra el templo de Ginkaku-ji. Pagamos la entrada y como buenos budistas, nos purificamos en su fuente antes de entrar.

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Una vez “limpios”, entramos y alucinamos al descubrir lo que esconden los muros de este templo. ¡Menudos jardines! Tanto los de arena tipo zen que hay en el centro del complejo, como los repletos de vegetación que lo rodean.

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El templo fue construido en 1474 por el shogun Ashikaga Yoshimasa, quién intentaba emular el templo dorado o Kinkaku-ji que había sido construido por su abuelo, pero se le acabó el presupuesto y no pudo cubrir el templo de plata como estaba planeado… y aunque el templo es normalete, de madera y no muy grande, para mi este lugar es de los que más me gustaron de tooodos los visitados en Kyoto, no por su templo en si, si no como os decía por los jardines.

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No logro entender cómo consiguen que se mantengan esos montones de arena de hasta ¡¡60cm de altura!! de una forma tan perfecta y ¡¡sin que se caiga ni un grano!!

Nos deleitamos paseando por sus jardín y alucinamos al descubrir que éste también cuenta con un pequeño bosque de bambú.

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Estamos absortos disfrutando del lugar al máximo cuando escuchamos un gong que indica la hora del cierre. Así que con mucho pesar por no poder pasar más tiempo aquí, nos dirigimos hacia la salida. No sin antes echar la vista atrás y quedarnos con una última imagen.

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A la salida del templo hay una callejuela con mucha pendiente, repleta de tiendas y terrazas dónde tomarse algo. Decidimos hacer un pequeño alto, y paramos en una de las terrazas para tomar un rico batido. Tras la pausa, cogemos un autobús que nos acerca a la zona de Pontocho, el barrio comercial y de restaurantes por excelencia de Kyoto que hay junto al río Kamo.

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Nos llama la atención la cantidad de gente que hay junto al río haciendo picnic y lo repletas que están las terrazas de los restaurantes que empiezan a servir cenas. Cruzamos el puente de madera y nos topamos con un restaurante español en el que  hay una pareja de novios, en esta ocasión con trajes occidentales aunque un tanto horteras… Él viste un traje blanco brillante y ella, un vestido con mil pompones y volantes; y aún nos llama más la atención el lugar del banquete… ¡un bar español con bandera incluida!

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¿¡se nota que me acabo de casar y no puedo evitar fijarme en estas cosas?! 😛

Nos adentramos en la calle comercial Tera-machi y paseamos por ella mientras miramos la diversidad de los productos que venden en sus tiendas y mercados.

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Hoy nos damos un festín y cenamos en una barra de sushi, ¡riquísimo y por cuatro duros! Tomamos de nuevo un bus hasta la estación de autobuses que hay junto a la JR Kyoto. Nos entretenemos un poco viendo los efectos de luces y música de la fuente de la estación y, ahora si, agotados por la caminata de hoy, volvemos al hotel.

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Tras la ducha, llamamos a la familia para explicarles que hoy ha sido un gran día y que probablemente no olvidaremos nunca lo lugares visitados.  Cuatro años después, doy fe de ello 🙂

¡Buenas noches!

20/05/11: vamos a conocer los ciervos de Nara!

Día 5: peregrinaje budista y sintoísta en Nara y “Mc Donald’s por el mundo: Japón”

 

El día de hoy lo destinaremos a la ver la ciudad de Nara. Nos levantamos sobre las 8h, desayunamos en la estación en el Café Francés, qué ricos están los rollitos de canela 🙂

Antes de coger el tren, pasamos por una parafarmacia a comprar un protector solar, el sol pega de lo lindo y con tantas horas al sol yo ya tengo la nariz bien colorada… y ahora si, tomamos el tren JR que nos lleva a Nara. Es un viaje de unos 40 minutos incluido con el JRP (Japan Rail Pass). Nosotros incluimos los trayectos de hoy aprovechando que tenemos el JRP activado, pero también puedes pagar el trayecto (unos 800¥ si no recuerdo mal) aunque no es la única opción para viajar a Nara, ya que puedes usar también los trenes de una línea privada que te lleva más o menos en el mismo tiempo solo que algo más económico (unos 600¥).

Nara fue la primera capital permanente de Japón y fue fundada en el año 710. Fue capital de Japón hasta el año 784 cuando debido a las influencias y las ambiciones políticas de los monasterios budistas empezaron a ser una amenaza para el gobierno, y la capital se trasladó a Nagaoka. Debido a su pasado, está llena de tesoros históricos, incluyendo algunos de los templos budistas más antiguos de Japón, así como uno de los santuarios shintoistas más importante y uno de los parques más grandes del país, en Nara-Koen. Es por ello, que debe ser un imprescindible si se visita el país nipón 😉

Al llegar a Nara, hacemos parada en boxes (wc y bebida) y nos dirigimos a la oficina de información turística que hay en la misma estación. Nos preguntan de dónde somos y nos dan un mapa de la ciudad en ¡español! ¡mola!

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Hay pases para un bus que recorre los puntos más importantes de la ciudad, además de los buses urbanos, y también hay opción de alquilar bicis en la misma estación, pero nosotros preferimos pasear y disfrutar del lugar de una forma calmada. Así que salimos de la estación por una de las calles principales y vamos andando hacia la zona de los templos por calles peatonales repletas de tiendas y restaurantes. El primero de la jornada es el Kofuku-ji. Se trata del templo de la familia Fujiwara, el clan más poderoso de Nara durante gran parte de los períodos de Nara y Heian, fue fundado al mismo tiempo que la capital, en el año 710. En la cima del poder de los Fujiwara, el templo constaba de más de 150 edificios, hoy tan solo quedan un par de ellos…

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El templo solo se puede visitar por fuera, tan solo se puede entrar a la sala dónde se guardan los tesoros artísticos que se conservan del templo (500¥) pero nosotros no lo hicimos. Además están celebrando una ceremonia… hay un grupo numeroso de gente, todos con una camiseta igual y siguiendo unas lecturas y cánticos al son de la campana que toca el monje que dirige el evento. Nos mantenemos algo alejados y no echamos fotos al lugar dónde están rezando por respeto.

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las fuentes de purificación que están a la entrada de cualquier templo o santuario

Caminado entre los edificios ya encontramos los famosos ciervos de Nara. Según los carteles, los ciervos llevan más de 1000 años en Nara conviviendo con sus gentes. Se dejan tocar y se les puede dar comida, eso si, nos recuerdan que son animales salvajes y que pueden atacar, por lo que hay que ir con cuidado.

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En este templo se encuentra la gran pagoda de Nara, una de las más altas de todo Japón, con una altura de cinco pisos, y es todo un símbolo de la ciudad.

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Seguimos caminando, y entramos al Nara Koen, el gran parque de Nara. Seguimos viendo ciervos por doquier y a varios artistas que intentan captar la magia de los parajes en sus lienzos, grupos haciendo yoga y un montón de grupos de escolares de excursión.

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De camino a la zona de templos, encontramos el Museo Nacional, al que no entramos. Compramos unas galletas para ciervos en una paradita y se las damos, ¡son unos ansias! Es alucinante poder estar tan cerca de un ciervo… Vemos que los animales tienen predilección por los niños, los siguen a todas partes 🙂

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Camino del templo de Todaiji pasamos por la gran puerta de Nandaimon.

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Nos llama la atención los Niō,  dos dioses iracundos y musculosos guardianes de Buda que se encuentran junto a la puerta en cualquier templo budista. Se dice que son una manifestación de la deidad protectora Bodhisattva Vajrapāṇi, y según la tradición japonesa, los Niō viajaron con Buda para protegerlo.

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Una vez cruzamos la puerta, ya estamos en el recinto del templo budista más importante de Nara… seguimos caminando entre escolares y ciervos hasta la taquilla.

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Algo que no os he comentado y que es importante, el día que vayáis a visitar Nara vigilad de no llevar comida en la mochila ni papeles (o guías) en la mano. Tienen una cierta predilección por comerse todos los papeles que vean y a más de un turista vimos cómo le quitaban la guía de la mano para zampársela o cómo perseguían a aquellos que llevaban comida en la mochila hasta que se la daban ¡jaja!

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Llegamos a la taquilla del Todai-ji, conocido también como “Gran templo de oriente”, es uno de los más famosos e históricamente significativos de Japón y es punto de referencia de Nara. Se trata del edificio de madera más grande del mundo y alberga en su interior al gran Daibutsu, el buda de bronce más grande de Japón, y uno de los más grandes dentro de un edificio. Y ya desde la taquilla, la vista del templo es imponente.

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Construido en 752 como el templo central de todos templos budistas de Japón y el responsable de que la capital nipona se moviera a Nagaoka en 784, por su gran influencia en los asuntos del gobierno… Pagamos la entrada (500¥ pp) y nos dirigimos al pasillo central que lleva a la entrada del templo. Aunque primero haremos parada en la fuente de purificación. Quizá os sorprenda pero nos gusta integrarnos en la cultura del lugar que viajamos y si ellos se purifican antes de entrar, creemos que también debemos hacerlo nosotros, aunque solo sea por respeto.

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Junto a la entrada al templo, vemos una estatua de Buda de madera que da un poco de mal rollo. El cartel que lo acompaña dice que si frotas tu mano en su pie y luego lo pasas por la zona de “tu dolencia” tiene efectos curativos.

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Nada más acceder al interior del templo, te encuentras con el gran buda… una figura imponente de Daibutsu de nada menos que 14,98 metros de altura y un peso de unas 500 toneladas. Literalmente, ¡es enorme! ¡Solo su cara mide 5,33 metros! De verdad que la foto no hace honor a la realidad…

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Originariamente el templo era tres veces mayor, pero por lo visto los sucesivos ataques e incendios destruyeron una gran parte del edificio.

Junto al gran buda existe una columna con un agujero que la atraviesa, cuenta la leyenda que el que pasa por él tendrá grandes bendiciones en su próxima vida. Vemos que todos los niños lo atraviesan sin problemas… pero los adultos no se animan a intentarlo y yo tampoco, no me vaya a quedar atascada y haga el ridículo 😛

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En la puerta y frente al buda hay un quemador de incienso enorme, echo unas moneditas al cajón y siguiendo sus rituales, enciendo tres barritas de incienso a la vez que pido un deseo al gran Daibutsu.

Nos dirigimos hacia la salida del templo cruzando de nuevo la puerta de Nandaimon. Pero antes de salir, compramos unos souvenir en las tiendas que hay junto a ella.

Damos un largo paseo por el Nara Koen, y nuevamente nos quedamos maravillados con sus jardines, sus estanques, sus puentes… y la cantidad de gente que hay haciendo picnic en las sombras del parque.

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Vamos siguiendo la ruta que hay trazada por el parque hacia el mayor santuario de Japón. De camino vemos una armería muy pequeña y entramos a ver las katanas y shuriken que tienen expuestas. El dueño de la tienda nos explica que la katana es considerada Tesoro Nacional en Japón, por lo que las originales no se pueden sacar del país. Hay la opción de comprar una réplica, y rellenando unos documentos podríamos llevárnosla como recuerdo, pero no lo vemos claro… Lo que si compramos es un shuriken para mi cuñado que en otra vida debía ser un ninja porque le encantan todas estas cosas… lo que descubriremos al llegar a casa es que es ¡¡ilegal entrar este tipo de armas en nuestro país!! Por suerte no viene afilada y sé que mi cuñado no la sacará de su casa ni la usará para otra cosa que sea decoración… ¬¬’

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Tras un buen paseo por el parque, entramos en la zona del Santuario de Kasuga Taisha, fundado por la familia Furiwara en el año 768, y considerado el mayor templo sintoísta del país, por lo que es lugar de peregrinación para muchos japoneses. Es impresionante ver la cantidad de faroles de piedra que hay a su alrededor y sus columnas rojas en madera lacada.

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La entrada a los santuarios sintoístas en Japón es gratuita, pero en este caso si quieres recorrer todo el complejo incluida la sala Hômotsuden (o sala del tesoro), debes pagar 400¥.

Junto a la taquilla vemos unos cuantos puestos con  ema que son unas tablillas de madera dónde anotas tus deseos y dejas en el templo, y con tiras de la suerte, unos papelillos en los que pone tu fortuna… Por 100¥ compramos un papelillo de la suerte -en inglés-, que viene con una figura pequeña de un ciervo tallado en madera. La tradición dice que si la predicción es buena te la quedas para ti y, si es mala, debes atar el papel a una estructura metálica que hay en el santuario para que los dioses te protejan. En nuestro caso, como nos da buena fortuna, nos la quedamos 🙂

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Vamos recorriendo los diferentes edificios y patios que conforman el santuario, es un lugar realmente bonito y merece la pena visitarlo. Además hay muy pocos visitantes y se respira una gran paz. Vemos algunos monjes haciendo sus labores, hombres y mujeres y es que en el shinto se aceptan las mujeres.

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Aquí hay un buda al que los japoneses vienen a pedir por sus males o por sus enfermos. Sigo el ritual de oración budista para pedir por la salud de un familiar que no anda muy fino en estos momentos… El ritual consiste en echar una moneda en una caja de madera que hay frente al altar, hacer dos reverencias seguidas de dos palmadas; entonces se pide al Buda tu deseo o petición, y se hacen dos reverencias más para terminar. En el caso de que haya una campana en el altar, en lugar de dar las palmadas, se toca la campana.

Sólo tengo foto de la zona dónde se encuentra el buda desde lejos porqué no se pueden hacer fotos de él, es el único que vemos en todo el viaje que no se puede fotografiar y suponemos que es por respeto a su “labor”.

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Seguimos recorriendo el santuario y disfrutando de las distintas salas y edificios que lo conforman. Así como del jardín zen de piedra que tiene en el centro. Hay un monje en esos momentos haciendo los dibujos en la arena con el rastrillo y nos quedamos literalmente embobados viendo cómo lo hace. ¡Qué destreza!

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El sintoísmo se considera la única religión originaria de Japón e incluye la adoración de los kami o espíritus de la naturaleza. Por ello, sus santuarios suelen estar en armonía con la naturaleza y es fácil ver objetos de protección en árboles, estanques o figuras que representan animales.

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Volvemos paseando por el Nara Koen pero esta vez con intención de ir a buscar un sitio para comer… en la guía recomendaban la zona de Nara-Machi, las calles comerciales por las que pasamos para llegar al parque cuando llegamos y que están repletas de tiendas y restaurantes, así que decidimos ir hacia allá. De camino vemos más ciervos… en un momento dado, me encontraba yo haciéndole una foto a unos de ellos cuando unos chicos que pasan por allí nos ofrecen una galleta de las que han comprado ellos para que hagamos la foto más chula, ¡qué majos, son la caña! Les damos las gracias y hacemos la foto con lengua fuera y todo (fijaos bien en el ciervo que hay delante)… 😛

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Seguimos hacia la salida del Nara Koen y vemos que hay montones de barriles de arroz y sake junto a la gran torii (puerta sagrada que marca la entrada a los santuarios shinto) del Santuario Kasuga Taisha, son donativos y ofrendas que hacen los fieles al santuario. ¡Me encantan esos barriletes!

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Tras una buena caminata, llegamos a la calle comercial de Nara-machi. Entramos al primer sitio que nos parece bien y nos tomamos un plato típico de la ciudad (una especie de tortilla rellena de arroz). Estamos cansados tras la caminata de la mañana y no tenemos tiempo para visitar más puntos de interés de Nara ya que todo cierra sobre las 16h y son más de las 15h cuando terminamos de comer, así que decidimos, volver a la estación JR Nara y coger el primer tren que pase de vuelta a Kyoto.

Al llegar a Kyoto, nos vamos derechos al hotel, necesitamos una ducha que menudo calor hemos pasado y, luego ¿qué mejor que echarse una siesta? pues eso, nos echamos un ratito que entre el jet-lag que aún dura y el paseo de hoy estamos ko.

Después vamos a dar una vuelta por la zona de la estación JR que tenemos junto al hotel. Entramos en ella y damos un gran paseo por sus más de 10 plantas repletas de tiendas y restaurantes, ¡es enorme!

Ya ha oscurecido y las vistas de la ciudad y sus luces de neón ¡son geniales! Otra faceta de Kyoto 🙂 Hacemos unas fotos nocturnas de la Torre de Kyoto y de la fuente luminosa de la estación y salimos a ver qué hay en los alrededores.

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Junto a la torre encontramos un centro comercial enorme de sólo electrónica, los almacenes Yodobashi. Entramos y nos quedamos alucinados al ver ¡¡6 plantas sólo de gadgets y electrónica!! ¡No sé como nos resistimos a salir de allí sin comprar nada! ¬¬’

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Las plantas superiores del Yodobashi, están llenas de restaurantes de todo tipo pero hoy hemos decidido que romperemos esquemas y seguiremos con una tradición viajera, así que salimos de nuevo a la calle y frente a la estación encontramos nuestro objetivo: un Mc Donald’s. Y es que como ya expliqué aquí, tenemos la tradición de “Mc Donald’s por el mundo” y es que hemos comido en un Mc de cada país al que hemos viajado… y es que Mc Donald’s es universal, igual que KFC y Starbucks ¡Están en todas partes! Foto de rigor y tras la cena, de vuelta al hotel a descansar… sleep

19/05/11: nuevo día en Kyoto entre Palacios, Castillos y macacos ansiosos…

Día 4: conocemos el Palacio Imperial, el Castillo de Nijo y subimos al Monkey Mt.

Hoy no madrugamos excesivamente ya que visitaremos el Palacio Imperial de Kyoto y tenemos reservadas las entradas para las 10,30h. Esto es algo importante si quieres visitar alguno de los edificios reales que hay en Kyoto, ya que debes reservar entrada con antelación puesto que vuelan en seguida… Se puede hacer a través de su web.

Para el día de hoy compramos el pase diario del metro (600¥) y usamos este medio aquí por primera vez. Nada más entrar nos llama la atención que ¡hay aire acondicionado en la estación! ¡Mola! Tras 4 paradas, llegamos a la zona del Palacio Imperial, el centro de Kyoto. Decidimos desayunar en una cafetería de estilo americano cercana al recinto del Palacio, y que tiene buena pinta. Nos pedimos unas tortitas con café y zumo. Antes de ir hacia el Palacio voy al baño y cuál es mi sorpresa cuando veo esto:

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Un lavamanos con jabón, agua y secador ¡todo en el mismo aparato! ¡¡Son la caña estos japos!! 😀

Nos acercamos al Palacio Imperial…  y tremendo jardín tiene el Palacio… hay una zona de parque abierta a todo el mundo que es impresionante, literalmente enorme.

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Y luego hay una zona a la que sólo se puede acceder reservando la entrada en la Oficina del Palacio Imperial (online o in situ), nosotros como os decía, reservamos por internet para asegurarnos sitio con el grupo en inglés (hay grupos en japonés y en inglés, pero del segundo hay solo uno al día).

Al llegar a las taquillas nos pasa algo muy curioso… y que a día de hoy aún no hemos comprendido 😛 Resulta que cuando reservas por la web, te llega un correo de confirmación al email que debes presentar en taquilla dónde te lo cambian por las entradas para acceder al recinto, y teóricamente, la entrada se paga en ese momento. La cuestión es que nosotros (las dos parejas) presentamos el papel y el tipo le dio 4 vueltas, yo creo que los miró hasta del revés… dijo algo en japonés, luego entendimos “English”, dijimos que si y nos hizo pasar… sin cobrarnos la entrada. No sabemos si es que al estar en papel en inglés no entendió que no estaba pagado, si es que lo que dijo en japonés era algo al respecto que no supimos descifrar o es que como había solo 4 personas más esperando para el tour en inglés (recordad que fuimos 2 meses después del tsunami y, cuando veías a un turista por la calle casi que te alegrabas de verlo y todo…) pasaron a entrada gratis o yo qué sé que pasó. Si a alguien más le ha ocurrido esto, agradezco que me explique su experiencia, la duda me corroe y quizá le deba 2 entradas a la Casa Imperial japonesa ¬¬’ mmm si es así, tendré que volver 😛

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Como os iba contando, tras el incidente con el tipo de la taquilla, cruzamos una gran puerta de madera lacada en rojo que a mi me recuerda al palacio de la peli Mulan y entramos al recinto del Palacio Imperial de Kyoto. Éste fue uno de los últimos palacios construidos en la antigua capital imperial que fue Kyoto, y data de la época Edo.

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En 1869 se establece el periodo Meiji en Japón y con él, se traslada la capital a Tokyo. Es entonces cuando los emperadores se trasladan de este palacio al nuevo que se construyó en Tokyo. Sin embargo, los actuales emperadores nipones fueron coronados aquí, quizá como acto simbólico o de reconocimiento a la ciudad de Kyoto.

Comienza el tour y la guía nos va explicando detalles de todos los edificios y puertas que se conservan del antiguo palacio. Yo la verdad es que estoy tan maravillada, que solo puedo hacer fotos y no presto demasiada atención a las explicaciones. Como la información la podéis encontrar en cualquier web, os dejo algunas de las fotos que eché.

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me encantan la cantidad de detalles que tienen los tejados tallados en madera…

El Palacio es muy chulo a pesar de que no se puede entrar dentro de los edificios. Pero si tiene algo realmente espectacular y que hace que la visita a este lugar sea un imprescindible en Kyoto son sus jardines imperiales. Una verdadera maravilla basada en la cultura zen, muy muy acogedores y relajantes.

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Además, si algo tiene la primavera en Japón es que todo huele fenomenal y en estos jardines especialmente. Tras un buen rato recorriendo el recinto, el tour llega a su fin y salimos, eso si, hay una buena caminata hasta llegar a una de las calles que bordean el recinto imperial.

Junto a la salida del Palacio hay un parque repleto de estudiantes, nos sentamos un poco a la fresca porque hace ¡mucho calor! y nos tomamos algo fresquito de una máquina que hay allí. Nuevamente por 100-150¥, mi marido prueba bebida nueva, esta vez ¡Fanta de mora!

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No sé si os lo he comentado ya, pero en Japón tienes WC y máquinas de bebidas en cada esquina. Los WC son limpísimos, gratis y bien equipados. Las máquinas de bebida, son baratas y encuentras bebidas que aquí no se comercializan -como el café con leche de la marca Coca-Cola-, las tienes frías y en algunas también, calientes. Mi marido en cada máquina que parábamos a “repostar” se compraba una bebida diferente, ¡yo no sé la cantidad que llegó a probar! 😀

Tras una breve pausa, y de ser por un rato el centro de atención otra vez de todos los estudiantes que hay allí concentrados, decidimos ir a una especie de grandes almacenes de telas japonesas en las que hacen kimonos que recomiendan en una guía… nos arrepentimos un poco de ir porque hay más de 30 minutos andando, hace un calor insoportable y además a mi se me han deformado las bambas, así que un poco mal…

Tiene a destacar que puedes ver los teleros con los que hacen los kimonos de una forma bastante artesanal. Puedes comprar los kimonos que producen, lo que no pone en la guía que recomienda la visita es que un buen kimono puede costar fácilmente más de 1000€ y allí solo venden kimonos buenos…

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Lo bueno es que hay un desfile de kimonos, y al menos podemos ver lo bonitos que son, aunque es ponerse los dientes largos 😛

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De allí, de nuevo un largo paseo a pie hasta el siguiente punto del día. De camino vemos un parking algo peculiar…

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… peculiar para nosotros porqué aprovechar al máximo el espacio (y si hace falta construir un aparcamiento en vertical), ¡allí es lo habitual! 🙂

Tras la caminata, llegamos al siguiente punto: el Castillo de Nijo o el Nijo-jo. Y por lo que vemos desde fuera ya nos queda claro que este sitio nos va a gustar, seguro.

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El castillo fue construido por Tokugawa Ieuyasu, fundador del Shogunato Edo, como residencia para él y sus sucesores. El edificio del palacio ahora conocido como “castillo secundario” fue terminado en 1603. Mantiene su forma original y es famoso por su arquitectura Momoyama, que cuanta con puertas correderas decoradas y suelos que crujen cuando alguien camina sobre ellos (una medida de seguridad contra intrusos), y a nosotros ya nos veis andando de puntillas para ver si así no cruje como si fuéramos ninjas 😛

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El castillo está declarado Patrimonio Mundial por la Unesco. Iemitsu también añadió el Honmaru incluyendo una torre de 5 pisos. La construcción original fue destruida por un incendio en el siglo 18 y la estructura actual fue traída desde el palacio imperial en 1893.

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A pesar de llamarse castillo no tiene la configuración típica como los castillos de Himeji, Matsumoto u Osaka por ejemplo, si no que está formado por distintos edificios rodeados por un gran jardín y a su vez por unas murallas altísimas protegidas por un foso de unos cuantos metros de ancho y profundidad.

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Lo bueno de viajar a final de primavera es que los verdes son muy verdes y las flores están en pleno esplendor (lástima que el hanami o floración del cerezo es antes, para marzo-abril) y los contrastes son preciosos.

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Aquí descubrimos que los jardines los cuidan los jubilados… por lo visto para ellos es una deshonra cobrar sin trabajar por lo que cuando se jubilan, para cobrar honradamente su pensión se dedican a cuidar a niños en guarderías, cuidar jardines…

En una zona del parque hay unos chamizos dónde sentarse un poco a la sombra, máquinas de bebidas y lavabos. Nos cogemos una bebida fresquita, ¡¡¡qué calor hace!!! y al entrar al lavabo conozco por primera vez el TOTO (así llaman al sr Roca japonés), con su correspondiente botón de alarma por si necesitas ayuda y las instrucciones del buen uso del TOTO no vaya a ser que te coloques del revés y la líes…

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Tras una buena caminata recorriendo el recinto del Nijo-jo, y a eso de las 14,30h, decidimos que ha llegado el momento de comer. Nos decantamos por un sitio de ramen que hay al lado del castillo. Es un lugar un tanto peculiar ya que junto a la entrada hay una máquina con las fotos de los platos y los precios. Tu seleccionas lo que quieres comer y lo pagas en la misma máquina, ésta te saca un ticket que tienes que entregar en la barra, te asignan mesa y cuando tu comida está lista te la traen 🙂

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Nos tomamos unos udon con caldito que aunque hace un calor tremendo y una sopa caliente como que no apetece, es lo único que entendemos en la máquina, el resto está en japo y no tenemos muy claro lo que llevan los platos por la mini-foto. Pero la verdad es que están riquísimos y nos encanta poder comer la dieta local. Súper barato, y súper rápido, por cierto.

Allí decidimos separar nuestra ruta de la de la otra pareja, ellos tienen un día menos en Kyoto y quieren aprovechar al máximo la tarde, mientras que nosotros preferimos disfrutar con calma de cada lugar y de volver al país en otra ocasión a ver lo que en este viaje no nos de tiempo… Si, como veis solo necesitamos 3 días en el país del Sol Naciente para decidir que volveríamos 😛 Así que tras comer, nos cogemos un metro para volver al Monkey Mt, a ver si hoy lo podemos ver.

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Ayer ya nos llamó bastante la atención esta zona de la ciudad, parece un pequeño pueblo adherido a una gran capital… y la gente aquí lleva un ritmo más tranquilo. A orillas del río hay zonas de estar dónde poder tomarse un helado o barquitas para poder recorrer el río. Seguimos caminando, desde el metro hay un paseo de unos 15-20 minutos hasta la entrada al Monkey Park.

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Junto a la entrada hay un pequeño santuario sintoísta dónde poder bendecirse antes de emprender el ascenso a la cima del monte Iwatayama.  Como son las 15,30h más o menos, podemos entrar sin problemas, cierran a las 16,30h. Se trata de un parque que va siguiendo una ruta de ascenso por la montaña y la verdad es que es una maravilla de lugar, todo un remanso de paz en medio de una gran capital.

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El ascenso es un poco cansado porque hay que subir unos 140 metros pero a lo largo del camino te vas encontrando con monos de los “del culo pelao” que corren de un lado a otro del camino y que trepan por los árboles. En la taquilla nos han dado un papel con las normas, con las que nosotros hacemos unas coñas muy buenas 😛

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Por el camino también encontramos algunos carteles recordándote las normas: no les puedes mirar a los ojos, ni tocarlos ni darles de comer fuera del lugar indicado porque pueden atacarte. Te recuerdan que son animales salvajes, vaya, y que tengas cuidado de no hacer el indio con ellos.

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En un momento dado nos encontramos con un mono grandote justo en medio del camino. Nos paramos a unos metros de él a ver si decide apartarse, pero el bicho está entretenido hurgando en el suelo, así que con precaución y sin tocarlo, pasamos por su lado.

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Al llegar a la cima, hay una caseta en la que desde dentro le puedes dar de comer a los monos. Y como buenos turistas, pagamos 100¥ por la bolsita de cacahuetes y nos acercamos a las rejas a darles de comer. Son la mar de graciosos y en cuanto te ven con la bolsa ya te ponen la mano en plan Barragán “dame arrgo, dame arrgo” ¡jeje!

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Son unos ansias de mucho cuidado y algunos se pelean entre ellos por coger primero el cacahuete… lo más curioso de todo es que normalmente tenemos enjaulados a los animales y en este lugar, son las personas las que se meten en la jaula para darles de comer a los animales que se encuentran en libertad. Me gusta.

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En la cima hay también un mirador con unas vistas espectaculares de Kyoto. Cuando oía hablar de Kyoto, con tanto templo y tanto patrimonio cultural, no sé porqué me imaginaba una ciudad pequeña o un pueblo incluso, pero al estar aquí arriba realmente tomas consciencia de ¡la gran ciudad que es Kyoto!

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Uno de los cuidadores nos ve que nos hacemos una auto-foto, y se nos acerca a hacérnosla él. Cuál es nuestra sorpresa cuando empieza a tirar cacahuetes al suelo, junto a nuestros pies… para que uno de los monos se siente delante para salir en la foto también, ¡qué majo!

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Le damos las gracias con un domo arigato y nos vamos que hay que bajar todo lo que hemos subido, y yo ya no aguanto más las bambas, ¡me están matando!

Esta vez, tomamos un tren JR en la estación JR Arashiyama que nos dejará en JR Kyoto en pocos minutos de trayecto. Nos llama la atención ver en el andén señales que indican dónde paran los vagones exclusivos para mujeres. Ya había oído hablar de ellos, por lo visto hay mucho viciosillo que mete mano aprovechando las horas punta en las que los trenes van a tope y por ello, idearon estos vagones dónde solo pueden subir las mujeres para evitar problemas de este tipo.

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Al llegar a la estación central de Kyoto, nos vamos directos al centro comercial que hay adherido a ella y que se encuentra en las plantas superiores de ésta, más concretamente a la sección de calzado, ¡¡necesito comprarme unas bambas nuevas o llegaré a casa con muñones en los pies!!

Tengo cierta dificultad porque los números de mujer llegan hasta el 38 y yo hago un 41… Aquí me ocurre algo que no olvidaré jamás… tendríais que haber visto la cara de la chica cuando le dije mi número de pie ¡me miró con cara de alucine total a la cara y a los pies sucesivamente unas cuantas veces! Chocado ¡jajaja! Cuando consiguió reaccionar, me envió directa a la sección de hombres ¡juas! Por suerte, encuentro unas bambas de chico que son blanquitas por lo que pueden pasar por chica y listos. El precio de las deportivas es similar al que encontramos en España, solo que me puedo desgravar las tasas. Una vez hecho el trámite me voy a lavabo directa y me las cambio, ¡no aguanto más las otras! y allí mismo las tiro 😛 ¡uff, qué descanso! Y aquí me llama la atención algo, y es que en cada WC (en todos los cubículos) cuentan con sillitas para dejar al bebé mientras tú haces pipí y hay espacio suficiente para entrar con sillas (de bebé o de ruedas) sin ninguna dificultad. Además, cuentan con una máquina que emite un sonido de agua que corre… así disimulan ruidillos, ¡jaja!

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Son las 19,30h, y estamos agotados, así que decidimos cenar ya. Vamos a un restaurante de la estación dónde nos tomamos unas bandejas con sopa de miso y un bol de arroz con tempuras que nos sabe a gloria.

Y ahora si, que si, cruzamos la estación y nos vamos al hotel que estamos cansadísimos. ¡Mañana más!

Edito: me comentan que el Palacio Imperial desde hace un tiempo es gratis entrar, pero cuando yo hice la reserva ponía precio, quizá para cuando fuimos ya lo habían puesto gratuito…