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13/10/13: de Harajuku a Odaiba en busca de Cosplays

Día 17: conocemos algunos “clásicos” en la capital nipona y dedicamos el resto del día a las compras y el ocio…

Hoy es domingo y ¿¡a dónde se va los domingos en Tokyo?! ¡¡A Harajuku!! Aplauso Nos levantamos con la calma, desayunamos y nos ponemos en marcha. JR Yamanote hasta Harajuku y conforme nos vamos acercando a nuestro destino el tren se va llenando más y más hasta que ya no cabe ni un alfiler… en Harajuku bajamos toda la marabunta, creo que el vagón ha subido medio metro al bajar todo el mundo 😛

Nos dirigimos en primer lugar al santuario de Meiji Jingu, de entrada gratuita, es uno de los más populares en Japón y de los más importantes de Tokyo. Dedicado a los espíritus deificados del emperador Meiji y su esposa, la emperatriz Shoken. La construcción del santuario finalizó en 1920, ocho años después de la muerte del emperador y seis después de la muerte de la emperatriz. El santuario fue destruido durante la Segunda Guerra Mundial, pero fue reconstruido poco después. El Emperador Meiji fue el primer emperador del Japón moderno, nació en 1852 y ascendió al trono en 1867, en el pico de la Restauración Meiji, cuando la era feudal llegó a su fin y el emperador fue restablecido en el poder. Durante el período Meiji, Japón se fue modernizando y occidentalizando para abrirse a las principales potencias mundiales. Falleció en 1912.

Y tras un poco de historia, continuo con el relato 🙂 Cruzamos una gran torii de piedra y en seguida encontramos algunos toneletes de sake ofrecidos por los fieles, así como unos barriles de madera repletos de arroz.

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Seguimos paseando por un camino empedrado y rodeado de un frondoso bosque. Tanto el Meiji Shrine como el adyacente parque Yoyogi constituyen una gran zona boscosa dentro de la ciudad. Vemos las indicaciones para el jardín privado y la casa del tesoro pero no los visitamos… nos llama la atención la cantidad de niños y niñas vestidos con trajes tradicionales, así como el montón de familias que llevan a sus bebés para “bautizarlos”. Me encanta esa mezcla de modernidad y tradición que tiene la cultura japonesa 🙂

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Al llegar a las puertas del santuario vemos un montón de turistas en modo paparazzi… y es que hay una boda tradicional sintoísta. Ei pues yo no voy a ser menos Mr. Green Algunas invitadas llevan kimonos realmente bonitos, otras van con vestidos de fiesta como los nuestros, eso sí todos elegantísimos/as. Me acuerdo del capítulo de Callejeros Viajeros que mostraban bodas japonesas y de los costes que conllevan, mucho más elevados a los que nos gastamos aquí.

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Los novios y la comitiva nupcial entran al interior del edificio principal y cierran las puertas, así que nos quedamos sin poder visitarlo. Vemos el resto de edificios y los patios que los rodean y disfrutamos de los pequeños detalles…

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Tras un ratito aquí, desandamos nuestros pasos hasta la entrada principal junto al puente de Harajuku y entramos al parque Yoyogui a ver si hay suerte y encontramos algún cosplay y/o rockabilly que en el anterior viaje no hubo manera 😛 Nos compramos unos helados y nos sentamos en un banquito a descansar. Hay grupos de chicos y chicas que ensayan bailes musicales y obras de teatro, algún personaje disfrazado… pero poca cosa. ¡Vaya chasco! Es la segunda vez que vamos al Yoyogui en su busca y nos quedamos con las ganas. Así que con el intento frustrado 2, nos vamos hacia Takeshita Dori. Algo en el cielo nos llama la atención: ¡es un mini zeppeling!

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Esta calle estrecha y de unos 400m de largo, está llena de tiendas y cafeterías dirigidas a los adolescentes, se dice de ella que es un símbolo de Harajuku y el lugar de nacimiento de muchas de las tendencias de la moda tokyota. Ya desde el principio de la calle vemos que está abarrotada, se hace difícil poder andar por ella… entramos en algunas tiendas de juguetes en busca de mi peluche de Doraemon pero no hay suerte… desde luego, si te gusta ese estilo de ropa puedes encontrar ¡verdaderas gangas!

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Tras recorrer la calle, nos dirigimos a Omotesando. Esta arbolada avenida de 1km de largo es conocida como los Campos Eliseos de Tokyo ya que cuenta con tiendas de grandes marcas y restaurantes y hoteles de alto standing. Aquí tenemos dos objetivos, entrar al Kiddy Land y al Oriental Bazar para hacer algunas compras.

En el Kiddy no acabamos de encontrar nada que nos guste y no tienen Doraemons… pero en el Bazar ¡arrasamos! Es una de las tiendas de souvenirs más grandes de Tokyo y puedes encontrar de todo en ella, la mayoría de cosas a un precio muy asequible. Compramos un juego de té, unos posa-palillos, un par de marca-páginas, unos posa-vasos de bambú, unas esterillas individuales y dos maceteros con semillas de bonsái de sakura y de arce, ¡todo por 4 duros, digo yens! Me llevo el hanami y el momiji a casa Heart

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Al salir, topamos con el colegio oficial de enfermería de Tokyo y deformación profesional… pero me hace ilusión 😀 foto de recuerdo y para enviársela a mis compis Mr. Green

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Como vamos cargados, decidimos volver al hotel a dejar las compras. Así que cogemos la JR de nuevo hasta Shimbashi y descargamos. Aprovechamos que es la hora de comer para entrar al centro comercial que hay junto al hotel, el Caretta. Nos decidimos por un restaurante de tonkatsu, en el que por unos 2500¥ los dos, ¡comemos hasta reventar! -literalmente- unos menús de sopa con bol de tonkatsu con col y arroz y té de cebada caliente gratuito para beber.

Aprovechando que estamos en el triángulo JR-metro-Yurikamome, nos dirigimos hacia la estación del Yurikamome para ir a Odaiba, ¡otro de nuestros barrios favoritos en Tokyo! Nos bajamos en la parada que hay junto al Venus Fort (trayecto 360¥ pp). Ya de camino hemos visto que hay como una exposición de coches de rally, así que luego iremos a echar un vistazo.

Entramos en el centro comercial Venus Fort, la otra vez sólo lo vimos por fuera, y nos quedamos flipados con ese techo falso pero que parece ¡¡¡muy muy real!!!

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Damos un paseo y ¡vaya flipe de sitio! De nuevo nuestro lema del viaje sale de nuestras bocas: ¡¡“es muy friki pero mola” jaja!! Es como si emularan una ciudad italiana, con sus suelos de adoquines, su fuente y hasta con iglesia ¬¬’

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Cogemos un mapa del lugar ya que es enorme y nos dirigimos hacia la exposición de coches antiguos que hay con entrada gratuita. Menudos coches tienen aquí…

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Pero mi marido ya lo flipa del todo cuando vemos que hay un ¡¡¡DeLorean!!! La carrocería es de acero como el de la película y está muy bien conservado… solo se fabricaron unos 8000 en todo el mundo, así que ver uno es todo un lujo.

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Después de hacerle mil fotos desde todos los ángulos, seguimos viendo el resto de exposición. Me hace gracia ver un Mazda Carol, éste es tocayo mío Sacando la lengua También tienen una exposición de maquetas de coches y motos, así como información sobre la historia del motor japonés. Antes de salir, de nuevo nos acercamos al DeLorean, mi marido disfrutó como un niño Mr. Green

Miramos algunas tiendas y entramos a todas las jugueterías pero sigo sin encontrar el peluche de Doraemon… empiezo a pensar que lo han retirado del mercado hasta que se acerquen las olimpiadas del 2020…

Cambiamos de edificio y vemos de pasada la exposición gratuita de Toyota, no hacemos demasiado hincapié puesto que ya estuvimos aquí en el primer viaje. Cruzamos hacia el Leisureland y entramos. Es una sala de recreativos enorme y tiene algunas “atracciones” al estilo del Joypolis, vemos que hay una que es un castillo ninja, nos acercamos con intención de entrar pero todos los carteles están en japonés… preguntamos a uno de los empleados y como puede nos dice que no está en inglés… así que nos quedamos con las ganas… Pero nos damos un masajito de pies por 200¥ cada uno en las máquinas que ya probamos en el primer viaje, ¡nos sabe a gloria!

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En la sala hay un montón de rockabillies y de cosplay… ¡Ah, ¿así que están aquí?! Al salir del Leisureland, miramos los precios para subir a la noria pero vemos que ¡¡hay una cola de 1h!!, así que pasamos de largo.

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En los jardines que rodean el centro comercial vemos que hay un montón de grupos de cosplays por lo que llegamos a la conclusión que se han movido de barrio… supongo que en Harajuku se debían sentir un poco “observados” por los guiris y buscan aquí su rinconcito.

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Vamos dando un paseo hasta el Divercity, otro gran complejo de ocio, con tiendas y restaurantes y… ¡¡¡su Gundam escala 1:1!!! ¡Alucina! Está rodeado de gente echando fotos y “midiéndose” con él… pero vaya que los más altos apenas éramos como sus pies de altos o_O’

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Antes de entrar al centro por eso, nos acercamos a una exposición de coches de rally que hay al lado y vemos que también hay pistas dónde hacen derrapes y alguna carrera de karts.

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Y ahora si, entramos al centro. Nos miramos las tiendas, vemos algunas de las marcas habituales que tenemos por aquí y como no, entro a todas las jugueterías que pillo en busca de un peluche de Doraemon, de nuevo intento fallido… Entramos a la tienda Kitty que hay y me enamoro al instante de un gorrito de punto, y eso que yo no soy de Kitty… así que a la saca para mi “sobrina” postiza recién nacida y que conoceré cuando volvamos a casa… uff qué poquito queda para la vuelta, ¡madre mía! Chocado

Tras la compra, nos tomamos un cafelillo de verdad en un Starbucks y salimos hacia las playas que hay en la bahía con intención de ver el atardecer desde allí. Pasamos por delante del Joypolis y estamos más que tentados de volver a entrar, pero decidimos no hacerlo porqué si no nos pueden dar las uvas allí ¡jajaja! ¡¡¡¡Odaiba es el distrito del vicio!!!! Avergonzado Mr. Green

Llegamos a la bahía y nos sentamos junto a una de sus playas para ver cómo cae el sol sobre la bahía de Tokyo, con el Rainbow Bridge, la Tokyo Tower y el Skytree sobresaliendo del skyline de la ciudad.

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Es bonito ver cómo va cayendo el sol. Mientras en la playa algunos juegan a béisbol, unas chicas intentan hacerse una foto saltando, otros pasean de la mano… y nosotros pensamos en lo lejos que estamos de casa en estos momentos, de lo mucho que hemos disfrutado de Japón en estos 18 días.

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Cuando empieza a anochecer, decidimos volver pero antes echamos un vistazo al ToysR’us por si por un casual hubiera un Doraemon para mi… pero tampoco… ¡qué mala suerte! ¿Cómo puede ser que no haya ni uno solo? Ojos que se mueven Vemos de nuevo a la Estatua de la Libertad nipona que está junto a la tienda y con la sede de la televisión japonesa de fondo 🙂

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Tras las últimas fotos, cogemos de nuevo la línea Yurikamome y volvemos a la estación de Shiodome (360¥ pp). Una vez allí decidimos coger el metro Asakusa Line e ir a echar unas fotos nocturnas del Senso-ji. Así que en pocos minutos estamos frente al santuario… ¡wow qué recuerdos del primer viaje otra vez! Lástima que la gran lámpara de papel está cubierta por una lona, pero por suerte ya la vimos en el 1r viaje Muy feliz

Entramos al recinto y miro por las tiendas que venden peluchitos a ver si encuentro un Doraemon… veo uno en un escaparate pero ya han cerrado el puesto, ¡no me lo puedo creer!

Seguimos recorriendo la calle comercial hasta el santuario. Si ya nos gustó a la luz del sol en su día, visto de noche con todos los edificios y la pagoda iluminados ¡nos gusta más! Además no hay mucha gente a éstas horas por lo que podemos echar unas fotos sin agobios y disfrutar del lugar tranquilamente.

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Y tras la visita, volvemos al metro, línea Asakusa hasta Shiodome de nuevo. Estamos verdaderamente cansados, menudo tute nos hemos pegado hoy… así que para no romper con las costumbres, compramos cena en el Family Mart y nos vamos al hotel a descansar que ya toca… sleep

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12/10/13: Redescubriendo Tokyo con una cena en un restaurante español de ¡10!

Día 16: día recorriendo Shiodome, Ginza, Ikebukuro, Kanda, Akiba, Shibuya… descubriendo nuevos lugares y disfrutando de otros ya conocidos.

Es sábado, y se va acercando el final del viaje pero tenemos unos días para disfrutar de Tokyo. El planning para los últimos tres días estaba pensado para visitar algunos imprescindibles que nos faltaban, repetir lugares que nos gustaron del primer viaje y sobretodo, perdernos por sus calles y con sus gentes. Evidentemente, el planning que terminamos haciendo no tenía nada con el ideado y… ¡ésto es lo que más me gusta de viajar por libre! Poder hacer o deshacer el planning según lo que más nos apetezca hacer en cada momento del viaje 🙂

Nos levantamos con calma a eso de las 9h, bajamos a desayunar de los últimos y empezamos la ruta de hoy con un imprescindible que tenemos a pocos pasos del hotel, los jardines imperiales de Hama Rikyu (500¥ pp). Estos jardines se construyeron como residencia en Tokyo de un señor feudal y albergaba cotos de caza reales en el período Edo, pasando a ser un palacio imperial más tarde. Se trata de uno de los jardines más grandes del centro del Tokyo y se encuentra entre los edificios de Shiodome Building, Ginza y la bahía de Tokyo.

Damos un paseo por los jardines, entre sus estanques y sus jardines repletos de flores y viendo el contraste que hace el jardín con los grandes edificios de Shiodome. ¡Me encantan los contrastes que ofrece Japón!

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Al fondo la Tokyo Tower entre los edificios de Shiodome

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Estamos apenas una hora ya que hace un calor insoportable… vamos buscando las pocas sombras que hay, parece mentira que estemos en octubre, nosotros pensábamos que haría más fresco pero es como el agosto de España… Vemos que están preparando un evento en la sala de té pero se paga a parte y toda la información está en japo así que no nos enteramos muy bien de qué va la cosa, así que decidimos huir de la chicharrina que cae en el jardín y adentrarnos en la ciudad de nuevo.

En un principio teníamos pensado subir a la Skytree pero al final decidimos pasar de ella, ya habíamos subido a tres miradores en el primer viaje y 3000¥ por persona nos parecía excesivo, así que cambiamos sobre la marcha el planning y nuestro siguiente punto en la ruta de hoy sería uno de los distritos que no visitamos en el primer viaje. En menos de 15 minutos a pie, estamos en las calles del exclusivo distrito de la moda y de las grandes marcas: Ginza.

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Su calle principal es conocida como los “campos Eliseos” tokyotas. Aquí tenemos como interesante algunos centros comerciales, pero lo que realmente nos interesa es algo muy friki a los pies del Sony Building y el Hibiya Chanter: ¡¡la estatua de Godzilla!! Mr. Green Paseamos durante más o menos una hora por sus calles, repletas de tiendas de todo tipo, pero sobretodo de grandes marcas.

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Pero aunque teníamos la ubicación en el mapa de la estatua de Godzilla, ¡no hubo forma de localizarla! Nos dio mucha rabia, es una parida pero nos hacía gracia 😛 A los pies del Sony Bld. estaban grabando un spot publicitario y no sabemos si es que estaba tapada/escondida entre las cámaras o es que la han retirado ya… Ojos que se mueven con un buen chasco por perdernos ese momento friki, decidimos coger el metro allí mismo y movernos de barrio.

De nuevo rompemos los planes previstos (pensábamos ir a Roponggi y al templo Zozoji a los pies de la Tokyo Tower, quedarán para el próximo viaje) pero en lugar de eso, decidimos volver a uno de los barrios que más nos gustaron en el 1r viaje: Ikebukuro.

En unos 20-30 minutos (190¥ pp el trayecto en metro) nos plantamos allí. Llevábamos anotada la dirección de una tienda que recomendaban en varias webs de cámaras y objetivos de segunda mano, pero de nuevo nos llevamos un chasco al ver que la han traspasado y que ahora hay una cafetería, ¡hoy no es nuestro día! Así que cogemos una de las calles principales y nos vamos al centro comercial Sunshine City.

A la entrada, había un grupo de chicos y chicas grabando un vídeo musical. Estuvimos un rato viéndolo y luego entramos al centro. Ya son cerca de las 14h y tenemos hambre, así que después de mirar los “escaparates” de varios restaurantes nos decantamos por uno con planchas en las mesas para preparar yakisoba y okonomiyakis. ¡¡¡Riquísisisimos!!! Nos ponemos como las botas (aprox 2000¥ los dos con refrescos) y con la panza llena, nos ponemos en marcha de nuevo. Recorremos varias tiendas de la Kitty y jugueterías en general, tengo que llevar algo de la Kitty a una amiga súper fan de ella que tuvo a su niña durante nuestro viaje y no me puedo ir de Tokyo sin comprar un Doraemon de peluche ¡jeje! Pero está claro que hoy no es nuestro día porqué no encuentro nada mono ni ningún Doraemon en ningún sitio… Confundido

Salimos del Sunshine y junto a él está el Tokyu Hands, entramos en busca de sus jugueterías y viendo que no tenemos éxito acabamos en la última planta entrando a un Neko Café que habíamos visto por internet 😀 Pagamos unos 300¥ por persona y tenemos una hora para jugar con los gatitos. ¡¡Qué monada!! Algunos duermen, otros juegan… hay muchos niños que disfrutan un montón de los gatitos y nos llama la atención un chico que lleva hasta juguetes gatunos para entretenerlos, debe ser un asiduo porque nada más entrar muchos gatos se le acercan a saludarlo.

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En este Neko también puedes adoptar algunos de los gatos que tienen e incluso tienen tienda de accesorios y comida. Tras un ratito ahí, cogemos de nuevo el metro y vamos hacia la Kanda Second-hand Book Area, entre los distritos de Akiba, Kanda y Chiyoda.

Este es un barrio algo particular, nada más salir del metro, cruzamos un puente y encontramos unas calles que están cortadas al tráfico y en las que hay un montón de casetas dónde hacen manualidades para adultos y niños, juegos de todo tipo, marionetas… nos recuerda un poco al encanto de Gràcia en Barcelona Sacando la lengua

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Recorremos sus calles hasta toparnos con una catedral ortodoxa, ¡esto si que no nos lo esperábamos!

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Intentamos entrar pero está cerrada y aún falta más de 40 minutos para que vuelvan a abrir por lo que no nos esperamos… Seguimos callejeando hasta la zona de las librerías de segunda mano y vamos entrando en ellas a echar un vistazo.

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Es curioso de ver. Aunque solo tienen libros en japonés, hay librerías que tienen libros muy muy antiguos, algunos ¡incluso con manuscritos! También hay tiendas de discos y de cómics. Nos tomamos un café decente en Starbucks y de paso descansamos las piernas un rato, y luego seguimos hacia Akihabara. Vemos en el mapa que queda un buen trozo, así que nos dirigimos a la parada de metro más cercana, así nos ahorramos un trozo de caminata.

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Salimos de nuevo a la calle y vamos por las tiendas pequeñas que hay detrás de la estación JR para echar un vistazo a las de segunda mano. Mi idea era comprarme otro objetivo, pero de segunda mano… lo malo es que muchos de los dependientes de estas tiendas hablan muy poco o nada de inglés y sin poder preguntar nada no me atrevo a comprar… así que echamos un vistazo en las tiendas más grandes para ojear los que tienen nuevos. Me encanta pasear por este barrio, tan dinámico y juvenil, tan electrónico y anime a la vez…

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Cuando empieza a anochecer, volvemos a la estación JR y tomamos el tren de nuevo hacia un nuevo destino para este día de pateo: ¡Shibuya! El que fue nuestro barrio en el primer viaje merece una visita de sábado noche 🙂 Ya desde la estación podemos ver lo abarrotado que está el paso de peatones. Aunque en el anterior viaje lo vimos casi a diario, ¡no deja de sorprendernos la cantidad de gente que pasa por él cada vez que el semáforo se pone en verde!

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Mucha gente va al Starbucks a hacer las fotos pero por lo visto se acumula demasiado gente cámara en mano y al personal del local no le gusta que la gente vaya a ello sin consumir… Una buena alternativa es la estación JR, también queda elevada y es gratis Sacando la lengua

Tras un buen rato ensimismados viendo al gentío, salimos a la calle y de nuevo vemos la estatua del perro más fiel: Hachiko. No repito la historia… pero la tenéis en la entrada de la primera visita al barrio en 2011.

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Tras la foto de rigor, disfrutamos de la sensación de cruzar de nuevo por el paso más transitado del mundo sin que nadie, absolutamente nadie ¡te roce! Son cerca de las 21h y tenemos hambre. Se me ocurre que podemos ir al restaurante español que probamos en el primer viaje, ¿qué mejor forma de celebrar el día de la hispanidad? A mi marido le parece genial la idea así que ¡allá vamos! El restaurante está muy cerca del hotel dónde nos alojábamos y nos hace especial ilusión recorrer esas calles, pasar por delante de tiendas y restaurantes dónde estuvimos hace dos años y mil recuerdos vuelven a nuestra mente. En apenas 5-10 minutos llegamos al restaurante y aunque está hasta los topes el dueño nos hace sitio para poder cenar. ¡¡Qué gracia ver algo escrito en español después de tantos días!!

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Como la vez anterior, pedimos unas copas de vino (un ribero y un rioja) y hacemos tapeo. Patatas bravas, champiñones al ajillo, lomo frito, jamón ibérico, lomo ibérico, tabla de quesos… ¡¡todo riquísimo!!

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El dueño es un japonés que estuvo en Gràcia (Barcelona) en una escuela de cocina e importa todos los ingredientes desde España. El hombre se interesa por nosotros y más cuando le decimos que somos de Gràcia 🙂 nos habla en español e incluso nos dice alguna cosa en catalán, es un encanto. Le contamos que ya estuvimos allí hace dos años y aún se emociona más al saber que volvemos a su restaurante. Nosotros hemos hecho tapeo, pero el tipo prepara guisos españoles y unas paellas y fideuás ¡que huelen estupendamente!

Parece curioso lo bueno que sabe comer como en casa estando al otro lado del mundo y después de casi tres semanas por tierras niponas 😀 El sitio es algo carillo, pero entendemos que es un premium (un buen restaurante japonés en España también lo es), además nos tomamos un par de copas de vino cada uno que nos sabe a gloria. Por algo menos de 5000¥ comemos y bebemos de vicio, así que no nos escuece ¡la verdad! Nos despedimos del dueño con varios gracias, gràcies y arigato, y volvemos hacia la estación JR Shibuya.

Cogemos la línea circular JR Yamanote de vuelta a Shimbashi y de ahí hacia el pasadizo subterráneo que lleva al hotel. Estamos realmente cansados, ha sido un día de mucho caminar pero estamos contentos de haber descubierto rincones nuevos y de haber vuelto a sitios que nos encantaron y que a día de hoy, ¡aún nos gustan más! Heart Heart

06/10/13: Takayama y Hida no Sato, lugar de tradiciones… y al fin, ¡¡compramos el barrilete de sake!!

Día 10: conocemos un Japón más rural…

Un nuevo día amanece en Japón y nosotros nos vamos al siguiente destino en nuestra ruta: ¡Takayama! Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, recogemos el equipaje y nos ponemos en marcha. Cogemos el tren directo a Toyama de la compañía Japan Railways de las 7,10h para acortar el trayecto y a las 8h nos montamos en el JR Limited Exprés Hida al que mi marido bautiza como el “Shin-borreguero” ¡jajaja! Es un tren diésel con velocidad punta de 81km/h y una velocidad media de 35km/h -medido con GPS- que en hora y media nos lleva a Takayama contaminando por un tubo pero mostrándonos paisajes de montaña muy chulos Mr. Green

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Llegamos sobre las 9,30h a Takayama. Pedimos un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y para nuestra sorpresa ¡nos lo dan ¡en español! Haremos una estancia de dos noches en la ciudad, y para ello escogimos el hostal J’Hoppers Hida Takayama por 12000¥ (los dos en habitación doble con baño privado). Así que nos dirigimos hacia allá para descargar, tardamos unos 5 minutos a pie desde la estación. Tengo que decir que las chicas que hay en la recepción son súper majas, una de ellas ha estado dos veces en Barcelona y nos dice que es su ciudad europea favorita (me cae bien esta chica…  Muy feliz ). Nos guardan las mochilas, chaquetas y paraguas sin problemas hasta el mediodía que podremos hacer el check-in y nos explica en qué consiste el matsuri que se celebra aquí en dos días, una pena porqué no hubo forma de cuadrar el itinerario para coger éste tampoco y ¡pinta muy chulo!

Takayama (高山): conocida por sus viejas tabernas, sus tiendas y sus destilerías de sake, Takayama es toda una rareza. Es una ciudad del S. XX (si bien, pequeña) que ha sabido mantener el sabor tradicional. Su encanto reside en sus animados mercados matutinos, sus templos en la colina y sus afables habitantes.

La idea para hoy es visitar la ciudad por la mañana sin ningún agobio y por la tarde acercarnos a Hida no Sato. Para mañana tenemos contratada la excursión que organiza el J’hoppers para ir a Shirakawago y aún nos quedará otra noche… Cuando organizamos el viaje, preveíamos que este lugar nos gustaría, así que decidimos darle dos noches y aprovechar para aflojar un poco el ritmo que ya son 11 días desde que salimos de casa y no ¡hemos parado!

A otros 5 minutos a pie más o menos nos topamos con el puente Naka-bashi de madera lacada en rojo que cruza el río Miyagawa.

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Justo al lado se organiza uno de los mercados matutinos, en los que venden básicamente fruta y verduras, encurtidos, conservas y alguna artesanía.

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El mercado está enfrente de la casa gubernamental Takayama Jinya. Se trata del último edificio gubernamental del período del shogunato Tokugawa del período Edo.

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El hermoso edificio de estilo tradicional japonés se construyó en 1615 como centro administrativo del clan Kanamori, pero los sogunes se lo arrebataron más tarde. La entrada principal estaba reservada a los altos cargos. El edificio actual data de 1816 y sirvió de sede del Gobierno local hasta 1969, hoy día está abierto al público como museo. La entrada cuesta 500¥ (por persona) y hay visitas guiadas en inglés gratuitas, pero tenemos que esperar más de 1h para el siguiente grupo, por lo que decidimos verlo por libre.

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Todas las salas cuentan con carteles informativos que explican a qué estaban destinadas y explican algo de la historia de la ciudad.

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Además de las oficinas, hay un granero dónde almacenaban el arroz a la forma tradicional y que era usado como moneda de pago. Es considerado el más grande de Japón así como uno de los más antiguos, por lo que no dejan hacer fotos en el interior. El edificio está rodeado de un bonito jardín zen. Además cuenta con una sala de tortura en la que se explican los procedimientos al detalle. No me parece demasiado dura después de haber visitado la del Palacio de los Reyes Católicos de Córdoba que era de la Santa Inquisición, la del Palacio Ducale de Venecia o el Museo de la Tortura de Carcassonne…

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En las distintas salas, muestran objetos y documentos oficiales de los señores feudales del pasado, mapas antiguos de la región de Hida y planos de otras ciudades históricas. Nos parece una visita de lo más interesante y el edificio es chulísimo. A la salida, paramos en boxes y nos tomamos un café de las máquinas.

Tras la visita al Takayama-Jinya, cruzamos el puente y nos adentramos en la San-machi-suji o casco antiguo de la ciudad que está cruzando el rio. El distrito cuenta con tres calles principales (Ichi, Nino y San-no-machi) y está lleno de restaurantes, tiendas tradicionales, museos, destilerías de sake… éstas últimas se distinguen porque sobre sus entradas cuelgan bolas de cedro.

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Muchos de los edificios de esta zona datan del periodo Edo (1600-1868) y es genial poder pasear por esas calles tan tradicionales imaginando cómo sería en aquél entonces…

Ya comenté en el diario del primer viaje, que el día que nos íbamos vimos en una tienda del Dutty Free del aeropuerto de Narita unos barriletes de sake como los que ofrecen en los santuarios y nos pesó mucho no poder llevarnos uno (sobrepasaban los 100 ml que marca la normativa como equipaje de mano), así que teníamos muy claro -y más sabiendo que Takayama es conocida por ser una de las principales productoras de sake del país- que en este viaje caía uno ¡fijo! Así que mientras paseamos por las calles y vemos las Old Private Houses, vamos entrando en las destilerías que vemos hasta ¡¡¡dar con el barrilete!!! Mi marido ni se lo piensa, compramos uno de 2,5 litros de sake, otro más pequeño de 1L para unos amigos y un jarrón de cerámica que también va relleno de 0,5L. Además nos compramos una botella de sake sin filtrar, algo muy raro de encontrar. Vemos que junto a la caja tienen la etiqueta de Yamato Transport, y se nos ilumina la bombilla… le preguntamos al dueño si es posible enviar los sake que hemos comprado al hotel de Tokyo (y así evitar ir cargados hacia Matsumoto y luego hacia Tokyo) y nos dice que sin problema. Le damos la dirección del hotel y la fecha de llegada a allí y nos calcula el precio en base al peso como “frágil y refrigerado”, 8000¥ que pagamos gustosos con tal de no ir cargados como mulas Muy feliz ¡¡¿¿he dicho ya que me encanta la practicidad de este país??!!

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¡¡nuestro barrilete!!

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Jarrón con vasito incluido…

Más contentos que unos niños con zapatos nuevos, decidimos irnos hacia la zona de la estación JR a comer, así ya estamos allí para coger el bus hacia Hida No Sato después. Habíamos visto un par de tabernas cuando llegamos que nos llamaron la atención, así que nos fuimos derechos hacia ellas. Una solo la abren por la tarde, así que entramos en la otra dónde los carteles muestran unos ramen tremendos con carne de Hida asada. Por unos 1200¥ los dos, ¡nos ponemos hasta arriba de los mejores ramen que hemos probado nunca!

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¡aún se me hace la boca agua al acordarme de ese ramen!

Tras la comida, cruzamos la calle hacia la estación de buses para comprar el pase combinado de bus ida y vuelta + entrada para Hida No Sato (900¥), lo compramos en las máquinas que hay fuera, puesto que dentro hay mucha cola. Tenemos que esperar una media hora larga ya que el bus acababa de pasar, pero aprovechamos el wifi de la estación para ponernos al día. Al fin llega el Sarubobo Bus… ¡¡vaya retrobus de categoría!! Mr. Green Mr. Green

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Nos subimos al piso de arriba y en unos 10 minutos estamos en Hida No Sato. Casi llegando a allí nos llama la atención un edificio dorado enorme. Tiene pinta de secta :S

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Cuando tenemos conexión a internet. miramos qué es y vemos que se trata de la sede principal de una nueva religión nacida en Takayama, “La luz de la verdad”, basada en la creencia de que Cristo estuvo en Japón y no murió crucificado como dice el catolicismo si no de anciano en Japón… sin comentarios… Os dejo enlace a su web sukyomahikarieurope.org/en/ y de Wikipedia es.wikipedia.org/wiki/… D_Mahikari por si os interesa saber más sobre el tema.

Hida Folk Village o Hida no Sato, es un museo al aire libre que exhibe más de 30 granjas y casas tradicionales de la región de Hida, distrito montañoso de la Prefectura de Gifu. Las casas fueron construidas durante el Período Edo (1603-1867) y fueron trasladadas desde sus lugares de origen hasta aquí para crear el museo en 1971. Mantiene la atmósfera de un pueblo de montaña.

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mapa del Museo

El museo cuenta con edificios como la casa del ex jefe de la aldea, del tala cabañas, almacenes y una serie de caseríos gassho-zukuri.

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La mayoría de las granjas llevan el nombre de sus techos de paja escarpadas que se asemejan a un par de manos unidas en oración (“gassho“). Algunas fueron trasladadas aquí desde la cercana Shirakawago, donde las casas gassho-zukuri son reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Todos los edificios exhibidos en el Hida Folk Village están cuidadosamente preservados y abiertos al público.

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Lo que más nos gusta de Hida, además de poder ver las casas tradicionales de la zona es el poder entrar en todas ellas, conocer cómo vivían y cómo se organizaban en estas aldeas. Todas las casas cuentan con carteles dónde explican la historia de la casa original, costumbres, cómo se construyó, etc. Además muestran herramientas y utensilios usados en la vida cotidiana de la época y tienen una arquitectura de madera única. En algunas casas imparten talleres.

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Usaban un hogar para calentar la casa, cocinar y secar la ropa. Sobre ellos, colocaban unas plataformas de hierro colgadas del techo que en caso de subir demasiado las llamas lo hacían caer sobre el fuego y lo apagaban, evitando así incendios.

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Aprendemos cómo construían esos tejados capaces de aguantar varios metros de nieve sobre ellos.

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detalle del tejado

Seguimos recorriendo el recinto y vemos que hay una gran campana traída desde un templo de la región, dicen que si la haces sonar y pides un deseo mientras dura el eco se cumple, así que allá va Carol-San a hacerla sonar Guiño

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Entre los pinos, vemos plantaciones de setas shiitake, es curioso porque esta zona es una de las que más producen y a mi se me hace la boca agua solo de recordar su sabor y aroma 😛

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También hay en lo alto de una colina un pequeño templo que normalmente está cerrado al público pero que tenemos la suerte de encontrar abierto por las fiestas del matsuri, así que podemos deleitarnos con las pinturas de sus techos.

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Vemos estas dos piedras, que según dice el cartel explicativo cada una de ellas pesa unos 70kg. Las usaban para medir la fuerza y concentración de los hombres de la aldea, ya que además de levantar el peso debían ser capaces de evitar que les resbalara (por la forma que tienen).

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Mientras recorremos el lugar, escuchamos a pocos pasos de nosotros un grito de una mujer. Nos acercamos al grupo y vemos a una japonesa que corre de un lado a otro gritando súper asustada. Uno de los hombres del grupo nos dice en inglés que han visto una serpiente y por eso la mujer grita así. Nos acercamos un poco más y se trata de una pequeña serpiente de unos 30cm de largo que corre más asustada que la mujer a esconderse. Menudas risas tiene el grupo a costa del pobre bicho y de la pobre mujer… Nosotros seguimos con el camino de vuelta a la zona de la entrada al Museo al aire libre.

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Junto al lago, tienen también unas casetas con juegos tradicionales japoneses. Nos pasamos un buen rato allí bien entretenidos… Muy feliz Antes de irnos, hacemos parada en boxes y nos tomamos unos batidos de las máquinas. ¡Riquísimo!

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¡Este lugar nos ha gustado mucho y lo recomendamos al 100%! Cumple con las 3 B (bueno, bonito y barato) Guiño

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Sobre las 16,30h estamos de vuelta en Takayama, estamos cansados por el madrugón y la caminata que llevamos ya, así que decidimos volver al hostal, hacer el check-in y echarnos un rato la siesta, hay que probar el futón de nuevo 😉

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A las 18,30h nos ponemos en marcha de nuevo, salimos a ver Takayama de noche. Paseamos por las calles comerciales cercanas al hostal y aunque teníamos pensado cenar en alguno de los restaurantes recomendados en el foro Los Viajeros, la taberna que hay frente a la estación y que a mediodía estaba cerrada, nos llama mucho la atención. Así que vamos hacia allá.

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Entramos, y la mujer que hay en la recepción nos hace quitar los zapatos y dejarlos en unas taquillas que hay junto a la entrada. Una vez descalzos, nos lleva por un largo pasillo con cubículos privados a lado y lado hasta el nuestro. (Perdonad la calidad de las fotos, las eché con mi móvil de aquella época que con poca luz hacía lo que podía…)

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los cubículos privados

Al principio nos rayamos un poco porqué pensamos que tendremos que estar arrodillados durante toda la cena frente a esas mesas bajitas que tan poco me gustan… pero disimuladamente miro cómo están los de los cubículos aledaños y veo que están sentados con las piernas en un hoyo que hay bajo la mesa, ¡¡¡uff!!! Ahora si, cómodos y más relajados, nos miramos la carta. Es una izakaya, por tanto puedes escoger menús cerrados que incluyen varias tapas, o bien coger platos sueltos. Nos decantamos por probar un poco de todo. Después de tantas cenas de kombini nos apetece algo con un poco de categoría Sacando la lengua Éstos son algunas de las que pedimos.

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Yakitori o pincho de pollo

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niguiris de salmón braseado con caviar de salmón

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wagyu de Hida (ternera premium) a la plancha con setas

Repetimos el plato de wagyu de Hida que ¡¡estaba de rechupete!! Y de postre pedimos un variado de dulces japoneses, con los que nos invitan a un chupito de shōchū riquísimo. Comemos y bebemos fenomenal por 3800¥ los dos. Es algo caro, pero de verdad que solo por probar esa ternera que se deshace en la boca ¡¡ya lo vale!!

Compramos en un Family Mart que hay cerca algo de desayuno para mañana (600¥) y nos vamos a dar un paseo por las calles principales para bajar un poco la cena y ver el ambiente tan tranquilo que se respira en esta ciudad.

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Y tras el paseo volvemos al hostal, hoy ha sido un día muy guay y mañana toca madrugar de nuevo 🙂

05/10/13: Nos vamos a territorio de los Maeda: Kanazawa

Día 9: nos adentramos en el Ura Nihon (裏日本) o el Japón más “auténtico”…

Llega un nuevo día y nosotros hoy dejamos Kyoto con mucho, mucho pesar, y es que es nuestra ciudad japonesa favorita y aunque sabemos que volveremos algún día, cuesta despedirse de ella.

Hoy nos vamos a conocer la zona de los “Alpes Japoneses” y lo digo entre comillas porqué a los más puristas no les gusta que se les llame así 😛 Como quedamos con el hijo del Sr Matsubaya, tenemos listos los papeles para el envío de las maletas hacia el hotel de Tokyo con la empresa Yamato cuando bajamos a hacer el check-out. A los alpes nos vamos solo con las mochilas, las chaquetas y los paraguas (anuncian lluvias…) para viajar más cómodos los siguientes días en los que tendremos que coger varios transportes, y enviamos el resto del equipaje hacia la gran ciudad. Hemos quedado muy contentos con el Matsubaya Inn Ryokan y sin duda lo recomendamos. Nos regalan dos pack’s de palillos como agradecimiento por nuestra estancia, ¡qué majos! Aplauso Nos despedimos del personal que lleva el ryokan con grandes reverencias acompañados por varios dōmo arigatō (muchas gracias).

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Salimos hacia la estación JR Kyoto para coger el tren que nos llevará a Kanazawa y para el que reservamos los billetes ayer en la oficina de Japan Railways. De todos los que hay, el Thunderbird es el único que va directo desde Kyoto por lo que te ahorras casi 1h de viaje… tenemos reservados los billetes para las 9,09h. Al salir del ryokan está lloviendo y hace fresquillo, suerte que nos hemos quedado con las chaquetas y los paraguas… Nos compramos algo de desayuno en las máquinas de la estación para tomarlo en el tren de camino. Cuando subes a un tren japonés, ves que el deporte nacional es dormir en ellos. Muchas veces ves que se despiertan de golpe y bajan en la siguiente parada, siempre he tenido la duda de si tienen los tiempos controlados o es que allá dónde se despiertan se bajan y luego dan la vuelta… 😛 El otro deporte nacional si se trata de viajes largos es comer, así que podéis hacerlo tranquilamente, siempre y cuando luego no dejéis basura en el tren y la depositéis en las papeleras de los andenes.

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nuestro tren

El trayecto hasta Kanazawa es muy chulo, hay unos paisajes de montaña con unos lagos espectaculares. A las 11,13h llegamos a destino. Decidimos deshacernos del equipaje aprovechando que el hotel está justo al lado de la estación y así visitar la ciudad sin cargas. Para esta noche, escogimos de nuevo un hotel de la cadena Dormy Inn Kanazawa por 13000¥ (los dos). Cuenta con baños públicos en el último piso, lavadoras a monedas y está muy bien ubicado, en la calle justo al lado de las estaciones JR y de buses. Estos hoteles suelen estar bien de precio y estupendamente ubicados, los recomiendo sin duda.

Kanazawa (金沢): A partir del siglo XV la importancia de Kanazawa creció al establecerse la poderosa y combativa secta Ikko. Durante el periodo Edo el clan Maeda (el segundo más poderoso en términos de producción de arroz y tamaño de feudo) se asentó en la ciudad. Kanazawa fue creciendo hasta convertirse en una ciudad de gran éxito cultural rivalizando con Kyoto y Tokyo. En la II Guerra Mundial, fue la segunda ciudad más grande Japón (después de Kyoto) en escapar de la destrucción de los ataques aéreos. Gracias a ello, hoy en día aún se mantienen partes de la antigua ciudad amurallada, con los distritos de los samuráis, templos y distritos de ocio y de geishas, en buenas condiciones.

El centro de la ciudad se define por Kanazawa Castle Park. Todas las atracciones principales están situadas dentro de un radio de unos dos kilómetros alrededor del parque del castillo, por lo que es posible explorar la mayor parte de la ciudad a pie. La estación JR Kanazawa por eso no es céntrica, se encuentra a unos dos kilómetros (unos cinco minutos en autobús) al noroeste del centro de la ciudad. Hay una red de autobuses que conectan la estación con el centro de la ciudad y las principales atracciones turísticas de Kanazawa. Los buses tienen un precio de tarifa plana de 200¥ por trayecto en el centro de la ciudad, o como en Kyoto, puedes comprar un bono diario de viajes ilimitados por 500¥. Hay varias líneas pero la más útil para los turistas es la del Loop Bus Kanazawa, que conecta la estación de Kanazawa en un circuito en sentido horario con la mayoría de los lugares de interés. El ticket se compra en la oficina de turismo de Kanazawa que se encuentra adherida a la estación JR y el bus se toma en la entrada principal de ésta.

Tras dejar el equipaje en el hotel (que nos lo guardan gratis), volvemos a la estación para comprar el pase diario del Loop Bus (500¥ pp) y lo tomamos para ir hacia la zona del Castillo y el Kenro-koen. Tras unos minutos de trayecto, bajamos en la parada “Kenro-koen-shita”. Justo en frente, ya vemos la muralla del castillo de Kanazawa.

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Subimos unos escalones para llegar al puente y entramos al recinto del Kanazawa-jo o castillo de Kanazawa. La entrada a éste es gratis (solo hay que pagar 300¥ si quieres acceder a las torres).

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Este castillo fue la sede del clan Maeda desde 1583 hasta el final del periodo Edo. Se quemó un par de veces a lo largo de su historia, por lo que tan solo queda en pie la Puerta Ishikawa-mon de origen.

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Desde hace varios años están trabajando en la reconstrucción de las torres, del foso, de la puerta de acceso principal al Kanazawa-jo y los almacenes del castillo. Decidimos ver solo un trozo del recinto y no pagar la entrada a las torres ya que nada más entrar al patio interior del castillo vemos que están preparando una especie de feria dentro del recinto para mañana, en los carteles ponen que se celebra el Matsuri… lástima no poder cuadrar el itinerario de otro modo para disfrutar de él 🙂

Salimos de nuevo por la Ishikawa-mon y desandamos lo andado para ir hacia el otro extremo del puente, dónde se encuentra una de las entradas al parque Kenro-koen. Pagamos la entrada (600¥ pp). Éste es considerado como uno de los tres mejores jardines de Japón. Solían ser los jardines exteriores del castillo, un jardín privado de la familia Maeda, pero no fue abierto al público hasta 1871. Dispone de varios estanques, arroyos, cascadas, puentes, casas de té y una villa samurai en su recinto.

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Su nombre, literalmente significa “jardín de las seis subliminales”, refiriéndose a la amplitud, aislamiento, artificialidad, antigüedad, abundancia de agua y amplias vistas, seis atributos que hacen de un jardín perfecto según una teoría china basada en el yin-yang.

Pasamos un buen rato deleitándonos con el lugar, e incluso nos sentamos en algún banco a observar. Como una imagen vale más que mil palabras, os dejo con algunas fotos que como siempre no hacen honor al vivo y en directo. Aquí disfrutamos viendo el inicio del momiji, el momento del otoño en que las hojas de los arces se tiñen de color rojizo.

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el Kenro-koen cuenta con la lámpara de piedra más antigua de Japón

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Adherida al jardín se encuentra la Villa Seisonkaku (entrada 700¥ pp), una de las villas samurai más elegantes de Japón y construida por un señor Maeda para el retiro de su madre, durante los últimos años del periodo Edo.

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Es un gran edificio con una serie de salas con suelos de tatami construidas en dos plantas. Una de sus características más interesantes son los techos que cubren el mirador del jardín, construidos sin columnas para no interrumpir las vistas del jardín. Así como los suelos de madera que rodean la casa y dan acceso a los jardines, que como los del Castillo Nijo de Kyoto crujen al caminar sobre ellos a no ser que lo hagas muy muy despacio. Sus jardines privados nos maravillan también. Y cuenta con otra característica que no habíamos visto antes, cada estancia tiene las paredes pintadas de un color, pero colores fuertes como rojo, naranja, morado… al estilo holandés o incluso, árabe, dicen que por influencia de comerciantes extranjeros que había conocido el Sr Maeda. Este lugar nos gusta mucho, se respira paz en sus estancias y además, muestra juegos, muebles, ropas y joyas de la familia. Lástima no poder hacer fotos ni del interior ni de sus jardines porque son una pasada…

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Algo que teníamos pensado para el día de hoy era visitar el Templo Myoryuji, conocido como el Templo Ninja. El mundo ninja nos atrae a ambos, pero hay muy pocas cosas sobre ellos en Japón (no les tienen mucho aprecio que digamos… Doblemente malvado ) pero leyendo por internet vimos que había que hacer reserva telefónica previa y que solo hablan japonés, y había opiniones muy negativas de algunos visitantes, lo cuál nos echó atrás. Así que decidimos coger el bus de nuevo para acercamos a la estación, allí comemos en un restaurante italiano unas ricas pizzas (2000¥ aprox los dos) y vamos al hotel a hacer el check-in y pasar por la habitación para refrescarnos un poco, ¡hace un calor terrible!

Aunque el jardín Kenro-koen y la villa samurai nos ha gustado muchísimo, no acabamos de encontrarle el punto a esta ciudad… suponemos que es por el cansancio que llevamos encima, y el bochorno y la humedad tan fuertes que hace, aún así, decidimos darle un voto de confianza por lo que cogemos de nuevo el bus aprovechando el bono diario y nos vamos hacia Nagamachi o distrito samurai.

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Queríamos entrar a ver la casa Nomura, pero cuando llegamos el señor que hay a la entrada nos dice que ya van a cerrar y que no nos da tiempo a visitarla. Tenía apuntado de la japan-guide que cierran a las 17,30h y solo son las 16,30h así que nos quedamos descolocados… vienen otros grupos detrás nuestro y se encuentran con lo mismo, ¡vaya fiasco! Paseamos un poco por la zona y vemos que todas las casas samurai están cerradas o a punto de hacerlo :S

Tan solo podemos entrar en la Takada Family House (entrada gratis) una pequeña casa samurai que conserva los establos dónde guardaban los caballos de los samurai, un par de estancias construidas en madera y la puerta original. Contiene además un bonito jardín. Tienen carteles en inglés, así que podemos aprender un poquito más sobre los samurai.

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Seguimos caminando hacia el Museo Ashigaru, pero aunque solo son las 17h, ¡está todo cerrado ya! En esta zona nos llama la atención un centro sanitario cristiano ortodoxo con capilla incluida, es la primera iglesia cristiana que vemos en Japón Muy feliz

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La zona es bonita y bien merece un paseo, la pena es no poder visitar más casas de samurai que es la esencia del barrio…

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Decidimos acercarnos de nuevo al centro y visitar los dos santuarios principales de la ciudad a sabiendas que los santuarios no cierran Sacando la lengua Ambos son de entrada gratuita. El primero que vemos es el Oyama-jinja. Este santuario está dedicado a Maeda Toshiie, el primer señor del poderoso clan Maeda. Construido en 1599 por su sucesor en el Monte Utatsu y trasladado posteriormente a su ubicación actual. ¡Lo flipamos con la entrada! Tiene una gran torii de piedra y tras ella, ¡una puerta al más puro estilo europeo!

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La puerta fue diseñada por un arquitecto holandés usando elementos de temática religiosa europea y asiática. Sus pisos superiores fueron usados como faro, recordad que Kanazawa fue la capital portuaria del norte de Honsu. La puerta era originalmente la de entrada al palacio del castillo y fue trasladada al santuario posteriormente. En el recinto se alza una estatua de Toshiie y cuenta con diversos estanques con unas carpas enormes 😛

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Vemos que en el interior del templo hay una sacerdotisa enseñando unos cantos a otra más joven. Hay varias personas escuchándolas, y la verdad es que es algo curioso de ver, nos ponemos en una esquina para no molestar y nos quedamos un rato observándolas. También vemos a varios salaryman que vienen a hacer sus oraciones tras la jornada de trabajo. Esto es lo que más me gusta en un viaje, poder pararte a observar el día a día de la gente del lugar, poder empaparme de su verdadera esencia… 🙂

De allí, nos dirigimos al Ozaki-jinja, santuario shinto dedicado a los grandes señores Amaterasu-o-minokami, Tokugawa Ieyasu y Maeda Toshitsune, y que fue construido en 1643.

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Vemos en el mapa de la ciudad que el mercado Omicho está a pocos pasos del santuario, así que tras la visita al pequeño santuario, allá vamos. Este mercado funciona al mismo modo que la lonja de pescado Tsukiji de Tokyo. Se encuentra entre el barrio de Katamachi y la estación JR, y en él hay centenares de tiendas y restaurantes. Muchas de ellas ya han cerrado cuando llegamos, así que recorremos un par de calles y salimos hacia la calle principal de nuevo.

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No encontramos ninguna parada del Loop bus cerca, así que nos toca ir caminando hacia el hotel dónde queremos descansar un rato con la intención de luego cenar en alguno de los distritos de las geishas para poder conocer también esa zona de la ciudad. Aunque en el mapa no parecía que hubiera tanto, tardamos más de 30 minutos a pie… al fin llegamos a la estación JR y vemos la “torii” de aluminio de la entrada, que en realidad no es una torii si no un tambor tsuzumi… ¡de nada más que 13,5 metros de alto por 24 metros de ancho! Así como la fuente/reloj que con el agua y luces va formando mensajes y marcando la hora.

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Tras las fotos de rigor, nos vamos hacia el hotel a descansar un rato. No sé si por el cansancio acumulado de estos días, la caminata de hoy, la terrible humedad que hay, el calor tremendo que hemos pasado o qué… pero me empiezo a encontrar fatal, con dolor en todas las articulaciones y una sensación de agotamiento brutal… ¡como si estuviera incubando un gripazo terrible! Así que con mucho pesar decidimos pasar de largo del distrito de las geishas y dedicar el resto de la tarde a descansar. Mi marido baja a un 7/11 que hemos visto cerca a comprar la cena y el desayuno para mañana (1700¥ todo) y decidimos relajarnos y cargar las pilas.

La verdad es que las cenas de los kombini nos apañaron prácticamente a diario, por pocos yenes cenamos decentemente en la habitación de la mayoría de los alojamientos. Es una de las facilidades que pone Japón, y es que en todos ellos encontramos hervidor de agua y neverita en la habitación, y algunos incluso microondas de uso comunitario.

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hoy sopa de miso, yakisoba, bolitas de pollo empanado y arroz gohan

Cenamos pronto y tras ello, nos enfundamos los yukata de cortesía que tenemos en la habitación y nos vamos a darnos un bañito relajante al sentō (baño comunitario) del hotel. Tras un buen rato en remojo en el agua calentita para que me siento un poco menos agotada…, volvemos a la habitación y a nos vamos a dormir pronto, ¡¡espero estar mejor mañana!!

04/10/13: last day in Kyoto entre bosques de bambú…

Día 8: de vuelta a Arashiyama, nuestro barrio favorito de Kyoto.

Un nuevo día en Japón… y el último por Kyoto 😦 Nos va a dar penita dejar de nuevo esta ciudad, nuestra favorita en el país nipón. Desayunamos en la habitación y nos ponemos en marcha. Hoy pretendíamos ver primero el santuario Shimogamo y luego ir hacia Arashiyama, pero no nos acaba de quedar claro si el templo está en obras todavía o no, y estamos deseando visitar de nuevo la zona de Arashiyama, nuestro barrio favorito en esta ciudad, así que pasamos de largo del Shimogamo y nos vamos derechos a Arashiyama.

Para ir hacia esa zona hay dos opciones, coger el tren o bien, el bus pero éste último el trayecto no entra en el bono diario y tocaría pagar bastante más (ya lo probamos en el primer viaje…) así que aprovechando que tenemos los JRP activados, vamos hacia la estación JR Kyoto y cogemos el primer tren de la línea JR Sagano y bajamos en la estación JR Saga-Arashiyama. Aquí ya empezamos a recordar lugares y edificios de nuevo Mr. Green

A pocos minutos a pie de la estación, se encuentra nuestro primer templo del día, el Tenryuji. Éste es el templo más importante del distrito de Arashiyama, ocupa el primer puesto entre los cinco grandes templos zen de la ciudad y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue el templo principal de su propia escuela, la secta budista Rinzai Zen y construido en 1339 por el shogun Takauji quién dedicó el templo al emperador Go-Daigo que acababa de fallecer. Los edificios del templo han sido reconstruidos en varias ocasiones ya que sufrieron daños en varios incendios y guerras pero los jardines se conservan de origen.

Se puede acceder a tan solo uno de los edificios del templo ya que los otros los están reconstruyendo pero lo que realmente nos interesa de este lugar son sus jardines, así que sólo pagamos por ellos (500¥ pp). Nada más entrar, se rodea el edificio principal del templo, se puede ver su interior desde fuera y cuenta con un bonito jardín zen delantero.

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Seguimos rodeando el edificio y nos encontramos con un impresionante lago rodeado de plantas, flores y árboles con un bonito follaje de otoño.

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Hay varios senderos que recorren el parque y algunos suben unos cuantos metros por encima del parque, por la falda del monte de Arashiyama.

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Mientras recorres esos senderos vas encontrando lámparas de piedra, terreno cubierto de musgo y plantas y árboles de todo tipo. Así como algunas fuentes y “altares”, y algo de fauna local…

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Junto a los terrenos del templo se encuentra el bosque de bambú de Arashiyama, hay una salida del parque directo a él, pero nosotros decidimos acabar de recorrer el parque en forma circular y salir por dónde entramos.

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Así que nos acercamos de nuevo a la zona del lago y vemos las famosas puertas del edificio pintadas, una con un dragón, así como el altar con el monje.

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Salimos del templo y nos dirigimos de nuevo a la calle principal. Queremos volver a visitar nuestro templo favorito en la ciudad, poco recomendado en las guías de viaje y que descubrimos en el primer viaje gracias a un blog. Pero antes nos tomamos unos refrescos, aunque el día está medio nublado hay una humedad tremenda, con lo que de nuevo pasamos un calorazo terrible… ¡¡Cómo echo de menos estas máquinas!!

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con un par de estas bebidas haces una sobredosis de vitamina C… ¬¬’

Y ahora si, cruzamos las vías hacia la famosa calle Saga-Toriimoto que conserva el estilo de la época Meiji, con edificios machiya tradicionales (“casas de la ciudad”).  Algo que nos encanta de Kyoto es que puedes encontrar templos y santuarios en cualquier lugar, en calles recónditas o en grandes avenidas y todos tienen algún encanto.

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Nos encontramos con el templo Seiryoji (entrada gratuita) que ya conocíamos del primer viaje pero muy de pasada y del que no tenemos fotos (me quedé sin batería en la cámara cuando visitamos esta zona), así que decidimos entrar a verlo, esta vez con más calma y nos encontramos con un grupo de monjes que celebran una ceremonia.

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Los Nio o guardianes de Buda que suele haber a la entrada de los templos budistas son impresionantes…

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Recorremos el recinto de nuevo entre cánticos de monjes…

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Tras una media hora recorriendo el recinto del Seiryoji, salimos de nuevo para seguir subiendo la calle. Estamos a unos 5 minutos del templo al que nos dirigimos pero vemos que son las 14h, aprieta el hambre y recordamos que por la zona no había apenas lugares para comer, por lo que decidimos parar en el primer restaurante que encontremos para que no se nos haga muy tarde… A pocos minutos, vemos uno con pinta de chiquitín que las fotos de los platos que tienen en la calle nos parecen bien y no está mal de precio, así que decidimos entrar. El propietario nos mira algo extrañado pero muy amablemente nos indica una mesa. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos trae la carta y … ¡ESTÁ TODO EN JAPONÉS! ¡oh , oh! Pero a estas alturas no hay problema, en un segundo viaje no te agobias con ciertas cosas, y empiezas reconocer algunas palabras (soba es un tipo de fideo, ebi es langostino, sake es salmón, toro es atún, shiitake son setas, gohan es arroz…) y por señas escogemos dos platos (casi al azar) y a cruzar los dedos a ver qué hemos pedido ¡¡jajaja!! Y he aquí…

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La verdad es que están riquísimos los dos, disfrutamos de una muy buena comida por 1400¥ los dos, acompañado por un té riquísimo del que te van rellenando el vaso conforme lo vas bebiendo, y hasta nos invitan a un chupito de sake al terminar 🙂

Tras una riquísima comida, seguimos recorriendo la calle hasta llegar a la callejuela que lleva a nuestro templo favorito en esta ciudad: el Gio-ji.

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esta zona de Kyoto es poco conocida y tiene mucho encanto…

Nos fijamos que hay otro templo justo al lado que pone un cartel de “Museo” en la entrada, así que decidimos entrar a ver qué encontramos (500¥ pp). El jardín del templo nos recuerda mucho al de Gio-ji, todo cubierto de musgo. Lo siento, no recuerdo el nombre del templo pero estaba justo al lado.

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La señora de la taquilla nos pregunta si hablamos inglés y nos guía hasta el templo. Allí nos recibe un hombre que nos explica el significado de algunos símbolos budistas y nos invita a pasar a una sala que hay al lado dónde tienen una especie de museo con piezas de varios lugares pero sobretodo del Todaiji de Nara. Pero no nos enteramos de casi nada porque todas las explicaciones están solo en japonés… así que echamos un vistazo rápido, nos deleitamos un poco más con el jardín por amortizar algo los 1000¥ que hemos pagado, y con mal sabor de boca porqué nos parece un poco robo, nos vamos, ahora sí, ¡al Gio-ji de nuestros amores! Pagamos 500¥ pp la mar de gustosos y entramos. Nos es inevitable alucinar. Si lo recordábamos bonito, ¡en vivo lo es más! Se trata de un pequeño templo con un Buda de Luz pero rodeado de un jardín espectacular de altos arces y cubierto de musgo junto al bosque de bambú de Arashiyama. Y como más vale una imagen que mil palabras, aquí tenéis algunas, aunque no hacen honor al vivo y en directo.

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Recordamos que cuando estuvimos la primera vez había un gatito blanco que nos acompañó en toda la visita, vivía allí y era muy cariñoso. Nos extraña no verlo y mi marido dice que igual se ha muerto… en esas que llegamos al pequeño edificio del templo y vemos que hay un altar con fotos del gatito, juguetes y comida, y es que ¡se ha muerto este verano 😦 Nos da mucha pena, pobrete!, así que echamos unas monedas en el altar del gatito. Quizá os parezca una chorrada, pero ese gatito formaba parte del encanto y del buen recuerdo del templo y ver que ya no está nos da pena.

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Pasamos un buen rato sentados en el suelo de tatami del templo observando el jardín. Y con mucho pesar, decidimos irnos para ir a ver alguna cosa más de la zona asegurando que volveremos a este lugar en nuestra próxima visita a Kyoto…

Bajamos de nuevo por la calle principal. Recordamos del primer viaje que había un gran cementerio cerca del bosque de bambú pero no damos con él. Recorremos el sendero del bosque de bambú. Es muy agradable pasear por ahí y hay una sombra que se agradece mucho después del día de humedad y calor que ha hecho.

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Justo al llegar a las vías del tren, vemos que pasa el tren panorámico de Sagano Torokko que hace un recorrido entre Kameoka y Kyoto recorriendo la línea JR Sanin por las montañas de Kyoto. Os dejo un enlace al blog Japonismo dónde hablan sobre él por si os interesa.

Nada más  cruzar las vías del tren nos topamos con un santuario del que no habíamos leído nada en las guías. Se trata del Nonomiya-jinja Shrine, dedicado a los dioses del sol y del fuego, y de entrada gratuita. Es un santuario realmente bonito y es espectacular ver el contraste de la madera lacada en rojo con el musgo del suelo y los bambú 🙂

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Vemos unas tablas Ema muy bonitas y decidimos comprar dos (500¥ c/u) para dejar nuestro mensaje en el santuario y llevarnos un deseo a casa en ellas: “siempre llevaremos Kyoto en nuestros corazones” y “por muchos viajes más”. Colgamos una de ellas junto a las demás con una reverencia y tras habernos purificado como marca la tradición shinto, la otra nos la llevamos a casa.

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Aquí pasamos un buen rato y es bonito ver cómo va oscureciendo a través del bambú. Seguimos nuestro camino hacia la calle principal que lleva al Puente Togetsukyo que significa “puente que cruza la luna”.  Este puente de madera, cuenta con más de 100 años de antigüedad. Recordamos que la otra vez compramos unos helados muy ricos en una tienda y allá que vamos. Nos compramos un delicioso helado de soja para mi y de té verde para mi marido (300¥ c/u) y nos sentamos junto al río a comerlos mientras vemos caer el sol con la magnífica estampa del río y el Monte Arashiyama.

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Me hubiera gustado acercarnos a Kobe tal y como tenía pensado, pero estamos cansados y mañana toca madrugón, así que decidimos acabar nuestro día en Kyoto quedándonos en la ciudad. Tras un corto paseo, cogemos el tren en la estación JR Saga-Arashiyama de vuelta a la JR Kyoto. Al llegar, reservamos los billetes del tren a Kanazawa para mañana y damos una vuelta por el centro comercial Big Camera que hay al lado para mirar las réflex, cojo algunos precios de los modelos que más me llaman y nos vamos un rato a descansar al ryokan, de camino compramos unos dulces, unos refrescos y desayuno para mañana en el Lawson (800¥) para tomarlos en la habitación. Muy cerca del ryokan hay una tienda que venden souvenirs y que me miro su escaparate desde que llegamos a Kyoto, finalmente, decidimos entrar ya que vemos unos buda protectores que a mi marido le encantan, compramos uno por 800¥, ale ya tenemos otro buda para casa Mr. Green

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el escaparate

 

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nuestro buda protege la entrada de casa 🙂

Vamos a la habitación a descansar un poco y tomarnos los refrescos. Sobre las 18,30h, decidimos salir a dar una vuelta. Antes de irnos, hablamos con Matsubaya-San hijo para ver si nos gestionaría el envío de las maletas a Tokyo ya que a la zona de los alpes iremos con mochila, el chico nos pide los datos del hotel de destino y nos dice que mañana al hacer el check-in nos recoge las maletas y se ocupa él. ¡Genial!

Cogemos el metro en la estación Gojo hasta Shijo (210¥ pp) para ir a la zona comercial de Teramachi. Echamos unas fotos de la zona y nos adentramos en las calles comerciales. Nos encanta ese contraste de tiendas, restaurantes con toriis de piedra y santuarios con lámparas de papel Muy feliz

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Entramos en un par de ellos. En uno, hay una especie de marioneta que si le echas 100¥ te da un papel de la fortuna. Si es bueno te lo quedas y si es malo, lo atas en un árbol que hay junto a ella para que los dioses shinto te protejan de ella. Como es buena nos la llevamos. Ale ya tenemos otra para la colección Mr. Green Os dejo un vídeo porqué el bicho era muy gracioso…

Ya de por si, me encantan los farolillos que adornan los santuarios, pero iluminados por la noche ya me acaban de enamorar…

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Decidimos cenar unas hamburguesas en una cadena que hemos visto en varios lugares, la First Kitchen por 1000¥ los dos, no están mal pero tampoco matan… Tras la cena, caminamos de vuelta a Shijo-Dori por las calles comerciales. A estas horas ya van cerrando muchos puestos.

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En Shijo-Dori cogemos el bus nº5 que nos deja entre la parada del metro Gojo, a pocos minutos a pie del ryokan (220¥ pp). Una vez en la habitación preparamos las mochilas, cerramos las maletas, ducha, llamadita y a dormir que mañana nos vamos a conocer otra zona 🙂

03/10/13: Kyoto & Osaka

Día 7: día de grandes templos en Kyoto, y tarde de ocio en Osaka

¡¡A las 5,30h amanece un nuevo día, horror es demasiado temprano!! Ojos que se mueven el ryokan no tiene persianas, tan solo unas puertas de papel correderas opacas que dejan entrar la luz y como estamos en el país del sol naciente pues amacene temprano como podéis ver… Para algunos esto no será un problema pero para mi marido si, ¡y grande! Suerte que llevaba un antifaz para el avión en la maleta, y con él puesto y yo tapada hasta las cejas pudimos dormir un par de horitas más. Muy feliz

Esta noche hemos dormido bien en el “doble” futón que nos hicimos 🙂 La mar de cómodos. Desayunamos en el ryokan lo comprado el día anterior en el konbini y salimos hacia la estación JR Kyoto para coger un tren regular de la línea JR Nara Line (de los que paren en todas las estaciones), hasta la JR Tofukuji. Como llevamos los JRP activos, tan solo tenemos que enseñárselo al revisor de la entrada a la zona de vías de la estación y pasamos. Llevamos con nosotros los paraguas ya que el día empieza algo lluvioso y muy nublado…

Hoy vamos a visitar algunos de los templos considerados imprescindibles en Kyoto y que no visitamos en el primer viaje. El primero de la lista para hoy está a unos 10 minutos a pie desde la estación JR Tofukuji, pero decidimos tomar otro camino para ir viendo algunos de los templitos que hay por la zona. Empezamos encontrándonos con el Taiko-an, de la rama Rinzai del budismo.

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A pocos pasos, se encuentra el Dojuin Temple. En el que se encuentran un montón de Jizo’s, ¿¡he dicho ya que me encanta este buda?! Es el protector de los niños pero también de los viajeros, ¿será por eso que me inspira simpatía? 🙂

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Y tras unos pocos metros más, encontramos un camino cubierto de madera en medio de un pequeño bosque que nos adentra hasta el Templo Tofukuji.

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Se trata de un conjunto de templos, fundado en 1236 a instancias del clan Fujiwara y su nombre es la combinación de los dos grandes templos de Nara: el Todaiji y el Kofukuji. Éste ha sido históricamente uno de los principales templos Zen de Kyoto, y es de los principales de la escuela Rinzai. Hay varias partes del recinto que son de acceso gratuito. Algunos son estructuras del periodo Muromachi y son raros ejemplos de arquitectura zen superviviente de la época.

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Sin embargo, hay dos zonas que se deben pagar para poder acceder a ellas: el jardín Hojo y el Puente Tsutenkyo, y el Kaisando Hall. En primer lugar, pagamos (400¥ pp) para acceder al puente de madera Tsutenkyo que conduce hasta el Kaisando Hall, lugar que sirve como mausoleo del primer sacerdote principal del templo. El camino de piedra frente al Kaisando está flanqueado por impresionantes jardines a ambos lados, un jardín de piedra seca a la izquierda y un estanque a la derecha. El Kaisando y sus jardines fueron reconstruidos durante el último período Edo (1603-1867).

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Volvemos nuestros pasos y nos dirigimos al Hojo, (400¥ pp), las antiguas dependencias de los sacerdotes, rodeadas de unos jardines espectaculares que combinan agua, rocas, piedra y musgo. En el interior del edificio no se pueden hacer fotos, pero si en los jardines.

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Salimos del Hojo y nos tomamos un café de las máquinas que hay a la entrada por unos pocos yenes.

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Cruzamos la gran puerta Sanmon, la puerta zen más antigua en su estilo, con 22m de altura y que data de 1425.

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De camino hacia la estación JR, encontramos un par de templitos más, a los que solo nos asomamos y en menos de 10 minutos estamos de nuevo en el tren de la línea JR Nara de vuelta a Kyoto. Debo decir, que hay mucha gente que visita el Tofukuji aprovechando el camino a Nar, al igual que Fushimi Inari ya que caen de camino y es la misma línea de tren la que lleva a ambos. Nosotros en su día preferimos disfrutar de Nara y de Fushimi Inari tranquilamente por lo que los visitamos en días distintos.

Al llegar a la estación JR Kyoto, compramos el bono diario para el bus (500¥ pp) y tomamos la línea 5 para ir a los templos Eikando y Nanzenji, en la zona del sendero de la filosofía. Bajamos en la parada Nanzenji-Eikando-michi y en seguida empezamos a recordar que hace dos años y unos meses paseábamos por esta bonita y tranquila zona de Kyoto, en el barrio de Higashiyama.

Nos acercamos hasta el templo Eikando porque tenemos dudas de si lo visitamos en el primer viaje, y sólo con verlo por fuera ya nos queda claro que si lo vimos (el mismo día que visitamos Fushimi Inari y que estuvimos recorriendo la zona por la tarde), así que seguimos caminando unos metros más por el sendero de la filosofía hacia el sur y a pocos minutos llegamos al templo Nanzenji, otro de los grandes que nos faltaron la primera vez ya que estaba en obras de restauración.

Situado en la base de las boscosas montañas de Higashiyama, es uno de los templos zen más importantes de Japón. Fue construido como casa de retiro para el emperador Kemayama, convirtiéndose más tarde en el templo zen. El Nanzenji lo componen varios edificios (la puerta Sanmon, el Hojo, el Konchi-en, el Nanzenji como tal y el Tenjuan), así como un par de grandes jardines. El acceso al patio principal es gratuito, pero cada edificio tiene su entrada propia de pago así que decidimos que sólo entraremos a aquellos que realmente nos interesan. Lo primero que nos encontramos es la gran puerta de entrada Sanmon, construida en 1628 como homenaje a los soldados que murieron en el asedio del castillo de Osaka en 1615. La entrada son 500¥ para subir a lo más alto, pero nos conformamos con verla desde el suelo y disfrutar de cruzar a través de sus grandes columnas.

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Este templo cuenta con algo extraño de ver por estos lares: un acueducto de ladrillo al más puro estilo romano que cruza los terrenos. Fue construido durante la época Meiji (1868-1912), forma parte de un sistema de canales que se construyó para llevar agua y mercancías entre Kyoto y el lago Biwa, en la vecina prefectura de Shiga.

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De ahí nos fuimos hasta el Hojo, la residencia del ex-jefe del sacerdote y la sala principal del Nanzenji. Famoso por su jardín de rocas, de las que se dice que se asemejan a tigres y sus cachorros cruzando a través del agua.

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Pagamos su entrada (600¥ pp) y nada más acceder al edificio ya puedes disfrutar de su arquitectura, así como de las pinturas de tigres hechas en pan de oro que hay en las puertas correderas, de los suelos de madera y tatami y de un fantástico comedor con vistas a un jardín zen que ya lo quisiera para mi, ¡sobretodo por las vistas!

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Disfrutamos de sus jardines en los que se respira una gran paz. El delantero es el zen con la representación de las rocas simulando los tigres (que nosotros no fuimos capaces de ver esa similitud la verdad… 😛 ) y el trasero, combina musgo con piedras rastrilladas y vegetación.

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Son casi las 13h, así que decidimos desandar lo andado por el sendero de la filosofía y dirigirnos hasta la gran torii que marca la entrada al Santuario Heian, ya que no encontramos ningún bus ni metro cercanos que nos fuera bien para ir a la zona que habíamos pensado visitar por la tarde, así que nos toca caminar unos 20-30 minutos a pie desde el templo… Se ha despejado el día y hace un calor y una humedad terribles, pasamos una buena chicharra durante el paseo ¬¬’ Así que una vez junto a la gran torii, decidimos aprovechar el pase diario que llevamos y coger el primer bus que pase para acercarnos un poco a la zona de Pontocho para comer. Nos bajamos justo antes de cruzar el puente y entramos al primer bareto que vemos. En la puerta vemos fotos de unas bandejas de tonkatsu y boles de arroz de esos que llevan de todo a buen precio y allá que vamos. Al entrar, todo el mundo nos mira. Somos los únicos gaijin del local y está lleno de abueletes y trabajadores en su hora de comer. La mujer que lleva el local nos acompaña a una mesa y nos trae una carta medio en japonés, medio en inglés pero que nos sirve para pedirle por señas lo que queremos. Comemos de fábula por unos 1500¥ los dos y ¡hasta nos invitan a un chupito de shochu! Este es uno de esos lugares que en el primer viaje no hubiéramos entrado por miedo a no aclararnos, pero que la veteranía de un segundo viaje te lo permite, y resulta ser de esos lugares en los que mejor comes y que años después aún recuerdas 🙂

Ya con la panza llena, nos acercamos de nuevo hasta la torii en un paseo de unos 10 minutos, y de camino entramos a un par de templos que nos encontramos medio escondidos entre las casas.

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Cruzamos el puente de madera lacada que cruza el río y nos maravillamos de nuevo con la vista de ¡¡la madre de las torii!!

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Solo hay que fijarse en la altura de los coches o de los árboles que hay en la zona para valorar su inmensidad…

El Santuario Heian, pese a ser uno de los más importantes de Kyoto, no lo visitamos en el primer viaje, así que no nos podíamos ir de la ciudad sin disfrutar de su visita y sin cruzar “las zamburguesas” de sus jardines 🙂 El Santuario Heian fue construido para celebrar el 1100 aniversario de la fundación de la capital de Kyoto y está dedicado a los espíritus de los primeros y últimos emperadores que reinaron la ciudad (Kammu y Komei). Heian es el antiguo nombre que tenía Kyoto.

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El acceso al santuario es gratuita. Y de nuevo, hay un montón de escolares por el patio interior… se nota que es uno de los grandes porqué está a rebentar igual que ayer el Kiyomizu.

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Nos deleitamos con la arquitectura de las torres y sus tejados, ¡¡qué pasada!! Ese contraste del rojo y el verde hace pensar en templos más de estilo chino…

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Nos acercamos hacia la entrada a los jardines que si son de pago (600¥ pp) y nada más entrar ya se respira paz, mucha paz. A diferencia del santuario, aquí hay muy poca gente recorriendo el parque y hay sombra (¿¿¡¡he dicho ya que pasamos mucho calor??!!) así que nos deleitamos con las vistas. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas fotos de los jardines que sin duda no hacen honor a la belleza del vivo y directo…

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Como anécdota contar que hubo una señora japonesa que casi se cae al agua al cruzar las piedras, ya que era muy bajita y no llegaba, ¡pobre! lo pasó mal cruzando pero nosotros también por si la teníamos que rescatar 😦 pero finalmente pudo cruzarlas todas y sonriente llegó al otro lado 🙂 Y cuando me disponía a cruzar yo (grabando mientras lo hacía), un señor mayor que había haciendo fotos en el parque me pidió permiso para hacerme una foto cruzando. Así que la menda está entre las fotos de aquel buen señor… Mr. Green

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Al salir de parque son algo más de las 16h y aunque la idea inicial era escaparnos a conocer Kobe, pensamos que la visita a Osaka del primer día nos supo a poco, así que decidimos volver a Osaka y ver la zona comercial de Dotonbori y dejar Kobe para otra ocasión con más calma. Cogemos el bus 100 hasta la estación JR y allí un tren local con el JRP que aún tenemos activo hasta Shin-Osaka.

Una vez en Shin-Osaka, tomamos el metro hasta Shinsaibashi (no recuerdo el precio del trayecto pero creo que fueron unos 200¥ pp) y nos adentramos por las calles comerciales de la ciudad dando un paseo, entramos en algunas tiendas, nos miramos las cámaras y objetivos en otras, compramos alguna bebida y llegamos hasta los “iconos” de la ciudad, como el corredor de Glico y el pulpo de un restaurante de Takoyaki (bolas de pulpo típicas de la ciudad).

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Llevamos un buen día de caminata y estamos cansadísimos. La idea era cenar en Osaka y luego volver a Kyoto, pero estamos tan ko que finalmente, decidimos caminar otros 5 minutos hasta la parada Namba del metro, volver a Shin-Osaka y coger el primer shinkansen que salga a Kyoto. Una vez en nuestra ciudad base, compramos cena y desayuno para mañana en un Family Mart (1500¥) y nos vamos al ryokan. Cena, ducha y ¡caímos rendidos en el futón, agotados pero super felices por todo lo visitado hoy! sleep sleep

01/10/13: Kumamoto… ¡Kumamon y su castillo!

Día 5: hoy descubrimos Kumamoto 🙂

Empezamos mes y a nosotros aún nos quedan muchos días por delante en Japón 🙂 La noche de hoy también la pasaremos en Kumamoto así que tenemos todo el día para ver la ciudad sin estrés. Desayunamos en el hotel lo comprado anoche en el kombini y salimos hacia el primer destino del día.

Ayer ya nos percatamos, y hoy lo vemos por todas partes… hay un oso (que mi marido dice que le recuerda al osito pedófilo del manga de los 90, el Pedoear) Mr. Green  y está en todas la tiendas, carteles, restaurantes…

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… y es que resulta que es la mascota de la ciudad ¡jaja! Todas -o casi todas- las ciudades niponas tienen una mascota que la usan para promocionarse al resto del país. En internet podéis encontrar vídeos sobre ellas, yo comparto con vosotros uno Kumamon, la mascota de Kumamoto 😀

De nuevo me llaman la atención las tapas de alcantarilla. No sé si lo he comentado alguna vez, pero todas las ciudades de Japón tienen las tapas de alcantarilla decoradas de distinta forma. Algunas tienen el sello o escudo de la ciudad, otras un símbolo que las distinga, otras una flor típica de la zona… ¡las de Kumamoto me gustan mucho!

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Nos dirigimos hacia el Kumamoto-Jo, el Castillo de la ciudad que queda a unos 5 minutos a pie del hotel. Entramos por una de las puertas de la muralla (640¥ entrada combinada para el castillo más la villa samurai cada uno) y vamos recorriéndola hasta llegar al castillo. En la zona de la muralla hay un parque enorme, algunos jardines de peonías (qué pena que no sea el tiempo porqué es una de mis flores favoritas) y cuervos, ¡muchos cuervos! No os extrañéis cuando visitéis el país al verlos por todas partes ya que son considerados como algo sagrado en el sintoísmo, son los acompañantes de este mundo al más allá.

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El castillo, construido originalmente por Kato Kiyomasa de 1601 a 1607, es considerado uno de los tres castillos fortificados más importantes y mejor conservados de Japón. Cuenta con un avanzado diseño de arquitectura e ingeniería para la época en que fue construido, aportando el diseño de murallas inclinadas hacia dentro, lo que lo hacía casi inexpugnable, sobretodo por los ninjas, magníficos escaladores y muy bien preparados físicamente, que encontraban más dificultades durante el asedio y que poco a poco se fueron añadiendo a todos los castillos ya construidos. Fue incendiado durante la rebelión de Satsuma.

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Kato Kyomasa

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Murallas curvadas

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una de las torres de vigilancia

El castillo es realmente bonito y está muy bien conservado. Esa madera oscura combinada con la piedra con la que está construido le da un aire de poder increíble. Nos deleitamos con la vista mientras nos tomamos unas bebidas fresquitas a la sombra de unos árboles… ¿¡he dicho ya que en Kyushu hizo un calor terrible?!

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Vemos que hay un tipo disfrazado de “osito pedófilo” -lo llamábamos así siempre que lo veíamos- que intenta escalar el muro del castillo, y hay otro chico que lo graba todo por lo que deducimos que debe ser alguna coña…

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Recorremos la explanada que hay frente a esta parte del castillo y nos vamos a visitar la torre más antigua que se conserva de origen del castillo.

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Se puede entrar en ella e ir subiendo por sus empinadas escaleras hasta la última planta, desde la cual hay unas vistas geniales del castillo y de la ciudad. En todas las plantas, encontramos carteles en inglés con explicaciones de cómo era la vida en el castillo… ¡si, no nos lo podemos creer, hay info en inglés!

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Tras recorrer la torre, vamos a visitar el castillo por dentro. Para llegar a él, primero hay que pasar por un pasillo bajo los muros de la muralla interior en los que tomas consciencia de lo amplios que son los muros en realidad…

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Y sales de nuevo a otra explanada ajardinada. En ella, hay varios chicos disfrazados de ninja y de samurai con los que te puedes hacer fotos. También hay una especie de photocall dónde colocas tu cara y tienes el castillo al fondo.

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Y tras hacer un poco el pavo, entramos al Kumamoto-Jo. Aquí también encontramos algunos carteles con información en inglés sobre lo que se expone en las distintas plantas del castillo, a qué estaban destinadas cada una de las salas, tácticas de defensa, la historia de la rebelión de Satsuma… vamos subiendo y al llegar a los últimos pisos hay una cola tremenda para subir. La escalera aquí es más más empinada, y es que hay  algunos escalones de medio metro de alto cada uno, así que os podéis imaginar la dificultad para subir… Desde aquí arriba también hay unas vistas geniales y además es súper agradable andar por los suelos de madera pulida descalzos. No permiten hacer fotos dentro del castillo, así que no os puedo mostrar nada de lo que vimos, pero sí deciros que valió la pena su visita 😉

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Tras un último vistazo al edificio principal del Castillo nos dirigimos a la salida recorriendo de nuevo el parque entre las murallas. Ésta vez vemos a decenas de estudiantes sentados en el suelo pintando el paisaje. Aquí veo algo que me pone de muy mala leche… un chico de unos 12 años le está poniendo una bolsa en la cabeza a un compañero, hay como 30 y pico grados de temperatura y está con una bolsa en la cabeza… debe estar medio asfixiado porque apenas se mueve y nadie le dice nada ni hace nada por evitarlo, ¡¡¡hasta las profesoras miran hacia otro lado!!! Me parece increíble y me dan unas ganas terribles de ir a darle una colleja al criajo ese… Sé que en Japón el moving escolar está en apogeo, pero verlo en vivo y no poder hacer nada por evitarlo me puso de muy mala baba Malvado o muy loco

En fin, salimos del castillo y nos vamos a tomar un heladito. Hace un calor y una humedad terribles… llevamos las camisetas y el pelo chorreando y tenemos hasta sensación de mareo… Ojos que se mueven nos tomamos un helado de leche de soja riquísimo en una sombra y luego seguimos con la visita prevista para hoy. Vemos en el mapa que hay que rodear el castillo por un parque para llegar a la residencia samurai (para la que tenemos la entrada combinada). Así que vamos rodeando el castillo, lo primero que vemos es un pequeño parque y un santuario shinto chiquitín, el Kato Shrine, pero con una gran torii de piedra.

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En el parque que rodea al castillo es dónde se dice que tuvo lugar la última batalla samurai, y cuenta con una gran extensión de cerezos y azaleas, así como un museo sobre la batalla y un monumento a los más de 14000 soldados que murieron aquí que no logramos encontrar porque el parque es enorme. La guerra civil de Seinan, tuvo lugar entre 1874 y 1877, y en la batalla se enfrentaron las fuerzas de Satsuma, lideradas por Saigo Takamori y las fuerzas del gobierno central comandadas por el general Nogi. La batalla más famosa fue la de Tabaruzaka, conocida también como “la batalla del último samurai”, en la que después de 17 días de asedio, comenzó un ataque frontal en el camino de Tabaruzaka. Esta batalla es conocida porque Hollywood la llevó a la gran pantalla con Tom Cruise como protagonista.

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Seguimos paseando unos 30-45 minutos, suerte que hay alguna sombra… hasta que damos con la residencia samurai Hosokawa Gyobutei. Más tarde descubriríamos que habíamos salido por el lado equivocado (dando una vuelta hiper-larga) y que además hay un bus que te lleva de un punto a otro de interés dentro del recinto del parque del castillo por 100¥. Pero bueno, el paseo nos permitió ver un parque la mar de mono y el santuario. La residencia Hosokawa Gyobutei, es una gran villa samurai con unos jardines exteriores e interiores espectaculares así como una casa de té, construida para uno de los clanes samurai más poderosos de Kumamoto, los Hosokawa.

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La villa cuenta con varios edificios dónde vivían todos las familias que conformaban el clan, cuenta con un edificio destinado a las cocinas, a los baños, la “escuela”, las dependencias privadas y el edificio para recibir audiencias. Se puede entrar en casi todos ellos y además hay exposiciones (de vajillas, muebles, ropas…).

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Cuando estábamos en lo alto del castillo, ví que había muy cerca un par de santuarios, así que tras la visita a la villa, seguimos con un paseo de unos 10-15 minutos más junto a las murallas para llegar a éstos. El primero, el Kumamoto-Daijingu, tiene una gran torii de piedra con banderines a la entrada, y es curioso verlo tan cerca del castillo. Algo que me llama mucho la atención es que se pueda acceder a él con coche y que haya viviendas y restaurantes en su recinto.

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El segundo que visitamos, ya más cerca de la zona comercial de la ciudad, está dedicado al dios sintoísta Inari y se trata del Santuario Kumamotojo-Inari. Tiene una gran torii de madera lacada en roja que marca su entrada y cuenta con varios edificios, un cementerio y varios símbolos shinto.

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Cruzamos el círculo enzo haciendo la forma del infinito dos veces según marca la tradición, y encendemos unos inciensos siguiendo su ritual para atraer nuestra buena suerte.

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De ahí nos dirigimos hacia Shimotori Arcade, las calles comerciales cubiertas en busca de sombra y comida, que es medio día y el hambre aprieta y el sol más. Hay multitud de restaurantes pero nos llama la atención uno que es restaurante, tienda de souvenirs, sushi para llevar y pescadería, todo en el mismo local Chocado Muy feliz

Nos pedimos un menú de pescado empanado que está riquísimo y no podía ser más fresco… ¡vimos como lo sacaban de una pecera vivo y nos lo preparaban en un momento! Acompañado con un arroz gohan (arroz blanco), y una rica sopa de miso. La camarera nos explica como puede (su inglés es escaso) que hay buffet de ensaladas japonesas y bebidas (té, zumos, cafés y agua) gratis. Éste será, uno de los sitios dónde mejor comimos, por 1500¥ los dos. Tengo que decir además, que seguramente no hubiéramos entrado en un sitio así en nuestro primer viaje, pero en este segundo ya íbamos con más confianza y con ganas de descubrir el verdadero Japón Heart

Tras una comida fantástica, de esas que te apetece desabrochar un botón de lo mucho que has comido Mr. Green , vamos a buscar el tranvía para ir al Suizenji Koen. Tengo que decir, que hay un pase de tranvía diario por unos 500¥, pero nosotros no lo compramos, pues al tener el hotel tan céntrico sólo hicimos uno o dos trayectos al día por lo que no nos compensaba… Pagamos 150¥ pp del tranvía (es tarifa plana, da igual la distancia que siempre vale lo mismo) y bajamos en la parada más cercana al jardín.

La entrada al Suizenji son 400¥ pp. Éste es el mayor parque de la ciudad y tiene una reproducción de las 53 estaciones de la ruta Tokaido, incluida una miniatura del Mt Fuji,  e incluye un salón de té y dulces que fue trasladado desde el Palacio Imperial de Kyoto, así como un gran lago en el centro. ¡Nos encanta este lugar! Como todos los parques japoneses está muy bien cuidado, todo súper limpio y cuidado al detalle, y se agradece muchísimo las sombras que hay. Dentor del parque hay un santuario, el Izumi Shrine. Construido en 1878 en reconocimiento al liderazgo cultural, moral e intelectual del Clan Hosokawa.

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Empezamos a recorrer el parque y nos reímos un rato con el mini Mt Fuji, ¡parece cualquier cosa menos un Mt Fuji! Sacando la lengua  (es el montañuco verde del fondo de la siguiente foto).

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A mitad de recorrido, nos cogemos unas bebidas de unas máquinas (100¥ cada una) y no sentamos a una sombra a descansar un poquito. E aquí la lata de la bebida energética que se tomó mi marido Mr. Green

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El parque es muy curioso, encuentras réplicas de lugares importantes de la ruta Tokaido, algunas más logradas que otras, pero el entorno es de lo más agradable.

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Tras un paseo de una hora más o menos, volvemos hacia la calle principal para tomar el tranvía de vuelta al hotel. Queremos aprovechar que esta noche también dormimos aquí para poner unas lavadoras, que la ropa de Sakujima apesta y, disfrutar de los baños después de la caminata monumental de hoy 🙂

Así que después de poner las lavadoras, nos enfundamos el yukata, cogemos las toallas y nos vamos a los baños públicos que hay en los pisos superiores del hotel. Como la mayoría de los baños públicos, son separados por sexos. Como estoy sola en el de chicas, aprovecho para sacar unas fotos. Están genial, hay una zona de vestuario con tocadores con todo tipo de amenities y unos cestos para dejar la ropa, de ahí pasas a la zona de las duchas con cubilete incorporado y luego tienes una sauna, dos baños interiores (uno de agua helada y otro de agua hirviendo) y por último un baño exterior de agua menos caliente. Las fotos no son muy buenas porqué el móvil de aquella época no mataba con la cámara, pero para que os hagáis una idea servirán 😉

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el baño exterior

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uno de los baños interiores

Recordad que si visitáis estos baños hay unas normas a seguir.  La primera es prohibido hacer fotos si hay gente, al estar sola pude aprovechar. La segunda es que primero hay que lavarse en las duchas y aclararse el jabón. Una vez limpios y aclarados, se puede pasar a los baños a relajarse y disfrutar de la experiencia. Se ruega silencio ya que es un lugar tranquilo, aunque decir que los onsen también se usan como lugar para socializar y cerrar tratos entre empresas por lo que es posible que haya jolgorio… Algo importante a saber, es que normalmente está prohibido entrar en baños públicos si tienes tatuajes. Ésto es porque los tattoo se relacionan con la mafia japonesa Yakuza y están mal vistos por la sociedad nipona, también hay que decir que con los años se van acostumbrando a que los gaijin lleven tattoos y cada vez son más permisivos con el tema, pero creo que no está de más preguntar antes de entrar si llevas uno. ¡Ah!, y hay que estar completamente desnudo, no vale llevar traje de baño ni ropa interior, está mal visto.

Cuando llevo unos 20 minutos de relax total y absoluto allí sola, llega una japonesa y se queda flipando de ver una gaijin (extranjera) disfrutando del baño 😛 De echo, creo que flipa muchísimo porque apenas está unos minutos en el de agua caliente y se va, así que me vuelvo a quedar sola. ¿¡Igual pensaba que le iba a decir algo?! Cuando ya estoy más arrugada que una viejita, salgo y me reúno con mi marido en la lavandería para pasar la ropa de la lavadora a la secadora y nos vamos a la habitación. ¡¡Nos ha sentado de maravilla ese baño!!

Una vez tenemos la ropa lista, nos vamos a probar algo que tenemos muchas ganas y que no hicimos en el primer viaje: ¡¡vamos a un Neko Café!! Aplauso Mi marido estuvo buscando anoche en internet y recomendaban uno en la zona comercial de Shimotori, así que allá vamos. Pagamos unos 1000¥ (incluye consumición) por persona y podemos disfrutar de 30 minutos de compañía y juego con los gatitos que tienen en el local. Nos costó un poco aclararnos con los chicos del local porque su inglés era escaso, pero uno de ellos abrió Google Translate y se acabó el problema, ¡jaja! Solo tienen bebidas naturales, así que nos pedimos unos zumos de naranja que están riquísimos.

El de la corbata es súper gracioso, seguro que es el boss del local… De nuevo perdonad la calidad de las fotos, pero solo llevaba el móvil y su cámara era justita…

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Al principio, estaban todos los gatos durmiendo y pasando de nosotros…

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… hasta que el chico nos dio unos frasquitos con unos “caramelos” para gatos. ¡¡No os podéis imaginar lo interesados que son!! En el mismo momento que abrimos el frasco, se empiezan a desperezar y vienen a buscar su caramelo de ipso-facto ¡jaja!  Y aquí mi marido con sus nuevos amigos, ¡los interesados! 😛

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Algunos quizá piensen que esto es maltrato animal, pero yo no lo creo para nada. Los gatos campan a sus anchas por el local, que es grande para los estándares de Japón. Se les ve sanos y bien alimentados y están tranquilos, los chicos nos explican que tienen normas de conducta estrictas para la gente y pueden echar a todo aquél que crea que les puede hacer daño a sus gatos, además los llevan regularmente al veterinario y la pareja vive allí, por lo que los gatos siempre están acompañados por sus dueños.

Pasamos un buen rato, y los chicos del local son la mar de majos. Pasado el tiempo que teníamos pagado, salimos de nuevo a la zona comercial.

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el nombre del Neko

Después de esta experiencia que seguro repetiremos, buscamos un kombini dónde compramos algo de cena y desayuno para mañana (1300¥ todo), estamos realmente agotados y nos apetece relajarnos, así que nos vamos al hotel a cenar. Es lo bueno de los alojamientos nipones que siempre hay neverita y hervidor de agua en la habitación, algunos incluso cuentan con cocina o microondas comunitarios por lo que te facilita que puedas comer allí.

Hoy ha sido un buen día y Kumamoto también nos ha dejado buen sabor de boca, ¡lo recomendamos! Heart Heart

P.S: El pasado 16/04/2016 dos grandes seísmos azotaron la región de Kumamoto, con una magnitud de 7,3 en la escala de Richter, la misma magnitud que el gran terremoto de Tohoku. En 48h se han registrado réplicas de entre 4,5 y 6 grados de magnitud. Las autoridades niponas han notificado la muerte de 40 personas, más de 800 heridos y al menos 100 desaparecidos en la isla de Kyushu. Hubo incluso alerta de tsunami pero por suerte no ocurrió, pero los seísmos provocaron una pequeña erupción en el cercano volcán Aso y más movimiento del habitual en el Sakurajima. Acabo de saber que la ciudad de Kumamoto ha sido una de las más afectadas por derrumbes y corrimientos de tierra. En el castillo por ejemplo, se han derruido algunas murallas y han caído un par de torres de vigilancia, así como algunos techos. Estos derrumbes han afectado también a los santuarios que hay en los alrededores del castillo. Os dejo una foto sacada de prensa:

Está claro que la actividad sísmica de la tierra no se puede controlar, y cuando se “despierta” hace daño, mucho daño. Siento un gran pesar por todos los afectados y por sus familias. Y siento una gran pena por la pérdida de un patrimonio cultural e histórico tan bonito y tan bien conservado como el que tenían en Kumamoto.

Explicaros hoy este relato de nuestro viaje en 2013, es mi pequeño homenaje a todas las víctimas del gran terremoto de Kyushu de 2016.

28/09/13: ¡nos vamos a Kyushu!

Día 2: vamos a conocer una región poco visitada… viajamos a Fukuoka

Hoy nos levantamos bien temprano ya que a las 7,36h sale nuestro Shinkasen hacia la primera parada en Kyushu. En un primer momento habíamos pensado enviar las maletas de Osaka a Kyoto, pero luego decidimos que serían demasiados días para llevar la ropa en la mochila así que nos las llevamos con nosotros. Hacemos el check-out del hotel y bajamos a la estación.

Hoy es nuestro primer día con el Japan Rail Pass (JRP) de 14 días. Tomamos un tren de la JR Kyoto Line para llegar a la estación de Shin-Osaka desde dónde sale nuestro Shinkansen, pero antes nos compramos desayuno en el Starbucks para tomarlo en el tren. En la estación vemos algún tren molón… muy ¡kawaii!

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¡Nos hace una ilusión tremenda volver a subir en un Shinkansen! Podréis pensar que en España también tenemos trenes “bala” pero es que el modelo japonés alcanza altas velocidades sin notarse ni una sola vibración, este en concreto llegó a alcanzar los 302km/h -medido con GPS-. Mr. Green

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El trayecto dura unas 2,30h desde Osaka. Hasta Hiroshima vamos reconociendo ciudades y lugares que habíamos visto en el 1r viaje, y al parar en Hiroshima nos vienen un montón de recuerdos… de nuevo nos entra la venilla nostálgica de nuestra Honeymoon  😛 pero esta vez vamos más allá y llegamos a la estación JR Hakata tras haber cruzado el estrecho de Kanmon o Shimonoseki.

Tengo que hacer un alto porqué esto es algo muy curioso, Fukuoka (capital de Kyushu) era en un principio una ciudad señorial que contaba con un castillo y a pocos kilómetros se encontraba la aldea de Hakata. Con los años, ambas crecieron tanto que en 1889 acabaron fusionándose, pero los japoneses son mucho de recordar por lo que decidieron mantener ambos nombres, aunque se usa Hakata para la estación de trenes y Fukuoka para nombrar a la ciudad oficialmente, así como su aeropuerto.

Fukuoka (福岡): La cercanía con Corea, ha tenido a lo largo de su historia casi tantas influencias coreanas como japonesa, aunque es considerada el lugar de nacimiento de la civilización japonesa. Kyushu, fue el primer punto de contacto de Japón con el resto de civilizaciones asiáticas ya que era considerado un lugar de fácil acceso para los conquistadores que procedían de Europa ya en el siglo XVI. Hoy en día es la capital de la isla de Kyushu.

En Fukuoka nos alojamos en el Hana Hostel Fukuoka por 6800¥ los dos en habitación doble con baño privado. Se puede ir andando desde la estación JR Hakata en un paseo de unos 15-20 minutos, pero como vamos bien cargados decidimos coger el metro para acercarnos un poco, así que lo cogemos hasta la parada de Gion (200¥ cada uno, 5 minutos de trayecto) y desde allí seguimos las indicaciones que dan en la web para llegar andando, en unos 5 minutos nos plantamos allí. El hostal se encuentra al principio de una calle comercial cubierta que nos recuerda mucho a la que vimos en Kyoto en el 1r viaje…

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Hacemos el check-in y aunque no podemos subir a la habitación aún, nos guardan las maletas hasta que podamos entrar a mediodía. La chica de recepción, que es súper amable, nos dice que en la cocina hay café y té gratis, así que nos tomamos uno antes de ponernos en marcha. La chica me pregunta cómo se pronuncia mi nombre es castellano, le digo “Carolina”, a lo que ella contesta “en Japón: Carolina-San”, os podéis imaginar que aquí mi marido ya me bautiza de por vida como “Carol-SanMr. Green

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la cocina del hostal

Tras el cafelillo y una corta conversación con la chica, nos ponemos en rumbo. Lo primero que visitamos es un pequeño templo que hay a pocos pasos del hostal (no recuerdo su nombre…).

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Después seguimos hacia el complejo de templos sintoístas, Kushida Shrine, dedicado a la diosa sintoísta Amaterasu, que literalmente significa “la que brilla en el cielo” y considerada diosa del sol y del universo.

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Junto a su entrada hay una carroza de procecioes o Matsuri que impresiona por su altura.

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Es media mañana y hace un calor terrible ya… así que nos tomamos unas bebidas de las máquinas que hay junto a la entrada y seguimos con la visita. Nos encontramos un pequeño pasillo de toriis rojas que llevan a un templo dedicado a Inari (al más puro estilo Fushimi Inari en miniatura).

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Al edificio principal del santuario no nos acercamos demasiado ya que están haciendo una celebración. Comentaros que el santuario data del año 757.

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De ahí, desandamos nuestros pasos y volvemos a Kawabata, la calle comercial cubierta dónde encuentran varios restaurantes, tiendas y hoteles/hostales.

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La recorremos de punta a punta hasta cruzar con la calle Meiji-dori con la intención de coger un bus hasta el Ohori Koen, pero no nos aclaramos en la parada del bus puesto que TODO está en japonés, preguntamos a un par de personas y ni por señas nos aclaramos, y aquí ya nos empezamos a oler que va a ser difícil entenderse en esta ciudad… así que viendo que está la estación de metro Nakasu-Kawabata, decidimos entrar en él e ir hasta la parada Ohoki-Koen (200¥ cada uno). Nos sorprende encontrarnos un mural de Miró en la estación del metro…

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Salimos hacia el parque Ohori y nos encontramos en seguida con un gran lago, con un paseo dónde hay gente sentada en bancos, otros paseando, en bici, pescando y niños correteando.

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plano del parque

Es la mar de agradable… si no fuera por el calor espantoso que hace ¡hasta en la sombra! Tomamos el sendero que se supone que lleva a las ruinas del Castillo y tras más de 1h andando siguiendo las indicaciones y sin ver más que algunas piedras que se supone que son “tramos” de muralla con cuatro tristes piedras y achicharrados de calor, decidimos que pasamos de largo… según las guías aún quedaba algo decente que visitar pero esto es un fiasco. Además aún nos acusa el cansancio del viaje y el jet-lag y acabamos un poco hasta los mismísimos Confundido Recorremos otro buen trozo de parque hasta que conseguimos salir a una calle principal. Sinceramente, suerte que llevábamos el mapa que nos habían dado en el hostal y un mapa off-line en el móvil que nos ayudó a orientarnos porqué si no esta ciudad ¡parece un laberinto y el parque más! Caminamos unos 20 minutos más hasta llegar a una avenida dónde vemos indicaciones para el metro.

Vemos un McDonald’s y viendo que son más de las 14h y que no podemos andar más (¡¡llevamos más 2h desde que llegamos a Ohori bajo una solana tremenda!!) nos metemos de cabeza a por unas hamburguesas. Nos pedimos un par de menús que nos cuesta lo suyo hacernos entender porqué curiosamente ni señalando la foto del menú… (1200¥ los dos). Fue un momento crítico… hasta ahora no nos había gustado nada de lo que habíamos visto, nos parecía una ciudad anodina, muy difícil de comunicarnos con la gente y mal indicada, por no decir fatal ya que no había ¡¡nada en inglés!! y a punto estuvimos de irnos al hotel a dormir hasta mañana y listos 😦

Pero al final, decidimos darle una segunda oportunidad, así que después de comer cogemos el metro hasta JR Hakata (200¥ cada uno) y de ahí, vamos dando un paseo de unos 15 minutos hasta el Santuario Sumiyoshi. La entrada al templo es gratuita (100¥ para el jardín privado, pero no entramos). Éste está considerado como el origen de los santuarios dedicados a Sumiyoshi Taisha.

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Agradecemos esta visita ya que entre los árboles del santuario hace un poquito más de fresco y hay algún banquito dónde sentarse a la sombra, de verdad que hace mucho calor y además es muy húmedo por lo que la sensación térmica es mayor. No puedo imaginar lo que debe ser visitar esta ciudad en agosto…

De aquí, vamos dando un paseo de unos 10 minutos hasta llegar a la zona comercial de Canal City. Miramos de refilón alguna tienda y nos vamos para el hostal. Literalmente no podemos más, tanto por el cansancio como por el calor, así que nos vamos a echar un rato. Monto los futones y a dormir una horita para recuperar algo de fuerzas.

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Tras recuperarnos un poco, salimos de nuevo a la calle. Ahora si se puede estar… ¡ya no hace esa chicharrina! Cenamos en una taberna que hay justo enfrente del hostal. Aquí no hablan ni papa de inglés pero al menos si tienen la carta traducida. Pedimos y al poco empiezan a traerno platos y más platos de comida… resulta que todos los platos se acompañan de arroz y sopa pero el tío de la taberna no nos dijo nada ni intentó siquiera que pidiéramos menos, así que no os podéis imaginar la cantidad de comida que viene Confundido  Sabemos que en Japón es de mala educación dejarse comida, es un desplante muy grande pero tenemos que hacerlo o ¡morimos de indigestión! Por suerte nos sale barato y es que comemos hasta reventar por unos 2000¥ los dos, y estaba todo riquísimo, ¡qué placer volver a tomar auténtica comida japonesa! 😀

A pesar de que estamos súper cansados, damos un paseo por la calle comercial, los templos y los alrededores del hostal para bajar la comida, cualquiera se mete en la cama después de semejante atracón…

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la carroza de Matsuri

 

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el santuario Kushida

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una de las entradas a Kawabata

Tras el paseo, regresamos al hostal. Nos damos una ducha y a dormir que estamos realmente agotados.

P.S: Ahora que ya os he hecho el relato de este día, deciros que nosotros no recomendamos para nada visitar esta ciudad. No le encontramos nada destacable, nos pareció una ciudad de lo más anodina. El transporte es complejo, ya que el bus sólo está en japonés y el metro son dos líneas que recorren las afueras de la ciudad por lo que no abarcan el centro, así que casi todos los trayectos los tendréis que hacer a pie como nos pasó a nosotros. Aunque las distancias no son muy grandes, los 15-20 minutos a pie para ir a cualquier punto no os los quita nadie… y claro, ¡id sumando! Por otra parte, aunque en el 1r viaje no tuvimos ningún problema, aquí nos costó horrores comunicaros con ellos ya que nadie habla más de dos palabras seguidas de inglés y tampoco vimos que se esforzaran en hacerse entender como ocurre en la mayoría de las ciudades de Honsu. En todo caso, recomendaría una parada en Dazaifu -lo explico en la siguiente etapa-, pero vaya, que si tuviera que volver a planear un viaje a Kyushu, pasaría de largo de esta ciudad.

27/09/13: ¡¡Estamos de vuelta en Japón!!

Día 1: primera toma de contacto con Osaka

Como comentaba en la entrada anterior, a las 7,30h aterrizábamos en el Aeropuerto Internacional de Kansai, en Osaka, lo cuál quiere decir que ¡¡ESTAMOS DE VUELTA EN JAPÓN!! No os puedo explicar con palabras la emoción que sentimos en este momento… todo un mar de recuerdos de nuestro primer viaje llegan a nuestras mentes y a pesar del cansancio acumulado del viaje, tenemos una ilusión tremenda por acabar cuanto antes con la “burrocrácia” y empezar a sentir de nuevo lo que es estar en este fantástico país 🙂

Pasamos sin problemas los controles de inmigración y bajamos a la zona de recogida de maletas. Aquí pasamos un tanto de estrés… a todo el mundo le salía su maleta menos a nosotros, así que se nos empezaron a poner por corbata… Ojos que se mueven Cuando apenas quedábamos unas cinco personas esperando equipaje, vi aparecer por la cinta nuestras maletas y casi lloro de la emoción ¡jaja! Mr. Green Ya me veía reclamando equipaje, ¡uff!

Tras recoger las maletas, hay que pasar por los controles de aduanas. Allí puedes tener la suerte de que sólo te hagan algunas preguntas o bien, que te hagan abrir la maleta y pases otro poco de estrés.

En este viaje me tocaba llevar medicación inyectable -problemillas de salud que tiene una…- por lo que unos meses antes del viaje tuve que pedir un permiso para poder entrarla en el país, enviado un informe médico e información de la medicación que iba a entrar a la oficina del Ministerio de Sanidad japonés en Osaka, la “Kinki Regional Bureau” Mr. Green A las pocas semanas me llegó una carta a casa con la documentación que debería presentar en la aduana en caso de inspección para que los agentes vean que está certificada la entrada con toda la info en japonés y en inglés. Si tenéis que entrar medicación inyectable, derivados de los opioides (como el tramadol) o de la epinefrina  (común en muchos antihistamínicos), deberéis hacer esta solicitud ya que son fármacos prohibidos en el país.

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Como os decía, la medicación la llevo en la maleta ya que para evitar problemas en Frankfurt la facturé, pero os podéis imaginar que a la hora de pasar por aduanas llevo ya la documentación con la autorización en la mano pensando que sí o sí me harían abrirla y empezar a explicar, incluso llevaba las frases en japonés en el móvil para ayudarme a explicarlo, pero no hizo falta. Tan solo nos preguntaron cuántos días íbamos a estar, qué zonas recorreríamos y nos dieron la bienvenida de nuevo a Japón 🙂

Y ahora sí que sí, salimos de la zona de seguridad y vamos en busca de una oficina de cambio. Cambiamos 2000€ para 20 días a 1€=128,9¥, ¡nada mal en comparación con el 1r viaje!

Pero aún nos falta una pequeña burocrácia, así que nos dirigimos hacia la estación Japan Railways (JR) del aeropuerto. En la oficina cambiamos nuestro vale del Japan Rail Pass de 14 días por el pase propiamente dicho, con fecha de activación de mañana.

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el talonario del JRP que envían a casa

Vemos que han cambiado el formato del JRP y también el dibujo, antes llevaba la ola de un tsunami y por respecto a las víctimas del de 2011, ahora usan un dibujo del Mt Fuji.

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el JRP hasta 2011

 

JRP 2013

el JRP tras el tsunami de 2011

También compramos dos tarjetas de prepago y de contactless ICOCA por 2000¥ cada una (500¥ de los cuales son el depósito que si devuelves la tarjeta te los retornan). Y ya aprovechamos también para reservar los asientos del Shinkansen que nos llevará mañana hasta Hakata. En este viaje tenemos previsto usar más tiempo el metro ya que hoy no tenemos el JRP activo aún y nos quedarán unos días en Tokyo fuera del pase, así que decidimos ir a por la comodidad de las tarjetas de contacto. Japón tiene un sistema de metro dónde tienes que comprar los billetes en base a la estación por la cuál accedes y la que sales, por lo que cada trayecto es de un precio distinto. Si llevas tarjetas de contacto sólo tienes que pasarla al entrar y al salir, y la máquina te va descontando. Hasta hace unos años, cada región tenía su propia tarjeta y solo te servía en esa zona determinada, pero esto lo cambiaron y ahora puedes usar cualquier tarjeta por todo el país, lo único es que si la quieres devolver, si que deberá ser en la región dónde la has comprado, pero para nosotros eso no es problema porque nos las llevamos para un tercer viaje 😛

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Tras todos los trámites, entramos a la estación de tren del aeropuerto y tomamos el primer tren Rapid Service que pasa, y que por 1160¥ cada uno y en unos 70 minutos nos deja en la estación JR Osaka, dónde tenemos nuestro hotel. Para esta noche escogimos el hotel Granvia Osaka, adherido a la propia estación JR Osaka por 12353¥ (habitación doble). Ya conocemos esta cadena hotelera del primer viaje y aunque es algo carillo, es un buen hotel y tiene la comodidad de estar en la misma estación, así que para esta noche no nos importó pagar un poco más en pro de tener mayor comodidad. Dejamos las maletas en consigna ya que hasta las 15h no podemos hacer el check-in y empezamos con la ruta 🙂

Osaka (大阪), es la tercera ciudad más grande de Japón (por detrás de Tokio y Yokohama) y la principal de la región de Kansai, así como uno de los puertos y centros industriales más importantes del país. A pesar de no ser un lugar demasiado turístico, lo cierto es que merece la pena pasar al menos un día en la ciudad para disfrutar de su gente (mucho más directa y ruidosa que la de otras regiones de Japón) y disfrutar de su comida (los osakenses son unos locos del buen comer), y darnos cuenta de cuán diferente es del resto de ciudades japonesas…

La ciudad de Osaka cuenta con ocho líneas metro que cubren el área metropolitana. Las líneas de tren JR West operan una extensa red de cercanías en el área de Osaka, así como la línea circunvalación de la ciudad, la equivalente a la línea Yamanote de Tokyo. JR también opera líneas con el aeropuerto de Kansai, Kobe y Kyoto. Puede parecer complicado, pero moverse en metro/tren por la ciudad es de lo más fácil… el contra es que la estación JR Osaka es una de las estaciones centrales de la ciudad y pasan por ella prácticamente todas las líneas, así que imaginad el tamaño de la estación y multiplicadlo por 3 😛

Desde la estación JR Osaka, tomamos la JR Loop Line (la circular) hasta la parada JR Osaka-jo-koen. Vamos a visitar el parque del Castillo de Osaka. Durante este corto trayecto en tren tenemos que hacer grandes esfuerzos por ¡¡no dormirnos, uff!! Estamos cansadísimos… así que gracias a que estamos en Japón y hay máquinas de bebidas por doquier, nos compramos en la misma estación unas bebidas energéticas que nos tomamos de un sorbo y luego vamos dando un corto paseo hasta el parque.

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Me encantan las tapas de las alcantarillas de Japón

Al poco de adentrarnos en el parque ya podemos ver parte del tejado del castillo y apunta a que es bien chulo 🙂 En uno de los puentes que cruzan el foso y que te adentran hacia el castillo, vemos que hay un grupo de chicos y chicas vestidos con camisetas de un equipo de fútbol japonés y un chico (al que todos le piden autógrafos después, por lo que deducimos que es un jugador famosete) corre con la bandera de Japón entre ellos y a lo largo del puente. Como buenos “guiris” nos paramos a grabar y echar unas fotos ¡jaja!

Seguimos con el paseo por el parque hasta llegar al castillo. En el primer viaje, sólo vimos el Castillo Nijo de Kyoto y la torre reconstruida del de Hiroshima, así que éste nos llama mucho más la atención porque éste si es de construcción típica.

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Lo flipo con los japos que van de turismo cargados con la maleta :S ¿!no han descubierto las consignas?!

El castillo de Osaka también está reconstruido de hace poco tiempo y no podemos evitar echarnos unas risas con el ascensor que le han puesto en un lateral, ¡toma yoya a la tradición! Por lo que comentan en las guías, mientras asciendes a lo alto del castillo dónde hay un bonito mirador vas visitando una exposición sobre la historia del castillo y de la ciudad, pero estamos agotados y pensamos que no disfrutaremos de la visita, por lo que decidimos no entrar. De todas formas le damos una vuelta al castillo para no perder detalle desde ningún ángulo 🙂

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Junto al Osaka-Jo encontramos un edificio de arquitectura europea y que vemos que se trata de un museo de guerra, así como la estatua del emperador Toyotomi Hideyoshi y junto a ella, el Hokoku Shrine tras una pagoda de piedra.

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Es un bonito templo shinto construido en 1879, en plena era Meiji. ¡¡Qué alegría volver a sentir la magia de estos lugares!!

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Tras recorrer el templo, nos dirigimos hacia el “dique seco” y luego hacia el estanque del parque desde dónde se distinguen algunos edificios de oficinas de la ciudad.

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Nos cuesta mantener los ojos abiertos, así que decidimos volver hacia la zona del hotel para comer algo e intentar que nos den la habitación algo antes de las 15h, entre el porrón de horas que llevamos sin dormir y el jetlag (son +8h respecto a España en esta época) estamos literalmente agotados. Tomamos de nuevo la Loop Line hasta JR Osaka, dónde comemos unas pizzas en el primer chiringo que encontramos y nos vamos hacia el hotel. Son las 14,40h y son benevolentes con nosotros, creo que nos ven la cara de “no puedorrr con mi alma” y nos dejan hacer el check-in Aplauso Nuestras maletas y mochilas ya las han subido a la habitación, se agradece el gesto 🙂 La habitación está la mar de bien, cuenta con baño privado y cama doble. Así como conexión por cable a internet. Enchufamos nuestro punto wifi portátil y creamos una red local para poder avisar a los nuestros de que estamos sanos y salvos en tierras niponas, y nos echamos a dormir una siestecilla… de un par de horas Mr. Green

Tras descansar un poco, hacemos un esfuerzo sobre-humano para salir de la cama e ir a ver alguna cosilla más de la ciudad. Nos decantamos por el Umeda Sky, aprovechando que está a pocos minutos a pie del hotel. Pagamos 700¥ cada uno y subimos a lo más alto del edificio. La escalera que te lleva hasta la parte alta del mirador es muy psicodélica 🙂

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Ya es de noche, por lo que tenemos unas vistas nocturnas sobre la ciudad de Osaka ¡la mar de chulas! Y nos hacemos una idea de lo grande que es la ciudad… tan solo hemos recorrido una pequeña parte hoy con el tren desde el aeropuerto y luego yendo hacia el castillo, pero desde aquí arriba queda claro que ¡Osaka es mucha Osaka!

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Recorremos los 360º del mirador y nos hacemos la primera foto friki del viaje, en un corazón luminoso que hay 😛 Veo que hay estampillas con el sello del mirador y allá que voy a por la mía 🙂

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Después de la visita, volvemos caminando de vuelta a la estación de Osaka y le echamos un vistazo a las plantas superiores de la estación dónde hay varios restaurantes. Nos decantamos por uno de tonkatsu dónde comemos de fábula, qué placer tan grande volver a comer aquí 🙂  Además la señora que lleva el restaurante es super mona y nos pregunta de dónde somos y al decirle que es nuestra segunda vez en Japón se pone super contenta y nos invita a un chupito de umeshu (licor de ciruela). La cena cuesta unos 2600¥ (los dos). Tras pagar, nos vamos de vuelta al hotel. Ducha rápida y eso de las 21h… ¡ya estamos durmiendo!

Nota mental: no volver a llegar a destino por la mañana en viajes largos, es matador intentar aguantar el sueño todo el día… para la próxima vez, coger vuelos que lleguen por la tarde 😛

27/05/2011: conocemos la tradicional Yanaka, disfrutamos como niños en el zoo y aún más en Akihabara

Día 12: nuevo día en Tokyo recorriendo Yanaka/Nippori, el Ueno Koen y el distrito de la electrónica por antonomasia: Akihabara.

 

Hoy volvemos a visitar el Tokyo más tradicional y para ello iremos a la zona de Nippori y recorreremos las apaciguadas calles de Yanaka. Así que tras desayunar vamos a la estación JR Shibuya y tomamos de nuevo la línea circular JR Yamanote hasta la estación JR Nippori. Éste es un barrio muy tranquilo, formado por casitas bajas y ningún rascacielos… parece un pueblo dentro de la gran metrópolis y es que a pesar de que el gran terremoto de Kanto de 1923 y los bombardeos americanos en la II Guerra Mundial dejaron pocos edificios antiguos en la ciudad, en Nippori aún quedan alguos vestigios del pasado, con casas antiguas y decenas de santuarios y templos repartidos por sus tranquilas callejuelas 🙂

Salimos de la estación y nos dirigimos hacia el cementerio de Yanaka, el más grande de Tokyo. Yanaka es un barrio ubicado en el distrito de Nippori que data del periodo Edo (1603-1867). A pocos pasos de la estación JR se encuentra el Templo Tennoji en el cual no se puede entrar pero si visitar sus jardines que como todos en Japón, ¡son preciosos!

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Caminamos por unas callejuelas por las que no pasa ni una alma, hasta llegar al Cementerio de Yanaka, repleto de tablas de madera y lápidas conmemorativas, algunas datan de finales de 1800… Atravesamos el cementerio por su calle principal hasta llegar a un barrio residencial.

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Ya habíamos visto algún cementerio en Kyoto pero no habíamos caminado por ninguno y es realmente sobrecogedor, cuanta calma se respira en el lugar… el aroma de los inciensos llena el ambiente. Hay poca gente por aquí, y los que encontramos son japoneses que van a visitar las tablas de sus difuntos. El cementerio está repleto de cerezos, lástima que ya ha pasado la floración porque en pleno hanami debe ser espectacular…

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Continuamos el paseo y llegamos a Yanaka Ginza Street, una gran calle repleta de tiendas de barrio, pequeños comercios de comida preparada, pescaderías, fruterías pequeñas y realmente auténticas. No nos acabamos de aclarar de por dónde debemos tirar para seguir la ruta que teníamos pensada, así que desandamos lo andado y volvemos a la estación de JR Nippori. Allí tomamos el tren de nuevo para ir al distrito de Ueno.

Junto a la estación se encuentra el Ueno Koen, uno de los mayores parques de Tokyo y en el que se encuentran algunos templos, el zoo, el Museo Nacional de Tokyo, el Museo Nacional de Ciencia de Japón, el Museo Nacional de Arte Occidental, un gran lago y una sala de conciertos, ¡ahí es ná!

Vamos dando un paseo por el parque de Ueno con intención de visitar uno de los grandes santuarios japoneses, el Ueno Toshogu, pero está en obras de restauración y nos tenemos que conformar con ver la lona que lo protege con un gran mural del templo,  pero si podemos disfrutar de las decenas de lámparas de piedra que hay bordean el camino al templo.

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Seguimos paseando, vemos a grandes grupos de escolares que están de excursión, una zona de ferias y llegamos a la altura del Zoo. En principio no teníamos pensado entrar pero al final decidimos hacerlo. No hemos ido a un zoo desde que éramos bien pequeños (con el cole) y nos hace gracia entrar, además es uno de los pocos zoos del mundo en los que se pueden ver osos panda.

Antes de entrar, compramos en una tienda chiquitita justo al lado del zoo unas galletas rellenas de chocolate con forma de panda, típicas del parque. Empezamos a tener hambre y aún falta un rato para comer… ¡están riquísimas!

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¡la bolsa ya es lo más!

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las galletas molan mucho 😀

Pagamos la entrada que es mucho más económica que la del zoo de Barcelona, todo hay que decirlo… y ¡entramos!

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me encantan los escolares japoneses, todos con su uniforme y las gorras del mismo color 🙂

Es un zoo bastante grande, nada más entrar vemos unas cuantas especies de pájaros y nos ponemos a hacer cola para ver a los panda. Aunque hay bastante cola, avanza rápida y en seguida pasamos a ver los osos, no habíamos visto antes y ¡¡son súper chulos!! Tienen pinta de ser mimosines, aunque los pillamos echando la siesta. Uno de ellos parece que esté “sentando la cabeza” ¡jaja! Fotos de rigor y seguimos con la visita, contentos por habernos animado a entrar.

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De allí vamos a ver los leones y los tigres. Luego vemos los gorilas que son muy graciosos, hay uno que no deja de echarse paja encima y de vez en cuando para y mira a la gente como buscando su aprobación 🙂 Y el otro lleva una toalla sobre los hombros, como si viniera del onsen 😀

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Vemos los elefantes que se acercan a saludar a la gente, y los monos japoneses, como los que vimos en el Monkey Park de Kyoto, pero nos fijamos en que hay dos que parece que estén haciendo “guarreridas españolas” ¡cómo nos reímos! Opinad vosotros mismos… :p

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Nos sorpende ver en la zona del aviario un templo hinduísta… no habíamos visto ninguno antes y nos sorprende su estilo “más recargado”.

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Vemos que hay un chiringuito para comer y como son las 14h y ya aprieta el hambre, compramos unas “Coras” (Coca-Cola®), unos yakisoba (si, somos adictos al yakisoba 😀 ) y un par de perritos calientes… ¡¡viva la dieta!! Eso sí, está todo súper bueno y nos sale bien barato.

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Después de comer seguimos con la visita al zoo. Con los pingüinos nos pasamos un buen rato, nos recuerda a la peli Madagascar, están todos en fila y no dejan de mirar a la gente del palo “sonreíd y saludad, chicos… sonreíd y saludad…” ¡jaja!

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Entramos a la zona de los animales que necesitan menos luz y vemos un zorrillo como Timón, de la peli el Rey León que está ¡posando a la gente! Si, si, como lees, está todo tieso y cada “x” segundos gira la cabeza y se queda muy quieto para que la gente pueda fotografiarlo, y repite el gesto hacia todas las direcciones, qué curioso…

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Seguimos con la visita, vemos a varias especies de animales hasta llegar a los lemures y de nuevo nos acordamos de la peli Madagascar y su “¡yo quiero marcha, marcha!” y la mítica frase “son una panda de panolis” :p Como veis nos echamos unas buenas risas… ¡igual que niños!

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Luego vemos la zona de los reptiles dónde hay un cocodrilo de más de ¡7m! Uf, encontrarse un bicho así tiene que dar miedito ¡¿eh?!

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Antes de terminar la visita hacemos parada en boxes (wc, refresco y un heladito), y salimos del zoo para seguir recorriendo el Ueno Park, dónde encontramos algún templo más.

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nos sorprende esta bebida con sabor a almendras porqué está producida por Schweppes y embasada por Coca-Cola…

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el día está nublado y ante la amenaza de lluvia han cubierto los fanalillos de papel 🙂

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Como aún es pronto, decidimos modificar un poco la ruta programada y decidimos visitar un distrito más, Akihabara o el de la electrónica, conocido por los tokyotas como Akiba. Así que volvemos a la estación JR y tomamos el tren de la línea Yamanote hasta la estación JR Akihabara.

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Éste es otro de los famosos distritos repletos de luces de neón y pantallas de televisión enormes, de tiendas de electrónica y cuando digo tiendas, son verdaderos centros comerciales de electrónica en cada número de cada calle, ¡realmente impresionante! Un paraíso del merchandising y de los videojuegos que incitan al consumismo de una forma impresionante… o_O

Pasear por sus calles es increíble, ya no solo por sus comercios si no porqué en las calles hay chicos y chicas disfrazados de todo lo imaginable haciendo publicidad, los dependientes salen de las tiendas y gritan sus ofertas, hay carteles de promociones por todos lados y pantallas de televisión enormes en los que anuncian sus productos de forma muy llamativa. Nos deleitamos paseando por sus tiendas y a pesar de que es muy muy tentador no compramos nada. Aunque no tengas intención de comprar electrónica, cómics o gadgets, el barrio bien merece una visita porqué es ver para creer.

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Entramos a los grandes almacenes Yodobashi (ya habíamos ido al de Kyoto) y ¡qué pasada,  8 plantas del tamaño de un Corte Inglés® repleto hasta la bandera de gadgets y electrónica! Me miro con detalle las cámaras de fotos reflex, y realmente valdría mucho la pena (hay hasta 200€-300€ de diferencia con los precios de aquí) pero los menús solo están en japonés con lo cual sería harto complicado poder usarlas… así que me quedo con las ganas 😦 Lo que si compramos es un pen-drive de 64GB por unos 50€, ¡alucina!

Vemos que en la misma estación JR Akihabara hay un americano con una pinta tremenda, así que decidimos cenar aquí. Nos pedimos una carne a la brasa con un arroz gohan (estos japos no olvidan el arroz blanco ni al cenar americano…) ¡está todo riquísimo! Cenamos hasta los topes… Una vez llenamos la panza, tomamos el tren JR Yamanote de vuelta a Shibuya.

Al llegar a la estación de Shibuya, a punto de bajar del tren veo de refilón a Carles Puyol en un anuncio por la ventana… me quedo súper pillada ¬¬’  Al bajar del vagón le digo a mi marido: “¡¡acabo de ver a Puyol en un anuncio!!”, él no se lo acaba de creer así que esperamos a que se vaya el tren del andén y efectivamente, hay un anuncio en el que salen varios jugadores del Barça 😀 Ahora entendemos porqué cuando decimos que somos de Barcelona nos contestan “¡Barça!” y es que los tienen hasta en los anuncios del tren 🙂

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Y tras este “encuentro”, volvemos al hotel que ya toca descansar después de otra gran caminata por Tokyo, además mañana le espera una gran sorpresa a mi marido Aplauso

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