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11/10/13: Bosques, cascadas, lagos y templos pintorescos en Nikko

Día 15: descubrimos un Japón diferente en Nikko

Hoy toca hacer una excursión que nos quedó pendiente en el primer viaje, Nikko. Como sabéis, fuimos a Japón por primera vez dos meses después del tsunami de 2011, realmente podríamos haber ido a Nikko pero para tranquilidad de los nuestros evitamos “acercarnos” a Fukushima, así que quedó pendiente para la siguiente ocasión. Y ahora llegaba el momento Heart

Nos levantamos bien temprano, desayunamos en el hotel y salimos hacia la JR Tokyo (tan solo tardamos 4 minutos desde JR Shimbashi) dónde a las 8,08h cogeremos el shinkansen hacia Utsunomiya. Es nuestro último día de Japan Rail Pass y ¡hay que aprovecharlo! Riendo

Decidimos no reservar los billetes para el día de hoy, ya que no sabíamos exactamente el rato que pasaríamos en Nikko. Mientras esperamos que arranque el tren, vemos en las pantallas que éste tiene parada en Fukushima, así que grabo un vídeo para enviárselo a un compi del trabajo que me ha dado mucho la brasa (otra vez) con el tema de la radiación. Doblemente malvado Mr. Green

El trayecto dura unos 50 minutos. Al llegar a Utsunomiya, cambiamos cogemos un tren local de la línea JR Nikko Line. Es un tren viejuno y ya suponemos que pasará por una vía del estilo a las de Takayama al tratarse de una zona montañosa. En 42 minutos de “shin-borreguero” -como bautizó mi marido a estos trenes- llegamos a Nikko.

Nikko (日光): A dos horas en tren de Tokyo, es al mismo tiempo una maravilla de belleza natural y un importante emplazamiento de obras maestras arquitectónicas de Japón. Forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1999. La mayoría de los edificios de los santuarios, así como numerosos elementos, han sido catalogados como Tesoros Nacionales o valioso patrimonio cultural.

Son las 9,54h y sé por la info que saqué del foro Los Viajeros que a las 10,01h sale un bus hacia las cascadas… queremos empezar la ruta de hoy por esa zona así que a paso ligero vamos de la JR Nikko a la Tobu Nikko, compramos los pases del bus (2000¥ pp -el pase de dos días-) y con ciertos problemas por lo mal indicado que está, conseguimos dar con el bus que sube hacia el lago y las cascadas ¡in extremis! Aunque son solo 15km de trayecto, es una carretera de montaña con unas pendientes y unas curvas por las que cuesta creer que los buses vayan por ahí… así que se convierte en un paseo de 50 minutos.

El bus nos deja en la terminal de bus de la zona norte de Nikko y en menos de 5 minutos estamos junto a la cascada Kegon (Kegon no Taki). Con casi 100m de altura es una de las tres cascadas más bellas de Japón y la más bonita de esta zona. Es la única vía de escape de las aguas del lago Chuzenji. Vamos hacia la plataforma de observación gratuita y nos maravillamos con las vistas! Heart Aunque ayer ya vimos otras cascadas en los lagos del Fuji, ésta nos gusta mucho. Estamos a unos cuantos metros de distancia y aún así nos llega el agua que salpica al caer. Están rodeadas de unos precipicios preciosos y de un bonito bosque entre las montañas.

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Decidimos pagar para coger el ascensor (530¥ pp) para observarlas casi en su base. Aquí hace más frío que arriba, queda a la sombra y junto a la humedad del lugar necesitamos echar mano a las sudaderas. Las vistas desde aquí son aún más impresionantes.

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Tras un buen rato de disfrutar de las vistas, de echar unas cuantas fotos y vídeos estrenando mi cámara nueva 🙂 cogemos de nuevo el ascensor para volver arriba. Nos compramos unas bebidas en las máquinas que hay y luego vamos hacia el lago en un corto paseo de unos 10 minutos. Junto a él vemos una gran torii de madera, muy similar a la de Kyoto.

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Según íbamos subiendo con el bus, vimos que la niebla se iba dispersando y aquí aún queda algo de ella, aunque luce el sol. Se nota que estamos en zona montañosa y a una cierta altura porque hoy no nos sobran para nada las sudaderas…

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El lago Chuzenji (Chuzen-ji-ko) es un pintoresco lago en medio de las montañas al norte de la ciudad de Nikko. Se encuentra a los pies del Monte Nantai, el volcán sagrado de Nikko, cuya erupción bloqueó el valle, creando así el lago hace unos 20.000 años. Se encuentra a 1269m de altura sobre el nivel del mar.

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Vemos que hay barquitos con forma de cisne para dar un paseo por él, varios restaurantes y hoteles en su orilla y aunque sabemos que al otro extremo se encuentra el templo Chuzenji, no conseguimos distinguirlo a través de la niebla. Es tentador quedarse en esta zona y verla con calma, pero ambos tenemos dolor de cabeza (supongo que por la altitud), así que decimos volver a la estación de buses y coger el siguiente autobús que baja hacia el centro de Nikko. Son las 12,15h y tenemos unos 45 minutos de bajada. De nuevo nos impresiona sobremanera la carretera de Dios por la que pasa el bus.

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Decidimos bajar en la parada de Nishisando con intención de ver el abismo. Pero antes hacemos un alto para comer. Aunque muchos en el foro recomiendan un restaurante de lo más pintoresco en Nikko, estamos lejos de él, así que nos decidimos por un pequeño restaurante-tienda de encurtidos cerca de la parada. La señora que lo lleva no habla ni papa de inglés pero con las fotos de la carta y señas nos entendemos a la perfección. Comemos un riquísimo bol de ramen con un buen té (unos 2000¥ los dos) que nos va de perlas para entrar en calor.

Y ahora si, a eso de las 14h y con la tripa llena, vamos hacia el abismo de Kanmagafuchi. Según la guía hay un paseo de 10-15 minutos a pie, aunque a mi me pareció algo más. Formado por una erupción del cercano Monte Nantai, este pequeño barranco cerca del centro de Nikko tiene un agradable sendero para caminar junto al río ofreciendo un paisaje precioso. También conocido por su fila de cerca de 70 estatuas de piedra de Jizo, un Bodhisattva que cuida de los niños fallecidos y de los viajeros.

Ya sabíamos por comentarios del foro y fotos que habíamos visto que lo de “abismo” le queda un poco grande… y aún así, una vez allí nos echamos unas buenas risas con el tema Mr. Green Mr. Green Desde luego si vas con la mentalidad de ver un abismo como tal, quítatelo de la cabeza. Eso si, me pareció un lugar fascinante. A un lado, encuentras la hilera de Jizo cubiertos de musgo, al otro el pequeño barranco por dónde baja el agua que proviene del Chuzenji, con una gran fuerza formando grandes remolinos en el agua y puliendo las grandes rocas que lo bordean. Im-presionante, de verdad. Y como vale más una imagen que mil palabras, ahí os dejo algunas instantáneas. Heart

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Tras un buen rato allí y después de tomarnos un café calentito de una de las máquinas que había en la zona, seguimos con la ruta. Cuando planeamos la excursión de hoy pensábamos ver los principales templos de la zona pero en verano decidieron quitar el pase que incluía la entrada conjunta a todos ellos y cobrar por separado cada templo, haciendo que subiera el precio…, luego además cubrieron el Rinnoji para restaurarlo y además pensamos en que ya llevaríamos un par de semanas por Japón recorriendo templos y que posiblemente estaríamos empachados, así que decidimos descartar templos y quedarnos solo con el Toshogu, uno de los más importantes. Y ahí es a dónde nos dirigimos. Tras unos 30minutos andando llegamos a la zona de los templos. Enfilamos unas escaleras de piedra que llevan hasta el Rinnoji y el Toshogu y nos adentramos en el bonito bosque que los rodea.

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En primer lugar pasamos junto al Rinnoji, el templo más importante de Nikko. Fue fundado en 766 por el monje Shodo Shonin quien introdujo el budismo en Nikko en el s. VIII. El templo está totalmente cubierto por lonas ya que están en obras de restauración, así que echamos unas fotos al Gomado Hall, el único edificio que queda descubierto y seguimos.

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Llegamos hasta la gran torii de piedra que marca la entrada al Santuario Toshogu, considerado como la principal atracción de Nikko. Construido en 1636, se trata del mausoleo de Tokugawa Ieyasu, fundador del shogunato Tokugawa que gobernó Japón durante más de 250 años (hasta 1868), y dedicado a los espíritus de Ieyasu y a otras dos personalidades históricas más influyentes de Japón: Toyotomi Hideyoshi y Minamoto Yoritomo.

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Nada más cruzar la gran torii uno ya es consciente de que este complejo de templos es algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados a ver en Japón, y aunque no es exclusivo de esta región será lo único de esta arquitectura que verás en un viaje “tradicional” a Japón. El santuario está formado por más de una docena de edificios sintoístas y budistas y están envueltos por un bonito bosque. Destacan sin duda la gran variedad de colores así como los elaborados gravados de cada uno de los edificios.

Junto a la torii hay una gran pagoda de cinco pisos en un llamativo color rojo que destaca entre el verdor del bosque. ¡Increíble!

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Avanzamos hasta la taquilla dónde compramos el ticket que incluye la entrada a todos los edificios del santuario (1300¥ pp). No entraré en detalle en relatar cada edificio que visitamos aquí, pero si mencionar que si os gusta la naturaleza no os podéis perder la visita a este lugar.

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Del santuario destacan tres cosas como “más importantes”, la primera es el templo que contiene los grabados de los tres monos de la sabiduría (conocidos popularmente por los monos del WhatsApp) que enseñan el tradicional “ver, oír y callar” al modo nipón, en este punto había un montón de escolares recibiendo las explicaciones por parte de sus maestros Muy feliz

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Por otro lado tenemos la sala del “Rugido del Dragón“. No hablaré demasiado de ello porqué me pareció una turistada al 200%, quizá si se esforzaran por dar las explicaciones previas al “rugido” me gustaría más… Y por último, la escultura del Gato Durmiente… ¡que aquí ya me mataron! Se trata de un ascenso por unas empinadas escaleras de piedra -y no corto precisamente- para ver una estupa que se supone contiene al dichoso gato… si me lo cuentan antes, teniendo en cuenta el estado de mi espalda, no subo… ¡¡estuve a punto de hacerme el harakiri!! Avisados quedáis, futuros viajeros Mr. Green

Y aunque leyendo mi último párrafo pueda parecer una chorrada ir a este santuario, ¡para nada! Los edificios son súper bonitos, algo distinto a lo que estamos acostumbrados a ver y con un entorno natural fantástico, solo por eso ya merece la pena la visita. Eso si, no os dejéis engatusar, sobretodo por ¡lo del gato! Sacando la lengua

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Algunos edificios estaban cubiertos de andamios por obras de restauración pero pudimos ver la gran mayoría sin problemas. Tras la visita y a punto del cierre del templo, decidimos seguir con la ruta. Antes por eso, compramos unos souvenirs, algunos a los mismos monjes del templo y otros, en las tiendecitas que hay fuera del recinto del Toshogu, cómo no… de monitos va la cosa Riendo

 

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Y para terminar la ruta de hoy, nos dirigimos al Puente sagrado Shinkyo, totalmente lacado en rojo forma un gracioso arco sobre el río Daiya. La leyenda cuenta que el ermitaño que dio origen a Nikko atravesó el río a lomos de dos serpientes, representadas hoy en día por los brazos del puente. En la época feudal, sólo el emperador tenía derecho a cruzarlo y lleva hasta un parque de 16.000 cedros situado cerca del Toshogu, aunque técnicamente pertenece al Santuario Futarasan. El puente está considerado como uno de los tres mejores puentes de Japón y fue construido en 1636. Hoy en día también se puede cruzar pero hay que pagar por ello y lleva hasta un pequeño templo que hay a la otra orilla del templo.

Me dispongo a echar unas fotos cuando notamos que el puente dónde estamos y que queda frente a al Shinkyo empieza a temblar. En un principio pensamos que es porqué está pasando un camión, pero el temblor continua… así que nos apartamos unos metros del puente y esperamos a que pase, vaya sitio de cogernos un terremoto ¡¿eh?! Tan sólo dura unos segundos más y ahora si, volvemos al puente para echar las instantáneas del Shinkyo.

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A estas alturas del día estamos bien cansados y aunque hay solo unos 30 minutos a pie hasta la estación JR, decidimos esperar al siguiente bus aprovechando que tenemos el pase. En pocos minutos llega y en un momento estamos en la estación de trenes de la Tobu. De ahí, caminamos hacia a la estación JR Nikko (están una junto a la otra) y miramos los horarios para volver a Utsunomiya… aún faltan unos 30 minutos para el siguiente tren, así que nos tomamos un refresco de las máquinas y esperamos.

Tomamos el tren que conforme se acerca la hora de partir se va llenando y en unos 45 minutos volvemos a estar en JR Utsunomiya. Como no llevamos los billetes reservados, vamos hacia la zona de “no reservado” del andén y nos toca hacer una buena cola… aquí ya vemos que el shinkansen a Tokyo va a ir a petar… y efectivamente, nos toca ir de pie una buena parte del trayecto Ojos que se mueven

Y aquí me pasa algo curioso y que me desmonta bastante la visión de gente amable que tengo de los japoneses… ya me llama la atención que habiendo mujeres de pie y hombres sentados, ninguno sea capaz de levantar el culo y ceder el asiento y eso que había algunas señoras ¡muy mayores! Ojos que se mueven Cuando llegamos a la parada de Omiya, el señor que está sentado junto a mi (yo de pie en el pasillo) se levanta para bajar y un hombre -más o menos de mi edad- intenta quitarme el sitio, estando yo prácticamente sentada ya… y con muy mala cara me dice “¡gaijin!” (es la forma despectiva de llamar a un extranjero en japonés) Malvado o muy loco Os juro que le pegué una mirada de mala hostia española que se giró de golpe y me dejó quedarme sentada Pelea Pelea No me comporto nunca así, pero me sentó fatal su reacción de empujarme para levantarme y su “insulto” porque además yo me encontraba fatal… ¡uff! que mala leche me entró Avergonzado eso si, me senté que ya lo necesitaba, tremendo dolor de espalda llevaba ya… a la siguiente parada se bajó el señor que estaba sentado a mi lado, y ya se pudo sentar mi marido conmigo, el otro hombre no hizo ni amago Mr. Green

Al llegar a Tokyo, ya no tenemos fuerzas para nada… con lo cansados que íbamos, solo nos faltaba tener que viajar casi todo el trayecto a pie (vaya último trayecto en Shinkansen Sacando la lengua ), así que decidimos coger la JR Yamanote hasta Shimbashi, comprar cena en un Family Mart que hay cerca del hotel e irnos a descansar. Nos pica la curiosidad por saber si el temblor que notamos en el puente era un terremoto de verdad… buscamos por internet y afirmativo, se trataba de un terremoto de 6 y pico con epicentro cerca de Utsunomiya.

Éste ha sido nuestro último día de excursiones y nos quedan por delante tres días para disfrutar al máximo Tokyo antes de partir… ¡tan solo nos quedan unos días por Japón! Confundido Chocado

Antes de dormir, pasamos un ratito viendo los trenes (Shinkansen, monorail y locales) que pasan frente a nuestra ventana.

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Y ahora si, ¡buenas noches! sleep
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09/10/13: Jizo’s en Kamakura, casi vistas de pájaro en Yokohama y de cenita en Ueno

Día 13: conocemos una parte de Kamakura, subimos a lo más alto de la Landmark Tower en Yokohama y cenamos unos ramen en Ameyoko.

Anoche no pusimos alarma con la intención de dormir a gusto y rehicimos la ruta del día de hoy… estamos muy saturados de templos, aún nos falta visitar Nikko y tenemos que hacer de “marujas” y poner lavadoras, así que el día de hoy era ideal para dormir un rato más y tomárnoslo con mucha calma. Pero tantos días madrugando y yendo pronto a dormir, a las 9h ya no podemos dormir más. Ponemos un par de lavadoras en el mismo hotel (150¥ por lavado) y bajamos a desayunar bien justillos de tiempo (el comedor está abierto hasta las 9,30h). Una vez hemos desayunado y pasado el tiempo que marcaba la lavadora, volvemos a la sala de lavandería de nuestra planta a buscar la ropa. Me encanta este país, ¿¿lo he dicho ya?? Mr. Green En los hoteles tienes lavadoras gratuitas que en 30-40 minutos te dejan la ropa lista y secadoras a monedas muy baratijas, en este caso 100¥ el secado. En poco más de 20 minutos están listas pero como teníamos mucha ropa, ponemos la que ha quedado más húmeda en otra y la acabamos de secar. Luego volvemos a la habitación y “tendemos” la que está aún húmeda y ponemos el cartel para que no hagan la habitación hoy, si entran las de la limpieza les puede dar algo al ver cómo está la habitación con ropa por todos lados ¡jaja! Quizá os sorprenda esto de poner lavadoras a mitad de viaje, pero siempre lo hacemos en viajes largos, es la forma de ir con menos equipaje y poder aprovechar los huecos en la maleta para traernos cosas. Otra cosa que solemos hacer, es llevar la ropa que empieza a estar viejita y una vez usada la tiramos. Trucos de viajeros para ahorrar espacio en la maleta y poder viajar con 15Kg -si llega- varios días.

Una vez hechas nuestras labores, cogemos la mochila y nos ponemos en marcha a eso de las 10h y pico. Vamos hacia la estación  JR Shimbashi, desde dónde cogemos un tren directo de la línea JR Yokosuka Line que en 1h nos deja en Kamakura. En función de los templos que quieras ver de Kamakura hay que parar en la parada anterior, Kita-Kamakura, pero como decía decidimos rehacer la ruta de hoy y nosotros nos vamos directos a la estación JR Kamakura.

Kamakura (镰仓): centro político del país cuando Minamoto Yoritomo eligió la ciudad como sede de su nuevo gobierno militar en 1192. El gobierno de Kamakura continuó gobernando Japón durante más de un siglo. Hoy en día, Kamakura es una pequeña ciudad costera y un destino turístico muy popular. También conocida como la Kyoto Oriental, Kamakura ofrece numerosos templos, santuarios y otros monumentos históricos. Además, sus playas atraen a grandes multitudes durante los meses de verano.

Salimos de la zona JR de la estación y cogemos el tranvía de la compañía Enoshima Electric Railway, Enoden, hasta la parada Hase. Este trayecto lo pagamos con nuestra tarjeta de prepago ICOCA que nos acompaña desde el primer día de viaje. Salimos siguiendo las indicaciones hasta llegar al templo del Gran Daibutsu (200¥ pp). Durante el corto paseo de unos 10 minutos nos llama la atención unas señales que hay pintadas en el suelo en las que pone “SOS Tsunami, Exit” y una flecha hacia el norte. Me quedé muy asombrada, pero luego te paras a pensar y Kamakura es ciudad costera, con riesgo de tsunami… cruzaremos los dedos para no tener que usar esas indicaciones…

El gran buda (o Daibutsu) de Kamakura es una estatua de bronce del Buda Amida que se encuentra en los terrenos del templo Kotokuin y cuenta con una altura de 13,35 metros de altura, siendo la segunda estatua de bronce más alta de Japón (sólo superada por el Buda de Nara). La estatua fue fundida en 1252 y originalmente se encontraba en el interior de una gran sala del templo, pero el edificio fue destruido y reconstruido en varias ocasiones por el azote de tifones y un tsunami en los siglos 14 y 15, y curiosamente la estatua siempre se ha mantenido en pie. Desde 1495, el Buda se encuentra al aire libre.

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A pesar de que ya habíamos visitado el de Nara en el primer viaje y que este es algo más pequeño, nos gusta mucho más. No sabemos si por la cara de gran bondad del Buda o por el entorno natural… nos deleitamos con los detalles de la figura.

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Lo rodeamos y fotografiamos desde todos los ángulos. Nos sentamos un ratito junto a él en unos bancos de piedra que hay, además no hay demasiada gente por lo que podemos deleitarnos con las vistas en calma ¡qué maravilla!

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Pagamos (20¥ pp) para acceder a su interior. Aunque desde dentro la estatua no parece tan grande como por fuera, es impresionante ver todos esos detalles marcados en la estructura de bronce. Además, tan solo somos 4 personas aquí dentro por lo que podemos estarnos un ratito.

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Salimos del buda y vamos hacia la parte trasera de los terrenos. Hacemos parada en boxes y nos bebemos algo fresquito. Recorremos un par de tiendas de souvenirs del templo y compramos una estatua-hucha del Buda para regalarle a unos amigos (3000¥). Volvemos hacia el Buda, echamos la última foto y salimos a la calle principal de nuevo.

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A lo largo de la calle principal hay varias tiendas de artesanos, algunas de armas y con souvenirs. Compramos otra figura del Buda para nosotros (5000¥), vamos a tener el piso lleno de Budas Mr. Green Mr. Green

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Tras unos 5 minutos de paseo mirando las tiendecitas llegamos al Templo Hase-Dera.

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Compramos las entradas (300¥ pp) y accedemos a sus jardines. El Hase-Dera fue construido en la ladera de una colina arbolada, los jardines están en la zona inferior y los edificios principales del templo en lo alto de la colina, a los que se accede por unas escaleras, las cuales nos sorprenden porque vemos que están separadas como en dos carriles, uno para subir y otro para bajar. Estos japos son ordenados hasta para ¡¡esto!! Los jardines cuentan con un gran estanque con pequeñas cascadas que caen de la colina.

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En el camino hacia los edificios principales, se encuentra el Jizo Hall, con cientos de pequeñas estatuas de Bodhisattva Jizo, que ayuda a las almas de los niños muertos a llegar al paraíso, es asombroso ver la cantidad de estatuillas Jizo que hay, ¡pone los pelos de punta!

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A mi este Buda me genera simpatía porqué también es el encargado de proteger a los viajeros 🙂

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Seguimos subiendo y llegamos a una gran explanada en lo alto de la colina dónde se encuentran los edificios principales del templo. El Hasedera alberga una estatua de 9,18m de altura de la diosa Kannon (diosa de la misericordia), con once cabezas, cada una representa una característica de la diosa. Es considerada una de las estatuas de madera dorada más grandes de Japón y se encuentra en el edificio principal del templo, la sala Kannon-do. No se puede hacer fotos en el interior, una lástima porqué la estatua ¡es preciosa!

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Junto al Kannon-do, encontramos el Amida Hall, dónde se exhibe una estatua dorada de casi 3m de altura del Buda Amida (tampoco se puede fotografiar el interior).

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Y muy cerquita de este edificio, se encuentra un mirador desde el cual se puede ver la ciudad costera de Kamakura, así como sus playas. El mar hoy está bastante picado y hay unas buenas olas, de hecho se ven a varios surfistas y alguna vela. Nos llama mucho la atención un cartel que informa del riesgo de comer en esta terraza ya que las gaviotas y los halcones te pueden atacar…

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Recomiendo acercarse hasta aquí ya que hay unas buenas vistas de la costa pero también del templo. Encontramos un chiringuito de aperitivos y un restaurante en esta parte del recinto pero no nos acaba de convencer el menú por lo que decidimos terminar de ver el templo y ya buscaremos dónde comer…

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Vemos unas escalerillas que llevan más arriba en la colina y allá que vamos. Éstas llevan hasta un pequeño cementerio desde el que hay unas bonitas vistas del conjunto del templo. Tras un vistazo, bajamos de nuevo y nos dirigimos hacia la Benten-do, una pequeña sala que contiene una figura de Benzaiten, diosa de la belleza y de la riqueza femenina. Y luego, entramos en la cueva Benten-Kutsu, dónde se pueden encontrar estatuas de Jizo, Benten y alguna pequeña Kannon. Hay trozos que hay que andar muy agachado para no darte con los techos. Está todo iluminado por velas e inciensos.

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¡Este templo nos ha encantado! Heart Es de los más bonitos que hemos visitado y creo que fue todo un acierto disfurtarlo con calma y sin “llegar saturados” por haber visto otros templos de la zona.

Bajamos hacia los jardines y salimos del templo hacia la calle principal para volver a la estación Hase, dónde tomamos el tranvía para volver a Kamakura. El tranvía es muy retro, ¡mola! Y está claro que se acerca Halloween porqué hay calabazas por todas partes, ¡¡hasta en el freno de seguridad de las vías!!

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cartel publicitario en la estación

Comemos unos ramen (1900¥) en un restaurante de la estación JR Kamakura que ¡¡nos saben a gloria!! Y tras haber cargado las pilas, cogemos de nuevo un tren de la JR Yokosuka Line que en 25 minutos nos deja en Yokohama.

Yokohama (横 浜): Segunda ciudad más grande de Japón, con una población de más de tres millones. Hacia el final del período Edo (1603-1867), en la que Japón mantienía una política de auto-aislamiento, el puerto de Yokohama fue uno de los primeros en abrirse al comercio exterior en 1859. En consecuencia, Yokohama creció rápidamente a partir de un pequeño pueblo de pescadores hasta convertirse en una de las principales ciudades de Japón.

También rehicimos la ruta para esta ciudad y decidimos prescindir del barrio chino y de la zona de Minato Mirai. Cada vez tenemos más claro que habrá un tercer viaje, así que ya volveremos a ver la ciudad con calma en otra ocasión. Hoy nos conformamos con ver la Landmark Tower. Así que cogemos un tren de la JR Negishi Line y paramos en la primera parada, Sakuragicho que nos deja en frente de la torre. Hay muchas formas de moverse por Yokohama (barco, metro, tren y buses…) pero esta es la forma más rápida y económica si solo quieres ver la torre o un trocito del Minato Mirai y cuentas con el Japan Rail Pass activo.

Minato Mirai, es un área urbana junto al mar en el centro de Yokohama, cuyo nombre significa “puerto del futuro” que cuenta con varios rascacielos, centros comerciales, hoteles, centros de convenciones, un parque de atracciones, una de las norias más altas del mundo, un spa, museos y parques. La zona es realmente extensa, pero nosotros tan solo vamos a visitar el edificio de oficinas más alto de Japón, la Landmark Tower con 296m de altura.

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Encontramos a mucha gente en esta zona, jóvenes y salaryman sobretodo. Se nota que estamos muy cerca del mar por la brisa que se respira. Nos acercamos hasta la Landmark Tower y es realmente impresionante, no solo por su estructura que destaca del resto de rascacielos si no por su forma.

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La torre alberga oficinas, un gran centro comercial a sus pies y el Sky Garden Observatory en lo más alto, a 273m del suelo, siendo el más alto de Japón hasta la construcción de la Tokyo Skytree.

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Para acceder al mirador, debes entrar al centro comercial que hay sus pies, la taquilla está bien indicada -tanto por dentro del edificio como por fuera-. Pagamos la entrada (1000¥ pp) y entre mil reverencias y saludos de no sé cuantas tías trajeadas llegamos al ascensor.

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El ascensor de la torre es uno de los más rápidos del mundo, alcanzando una velocidad de 45km/h llevándote a lo alto de sus 70 plantas en 40 segundos. Da la sensación de levantar los pies del suelo y zumban los oídos que dan gusto… una que ya se conoce el dato, saca la cámara en modo vídeo nada más entrar al ascensor, la chica que nos acompaña me sonríe, y cierra las puertas.

El observatorio permite una vista de 360º alrededor del edificio. Hay carteles en inglés que explican cómo era la zona antes de la remodelación y qué es cada edificio o lugar que se puede ver desde aquí. En días despejados se puede contemplar el Fuji, nosotros tan solo intuimos su silueta porque hay una neblina. Se ve como Yokohama y Tokyo están prácticamente unidas… ¡increíble! Poder ver los edificios más bajos que éste, con sus helipuertos y la gente en la calle muy muy pequeñita… además hay una luz y un cielo muy bonitos con lo que la cámara saca humo 😛

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imposible saber dónde acaba Yokohama y dónde empieza Tokyo…

Tras tomarnos un café en el bar del mirador y habernos recreado mirando por todos lados, volvemos a abajo y de nuevo parece que se levanten los pies del suelo en el ascensor ¡jaja! Para salir una vez bajas del mirador, tienes que bajar un par de plantas del centro comercial y alucinamos con las escaleras mecánicas… ¡son curvas! no habíamos visto nunca unas así y ya nos veis volviendo a subir para volver a bajar grabando 😛 los japos que nos vieran debieron flipar con nosotros pero nos hizo mucha gracia, ¡jajaja!

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Volvemos de nuevo hacia la JR Sakuragicho para coger el tren hacia JR Yokohama y allí, tomamos la JR Yokosuka Line hasta Shimbashi. Solo son las 17,30h y hemos pensado en acercarnos al hotel a dejar las mochilas, ir a Akibahara a comprar la réflex y de allí ir directos a Ueno dónde hemos quedado con dos foreros de Los Viajeros para cenar. Así que tras descargar en el hotel, volvemos a JR Shimbashi dónde cogemos la JR Yamanote Line a Akiba.

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Esta vez no vamos a dar vueltas puesto que vamos derechos al Yodobashi dónde vimos una oferta muy buena, compramos la reflex a la que le había echado el ojo y que viendo comparativas por internet vi que está genial y que comprándola aquí me sale a un precio de ganga. Con gran eficiencia nipona, hacemos los trámites del Dutty Free para ahorrarnos los impuestos, y rápidos y veloces nos vamos hacia Ueno, a una parada con la JR Yamanote Line dónde hemos quedado para cenar.

Nos cuesta un poco orientarnos a pesar de ya conocer la estación del primer viaje porqué habíamos quedado en la salida este, pero vemos que los carteles no marcan con este, norte si no con lo que hay en cada salida… brújula del móvil en mano salimos por la que creemos que es más al este y allí damos con los dos chicos españoles que habíamos quedado a través del foro y que se encuentran disfrutando de su primer viaje por Japón.

Vamos hacia la zona de Ameyoko a cenar… esta zona es muy molona, son unas callecitas bajo y junto a las vías del tren repletas de tiendas, restaurantes y puestos de comida. Nos decidimos por un restaurante de ramen y charlamos un buen rato de aventuras niponas, los chicos nos preguntan cosas de ciudades que visitaran y que nosotros ya conocemos y hablamos de viajes en general… Cuando los tipos del bar nos empiezan a mirar mal (en Japón está muy mal vista la sobremesa), salimos y volvemos hacia la JR Ueno, dónde nos despedimos de ellos. Hemos pasado un rato ameno charlando con otros viajeros, pero mañana toca madrugar de lo lindo y no queremos irnos a dormir tarde.

De nuevo tomamos la JR Yamanote Line hacia Shimbashi y nos vamos al hotel, aunque no hemos madrugado hoy no hemos parado ni un momento y estamos cansadillos. Toqueteo un poco la nueva adquisición 😀 y nos vamos a dormir, mañana nos toca una excursión que nos hace especial ilusión y es que mañana veremos al gran icono nipón: ¡¡¡el Mt Fuji!!! Heart Heart

03/10/13: Kyoto & Osaka

Día 7: día de grandes templos en Kyoto, y tarde de ocio en Osaka

¡¡A las 5,30h amanece un nuevo día, horror es demasiado temprano!! Ojos que se mueven el ryokan no tiene persianas, tan solo unas puertas de papel correderas opacas que dejan entrar la luz y como estamos en el país del sol naciente pues amacene temprano como podéis ver… Para algunos esto no será un problema pero para mi marido si, ¡y grande! Suerte que llevaba un antifaz para el avión en la maleta, y con él puesto y yo tapada hasta las cejas pudimos dormir un par de horitas más. Muy feliz

Esta noche hemos dormido bien en el “doble” futón que nos hicimos 🙂 La mar de cómodos. Desayunamos en el ryokan lo comprado el día anterior en el konbini y salimos hacia la estación JR Kyoto para coger un tren regular de la línea JR Nara Line (de los que paren en todas las estaciones), hasta la JR Tofukuji. Como llevamos los JRP activos, tan solo tenemos que enseñárselo al revisor de la entrada a la zona de vías de la estación y pasamos. Llevamos con nosotros los paraguas ya que el día empieza algo lluvioso y muy nublado…

Hoy vamos a visitar algunos de los templos considerados imprescindibles en Kyoto y que no visitamos en el primer viaje. El primero de la lista para hoy está a unos 10 minutos a pie desde la estación JR Tofukuji, pero decidimos tomar otro camino para ir viendo algunos de los templitos que hay por la zona. Empezamos encontrándonos con el Taiko-an, de la rama Rinzai del budismo.

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A pocos pasos, se encuentra el Dojuin Temple. En el que se encuentran un montón de Jizo’s, ¿¡he dicho ya que me encanta este buda?! Es el protector de los niños pero también de los viajeros, ¿será por eso que me inspira simpatía? 🙂

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Y tras unos pocos metros más, encontramos un camino cubierto de madera en medio de un pequeño bosque que nos adentra hasta el Templo Tofukuji.

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Se trata de un conjunto de templos, fundado en 1236 a instancias del clan Fujiwara y su nombre es la combinación de los dos grandes templos de Nara: el Todaiji y el Kofukuji. Éste ha sido históricamente uno de los principales templos Zen de Kyoto, y es de los principales de la escuela Rinzai. Hay varias partes del recinto que son de acceso gratuito. Algunos son estructuras del periodo Muromachi y son raros ejemplos de arquitectura zen superviviente de la época.

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Sin embargo, hay dos zonas que se deben pagar para poder acceder a ellas: el jardín Hojo y el Puente Tsutenkyo, y el Kaisando Hall. En primer lugar, pagamos (400¥ pp) para acceder al puente de madera Tsutenkyo que conduce hasta el Kaisando Hall, lugar que sirve como mausoleo del primer sacerdote principal del templo. El camino de piedra frente al Kaisando está flanqueado por impresionantes jardines a ambos lados, un jardín de piedra seca a la izquierda y un estanque a la derecha. El Kaisando y sus jardines fueron reconstruidos durante el último período Edo (1603-1867).

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Volvemos nuestros pasos y nos dirigimos al Hojo, (400¥ pp), las antiguas dependencias de los sacerdotes, rodeadas de unos jardines espectaculares que combinan agua, rocas, piedra y musgo. En el interior del edificio no se pueden hacer fotos, pero si en los jardines.

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Salimos del Hojo y nos tomamos un café de las máquinas que hay a la entrada por unos pocos yenes.

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Cruzamos la gran puerta Sanmon, la puerta zen más antigua en su estilo, con 22m de altura y que data de 1425.

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De camino hacia la estación JR, encontramos un par de templitos más, a los que solo nos asomamos y en menos de 10 minutos estamos de nuevo en el tren de la línea JR Nara de vuelta a Kyoto. Debo decir, que hay mucha gente que visita el Tofukuji aprovechando el camino a Nar, al igual que Fushimi Inari ya que caen de camino y es la misma línea de tren la que lleva a ambos. Nosotros en su día preferimos disfrutar de Nara y de Fushimi Inari tranquilamente por lo que los visitamos en días distintos.

Al llegar a la estación JR Kyoto, compramos el bono diario para el bus (500¥ pp) y tomamos la línea 5 para ir a los templos Eikando y Nanzenji, en la zona del sendero de la filosofía. Bajamos en la parada Nanzenji-Eikando-michi y en seguida empezamos a recordar que hace dos años y unos meses paseábamos por esta bonita y tranquila zona de Kyoto, en el barrio de Higashiyama.

Nos acercamos hasta el templo Eikando porque tenemos dudas de si lo visitamos en el primer viaje, y sólo con verlo por fuera ya nos queda claro que si lo vimos (el mismo día que visitamos Fushimi Inari y que estuvimos recorriendo la zona por la tarde), así que seguimos caminando unos metros más por el sendero de la filosofía hacia el sur y a pocos minutos llegamos al templo Nanzenji, otro de los grandes que nos faltaron la primera vez ya que estaba en obras de restauración.

Situado en la base de las boscosas montañas de Higashiyama, es uno de los templos zen más importantes de Japón. Fue construido como casa de retiro para el emperador Kemayama, convirtiéndose más tarde en el templo zen. El Nanzenji lo componen varios edificios (la puerta Sanmon, el Hojo, el Konchi-en, el Nanzenji como tal y el Tenjuan), así como un par de grandes jardines. El acceso al patio principal es gratuito, pero cada edificio tiene su entrada propia de pago así que decidimos que sólo entraremos a aquellos que realmente nos interesan. Lo primero que nos encontramos es la gran puerta de entrada Sanmon, construida en 1628 como homenaje a los soldados que murieron en el asedio del castillo de Osaka en 1615. La entrada son 500¥ para subir a lo más alto, pero nos conformamos con verla desde el suelo y disfrutar de cruzar a través de sus grandes columnas.

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Este templo cuenta con algo extraño de ver por estos lares: un acueducto de ladrillo al más puro estilo romano que cruza los terrenos. Fue construido durante la época Meiji (1868-1912), forma parte de un sistema de canales que se construyó para llevar agua y mercancías entre Kyoto y el lago Biwa, en la vecina prefectura de Shiga.

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De ahí nos fuimos hasta el Hojo, la residencia del ex-jefe del sacerdote y la sala principal del Nanzenji. Famoso por su jardín de rocas, de las que se dice que se asemejan a tigres y sus cachorros cruzando a través del agua.

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Pagamos su entrada (600¥ pp) y nada más acceder al edificio ya puedes disfrutar de su arquitectura, así como de las pinturas de tigres hechas en pan de oro que hay en las puertas correderas, de los suelos de madera y tatami y de un fantástico comedor con vistas a un jardín zen que ya lo quisiera para mi, ¡sobretodo por las vistas!

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Disfrutamos de sus jardines en los que se respira una gran paz. El delantero es el zen con la representación de las rocas simulando los tigres (que nosotros no fuimos capaces de ver esa similitud la verdad… 😛 ) y el trasero, combina musgo con piedras rastrilladas y vegetación.

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Son casi las 13h, así que decidimos desandar lo andado por el sendero de la filosofía y dirigirnos hasta la gran torii que marca la entrada al Santuario Heian, ya que no encontramos ningún bus ni metro cercanos que nos fuera bien para ir a la zona que habíamos pensado visitar por la tarde, así que nos toca caminar unos 20-30 minutos a pie desde el templo… Se ha despejado el día y hace un calor y una humedad terribles, pasamos una buena chicharra durante el paseo ¬¬’ Así que una vez junto a la gran torii, decidimos aprovechar el pase diario que llevamos y coger el primer bus que pase para acercarnos un poco a la zona de Pontocho para comer. Nos bajamos justo antes de cruzar el puente y entramos al primer bareto que vemos. En la puerta vemos fotos de unas bandejas de tonkatsu y boles de arroz de esos que llevan de todo a buen precio y allá que vamos. Al entrar, todo el mundo nos mira. Somos los únicos gaijin del local y está lleno de abueletes y trabajadores en su hora de comer. La mujer que lleva el local nos acompaña a una mesa y nos trae una carta medio en japonés, medio en inglés pero que nos sirve para pedirle por señas lo que queremos. Comemos de fábula por unos 1500¥ los dos y ¡hasta nos invitan a un chupito de shochu! Este es uno de esos lugares que en el primer viaje no hubiéramos entrado por miedo a no aclararnos, pero que la veteranía de un segundo viaje te lo permite, y resulta ser de esos lugares en los que mejor comes y que años después aún recuerdas 🙂

Ya con la panza llena, nos acercamos de nuevo hasta la torii en un paseo de unos 10 minutos, y de camino entramos a un par de templos que nos encontramos medio escondidos entre las casas.

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Cruzamos el puente de madera lacada que cruza el río y nos maravillamos de nuevo con la vista de ¡¡la madre de las torii!!

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Solo hay que fijarse en la altura de los coches o de los árboles que hay en la zona para valorar su inmensidad…

El Santuario Heian, pese a ser uno de los más importantes de Kyoto, no lo visitamos en el primer viaje, así que no nos podíamos ir de la ciudad sin disfrutar de su visita y sin cruzar “las zamburguesas” de sus jardines 🙂 El Santuario Heian fue construido para celebrar el 1100 aniversario de la fundación de la capital de Kyoto y está dedicado a los espíritus de los primeros y últimos emperadores que reinaron la ciudad (Kammu y Komei). Heian es el antiguo nombre que tenía Kyoto.

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El acceso al santuario es gratuita. Y de nuevo, hay un montón de escolares por el patio interior… se nota que es uno de los grandes porqué está a rebentar igual que ayer el Kiyomizu.

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Nos deleitamos con la arquitectura de las torres y sus tejados, ¡¡qué pasada!! Ese contraste del rojo y el verde hace pensar en templos más de estilo chino…

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Nos acercamos hacia la entrada a los jardines que si son de pago (600¥ pp) y nada más entrar ya se respira paz, mucha paz. A diferencia del santuario, aquí hay muy poca gente recorriendo el parque y hay sombra (¿¿¡¡he dicho ya que pasamos mucho calor??!!) así que nos deleitamos con las vistas. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas fotos de los jardines que sin duda no hacen honor a la belleza del vivo y directo…

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Como anécdota contar que hubo una señora japonesa que casi se cae al agua al cruzar las piedras, ya que era muy bajita y no llegaba, ¡pobre! lo pasó mal cruzando pero nosotros también por si la teníamos que rescatar 😦 pero finalmente pudo cruzarlas todas y sonriente llegó al otro lado 🙂 Y cuando me disponía a cruzar yo (grabando mientras lo hacía), un señor mayor que había haciendo fotos en el parque me pidió permiso para hacerme una foto cruzando. Así que la menda está entre las fotos de aquel buen señor… Mr. Green

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Al salir de parque son algo más de las 16h y aunque la idea inicial era escaparnos a conocer Kobe, pensamos que la visita a Osaka del primer día nos supo a poco, así que decidimos volver a Osaka y ver la zona comercial de Dotonbori y dejar Kobe para otra ocasión con más calma. Cogemos el bus 100 hasta la estación JR y allí un tren local con el JRP que aún tenemos activo hasta Shin-Osaka.

Una vez en Shin-Osaka, tomamos el metro hasta Shinsaibashi (no recuerdo el precio del trayecto pero creo que fueron unos 200¥ pp) y nos adentramos por las calles comerciales de la ciudad dando un paseo, entramos en algunas tiendas, nos miramos las cámaras y objetivos en otras, compramos alguna bebida y llegamos hasta los “iconos” de la ciudad, como el corredor de Glico y el pulpo de un restaurante de Takoyaki (bolas de pulpo típicas de la ciudad).

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Llevamos un buen día de caminata y estamos cansadísimos. La idea era cenar en Osaka y luego volver a Kyoto, pero estamos tan ko que finalmente, decidimos caminar otros 5 minutos hasta la parada Namba del metro, volver a Shin-Osaka y coger el primer shinkansen que salga a Kyoto. Una vez en nuestra ciudad base, compramos cena y desayuno para mañana en un Family Mart (1500¥) y nos vamos al ryokan. Cena, ducha y ¡caímos rendidos en el futón, agotados pero super felices por todo lo visitado hoy! sleep sleep

02/10/13: ¡de vuelta a nuestra ciudad favorita del mundo: Kyoto!

Día 6: Volvemos a visitar Kyoto y sus templos…

Hoy es un día importante, y es que ¡¡¡volvemos a Kyoto!!! Nos levantamos de un salto, desayunamos, recogemos las cosas y nos vamos a buscar un tranvía que nos lleve a la estación JR Kumamoto. Sudamos un poco la gota gorda para bajar del tranvía tan cargados… tienen la puerta de salida súper estrecha y con unos escalones altísimos,  y nosotros vamos cargados con las maletas y las mochilas, ¡imaginaos el cuadro!

Habíamos reservado estos trayectos la noche que llegamos y suerte que lo hicimos porqué el tren se fue llenando a base de bien.

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Nos encantan los shinkansen 🙂

Salimos a las 9,05h hacia Shin-Osaka. El trayecto, aunque es larguillo se hace ameno. Vamos recordando lo vivido estos días por Kyushu, aún alucinando con el Sakurajima, y estamos deseando volver a Kyoto, ¡la ciudad que nos cautivó en el primer viaje! Llegamos a Shin-Osaka a las 12,20h. Tenemos  20 minutos de trasbordo que nos pasamos bien entretenidos viendo como la gente alucinaba con la decoración de nuestro tren… ¡y es que mola mucho, jaja!

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Tras esos 20 minutos en los que cambiamos de andén, tomamos otro Shinkansen que nos lleva caminito de la capital cultural nipona.

Kyoto 京都: el alma de la cultura tradicional japonesa y el escenario sobre el que ha tenido lugar gran parte de la historia nipona. Esta ciudad con 17 lugares designados Patrimonio Mundial por la Unesco, más de 1600 templos budistas y 400 santuarios sintoístas, es una de las más ricas del mundo en lo que a cultura se refiere.

Tras 14 minutos de trayecto llegamos a la estación JR Kyoto. ¡¡¡Qué ilusión!!! Riendo nos sentimos de una forma muy similar al día de llegada a Japón por segunda vez, una emoción tremenda nos embarga, reconocemos tiendas, restaurantes y sitios de la estación del primer viaje y un sinfín de imágenes y recuerdos nos vienen a la cabeza… el primer viaje fue algo especial, no sólo conocimos por primera vez el país nipón si no que además era nuestra luna de miel 🙂 Vemos por una de las ventanas de la estación el Hotel Vista, dónde nos alojamos en el primer viaje, ¡qué gracia nos hace! Mr. Green

Decidimos pasar un momento por la oficina de turismo para recoger un par de mapas de la ciudad y de los buses, y salimos hacia la calle por la salida de la Kyoto Tower para ir al ryokan. ¡¡No os podéis imaginar la ilusión que sentimos al volver a recorrer estas calles!! Vamos caminando y vamos diciendo “aquí cenamos tal día, aquí compramos esto, aquí vimos aquello…” ¡más mola! Aplauso

Para el alojamiento en Kyoto, nos decantamos por el ryokan Matsubaya Inn (42.840¥ – 3 noches los dos). Se trata de un ryokan con más de 100 años de experiencia y con algunos premios Trip Advisor y, muy recomendado por algunos foreros de Los Viajeros. Está a unos 10 minutos a pie de la JR Kyoto y cuenta con metros y buses en las cercanías. Hacemos el check-in y aunque aún no podemos subir a la habitación, el hijo del Sr Matsubaya nos enseña el ryokan y nuestra habitación (la están limpiando en ese momento), nos explica cómo conectarnos al wifi y nos da una tarjeta del ryokan con los datos de contacto por si hubiera algun problema. El chico es súper majo y habla bien en inglés. Le pedimos dejar las maletas allí y salimos a buscar un lugar para comer.

Decidimos acercarnos a la JR Kyoto de nuevo, ya que luego cogeremos allí el bus para ir a los templos que tenemos planeados visitar esta tarde. Además es una zona con un montón de sitios para comer. Decidimos entrar al Centro Comercial Yodobashi Camera y nos vamos hasta la última planta dónde hay varios restaurantes de todo tipo. Nos decantamos por uno de fideos (2300¥ los dos). Es un lugar curioso, tú escoges qué quieres comer, ellos te sirven los ingredientes y tú tienes que cocinártelos sobre una plancha que hay en la mesa. Para mi no fue un problema porque desde nuestro 1r viaje cocino algunos platos japoneses en casa, y los yakisoba están entre ellos, pero en caso de no saber por dónde empezar, te echan un cable. ¡¡Riquísimos, esos fideos nos saben a gloria!! Y me encanta poder hacer los yakisoba sobre una de esas planchas, como una auténtica japo.

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Una vez llenado el buche, salimos hacia la estación de buses, adherida a la JR Kyoto. Compramos en la máquina un pase diario de bus (500¥ pp) y cogemos el bus 206 hasta la parada del Sanjusangendo. Éste fue uno de los templos que no visitamos en el primer viaje ya que estaba en obras de restauración por aquél entonces. Pagamos (600¥ pp) y entramos. Ya desde fuera nos parece chulísimo. Se trata de un edificio de 118m de longitud, y está como considerado el templo construido en madera más largo del mundo.

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Nos quitamos los zapatos, los dejamos en las taquillas que hay junto a la entrada, y entramos al hall del edificio principal. ¡¡Es realmente impresionante!! Lástima no poder hacer fotos en el interior… la imagen principal es una Kannon Bodhisattva sentada, que simboliza la paz y la compasión, y está considerada como un Tesoro Nacional. El efecto se multiplica por las miles de estatuas antiguas de Kannon que llenan el resto de la sala, así como con los soldados de la compasión, que flanquean la imagen principal distribuidos formando cincuenta columnas de diez filas de profundidad, talladas en ciprés y cubiertas con pan de oro. Cada una tiene más de veinte pares de brazos, y se dice que son responsables de salvar muchos mundos. En 1249 hubo un incendio que destruyó el edificio original, pero se consiguieron salvar 124 de esas estatuas, las restantes datan del siglo 13. También hay 28 estatuas de deidades guardianas con expresiones intensas. Abrumador. Espectacular. Heart

Os dejo una foto extraida de Google:

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Salimos del hall y vamos hacia los jardines. Hay una campana y un santuario junto al templo, así como un pequeño estanque y un bonito jardín.

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Tras un buen rato recorriendo el recinto del templo, volvemos a la calle principal y tomamos de nuevo el bus 206 hasta la parada Gojo-zaka. Callejeamos un poco, recordando que la última vez que estuvimos aquí caía un diluvio por un tifón que no dejaba ver a dos metros de ti…, y tras un corto paseo lleno de recuerdos, llegamos al  Kiyomizu-Dera, un lugar que nos impresionó en el primer viaje y que no pudimos disfrutar del todo por culpa de la lluvia que caía aquel día. Así que aquí estamos de nuevo, con un sol espléndido y con ganas de ver lo que nos faltó la otra vez. Pagamos (300¥ pp) y entramos. Os dejo aquí el link del relato de nuestra 1ª visita en 2011.

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Ya en la entrada vemos que hay un montón de grupos de escolares… pero pese a que hay un gentío considerable, no hay sensación de agobio.

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El Kiyomizu-Dera o Templo del Agua Pura, aunque se trata de un templo budista fundado en el año 778, alberga en su interior un santuario sintoísta, el santuario Jishu. Un templo que incluya un santuario shinto es algo bastante peculiar y difícil de encontrar… pero creo que de ahí radica la magia de este lugar.

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Volvemos a recorrer el recinto del templo, disfrutando de las vistas de la ciudad que hay desde aquí.

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Recorremos de nuevo el pabellón principal con su balcón de madera a 13m por encima de la colina que se sustenta sobre vigas de madera, de las que se dice que no usaron clavos para sujetarlas. En éste edificio se conserva una estatua con las 11 caras de Kannon.

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Vemos que la otra balconada de madera está completamente tapada por toldos y andamios, qué pena, de ahí había unas bonitas vistas del balcón de madera con Kyoto de fondo… En el 1r viaje, vimos la zona del Santuario Jishu, dedicado al amor, así que esta vez bajamos las escaleras y vamos hacia la cascada Otowa, a la base del edificio principal y que diverge en tres chorritos de agua considerada sagrada, de los que se puede beber. Se dice que según del chorro que bebas, tendrás una vida amorosa afortunada, éxito en los estudios o longevidad. Nos ponemos a la cola y como no acabamos de tener claro qué chorro es cada cuál, bebemos del primero que queda libre, ya se verá con los años de cuál bebimos, ¿no? Sacando la lengua

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De ahí recorremos un pequeño sendero hasta la Pagoda Koyasu, la visita a ésta dicen que ayuda a lograr un parto fácil y seguro, así que ya voy servida para cuando llegue el momento Sacando la lengua Vale mucho la pena acercarse hasta aquí, hay unas bonitas vistas del templo y no hay nadie, ¡¡la vemos a solas!!

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A las 17h, empieza a sonar la campana que anuncia el cierre del templo, así que nos quedamos con las ganas de ver la sala dónde dicen que hay 200 estatuas de Jizo, una pena porqué este buda me inspira simpatía, es mi buda favorito Muy feliz Salimos del templo por una de las calles comerciales, la Matsubara Dori. ¡Ahí si que hay un montón de gente!

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Entramos en algunas tiendas a mirar cosillas, y en una de ellas compro un jizo monísimo (1000¥) ¡me encanta! Muy feliz Mi marido se mira las katanas, pero se nota mucho que son baratijas (las verdaderas no se pueden sacar del país ya que están consideradas Tesoro Nacional) por lo que al final pasamos de largo.

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mi Jizo

Lo que más me gusta de Kyoto es que puedes encontrar templos en cualquier rincón… así como estatuillas de la suerte por doquier.

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Vamos dando un paseo a lo largo de la calle, disfrutando del entorno y del ambiente, hasta llegar a Higashi Oji-Dori, dónde tomamos de nuevo el bus 206 que nos llevará de vuelta a la estación JR Kyoto.

Ya expliqué en el diario del primer viaje cómo funcionan los buses en Japón así que no me voy a repetir, pero si recordar que en la zona del centro de la ciudad los buses tienen una tarifa plana de 220¥ y en caso de salir de esa zona, veréis que junto al conductor hay una pantalla dónde indica el precio que debes pagar en función del número de parada que has subido. Sabrás el número de parada que se trata ya que al subir (por la puerta de atrás) te sale un papelillo con el número. En caso de llevar un bono diario (500¥, de viajes ilimitados) no debes pagar nada al bajar siempre que te muevas por la zona de tarifa plana, si sales de ella, deberás abonar la diferencia de precio antes de bajar.

Una vez en la JR, entramos al Map Camera y al Yodobashi, queremos comprar una cámara de fotos réflex que ya me quedé con las ganas en el primer viaje… Miramos varios modelos y nos encontramos con que tan solo se pueden poner los menús en español en algunas máquinas Sony. Las Canon y Nikon aceptan inglés o japonés y en el resto, sólo japonés… ¡ya les vale! Me apunto las que me interesan para comparar precios.

Volvemos a la estación JR y bajamos a las plantas -1 y -2, dónde hay un supermercado enorme dónde venden bentos, sushi y comida preparada para llevar, y conforme se acerca la hora de cierre bajan los precios como si fuera una lonja, ¡truquillos que aprendimos en el primer viaje! Mr. Green Las chikagai o ciudades subterráneas son algo que me gusta mucho de Japón, aprovechan el subsuelo para construir centros comerciales inmensos. Compramos la cena y también el desayuno para mañana. En una parafarmacia de la estación, compramos un protector solar en spray. ¡¡Una maravilla!! Ya compramos uno allí en el primer viaje y esta vez me llevo dos, van de fábula porque protegen pero no dejan la piel pringosa y son muy cómodos de aplicar Riendo Y ahora ya si, volvemos al ryokan, ya es hora de descansar.

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la Kyoto Tower es mucho más bonita de noche que de día…

La habitación es la mar de amplia y cómoda. Tan solo hay un par de cosas que no me acaban de gustar de los hoteles tradicionales y tenemos que preguntar si en sus casas también lo tienen así… lo primero es la mesa con las sillas al suelo -sin patas-, supongo que si estás bien de la espalda se lleva bien, pero en mi caso que la tengo hecha polvo, es súper súper incómodo… ¡no sé ni como ponerme! Lo segundo es algunos futones… según la tradición, cuanto más dura es la superficie dónde duermes más rectitud aprendes, a mi esto no me convence y siempre busco en el armario, dónde los suelen guardar, otro futón para ponerlo debajo y que sea más blandito Sacando la lengua Algo que si me encanta son los suelos de tatami, son súper cómodos y me encanta andar por ellos Heart Y me llaman la atención los pequeños altares que siempre encuentras en algún rincón de la sala. Aquí además encontramos uno libro con los textos del Dharma.

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los futones esperan a ser montados…

Después de cenar, llamamos a los nuestros vía internet, echamos un vistazo a las redes sociales, duchita y a dormir que al fin nos espera un buen futón.