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04/10/13: last day in Kyoto entre bosques de bambú…

Día 8: de vuelta a Arashiyama, nuestro barrio favorito de Kyoto.

Un nuevo día en Japón… y el último por Kyoto 😦 Nos va a dar penita dejar de nuevo esta ciudad, nuestra favorita en el país nipón. Desayunamos en la habitación y nos ponemos en marcha. Hoy pretendíamos ver primero el santuario Shimogamo y luego ir hacia Arashiyama, pero no nos acaba de quedar claro si el templo está en obras todavía o no, y estamos deseando visitar de nuevo la zona de Arashiyama, nuestro barrio favorito en esta ciudad, así que pasamos de largo del Shimogamo y nos vamos derechos a Arashiyama.

Para ir hacia esa zona hay dos opciones, coger el tren o bien, el bus pero éste último el trayecto no entra en el bono diario y tocaría pagar bastante más (ya lo probamos en el primer viaje…) así que aprovechando que tenemos los JRP activados, vamos hacia la estación JR Kyoto y cogemos el primer tren de la línea JR Sagano y bajamos en la estación JR Saga-Arashiyama. Aquí ya empezamos a recordar lugares y edificios de nuevo Mr. Green

A pocos minutos a pie de la estación, se encuentra nuestro primer templo del día, el Tenryuji. Éste es el templo más importante del distrito de Arashiyama, ocupa el primer puesto entre los cinco grandes templos zen de la ciudad y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Fue el templo principal de su propia escuela, la secta budista Rinzai Zen y construido en 1339 por el shogun Takauji quién dedicó el templo al emperador Go-Daigo que acababa de fallecer. Los edificios del templo han sido reconstruidos en varias ocasiones ya que sufrieron daños en varios incendios y guerras pero los jardines se conservan de origen.

Se puede acceder a tan solo uno de los edificios del templo ya que los otros los están reconstruyendo pero lo que realmente nos interesa de este lugar son sus jardines, así que sólo pagamos por ellos (500¥ pp). Nada más entrar, se rodea el edificio principal del templo, se puede ver su interior desde fuera y cuenta con un bonito jardín zen delantero.

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Seguimos rodeando el edificio y nos encontramos con un impresionante lago rodeado de plantas, flores y árboles con un bonito follaje de otoño.

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Hay varios senderos que recorren el parque y algunos suben unos cuantos metros por encima del parque, por la falda del monte de Arashiyama.

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Mientras recorres esos senderos vas encontrando lámparas de piedra, terreno cubierto de musgo y plantas y árboles de todo tipo. Así como algunas fuentes y “altares”, y algo de fauna local…

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Junto a los terrenos del templo se encuentra el bosque de bambú de Arashiyama, hay una salida del parque directo a él, pero nosotros decidimos acabar de recorrer el parque en forma circular y salir por dónde entramos.

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Así que nos acercamos de nuevo a la zona del lago y vemos las famosas puertas del edificio pintadas, una con un dragón, así como el altar con el monje.

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Salimos del templo y nos dirigimos de nuevo a la calle principal. Queremos volver a visitar nuestro templo favorito en la ciudad, poco recomendado en las guías de viaje y que descubrimos en el primer viaje gracias a un blog. Pero antes nos tomamos unos refrescos, aunque el día está medio nublado hay una humedad tremenda, con lo que de nuevo pasamos un calorazo terrible… ¡¡Cómo echo de menos estas máquinas!!

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con un par de estas bebidas haces una sobredosis de vitamina C… ¬¬’

Y ahora si, cruzamos las vías hacia la famosa calle Saga-Toriimoto que conserva el estilo de la época Meiji, con edificios machiya tradicionales (“casas de la ciudad”).  Algo que nos encanta de Kyoto es que puedes encontrar templos y santuarios en cualquier lugar, en calles recónditas o en grandes avenidas y todos tienen algún encanto.

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Nos encontramos con el templo Seiryoji (entrada gratuita) que ya conocíamos del primer viaje pero muy de pasada y del que no tenemos fotos (me quedé sin batería en la cámara cuando visitamos esta zona), así que decidimos entrar a verlo, esta vez con más calma y nos encontramos con un grupo de monjes que celebran una ceremonia.

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Los Nio o guardianes de Buda que suele haber a la entrada de los templos budistas son impresionantes…

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Recorremos el recinto de nuevo entre cánticos de monjes…

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Tras una media hora recorriendo el recinto del Seiryoji, salimos de nuevo para seguir subiendo la calle. Estamos a unos 5 minutos del templo al que nos dirigimos pero vemos que son las 14h, aprieta el hambre y recordamos que por la zona no había apenas lugares para comer, por lo que decidimos parar en el primer restaurante que encontremos para que no se nos haga muy tarde… A pocos minutos, vemos uno con pinta de chiquitín que las fotos de los platos que tienen en la calle nos parecen bien y no está mal de precio, así que decidimos entrar. El propietario nos mira algo extrañado pero muy amablemente nos indica una mesa. Cuál es nuestra sorpresa cuando nos trae la carta y … ¡ESTÁ TODO EN JAPONÉS! ¡oh , oh! Pero a estas alturas no hay problema, en un segundo viaje no te agobias con ciertas cosas, y empiezas reconocer algunas palabras (soba es un tipo de fideo, ebi es langostino, sake es salmón, toro es atún, shiitake son setas, gohan es arroz…) y por señas escogemos dos platos (casi al azar) y a cruzar los dedos a ver qué hemos pedido ¡¡jajaja!! Y he aquí…

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La verdad es que están riquísimos los dos, disfrutamos de una muy buena comida por 1400¥ los dos, acompañado por un té riquísimo del que te van rellenando el vaso conforme lo vas bebiendo, y hasta nos invitan a un chupito de sake al terminar 🙂

Tras una riquísima comida, seguimos recorriendo la calle hasta llegar a la callejuela que lleva a nuestro templo favorito en esta ciudad: el Gio-ji.

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esta zona de Kyoto es poco conocida y tiene mucho encanto…

Nos fijamos que hay otro templo justo al lado que pone un cartel de “Museo” en la entrada, así que decidimos entrar a ver qué encontramos (500¥ pp). El jardín del templo nos recuerda mucho al de Gio-ji, todo cubierto de musgo. Lo siento, no recuerdo el nombre del templo pero estaba justo al lado.

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La señora de la taquilla nos pregunta si hablamos inglés y nos guía hasta el templo. Allí nos recibe un hombre que nos explica el significado de algunos símbolos budistas y nos invita a pasar a una sala que hay al lado dónde tienen una especie de museo con piezas de varios lugares pero sobretodo del Todaiji de Nara. Pero no nos enteramos de casi nada porque todas las explicaciones están solo en japonés… así que echamos un vistazo rápido, nos deleitamos un poco más con el jardín por amortizar algo los 1000¥ que hemos pagado, y con mal sabor de boca porqué nos parece un poco robo, nos vamos, ahora sí, ¡al Gio-ji de nuestros amores! Pagamos 500¥ pp la mar de gustosos y entramos. Nos es inevitable alucinar. Si lo recordábamos bonito, ¡en vivo lo es más! Se trata de un pequeño templo con un Buda de Luz pero rodeado de un jardín espectacular de altos arces y cubierto de musgo junto al bosque de bambú de Arashiyama. Y como más vale una imagen que mil palabras, aquí tenéis algunas, aunque no hacen honor al vivo y en directo.

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Recordamos que cuando estuvimos la primera vez había un gatito blanco que nos acompañó en toda la visita, vivía allí y era muy cariñoso. Nos extraña no verlo y mi marido dice que igual se ha muerto… en esas que llegamos al pequeño edificio del templo y vemos que hay un altar con fotos del gatito, juguetes y comida, y es que ¡se ha muerto este verano 😦 Nos da mucha pena, pobrete!, así que echamos unas monedas en el altar del gatito. Quizá os parezca una chorrada, pero ese gatito formaba parte del encanto y del buen recuerdo del templo y ver que ya no está nos da pena.

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Pasamos un buen rato sentados en el suelo de tatami del templo observando el jardín. Y con mucho pesar, decidimos irnos para ir a ver alguna cosa más de la zona asegurando que volveremos a este lugar en nuestra próxima visita a Kyoto…

Bajamos de nuevo por la calle principal. Recordamos del primer viaje que había un gran cementerio cerca del bosque de bambú pero no damos con él. Recorremos el sendero del bosque de bambú. Es muy agradable pasear por ahí y hay una sombra que se agradece mucho después del día de humedad y calor que ha hecho.

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Justo al llegar a las vías del tren, vemos que pasa el tren panorámico de Sagano Torokko que hace un recorrido entre Kameoka y Kyoto recorriendo la línea JR Sanin por las montañas de Kyoto. Os dejo un enlace al blog Japonismo dónde hablan sobre él por si os interesa.

Nada más  cruzar las vías del tren nos topamos con un santuario del que no habíamos leído nada en las guías. Se trata del Nonomiya-jinja Shrine, dedicado a los dioses del sol y del fuego, y de entrada gratuita. Es un santuario realmente bonito y es espectacular ver el contraste de la madera lacada en rojo con el musgo del suelo y los bambú 🙂

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Vemos unas tablas Ema muy bonitas y decidimos comprar dos (500¥ c/u) para dejar nuestro mensaje en el santuario y llevarnos un deseo a casa en ellas: “siempre llevaremos Kyoto en nuestros corazones” y “por muchos viajes más”. Colgamos una de ellas junto a las demás con una reverencia y tras habernos purificado como marca la tradición shinto, la otra nos la llevamos a casa.

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Aquí pasamos un buen rato y es bonito ver cómo va oscureciendo a través del bambú. Seguimos nuestro camino hacia la calle principal que lleva al Puente Togetsukyo que significa “puente que cruza la luna”.  Este puente de madera, cuenta con más de 100 años de antigüedad. Recordamos que la otra vez compramos unos helados muy ricos en una tienda y allá que vamos. Nos compramos un delicioso helado de soja para mi y de té verde para mi marido (300¥ c/u) y nos sentamos junto al río a comerlos mientras vemos caer el sol con la magnífica estampa del río y el Monte Arashiyama.

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Me hubiera gustado acercarnos a Kobe tal y como tenía pensado, pero estamos cansados y mañana toca madrugón, así que decidimos acabar nuestro día en Kyoto quedándonos en la ciudad. Tras un corto paseo, cogemos el tren en la estación JR Saga-Arashiyama de vuelta a la JR Kyoto. Al llegar, reservamos los billetes del tren a Kanazawa para mañana y damos una vuelta por el centro comercial Big Camera que hay al lado para mirar las réflex, cojo algunos precios de los modelos que más me llaman y nos vamos un rato a descansar al ryokan, de camino compramos unos dulces, unos refrescos y desayuno para mañana en el Lawson (800¥) para tomarlos en la habitación. Muy cerca del ryokan hay una tienda que venden souvenirs y que me miro su escaparate desde que llegamos a Kyoto, finalmente, decidimos entrar ya que vemos unos buda protectores que a mi marido le encantan, compramos uno por 800¥, ale ya tenemos otro buda para casa Mr. Green

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el escaparate

 

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nuestro buda protege la entrada de casa 🙂

Vamos a la habitación a descansar un poco y tomarnos los refrescos. Sobre las 18,30h, decidimos salir a dar una vuelta. Antes de irnos, hablamos con Matsubaya-San hijo para ver si nos gestionaría el envío de las maletas a Tokyo ya que a la zona de los alpes iremos con mochila, el chico nos pide los datos del hotel de destino y nos dice que mañana al hacer el check-in nos recoge las maletas y se ocupa él. ¡Genial!

Cogemos el metro en la estación Gojo hasta Shijo (210¥ pp) para ir a la zona comercial de Teramachi. Echamos unas fotos de la zona y nos adentramos en las calles comerciales. Nos encanta ese contraste de tiendas, restaurantes con toriis de piedra y santuarios con lámparas de papel Muy feliz

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Entramos en un par de ellos. En uno, hay una especie de marioneta que si le echas 100¥ te da un papel de la fortuna. Si es bueno te lo quedas y si es malo, lo atas en un árbol que hay junto a ella para que los dioses shinto te protejan de ella. Como es buena nos la llevamos. Ale ya tenemos otra para la colección Mr. Green Os dejo un vídeo porqué el bicho era muy gracioso…

Ya de por si, me encantan los farolillos que adornan los santuarios, pero iluminados por la noche ya me acaban de enamorar…

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Decidimos cenar unas hamburguesas en una cadena que hemos visto en varios lugares, la First Kitchen por 1000¥ los dos, no están mal pero tampoco matan… Tras la cena, caminamos de vuelta a Shijo-Dori por las calles comerciales. A estas horas ya van cerrando muchos puestos.

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En Shijo-Dori cogemos el bus nº5 que nos deja entre la parada del metro Gojo, a pocos minutos a pie del ryokan (220¥ pp). Una vez en la habitación preparamos las mochilas, cerramos las maletas, ducha, llamadita y a dormir que mañana nos vamos a conocer otra zona 🙂

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03/10/13: Kyoto & Osaka

Día 7: día de grandes templos en Kyoto, y tarde de ocio en Osaka

¡¡A las 5,30h amanece un nuevo día, horror es demasiado temprano!! Ojos que se mueven el ryokan no tiene persianas, tan solo unas puertas de papel correderas opacas que dejan entrar la luz y como estamos en el país del sol naciente pues amacene temprano como podéis ver… Para algunos esto no será un problema pero para mi marido si, ¡y grande! Suerte que llevaba un antifaz para el avión en la maleta, y con él puesto y yo tapada hasta las cejas pudimos dormir un par de horitas más. Muy feliz

Esta noche hemos dormido bien en el “doble” futón que nos hicimos 🙂 La mar de cómodos. Desayunamos en el ryokan lo comprado el día anterior en el konbini y salimos hacia la estación JR Kyoto para coger un tren regular de la línea JR Nara Line (de los que paren en todas las estaciones), hasta la JR Tofukuji. Como llevamos los JRP activos, tan solo tenemos que enseñárselo al revisor de la entrada a la zona de vías de la estación y pasamos. Llevamos con nosotros los paraguas ya que el día empieza algo lluvioso y muy nublado…

Hoy vamos a visitar algunos de los templos considerados imprescindibles en Kyoto y que no visitamos en el primer viaje. El primero de la lista para hoy está a unos 10 minutos a pie desde la estación JR Tofukuji, pero decidimos tomar otro camino para ir viendo algunos de los templitos que hay por la zona. Empezamos encontrándonos con el Taiko-an, de la rama Rinzai del budismo.

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A pocos pasos, se encuentra el Dojuin Temple. En el que se encuentran un montón de Jizo’s, ¿¡he dicho ya que me encanta este buda?! Es el protector de los niños pero también de los viajeros, ¿será por eso que me inspira simpatía? 🙂

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Y tras unos pocos metros más, encontramos un camino cubierto de madera en medio de un pequeño bosque que nos adentra hasta el Templo Tofukuji.

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Se trata de un conjunto de templos, fundado en 1236 a instancias del clan Fujiwara y su nombre es la combinación de los dos grandes templos de Nara: el Todaiji y el Kofukuji. Éste ha sido históricamente uno de los principales templos Zen de Kyoto, y es de los principales de la escuela Rinzai. Hay varias partes del recinto que son de acceso gratuito. Algunos son estructuras del periodo Muromachi y son raros ejemplos de arquitectura zen superviviente de la época.

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Sin embargo, hay dos zonas que se deben pagar para poder acceder a ellas: el jardín Hojo y el Puente Tsutenkyo, y el Kaisando Hall. En primer lugar, pagamos (400¥ pp) para acceder al puente de madera Tsutenkyo que conduce hasta el Kaisando Hall, lugar que sirve como mausoleo del primer sacerdote principal del templo. El camino de piedra frente al Kaisando está flanqueado por impresionantes jardines a ambos lados, un jardín de piedra seca a la izquierda y un estanque a la derecha. El Kaisando y sus jardines fueron reconstruidos durante el último período Edo (1603-1867).

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Volvemos nuestros pasos y nos dirigimos al Hojo, (400¥ pp), las antiguas dependencias de los sacerdotes, rodeadas de unos jardines espectaculares que combinan agua, rocas, piedra y musgo. En el interior del edificio no se pueden hacer fotos, pero si en los jardines.

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Salimos del Hojo y nos tomamos un café de las máquinas que hay a la entrada por unos pocos yenes.

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Cruzamos la gran puerta Sanmon, la puerta zen más antigua en su estilo, con 22m de altura y que data de 1425.

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De camino hacia la estación JR, encontramos un par de templitos más, a los que solo nos asomamos y en menos de 10 minutos estamos de nuevo en el tren de la línea JR Nara de vuelta a Kyoto. Debo decir, que hay mucha gente que visita el Tofukuji aprovechando el camino a Nar, al igual que Fushimi Inari ya que caen de camino y es la misma línea de tren la que lleva a ambos. Nosotros en su día preferimos disfrutar de Nara y de Fushimi Inari tranquilamente por lo que los visitamos en días distintos.

Al llegar a la estación JR Kyoto, compramos el bono diario para el bus (500¥ pp) y tomamos la línea 5 para ir a los templos Eikando y Nanzenji, en la zona del sendero de la filosofía. Bajamos en la parada Nanzenji-Eikando-michi y en seguida empezamos a recordar que hace dos años y unos meses paseábamos por esta bonita y tranquila zona de Kyoto, en el barrio de Higashiyama.

Nos acercamos hasta el templo Eikando porque tenemos dudas de si lo visitamos en el primer viaje, y sólo con verlo por fuera ya nos queda claro que si lo vimos (el mismo día que visitamos Fushimi Inari y que estuvimos recorriendo la zona por la tarde), así que seguimos caminando unos metros más por el sendero de la filosofía hacia el sur y a pocos minutos llegamos al templo Nanzenji, otro de los grandes que nos faltaron la primera vez ya que estaba en obras de restauración.

Situado en la base de las boscosas montañas de Higashiyama, es uno de los templos zen más importantes de Japón. Fue construido como casa de retiro para el emperador Kemayama, convirtiéndose más tarde en el templo zen. El Nanzenji lo componen varios edificios (la puerta Sanmon, el Hojo, el Konchi-en, el Nanzenji como tal y el Tenjuan), así como un par de grandes jardines. El acceso al patio principal es gratuito, pero cada edificio tiene su entrada propia de pago así que decidimos que sólo entraremos a aquellos que realmente nos interesan. Lo primero que nos encontramos es la gran puerta de entrada Sanmon, construida en 1628 como homenaje a los soldados que murieron en el asedio del castillo de Osaka en 1615. La entrada son 500¥ para subir a lo más alto, pero nos conformamos con verla desde el suelo y disfrutar de cruzar a través de sus grandes columnas.

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Este templo cuenta con algo extraño de ver por estos lares: un acueducto de ladrillo al más puro estilo romano que cruza los terrenos. Fue construido durante la época Meiji (1868-1912), forma parte de un sistema de canales que se construyó para llevar agua y mercancías entre Kyoto y el lago Biwa, en la vecina prefectura de Shiga.

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De ahí nos fuimos hasta el Hojo, la residencia del ex-jefe del sacerdote y la sala principal del Nanzenji. Famoso por su jardín de rocas, de las que se dice que se asemejan a tigres y sus cachorros cruzando a través del agua.

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Pagamos su entrada (600¥ pp) y nada más acceder al edificio ya puedes disfrutar de su arquitectura, así como de las pinturas de tigres hechas en pan de oro que hay en las puertas correderas, de los suelos de madera y tatami y de un fantástico comedor con vistas a un jardín zen que ya lo quisiera para mi, ¡sobretodo por las vistas!

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Disfrutamos de sus jardines en los que se respira una gran paz. El delantero es el zen con la representación de las rocas simulando los tigres (que nosotros no fuimos capaces de ver esa similitud la verdad… 😛 ) y el trasero, combina musgo con piedras rastrilladas y vegetación.

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Son casi las 13h, así que decidimos desandar lo andado por el sendero de la filosofía y dirigirnos hasta la gran torii que marca la entrada al Santuario Heian, ya que no encontramos ningún bus ni metro cercanos que nos fuera bien para ir a la zona que habíamos pensado visitar por la tarde, así que nos toca caminar unos 20-30 minutos a pie desde el templo… Se ha despejado el día y hace un calor y una humedad terribles, pasamos una buena chicharra durante el paseo ¬¬’ Así que una vez junto a la gran torii, decidimos aprovechar el pase diario que llevamos y coger el primer bus que pase para acercarnos un poco a la zona de Pontocho para comer. Nos bajamos justo antes de cruzar el puente y entramos al primer bareto que vemos. En la puerta vemos fotos de unas bandejas de tonkatsu y boles de arroz de esos que llevan de todo a buen precio y allá que vamos. Al entrar, todo el mundo nos mira. Somos los únicos gaijin del local y está lleno de abueletes y trabajadores en su hora de comer. La mujer que lleva el local nos acompaña a una mesa y nos trae una carta medio en japonés, medio en inglés pero que nos sirve para pedirle por señas lo que queremos. Comemos de fábula por unos 1500¥ los dos y ¡hasta nos invitan a un chupito de shochu! Este es uno de esos lugares que en el primer viaje no hubiéramos entrado por miedo a no aclararnos, pero que la veteranía de un segundo viaje te lo permite, y resulta ser de esos lugares en los que mejor comes y que años después aún recuerdas 🙂

Ya con la panza llena, nos acercamos de nuevo hasta la torii en un paseo de unos 10 minutos, y de camino entramos a un par de templos que nos encontramos medio escondidos entre las casas.

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Cruzamos el puente de madera lacada que cruza el río y nos maravillamos de nuevo con la vista de ¡¡la madre de las torii!!

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Solo hay que fijarse en la altura de los coches o de los árboles que hay en la zona para valorar su inmensidad…

El Santuario Heian, pese a ser uno de los más importantes de Kyoto, no lo visitamos en el primer viaje, así que no nos podíamos ir de la ciudad sin disfrutar de su visita y sin cruzar “las zamburguesas” de sus jardines 🙂 El Santuario Heian fue construido para celebrar el 1100 aniversario de la fundación de la capital de Kyoto y está dedicado a los espíritus de los primeros y últimos emperadores que reinaron la ciudad (Kammu y Komei). Heian es el antiguo nombre que tenía Kyoto.

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El acceso al santuario es gratuita. Y de nuevo, hay un montón de escolares por el patio interior… se nota que es uno de los grandes porqué está a rebentar igual que ayer el Kiyomizu.

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Nos deleitamos con la arquitectura de las torres y sus tejados, ¡¡qué pasada!! Ese contraste del rojo y el verde hace pensar en templos más de estilo chino…

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Nos acercamos hacia la entrada a los jardines que si son de pago (600¥ pp) y nada más entrar ya se respira paz, mucha paz. A diferencia del santuario, aquí hay muy poca gente recorriendo el parque y hay sombra (¿¿¡¡he dicho ya que pasamos mucho calor??!!) así que nos deleitamos con las vistas. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas fotos de los jardines que sin duda no hacen honor a la belleza del vivo y directo…

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Como anécdota contar que hubo una señora japonesa que casi se cae al agua al cruzar las piedras, ya que era muy bajita y no llegaba, ¡pobre! lo pasó mal cruzando pero nosotros también por si la teníamos que rescatar 😦 pero finalmente pudo cruzarlas todas y sonriente llegó al otro lado 🙂 Y cuando me disponía a cruzar yo (grabando mientras lo hacía), un señor mayor que había haciendo fotos en el parque me pidió permiso para hacerme una foto cruzando. Así que la menda está entre las fotos de aquel buen señor… Mr. Green

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Al salir de parque son algo más de las 16h y aunque la idea inicial era escaparnos a conocer Kobe, pensamos que la visita a Osaka del primer día nos supo a poco, así que decidimos volver a Osaka y ver la zona comercial de Dotonbori y dejar Kobe para otra ocasión con más calma. Cogemos el bus 100 hasta la estación JR y allí un tren local con el JRP que aún tenemos activo hasta Shin-Osaka.

Una vez en Shin-Osaka, tomamos el metro hasta Shinsaibashi (no recuerdo el precio del trayecto pero creo que fueron unos 200¥ pp) y nos adentramos por las calles comerciales de la ciudad dando un paseo, entramos en algunas tiendas, nos miramos las cámaras y objetivos en otras, compramos alguna bebida y llegamos hasta los “iconos” de la ciudad, como el corredor de Glico y el pulpo de un restaurante de Takoyaki (bolas de pulpo típicas de la ciudad).

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Llevamos un buen día de caminata y estamos cansadísimos. La idea era cenar en Osaka y luego volver a Kyoto, pero estamos tan ko que finalmente, decidimos caminar otros 5 minutos hasta la parada Namba del metro, volver a Shin-Osaka y coger el primer shinkansen que salga a Kyoto. Una vez en nuestra ciudad base, compramos cena y desayuno para mañana en un Family Mart (1500¥) y nos vamos al ryokan. Cena, ducha y ¡caímos rendidos en el futón, agotados pero super felices por todo lo visitado hoy! sleep sleep

Epílogo (1r viaje a Japón)

Reflexiones de nuestro 1r viaje a Japón en 2011…

Han pasado casi cinco años desde nuestra primera visita al país del sol naciente y aún siento añoranza de aquellos días, de todo lo vivido y sentido entre sus gentes y lugares. Cinco años ya… ¡uff!

Antes de ir y mientras me informaba sobre el país y sus costumbres, ya me quedó claro que el listón iba a quedar muy alto tras ese viaje pero una vez regresamos de allí, quedamos totalmente convencidos de que debería ser obligatorio visitar Japón al menos una vez en la vida.

Todo es tan diferente a lo que estamos acostumbrados y cuando digo todo, es todo. Sus ciudades, su gente, sus costumbres, su cultura, su religión, su sentido de los valores, su organización social… todo. Por primera vez en mi vida he podido vivir en mi piel que una sociedad fundada en el cumplimiento de los valores primordiales como la educación, la solidaridad, la humildad y la colaboración es posible y no solo es posible, si no que en Japón es una realidad. En 17 días no vimos ni una sola mala cara, ni un solo gesto de desdén -al menos de cara a la galería-. Todo lo contrario, nos ayudaron aún sin pedirlo, fueron educados y respetuosos y enormemente amables.

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Cuando la gente me pregunta “¿Qué tal por Japón?” os aseguro que me cuesta responder… y me cuesta no porque estuviera mal si no por lo tan diferente que es a lo que vemos a diario en nuestro país. Mi marido siempre dice que están en un orden superior, que han evolucionado más que nosotros y que aquello se puede considerar un mundo a parte. Si las habladurías dicen que los antiguos egipcios eran seres extraterrestres, los japoneses de hoy en día no pueden andar muy lejos. Porqué organizar tan bien un país de 127 millones de habitantes no es tarea fácil y sin embargo, ellos hacen que sea posible.

Para nosotros es impensable que alguien pueda hacer cola ordenada para subir al autobús o al metro; es impensable que dejes el bolso o la cartera en el andén o en un bar repleto de gente para guardar sitio y que cuando vuelvas siga allí; es impensable estar en un templo o un parque y tan solo oír el canto de los pájaros y el agua correr; que salgas de una tienda y aunque no hayas comprado nada te den las gracias; que “disculpe”, “por favor” y “gracias” salga constantemente de sus bocas; que el revisor del tren al entrar y salir del vagón haga una reverencia a todos los pasajeros como agradecimiento; que alguien salga de su casa con un mapa suyo porqué te ve mirando el tuyo sin acabar de orientarte, que te indique y encima te regale su mapa, es totalmente impensable en nuestra sociedad. Que la puntualidad sea extrema, hasta el punto que el máximo retraso permitido por Japan Railways sea de 8 segundos, aquí es impensable del todo (Renfe tiene mucho que aprender…). Penoso por nuestra parte, debo decir. Y podría seguir con un largo etcétera poniendo ejemplos con situaciones vividas allí.

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Japón es un país adaptado a dar facilidades y comodidades a su gente. Encuentras cientos de señales en inglés y en japonés con indicaciones (desde normas, hasta información y mapas de situación); todo el mundo intenta comunicarse, y aunque no hable bien inglés, se esfuerzan en chapurrearlo o buscan la forma de hacerse entender, ni que sea por señas…; en casi todos los restaurantes encuentras información sobre los platos que ofrecen y el precio, ya sean como réplicas en un escaparate o con fotos en la carta; máquinas de bebida y de comida baratas por doquier; todas las calles y pasillos de las estaciones están preparadas para los minusválidos; salas de lactancia con todo lo necesario para alimentar y cambiar a los bebés, limpísimos para uso público; alarmas de emergencia en cada lavabo por si te pasa algo; lavabos adaptados para poder entrar con el carrito del bebé o con sillitas para sentarlos; salas de ostomías en los lugares públicos; lavabos públicos impolutos -como aquí…-; que un tipo te haga de guía de forma totalmente altruista; y podría seguir con otra larga lista de ejemplos… ¡Ah! y el lavabo de chorritos es toda una experiencia y hay que decir que es un sistema mucho más higiénico que usar el tradicional papel.

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Algunos nos dicen que sentimos que fue tan maravilloso todo porque estábamos de luna de miel. Nosotros no estamos de acuerdo y tras hablar con otras personas que han ido sin ese fin, y ver que coinciden con nosotros en cuanto a la opinión que uno se trae del país nipón, podemos afirmar que Japón es muy diferente a todo lo que uno está acostumbrado.

Podría pasar horas recordando lo que vivimos en Japón pero lo que realmente me apetece es volver pronto… y es que Japón te cambia la mentalidad y te cambia la perspectiva de lo posible y de lo imposible.

Japón te cambia la vida Heart

 

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P.D: en breve, compartiré con vosotros el diario del 2º viaje 😉

01/06/2011: aquí termina la 1ª aventura nipona pero amenazamos con volver :D

Día 17: con gran pesar, emprendemos el viaje de regreso a casa…

Hoy termina nuestra aventura en tierras niponas. Nos levantamos súper apenados a eso de las 6h. Trist Nos entra el desayuno en el precio del hotel pero como tenemos que estar sobre las 8h en el aeropuerto y el comedor aún no está abierto, decidimos desayunar de camino al aeropuerto. Nos damos una ducha rápida que el día será largo y terminamos de cerrar las maletas. Hacemos el check-out más rápido de la historia y es que solo tenemos que dejar la llave de la habitación en una urna que hay en recepción.

Con un palo impresionante por tener que irnos ya… vamos a la estación JR Shimbashi que hay junto al hotel y allí cogemos una tren de la JR Yamanote hasta la estación de Shinagawa dónde tomaremos el Narita Exprés que reservamos ayer para ir hasta el aeropuerto.

El Narita llega súper puntual, como todos los trenes aquí, solo son las 7,18h pero ya hay bastante gente transitando por las estaciones. Subimos a bordo, colocamos las maletas de forma que no nos estorben y nos tomamos el desayuno que compramos en la estación antes de subir al tren.

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El trayecto dura una hora y pico. Llegamos al aeropuerto y nos dirigimos a la zona de facturación. No hay demasiada cola, así que en seguida nos podemos librar de las maletas, solo nos quedamos con las mochilas dónde llevamos los gadgets.

Tenemos casi 2h hasta que empiece el embarque por lo que dedicamos el tiempo de espera a mirar el correo en un punto de wifi gratuito -¿porqué no harán esto en todos los aeropuertos?- Ojos que se mueven y pasear por las tiendas del Dutty Free… qué pena que no haya vuelo directo hasta Barcelona porqué vemos unos toneletes llenos de sake como los que había en los santuarios que ¡molan mucho! Pero como son de más de 100ml no podemos embarcarlos en el equipaje de mano, pero queda apuntado para el próximo viaje…  Si, habrá próximo viaje, está decidido y aún no nos hemos ido 😛

Nos tomamos un tentempié y se nos hace la hora de embarcar. Antes voy al WC y me quedo paradísima al ver una sala de lactancia y otra de ostomías. Es la primera vez en mi vida que veo algo así  y aprovecho que no hay nadie en ninguna de las salas para curiosear. Alucino al ver lo preparadas que están las salas, en la de lactancia hay hasta un calienta biberones y en la de ostomías productos para poder hacer el recambio… y en ese momento recuerdo que los japoneses fueron pioneros en ostomías (lo siento, deformación profesional…).

De nuevo volamos con British Airways y o’clock embarcamos, se nota que son ingleses 🙂 Nos lo tomamos con toda la calma posible puesto que tenemos por delante 12h de viaje a bordo de ese avión, más luego el tiempo de espera en London y el vuelo a Barcelona… prefiero no pensar en ello. El asiento no está mal en cuanto a sitio para las piernas, pero son asientos de tres. No acabamos de entender porqué hacen filas de 3 asientos en vuelos tan largos dónde debería primar la comodidad.

El viaje de vuelta se hace pesadísimo… dormimos a trompicones, hablamos de lo vivido estos días y de lo que nos espera al llegar a casa, de lo diferente que es Japón a todo lo que hemos vistos, de las cosas que nos han sorprendido… vemos fotos… escuchamos música, jugamos y vemos 2 pelis… “no debe faltar mucho ¿no?”… “¡¡arg solo han pasado 4h!” Chocado  Volvemos a mirar fotos, volvemos a jugar y a escuchar música… “¡¿falta mucho?!” … “¡uff aún 3h!” Chocado  En serio, la ida no tanto, pero la vuelta se me hace eterna ¬¬’ Y lo más sorprendente es que el japo que hay sentado junto a la ventana en nuestra fila de asientos no se ha levantado ni una sola vez al baño y ni siquiera ha cambiado de postura en las tropocientas horas que llevamos a bordo, y eso que mi marido le ha dicho en un par de ocasiones que si se quiere levantar le dejamos pasar sin problema… ¿será un ninja? Mr. Green

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Finalmente anuncian que nos aproximamos a London, ¡al fin! El aterrizaje es suave y es un alivio sentir el suelo bajo tus pies después de 12h en el aire 🙂 Desembarcamos y observamos al japo de nuestro lado, vemos que pasa de largo de un par de lavabos, madre mía… éste es ninja ¡fijo! Mr. Green  Eso o va sondado… o no sé cómo consigue pasarse casi 13h sin orinar, menuda vejiga tiene el tipo 😛

Tenemos algo más de 2h de escala que se nos hacen interminables, ¿porqué no hay vuelo directo a Barcelona? Aprovechamos para ir al baño, mirar las tiendas del Dutty Free, tomarnos unos tentempiés y tenemos tiempo hasta de aburrirnos nuevamente. Madre mía, no hemos llegado a España y esto ya es súper diferente a Japón, ¡¿casi 5€ un batido?! ¡¡Yo quiero volver al país del sol naciente!!

Al fin sale anunciada la puerta de embarque de nuestro vuelo a Barcelona. Vemos que el japo que iba a nuestro lado también está allí, por lo visto es un guía turístico que acompaña a un grupo de japos a visitar nuestra ciudad. ¡Qué gracia! Le propongo a mi marido que les advierta que vigilen las carteras y las cámaras que en nuestro país roban a los turistas Avergonzado Conseguimos embarcar y a mi lado va la típica afroamericana que mide 2×2, con mogollón de bolsas de comida basura a los pies… Ojos que se mueven suerte que este vuelo dura poco porque la mujer lo ocupa todo y me tiene tan encajada que no me puedo ni mover en todo el trayecto.

Al fin, sobre las 21,30h aterrizamos en Barcelona. ¡A estas horas ya no sabemos dónde estamos, ni qué hora es, ni siquiera cómo nos llamamos! Salimos a las 7h de la mañana de Japón y tras un día entero de viaje, más las 8h de desfase horario, llegamos a casa. Estamos realmente agotados… pero muy felices por la experiencia vivida 🙂

Recogemos nuestras maletas de la cinta que llegan intactas; cenamos un bocata rápido en el mismo aeropuerto (qué caro nos parece todo ahora) y tomamos un taxi hasta la puerta de casa. Home, sweet home! Heart Ducha rápida, llamada a nuestros padres para decir que ya estamos en casa y a dormir hasta que el cuerpo diga ¡basta! sleep

31/05/2011: regresamos a Tokyo y allí pasamos nuestro último día en Japón.

Día 16: el viaje se acerca a su fin… último día en Tokyo.

Mi marido me despierta con un “buenos días niponita” 🙂 Debo decir que es la noche que mejor he dormido desde que estamos en Japón, valoración del futón: ¡¡un 10!! Nos damos una ducha rápida… si, con el cubelete 😀 y muy a pesar nuestro no nos metemos en el onsen… Queremos salir sobre las 10-10,30h para no llegar demasiado tarde a Tokyo y poder aprovechar un poco el último día en el país nipón. ¡Ay madre qué impresión pensar que mañana cogemos el avión de vuelta a casa!

Sobre las 9h llaman a la puerta, en un momento recogen los futones y nos preparan la mesa del desayuno. Ayer ya pedimos desayuno occidental porqué no nos apetecía nada tomar sopa de pescado de buena mañana que es lo que suele llevar el desayuno japonés 😛 Nos sirven un desayuno bien copioso: huevos revueltos, frankfurt, bacon, tostadas con varias mermeladas, zumo y café con leche. Hay tanta cantidad de todo que es imposible terminarlo, y aunque nos sabe fatal dejarnos comida somos incapaces de acabar con todo lo que nos han traido.

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Una vez llenada la panza, hacemos las mochilas. Comprobamos que no nos dejemos nada y salimos hacia recepción. ¿Estarán nuestras bambas? ¡Jajaja!

Llegamos a recepción y en seguida nos viene la señora hiper-mega-amable que nos pide que la esperemos en la sala dónde estuvimos ayer para el check-in. Al momento viene con la factura para hacer el check-out. Nos pregunta si hemos estado a gusto y le decimos que es el mejor alojamiento que hemos probado nunca y que lo vamos a recomendar muy mucho, se pone la mar de contenta 🙂 Nos pregunta de dónde somos y al decirle que somos de Barcelona nos explica que tiene amigos que han visitado nuestra ciudad y que ella tiene una visita pendiente, ¡qué mona! Pagamos y salimos hacia la recepción, dónde recuperamos nuestras bambas 😀 Ya con nuestro calzado de nuevo, nos despedimos de ellos, del ryokan y del onsen con mucho pesar ¡hubiéramos hecho otra noche aquí encantadísimos! Con cientos de “domo arigato” por parte de todos, e incluso un “muchas gracias por su visita” en español por parte de la encargada, salimos hacia la carretera dónde está la parada del bus.

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la entrada del Ryokan

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Tras pocos minutos de espera, llega el bus que nos llevará a Hakone-Yumoto. Es un trayecto de unos 30’, y una vez allí cogemos el tren hasta Odawara, seguimos usando el Hakone Free Pass ya que era para dos días.

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el botón para pedir parada en el bus

Una vez en la estación de Odawara, pagamos la diferencia de precio para el billete del tren directo a Shinjuku (Tokyo), y digo la diferencia porque con el pase tenemos descuento en el tren a Shinjuku (no compramos el que lleva incluida la ida y vuelta a Tokyo porque tan solo necesitábamos el trayecto de hoy).

Éste es un tren rápido, del estilo al Shinkansen pero de otra compañía de ferrocarriles y en una hora y pico nos plantamos en la capital de nuevo.

Una vez en la estación JR Shinjuku, compramos los billetes para el Narita Exprés de mañana. Qué penita comprar ese billete… eso quiere decir que nos quedan horas en Japón, ¡uff! Tras comprarlos, tomamos un tren JR hasta la estación JR Shimbashi. Esta estación se comunica mediante túneles subterráneos y galerías comerciales con la estación de tren y metro Shiodome. ¡Es inmensa! Para la última noche en Japón escogimos el Hotel Villa Fontain Shiodome, un hotel que cuando planeamos el viaje salía carísimo pero que tras el accidente de Fukushima, y con la caída del turismo, bajaron precios y al final nos salió genial. Además está muy bien ubicado porqué se encuentra adherido a la estación de Shiodome y por tanto, a todo el transporte de la zona que te conecta con la mayor parte de Tokyo, y con varios centros comerciales muy cerquita.

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El check-in es a partir de las 15h pero nos falta una hora para poder hacerlo, así que una vez localizado el hotel echamos un vistazo a las calles de alrededor y decidimos ir a comer por la zona. Shidome es un barrio financiero y de oficinas, cuenta con altos rascacielos -para los estándares de Asia- y es una zona que se ve bastante nueva. Está ubicada entre la zona de la Tokyo Tower, Ginza y el río Sumida.

Para comer nos decantamos por un italiano dónde nos tomamos unas pizzas la mar de ricas 🙂 Decidimos volver a la zona de la estación y acabar de hacer las compras que tenemos en mente por allí. Entramos en una licorería y compramos 3 botellas de sake para regalar a los nuestros y, una de umeshu -licor de ciruela- para nosotros, a ver si hay suerte y se parece al que tomamos ayer en el ryokan 🙂

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uno de los sake que trajimos

Entre la comida y las compras se nos hacen las 15,30h, así que vamos para el hotel a hacer el check-in pensando en que esperemos que hayan llegado nuestras maletas 😛 Llegamos a recepción y en cuanto decimos el nombre de la reserva, la recepcionista nos dice que anoche recibieron nuestras maletas y que las tenemos en la habitación esperándonos. ¡Genial!

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el hall del hotel

Nos encontramos haciendo el check-in cuando se me resbala la bolsa dónde llevaba el umeshu y se me cae al suelo… con la mala suerte que empiezo a oler a alcohol que da gusto ¡OMG! La chica pensará que soy una alcohólica :S Terminamos el check-in lo más rápido que podemos y tomamos el ascensor que nos lleva hasta la 10ª planta dónde se encuentra nuestra habitación.

Se ha roto la botella en mil pedazos y suerte que la bolsa es buena y ha contenido el licor… ¡si no lo hubiera puesto todo perdido! Coloco la bolsa en la bañera y vierto allí el licor que está en la bolsa, por suerte no se ha roto ninguno de los sakes que eran para regalar.

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Una vez contenido el problemilla, me fijo en que la habitaicón es bastante grande para los estándares de Japón y que tiene unas vistas espectaculares 🙂 Mi marido ya está pegado a la ventana observando los distintos trenes que pasan por allí.

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en todos los alojamientos tienes hervidor de agua en la habitación

El plan para hoy era ver la zona de Roppongi, una zona bastante urbanita y llena de comercios… pero mi marido leyó por internet que recomendaban visitar el Sunshine City, un centro comercial con un mirador gratuito en la última planta con unas muy buenas vistas de la ciudad, y como tampoco tendremos de tiempo de mucha cosa, decidimos tomar un metro que nos lleve a Ikebukuro, y esta vez podemos disfrutar de este distrito a gusto, puesto que el día que vinimos diluviaba. Nos deleitamos paseando por sus calles llenas de luces de neón, cosplays y jóvenes cargados con carteles enormes anunciando ofertas en electrónica y cómics a grito pelao. Este barrio es del estilo a Akiha, y de hecho dicen que es la Akiba de las chicas ya que es más “tranquilo”.

Llegamos al centro comercial y como todos en Japón, ¡es enorme! Recorremos las primeras plantas y entramos en algunas tiendas a echar un vistazo y cuando está a punto de anochecer, tomamos el ascensor que lleva al mirador. ¡Qué caña de ascensor! Al entrar las paredes son blancas pero una vez se pone en funcionamiento, se encienden unas luces psicodélicas y en las paredes se ven dibujos del horóscopo, constelaciones y una música muy acorde a la situación 😀 Hay una pantallita que marca la velocidad a la que va el ascensor, y qué pasada, ¡¡alcanza los 600m/min!! Nos zumban los oídos como si fuéramos en un avión O_O

Al llegar arriba vamos dando un paseo de 360º observando la panorámica de la ciudad que hay desde sus grandes ventanales. Realmente no tiene nada que envidiar con otros miradores que hemos visitado estos días. De este modo hemos visto Tokyo desde las alturas a pleno día, de noche y al atardecer. Tres estampas totalmente distintas que recomiendo ver si se puede.

Nota: Siento la calidad de las fotos, pero mi cámara de entonces hacía lo que podía por la noche…

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En una zona del mirador hay sofás para dos personas y todo está decorado con corazones. La verdad es que es un bonito lugar al que ir con tu pareja 🙂

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Tras un buen rato admirando las vistas, volvemos al ascensor que nos lleva de vuelta a tierra.

Vamos hacia la zona de restauración ya que hemos pensado en cenar aquí. Es nuestra última cena nipona, así que no podemos ir a otro sitio que no sea a comer comida japonesa de la buena 🙂 Nos tomamos unos fideos y unos tonkatsus riquísimos. ¡Cómo voy a echar de menos la comida japo auténtica! Mr. Green

Tras la última cena en Japón, volvemos a la estación JR y allí tomamos un tren que nos lleve de vuelta hacia el hotel. Nos dejamos las maletas listas que mañana toca madrugar de lo lindo… Nos damos una ducha y llamamos a casa para decir a los nuestros que por Hakone de maravilla y que mañana ya volvemos, ¡uf qué pena!!

Mi marido se ha pasado el día de hoy diciéndome: “yo no me voy de aquí… ¡que me deporten!”, “¿y si buscamos trabajo y nos quedamos para siempre?” y “¿hay que volver al tercer mundo (España) de nuevo?” ¡Jaja! La verdad es que es tan, tan, tan alucinante todo lo que hemos visto y vivido aquí que yo tampoco quiero volver… de buena gana me quedaba, ¡amenazo con volver! Mr. Green

Nos vamos a dormir con un gran pesar, mañana tocará madrugar y el viaje de vuelta a casa será largo…

30/05/2011: el caprichazo del viaje está aquí… ¡nos vamos a Hakone a disfrutar del onsen privado!

Día 15: recorremos la zona del Mt Hakone, divisamos el Mt Fuji y disfrutamos de la mejor experiencia nipona…

Hoy nos levantamos bien temprano y de un salto. Nos espera un día muy emocionante y muy esperado en nuestra luna de miel y es que ¡¡nos vamos a Hakone y el super ryokan nos espera!! Heart Heart

Bajamos a desayunar y al terminar subimos a buscar las maletas ya que toca hacer el check-out del hotel Granbell de Shibuya. Hemos estado muy a gusto en este alojamiento y lo recomiendo. Anoche finalmente, decidimos que enviaríamos nuestras maletas hacia el hotel dónde pasaremos la última noche en Tokyo, e irnos a Hakone solo con las mochilas con ropa para dos días y todos los gadgets, para poder ir más cómodos.

Quizá os suene extraño eso de enviar las maletas, pero cuando viajas a Japón es algo habitual. Hay un par de empresas que se dedican al envío de maletas por todo el país, un servicio que aporta comodidad y practicidad muchas veces y que además está súper bien de precio. Queda claro nuevamente que Japón es un país práctico y que piensa en la comodidad Mr. Green

Bajamos a recepción, hacemos el check-out y la recepcionista nos gestionará el envío de las maletas con la empresa Yamato, nos ayuda a rellenar el formulario de envío con nuestros datos, las direcciones de origen y destino, y además llama al hotel dónde las enviamos para avisarle que nuestras maletas llegaran mañana y que nos las guarden en recepción si son tan amables.  Una vez hecho el trámite, nos despedimos de ella con un gran “domo arigato”.

La empresa más conocida y recomendada es Yamato Transport (recientemente han abierto una oficina en Barcelona) que se identifica por el logo de un gato que porta a un gatito. Os dejo el ejemplo de cómo se rellena el formulario de envío que aparece en su web. Si vais a enviar las maletas con ellos, os recomiendo llevarlo encima porque aunque los japos estarán siempre dispuestos a ayudaros, en algunas zonas el inglés es limitado y podéis pasar un mal rato. Se rellena el formulario por cada bulto que envíes, se paga en el lugar dónde lo depositas (ya sea en la recepción de un hotel, un combini o la oficina) y te quedas con una copia del formulario y del recibo del pago por si hubiera que reclamar.

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Y tras este truco, continuo con el relato…

Nos dirigimos a la estación JR Shibuya dónde cogemos la línea circular JR Yamanote para ir hacia la estación central de Tokyo, dónde tomaremos el Shinkansen hasta Odawara. Habíamos reservado los asientos la noche anterior, asegurándonos poder ir sentados en nuestro último trayecto en Shinkansen y es que hoy se nos termina el tiempo de uso del Japan Rail Pass. Para ir de Odawara a Hakone y los pueblecitos de la zona, hay montada una ruta en tren, tranvía, funicular, teleférico, barco y bus… y para tomar todos estos transportes de forma econónima han creado el Hakone Free Pass, un pase de dos días que te incluye el trayecto en todos los transportes de la zona. Puedes comprarlo en la oficina que tienen en la estación JR Odawara, o bien en la estación JR Shinjuku en Tokyo y que incluya el trayecto en tren hasta la zona de Hakone (para aquellos que no tengan el JRP activo).

Una vez en Odawara, nos compramos unas bebidas en una máquina para tomarlas mientras esperamos el siguiente tren  (ya drentro del pase) para ir a Hakone-Yumoto, dónde haremos el primer transbordo. Tomamos un tren tipo cercanías, el trayecto dura unos 30 minutos. Al llegar a Hakone-Yumoto, buscamos el andén desde el cual sale el siguiente tren hacia Gora y nos quedamos alucinados al ver el tren en qué montaremos… ¡¡es del año de María Castaña!! :O

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mosaico en el suelo de la estación de Gora

Pero aún alucinamos más cuando iniciado el trayecto vemos por dónde está construida la línea del tren. Y es que la vía pasa a través de un bosque un tanto frondoso, lleno de pendientes, dónde las ramas de los árboles tocan los cristales del tren continuamente… vamos el tren de Lleida a la Pobla de Segur es una maravilla al lado de esta 😀 Pero también hay que reconocer que ésta línea nos sube unos 300m de altitud y tiene su encanto 🙂

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Tras unos 35 minutos de trayecto por la montaña llegamos a Gora. Nada más bajarnos del tren ya vemos las indicaciones para tomar el funicular hasta Sounzan. ¡Éste sube 211 metros de desnivel en 1,2km! ¡Menuda pendiente! En unos 10 minutos llegamos a Sounzan dónde haremos el siguiente transbordo y es que ahora nos toca el teleférico 😀

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¡¡Qué pasada de vistas!!  Se ve todo el valle de Hakone desde las alturas y por lo que leíemos, en días despejados se puede ver el Monte Fuji desde aquí, pero nosotros tenemos un nubarrón justo dónde se supone que está el volcán más famoso de Japón por lo que de momento no lo podemos ver… Este lugar es impresionante y debe ser parada obligatoria para todos los amantes de la naturaleza, aunque reconozco que tienen montada una turistada tremenda con todo el tema de los transportes. ¿Turistada? Si, pero mola mucho 😛

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El teleférico tiene una parada a medio camino, dónde hacemos un alto para disfrutar de las vistas sobre el cráter creado en la última erupción del Monte Hakone hace ya 3000 años. Desde el teleférico ya podemos a ver las chimeneas sulfurosas y las minas de azufre que hay allí.

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Llegamos a Owakudani, el área alrededor del cráter dónde se pueden tomar los famosos huevos negros (cocidos en agua volcánica). Es una tradición japonesa venir al menos una vez en la vida hasta aquí para comerlos. Dicen que por cada huevo negro cocido que te comes vivirás 7 años más. Si te comes dos huevos vivirás 14 años más;  si te comes 3, 21 años; pero cuidado que si te comes 4 huevos tu hígado puede sufrir lo suyo… 😛 Es por esta tradición que esta zona se conoce como el Valle de la Longevidad.

Bajamos del teleférico, y nada más salir a la calle ya se puede notar el olor a azufre tan característico en el ambiente. Menudo olor a rancio, ya nos pica la lengua.

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En esta zona hay un ruta de unos 10 minutos a pie que permite acercarte más a la zona volcánica y situarte junto a las fumarolas. Pero por normativa de seguridad, hay un semáforo que indica los niveles de azufre en el aire y  sólo se puede hacer la ruta en función de lo que marque éste. Hoy no tenemos suerte y el semáforo está en rojo, por lo que no se permite el paso… tenemos que conformarnos con verlas desde la entrada al camino que se encuentra vallado.

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una de las muchas fuentes con agua termal que hay en la zona

Entramos en una de las tiendas dónde nos compramos un helado. Yo quiero probar los huevos pero los venden en paquetes de 4 y como a mi marido los huevos no le gustan, pues decido comprar un paquete de 6 que viene envasado al vacío para llevármelo a casa de mis padres y probarlos con ellos a la vuelta 🙂

Me siento en una de las mesas a comerme mi helado mientras mi marido va al baño y cuál es mi sorpresa cuando en menos de 2 minutos, el nubarrón que hay sobre el Mt Fuji desaparece y ¡¡se deja ver!! ¡¡Qué pasada!! Esto si que ha sido toda una suerte 🙂  Todos los allí presentes desenfundamos las cámaras para llevarnos una instantánea Guiño En esas que llega mi chico y cuando lo ve se emociona un montón también. Es difícil de explicar pero sabes que estás viendo todo un icono nipón, con todo el simbolismo que tiene el Fuji para los japoneses, y una emoción te embarga.

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Aunque estamos casi en junio la cima aún está nevada

Llevamos unos 30 minutos en esta zona y ya nos pica la lengua un montón y nos empieza a doler la cabeza por el azufre, así que decidimos volver al teleférico y seguir con la ruta.

Subimos de nuevo a una cabina y esta vez en lugar de subir, bajamos hacia la zona del Lago Ashi, en Togendai. De nuevo disfrutamos del trayecto con unas fabulosas vistas, con el lago allá abajo y el Fuji al frente. Este día está resultando uno de los más chulos del viaje. Al llegar a Togendai vemos atracado en el embarcadero el barco “pirata” que recorre el Lago Ashi de orilla a orilla tal y como ponía en la guía. Nos dirigimos al embarcadero para tomar el barquito, el siguiente transbordo en la ruta circular que recorre Hakone.

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¡¡Qué pasada, menudo lugar!! Sin duda me quedo con las vistas desde el barco, con todo el lago iluminado por los rayos del sol, rodeado de montañas arboladas, con el Fuji al fondo… ¡Realmente bonito! Además hace un día estupendo (tras el diluvio de anoche en Tokyo vaya gusto) por lo que en la cubierta del barco se está de lujo Heart

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Tras una media hora de travesía llegamos al otro extremo del lago, a la pequeña población de Hakone-Machi.
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Al fondo y a la izquierda, medio tapado por nubes se aprecia el Mt Fuji con su pico nevado

 

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Desembarcamos, y de allí vamos dando un paseo de otros 35 minutos hacia Moto-Hakone. De camino, encontramos el Hakone Check-point, un importante punto de control de tráfico a lo largo de la ruta Tokaido, la antigua vía que unía Edo (Tokyo) con Kyoto durante el período Edo. Hace unos años lo restauraron y crearon el Museo Sekisko Shioryokan, un museo al aire libre representativo del antiguo punto de control de Hakone y que muestra objetos relacionados con la vía de paso.

 

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No me pareció una visita imprescindible pero si recomendable, no solo por conocer un poco más sobre el periodo Edo si no por las fabulosas vistas del lago que hay desde aquí 🙂
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Al terminar la visita nos compramos unas bebidas en una máquina y seguimos con el paseo hacia Moto-Hakone siguiendo la antigua ruta Tokaido, la Old Tokaido, una ruta rodeada de cedros milenarios que antiguamente unía las dos capitales niponas. Qué paz se respira en este lugar, es increíble. Sin duda fue todo un acierto decantarnos por hacer esta excursión, y la volvería a hacer sin dudarlo… y eso que aún no hemos estado en el ryokan 🙂
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Llegamos a Moto-Hakone, dónde continuamos deleitándonos con las vistas del lago desde el embarcadero, el Monte Fuji se esconde de nuevo entre nubarrones… Es una pasada verte rodeado de tanta naturaleza después de varios días por la gran metrópolis.
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Junto a la estación de autobuses de Moto-Hakone, encontramos una gran torii que marca la entrada al pueblo.
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Son las 13,30h y empezamos a tener hambre. Ayer quedamos com los dueños del ryokan que llegaríamos sobre las 15,30h, así que decidimos buscar un sitio para comer antes de ir hacia allá. Nos decantamos por un pequeño restaurante con vistas al lago en el cuál vemos en su escaparate que tienen unos ramen con muy buena pinta. Entramos al restaurante y vemos que la planta baja es una tienda de productos locales y que el pequeño restaurante está en el primer piso.

Una vez pedida y servida la comida, la dueña nos viene con un recipiente lleno de cubiertos, no habla inglés pero se hace entender. Los descartamos pero como vemos la cara de la señora que no queda muy convencida, le mostramos que sabemos comer con palillos y nos aplaude ¡jaja qué maja!

Comemos con calma, disfrutando de la comida que está deliciosa y de las vistas sobre el lago que hay desde aquí. Tras la comida, la señora nos sirve un vaso de té verde buenísimo y que está incluido en el precio.

Sobre las 14,30h, nos despedimos de esta gente tan maja con un sonoro “domo arigato” (muchas gracias en japonés) y vamos hacia la estación de autobuses de Moto-Hakone. No nos acabamos de aclarar porqué en el mapa de las paradas que hay, no sale la que nos indicaban en la web del ryokan, así que entramos a preguntar al revisor que muy amablemente nos explica que recientemente han cambiado el nombre de la parada. Nos indica la línea que tenemos que tomar y nos marca en un mapa la ruta que seguirá el bus… ¡vamos como para perdernos! Le damos las gracias y salimos a esperar el bus que nos ha dicho el señor.

En esas que llegan dos buses a la vez y exactamente iguales, y nosotros pensamos “¡¿y ahora cuál es?!”. En esas que sale el hombre corriendo de la estación para decirnos cuál de los dos debemos tomar, e incluso avisa al conductor de la parada en la que tenemos que bajar por si nos despistamos. Nosotros alucinamos, ¿¡cómo pueden ser tan sumamente amables?! De verdad que tanta amabilidad hay momentos como este en que nos abruma, aquí no hace nadie eso ni de coña… Nuevamente un “domo arigato” junto a una gran reverencia porque no sabemos otra forma de agradecerle toda su ayuda. Sin él aún estaríamos dando vueltas…

Subimos al bus, y vemos que todo el mundo nos mira… y es que somos los únicos guiris que hay a bordo del bus. A estas alturas del viaje ya no nos extraña esta situación puesto que nos ha pasado en varias ocasiones a lo largo de estos 15 días que llevamos en Japón, es la repercusión turística del accidente nuclear. Muchos extranjeros han dejado de visitar el país por miedo a lo desconocido, nunca podrán imaginar el daño que hizo a este nivel el accidente de Fukushima y la gran repercusión mediática completamente errónea que hubo en occidente…

Cuando nos acercamos a la parada que nos dijo el hombre de la estación, la solicitamos por si el conductor no se acuerda, pero al bajar como debemos pasar junto a él para pasar el Hakone Free Pass por la máquina y validar el viaje, nos dice que él ya estaba pendiente de pararnos aquí, qué mono. Le damos las gracias y bajamos… hemos llegado al ryokan 🙂

La parada del bus está en la carretera, y queda justo al lado de la entrada del alojamiento. Ostras qué ganas teníamos de llegar a aquí 🙂 Pero vemos que son las 15h y nos sabe mal llegar antes de lo previsto, así que decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores del ryokan para ver qué hay por aquí. En esas que veo un cartel indicando WC. Alucino un poco porqué estamos en medio del campo, pero seguimos las indicaciones y llegamos una pequeña caseta y ante todo pronóstico de “no creo que este lavabo en medio del monte esté limpio…” , me sorprendo gratamente al verme reflejada en su suelo de lo limpio que está O_O Nuevamente alucino con la limpieza y pulcritud de los baños públicos. Vemos que junto a la caseta del “TOTO”, hay un pequeño claro con una fuente natural y un estanque de agua caliente.

 

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Nos dirigimos hacia allá y otra vez alucinamos al ver que en un claro en medio del bosque han colocado dos bancos dónde poder sentarse y… ¡¡una máquina de bebidas!! ¡Estos japos son la hostia! O_O Así que nos sacamos un café calentito de la máquina y nos sentamos a disfrutar de las vistas y escuchar los sonidos de la naturaleza.

 

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Son las 15,20h cuando vemos que se acerca un nubarrón terrible, se avecina un tormetón… Así que nos acabamos el café y nos dirigimos al ryokan. Qué emoción poder estar aquí, el caprichazo de nuestra honeymoon está a punto de verse cumplido 🙂
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Volvemos a subir hacia la carretera, la cruzamos y entramos a los jardines del Mikawaya Ryokan. Tiene una fuente preciosa frente a la entrada y el edificio es de construcción típica japonesa. Subimos las escaleras de la entrada y no nos da tiempo a llegar a la puerta que ya nos la abren con mil reverencias y palabras de bienvenida en inglés y en japonés, ¡madre mía! Les decimos que tenemos una reserva y en seguida llega la encargada del ryokan a recibirnos. Nos indica que nos quitemos las bambas y nos pongamos unas zapatillas que nos presta para ir por el ryokan. Al quitarme las bambas hago intención de agacharme a cogerlas y antes de que me dé tiempo, la señora me lo impide y llama a un botones para que nos las recoja y nos las guarde. Nos dice que si tenemos que salir a la calle las pidamos en recepción que nos las guardan allí… Ay madre que me veo volviendo a Tokyo con sus zapatillas de estar por casa, ¡jajaja!

Nos llevan a una sala con vistas a los jardines y nos pide que esperemos allí un momento. De nuevo siento que tanta amabilidad me abruma, desgraciadamente no estamos acostumbrados a este nivel…

Contaros que un ryokan es un alojamiento típico japonés. Hay diferentes modalidades, tipo albergue, casa privada con alquiler de habitaciones o tipo hostal/hotel. Puedes encontrarlos con habitaciones completas o que tengas que compartir el baño, éste puede ser termal o artificial, que estén en la calle o en una sala, de uso privado o público. Los precios son muy variables, todo depende de las comodidades del lugar y de las estrellas… los hay bien baratos, pero también los hay de gama alta como es el caso del Mikawaya.

Vuelve a venir la señora -nos dice su nombre pero no lo recuerdo-, comprueba que en la reserva que hicimos esté todo correcto, y nos explica los horarios de la cena, del desayuno y del check-out. Hacemos el check-in y luego nos lleva a hacer un tour por el ryokan. Nos enseña las diferentes estancias y salas compartidas (sala de lectura, comedor, salón…), los diferentes pisos y los baños termales. Entramos en el de mujeres y me explica cómo funciona y los pasos que hay que seguir para darte un baño típico japonés. Salimos y luego entra al de hombres con mi marido para explicárselo a él también, después de dar un grito en varios idiomas avisando que entra, no vaya a ser que haya algún hombre en pelota picada 😛

De allí nos lleva a nuestra habitación, la “Hanna 1”. Al entrar a la habitación, vemos que hay una pequeña sala intermedia, como un descansillo dónde nos dice que debemos dejar las zapatillas ya que en la habitación hay que ir descalzos puesto que el suelo es de tatami y es muy delicado. Es nuestro primer ryokan y al entrar a la habitación alucinamos en colores, ¡qué pasada, es como estar en casa de Doraemon! 😀

En el centro de la sala hay una mesa bajita con dos sillas, pero unas sillas peculiares ya que no tienen patas, solo asiento y respaldo y están sobre el suelo. Lor armarios son con puertas correderas de papel. Hay una especie de galería con una mesa y dos butacones desde los que se puedes disfrutar de la vista de la terraza y el jardín del ryokan. En esta zona, hay un lavamanos y un cuartito dónde está el TOTO, dónde hay unas zapatillas de uso exclusivo para el lavabo.

 

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tampoco a este TOTO le faltán sus botoncillos 🙂

 

Y después de enseñarnos esta parte de la habitación, salimos a la terraza. En ella hay una ducha con un cubilete y el onsen, el baño con agua termal natural proviniente del Mt Hakone.

 

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La señora nos explica que el agua del onsen está a unos 40ºC así que tenemos que tener la precaución de abrir un grifo de agua fría antes de meternos para evitar quemarnos e ir removiéndola de vez en cuando con una especie de pala de madera que hay para que se vaya mezclando y no nos achicharremos. Nos explica de nuevo que también aquí hay que ducharse antes de meterse en el onsen.

Nos pide que la esperemos un momento y en seguida llega con dos yukatas (kimono de estar por casa), y nos enseña a ponérnoslo correctamente ya que cada sexo lo cruza hacia un lado. Sale de nuevo, y vuelve con una chica más joven, quién nos dice que se encargará de nuestra habitación y que si necesitamos alguna cosa contactemos con ella en un número de teléfono. También nos explica que será quién nos traiga la cena y el desayuno de mañana y, quién nos prepare el futón para dormir. A las 19,30h servirán la cena y nos pide que estemos preparados cuando llegue esa hora. Nos dejan con un té verde y un dulce japonés para merendar y nuestro onsen esperándonos :p

Madre mía, qué mujer más amable… Los japoneses lo son, pero esta mujer supera la media ¬¬’ Una vez se marchan, nos ponemos cómodos y nos tomamos la merienda que nos han servido… y en cuanto acabamos, ¡¡nos vamos de cabeza a probar el onsen!!

Las vistas desde la terraza hacia el bosque son fantásticas. Hace fresquito en la calle y da no sé qué saber que te estás duchando en medio del bosque pero son costumbres del lugar y nosotros nos adaptamos a todo.

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las vistas desde la terraza de nuestra habitación

Una vez bien duchados y aclarados, nos metemos en el onsen y… ¡oh my good, pero qué a gusto se está! Heart Es increíble la sensación de estar oyendo caer la lluvía y tu estar en remojo en el agua calentita, menudo relax 🙂

En la habitación tenemos un panfleto con todas las propiedades terapéuticas del agua termal de Hakone.

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Nos pegamos 2h metidos en remojo en el agua caliente… se nos ha hecho de noche incluso, pero es que no hay quien salga de allí, se está súper a gusto. Verdaderamente ha valido la pena venir hasta aquí hoy y más aún dejar la visita a Hakone para el final del viaje, así nos recuperamos del cansancio de todos estos días y renovamos las pilas.

Finalmente, decidimos salir del agua que no es plan que venga la chica a servir la cena y nos pille en pelotas 😀 Nos vestimos con los yukatas que nos dejó la dueña, anda que no molan 🙂

A las 19,30h en punto, llaman a la puerta. La chica nos prepara la mesa para la cena. En un santiamén nos traen un montón de platos típicos, se trata de una degustación. Le pedimos que nos traiga un umeshu de la zona para acompañar la cena. Estamos de luna de miel, hemos podido cumplir un sueño y hay que brindar por ello 😉
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Aunque hay un par de platos que nos nos gustan, en general cenamos a las mil maravillas… podemos probar el shabu-shabu con carne de Kobe que está delicioso 🙂 Nos damos cuenta de que hay muchos platos de la cocina japonesa que aún no habíamos probado, y el umeshu que nos ha traído entra genial…

Después de cenar, vuelve la chica a retirar la mesa y las sillas, monta los futones para que los tengamos listos cuando queramos ir a dormir  y nos dice que mañana volverá a recogerlo. También nos dice que si necesitamos alguna cosa durante la noche que la llamemos al número que nos dijo antes y vendrá, ¡nos sentimos como reyes en este lugar!

Una vez se despide, no nos lo pensamos dos veces y volvemos al onsen. ¡Qué pasada¡ Menuda paz, qué relax, qué bien se está metidos en el agua calentita viendo las estrellas… hace fresquito pero al estar metidos en el agua apenas se siente. Tras otra buena hora y pico en remojo, y ya más arrugados que dos abuelos centenarios, salimos del onsen y nos vamos a dormir que hay que probar la experiencia del futón 🙂

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Hoy ha sido un día agotador pero a la vez muy gratificante, sin duda ha pasado directo al top ten de nuestras mejores experiencias viajeras y no nos cabe duda que este día lo recordaremos con gran cariño.
A eso de las 23h, nos acostamos pensando en si mañana encontraremos nuestras maletas cuando lleguemos al hotel Mr. Green

29/05/2011: día de lluvia por Shibuya, el parque Yoyogi en busca de los cosplays y cena en Ikebukuro.

Día 14: buscamos a los cosplays de Yoyogi, recorremos las calles de Shibuya bajo la lluvia y quedada para cenar truncada por el aguacero…

Hoy es domingo, se aprecia el cansancio de dos semanas sin parar y llueve a cántaros (según las noticias el tifón ha llegado a Tokyo), así que nos decantamos por no madrugar demasiado y dar un paseo con calma por Shibuya para ver bien el barrio.

Desayunamos las tortitas y el zumo natural de rigor en el bar del hotel y de nuevo nos ponemos en marcha. Vamos hacia la estación JR, nuestro punto de partida y buscamos la salida de Hachiko a ver si podemos encontrar la estatua del perro Hachiko ya que llevamos días pasando por allí, pero como hay tanta gente siempre, ¡aún no la hemos visto! Hachiko, era el perro de un profesor de universidad que acompañaba a su dueño hasta la estación todos los días dónde cogía un tren para ir a trabajar, el perro lo esperaba allí hasta que el profesor regresaba del trabajo y juntos volvían a casa.  El profesor un día, murió de forma inesperada y el perro fiel a su costumbre, siguió yendo a Shibuya a esperar a que su dueño regresara para volver con él a casa. Es una bonita historia que demuestra la fidelidad de los perros hacia sus amos y que conmovió a muchísima gente del barrio por lo que al fallecer Hachiko le construyeron una estatua conmemorativa a las puertas de la estación.  Tras rebuscar un poco entre la gente, ¡al fin la encontramos!

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Seguimos caminando por las ajetreadas calles de Shibuya y entramos en unos cuantos centros comerciales, decidimos que hoy compraremos parte de los regalitos para los nuestros aprovechando el día de tranquis. Es una pasada entrar en sus centros comerciales… ¡son todos inmensos! Hasta la tienda que parece más pequeña resulta ser un verdadero centro de 5 plantas O_O
¡Me encantan las cosas que venden y me lo llevaría todo! Compramos algunos regalos y también cosillas para nosotros. El resto de souvenirs los compraremos el último día en Tokyo.

Casi sin darnos cuenta, llegamos al Estadio Nacional de Yoyogi. En él hacen desde conciertos y espectáculos hasta competiciones importantes de artes marciales o de patinaje sobre hielo. Hoy deben celebrar algo importante porque hay una cola enorme para entrar y es imposible acceder a él sin la entrada, así que nos conformamos con verlo por fuera.

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¡Me encantan los paraguas transparentes! Todo el mundo aquí los lleva y me parecen chulísimos, lástima que no me caben en la maleta… pero para el próximo viaje buscaré el modo de traerme uno ¡jeje!

Seguimos el paseo bajo la lluvia hacia el Parque de Yoyogi. Éste es el mayor parque de Tokyo y es costumbre que los domingos vaya la gente disfrazada de sus personajes de manga o animación favoritos y se concentren varios grupos de jóvenes, y no tan jóvenes… son los conocidos cosplayers tokyotas. Pero como diluvia, ¡los únicos frikis en el parque somos nosotros dos! Eso, o no sabemos encontrarlos porqué el parque es enorme… sea como sea, nos quedamos con las ganas de verlos. Otro tema pendiente para el próximo viaje, encontrar a los cosplays de Yoyogi Mr. Green

Frikis no vemos, pero nos quedamos alucinando con el parque, esos lagos, puentes y del verdor tan espectacular, así como de lo estupendamente cuidado que está el parque, ¡qué pasada! ¡Adoro los parques japoneses!

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En una zona del parque hay un mercadillo de antigüedades y de productos ecológicos. Nos compramos unas galletas riquísimas para matar el gusanillo con un té calentito, que hoy realmente apetece.

De vuelta hacia Shibuya, vemos una tienda de vestidos de fiesta y de novia… ¡qué risa al ver los modelitos! Si lo llego a saber me compro mi vestido de novia aquí, el rosa de la planta baja o el amarillo de la más alta por ejemplo serían ideales ¡juass! Riendo

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Vemos también una Apple Store enorme, una tienda Disney impresionante, una iglesia cristiana que nos sorprende porqué no habíamos visto ninguna aún… y con este cartel también nos reímos un montón: “niños kinki”, ay madre si supieran lo que significa kinki aquí… :p

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Vamos caminando de nuevo hacia la JR Shibuya y decidimos comer cerca del hotel porqué diluvia y vamos mojados hasta las trancas a pesar de llevar el paraguas y el chubasquero. Entramos en un bar de tempuras y tras una comida deliciosa, volvemos al hotel a secarnos.

Al llegar al hotel, vemos que la pareja con la que compartimos el inicio del viaje, nos han enviado un mensaje por Facebook para quedar esta noche para cenar juntos ya que ellos también están en Tokyo, quedamos a las 19,30h en Ikebukuro, en una salida determinada porque la estación es enorme (¡como todas allí!).

Pasamos la tarde de perreo y preparando las maletas porqué mañana cambiamos de zona y hemos decidido llevarnos solo las mochilas a Hakone y enviar las maletas al último hotel de Tokyo para evitar ir cargados en los tres mil transportes que cogeremos estos días… ¡¡Qué ganas de ir a Hakone, es nuestro caprichazo del viaje!! Pero no adelanto acontecimientos :p

Cuando se acerca la hora de la quedada, nos arreglamos y cogemos el metro hacia Ikebukuro. Llueve un montón, las calles tienen ¡medio palmo de agua! Tras más de 45 minutos de espera en el lugar acordado y de empaparnos de arriba a abajo sin que la otra pareja aparezca y sin poder contactar con ellos porqué sus móviles no funcionaban en Japón, decidimos ir a buscar un sitio para cenar nosotros. Nos decantamos por un italiano que tiene muy buena pinta a pocos metros de la JR Ikebukuro.

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Hay bastante jaleo porqué hay un grupo de adolescentes que celebran algo y menudo jolgorio tienen montado 🙂 Antes de irnos, voy al lavabo y al pasar por delante suyo me llaman para que me gire hacia ellos, lo que no se esperan es que me acerque a ellos y les salude en inglés, ¡tendríais que haber visto su cara de corte total, jaja! Pero ellos me dejan más alucinada a mi cuando los chicos me preguntan si soy un manga ¡jaja, qué risa por favor! Chapurreando me dicen que tengo los ojos de chica-manga, ¡me parto yo sola! Y las chicas me miran muy mal, se deben pensar que me quiero ligar a algún chico… ¡pero si podrían ser mi hermano pequeño! Me voy al lavabo y al volver se lo explico a mi marido que se parte de risa. Al irnos, los chicos me vuelven a llamar y mi chico en broma les dice en inglés, “¡eh! cortaros que es mi chica” con lo se quedan súper cortados y esta vez son las chicas las que sonríen 😀 Los camareros que se han dado cuenta del cachondeo que se traen se parten y nosotros aún más, ¡vaya pavo que tienen! Está claro que el pavo en la adolescencia es universal :p

Al salir vemos que aún llueve con más fuerza y ahora ya hay casi un palmo de agua en el suelo… ya no sirven de nada los paraguas, así que salimos corriendo hacia la estación de tren, suerte que no nos habíamos alejado demasiado. Cogemos la línea JR Yamanote hasta Shibuya y allí de nuevo, salimos volando hacia el hotel. Estamos un poco preocupados porqué no haya algún problema por ir a Hakone con este tiempo, al ser montañoso no sabemos cómo habrá afectado el tifón allí…

Les mandamos un mensaje a la otra pareja por FB preguntándoles si han tenido algún problema y explicando que tras más de 45 minutos bajo la lluvia esperando y calados hasta las cejas, nos habíamos ido a cenar y que ya quedaríamos otro día si querían, no nos contestaron así que no sabemos qué ocurrió…

Hablamos con nuestros padres ya que en Hakone no tendremos internet y nos vamos pronto a dormir que mañana nos tocará madrugar bastante, aunque no dolerá demasiado sabiendo que nos espera nuestro querido ryokan con ¡¡¡onsen privado!!! ¡¡¡Si, el caprichazo de nuestra luna de miel!!! Aplauso Aplauso

28/05/2011: visitamos el Museo del Ferrocarril de Omiya, el parque de atracciones Tokyo Dome y un Love Hotel :p

Día 13: como niños en el Museo del Ferrocarril y en el Tokyo Dome… y probamos la experiencia de un love hotel 😀

Antes de explicaros la etapa de hoy, tengo que decir que a mi marido le encanta todo lo relacionado con el mundo del ferrocarril. Su abuelo era ferroviario y a mi chico, desde muy pequeño le encantaba ir con él a ver las vías, los trenes, las  estaciones y le encantaba que su abuelo le explicara cosas sobre trenes. A medida que fue creciendo, le siguió gustando ese mundillo y conoce muchísimo sobre el tema, por lo que siempre que podemos visitamos museos del ferrocarril. Conociendo su afición, el día de la boda le regalé una maqueta de la primera locomotora a vapor que consiguió el récord mundial en velocidad, junto a un vale por una visita al Museo del Ferrocarril de Tokyo, uno de los más grandes del mundo, y que hasta el día de la boda él no sabía que había incluído la visita en el itinerario 🙂

Así que podéis imaginar la cara que puso cuando ese día al levantarnos, le dije que la visita al museo tocaba hoy. Estaba muy emocionado. Tras un desayuno rápido, nos vamos para la estación JR Shibuya. Tomamos un tren hacia la zona norte de la ciudad y de allí otro tren JR hasta Omiya, en la prefectura de Saitama.

Hace días que nos fijamos que en las estaciones de metro y en algunos centros comerciales hay un cartel promocional de un cantante con pinta de volver locas a las jovencitas… anoche estuvimos escuchando su canción promo y ¡nos partimos de risa! Os dejo un enlace para que podáis escucharla, así como una foto del cartel 😀

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Tras una media hora de trayecto llegamos a la estación JR Omiya y ya vemos las indicaciones para el Museo del Ferrocarril. Debemos coger un monorail que hace de lanzadera con el museo.

Cuando llegamos vemos que ya pinta chulo… el suelo de la entrada está hecho con paneles informativos, ¡qué original! Hay alguna locomotora fuera y aquí empiezan las fotos 🙂

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Compramos las entradas (1000¥ pp) en las máquinas que hay en la entrada, lo que agiliza bastante el proceso porqué hay bastante gente… Aunque pueda parecer difícil ya que a simple vista solo ves kanjis, es bastante fácil ya que hay un cartelito en inglés con el paso a paso.

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Mi marido va con los ojos como platos mirándolo todo 🙂 Disfruta como un niño y la verdad es que yo también porque el lugar es muy interesante. El museo fue inaugurado en 2007 y cuenta con una superficie total de 28.200 m2.

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Fue construido en un antiguo almacén adherido a la estación JR Omiya y, cuenta con 3 plantas enormes y un gran parque dónde también hay atracciones, se puede hacer picnic y actividades con los más peques. Es un lugar muy dinámico ya que además de tener decenas de trenes, vagones y locomotoras a los que se puede subir, se puede “jugar” con la maquinaria a modo de “acelerar – frenar” mientras ves como funcionan los pistones, el motor, los frenos… tienen una locomotora de vapor antiquísima en el centro que cada hora la encienden para que se pueda escuchar su motor soplar, ¡qué pasada! Me recuerda mucho a la maqueta de la locomotora que le compré para la boda 😀
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La planta baja está repleta de de trenes japoneses de todas las épocas por lo que puedes ver la evolución que ha habido en el país.
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Celebran el aniversario del 1r Shinkansen (tren bala) y por eso podemos verlo allí expuesto. Al parecer el primer tren bala lo diseñaron en 1941 pero al estallar la Segunda Guerra Mundial y verse el país implicado, se paralizó su construcción. De forma que hasta 1954 no empezaron la construcción de la primera línea que uniría Tokyo con Osaka, que uniría dos de las principales ciudades niponas y que cruzaría la isla central del país. Y fue en 1964 cuando el Shinkansen hizo su primer trayecto entre Tokyo y Osaka. Todo un avance si tenemos en cuenta que ya el primer modelo iba a ¡más de 200km/h!

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el morro psicodélico del 1r Shinkansen

Tras un par de horas buenas entre esas locomotoras y vagones, subimos a la segunda planta dónde hay exposiciones de uniformes, paneles informativos, billetes de tren, la evolución de las tarjetas electrónicas para pagar, maquetas de trenes, instrumentos ferroviarios, etc…. y además con unas vistas geniales sobre la planta baja.

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En un mostrador hay un señor que monta maquetas, ¡qué pasada! Son todas chulísimas y de vez en cuando enciende alguna para que circule por unas vías que recorren toda la exposición 🙂

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Subimos al tercer piso dónde hay un mirador desde el cual se ve todo el museo así como la antigua estación que allí había y en otro apartado, hay vías con sus cambios de agujas, ruedas… de todo un poco para que la gente pueda “aprender tocando”. A la parte de la calle no salimos porque llueve a cántaros hoy…

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Se hace la hora de comer pero el restaurante de allí está a rebosar de gente, por lo que tomamos de nuevo el monoraíl y comemos en la estación de Omiya antes de coger el tren de vuelta a Tokyo.

De camino recordamos que en uno de los trayectos de tren que habíamos hecho vimos un parque de atracciones y decidimos ir a buscarlo. Así que bajamos en la estación JR Suidobashi desde dónde se divisa el lugar, y vamos hacia el Tokyo Dome City. Se trata de un complejo de ocio que incluye varias tiendas de cómics, un estadio cubierto dónde hacen conciertos, espectáculos y también partidos de béisbol (los japos son muy aficionados a este deporte); también tiene un mega centro comercial, un spa y un parque de atracciones impresionante.

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esaparate de una tienda de cómics

 

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el estadio Tokyo Dome

Conforme nos acercamos alucinamos con su montaña rusa, ya que además de tener varios looping’s bien chulos, tiene un trozo de vía que cruza ¡literalmente un edificio!!

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Vemos que están haciendo un espectáculo para niños y aquello está a petar de gente 🙂 El parque de atracciones tiene una gran noria que ¡también la cruza la montaña rusa!, algunas atracciones para niños y una de agua que tiene muy buena pinta.

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La pena es que por lo visto hubo un accidente mortal en el parque a primeros de año y está cerrado al público por la investigación que se lleva a cabo pero hay un cartel informativo que explica que lo abren de nuevo el día 1 de junio, qué pena porqué ese día volvemos a casa… Así que nos quedamos con unas ganas terribles de subir a esa pedazo de montaña rusa 😦 Por lo que va directa a la lista de pendientes para un próximo viaje.

Tomamos un café con una caracola rellena de canela y pasas, ¡riquísima! en una cafetería dónde podemos descansar un poquito ya que llevamos todo el día de pie… De vuelta a la estación de tren, vemos una tienda de Bubba Gump. ¡Qué gracia!  Es una mezcla entre bar de tapas y tienda de souvenirs con el logo Bubba Gump y veo que dentro tienen hasta la réplica del banco y el maletín dónde se sentaba Forrest Gump a explicar su historia 🙂 Luego descubrí que hay restaurantes de la cadena Bubba Gump en algunas de las grandes ciudades del mundo (como NY, LA…).

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Volvemos al metro y decidimos ir al hotel a descansar un poco. Son muchos días de tute y madrugones y a estas alturas estamos cansaditos… De nuevo JR hasta Shibuya y de allí a nuestro hotel que está a 5 minutos a pie de la estación.

Nos echamos una siesta y después pensamos en probar una experiencia muy friki… vamos a ir a un Love Hotel para ver cómo son 😛 Así que antes de salir, nos documentamos bien por internet sobre dónde se encuentran los Love Hotel de Shibuya.

A eso de las 20h, salimos a cenar y nos decantamos por un sitio de ramen cerca de la estación JR y luego damos un paseo por el barrio, nos encanta recorrer este lugar por la noche ya que están todos los carteles publicitarios encendidos, hay luces de neón por doquier y gente a diestro y siniestro 🙂 Además, se nota que hoy es sábado porqué hay mucho más ambiente por sus calles.

Tras la cena, seguimos dando un paseo hasta entrar en las callejuelas dónde se encuentran los Love Hotel del barrio. Hay que decir que los japos son bastante viciosillos pero son muy discretos y puritanos en público, es raro ver a una pareja dándose un beso o cogidos de la mano por la calle por ejemplo, por lo que han inventado este tipo de hoteles dónde puedes coger una habitación para toda una noche o sólo para unas horas e ir con tu pareja y tener intimidad. Los hay de todo tipo, sencillos con solo la cama y un wc, con jacuzzi en la habitación, con karaoke y consola, con tele y DVD, temáticos dónde puedes pedir disfraces… y la verdad es que están muy bien de precio. En pocas calles tienes concentrados prácticamente todos los hoteles de este tipo. También los encontrarás en barrios como Shinjuku, Ikebukuro o Akiba.

Además son muy discretos. Junto a la puerta tienes un cartel informativo con el precio aproximado y unos dibujos con todo lo que tiene la habitación. Cuando entras, hay un plafón grande con fotos de las habitaciones y el precio. Si la luz está encendida es que está libre, si está apagada es que está ocupada. Una vez te decides por una, solo tienes que pulsar sobre la foto y automáticamente le sale una señal a la persona que hay en la recepción. Te diriges a ella, pero no te ves con esa persona ya que tienen un cristal opaco para que no se distingan las caras. Te da la llave de la habitación con las indicaciones para llegar, pagas y te dice el tiempo del que dispones en función de lo que pagues.

Nosotros fuimos a uno con jacuzzi en la habitación. También tenía una pedazo de tele de plasma con varios canales “x”, con karaoke, un sofá y luego había un tocador con secador y amenities de todo tipo. Junto a la cama había un pack con toallitas húmedas y varios preservativos. Vamos que está claro para lo que son estos hoteles… son hoteles picadero :p

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Tras las fotos de rigor a la habitación, probamos el jacuzzi. Qué risa pasamos porqué al encender las burbujas se apagó la luz del baño y se encendieron unas luces psicodélicas dentro de la bañera ¡jaja!

Tras el rato pagado por la habitación, dejamos la llave en la recepción -de nuevo sin tener contacto visual con la persona responsable-. Al salir vimos a varias parejas cogidas de la mano en búsqueda de su Love Hotel Ojos que se muevenHeart Nosotros volvemos a nuestro hotel que es dónde tenemos pagada la noche y ya toca descansar :p

27/05/2011: conocemos la tradicional Yanaka, disfrutamos como niños en el zoo y aún más en Akihabara

Día 12: nuevo día en Tokyo recorriendo Yanaka/Nippori, el Ueno Koen y el distrito de la electrónica por antonomasia: Akihabara.

 

Hoy volvemos a visitar el Tokyo más tradicional y para ello iremos a la zona de Nippori y recorreremos las apaciguadas calles de Yanaka. Así que tras desayunar vamos a la estación JR Shibuya y tomamos de nuevo la línea circular JR Yamanote hasta la estación JR Nippori. Éste es un barrio muy tranquilo, formado por casitas bajas y ningún rascacielos… parece un pueblo dentro de la gran metrópolis y es que a pesar de que el gran terremoto de Kanto de 1923 y los bombardeos americanos en la II Guerra Mundial dejaron pocos edificios antiguos en la ciudad, en Nippori aún quedan alguos vestigios del pasado, con casas antiguas y decenas de santuarios y templos repartidos por sus tranquilas callejuelas 🙂

Salimos de la estación y nos dirigimos hacia el cementerio de Yanaka, el más grande de Tokyo. Yanaka es un barrio ubicado en el distrito de Nippori que data del periodo Edo (1603-1867). A pocos pasos de la estación JR se encuentra el Templo Tennoji en el cual no se puede entrar pero si visitar sus jardines que como todos en Japón, ¡son preciosos!

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Caminamos por unas callejuelas por las que no pasa ni una alma, hasta llegar al Cementerio de Yanaka, repleto de tablas de madera y lápidas conmemorativas, algunas datan de finales de 1800… Atravesamos el cementerio por su calle principal hasta llegar a un barrio residencial.

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Ya habíamos visto algún cementerio en Kyoto pero no habíamos caminado por ninguno y es realmente sobrecogedor, cuanta calma se respira en el lugar… el aroma de los inciensos llena el ambiente. Hay poca gente por aquí, y los que encontramos son japoneses que van a visitar las tablas de sus difuntos. El cementerio está repleto de cerezos, lástima que ya ha pasado la floración porque en pleno hanami debe ser espectacular…

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Continuamos el paseo y llegamos a Yanaka Ginza Street, una gran calle repleta de tiendas de barrio, pequeños comercios de comida preparada, pescaderías, fruterías pequeñas y realmente auténticas. No nos acabamos de aclarar de por dónde debemos tirar para seguir la ruta que teníamos pensada, así que desandamos lo andado y volvemos a la estación de JR Nippori. Allí tomamos el tren de nuevo para ir al distrito de Ueno.

Junto a la estación se encuentra el Ueno Koen, uno de los mayores parques de Tokyo y en el que se encuentran algunos templos, el zoo, el Museo Nacional de Tokyo, el Museo Nacional de Ciencia de Japón, el Museo Nacional de Arte Occidental, un gran lago y una sala de conciertos, ¡ahí es ná!

Vamos dando un paseo por el parque de Ueno con intención de visitar uno de los grandes santuarios japoneses, el Ueno Toshogu, pero está en obras de restauración y nos tenemos que conformar con ver la lona que lo protege con un gran mural del templo,  pero si podemos disfrutar de las decenas de lámparas de piedra que hay bordean el camino al templo.

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Seguimos paseando, vemos a grandes grupos de escolares que están de excursión, una zona de ferias y llegamos a la altura del Zoo. En principio no teníamos pensado entrar pero al final decidimos hacerlo. No hemos ido a un zoo desde que éramos bien pequeños (con el cole) y nos hace gracia entrar, además es uno de los pocos zoos del mundo en los que se pueden ver osos panda.

Antes de entrar, compramos en una tienda chiquitita justo al lado del zoo unas galletas rellenas de chocolate con forma de panda, típicas del parque. Empezamos a tener hambre y aún falta un rato para comer… ¡están riquísimas!

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¡la bolsa ya es lo más!

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las galletas molan mucho 😀

Pagamos la entrada que es mucho más económica que la del zoo de Barcelona, todo hay que decirlo… y ¡entramos!

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me encantan los escolares japoneses, todos con su uniforme y las gorras del mismo color 🙂

Es un zoo bastante grande, nada más entrar vemos unas cuantas especies de pájaros y nos ponemos a hacer cola para ver a los panda. Aunque hay bastante cola, avanza rápida y en seguida pasamos a ver los osos, no habíamos visto antes y ¡¡son súper chulos!! Tienen pinta de ser mimosines, aunque los pillamos echando la siesta. Uno de ellos parece que esté “sentando la cabeza” ¡jaja! Fotos de rigor y seguimos con la visita, contentos por habernos animado a entrar.

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De allí vamos a ver los leones y los tigres. Luego vemos los gorilas que son muy graciosos, hay uno que no deja de echarse paja encima y de vez en cuando para y mira a la gente como buscando su aprobación 🙂 Y el otro lleva una toalla sobre los hombros, como si viniera del onsen 😀

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Vemos los elefantes que se acercan a saludar a la gente, y los monos japoneses, como los que vimos en el Monkey Park de Kyoto, pero nos fijamos en que hay dos que parece que estén haciendo “guarreridas españolas” ¡cómo nos reímos! Opinad vosotros mismos… :p

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Nos sorpende ver en la zona del aviario un templo hinduísta… no habíamos visto ninguno antes y nos sorprende su estilo “más recargado”.

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Vemos que hay un chiringuito para comer y como son las 14h y ya aprieta el hambre, compramos unas “Coras” (Coca-Cola®), unos yakisoba (si, somos adictos al yakisoba 😀 ) y un par de perritos calientes… ¡¡viva la dieta!! Eso sí, está todo súper bueno y nos sale bien barato.

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Después de comer seguimos con la visita al zoo. Con los pingüinos nos pasamos un buen rato, nos recuerda a la peli Madagascar, están todos en fila y no dejan de mirar a la gente del palo “sonreíd y saludad, chicos… sonreíd y saludad…” ¡jaja!

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Entramos a la zona de los animales que necesitan menos luz y vemos un zorrillo como Timón, de la peli el Rey León que está ¡posando a la gente! Si, si, como lees, está todo tieso y cada “x” segundos gira la cabeza y se queda muy quieto para que la gente pueda fotografiarlo, y repite el gesto hacia todas las direcciones, qué curioso…

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Seguimos con la visita, vemos a varias especies de animales hasta llegar a los lemures y de nuevo nos acordamos de la peli Madagascar y su “¡yo quiero marcha, marcha!” y la mítica frase “son una panda de panolis” :p Como veis nos echamos unas buenas risas… ¡igual que niños!

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Luego vemos la zona de los reptiles dónde hay un cocodrilo de más de ¡7m! Uf, encontrarse un bicho así tiene que dar miedito ¡¿eh?!

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Antes de terminar la visita hacemos parada en boxes (wc, refresco y un heladito), y salimos del zoo para seguir recorriendo el Ueno Park, dónde encontramos algún templo más.

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nos sorprende esta bebida con sabor a almendras porqué está producida por Schweppes y embasada por Coca-Cola…

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el día está nublado y ante la amenaza de lluvia han cubierto los fanalillos de papel 🙂

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Como aún es pronto, decidimos modificar un poco la ruta programada y decidimos visitar un distrito más, Akihabara o el de la electrónica, conocido por los tokyotas como Akiba. Así que volvemos a la estación JR y tomamos el tren de la línea Yamanote hasta la estación JR Akihabara.

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Éste es otro de los famosos distritos repletos de luces de neón y pantallas de televisión enormes, de tiendas de electrónica y cuando digo tiendas, son verdaderos centros comerciales de electrónica en cada número de cada calle, ¡realmente impresionante! Un paraíso del merchandising y de los videojuegos que incitan al consumismo de una forma impresionante… o_O

Pasear por sus calles es increíble, ya no solo por sus comercios si no porqué en las calles hay chicos y chicas disfrazados de todo lo imaginable haciendo publicidad, los dependientes salen de las tiendas y gritan sus ofertas, hay carteles de promociones por todos lados y pantallas de televisión enormes en los que anuncian sus productos de forma muy llamativa. Nos deleitamos paseando por sus tiendas y a pesar de que es muy muy tentador no compramos nada. Aunque no tengas intención de comprar electrónica, cómics o gadgets, el barrio bien merece una visita porqué es ver para creer.

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Entramos a los grandes almacenes Yodobashi (ya habíamos ido al de Kyoto) y ¡qué pasada,  8 plantas del tamaño de un Corte Inglés® repleto hasta la bandera de gadgets y electrónica! Me miro con detalle las cámaras de fotos reflex, y realmente valdría mucho la pena (hay hasta 200€-300€ de diferencia con los precios de aquí) pero los menús solo están en japonés con lo cual sería harto complicado poder usarlas… así que me quedo con las ganas 😦 Lo que si compramos es un pen-drive de 64GB por unos 50€, ¡alucina!

Vemos que en la misma estación JR Akihabara hay un americano con una pinta tremenda, así que decidimos cenar aquí. Nos pedimos una carne a la brasa con un arroz gohan (estos japos no olvidan el arroz blanco ni al cenar americano…) ¡está todo riquísimo! Cenamos hasta los topes… Una vez llenamos la panza, tomamos el tren JR Yamanote de vuelta a Shibuya.

Al llegar a la estación de Shibuya, a punto de bajar del tren veo de refilón a Carles Puyol en un anuncio por la ventana… me quedo súper pillada ¬¬’  Al bajar del vagón le digo a mi marido: “¡¡acabo de ver a Puyol en un anuncio!!”, él no se lo acaba de creer así que esperamos a que se vaya el tren del andén y efectivamente, hay un anuncio en el que salen varios jugadores del Barça 😀 Ahora entendemos porqué cuando decimos que somos de Barcelona nos contestan “¡Barça!” y es que los tienen hasta en los anuncios del tren 🙂

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Y tras este “encuentro”, volvemos al hotel que ya toca descansar después de otra gran caminata por Tokyo, además mañana le espera una gran sorpresa a mi marido Aplauso

26/05/2011: los contrastes de Tokyo, del Palacio Imperial al bullicioso -y vicioso- Shinjuku, con terremoto incluido!

Día 11: recorremos el parque del Palacio Imperial y conocemos el bullicioso distrito financiero de Shinjuku.

Amanece un nuevo día en Tokyo! Esta madrugada me levanté al WC y al volver a la cama vi que la lámpara del techo se movía… pensé que eran imaginaciones mías e incluso me puse las gafas para verlo bien, y efectivamente no solo bailaba la lámpara (cada vez más rápido) si no que también vibraba la pared. Recuerdo que le dije a mi marido: “¡¿se está moviendo la lámpara?!” y él dormido profundamente me contestó “si, hay un terremoto, duérmete”… me dejó alucinada Chocado parece que hasta su subconsciente estaba mentalizado de ello :p Tras unos segundos, dejó de temblar todo y yo volví a dormirme. Al despertar por la mañana le expliqué lo ocurrido y alucinaba con la respuesta que me dio 😀

Bajamos a desayunar al bar del hotel esas deliciosas tortitas que preparan y ya con las pilas cargadas, salimos de nuevo a continuar recorriendo la ciudad de Tokyo. Hoy visitaremos los jardines del Palacio Imperial (el Palacio está cerrado al público salvo dos días al año, ya que es la vivienda oficial del emperador y su familia). Para llegar a allí, tomamos la línea JR Yamanote en la estación de Shibuya y bajamos en la estación central de Tokyo. Vamos dando un paseo desde la estación hasta la zona del Palacio mientras nos deleitamos con los rascacielos que nos rodean y con la curiosa forma de construirlos que tienen, usando andamios de bambú ¡guau! Esta zona está completamente en obras y es que están reformando la estación JR Tokyo, una de las más antiguas de la ciudad, y sus alrededores. Cuando esté terminada seguro que es impresionante. La estación en si, es enorme y pasas varios minutos caminando para ir de una salida o de una línea a otra.

Tras unos 20 minutos caminando por la zona, llegamos al Palacio. ¡¡Es realmente impresionante!! Con esa construcción tan tradicional y esos fabulosos jardines tan cuidados, es un lugar muy bonito 🙂

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Nuevamente, sorprende ver esa estampa tan tradicional rodeada de rascacielos y edificios modernos, pero ¡¡así es Tokyo!! Amistad

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En los jardines que rodean al Palacio vemos a algunos “indigentes” y digo indigentes entre comillas porqué la mayoría van trajeados y simplemente están allí pasando el tiempo, no se acercan a pedir limosna ya que para ellos es una gran deshonra estar sin trabajo y más aún pedir, así que si te acercas y les das algo lo aceptan encantados pero si no, no te piden nada ni te molestarán. Como os digo, muchos van trajeados porqué suelen ser gente humilde que se ha quedado sin trabajo, para ellos es tal la deshonra de no trabajar que ni siquiera se lo comunican a sus familias, y cada día se levantan a la hora de siempre y salen de casa como si fueran al trabajo, pero pasan las horas en parques, y vuelven a casa cumpliendo el mismo horario que si hubieran ido a trabajar. ¡Es increíble hasta dónde llega el concepto de honor japonés! Chocado

El Palacio está rodeado por un gran foso con agua, vamos recorriendo el parque junto al foso hasta llegar a los puentes Nijubashi y un poco más adelante a la Puerta de Otemon.

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La entrada al jardín del Palacio es gratuita. Recorremos tan solo una parte del parque porqué es enoooorme y ya llevamos un buen rato andando bajo una solana importante, menuda chicharrina y solo estamos en mayo…

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Pasamos por al lado del Budokan, un gran pabellón de artes marciales. No se ve nada porqué está vallado pero si que se escuchan los “hiaaaaa” de los que entrenan ¡jajaja! Tras un buen paseo, decidimos dar la vuelta y salir de nuevo hacia la estación JR Tokyo.

El plan era ir a Omotesando, un distrito bastante nuevo y dedicado al comercio pero decidimos que en lugar de eso, nos vamos a conocer Shinjuku. Es lo bueno de viajar por libre, que puedes cambiar la ruta según lo que más te apetezca en cada momento… Cogemos de nuevo la JR Yamanote hasta la parada JR Shijuku.

Veréis que la mayoría de los trayectos en Tokyo los hacemos con las líneas JR, en especial la Yamanote que es la línea circular. Hay muchísimas líneas más, tanto JR como de metro que conectan todos los puntos de la ciudad, la cuestión es que como aún tenemos activo el Japan Rail Pass los trayectos en trenes JR nos salen gratis… por eso, siempre que podemos tiramos de él, aunque en ocasiones sería más rápido usar líneas de metro privadas.

Shinjuku es el más importante distrito administrativo de Tokyo. Su estación JR es una de las más transitadas del mundo, con un promedio de ¡3 millones de pasajeros al día! Realmente es una estación impresionante, en ella se pueden tomar trenes a casi todos los puntos del país, cuenta con muchísimas tiendas y restaurantes de todo tipo y más de un centro comercial adherido a ella. Sus salidas están distribuidas en tres alas principales (este, oeste y sur) y decenas de salidas secundarias para cada orientación. Así que es imprescindible tener muy claro hacia dónde te vas a dirigir y qué salida debes tomar porqué si no es fácil salir por el lugar equivocado, y pegarte media hora caminando para cruzar la estación de punta a punta… ¡como para ir con prisas, vaya! ¬¬’

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el logo verde JR es común para todos los trenes y estaciones de la compañía Japan Railways

Es la hora de comer, así que entramos en un bar de tonkatsus y tomamos un menú delicioso por ¡unos 7€ los dos! ¿¡Quién dijo que Japón es caro?!

Luego, salimos a la calle por la salida sur para ver la zona de los grandes almacenes Takashimaya y Tokyu Hands así como la Terrace City, una zona elevada que cuenta con varios bares y restaurantes con unas buenas vistas de esta zona de la ciudad. Intentamos encontrar el acceso al Shinjuku Koen, el parque más grande del distrito y uno de los más grandes de Tokyo, y aunque localizamos el parque, está vallado y no encontramos la entrada, eso o ya ha cerrado porque son las 17h. Así que tras un buen rato dando vueltas, decidimos entrar de nuevo a la estación para dirigirnos a la salida oeste, dónde se encuentran los grandes rascacielos de Shinjuku.

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Damos un paseo por entre sus edificios que a cuál más llamativo y curioso, hasta llegar al edificio del Gobierno Metropolitano de Shinjuku. También conocido como el TOCHO, se trata del centro administrativo más importante de Tokio.

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Construido en 1991, fue el edificio más alto de Japón hasta que en 1993 la Landmark Tower de Yokohama le quitó el primer puesto. En el último de sus torres gemelas hay un mirador desde los cuales se tienen una fantásticas vistas sobre la ciudad e incluso del Monte Fuji en días despejados. La entrada a los miradores es gratuita y se puede acceder de 9,30h a 23h, excepto algunos días de Navidad.

Tal y como recomendaban las guías, nos decantamos por subir a la torre sur. Así que subimos por los ascensores que nos indican hasta el piso 45. ¡Las vistas desde aquí son espectaculares! La pena es que el día está muy nublado y no conseguimos ver el Mt Fuji. Pero si distinguimos los edificios, parques y templos más importantes de la ciudad, realmente se pierde la vista en el orizonte, ¡esta ciudad es enorme!

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Antes de irnos vamos al baño y nada más entrar, me doy cuenta de que el agua de la taza del “Toto” vibra y gira de una forma peculiar. Toco la pared y noto que también se mueve. Cuando salgo del baño, veo a mi marido con una mano sobre la pared que me dice con cara de preocupación: “vibra”, seguido de un “¡¿qué hacemos?!” Chocado Le digo que lo mejor es observar qué hacen los locales e imitarlos. Vemos que nadie se inmuta pero han cerrado los ascensores provisionalmente, así que decidimos sentarnos en la cafetería que hay en el mirador a tomamos un café y seguir observando qué hacen los japoneses que hay a nuestro alrededor, pensamos que si ellos se muestran tranquilos debe ser un terremoto leve. Vemos que nuestro café vibra en la taza durante unos minutos, igual que “bailan” los edificios que nos rodean. Realmente es asombroso… ¡estamos en un piso 45 de altura sintiendo un terremoto y no nos hubiéramos dado cuenta de ello si no hubiéramos visto el agua vibrar! Y asombrosa también la calma con que se lo toman los japoneses, se nota que están más que acostumbrados. Por la noche veríamos por internet que se trataba de un terremoto de 5,3º en la Escala Ritcher, y ellos tan panchos…

Cuando cesa el terremoto ponen en marcha los ascensores de nuevo. Nos terminamos nuestros cafés y bajamos de nuevo a la calle.

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No podemos evitar mirar arriba y pensar en que hemos sentido un terremoto estando allí… Ver para creer. Caminamos de nuevo hacia la zona de la estación, pero esta vez nos dirigimos a Kabukicho, el barrio rojo de Shinjuku.

A pocas calles de la estación, este barrio es conocido por sus sex-shops y clubes. También cuenta con una gran cantidad de tiendas y restaurantes por lo que es una gran zona de ocio dentro del distrito de Shinjuku.

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Es impresionante la cantidad de sex-shops que hay aquí, pero todos del tamaño de un ¡Corte Inglés, con plantas y más plantas repletas de vicio! :p Allí las mujeres sólo pueden entrar a los pisos destinados para juguetes femeninos y los hombres a los masculinos, así que es una intriga lo que venden para cada sexo :p Nosotros entramos en un par de ellos por ver el ambiente de estos lugares y realmente sorprende la cantidad de juguetes, disfraces y pelis que venden en estas tiendas. Tengo que decir que me siento observada en los sex-shops, no deben estar acostumbrados a ver a una occidental mirando lo que venden :p Hay muchísimos locales con cabinas para ver porno, curiosamente sólo para hombres, salas de strip-tease, love hotels,  prostitutas y tipos que las vigilan por la calle… Aunque dicen que es un lugar seguro y sé que estoy en Japón dónde la delincuencia es mínima, este sitio no me inspira confianza y tampoco tenemos intención de comprar nada, por lo que no estamos demasiado tiempo recorriendo esta zona.

A eso de las 19h, volvemos de nuevo a la estación y cogemos de nuevo la línea JR Yamanote para volver a Shibuya. Ya en “nuestro barrio”, cenamos en una taberna unas tapas japonesas acompañadas por unas cervezas. Con la panza llena, regresamos al hotel después de todo un día de caminata por esta gran ciudad.

Como cada día, aprovechamos el ratito de antes de ir a dormir para darnos una ducha, mirar las noticias, hacer copia de seguridad de las fotos y hablar con los nuestros de las experiencias que estamos viviendo y luego ya, a dormir.

Mañana más 😉