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10/10/13: Fuji-Go-Ko, su belleza, sus leyendas y sus misterios…

Día 14: descubrimos la falda del Monte Fuji y pasamos uno de los mejores días en tierras niponas.

Hoy es un día muy esperado en nuestra ruta por tierras niponas ya que tenemos reservada la excursión a los lagos del Fuji con Augusto de rutafujitours.tk/ y nos hace especial ilusión. En nuestro primer viaje nos decantamos por visitar Hakone desde dónde se dejó ver por unos minutos el monte más importante de Japón y en esta ocasión, decidimos visitar el Fuji de más cerca.

Así que tal y como nos indicó Augusto en sus mails, nos levantamos bien temprano para tomar el Shinkansen Kodama que sale de la estación JR Tokyo y que llega a la estación JR Shin-Fuji (Shizuoka) a las 9,07h. Ya llegando a Shin-Fuji, el monte se ve bien despejado desde el tren, ¡¡qué ilusión!! Aplauso

Como os comenté, teníamos planeada esta excursión para otro día pero Augusto nos contactó para cambiarla de día ya que para se preveía mal tiempo en la zona. Y llegar y ver que hace un sol espléndido y que el cielo está despejado y se ve perfectamente el monte nos encantó 🙂

Al llegar a la estación, en seguida damos con Augusto, nos saludamos y nos presenta a la otra pareja con quien compartiremos la excursión, son un matrimonio español  afincados en México. Salimos a la calle y nos montamos en su monovolumen para ir hacia la primera parada.

NOTA IMPORTANTE: los que tengáis previsto hacer esta excursión con Augusto y queráis mantener (como hicimos nosotros) la sorpresa de descubrir in situ los lugares a los que te lleva, no sigáis leyendo y pasad directos a la próxima etapa del viaje.

Mientras nos dirigimos al primer punto de la ruta, vamos hablando un poco de todo y nos vamos conociendo. En este momento ya puedo decir que estamos totalmente satisfechos de habernos decidido a hacer la ruta con él… poder compartir experiencias niponas y aprender más sobre Japón y los japoneses con alguien que lleva viviendo más de 25 años en el país es genial. Para la otra pareja este es su primer viaje a Japón y la primera vez que ven el Fuji, van un poco a su rollo pero son majos.

La primera parada es el Santuario Fujinomiya Sengen Taisha, comúnmente conocido por Santuario del Fuji. Sus terrenos llegan hasta la 8ª estación en el ascenso al Fuji así que se considera la puerta sagrada de entrada al Fuji y es el santuario al que los peregrinos van a rezar por un buen ascenso al monte.

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Tanto el agua de la fuente de purificación como la del gran estanque que hay junto al santuario es agua de un manantial que proviene del interior del Fuji, dicen que tarda 10 años en filtrarse a través de él desde la cima hasta el estanque que hay junto al templo. Por tanto, aunque dejara de llover durante 10 años, emanaría agua de él. Augusto nos dice que podemos beber de ella y así purificarnos. Hace mucho calor y humedad, y el agua está fresquita, ¡nos parece riquísima!

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Junto al estanque, encontramos a un grupo de cámaras que van grabando a un chico joven. Se trata de un mago conocido en Japón y que tiene un show televisivo que está grabando un reportaje sobre el santuario para promover el turismo a la zona.

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Es increíble lo transparente que es el agua del manantial Wakutama Ike y la cantidad de litros de agua que hay.

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Desde aquí hay una buena vista del Fuji…

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Salimos del santuario y vemos un aparcamiento que hay en los terrenos de éste, Augusto nos comenta que aquí traen los vehículos nuevos para que los sacerdotes del santuario se los bendigan.

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Cogemos de nuevo el coche y vamos hacia las cascadas de Shiraito y las de Otodome. Son dos cascadas muy próximas al santuario y que se encuentran junto a un mercado de encurtidos, tisanas, artesanos… dónde nos dan a probar un rico té verde en uno de los puestos dónde Agusto conoce al dueño.

Las cascadas de Shiraito o del velo de la novia, cuentan con una altura de 30m y una extensión de 200m y deben su nombre a que da la impresión de estar hechas por hilos de seda.

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La Catarata de Otodome debe su nombre a que en este lugar se usaba para amenazar o algo más… ya que el gran ruido que hace el agua al caer tapaa cualquier otro sonido. Es asombroso la cantidad de agua que emana…

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De nuevo volvemos al coche y nos adentramos a las faldas del Fuji. Augusto nos explica cómo un peruano de abuelo japonés acabó en el país del sol naciente así como las dificultades con las que se encontró al llegar, la más importante: el idioma. Circulamos por una carretera estrecha como las típicas de montaña, con pendientes y curvas cerradas. Llegado a un punto Augusto nos explica que hay cámaras que graban las matrículas de los coches que entran y salen de esta zona. El motivo es que nos adentramos en los terrenos de Aokigahara Jyukai el “mar de árboles”, más conocido como el bosque de los suicidas. Confundido

Si, si… ¡como lees! Este bosque de más de 3000 hectáreas de extensión, es el lugar escogido por muchas personas cada año para poner fin a su vida. Se trata de un bosque que nació sobre la lava de la erupción del año 854 en el que apenas hay fauna, convirtiéndose en un lugar muy tranquilo. Además, su densa vegetación hace que entre poca luz solar y que sea fácil perderse en él. Cabe decir que en Japón, los familiares de los suicidas deben asumir los costes que puedan ocasionar con este acto (por ejemplo, si uno se tira al tren, su familia debe pagar los costes de limpieza, reparación e indemnización a los afectados) así que muchos son los que escogen este lugar alejado y “gratuito” para acabar con su vida, ya sea ahorcados, por sobredosis de fármacos o drogas, o inanición. Desde la década de los 70, cada año se hacen batidas organizadas por agentes forestales, ejército y voluntarios para limpiar el bosque de cadáveres y hasta hace unos años se publicaban las cifras de los cuerpos recuperados (varias decenas e incluso llegando a los 100 y pico/año) pero ya hace un tiempo que no se publican en un intento de no llamar la atención ni crear publicidad sobre ello, aunque hay varios libros que hablan del bosque e incluso alguna peli.

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La historia de este bosque con ese fin se remonta al Japón feudal en el S. XIX, cuando la gente de la zona abandonaba allí a los niños y/o ancianos que no podían mantener en épocas de hambruna y epidemias. Aunque ya habíamos leído algo al respecto, encontrarnos en este lugar y conocer a fondo su historia, impresiona de verdad. Mientras seguimos circulando hacia el siguiente punto del tour, Augusto nos va explicando todo esto. Le pregunto qué ocurre si ves a alguien que se adentra en el bosque y nos dice que en ese caso, pararía e intentaría convencer a la persona para que no lo haga y si éste entrara igualmente, llamaría a los forestales para que tengan constancia de que alguien se ha adentrado, aunque por lo visto, si alguien sospecha que un familiar o amigo puede haber ido allí, puedes llamar a los forestales y ellos miran en las cámaras si su coche está en la zona o se le ha visto entrar en algún punto, pero es la familia quien debe ir a buscarlo al bosque, ellos no entran a por él… pero la cosa está en que no solo se puede acceder en coche a él, también puedes ir en bus o incluso andando… así que es difícil de controlar la entrada de gente, ¡espeluznante! En algunos puntos vemos cintas de colores atadas a la valla que rodea al bosque o en árboles, Augusto nos explica que esas marcas las dejan los indecisos, por si luego se lo piensan que sepan salir del bosque… pero ver tantas cintas, algunas descoloridas e incluso cubiertas de musgo te dice que esa persona no se lo replanteó y yace en el bosque… ¡uff! 😦

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Llegamos a un aparcamiento, bajamos del coche y Augusto nos acompaña un trozo hacia un sendero que entra al bosque, pero nos dice que debemos seguir el camino y las indicaciones hacia la caverna de hielo pero que no nos acompaña si no que irá con el coche hacia la caverna, dónde nos esperará para ganar tiempo y no tener que desandar lo andado para volver al coche. Nos recomienda coger un jersey/chaqueta ya que en el bosque suele hacer más fresco. El recorrido son unos 30 minutos y si lo hacemos así ganamos media hora para ver más cosas… dice que es seguro si seguimos el camino y que estemos tranquilos que si en 40 minutos no hemos salido llamará a los forestales 😀 Tendríais que haber visto la cara de la otra pareja… yo creo que se les pusieron por corbata en cuanto oyeron “no os acompaño” 😛 nos despedimos de él y nos adentramos en el sendero. Perdonad pero muchas fotos se ven algo borrosas, luego explico el porqué.

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Es curioso pasear por este lugar… por un lado es un bosque muy bonito, con un intenso verdor, cubierto de musgo y con el terreno de piedra volcánica, pero por otro lado ves esas cintas de colores y piensas a lo que mucha gente va a allí y da mal rollo… Nosotros vamos paseando tranquilamente, viendo el paisaje cada uno sumido en sus propios pensamientos, confiamos en que si Augusto nos deja ir solos por aquí es que este tramo es seguro y no tiene pérdida, pero la otra pareja va con el turbo y nos dejan atrás continuamente, no tengo tiempo ni de parar a hacer fotos, así que prácticamente todas salen desenfocadas… ¡Sorry!

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Reina un silencio increíble entre nosotros. Inconscientemente miras a todos lados como “buscando” y es fácil confundir las ramas y huecos bajo los árboles con otras “cosas”. Apenas hay luz, las ramas de unos árboles se abrazan con otros. Hace fresco. No se oyen animales ni el cantar de los pájaros, solo silencio… y los otros ¡venga a correr! Mi marido y yo nos damos la mano y seguimos con el camino… sigues pensando en lo triste del lugar pero el entorno tan bonito que es… Miras unos metros más allá del camino y ves lo frondoso y espeso que se vuelve el bosque y piensas, si entro ahí me pierdo ¡seguro!

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En unos 20 minutos llegamos al final del sendero, dónde nos espera Augusto y la otra pareja que casi iban a la carrera, junto a un cartel que dice “Tu vida es valiosa y te ha sido otorgada por tus padres. Por favor, piensa en ellos, en tus hermanos e hijos. Por favor, busca ayuda y no atravieses este lugar solo” y un teléfono de ayuda psicológica.

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Nos sorprende el cartel ya que la mayoría de los suicidios en Japón son en gente de entre 16 y 30 años, y muchos lo hacen por la presión social que sienten por parte de sus mayores. Vemos que hay un camino que entra al bosque, cerrado por una cuerda. Augusto nos propone caminar unos metros por él para que veamos lo frondoso que se vuelve el bosque en un momento.

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Tras el impacto de este lugar, nos lleva a la Caverna de hielo de Narusawa. Formada por bolsas de gas atrapadas por la lava durante una potente erupción ocurrida hace mas de 1100 años, se trata de una serie cavernas con estalagmitas fantásticamente configuradas, y permanece helada incluso en los meses de verano.

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mapa de la zona

Nos colocamos unos cascos y nos adentramos con mucho cuidado, puesto que el suelo resbala un montón y la cueva es realmente baja en muchos momentos. Bajamos por unas escaleras bien empinadas y en seguida se nota como baja la temperatura. Llegamos a un punto en el que tenemos que andar de cuclillas y con mucho cuidado para no golpearnos con las rocas y para evitar resbalar. Augusto nos va haciendo fotos conforme avanzamos, se ha quedado nuestras cámaras, lo cuál agradezco.

Llegamos a un lugar dónde podemos ponernos de pie y vemos que hay un hueco en la piedra repleto de monedas, velas y amuletos, nos comenta que es un altar por “las almas del Fuji”. Seguimos avanzando, hasta llegar junto a unos bloques de hielo. Es impresionante ver cómo se mantienen fríos aquí abajo a pesar del calor que hace en la superficie. Más fotos con mucho cuidado de no resbalar.

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Tras un ratito aquí, emprendemos el camino de salida. Es una buena subida, medio a gachas, así que llegamos a un claro y nos paramos a descansar, desde aquí se ven las copas de los árboles del bosque, ¡estamos bajo él!

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Dejamos los cascos y entramos en una pequeña tienda dónde venden souvenirs y encurtidos aunque a nosotros no nos convence nada. Volvemos al coche y nos ponemos de nuevo en marcha. Nos pregunta cómo vamos de hambre, son algo más de las dos así que vamos a comer. El cielo se ha tapado por completo, hay unos tremendos nubarrones que amenazan con descargar y perdemos de vista el Fuji 😦 Pasamos junto al parque de atracciones FujiQ Highland… cuando preparábamos el viaje, nos planteamos una visita al parque pero si hacíamos el tour no nos quedaba tiempo para ello… así que al verlo, nos queda la espinita de ir, pero queda pendiente para el próximo viaje Riendo

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una de sus montañas rusas

Augusto nos lleva a comer a un restaurante de sushi en trenecito que mola mucho, bien de precio y todo ¡riquísimo! Además es muy gracioso porque puedes pedir platos especiales y te los trae un shinkansen 😛

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Tras una comida deliciosa, nos lleva a una tienda cercana dónde puedes comprar de todo por cuatro yens. Augusto nos deja un ratito para compras. Nosotros salimos cargados con vasos de té, unos bols, una bandeja y un mortero para semillas de sésamo.

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Y bien cargados, volvemos al coche y ponemos rumbo hacia los lagos. Lamentablemente, el cielo está muy muy nublado y llueve en algunas zonas así que mucho me temo que no podremos disfrutar de los lagos con la vista del Fuji. El primero que bordeamos es el Kawaguchi-ko, el más central y el que mayor turismo acoge.

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En un momento del camino, Augusto nos dice que preparemos las cámaras en modo vídeo y le demos a grabar cuando él nos avise. A los pocos minutos, pasamos por encima de una clave de sol pintada en el asfalto y empieza a sonar el himno del Fuji. ¡Nos quedamos alucinados!

Una vez termina, da la vuelta y nos dice que volvamos a grabar, y ahora ¡suena la segunda estrofa del himno!

El sonido proviene del contacto de los neumáticos con unas bandas rugosas que hay en el asfalto… ¡¡¡muy muy friki pero mola!!! Mr. Green Mr. Green

Seguimos la ruta hacia los otros lagos. Perdonadme pero no logro recordar bien de qué lago es cada foto, así que es posible que me cuele con alguna…

Seguimos la ruta hacia el Sai-ko, el segundo más pequeño de la zona y que está bordeado en su orilla suroeste por el bosque de Aokigahara. Nos llama la atención cómo una cinta intenta evitar el paso hacia él. En este encontramos a una pareja joven que están pescando en el lago Muy feliz

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El siguiente punto en la ruta es el pueblo-museo al aire libre Iyashi no Sato. En este lugar vivían varias familias hasta que en los años 60 y como consecuencia de la lluvia de un tifón que azotó la zona, hubo unos deslizamientos de tierra que cubrieron buena parte de las casas, murieron varias personas. Los supervivientes, decidieron reconstruir sus casas con los materiales que pudieron recuperar y desde entonces, la aldea es un lugar conmemorativo a aquellas víctimas. Muchos ya no viven en ella, se trasladaron a una zona más segura pero mantienen el lugar vivo y es un reclamo turístico en la zona. Usan las casas como tiendas dónde venden sus artesanías. Realmente hacen cosas muy bonitas, muchos de ellos usan calabazas como material principal.

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Las casas son del estilo a las de la región de Hida, con los tejados de paja con forma gassho-zukuri.

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Augusto conoce a la mayoría de los lugareños y nos dejan entrar en algunas casas privadas. En una de ellas, vive una viejita que perdió a toda su familia y nos invita a tomar un té de cebada riquísimo mientras nos deja echarle unas fotos al interior de su casa.

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Paseamos por las distintas casas y entramos en algunas tiendas de artesanía. En este lugar, Augusto tiene preparada una sorpresa, y es que nos invita a vestirnos de samurai/geisha por algunos yenes,  ¡nos echamos unas buenas risas! Mr. Green

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Esta región también es conocida por sus plantaciones tradicionales de wasabi. Os dejo una foto dónde se ve el huerto 😉

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El cielo sigue bien encapotado mientras seguimos la ruta para ver los lagos que nos quedan. ¡Este lugar me fascina! Ésa combinación de tradiciones, naturaleza y mil leyendas… le dan un aire místico al lugar. Estamos totalmente satisfechos por haber decidido hacer la ruta con Augusto y estamos seguros que algún día volveremos a este lugar. Además nos faltará hacer la ascensión al Fuji en algún momento Muy feliz Hacemos una parada junto al lago Shoji, el más pequeño de los cinco lagos. En este también se concentran varios hoteles en su orilla izquierda, mientras que en la orilla derecha es dónde se encuentra Iyashi no Sato.

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Augusto además es un tipo súper agradable, ha aprendido mucho sobre la cultura nipona en los años que lleva aquí y nos explica muchas cosas que desconocíamos, comentamos dudas que tenemos y nos pide que le expliquemos nuestros dos viajes a tierras niponas, y cosas sobre nuestra ciudad. Hablamos de todo con él, política, trabajo, religión, familia… ¡¡Lo recomendamos sin duda!!

Debo decir que los lagos me parecen un lugar idílico. Todos ellos y sin distinción. Se respira mucha calma en este lugar… y estar rodeados de esos parajes fantásticos, y el Fuji tan cerquita… son el colofón a un bonito día. Lástima que el Fuji se haya vuelto tímido y no se deje ver entre los nubarrones que cubren el cielo, aunque es curioso ver cómo las nubes lo abrazan y muestran la forma de su silueta. Ir por la carretera que bordea el bosque de Aokigahara te hace no perder de vista lo trágico del lugar y, ver que en los lagos más cercanos a él no hay ningún hotel ni actividad turística te hace pensar en lo muy supersticiosos que son los japoneses.

A Augusto le supo mal que el Fuji no se dejara ver y no sé cuántas veces fuimos de norte a sur y de este a oeste buscando un sitio desde dónde poder verlo, y auqnue no hubo forma, se agradeció el detalle, la verdad. Finalmente, nos quedamos junto al lago Motosu hasta el anochecer esperando a poder ver al Fuji antes de irnos. El Motosu-ko es el más profundo de los cinco lagos y el más tranquilo de todos, puesto que no hay casas ni hoteles en su alrededor por la cercanía de éste al bosque. Normalmente ofrece una vista magnífica del Monte Fuji desde su orilla norte, la cual figura en los billetes de 1000¥.

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Aquí hay un señor muy mayor con un pedazo de equipo fotográfico que está esperando que se despeje el Fuji para hacer unas bonitas fotos del atardecer. Augusto nos traduce lo que dice y nos cuenta que va allí todas las tardes para echar fotos del atardecer sobre el Fuji, nos enseña algunas de sus fotos y son realmente ¡buenísimas! Espectaculares los atardeceres que tiene captados Heart

Pasamos un buen rato aquí, respirando la magia del lugar, viendo cómo las nubes abrazan el Fuji y escuchando solo el agua en la orilla y el canto de las cigarras, esto es algo que me sorprende… que las cigarras sigan cantando en octubre Muy feliz

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a la derecha, se puede ver cómo las nubes abrazan al Fuji

A eso de las 18,30h volvemos a montar en el coche, con gran pesar por no haber podido disfrutar de la vista del Fuji cubriendo los lagos, pero tenemos casi 1h de camino hasta la estación de Shin-Fuji. De camino vuelve a llover y esta vez con más fuerza. Augusto va mirando todo el tiempo por el retrovisor y las ventanillas a ver si se distingue el Fuji pero sigue bien tapado. Llegamos sobre las 19,30h a la estación JR. Le pagamos la excursión a Augusto (14500¥ pp). Le damos mil gracias en castellano y en japonés, y nos despedimos de él. Cogemos el primer Shinkansen Kodama hacia Tokyo que pasa y con la sensación de haber pasado un día genial.

Cuando llegamos a la zona del hotel son algo más de las 21h, estamos cansados y mañana toca madrugar de nuevo. Así que decidimos comprarnos cena en el Family Mart que hay cerca del hotel e irnos prontito a la cama. Hoy ha sido un día genial, de esos que se van directos al top ten de viajes y experiencias, y que seguro ¡recordaremos siempre! Heart

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08/10/13: Matsumoto, su castillo cuervo y de vuelta a la gran metrópolis

Día 12: visitamos Matsumoto y regresamos a… ¡¡Tokyo!!

Hoy nos levantamos muy temprano para cambiar de nuevo de destino: nos vamos a Matsumoto y después a la big city Aplauso Aplauso

A pesar de que seguimos con el JRP activo, decidimos hacer el trayecto de Takayama a Matsumoto con los buses de la compañía Nohi ya que nos acorta en más de 2h el tiempo de viaje. Ayer preguntamos en la estación de buses y nos dijeron que no era necesario reservar asiento. Por lo que madrugamos bastante, desayunamos en la habitación lo comprado ayer, recogemos las cosas, hacemos el check-out estilo Japón (dejar la llave en una cesta en recepción) y nos vamos para la estación de buses.

Compramos los billetes (3100¥ pp) y a las 7,50h ponemos rumbo a Matsumoto. El trayecto, a pesar de ser largo, se hace ameno. Pasamos por zonas boscosas en las que se empieza a ver el momiji y el contraste de colores en el follaje de los árboles, lagos, ríos y cascadas humeantes. A mitad de camino, el bus hace una parada en una zona de onsens y nos dan 15 minutos para poder ir al baño. Aprovechamos para ir al WC y comprarnos un cafelillo en las máquinas. Tras la pausa seguimos el camino. A las 10,10h llegamos a Matsumoto. Nos acercamos hasta la estación JR Matsumoto (frente a la estación de buses) y dejamos las mochilas en una consigna (400¥) así podremos hacer la visita sin cargas.

Matsumoto (松本): Es la segunda ciudad más grande de la prefectura de Nagano. Conocida por Matsumoto-jo, uno de los castillos que se conservan de origen en Japón. Podrás disfrutar de un ambiente relajado y cosmopolita a la vez.

A pesar de que hay varias cosas por visitar en Matsumoto, decidimos ver lo más imprescindible y coger el tren de mediodía para poder llegar a Tokyo a media tarde. Así que nos hacemos con un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y nos ponemos en marcha. No hay demasiada distancia entre la estación y los sitios que queremos visitar por lo que prescindiremos del transporte público. Caminamos durante unos 15-20 minutos hasta llegar al castillo. De nuevo me maravillan las artísticas tapas de alcantarilla de Japón Heart

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La construcción del Castillo data de la era Sengoku, por Toyotomi Hideyoshi entre 1594-1597 como un fuerte bajo el nombre de Castillo Fukashi. En 1872, siguiendo la restauración Meiji, el castillo fue vendido en una subasta, y corrió riesgo de ser desmantelado. Hoy día, es considerado Tesoro Nacional y es conocido como el Castillo de los Cuervos por el color negro de sus muros, es uno de los mayores exponentes del arte hirajiro (castillo construido sobre una llanura y no sobre una colina).

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Pagamos la entrada que incluye el City Museum (600¥ pp). Nos maravilla el entorno dónde está construido el castillo, situado en la llanura de Matsumoto y rodeado de un gran foso. Dicen que las tierras sobre las que se posa, son tierras pantanosas que obligaron a los constructores a hacer estructuras muy sólidas, usando largos maderos fijados en el suelo y apoyarlo sobre muros de piedra de 7 metros. Su altura alcanza 30m distribuidos en seis plantas.

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Vemos que en los alrededores del castillo están montando casetas como para una feria o un mercadillo que dificulta la visita… así que nos vamos directos hacia los jardines del castillo. A pesar de que una de sus torres está tapada por una lona (están haciendo trabajos de restauración), disfrutamos de su bella vista.

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Nos acercamos hasta el edificio y entramos en su interior tras descalzarnos. Vamos subiendo plantas y visitando las exposiciones de armas, artefactos y armaduras que se exponen. La mayoría de las explicaciones están en japonés, pero encontramos algunos carteles en inglés. Me llama la atención este kit para quitar metralla… deformación profesional ¡jaja!

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Es increíble, caminar por los suelos de madera pulida e ir subiendo por las distintas plantas a la vez que piensas en cómo debía ser estar en el castillo en aquella época. A pesar de que hemos estado en otros castillos japoneses, éste nos gusta mucho y nos gusta saber que es uno de los tres que se conservan de origen.

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La vista de los jardines desde las ventanas empieza a ser bonita, y podemos ver con detalle los tejados y su elaborada ornamentación.

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Para acceder a los últimos pisos hay un poco de cola ya que los escalones son muy empinados, ¡casi 60cm de altura entre escalones por lo que cuesta subirlos! Al fin, llegamos a lo más alto desde donde hay unas vistas estupendas de la ciudad, del puente de madera lacada (que están reconstruyendo) y de los alpes japoneses.

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Bajamos de nuevo hacia los jardines. Sabemos que hay alguna cosa más para ver en el recinto del castillo, pero como están haciendo obras en algunas torres y en el puente dificultan el acceso al resto de jardines, por lo que decidimos dar por concluida la visita… Salimos del jardín y volvemos a la zona del foso. Hay un gran parque junto al castillo pero no nos podemos acercar bien por las casetas que están montando -entendemos que celebrarán algo en breve-, así que nos conformamos con ver el castillo desde este punto, nos echamos unas fotos y nos deleitamos con las vistas de la construcción.

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Vamos al Museo y la chica nos dice que solo podemos ver dos plantas con la entrada combinada del castillo, si queremos ver más tendremos que pagar un extra. Mientras nos lo pensamos, accedemos a la parte que si podemos visitar. Hay una exposición de armas y armadura, alguna maqueta del castillo y planos de su construcción, así como las estatuas de pececillo que hay en lo alto del castillo. Toda la información está en japonés, lo cuál dificulta la visita.

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También se exponen objetos antiguos, cosas sobre el kabuki, amuletos, dioses, navegación y ¡hasta un camión de bomberos de época!

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Como toda la información está en japo no nos enteramos de mucho, por lo que decidimos no pagar el extra e ir hacia la calle comercial. De camino a ella encontramos un edificio muy tradicional entre bloques, así como algunos amuletos.

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Visitamos un santuario de camino, el Yohashira Jinja, dedicado a los Zouka Sanshin o los tres dioses creadores. Tiene una gran torii de metal a la entrada que es feucha, pero el santuario me pareció bonito y muy tranquilo, apenas había visitantes.

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Seguimos hacia la calle comercial Nakamachi-dori, conocida como la calle de las ranas y que cuenta con varias tiendas de artesanía y restaurantes.

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Y ¿porqué tantas ranas? La calle se llama “kaeru”, que en japonés tiene muchísimos significados entre ellos “rana”, “volver/regresar” y “poder comprar”, como véis el idioma japonés tiene muchísimas palabras homófonas. Los locales usan el nombre de la calle con los tres significados, por ese motivo la calle está repleta de estatuas de ranas, de tiendas donde comprar y al final del paseo vuelven a casa. A raíz del juego de palabras que supone “kaeru”, es costumbre llevar una ranita en el monedero o cartera para que “el dinero que se gasta, regrese”. Como podéis ver, ¡los japos son muy supersticiosos!

Y ahora si, tras unos 10 minutos de paseo y encontrándonos hasta con un tablao flamenco, llegamos a la estación JR Matsumoto de nuevo.

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Miramos los horarios de los trenes y vemos que hay uno para Shinjuku directo a las 13,47h y ese es nuestro objetivo. Aprovechamos que nos falta 1h para ir a comer unas tempuras con su arroz y su sopa de miso riquísimas en la misma estación (1600¥ los dos).

Sin mucha demora recogemos las mochilas de la consigna y nos vamos hacia los andenes. Aquí pasamos un poco de mal rato porqué las indicaciones de los trenes (tanto en el suelo del andén como en las pantallas) sólo está en japonés. Por suerte, mi marido que es un amante de los trenes, reconoce el modelo del tren que tenemos que tomar y allá que vamos hacia las señalizaciones correctas en el suelo del andén. Cuando llega el tren, le preguntamos a un supervisor de Japan Railways por los vagones de no reservado y subimos. Nos acomodamos y puntual como todos los transportes en Japón, salimos hacia nuestra nueva nueva base, ¡¡¡Tokyo!!! Mr. Green

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Interior del tren

De camino, dormimos un ratito y nos despertamos ¡¡¡¡justo a tiempo de ver el Fuji, menuda alegría!!!! Aplauso Aplauso Aplauso Las fotos no son de muy buena calidad, pensad que estaba lejos, con el móvil de la época y en movimiento… pero para que os hagáis una idea y podáis distinguirlo vosotros también si viajáis en tren por la zona.

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Reconocemos la estación de Odawara de nuestro primer viaje cuando fuimos a Hakone… y conforme el tren se acerca a Tokyo nos entra la emoción de nuevo… saber que volvemos a Tokyo, que disfrutaremos de nuevo de la ciudad e ir reconociendo edificios en Shinjuku… ¡¡los pelos de punta!! Heart

Tokyo (東京): Es la capital de Japón y una de las ciudades más pobladas del mundo. Consta de 23 distritos centrales y varias ciudades anexas. Conocida como Edo antes de 1868, y convertida en 1603 en el centro político de Japón, cuando Tokugawa Ieyasu estableció su gobierno feudal allí. Con la Restauración Meiji de 1868, el emperador y la capital se mudaron desde Kyoto a Edo que pasó a llamarse Tokyo (“capital del este”). Grandes partes de Tokyo fueron destruidas en el gran terremoto de Kanto de 1923 y en los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Hoy, la metrópolis ofrece una selección ilimitada de compras, entretenimiento, cultura y restaurantes, a la vez que conserva partes con mucha historia, así como grandes zonas verdes.

A las 16,39h llegamos a la estación JR Shinjuku y nos os podéis imaginar qué sensación Heart A pesar de ser la estación que más miedo da a los viajeros por ser la más transitada del mundo a nosotros nos encanta estar aquí y como peces por el agua, en seguida damos con la línea JR Yamanote para ir hacia el hotel. La experiencia es un grado y aquí se nota ¡mucho! Riendo

Qué pasada volver a estar en esta línea de tren, vamos viendo las estaciones y los edificios por dónde pasa, y vamos recordando cosas del primer viaje… “aquí compramos esto… aquí vimos aquello… ¿te acuerdas de esta tienda?… aquí fue dónde…” ¡Nos pasó igual que en Kyoto! Tras unos 30 minutos de viaje, llegamos a la estación JR Shimbashi. Salimos hacia Shiodome por el túnel subterráneo que comunica ambas estaciones para llegar hasta nuestro hotel. Para la estancia en Tokyo, nos decantamos por el hotel Villa Fontaine Shiodome (por 105000¥ en habitación doble con desayuno incluido por 7 noches) y en el cual habíamos pasado la última noche de nuestro primer viaje y en el que estuvimos la mar de a gusto. Además está muy bien comunicado con varias líneas de metro y tren JR, y rodeado de restaurantes y centros comerciales.

De nuevo, mil recuerdos vienen a nuestra mente mientras recorremos este pasillo subterráneo y llegamos al hotel… hasta que nos viene a la cabeza la pregunta del millón: ¿¡habrán llegado las maletas y el sake?! Mr. Green Nos dirigimos a la recepción para hacer el check-in. Recordaros que es costumbre en Japón pagar la estancia en los alojamientos al hacer el check-in, lo cuál agiliza luego la salida el último día. La chica de recepción nos dice que tenemos en nuestra habitación las maletas y un paquete esperándonos. ¿¿¡¡He dicho ya que adoro este país??!! Aplauso Aplauso

Alucinamos un montón y es que nos han dado casi la misma habitación, mismo número pero en un piso menos que la otra vez, estamos contentos porqué disfrutaremos de las mismas vistas sobre las múltiples líneas de tren que pasan por delante, viendo trenes de todo tipo 🙂

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¡¡nuestro sake!!

 

Descargamos las mil cosas que llevamos encima y aprovechamos el wifi de la habitación para mirar el correo a ver si Augusto (de Rutafujitours) nos ha escrito… y efectivamente, tengo un mail suyo en el que nos dice que se prevé mal tiempo para el día que tenemos reservada la visita a la zona del Fuji y nos pregunta si podemos cambiarlo al jueves, le contesto que sin problema y sin perder tiempo nos vamos a disfrutar de Tokyo.

Primera parada: ¡Akihabara! Mr. Green ¿¡Cómo no?! Tras un corto trayecto con la línea JR Yamanote, llegamos al barrio de la electrónica, el cómic, el ocio y el vicio en general 🙂

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La idea es comprar una cámara de fotos réflex aprovechando que el cambio con el yen está genial. Nos recorremos varias tiendas (Yodobashi, Map Camera, Big Camera, Tokyu…) así como tiendecitas pequeñas de primera y segunda mano, comparando precios y modelos, me voy anotando aquellos que me interesan y tras una comprobación por internet en los próximos días iré a por ella.

Tras más de 2h de caminata, mirando y remirando, decidimos cenar en un McDonnalds (1300¥ los dos) y volver al hotel que entre el madrugón, el tute de bus y tren, y la caminata de todo el día estamos cansadísimos… Llamadita a los nuestros para contarles lo emocionados que nos sentimos de volver a estar en Tokyo, ducha y a dormir sleep

31/05/2011: regresamos a Tokyo y allí pasamos nuestro último día en Japón.

Día 16: el viaje se acerca a su fin… último día en Tokyo.

Mi marido me despierta con un “buenos días niponita” 🙂 Debo decir que es la noche que mejor he dormido desde que estamos en Japón, valoración del futón: ¡¡un 10!! Nos damos una ducha rápida… si, con el cubelete 😀 y muy a pesar nuestro no nos metemos en el onsen… Queremos salir sobre las 10-10,30h para no llegar demasiado tarde a Tokyo y poder aprovechar un poco el último día en el país nipón. ¡Ay madre qué impresión pensar que mañana cogemos el avión de vuelta a casa!

Sobre las 9h llaman a la puerta, en un momento recogen los futones y nos preparan la mesa del desayuno. Ayer ya pedimos desayuno occidental porqué no nos apetecía nada tomar sopa de pescado de buena mañana que es lo que suele llevar el desayuno japonés 😛 Nos sirven un desayuno bien copioso: huevos revueltos, frankfurt, bacon, tostadas con varias mermeladas, zumo y café con leche. Hay tanta cantidad de todo que es imposible terminarlo, y aunque nos sabe fatal dejarnos comida somos incapaces de acabar con todo lo que nos han traido.

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Una vez llenada la panza, hacemos las mochilas. Comprobamos que no nos dejemos nada y salimos hacia recepción. ¿Estarán nuestras bambas? ¡Jajaja!

Llegamos a recepción y en seguida nos viene la señora hiper-mega-amable que nos pide que la esperemos en la sala dónde estuvimos ayer para el check-in. Al momento viene con la factura para hacer el check-out. Nos pregunta si hemos estado a gusto y le decimos que es el mejor alojamiento que hemos probado nunca y que lo vamos a recomendar muy mucho, se pone la mar de contenta 🙂 Nos pregunta de dónde somos y al decirle que somos de Barcelona nos explica que tiene amigos que han visitado nuestra ciudad y que ella tiene una visita pendiente, ¡qué mona! Pagamos y salimos hacia la recepción, dónde recuperamos nuestras bambas 😀 Ya con nuestro calzado de nuevo, nos despedimos de ellos, del ryokan y del onsen con mucho pesar ¡hubiéramos hecho otra noche aquí encantadísimos! Con cientos de “domo arigato” por parte de todos, e incluso un “muchas gracias por su visita” en español por parte de la encargada, salimos hacia la carretera dónde está la parada del bus.

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la entrada del Ryokan

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Tras pocos minutos de espera, llega el bus que nos llevará a Hakone-Yumoto. Es un trayecto de unos 30’, y una vez allí cogemos el tren hasta Odawara, seguimos usando el Hakone Free Pass ya que era para dos días.

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el botón para pedir parada en el bus

Una vez en la estación de Odawara, pagamos la diferencia de precio para el billete del tren directo a Shinjuku (Tokyo), y digo la diferencia porque con el pase tenemos descuento en el tren a Shinjuku (no compramos el que lleva incluida la ida y vuelta a Tokyo porque tan solo necesitábamos el trayecto de hoy).

Éste es un tren rápido, del estilo al Shinkansen pero de otra compañía de ferrocarriles y en una hora y pico nos plantamos en la capital de nuevo.

Una vez en la estación JR Shinjuku, compramos los billetes para el Narita Exprés de mañana. Qué penita comprar ese billete… eso quiere decir que nos quedan horas en Japón, ¡uff! Tras comprarlos, tomamos un tren JR hasta la estación JR Shimbashi. Esta estación se comunica mediante túneles subterráneos y galerías comerciales con la estación de tren y metro Shiodome. ¡Es inmensa! Para la última noche en Japón escogimos el Hotel Villa Fontain Shiodome, un hotel que cuando planeamos el viaje salía carísimo pero que tras el accidente de Fukushima, y con la caída del turismo, bajaron precios y al final nos salió genial. Además está muy bien ubicado porqué se encuentra adherido a la estación de Shiodome y por tanto, a todo el transporte de la zona que te conecta con la mayor parte de Tokyo, y con varios centros comerciales muy cerquita.

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El check-in es a partir de las 15h pero nos falta una hora para poder hacerlo, así que una vez localizado el hotel echamos un vistazo a las calles de alrededor y decidimos ir a comer por la zona. Shidome es un barrio financiero y de oficinas, cuenta con altos rascacielos -para los estándares de Asia- y es una zona que se ve bastante nueva. Está ubicada entre la zona de la Tokyo Tower, Ginza y el río Sumida.

Para comer nos decantamos por un italiano dónde nos tomamos unas pizzas la mar de ricas 🙂 Decidimos volver a la zona de la estación y acabar de hacer las compras que tenemos en mente por allí. Entramos en una licorería y compramos 3 botellas de sake para regalar a los nuestros y, una de umeshu -licor de ciruela- para nosotros, a ver si hay suerte y se parece al que tomamos ayer en el ryokan 🙂

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uno de los sake que trajimos

Entre la comida y las compras se nos hacen las 15,30h, así que vamos para el hotel a hacer el check-in pensando en que esperemos que hayan llegado nuestras maletas 😛 Llegamos a recepción y en cuanto decimos el nombre de la reserva, la recepcionista nos dice que anoche recibieron nuestras maletas y que las tenemos en la habitación esperándonos. ¡Genial!

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el hall del hotel

Nos encontramos haciendo el check-in cuando se me resbala la bolsa dónde llevaba el umeshu y se me cae al suelo… con la mala suerte que empiezo a oler a alcohol que da gusto ¡OMG! La chica pensará que soy una alcohólica :S Terminamos el check-in lo más rápido que podemos y tomamos el ascensor que nos lleva hasta la 10ª planta dónde se encuentra nuestra habitación.

Se ha roto la botella en mil pedazos y suerte que la bolsa es buena y ha contenido el licor… ¡si no lo hubiera puesto todo perdido! Coloco la bolsa en la bañera y vierto allí el licor que está en la bolsa, por suerte no se ha roto ninguno de los sakes que eran para regalar.

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Una vez contenido el problemilla, me fijo en que la habitaicón es bastante grande para los estándares de Japón y que tiene unas vistas espectaculares 🙂 Mi marido ya está pegado a la ventana observando los distintos trenes que pasan por allí.

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en todos los alojamientos tienes hervidor de agua en la habitación

El plan para hoy era ver la zona de Roppongi, una zona bastante urbanita y llena de comercios… pero mi marido leyó por internet que recomendaban visitar el Sunshine City, un centro comercial con un mirador gratuito en la última planta con unas muy buenas vistas de la ciudad, y como tampoco tendremos de tiempo de mucha cosa, decidimos tomar un metro que nos lleve a Ikebukuro, y esta vez podemos disfrutar de este distrito a gusto, puesto que el día que vinimos diluviaba. Nos deleitamos paseando por sus calles llenas de luces de neón, cosplays y jóvenes cargados con carteles enormes anunciando ofertas en electrónica y cómics a grito pelao. Este barrio es del estilo a Akiha, y de hecho dicen que es la Akiba de las chicas ya que es más “tranquilo”.

Llegamos al centro comercial y como todos en Japón, ¡es enorme! Recorremos las primeras plantas y entramos en algunas tiendas a echar un vistazo y cuando está a punto de anochecer, tomamos el ascensor que lleva al mirador. ¡Qué caña de ascensor! Al entrar las paredes son blancas pero una vez se pone en funcionamiento, se encienden unas luces psicodélicas y en las paredes se ven dibujos del horóscopo, constelaciones y una música muy acorde a la situación 😀 Hay una pantallita que marca la velocidad a la que va el ascensor, y qué pasada, ¡¡alcanza los 600m/min!! Nos zumban los oídos como si fuéramos en un avión O_O

Al llegar arriba vamos dando un paseo de 360º observando la panorámica de la ciudad que hay desde sus grandes ventanales. Realmente no tiene nada que envidiar con otros miradores que hemos visitado estos días. De este modo hemos visto Tokyo desde las alturas a pleno día, de noche y al atardecer. Tres estampas totalmente distintas que recomiendo ver si se puede.

Nota: Siento la calidad de las fotos, pero mi cámara de entonces hacía lo que podía por la noche…

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En una zona del mirador hay sofás para dos personas y todo está decorado con corazones. La verdad es que es un bonito lugar al que ir con tu pareja 🙂

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Tras un buen rato admirando las vistas, volvemos al ascensor que nos lleva de vuelta a tierra.

Vamos hacia la zona de restauración ya que hemos pensado en cenar aquí. Es nuestra última cena nipona, así que no podemos ir a otro sitio que no sea a comer comida japonesa de la buena 🙂 Nos tomamos unos fideos y unos tonkatsus riquísimos. ¡Cómo voy a echar de menos la comida japo auténtica! Mr. Green

Tras la última cena en Japón, volvemos a la estación JR y allí tomamos un tren que nos lleve de vuelta hacia el hotel. Nos dejamos las maletas listas que mañana toca madrugar de lo lindo… Nos damos una ducha y llamamos a casa para decir a los nuestros que por Hakone de maravilla y que mañana ya volvemos, ¡uf qué pena!!

Mi marido se ha pasado el día de hoy diciéndome: “yo no me voy de aquí… ¡que me deporten!”, “¿y si buscamos trabajo y nos quedamos para siempre?” y “¿hay que volver al tercer mundo (España) de nuevo?” ¡Jaja! La verdad es que es tan, tan, tan alucinante todo lo que hemos visto y vivido aquí que yo tampoco quiero volver… de buena gana me quedaba, ¡amenazo con volver! Mr. Green

Nos vamos a dormir con un gran pesar, mañana tocará madrugar y el viaje de vuelta a casa será largo…

30/05/2011: el caprichazo del viaje está aquí… ¡nos vamos a Hakone a disfrutar del onsen privado!

Día 15: recorremos la zona del Mt Hakone, divisamos el Mt Fuji y disfrutamos de la mejor experiencia nipona…

Hoy nos levantamos bien temprano y de un salto. Nos espera un día muy emocionante y muy esperado en nuestra luna de miel y es que ¡¡nos vamos a Hakone y el super ryokan nos espera!! Heart Heart

Bajamos a desayunar y al terminar subimos a buscar las maletas ya que toca hacer el check-out del hotel Granbell de Shibuya. Hemos estado muy a gusto en este alojamiento y lo recomiendo. Anoche finalmente, decidimos que enviaríamos nuestras maletas hacia el hotel dónde pasaremos la última noche en Tokyo, e irnos a Hakone solo con las mochilas con ropa para dos días y todos los gadgets, para poder ir más cómodos.

Quizá os suene extraño eso de enviar las maletas, pero cuando viajas a Japón es algo habitual. Hay un par de empresas que se dedican al envío de maletas por todo el país, un servicio que aporta comodidad y practicidad muchas veces y que además está súper bien de precio. Queda claro nuevamente que Japón es un país práctico y que piensa en la comodidad Mr. Green

Bajamos a recepción, hacemos el check-out y la recepcionista nos gestionará el envío de las maletas con la empresa Yamato, nos ayuda a rellenar el formulario de envío con nuestros datos, las direcciones de origen y destino, y además llama al hotel dónde las enviamos para avisarle que nuestras maletas llegaran mañana y que nos las guarden en recepción si son tan amables.  Una vez hecho el trámite, nos despedimos de ella con un gran “domo arigato”.

La empresa más conocida y recomendada es Yamato Transport (recientemente han abierto una oficina en Barcelona) que se identifica por el logo de un gato que porta a un gatito. Os dejo el ejemplo de cómo se rellena el formulario de envío que aparece en su web. Si vais a enviar las maletas con ellos, os recomiendo llevarlo encima porque aunque los japos estarán siempre dispuestos a ayudaros, en algunas zonas el inglés es limitado y podéis pasar un mal rato. Se rellena el formulario por cada bulto que envíes, se paga en el lugar dónde lo depositas (ya sea en la recepción de un hotel, un combini o la oficina) y te quedas con una copia del formulario y del recibo del pago por si hubiera que reclamar.

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Y tras este truco, continuo con el relato…

Nos dirigimos a la estación JR Shibuya dónde cogemos la línea circular JR Yamanote para ir hacia la estación central de Tokyo, dónde tomaremos el Shinkansen hasta Odawara. Habíamos reservado los asientos la noche anterior, asegurándonos poder ir sentados en nuestro último trayecto en Shinkansen y es que hoy se nos termina el tiempo de uso del Japan Rail Pass. Para ir de Odawara a Hakone y los pueblecitos de la zona, hay montada una ruta en tren, tranvía, funicular, teleférico, barco y bus… y para tomar todos estos transportes de forma econónima han creado el Hakone Free Pass, un pase de dos días que te incluye el trayecto en todos los transportes de la zona. Puedes comprarlo en la oficina que tienen en la estación JR Odawara, o bien en la estación JR Shinjuku en Tokyo y que incluya el trayecto en tren hasta la zona de Hakone (para aquellos que no tengan el JRP activo).

Una vez en Odawara, nos compramos unas bebidas en una máquina para tomarlas mientras esperamos el siguiente tren  (ya drentro del pase) para ir a Hakone-Yumoto, dónde haremos el primer transbordo. Tomamos un tren tipo cercanías, el trayecto dura unos 30 minutos. Al llegar a Hakone-Yumoto, buscamos el andén desde el cual sale el siguiente tren hacia Gora y nos quedamos alucinados al ver el tren en qué montaremos… ¡¡es del año de María Castaña!! :O

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mosaico en el suelo de la estación de Gora

Pero aún alucinamos más cuando iniciado el trayecto vemos por dónde está construida la línea del tren. Y es que la vía pasa a través de un bosque un tanto frondoso, lleno de pendientes, dónde las ramas de los árboles tocan los cristales del tren continuamente… vamos el tren de Lleida a la Pobla de Segur es una maravilla al lado de esta 😀 Pero también hay que reconocer que ésta línea nos sube unos 300m de altitud y tiene su encanto 🙂

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Tras unos 35 minutos de trayecto por la montaña llegamos a Gora. Nada más bajarnos del tren ya vemos las indicaciones para tomar el funicular hasta Sounzan. ¡Éste sube 211 metros de desnivel en 1,2km! ¡Menuda pendiente! En unos 10 minutos llegamos a Sounzan dónde haremos el siguiente transbordo y es que ahora nos toca el teleférico 😀

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¡¡Qué pasada de vistas!!  Se ve todo el valle de Hakone desde las alturas y por lo que leíemos, en días despejados se puede ver el Monte Fuji desde aquí, pero nosotros tenemos un nubarrón justo dónde se supone que está el volcán más famoso de Japón por lo que de momento no lo podemos ver… Este lugar es impresionante y debe ser parada obligatoria para todos los amantes de la naturaleza, aunque reconozco que tienen montada una turistada tremenda con todo el tema de los transportes. ¿Turistada? Si, pero mola mucho 😛

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El teleférico tiene una parada a medio camino, dónde hacemos un alto para disfrutar de las vistas sobre el cráter creado en la última erupción del Monte Hakone hace ya 3000 años. Desde el teleférico ya podemos a ver las chimeneas sulfurosas y las minas de azufre que hay allí.

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Llegamos a Owakudani, el área alrededor del cráter dónde se pueden tomar los famosos huevos negros (cocidos en agua volcánica). Es una tradición japonesa venir al menos una vez en la vida hasta aquí para comerlos. Dicen que por cada huevo negro cocido que te comes vivirás 7 años más. Si te comes dos huevos vivirás 14 años más;  si te comes 3, 21 años; pero cuidado que si te comes 4 huevos tu hígado puede sufrir lo suyo… 😛 Es por esta tradición que esta zona se conoce como el Valle de la Longevidad.

Bajamos del teleférico, y nada más salir a la calle ya se puede notar el olor a azufre tan característico en el ambiente. Menudo olor a rancio, ya nos pica la lengua.

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En esta zona hay un ruta de unos 10 minutos a pie que permite acercarte más a la zona volcánica y situarte junto a las fumarolas. Pero por normativa de seguridad, hay un semáforo que indica los niveles de azufre en el aire y  sólo se puede hacer la ruta en función de lo que marque éste. Hoy no tenemos suerte y el semáforo está en rojo, por lo que no se permite el paso… tenemos que conformarnos con verlas desde la entrada al camino que se encuentra vallado.

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una de las muchas fuentes con agua termal que hay en la zona

Entramos en una de las tiendas dónde nos compramos un helado. Yo quiero probar los huevos pero los venden en paquetes de 4 y como a mi marido los huevos no le gustan, pues decido comprar un paquete de 6 que viene envasado al vacío para llevármelo a casa de mis padres y probarlos con ellos a la vuelta 🙂

Me siento en una de las mesas a comerme mi helado mientras mi marido va al baño y cuál es mi sorpresa cuando en menos de 2 minutos, el nubarrón que hay sobre el Mt Fuji desaparece y ¡¡se deja ver!! ¡¡Qué pasada!! Esto si que ha sido toda una suerte 🙂  Todos los allí presentes desenfundamos las cámaras para llevarnos una instantánea Guiño En esas que llega mi chico y cuando lo ve se emociona un montón también. Es difícil de explicar pero sabes que estás viendo todo un icono nipón, con todo el simbolismo que tiene el Fuji para los japoneses, y una emoción te embarga.

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Aunque estamos casi en junio la cima aún está nevada

Llevamos unos 30 minutos en esta zona y ya nos pica la lengua un montón y nos empieza a doler la cabeza por el azufre, así que decidimos volver al teleférico y seguir con la ruta.

Subimos de nuevo a una cabina y esta vez en lugar de subir, bajamos hacia la zona del Lago Ashi, en Togendai. De nuevo disfrutamos del trayecto con unas fabulosas vistas, con el lago allá abajo y el Fuji al frente. Este día está resultando uno de los más chulos del viaje. Al llegar a Togendai vemos atracado en el embarcadero el barco “pirata” que recorre el Lago Ashi de orilla a orilla tal y como ponía en la guía. Nos dirigimos al embarcadero para tomar el barquito, el siguiente transbordo en la ruta circular que recorre Hakone.

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¡¡Qué pasada, menudo lugar!! Sin duda me quedo con las vistas desde el barco, con todo el lago iluminado por los rayos del sol, rodeado de montañas arboladas, con el Fuji al fondo… ¡Realmente bonito! Además hace un día estupendo (tras el diluvio de anoche en Tokyo vaya gusto) por lo que en la cubierta del barco se está de lujo Heart

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Tras una media hora de travesía llegamos al otro extremo del lago, a la pequeña población de Hakone-Machi.
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Al fondo y a la izquierda, medio tapado por nubes se aprecia el Mt Fuji con su pico nevado

 

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Desembarcamos, y de allí vamos dando un paseo de otros 35 minutos hacia Moto-Hakone. De camino, encontramos el Hakone Check-point, un importante punto de control de tráfico a lo largo de la ruta Tokaido, la antigua vía que unía Edo (Tokyo) con Kyoto durante el período Edo. Hace unos años lo restauraron y crearon el Museo Sekisko Shioryokan, un museo al aire libre representativo del antiguo punto de control de Hakone y que muestra objetos relacionados con la vía de paso.

 

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No me pareció una visita imprescindible pero si recomendable, no solo por conocer un poco más sobre el periodo Edo si no por las fabulosas vistas del lago que hay desde aquí 🙂
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Al terminar la visita nos compramos unas bebidas en una máquina y seguimos con el paseo hacia Moto-Hakone siguiendo la antigua ruta Tokaido, la Old Tokaido, una ruta rodeada de cedros milenarios que antiguamente unía las dos capitales niponas. Qué paz se respira en este lugar, es increíble. Sin duda fue todo un acierto decantarnos por hacer esta excursión, y la volvería a hacer sin dudarlo… y eso que aún no hemos estado en el ryokan 🙂
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Llegamos a Moto-Hakone, dónde continuamos deleitándonos con las vistas del lago desde el embarcadero, el Monte Fuji se esconde de nuevo entre nubarrones… Es una pasada verte rodeado de tanta naturaleza después de varios días por la gran metrópolis.
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Junto a la estación de autobuses de Moto-Hakone, encontramos una gran torii que marca la entrada al pueblo.
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Son las 13,30h y empezamos a tener hambre. Ayer quedamos com los dueños del ryokan que llegaríamos sobre las 15,30h, así que decidimos buscar un sitio para comer antes de ir hacia allá. Nos decantamos por un pequeño restaurante con vistas al lago en el cuál vemos en su escaparate que tienen unos ramen con muy buena pinta. Entramos al restaurante y vemos que la planta baja es una tienda de productos locales y que el pequeño restaurante está en el primer piso.

Una vez pedida y servida la comida, la dueña nos viene con un recipiente lleno de cubiertos, no habla inglés pero se hace entender. Los descartamos pero como vemos la cara de la señora que no queda muy convencida, le mostramos que sabemos comer con palillos y nos aplaude ¡jaja qué maja!

Comemos con calma, disfrutando de la comida que está deliciosa y de las vistas sobre el lago que hay desde aquí. Tras la comida, la señora nos sirve un vaso de té verde buenísimo y que está incluido en el precio.

Sobre las 14,30h, nos despedimos de esta gente tan maja con un sonoro “domo arigato” (muchas gracias en japonés) y vamos hacia la estación de autobuses de Moto-Hakone. No nos acabamos de aclarar porqué en el mapa de las paradas que hay, no sale la que nos indicaban en la web del ryokan, así que entramos a preguntar al revisor que muy amablemente nos explica que recientemente han cambiado el nombre de la parada. Nos indica la línea que tenemos que tomar y nos marca en un mapa la ruta que seguirá el bus… ¡vamos como para perdernos! Le damos las gracias y salimos a esperar el bus que nos ha dicho el señor.

En esas que llegan dos buses a la vez y exactamente iguales, y nosotros pensamos “¡¿y ahora cuál es?!”. En esas que sale el hombre corriendo de la estación para decirnos cuál de los dos debemos tomar, e incluso avisa al conductor de la parada en la que tenemos que bajar por si nos despistamos. Nosotros alucinamos, ¿¡cómo pueden ser tan sumamente amables?! De verdad que tanta amabilidad hay momentos como este en que nos abruma, aquí no hace nadie eso ni de coña… Nuevamente un “domo arigato” junto a una gran reverencia porque no sabemos otra forma de agradecerle toda su ayuda. Sin él aún estaríamos dando vueltas…

Subimos al bus, y vemos que todo el mundo nos mira… y es que somos los únicos guiris que hay a bordo del bus. A estas alturas del viaje ya no nos extraña esta situación puesto que nos ha pasado en varias ocasiones a lo largo de estos 15 días que llevamos en Japón, es la repercusión turística del accidente nuclear. Muchos extranjeros han dejado de visitar el país por miedo a lo desconocido, nunca podrán imaginar el daño que hizo a este nivel el accidente de Fukushima y la gran repercusión mediática completamente errónea que hubo en occidente…

Cuando nos acercamos a la parada que nos dijo el hombre de la estación, la solicitamos por si el conductor no se acuerda, pero al bajar como debemos pasar junto a él para pasar el Hakone Free Pass por la máquina y validar el viaje, nos dice que él ya estaba pendiente de pararnos aquí, qué mono. Le damos las gracias y bajamos… hemos llegado al ryokan 🙂

La parada del bus está en la carretera, y queda justo al lado de la entrada del alojamiento. Ostras qué ganas teníamos de llegar a aquí 🙂 Pero vemos que son las 15h y nos sabe mal llegar antes de lo previsto, así que decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores del ryokan para ver qué hay por aquí. En esas que veo un cartel indicando WC. Alucino un poco porqué estamos en medio del campo, pero seguimos las indicaciones y llegamos una pequeña caseta y ante todo pronóstico de “no creo que este lavabo en medio del monte esté limpio…” , me sorprendo gratamente al verme reflejada en su suelo de lo limpio que está O_O Nuevamente alucino con la limpieza y pulcritud de los baños públicos. Vemos que junto a la caseta del “TOTO”, hay un pequeño claro con una fuente natural y un estanque de agua caliente.

 

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Nos dirigimos hacia allá y otra vez alucinamos al ver que en un claro en medio del bosque han colocado dos bancos dónde poder sentarse y… ¡¡una máquina de bebidas!! ¡Estos japos son la hostia! O_O Así que nos sacamos un café calentito de la máquina y nos sentamos a disfrutar de las vistas y escuchar los sonidos de la naturaleza.

 

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Son las 15,20h cuando vemos que se acerca un nubarrón terrible, se avecina un tormetón… Así que nos acabamos el café y nos dirigimos al ryokan. Qué emoción poder estar aquí, el caprichazo de nuestra honeymoon está a punto de verse cumplido 🙂
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Volvemos a subir hacia la carretera, la cruzamos y entramos a los jardines del Mikawaya Ryokan. Tiene una fuente preciosa frente a la entrada y el edificio es de construcción típica japonesa. Subimos las escaleras de la entrada y no nos da tiempo a llegar a la puerta que ya nos la abren con mil reverencias y palabras de bienvenida en inglés y en japonés, ¡madre mía! Les decimos que tenemos una reserva y en seguida llega la encargada del ryokan a recibirnos. Nos indica que nos quitemos las bambas y nos pongamos unas zapatillas que nos presta para ir por el ryokan. Al quitarme las bambas hago intención de agacharme a cogerlas y antes de que me dé tiempo, la señora me lo impide y llama a un botones para que nos las recoja y nos las guarde. Nos dice que si tenemos que salir a la calle las pidamos en recepción que nos las guardan allí… Ay madre que me veo volviendo a Tokyo con sus zapatillas de estar por casa, ¡jajaja!

Nos llevan a una sala con vistas a los jardines y nos pide que esperemos allí un momento. De nuevo siento que tanta amabilidad me abruma, desgraciadamente no estamos acostumbrados a este nivel…

Contaros que un ryokan es un alojamiento típico japonés. Hay diferentes modalidades, tipo albergue, casa privada con alquiler de habitaciones o tipo hostal/hotel. Puedes encontrarlos con habitaciones completas o que tengas que compartir el baño, éste puede ser termal o artificial, que estén en la calle o en una sala, de uso privado o público. Los precios son muy variables, todo depende de las comodidades del lugar y de las estrellas… los hay bien baratos, pero también los hay de gama alta como es el caso del Mikawaya.

Vuelve a venir la señora -nos dice su nombre pero no lo recuerdo-, comprueba que en la reserva que hicimos esté todo correcto, y nos explica los horarios de la cena, del desayuno y del check-out. Hacemos el check-in y luego nos lleva a hacer un tour por el ryokan. Nos enseña las diferentes estancias y salas compartidas (sala de lectura, comedor, salón…), los diferentes pisos y los baños termales. Entramos en el de mujeres y me explica cómo funciona y los pasos que hay que seguir para darte un baño típico japonés. Salimos y luego entra al de hombres con mi marido para explicárselo a él también, después de dar un grito en varios idiomas avisando que entra, no vaya a ser que haya algún hombre en pelota picada 😛

De allí nos lleva a nuestra habitación, la “Hanna 1”. Al entrar a la habitación, vemos que hay una pequeña sala intermedia, como un descansillo dónde nos dice que debemos dejar las zapatillas ya que en la habitación hay que ir descalzos puesto que el suelo es de tatami y es muy delicado. Es nuestro primer ryokan y al entrar a la habitación alucinamos en colores, ¡qué pasada, es como estar en casa de Doraemon! 😀

En el centro de la sala hay una mesa bajita con dos sillas, pero unas sillas peculiares ya que no tienen patas, solo asiento y respaldo y están sobre el suelo. Lor armarios son con puertas correderas de papel. Hay una especie de galería con una mesa y dos butacones desde los que se puedes disfrutar de la vista de la terraza y el jardín del ryokan. En esta zona, hay un lavamanos y un cuartito dónde está el TOTO, dónde hay unas zapatillas de uso exclusivo para el lavabo.

 

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tampoco a este TOTO le faltán sus botoncillos 🙂

 

Y después de enseñarnos esta parte de la habitación, salimos a la terraza. En ella hay una ducha con un cubilete y el onsen, el baño con agua termal natural proviniente del Mt Hakone.

 

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La señora nos explica que el agua del onsen está a unos 40ºC así que tenemos que tener la precaución de abrir un grifo de agua fría antes de meternos para evitar quemarnos e ir removiéndola de vez en cuando con una especie de pala de madera que hay para que se vaya mezclando y no nos achicharremos. Nos explica de nuevo que también aquí hay que ducharse antes de meterse en el onsen.

Nos pide que la esperemos un momento y en seguida llega con dos yukatas (kimono de estar por casa), y nos enseña a ponérnoslo correctamente ya que cada sexo lo cruza hacia un lado. Sale de nuevo, y vuelve con una chica más joven, quién nos dice que se encargará de nuestra habitación y que si necesitamos alguna cosa contactemos con ella en un número de teléfono. También nos explica que será quién nos traiga la cena y el desayuno de mañana y, quién nos prepare el futón para dormir. A las 19,30h servirán la cena y nos pide que estemos preparados cuando llegue esa hora. Nos dejan con un té verde y un dulce japonés para merendar y nuestro onsen esperándonos :p

Madre mía, qué mujer más amable… Los japoneses lo son, pero esta mujer supera la media ¬¬’ Una vez se marchan, nos ponemos cómodos y nos tomamos la merienda que nos han servido… y en cuanto acabamos, ¡¡nos vamos de cabeza a probar el onsen!!

Las vistas desde la terraza hacia el bosque son fantásticas. Hace fresquito en la calle y da no sé qué saber que te estás duchando en medio del bosque pero son costumbres del lugar y nosotros nos adaptamos a todo.

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las vistas desde la terraza de nuestra habitación

Una vez bien duchados y aclarados, nos metemos en el onsen y… ¡oh my good, pero qué a gusto se está! Heart Es increíble la sensación de estar oyendo caer la lluvía y tu estar en remojo en el agua calentita, menudo relax 🙂

En la habitación tenemos un panfleto con todas las propiedades terapéuticas del agua termal de Hakone.

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Nos pegamos 2h metidos en remojo en el agua caliente… se nos ha hecho de noche incluso, pero es que no hay quien salga de allí, se está súper a gusto. Verdaderamente ha valido la pena venir hasta aquí hoy y más aún dejar la visita a Hakone para el final del viaje, así nos recuperamos del cansancio de todos estos días y renovamos las pilas.

Finalmente, decidimos salir del agua que no es plan que venga la chica a servir la cena y nos pille en pelotas 😀 Nos vestimos con los yukatas que nos dejó la dueña, anda que no molan 🙂

A las 19,30h en punto, llaman a la puerta. La chica nos prepara la mesa para la cena. En un santiamén nos traen un montón de platos típicos, se trata de una degustación. Le pedimos que nos traiga un umeshu de la zona para acompañar la cena. Estamos de luna de miel, hemos podido cumplir un sueño y hay que brindar por ello 😉
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Aunque hay un par de platos que nos nos gustan, en general cenamos a las mil maravillas… podemos probar el shabu-shabu con carne de Kobe que está delicioso 🙂 Nos damos cuenta de que hay muchos platos de la cocina japonesa que aún no habíamos probado, y el umeshu que nos ha traído entra genial…

Después de cenar, vuelve la chica a retirar la mesa y las sillas, monta los futones para que los tengamos listos cuando queramos ir a dormir  y nos dice que mañana volverá a recogerlo. También nos dice que si necesitamos alguna cosa durante la noche que la llamemos al número que nos dijo antes y vendrá, ¡nos sentimos como reyes en este lugar!

Una vez se despide, no nos lo pensamos dos veces y volvemos al onsen. ¡Qué pasada¡ Menuda paz, qué relax, qué bien se está metidos en el agua calentita viendo las estrellas… hace fresquito pero al estar metidos en el agua apenas se siente. Tras otra buena hora y pico en remojo, y ya más arrugados que dos abuelos centenarios, salimos del onsen y nos vamos a dormir que hay que probar la experiencia del futón 🙂

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Hoy ha sido un día agotador pero a la vez muy gratificante, sin duda ha pasado directo al top ten de nuestras mejores experiencias viajeras y no nos cabe duda que este día lo recordaremos con gran cariño.
A eso de las 23h, nos acostamos pensando en si mañana encontraremos nuestras maletas cuando lleguemos al hotel Mr. Green

Preparativos de nuestro primer viaje a Japón, una luna de miel inolvidable…

Parece mentira poder escribir este diario de viaje con lo que “costó” poder viajar a Japón… cuando decidimos casarnos, teníamos muy claro el destino para nuestra luna de miel, tenía que ser Japón si o si. Todo iba sobre la marcha. Encontramos los billetes para los vuelos a un buen precio en julio del 2010, fuimos reservando o echando el ojo a los hoteles a partir de otoño y fuimos confeccionando la ruta ideal para nuestro viaje con la ayuda de guías de viaje y foros de viajeros, además de nuestros gustos claro! En marzo de 2011, el país nipón sufrió uno de los peores terremotos y tsunamis de su historia lo que llevó a un accidente nuclear en Fukushima, al norte de la isla principal. Eso nos desmontó bastante los planes porque en un principio parecía difícil poder hacer el viaje soñado, por no hablar de la cantidad de personas que nos dijeron que “estábamos locos por ir”. La situación mejoró por lo que tras evaluar bien los posibles riesgos, decidimos seguir adelante con nuestro viaje soñado. Así que acabamos de cerrar nuestra ruta y de reservar los hoteles y a pesar de las habladurías de la gente, nosotros pusimos rumbo a Japón para celebrar nuestra luna de miel soñada.

Preparativos:

Lo primero fue escoger las fechas, fácil… justo después de nuestra boda 😛 contábamos con 17 días completos para el viaje. Viajaríamos para la segunda mitad de mayo, esperábamos poder ver algún resquicio del hanami (floración de los cerezos) y evitar la temporada de tifones que va de junio a julio.

El siguiente paso, fue comprar los vuelos… lo cuál hicimos en julio de 2010 cuando vimos una oferta -para los precios de entonces- de i/v con escala en London por 750€ los dos con British Airways. Teníamos entrada y salida por Tokyo. Visto a posteriori, esto es un error… lo mejor es entrar por una ciudad y salir por otra (por ejemplo entrar por Osaka y salir por Tokyo) para ahorrar dinero en el pase del tren que os explicaré a continuación.

La segunda parte fue decidir la ruta que haríamos… ardua tarea ya que había tantas cosas que queríamos visitar en Japón que nos faltaban días… así que tras mucho cavilar, quedó así:

Día 1 (16/05/11): Vuelo BCN  > London > noche de vuelo

Día 2 (17/05/11): llegada a Tokyo > Kyoto

Día 3 (18/05/11): Kyoto

Día 4 (19/05/11): Kyoto

Día 5 (20/05/11): Kyoto > Nara > Kyoto

Día 6 (21/05/11): Kyoto > Fushim Inari > Kyoto

Día 7 (22/05/11): Kyoto

Día 8 (23/05/11): Kyoto > Miyajima > Hiroshima

Día 9 (24/05/11): Hiroshima > Tokyo

Día 10 (25/05/11): Tokyo

Día 11 (26/05/11): Tokyo

Día 12 (27/05/11): Tokyo

Día 13 (28/05/11): Tokyo

Día 14 (29/05/11): Tokyo

Día 15 (30/05/11): Tokyo > Hakone

Día 16 (31/05/11): Hakone > Tokyo

Día 17 (01/06/11): Vuelo Tokyo > London > llegada a BCN

Tras esto, lo siguiente complicado fue organizar el alojamiento. Pero una vez habiendo visitado el país, os diré que es más fácil de lo que me pensaba ya que allí hasta el hostal más barato, estará re-que-te-limpio y con personal amable… así que no os agobiéis si queréis ir de hotel y sólo encontráis hostales. Por otro lado, el truco está en buscarlo cerca a una estación de tren, así os aseguráis comodidad con el transporte y estar rodeados de tiendas y restaurantes. Os iré diciendo los hoteles que cogimos conforme avance el relato. Debo decir, que si algo “bueno” tuvo que peligrara el viaje es que los precios de los hoteles bajaron y encontramos alguno de alta categoría a muy buen precio.

Mi marido es un gran fan de los trenes, y navegando por internet vi que en una localidad cercana a Tokyo, hay un museo del ferrocarril bastante importante. Así que localicé el lugar exacto y ese fue un regalo sorpresa que le hice por nuestra luna de miel.

Una vez confirmado que nos íbamos (recordar el terremoto y tsunami de marzo de 2011 que casi nos desmonta el viaje), fue comprar los Japan Rail Pass (JRP), un pase disponible solo para extranjeros y QUE SE COMPRA EN EL PAÍS DE ORIGEN que incluye todo el transporte cubierto por la compañía Japan Railways (la mayoritaria del país)  y con el que os podréis mover con total libertad por todo Japón, incluidos algunos modelos de tren bala. Existe el pase de 7, 14 y 21 días y podéis comprarlo en cualquier agencia de viajes o en la web JR. Nosotros para el primer viaje, lo compramos en la agencia de viajes HIS, y debo decir que pagamos un poco la novatada y cogimos el JRP de 14 días. Y digo que pagamos la novatada, porqué si hubiéramos entrado por Tokyo y salido por Osaka por ejemplo, podríamos haber montado una ruta de 17 días con un pase de 7 sin demasiados problemas, ahorrando un dinero importante. Luego, otro truquillo para ahorrar unos euros (y que usamos en el segundo viaje)… si compráis el pase por la web JR sale más económico que en una agencia ya que no hay intermediarios, y además, mirad la web española, la francesa, la italiana… ¡no siempre tienen el mismo precio en todas! El JRP se compra en yenes, 2 meses antes de viajar, así que id mirando el cambio euro-yen y cuando mejor esté, ¡comprad! En 24h te mandan un talonario con algunos mapas de transporte a casa. Ese talonario, junto a tu pasaporte, es lo que necesitarás en Japón para obtener el pase definitivo.

Por último, la seguridad y la precaución ante todo… no nos olvidamos de contratar un seguro de viaje que nos cubriera cualquier incidente que pudiera surgir. En esta ocasión, escogimos el de World Nomads.

Y ahora si, tras casi 1 año de preparativos, emprendemos nuestro primer viaje al país del sol naciente… un viaje que me cambiaría la vida y mi forma de pensar…

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¿nos acompañas?

Edito: aquí podrás encontrar un epílogo con los pensamientos y sentimientos que nos generó el 1r viaje al país del sol naciente 🙂