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04/10/16: conocemos el Chinatown de Bangkok antes de partir hacia Chiang Mai

Día 4: nueva jornada de momentos y experiencias inolvidables…

Hoy nos levantamos pasadas las 8h. Desayunamos, nos arreglamos y cerramos las mochilas. Bajamos a recepción para hacer el check-out y pedimos que nos guarden las mochilas por una hora.

Vamos al cercano templo Wat In o del Gran Buda de Pie. Su entrada es gratuita y además de varios edificios para la oración, cuenta con un gran buda dorado de 32 metros de altura plantado de pie.

Tras la visita, volvemos al hotel a recoger las mochilas y pedimos un taxi que nos lleve a la estación de trenes de Hua Lampong. El trayecto nos cuesta 75 baths. Dejamos las mochilas en la consigna de la estación por 60 baths c/u. Aunque por el tamaño deberían habernos cobrado 40 por cada una, preferimos no decir nada y que nos guarde bien las mochilas…

Más liberados, cruzamos la calle y vamos a la oficina de 12go quiénes nos hicieron de intermediarios para comprar los billetes del tren nocturno a Chiang Mai. Intercambiamos el boucher por los billetes y nos devuelven 200 baths porqué por lo visto al hacer la compra de los billetes salieron más baratos de lo previsto.

Luego caminamos hacia el templo Wat Traimit. La entrada al buda de oro cuesta 40 baths pp y hay que subir 4 pisos para llegar a la sala que lo alberga. El lugar es bonito, bien merece su visita.

Como os decía, alberga un Buda de Oro de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de oro macizo. Esculpida en el elegante estilo Sukhotai, la imagen fue “descubierta” hace 40 años bajo una capa de yeso al caerse la grúa que lo trasladaba a un nuevo edificio dentro del recinto del templo. Se cree que el Buda fue construido en Ayutthaya, y para protegerlo del ataque de los birmanos a la antigua capital tailandesa, fue transportado a Bangkok recubierto de una capa de yeso, la cual fue abandonada durante más de 200 años, momento en el que al transportarla hubo el “accidente” y se descubrió el Buda de oro.

Las vistas del templo desde allí arriba también son bien curiosas, y descubrimos que está rodeado de altos edificios.

A pesar de que hace un calor tremendo, decidimos dar un paseo hasta Chinatown. Nos liamos un poco  y vamos por dónde no toca, encontrándonos con unas calles repletas de talleres mecánicos… cuando al fin damos con la calle principal nos encontramos con cientos de puestos de comida y tiendas con productos de medicina tradicional china y encurtidos, al más puro estilo de las calles que recorrimos en nuestro viaje por Hong Kong el año pasado.

Nos llama la atención un puesto en el que elaboran dulces artesanales allí mismo. Tienen buena pinta y por 42 baths nos hacemos con unos cuantos para probarlos.

Entramos en un pequeño templo camuflado entre puestos de comida que nos recuerda mucho a los visitados en Hong Kong el año pasado…

Sobre las 12.40h, volvemos hacia la estación y entramos al metro. Pagamos 19 baths cada uno por recorrer 2 paradas hasta Si-Lom. Es curioso pero la máquina del metro al introducir el dinero te da una moneda de plástico que debes usar para entrar y salir del metro. Se parecen a las fichas que te dan en las ferias 😀

Al llegar a la zona, nos decantamos por un restaurante de noodles, dónde comemos por 350 baths. Con la panza llena, recorremos las calles peatonales elevadas tan típicas de la ciudad. Me encantan las vistas “caóticas” que ofrecen las grandes ciudades del sudeste asiático 🙂

Al salir encontramos un Cat Café al más puro estilo japo 🙂 Nos hace tanta gracia que no podemos evitar entrar. Pedimos un capuccino y un matcha latte frappé por 290 baths y subimos a la zona dónde tienen a los gatos. Aunque la mayoría duermen, el lugar está muy bien, hay poca gente, los tienen bien cuidados y nos recuerda a los Neko Café que visitamos en nuestro 2º viaje a Japón. Pasamos una hora acariciando a los gatitos que nos hacen caso.

Al salir, vamos hacia el parque Lumphini, dónde nos sentamos en un banco junto al estanque a tomar la fresca.

A eso de las 16h, volvemos al metro (19 baths pp) y nos dirigimos a la estación Hua Lamptong. Nos sorprende la poca gente que usa el metro, parece que esté hecho para clases altas -y turistas-.

Una vez en la estación, compramos bebidas para el viaje y recogemos las mochilas de la consigna. Falta 1h 30 para que salga el tren pero estamos agotados, el calor de hoy es mortal y no queremos alejarnos ya de la estación, así que nos sentamos a esperar en la gran sala de espera que tiene el recinto.

A las 17.30h nos dicen que ya podemos subir a bordo y allá que vamos a descubrir nuestro camarote en 1ª clase en el tren nocturno que nos llevará a Chiang Mai.

En el vagón que viajamos hay 12 cabinas de 1ª clase y un par de lavabos solo para los pasajeros de este vagón, uno de estilo occidental y otro tipo letrina con ducha de agua fría, ambos están limpios en todo momento. Nuestra cabina es de primera, no está mal viendo el resto del tren 😛

Salimos puntuales a las 18.15h. Media hora más tarde pasa la azafata comentando que podemos pedir cena en el camarote, son bandejas a escoger con crema, sopa, arroz y carne o pescado con verduras por 170-190 baths. Aunque se puede llevar comida de fuera e incluso ir al vagón restaurante dónde posiblemente sea más barato, optamos por la comodidad. El pack que pedimos cuesta 170 baths c/u. La comida no está mal aunque es bastante picante para mi gusto. Aprovechamos para comernos algunos dulces que compramos en el Chinatown, ¡están bien ricos!

Tras la cena, a eso de las 19,45h pasan a hacer las camas y ya nos dejan el camarote listo para dormir. Aunque tenemos serias dudas de poder dormir esta noche porque el ruido y el traqueteo del tren son importantes. No es nuestro 1r viaje en tren nocturno, ya hicimos un viaje de Barcelona a Oviedo hace años, pero nada tenía que ver aquél tren con este… 😀

Sobre las 21h y agotados de todo el día, nos echamos a dormir. A eso de las 23h, mi marido que va en la litera superior, se baja conmigo porque dice que es imposible estar allá arriba… le parece que se vaya a caer con cada bache :S

Veremos qué tal la experiencia del tren nocturno

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03/10/16: recorremos los antiguos templos de Ayutthaya

Día 3: disfrutamos de la magia de Ayutthaya y catamos los grillos a la parrilla en Bangkok

Hoy nos levantamos temprano ya que el plan para hoy es ir a conocer la cercana ciudad de Ayutthaya. Tras tomar el desayuno y arreglarnos, cogemos un taxi hasta Victory Monument, hay muchísimo tráfico y un trayecto de 20 minutos se convierte en uno ¡de 45! Suerte que los taxímetros aquí sólo cuentan distancia recorrida y no tiempo… el trayecto nos sale por 100 THB.

Para ir a Ayutthaya hay dos opciones,  coger un tren desde Hua Lamptong que tarda unas 2h, o bien, tomar una minivan que cuesta 80 baths por trayecto y persona y tarda poco más de 1h. Nosotros nos decantamos por la segunda opción. El taxista nos deja en una callejuela repleta de puestos de minivan que van a distintos destinos. Pagamos al chico del puesto de Ayutthaya y nos dice que en media hora sale la siguiente.
Mientras esperamos voy a un baño público cercano (3 baths) que está bastante limpio y al salir, el chico nos guía hacia la furgo que nos llevará. Somos los únicos occidentales… van unos cuantos locales y un grupo de chinos. Cuesta horrores salir de la ciudad, hay un tráfico tremendo.

Tras hora y media, y un par de paradas en el camino para dejar a unos locales en una universidad que queda de camino, llegamos a Ayutthaya… tienen todo un tinglado montado porque te paran bastante lejos del centro, y aquí ya te esperan unos cuantos tuk-tuk. Negociamos con uno de ellos 3h en las que nos llevará a los templos principales de la ciudad, y nos dejará en el lugar desde dónde salen las furgos de vuelta por 750 baths. Tampoco regateamos demasiado porque aquí no hay más opciones… Una vez cerrado el trato nos montamos en el tuk-tuk y empezamos con la ruta del día.

Situada a 85 km al norte de Bangkok, Ayutthaya fue la capital del Reino de Siam desde 1350 a 1767 D.C. Los restos de esa capital (mayoritariamente templos y estupas medio en ruinas) ocupan un área de 15 km2 y son uno de los lugares históricos más importantes de Tailandia. Fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991.

El primer templo al que nos lleva el tuk-tukero es el Wat Yai Chai Mongkhon. Pagamos 50 baths pp y entramos. Como casi todos los templos tailandeses está conformado por varios edificios, que se conservan en bastante buen estado, rodeados por un bonito y cuidado jardín. Cuenta con un buda reclinado de 17 metros de alto y 9.5m de ancho del estilo al que vimos ayer en Bangkok.

Construido en el año 1357, el edificio principal del templo cuenta con una gran estupa y está rodeado por Budas cubiertos con paños amarillos como símbolo de pureza.

Subimos a lo alto del edificio y desde allí obtenemos unas bonitas vistas del recinto del Mongkhon.

Tras unos 30 minutos recorriendo el recinto, volvemos al tuk-tuk y seguimos hasta el Wat Mahathat. Pagamos 50 baths pp. Fue erigido en 1374 durante el reinado de Borom Rachathirat I, el templo está prácticamente en ruinas tras los saqueos birmanos, y casi todos los Buda están decapitados… aún así es curiosa su visita y la recomiendo.

Este templo cuenta con uno de los lugares más fotografiados de Tailandia, es famoso por albergar una cabeza de buda entre las raíces de un árbol.

Seguimos hasta el Wat Phra Si Sanphet. La entrada también cuesta 50 baths por persona y es interesante por albergar tres grandes estupas con las cenizas de los tres Reyes más importantes de la ciudad.

Situado dentro de los terrenos del Palacio Real, el templo se usaba para importantes ceremonias reales como juramentos de lealtad y como capilla privada de la familia real. En el año 1.500, el Rey colocó en uno de los santuarios del templo una imagen de Buda en bronce recubierto con 250 kg de oro y de 16 metros de altura, a la que llamó Phra Si Sanphet y por la que tomó ese nombre el templo. Pero Ayutthaya fue saqueada en 1767 por los birmanos, y quemaron el lugar y robaron las estatuas de oro, incluido el Buda de 16 metros. Aun así, es otro de los imprescindibles en la ruta de templos ya que sus tres chedis son las más fotografiadas de Ayutthaya.

Tras un rápido recorrido porque hace un calor terrible, volvemos al tuk-tuk que nos lleva al Wat Lokayasutharam con el buda reclinado de 17 metros de largo por 7 de alto, y que sin duda inspiró al creador del juego Street Fighter. No hay que pagar entrada.

El tuk-tukero nos pregunta qué más templos queremos ver de entre los más importantes de la ciudad, descartamos el Wat Phra Ram que es el más caro y el que menos nos llama la atención. Proseguimos la ruta hasta el Wat Phu Khao Thong un monasterio en forma de estupa que me recuerda ligeramente al Borobudur de Indonesia. La entrada es gratuita y se pueden subir unos cuantos escalones para llegar a lo más alto, aunque las vistas deben ser geniales no queremos que nos dé una insolación, así que nos conformamos con la vista desde el suelo.

El siguiente en la ruta es el Wat Thummikarat, un recinto que cuenta con varios templos y bonitos budas.

Y el último de la jornada será sin duda el que más nos sorprenda. Se trata del Wat Na Phra Men, un pequeño templo que cuesta 20 baths y que parece poco visitado por turistas.

Cuenta con una gran buda de oro de 16 metros en la sala principal y con otro de bronce algo más pequeño en la sala secundaria.

En ésta última hay un monje junto al buda. Como siempre al entrar en un templo budista hacemos una reverencia al buda y el monje al vernos, nos pide que nos arrodillemos frente a él con las palmas de las manos unidas, de repente empieza a orar algo en tailandés y a bendecirnos, y luego nos regala un amuleto a cada uno. ¡Nos quedamos alucinados! Son éstas cosas las que marcan los viajes y te hacen crecer… 🙂

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Tras un montón de agradecimientos y una propina de 20 baths nos vamos de vuelta al tuk-tuk que nos lleva al punto de salida de las minivan hacia Bangkok. Le pagamos los 750 baths acordados más 10 de propina.

Cuando llegamos a la mini-van, empieza a chispear y una vez en la furgo, mientras esperamos a la hora de la salida, empieza un diluvio que no tiene pinta de parar… ¡qué cantidad de agua cae en este país cuando llueve!

A las 14.10h y con la furgo a tope, salimos hacia Bangkok. Éste conductor va más rapidillo y no hace paradas por lo que en una hora estamos en el punto de partida junto al Monumento a la Victoria. Pagamos los 80 baths pp de la vuelta y vamos a buscar dónde comer.

Vemos que allí al lado está el Centro Comercial One Centre y como empieza a chispear aquí también y tiene pinta de venir tormenta, no nos lo pensamos mucho… en la planta superior hay varios restaurantes, nos decantamos por uno italiano. Pedimos una pizza, un bistec con guarnición y dos refrescos por 430 baths. ¡Comemos de vicio, mientras vemos cómo cae la del pulpo!

Tras la comida, bajamos al hall y tras ponernos las chaquetas y proteger la mochila dónde llevo la cámara y los objetivos, salimos a la calle a buscar un taxi. El primero que para se hace el tonto cuando le pido el taxímetro, como si no me entendiera… tras repetírselo 3 veces señalando al aparato y todo, desisto. Cierro la puerta y llamo al siguiente. Éste al vernos empapados por completo, enciende el taxímetro sin pedírselo y nos dice que subamos. Nos lleva al hotel por 90 baths pero le pagamos 100 por habernos parado y haber sido amable con nosotros…

Aprovechamos para descansar un poco mientras cae agua como para parar un tren y cuando amaina un poco, salimos a comprarnos un chubasquero en una tienda cercana que vimos ayer (40 baths c/u) por lo que pueda pasar… Pasamos también por el 7/11 a comprar agua y desayuno para mañana, y algunas cosillas para picar.

Dejamos las cosas en el hotel y viendo que ha parado de llover, salimos a dar un paseo. Llegamos hasta Rambuttri Rd dónde decidimos hacer un reto que teníamos para este viaje: comprar unos grillos a la parrilla y probarlos. Por 20 baths y con mucha pimienta, el hombre nos sirve unos pocos. Preparamos la cámara e inmortalizamos el momento. No están malos pero tampoco matan, así que con uno para hacer vídeo nos basta 😀

Tras la coña, decidimos cenar en el restaurante que hay frente al hotel dónde ayer comimos de vicio. Nos tomamos unos rollitos, un arroz frito, un pad thai, un refresco y una cerveza Chang por 360 baths. Cenamos entre risas viendo la reacción de los nuestros comentando el vídeo del grillo por el Whatssap 😀

Volvemos al hotel y decidimos aprovechar al máximo la bañera hidromasaje de la habitación, nos damos un buen baño relajante… hacemos las mochilas que mañana cambiamos de zona y a dormir que el día ha sido agotador…

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Actualización 2017: las minivans ya no salen desde Victory Monument, sino desde 3 nuevas localizaciones, según el destino: Morchit 2 para ir al Norte, Noreste y centro del país; Sai Tai Mai (Southern Bus Terminal) para ir al Sur y el Oeste; y Ekkamai para ir hacia el Este. Más información.

02/10/16: conocemos los grandes templos y Palacios de Bangkok

Día 2: recorremos el Palacio Real, el Wat Pho, el templo del amanecer y tras un diluvio, acabamos la tarde en Kao Shan Road

A la 1h nos despertamos muertos de hambre, suerte que una ya lo sabe de otras veces y compramos provisiones 🙂 Tras picotear un poco, conseguimos dormir del tirón hasta las 7,45h que suena el despertador. Tomamos el desayuno que compramos anoche, nos arreglamos y embadurnamos con repelente de mosquitos y protector solar, y salimos hacia el Palacio Real. Tardamos unos 15-20 minutos en llegar a pie , ¡menuda chicharrina hace ya en la calle!

Pagamos los 500 THB pp de la entrada. No se permite llevar ropa ajustada, ni enseñar los hombros ni las piernas, por lo que al entrar a mi marido le hacen ponerse un pantalón largo encima de sus bermudas.

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Hay órdagas de asiáticos visitando el Palacio dando empujones con todo el mundo. ¡Horrible y eso que llegamos antes de las 10h! Entre el gentío y el calor no se puede estar aquí, visitamos solo una parte del enorme recinto…

Con muchas dificultades por la cantidad de gente que hay, avistamos el Buda de Esmeralda que se encuentra en el interior del Wat Kaew, tallado en un único bloque de jade. La figura es pequeña, no te puedes acercar apenas y hay cientos de personas intentando avistar la estatua así que es difícil verla. Tras una visita rápida, devolvemos el pantalón que nos han prestado y salimos del Palacio con bastante agobio.

Recorremos a pie los 10 minutos que separan el palacio real del Wat Pho. Pagamos 100 baths pp (incluye botella de agua gratis con  la entrada).

Construido en el siglo XVI, es considerado la primera universidad de Tailandia en la cuál se enseñaba medicina y masajes tradicionales. La estrella del templo es el Buda Reclinado de 46 m de largo y 14 de alto.

Este templo está menos concurrido y me parece alucinante el gran buda recostado. Para entrar al recinto del Buda, hay que descalzarse y no permiten camisetas de tirantes ni pantalones por encima de la rodilla.

Aunque están restaurando los pies del gran Buda podemos visitar la estatua sin demasiados problemas. Este templo también está menos concurrido, lo cual agradecemos.

Compramos unas monedas por 20 baths y las echamos a los 100 cuencos de metal que hay a espaldas del buda y que traen buena suerte. Lo difícil es acordarte en qué cuenco has echado y en cuál no 😛

Solo por esta visita ya ha merecido la pena el día de hoy, nos ha encantado. Recorremos el resto del templo conformado por varios edificios y estatuas.

Tras recorrerlo y hacer parada en boxes (WC gratuitos), salimos de nuevo a la calle. Paseamos entre puestos de souvenirs y comidas hasta llegar al embarcadero número 8, dónde por 3 baths cada uno, cogemos el ferry que cruza a la otra orilla del río Chao Phraya.

Es alucinante el tráfico que tiene el río entre lanchas, ferrys y embarcaciones privadas… desde una orilla se avista el templo del Amanecer y desde la otra el Palacio Real, bonitas vistas se mire desde dónde se mire 🙂

Junto al muelle, se encuentra el templo Wat Arun o del Amanecer, que para decepción nuestra vemos que la gran prang central está rodeada de andamios, aún así pagamos los 50 baths por persona de la entrada y lo vemos de más cerca.

Cuenta la leyenda que en el actual emplazamiento del templo hubo en tiempos del Reino de Ayutthaya un antiguo templo budista llamado Wat Makok, del que se sabe que ya debía existir antes de 1656. Por entonces, aquella orilla del río Chao Phraya pertenecía a la ciudad independiente de Thonburi, que no formó parte de Bangkok hasta 1972. Tras la caída y destrucción de Ayutthaya (1767) a manos de los birmanos, el general Taksin -más tarde Rey Taksin- decidió  mover la capital a Thonburi. Se dice que vio por primera vez Wat Makok al amanecer y que, desde entonces, el templo empezó a ser referido como Wat Chaeng (Templo del Amanecer). Fue el templo real y albergó el famoso Buda de Esmeralda por un breve tiempo, pero el sucesor de Taksin, el Rey Rama I, trasladó la capital a la otra orilla del río, donde se mantiene hoy en día. Fue el Rey Rama II quien bautizó el templo como Wat Arun Rachatharam en honor al dios hinduista Aruná, que personifica el amanecer. Y no sería hasta la llegada de su heredero, Rama III (1824–1851), cuando se completaría la construcción de la gran torre de 79m que hoy caracteriza al templo, así como de las cuatro más pequeñas que la rodean. También durante su reinado recibiría al fin su nombre definitivo: Wat Arun Ratchavararam.

El lugar es bonito, y estoy segura que con la torre destapada aún lo debe ser más reflejando los rayos del sol sobre sus paredes brillantes, y que las vistas desde allá arriba seguro son geniales.

Tras una corta visita, volvemos al embarcadero y por 3 baths cada uno, cruzamos de nuevo al otro lado.

Son algo más de las 12h y estamos sudando como pollos, así que decidimos volver al hotel a refrescarnos un poco, se nos está haciendo cuesta arriba la mañana entre el calor y jet lag. Vemos que hay una línea de barco que hace de bus acuático y que por 14 baths pp nos deja a menos de 5 minutos del hotel, así que no nos lo pensamos dos veces y allá vamos.

Decidimos ir a comer cerca del hotel y luego ir a descansar un rato… además se está nublando por momentos y anuncian lluvias para la tarde, así que tras una parada en un 7/11 a por más provisiones, nos decidimos por probar la comida local 🙂 Justo frente al hotel, vemos un lugar con buena pinta, allí tomamos unos rollos vegetales y unos pad thai deliciosos, acompañados por unos refrescos y unos cafés (440 baths todo).

Estamos comiendo cuando empieza a tronar de lo lindo y seguidamente empieza un diluvio tremendo. Los del restaurante nos cambian a una mesa más interior y lo cierran todo para que no entre agua. Tela la que cae, creo que no había visto llover de esta manera nunca…

Viendo que llevamos más de 1h aquí y que no parece que vaya a parar en breve, decidimos echar una carrera hasta el hotel… en apenas 20 metros ¡nos empapamos de agua de arriba a abajo! Suerte que el personal del hotel espera a los que llegamos con unas toallas en la puerta, nos secamos un poco y subimos a la habitación.

Tras una ducha, nos echamos un rato y a media tarde, ya sin lluvia, volvemos a dar una vuelta por Kao Shan Road y Rambuttri Road, dónde cenamos. Para la cena encontramos un lugar hasta los topes de gente y con buen precio, el Green House, así que entramos y pedimos unos nachos, una pizza y un pollo empanado con un refresco y una cerveza por 810 baths. Comemos hasta los topes y cuál es nuestra sorpresa cuando nos traen una ¡San Miguel! 😀

De camino al hotel, hacemos la parada de rigor en el 7/11 para comprar provisiones para la noche y el desayuno de mañana (230 baths) y vamos a descansar, con el calor y la humedad de hoy estamos agotados.

Tras un baño relajante de casi 1h, miramos por internet truquillos para la visita de mañana y sobre las 23h nos vamos a dormir, mañana nos espera Ayutthaya 🙂

21/01/17: recorremos la colina de Buda y disfrutamos de las vistas panorámicas sobre Pest.

Día 3: conocemos la colina de Buda: su castillo, su bunker-hospital y sus grandes monumentos

Hoy dormimos casi hasta las 10h, necesitamos recuperar un poco las pilas que ¡estamos de vacaciones! Nos levantamos y tras arreglarnos y colocarnos 3 millones de capas de ropa, salimos hacia Dear Ferenk Ter. Allí entramos a un Starbucks a desayunar, casi otra tradición viajera…

Ya con el estómago lleno, caminamos unos metros hasta la basílica de San Esteban. Realmente estar frente a este mastodonte impresiona… ¡cómo les gustan las cosas grandes a los húngaros! 🙂

Pagamos 100Ft de “donativo” obligado y entramos. Si por fuera la basílica impone, por dentro me parece mucho más impresionante con esas enormes naves y los techos altísimos.

La Szent István-bazilika, hace honor al primer rey de Hungría: Esteban I (975–1038), la estatua del cuál corona el altar principal de la basílica. Las dimensiones de la basílica hablan por sí solas: su base mide 55 metros de ancho por 87 de largo y la altura de la cúpula central son 96m, convirtiéndose en el punto más alto de Budapest junto al edificio del Parlamento, cuya cúpula también mide 96m de alto. La construcción de la Basílica de San Esteban finalizó en 1905 después de más medio siglo de obras.

En una pequeña capilla dentro de la basílica se encuentra el brazo derecho del rey-san Esteban I, la reliquia más sagrada del país. También hay varias imágenes del momento en que lo encontraron intacto entre sus restos e imágenes de las procesiones que hacen por la ciudad con él durante las festividades de San Esteban…

Tras recorrerla, decidimos subir a la cúpula para disfrutar de las vistas de la ciudad desde allá arriba. Pagamos 400Ft cada uno y tomamos un par de ascensores que te llevan a arriba, evitando los 364 escalones por una escalera de caracol que también te lleva hasta lo más alto -pagando igualmente-. A pesar de que hay algo de niebla, las vistas sobre Pest y Buda son geniales.

A las 12h y entre campanadas, salimos de nuevo al frío de la calle… ¡hoy -4ºC! Damos un paseo hasta el Puente de las Cadenas que lo recorremos hasta la otra orilla. Me alucina un montón ver esos enormes bloques de hielo flotando y crujiendo sobre la superficie del Danubio. Las orillas directamente están heladas.

Hay manifestantes a lo largo del puente que forman una fila india a lo largo de todo un lateral, como todo está en húngaro pues no conseguimos enterarnos cuál es el motivo de reunión… hay muchísima gente pero llama la atención lo silenciosos que son, se manifiestan a través de mensajes en pancartas y camisetas, pero de una forma muy ordenada y pacífica. Así deberían ser todas las manifestaciones, creo yo…

Oficialmente es conocido como Puente Széchenyi en honor a su creador, el conde István Széchenyi. Hasta la construcción del puente, el Danubio sólo se podía cruzar en barco o, durante los inviernos fríos, caminando sobre sus aguas congeladas. La dificultad de cruzar el Danubio entre estaciones fue el principal motivo de su construcción, inaugurado el 20 de noviembre de 1849 después de 20 años de obras. El actual puente es la reconstrucción de aquél ya que durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes volaron todos los puentes de la ciudad, el actual se inauguró en 1949.

Cuando llegamos a la otra orilla del Danubio, a los pies de la colina de Buda, nos encontramos con una cola tremenda para el funicular. A estas horas o no hace tanto frío o nos hemos acostumbrado a él, así que decidimos subir hasta el castillo a pie y aprovechar para admirar las vistas sobre la ciudad que ofrece este paseo. Eso si, con mucho cuidado porque el camino está helado y es fácil patinar a pesar de llevar calzado para nieve… En la plaza del funicular también se encuentra el punto kilométrico 0 de Hungría 🙂

El camino no es difícil, hay algunos atajos que permiten acortarlo un poco. Lo malo es la cantidad de hielo que hay en el suelo con el que tenemos cierto miedo a pegar un resbalón… pero las vistas sobre el río y Pest compensan, y la estampa del camino todo nevado también es bonita de ver 🙂

Al llegar a lo alto de Buda, rodeamos el Castillo con cuidado porqué aquí aún hay más hielo que en Pest. Como todo en Budapest, ¡su Castillo también es enorme!

El castillo también es conocido como Palacio Real, ya que antiguamente fue la residencia de los reyes de Hungría. Actualmente, el Castillo de Buda alberga la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia de Budapest. No nos llaman demasiado los museos, así que decidimos recorrer el recinto sin entrar.

restos arqueológicos

Vemos un puesto de vino caliente y nos hace gracia probar una bebida típica de la zona, así que compramos un vaso para compartir (609Ft) que nos hace entrar en calor en menos que canta un gallo 😛 A pesar de que está bueno, se nos hace raro eso de beberlo caliente…

Caminamos hasta la iglesia de San Matias, que si por fuera nos maravilla por dentro nos deja directamente sin palabras (entrada 1500Ft c/u). Es la iglesia más curiosa y colorida a la que he entrado nunca… Visita totalmente recomendable a pesar del precio.

Se trata de la iglesia católica más famosa de Budapest, su nombre oficial es Iglesia de Nuestra Señora. Construida entre los siglos XIII y XV, sufrió una importante reforma a finales del siglo XIX. Actualmente su estilo predominante es el neogótico.
En la iglesia se encuentran las tumbas de Béla III y su esposa Ana de Antiochia. También ha sido la sede de bodas y coronaciones reales, una de las más importantes fue la de Carlos IV, el último rey de la dinastía de los Habsburgo en 1916.
Gracias a su acústica, en la Iglesia Matías se celebran habitualmente conciertos de órgano y de música clásica.

Son casi las 14h cuando damos por acabada la visita a la iglesia. Junto a la iglesia se encuentra otro de los grandes monumentos de Budapest, el Bastión de los Pescadores.

Pero decidimos ir primero a comer a un restaurante por el que pasamos antes en el que hacen menú por 1700 florines. No comemos nada mal, de nuevo cocina local y hasta los topes, coronado por un postre la mar de rico 😛

Tras la comida, vamos a un lugar que nos llamó mucho la atención cuando lo vimos por internet y que -deformación profesional-, no nos podíamos perder su visita. Callejeamos un poco y bajamos unas escaleras para llegar al Hospital in the Rock, un hospital construido en un bunker nuclear antes de la II Guerra Mundial.

Pagamos la entrada (4000Ft c/u) con tour en inglés de 60 minutos y tras unos pocos minutos de espera que pasamos curioseando las cosas que tienen en la entrada y aprovechando el wifi gratis, entramos al bunker. La guía nos explica la historia del lugar y nos muestran una buena parte de sus salas y túneles. La fortaleza mide 220 metros de largo, 60 de ancho y sus muros miden 4 metros de altura. Al acabar la Gran Guerra los húngaros quisieron destruirla, pero en 1960 se declaró lugar de interés turístico. Alberga cantidad de material sanitario original lo cuál me tiene embelesada, ¡me encanta ver material antiguo! Deformación profesional o no, el lugar nos encanta y recomendamos su visita al 100% Aunque no permiten hacer fotos, al terminar propone hacer una de grupo que puedes descargar de su web.

Salimos de nuevo a la calle que empieza a oscurecer, así que nos dirigimos al Bastión de los Pescadores a disfrutar de las vistas sobre Pest mientras iluminan los monumentos de la ciudad.

Mientras anochece y admiramos las vistas fabulosas que hay desde aquí, recorremos el Bastión, un mirador situado en la colina de Buda. Su construcción finalizó en 1902, tras casi dos décadas de obras. Sus siete torres conmemoran a las siete tribus fundadoras Hungría.

Las vistas sobre Pest, con su imponente basílica, Parlamento y puentes cruzando el Danubio son fantásticas… Si de día los monumentos imponen, de noche quitan el aliento.

A la que oscurece del todo decidimos volver a Pest ya que hace mucho frío (-8ºC para ser exactos). Cogemos el bus 16 frente a la iglesia de San Matias y bajamos justo antes de cruzar el Puente de las Cadenas para poder disfrutarlo iluminado en la noche, así como de las vistas del Parlamento, es nuestra última noche en la ciudad y no queríamos perdernos esta estampa 🙂

Castillo de Buda

Ya en la orilla de Pest, una última captura del Puente más bonito de la ciudad con la colina de Buda iluminada a sus espaldas.

Cogemos el tranvía 2 que tiene la parada junto a la orilla del río y que nos lleva al Puente de Elisabeth, a escasos metros de nuestro hostal. Vamos un rato a la habitación a entrar en calor y hacer las maletas ya que mañana toca volver a casa…

Hace mucho frío a estas horas, ¡¡¡-9ªC!!!, así que decidimos no complicarnos para cenar. Nos ponemos las tres mil capas de ropa y vamos al pub Bonnie, el bar dónde cenamos la primera noche y que está a un paso del hostal. Repetimos una pizza deliciosa con una buena cerveza negra del país por 4500Ft todo.

Tras la cena, vuelta al hotel, ducha para entrar en calor y a dormir que mañana nos espera un día intenso.

18/11/15: aterrizamos en Hong Kong y empezamos a descubrir la ciudad…

Día 1: tras un vuelo eterno, llegamos a destino…

Tras el desayuno a bordo que consiste en tortilla de patata y espinacas, fruta, yogurt, zumo y café -¡ahí es ná!- rellenamos el documento para la aduana. Y tal y como estaba previsto, aterrizamos en Hong Kong a las 11,50 hora local.

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Bajamos del avión en cuanto podemos, ¡¡necesitamos estirarnos un poco!! Accedemos a la zona de aduanas. Allí entregamos el pasaporte junto al papelillo de la aduana, y nos lo devuelven con el papel sellado. Así de simple, ni preguntas ni huellas ni siquiera un sello en el pasaporte. Qué cosas…

Recogemos las maletas que llegan ¡sanas y salvas! Y vamos  a comprar el ticket para el Airport Express, la idea era comprar ya las tarjetas de pre-pago para el metro, la Octopus, pero solo aceptan efectivo y como aún no tenemos, compramos solo el billete para el tren que si podemos pagar con tarjeta. Salimos a la zona común y ahora si, sacamos dinero de un cajero del HSBC sin problemas, 1000 HKD con un cambio de 1€=8,4HKD.

Nos dirigimos a la estación de tren y en apenas 3 minutos ya vamos montados camino de la ciudad, este trayecto cuesta 100HKD y tarda unos 25 minutos en llevarnos a la estación HK Central, al salir por los tornos debes volver a validar el billete por contacto. Compramos las Octopus por 150HKD (50 de depósito y 100 de saldo inicial) en las máquinas de la estación.

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Y ahora que ya tenemos nuestras tarjetas pre-pago para el metro (también se puede pagar algunos trenes, ferry y en algunas tiendas) y que podemos olvidarnos de calcular tarifas según trayecto, cogemos la línea roja y nos bajamos en la parada Jordan. Allí vuelves a validar con la tarjeta al salir, también por contacto.

Al salir a la calle alucinamos… entre el calor y la humedad terrible y que en la misma entrada a la estación hay tiendas de encurtidos con sus olores tan particulares es un poco mareante… pero ¡estamos felices de volver a estar en Asia y eso puede con todo!

En apenas 200 metros está nuestro hotel, el Nathan Hotel dónde tenemos reserva para 6 noches con desayuno incluido por 7690HKD.

 ¡A lo tonto son las 14h! Pero típico en Asia, nuestra habitación no estará hasta las 15h… Por suerte, nos guardan las maletas en la recepción, así que descargados decidimos ir a comer mientras hacemos tiempo para poder hacer el check-in.

Estamos agotados y algo mareados por el calor, el viaje y los olores… así que decidimos dejar la dieta local para la cena y ahora nos vamos al McDonald’s a cumplir con nuestra tradición de “McDonald’s por el mundo“. Si habéis leído más entradas del blog sobre otros viajes, sabréis que nos gusta al menos hacer una comida en McDonald’s por aquello de “comprobar que realmente hay un McDonald’s en todas partes” y comer algo occidental cuando estamos por ahí.

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Hace ya unas horas que no comemos nada y nos zampamos las hamburguesas en un santiamén. Como aún es pronto, cuando terminamos de comer nos acercamos a Temple Street, la calle dónde encontrarás el mercado nocturno más grande de la ciudad, pero es pronto y no hay ningún puesto montado aún.

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la puerta de entrada a Temple

Caminamos sin rumbo por las calles aledañas y llegamos al templo Yau Ma Tei, un templo taoista repleto de lámparas con inciensos. Es genial, me encanta la paz que se respira en estos pequeños templos. La entrada es gratis. ¡Cómo echábamos de menos los templos de Asia!

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Tras un rato recorriendo y admirando los detalles, y relajándonos con los aromas del pequeño templo, volvemos al hotel, ¡necesitamos una ducha y dormir un poco!

La habitación es enorme y muy bien equipada, además está en un planta alta y da a una calle lateral por lo que a pesar del gran tráfico que tiene Nathan Road, no nos molesta demasiado el ruido.

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Nos echamos hasta las 18,30h y luego salimos a ver un icono de la ciudad, su skyline. Llegamos tras 1 parada de metro y ¡alucina, qué chulada! Me parece una pasada poder ver la conocida bahía de Victoria Harbour que en tantas fotos he visto estos días mientras preparaba el viaje… Iluminada en la noche y dando luz a toda la bahía, precioso.

 

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Hay mucha gente cogiendo sitio para el espectáculo nocturno de luces, pero a nosotros no nos apetece estar aquí esperando la hora que falta aún para que empiece  con lo cansados que estamos hoy, así que tras un buen rato viendo los edificios más altos y emblemáticos de Hong Kong, volvemos al metro. De nuevo pagamos con las Octupus, una parada hasta Jordan y nos vamos de nuevo a Temple Street. ¡¡Ahora si que mola con sus chiringuitos y sus piratillas que intentan venderte sus productos al 200% más caro!! 😀

Fichamos algunas cosas que nos gustan pero estamos tan cansados que no nos vemos capaces de regatear hoy… El mercado está justo al lado del hotel por lo que ¡amenazamos con volver! 😀

Son las 20.30h, decidimos entrar en un chiringo local que vemos junto al hotel dónde como podemos, pedimos unos wantong, unas alitas de pollo a la vietnamita y un estofado de ternera con sopa con dos refresco de cola por 189HKD todo. Comemos de vicio y ya nos queda claro que tenemos que buscar restaurantes pequeñitos como éste si queremos comer dieta local de la buena 🙂

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Tras la cena, entramos al 7/11 que hay al lado a por unas galletitas para picotear por 50HKD (en todos los combini se puede pagar con la Octopus) y ya si, nos vamos al hotel que ¡no podemos más!

Deshacemos las maletas, otra ducha que con tanta humedad sudamos un montón, charla con los nuestros para decirles que hemos llegado y que hemos empezado a disfrutar de la ciudad, y a ¡dormir!

06/10/13: Takayama y Hida no Sato, lugar de tradiciones… y al fin, ¡¡compramos el barrilete de sake!!

Día 10: conocemos un Japón más rural…

Un nuevo día amanece en Japón y nosotros nos vamos al siguiente destino en nuestra ruta: ¡Takayama! Desayunamos en la habitación lo que compramos anoche, recogemos el equipaje y nos ponemos en marcha. Cogemos el tren directo a Toyama de la compañía Japan Railways de las 7,10h para acortar el trayecto y a las 8h nos montamos en el JR Limited Exprés Hida al que mi marido bautiza como el “Shin-borreguero” ¡jajaja! Es un tren diésel con velocidad punta de 81km/h y una velocidad media de 35km/h -medido con GPS- que en hora y media nos lleva a Takayama contaminando por un tubo pero mostrándonos paisajes de montaña muy chulos Mr. Green

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Llegamos sobre las 9,30h a Takayama. Pedimos un mapa de la ciudad en la oficina de turismo que hay en la misma estación y para nuestra sorpresa ¡nos lo dan ¡en español! Haremos una estancia de dos noches en la ciudad, y para ello escogimos el hostal J’Hoppers Hida Takayama por 12000¥ (los dos en habitación doble con baño privado). Así que nos dirigimos hacia allá para descargar, tardamos unos 5 minutos a pie desde la estación. Tengo que decir que las chicas que hay en la recepción son súper majas, una de ellas ha estado dos veces en Barcelona y nos dice que es su ciudad europea favorita (me cae bien esta chica…  Muy feliz ). Nos guardan las mochilas, chaquetas y paraguas sin problemas hasta el mediodía que podremos hacer el check-in y nos explica en qué consiste el matsuri que se celebra aquí en dos días, una pena porqué no hubo forma de cuadrar el itinerario para coger éste tampoco y ¡pinta muy chulo!

Takayama (高山): conocida por sus viejas tabernas, sus tiendas y sus destilerías de sake, Takayama es toda una rareza. Es una ciudad del S. XX (si bien, pequeña) que ha sabido mantener el sabor tradicional. Su encanto reside en sus animados mercados matutinos, sus templos en la colina y sus afables habitantes.

La idea para hoy es visitar la ciudad por la mañana sin ningún agobio y por la tarde acercarnos a Hida no Sato. Para mañana tenemos contratada la excursión que organiza el J’hoppers para ir a Shirakawago y aún nos quedará otra noche… Cuando organizamos el viaje, preveíamos que este lugar nos gustaría, así que decidimos darle dos noches y aprovechar para aflojar un poco el ritmo que ya son 11 días desde que salimos de casa y no ¡hemos parado!

A otros 5 minutos a pie más o menos nos topamos con el puente Naka-bashi de madera lacada en rojo que cruza el río Miyagawa.

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Justo al lado se organiza uno de los mercados matutinos, en los que venden básicamente fruta y verduras, encurtidos, conservas y alguna artesanía.

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El mercado está enfrente de la casa gubernamental Takayama Jinya. Se trata del último edificio gubernamental del período del shogunato Tokugawa del período Edo.

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El hermoso edificio de estilo tradicional japonés se construyó en 1615 como centro administrativo del clan Kanamori, pero los sogunes se lo arrebataron más tarde. La entrada principal estaba reservada a los altos cargos. El edificio actual data de 1816 y sirvió de sede del Gobierno local hasta 1969, hoy día está abierto al público como museo. La entrada cuesta 500¥ (por persona) y hay visitas guiadas en inglés gratuitas, pero tenemos que esperar más de 1h para el siguiente grupo, por lo que decidimos verlo por libre.

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Todas las salas cuentan con carteles informativos que explican a qué estaban destinadas y explican algo de la historia de la ciudad.

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Además de las oficinas, hay un granero dónde almacenaban el arroz a la forma tradicional y que era usado como moneda de pago. Es considerado el más grande de Japón así como uno de los más antiguos, por lo que no dejan hacer fotos en el interior. El edificio está rodeado de un bonito jardín zen. Además cuenta con una sala de tortura en la que se explican los procedimientos al detalle. No me parece demasiado dura después de haber visitado la del Palacio de los Reyes Católicos de Córdoba que era de la Santa Inquisición, la del Palacio Ducale de Venecia o el Museo de la Tortura de Carcassonne…

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En las distintas salas, muestran objetos y documentos oficiales de los señores feudales del pasado, mapas antiguos de la región de Hida y planos de otras ciudades históricas. Nos parece una visita de lo más interesante y el edificio es chulísimo. A la salida, paramos en boxes y nos tomamos un café de las máquinas.

Tras la visita al Takayama-Jinya, cruzamos el puente y nos adentramos en la San-machi-suji o casco antiguo de la ciudad que está cruzando el rio. El distrito cuenta con tres calles principales (Ichi, Nino y San-no-machi) y está lleno de restaurantes, tiendas tradicionales, museos, destilerías de sake… éstas últimas se distinguen porque sobre sus entradas cuelgan bolas de cedro.

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destilería de sake

Muchos de los edificios de esta zona datan del periodo Edo (1600-1868) y es genial poder pasear por esas calles tan tradicionales imaginando cómo sería en aquél entonces…

Ya comenté en el diario del primer viaje, que el día que nos íbamos vimos en una tienda del Dutty Free del aeropuerto de Narita unos barriletes de sake como los que ofrecen en los santuarios y nos pesó mucho no poder llevarnos uno (sobrepasaban los 100 ml que marca la normativa como equipaje de mano), así que teníamos muy claro -y más sabiendo que Takayama es conocida por ser una de las principales productoras de sake del país- que en este viaje caía uno ¡fijo! Así que mientras paseamos por las calles y vemos las Old Private Houses, vamos entrando en las destilerías que vemos hasta ¡¡¡dar con el barrilete!!! Mi marido ni se lo piensa, compramos uno de 2,5 litros de sake, otro más pequeño de 1L para unos amigos y un jarrón de cerámica que también va relleno de 0,5L. Además nos compramos una botella de sake sin filtrar, algo muy raro de encontrar. Vemos que junto a la caja tienen la etiqueta de Yamato Transport, y se nos ilumina la bombilla… le preguntamos al dueño si es posible enviar los sake que hemos comprado al hotel de Tokyo (y así evitar ir cargados hacia Matsumoto y luego hacia Tokyo) y nos dice que sin problema. Le damos la dirección del hotel y la fecha de llegada a allí y nos calcula el precio en base al peso como “frágil y refrigerado”, 8000¥ que pagamos gustosos con tal de no ir cargados como mulas Muy feliz ¡¡¿¿he dicho ya que me encanta la practicidad de este país??!!

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¡¡nuestro barrilete!!

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Jarrón con vasito incluido…

Más contentos que unos niños con zapatos nuevos, decidimos irnos hacia la zona de la estación JR a comer, así ya estamos allí para coger el bus hacia Hida No Sato después. Habíamos visto un par de tabernas cuando llegamos que nos llamaron la atención, así que nos fuimos derechos hacia ellas. Una solo la abren por la tarde, así que entramos en la otra dónde los carteles muestran unos ramen tremendos con carne de Hida asada. Por unos 1200¥ los dos, ¡nos ponemos hasta arriba de los mejores ramen que hemos probado nunca!

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¡aún se me hace la boca agua al acordarme de ese ramen!

Tras la comida, cruzamos la calle hacia la estación de buses para comprar el pase combinado de bus ida y vuelta + entrada para Hida No Sato (900¥), lo compramos en las máquinas que hay fuera, puesto que dentro hay mucha cola. Tenemos que esperar una media hora larga ya que el bus acababa de pasar, pero aprovechamos el wifi de la estación para ponernos al día. Al fin llega el Sarubobo Bus… ¡¡vaya retrobus de categoría!! Mr. Green Mr. Green

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Nos subimos al piso de arriba y en unos 10 minutos estamos en Hida No Sato. Casi llegando a allí nos llama la atención un edificio dorado enorme. Tiene pinta de secta :S

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Cuando tenemos conexión a internet. miramos qué es y vemos que se trata de la sede principal de una nueva religión nacida en Takayama, “La luz de la verdad”, basada en la creencia de que Cristo estuvo en Japón y no murió crucificado como dice el catolicismo si no de anciano en Japón… sin comentarios… Os dejo enlace a su web sukyomahikarieurope.org/en/ y de Wikipedia es.wikipedia.org/wiki/… D_Mahikari por si os interesa saber más sobre el tema.

Hida Folk Village o Hida no Sato, es un museo al aire libre que exhibe más de 30 granjas y casas tradicionales de la región de Hida, distrito montañoso de la Prefectura de Gifu. Las casas fueron construidas durante el Período Edo (1603-1867) y fueron trasladadas desde sus lugares de origen hasta aquí para crear el museo en 1971. Mantiene la atmósfera de un pueblo de montaña.

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mapa del Museo

El museo cuenta con edificios como la casa del ex jefe de la aldea, del tala cabañas, almacenes y una serie de caseríos gassho-zukuri.

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La mayoría de las granjas llevan el nombre de sus techos de paja escarpadas que se asemejan a un par de manos unidas en oración (“gassho“). Algunas fueron trasladadas aquí desde la cercana Shirakawago, donde las casas gassho-zukuri son reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Todos los edificios exhibidos en el Hida Folk Village están cuidadosamente preservados y abiertos al público.

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Lo que más nos gusta de Hida, además de poder ver las casas tradicionales de la zona es el poder entrar en todas ellas, conocer cómo vivían y cómo se organizaban en estas aldeas. Todas las casas cuentan con carteles dónde explican la historia de la casa original, costumbres, cómo se construyó, etc. Además muestran herramientas y utensilios usados en la vida cotidiana de la época y tienen una arquitectura de madera única. En algunas casas imparten talleres.

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Usaban un hogar para calentar la casa, cocinar y secar la ropa. Sobre ellos, colocaban unas plataformas de hierro colgadas del techo que en caso de subir demasiado las llamas lo hacían caer sobre el fuego y lo apagaban, evitando así incendios.

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Aprendemos cómo construían esos tejados capaces de aguantar varios metros de nieve sobre ellos.

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detalle del tejado

Seguimos recorriendo el recinto y vemos que hay una gran campana traída desde un templo de la región, dicen que si la haces sonar y pides un deseo mientras dura el eco se cumple, así que allá va Carol-San a hacerla sonar Guiño

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Entre los pinos, vemos plantaciones de setas shiitake, es curioso porque esta zona es una de las que más producen y a mi se me hace la boca agua solo de recordar su sabor y aroma 😛

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También hay en lo alto de una colina un pequeño templo que normalmente está cerrado al público pero que tenemos la suerte de encontrar abierto por las fiestas del matsuri, así que podemos deleitarnos con las pinturas de sus techos.

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Vemos estas dos piedras, que según dice el cartel explicativo cada una de ellas pesa unos 70kg. Las usaban para medir la fuerza y concentración de los hombres de la aldea, ya que además de levantar el peso debían ser capaces de evitar que les resbalara (por la forma que tienen).

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Mientras recorremos el lugar, escuchamos a pocos pasos de nosotros un grito de una mujer. Nos acercamos al grupo y vemos a una japonesa que corre de un lado a otro gritando súper asustada. Uno de los hombres del grupo nos dice en inglés que han visto una serpiente y por eso la mujer grita así. Nos acercamos un poco más y se trata de una pequeña serpiente de unos 30cm de largo que corre más asustada que la mujer a esconderse. Menudas risas tiene el grupo a costa del pobre bicho y de la pobre mujer… Nosotros seguimos con el camino de vuelta a la zona de la entrada al Museo al aire libre.

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Junto al lago, tienen también unas casetas con juegos tradicionales japoneses. Nos pasamos un buen rato allí bien entretenidos… Muy feliz Antes de irnos, hacemos parada en boxes y nos tomamos unos batidos de las máquinas. ¡Riquísimo!

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¡Este lugar nos ha gustado mucho y lo recomendamos al 100%! Cumple con las 3 B (bueno, bonito y barato) Guiño

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Sobre las 16,30h estamos de vuelta en Takayama, estamos cansados por el madrugón y la caminata que llevamos ya, así que decidimos volver al hostal, hacer el check-in y echarnos un rato la siesta, hay que probar el futón de nuevo 😉

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A las 18,30h nos ponemos en marcha de nuevo, salimos a ver Takayama de noche. Paseamos por las calles comerciales cercanas al hostal y aunque teníamos pensado cenar en alguno de los restaurantes recomendados en el foro Los Viajeros, la taberna que hay frente a la estación y que a mediodía estaba cerrada, nos llama mucho la atención. Así que vamos hacia allá.

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Entramos, y la mujer que hay en la recepción nos hace quitar los zapatos y dejarlos en unas taquillas que hay junto a la entrada. Una vez descalzos, nos lleva por un largo pasillo con cubículos privados a lado y lado hasta el nuestro. (Perdonad la calidad de las fotos, las eché con mi móvil de aquella época que con poca luz hacía lo que podía…)

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los cubículos privados

Al principio nos rayamos un poco porqué pensamos que tendremos que estar arrodillados durante toda la cena frente a esas mesas bajitas que tan poco me gustan… pero disimuladamente miro cómo están los de los cubículos aledaños y veo que están sentados con las piernas en un hoyo que hay bajo la mesa, ¡¡¡uff!!! Ahora si, cómodos y más relajados, nos miramos la carta. Es una izakaya, por tanto puedes escoger menús cerrados que incluyen varias tapas, o bien coger platos sueltos. Nos decantamos por probar un poco de todo. Después de tantas cenas de kombini nos apetece algo con un poco de categoría Sacando la lengua Éstos son algunas de las que pedimos.

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Yakitori o pincho de pollo

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niguiris de salmón braseado con caviar de salmón

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wagyu de Hida (ternera premium) a la plancha con setas

Repetimos el plato de wagyu de Hida que ¡¡estaba de rechupete!! Y de postre pedimos un variado de dulces japoneses, con los que nos invitan a un chupito de shōchū riquísimo. Comemos y bebemos fenomenal por 3800¥ los dos. Es algo caro, pero de verdad que solo por probar esa ternera que se deshace en la boca ¡¡ya lo vale!!

Compramos en un Family Mart que hay cerca algo de desayuno para mañana (600¥) y nos vamos a dar un paseo por las calles principales para bajar un poco la cena y ver el ambiente tan tranquilo que se respira en esta ciudad.

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Y tras el paseo volvemos al hostal, hoy ha sido un día muy guay y mañana toca madrugar de nuevo 🙂

02/10/13: ¡de vuelta a nuestra ciudad favorita del mundo: Kyoto!

Día 6: Volvemos a visitar Kyoto y sus templos…

Hoy es un día importante, y es que ¡¡¡volvemos a Kyoto!!! Nos levantamos de un salto, desayunamos, recogemos las cosas y nos vamos a buscar un tranvía que nos lleve a la estación JR Kumamoto. Sudamos un poco la gota gorda para bajar del tranvía tan cargados… tienen la puerta de salida súper estrecha y con unos escalones altísimos,  y nosotros vamos cargados con las maletas y las mochilas, ¡imaginaos el cuadro!

Habíamos reservado estos trayectos la noche que llegamos y suerte que lo hicimos porqué el tren se fue llenando a base de bien.

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Nos encantan los shinkansen 🙂

Salimos a las 9,05h hacia Shin-Osaka. El trayecto, aunque es larguillo se hace ameno. Vamos recordando lo vivido estos días por Kyushu, aún alucinando con el Sakurajima, y estamos deseando volver a Kyoto, ¡la ciudad que nos cautivó en el primer viaje! Llegamos a Shin-Osaka a las 12,20h. Tenemos  20 minutos de trasbordo que nos pasamos bien entretenidos viendo como la gente alucinaba con la decoración de nuestro tren… ¡y es que mola mucho, jaja!

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Tras esos 20 minutos en los que cambiamos de andén, tomamos otro Shinkansen que nos lleva caminito de la capital cultural nipona.

Kyoto 京都: el alma de la cultura tradicional japonesa y el escenario sobre el que ha tenido lugar gran parte de la historia nipona. Esta ciudad con 17 lugares designados Patrimonio Mundial por la Unesco, más de 1600 templos budistas y 400 santuarios sintoístas, es una de las más ricas del mundo en lo que a cultura se refiere.

Tras 14 minutos de trayecto llegamos a la estación JR Kyoto. ¡¡¡Qué ilusión!!! Riendo nos sentimos de una forma muy similar al día de llegada a Japón por segunda vez, una emoción tremenda nos embarga, reconocemos tiendas, restaurantes y sitios de la estación del primer viaje y un sinfín de imágenes y recuerdos nos vienen a la cabeza… el primer viaje fue algo especial, no sólo conocimos por primera vez el país nipón si no que además era nuestra luna de miel 🙂 Vemos por una de las ventanas de la estación el Hotel Vista, dónde nos alojamos en el primer viaje, ¡qué gracia nos hace! Mr. Green

Decidimos pasar un momento por la oficina de turismo para recoger un par de mapas de la ciudad y de los buses, y salimos hacia la calle por la salida de la Kyoto Tower para ir al ryokan. ¡¡No os podéis imaginar la ilusión que sentimos al volver a recorrer estas calles!! Vamos caminando y vamos diciendo “aquí cenamos tal día, aquí compramos esto, aquí vimos aquello…” ¡más mola! Aplauso

Para el alojamiento en Kyoto, nos decantamos por el ryokan Matsubaya Inn (42.840¥ – 3 noches los dos). Se trata de un ryokan con más de 100 años de experiencia y con algunos premios Trip Advisor y, muy recomendado por algunos foreros de Los Viajeros. Está a unos 10 minutos a pie de la JR Kyoto y cuenta con metros y buses en las cercanías. Hacemos el check-in y aunque aún no podemos subir a la habitación, el hijo del Sr Matsubaya nos enseña el ryokan y nuestra habitación (la están limpiando en ese momento), nos explica cómo conectarnos al wifi y nos da una tarjeta del ryokan con los datos de contacto por si hubiera algun problema. El chico es súper majo y habla bien en inglés. Le pedimos dejar las maletas allí y salimos a buscar un lugar para comer.

Decidimos acercarnos a la JR Kyoto de nuevo, ya que luego cogeremos allí el bus para ir a los templos que tenemos planeados visitar esta tarde. Además es una zona con un montón de sitios para comer. Decidimos entrar al Centro Comercial Yodobashi Camera y nos vamos hasta la última planta dónde hay varios restaurantes de todo tipo. Nos decantamos por uno de fideos (2300¥ los dos). Es un lugar curioso, tú escoges qué quieres comer, ellos te sirven los ingredientes y tú tienes que cocinártelos sobre una plancha que hay en la mesa. Para mi no fue un problema porque desde nuestro 1r viaje cocino algunos platos japoneses en casa, y los yakisoba están entre ellos, pero en caso de no saber por dónde empezar, te echan un cable. ¡¡Riquísimos, esos fideos nos saben a gloria!! Y me encanta poder hacer los yakisoba sobre una de esas planchas, como una auténtica japo.

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Una vez llenado el buche, salimos hacia la estación de buses, adherida a la JR Kyoto. Compramos en la máquina un pase diario de bus (500¥ pp) y cogemos el bus 206 hasta la parada del Sanjusangendo. Éste fue uno de los templos que no visitamos en el primer viaje ya que estaba en obras de restauración por aquél entonces. Pagamos (600¥ pp) y entramos. Ya desde fuera nos parece chulísimo. Se trata de un edificio de 118m de longitud, y está como considerado el templo construido en madera más largo del mundo.

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Nos quitamos los zapatos, los dejamos en las taquillas que hay junto a la entrada, y entramos al hall del edificio principal. ¡¡Es realmente impresionante!! Lástima no poder hacer fotos en el interior… la imagen principal es una Kannon Bodhisattva sentada, que simboliza la paz y la compasión, y está considerada como un Tesoro Nacional. El efecto se multiplica por las miles de estatuas antiguas de Kannon que llenan el resto de la sala, así como con los soldados de la compasión, que flanquean la imagen principal distribuidos formando cincuenta columnas de diez filas de profundidad, talladas en ciprés y cubiertas con pan de oro. Cada una tiene más de veinte pares de brazos, y se dice que son responsables de salvar muchos mundos. En 1249 hubo un incendio que destruyó el edificio original, pero se consiguieron salvar 124 de esas estatuas, las restantes datan del siglo 13. También hay 28 estatuas de deidades guardianas con expresiones intensas. Abrumador. Espectacular. Heart

Os dejo una foto extraida de Google:

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Salimos del hall y vamos hacia los jardines. Hay una campana y un santuario junto al templo, así como un pequeño estanque y un bonito jardín.

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Tras un buen rato recorriendo el recinto del templo, volvemos a la calle principal y tomamos de nuevo el bus 206 hasta la parada Gojo-zaka. Callejeamos un poco, recordando que la última vez que estuvimos aquí caía un diluvio por un tifón que no dejaba ver a dos metros de ti…, y tras un corto paseo lleno de recuerdos, llegamos al  Kiyomizu-Dera, un lugar que nos impresionó en el primer viaje y que no pudimos disfrutar del todo por culpa de la lluvia que caía aquel día. Así que aquí estamos de nuevo, con un sol espléndido y con ganas de ver lo que nos faltó la otra vez. Pagamos (300¥ pp) y entramos. Os dejo aquí el link del relato de nuestra 1ª visita en 2011.

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Ya en la entrada vemos que hay un montón de grupos de escolares… pero pese a que hay un gentío considerable, no hay sensación de agobio.

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El Kiyomizu-Dera o Templo del Agua Pura, aunque se trata de un templo budista fundado en el año 778, alberga en su interior un santuario sintoísta, el santuario Jishu. Un templo que incluya un santuario shinto es algo bastante peculiar y difícil de encontrar… pero creo que de ahí radica la magia de este lugar.

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Volvemos a recorrer el recinto del templo, disfrutando de las vistas de la ciudad que hay desde aquí.

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Recorremos de nuevo el pabellón principal con su balcón de madera a 13m por encima de la colina que se sustenta sobre vigas de madera, de las que se dice que no usaron clavos para sujetarlas. En éste edificio se conserva una estatua con las 11 caras de Kannon.

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Vemos que la otra balconada de madera está completamente tapada por toldos y andamios, qué pena, de ahí había unas bonitas vistas del balcón de madera con Kyoto de fondo… En el 1r viaje, vimos la zona del Santuario Jishu, dedicado al amor, así que esta vez bajamos las escaleras y vamos hacia la cascada Otowa, a la base del edificio principal y que diverge en tres chorritos de agua considerada sagrada, de los que se puede beber. Se dice que según del chorro que bebas, tendrás una vida amorosa afortunada, éxito en los estudios o longevidad. Nos ponemos a la cola y como no acabamos de tener claro qué chorro es cada cuál, bebemos del primero que queda libre, ya se verá con los años de cuál bebimos, ¿no? Sacando la lengua

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De ahí recorremos un pequeño sendero hasta la Pagoda Koyasu, la visita a ésta dicen que ayuda a lograr un parto fácil y seguro, así que ya voy servida para cuando llegue el momento Sacando la lengua Vale mucho la pena acercarse hasta aquí, hay unas bonitas vistas del templo y no hay nadie, ¡¡la vemos a solas!!

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A las 17h, empieza a sonar la campana que anuncia el cierre del templo, así que nos quedamos con las ganas de ver la sala dónde dicen que hay 200 estatuas de Jizo, una pena porqué este buda me inspira simpatía, es mi buda favorito Muy feliz Salimos del templo por una de las calles comerciales, la Matsubara Dori. ¡Ahí si que hay un montón de gente!

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Entramos en algunas tiendas a mirar cosillas, y en una de ellas compro un jizo monísimo (1000¥) ¡me encanta! Muy feliz Mi marido se mira las katanas, pero se nota mucho que son baratijas (las verdaderas no se pueden sacar del país ya que están consideradas Tesoro Nacional) por lo que al final pasamos de largo.

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Lo que más me gusta de Kyoto es que puedes encontrar templos en cualquier rincón… así como estatuillas de la suerte por doquier.

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Vamos dando un paseo a lo largo de la calle, disfrutando del entorno y del ambiente, hasta llegar a Higashi Oji-Dori, dónde tomamos de nuevo el bus 206 que nos llevará de vuelta a la estación JR Kyoto.

Ya expliqué en el diario del primer viaje cómo funcionan los buses en Japón así que no me voy a repetir, pero si recordar que en la zona del centro de la ciudad los buses tienen una tarifa plana de 220¥ y en caso de salir de esa zona, veréis que junto al conductor hay una pantalla dónde indica el precio que debes pagar en función del número de parada que has subido. Sabrás el número de parada que se trata ya que al subir (por la puerta de atrás) te sale un papelillo con el número. En caso de llevar un bono diario (500¥, de viajes ilimitados) no debes pagar nada al bajar siempre que te muevas por la zona de tarifa plana, si sales de ella, deberás abonar la diferencia de precio antes de bajar.

Una vez en la JR, entramos al Map Camera y al Yodobashi, queremos comprar una cámara de fotos réflex que ya me quedé con las ganas en el primer viaje… Miramos varios modelos y nos encontramos con que tan solo se pueden poner los menús en español en algunas máquinas Sony. Las Canon y Nikon aceptan inglés o japonés y en el resto, sólo japonés… ¡ya les vale! Me apunto las que me interesan para comparar precios.

Volvemos a la estación JR y bajamos a las plantas -1 y -2, dónde hay un supermercado enorme dónde venden bentos, sushi y comida preparada para llevar, y conforme se acerca la hora de cierre bajan los precios como si fuera una lonja, ¡truquillos que aprendimos en el primer viaje! Mr. Green Las chikagai o ciudades subterráneas son algo que me gusta mucho de Japón, aprovechan el subsuelo para construir centros comerciales inmensos. Compramos la cena y también el desayuno para mañana. En una parafarmacia de la estación, compramos un protector solar en spray. ¡¡Una maravilla!! Ya compramos uno allí en el primer viaje y esta vez me llevo dos, van de fábula porque protegen pero no dejan la piel pringosa y son muy cómodos de aplicar Riendo Y ahora ya si, volvemos al ryokan, ya es hora de descansar.

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la Kyoto Tower es mucho más bonita de noche que de día…

La habitación es la mar de amplia y cómoda. Tan solo hay un par de cosas que no me acaban de gustar de los hoteles tradicionales y tenemos que preguntar si en sus casas también lo tienen así… lo primero es la mesa con las sillas al suelo -sin patas-, supongo que si estás bien de la espalda se lleva bien, pero en mi caso que la tengo hecha polvo, es súper súper incómodo… ¡no sé ni como ponerme! Lo segundo es algunos futones… según la tradición, cuanto más dura es la superficie dónde duermes más rectitud aprendes, a mi esto no me convence y siempre busco en el armario, dónde los suelen guardar, otro futón para ponerlo debajo y que sea más blandito Sacando la lengua Algo que si me encanta son los suelos de tatami, son súper cómodos y me encanta andar por ellos Heart Y me llaman la atención los pequeños altares que siempre encuentras en algún rincón de la sala. Aquí además encontramos uno libro con los textos del Dharma.

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altar de la habitación

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los futones esperan a ser montados…

Después de cenar, llamamos a los nuestros vía internet, echamos un vistazo a las redes sociales, duchita y a dormir que al fin nos espera un buen futón.