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22/11/15: entre budas en los nuevos territorios y un anochecer espectacular

Día 5: descubrimos los grandes templos y las mejores vistas de HK

Nos levantamos con la noticia que el Barça le metió una paliza al Madrid en el clásicoq que se celebraba ayer, empieza bien el día 😛 Son las 9.30h cuando subimos a desayunar al bufet del hotel.

Tras cargar las pilas, vamos hacia el metro y nos dirigimos hasta la parada de Sha Tin, hoy vamos  conocer el distrito de Nuevos Terriotorios.

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Conocidos como los “Nuevos Territorios” desde que los británicos tomaron más terreno chino en 1898, ocupan la zona más septentrional de Hong Kong y su área más amplia. A lo largo de sus casi 1000 kilómetros cuadrados viven más de 3 millones y medio de personas y esconde algunos de los templos más pintorescos de Hong Kong.

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Al salir del metro, caminamos unos pasos hacia el Monasterio de los 10.000 budas, siguiendo las indicaciones que encontré en internet (está algo escondida la entrada) y que comparto con vosotros:

Salir del metro por la salida B. Girar a la izquierda y bajar la rampa hasta pasar junto a una antigua casa tradicional (queda a mano izquierda) hacia el centro de Home Center (es un centro comercial de muebles y cosas de casa, hay un Ikea). Cruzar la calle y girar a la izquierda por Pau Tai St. Caminar hacia el edificio gubernamental Sha Tin y girar a la derecha por Shiung Wo Che St. Segurr hacia el final de esta calle (a la derecha queda el aparcamiento del Home Center Shopping Mall), la entrada al templo queda en el lado izquierdo y te lleva a través de un pequeño bosque de bambú que conduce hacia los 400 escalones custodiados por Buda que llevan al monasterio. Hay carteles que indican la dirección.

Su entrada es gratuita, bueno hay que hacer penitencia para subir hasta allí con el calor que hace hoy… pero el camino que asciende hacia el monasterio es alucinante, con budas por doquier, cada uno de ellos en una postura y con una expresión diferente.

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El camino de subida se hace pesado sobretodo por el bochorno que hace. Salvo la última parte que es más empinada, se hace bien y encuentras bancos dónde sentarte a descansar cada pocos metros. Tras un ratito de subida, llegamos a la entrada del monasterio, dónde seguimos encontrando budas por todas partes.

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El lugar es bonito, cuentas con varios edificios y altares, así como una pagoda en el centro del recinto. Su templo principal cuenta con unas 12,500 estatuas de Buda… es realmente impresionante. El entorno además es bonito, en medio de la montaña, y rodeado de árboles y… ¡budas! Desde aquí hay unas vistas chulas de la ciudad, con sus rascacielos a los pies del monte.

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Tras recorrer esta zona principal, subimos un poco más el sendero de budas hasta llegar a otra zona dónde encontramos una pequeña cascada -también rodeada de budas- y algunos templos más pequeños. Al entrar en uno de ellos vemos que hay uno que es como un “cementerio”, repleto de urnas custodiado por un gran buda dorado.

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Hacia mediodía, y tras un buen rato disfrutando del lugar, comenzamos a bajar, también rodeados por budas de vuelta hacia el metro. Realmente no sé si alguien se ha entretenido en contar, pero yo creo que hay muchisimos más que 10.000 budas 😀

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Mientras bajamos oímos como cantan unas oraciones acompañadas por toques de campana, vemos un templo en medio de la montaña pero no conseguimos dar con el camino que lleva a él. Una pena porque el lugar parece interesante.

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Son las 13h cuando llegamos de nuevo al metro, tomamos el primero que pasa y nos bajamos en la parada de Diamond Hill. Caminamos unos pocos metros hasta el Monasterio de Chi Lin.

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Establecido en 1934 y renovado siguiendo el estilo de la dinastía Tang (618-907) en 1990, el Monasterio Chi Lin está compuesto por un amplio conjunto de templos de elegante arquitectura de madera que alberga valiosas reliquias budistas y con relajantes estanques de lotos. El conjunto también incluye una serie de salas en las que se pueden contemplar estatuas de madera, arcilla y oro que representan a divinidades como el Buda Sakyamuni y bodhisattvas. Es de entrada gratuita y la verdad es que me recuerda bastante a los templos de madera japoneses… Contrasta con los altos rascacielos que lo rodean.

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Está conectado con el jardín Nan Lian. También de entrada gratuita, se trata de un parque público del estilo de la dinastía Tang de 3,5 hectáreas, cuidadosamente diseñado, cada colina, roca, estanque, planta y estructura de madera se ha colocado siguiendo un método y unas pautas específicas basándose en la filosofía zen que tanto me gusta.

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Mientras lo visitamos, encontramos un restaurante vegetariano. Son más de las 14h y tenemos hambre y mucho calor, así que tras mirar el menú y el precio, entramos a comer. Escogemos un menú de 5 platos que incluye sopa, arroz, vegetales, fruta y té por 300 HKD cada uno. La comida nos parece deliciosa y tenemos la oportunidad de probar la fruta del dragón.

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Tras una comida abundante y riquísima, seguimos recorriendo el jardín. Nos gusta mucho este lugar, un remanso de paz entre el gran caos que es Hong Kong. Cuenta con un gran estanque en el centro y una especie de copia del Palacio Dorado de Kyoto… pero se nota de lejos que es una copia fake 😛

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Tras un buen rato descubriendo el jardín, volvemos al metro y nos bajamos en la parada Wong Tai Sin, y junto a ella, encontramos el gran templo Sik Sik Yuen Wong Tai Sin, uno de los más populares de Hong Kong y hogar del taoísmo, budismo y confuncianismo que rinde homenaje al legendario monje Wong Tai Sin, al que los fieles honran por medio de ofrendas y ruegan fortuna mediante las artes adivinatorias, al cuál se accede por una gran puerta de piedra.

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Con el atrayente emblema “conceder todos los deseos que se pidan”, y construido con un colorido estilo tradicional, cuenta con una superficie de 18.000 metros cuadrados a lo largo de los cuales se encuentran espacios como el Pabellón de Bronce, el Salón de los Archivos, la Fuente Yuk Yik, el Santuario Yue Heung, el Muro de Tierra o el Jardín de Buen Deseo los cuáles nos disponemos a conocer.

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A pesar de que hay muchísima gente visitándolo, es posible encontrar algún rincón dónde sentarse a la sombra de algún árbol y descansar un poco. Está rodeado de vegetación lo que hace que sea agradable su visita y que no haga tanto calor como en otras zonas. De nuevo, podemos disfrutar de ese contraste que tanto de me gusta de lugares sagrados rodeados de altos edificios, modernismo vs tradición 🙂

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Acabamos de ver sus jardines y después volvemos al metro, hasta la parada de Central. Vamos a visitar otro de los iconos de la ciudad, el Victoria Peak. Caminamos unos 15 minutos y llegamos hasta el lugar dónde se coge el tranvía que te lleva a lo alto del pico Victoria, pero cuál es nuestra sorpresa que hay una cola interminable para comprar las entradas y subir al tranvía… :O

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Lo malo de organizar un viaje con menos de 15 días de antelación, es que te puedes encontrar con estas sorpresas… y descubrir in situ (tras 1h de cola) que las entradas de podían comprar por internet en la página web del tranvía y evitar la cola hasta la taquilla 😛

Al fin conseguimos llegar a la taquilla y compramos los pases para el tranvía ida y vuelta, más el acceso a la terraza dónde se encuentra el mirador por 83HKD c/u. Y de nuevo nos topamos con una cola enorme para acceder al tranvía. El espacio es reducido y nos vemos rodeados por hongkoneses dispuestos a clavarte el codo si es necesario para entrar antes que tú… y tras unos buenos empujones, pues al final hacemos caso al refrán de “dónde fueres haz lo que vieres” 😀 La foto se ve borrosa, pero os la cuelgo igualmente para que os hagáis una idea de la situación 😛

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Tras casi otra hora de espera, al fin conseguimos subrir al funicular que nos lleva hasta lo alto del pico Victoria a través de altos edificios primero y de vegetación después. Llegamos arriba a las 17,45h.

Hago otros 15 minutos de cola para ir al wc que hacen que me pierda los últimos rayos de sol, pero no podía más y os aseguro que en Hong Kong (y me da que en China ocurre igual) hay que hacer colas eternas para ¡todo! En fin, cuando llegamos a la terraza dónde se encuentra el mirador ya es noche cerrada… y ¡está hasta los topes de gente! Aún así, consigo hacerme un huequito y conseguir unas buenas instantáneas de las vistas sobre la ciudad desde aquí 🙂

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A pesar de llevar un jersey, aquí arriba hace bastante frío, así que tras la vista panorámica y echar unas cuantas fotos, decidimos bajar a ver si tenemos tiempo de llegar a ver el espectáculo de luces… pero al llegar a la entrada del funicular, de nuevo nos topamos con ¡una cola tremenda para cogerlo!

Así que decidimos volver al centro comercial e ir a tomar algo, nos pedimos un café y un zumo por 43 HKD y volvemos a la cola, dónde pasamos otra hora de espera para poder bajar. Es horrible lo mal montado que está, teniendo en cuenta que es uno de los lugares más visitados de la ciudad y que el funicular tiene una capacidad bastante reducida, por lo que se hace un cuello de botella importante… estamos seguros que hubiéramos terminado antes intentando coger un bus o caminar hasta la parada intermedia del funicular para cogerlo allí, pero son los contras de preparar un viaje con poca antelación, que te encuentras que tienes que acabar yendo a dónde va Vicente.

Cuando conseguimos llegar a bajo, caminamos entre rascacielos hasta el metro de Central.

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Tomamos el metro hasta la parada de Jordan y decidimos cenar algo rápido en elMcDonald’s que hay frente al hotel (75HKD 2 menús). Compramos un bote grande de bálsamo del tigre (58HKD) en una tienda cercana. Para los que no lo conozcáis, es un ungüento que va de perlas para el dolor de cabeza y las contracturas, ya compré un frasquito en Indonesia en 2014 y ahora me llevo otro para casa, que nunca se sabe lo que tardaré en volver a Asia y si lo compro en Barcelona me cascan 10€ como mínimo por el frasco más chiquitín 😛

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Y tras un largo día de caminata entre budas, templos y colas eternas para las vistas de la ciudad desde el Victoria Peak, volvemos al hotel a descansar…

21/11/15: recorremos la zona de Central y nos lanzamos al regateo en Temple Street

Día 4: recorremos la isla de HK y nos echamos unas risas con las compras del día…

Hoy nos levantamos con calma, hemos dormido algo mejor que las noches anteriores pero aún así tenemos sueño acumulado y estamos de vacaciones… tras tomar el desayuno en el bufet del hotel, decidimos que hoy destinaremos el día a conocer aquellos lugares más emblemáticos de la isla de Hong Kong. Así que bajamos hasta la parada de metro Jordan y allí lo tomamos hasta la estación Central.

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Tomada por los ingleses en 1840, la isla de Hong Kong es la zona más moderna de la ciudad y concentra la mayor parte de las empresas de la región administrativa de Kong Kong. En el norte de la isla se encuentra la Bahía Victoria, donde se localizan los edificios más famosos de Hong Kong. Cuenta con uno de los skylines más impresionantes del mundo y resulta un auténtico
placer contemplarlo tanto de día como de noche.

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Esta zona es muy diferente a Kowloon, con altos edificios, calles nuevas bien pavimentadas y mucho más limpias. Caminamos por el paso elevado entre los edificios hasta llegar al Two International Finance Centre.

Su construcción finalizó en 2003, y cuenta con 415 metros de altura en 90 plantas.  Fue el edificio más alto de Hong Kong hasta la reciente construcción del International Commerce Centre en Kwoloon. En el cine es conocido por ser escenario en Tomb Raider y en El Caballero Oscuro.

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En la planta 55 se encuentra la sede de la Autoridad Monetaria de Hong Kong, el banco central del país que además de ofrecer una exposición de billetes y monedas a lo largo de su historia, cuenta con una pequeña exposición fotográfica de cómo era la bahía hace años y, cuenta con unas vistas excelentes de la zona.

Subir al mirador de la planta 55 es gratis, pero debes solicitar una tarjeta de visitante en la recepción del edificio. Es imprescindible presentar el pasaporte original ya que la tarjeta es nominativa. Tras hacer el trámite, pasamos por el control de bolsos y detector de metales, y subimos con el ascensor que nos indican. El edificio se nota que es nuevo y que cuenta con varias plantas de oficinas, porque hay un montón de gente trajeada por aquí… Recomiendo ir vestido “decente”.

La exposición de monedas y billetes está bien, con muchísima información en inglés, no solo a nivel de moneda si no que también de la economía del país y cuenta algo de historia también. Pero lo que realmente merece la pena son las fabulosas visitas de la isla de Hong Kong y de la bahía que hay desde aquí arriba 🙂

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Y el “antes” y el “ahora” de la isla impacta de veras…

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Una vez recorremos la exposición, volvemos a la calle y seguimos conociendo la zona de Central. Vamos caminando hasta la Catedral de St John, hay un paseo de unos 15 minutos. Decidimos seguir caminando por el paso elevado y vemos que éste se introduce en centros comerciales y los altos edificios y que los cruza por sus hall.

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Los centros comerciales son una pasada y realmente te das cuenta que el consumismo aquí, al igual que en Japón y seguramente en las otras grandes ciudades chinas, está por las nubes… puedes encontrar de todo en sus CC, incluso un ¡gran carrusel!

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Tras el paseo entre tiendas y coches de lujo y mucha gente trajeada que va de allá para acá, llegamos a la elegante y antigua Catedral de St John que entre tanto rascacielos, choca muchísimo encontrar este edificio rodeado de un bonito parque.

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La catedral ha desempeñado un papel simbólico y perenne en la historia de Hong Kong. Se trata del edificio eclesiástico occidental más antiguo que queda en la ciudad. La primera piedra fue colocada por el Gobernador Davis sólo seis años después de que los Británicos tomaron posesión de Hong Kong. Desde entonces, la “isla estéril” que China cedió a Gran Bretaña en 1841 se ha convertido en uno de los principales centros de comercio del mundo. St John sigue sirviendo con diligencia su importante congregación anglicana, resguardada por los rascacielos del distrito financiero.

Los comentarios que habíamos visto por internet decían que el lugar merece la pena ser visitado, que su estilo anglicano es digno de una visita, pero nosotros nos encontramos con que se está celebrando un entierro de un párroco… por lo que nos parece totalmente fuera de lugar entrar. Así que la rodeamos para verla por fuera y seguimos con la ruta prevista para hoy, antes por eso, nos sentamos 10 minutos en un banquito del parque a descansar un poco del calor bochornoso que hace entre los edificios.

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Seguimos con la ruta hacia el Bank Of China, que también cuenta con un mirador en su planta 43 de acceso gratuito y que tan solo necesitarás el pasaporte para acceder. Pero cuál es nuestra sorpresa cuando llegamos y vemos que está cerrado…

El edificio fue construido en 1989 según los planos del arquitecto chino Leoh Ming Pei, con un asombroso diseño y una iluminación espectacular. Mide 367 metros de altura, tiene 72 plantas y está construido con aluminio y cristal. Cuando finalizó su construcción se convirtió en el edificio más alto de Asia, récord que se mantuvo hasta 1992 cuando finalizó la construcción del Central
Plaza. También fue el primer rascacielos fuera de Estados Unidos en superar la barrera de los 300 metros.

La gran torre es fácil de reconocer por las líneas que recorren el edificio con formas romboides y triangulares y es uno de los que más resalta por la noche.

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Hacemos parada en un combini cercano a comprarnos unas bebidas frescas por 11,50 HKD que pagamos con las tarjetas Octopus del metro, ¡me encanta ese sistema por que te olvidas de tener que llevar moneda pequeña!

Tras hidratarnos entramos en uno de los centros comerciales adheridos a la estación de metro Admiralty para parar en boxes y luego cogemos el primer metro que pasa hacia Sheung Whan. Caminamos un par de calles y llegamos a la entrada del Templo Man Mo, escondido entre altos edificios.

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Se trata del templo taoista más importante de Hong Kong, fue construido en 1847 por mercaderes chinos en honor a los dioses de la literatura (Man) y de la guerra (Mo) y sirvió como tribunal arbitral para las disputas locales. Fue el centro de la vida civil de la isla en el S. XIX, cuando el nivel de confianza entre lugareños y colonos era mínimo ya que los británicos habían impuesto una
política de segregacionismo para evitar que los chinos se mezclaran con ellos.

Si no estás acostumbrado a visitar templos taoistas como es nuestro caso llama mucho la atención… con esas cientos de lámparas de incienso colgando del techo y dando aroma al lugar, ahora asmáticos andaos con cuidado porque la humareda es considerable… Hay varios altares repartidos por el edificio, con tiendecitas de amuletos, y también cuenta con la puerta original del templo en su interior.

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Tras la visita al templo, nos dirigimos a la cercana calle de Cat Street, dónde se encuentra el Mercado de Antigüedades que reúne tiendas de antigüedades,  galerías de arte, pequeñas tiendas y puestos de amuletos y de objectos de segunda mano que permiten encontrar muebles, elementos decorativos,  artículos artesanales y algunas piezas de jade o productos bordados y de seda. La pega es que hay cosas de dudosa autenticidad… así que a pesar de que echamos un vistazo a fondo a distintas tiendas, finalmente no compramos nada aquí.

Nos acercamos dando un paseo de unos 15 minutos hasta la zona de muelles. Decidimos entrar en el centro comercial que hay junto a la terminal del ferry a Macau, dónde buscamos sitio para comer. Nos decidimos por un restaurante dónde comemos dos platazos de arroz con verduras y unos niguiris la mar de ricos por 250 HKD.

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Tras la comida, vemos que tenemos el metro de Sheung Whan al lado, así que allí lo cogemos y volvemos a Admiralty. Desde allí caminamos hasta llegar junto a la bahía dónde se encuentra el Centro de Convenciones y Exhibiciones de Hong Kong, un gran auditorio que en parte recuerda a la ópera de Sidney. Están celebrando un evento y no podemos acercarnos demasiado al edificio.

En esta zona también encontramos grandes rascacielos y tenemos una buena vista del sur de Kowloon. De todos modos, visto desde aquí, el centro no impresiona tanto y llegamos a la conclusión que mucho mejor verlo desde la otra orilla, sobretodo si dispones de poco tiempo. Entramos en un Starbucks a tomarnos un frapuccino bien fresco y después volvemos al metro.

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Cogemos el metro directo hasta Jordan y volvemos al hotel a descansar un poco. Llevamos horas caminando bajo un sol abrasador y un bochorno importante…

La idea era ver hoy el espectáculo de luces nocturno, pero nos quedamos dormidos y cuando llegamos es tarde y ya ha terminado. Vigilad si queréis verlo porque apenas dura unos minutos y hay que ir con tiempo para encontrar un hueco (aquello de llena de ¡hordas de gente!). Damos una vuelta por la zona y de nuevo disfrutamos de la vista del skyline con todos sus edificios iluminados en la noche.

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Entramos en el CC iSquare pero no nos llama ningún restaurante para cenar, así que decidimos coger el metro y volver a Jordan, e ir a Temple Street Market.

Hoy si que nos lanzamos al regateo y a las compras y nos hacemos con una figura de un león Fu tallada en madera y 2 reposa-palillos por 125 HKD (la figura costaba 180 y lo otro 10 c/u).

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Y después de un buen rato de regateo, compramos dos monederos -suponemos que de imitación, aunque está muy lograda- de “marca” Jimmy Choo por 120HKD cada uno (partíamos de 90 HKG por cada uno) 😛

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Cuando nos damos cuenta, son las 22.30h y ahora si, aprieta el hambre. Damos una vuelta por los puestos de comida callejera del mercado pero no nos inspiran mucha confianza… así que vamos a un combini y compramos cena, una cerveza y una cola por 50 HKD. Lo bueno de los hoteles asiáticos es que generalmente tienes hervidor de agua en la habitación, así que te puedes apañar alguna cena en la habitación comprando por ejemplo cajas de fideos a los que solo hay que  echarles agua hirviendo para prepararlos.

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Tras la cena, nos echamos unas risas grabando un vídeo para los nuestros al estilo “El precio justo” enseñándoles los monederos que hemos comprado e intentando que averigüen si son de verdad o imitación y el precio que hemos pagado… 😀 Tengo que decir que pensé que por  7€ los monederos apenas me durarían… pero estaba equivocada, llevo encima desde entonces el gris y está impecable y el lila lo guardo de reserva envuelto en su funda y lo mismo 😀

A lo tonto, son las 24h cuando nos vamos a dormir, por suerte mañana no tenemos pensado madrugar demasiado 🙂

18/11/15: aterrizamos en Hong Kong y empezamos a descubrir la ciudad…

Día 1: tras un vuelo eterno, llegamos a destino…

Tras el desayuno a bordo que consiste en tortilla de patata y espinacas, fruta, yogurt, zumo y café -¡ahí es ná!- rellenamos el documento para la aduana. Y tal y como estaba previsto, aterrizamos en Hong Kong a las 11,50 hora local.

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Bajamos del avión en cuanto podemos, ¡¡necesitamos estirarnos un poco!! Accedemos a la zona de aduanas. Allí entregamos el pasaporte junto al papelillo de la aduana, y nos lo devuelven con el papel sellado. Así de simple, ni preguntas ni huellas ni siquiera un sello en el pasaporte. Qué cosas…

Recogemos las maletas que llegan ¡sanas y salvas! Y vamos  a comprar el ticket para el Airport Express, la idea era comprar ya las tarjetas de pre-pago para el metro, la Octopus, pero solo aceptan efectivo y como aún no tenemos, compramos solo el billete para el tren que si podemos pagar con tarjeta. Salimos a la zona común y ahora si, sacamos dinero de un cajero del HSBC sin problemas, 1000 HKD con un cambio de 1€=8,4HKD.

Nos dirigimos a la estación de tren y en apenas 3 minutos ya vamos montados camino de la ciudad, este trayecto cuesta 100HKD y tarda unos 25 minutos en llevarnos a la estación HK Central, al salir por los tornos debes volver a validar el billete por contacto. Compramos las Octopus por 150HKD (50 de depósito y 100 de saldo inicial) en las máquinas de la estación.

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Y ahora que ya tenemos nuestras tarjetas pre-pago para el metro (también se puede pagar algunos trenes, ferry y en algunas tiendas) y que podemos olvidarnos de calcular tarifas según trayecto, cogemos la línea roja y nos bajamos en la parada Jordan. Allí vuelves a validar con la tarjeta al salir, también por contacto.

Al salir a la calle alucinamos… entre el calor y la humedad terrible y que en la misma entrada a la estación hay tiendas de encurtidos con sus olores tan particulares es un poco mareante… pero ¡estamos felices de volver a estar en Asia y eso puede con todo!

En apenas 200 metros está nuestro hotel, el Nathan Hotel dónde tenemos reserva para 6 noches con desayuno incluido por 7690HKD.

 ¡A lo tonto son las 14h! Pero típico en Asia, nuestra habitación no estará hasta las 15h… Por suerte, nos guardan las maletas en la recepción, así que descargados decidimos ir a comer mientras hacemos tiempo para poder hacer el check-in.

Estamos agotados y algo mareados por el calor, el viaje y los olores… así que decidimos dejar la dieta local para la cena y ahora nos vamos al McDonald’s a cumplir con nuestra tradición de “McDonald’s por el mundo“. Si habéis leído más entradas del blog sobre otros viajes, sabréis que nos gusta al menos hacer una comida en McDonald’s por aquello de “comprobar que realmente hay un McDonald’s en todas partes” y comer algo occidental cuando estamos por ahí.

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Hace ya unas horas que no comemos nada y nos zampamos las hamburguesas en un santiamén. Como aún es pronto, cuando terminamos de comer nos acercamos a Temple Street, la calle dónde encontrarás el mercado nocturno más grande de la ciudad, pero es pronto y no hay ningún puesto montado aún.

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la puerta de entrada a Temple

Caminamos sin rumbo por las calles aledañas y llegamos al templo Yau Ma Tei, un templo taoista repleto de lámparas con inciensos. Es genial, me encanta la paz que se respira en estos pequeños templos. La entrada es gratis. ¡Cómo echábamos de menos los templos de Asia!

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Tras un rato recorriendo y admirando los detalles, y relajándonos con los aromas del pequeño templo, volvemos al hotel, ¡necesitamos una ducha y dormir un poco!

La habitación es enorme y muy bien equipada, además está en un planta alta y da a una calle lateral por lo que a pesar del gran tráfico que tiene Nathan Road, no nos molesta demasiado el ruido.

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Nos echamos hasta las 18,30h y luego salimos a ver un icono de la ciudad, su skyline. Llegamos tras 1 parada de metro y ¡alucina, qué chulada! Me parece una pasada poder ver la conocida bahía de Victoria Harbour que en tantas fotos he visto estos días mientras preparaba el viaje… Iluminada en la noche y dando luz a toda la bahía, precioso.

 

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Hay mucha gente cogiendo sitio para el espectáculo nocturno de luces, pero a nosotros no nos apetece estar aquí esperando la hora que falta aún para que empiece  con lo cansados que estamos hoy, así que tras un buen rato viendo los edificios más altos y emblemáticos de Hong Kong, volvemos al metro. De nuevo pagamos con las Octupus, una parada hasta Jordan y nos vamos de nuevo a Temple Street. ¡¡Ahora si que mola con sus chiringuitos y sus piratillas que intentan venderte sus productos al 200% más caro!! 😀

Fichamos algunas cosas que nos gustan pero estamos tan cansados que no nos vemos capaces de regatear hoy… El mercado está justo al lado del hotel por lo que ¡amenazamos con volver! 😀

Son las 20.30h, decidimos entrar en un chiringo local que vemos junto al hotel dónde como podemos, pedimos unos wantong, unas alitas de pollo a la vietnamita y un estofado de ternera con sopa con dos refresco de cola por 189HKD todo. Comemos de vicio y ya nos queda claro que tenemos que buscar restaurantes pequeñitos como éste si queremos comer dieta local de la buena 🙂

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Tras la cena, entramos al 7/11 que hay al lado a por unas galletitas para picotear por 50HKD (en todos los combini se puede pagar con la Octopus) y ya si, nos vamos al hotel que ¡no podemos más!

Deshacemos las maletas, otra ducha que con tanta humedad sudamos un montón, charla con los nuestros para decirles que hemos llegado y que hemos empezado a disfrutar de la ciudad, y a ¡dormir!

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