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04/10/16: conocemos el Chinatown de Bangkok antes de partir hacia Chiang Mai

Día 4: nueva jornada de momentos y experiencias inolvidables…

Hoy nos levantamos pasadas las 8h. Desayunamos, nos arreglamos y cerramos las mochilas. Bajamos a recepción para hacer el check-out y pedimos que nos guarden las mochilas por una hora.

Vamos al cercano templo Wat In o del Gran Buda de Pie. Su entrada es gratuita y además de varios edificios para la oración, cuenta con un gran buda dorado de 32 metros de altura plantado de pie.

Tras la visita, volvemos al hotel a recoger las mochilas y pedimos un taxi que nos lleve a la estación de trenes de Hua Lampong. El trayecto nos cuesta 75 baths. Dejamos las mochilas en la consigna de la estación por 60 baths c/u. Aunque por el tamaño deberían habernos cobrado 40 por cada una, preferimos no decir nada y que nos guarde bien las mochilas…

Más liberados, cruzamos la calle y vamos a la oficina de 12go quiénes nos hicieron de intermediarios para comprar los billetes del tren nocturno a Chiang Mai. Intercambiamos el boucher por los billetes y nos devuelven 200 baths porqué por lo visto al hacer la compra de los billetes salieron más baratos de lo previsto.

Luego caminamos hacia el templo Wat Traimit. La entrada al buda de oro cuesta 40 baths pp y hay que subir 4 pisos para llegar a la sala que lo alberga. El lugar es bonito, bien merece su visita.

Como os decía, alberga un Buda de Oro de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de oro macizo. Esculpida en el elegante estilo Sukhotai, la imagen fue “descubierta” hace 40 años bajo una capa de yeso al caerse la grúa que lo trasladaba a un nuevo edificio dentro del recinto del templo. Se cree que el Buda fue construido en Ayutthaya, y para protegerlo del ataque de los birmanos a la antigua capital tailandesa, fue transportado a Bangkok recubierto de una capa de yeso, la cual fue abandonada durante más de 200 años, momento en el que al transportarla hubo el “accidente” y se descubrió el Buda de oro.

Las vistas del templo desde allí arriba también son bien curiosas, y descubrimos que está rodeado de altos edificios.

A pesar de que hace un calor tremendo, decidimos dar un paseo hasta Chinatown. Nos liamos un poco  y vamos por dónde no toca, encontrándonos con unas calles repletas de talleres mecánicos… cuando al fin damos con la calle principal nos encontramos con cientos de puestos de comida y tiendas con productos de medicina tradicional china y encurtidos, al más puro estilo de las calles que recorrimos en nuestro viaje por Hong Kong el año pasado.

Nos llama la atención un puesto en el que elaboran dulces artesanales allí mismo. Tienen buena pinta y por 42 baths nos hacemos con unos cuantos para probarlos.

Entramos en un pequeño templo camuflado entre puestos de comida que nos recuerda mucho a los visitados en Hong Kong el año pasado…

Sobre las 12.40h, volvemos hacia la estación y entramos al metro. Pagamos 19 baths cada uno por recorrer 2 paradas hasta Si-Lom. Es curioso pero la máquina del metro al introducir el dinero te da una moneda de plástico que debes usar para entrar y salir del metro. Se parecen a las fichas que te dan en las ferias 😀

Al llegar a la zona, nos decantamos por un restaurante de noodles, dónde comemos por 350 baths. Con la panza llena, recorremos las calles peatonales elevadas tan típicas de la ciudad. Me encantan las vistas “caóticas” que ofrecen las grandes ciudades del sudeste asiático 🙂

Al salir encontramos un Cat Café al más puro estilo japo 🙂 Nos hace tanta gracia que no podemos evitar entrar. Pedimos un capuccino y un matcha latte frappé por 290 baths y subimos a la zona dónde tienen a los gatos. Aunque la mayoría duermen, el lugar está muy bien, hay poca gente, los tienen bien cuidados y nos recuerda a los Neko Café que visitamos en nuestro 2º viaje a Japón. Pasamos una hora acariciando a los gatitos que nos hacen caso.

Al salir, vamos hacia el parque Lumphini, dónde nos sentamos en un banco junto al estanque a tomar la fresca.

A eso de las 16h, volvemos al metro (19 baths pp) y nos dirigimos a la estación Hua Lamptong. Nos sorprende la poca gente que usa el metro, parece que esté hecho para clases altas -y turistas-.

Una vez en la estación, compramos bebidas para el viaje y recogemos las mochilas de la consigna. Falta 1h 30 para que salga el tren pero estamos agotados, el calor de hoy es mortal y no queremos alejarnos ya de la estación, así que nos sentamos a esperar en la gran sala de espera que tiene el recinto.

A las 17.30h nos dicen que ya podemos subir a bordo y allá que vamos a descubrir nuestro camarote en 1ª clase en el tren nocturno que nos llevará a Chiang Mai.

En el vagón que viajamos hay 12 cabinas de 1ª clase y un par de lavabos solo para los pasajeros de este vagón, uno de estilo occidental y otro tipo letrina con ducha de agua fría, ambos están limpios en todo momento. Nuestra cabina es de primera, no está mal viendo el resto del tren 😛

Salimos puntuales a las 18.15h. Media hora más tarde pasa la azafata comentando que podemos pedir cena en el camarote, son bandejas a escoger con crema, sopa, arroz y carne o pescado con verduras por 170-190 baths. Aunque se puede llevar comida de fuera e incluso ir al vagón restaurante dónde posiblemente sea más barato, optamos por la comodidad. El pack que pedimos cuesta 170 baths c/u. La comida no está mal aunque es bastante picante para mi gusto. Aprovechamos para comernos algunos dulces que compramos en el Chinatown, ¡están bien ricos!

Tras la cena, a eso de las 19,45h pasan a hacer las camas y ya nos dejan el camarote listo para dormir. Aunque tenemos serias dudas de poder dormir esta noche porque el ruido y el traqueteo del tren son importantes. No es nuestro 1r viaje en tren nocturno, ya hicimos un viaje de Barcelona a Oviedo hace años, pero nada tenía que ver aquél tren con este… 😀

Sobre las 21h y agotados de todo el día, nos echamos a dormir. A eso de las 23h, mi marido que va en la litera superior, se baja conmigo porque dice que es imposible estar allá arriba… le parece que se vaya a caer con cada bache :S

Veremos qué tal la experiencia del tren nocturno

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03/10/16: recorremos los antiguos templos de Ayutthaya

Día 3: disfrutamos de la magia de Ayutthaya y catamos los grillos a la parrilla en Bangkok

Hoy nos levantamos temprano ya que el plan para hoy es ir a conocer la cercana ciudad de Ayutthaya. Tras tomar el desayuno y arreglarnos, cogemos un taxi hasta Victory Monument, hay muchísimo tráfico y un trayecto de 20 minutos se convierte en uno ¡de 45! Suerte que los taxímetros aquí sólo cuentan distancia recorrida y no tiempo… el trayecto nos sale por 100 THB.

Para ir a Ayutthaya hay dos opciones,  coger un tren desde Hua Lamptong que tarda unas 2h, o bien, tomar una minivan que cuesta 80 baths por trayecto y persona y tarda poco más de 1h. Nosotros nos decantamos por la segunda opción. El taxista nos deja en una callejuela repleta de puestos de minivan que van a distintos destinos. Pagamos al chico del puesto de Ayutthaya y nos dice que en media hora sale la siguiente.
Mientras esperamos voy a un baño público cercano (3 baths) que está bastante limpio y al salir, el chico nos guía hacia la furgo que nos llevará. Somos los únicos occidentales… van unos cuantos locales y un grupo de chinos. Cuesta horrores salir de la ciudad, hay un tráfico tremendo.

Tras hora y media, y un par de paradas en el camino para dejar a unos locales en una universidad que queda de camino, llegamos a Ayutthaya… tienen todo un tinglado montado porque te paran bastante lejos del centro, y aquí ya te esperan unos cuantos tuk-tuk. Negociamos con uno de ellos 3h en las que nos llevará a los templos principales de la ciudad, y nos dejará en el lugar desde dónde salen las furgos de vuelta por 750 baths. Tampoco regateamos demasiado porque aquí no hay más opciones… Una vez cerrado el trato nos montamos en el tuk-tuk y empezamos con la ruta del día.

Situada a 85 km al norte de Bangkok, Ayutthaya fue la capital del Reino de Siam desde 1350 a 1767 D.C. Los restos de esa capital (mayoritariamente templos y estupas medio en ruinas) ocupan un área de 15 km2 y son uno de los lugares históricos más importantes de Tailandia. Fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991.

El primer templo al que nos lleva el tuk-tukero es el Wat Yai Chai Mongkhon. Pagamos 50 baths pp y entramos. Como casi todos los templos tailandeses está conformado por varios edificios, que se conservan en bastante buen estado, rodeados por un bonito y cuidado jardín. Cuenta con un buda reclinado de 17 metros de alto y 9.5m de ancho del estilo al que vimos ayer en Bangkok.

Construido en el año 1357, el edificio principal del templo cuenta con una gran estupa y está rodeado por Budas cubiertos con paños amarillos como símbolo de pureza.

Subimos a lo alto del edificio y desde allí obtenemos unas bonitas vistas del recinto del Mongkhon.

Tras unos 30 minutos recorriendo el recinto, volvemos al tuk-tuk y seguimos hasta el Wat Mahathat. Pagamos 50 baths pp. Fue erigido en 1374 durante el reinado de Borom Rachathirat I, el templo está prácticamente en ruinas tras los saqueos birmanos, y casi todos los Buda están decapitados… aún así es curiosa su visita y la recomiendo.

Este templo cuenta con uno de los lugares más fotografiados de Tailandia, es famoso por albergar una cabeza de buda entre las raíces de un árbol.

Seguimos hasta el Wat Phra Si Sanphet. La entrada también cuesta 50 baths por persona y es interesante por albergar tres grandes estupas con las cenizas de los tres Reyes más importantes de la ciudad.

Situado dentro de los terrenos del Palacio Real, el templo se usaba para importantes ceremonias reales como juramentos de lealtad y como capilla privada de la familia real. En el año 1.500, el Rey colocó en uno de los santuarios del templo una imagen de Buda en bronce recubierto con 250 kg de oro y de 16 metros de altura, a la que llamó Phra Si Sanphet y por la que tomó ese nombre el templo. Pero Ayutthaya fue saqueada en 1767 por los birmanos, y quemaron el lugar y robaron las estatuas de oro, incluido el Buda de 16 metros. Aun así, es otro de los imprescindibles en la ruta de templos ya que sus tres chedis son las más fotografiadas de Ayutthaya.

Tras un rápido recorrido porque hace un calor terrible, volvemos al tuk-tuk que nos lleva al Wat Lokayasutharam con el buda reclinado de 17 metros de largo por 7 de alto, y que sin duda inspiró al creador del juego Street Fighter. No hay que pagar entrada.

El tuk-tukero nos pregunta qué más templos queremos ver de entre los más importantes de la ciudad, descartamos el Wat Phra Ram que es el más caro y el que menos nos llama la atención. Proseguimos la ruta hasta el Wat Phu Khao Thong un monasterio en forma de estupa que me recuerda ligeramente al Borobudur de Indonesia. La entrada es gratuita y se pueden subir unos cuantos escalones para llegar a lo más alto, aunque las vistas deben ser geniales no queremos que nos dé una insolación, así que nos conformamos con la vista desde el suelo.

El siguiente en la ruta es el Wat Thummikarat, un recinto que cuenta con varios templos y bonitos budas.

Y el último de la jornada será sin duda el que más nos sorprenda. Se trata del Wat Na Phra Men, un pequeño templo que cuesta 20 baths y que parece poco visitado por turistas.

Cuenta con una gran buda de oro de 16 metros en la sala principal y con otro de bronce algo más pequeño en la sala secundaria.

En ésta última hay un monje junto al buda. Como siempre al entrar en un templo budista hacemos una reverencia al buda y el monje al vernos, nos pide que nos arrodillemos frente a él con las palmas de las manos unidas, de repente empieza a orar algo en tailandés y a bendecirnos, y luego nos regala un amuleto a cada uno. ¡Nos quedamos alucinados! Son éstas cosas las que marcan los viajes y te hacen crecer… 🙂

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Tras un montón de agradecimientos y una propina de 20 baths nos vamos de vuelta al tuk-tuk que nos lleva al punto de salida de las minivan hacia Bangkok. Le pagamos los 750 baths acordados más 10 de propina.

Cuando llegamos a la mini-van, empieza a chispear y una vez en la furgo, mientras esperamos a la hora de la salida, empieza un diluvio que no tiene pinta de parar… ¡qué cantidad de agua cae en este país cuando llueve!

A las 14.10h y con la furgo a tope, salimos hacia Bangkok. Éste conductor va más rapidillo y no hace paradas por lo que en una hora estamos en el punto de partida junto al Monumento a la Victoria. Pagamos los 80 baths pp de la vuelta y vamos a buscar dónde comer.

Vemos que allí al lado está el Centro Comercial One Centre y como empieza a chispear aquí también y tiene pinta de venir tormenta, no nos lo pensamos mucho… en la planta superior hay varios restaurantes, nos decantamos por uno italiano. Pedimos una pizza, un bistec con guarnición y dos refrescos por 430 baths. ¡Comemos de vicio, mientras vemos cómo cae la del pulpo!

Tras la comida, bajamos al hall y tras ponernos las chaquetas y proteger la mochila dónde llevo la cámara y los objetivos, salimos a la calle a buscar un taxi. El primero que para se hace el tonto cuando le pido el taxímetro, como si no me entendiera… tras repetírselo 3 veces señalando al aparato y todo, desisto. Cierro la puerta y llamo al siguiente. Éste al vernos empapados por completo, enciende el taxímetro sin pedírselo y nos dice que subamos. Nos lleva al hotel por 90 baths pero le pagamos 100 por habernos parado y haber sido amable con nosotros…

Aprovechamos para descansar un poco mientras cae agua como para parar un tren y cuando amaina un poco, salimos a comprarnos un chubasquero en una tienda cercana que vimos ayer (40 baths c/u) por lo que pueda pasar… Pasamos también por el 7/11 a comprar agua y desayuno para mañana, y algunas cosillas para picar.

Dejamos las cosas en el hotel y viendo que ha parado de llover, salimos a dar un paseo. Llegamos hasta Rambuttri Rd dónde decidimos hacer un reto que teníamos para este viaje: comprar unos grillos a la parrilla y probarlos. Por 20 baths y con mucha pimienta, el hombre nos sirve unos pocos. Preparamos la cámara e inmortalizamos el momento. No están malos pero tampoco matan, así que con uno para hacer vídeo nos basta 😀

Tras la coña, decidimos cenar en el restaurante que hay frente al hotel dónde ayer comimos de vicio. Nos tomamos unos rollitos, un arroz frito, un pad thai, un refresco y una cerveza Chang por 360 baths. Cenamos entre risas viendo la reacción de los nuestros comentando el vídeo del grillo por el Whatssap 😀

Volvemos al hotel y decidimos aprovechar al máximo la bañera hidromasaje de la habitación, nos damos un buen baño relajante… hacemos las mochilas que mañana cambiamos de zona y a dormir que el día ha sido agotador…

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Actualización 2017: las minivans ya no salen desde Victory Monument, sino desde 3 nuevas localizaciones, según el destino: Morchit 2 para ir al Norte, Noreste y centro del país; Sai Tai Mai (Southern Bus Terminal) para ir al Sur y el Oeste; y Ekkamai para ir hacia el Este. Más información.

21/01/17: recorremos la colina de Buda y disfrutamos de las vistas panorámicas sobre Pest.

Día 3: conocemos la colina de Buda: su castillo, su bunker-hospital y sus grandes monumentos

Hoy dormimos casi hasta las 10h, necesitamos recuperar un poco las pilas que ¡estamos de vacaciones! Nos levantamos y tras arreglarnos y colocarnos 3 millones de capas de ropa, salimos hacia Dear Ferenk Ter. Allí entramos a un Starbucks a desayunar, casi otra tradición viajera…

Ya con el estómago lleno, caminamos unos metros hasta la basílica de San Esteban. Realmente estar frente a este mastodonte impresiona… ¡cómo les gustan las cosas grandes a los húngaros! 🙂

Pagamos 100Ft de “donativo” obligado y entramos. Si por fuera la basílica impone, por dentro me parece mucho más impresionante con esas enormes naves y los techos altísimos.

La Szent István-bazilika, hace honor al primer rey de Hungría: Esteban I (975–1038), la estatua del cuál corona el altar principal de la basílica. Las dimensiones de la basílica hablan por sí solas: su base mide 55 metros de ancho por 87 de largo y la altura de la cúpula central son 96m, convirtiéndose en el punto más alto de Budapest junto al edificio del Parlamento, cuya cúpula también mide 96m de alto. La construcción de la Basílica de San Esteban finalizó en 1905 después de más medio siglo de obras.

En una pequeña capilla dentro de la basílica se encuentra el brazo derecho del rey-san Esteban I, la reliquia más sagrada del país. También hay varias imágenes del momento en que lo encontraron intacto entre sus restos e imágenes de las procesiones que hacen por la ciudad con él durante las festividades de San Esteban…

Tras recorrerla, decidimos subir a la cúpula para disfrutar de las vistas de la ciudad desde allá arriba. Pagamos 400Ft cada uno y tomamos un par de ascensores que te llevan a arriba, evitando los 364 escalones por una escalera de caracol que también te lleva hasta lo más alto -pagando igualmente-. A pesar de que hay algo de niebla, las vistas sobre Pest y Buda son geniales.

A las 12h y entre campanadas, salimos de nuevo al frío de la calle… ¡hoy -4ºC! Damos un paseo hasta el Puente de las Cadenas que lo recorremos hasta la otra orilla. Me alucina un montón ver esos enormes bloques de hielo flotando y crujiendo sobre la superficie del Danubio. Las orillas directamente están heladas.

Hay manifestantes a lo largo del puente que forman una fila india a lo largo de todo un lateral, como todo está en húngaro pues no conseguimos enterarnos cuál es el motivo de reunión… hay muchísima gente pero llama la atención lo silenciosos que son, se manifiestan a través de mensajes en pancartas y camisetas, pero de una forma muy ordenada y pacífica. Así deberían ser todas las manifestaciones, creo yo…

Oficialmente es conocido como Puente Széchenyi en honor a su creador, el conde István Széchenyi. Hasta la construcción del puente, el Danubio sólo se podía cruzar en barco o, durante los inviernos fríos, caminando sobre sus aguas congeladas. La dificultad de cruzar el Danubio entre estaciones fue el principal motivo de su construcción, inaugurado el 20 de noviembre de 1849 después de 20 años de obras. El actual puente es la reconstrucción de aquél ya que durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes volaron todos los puentes de la ciudad, el actual se inauguró en 1949.

Cuando llegamos a la otra orilla del Danubio, a los pies de la colina de Buda, nos encontramos con una cola tremenda para el funicular. A estas horas o no hace tanto frío o nos hemos acostumbrado a él, así que decidimos subir hasta el castillo a pie y aprovechar para admirar las vistas sobre la ciudad que ofrece este paseo. Eso si, con mucho cuidado porque el camino está helado y es fácil patinar a pesar de llevar calzado para nieve… En la plaza del funicular también se encuentra el punto kilométrico 0 de Hungría 🙂

El camino no es difícil, hay algunos atajos que permiten acortarlo un poco. Lo malo es la cantidad de hielo que hay en el suelo con el que tenemos cierto miedo a pegar un resbalón… pero las vistas sobre el río y Pest compensan, y la estampa del camino todo nevado también es bonita de ver 🙂

Al llegar a lo alto de Buda, rodeamos el Castillo con cuidado porqué aquí aún hay más hielo que en Pest. Como todo en Budapest, ¡su Castillo también es enorme!

El castillo también es conocido como Palacio Real, ya que antiguamente fue la residencia de los reyes de Hungría. Actualmente, el Castillo de Buda alberga la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia de Budapest. No nos llaman demasiado los museos, así que decidimos recorrer el recinto sin entrar.

restos arqueológicos

Vemos un puesto de vino caliente y nos hace gracia probar una bebida típica de la zona, así que compramos un vaso para compartir (609Ft) que nos hace entrar en calor en menos que canta un gallo 😛 A pesar de que está bueno, se nos hace raro eso de beberlo caliente…

Caminamos hasta la iglesia de San Matias, que si por fuera nos maravilla por dentro nos deja directamente sin palabras (entrada 1500Ft c/u). Es la iglesia más curiosa y colorida a la que he entrado nunca… Visita totalmente recomendable a pesar del precio.

Se trata de la iglesia católica más famosa de Budapest, su nombre oficial es Iglesia de Nuestra Señora. Construida entre los siglos XIII y XV, sufrió una importante reforma a finales del siglo XIX. Actualmente su estilo predominante es el neogótico.
En la iglesia se encuentran las tumbas de Béla III y su esposa Ana de Antiochia. También ha sido la sede de bodas y coronaciones reales, una de las más importantes fue la de Carlos IV, el último rey de la dinastía de los Habsburgo en 1916.
Gracias a su acústica, en la Iglesia Matías se celebran habitualmente conciertos de órgano y de música clásica.

Son casi las 14h cuando damos por acabada la visita a la iglesia. Junto a la iglesia se encuentra otro de los grandes monumentos de Budapest, el Bastión de los Pescadores.

Pero decidimos ir primero a comer a un restaurante por el que pasamos antes en el que hacen menú por 1700 florines. No comemos nada mal, de nuevo cocina local y hasta los topes, coronado por un postre la mar de rico 😛

Tras la comida, vamos a un lugar que nos llamó mucho la atención cuando lo vimos por internet y que -deformación profesional-, no nos podíamos perder su visita. Callejeamos un poco y bajamos unas escaleras para llegar al Hospital in the Rock, un hospital construido en un bunker nuclear antes de la II Guerra Mundial.

Pagamos la entrada (4000Ft c/u) con tour en inglés de 60 minutos y tras unos pocos minutos de espera que pasamos curioseando las cosas que tienen en la entrada y aprovechando el wifi gratis, entramos al bunker. La guía nos explica la historia del lugar y nos muestran una buena parte de sus salas y túneles. La fortaleza mide 220 metros de largo, 60 de ancho y sus muros miden 4 metros de altura. Al acabar la Gran Guerra los húngaros quisieron destruirla, pero en 1960 se declaró lugar de interés turístico. Alberga cantidad de material sanitario original lo cuál me tiene embelesada, ¡me encanta ver material antiguo! Deformación profesional o no, el lugar nos encanta y recomendamos su visita al 100% Aunque no permiten hacer fotos, al terminar propone hacer una de grupo que puedes descargar de su web.

Salimos de nuevo a la calle que empieza a oscurecer, así que nos dirigimos al Bastión de los Pescadores a disfrutar de las vistas sobre Pest mientras iluminan los monumentos de la ciudad.

Mientras anochece y admiramos las vistas fabulosas que hay desde aquí, recorremos el Bastión, un mirador situado en la colina de Buda. Su construcción finalizó en 1902, tras casi dos décadas de obras. Sus siete torres conmemoran a las siete tribus fundadoras Hungría.

Las vistas sobre Pest, con su imponente basílica, Parlamento y puentes cruzando el Danubio son fantásticas… Si de día los monumentos imponen, de noche quitan el aliento.

A la que oscurece del todo decidimos volver a Pest ya que hace mucho frío (-8ºC para ser exactos). Cogemos el bus 16 frente a la iglesia de San Matias y bajamos justo antes de cruzar el Puente de las Cadenas para poder disfrutarlo iluminado en la noche, así como de las vistas del Parlamento, es nuestra última noche en la ciudad y no queríamos perdernos esta estampa 🙂

Castillo de Buda

Ya en la orilla de Pest, una última captura del Puente más bonito de la ciudad con la colina de Buda iluminada a sus espaldas.

Cogemos el tranvía 2 que tiene la parada junto a la orilla del río y que nos lleva al Puente de Elisabeth, a escasos metros de nuestro hostal. Vamos un rato a la habitación a entrar en calor y hacer las maletas ya que mañana toca volver a casa…

Hace mucho frío a estas horas, ¡¡¡-9ªC!!!, así que decidimos no complicarnos para cenar. Nos ponemos las tres mil capas de ropa y vamos al pub Bonnie, el bar dónde cenamos la primera noche y que está a un paso del hostal. Repetimos una pizza deliciosa con una buena cerveza negra del país por 4500Ft todo.

Tras la cena, vuelta al hotel, ducha para entrar en calor y a dormir que mañana nos espera un día intenso.

20/11/15: vamos a conocer al gran Buda de Lantau

Día 3: Lantau, una excursión imprescindible si visitas HK.

Hoy de nuevo me asalta el insomnio y a las 2h volví a encontrarme con los ojos como platos, muerta de hambre e incapaz de dormir hasta pasadas las 5h. Me consuela saber que no soy la única porque mi marido también estaba hambriento a las 3h :p ¡Suerte que compramos picoteo!¡Qué horror el jet-lag de verdad…!

En fin, conseguimos volver a dormir y a eso de las 8h nos levantamos para empezar una jornada de visitas que nos apetece mucho y es que nos vamos a visitar la isla de Lantau.

Tras el desayuno que tenemos incluido, vamos hacia el metro para ir hasta la estación HK Central dónde hacemos trasbordo hacia la línea de metro que lleva hasta Tung Chung dónde cogeremos el siguiente transporte hasta la isla de Lantau.

Lantau es conocida por 4 grandes lugares importantes: el aeropuerto de Hong Kong, el monasterio Po Lin, el gran Buda y Disneyland HK 😀 Nosotros vamos a visitar la zona cultural aunque nos quedamos con ganas de ir a Disney… ¡Así tenemos excusa para volver! 😛

Al salir del metro, hacemos una pequeña parada en boxes para ir al baño en un centro comercial que hay junto a la estación y luego nos dirigimos hacia el teleférico de Ngong Ping 360º para ir hacia la zona de templos de la isla.

Hay una cola terrible, ¡¡marca más de 2h de espera!! La alternativa económica al teleférico es coger un bus (el nº23 que en 1h de trayecto te lleva hasta allá), así que caminamos unos metros hasta la estación de autobuses y cuál es nuestra sorpresa cuando nos dicen que debemos pagar el importe exacto ya que no devuelven cambio, y nosotros solo llevamos billetes grandes… además el bus está a punto de irse y el siguiente tardará 35 minutos en salir, no nos da tiempo de ir a buscar cambio a ninguna tienda… así que resignados nos vamos a hacer cola al teleférico. Esperar por esperar, preferimos ir en él, son 8km de trayecto -es uno de los teleféricos más largos del mundo- que sobrevuela la zona montañosa de Lantau.

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Si sabes el día que vas a ir a Lantau, puedes comprar con antelación el billete para el teleférico, yo lo estuve mirando los días previos al viaje e incluso anoche pero no había disponibilidad ya… en el caso de llevar la entrada, hay una cola directa que como mucho esperas 30 minutos. Tras 2h de cola, al fin llegamos a las taquillas y entendemos porqué la cola es tan eterna, es que la gente no tiene ni idea de los pases que quiere y empiezan a pedir información turística aquí, y claro así no avanza… Nosotros compramos en menos de 3 minutos los billetes de ida y vuelta, la ida en cabina estándar y la vuelta en la cabina con el suelo de cristal 🙂

Aquí de nuevo hay dos colas, una para las cabinas de cristal y otra para las normales… suerte que cogimos la normal para ir y en menos de 15 minutos estamos montados a bordo de una (la cola para las de cristal es de casi 1h).

Las vistas desde el teleférico son fabulosas y ha merecido la pena la espera, sobrevolamos sobre el río Pearl entre la península de Kwoloon y la isla de Lantau, pasando junto al aeropuerto y entre las montañas del monte Ngong Ping. El trayecto dura unos 30 minutos y vamos con un par de parejas de hongkoneses a bordo. Ya en la distancia apreciamos al Buda sobresaliendo entre los árboles y alucinamos.

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Lantau: formada por un paraje natural que permite alejarse del ajetreo y el dinamismo de las zonas comerciales, Lantau es la isla más grande de Hong Kong y ofrece un panorama totalmente diferente al del resto de la ciudad.

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Tras una media hora disfrutando del paisaje, llegamos a Ngong Ping Village. Se trata de un pueblo artificial repleto de tiendas y restaurantes… al más puro estilo de Port Aventura 😀 Desde aquí el Buda sobresale entre la vegetación.

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A lo tonto son las 14,30h y aprieta el hambre, así que pasamos por un Subway dónde nos comemos un par de bocatas con unos refrescos por 190HKD. Es la opción más rápida para poder empezar con las visitas cuanto antes.

Y ahora si, con la panza llena nos dirigimos hacia el gran Buda Tian Tan. Se trata de una estatua de bronce de 34 metros de altura, 250 toneladas de peso y 202 piezas de bronce, situada en lo alto de Ngong Ping, la parte más alta de la isla de Lantau. Su construcción finalizó el 28 de diciembre de 1993 convirtiéndose en la representación de buda sentado más grande del mundo.

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Para llegar a la estatua hay que subir 268 escalones, así que ¡allá vamos! Si ya desde abajo parece impresionante, conforme vas ascendiendo aún lo es más… ¡me quedo sin palabras!

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Conforme vas subiendo, encuentras algunos quemadores de incienso y lámparas. Y también a chinos cargados con sus maletas… ¿¡de aquí al aeropuerto?!

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El Gran Buda es una extensión del Monasterio Po Lin y simboliza la unión del hombre con la naturaleza. La estatua tiene como base una hoja de loto y está rodeada por pequeñas estatuas de dioses que representan la inmortalidad. Lo rodeamos mientras echo decenas de fotos, cada detalle me fascina y como buena budista, aquí me siento como en casa.

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Se puede acceder al interior de la estatua pagando algo de entrada, pero leí en blogs que no merecía mucho la pena ya que por dentro apenas se distingue la forma, así que pasamos y disfrutamos de las vistas de la figura y del paisaje de la isla. Desde aquí se distingue el Monasterio de Po Lin, y tras un buen rato aquí, nos dirigimos hacia allá.

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el grado de detalle es alucinante…

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Bajamos los 200 y pico escalones con gran pesar porque el Buda me ha encantado y cruzamos la gran puerta de piedra que marca la entrada al monasterio, custodiada por leones Fu y, de entrada gratuita.

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El Monasterio está construido entre la vegetación y grandes quemadores de incienso que le dan un aire místico al lugar.

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Po Lin es el monasterio budista más importante de Hong Kong, fue fundado por tres monjes en el año 1906. Inicialmente denominado The Big Hut, y adquiriendo su nombre actual en 1924 que significa el Loto Precioso.

Nos sentamos unos minutos en el patio principal del templo mientras observamos el edificio principal. Me gustan esos momentos en los viajes, en los que te paras a observar lo que tus ojos ven, a guardar esas imágenes en la retina y piensas en lo afortunada que eres por poder estar en este lugar 🙂

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Tras esos minutos de reflexión, recorremos el recinto del monasterio que comprende el templo, las casas de los monjes, un restaurante vegetariano y varias tiendas para comprar incienso y amuletos budistas.

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Me encanta lo adornados que están los templos aquí, acostumbrada al estilo zen de Japón, me choca. En el templo principal se encuentran tres estatuas de Buda que representan el pasado, el presente y el futuro y numerosas inscripciones budistas, no se puede entrar al interior del templo, pero echo un par de fotos desde su puerta.

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Vamos un momento al baño que queda detrás del restaurante del monasterio, ¡¡ya no me acordaba de las letrinas asiáticas!! Aunque debo decir que aquí están muy limpias… Las formas pueden variar y puede hacer que una no sepa cómo colocarse, el truco -excepto en Japón- es ponerse siempre mirando hacia la puerta.

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Tras la parada en boxes, nos compramos la merienda a base de dulces típicos de la zona que hacen los monjes del monasterio y que venden en el restaurante. ¡Están riquísimos!

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Hay otro punto de la isla que queremos visitar antes de que anochezca, así que nos dirigimos al Sendero de la Sabiduría o Wisdom Path.

Para llegar hasta él hay que recorrer unos 15 minutos por un camino a través del bosque entre el Buda y el Monasterio.

 

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Son las 17h así que no nos entretenemos y vamos a paso ligero, alucinando al cruzarnos con una vaca por el camino 😛 El camino está bien señalizado y no tiene pérdida. Cuando llegamos allí empieza a caer el sol, lo que le da un aire más místico al lugar…

 

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El Sendero recorre una serie de 38 estelas de madera (monumentos verticales) con versos del milenario Sutra del Corazón, una de las oraciones más famosas del mundo, venerada tanto por los confucianos, como por los budistas y taoístas. Las estelas
representan la versión china de la oración, basada en la caligrafía del célebre Profesor Jao Tsung-I, dispuestas en un patrón ∞, que representa el infinito.

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Entre que estamos solos en este punto, la puesta de sol y el contraluz de las estelas con el sol cayendo y lo que representa el lugar, parece mágico. Pasamos unos minutos contemplando el lugar y su ubicación entre las montañas. Y antes de que oscurezca, desandamos el camino y nos dirigimos de vuelta al teleférico, cruzándonos de nuevo con alguna vaca que campa a sus anchas ante el asomobro de los turistas.

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Hacemos una pequeña cola de unos 20 minutos para subir a la cabina con el suelo de cristal del teleférico, aprovechamos que hay Wifi para conectarnos a internet y explicar a los nuestros el lugar tan genial que acabamos de conocer. Aunque hacemos el trayecto casi de noche ya, las vistas a través del suelo de cristal del bosque y de las montañas es alucinante, eso sí, entra un aire frío por las rejillas de la cabina que ¡vamos helados!

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Cuando llegamos a la terminal del teleférico, caminamos hacia el metro de Tung Chung de nuevo y nos dirigimos de vuelta al hotel dónde llegamos sobre las 19,30h. Estamos agotados pero muy felices por la excursión de hoy.

Descansamos un poco y a las 20,30h salimos a cenar. Nos decantamos por un restaurante de comida local que hay muy cerca del hotel, en la misma Nathan Rd, dónde tomamos 4 platos de comida hongkonesa, con té y postre gratis (arroz con pasta dulce) por 330HKD los dos. Hemos probado platos nuevos y estamos bien llenos 🙂

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Pasamos de nuevo por un combini a comprar picoteo no nos vaya a pasar lo mismo que anoche, y ahora si, ducha y a dormir que estamos ko.

09/10/13: Jizo’s en Kamakura, casi vistas de pájaro en Yokohama y de cenita en Ueno

Día 13: conocemos una parte de Kamakura, subimos a lo más alto de la Landmark Tower en Yokohama y cenamos unos ramen en Ameyoko.

Anoche no pusimos alarma con la intención de dormir a gusto y rehicimos la ruta del día de hoy… estamos muy saturados de templos, aún nos falta visitar Nikko y tenemos que hacer de “marujas” y poner lavadoras, así que el día de hoy era ideal para dormir un rato más y tomárnoslo con mucha calma. Pero tantos días madrugando y yendo pronto a dormir, a las 9h ya no podemos dormir más. Ponemos un par de lavadoras en el mismo hotel (150¥ por lavado) y bajamos a desayunar bien justillos de tiempo (el comedor está abierto hasta las 9,30h). Una vez hemos desayunado y pasado el tiempo que marcaba la lavadora, volvemos a la sala de lavandería de nuestra planta a buscar la ropa. Me encanta este país, ¿¿lo he dicho ya?? Mr. Green En los hoteles tienes lavadoras gratuitas que en 30-40 minutos te dejan la ropa lista y secadoras a monedas muy baratijas, en este caso 100¥ el secado. En poco más de 20 minutos están listas pero como teníamos mucha ropa, ponemos la que ha quedado más húmeda en otra y la acabamos de secar. Luego volvemos a la habitación y “tendemos” la que está aún húmeda y ponemos el cartel para que no hagan la habitación hoy, si entran las de la limpieza les puede dar algo al ver cómo está la habitación con ropa por todos lados ¡jaja! Quizá os sorprenda esto de poner lavadoras a mitad de viaje, pero siempre lo hacemos en viajes largos, es la forma de ir con menos equipaje y poder aprovechar los huecos en la maleta para traernos cosas. Otra cosa que solemos hacer, es llevar la ropa que empieza a estar viejita y una vez usada la tiramos. Trucos de viajeros para ahorrar espacio en la maleta y poder viajar con 15Kg -si llega- varios días.

Una vez hechas nuestras labores, cogemos la mochila y nos ponemos en marcha a eso de las 10h y pico. Vamos hacia la estación  JR Shimbashi, desde dónde cogemos un tren directo de la línea JR Yokosuka Line que en 1h nos deja en Kamakura. En función de los templos que quieras ver de Kamakura hay que parar en la parada anterior, Kita-Kamakura, pero como decía decidimos rehacer la ruta de hoy y nosotros nos vamos directos a la estación JR Kamakura.

Kamakura (镰仓): centro político del país cuando Minamoto Yoritomo eligió la ciudad como sede de su nuevo gobierno militar en 1192. El gobierno de Kamakura continuó gobernando Japón durante más de un siglo. Hoy en día, Kamakura es una pequeña ciudad costera y un destino turístico muy popular. También conocida como la Kyoto Oriental, Kamakura ofrece numerosos templos, santuarios y otros monumentos históricos. Además, sus playas atraen a grandes multitudes durante los meses de verano.

Salimos de la zona JR de la estación y cogemos el tranvía de la compañía Enoshima Electric Railway, Enoden, hasta la parada Hase. Este trayecto lo pagamos con nuestra tarjeta de prepago ICOCA que nos acompaña desde el primer día de viaje. Salimos siguiendo las indicaciones hasta llegar al templo del Gran Daibutsu (200¥ pp). Durante el corto paseo de unos 10 minutos nos llama la atención unas señales que hay pintadas en el suelo en las que pone “SOS Tsunami, Exit” y una flecha hacia el norte. Me quedé muy asombrada, pero luego te paras a pensar y Kamakura es ciudad costera, con riesgo de tsunami… cruzaremos los dedos para no tener que usar esas indicaciones…

El gran buda (o Daibutsu) de Kamakura es una estatua de bronce del Buda Amida que se encuentra en los terrenos del templo Kotokuin y cuenta con una altura de 13,35 metros de altura, siendo la segunda estatua de bronce más alta de Japón (sólo superada por el Buda de Nara). La estatua fue fundida en 1252 y originalmente se encontraba en el interior de una gran sala del templo, pero el edificio fue destruido y reconstruido en varias ocasiones por el azote de tifones y un tsunami en los siglos 14 y 15, y curiosamente la estatua siempre se ha mantenido en pie. Desde 1495, el Buda se encuentra al aire libre.

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A pesar de que ya habíamos visitado el de Nara en el primer viaje y que este es algo más pequeño, nos gusta mucho más. No sabemos si por la cara de gran bondad del Buda o por el entorno natural… nos deleitamos con los detalles de la figura.

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Lo rodeamos y fotografiamos desde todos los ángulos. Nos sentamos un ratito junto a él en unos bancos de piedra que hay, además no hay demasiada gente por lo que podemos deleitarnos con las vistas en calma ¡qué maravilla!

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Pagamos (20¥ pp) para acceder a su interior. Aunque desde dentro la estatua no parece tan grande como por fuera, es impresionante ver todos esos detalles marcados en la estructura de bronce. Además, tan solo somos 4 personas aquí dentro por lo que podemos estarnos un ratito.

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Salimos del buda y vamos hacia la parte trasera de los terrenos. Hacemos parada en boxes y nos bebemos algo fresquito. Recorremos un par de tiendas de souvenirs del templo y compramos una estatua-hucha del Buda para regalarle a unos amigos (3000¥). Volvemos hacia el Buda, echamos la última foto y salimos a la calle principal de nuevo.

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A lo largo de la calle principal hay varias tiendas de artesanos, algunas de armas y con souvenirs. Compramos otra figura del Buda para nosotros (5000¥), vamos a tener el piso lleno de Budas Mr. Green Mr. Green

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Tras unos 5 minutos de paseo mirando las tiendecitas llegamos al Templo Hase-Dera.

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Compramos las entradas (300¥ pp) y accedemos a sus jardines. El Hase-Dera fue construido en la ladera de una colina arbolada, los jardines están en la zona inferior y los edificios principales del templo en lo alto de la colina, a los que se accede por unas escaleras, las cuales nos sorprenden porque vemos que están separadas como en dos carriles, uno para subir y otro para bajar. Estos japos son ordenados hasta para ¡¡esto!! Los jardines cuentan con un gran estanque con pequeñas cascadas que caen de la colina.

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En el camino hacia los edificios principales, se encuentra el Jizo Hall, con cientos de pequeñas estatuas de Bodhisattva Jizo, que ayuda a las almas de los niños muertos a llegar al paraíso, es asombroso ver la cantidad de estatuillas Jizo que hay, ¡pone los pelos de punta!

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A mi este Buda me genera simpatía porqué también es el encargado de proteger a los viajeros 🙂

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Seguimos subiendo y llegamos a una gran explanada en lo alto de la colina dónde se encuentran los edificios principales del templo. El Hasedera alberga una estatua de 9,18m de altura de la diosa Kannon (diosa de la misericordia), con once cabezas, cada una representa una característica de la diosa. Es considerada una de las estatuas de madera dorada más grandes de Japón y se encuentra en el edificio principal del templo, la sala Kannon-do. No se puede hacer fotos en el interior, una lástima porqué la estatua ¡es preciosa!

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Junto al Kannon-do, encontramos el Amida Hall, dónde se exhibe una estatua dorada de casi 3m de altura del Buda Amida (tampoco se puede fotografiar el interior).

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Y muy cerquita de este edificio, se encuentra un mirador desde el cual se puede ver la ciudad costera de Kamakura, así como sus playas. El mar hoy está bastante picado y hay unas buenas olas, de hecho se ven a varios surfistas y alguna vela. Nos llama mucho la atención un cartel que informa del riesgo de comer en esta terraza ya que las gaviotas y los halcones te pueden atacar…

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Recomiendo acercarse hasta aquí ya que hay unas buenas vistas de la costa pero también del templo. Encontramos un chiringuito de aperitivos y un restaurante en esta parte del recinto pero no nos acaba de convencer el menú por lo que decidimos terminar de ver el templo y ya buscaremos dónde comer…

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Vemos unas escalerillas que llevan más arriba en la colina y allá que vamos. Éstas llevan hasta un pequeño cementerio desde el que hay unas bonitas vistas del conjunto del templo. Tras un vistazo, bajamos de nuevo y nos dirigimos hacia la Benten-do, una pequeña sala que contiene una figura de Benzaiten, diosa de la belleza y de la riqueza femenina. Y luego, entramos en la cueva Benten-Kutsu, dónde se pueden encontrar estatuas de Jizo, Benten y alguna pequeña Kannon. Hay trozos que hay que andar muy agachado para no darte con los techos. Está todo iluminado por velas e inciensos.

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¡Este templo nos ha encantado! Heart Es de los más bonitos que hemos visitado y creo que fue todo un acierto disfurtarlo con calma y sin “llegar saturados” por haber visto otros templos de la zona.

Bajamos hacia los jardines y salimos del templo hacia la calle principal para volver a la estación Hase, dónde tomamos el tranvía para volver a Kamakura. El tranvía es muy retro, ¡mola! Y está claro que se acerca Halloween porqué hay calabazas por todas partes, ¡¡hasta en el freno de seguridad de las vías!!

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cartel publicitario en la estación

Comemos unos ramen (1900¥) en un restaurante de la estación JR Kamakura que ¡¡nos saben a gloria!! Y tras haber cargado las pilas, cogemos de nuevo un tren de la JR Yokosuka Line que en 25 minutos nos deja en Yokohama.

Yokohama (横 浜): Segunda ciudad más grande de Japón, con una población de más de tres millones. Hacia el final del período Edo (1603-1867), en la que Japón mantienía una política de auto-aislamiento, el puerto de Yokohama fue uno de los primeros en abrirse al comercio exterior en 1859. En consecuencia, Yokohama creció rápidamente a partir de un pequeño pueblo de pescadores hasta convertirse en una de las principales ciudades de Japón.

También rehicimos la ruta para esta ciudad y decidimos prescindir del barrio chino y de la zona de Minato Mirai. Cada vez tenemos más claro que habrá un tercer viaje, así que ya volveremos a ver la ciudad con calma en otra ocasión. Hoy nos conformamos con ver la Landmark Tower. Así que cogemos un tren de la JR Negishi Line y paramos en la primera parada, Sakuragicho que nos deja en frente de la torre. Hay muchas formas de moverse por Yokohama (barco, metro, tren y buses…) pero esta es la forma más rápida y económica si solo quieres ver la torre o un trocito del Minato Mirai y cuentas con el Japan Rail Pass activo.

Minato Mirai, es un área urbana junto al mar en el centro de Yokohama, cuyo nombre significa “puerto del futuro” que cuenta con varios rascacielos, centros comerciales, hoteles, centros de convenciones, un parque de atracciones, una de las norias más altas del mundo, un spa, museos y parques. La zona es realmente extensa, pero nosotros tan solo vamos a visitar el edificio de oficinas más alto de Japón, la Landmark Tower con 296m de altura.

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Encontramos a mucha gente en esta zona, jóvenes y salaryman sobretodo. Se nota que estamos muy cerca del mar por la brisa que se respira. Nos acercamos hasta la Landmark Tower y es realmente impresionante, no solo por su estructura que destaca del resto de rascacielos si no por su forma.

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La torre alberga oficinas, un gran centro comercial a sus pies y el Sky Garden Observatory en lo más alto, a 273m del suelo, siendo el más alto de Japón hasta la construcción de la Tokyo Skytree.

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Para acceder al mirador, debes entrar al centro comercial que hay sus pies, la taquilla está bien indicada -tanto por dentro del edificio como por fuera-. Pagamos la entrada (1000¥ pp) y entre mil reverencias y saludos de no sé cuantas tías trajeadas llegamos al ascensor.

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El ascensor de la torre es uno de los más rápidos del mundo, alcanzando una velocidad de 45km/h llevándote a lo alto de sus 70 plantas en 40 segundos. Da la sensación de levantar los pies del suelo y zumban los oídos que dan gusto… una que ya se conoce el dato, saca la cámara en modo vídeo nada más entrar al ascensor, la chica que nos acompaña me sonríe, y cierra las puertas.

El observatorio permite una vista de 360º alrededor del edificio. Hay carteles en inglés que explican cómo era la zona antes de la remodelación y qué es cada edificio o lugar que se puede ver desde aquí. En días despejados se puede contemplar el Fuji, nosotros tan solo intuimos su silueta porque hay una neblina. Se ve como Yokohama y Tokyo están prácticamente unidas… ¡increíble! Poder ver los edificios más bajos que éste, con sus helipuertos y la gente en la calle muy muy pequeñita… además hay una luz y un cielo muy bonitos con lo que la cámara saca humo 😛

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imposible saber dónde acaba Yokohama y dónde empieza Tokyo…

Tras tomarnos un café en el bar del mirador y habernos recreado mirando por todos lados, volvemos a abajo y de nuevo parece que se levanten los pies del suelo en el ascensor ¡jaja! Para salir una vez bajas del mirador, tienes que bajar un par de plantas del centro comercial y alucinamos con las escaleras mecánicas… ¡son curvas! no habíamos visto nunca unas así y ya nos veis volviendo a subir para volver a bajar grabando 😛 los japos que nos vieran debieron flipar con nosotros pero nos hizo mucha gracia, ¡jajaja!

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Volvemos de nuevo hacia la JR Sakuragicho para coger el tren hacia JR Yokohama y allí, tomamos la JR Yokosuka Line hasta Shimbashi. Solo son las 17,30h y hemos pensado en acercarnos al hotel a dejar las mochilas, ir a Akibahara a comprar la réflex y de allí ir directos a Ueno dónde hemos quedado con dos foreros de Los Viajeros para cenar. Así que tras descargar en el hotel, volvemos a JR Shimbashi dónde cogemos la JR Yamanote Line a Akiba.

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Esta vez no vamos a dar vueltas puesto que vamos derechos al Yodobashi dónde vimos una oferta muy buena, compramos la reflex a la que le había echado el ojo y que viendo comparativas por internet vi que está genial y que comprándola aquí me sale a un precio de ganga. Con gran eficiencia nipona, hacemos los trámites del Dutty Free para ahorrarnos los impuestos, y rápidos y veloces nos vamos hacia Ueno, a una parada con la JR Yamanote Line dónde hemos quedado para cenar.

Nos cuesta un poco orientarnos a pesar de ya conocer la estación del primer viaje porqué habíamos quedado en la salida este, pero vemos que los carteles no marcan con este, norte si no con lo que hay en cada salida… brújula del móvil en mano salimos por la que creemos que es más al este y allí damos con los dos chicos españoles que habíamos quedado a través del foro y que se encuentran disfrutando de su primer viaje por Japón.

Vamos hacia la zona de Ameyoko a cenar… esta zona es muy molona, son unas callecitas bajo y junto a las vías del tren repletas de tiendas, restaurantes y puestos de comida. Nos decidimos por un restaurante de ramen y charlamos un buen rato de aventuras niponas, los chicos nos preguntan cosas de ciudades que visitaran y que nosotros ya conocemos y hablamos de viajes en general… Cuando los tipos del bar nos empiezan a mirar mal (en Japón está muy mal vista la sobremesa), salimos y volvemos hacia la JR Ueno, dónde nos despedimos de ellos. Hemos pasado un rato ameno charlando con otros viajeros, pero mañana toca madrugar de lo lindo y no queremos irnos a dormir tarde.

De nuevo tomamos la JR Yamanote Line hacia Shimbashi y nos vamos al hotel, aunque no hemos madrugado hoy no hemos parado ni un momento y estamos cansadillos. Toqueteo un poco la nueva adquisición 😀 y nos vamos a dormir, mañana nos toca una excursión que nos hace especial ilusión y es que mañana veremos al gran icono nipón: ¡¡¡el Mt Fuji!!! Heart Heart

03/10/13: Kyoto & Osaka

Día 7: día de grandes templos en Kyoto, y tarde de ocio en Osaka

¡¡A las 5,30h amanece un nuevo día, horror es demasiado temprano!! Ojos que se mueven el ryokan no tiene persianas, tan solo unas puertas de papel correderas opacas que dejan entrar la luz y como estamos en el país del sol naciente pues amacene temprano como podéis ver… Para algunos esto no será un problema pero para mi marido si, ¡y grande! Suerte que llevaba un antifaz para el avión en la maleta, y con él puesto y yo tapada hasta las cejas pudimos dormir un par de horitas más. Muy feliz

Esta noche hemos dormido bien en el “doble” futón que nos hicimos 🙂 La mar de cómodos. Desayunamos en el ryokan lo comprado el día anterior en el konbini y salimos hacia la estación JR Kyoto para coger un tren regular de la línea JR Nara Line (de los que paren en todas las estaciones), hasta la JR Tofukuji. Como llevamos los JRP activos, tan solo tenemos que enseñárselo al revisor de la entrada a la zona de vías de la estación y pasamos. Llevamos con nosotros los paraguas ya que el día empieza algo lluvioso y muy nublado…

Hoy vamos a visitar algunos de los templos considerados imprescindibles en Kyoto y que no visitamos en el primer viaje. El primero de la lista para hoy está a unos 10 minutos a pie desde la estación JR Tofukuji, pero decidimos tomar otro camino para ir viendo algunos de los templitos que hay por la zona. Empezamos encontrándonos con el Taiko-an, de la rama Rinzai del budismo.

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A pocos pasos, se encuentra el Dojuin Temple. En el que se encuentran un montón de Jizo’s, ¿¡he dicho ya que me encanta este buda?! Es el protector de los niños pero también de los viajeros, ¿será por eso que me inspira simpatía? 🙂

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Y tras unos pocos metros más, encontramos un camino cubierto de madera en medio de un pequeño bosque que nos adentra hasta el Templo Tofukuji.

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Se trata de un conjunto de templos, fundado en 1236 a instancias del clan Fujiwara y su nombre es la combinación de los dos grandes templos de Nara: el Todaiji y el Kofukuji. Éste ha sido históricamente uno de los principales templos Zen de Kyoto, y es de los principales de la escuela Rinzai. Hay varias partes del recinto que son de acceso gratuito. Algunos son estructuras del periodo Muromachi y son raros ejemplos de arquitectura zen superviviente de la época.

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Sin embargo, hay dos zonas que se deben pagar para poder acceder a ellas: el jardín Hojo y el Puente Tsutenkyo, y el Kaisando Hall. En primer lugar, pagamos (400¥ pp) para acceder al puente de madera Tsutenkyo que conduce hasta el Kaisando Hall, lugar que sirve como mausoleo del primer sacerdote principal del templo. El camino de piedra frente al Kaisando está flanqueado por impresionantes jardines a ambos lados, un jardín de piedra seca a la izquierda y un estanque a la derecha. El Kaisando y sus jardines fueron reconstruidos durante el último período Edo (1603-1867).

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Volvemos nuestros pasos y nos dirigimos al Hojo, (400¥ pp), las antiguas dependencias de los sacerdotes, rodeadas de unos jardines espectaculares que combinan agua, rocas, piedra y musgo. En el interior del edificio no se pueden hacer fotos, pero si en los jardines.

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Salimos del Hojo y nos tomamos un café de las máquinas que hay a la entrada por unos pocos yenes.

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Cruzamos la gran puerta Sanmon, la puerta zen más antigua en su estilo, con 22m de altura y que data de 1425.

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De camino hacia la estación JR, encontramos un par de templitos más, a los que solo nos asomamos y en menos de 10 minutos estamos de nuevo en el tren de la línea JR Nara de vuelta a Kyoto. Debo decir, que hay mucha gente que visita el Tofukuji aprovechando el camino a Nar, al igual que Fushimi Inari ya que caen de camino y es la misma línea de tren la que lleva a ambos. Nosotros en su día preferimos disfrutar de Nara y de Fushimi Inari tranquilamente por lo que los visitamos en días distintos.

Al llegar a la estación JR Kyoto, compramos el bono diario para el bus (500¥ pp) y tomamos la línea 5 para ir a los templos Eikando y Nanzenji, en la zona del sendero de la filosofía. Bajamos en la parada Nanzenji-Eikando-michi y en seguida empezamos a recordar que hace dos años y unos meses paseábamos por esta bonita y tranquila zona de Kyoto, en el barrio de Higashiyama.

Nos acercamos hasta el templo Eikando porque tenemos dudas de si lo visitamos en el primer viaje, y sólo con verlo por fuera ya nos queda claro que si lo vimos (el mismo día que visitamos Fushimi Inari y que estuvimos recorriendo la zona por la tarde), así que seguimos caminando unos metros más por el sendero de la filosofía hacia el sur y a pocos minutos llegamos al templo Nanzenji, otro de los grandes que nos faltaron la primera vez ya que estaba en obras de restauración.

Situado en la base de las boscosas montañas de Higashiyama, es uno de los templos zen más importantes de Japón. Fue construido como casa de retiro para el emperador Kemayama, convirtiéndose más tarde en el templo zen. El Nanzenji lo componen varios edificios (la puerta Sanmon, el Hojo, el Konchi-en, el Nanzenji como tal y el Tenjuan), así como un par de grandes jardines. El acceso al patio principal es gratuito, pero cada edificio tiene su entrada propia de pago así que decidimos que sólo entraremos a aquellos que realmente nos interesan. Lo primero que nos encontramos es la gran puerta de entrada Sanmon, construida en 1628 como homenaje a los soldados que murieron en el asedio del castillo de Osaka en 1615. La entrada son 500¥ para subir a lo más alto, pero nos conformamos con verla desde el suelo y disfrutar de cruzar a través de sus grandes columnas.

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Este templo cuenta con algo extraño de ver por estos lares: un acueducto de ladrillo al más puro estilo romano que cruza los terrenos. Fue construido durante la época Meiji (1868-1912), forma parte de un sistema de canales que se construyó para llevar agua y mercancías entre Kyoto y el lago Biwa, en la vecina prefectura de Shiga.

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De ahí nos fuimos hasta el Hojo, la residencia del ex-jefe del sacerdote y la sala principal del Nanzenji. Famoso por su jardín de rocas, de las que se dice que se asemejan a tigres y sus cachorros cruzando a través del agua.

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Pagamos su entrada (600¥ pp) y nada más acceder al edificio ya puedes disfrutar de su arquitectura, así como de las pinturas de tigres hechas en pan de oro que hay en las puertas correderas, de los suelos de madera y tatami y de un fantástico comedor con vistas a un jardín zen que ya lo quisiera para mi, ¡sobretodo por las vistas!

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Disfrutamos de sus jardines en los que se respira una gran paz. El delantero es el zen con la representación de las rocas simulando los tigres (que nosotros no fuimos capaces de ver esa similitud la verdad… 😛 ) y el trasero, combina musgo con piedras rastrilladas y vegetación.

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Son casi las 13h, así que decidimos desandar lo andado por el sendero de la filosofía y dirigirnos hasta la gran torii que marca la entrada al Santuario Heian, ya que no encontramos ningún bus ni metro cercanos que nos fuera bien para ir a la zona que habíamos pensado visitar por la tarde, así que nos toca caminar unos 20-30 minutos a pie desde el templo… Se ha despejado el día y hace un calor y una humedad terribles, pasamos una buena chicharra durante el paseo ¬¬’ Así que una vez junto a la gran torii, decidimos aprovechar el pase diario que llevamos y coger el primer bus que pase para acercarnos un poco a la zona de Pontocho para comer. Nos bajamos justo antes de cruzar el puente y entramos al primer bareto que vemos. En la puerta vemos fotos de unas bandejas de tonkatsu y boles de arroz de esos que llevan de todo a buen precio y allá que vamos. Al entrar, todo el mundo nos mira. Somos los únicos gaijin del local y está lleno de abueletes y trabajadores en su hora de comer. La mujer que lleva el local nos acompaña a una mesa y nos trae una carta medio en japonés, medio en inglés pero que nos sirve para pedirle por señas lo que queremos. Comemos de fábula por unos 1500¥ los dos y ¡hasta nos invitan a un chupito de shochu! Este es uno de esos lugares que en el primer viaje no hubiéramos entrado por miedo a no aclararnos, pero que la veteranía de un segundo viaje te lo permite, y resulta ser de esos lugares en los que mejor comes y que años después aún recuerdas 🙂

Ya con la panza llena, nos acercamos de nuevo hasta la torii en un paseo de unos 10 minutos, y de camino entramos a un par de templos que nos encontramos medio escondidos entre las casas.

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Cruzamos el puente de madera lacada que cruza el río y nos maravillamos de nuevo con la vista de ¡¡la madre de las torii!!

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Solo hay que fijarse en la altura de los coches o de los árboles que hay en la zona para valorar su inmensidad…

El Santuario Heian, pese a ser uno de los más importantes de Kyoto, no lo visitamos en el primer viaje, así que no nos podíamos ir de la ciudad sin disfrutar de su visita y sin cruzar “las zamburguesas” de sus jardines 🙂 El Santuario Heian fue construido para celebrar el 1100 aniversario de la fundación de la capital de Kyoto y está dedicado a los espíritus de los primeros y últimos emperadores que reinaron la ciudad (Kammu y Komei). Heian es el antiguo nombre que tenía Kyoto.

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El acceso al santuario es gratuita. Y de nuevo, hay un montón de escolares por el patio interior… se nota que es uno de los grandes porqué está a rebentar igual que ayer el Kiyomizu.

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Nos deleitamos con la arquitectura de las torres y sus tejados, ¡¡qué pasada!! Ese contraste del rojo y el verde hace pensar en templos más de estilo chino…

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Nos acercamos hacia la entrada a los jardines que si son de pago (600¥ pp) y nada más entrar ya se respira paz, mucha paz. A diferencia del santuario, aquí hay muy poca gente recorriendo el parque y hay sombra (¿¿¡¡he dicho ya que pasamos mucho calor??!!) así que nos deleitamos con las vistas. Y como una imagen vale más que mil palabras, ahí van algunas fotos de los jardines que sin duda no hacen honor a la belleza del vivo y directo…

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Como anécdota contar que hubo una señora japonesa que casi se cae al agua al cruzar las piedras, ya que era muy bajita y no llegaba, ¡pobre! lo pasó mal cruzando pero nosotros también por si la teníamos que rescatar 😦 pero finalmente pudo cruzarlas todas y sonriente llegó al otro lado 🙂 Y cuando me disponía a cruzar yo (grabando mientras lo hacía), un señor mayor que había haciendo fotos en el parque me pidió permiso para hacerme una foto cruzando. Así que la menda está entre las fotos de aquel buen señor… Mr. Green

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Al salir de parque son algo más de las 16h y aunque la idea inicial era escaparnos a conocer Kobe, pensamos que la visita a Osaka del primer día nos supo a poco, así que decidimos volver a Osaka y ver la zona comercial de Dotonbori y dejar Kobe para otra ocasión con más calma. Cogemos el bus 100 hasta la estación JR y allí un tren local con el JRP que aún tenemos activo hasta Shin-Osaka.

Una vez en Shin-Osaka, tomamos el metro hasta Shinsaibashi (no recuerdo el precio del trayecto pero creo que fueron unos 200¥ pp) y nos adentramos por las calles comerciales de la ciudad dando un paseo, entramos en algunas tiendas, nos miramos las cámaras y objetivos en otras, compramos alguna bebida y llegamos hasta los “iconos” de la ciudad, como el corredor de Glico y el pulpo de un restaurante de Takoyaki (bolas de pulpo típicas de la ciudad).

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Llevamos un buen día de caminata y estamos cansadísimos. La idea era cenar en Osaka y luego volver a Kyoto, pero estamos tan ko que finalmente, decidimos caminar otros 5 minutos hasta la parada Namba del metro, volver a Shin-Osaka y coger el primer shinkansen que salga a Kyoto. Una vez en nuestra ciudad base, compramos cena y desayuno para mañana en un Family Mart (1500¥) y nos vamos al ryokan. Cena, ducha y ¡caímos rendidos en el futón, agotados pero super felices por todo lo visitado hoy! sleep sleep

24/09/14: Nueva jornada entre templos y volcanes en Java

Día 9: Yogyakarta – Templos y meseta del Dieng Plateau

 

Esta noche nos ha costado dormir más que noches anteriores ya que de madrugada oímos la llamada a la oración de las mezquitas cercanas, pero por suerte la cama es la mar de cómoda y en seguida cogimos el sueño de nuevo hasta las 7h que suena el despertador.

 

Nos vestimos y bajamos a desayunar. Tenemos desayuno buffet incluido en el precio del hotel. Disfrutamos de un buen café javanés y unos dulces que nos saben a gloria. Volvemos a la habitación a por las cosas y antes de las 8h estamos en la recepción dónde nos recoge Ajo, el conductor.

 

De nuevo nos topamos con un tráfico brutal y nos cuesta casi 1h salir de la caótica Yogyakarta. A las afueras recogemos a Kioto, nuestro guía, tal y como quedamos ayer. Hoy nos espera otro largo día de carretera para llegar hasta la meseta del volcán Dieng Plateau, al norte de Yogya.

 

¿Y qué nos espera en Dieng? Se trata de una zona montañosa en el centro de Java a más de 2.000m sobre el nivel del mar, una zona mucho más rural, lejos de las grandes ciudades de su caos y por tanto, más tranquila. Su nombre proviene de “Di Hyang” que significa “Morada de los Dioses” y es que en esta zona, se construyeron más de 400 templos hindúes alrededor del 750 dC, mucho más antiguos que los grandes Prambanan y Borobudur, y consideradas las construcciones de piedra más antiguas de Java. Lamentablemente, a penas se conservan 8 templos de esos 400, la mayoría de ellos en ruinas… También nos espera la visita a uno de los cráteres volcánicos de la zona, y eso de ver volcanes a nosotros ya sabéis que ¡nos encanta!

 

Lo malo es que como ya avanzaba, aunque Dieng está solo a unos 150km de Yogya, la espantosidad de sus carreteras y su tráfico hace que este viaje sea laaargo… ¡algo así como 3h y media! Así que nos armamos de paciencia, intentamos no mirar demasiado hacia adelante para no morir del susto por la conducción tan temeraria que tienen y aprovechamos para charlar con Kioto que nos sigue contando cosas interesantes sobre su país y su gente.

 

Si hasta Wonosobo la carretera es mala, de ahí al Dieng ya es peor… una carretera de un carril y medio de montaña con cientos de curvas y una pendiente importante. ¡Qué mareo! Ahora, las vistas son geniales… ver esos campos de cultivo en terraza a lo largo de la ladera de las montañas no tiene precio.

 

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Paramos en un mirador… vaya un trozo de explanada junto a la carretera en la que han montado una tienda y un WC cochambroso por el que cobran entrada, y en el que nos cobran 1.000 rupias solo por aparcar, esta gente ve negocio por doquier ¿eh? Al menos las vistas desde aquí de todo el valle valen la pena.

 

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Seguimos unos minutos más hasta llegar a la meseta del Dieng, dónde pagamos una retribución de 3.000 rupias por persona. Es como un peaje. Aparcamos en el complejo de templos y pagamos la entrada que da acceso a todos ellos y al cráter del volcán (25.000 IDR por persona). Ajo nos espera en el coche y nosotros salimos con Kioto a ver los primeros templos del día -por fin-.

 

Antes de seguir con el relato, os dejo un mapa de la zona para que os sea más fácil situaros según os vaya contando:

 

 

Como os decía, el complejo conocido como Candi Arjuna cuenta con una serie de templos cada uno dedicado a un dios hinduísta. Se trata de una explanada bastante grande pero apenas quedan los restos de lo que en su día debió ser.

 

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Vemos algunos montones de piedras y le preguntamos a Kioto que nos dice que se trata de los restos de templos. Los apilan intentando buscar correlación entre ellos para algún día tratar de restaurar el complejo. En algunos ya trabajan. Y otros están en buenas condiciones e incluso se puede entrar en ellos.

 

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Nos alejamos un poco para poder tener una perspectiva del lugar y luego caminamos unos minutos a través de un camino y Kioto nos enseña un par de templos que están entre campos de cultivo. Volvemos al coche y Ajo nos lleva hasta el siguiente templo de la zona: el Candi Gatotkaca:

 

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interior del templo

 

Lo bueno de visitar esta zona es que no hay apenas gente… solo un par de parejas locales y nosotros. Así que se respira paz 🙂

Volvemos al coche y recorremos unos cuantos kilómetros más hasta el siguiente punto de la visita y es que hoy aprovechando que estamos en zona volcánica, veremos ¡más cráteres! Aparcamos y nos vamos hacia el Sikidang Kawah.

 

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¡Alucinamos, estamos en el mismísimo cráter de un volcán activo! El suelo está caliente, sale humo por doquier, huele a huevos podridos, hay trozos de azufre y el agua que hay en pequeños charcos burbujea, además notas movimiento bajo tus pies. ¿No os lo creéis? ¡Pues mirad!

 

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Nos acercamos a una zona cercada y al asomarnos vemos que hay ¡¡lava burbujeando!!

 

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Cuando piensas la temperatura que debe tener eso te pones malo, si cayeras ahí te desharías literalmente en pocos segundos. Piensas en el lugar que estás y se ponen los pelos de punta pero a la vez te maravilla el poder disfrutar del espectáculo que nos brinda la naturaleza. Y es que aunque los templos de esta zona no son gran cosa, poder disfrutar de ésto, hace que el viaje hasta aquí haya merecido la pena. Rodeamos el cráter burbujeante y flipamos en colores con lo que vemos.

 

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Os dejo un vídeo que grabé del lugar: http://youtu.be/zNC0PODqCcg

 

 

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Vista del cráter con lava

 

 

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vista panorámica

 

 

Kioto nos deja a nuestro aire y pasamos más de media hora aquí, dándole vueltas al hoyo y quedándonos con esta experiencia grabada en la retina. De vuelta al coche, pasamos junto a unos puestos dónde venden verduras y comida típica de la zona así como figuras hechas con azufre del estilo a las que vendían los mineros del Ijen.

 

De camino al siguiente punto, paramos un momento a echarle la foto a un templo que queda junto a la carretera, el Candi Bima.

 

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Y proseguimos unos kilómetros más hasta llegar a los lagos Telaga Warna y Telaga Pengilon, nuestro último punto en el tour por la meseta del Dieng. Aparcamos junto al Dieng Plateau Theater, una especie de observatorio, pero nosotros no entramos en él si no que caminamos unos minutos por un camino de tierra en ascenso hasta una pequeña cima dónde poder contemplar la vista panorámica de los lagos. Aquí pagamos 5.000 rupias cada uno para poder acceder a ese “mirador”.

 

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Nos sorprende encontrar aquí arriba a unos cuantos locales construyendo una plataforma… Kioto nos dice que es para ¡echarse la siesta a la sombra! Madre mía… De los lagos sorprende ese contraste de color entre ellos. Los lagos se formaron sobre el cráter de dos volcanes. El lago turquesa es de ese color por la mayor concentración de azufre en sus aguas.

 

Los lagos se pueden visitar de dos formas, una como hacemos nosotros con una vista panorámica y otra, pagar 100.000 rupias para poder bajar hasta la orilla y recorrerla, junto a la visita a unas cuevas que hay cerca. El precio nos pareció excesivo así que preferimos verlos así y pagar solo 5.000 rupias.

 

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Tras unos minutos disfrutando de las vistas, volvemos al coche. Son más de las 14h así que volvemos a Wonosobo para buscar un sitio dónde comer. Kioto nos comenta que esta pequeña ciudad cuenta con el 1r restaurante chino que se abrió en Indonesia y es que por lo visto los primeros inmigrantes chinos que llegaron al país se asentaron en esta zona. Nos comenta que se come bien y que es barato, así que allá que vamos. Se trata del Asia Restaurant y data de los 60 y hay poca gente. Tienen comida típica de varias zonas de China, así que cogemos unos cuantos platos y los compartimos para probar más cosas 🙂 Nos sale por 181.500 rupias los dos.

 

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Fanta de fresa 🙂

 

Ya con la panza llena y antes de iniciar el camino de vuelta a Yogya, Kioto nos propone entrar al mercado de Wonosobo y así conocer cómo es un mercado javanés. Aceptamos y nos adentramos en un laberinto de puestos de verduras, hortalizas, frutas, huevos, carne, pescado, ropa, cosas para el hogar y todo lo que uno pueda necesitar.

 

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Puesto de pescado salado

 

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puestos de carnes

 

Kioto nos explica el uso de muchas plantas medicinales, por lo visto son muy fan de la medicina natural, y nos explica qué son algunas frutas y verduras que no conocemos y que son típicas de allí. Hablamos de recetas, intercambiamos información sobre alimentos de aquí y de allí y nos cuenta muchas cosas sobre la gastronomía javanesa. Nosotros flipamos con las condiciones en que tienen algunos alimentos, pero creo que ellos flipan aún más con nosotros ya que nos miran con cara de no haber visto un occidental en su vida. En un puesto del mercado, la señora incluso me toca el brazo mientras me mira con cara de impresionada como si no pudiera creer que soy real. No hay persona en el mercado que no nos mire con cara de alucine… y confirmamos con Kioto que debemos ser los primeros occidentales que nos adentramos en su mercado 🙂

 

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Tras un buen rato aquí, decidimos emprender el viaje de vuelta. Si la ida se hizo pesada, la vuelta ni os cuento. Hay un tráfico espantoso, y de nuevo vivimos el horror de la conducción indonesia: adelantamientos con coches o camines que vienen de frente y con línea continua, circular por el arcén para adelantar o correr más, bocinazos y luces continuos, 3 hileras de vehículos en dos carriles… vamos que es un cague ir en coche en Indonesia y eso que vamos en los asientos de atrás, ¡¡no quiero ni pensar lo que debe ser conducir allí!!

 

Le preguntamos a Kioto si llegamos con tiempo de ver los templos budistas de Mendut y Pawon y nos dice que sin problema. Así tras dos horas de coche, llegamos. Estos templos forman parte del complejo budista de Yogyakarta junto al Borobudur. Nos cuenta que una vez al año  budistas de muchos puntos, acuden hasta aquí para hacer una procesión que empieza en estos dos templos y acaba con un recorrido por el Borobudur hasta “alcanzar el Nirvana”. Realmente debe ser agotador porqué hay varios kilómetros de distancia entre los templos.

 

Pagamos 3.300 IDR cada uno por la entrada combinada a los dos templos. Primero visitamos el Candi Pawon que está dedicado a Kubera, el dios budista de la riqueza.

 

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Estamos solos aquí así que podemos disfrutar de la visita con calma. Nos impresionan los relieves de sus paredes. Dentro se intuye dónde se hallaba el Buda de su interior así como un quemador de incienso, pero hoy en día está vacío.

 

Sin título

 

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Las estupas y el tipo de piedra te recuerdan mucho a las del Borobudur, el templo madre del budismo. El templo está rodeado de un pequeño jardín del que me llaman la atención los bonsai de Flor de Camboya que hay.

 

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Junto al templo hay varias tiendas y entramos en una que nos llama la atención por tener figuras hechas con piedra volcánica como la de los templos. Kioto nos alerta que venden figuras hechas con dos tipos de piedra, la volcánica de verdad que cuando echan agua sobre ella la absorbe y otra “sintética” que la repele. Sabiendo el truco, nos adentramos en la tienda para comprar una estupa como las del Borobudur. Ese templo nos marcó y queremos tener algo de él en casa. Así que tras mirar todas las que tiene, de comprobar cuáles son las buenas y de regatear, conseguimos comprarla por 150.000 rupias.

 

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Nuestra campana del Borobudur

 

Tras la compra, volvemos al coche y nos dirigimos al otro templo budista de la zona: el templo de Mendut.

 

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Por fuera, su aspecto es muy similar a los otros templos que hemos visitado hoy. Aún así, le damos una vuelta y disfrutamos del realismo de los relieves de la piedra. En sus muros se cuentan leyendas que Kioto nos resume.

 

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Hay un par de chicas jovencitas que no dejan de mirarnos y sonreírnos. Kioto nos dice que los locales no acaban de acostumbrarse a ver occidentales y les encanta echarse fotos con nosotros, así que  le decimos que les pregunte si quieren una. Las chicas muy cortadas le dicen que si y allá que vamos. Nos miran con unos ojos como platos ¡jeje! nos hacemos una foto con nuestra cámara y otra con su móvil. Seguro que andamos por el wathsapp de alguna adolescente javanesa ¡jaja!

 

Luego entramos al templo y alucinamos con lo que vemos: un Buda enorme de 3m de altura en posición sentado y con sus manos en Dharmachakra es decir, enseñando la rueda de la vida. Acompañado por otros dos en postura de abhaya mudra que representa la protección y la bendición, y de vitarka mudra que representa la sabiduría y el conocimiento.

 

 

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El templo por fuera puede parecer más de lo mismo, pero que conserve las figuras de Buda originales, esculpida con tanto realismo, hace que este templo sea más atractivo que los visitados en la jornada de hoy.

 

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Como buena budista, compro unos inciensos por 1.000 rupias y con una reverencia los enciendo frente al gran buda. A Kioto no deja de sorprenderle 🙂

Al salir vemos que hay un grupo de franceses que estaban visitando el templo que se dirigen hacia la salida y en seguida, les asalta el grupo “sarong”. Y os preguntaréis ¿qué es eso? pues eso es un grupo de locales que te asalta siempre a la salida de los lugares de interés ofreciéndote sarong, abanicos, figuras, souvenirs o lo que se tercie que vendan… todo ofrecido a grito pelado y de un modo muy cansino… no hay quien se los quite de encima 😀

 

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El guía nos dice que junto al templo hay un ficus milenario. Algunas de sus ramas en lugar de crecer hacia arriba, crecen hacia abajo hasta volver al suelo. Él las usa como lianas y nos invita a subirnos a ellas como si fuéramos Tarzan. Menudas risas 🙂

 

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Aquí lo tenéis a él

 

Junto al templo también amontonan cientos de piedras que antiguamente conformaban una parte de él. Salimos discretamente para evitar a los vendedores y vemos que hay un monasterio budista. Kioto nos dice que se puede entrar en él gratuitamente y allá que vamos, él nos deja 30 minutos a nuestro aire para disfrutar del lugar.

 

El monasterio está formado por varios edificios, rodeado por jardines decorados al estilo zen que tanto me gusta a mi.

 

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Encontramos una gran campana de bronce y varias estatuas de buda en varias posiciones. Estamos solos visitando el lugar, con el sol que cae y el entorno es mágico.

 

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Se nos hace de noche aquí y ya salíamos del recinto cuando vemos que hay un buda recostado que nos llama la atención y vemos que junto a él, se encuentra una sala dónde hay otro junto a un altar budista, así que entramos.

 

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En nuestros viajes a Japón siempre habíamos visto budas sentados, nunca uno recostado y nos sorprende gratamente. Éste tiene una postura relajada, como si durmiera.

 

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Tras los 30 minutos que se nos pasan volando y ya con noche cerrada, vamos hacia el coche y nos encontramos a Kioto hablando con unos españoles. Hablamos unos minutos con ellos y luego retomamos el viaje de vuelta al hotel. Son solo las 18,30h pero llevamos todo el día de arriba a abajo y con un tute de carretera tremendo y estamos agotados. Tenemos bien bien 1h de viaje hasta el hotel. Como ayer, Kioto nos dice que él se quedará cerca de su casa y que Ajo nos llevará hasta el hotel. Mañana nos recogerán más tarde que hoy ya que el día será más relajado.

 

Cuando llegamos al hotel, le damos una propina a Ajo, se la ha ganado pobre hombre con esas 8h de coche que se ha chupado hoy.

Subimos a la habitación y nos damos una buena ducha. Luego, igual que ayer, bajamos a cenar al restaurante del hotel. Hoy nos zampamos unas hamburguesas rebuenas y pronto a dormir que estamos k.o.

Mañana más 😉