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04/10/14: Budas, cascadas, campos de clavo y arroz, lagos, templos en billetes y un gran atardecer…

Día 19: Seguimos descubriendo rincones fabulosos de Bali y como colofón, disfrutamos de un bonito atardecer…

 

Nos levantamos a las 8h, toca nuevo día de tour con Dewa para continuar conociendo la isla de los dioses 🙂 Esta noche he dormido mejor. A pesar de oír varias veces como si picaran a la puerta, lo he ignorado al saber que eran los bichejos que habitan en el hotel :p De repente caigo en la cuenta de que hoy empieza nuestra última semana en Indonesia… ¡qué pasada, qué rápido ha pasado el tiempo!

Cerramos las maletas y vamos a disfrutar de un fabuloso desayuno que nos prepara la dueña del hotel de Lovina, el Villa Belindo. Igual que ayer, esas crêpes de banana me vuelven loca y repetiría si pudiera aunque solo fuera por gula ¡jeje! Charlamos otro poco con ellos tras el desayuno y hacemos el check-out. Nos preocupaba un poco lo que pudiera subir el hotel ya que hemos cenado y desayunado aquí y en ningún momento nos hablaron de precios, pero la verdad es que nos llevamos una grata sorpresa al ver la cuenta porqué el precio es más que ajustado para la calidad de lo comido. En total 1.500.000 rupias, lo que equivalen a unos 100€ por 2 noches, desayunos, cenas, birras y disfrutar del relax de este lugar y de la compañía del matrimonio que lo regenta.

Sobre las 9,15h llega Dewa a buscarnos. Colocamos las maletas en su coche tal y como habíamos acordado con él ya que esta noche cambiamos de nuevo de alojamiento, el que será nuestro hogar los últimos días de viaje que nos quedan. Y tras despedirnos de la pareja del hotel que han sido de lo más hospitalarios, nos ponemos en marcha. Teníamos un itinerario pactado con Dewa para hoy, pero nos propone ver algún rincón del norte de Bali y si nos da tiempo, acabar el día viendo atardecer en el conocido Tanah Lot. Nos parecen bien los cambios y nos dejamos llevar. Os dejo una imagen de Google Maps dónde podéis ver el recorrido de hoy:

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El primer punto del día es la visita al Templo Budista Brahma Vihara Arama que hay en Singaraja. Se trata de una “réplica” del Borobudur que han construido en Bali un grupo de budistas. No se paga entrada pero Dewa nos dice que lo correcto es dejar una propina. Dejamos 10.000 rupias en una urna que hay en la entrada y vamos a conocer el lugar.

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El templo está conformado por varios edificios, varios de ellos rodeando una gran fuente.

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campanario

Me llama la atención una escalera que sube hacia uno de los edificios principales del templo, con oraciones escritas en sánscrito en cada peldaño.

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Subimos por ellas y llegamos a un edificio bastante grande dónde se encuentran tres budas, uno de ellos en la posición de loto en el centro de la sala y dos tumbados en los laterales. La sala en sí es sencilla, pero podemos ver diferentes símbolos budistas que me sacan una sonrisa 🙂 Además, desde fuera hay unas buenas vistas del patio interior con la fuente central.

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Seguimos recorriendo el recinto, esta vez por la parte alta y nos encontramos con varios Buda más rodeados de la naturaleza que envuelve el lugar. También hay una gran estupa.

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Algunas partes del templo están en obras pero no nos estorban a la hora de hacer la visita. Seguimos caminando y llegamos a una zona del templo con la que al fin entendemos porqué le llaman el Borobudur de Bali… ¿qué opináis?

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En menor escala, pero si, se parece mucho al Borobudur original que hay en Java. Además está rodeado de árboles de Camboya y huele a las mil maravillas 🙂 Rodeamos el templo y Dewa nos echa unas fotos. Es lo bueno de ir con el guía, que es el primer viaje en que tenemos muchas fotos de los dos juntos (que no sean selfies)  🙂

Se puede entrar al templo, así que tras bordearlo y acceder por una bonita puerta de madera tallada, accedemos a una sala fresca -lo cuál agradecemos- con un altar central con varios Buda en él.

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Aquí me vuelvo a sentir en mi salsa como buena budista que soy y de nuevo dejo a Dewa boquiabierto cuando hago un donativo (500 rupias), enciendo unos inciensos y hago una reverencia a uno de los Buda del altar al más puro estilo nipón que es el que a mi me gusta 🙂

Se está muy a gusto en esa sala, entre el fresquito y el olor a inciensos y flores… no vemos el momento de salir de nuevo a la chicharrina que cae hoy también.

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Antes de irnos del templo, voy un momento al baño que milagrosamente está bastante limpio. Echo una última foto del templo y Dewa nos coge unas semillas de árbol de Camboya para que las plantemos al llegar a casa 🙂

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Volvemos al coche y ponemos rumbo al siguiente destino del día, la cascada Munduk. Tras un rato de viaje por una carretera de montaña, llegamos. Dewa deja el coche en un mini-aparcamiento que hay junto a la carretera, pagamos la entrada de 5.000 rupias por persona y cruzamos la carretera para dirigirnos al inicio del camino que lleva a la cascada. Junto a la carretera hay varios árboles que huelen muy bien, y me resulta familiar, y Dewa nos dice que son los árboles que dan clavo (la especia).

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Nos comenta que toda esta zona es una plantación y nos lleva junto a una casa cercana para que veamos cómo secan las semillas al sol de un modo muy tradicional. Nos explica que la gente que se dedica a la cosecha del clavo vive bien ya que la especia está muy bien pagada. Aunque es un trabajo muy duro porqué deben recoger la semilla en un momento de maduración muy específico y deben hacerlo de una en una para que no se estropeen y pierdan aroma.

 

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el patio de una casa dónde secan la especia

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Y tras esto ya si que nos encaminamos por un pequeño camino que lleva hasta la cascada. Es un descenso de unos 10-15 minutos, no es muy empinado pero hay bastante humedad en esta zona por lo que hace bastante más calor que en la carretera.

En el camino nos cruzamos con un tipo que me saluda por mi nombre mientras Dewa sonríe, y como yo ya sé que Riasa tiene esa costumbre de “sorprender” a la gente que hemos contactado con él pero vamos con otros guías, antes de que se dé cuenta le estoy saludando yo también por su nombre lo que lo deja boquiabierto ¡jaja! Nos pregunta cómo nos va el viaje y si estamos satisfechos con Dewa a lo que asentimos al unísono; también nos pregunta por Kioto (el guía de Yogyakarta que nos recomendó) y le digo que todo perfecto a la vez que le doy las gracias por su contacto. Hablamos del impresentable de Zunan -el guía que habíamos contratado en un principio para Yogya pero que descartamos por su actitud- y Riasa alucina con el tipo. Tras unos minutos de charla, le damos las gracias por todo y cada uno sigue con su camino, nosotros hacia la cascada y él con otros turistas hacia el coche.

 

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el camino que lleva a la cascada

Dewa ya nos advierte que es probable que la cascada no tenga mucho volumen de agua y que el lago que hay a los pies esté más bien seco, es lo malo de viajar en la estación seca… tras pocos minutos, llegamos junto a un riachuelo que lleva una agua clara con pinta de estar fresquita.

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Lo cruzamos por un mini-puente y llegamos a una escalera que da acceso a la cascada. ¡Guau! ¡Aquí si que se está bien! 🙂 Hay poquita gente por lo que podemos disfrutar del lugar.

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Dewa nos dice que subamos una escalera que lleva más cerca del salto de agua, con cuidado de no caernos. Desde aquí la vista es mejor 🙂 De nuevo Dewa nos echa varias fotos para el recuerdo y disfrutamos del  frescor que nos da el agua que salpica al caer. No es una gran cascada, tiene un salto de unos 30 metros, pero es bonita y es un lugar muy tranquilo y refrescante, rodeado de plantaciones de clavo, cacao, café y vainilla… ¡mmm huele muy bien aquí!

 

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Tras un ratito admirando la vista, decidimos desandar el camino y subir los 500 metros de camino… esta vez cuesta arriba 😛 Por el camino vemos a algún balinés encaramado a altas escaleras recogiendo clavo.

 

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Al llegar arriba, hacemos parada en boxes para ir al baño -mejor no recordar el aspecto de este baño…- y comprarnos un par de refrescos bien fresquitos en una tienda que hay junto al aparcamiento. Y de nuevo, nos ponemos en rumbo hacia el siguiente punto del día.

Tras unos minutos de trayecto continuando por la carretera de montaña llegamos a un mirador junto a la calzada. Desde allí se puede disfrutar de una buena vista panorámica de los lagos Gemelos de Gobleg. Hasta 1808 era un único lago pero una erupción hizo que se separara en dos.

 

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vista panorámica de ambos

 

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Tras echar unas fotos, volvemos al coche para dirigirnos a uno de los templos más importantes de Bali. Pero hacemos otro alto en el camino y es que hay una zona en el arcén dónde se concentran un montón de macacos, de esos que tienen mala leche y que son unos cleptómanos ¡jaja! Dewa para el coche y nosotros bajamos cámara en mano a verlos de cerca. Hay una pareja de turistas dando de comer a algunos y hasta presenciamos una pelea por comida entre el jefe y un listillo… 😀

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el jefe

 

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Desde aquí hay una bonita vista de uno de los lagos gemelos. Se nota que estamos en la época seca porqué el nivel de agua es bajo…

 

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con este me reí mucho… ¿come sushi? 😛

 

Tras echarnos unas risas con las ocurrencias de los macacos, volvemos al coche y emprendemos camino, ahora si, hacia el templo Ulun Danu Bratan, dedicado a la diosa del agua y uno de los más representativos de Bali.

Nos cuesta encontrar hueco en el aparcamiento del templo porqué está llenísimo… me da que va a haber un poco de overbooking en este lugar… Pagamos las 30.000 rupias por persona de entrada y nos adentramos al recinto del templo.

 

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mural que hay en la entrada

 

Este templo está formado por varios edificios en distintos “niveles” separados como siempre por puertas con unos relieves fantásticos y rodeados de parques bien cuidados. Fue construido en el año 1634 en honor a la diosa del agua y de la fertilidad Dewi Danau y se encuentra en la orilla del lago Bratan.

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Lo malo del lugar, además de estar masificado de turistas, es que hay pocas sombras… y claro, a mediodía imaginad el calor que pasamos 😛 Vamos recorriendo el lugar mientras Dewa nos va explicando curiosidades del lugar. Nos llama la atención que es un templo de culto hinduísta y budista a la vez. Tras recorrer el recinto llegamos a orillas del lago dónde se encuentra el edificio más significativo del templo, el que sale impreso en los billetes de 50.000 rupias 🙂

 

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Lo malo es que como estamos en época seca, el agua no rodea el templo como suele ocurrir durante la época húmeda… por lo que desluce un poco la visita al lugar. Pero aún así es bonito y le echo fotos desde todos los ángulos posibles ¡jeje!

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Dewa también nos echa unas fotos para el recuerdo. Se puede acceder al edificio sobre el agua pero hay una buena cola por lo que desistimos. Seguimos recorriendo el templo disfrutando de sus rincones.

 

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guiri style 😉

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Es mediodía, y además del calor que hace, empieza a picar el gusanillo… así que decidimos que ha llegado la hora de ir a comer. Dewa nos propone coger el coche y desandar un poco el camino para ir a un buffet que conoce con buenas vistas. Él proponía lugares que conocía pero también aceptaba sugerencias… nosotros nos dejamos llevar en todo momento, pensamos que él conocería los sitios más interesantes e higiénicos… creo que en general nos llevó a sitios dónde comimos bien pero algún día (como el de hoy), la comida era justita… Hoy comemos por 200.000 rupias los dos, nos parece caro para lo que sirven… pero buen, ya con la panza llena, seguimos con la ruta.

Dewa conduce hasta Begudul.  Se trata de un pueblo montañoso conocido por su colorido mercado de frutas tropicales y especias (Pasar Candikuning) pero sinceramente nosotros no le vimos nada interesante… un mercado más y todos los allí presentes con la vista muy puesta en nosotros. Está claro que este tipo de mercados no va con nosotros… 😛 Así que le pedimos al guía que nos lleve al siguiente punto del día.

Tras un buen trecho en coche, Dewa hace una parada en un lado de la carretera para enseñarnos los arrozales de Jatiluwih que junto a los de Tengalang son las terrazas de arroz más bonitas de la isla. Nos sorprende ver un gran templo entre campos de arroz, dedicado a Dewi Sri, la diosa del arroz.

 

Sin título

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Estas terrazas de arroz están consideradas Patrimonio de la Unesco. Realmente la vista es espectacular, pero me quedo con los de Tengalang 😉

Tras la parada, emprendemos el camino  hacia el penúltimo destino del día, el también Patrimonio de la Unesco, templo de Taman Ayun. Aparcamos junto a una gran estatua y antes de dirigirnos a la entrada del templo, Dewa nos enseña una carroza que usarán próximamente en la festividad del pueblo en que nos encontramos. Es curiosa de ver, la verdad.

 

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Tras esto, vamos hacia el templo. Pagamos 15.000 rupias por persona y accedemos al que fuera el templo de la familia real. Fue construido en el 1634) . Cuenta con unos grandes jardines por los que es muy agradable pasear.

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Dewa nos explica que una de las salas hacían peleas de gallos. Esta práctica es muy común en Indonesia y aunque actualmente está penada, en muchos lugares se realizan con frecuencia. Nos cuenta que no hace mucho salió una noticia en los periódicos que un hombre había hecho prostituir a su mujer para pagar las deudas que él tenía por apuestas en peleas de gallos. Me quedo alucinada y muy indignada. Él entiende mi reacción, pero dice que para muchos indonesios la mujer es propiedad del marido y debe hacer lo que éste dice… él nos explicó que tiene una hija, y cuando yo le digo qué haría si su hija le explicara que le hacen algo así, se encoge de hombros y me dice que esa es su tradición. Aún alucino más, la verdad. Le digo que mi padre cogería a mi marido por el pescuezo y se parte 😛

Antes de seguir con la visita, hacemos parada en boxes aprovechando que los baños de aquí están “limpios” en comparación a otros que hemos visitado ¬¬’

Vamos recorriendo el jardín que rodea el templo y el guía nos va explicando lo que son cada uno de los edificios que conforman el recinto.

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desde aquí dirigen las oraciones

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no dejan de sorprenderme las estatuas hinduístas 🙂

Vemos un campanario bien alto y Dewa nos dice que si queremos podemos subir, él nos espera abajo. Merece la pena subir por la escalera de la muerte que hay, desde allá arriba hay una buena panorámica del recinto.

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las vistas desde arriba

 

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la campana es de madera

Tras las vistas desde arriba, volvemos abajo con Dewa y seguimos recorriendo los jardines del templo hasta llegar a una gran puerta que da una zona repleta de pagodas simbólicas de la jerarquía del dios del monte. A esta zona no se puede acceder ya que se considera sagrada, está rodeada por un foso y un muro de piedra.

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Esta zona del templo me parece fantástica, además estamos completamente solos y podemos disfrutar con calma del lugar. Dewa nos echa varias fotos aquí y de verdad que se agradece porqué es un lugar digno de recordar. Quizá sea por las merus (o pagodas) del templo o por el hecho de estar rodeado de vegetación que hace que este sitio merezca la pena ser visitado a pesar de no poder entrar en la zona más sagrada.

Vamos bordeando el complejo de edificios y pagodas que conforman esta parte del templo y disfrutamos del contraluz que nos da esta hora de la tarde. Además el lugar está rodeado de árboles de Camboya, y el aroma de su flor mezclado con el incienso de la ofrendas hace que aquí huela realmente bien.

 

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Una vez bordeada esta parte del complejo llegamos a otro gran edificio dónde Dewa nos comenta que es el lugar de reunión de los fieles del templo. En los próximos días será la festividad de este templo y aquí encontramos dos carrozas hechas con unas figuras cubiertas con legumbres… explicado puede sonar cutre, pero os dejo un par de fotos para que veáis que realmente eran muy chulas y ¡muy curradas!

 

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Y tras un buen rato en este templo, decidimos dar por finalizada la visita. Dewa nos dice que nos da tiempo de llegar al Tanah Lot para disfrutar del atardecer allí, así que no nos lo pensamos y volvemos al coche corriendo para poner rumbo a otro de los grandes templos de Bali.

Tras un buen rato de camino ya que el templo se encuentra en la parte sur de la isla, llegamos al aparcamiento. Está bien lleno de coches… Dewa ya nos avisa que este lugar se llena hasta arriba de gente al atardecer pero que las vistas lo merecen. Como todos estos días, nos dejamos aconsejar por él y si dice que merece la pena a pesar del gentío será cierto… así que pagamos las 30.000 rupias por persona y accedemos al recinto.

La calle que lleva del aparcamiento al recinto del templo está repleta de tiendas y chiringuitos dónde tomar algo. El guía nos dice que tenemos media hora aún si queremos tomar algo y como vemos unos cocos con pinta de estar frescos, le decimos de compartir uno con él a lo que accede encantado. Compramos uno por 15.000 rupias. Allí se comen los cocos verdes, tal cuál los cogen del árbol abren la parte superior para poder beber la leche del coco que es muy ácida y se comen una membrana muy finita que cubre la parte interior de la corteza. Nos parece muy curioso y le explicamos a Dewa que aquí los comemos maduros… que nos comemos la carne del coco y que la leche es más dulzona. Alucina en colores cuando se lo explicamos y como no se lo cree, tenemos que buscar una foto por internet para que lo vea. Dice que no sabemos comernos el coco, pero yo creo que es al revés 😛 como lo comemos aquí está más rico ¡jaja!

Tras el parón para comernos -como podemos porqué está demasiado verde para nuestro gusto- el coco, seguimos la calle hasta llegar al acantilado dónde se encuentra uno de los templos más famosos de Bali, el Tanah Lot. Y como ya nos dijo Dewa, el lugar está atestado de gente… pero no importa, ¡menuda maravilla para nuestra vista!

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El Pura Tanah Lot o templo de la tierra en el mar es un templo hinduísta construido en una isla a 100m de la playa al que se puede llegar a él solo cuando la marea es baja, ya que cuando sube, el templo queda aislado.

Fue construido por un sacerdote hindú en el siglo XVI y está dedicado a los espíritus guardianes del mar. El guía nos explica que se cree que el lugar está protegido por serpientes marinas que habitan bajo él… leyendas balinesas… Nos dice que aunque la vista es espectacular desde arriba, podemos bajar para ver con más detalle la isla y el templo. Bajamos con la condición de verlo y subir para tener la panorámica de la puesta del sol desde arriba.

 

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Apenas podemos ver nada ni echar fotos desde abajo porqué hay un gentío impresionante… y es muy agobiante. Así que le decimos a Dewa que preferimos verlo desde arriba. Nos lleva por un camino hasta un acantilado entre el Tanah Lot y el templo aledaño Pura Batu Bolong, un pequeño santuario ubicado en un montículo en el mar que se comunica con la orilla por medio de un puente natural. Y desde aquí la vista del Tanah Lot es preciosa, no me canso de echar fotos porque pienso que lugares como éstos, se ven una vez en la vida.

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La marea empieza a subir y hay unas olas enormes… y la luz de esta hora del día le da un toque mágico al lugar… ¡alucinante! De verdad que me dejó sin palabras.

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Y las vistas del Pura Batu Bolong también son geniales… Dewa nos comenta que la puesta de sol es más bonita sobre el Batu Bolong que sobre el Tanah Lot y que hay menos gente mirando hacia allá, así que le pedimos que nos lleve a un buen sitio dónde nos sentamos a esperar ver caer el sol sobre la costa balinesa…

 

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Y como una imagen vale más que mil palabras, no escribo más y os dejo con unas cuantas de las decenas de instantáneas que tiré con esos cambios de color en el cielo conforme bajaba el sol…

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en estos momentos piensas en la suerte que tienes de poder estar tan lejos de casa disfrutando de cosas tan maravillosas como ésta…

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pasan unas olas enormes entre medias del puente natural

 

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Os dejo también un vídeo… escucharéis gente hablando en español y es que estábamos rodeados por unos cuántos ¡jeje! http://youtu.be/91WgWc_nIkE

 

Y tras unos minutos contemplando, el sol se esconde definitivamente tras el océano…

 

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alucinamos con el señor que está pescando en la punta del peñasco dándole las olas de pleno al romper contra la roca…

 

En este templo hacen unas danzas con fuegos al anochecer, pero hoy nos hemos pegado un buen tute y estamos bastante cansados a estas horas… así que le decimos a Dewa que preferimos que nos lleve al hotel, a poder ser antes de que se vaya toda la marabunta y se lie un follón de coches impresionante 😛 él está conforme con nosotros y volvemos al coche para poner rumbo a Seminyak dónde se encuentra el hotel dónde nos alojaremos el resto de días que nos quedan de viaje.

Durante el camino, le decimos que tenemos una tradición viajera y que no hemos podido cumplir aún porqué no sabemos si hay… en nuestros viajes siempre hacemos una visita a un McDonalds y nos echamos una foto a la que llamamos “McDonalds por el mundo”. Dewa se parte con nuestra ocurrencia y nos dice que si queremos mañana nos lleva a comer  a uno para que no rompamos nuestra tradición. ¡Nos encanta la idea!

En teoría mañana teníamos pactado tour de día completo también, pero Dewa nos cuenta que hemos visto prácticamente todo ya y si queremos nos recoge a mediodía, comemos según nuestra tradición y hacemos tour solo por la tarde. De esta forma, en lugar de pagar los 50€ del día completo, pagaremos solo 35€. Nos parece bien, y así tenemos la mañana para descansar un poco.

Lo notamos más callado que otros días y nos dice que es porque hoy se ha pegado una buena paliza de conducir… nos cuenta que él vive cerca de Denpasar por lo que para venir a buscarnos ha tenido que conducir casi 3h para llegar a Lovina, más todo lo que ha conducido durante el tour luego. La verdad es que hoy se ha portado genial viniendo a buscarnos, y si cada día le hemos dado algo de propina, hoy es mayor por el esfuerzo extra.

Tras unos 30-40 minutos (a pesar de que hay poca distancia…) llegamos al último hotel dónde nos hospedaremos -qué fuerte suena eso…-. Nos despedimos de Dewa y quedamos en la hora de recogida de mañana, último día de tour con él. Para las últimas 6 noches escogimos el Ping Hotel Seminyak , un hotel de 3* con piscina y muy bien ubicado, rodeado de tiendas, restaurantes y a unos 400m a pie de la playa. Nos salió bien de precio, unos 260€ las 6 noches sin desayuno.

Hacemos el check-in y ya vemos que la piscina la vamos a disfrutar… ¡jeje! Dejamos las maletas en la habitación y decidimos ir a cenar por los alrededores. Necesitamos cash, así que vamos a sacar dinero a un cajero con la mala suerte de que se me bloquea la tarjeta de débito… ¡WTF! Sacamos con la tarjeta de mi marido y ya veremos cómo resuelvo lo de la mía…

Decidimos cenar unas pizzas justo al lado del hotel, están riquísimas y por 160.000 rupias nos llenamos la panza acompañado por unas Bintang.

Como no tenemos desayuno incluido en el precio, pensamos en hacer igual que en los viajes a Japón, aprovechar que tenemos un combini junto al hotel para comprarnos el desayuno de mañana y tomarlo en la habitación. Necesitamos también aftersun que la piel empieza a notar el exceso de sol… y alucinamos al ver cómo le llaman aquí al Paracetamol:

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¡¡Sí, paraSetamol, con S!! ¡¡Ay por favor, qué risa tonta nos coge a los dos en medio de la tienda! ¡No podemos resistirnos y nos llevamos un paquete para enseñarlo a todo quisqui y seguir la coña en el hotel! Como os podréis imaginar, en mi casa desde ese día quedó bautizado también como paraSetamol ¡jajaja! Pagamos 150.000 rupias por todo lo que llevamos y volvemos al hotel partiéndonos de risa…

Hago una llamada al banco aprovechando que con la SIM local tenemos incluidos algunos minutos en llamadas y que aún no los hemos gastado. La operadora alucina cuando le digo: “mire, tengo poco tiempo porqué ahora mismo me encuentro en Indonesia y las llamadas son muy caras, necesito que me desbloquee la tarjeta porqué la necesito para continuar con el viaje”. La verdad es que esas palabras fueron mágicas porqué en menos de 2 minutos me había desbloqueado la tarjeta y deseado un buen viaje. ¡Adoro la eficiencia de ING, oiga! 🙂

Y ya con el marrón solucionado, ducha y a dormir que hoy estamos ko. Mañana más…

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24/09/14: Nueva jornada entre templos y volcanes en Java

Día 9: Yogyakarta – Templos y meseta del Dieng Plateau

 

Esta noche nos ha costado dormir más que noches anteriores ya que de madrugada oímos la llamada a la oración de las mezquitas cercanas, pero por suerte la cama es la mar de cómoda y en seguida cogimos el sueño de nuevo hasta las 7h que suena el despertador.

 

Nos vestimos y bajamos a desayunar. Tenemos desayuno buffet incluido en el precio del hotel. Disfrutamos de un buen café javanés y unos dulces que nos saben a gloria. Volvemos a la habitación a por las cosas y antes de las 8h estamos en la recepción dónde nos recoge Ajo, el conductor.

 

De nuevo nos topamos con un tráfico brutal y nos cuesta casi 1h salir de la caótica Yogyakarta. A las afueras recogemos a Kioto, nuestro guía, tal y como quedamos ayer. Hoy nos espera otro largo día de carretera para llegar hasta la meseta del volcán Dieng Plateau, al norte de Yogya.

 

¿Y qué nos espera en Dieng? Se trata de una zona montañosa en el centro de Java a más de 2.000m sobre el nivel del mar, una zona mucho más rural, lejos de las grandes ciudades de su caos y por tanto, más tranquila. Su nombre proviene de “Di Hyang” que significa “Morada de los Dioses” y es que en esta zona, se construyeron más de 400 templos hindúes alrededor del 750 dC, mucho más antiguos que los grandes Prambanan y Borobudur, y consideradas las construcciones de piedra más antiguas de Java. Lamentablemente, a penas se conservan 8 templos de esos 400, la mayoría de ellos en ruinas… También nos espera la visita a uno de los cráteres volcánicos de la zona, y eso de ver volcanes a nosotros ya sabéis que ¡nos encanta!

 

Lo malo es que como ya avanzaba, aunque Dieng está solo a unos 150km de Yogya, la espantosidad de sus carreteras y su tráfico hace que este viaje sea laaargo… ¡algo así como 3h y media! Así que nos armamos de paciencia, intentamos no mirar demasiado hacia adelante para no morir del susto por la conducción tan temeraria que tienen y aprovechamos para charlar con Kioto que nos sigue contando cosas interesantes sobre su país y su gente.

 

Si hasta Wonosobo la carretera es mala, de ahí al Dieng ya es peor… una carretera de un carril y medio de montaña con cientos de curvas y una pendiente importante. ¡Qué mareo! Ahora, las vistas son geniales… ver esos campos de cultivo en terraza a lo largo de la ladera de las montañas no tiene precio.

 

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Paramos en un mirador… vaya un trozo de explanada junto a la carretera en la que han montado una tienda y un WC cochambroso por el que cobran entrada, y en el que nos cobran 1.000 rupias solo por aparcar, esta gente ve negocio por doquier ¿eh? Al menos las vistas desde aquí de todo el valle valen la pena.

 

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Seguimos unos minutos más hasta llegar a la meseta del Dieng, dónde pagamos una retribución de 3.000 rupias por persona. Es como un peaje. Aparcamos en el complejo de templos y pagamos la entrada que da acceso a todos ellos y al cráter del volcán (25.000 IDR por persona). Ajo nos espera en el coche y nosotros salimos con Kioto a ver los primeros templos del día -por fin-.

 

Antes de seguir con el relato, os dejo un mapa de la zona para que os sea más fácil situaros según os vaya contando:

 

 

Como os decía, el complejo conocido como Candi Arjuna cuenta con una serie de templos cada uno dedicado a un dios hinduísta. Se trata de una explanada bastante grande pero apenas quedan los restos de lo que en su día debió ser.

 

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Vemos algunos montones de piedras y le preguntamos a Kioto que nos dice que se trata de los restos de templos. Los apilan intentando buscar correlación entre ellos para algún día tratar de restaurar el complejo. En algunos ya trabajan. Y otros están en buenas condiciones e incluso se puede entrar en ellos.

 

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Nos alejamos un poco para poder tener una perspectiva del lugar y luego caminamos unos minutos a través de un camino y Kioto nos enseña un par de templos que están entre campos de cultivo. Volvemos al coche y Ajo nos lleva hasta el siguiente templo de la zona: el Candi Gatotkaca:

 

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interior del templo

 

Lo bueno de visitar esta zona es que no hay apenas gente… solo un par de parejas locales y nosotros. Así que se respira paz 🙂

Volvemos al coche y recorremos unos cuantos kilómetros más hasta el siguiente punto de la visita y es que hoy aprovechando que estamos en zona volcánica, veremos ¡más cráteres! Aparcamos y nos vamos hacia el Sikidang Kawah.

 

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¡Alucinamos, estamos en el mismísimo cráter de un volcán activo! El suelo está caliente, sale humo por doquier, huele a huevos podridos, hay trozos de azufre y el agua que hay en pequeños charcos burbujea, además notas movimiento bajo tus pies. ¿No os lo creéis? ¡Pues mirad!

 

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Nos acercamos a una zona cercada y al asomarnos vemos que hay ¡¡lava burbujeando!!

 

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Cuando piensas la temperatura que debe tener eso te pones malo, si cayeras ahí te desharías literalmente en pocos segundos. Piensas en el lugar que estás y se ponen los pelos de punta pero a la vez te maravilla el poder disfrutar del espectáculo que nos brinda la naturaleza. Y es que aunque los templos de esta zona no son gran cosa, poder disfrutar de ésto, hace que el viaje hasta aquí haya merecido la pena. Rodeamos el cráter burbujeante y flipamos en colores con lo que vemos.

 

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Os dejo un vídeo que grabé del lugar: http://youtu.be/zNC0PODqCcg

 

 

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Vista del cráter con lava

 

 

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vista panorámica

 

 

Kioto nos deja a nuestro aire y pasamos más de media hora aquí, dándole vueltas al hoyo y quedándonos con esta experiencia grabada en la retina. De vuelta al coche, pasamos junto a unos puestos dónde venden verduras y comida típica de la zona así como figuras hechas con azufre del estilo a las que vendían los mineros del Ijen.

 

De camino al siguiente punto, paramos un momento a echarle la foto a un templo que queda junto a la carretera, el Candi Bima.

 

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Y proseguimos unos kilómetros más hasta llegar a los lagos Telaga Warna y Telaga Pengilon, nuestro último punto en el tour por la meseta del Dieng. Aparcamos junto al Dieng Plateau Theater, una especie de observatorio, pero nosotros no entramos en él si no que caminamos unos minutos por un camino de tierra en ascenso hasta una pequeña cima dónde poder contemplar la vista panorámica de los lagos. Aquí pagamos 5.000 rupias cada uno para poder acceder a ese “mirador”.

 

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Nos sorprende encontrar aquí arriba a unos cuantos locales construyendo una plataforma… Kioto nos dice que es para ¡echarse la siesta a la sombra! Madre mía… De los lagos sorprende ese contraste de color entre ellos. Los lagos se formaron sobre el cráter de dos volcanes. El lago turquesa es de ese color por la mayor concentración de azufre en sus aguas.

 

Los lagos se pueden visitar de dos formas, una como hacemos nosotros con una vista panorámica y otra, pagar 100.000 rupias para poder bajar hasta la orilla y recorrerla, junto a la visita a unas cuevas que hay cerca. El precio nos pareció excesivo así que preferimos verlos así y pagar solo 5.000 rupias.

 

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Tras unos minutos disfrutando de las vistas, volvemos al coche. Son más de las 14h así que volvemos a Wonosobo para buscar un sitio dónde comer. Kioto nos comenta que esta pequeña ciudad cuenta con el 1r restaurante chino que se abrió en Indonesia y es que por lo visto los primeros inmigrantes chinos que llegaron al país se asentaron en esta zona. Nos comenta que se come bien y que es barato, así que allá que vamos. Se trata del Asia Restaurant y data de los 60 y hay poca gente. Tienen comida típica de varias zonas de China, así que cogemos unos cuantos platos y los compartimos para probar más cosas 🙂 Nos sale por 181.500 rupias los dos.

 

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Fanta de fresa 🙂

 

Ya con la panza llena y antes de iniciar el camino de vuelta a Yogya, Kioto nos propone entrar al mercado de Wonosobo y así conocer cómo es un mercado javanés. Aceptamos y nos adentramos en un laberinto de puestos de verduras, hortalizas, frutas, huevos, carne, pescado, ropa, cosas para el hogar y todo lo que uno pueda necesitar.

 

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Puesto de pescado salado

 

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puestos de carnes

 

Kioto nos explica el uso de muchas plantas medicinales, por lo visto son muy fan de la medicina natural, y nos explica qué son algunas frutas y verduras que no conocemos y que son típicas de allí. Hablamos de recetas, intercambiamos información sobre alimentos de aquí y de allí y nos cuenta muchas cosas sobre la gastronomía javanesa. Nosotros flipamos con las condiciones en que tienen algunos alimentos, pero creo que ellos flipan aún más con nosotros ya que nos miran con cara de no haber visto un occidental en su vida. En un puesto del mercado, la señora incluso me toca el brazo mientras me mira con cara de impresionada como si no pudiera creer que soy real. No hay persona en el mercado que no nos mire con cara de alucine… y confirmamos con Kioto que debemos ser los primeros occidentales que nos adentramos en su mercado 🙂

 

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Tras un buen rato aquí, decidimos emprender el viaje de vuelta. Si la ida se hizo pesada, la vuelta ni os cuento. Hay un tráfico espantoso, y de nuevo vivimos el horror de la conducción indonesia: adelantamientos con coches o camines que vienen de frente y con línea continua, circular por el arcén para adelantar o correr más, bocinazos y luces continuos, 3 hileras de vehículos en dos carriles… vamos que es un cague ir en coche en Indonesia y eso que vamos en los asientos de atrás, ¡¡no quiero ni pensar lo que debe ser conducir allí!!

 

Le preguntamos a Kioto si llegamos con tiempo de ver los templos budistas de Mendut y Pawon y nos dice que sin problema. Así tras dos horas de coche, llegamos. Estos templos forman parte del complejo budista de Yogyakarta junto al Borobudur. Nos cuenta que una vez al año  budistas de muchos puntos, acuden hasta aquí para hacer una procesión que empieza en estos dos templos y acaba con un recorrido por el Borobudur hasta “alcanzar el Nirvana”. Realmente debe ser agotador porqué hay varios kilómetros de distancia entre los templos.

 

Pagamos 3.300 IDR cada uno por la entrada combinada a los dos templos. Primero visitamos el Candi Pawon que está dedicado a Kubera, el dios budista de la riqueza.

 

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Estamos solos aquí así que podemos disfrutar de la visita con calma. Nos impresionan los relieves de sus paredes. Dentro se intuye dónde se hallaba el Buda de su interior así como un quemador de incienso, pero hoy en día está vacío.

 

Sin título

 

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Las estupas y el tipo de piedra te recuerdan mucho a las del Borobudur, el templo madre del budismo. El templo está rodeado de un pequeño jardín del que me llaman la atención los bonsai de Flor de Camboya que hay.

 

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Junto al templo hay varias tiendas y entramos en una que nos llama la atención por tener figuras hechas con piedra volcánica como la de los templos. Kioto nos alerta que venden figuras hechas con dos tipos de piedra, la volcánica de verdad que cuando echan agua sobre ella la absorbe y otra “sintética” que la repele. Sabiendo el truco, nos adentramos en la tienda para comprar una estupa como las del Borobudur. Ese templo nos marcó y queremos tener algo de él en casa. Así que tras mirar todas las que tiene, de comprobar cuáles son las buenas y de regatear, conseguimos comprarla por 150.000 rupias.

 

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Nuestra campana del Borobudur

 

Tras la compra, volvemos al coche y nos dirigimos al otro templo budista de la zona: el templo de Mendut.

 

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Por fuera, su aspecto es muy similar a los otros templos que hemos visitado hoy. Aún así, le damos una vuelta y disfrutamos del realismo de los relieves de la piedra. En sus muros se cuentan leyendas que Kioto nos resume.

 

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Hay un par de chicas jovencitas que no dejan de mirarnos y sonreírnos. Kioto nos dice que los locales no acaban de acostumbrarse a ver occidentales y les encanta echarse fotos con nosotros, así que  le decimos que les pregunte si quieren una. Las chicas muy cortadas le dicen que si y allá que vamos. Nos miran con unos ojos como platos ¡jeje! nos hacemos una foto con nuestra cámara y otra con su móvil. Seguro que andamos por el wathsapp de alguna adolescente javanesa ¡jaja!

 

Luego entramos al templo y alucinamos con lo que vemos: un Buda enorme de 3m de altura en posición sentado y con sus manos en Dharmachakra es decir, enseñando la rueda de la vida. Acompañado por otros dos en postura de abhaya mudra que representa la protección y la bendición, y de vitarka mudra que representa la sabiduría y el conocimiento.

 

 

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El templo por fuera puede parecer más de lo mismo, pero que conserve las figuras de Buda originales, esculpida con tanto realismo, hace que este templo sea más atractivo que los visitados en la jornada de hoy.

 

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Como buena budista, compro unos inciensos por 1.000 rupias y con una reverencia los enciendo frente al gran buda. A Kioto no deja de sorprenderle 🙂

Al salir vemos que hay un grupo de franceses que estaban visitando el templo que se dirigen hacia la salida y en seguida, les asalta el grupo “sarong”. Y os preguntaréis ¿qué es eso? pues eso es un grupo de locales que te asalta siempre a la salida de los lugares de interés ofreciéndote sarong, abanicos, figuras, souvenirs o lo que se tercie que vendan… todo ofrecido a grito pelado y de un modo muy cansino… no hay quien se los quite de encima 😀

 

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El guía nos dice que junto al templo hay un ficus milenario. Algunas de sus ramas en lugar de crecer hacia arriba, crecen hacia abajo hasta volver al suelo. Él las usa como lianas y nos invita a subirnos a ellas como si fuéramos Tarzan. Menudas risas 🙂

 

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Aquí lo tenéis a él

 

Junto al templo también amontonan cientos de piedras que antiguamente conformaban una parte de él. Salimos discretamente para evitar a los vendedores y vemos que hay un monasterio budista. Kioto nos dice que se puede entrar en él gratuitamente y allá que vamos, él nos deja 30 minutos a nuestro aire para disfrutar del lugar.

 

El monasterio está formado por varios edificios, rodeado por jardines decorados al estilo zen que tanto me gusta a mi.

 

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Encontramos una gran campana de bronce y varias estatuas de buda en varias posiciones. Estamos solos visitando el lugar, con el sol que cae y el entorno es mágico.

 

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Se nos hace de noche aquí y ya salíamos del recinto cuando vemos que hay un buda recostado que nos llama la atención y vemos que junto a él, se encuentra una sala dónde hay otro junto a un altar budista, así que entramos.

 

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En nuestros viajes a Japón siempre habíamos visto budas sentados, nunca uno recostado y nos sorprende gratamente. Éste tiene una postura relajada, como si durmiera.

 

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Tras los 30 minutos que se nos pasan volando y ya con noche cerrada, vamos hacia el coche y nos encontramos a Kioto hablando con unos españoles. Hablamos unos minutos con ellos y luego retomamos el viaje de vuelta al hotel. Son solo las 18,30h pero llevamos todo el día de arriba a abajo y con un tute de carretera tremendo y estamos agotados. Tenemos bien bien 1h de viaje hasta el hotel. Como ayer, Kioto nos dice que él se quedará cerca de su casa y que Ajo nos llevará hasta el hotel. Mañana nos recogerán más tarde que hoy ya que el día será más relajado.

 

Cuando llegamos al hotel, le damos una propina a Ajo, se la ha ganado pobre hombre con esas 8h de coche que se ha chupado hoy.

Subimos a la habitación y nos damos una buena ducha. Luego, igual que ayer, bajamos a cenar al restaurante del hotel. Hoy nos zampamos unas hamburguesas rebuenas y pronto a dormir que estamos k.o.

Mañana más 😉

23/09/14: Hoy alcanzaremos el Nirvana… visita al Borobudur.

Día 8: Kumai – Semarang – Yogyakarta

 

A las 6h amanece un nuevo día, el último a bordo del klotok, con el sonido del amanecer en la selva… ¡qué pasada! El desayuno de hoy consta de unas tostadas con mermelada de piña y unos huevos revueltos, con zumo y café con leche. A las 7h ya nos ponemos en marcha hacia el puerto de Kumai, ya que nuestro vuelo hacia Java sale pronto y les pedimos llegar con antelación. Durante el trayecto, Maitza nos pide que le escribamos algo en su diario de viajeros. Le dedicamos unas amables palabras hacia ella, hacia la tripulación y explicamos como podemos la gran experiencia vivida en este lugar.

Tras una hora de navegación, desandando el camino del primer día llegamos al embarcadero de Jenie en Kumai. Allí nos recibe él, y con mucho pesar nos despedimos del barco y de su tripulación. Se han portado de fábula con nosotros, han sido amables y muy atentos en todo momento y sin duda, recomendamos muy mucho hacer este tour con ellos.

Jenie y Maitza nos llevan al aeropuerto de Pangkalan Bun. De camino Jenie se interesa por saber cómo nos hemos encontrado a bordo y cómo han ido las visitas a los campamentos. Descubrimos que es un gran futbolero y que le gusta el Barça, así que tenemos tema de conversación con él ¡jeje! Nos cuenta que una vez fue al aeropuerto a recoger a unos españoles y se presentó con la camiseta del Barça, cuál fue su sorpresa cuando descubrió que los españoles ¡¡eran de Madrid y que eran anti-culés!! Menudas risas al imaginar la situación… En media hora estamos en el aeropuerto y nos despedimos de ellos.

 

Este aeropuerto ya os comenté que era pequeñísimo. Consta de tres habitaciones: una para el control de seguridad y facturación, otra de espera para salidas y otra de recogida de equipaje para las llegadas. Tras pasar el “cutre” control de seguridad dónde de nuevo nos choca que no tengamos que vaciar bolsillos, quitar metales ni chaquetas, pasamos a la sala de facturación dónde hay dos mostradores, de las dos únicas compañías que vuelan aquí: Kalstar y TransNusa, y dónde vemos cómo sacan nuestra maleta hacia la zona de pista por una ventana. ¡Buenísimo! Nosotros volamos de nuevo con Kalstar pero esta vez a Semarang, dónde nos recogerá el guía que tenemos contratado para los siguientes tres días. Tenemos que esperar más de 1h, hasta las 10,20h que salga nuestro vuelo. Antes de acceder a la sala de espera, pagamos las tasas aeroportuarias, 10.000 IDR por persona. Decir que las tasas siempre se pagan en efectivo.

 

Por suerte, llevamos una tarjeta local de datos y nos podemos conectar a internet, lo que hace nuestra espera más amena… Después de 2 días sin conexión pasamos el rato bien entretenidos mirando redes sociales, correo y whatsappeando. El mejor whatsapp se lo lleva mi madre… es del 1r día en Borneo y me dice “no veo hotel para esta noche ni mañana… ¿¡dónde dormís?!” y una auto-respuesta a los pocos minutos “he revisado la guía que me pasaste y veo que dormís en LA SELVA!!!! tened mucho cuidado” 😀 ¡¡¡me parto!!! y en seguida le escribo para decirle que todo ha ido bien, que ha sido una súper experiencia y le envío algunas fotos y vídeos 🙂

 

No sé si tenéis costumbre de hacerlo o no, pero yo sé que nuestros padres padecen cuando nos vamos tan lejos y siempre les envío por email una guía con el itinerario que seguiremos, los horarios y códigos de los vuelos, los hoteles dónde dormimos cada noche con los datos de contacto, el teléfono de la embajada y qué hacer en caso de urgencia. Además, nos registramos como viajeros al extranjero en la web del Ministerio de Asuntos Exteriores, dónde se rellena un formulario con esos mismos datos. Creo que puede ser de gran ayuda para localizarnos si ocurriera alguna cosa. Ya se sabe, más vale prevenir que curar.

 

Como iba diciendo, tras una hora de espera “poniéndonos al día”, vemos en la pantalla que sale nuestro vuelo a Semarang anunciado así que nos dirigimos a la puerta de embarque que no es más que una puerta que da directamente a pista con dos personas que te miran los billetes -nada de mirar el pasaporte- y pa’lante. Como ya hicimos al llegar, nos dirigimos a pie hacia nuestro avión. Esta vez nos mezclan entre los locales. Nos acomodamos en nuestros asientos y preparamos la cámara de nuevo para captar esa imagen tan fantástica que da el sobrevolar este lugar. El vuelo sale puntual, algo que nos sorprende teniendo en cuenta la fama de impuntualidad que tienen los aeropuertos indonesios.

 

Hoy abandonamos este lugar que seguro recordaremos siempre, y volvemos a la isla de Java para visitar la ciudad de Yogyakarta y sus alrededores. Pero no hay vuelo directo de Pangkalan Bun a Yogya, así que volaremos a Semarang, al norte de la isla, dónde nos recogerá Kioto, el guía que hemos contratado. El vuelo transcurre tranquilo y esta vez también nos sirven un piscolabis. ¡Cómo molan estas low cost!

 

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Tras una hora de vuelo, llegamos al aeropuerto de Semarang… que no es mucho más grande que los que llevamos visitados estos días. Lo primero, retrasar el reloj y es que en Java hay 1h menos. Entramos en la terminal y esperamos a recoger nuestras maletas. Aquí de nuevo vienen esos amables caballeros que pretenden recoger tus maletas y llevártelas por un módico precio… los espantamos como podemos, ¡of course! Recogemos nuestras maletas de la cinta y tras comprobarnos antes de salir que nuestra maleta coincide con el código de la facturación, salimos hacia fuera. Allí nos reciben un montón de guías, conductores y gente que ofrece tours. Localizo al tipo que lleva el cartel con nuestro nombre y nos dirigimos hacia él. El guía que hemos escogido para estos días es Sukkiato, aunque se hace llamar Kioto. Nos cobra 60€ por día e incluye guía en español, transporte y conductor, gasolina y peajes. Es algo caro, pero el hecho de que sea en español lo encare bastante.

 

Nos recoge su conductor y nos encaminamos a Yogyakarta. Realmente no debería ser un largo trayecto, son 130km pero con esas carreteras de Dios que me tienen y el tráfico que parece que te encuentres permanentemente en medio de un atasco de una gran ciudad… pues hace que el viaje sea de ¡¡¡3h!!! Un pequeño tramo se hace por autopista, que lo que para ellos es una autopista para nosotros es una nacional, y el resto por su nacional que es una carretera comarcal de montaña para nosotros 😛

 

Tras un laaaargo viaje en el que ya no sabemos cómo ponernos, nos acercamos al fin a Yogya. Durante el trayecto, Kioto nos ha ido explicando ya algunas curiosidades sobre Indonesia y Java, sus religiones, cosas sobre sus gentes, sus costumbres… se ve un tipo agradable y aunque no domina al 100% el español, hace verdaderos esfuerzos por hablarlo y aprender algunas palabras que no conoce. Nos dice que si queremos llegamos con hora de poder ver hoy el Borobudur que nos cae de paso hacia Yogya, así mañana no habrá que madrugar tanto e iremos más relajados. Nos parece genial, el Borobudur fue uno de los principales motivos de visitar Indonesia y además nos apetece mucho ver algo más que no sea la tapicería del coche y atascos.

 

Así que a eso de las 14h y a pocos kilómetros del templo nos dice de parar a comer en un sitio que conoce que está chulo. El lugar es un tanto pijis. Es un complejo de restaurante con música javanesa en vivo, tienda y taller de orfebrería. No recuerdo lo que nos costó la comida pero no fue cara para la pinta del lugar. Tomamos unos platos de pasta con un refresco… nos apetece variar la dieta :p

 

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El sitio es muy bonito y se come la mar de tranquilo. Tras la comida, entramos con Kioto al taller de orfebrería dónde nos enseñan cómo trabajan la plata de forma artesanal. Hacen unas figuras del Borobudur preciosas en plata, pero el precio pica así que no compramos. Luego entramos a la tienda, tienen café de Luwak y nos compramos un paquete. El Kopi Luwak está considerado uno de los mejores cafés del mundo. El proceso consiste en que el animalillo llamado Luwak (una especie de hurón) come los granos más maduros y selectos de las plantaciones de café, éste tiene unas enzimas en su estómago que le dan un sabor muy característico al café ya que es capaz de romper las proteínas del grano que producen su amargor. Una vez lo expulsa, lo lavan y relavan y lo tuestan. Si sabes la historia del café antes de tomarlo reconozco que puede dar asquete, pero de verdad que no he probado mejor café en mi vida.

 

Tras la compra, volvemos al coche y en pocos minutos llegamos al parking del Borobudur. La entrada es especialmente cara y sobretodo si lo compras con los precios de allí, casi 30€ por persona pero se trata del templo budista más grande del mundo y está declarado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Es para los budista lo que la Meca es para los musulmanes. La entrada incluye un par de botellines de agua y el sarong. ¡Nuestro primer sarong! ¿Y qué es eso? os estaréis preguntando. Un sarong es una especie de pareo que usan los indonesios para entrar a sus templos, sean budistas o hinduhístas. Para ellos, de cintura para abajo es la parte impura del cuerpo y por tanto hay que taparla como señal de respecto a sus dioses.

Y ya preparados, nos adentramos en el parque que rodea al templo. Como buena budista, estoy encantada de estar aquí. Para mí será toda una experiencia que tampoco olvidaré jamás.

 

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Construido entre los años 750 y 850, es un santuario y lugar de peregrinaje budista. Consta de seis plataformas cuadradas coronadas por tres plataformas circulares y está decorado por más de 2.600 relieves que relatan la vida de Buda y por 504 estatuas distintas de éste. 

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La visita comienza en la base del monumento y se va ascendiendo a través de un camino a través de los tres niveles de la cosmología budista o naturaleza de la mente hasta llegar a la cima que representa el Nirvana.

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Os dejo el enlace a la Wikipedia dónde explica la historia, el redescubrimiento y algunos detalles del templo por si os interesa saber más.

 

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Los bloques de piedra que conforman el templo están sueltos, no se usó mortero para unirlos.

Nos adentramos en esta mole de templo y vamos descubriendo los distintos pasajes de la vida de Buda. Es un lugar que me dejó sin habla, literalmente. Así que mejor que soltaros más rollo, os dejo unas cuantas imágenes del lugar.

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Los relieves son realmente buenos, se pueden apreciar hasta los gestos de las caras.

 

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A algunos Buda les robaron la cabeza en tiempos de saqueo.

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Vamos ascendiendo por las distintas plataformas, y Kioto nos va explicando la vida de Buda conforme la vamos viendo en los relieves, así como detalles del Budismo. Conforme vamos ganando altura por las distintas plataformas, empezamos a disfrutar de las vistas que ofrece el lugar, construido sobre una colina rodeado de un gran parque y de las estupas que conforman la cima del templo.

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Hay poca gente visitando el templo y Kioto nos ha dejado media hora para nosotros solos, así que disfrutamos en silencio del lugar. La puesta del sol que se acerca le da un aire más mágico si cabe y le da un color a las piedras precioso. 

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Detalle de las manos de uno de los Budas que hay en el interior de las estupas.

Estamos solos y se respira mucha paz en el ambiente. ¿O será que me siento yo en paz en este lugar? Sea como fuere, me siento fenomenal aquí y creo que solo por visitar este lugar, el viaje a Indonesia ha valido la pena.

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Conforme se alcanza el Nirvana, las estupas cambian la forma de sus agujeros haciendo un símil del desprendimiento de lo material y lo físico que se necesita para ello, llegando a la estupa central que no tiene ninguna apertura, ya que representa que no necesitas nada para tenerlo todo, para conseguir la felicidad y la paz absolutas.

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No vemos el momento de irnos de aquí 😦 pero se acercan las 17h y Kioto nos espera a pie del templo para disfrutar de la vista completa del Borobudur y quisiéramos verlo antes de que cierren a las 17,15h. Así que con mucho pesar y empapando mi retina con instantáneas de este lugar, vamos bajando hasta volver a la base. Aquí nos espera el guía que nos muestra una vista completa del templo. Parece mentira que hace más de mil años fueran capaces de construir algo así. Me quedo sin habla, igual que me pasó frente a algunos templos egipcios.

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A las 17,15h cierran, así que nos dirigimos al coche y emprendemos el viaje de 1h que nos queda hasta el centro de Yogyacarta dónde tenemos nuestro hotel. A las afueras de la ciudad, Kioto nos dice que él se queda ahí ya que vive en esa zona y que el conductor nos llevará hasta el hotel. Pactamos la hora de recogida de mañana y nos despedimos de él.

El conductor nos lleva hasta nuestro hotel, el Melià Purosani Hotel Yogyakarta, dónde tenemos reserva para tres noches con desayuno incluido. Le damos una propina al despedirnos, el tipo se la ha ganado con la paliza de conducir que se ha pegado hoy.

Hacemos el check-in. El hotel está muy bien. Conseguí una oferta para una suite a precio de habitación doble y nos llevamos una sorpresa al ver que la habitación está en la planta VIP, ¡toma! Se trata de una habitación muy amplia, con un gran baño con ducha y bañera y en un piso alto, así que hay buenas vistas de la ciudad. El hotel está en el barrio de Malioboro, uno de los más turísticos de la ciudad y dicen de los más seguros, pero estamos agotados y no nos apetece nada salir a buscar dónde cenar. Así que bajamos al restaurante del hotel, dónde nos tomamos unas pizzas bien ricas con piano en directo y todo! Tras la cena, ducha, hablamos con los nuestros para decirles que estamos en el siguiente destino y a dormir que el cuerpo ya no da más de si.