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14/10/16: volvemos a Bangkok tras el reciente fallecimiento del Rey de Tailandia

Día 14: volvemos a una Bangkok apagada…

Nos levantamos sobre las 6,30h  ya que hoy toca coger un vuelo temprano para volver a la capital. Tomamos el desayuno que tenemos incluido en el restaurante del hotel y luego hacemos el check-out.

Preguntamos por la posibilidad de hacer el transfer hasta el aeropuerto con el hotel como hicimos a la ida pero no nos aseguraban barca hasta más tarde, así que decidimos hacerlo por nuestra cuenta. Caminamos por la orilla con las mochilas a cuestas hasta la zona dónde están las barcas que van a Ao Nang. Los barqueros nos dicen que si la barca se llena con 8 personas son 100 baths pp, pero viendo que a éstas horas no hay nadie más por la zona, no nos queda otra que pagar los 800 baths para ir los dos ya que no aceptan regateo… con mucho pesar nos despedimos de esta fabulosa zona en la que hemos estado sumidos en un estado de relajación extremo los últimos días. ¡Lo necesitábamos!

En unos 20 minutos estamos en destino. Allí esperábamos encontrar los shuttle que van al aeropuerto pero no hay manera de dar con ellos por más vueltas que damos… pactamos precio con un conductor de songthaew que por 600 baths y en 35 minutos nos deja en el aeropuerto.

Aún falta 1h para el embarque, así que tras pasar el control de seguridad, nos compramos un par de cafés (155 baths) y nos sentamos a esperar. De nuevo volamos con Air Asia. Con solo 10 minutos de retraso, salimos hacia Bangkok.

Llegamos a la capital a las 12h. Al no facturar el equipaje conseguimos salir directos, justo a tiempo de coger el bus A1 por 30 baths cada uno hasta la parada de BTS Mo Chit (metro), es un bus cochambroso pero nos hace el apaño por 4 duros. Se paga al revisor una vez a bordo.

En el metro de Mo Chit hay una cola impresionante tanto para las máquinas como para las taquillas para poder coger el ticket, al fin lo logramos… pagamos 42 baths cada uno para ir hasta la parada National Stadium, haciendo transbordo en Siam. El metro en Bangkok es una maravilla, rápido y eficaz. Aunque hay gente a bordo no tenemos sensación de agobio y eso que vamos con las mochilas a cuestas.

Cuando llegamos a la parada, caminamos unos 8 minutos hasta nuestro último hotel en Tailandia, el Happy 3. Entre pitos y flautas son casi las 14h, con lo que nos dejan subir a la habitación ya. Es la única cosa que detesto de los hoteles en Asia que el check-in siempre es a partir de las 14h con lo que si llegas por la mañana te quedas en la calle hasta esa hora… por suerte esta vez podemos descargar las cosas en la habitación y refrescarnos un poco, ¡menudo calor hace en Bangkok!

Cuando veníamos hacia el hotel hemos visto de camino un McDonalds y nos vamos derechos a él para comer, desde que desayunamos a las 7h estamos hambrientos.

Tras la comida, vamos caminando hasta el centro comercial MBK que tenemos al lado. Mi marido se tiene que cambiar el móvil y quiere mirar aquí, pero tras preguntar en varias tiendas vemos que no vale la pena, aún intentando regatear no conseguimos un precio más bajo de lo que cuestan en España, así que desistimos. Damos una vuelta por las diferentes plantas del centro y vemos que aquí venden literalmente de todo, por supuesto hay fotos del rey y algún altar para dejar las condolencias.

Son las 16,20h y pensamos en volver al cat café del otro día, así que volvemos al BTS National Stadium y vamos hasta la parada de Sala Deng, en la zona de Si Lom. En el Cat pedimos un par de tés helados y vamos a ver a los gatitos (200 baths los dos), hoy están más despiertos y juguetones que el otro día.

Conocemos a una mejicana agenciada en Bangkok desde hace 15 años que nos cuenta un poco de la vida en Thai. Pasamos más de una hora aquí y luego decidimos volver a Chinatown. Así que cogemos el metro en Si Lom hasta Hua Lampong (19 baths c/u).

No os he comentado nada aún, ayer falleció el Rey y se ha decretado un mes de luto oficial… la verdad es que hemos visto la ciudad mucho más apagada que los primeros días del viaje. Nos sorprende muchísimo ver a todo el mundo vistiendo de negro, en todos los altares del Rey que encuentras por doquier hay banderas negras y ofrendas… ¿Y qué significa el luto oficial a la población? Pues que no están permitidas las fiestas, ni el alcohol, todos deben vestir de blanco o negro, las banderas estarán a media hasta como mínimo ese tiempo y la gente se acerca a los distintos puntos que se han preparado a dejar sus palabras en los libros de condolencias. Para los funcionarios del estado, el luto se alarga a un año… y la televisión y prensa local publica en blanco y negro. Es increíble. Todo el mundo en la calle camina en silencio, vestido de blanco y negro, y se ha perdido parte del bullicio que caracteriza a esta gran urbe.

Como os decía, llegamos a Hua Lampong. Caminamos unos 10 minutos hasta la calle principal de Chinatown y cuál es nuestra sorpresa cuando vemos que ¡¡todo está cerrado!!

Aquí es cuando nos damos cuenta de la gravedad del asunto que ¡¡hasta los chinos cierran el chiringo!! Un local se nos acerca, supongo que al ver nuestra cara de asombro, y como puede nos explica que debido a la muerte del rey muchos mercados y comercios están cerrados hoy. Nosotros lo sentimos mucho por el monarca, pero nos llevamos un buen chasco, pensábamos hacer algunas compras aquí y picotear los dulces que hacen. Decidimos coger un tuk-tuk de aquí al hotel, nos cuesta 100 baths y tardamos unos 20 minutos a toda mecha entre los coches. Aquí da más impresión ir en tuk-tuk que en Chiang Mai con tanto tráfico…

Pasamos por un 7/11 que hay cerca y compramos algo de picoteo para tomar ahora y desayuno para mañana. Vamos un rato al hotel a descansar y sobre las 20h volvemos al MBK para cenar. Nos decantamos por un japonés que vemos con muy buena pinta y muchos japoneses degustando dentro, el Kibune. Tomamos unos yakisoba cada uno, y una tapa de tonkatsu y de gyozas con refresco por 400 baths.

Tras una cena deliciosa, volvemos al hotel. Nos damos una buena ducha y a dormir pronto que estamos ko tras el madrugón de hoy.

10/10/16: nos vamos a un paraíso llamado Railay…

Día 10: comienzan nuestros días de relax absoluto en las playas tailandesas…

El despertador suena a las 4h. Aunque ayer nos fuimos a dormir pronto, estamos ¡ko! Cerramos las mochilas y bajamos a hacer el check-out. Pedimos a la chica de recepción que nos pida un taxi para ir al aeropuerto, y mientras llama nos dice que vayamos hacia fuera con ella y el de seguridad a esperarlo. Nos dice que tardará unos 15 minutos y que por la hora que es, nos costará 300 baths. Es el doble de lo que teníamos apuntado, aunque entendemos que a estas horas debe tener algún recargo… El de seguridad le dice algo a la reepcionista en thai y entendemos la palabra tuk-tuk… viendo que pasan los 15 minutos y que por la calle principal están pasando tuk-tuks, le decimos a la chica que vamos a buscar uno. Se queda extrañada -suponemos que debe tener comisión con el taxista- pero le decimos que tenemos prisa y nos acompaña con el chico de seguridad hasta la calle principal y esperan a que montemos en uno que nos llevará al aeropuerto por 150 baths. La chica nos sorprende cuando nos da un abrazo de despedida o_O’ más que nada porque la acabamos de conocer… 😀

Montamos en el tuk tuk con las mochilas y en 15 minutos estamos en el aeropuerto. Pasamos el control de seguridad de la entrada y vamos a desayunar a un Starbucks, lo único que hay abierto a estas horas. Pedimos dos capuccino y dos cinamon roll por 290 baths que nos entonan el cuerpo a estas horas de la mañana.

Es un aeropuerto pequeño, pero todo está perfectamente indicado. A las 5,30h pasamos el segundo control de seguridad y nos sentamos frente a la puerta de embarque a esperar la salida de nuestro vuelo.

A las 6,10h empieza el embarque y a las 6,30h despegamos según lo previsto. Dormimos prácticamente todo el vuelo y a las 8,15h estamos en Krabi.

Salimos en seguida, ventajas de ir con mochila y no facturar el equipaje 🙂

Como el traslado al hotel nos pareció algo complicado cuando hicimos la reserva, contratamos con ellos la recogida en el aeropuerto y traslado al hotel en Railay. En teoría nos tendrían que estar esperando, pero pasados 30 minutos y viendo que han recogido a casi todo el mundo ya, empezamos a pensar que se han olvidado de nosotros… y efectivamente, tras casi 1h de espera decidimos llamar al hotel y preguntar. Nos dicen que se han olvidado pero que nos mandan a un transporte privado para nosotros por el mismo precio pactado lo más deprisa posible. Tras media hora de espera más, nos recogen con una mini-van y nos llevan hasta el puerto de Ao Man Mao. Allí nos espera una barca que nos lleva en unos 10 minutos hasta Railay East, qué pasada… aunque habíamos visto fotos de las montañas y acantilados de la zona, vistos en persona impresionan mucho más… ¡esto tiene muy buena pinta!

En el embarcadero este, nos espera un botones que nos lleva las mochilas al hotel que está en Railay West (a 5 minutos a pie). El alojamiento escogido para las próximas noches es el Railay Village Resort & Spa.

Nos sirven una bebida a base de coco mientras esperamos a ser atendidos en recepción para hacer el check-in, la recepción da justo frente a la playa, ¡menudas vistas! Aunque el cielo está algo encapotado…

Hacemos el check-in y ya pagamos también el traslado desde el aeropuerto (1600 baths). La chica de recepción nos pide disculpas en tres idiomas diferentes por haberse olvidado de nosotros… ¡qué le vamos a hacer!, un error lo tiene cualquiera… Nos acompañan a la habitación y alucinamos pepinillos cuando en lugar de llevarnos a una habitación doble con vistas a la piscina como contratamos, nos encontramos con que nos dan ¡una villa fabulosa con jacuzzi incluido! Entendemos que es una compensación del hotel por haberse olvidado de recogernos en el aeropuerto ya que hemos pagado lo mismo… ¡todo un detalle la verdad, así se pueden olvidar de mi cuando quieran! 😛

En la habitación encontramos un poco de fruta fresca, nos dicen que cada día nos traerán una bandeja de forma gratuita, pero que vigilemos de no dejarla a la vista ni tampoco las ventanas abiertas ya que hay monos cleptómanos en la zona.

Nos cambiamos de ropa y vamos derechos a la playa… se está despejando aunque hace algo de viento, pero aún así se está genial. Tras dar un paseo por la orilla disfrutando de las fabulosas vistas del lugar, nos damos un baño. Toda la playa es de arena suave, sin apenas oleaje y con el agua templada, y con esas vistas.. ¡¡es toda una maravilla estar aquí!! Además no hay “excuse me” como en las playas de Indonesia, ¡otro punto a favor!

Cuando nos damos cuenta se ha hecho la 1h y hace ya unas cuantas horas que desayunamos en el aeropuerto de Chiang Mai, así que vamos a comer. Vamos a lo fácil y nos comemos unas hamburguesas en el restaurante del hotel con cerveza y refresco por 590 baths. Se nota que esta zona es más turística y que hay menos oferta de restauración porque los precios son más elevados que en el resto de zonas que hemos visitado, aún así es barato si nos fijamos en los precios de cualquier ciudad europea y más teniendo en cuenta que estamos a pie de playa.

restaurante del hotel, junto a la playa

Tras la comida, vamos a la habitación a descansar un rato que con el madrugón de hoy estamos ko. Dormimos un par de horas y luego volvemos a la playa a darnos otro baño. ¡Se está genial! El agua está templada y no dan ganas de salir de ella… Disfrutamos de una bonita puesta de sol entre baño y baño.

Una vez anochece, vamos a curiosear por la zona y vemos que detrás del hotel hay una calle repleta de tiendas y restaurantes. Nos compramos un batido de fruta del dragón que me pirra y un coco por 130 baths, y nos los llevamos a la villa. Nos sentamos en la terraza que tenemos y allí nos los tomamos a la fresca, ¡esto es vida! 🙂

A las 20h salimos a cenar, tras echar un vistazo a los menús que tienen expuestos los distintos restaurantes, nos decantamos por el restaurante del hotel de al lado dónde nos tomamos un par de bistecs a la pimienta deliciosos, con verduras y patatas, más dos refrescos por 900 baths. Se está genial cenando a pie de playa, escuchando solo el oleaje y viendo como sube la marea…

Y tras la cena, nos espera un estupendo baño en el jacuzzi para acabar el día bien relajados 😀 Nos queda claro que nos esperan días de auténtico relax 🙂

30/09 y 01/10/16: con unas ganas enormes ponemos rumbo a… ¡Tailandia!

Día 0: embarcamos…

Tras unos meses de preparativos por fin ha llegado el gran día. Nos quedan por delante muchas horas de viaje para llegar a nuestro destino pero ya casi podemos tocarlo con los dedos… Como os explicaba en el post de los preparativos, este viaje tiene una novedad para nosotros y es que viajamos por primera vez con mochila. Como os comentaba compramos un par de mochilas, de 44L y 40L con medidas que nos permitan usarlas como equipaje de mano. Pero os quiero hablar de una de ellas en concreto y es que es poco conocida entre los viajeros pero para mi es un puntazo: la Tortuga; una mochila creada por viajeros, para viajeros. La compramos online, pedimos solo una para probarla y fue todo un éxito, es muy cómoda de llevar aunque vaya hasta los topes, caben muchísimas cosas, puedes sujetarlas y lo mejor es que no se abre por arriba si no por el lado como una maleta, lleva un chubasquero que la cubre al 100% y queda bien ajustado y, cuenta con un montón de bolsillos que van bien para guardar documentos. Sin duda, para el próximo viaje pedimos la otra. Os dejo enlace a su web por si queréis echarle un vistazo.

Y ahora si, como iba diciendo… ¡llegó el gran día!
Nos levantamos a las 7h. Tras desayunar y ultimar las mochilas, salimos en taxi hacia el aeropuerto del Prat (33€). Como no tenemos que facturar ya que las  mochilas cumplen con el tamaño de equipaje de mano, vamos directos al control de seguridad que pasamos sin problemas, esta vez es a mi marido al que le hacen el control de drogas (en el último año cada vez que he pasado el control me lo han hecho a mi…), pasando sin problemas 😀 Una vez dentro, vamos a tomar un café mientras esperamos la hora que falta para el embarque a París, que se nos pasa volando pensando en el fabuloso destino que nos espera y lo muy necesitados de vacaciones que estamos a estas alturas del año…

A las 9,45h abren la puerta de embarque y con puntualidad francesa salimos según lo previsto a las 10,15h. De nuevo volamos con Air France. Comentar que para los últimos vuelos estamos llevando la tarjeta de embarque en el móvil y es mucho más cómodo, te olvidas de los papeles, así que lo recomiendo sin duda.

A bordo nos sirven un tentempié, un zumo y una galleta bien rica. Y antes de darnos cuenta, llegamos al aeropuerto de Charles de Gaulle a las 12,10h.

Vamos hacia la zona de conexión en la misma terminal (2F), y tras pasar el control de pasaportes para salir del espacio Schengen, nos dirigimos a la puerta 32L. De nuevo tenemos 1h de espera hasta el próximo embarque que se nos pasa volando hablando con los nuestros vía whatsapp gracias al wifi gratis del aeropuerto y comiendo unas chuches que he comprado (2€) mientras vemos cómo preparan nuestro avión. Esta vez no nos preocupamos por si cargan o no nuestro equipaje porque lo tenemos con nosotros.

A las 13,45h comienza el embarque hacia Bangkok. Decir que pagamos un pequeño extra para poder tener asientos de 2 en lugar de 3 y con algo más de espacio para las piernas. El asiento parece cómodo y el hecho de estar los dos solos le da un punto de confort.

Al poco tiempo de vuelo nos sirven una buena comida y luego intentamos dormir un poco, ya que llegaremos a destino a las 6,30h y hasta las 14h no podremos hacer el check-in en el hotel. Pero cogemos bastantes zonas de turbulencias lo que nos dificulta el sueño…

Día 1: tras muchas horas de viaje… ¡llegamos a Bangkok!

Aunque para nosotros aún son las 24h, en Bangkok ya son las 5h y tan sólo falta 1h y media para llegar, ¡por fin! Nos sirven un desayuno de lo más completo y pacientemente esperamos a llegar. Yo he podido dormir unas 4h pero mi marido nada, ni con “ayudita”… pobre tiene cara de estar ko.

Conforme vamos perdiendo altura, podemos disfrutar de las vistas que ofrece el lugar… campos de arroz por doquier cubiertos por un sol que empieza a despuntar 🙂

Son las 6,30 hora local cuando aterrizamos en el aeropuerto internacional de Suvarmabhumi en Bangkok.

Tardamos casi 1h 30 desde que aterrizamos hasta que salimos a la zona común del aeropuerto tras pasar el control de inmigración. Sacamos dinero de un cajero y también cambiamos unos dólares que teníamos en casa de nuestro viaje a New York. El cambio hoy está a 1€=36,42 THB. Luego compramos una tarjeta local para 15 días de internet ilimitado y 100 baths en llamadas por 599THB.

Y ahora si, nos vamos a buscar un taxi para ir al hotel. Hay una fila única para coger los taxis oficiales de la ciudad, coges tiquet y te indican a cuál debes subir. Aquí ya íbamos en pre aviso que a pesar de ser taxis oficiales algunos te preguntan si quieres pactar precio, nosotros preferimos que ponga el taxímetro por recomendación de otros blogueros. Durante el trayecto vamos viendo altos edificios rodeados de casas más bajas y un tráfico tremendo para entrar a Bangkok, con la peculiar forma de conducir en plan banzai del sudeste asiático 😀 Tardamos unos 35 minutos en llegar y la carrera nos cuesta 402 baths (peaje de la autopista incluido).

el interior del taxi con su altar y sus amuletos

Para nuestra primera estancia en Bangkok escogimos el hotel Chillax Resort ubicado en la zona antigua de la ciudad y a pocos minutos a pie de la famosa Kao Shan Road. En el hotel nos dicen que hasta las 14h no podemos hacer el check-in, afortunadamente nos guardan las mochilas. Decidimos ir a visitar un par de templos cercanos al hotel mientras hacemos tiempo.

Como primera curiosidad, el nombre completo de la ciudad de Bangkok es: Krung Thep Mahankhon Amon Rattanokosin Mahinthara Ayuthaya Mahadilok Phop Noppharat Ratchathani Burirom Udomratchaniwet Mahasthan Amon Piman Awatan Sathit Sakkathattiya Witsanukam Prasit. ¡Toma ya! 🙂

Una vez en la calle nos damos cuenta de que estamos en el ¡Sudeste asiático de nuevo y se nota! Casas cochambrosas, tiendas y puestos de comida por doquier, calles y aceras atrotinadas, tráfico caótico, olores y un bochorno increíble… y con todo, nosotros estamos felices de estar aquí 😀

Tras unos 5 minutos, llegamos al Pom Phra Sumen. Construido en 1783 como fuerte marítimo para defenderse de posibles invasiones navales y nombrado para el mítico Mt Meru (Phra Sumen en tailandés) de la cosmología hindú-budista, el bunker octogonal fue una de las 14 torres de vigilancia de la ciudad que puntuaron la antigua muralla junto a Khlong Rop Krung, siendo el único que se mantiene en pie todavía.

Tan solo se puede ver por fuera, pero aún así merece la pena. Tiene un pequeño templo cerca y un bonito parque alrededor con banquitos dónde nos sentamos unos minutos a tomar la fresca brisa que corre aquí junto al río Chao Phraya, pero ¡uff nos dormimos!

De allí vamos caminando hasta el Wat Bowonniwet Vihara Rajavaravihara conocido coloquialmente denominado Wat Bowon. Se trata de un gran templo budista y sede nacional de la tradición Dhammayuttika Nikaya, con una gran estupa dorada  que alberga en su interior una imagen de Buda creada alrededor de 1357.

Lo vemos un poco de pasada porqué están celebrando oraciones y no queremos molestar a los feligreses del templo.

Habíamos pensado acercarnos hasta Kao Shan Road, pero hace un calor terrible y estamos agotados, así que aunque solo son las 11h, decidimos ir hacia el hotel y aunque no nos den aún la habitación al menos allí estaremos frescos.

Nos tomamos un par de batidos bien fresquitos en el bar del hotel por 220THB, que nos saben a gloria con el calor que traemos.

Veo que la gente que va llegando a la recepción ya les dan la habitación, así que nos acercamos a recepción y tenemos suerte ¡porque ya la tenemos! Nos acompaña un botones a nuestra habitación, le damos una propinilla sin saber demasiado si es lo correcto o no… la habitación es enorme, la cama también y tiene un jacuzzi con una pinta tremenda para darnos un baño esta noche cuando el jet lag esté haciendo todavía más estragos 😛

Una vez acomodados y sin dudarlo, nos damos una ducha rápida y a ¡dormir! Aunque ponemos una alarma a las 14h, tenemos más sueño que hambre, así que seguimos durmiendo un par de horas más. Cuando nos levantamos, ya mucho más descansados, nos ponemos el bañador y vamos a disfrutar de la súper piscina que hay en el ático.

A las 17,30h y ya con el sol cayendo decidimos ir a dar una vuelta a Kao Shan Road e ir a comer algo que ahora si que aprieta el hambre. Así que nos cambiamos y tras unos 5 minutos a pie llegamos a la mítica calle de los mochileros, repleta de tiendas de souvenirs y puestos de comida.

Fichamos los puestos dónde venden bichos a la parrilla para mañana probar alguno pero para hoy nos decantamos por cumplir con nuestra tradición viajera de “McDonnalds por el mundo” (esa tradición en la que probamos los menús Big Mac de allá dónde vamos para ver si es verdad lo que dicen en la compañía que los menús son iguales sea cuál sea el país dónde los comas). Cogemos dos menús grandes por 290THB.

Tras la cena acabamos de recorrer la calle, alucinando con el ambiente que hay y volvemos hacia el hotel, la bañera de hidromasaje ¡¡nos espera!! De camino al hotel paramos en un 7/11 antes a comprar provisiones para la noche por si nos entra hambre y para desayunar mañana.

Tras un baño relajante en el maravilloso jacuzzi, y hablar un poco con la familia para explicarles las primeras impresiones de la ciudad, nos vamos a dormir antes de las 22h, estamos ¡ko!

22/01/17: nos perdemos entre las calles de Budapest antes de volver a casa…

Día 4: visitamos la Gran Sinagoga, el monumento de los Zapatos, la estatua de Colombo y callejeamos por Pest antes de volver a casa por la noche

Hoy nos levantamos sobre las 9h. Cerramos las maletas que nos guardan en el hostal hasta la tarde, y bien abrigados salimos hacia la Gran Sinagoga. Desayunamos en un Donuts Library que hay al lado dónde tienen unos donuts deliciosos (1500Ft) y a las 11h vamos hacia el templo.

Pagamos las entradas (4000Ft c/u) y entramos. A las 11.30h hay un tour en español y mientras hacemos tiempo a que se forme el grupo y venga el guía alucinamos con el interior del templo. Habíamos entrado en alguna sinagoga en nuestro viaje a Praga de 2015, pero ésta es realmente bonita… aunque debo decir que curiosamente guarda un cierto parecido con un templo cristiano.

A la hora especificada llega un guía que habla español y reúne al grupo que hemos formado. Nos explica la historia de la sinagoga y el simbolismo de ésta. Todo lo que nos cuenta es realmente interesante y lo recomiendo sin duda. Construida entre 1854 y 1859 siguiendo el diseño del arquitecto vienés Ludwig Forster, se trata de la segunda más grande del mundo, sólo superada por la de Jerusalén. Mide 53 metros de largo, 26 de ancho y cuenta con un aforo para 2.964 personas, mitad para los hombres y mitad para las mujeres, siendo de las pocas que albergan el mismo espacio para ambos sexos.


Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis hicieron de los alrededores de la sinagoga un ghetto judío que posteriormente se convirtió en un campo de concentración. Desde este lugar muchos judíos fueron enviados a los campos de exterminio. De los judíos que sobrevivieron, fueron más de 2.000 los que murieron de hambre y frío. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de la Gran Sinagoga. Visitamos el cementerio y llama la atención que la mayoría de las tumbas comparten año de fallecimiento 1945, sin especificar fecha. El guía nos explica que algunas familias compraron la lápida aquí como homenaje a sus familiares fallecidos en el genocidio, pero no hay cuerpo.

La mayoría yacen en una fosa común bajo el monumento Árbol de la Vida, en el patio trasero de la Sinagoga, una escultura similar a un sauce llorón en el que cada hoja lleva escrita el nombre de un judío asesinado durante el Holocausto. Esta escultura fue construida en 1991 en memoria a todas las víctimas judías del nazismo.

Nos da un tiempo libre para recorrer el patio trasero del templo, en el que se encuentran algunos edificios más.

Tras una hora cargada de explicaciones sobre su historia y su cultura, salimos de nuevo a las frías calles de Budapest. Decidimos caminar por la ciudad y verla desde otra perspectiva… caminando y disfrutando de sus rincones. Recorremos calles conocidas como Vacy Utcá y otras callejuelas menos conocidas pero que guardan bonitos rincones.

Llegamos hasta el Puente de las Cadenas donde admiramos las vistas que ofrece el puente sobre el río lleno de bloques de hielo y la colina de Buda, con sus majestuosos monumentos en la parte más alta de la ciudad.

Seguimos caminando por la orilla del Danubio, aquí hace solecito y se está genial… llegamos al Monumento a los Zapatos e impresiona de verdad. Ver las gélidas aguas del Danubio y lo que representa el memorial… para aquellos que desconozcáis la historia, la forma más habitual de matar a los judíos de la ciudad que tenían los nazis era atar a unos 40 en fila frente al río helado. Les quitaban los zapatos y la ropa que pudieran aprovechar o vender, y pegaban un tiro a las dos personas de los extremos de modo que todos ellos caían a las congeladas aguas del río y con tan solo dos balas, mataban a 40 judíos. Creo que hay que ser salvaje para echar a la gente atada al río helado… no se puede decir de otra forma, bueno si, pero tendría que usar muchos tacos ¬¬’

Tenemos el Parlamento al lado, bajamos a un muelle sobre el río para echar unas panorámicas. De verdad que impresionan esos grandes bloques de hielo sobre el Danubio.

Decidimos entrar al centro de visitantes del Parlamento para hacer parada en boxes y entrar un poco en calor. De aquí, seguimos caminando y callejeando hasta llegar a la Avenida Iszent Istvan dónde nos encontramos con una estatua en bronce de Colombo y su perro, el protagonista de la serie con el mismo nombre de los 80. Nos hace mucha gracia porque desconocíamos que estuviera la estatua en la ciudad y lo descubrimos anoche por casualidad mirando cosillas por internet 🙂

Son las 14,30h y empezamos a tener hambre, así que entramos en un restaurante en la misma avenida y tomamos un pollo empanado con patatas y una crêpe por 2400Ft los dos.

Con energías renovadas y poco de calor en el cuerpo, decidimos seguir con la caminata… así que vamos callejeando, disfrutando de los curiosos edificios que conforman la ciudad hasta llegar a la Plaza de la Libertad. Aquí nos llama la atención ver un edificio rodeado por una verja y mucha policía, ¿adivináis de qué se trata? Pues no es más que la embajada de EEUU ¬¬’

Seguimos con el callejeo hasta llegar a la basílica de San Esteban dónde tomamos unas fotos del imponente edificio.

Todavía es pronto pero empieza a hacer mucho frío para estar más tiempo en la calle, así que decidimos entrar a un Starbucks que hay en la misma plaza y tomarnos un café tranquilamente mientras aprovechamos el wifi del local para hablar un rato con los nuestros. Cuando se hacen las 16,15h decidimos ir al hostal a recoger el equipaje e ir tirando hacia el aeropuerto. De nuevo, caminamos unos 15 minutos hasta el Maverick Hostel dónde nos guardan las maletas. Las recogemos, nos despedimos y ahora si, cogemos el metro en Ferenciek Tere hasta Kobanya-Kispest, dónde hacemos transbordo al bus 200E que nos lleva hasta la terminal 2 del aeropuerto. Pasamos los controles de seguridad sin problemas y decidimos comprar algunos vinos/licores típicos de la zona en el Dutty Free.

Subimos a la planta superior a tomarnos algo y hacer tiempo hasta que a las 19,45h sale anunciada nuestra puerta de embarque y vamos hacia allá.

Como nos temíamos, la zona de embarque de las compañías low cost están en una especie de nave, para llegar a ella tienes que caminar unos minutos al aire libre y si tienes suerte, puedes esperar dentro de la nave, si llegas más justo de tiempo, te tocará esperar en la calle. Aún así, hace bastante frío en el local… Cuando el avión aterriza, te pasan de nuevo a la calle a esperar a que la gente baje y poder subir a él… así que si viajáis en invierno, recordad no quitaros la ropa térmica, jerséis, guantes y todo lo que llevéis encima hasta llegar al avión, menudo frío hace a éstas horas, exactamente ¡¡¡-10ºC!!!

la foto se ve fatal pero para que os podáis hacer una idea de la situación…

Es la primera vez que viajamos en la fila 1 (por sorteo de Ryanair) así que tenemos la suerte de ver todos los procedimientos que lleva a cabo durante el despegue, vuelo y aterrizaje el personal de cabina. Realmente asombra ver la cantidad de tareas tan dispares que realizan… la pega es que hasta que cierran la puerta del avión hace bastante frío (recordad los -10º) y a pesar de que tienes más espacio para las piernas, da una cierta sensación de inseguridad no tener nada delante…
El vuelo ha salido con media hora larga de retraso, así que la hora prevista de llegada a Barcelona son las 23h pasadas. Decidimos pedirnos un menú (bocata, chips y agua) por 10€ cada uno y así llegar cenados a casa.

Las 2h 40 de vuelo transcurren sin problemas y nada más aterrizar en Barcelona cogemos las maletas para salir los primeros, aprovechando al máximo la fila 1 🙂

La temperatura aquí es de 9º y aunque pueda parecer frío, para nosotros ¡¡¡hace calor!!! ¡tenemos 20ºC de diferencia respecto a lo que hacía en Budapest justo al embarcar!

Cogemos un taxi que nos lleva hasta casa y así ponemos fin a una escapada que nos ha gustado muchísimo y que la hemos disfrutado al máximo. A pesar del frío (llegando hasta los -12ºC) no lo hemos pasado tan mal como creíamos y hemos podido disfrutar de la ciudad, nos ha encantado y sin duda Budapest pasa a buen puesto entre las ciudades europeas visitadas. Totalmente recomendable 😉

18/01/17: Embarcamos hacia un nuevo y frío destino… ¡Budapest nos espera!

Día 0: Barcelona – Budapest

Nuestro vuelo sale a las 16,55h así que después de comer en casa cogemos tranquilamente un taxi que nos lleve a la T2 del Aeropuerto del Prat. Siempre que llega este momento es una mezcla de emociones… entusiasmo y alegría por el viaje, pereza por el aeropuerto/avión, curiosidad por lo que encontraremos y cierto miedo por si nos aclararemos con los locales :p pero las ganas me pueden y con muchas ganas llegamos al aeropuerto.

Pasamos el control de seguridad sin problemas y nos vamos a tomar un café (5€). Hacemos tiempo hasta que a las 16,20h abren la puerta de embarque.

De nuevo volamos con Ryanair y para no variar “andan justos de espacio”. En la cola ya van seleccionando a pasajeros para facturar gratis su equipaje si fuera necesario y me marcan la maleta. La verdad es que me sienta como un tiro porque mi maleta está bastante por debajo de las medidas establecidas y hay gente con bultos más grandes a quienes no les dicen nada. He hecho malabares para meter los jerséis gordos ahí para evitar facturar… pero al final como somos de los primeros en subir porque nuestros asientos están al final del avión me libro. Mejor porque así al llegar no perderemos tiempo con esto.

Salimos puntuales rumbo a un nuevo destino europeo al que hace tiempo que le tenemos ganas… eso sí, mentalizados de que va ha hacer un frío del carallo.

Alucinamos cuando en un momento dado la tripulación anuncia que van a hacer un sorteo y que puedes participar por 2€,  éstas compañías low cost ya no saben qué hacer para sacar dinero…

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El vuelo transcurre sin incidencias y en 2h 40 minutos estamos en destino. El avión nos deja a pie de pista… ¡y está nevadita! Caminamos bajo un techado hasta la terminal pasando un frío tremendo… esto se avisa que aún no llevamos la ropa térmica ni las capas de ropa necesarias para estar a varios grados bajo cero, aunque solo sean unos minutos ¬¬’

En la misma terminal compramos los tickets para el bus 200E más el metro línea 3 hasta el centro de la ciudad por 530 florines cada uno (pagamos con tarjeta de crédito en la oficina) y salimos a la calle a buscar el bus. En menos de 2 minutos llega y subimos, validando el billete nada más subir que no queremos tener ninguna experiencia desagradable con los revisores. En unos 25 minutos nos deja en la última parada de la línea en una estación de autobuses. Allí nos dirigimos hacia la estación de metro que está justo al lado. Validamos al entrar (hay unos revisores en la entrada) y bajamos al andén que justo se va el tren… esperamos y en un par de minutos llega otro al que montamos.

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El metro es antiguo, de estilo soviet, pero va muy rápido y hace paradas no muy largas… vaya que es retro pero eficiente, ya quisiera yo un metro así en Barcelona que cada vez tardo más en ir a trabajar por mucho que corra… En unos 20 minutos nos plantamos en la parada de la línea 3 Ferenciek Ter.

Salimos y a menos de 50 metros encontramos la entrada al hostal. Justo al lado hay un cajero, así que aprovechamos para sacar dinero y ya nos hacemos con los primeros florines húngaros. El cambio está a 1€=308HUF.

Hacemos el check-in y ya pagamos la estancia. Hemos escogido el Maverick Hostel por recomendación de Viajeros Callejeros. La habitación está más que bien, tiene una buena calefacción y la cama parece cómoda.

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Dejamos las cosas y salimos a cenar. El chico de recepción nos ha recomendado un sitio cercano, el Bonnie y allá vamos. Es un bar con buen ambiente. Pedimos un par de cervezas locales y unas pizzas que están deliciosas por 4900 florines.

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Tras una buena cena y habiendo entrado en calor, decidimos acercarnos al puente Elisabeth que está a unos 300 metros del hostal. Las vistas son espectaculares… a un lado el puente de la libertad y la ciudadela, al otro el castillo de buda, la iglesia de san Matias y el puente de las cadenas, y en medio un Danubio en el que flotan bloques de hielo y tiene la orilla nevada… y el puente de Elisabeth iluminado sobre nuestras cabezas, ¡menuda estampa de bienvenida!

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Puente de Elisabeth

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Puente de la Libertad

 

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Hace frío aquí, estaremos a unos 10ºC bajo cero y son casi las 23h, así que decidimos volver al hostal a reponer fuerzas para mañana. ¡Ducha calentita y a dormir!

25/09/15: último día en la ciudad que nunca duerme… con pesar, volvemos a casa.

Día 7: el viaje llegó a su fin…

La verdad es que el apartamento aunque es muy chiquitín está super bien ubicado, lo que nos ha permitido visitar la ciudad sin problema y hemos podido pasar casi cada día por Times Sq. Además cuenta con varios restaurantes y tiendas en los alrededores, lo que nos ha facilitado el tema comida. Sin duda, si podéis, recomiendo esta zona para alojarse. Sólo tiene una pega y es que las ventanas no ajustan demasiado, lo que hace que a pesar de ser un piso bastante alto, se escucha todo el ruido del tráfico… y es cierto eso de “la ciudad que nunca duerme” porque por la noche persiste el zumbido del tráfico igual que de día.

 

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Desayunamos tranquilamente en el apartamento y cerramos las maletas. Nos vamos más cargados de lo que vinimos 😛

Hoy es nuestro último día en la ciudad y a pesar de que nuestro vuelo sale a primera hora de la tarde, no tenemos planes porque da la casualidad que se celebra una cumbre mundial de la ONU y además el Papa Francisco visita la ciudad, así que está todo atestado de policía y militares ¬¬’ Pasamos de ir más al centro y decidimos ir a dar un paseo hasta el río Hudson y echar un último vistazo al Intrepid. Nos sentamos un rato en los muelles de al lado y contemplamos la orilla contraria del río dónde se encuentra New Jersey.

A media mañana volvemos hacia el apartamento. Recogemos el equipaje y nos dirigimos de nuevo a la parada de metro 42- PABT dónde cogemos la línea E hasta Jamaica Station. Allí recargamos las tarjetas del Airtrain que guardamos del día de llegada y lo tomamos hasta la T4 del aeropuerto internacional JFK.

Entre ir hasta el aeropuerto, facturación, control de pasaporte y toda la mandanga se nos hacen ¡las 14h! Es alucinante los controles de seguridad que tiene este aeropuerto… Una vez dentro de la zona de seguridad, decidimos ir a comer alguna cosa, y cuando vemos un Shake Shack ¡¡no tenemos dudas!! Última comida americana y es una deliciosa burger 😀

 

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Compramos una botella de agua para gastar las pocas monedas que nos quedan, y cuál es nuestra sorpresa al ir a pagar que nos faltan 3 centavos… ¡ostras qué apuro! Le decimos al dependiente que la pagamos con la tarjeta de crédito o la dejamos porque no nos llegan las monedas, y el hombre nos dice que no nos preocupemos que él pone los céntimos que faltan… ¡qué majo! le damos las gracias en tres idiomas por lo menos 🙂

Nos dirigimos a la puerta de embarque dónde ya se encuentra el avión de Delta. Embarcamos puntuales y a las 16,20h despega según lo previsto hacia Ámsterdam. Tenemos por delante unas cuantas horas de viaje pero la verdad es que este avión es bastante cómodo. Pasamos el rato entre comer, escuchar música, ver alguna peli y dormir ya que es vuelo de noche. Una hora antes de aterrizar nos despiertan con un delicioso desayuno, la comida es uno de los puntos fuertes de esta alianza 🙂

 

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Aterrizamos 30 minutos antes de lo previsto en el aeropuerto de Schiphol en Ámsterdam, y son las 5,30h aprox cuando conseguimos bajar del avión… iba bien lleno. Al llegar a la zona de control de pasaportes hay unas colas importantes, pero no nos lo pensamos y vamos derechos a las filas para los ciudadanos de la UE que van bastante más rápidas. Lo pasamos sin problemas y tras pasar el control de seguridad, nos dirigimos a la puerta de embarque. Aún faltan un par de horas para que salga el vuelo a Barcelona, así que nos pedimos un café en un Starbucks y nos lo tomamos mientras esperamos.

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Estamos esperando ya para embarcar cuando vemos cómo suben nuestras maletas a la bodega, ¡qué bueno, y qué tranquilidad saber que aquí no se quedan! 😛 Embarcamos puntuales y las 8h despegamos rumbo a casa, al fin. Nos dan desayuno a bordo, y en un par de horas llegamos a Barcelona, disfrutando una vez más del skyline de nuestra ciudad junto al mar… ¡Cómo me gustan esas vistas cuando vuelvo a casa de viaje! 🙂

Recogemos el equipaje que llega intacto y cogemos un taxi que nos lleve a casa…

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Aquí termina otro gran viaje, otra gran experiencia que sin duda recordaremos siempre 🙂

18/09/15: ¡¡New York nos espera!!

Día 0: ¡New York, New York!

Nos levantamos de un salto a las 6,30h, tarareando la canción de Sinatra y llenos de ilusión ya que hoy cruzamos “el charco” y nos vamos a NYC 🙂 Estos madrugones no duelen tanto como los del día a día ¿¡eh!? 😛  Desayuno rápido y a las 7h nos subimos a un taxi camino del aeropuerto (34€).

Nos dirigimos a los mostradores del grupo KLM y facturamos las maletas. Siempre hacemos el check-in online, de modo que en el aeropuerto podemos coger la cola rápida, lo que agiliza mucho el trámite.

La chica que nos atiende nos dice que podemos cambiar los asientos a unos en el lateral (la configuración del avión es 2-4-2) sin que nos varíe el precio, ¡así que genial! Y menos mal, porqué nos tocaba en el medio de los asientos de 4 y con un bebé detrás…

Pasamos los controles de seguridad y a mi me toca hacer el de drogas, vaya tela, el segundo este año… Todo en orden como era de esperar. Sacamos unos cuantos euros por si hiciera falta cambiar y pasamos el control de pasaportes para salir de la zona Schengen.

Tenemos tiempo, así que nos vamos a desayunar ya en la zona E del aeropuerto (13€).

Esta vez volamos con Delta, y lo mejor de todo es que ¡es vuelo directo a NY! Es nuestra primera vez con esta compañía.

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El embarque empieza puntual a las 9,40h pero nos pasamos una hora en el avión esperando a poder coger pista para despegar… ¡menuda cola para la pista central! Lo bueno es que esa hora se descuenta del tiempo total de viaje, es decir ya cuentan con ese tiempo y de las 8h de viaje que marcan las pantallas, 1h es de espera. ¿Lo mejor de ese rato? El vídeo con las normas de seguridad tan gracioso que tiene Delta.

El vuelo se hace ameno, acostumbrados a los panzones de horas que supone volar a Asia…, y el personal de cabina es muy atento.

Nos dan de picar al poco de despegar (bebida más pastas saladas y cacahuetes), luego comida (ensalada y lasaña), reparten botellines de agua y luego bocata, bebida y dulce choco.  Vamos que no pasamos hambre ni sed…

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Y tras 7h de vuelo, empezamos a vislumbrar el skyline de la ciudad, alucinante. Ver ese skyline, que tanto conoces por la tele y el cine, por primera vez con tus propios ojos te deja sin palabras.

El desembarque es rápido, nada más bajar del avión vamos al control de pasaportes. Tras 1 h de cola conseguimos pasar los dos juntos. El tipo de inmigración al ver nuestro pasaporte cambia al español, ¡gracias majo! Así me lo pone más fácil  aunque vaya, tampoco tiene mucha complicación… mira aquí para la foto, huellas de los pulgares, del resto de dedos, cuántos días venís y para adentro. ¡Ya estamos en suelo americano!

Recogemos las maletas que las han dejado junto a la cinta con todas las de nuestro vuelo y vamos hacia la zona de aduana. Allí nos preguntan de dónde somos y si llevamos jamón en la maleta, decimos que no (no llevamos comida), cuántos días estaremos y motivo de la estancia y si hemos estado antes en EEUU, yo le digo que es la 1ª vez y mi marido que ya había estado en Chicago, y listos, ya podemos salir de la zona de seguridad del aeropuerto.

Vemos una oficina de cambio que no está del todo mal y cambiamos 100€ a 98$ (cambio oficial 1€=1,14$, allí a 1,08$).

De ahí nos dirigimos a la estación del Airtrain, pagamos 5$ más 1$ de la tarjeta cada uno. Una vez en Jamaica Sta, compramos la tarjeta para el metro, escogemos la Metrocard de manera que tendremos viajes ilimitados por 7 días. Cuesta 30$ cada una (más 1$ de la tarjeta). Una vez tenemos abono, cogemos la línea E Express del metro hasta la parada 42 St Port Authority (42-PABT). En total 1h de trayecto que me paso observando a los neoyorquinos que suben a bordo y con la canción de Sinatra en mi cabeza 🙂

No es difícil usar el metro en NYC pero os dejo unas pequeñas instrucciones y un mapa 😉

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Al fin, salimos a la calle… ¡qué pasada, menuda sensación de déjà vu! Tardamos 10 minutos a pie en llegar de la estación al apartamento que alquilamos a través de Airbnb. Tal y como acordamos con la anfitriona, nos da la llave el conserje. Entre pitos y flautas nos han dado las 17h… conectamos el wifi del apartamento y avisamos a los nuestros de que hemos llegado. Y nada más asormarnos a la ventana del piso 12 dónde estamos, ¡alucinamos con las vistas del apartamento hacia Times Square!

El apartamento está la mar de bien, es el domicilio de la anfitriona ya que hay ropa en los armarios, pero por lo que deducimos debe viajar a menudo y aprovecha cuando no está para sacarse un extra para pagar un apartamento tan bien ubicado…

Aunque hay muchas ganas de empezar a conocer la ciudad, estamos agotados, así que decidimos echarnos una horita y recuperarnos un poco.

Y tras la pequeña siesta, y ya más descansados, volvemos al metro, línea E a Penn Sta. Nada más salir a la calle alucinamos, tenemos el estadio Madison delante y el Empire State a la izquierda, ¡guau!

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Huele de maravilla a hot dog, y no nos lo pensamos mucho, nos compramos un par en un puesto callejero con un refresco (10$).

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Caminamos junto a la gran oficina central de Correos hasta la tienda B&H pero está cerrada… Tengo algo mirado por internet que comprar aquí… así que amenazo con volver… me anoto los horarios de apertura, y caminamos 15 minutos hasta Times Sq para ver el meollo y las luces de neón y los coches de policía que tanto aparecen en las pelis… Y alucinamos de nuevo con el tinglao que tienen aquí montado y ¡el gentío que hay!

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A las 20h ya no podemos más con nuestra alma, así que pasamos por un 7-Eleven de vuelta al apartamento a comprar cena (unas porciones de pizza) y desayuno para mañana (café, muffins y donuts) por 13$ todo.

Cenamos, ducha y tras un último vistazo a la ciudad desde la ventana del apartamento, nos vamos a dormir a eso de las 21.30h.

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Caemos planos en la cama bajo el murmullo de la “ciudad que nunca duerme“.

24/11/15: terminan nuestros días en Hong Kong… toca volver a casa

Día 7: Hong Kong – Amsterdam – Barcelona

Nos levantamos como podemos a las 7.30h y digo como podemos porque anoche se oían golpes continuamente arriba. Nos dieron más de las 2h y hubo que llamar a recepción incluso, aunque no sirvió de nada… está claro que hay chalados y maleducados en todas partes ¿¡eh!? Desayunamos en un momento, volvemos a la habitación a cerrar las maletas y bajamos a hacer el check-out.

Cogemos el metro en Jordan hasta Central, dejando las Octopus en saldo negativo ya que nos las queremos llevar de recuerdo -quizá volvamos a esta fascinante ciudad…- 🙂 Pero salimos del metro sin darnos cuenta y, o damos una vuelta enorme por la calle subiendo las escaleras cargados (no hay mecánicas en esta zona) o pagamos un billete sencillo por una parada para poder hacer el transfer por los pasillos subterráneos… Así que pagamos 4,5HKD c/u y hacemos lo segundo.

Una vez en la estación Hong Kong, compramos los billetes del Airport Express en la taquilla, así pagas 10HKD menos por cada billete que si lo compras en la máquina.

En 25 minutos estamos en la Terminal 1 del aeropuerto. Tenemos tiempo de sobras (son las 10h), pero aún así hacemos el check-in en las máquinas para ir más rápidos con la facturación. En cuanto se abren las taquillas, la hacemos y así no tenemos que cargar más con las maletas.

Pasamos el control de seguridad y de inmigración, y pasamos a la zona de embarque. Aquí se me acerca un tipo com una tablet en la mano, he visto que todo el mundo lo esquiva, así que le digo que no hablo inglés. 😛 pero una señora mayor engancha por banda a mi marido… se trata de un cuestionario sobre tu estancia en Hong Kong super largo que parece que no vayamos a librarnos nunca de ella, pero cuando empieza a preguntar sobre qué compras hemos hecho y cuánto hemos gastado en alojamiento, comida, compras… la cortamos de golpe, ¡venga ya, menudo control!

Nuestra idea era comprar algún souvenir más para acabar de gastar los HKD que nos quedan, pero solo hay 2-3 tiendas de dulces y encurtidos, 2 de souvenirs y un porrón de grandes marcas… Compramos una botella de agua para el viaje y un llavero, y luego nos tomamos un café en el Starbucks y echamos el rato hasta las 13.35h que sale el vuelo de KLM hacia Europa.

 

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Se hace súper pesado por la estrechez de los asientos, además el mío está roto y no puedo reclinarme ni un poco… tampoco me funciona el audio del entretenimiento, así que es un horror de viaje. Suerte que siempre llevo libros y mucha música en el teléfono y con eso puedo entretenerme algo… por suerte me compensaron y conseguí un vuelo a París tirado de precio 🙂

Si debo decir que el personal me parece excepecional, súper atentos y profesionales.Y la comida que sirven a bordo es buena y en abundancia, nos sirven comida y cena, y siempre que quieres pasas por el fondo del avión dónde tienen bebidas y snacks.

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vistas aéreas de Uzbekistan

Y entre sueños, lectura y música pasan las 12h de vuelo, y llegamos puntuales a Ámsterdam a las 19h. Pasamos el control de seguridad y de inmigración en pocos minutos (recordad que la fila para europeos es más rápida que el resto) y recorremos medio aeropuerto para llegar a la puerta de embarque. Compramos unas cuantas cajas de galletas holandesas que nos pirran 😛

Hablamos con los nuestros y a las 20,30h embarcamos en el último avión de la jornada, el que nos lleva a Barcelona, aunque salimos con unos minutos de retraso por atasco en pista.

Durante el vuelo nos dan de comer también (sandwich más bebida) y a las 23h bien puntual aterriza en Barcelona. Me encanta esa sensación de ver la costa de Barcelona desde el aire cuando regreso tras un viaje, sobretodo si he estado por tierras lejanas… es como un “ya estamos en casa” 😀

Recogemos las maletas que llegan como unas campeonas y cogemos un taxi hasta casa… ducha rápida, avisamos a los nuestros de que hemos llegado y, a dormir hasta que el cuerpo diga basta. Es curioso, pero cuando regreso de un viaje siempre me voy a dormir con una extraña sensación al pensar que esta misma mañana estaba en Hong Kong… 🙂

20/11/15: vamos a conocer al gran Buda de Lantau

Día 3: Lantau, una excursión imprescindible si visitas HK.

Hoy de nuevo me asalta el insomnio y a las 2h volví a encontrarme con los ojos como platos, muerta de hambre e incapaz de dormir hasta pasadas las 5h. Me consuela saber que no soy la única porque mi marido también estaba hambriento a las 3h :p ¡Suerte que compramos picoteo!¡Qué horror el jet-lag de verdad…!

En fin, conseguimos volver a dormir y a eso de las 8h nos levantamos para empezar una jornada de visitas que nos apetece mucho y es que nos vamos a visitar la isla de Lantau.

Tras el desayuno que tenemos incluido, vamos hacia el metro para ir hasta la estación HK Central dónde hacemos trasbordo hacia la línea de metro que lleva hasta Tung Chung dónde cogeremos el siguiente transporte hasta la isla de Lantau.

Lantau es conocida por 4 grandes lugares importantes: el aeropuerto de Hong Kong, el monasterio Po Lin, el gran Buda y Disneyland HK 😀 Nosotros vamos a visitar la zona cultural aunque nos quedamos con ganas de ir a Disney… ¡Así tenemos excusa para volver! 😛

Al salir del metro, hacemos una pequeña parada en boxes para ir al baño en un centro comercial que hay junto a la estación y luego nos dirigimos hacia el teleférico de Ngong Ping 360º para ir hacia la zona de templos de la isla.

Hay una cola terrible, ¡¡marca más de 2h de espera!! La alternativa económica al teleférico es coger un bus (el nº23 que en 1h de trayecto te lleva hasta allá), así que caminamos unos metros hasta la estación de autobuses y cuál es nuestra sorpresa cuando nos dicen que debemos pagar el importe exacto ya que no devuelven cambio, y nosotros solo llevamos billetes grandes… además el bus está a punto de irse y el siguiente tardará 35 minutos en salir, no nos da tiempo de ir a buscar cambio a ninguna tienda… así que resignados nos vamos a hacer cola al teleférico. Esperar por esperar, preferimos ir en él, son 8km de trayecto -es uno de los teleféricos más largos del mundo- que sobrevuela la zona montañosa de Lantau.

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Si sabes el día que vas a ir a Lantau, puedes comprar con antelación el billete para el teleférico, yo lo estuve mirando los días previos al viaje e incluso anoche pero no había disponibilidad ya… en el caso de llevar la entrada, hay una cola directa que como mucho esperas 30 minutos. Tras 2h de cola, al fin llegamos a las taquillas y entendemos porqué la cola es tan eterna, es que la gente no tiene ni idea de los pases que quiere y empiezan a pedir información turística aquí, y claro así no avanza… Nosotros compramos en menos de 3 minutos los billetes de ida y vuelta, la ida en cabina estándar y la vuelta en la cabina con el suelo de cristal 🙂

Aquí de nuevo hay dos colas, una para las cabinas de cristal y otra para las normales… suerte que cogimos la normal para ir y en menos de 15 minutos estamos montados a bordo de una (la cola para las de cristal es de casi 1h).

Las vistas desde el teleférico son fabulosas y ha merecido la pena la espera, sobrevolamos sobre el río Pearl entre la península de Kwoloon y la isla de Lantau, pasando junto al aeropuerto y entre las montañas del monte Ngong Ping. El trayecto dura unos 30 minutos y vamos con un par de parejas de hongkoneses a bordo. Ya en la distancia apreciamos al Buda sobresaliendo entre los árboles y alucinamos.

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Lantau: formada por un paraje natural que permite alejarse del ajetreo y el dinamismo de las zonas comerciales, Lantau es la isla más grande de Hong Kong y ofrece un panorama totalmente diferente al del resto de la ciudad.

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Tras una media hora disfrutando del paisaje, llegamos a Ngong Ping Village. Se trata de un pueblo artificial repleto de tiendas y restaurantes… al más puro estilo de Port Aventura 😀 Desde aquí el Buda sobresale entre la vegetación.

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A lo tonto son las 14,30h y aprieta el hambre, así que pasamos por un Subway dónde nos comemos un par de bocatas con unos refrescos por 190HKD. Es la opción más rápida para poder empezar con las visitas cuanto antes.

Y ahora si, con la panza llena nos dirigimos hacia el gran Buda Tian Tan. Se trata de una estatua de bronce de 34 metros de altura, 250 toneladas de peso y 202 piezas de bronce, situada en lo alto de Ngong Ping, la parte más alta de la isla de Lantau. Su construcción finalizó el 28 de diciembre de 1993 convirtiéndose en la representación de buda sentado más grande del mundo.

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Para llegar a la estatua hay que subir 268 escalones, así que ¡allá vamos! Si ya desde abajo parece impresionante, conforme vas ascendiendo aún lo es más… ¡me quedo sin palabras!

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Conforme vas subiendo, encuentras algunos quemadores de incienso y lámparas. Y también a chinos cargados con sus maletas… ¿¡de aquí al aeropuerto?!

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El Gran Buda es una extensión del Monasterio Po Lin y simboliza la unión del hombre con la naturaleza. La estatua tiene como base una hoja de loto y está rodeada por pequeñas estatuas de dioses que representan la inmortalidad. Lo rodeamos mientras echo decenas de fotos, cada detalle me fascina y como buena budista, aquí me siento como en casa.

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Se puede acceder al interior de la estatua pagando algo de entrada, pero leí en blogs que no merecía mucho la pena ya que por dentro apenas se distingue la forma, así que pasamos y disfrutamos de las vistas de la figura y del paisaje de la isla. Desde aquí se distingue el Monasterio de Po Lin, y tras un buen rato aquí, nos dirigimos hacia allá.

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el grado de detalle es alucinante…

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Bajamos los 200 y pico escalones con gran pesar porque el Buda me ha encantado y cruzamos la gran puerta de piedra que marca la entrada al monasterio, custodiada por leones Fu y, de entrada gratuita.

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El Monasterio está construido entre la vegetación y grandes quemadores de incienso que le dan un aire místico al lugar.

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Po Lin es el monasterio budista más importante de Hong Kong, fue fundado por tres monjes en el año 1906. Inicialmente denominado The Big Hut, y adquiriendo su nombre actual en 1924 que significa el Loto Precioso.

Nos sentamos unos minutos en el patio principal del templo mientras observamos el edificio principal. Me gustan esos momentos en los viajes, en los que te paras a observar lo que tus ojos ven, a guardar esas imágenes en la retina y piensas en lo afortunada que eres por poder estar en este lugar 🙂

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Tras esos minutos de reflexión, recorremos el recinto del monasterio que comprende el templo, las casas de los monjes, un restaurante vegetariano y varias tiendas para comprar incienso y amuletos budistas.

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Me encanta lo adornados que están los templos aquí, acostumbrada al estilo zen de Japón, me choca. En el templo principal se encuentran tres estatuas de Buda que representan el pasado, el presente y el futuro y numerosas inscripciones budistas, no se puede entrar al interior del templo, pero echo un par de fotos desde su puerta.

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Vamos un momento al baño que queda detrás del restaurante del monasterio, ¡¡ya no me acordaba de las letrinas asiáticas!! Aunque debo decir que aquí están muy limpias… Las formas pueden variar y puede hacer que una no sepa cómo colocarse, el truco -excepto en Japón- es ponerse siempre mirando hacia la puerta.

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Tras la parada en boxes, nos compramos la merienda a base de dulces típicos de la zona que hacen los monjes del monasterio y que venden en el restaurante. ¡Están riquísimos!

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Hay otro punto de la isla que queremos visitar antes de que anochezca, así que nos dirigimos al Sendero de la Sabiduría o Wisdom Path.

Para llegar hasta él hay que recorrer unos 15 minutos por un camino a través del bosque entre el Buda y el Monasterio.

 

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Son las 17h así que no nos entretenemos y vamos a paso ligero, alucinando al cruzarnos con una vaca por el camino 😛 El camino está bien señalizado y no tiene pérdida. Cuando llegamos allí empieza a caer el sol, lo que le da un aire más místico al lugar…

 

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El Sendero recorre una serie de 38 estelas de madera (monumentos verticales) con versos del milenario Sutra del Corazón, una de las oraciones más famosas del mundo, venerada tanto por los confucianos, como por los budistas y taoístas. Las estelas
representan la versión china de la oración, basada en la caligrafía del célebre Profesor Jao Tsung-I, dispuestas en un patrón ∞, que representa el infinito.

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Entre que estamos solos en este punto, la puesta de sol y el contraluz de las estelas con el sol cayendo y lo que representa el lugar, parece mágico. Pasamos unos minutos contemplando el lugar y su ubicación entre las montañas. Y antes de que oscurezca, desandamos el camino y nos dirigimos de vuelta al teleférico, cruzándonos de nuevo con alguna vaca que campa a sus anchas ante el asomobro de los turistas.

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Hacemos una pequeña cola de unos 20 minutos para subir a la cabina con el suelo de cristal del teleférico, aprovechamos que hay Wifi para conectarnos a internet y explicar a los nuestros el lugar tan genial que acabamos de conocer. Aunque hacemos el trayecto casi de noche ya, las vistas a través del suelo de cristal del bosque y de las montañas es alucinante, eso sí, entra un aire frío por las rejillas de la cabina que ¡vamos helados!

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Cuando llegamos a la terminal del teleférico, caminamos hacia el metro de Tung Chung de nuevo y nos dirigimos de vuelta al hotel dónde llegamos sobre las 19,30h. Estamos agotados pero muy felices por la excursión de hoy.

Descansamos un poco y a las 20,30h salimos a cenar. Nos decantamos por un restaurante de comida local que hay muy cerca del hotel, en la misma Nathan Rd, dónde tomamos 4 platos de comida hongkonesa, con té y postre gratis (arroz con pasta dulce) por 330HKD los dos. Hemos probado platos nuevos y estamos bien llenos 🙂

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Pasamos de nuevo por un combini a comprar picoteo no nos vaya a pasar lo mismo que anoche, y ahora si, ducha y a dormir que estamos ko.