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Epílogo (1r viaje a Japón)

Reflexiones de nuestro 1r viaje a Japón en 2011…

Han pasado casi cinco años desde nuestra primera visita al país del sol naciente y aún siento añoranza de aquellos días, de todo lo vivido y sentido entre sus gentes y lugares. Cinco años ya… ¡uff!

Antes de ir y mientras me informaba sobre el país y sus costumbres, ya me quedó claro que el listón iba a quedar muy alto tras ese viaje pero una vez regresamos de allí, quedamos totalmente convencidos de que debería ser obligatorio visitar Japón al menos una vez en la vida.

Todo es tan diferente a lo que estamos acostumbrados y cuando digo todo, es todo. Sus ciudades, su gente, sus costumbres, su cultura, su religión, su sentido de los valores, su organización social… todo. Por primera vez en mi vida he podido vivir en mi piel que una sociedad fundada en el cumplimiento de los valores primordiales como la educación, la solidaridad, la humildad y la colaboración es posible y no solo es posible, si no que en Japón es una realidad. Lee el resto de esta entrada

01/06/2011: aquí termina la 1ª aventura nipona pero amenazamos con volver :D

Día 17: con gran pesar, emprendemos el viaje de regreso a casa…

Hoy termina nuestra aventura en tierras niponas. Nos levantamos súper apenados a eso de las 6h. Trist Nos entra el desayuno en el precio del hotel pero como tenemos que estar sobre las 8h en el aeropuerto y el comedor aún no está abierto, decidimos desayunar de camino al aeropuerto. Nos damos una ducha rápida que el día será largo y terminamos de cerrar las maletas. Hacemos el check-out más rápido de la historia y es que solo tenemos que dejar la llave de la habitación en una urna que hay en recepción.

Con un palo impresionante por tener que irnos ya… vamos a la estación JR Shimbashi que hay junto al hotel y allí cogemos una tren de la JR Yamanote hasta la estación de Shinagawa dónde tomaremos el Narita Exprés que reservamos ayer para ir hasta el aeropuerto.

El Narita llega súper puntual, como todos los trenes aquí, solo son las 7,18h pero ya hay bastante gente transitando por las estaciones. Subimos a bordo, colocamos las maletas de forma que no nos estorben y nos tomamos el desayuno que compramos en la estación antes de subir al tren.

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El trayecto dura una hora y pico. Llegamos al aeropuerto y nos dirigimos a la zona de facturación. No hay demasiada cola, así que en seguida nos podemos librar de las maletas, solo nos quedamos con las mochilas dónde llevamos los gadgets.

Tenemos casi 2h hasta que empiece el embarque por lo que dedicamos el tiempo de espera a mirar el correo en un punto de wifi gratuito -¿porqué no harán esto en todos los aeropuertos?- Ojos que se mueven y pasear por las tiendas del Dutty Free… qué pena que no haya vuelo directo hasta Barcelona porqué vemos unos toneletes llenos de sake como los que había en los santuarios que ¡molan mucho! Pero como son de más de 100ml no podemos embarcarlos en el equipaje de mano, pero queda apuntado para el próximo viaje…  Si, habrá próximo viaje, está decidido y aún no nos hemos ido 😛

Nos tomamos un tentempié y se nos hace la hora de embarcar. Antes voy al WC y me quedo paradísima al ver una sala de lactancia y otra de ostomías. Es la primera vez en mi vida que veo algo así  y aprovecho que no hay nadie en ninguna de las salas para curiosear. Alucino al ver lo preparadas que están las salas, en la de lactancia hay hasta un calienta biberones y en la de ostomías productos para poder hacer el recambio… y en ese momento recuerdo que los japoneses fueron pioneros en ostomías (lo siento, deformación profesional…).

De nuevo volamos con British Airways y o’clock embarcamos, se nota que son ingleses 🙂 Nos lo tomamos con toda la calma posible puesto que tenemos por delante 12h de viaje a bordo de ese avión, más luego el tiempo de espera en London y el vuelo a Barcelona… prefiero no pensar en ello. El asiento no está mal en cuanto a sitio para las piernas, pero son asientos de tres. No acabamos de entender porqué hacen filas de 3 asientos en vuelos tan largos dónde debería primar la comodidad.

El viaje de vuelta se hace pesadísimo… dormimos a trompicones, hablamos de lo vivido estos días y de lo que nos espera al llegar a casa, de lo diferente que es Japón a todo lo que hemos vistos, de las cosas que nos han sorprendido… vemos fotos… escuchamos música, jugamos y vemos 2 pelis… “no debe faltar mucho ¿no?”… “¡¡arg solo han pasado 4h!” Chocado  Volvemos a mirar fotos, volvemos a jugar y a escuchar música… “¡¿falta mucho?!” … “¡uff aún 3h!” Chocado  En serio, la ida no tanto, pero la vuelta se me hace eterna ¬¬’ Y lo más sorprendente es que el japo que hay sentado junto a la ventana en nuestra fila de asientos no se ha levantado ni una sola vez al baño y ni siquiera ha cambiado de postura en las tropocientas horas que llevamos a bordo, y eso que mi marido le ha dicho en un par de ocasiones que si se quiere levantar le dejamos pasar sin problema… ¿será un ninja? Mr. Green

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Finalmente anuncian que nos aproximamos a London, ¡al fin! El aterrizaje es suave y es un alivio sentir el suelo bajo tus pies después de 12h en el aire 🙂 Desembarcamos y observamos al japo de nuestro lado, vemos que pasa de largo de un par de lavabos, madre mía… éste es ninja ¡fijo! Mr. Green  Eso o va sondado… o no sé cómo consigue pasarse casi 13h sin orinar, menuda vejiga tiene el tipo 😛

Tenemos algo más de 2h de escala que se nos hacen interminables, ¿porqué no hay vuelo directo a Barcelona? Aprovechamos para ir al baño, mirar las tiendas del Dutty Free, tomarnos unos tentempiés y tenemos tiempo hasta de aburrirnos nuevamente. Madre mía, no hemos llegado a España y esto ya es súper diferente a Japón, ¡¿casi 5€ un batido?! ¡¡Yo quiero volver al país del sol naciente!!

Al fin sale anunciada la puerta de embarque de nuestro vuelo a Barcelona. Vemos que el japo que iba a nuestro lado también está allí, por lo visto es un guía turístico que acompaña a un grupo de japos a visitar nuestra ciudad. ¡Qué gracia! Le propongo a mi marido que les advierta que vigilen las carteras y las cámaras que en nuestro país roban a los turistas Avergonzado Conseguimos embarcar y a mi lado va la típica afroamericana que mide 2×2, con mogollón de bolsas de comida basura a los pies… Ojos que se mueven suerte que este vuelo dura poco porque la mujer lo ocupa todo y me tiene tan encajada que no me puedo ni mover en todo el trayecto.

Al fin, sobre las 21,30h aterrizamos en Barcelona. ¡A estas horas ya no sabemos dónde estamos, ni qué hora es, ni siquiera cómo nos llamamos! Salimos a las 7h de la mañana de Japón y tras un día entero de viaje, más las 8h de desfase horario, llegamos a casa. Estamos realmente agotados… pero muy felices por la experiencia vivida 🙂

Recogemos nuestras maletas de la cinta que llegan intactas; cenamos un bocata rápido en el mismo aeropuerto (qué caro nos parece todo ahora) y tomamos un taxi hasta la puerta de casa. Home, sweet home! Heart Ducha rápida, llamada a nuestros padres para decir que ya estamos en casa y a dormir hasta que el cuerpo diga ¡basta! sleep

31/05/2011: regresamos a Tokyo y allí pasamos nuestro último día en Japón.

Día 16: el viaje se acerca a su fin… último día en Tokyo.

Mi marido me despierta con un “buenos días niponita” 🙂 Debo decir que es la noche que mejor he dormido desde que estamos en Japón, valoración del futón: ¡¡un 10!! Nos damos una ducha rápida… si, con el cubelete 😀 y muy a pesar nuestro no nos metemos en el onsen… Queremos salir sobre las 10-10,30h para no llegar demasiado tarde a Tokyo y poder aprovechar un poco el último día en el país nipón. ¡Ay madre qué impresión pensar que mañana cogemos el avión de vuelta a casa!

Sobre las 9h llaman a la puerta, en un momento recogen los futones y nos preparan la mesa del desayuno. Ayer ya pedimos desayuno occidental porqué no nos apetecía nada tomar sopa de pescado de buena mañana que es lo que suele llevar el desayuno japonés 😛 Nos sirven un desayuno bien copioso: huevos revueltos, frankfurt, bacon, tostadas con varias mermeladas, zumo y café con leche. Hay tanta cantidad de todo que es imposible terminarlo, y aunque nos sabe fatal dejarnos comida somos incapaces de acabar con todo lo que nos han traido.

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Una vez llenada la panza, hacemos las mochilas. Comprobamos que no nos dejemos nada y salimos hacia recepción. ¿Estarán nuestras bambas? ¡Jajaja!

Llegamos a recepción y en seguida nos viene la señora hiper-mega-amable que nos pide que la esperemos en la sala dónde estuvimos ayer para el check-in. Al momento viene con la factura para hacer el check-out. Nos pregunta si hemos estado a gusto y le decimos que es el mejor alojamiento que hemos probado nunca y que lo vamos a recomendar muy mucho, se pone la mar de contenta 🙂 Nos pregunta de dónde somos y al decirle que somos de Barcelona nos explica que tiene amigos que han visitado nuestra ciudad y que ella tiene una visita pendiente, ¡qué mona! Pagamos y salimos hacia la recepción, dónde recuperamos nuestras bambas 😀 Ya con nuestro calzado de nuevo, nos despedimos de ellos, del ryokan y del onsen con mucho pesar ¡hubiéramos hecho otra noche aquí encantadísimos! Con cientos de “domo arigato” por parte de todos, e incluso un “muchas gracias por su visita” en español por parte de la encargada, salimos hacia la carretera dónde está la parada del bus.

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la entrada del Ryokan

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Tras pocos minutos de espera, llega el bus que nos llevará a Hakone-Yumoto. Es un trayecto de unos 30’, y una vez allí cogemos el tren hasta Odawara, seguimos usando el Hakone Free Pass ya que era para dos días.

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el botón para pedir parada en el bus

Una vez en la estación de Odawara, pagamos la diferencia de precio para el billete del tren directo a Shinjuku (Tokyo), y digo la diferencia porque con el pase tenemos descuento en el tren a Shinjuku (no compramos el que lleva incluida la ida y vuelta a Tokyo porque tan solo necesitábamos el trayecto de hoy).

Éste es un tren rápido, del estilo al Shinkansen pero de otra compañía de ferrocarriles y en una hora y pico nos plantamos en la capital de nuevo.

Una vez en la estación JR Shinjuku, compramos los billetes para el Narita Exprés de mañana. Qué penita comprar ese billete… eso quiere decir que nos quedan horas en Japón, ¡uff! Tras comprarlos, tomamos un tren JR hasta la estación JR Shimbashi. Esta estación se comunica mediante túneles subterráneos y galerías comerciales con la estación de tren y metro Shiodome. ¡Es inmensa! Para la última noche en Japón escogimos el Hotel Villa Fontain Shiodome, un hotel que cuando planeamos el viaje salía carísimo pero que tras el accidente de Fukushima, y con la caída del turismo, bajaron precios y al final nos salió genial. Además está muy bien ubicado porqué se encuentra adherido a la estación de Shiodome y por tanto, a todo el transporte de la zona que te conecta con la mayor parte de Tokyo, y con varios centros comerciales muy cerquita.

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El check-in es a partir de las 15h pero nos falta una hora para poder hacerlo, así que una vez localizado el hotel echamos un vistazo a las calles de alrededor y decidimos ir a comer por la zona. Shidome es un barrio financiero y de oficinas, cuenta con altos rascacielos -para los estándares de Asia- y es una zona que se ve bastante nueva. Está ubicada entre la zona de la Tokyo Tower, Ginza y el río Sumida.

Para comer nos decantamos por un italiano dónde nos tomamos unas pizzas la mar de ricas 🙂 Decidimos volver a la zona de la estación y acabar de hacer las compras que tenemos en mente por allí. Entramos en una licorería y compramos 3 botellas de sake para regalar a los nuestros y, una de umeshu -licor de ciruela- para nosotros, a ver si hay suerte y se parece al que tomamos ayer en el ryokan 🙂

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uno de los sake que trajimos

Entre la comida y las compras se nos hacen las 15,30h, así que vamos para el hotel a hacer el check-in pensando en que esperemos que hayan llegado nuestras maletas 😛 Llegamos a recepción y en cuanto decimos el nombre de la reserva, la recepcionista nos dice que anoche recibieron nuestras maletas y que las tenemos en la habitación esperándonos. ¡Genial!

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el hall del hotel

Nos encontramos haciendo el check-in cuando se me resbala la bolsa dónde llevaba el umeshu y se me cae al suelo… con la mala suerte que empiezo a oler a alcohol que da gusto ¡OMG! La chica pensará que soy una alcohólica :S Terminamos el check-in lo más rápido que podemos y tomamos el ascensor que nos lleva hasta la 10ª planta dónde se encuentra nuestra habitación.

Se ha roto la botella en mil pedazos y suerte que la bolsa es buena y ha contenido el licor… ¡si no lo hubiera puesto todo perdido! Coloco la bolsa en la bañera y vierto allí el licor que está en la bolsa, por suerte no se ha roto ninguno de los sakes que eran para regalar.

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Una vez contenido el problemilla, me fijo en que la habitaicón es bastante grande para los estándares de Japón y que tiene unas vistas espectaculares 🙂 Mi marido ya está pegado a la ventana observando los distintos trenes que pasan por allí.

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en todos los alojamientos tienes hervidor de agua en la habitación

El plan para hoy era ver la zona de Roppongi, una zona bastante urbanita y llena de comercios… pero mi marido leyó por internet que recomendaban visitar el Sunshine City, un centro comercial con un mirador gratuito en la última planta con unas muy buenas vistas de la ciudad, y como tampoco tendremos de tiempo de mucha cosa, decidimos tomar un metro que nos lleve a Ikebukuro, y esta vez podemos disfrutar de este distrito a gusto, puesto que el día que vinimos diluviaba. Nos deleitamos paseando por sus calles llenas de luces de neón, cosplays y jóvenes cargados con carteles enormes anunciando ofertas en electrónica y cómics a grito pelao. Este barrio es del estilo a Akiha, y de hecho dicen que es la Akiba de las chicas ya que es más “tranquilo”.

Llegamos al centro comercial y como todos en Japón, ¡es enorme! Recorremos las primeras plantas y entramos en algunas tiendas a echar un vistazo y cuando está a punto de anochecer, tomamos el ascensor que lleva al mirador. ¡Qué caña de ascensor! Al entrar las paredes son blancas pero una vez se pone en funcionamiento, se encienden unas luces psicodélicas y en las paredes se ven dibujos del horóscopo, constelaciones y una música muy acorde a la situación 😀 Hay una pantallita que marca la velocidad a la que va el ascensor, y qué pasada, ¡¡alcanza los 600m/min!! Nos zumban los oídos como si fuéramos en un avión O_O

Al llegar arriba vamos dando un paseo de 360º observando la panorámica de la ciudad que hay desde sus grandes ventanales. Realmente no tiene nada que envidiar con otros miradores que hemos visitado estos días. De este modo hemos visto Tokyo desde las alturas a pleno día, de noche y al atardecer. Tres estampas totalmente distintas que recomiendo ver si se puede.

Nota: Siento la calidad de las fotos, pero mi cámara de entonces hacía lo que podía por la noche…

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En una zona del mirador hay sofás para dos personas y todo está decorado con corazones. La verdad es que es un bonito lugar al que ir con tu pareja 🙂

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Tras un buen rato admirando las vistas, volvemos al ascensor que nos lleva de vuelta a tierra.

Vamos hacia la zona de restauración ya que hemos pensado en cenar aquí. Es nuestra última cena nipona, así que no podemos ir a otro sitio que no sea a comer comida japonesa de la buena 🙂 Nos tomamos unos fideos y unos tonkatsus riquísimos. ¡Cómo voy a echar de menos la comida japo auténtica! Mr. Green

Tras la última cena en Japón, volvemos a la estación JR y allí tomamos un tren que nos lleve de vuelta hacia el hotel. Nos dejamos las maletas listas que mañana toca madrugar de lo lindo… Nos damos una ducha y llamamos a casa para decir a los nuestros que por Hakone de maravilla y que mañana ya volvemos, ¡uf qué pena!!

Mi marido se ha pasado el día de hoy diciéndome: “yo no me voy de aquí… ¡que me deporten!”, “¿y si buscamos trabajo y nos quedamos para siempre?” y “¿hay que volver al tercer mundo (España) de nuevo?” ¡Jaja! La verdad es que es tan, tan, tan alucinante todo lo que hemos visto y vivido aquí que yo tampoco quiero volver… de buena gana me quedaba, ¡amenazo con volver! Mr. Green

Nos vamos a dormir con un gran pesar, mañana tocará madrugar y el viaje de vuelta a casa será largo…

30/05/2011: el caprichazo del viaje está aquí… ¡nos vamos a Hakone a disfrutar del onsen privado!

Día 15: recorremos la zona del Mt Hakone, divisamos el Mt Fuji y disfrutamos de la mejor experiencia nipona…

Hoy nos levantamos bien temprano y de un salto. Nos espera un día muy emocionante y muy esperado en nuestra luna de miel y es que ¡¡nos vamos a Hakone y el super ryokan nos espera!! Heart Heart

Bajamos a desayunar y al terminar subimos a buscar las maletas ya que toca hacer el check-out del hotel Granbell de Shibuya. Hemos estado muy a gusto en este alojamiento y lo recomiendo. Anoche finalmente, decidimos que enviaríamos nuestras maletas hacia el hotel dónde pasaremos la última noche en Tokyo, e irnos a Hakone solo con las mochilas con ropa para dos días y todos los gadgets, para poder ir más cómodos.

Quizá os suene extraño eso de enviar las maletas, pero cuando viajas a Japón es algo habitual. Hay un par de empresas que se dedican al envío de maletas por todo el país, un servicio que aporta comodidad y practicidad muchas veces y que además está súper bien de precio. Queda claro nuevamente que Japón es un país práctico y que piensa en la comodidad Mr. Green

Bajamos a recepción, hacemos el check-out y la recepcionista nos gestionará el envío de las maletas con la empresa Yamato, nos ayuda a rellenar el formulario de envío con nuestros datos, las direcciones de origen y destino, y además llama al hotel dónde las enviamos para avisarle que nuestras maletas llegaran mañana y que nos las guarden en recepción si son tan amables.  Una vez hecho el trámite, nos despedimos de ella con un gran “domo arigato”.

La empresa más conocida y recomendada es Yamato Transport (recientemente han abierto una oficina en Barcelona) que se identifica por el logo de un gato que porta a un gatito. Os dejo el ejemplo de cómo se rellena el formulario de envío que aparece en su web. Si vais a enviar las maletas con ellos, os recomiendo llevarlo encima porque aunque los japos estarán siempre dispuestos a ayudaros, en algunas zonas el inglés es limitado y podéis pasar un mal rato. Se rellena el formulario por cada bulto que envíes, se paga en el lugar dónde lo depositas (ya sea en la recepción de un hotel, un combini o la oficina) y te quedas con una copia del formulario y del recibo del pago por si hubiera que reclamar.

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Y tras este truco, continuo con el relato…

Nos dirigimos a la estación JR Shibuya dónde cogemos la línea circular JR Yamanote para ir hacia la estación central de Tokyo, dónde tomaremos el Shinkansen hasta Odawara. Habíamos reservado los asientos la noche anterior, asegurándonos poder ir sentados en nuestro último trayecto en Shinkansen y es que hoy se nos termina el tiempo de uso del Japan Rail Pass. Para ir de Odawara a Hakone y los pueblecitos de la zona, hay montada una ruta en tren, tranvía, funicular, teleférico, barco y bus… y para tomar todos estos transportes de forma econónima han creado el Hakone Free Pass, un pase de dos días que te incluye el trayecto en todos los transportes de la zona. Puedes comprarlo en la oficina que tienen en la estación JR Odawara, o bien en la estación JR Shinjuku en Tokyo y que incluya el trayecto en tren hasta la zona de Hakone (para aquellos que no tengan el JRP activo).

Una vez en Odawara, nos compramos unas bebidas en una máquina para tomarlas mientras esperamos el siguiente tren  (ya drentro del pase) para ir a Hakone-Yumoto, dónde haremos el primer transbordo. Tomamos un tren tipo cercanías, el trayecto dura unos 30 minutos. Al llegar a Hakone-Yumoto, buscamos el andén desde el cual sale el siguiente tren hacia Gora y nos quedamos alucinados al ver el tren en qué montaremos… ¡¡es del año de María Castaña!! :O

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mosaico en el suelo de la estación de Gora

Pero aún alucinamos más cuando iniciado el trayecto vemos por dónde está construida la línea del tren. Y es que la vía pasa a través de un bosque un tanto frondoso, lleno de pendientes, dónde las ramas de los árboles tocan los cristales del tren continuamente… vamos el tren de Lleida a la Pobla de Segur es una maravilla al lado de esta 😀 Pero también hay que reconocer que ésta línea nos sube unos 300m de altitud y tiene su encanto 🙂

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Tras unos 35 minutos de trayecto por la montaña llegamos a Gora. Nada más bajarnos del tren ya vemos las indicaciones para tomar el funicular hasta Sounzan. ¡Éste sube 211 metros de desnivel en 1,2km! ¡Menuda pendiente! En unos 10 minutos llegamos a Sounzan dónde haremos el siguiente transbordo y es que ahora nos toca el teleférico 😀

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¡¡Qué pasada de vistas!!  Se ve todo el valle de Hakone desde las alturas y por lo que leíemos, en días despejados se puede ver el Monte Fuji desde aquí, pero nosotros tenemos un nubarrón justo dónde se supone que está el volcán más famoso de Japón por lo que de momento no lo podemos ver… Este lugar es impresionante y debe ser parada obligatoria para todos los amantes de la naturaleza, aunque reconozco que tienen montada una turistada tremenda con todo el tema de los transportes. ¿Turistada? Si, pero mola mucho 😛

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El teleférico tiene una parada a medio camino, dónde hacemos un alto para disfrutar de las vistas sobre el cráter creado en la última erupción del Monte Hakone hace ya 3000 años. Desde el teleférico ya podemos a ver las chimeneas sulfurosas y las minas de azufre que hay allí.

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Llegamos a Owakudani, el área alrededor del cráter dónde se pueden tomar los famosos huevos negros (cocidos en agua volcánica). Es una tradición japonesa venir al menos una vez en la vida hasta aquí para comerlos. Dicen que por cada huevo negro cocido que te comes vivirás 7 años más. Si te comes dos huevos vivirás 14 años más;  si te comes 3, 21 años; pero cuidado que si te comes 4 huevos tu hígado puede sufrir lo suyo… 😛 Es por esta tradición que esta zona se conoce como el Valle de la Longevidad.

Bajamos del teleférico, y nada más salir a la calle ya se puede notar el olor a azufre tan característico en el ambiente. Menudo olor a rancio, ya nos pica la lengua.

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En esta zona hay un ruta de unos 10 minutos a pie que permite acercarte más a la zona volcánica y situarte junto a las fumarolas. Pero por normativa de seguridad, hay un semáforo que indica los niveles de azufre en el aire y  sólo se puede hacer la ruta en función de lo que marque éste. Hoy no tenemos suerte y el semáforo está en rojo, por lo que no se permite el paso… tenemos que conformarnos con verlas desde la entrada al camino que se encuentra vallado.

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una de las muchas fuentes con agua termal que hay en la zona

Entramos en una de las tiendas dónde nos compramos un helado. Yo quiero probar los huevos pero los venden en paquetes de 4 y como a mi marido los huevos no le gustan, pues decido comprar un paquete de 6 que viene envasado al vacío para llevármelo a casa de mis padres y probarlos con ellos a la vuelta 🙂

Me siento en una de las mesas a comerme mi helado mientras mi marido va al baño y cuál es mi sorpresa cuando en menos de 2 minutos, el nubarrón que hay sobre el Mt Fuji desaparece y ¡¡se deja ver!! ¡¡Qué pasada!! Esto si que ha sido toda una suerte 🙂  Todos los allí presentes desenfundamos las cámaras para llevarnos una instantánea Guiño En esas que llega mi chico y cuando lo ve se emociona un montón también. Es difícil de explicar pero sabes que estás viendo todo un icono nipón, con todo el simbolismo que tiene el Fuji para los japoneses, y una emoción te embarga.

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Aunque estamos casi en junio la cima aún está nevada

Llevamos unos 30 minutos en esta zona y ya nos pica la lengua un montón y nos empieza a doler la cabeza por el azufre, así que decidimos volver al teleférico y seguir con la ruta.

Subimos de nuevo a una cabina y esta vez en lugar de subir, bajamos hacia la zona del Lago Ashi, en Togendai. De nuevo disfrutamos del trayecto con unas fabulosas vistas, con el lago allá abajo y el Fuji al frente. Este día está resultando uno de los más chulos del viaje. Al llegar a Togendai vemos atracado en el embarcadero el barco “pirata” que recorre el Lago Ashi de orilla a orilla tal y como ponía en la guía. Nos dirigimos al embarcadero para tomar el barquito, el siguiente transbordo en la ruta circular que recorre Hakone.

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¡¡Qué pasada, menudo lugar!! Sin duda me quedo con las vistas desde el barco, con todo el lago iluminado por los rayos del sol, rodeado de montañas arboladas, con el Fuji al fondo… ¡Realmente bonito! Además hace un día estupendo (tras el diluvio de anoche en Tokyo vaya gusto) por lo que en la cubierta del barco se está de lujo Heart

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Tras una media hora de travesía llegamos al otro extremo del lago, a la pequeña población de Hakone-Machi.
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Al fondo y a la izquierda, medio tapado por nubes se aprecia el Mt Fuji con su pico nevado

 

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Desembarcamos, y de allí vamos dando un paseo de otros 35 minutos hacia Moto-Hakone. De camino, encontramos el Hakone Check-point, un importante punto de control de tráfico a lo largo de la ruta Tokaido, la antigua vía que unía Edo (Tokyo) con Kyoto durante el período Edo. Hace unos años lo restauraron y crearon el Museo Sekisko Shioryokan, un museo al aire libre representativo del antiguo punto de control de Hakone y que muestra objetos relacionados con la vía de paso.

 

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No me pareció una visita imprescindible pero si recomendable, no solo por conocer un poco más sobre el periodo Edo si no por las fabulosas vistas del lago que hay desde aquí 🙂
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Al terminar la visita nos compramos unas bebidas en una máquina y seguimos con el paseo hacia Moto-Hakone siguiendo la antigua ruta Tokaido, la Old Tokaido, una ruta rodeada de cedros milenarios que antiguamente unía las dos capitales niponas. Qué paz se respira en este lugar, es increíble. Sin duda fue todo un acierto decantarnos por hacer esta excursión, y la volvería a hacer sin dudarlo… y eso que aún no hemos estado en el ryokan 🙂
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Llegamos a Moto-Hakone, dónde continuamos deleitándonos con las vistas del lago desde el embarcadero, el Monte Fuji se esconde de nuevo entre nubarrones… Es una pasada verte rodeado de tanta naturaleza después de varios días por la gran metrópolis.
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Junto a la estación de autobuses de Moto-Hakone, encontramos una gran torii que marca la entrada al pueblo.
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Son las 13,30h y empezamos a tener hambre. Ayer quedamos com los dueños del ryokan que llegaríamos sobre las 15,30h, así que decidimos buscar un sitio para comer antes de ir hacia allá. Nos decantamos por un pequeño restaurante con vistas al lago en el cuál vemos en su escaparate que tienen unos ramen con muy buena pinta. Entramos al restaurante y vemos que la planta baja es una tienda de productos locales y que el pequeño restaurante está en el primer piso.

Una vez pedida y servida la comida, la dueña nos viene con un recipiente lleno de cubiertos, no habla inglés pero se hace entender. Los descartamos pero como vemos la cara de la señora que no queda muy convencida, le mostramos que sabemos comer con palillos y nos aplaude ¡jaja qué maja!

Comemos con calma, disfrutando de la comida que está deliciosa y de las vistas sobre el lago que hay desde aquí. Tras la comida, la señora nos sirve un vaso de té verde buenísimo y que está incluido en el precio.

Sobre las 14,30h, nos despedimos de esta gente tan maja con un sonoro “domo arigato” (muchas gracias en japonés) y vamos hacia la estación de autobuses de Moto-Hakone. No nos acabamos de aclarar porqué en el mapa de las paradas que hay, no sale la que nos indicaban en la web del ryokan, así que entramos a preguntar al revisor que muy amablemente nos explica que recientemente han cambiado el nombre de la parada. Nos indica la línea que tenemos que tomar y nos marca en un mapa la ruta que seguirá el bus… ¡vamos como para perdernos! Le damos las gracias y salimos a esperar el bus que nos ha dicho el señor.

En esas que llegan dos buses a la vez y exactamente iguales, y nosotros pensamos “¡¿y ahora cuál es?!”. En esas que sale el hombre corriendo de la estación para decirnos cuál de los dos debemos tomar, e incluso avisa al conductor de la parada en la que tenemos que bajar por si nos despistamos. Nosotros alucinamos, ¿¡cómo pueden ser tan sumamente amables?! De verdad que tanta amabilidad hay momentos como este en que nos abruma, aquí no hace nadie eso ni de coña… Nuevamente un “domo arigato” junto a una gran reverencia porque no sabemos otra forma de agradecerle toda su ayuda. Sin él aún estaríamos dando vueltas…

Subimos al bus, y vemos que todo el mundo nos mira… y es que somos los únicos guiris que hay a bordo del bus. A estas alturas del viaje ya no nos extraña esta situación puesto que nos ha pasado en varias ocasiones a lo largo de estos 15 días que llevamos en Japón, es la repercusión turística del accidente nuclear. Muchos extranjeros han dejado de visitar el país por miedo a lo desconocido, nunca podrán imaginar el daño que hizo a este nivel el accidente de Fukushima y la gran repercusión mediática completamente errónea que hubo en occidente…

Cuando nos acercamos a la parada que nos dijo el hombre de la estación, la solicitamos por si el conductor no se acuerda, pero al bajar como debemos pasar junto a él para pasar el Hakone Free Pass por la máquina y validar el viaje, nos dice que él ya estaba pendiente de pararnos aquí, qué mono. Le damos las gracias y bajamos… hemos llegado al ryokan 🙂

La parada del bus está en la carretera, y queda justo al lado de la entrada del alojamiento. Ostras qué ganas teníamos de llegar a aquí 🙂 Pero vemos que son las 15h y nos sabe mal llegar antes de lo previsto, así que decidimos dar un pequeño paseo por los alrededores del ryokan para ver qué hay por aquí. En esas que veo un cartel indicando WC. Alucino un poco porqué estamos en medio del campo, pero seguimos las indicaciones y llegamos una pequeña caseta y ante todo pronóstico de “no creo que este lavabo en medio del monte esté limpio…” , me sorprendo gratamente al verme reflejada en su suelo de lo limpio que está O_O Nuevamente alucino con la limpieza y pulcritud de los baños públicos. Vemos que junto a la caseta del “TOTO”, hay un pequeño claro con una fuente natural y un estanque de agua caliente.

 

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Nos dirigimos hacia allá y otra vez alucinamos al ver que en un claro en medio del bosque han colocado dos bancos dónde poder sentarse y… ¡¡una máquina de bebidas!! ¡Estos japos son la hostia! O_O Así que nos sacamos un café calentito de la máquina y nos sentamos a disfrutar de las vistas y escuchar los sonidos de la naturaleza.

 

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Son las 15,20h cuando vemos que se acerca un nubarrón terrible, se avecina un tormetón… Así que nos acabamos el café y nos dirigimos al ryokan. Qué emoción poder estar aquí, el caprichazo de nuestra honeymoon está a punto de verse cumplido 🙂
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Volvemos a subir hacia la carretera, la cruzamos y entramos a los jardines del Mikawaya Ryokan. Tiene una fuente preciosa frente a la entrada y el edificio es de construcción típica japonesa. Subimos las escaleras de la entrada y no nos da tiempo a llegar a la puerta que ya nos la abren con mil reverencias y palabras de bienvenida en inglés y en japonés, ¡madre mía! Les decimos que tenemos una reserva y en seguida llega la encargada del ryokan a recibirnos. Nos indica que nos quitemos las bambas y nos pongamos unas zapatillas que nos presta para ir por el ryokan. Al quitarme las bambas hago intención de agacharme a cogerlas y antes de que me dé tiempo, la señora me lo impide y llama a un botones para que nos las recoja y nos las guarde. Nos dice que si tenemos que salir a la calle las pidamos en recepción que nos las guardan allí… Ay madre que me veo volviendo a Tokyo con sus zapatillas de estar por casa, ¡jajaja!

Nos llevan a una sala con vistas a los jardines y nos pide que esperemos allí un momento. De nuevo siento que tanta amabilidad me abruma, desgraciadamente no estamos acostumbrados a este nivel…

Contaros que un ryokan es un alojamiento típico japonés. Hay diferentes modalidades, tipo albergue, casa privada con alquiler de habitaciones o tipo hostal/hotel. Puedes encontrarlos con habitaciones completas o que tengas que compartir el baño, éste puede ser termal o artificial, que estén en la calle o en una sala, de uso privado o público. Los precios son muy variables, todo depende de las comodidades del lugar y de las estrellas… los hay bien baratos, pero también los hay de gama alta como es el caso del Mikawaya.

Vuelve a venir la señora -nos dice su nombre pero no lo recuerdo-, comprueba que en la reserva que hicimos esté todo correcto, y nos explica los horarios de la cena, del desayuno y del check-out. Hacemos el check-in y luego nos lleva a hacer un tour por el ryokan. Nos enseña las diferentes estancias y salas compartidas (sala de lectura, comedor, salón…), los diferentes pisos y los baños termales. Entramos en el de mujeres y me explica cómo funciona y los pasos que hay que seguir para darte un baño típico japonés. Salimos y luego entra al de hombres con mi marido para explicárselo a él también, después de dar un grito en varios idiomas avisando que entra, no vaya a ser que haya algún hombre en pelota picada 😛

De allí nos lleva a nuestra habitación, la “Hanna 1”. Al entrar a la habitación, vemos que hay una pequeña sala intermedia, como un descansillo dónde nos dice que debemos dejar las zapatillas ya que en la habitación hay que ir descalzos puesto que el suelo es de tatami y es muy delicado. Es nuestro primer ryokan y al entrar a la habitación alucinamos en colores, ¡qué pasada, es como estar en casa de Doraemon! 😀

En el centro de la sala hay una mesa bajita con dos sillas, pero unas sillas peculiares ya que no tienen patas, solo asiento y respaldo y están sobre el suelo. Lor armarios son con puertas correderas de papel. Hay una especie de galería con una mesa y dos butacones desde los que se puedes disfrutar de la vista de la terraza y el jardín del ryokan. En esta zona, hay un lavamanos y un cuartito dónde está el TOTO, dónde hay unas zapatillas de uso exclusivo para el lavabo.

 

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tampoco a este TOTO le faltán sus botoncillos 🙂

 

Y después de enseñarnos esta parte de la habitación, salimos a la terraza. En ella hay una ducha con un cubilete y el onsen, el baño con agua termal natural proviniente del Mt Hakone.

 

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La señora nos explica que el agua del onsen está a unos 40ºC así que tenemos que tener la precaución de abrir un grifo de agua fría antes de meternos para evitar quemarnos e ir removiéndola de vez en cuando con una especie de pala de madera que hay para que se vaya mezclando y no nos achicharremos. Nos explica de nuevo que también aquí hay que ducharse antes de meterse en el onsen.

Nos pide que la esperemos un momento y en seguida llega con dos yukatas (kimono de estar por casa), y nos enseña a ponérnoslo correctamente ya que cada sexo lo cruza hacia un lado. Sale de nuevo, y vuelve con una chica más joven, quién nos dice que se encargará de nuestra habitación y que si necesitamos alguna cosa contactemos con ella en un número de teléfono. También nos explica que será quién nos traiga la cena y el desayuno de mañana y, quién nos prepare el futón para dormir. A las 19,30h servirán la cena y nos pide que estemos preparados cuando llegue esa hora. Nos dejan con un té verde y un dulce japonés para merendar y nuestro onsen esperándonos :p

Madre mía, qué mujer más amable… Los japoneses lo son, pero esta mujer supera la media ¬¬’ Una vez se marchan, nos ponemos cómodos y nos tomamos la merienda que nos han servido… y en cuanto acabamos, ¡¡nos vamos de cabeza a probar el onsen!!

Las vistas desde la terraza hacia el bosque son fantásticas. Hace fresquito en la calle y da no sé qué saber que te estás duchando en medio del bosque pero son costumbres del lugar y nosotros nos adaptamos a todo.

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las vistas desde la terraza de nuestra habitación

Una vez bien duchados y aclarados, nos metemos en el onsen y… ¡oh my good, pero qué a gusto se está! Heart Es increíble la sensación de estar oyendo caer la lluvía y tu estar en remojo en el agua calentita, menudo relax 🙂

En la habitación tenemos un panfleto con todas las propiedades terapéuticas del agua termal de Hakone.

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Nos pegamos 2h metidos en remojo en el agua caliente… se nos ha hecho de noche incluso, pero es que no hay quien salga de allí, se está súper a gusto. Verdaderamente ha valido la pena venir hasta aquí hoy y más aún dejar la visita a Hakone para el final del viaje, así nos recuperamos del cansancio de todos estos días y renovamos las pilas.

Finalmente, decidimos salir del agua que no es plan que venga la chica a servir la cena y nos pille en pelotas 😀 Nos vestimos con los yukatas que nos dejó la dueña, anda que no molan 🙂

A las 19,30h en punto, llaman a la puerta. La chica nos prepara la mesa para la cena. En un santiamén nos traen un montón de platos típicos, se trata de una degustación. Le pedimos que nos traiga un umeshu de la zona para acompañar la cena. Estamos de luna de miel, hemos podido cumplir un sueño y hay que brindar por ello 😉
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Aunque hay un par de platos que nos nos gustan, en general cenamos a las mil maravillas… podemos probar el shabu-shabu con carne de Kobe que está delicioso 🙂 Nos damos cuenta de que hay muchos platos de la cocina japonesa que aún no habíamos probado, y el umeshu que nos ha traído entra genial…

Después de cenar, vuelve la chica a retirar la mesa y las sillas, monta los futones para que los tengamos listos cuando queramos ir a dormir  y nos dice que mañana volverá a recogerlo. También nos dice que si necesitamos alguna cosa durante la noche que la llamemos al número que nos dijo antes y vendrá, ¡nos sentimos como reyes en este lugar!

Una vez se despide, no nos lo pensamos dos veces y volvemos al onsen. ¡Qué pasada¡ Menuda paz, qué relax, qué bien se está metidos en el agua calentita viendo las estrellas… hace fresquito pero al estar metidos en el agua apenas se siente. Tras otra buena hora y pico en remojo, y ya más arrugados que dos abuelos centenarios, salimos del onsen y nos vamos a dormir que hay que probar la experiencia del futón 🙂

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Hoy ha sido un día agotador pero a la vez muy gratificante, sin duda ha pasado directo al top ten de nuestras mejores experiencias viajeras y no nos cabe duda que este día lo recordaremos con gran cariño.
A eso de las 23h, nos acostamos pensando en si mañana encontraremos nuestras maletas cuando lleguemos al hotel Mr. Green

29/05/2011: día de lluvia por Shibuya, el parque Yoyogi en busca de los cosplays y cena en Ikebukuro.

Día 14: buscamos a los cosplays de Yoyogi, recorremos las calles de Shibuya bajo la lluvia y quedada para cenar truncada por el aguacero…

Hoy es domingo, se aprecia el cansancio de dos semanas sin parar y llueve a cántaros (según las noticias el tifón ha llegado a Tokyo), así que nos decantamos por no madrugar demasiado y dar un paseo con calma por Shibuya para ver bien el barrio.

Desayunamos las tortitas y el zumo natural de rigor en el bar del hotel y de nuevo nos ponemos en marcha. Vamos hacia la estación JR, nuestro punto de partida y buscamos la salida de Hachiko a ver si podemos encontrar la estatua del perro Hachiko ya que llevamos días pasando por allí, pero como hay tanta gente siempre, ¡aún no la hemos visto! Hachiko, era el perro de un profesor de universidad que acompañaba a su dueño hasta la estación todos los días dónde cogía un tren para ir a trabajar, el perro lo esperaba allí hasta que el profesor regresaba del trabajo y juntos volvían a casa.  El profesor un día, murió de forma inesperada y el perro fiel a su costumbre, siguió yendo a Shibuya a esperar a que su dueño regresara para volver con él a casa. Es una bonita historia que demuestra la fidelidad de los perros hacia sus amos y que conmovió a muchísima gente del barrio por lo que al fallecer Hachiko le construyeron una estatua conmemorativa a las puertas de la estación.  Tras rebuscar un poco entre la gente, ¡al fin la encontramos!

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Seguimos caminando por las ajetreadas calles de Shibuya y entramos en unos cuantos centros comerciales, decidimos que hoy compraremos parte de los regalitos para los nuestros aprovechando el día de tranquis. Es una pasada entrar en sus centros comerciales… ¡son todos inmensos! Hasta la tienda que parece más pequeña resulta ser un verdadero centro de 5 plantas O_O
¡Me encantan las cosas que venden y me lo llevaría todo! Compramos algunos regalos y también cosillas para nosotros. El resto de souvenirs los compraremos el último día en Tokyo.

Casi sin darnos cuenta, llegamos al Estadio Nacional de Yoyogi. En él hacen desde conciertos y espectáculos hasta competiciones importantes de artes marciales o de patinaje sobre hielo. Hoy deben celebrar algo importante porque hay una cola enorme para entrar y es imposible acceder a él sin la entrada, así que nos conformamos con verlo por fuera.

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¡Me encantan los paraguas transparentes! Todo el mundo aquí los lleva y me parecen chulísimos, lástima que no me caben en la maleta… pero para el próximo viaje buscaré el modo de traerme uno ¡jeje!

Seguimos el paseo bajo la lluvia hacia el Parque de Yoyogi. Éste es el mayor parque de Tokyo y es costumbre que los domingos vaya la gente disfrazada de sus personajes de manga o animación favoritos y se concentren varios grupos de jóvenes, y no tan jóvenes… son los conocidos cosplayers tokyotas. Pero como diluvia, ¡los únicos frikis en el parque somos nosotros dos! Eso, o no sabemos encontrarlos porqué el parque es enorme… sea como sea, nos quedamos con las ganas de verlos. Otro tema pendiente para el próximo viaje, encontrar a los cosplays de Yoyogi Mr. Green

Frikis no vemos, pero nos quedamos alucinando con el parque, esos lagos, puentes y del verdor tan espectacular, así como de lo estupendamente cuidado que está el parque, ¡qué pasada! ¡Adoro los parques japoneses!

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En una zona del parque hay un mercadillo de antigüedades y de productos ecológicos. Nos compramos unas galletas riquísimas para matar el gusanillo con un té calentito, que hoy realmente apetece.

De vuelta hacia Shibuya, vemos una tienda de vestidos de fiesta y de novia… ¡qué risa al ver los modelitos! Si lo llego a saber me compro mi vestido de novia aquí, el rosa de la planta baja o el amarillo de la más alta por ejemplo serían ideales ¡juass! Riendo

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Vemos también una Apple Store enorme, una tienda Disney impresionante, una iglesia cristiana que nos sorprende porqué no habíamos visto ninguna aún… y con este cartel también nos reímos un montón: “niños kinki”, ay madre si supieran lo que significa kinki aquí… :p

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Vamos caminando de nuevo hacia la JR Shibuya y decidimos comer cerca del hotel porqué diluvia y vamos mojados hasta las trancas a pesar de llevar el paraguas y el chubasquero. Entramos en un bar de tempuras y tras una comida deliciosa, volvemos al hotel a secarnos.

Al llegar al hotel, vemos que la pareja con la que compartimos el inicio del viaje, nos han enviado un mensaje por Facebook para quedar esta noche para cenar juntos ya que ellos también están en Tokyo, quedamos a las 19,30h en Ikebukuro, en una salida determinada porque la estación es enorme (¡como todas allí!).

Pasamos la tarde de perreo y preparando las maletas porqué mañana cambiamos de zona y hemos decidido llevarnos solo las mochilas a Hakone y enviar las maletas al último hotel de Tokyo para evitar ir cargados en los tres mil transportes que cogeremos estos días… ¡¡Qué ganas de ir a Hakone, es nuestro caprichazo del viaje!! Pero no adelanto acontecimientos :p

Cuando se acerca la hora de la quedada, nos arreglamos y cogemos el metro hacia Ikebukuro. Llueve un montón, las calles tienen ¡medio palmo de agua! Tras más de 45 minutos de espera en el lugar acordado y de empaparnos de arriba a abajo sin que la otra pareja aparezca y sin poder contactar con ellos porqué sus móviles no funcionaban en Japón, decidimos ir a buscar un sitio para cenar nosotros. Nos decantamos por un italiano que tiene muy buena pinta a pocos metros de la JR Ikebukuro.

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Hay bastante jaleo porqué hay un grupo de adolescentes que celebran algo y menudo jolgorio tienen montado 🙂 Antes de irnos, voy al lavabo y al pasar por delante suyo me llaman para que me gire hacia ellos, lo que no se esperan es que me acerque a ellos y les salude en inglés, ¡tendríais que haber visto su cara de corte total, jaja! Pero ellos me dejan más alucinada a mi cuando los chicos me preguntan si soy un manga ¡jaja, qué risa por favor! Chapurreando me dicen que tengo los ojos de chica-manga, ¡me parto yo sola! Y las chicas me miran muy mal, se deben pensar que me quiero ligar a algún chico… ¡pero si podrían ser mi hermano pequeño! Me voy al lavabo y al volver se lo explico a mi marido que se parte de risa. Al irnos, los chicos me vuelven a llamar y mi chico en broma les dice en inglés, “¡eh! cortaros que es mi chica” con lo se quedan súper cortados y esta vez son las chicas las que sonríen 😀 Los camareros que se han dado cuenta del cachondeo que se traen se parten y nosotros aún más, ¡vaya pavo que tienen! Está claro que el pavo en la adolescencia es universal :p

Al salir vemos que aún llueve con más fuerza y ahora ya hay casi un palmo de agua en el suelo… ya no sirven de nada los paraguas, así que salimos corriendo hacia la estación de tren, suerte que no nos habíamos alejado demasiado. Cogemos la línea JR Yamanote hasta Shibuya y allí de nuevo, salimos volando hacia el hotel. Estamos un poco preocupados porqué no haya algún problema por ir a Hakone con este tiempo, al ser montañoso no sabemos cómo habrá afectado el tifón allí…

Les mandamos un mensaje a la otra pareja por FB preguntándoles si han tenido algún problema y explicando que tras más de 45 minutos bajo la lluvia esperando y calados hasta las cejas, nos habíamos ido a cenar y que ya quedaríamos otro día si querían, no nos contestaron así que no sabemos qué ocurrió…

Hablamos con nuestros padres ya que en Hakone no tendremos internet y nos vamos pronto a dormir que mañana nos tocará madrugar bastante, aunque no dolerá demasiado sabiendo que nos espera nuestro querido ryokan con ¡¡¡onsen privado!!! ¡¡¡Si, el caprichazo de nuestra luna de miel!!! Aplauso Aplauso