06/10/16: conocemos los grandes templos de Chiang Mai y le damos al regateo en el Night Market

Día 6: hoy conocemos el Wat Phra Sing, el Doi Suthep y el mercado nocturno de Chiang Mai

Hoy nos levantamos con la calma a eso de las 8,30h tras haber dormido toda la noche del tirón, necesitábamos una cama 😛

Nos arreglamos y bajamos a desayunar al restaurante del hotel ya que en éste lo tenemos incluido. Cuando volvemos a la habitación vemos que ¡diluvia! Así que esperamos un poco a ver si afloja y por suerte en pocos minutos escampa y sale el sol.

Caminamos unos 15 minutos hasta el Wat Phra Sing, uno de los templos budistas más importante de la ciudad. Pagamos 20 baths cada uno para entrar. En este templo no se puede entrar con camiseta de tirantes ni pantalones cortos o muy ajustados, ellos te prestan un pañuelo para taparte, pero yo que ya lo sabía llevo el sarong que me compré en el viaje a Indonesia.

El recinto es muy bonito, y además del edificio principal que alberga al Buda más venerado de la ciudad, cuenta con varios edificios y estupas o chedis doradas en sus jardines traseros.

Nos estamos un rato por el templo mientras escuchamos las oraciones de los monjes provenientes del interior del edificio principal. Se respira paz en este lugar…

Tras la visita, pactamos precio con un conductor de songthaew para ir al templo de Doi Suthep situado a las afueras de la ciudad, conseguimos pactar 600 baths i/v los dos con una hora de espera allí mientras visitamos el templo. Sé que lo podríamos haber sacado por menos, pero el calor hace mella, solo hay este conductor aquí y no hay ningunas ganas de regatear… hay una opción más económica por 100 baths pp pero tienes que montar tú un grupo de 8 personas, y con la solana que pega no vemos a nadie con ganas de ello…

de camino al Doi Suthep

Tras 40 minutos de trayecto montaña arriba, llegamos al monasterio más importante de la ciudad. Pagamos 30 baths cada uno de entrada tras haber subido una buena escalinata que nos recuerda en parte a los dibujos de Son Goku 😛

El lugar nos encanta, aunque hay demasiada gente visitándolo para mi gusto. Se trata de uno de los templos más sagrados al norte de la ciudad. Fundado en 1383 durante le reinado de Keu Naone, sus orígenes están teñidos de misticismo. Cuenta la leyenda que un monje llegado de Sukhotai aconsejó al rey de Lanna fundar un templo con la milagrosa réplica de una reliquia de Buda conservada en el Wat Suan Dok. La réplica se cargó a lomos de un elefante blanco, que vagó por la montaña hasta caer muerto en este lugar, el “elegido”. En la terraza de la 1ª planta se documenta la historia del templo con un santuario dedicado a Sudeva, el ermitaño que vivió en el monte, y una estatua del elefante que subió la reliquia.

En la terraza de la 2ª planta hay una pintoresca chedi dorada que conserva la reliquia; la corona una sombrilla de cinco niveles que conmemora la independencia de la ciudad del dominio birmano y su unión con Tailandia.

Compramos una campanilla que hace una música muy suave por 250 baths, ale ya tenemos nuestro ¡primer recuerdo viajero!

Seguimos recorriendo el recinto del Doi Suthep, ¡es enorme! Encontramos algunos templos más que lo conforman y damos con unas terrazas con unas vistas geniales de la ciudad de Chiang Mai.

Nos llama la atención que hay un ruido muy estridente de tanto en tanto… cuando llegamos a la salida vemos que se trata de una especie de grillo… ¡¡vaya potencia!!

Nos compramos un par de helados en un puesto que hay junto a la salida por 40 baths y bajamos la larga escalera de vuelta a la furgo. ¡Nos ha pasado la hora volando!

Tras 40 minutos de bajada, y de vuelta en el Phra Sing le pagamos lo acordado, y vamos a buscar un sitio dónde comer, que a estas horas ya aprieta el hambre… nos decantamos por un restaurante de comida local en el que tomamos una comida deliciosa con un par de refrescos por 280 baths.

Decidimos pasar un momento por el hotel, pero con esta chicharrina no tenemos ganas de andar, así que pactamos con un tuk-tukero que por 50 baths nos lleva en apenas 5 minutos.

Hacemos parada en boxes, descargamos un poco la mochila y nos vamos dando un corto paseo hasta Patthama Tour (Tu guia en Chiang Mai) a pagar las excursiones que tenemos reservadas para mañana y pasado. El dueño de la agencia es un catalán afincado aquí hace unos años, no se encuentra en la oficina pero la chica que nos atiende le llama por teléfono y me lo pasa para hablar con él. Nos explica los detalles de las excursiones y nos recomienda algunas cosillas que hacer en la ciudad. Pagamos lo acordado y volvemos hacia el hotel en un corto paseo, parando a medio camino a tomarnos unos capuccino por 130 baths, y a comprarme unos pantalones en un taller local dónde la chica los cose a mano (dos pantalones por 200 baths).

Descansamos un poco, nos damos un baño en la piscina y sobre las 19h salimos a buscar un tuk-tuk que nos lleve al bazar nocturno, acordamos 80 baths para el trayecto.

Alucinamos con la cantidad de puestos que hay, aunque claramente se trata de un lugar enfocado a los turistas.

Hay un grupo de mujeres tocando música Thai y nos deleitamos unos minutos escuchándolas.

Compramos dos camisetas de chico por 250 baths, dos de chica por 260 baths y unas campanillas para la meditación por 250 baths… aunque les regateamos lo que podemos, son duros de pelar y alguno incluso se enfada si les regateas, lo cuál nos llama la atención ya que suele ser el deporte nacional…

Tras una hora y pico, y habiendo visto sólo una pequeña parte del mercado, decidimos entrar a un McDonnalds a cenar, y seguir con la tradición de “McDonnalds por el mundo” 😛

Una vez cenados, salimos a buscar un tuk-tuk que nos lleve de vuelta al hotel, encontramos a uno que nos lleva por 80 baths.

Son casi las 22h cuando llegamos… ducha y a dormir que ¡estamos agotados!

05/10/16: tras una noche espantosa en el tren, llegamos a Chiang Mai

Día 5: comenzamos a recorrer Chiang Mai, una ciudad menos caótica

A las 6,30h oímos jaleo por el pasillo y decidimos levantarnos ya… lástima porque ahora es cuando al fin nos habíamos dormido profundamente… ¡Vaya noche larga! Ha sido imposible dormir más de 20 minutos seguidos, el tren hace demasiado ruido y traquetea de lo lindo… soy de sueño profundo y puedo dormir en cualquier sitio, pero aquí no ha habido manera. Hubo un par de baches que tuvimos que levantarnos a colocar el colchón en su sitio, mi marido ha sido incapaz de volver a la litera de arriba (había alto riesgo de caída), y los amortiguadores parecían un par de burros rebuznando, y no exagero. Ni echando mano a los tapones para los oídos… Nada que ver con aquél viaje a Oviedo en tren hotel en 2009.

A las 7h nos preguntan si queremos algo para desayunar, como llevamos los dulces que compramos ayer en Chinatown y unas galletas, pedimos solo un par de cafés. Y ya nos traen también la cuenta: 390 baths por el desayuno y la cena.

¿Nuestra conclusión del viaje en el tren nocturno? Si quieres vivir una experiencia peculiar, y ahorrar una noche de hotel, ve en el tren nocturno. Si viajas en 3ª clase (butacones reclinables sin aire acondicionado) o en 2ª, con camas en habitaciones compartidas sale algo más económico pero tienes menos intimidad… en primera clase vas solo 2 personas, tienes puerta con pestillo y aire acondicionado. Si quieres comodidad, sin duda coge un vuelo low cost con Air Asia y duerme en un hotel. Por cierto, no hay gran diferencia de precio entre 1ª y 2ª clase, pero los de primera ¡vuelan!

Como os iba explicando, está amaneciendo y las vistas del paisaje desde el tren son chulas, esta zona es mucho más verde que lo que pudimos ver en Bangkok.

A las 7,30h y según lo previsto, llegamos a Chiang Mai.

Al salir de la estación nos encontramos con un montón de tuk-tuk y shongtaews. En Chiang Mai solo hay taxis para ir a y desde el aeropuerto. Negociamos con un conductor y nos lleva al hotel, en la zona amurallada, por 120 baths.

Tras unos 15 minutos nos deja en la puerta del MD Boutique Hotel. Tenemos reserva para 4 noches en habitación doble con vistas a la piscina y desayuno por 9000 baths. Hacemos el check-in y nos piden 200 baths de depósito. Como era de esperar hasta las 14h no nos dan la habitación, al menos nos guardan las mochilas…

Salimos a conocer la ciudad amurallada que conforma el casco antiguo que el Rey Mengrai construyó al fundar la ciudad en 1296 sustituyendo a Chiang Rai como capital del reino de Lanna, con la idea de protegerla de las incursiones desde Birmania. Aún poniendo todo su empeño, fue ocupada a menudo por los birmanos y por los thais del reino de Ayutthaya. En su interior, alberga los templos y monumentos más importantes de la ciudad y es lo que nosotros vamos a comenzar a descubrir. Así, nos dirigimos al norte. El primer templo que visitamos es el pequeño Wat Saen Muang Ma Luang. Los edificios que lo conforman están cerrados, así que la visita es escueta.

Después vamos al más antiguo de la ciudad, el Wat Chiang Man, construido en 1296 por el fundador de la ciudad Phaya Mengrai. De entrada gratuita, cuenta con la estatua de buda más antigua de toda Tailandia, con más de 1800 años.

El pequeño santuario a la derecha de la capilla principal alberga dos famosos budas: el Phra Sila, bajorrelieve de mármol de 30 cm de alto al parecer venido de Sri Lanka o India, y el Phra Sae Tang Khamani, imagen de cristal de 10cm de alto de la cual se dice que fue venida de Lavo (Lopburi) hace 1800 años. Frente al boht (salón de ordenaciones), en una losa de piedra figura la referencia más antigua a la fundación de la ciudad, una inscripción de 1581.

Cuenta con otros edificios igualmente bonitos y bien conservados.

Al salir, entramos a una cafetería cercana a tomarnos un par de cafés a ver si nos despejamos un poco (125 baths), la noche de insomnio hace estragos. Tras una pausa, seguimos caminando hacia el siguiente punto en la ruta. De camino pasamos por delante del Monumento a los tres Reyes, centro espiritual de la ciudad, muestra a los reyes del norte que forjaron una alianza en la época Lann: Rey Mengrai (fundador de Chiang Mai), Ramkamhaeng de Sukhothai y Ngam Muang de Payao.

Y tras unos 10 minutos a pie, llegamos al Wat Chedi Luang. Pagamos 40 baths pp y entramos a visitar este imponente templo que cuenta con una de las chedis más altas del país, erigida en 1391 con una altura original de unos 80 metros.  Actualmente mide menos de 40 metros y está medio en ruinas tras un terremoto en 1545. El célebre Buda Esmeralda (ahora en Bangkok), ocupaba el nicho oriental en 1475.

Tiene 4 grandes puertas, una en cada punto cardinal, a las que se acceden a través de largas escaleras y contienen diferentes estatuas de Buda y los laterales con elefantes. Es todo un imprescindible si visitas la ciudad.

Además, en el mismo recinto hay otros templos menores también muy llamativos, como una capilla con un Buda dorado reclinado en su interior o el templo Acharn Mun Bhuridatto Viharn en veneración del monje Bhuridatto a quien conservan embalsamado. A esta capilla no llegamos a entrar porque hay como 20-30 monjes en la puerta preparándose para rezar y nos sabe mal meternos en medio.

Nos sentamos un poco a la sombra y después proseguimos hacia el Wat Ithakhin, el cuál alberga el primer pilar de la ciudad y al que sólo se puede entrar si eres hombre (para su “santidad” las mujeres somos impuras… Éstas cosas no las entenderé jamás, perdonadme. Se cree que el templo fue uno de los primeros que se construyeron al fundarse la ciudad, y por tanto, era de los de mayor importancia espiritual. Fue abandonado tras la guerra con Birmania y recientemente restaurado.

Pasamos por un 7/11 que hay frente al templo a comprar un Red-Bull y agua fresca, hace un calor y una humedad tremendos.

Vemos que al lado está el Wat Phan Tao, un templo budista construido por completo en madera de teca y entramos (es gratuito). Su interior es bien bonito y cuenta con un gran Buda dorado en el centro. También cuenta con un bonito jardín trasero.

Tras la visita al templo, decidimos acercarnos al hotel y buscar un sitio para darnos un masaje, y proseguir con los templos mañana. Estamos tan cansados que no estamos disfrutando apenas…

Tras menos de 15 minutos a pie, llegamos al hotel. Hacemos parada en boxes y luego nos decantamos por un lugar para masajes que hay cerca. Nos dan un masaje de pies de 1h por 200 baths cada uno. Es tan relajante que nos cuesta mantenernos despiertos…

Tras el masaje que nos sabe a gloria, vamos hacia el canal a buscar una farmacia para comprar protector solar. Justo al lado vemos un sitio dónde hacen comida thai con la cocina a la vista y que huele de maravilla, así que nos pedimos un par de platos de arroz con un refresco y una cerveza por 390 baths. ¡Delicioso!

Damos una vuelta a la manzana y descubrimos un mercado de verduras, frutas y puestos de comida con muy buena pinta todo. Y ahora si, son las 14h así que vamos para el hotel que ya estará lista nuestra habitación.

Tras acomodarnos y dejar los bártulos en la habitación, bajamos a la piscina a darnos un baño, necesitamos refrescarnos un poco… Estamos solos y el agua está fresquita, así que se está en la gloria 🙂

Pasamos un rato, pero pega el sol de lo lindo y nos da miedo achicharrarnos ya que aún es fuerte… así que sobre las 15,30h subimos a la habitación y nos echamos un rato a dormir que también lo necesitamos.

A eso de las 19h hacemos un intento de ir caminando al mercado nocturno, pero está oscureciendo y hay poca iluminación fuera de la zona amurallada, y tampoco tenemos muy claro por dónde ir ni vemos ningún tuk tuk… así que decidimos volver a la zona del hotel e intentarlo otro día. Vemos en un puesto que venden grass jelly, una gelatina de jalea que mi marido tenía ganas de probar, compramos una terrina por 30 baths que está bien rica 🙂

Damos una vuelta por los alrededores del canal y cenamos unos hot-dog con patatas fritas y refrescos por 290 baths todo, ya no podemos con nuestras almas… así que tras la cena, volvemos al hotel. Ducha y a dormir confortablemente en una cama 😛

04/10/16: conocemos el Chinatown de Bangkok antes de partir hacia Chiang Mai

Día 4: nueva jornada de momentos y experiencias inolvidables…

Hoy nos levantamos pasadas las 8h. Desayunamos, nos arreglamos y cerramos las mochilas. Bajamos a recepción para hacer el check-out y pedimos que nos guarden las mochilas por una hora.

Vamos al cercano templo Wat In o del Gran Buda de Pie. Su entrada es gratuita y además de varios edificios para la oración, cuenta con un gran buda dorado de 32 metros de altura plantado de pie.

Tras la visita, volvemos al hotel a recoger las mochilas y pedimos un taxi que nos lleve a la estación de trenes de Hua Lampong. El trayecto nos cuesta 75 baths. Dejamos las mochilas en la consigna de la estación por 60 baths c/u. Aunque por el tamaño deberían habernos cobrado 40 por cada una, preferimos no decir nada y que nos guarde bien las mochilas…

Más liberados, cruzamos la calle y vamos a la oficina de 12go quiénes nos hicieron de intermediarios para comprar los billetes del tren nocturno a Chiang Mai. Intercambiamos el boucher por los billetes y nos devuelven 200 baths porqué por lo visto al hacer la compra de los billetes salieron más baratos de lo previsto.

Luego caminamos hacia el templo Wat Traimit. La entrada al buda de oro cuesta 40 baths pp y hay que subir 4 pisos para llegar a la sala que lo alberga. El lugar es bonito, bien merece su visita.

Como os decía, alberga un Buda de Oro de 3 metros de alto y 5,5 toneladas de oro macizo. Esculpida en el elegante estilo Sukhotai, la imagen fue “descubierta” hace 40 años bajo una capa de yeso al caerse la grúa que lo trasladaba a un nuevo edificio dentro del recinto del templo. Se cree que el Buda fue construido en Ayutthaya, y para protegerlo del ataque de los birmanos a la antigua capital tailandesa, fue transportado a Bangkok recubierto de una capa de yeso, la cual fue abandonada durante más de 200 años, momento en el que al transportarla hubo el “accidente” y se descubrió el Buda de oro.

Las vistas del templo desde allí arriba también son bien curiosas, y descubrimos que está rodeado de altos edificios.

A pesar de que hace un calor tremendo, decidimos dar un paseo hasta Chinatown. Nos liamos un poco  y vamos por dónde no toca, encontrándonos con unas calles repletas de talleres mecánicos… cuando al fin damos con la calle principal nos encontramos con cientos de puestos de comida y tiendas con productos de medicina tradicional china y encurtidos, al más puro estilo de las calles que recorrimos en nuestro viaje por Hong Kong el año pasado.

Nos llama la atención un puesto en el que elaboran dulces artesanales allí mismo. Tienen buena pinta y por 42 baths nos hacemos con unos cuantos para probarlos.

Entramos en un pequeño templo camuflado entre puestos de comida que nos recuerda mucho a los visitados en Hong Kong el año pasado…

Sobre las 12.40h, volvemos hacia la estación y entramos al metro. Pagamos 19 baths cada uno por recorrer 2 paradas hasta Si-Lom. Es curioso pero la máquina del metro al introducir el dinero te da una moneda de plástico que debes usar para entrar y salir del metro. Se parecen a las fichas que te dan en las ferias 😀

Al llegar a la zona, nos decantamos por un restaurante de noodles, dónde comemos por 350 baths. Con la panza llena, recorremos las calles peatonales elevadas tan típicas de la ciudad. Me encantan las vistas “caóticas” que ofrecen las grandes ciudades del sudeste asiático 🙂

Al salir encontramos un Cat Café al más puro estilo japo 🙂 Nos hace tanta gracia que no podemos evitar entrar. Pedimos un capuccino y un matcha latte frappé por 290 baths y subimos a la zona dónde tienen a los gatos. Aunque la mayoría duermen, el lugar está muy bien, hay poca gente, los tienen bien cuidados y nos recuerda a los Neko Café que visitamos en nuestro 2º viaje a Japón. Pasamos una hora acariciando a los gatitos que nos hacen caso.

Al salir, vamos hacia el parque Lumphini, dónde nos sentamos en un banco junto al estanque a tomar la fresca.

A eso de las 16h, volvemos al metro (19 baths pp) y nos dirigimos a la estación Hua Lamptong. Nos sorprende la poca gente que usa el metro, parece que esté hecho para clases altas -y turistas-.

Una vez en la estación, compramos bebidas para el viaje y recogemos las mochilas de la consigna. Falta 1h 30 para que salga el tren pero estamos agotados, el calor de hoy es mortal y no queremos alejarnos ya de la estación, así que nos sentamos a esperar en la gran sala de espera que tiene el recinto.

A las 17.30h nos dicen que ya podemos subir a bordo y allá que vamos a descubrir nuestro camarote en 1ª clase en el tren nocturno que nos llevará a Chiang Mai.

En el vagón que viajamos hay 12 cabinas de 1ª clase y un par de lavabos solo para los pasajeros de este vagón, uno de estilo occidental y otro tipo letrina con ducha de agua fría, ambos están limpios en todo momento. Nuestra cabina es de primera, no está mal viendo el resto del tren 😛

Salimos puntuales a las 18.15h. Media hora más tarde pasa la azafata comentando que podemos pedir cena en el camarote, son bandejas a escoger con crema, sopa, arroz y carne o pescado con verduras por 170-190 baths. Aunque se puede llevar comida de fuera e incluso ir al vagón restaurante dónde posiblemente sea más barato, optamos por la comodidad. El pack que pedimos cuesta 170 baths c/u. La comida no está mal aunque es bastante picante para mi gusto. Aprovechamos para comernos algunos dulces que compramos en el Chinatown, ¡están bien ricos!

Tras la cena, a eso de las 19,45h pasan a hacer las camas y ya nos dejan el camarote listo para dormir. Aunque tenemos serias dudas de poder dormir esta noche porque el ruido y el traqueteo del tren son importantes. No es nuestro 1r viaje en tren nocturno, ya hicimos un viaje de Barcelona a Oviedo hace años, pero nada tenía que ver aquél tren con este… 😀

Sobre las 21h y agotados de todo el día, nos echamos a dormir. A eso de las 23h, mi marido que va en la litera superior, se baja conmigo porque dice que es imposible estar allá arriba… le parece que se vaya a caer con cada bache :S

Veremos qué tal la experiencia del tren nocturno

03/10/16: recorremos los antiguos templos de Ayutthaya

Día 3: disfrutamos de la magia de Ayutthaya y catamos los grillos a la parrilla en Bangkok

Hoy nos levantamos temprano ya que el plan para hoy es ir a conocer la cercana ciudad de Ayutthaya. Tras tomar el desayuno y arreglarnos, cogemos un taxi hasta Victory Monument, hay muchísimo tráfico y un trayecto de 20 minutos se convierte en uno ¡de 45! Suerte que los taxímetros aquí sólo cuentan distancia recorrida y no tiempo… el trayecto nos sale por 100 THB.

Para ir a Ayutthaya hay dos opciones,  coger un tren desde Hua Lamptong que tarda unas 2h, o bien, tomar una minivan que cuesta 80 baths por trayecto y persona y tarda poco más de 1h. Nosotros nos decantamos por la segunda opción. El taxista nos deja en una callejuela repleta de puestos de minivan que van a distintos destinos. Pagamos al chico del puesto de Ayutthaya y nos dice que en media hora sale la siguiente.
Mientras esperamos voy a un baño público cercano (3 baths) que está bastante limpio y al salir, el chico nos guía hacia la furgo que nos llevará. Somos los únicos occidentales… van unos cuantos locales y un grupo de chinos. Cuesta horrores salir de la ciudad, hay un tráfico tremendo.

Tras hora y media, y un par de paradas en el camino para dejar a unos locales en una universidad que queda de camino, llegamos a Ayutthaya… tienen todo un tinglado montado porque te paran bastante lejos del centro, y aquí ya te esperan unos cuantos tuk-tuk. Negociamos con uno de ellos 3h en las que nos llevará a los templos principales de la ciudad, y nos dejará en el lugar desde dónde salen las furgos de vuelta por 750 baths. Tampoco regateamos demasiado porque aquí no hay más opciones… Una vez cerrado el trato nos montamos en el tuk-tuk y empezamos con la ruta del día.

Situada a 85 km al norte de Bangkok, Ayutthaya fue la capital del Reino de Siam desde 1350 a 1767 D.C. Los restos de esa capital (mayoritariamente templos y estupas medio en ruinas) ocupan un área de 15 km2 y son uno de los lugares históricos más importantes de Tailandia. Fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991.

El primer templo al que nos lleva el tuk-tukero es el Wat Yai Chai Mongkhon. Pagamos 50 baths pp y entramos. Como casi todos los templos tailandeses está conformado por varios edificios, que se conservan en bastante buen estado, rodeados por un bonito y cuidado jardín. Cuenta con un buda reclinado de 17 metros de alto y 9.5m de ancho del estilo al que vimos ayer en Bangkok.

Construido en el año 1357, el edificio principal del templo cuenta con una gran estupa y está rodeado por Budas cubiertos con paños amarillos como símbolo de pureza.

Subimos a lo alto del edificio y desde allí obtenemos unas bonitas vistas del recinto del Mongkhon.

Tras unos 30 minutos recorriendo el recinto, volvemos al tuk-tuk y seguimos hasta el Wat Mahathat. Pagamos 50 baths pp. Fue erigido en 1374 durante el reinado de Borom Rachathirat I, el templo está prácticamente en ruinas tras los saqueos birmanos, y casi todos los Buda están decapitados… aún así es curiosa su visita y la recomiendo.

Este templo cuenta con uno de los lugares más fotografiados de Tailandia, es famoso por albergar una cabeza de buda entre las raíces de un árbol.

Seguimos hasta el Wat Phra Si Sanphet. La entrada también cuesta 50 baths por persona y es interesante por albergar tres grandes estupas con las cenizas de los tres Reyes más importantes de la ciudad.

Situado dentro de los terrenos del Palacio Real, el templo se usaba para importantes ceremonias reales como juramentos de lealtad y como capilla privada de la familia real. En el año 1.500, el Rey colocó en uno de los santuarios del templo una imagen de Buda en bronce recubierto con 250 kg de oro y de 16 metros de altura, a la que llamó Phra Si Sanphet y por la que tomó ese nombre el templo. Pero Ayutthaya fue saqueada en 1767 por los birmanos, y quemaron el lugar y robaron las estatuas de oro, incluido el Buda de 16 metros. Aun así, es otro de los imprescindibles en la ruta de templos ya que sus tres chedis son las más fotografiadas de Ayutthaya.

Tras un rápido recorrido porque hace un calor terrible, volvemos al tuk-tuk que nos lleva al Wat Lokayasutharam con el buda reclinado de 17 metros de largo por 7 de alto, y que sin duda inspiró al creador del juego Street Fighter. No hay que pagar entrada.

El tuk-tukero nos pregunta qué más templos queremos ver de entre los más importantes de la ciudad, descartamos el Wat Phra Ram que es el más caro y el que menos nos llama la atención. Proseguimos la ruta hasta el Wat Phu Khao Thong un monasterio en forma de estupa que me recuerda ligeramente al Borobudur de Indonesia. La entrada es gratuita y se pueden subir unos cuantos escalones para llegar a lo más alto, aunque las vistas deben ser geniales no queremos que nos dé una insolación, así que nos conformamos con la vista desde el suelo.

El siguiente en la ruta es el Wat Thummikarat, un recinto que cuenta con varios templos y bonitos budas.

Y el último de la jornada será sin duda el que más nos sorprenda. Se trata del Wat Na Phra Men, un pequeño templo que cuesta 20 baths y que parece poco visitado por turistas.

Cuenta con una gran buda de oro de 16 metros en la sala principal y con otro de bronce algo más pequeño en la sala secundaria.

En ésta última hay un monje junto al buda. Como siempre al entrar en un templo budista hacemos una reverencia al buda y el monje al vernos, nos pide que nos arrodillemos frente a él con las palmas de las manos unidas, de repente empieza a orar algo en tailandés y a bendecirnos, y luego nos regala un amuleto a cada uno. ¡Nos quedamos alucinados! Son éstas cosas las que marcan los viajes y te hacen crecer… 🙂

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Tras un montón de agradecimientos y una propina de 20 baths nos vamos de vuelta al tuk-tuk que nos lleva al punto de salida de las minivan hacia Bangkok. Le pagamos los 750 baths acordados más 10 de propina.

Cuando llegamos a la mini-van, empieza a chispear y una vez en la furgo, mientras esperamos a la hora de la salida, empieza un diluvio que no tiene pinta de parar… ¡qué cantidad de agua cae en este país cuando llueve!

A las 14.10h y con la furgo a tope, salimos hacia Bangkok. Éste conductor va más rapidillo y no hace paradas por lo que en una hora estamos en el punto de partida junto al Monumento a la Victoria. Pagamos los 80 baths pp de la vuelta y vamos a buscar dónde comer.

Vemos que allí al lado está el Centro Comercial One Centre y como empieza a chispear aquí también y tiene pinta de venir tormenta, no nos lo pensamos mucho… en la planta superior hay varios restaurantes, nos decantamos por uno italiano. Pedimos una pizza, un bistec con guarnición y dos refrescos por 430 baths. ¡Comemos de vicio, mientras vemos cómo cae la del pulpo!

Tras la comida, bajamos al hall y tras ponernos las chaquetas y proteger la mochila dónde llevo la cámara y los objetivos, salimos a la calle a buscar un taxi. El primero que para se hace el tonto cuando le pido el taxímetro, como si no me entendiera… tras repetírselo 3 veces señalando al aparato y todo, desisto. Cierro la puerta y llamo al siguiente. Éste al vernos empapados por completo, enciende el taxímetro sin pedírselo y nos dice que subamos. Nos lleva al hotel por 90 baths pero le pagamos 100 por habernos parado y haber sido amable con nosotros…

Aprovechamos para descansar un poco mientras cae agua como para parar un tren y cuando amaina un poco, salimos a comprarnos un chubasquero en una tienda cercana que vimos ayer (40 baths c/u) por lo que pueda pasar… Pasamos también por el 7/11 a comprar agua y desayuno para mañana, y algunas cosillas para picar.

Dejamos las cosas en el hotel y viendo que ha parado de llover, salimos a dar un paseo. Llegamos hasta Rambuttri Rd dónde decidimos hacer un reto que teníamos para este viaje: comprar unos grillos a la parrilla y probarlos. Por 20 baths y con mucha pimienta, el hombre nos sirve unos pocos. Preparamos la cámara e inmortalizamos el momento. No están malos pero tampoco matan, así que con uno para hacer vídeo nos basta 😀

Tras la coña, decidimos cenar en el restaurante que hay frente al hotel dónde ayer comimos de vicio. Nos tomamos unos rollitos, un arroz frito, un pad thai, un refresco y una cerveza Chang por 360 baths. Cenamos entre risas viendo la reacción de los nuestros comentando el vídeo del grillo por el Whatssap 😀

Volvemos al hotel y decidimos aprovechar al máximo la bañera hidromasaje de la habitación, nos damos un buen baño relajante… hacemos las mochilas que mañana cambiamos de zona y a dormir que el día ha sido agotador…

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Actualización 2017: las minivans ya no salen desde Victory Monument, sino desde 3 nuevas localizaciones, según el destino: Morchit 2 para ir al Norte, Noreste y centro del país; Sai Tai Mai (Southern Bus Terminal) para ir al Sur y el Oeste; y Ekkamai para ir hacia el Este. Más información.

nuevo destino a la vuelta de la esquina…

Después de unos meses de trabajo intenso llega un merecido descanso y una escapadita de amigas para cargar las pilas… y es que en pocos días vuelvo a hacer la maleta, cojo el pasaporte y pongo rumbo a…

¡¡LONDON!!

Será mi tercer viaje a la capital del Reino Unido, aunque esta vez será diferente porque es un viaje con tres locuelas, tres grandes amigas y seguro que me esperan risas y buen rollo non limit & non stop!

Los preparativos han sido fáciles… lo primero de todo conseguir el transporte que nos lleve a la city. Conseguimos cuadrar horarios con Vueling para salir en viernes y volver en lunes tarde. Tres de nosotras volamos desde Barcelona y la cuarta, irá en tren pasando por el Eurotúnel desde París.

Lo siguiente, reservar alojamiento. Nos decantamos por un apartamento vía Airbnb ya que era la opción más económica para 4 personas. Está ubicado a pocos pasos de King’s Cross Station así que en pocos minutos nos plantaremos en cualquier punto de la ciudad con transporte público. Guardo un par de tarjetas Oyster, así que mucho más cómodo para pagar metro y buses…

Compramos los billetes del Gatwick Express online ahorrando un pellizquito. Esta es la opción más rápida para llegar del aeropuerto de Gatwick al centro…

No llevamos un planning concreto ni cerrado, tenemos en mente los imprescindibles que queremos visitar esta vez: Camden y Portobello Market, una exposición temporal de la vida de Amy Winehouse que hay en el Museo Judío, zamparnos una hamburguesa del Shake Shack para rememorar las que nos comimos en New York hace un par de años, disfrutar del ambiente de Covent Garden, de las luces de Picadilly Center, de las vistas del Big Ben y de The Houses of the Parliament, de la gran cúpula de St Paul, del Bridge, del Tube y su “Mind the gap”, de las ardillas de Hyde Park y un largo etcétera, pero sobretodo disfrutar de la compañía y de las risas.

A la vuelta más detalles, ¿nos acompañas a seguir creciendo?

02/10/16: conocemos los grandes templos y Palacios de Bangkok

Día 2: recorremos el Palacio Real, el Wat Pho, el templo del amanecer y tras un diluvio, acabamos la tarde en Kao Shan Road

A la 1h nos despertamos muertos de hambre, suerte que una ya lo sabe de otras veces y compramos provisiones 🙂 Tras picotear un poco, conseguimos dormir del tirón hasta las 7,45h que suena el despertador. Tomamos el desayuno que compramos anoche, nos arreglamos y embadurnamos con repelente de mosquitos y protector solar, y salimos hacia el Palacio Real. Tardamos unos 15-20 minutos en llegar a pie , ¡menuda chicharrina hace ya en la calle!

Pagamos los 500 THB pp de la entrada. No se permite llevar ropa ajustada, ni enseñar los hombros ni las piernas, por lo que al entrar a mi marido le hacen ponerse un pantalón largo encima de sus bermudas.

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Hay órdagas de asiáticos visitando el Palacio dando empujones con todo el mundo. ¡Horrible y eso que llegamos antes de las 10h! Entre el gentío y el calor no se puede estar aquí, visitamos solo una parte del enorme recinto…

Con muchas dificultades por la cantidad de gente que hay, avistamos el Buda de Esmeralda que se encuentra en el interior del Wat Kaew, tallado en un único bloque de jade. La figura es pequeña, no te puedes acercar apenas y hay cientos de personas intentando avistar la estatua así que es difícil verla. Tras una visita rápida, devolvemos el pantalón que nos han prestado y salimos del Palacio con bastante agobio.

Recorremos a pie los 10 minutos que separan el palacio real del Wat Pho. Pagamos 100 baths pp (incluye botella de agua gratis con  la entrada).

Construido en el siglo XVI, es considerado la primera universidad de Tailandia en la cuál se enseñaba medicina y masajes tradicionales. La estrella del templo es el Buda Reclinado de 46 m de largo y 14 de alto.

Este templo está menos concurrido y me parece alucinante el gran buda recostado. Para entrar al recinto del Buda, hay que descalzarse y no permiten camisetas de tirantes ni pantalones por encima de la rodilla.

Aunque están restaurando los pies del gran Buda podemos visitar la estatua sin demasiados problemas. Este templo también está menos concurrido, lo cual agradecemos.

Compramos unas monedas por 20 baths y las echamos a los 100 cuencos de metal que hay a espaldas del buda y que traen buena suerte. Lo difícil es acordarte en qué cuenco has echado y en cuál no 😛

Solo por esta visita ya ha merecido la pena el día de hoy, nos ha encantado. Recorremos el resto del templo conformado por varios edificios y estatuas.

Tras recorrerlo y hacer parada en boxes (WC gratuitos), salimos de nuevo a la calle. Paseamos entre puestos de souvenirs y comidas hasta llegar al embarcadero número 8, dónde por 3 baths cada uno, cogemos el ferry que cruza a la otra orilla del río Chao Phraya.

Es alucinante el tráfico que tiene el río entre lanchas, ferrys y embarcaciones privadas… desde una orilla se avista el templo del Amanecer y desde la otra el Palacio Real, bonitas vistas se mire desde dónde se mire 🙂

Junto al muelle, se encuentra el templo Wat Arun o del Amanecer, que para decepción nuestra vemos que la gran prang central está rodeada de andamios, aún así pagamos los 50 baths por persona de la entrada y lo vemos de más cerca.

Cuenta la leyenda que en el actual emplazamiento del templo hubo en tiempos del Reino de Ayutthaya un antiguo templo budista llamado Wat Makok, del que se sabe que ya debía existir antes de 1656. Por entonces, aquella orilla del río Chao Phraya pertenecía a la ciudad independiente de Thonburi, que no formó parte de Bangkok hasta 1972. Tras la caída y destrucción de Ayutthaya (1767) a manos de los birmanos, el general Taksin -más tarde Rey Taksin- decidió  mover la capital a Thonburi. Se dice que vio por primera vez Wat Makok al amanecer y que, desde entonces, el templo empezó a ser referido como Wat Chaeng (Templo del Amanecer). Fue el templo real y albergó el famoso Buda de Esmeralda por un breve tiempo, pero el sucesor de Taksin, el Rey Rama I, trasladó la capital a la otra orilla del río, donde se mantiene hoy en día. Fue el Rey Rama II quien bautizó el templo como Wat Arun Rachatharam en honor al dios hinduista Aruná, que personifica el amanecer. Y no sería hasta la llegada de su heredero, Rama III (1824–1851), cuando se completaría la construcción de la gran torre de 79m que hoy caracteriza al templo, así como de las cuatro más pequeñas que la rodean. También durante su reinado recibiría al fin su nombre definitivo: Wat Arun Ratchavararam.

El lugar es bonito, y estoy segura que con la torre destapada aún lo debe ser más reflejando los rayos del sol sobre sus paredes brillantes, y que las vistas desde allá arriba seguro son geniales.

Tras una corta visita, volvemos al embarcadero y por 3 baths cada uno, cruzamos de nuevo al otro lado.

Son algo más de las 12h y estamos sudando como pollos, así que decidimos volver al hotel a refrescarnos un poco, se nos está haciendo cuesta arriba la mañana entre el calor y jet lag. Vemos que hay una línea de barco que hace de bus acuático y que por 14 baths pp nos deja a menos de 5 minutos del hotel, así que no nos lo pensamos dos veces y allá vamos.

Decidimos ir a comer cerca del hotel y luego ir a descansar un rato… además se está nublando por momentos y anuncian lluvias para la tarde, así que tras una parada en un 7/11 a por más provisiones, nos decidimos por probar la comida local 🙂 Justo frente al hotel, vemos un lugar con buena pinta, allí tomamos unos rollos vegetales y unos pad thai deliciosos, acompañados por unos refrescos y unos cafés (440 baths todo).

Estamos comiendo cuando empieza a tronar de lo lindo y seguidamente empieza un diluvio tremendo. Los del restaurante nos cambian a una mesa más interior y lo cierran todo para que no entre agua. Tela la que cae, creo que no había visto llover de esta manera nunca…

Viendo que llevamos más de 1h aquí y que no parece que vaya a parar en breve, decidimos echar una carrera hasta el hotel… en apenas 20 metros ¡nos empapamos de agua de arriba a abajo! Suerte que el personal del hotel espera a los que llegamos con unas toallas en la puerta, nos secamos un poco y subimos a la habitación.

Tras una ducha, nos echamos un rato y a media tarde, ya sin lluvia, volvemos a dar una vuelta por Kao Shan Road y Rambuttri Road, dónde cenamos. Para la cena encontramos un lugar hasta los topes de gente y con buen precio, el Green House, así que entramos y pedimos unos nachos, una pizza y un pollo empanado con un refresco y una cerveza por 810 baths. Comemos hasta los topes y cuál es nuestra sorpresa cuando nos traen una ¡San Miguel! 😀

De camino al hotel, hacemos la parada de rigor en el 7/11 para comprar provisiones para la noche y el desayuno de mañana (230 baths) y vamos a descansar, con el calor y la humedad de hoy estamos agotados.

Tras un baño relajante de casi 1h, miramos por internet truquillos para la visita de mañana y sobre las 23h nos vamos a dormir, mañana nos espera Ayutthaya 🙂

30/09 y 01/10/16: con unas ganas enormes ponemos rumbo a… ¡Tailandia!

Día 0: embarcamos…

Tras unos meses de preparativos por fin ha llegado el gran día. Nos quedan por delante muchas horas de viaje para llegar a nuestro destino pero ya casi podemos tocarlo con los dedos… Como os explicaba en el post de los preparativos, este viaje tiene una novedad para nosotros y es que viajamos por primera vez con mochila. Como os comentaba compramos un par de mochilas, de 44L y 40L con medidas que nos permitan usarlas como equipaje de mano. Pero os quiero hablar de una de ellas en concreto y es que es poco conocida entre los viajeros pero para mi es un puntazo: la Tortuga; una mochila creada por viajeros, para viajeros. La compramos online, pedimos solo una para probarla y fue todo un éxito, es muy cómoda de llevar aunque vaya hasta los topes, caben muchísimas cosas, puedes sujetarlas y lo mejor es que no se abre por arriba si no por el lado como una maleta, lleva un chubasquero que la cubre al 100% y queda bien ajustado y, cuenta con un montón de bolsillos que van bien para guardar documentos. Sin duda, para el próximo viaje pedimos la otra. Os dejo enlace a su web por si queréis echarle un vistazo.

Y ahora si, como iba diciendo… ¡llegó el gran día!
Nos levantamos a las 7h. Tras desayunar y ultimar las mochilas, salimos en taxi hacia el aeropuerto del Prat (33€). Como no tenemos que facturar ya que las  mochilas cumplen con el tamaño de equipaje de mano, vamos directos al control de seguridad que pasamos sin problemas, esta vez es a mi marido al que le hacen el control de drogas (en el último año cada vez que he pasado el control me lo han hecho a mi…), pasando sin problemas 😀 Una vez dentro, vamos a tomar un café mientras esperamos la hora que falta para el embarque a París, que se nos pasa volando pensando en el fabuloso destino que nos espera y lo muy necesitados de vacaciones que estamos a estas alturas del año…

A las 9,45h abren la puerta de embarque y con puntualidad francesa salimos según lo previsto a las 10,15h. De nuevo volamos con Air France. Comentar que para los últimos vuelos estamos llevando la tarjeta de embarque en el móvil y es mucho más cómodo, te olvidas de los papeles, así que lo recomiendo sin duda.

A bordo nos sirven un tentempié, un zumo y una galleta bien rica. Y antes de darnos cuenta, llegamos al aeropuerto de Charles de Gaulle a las 12,10h.

Vamos hacia la zona de conexión en la misma terminal (2F), y tras pasar el control de pasaportes para salir del espacio Schengen, nos dirigimos a la puerta 32L. De nuevo tenemos 1h de espera hasta el próximo embarque que se nos pasa volando hablando con los nuestros vía whatsapp gracias al wifi gratis del aeropuerto y comiendo unas chuches que he comprado (2€) mientras vemos cómo preparan nuestro avión. Esta vez no nos preocupamos por si cargan o no nuestro equipaje porque lo tenemos con nosotros.

A las 13,45h comienza el embarque hacia Bangkok. Decir que pagamos un pequeño extra para poder tener asientos de 2 en lugar de 3 y con algo más de espacio para las piernas. El asiento parece cómodo y el hecho de estar los dos solos le da un punto de confort.

Al poco tiempo de vuelo nos sirven una buena comida y luego intentamos dormir un poco, ya que llegaremos a destino a las 6,30h y hasta las 14h no podremos hacer el check-in en el hotel. Pero cogemos bastantes zonas de turbulencias lo que nos dificulta el sueño…

Día 1: tras muchas horas de viaje… ¡llegamos a Bangkok!

Aunque para nosotros aún son las 24h, en Bangkok ya son las 5h y tan sólo falta 1h y media para llegar, ¡por fin! Nos sirven un desayuno de lo más completo y pacientemente esperamos a llegar. Yo he podido dormir unas 4h pero mi marido nada, ni con “ayudita”… pobre tiene cara de estar ko.

Conforme vamos perdiendo altura, podemos disfrutar de las vistas que ofrece el lugar… campos de arroz por doquier cubiertos por un sol que empieza a despuntar 🙂

Son las 6,30 hora local cuando aterrizamos en el aeropuerto internacional de Suvarmabhumi en Bangkok.

Tardamos casi 1h 30 desde que aterrizamos hasta que salimos a la zona común del aeropuerto tras pasar el control de inmigración. Sacamos dinero de un cajero y también cambiamos unos dólares que teníamos en casa de nuestro viaje a New York. El cambio hoy está a 1€=36,42 THB. Luego compramos una tarjeta local para 15 días de internet ilimitado y 100 baths en llamadas por 599THB.

Y ahora si, nos vamos a buscar un taxi para ir al hotel. Hay una fila única para coger los taxis oficiales de la ciudad, coges tiquet y te indican a cuál debes subir. Aquí ya íbamos en pre aviso que a pesar de ser taxis oficiales algunos te preguntan si quieres pactar precio, nosotros preferimos que ponga el taxímetro por recomendación de otros blogueros. Durante el trayecto vamos viendo altos edificios rodeados de casas más bajas y un tráfico tremendo para entrar a Bangkok, con la peculiar forma de conducir en plan banzai del sudeste asiático 😀 Tardamos unos 35 minutos en llegar y la carrera nos cuesta 402 baths (peaje de la autopista incluido).

el interior del taxi con su altar y sus amuletos

Para nuestra primera estancia en Bangkok escogimos el hotel Chillax Resort ubicado en la zona antigua de la ciudad y a pocos minutos a pie de la famosa Kao Shan Road. En el hotel nos dicen que hasta las 14h no podemos hacer el check-in, afortunadamente nos guardan las mochilas. Decidimos ir a visitar un par de templos cercanos al hotel mientras hacemos tiempo.

Como primera curiosidad, el nombre completo de la ciudad de Bangkok es: Krung Thep Mahankhon Amon Rattanokosin Mahinthara Ayuthaya Mahadilok Phop Noppharat Ratchathani Burirom Udomratchaniwet Mahasthan Amon Piman Awatan Sathit Sakkathattiya Witsanukam Prasit. ¡Toma ya! 🙂

Una vez en la calle nos damos cuenta de que estamos en el ¡Sudeste asiático de nuevo y se nota! Casas cochambrosas, tiendas y puestos de comida por doquier, calles y aceras atrotinadas, tráfico caótico, olores y un bochorno increíble… y con todo, nosotros estamos felices de estar aquí 😀

Tras unos 5 minutos, llegamos al Pom Phra Sumen. Construido en 1783 como fuerte marítimo para defenderse de posibles invasiones navales y nombrado para el mítico Mt Meru (Phra Sumen en tailandés) de la cosmología hindú-budista, el bunker octogonal fue una de las 14 torres de vigilancia de la ciudad que puntuaron la antigua muralla junto a Khlong Rop Krung, siendo el único que se mantiene en pie todavía.

Tan solo se puede ver por fuera, pero aún así merece la pena. Tiene un pequeño templo cerca y un bonito parque alrededor con banquitos dónde nos sentamos unos minutos a tomar la fresca brisa que corre aquí junto al río Chao Phraya, pero ¡uff nos dormimos!

De allí vamos caminando hasta el Wat Bowonniwet Vihara Rajavaravihara conocido coloquialmente denominado Wat Bowon. Se trata de un gran templo budista y sede nacional de la tradición Dhammayuttika Nikaya, con una gran estupa dorada  que alberga en su interior una imagen de Buda creada alrededor de 1357.

Lo vemos un poco de pasada porqué están celebrando oraciones y no queremos molestar a los feligreses del templo.

Habíamos pensado acercarnos hasta Kao Shan Road, pero hace un calor terrible y estamos agotados, así que aunque solo son las 11h, decidimos ir hacia el hotel y aunque no nos den aún la habitación al menos allí estaremos frescos.

Nos tomamos un par de batidos bien fresquitos en el bar del hotel por 220THB, que nos saben a gloria con el calor que traemos.

Veo que la gente que va llegando a la recepción ya les dan la habitación, así que nos acercamos a recepción y tenemos suerte ¡porque ya la tenemos! Nos acompaña un botones a nuestra habitación, le damos una propinilla sin saber demasiado si es lo correcto o no… la habitación es enorme, la cama también y tiene un jacuzzi con una pinta tremenda para darnos un baño esta noche cuando el jet lag esté haciendo todavía más estragos 😛

Una vez acomodados y sin dudarlo, nos damos una ducha rápida y a ¡dormir! Aunque ponemos una alarma a las 14h, tenemos más sueño que hambre, así que seguimos durmiendo un par de horas más. Cuando nos levantamos, ya mucho más descansados, nos ponemos el bañador y vamos a disfrutar de la súper piscina que hay en el ático.

A las 17,30h y ya con el sol cayendo decidimos ir a dar una vuelta a Kao Shan Road e ir a comer algo que ahora si que aprieta el hambre. Así que nos cambiamos y tras unos 5 minutos a pie llegamos a la mítica calle de los mochileros, repleta de tiendas de souvenirs y puestos de comida.

Fichamos los puestos dónde venden bichos a la parrilla para mañana probar alguno pero para hoy nos decantamos por cumplir con nuestra tradición viajera de “McDonnalds por el mundo” (esa tradición en la que probamos los menús Big Mac de allá dónde vamos para ver si es verdad lo que dicen en la compañía que los menús son iguales sea cuál sea el país dónde los comas). Cogemos dos menús grandes por 290THB.

Tras la cena acabamos de recorrer la calle, alucinando con el ambiente que hay y volvemos hacia el hotel, la bañera de hidromasaje ¡¡nos espera!! De camino al hotel paramos en un 7/11 antes a comprar provisiones para la noche por si nos entra hambre y para desayunar mañana.

Tras un baño relajante en el maravilloso jacuzzi, y hablar un poco con la familia para explicarles las primeras impresiones de la ciudad, nos vamos a dormir antes de las 22h, estamos ¡ko!

22/01/17: nos perdemos entre las calles de Budapest antes de volver a casa…

Día 4: visitamos la Gran Sinagoga, el monumento de los Zapatos, la estatua de Colombo y callejeamos por Pest antes de volver a casa por la noche

Hoy nos levantamos sobre las 9h. Cerramos las maletas que nos guardan en el hostal hasta la tarde, y bien abrigados salimos hacia la Gran Sinagoga. Desayunamos en un Donuts Library que hay al lado dónde tienen unos donuts deliciosos (1500Ft) y a las 11h vamos hacia el templo.

Pagamos las entradas (4000Ft c/u) y entramos. A las 11.30h hay un tour en español y mientras hacemos tiempo a que se forme el grupo y venga el guía alucinamos con el interior del templo. Habíamos entrado en alguna sinagoga en nuestro viaje a Praga de 2015, pero ésta es realmente bonita… aunque debo decir que curiosamente guarda un cierto parecido con un templo cristiano.

A la hora especificada llega un guía que habla español y reúne al grupo que hemos formado. Nos explica la historia de la sinagoga y el simbolismo de ésta. Todo lo que nos cuenta es realmente interesante y lo recomiendo sin duda. Construida entre 1854 y 1859 siguiendo el diseño del arquitecto vienés Ludwig Forster, se trata de la segunda más grande del mundo, sólo superada por la de Jerusalén. Mide 53 metros de largo, 26 de ancho y cuenta con un aforo para 2.964 personas, mitad para los hombres y mitad para las mujeres, siendo de las pocas que albergan el mismo espacio para ambos sexos.


Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis hicieron de los alrededores de la sinagoga un ghetto judío que posteriormente se convirtió en un campo de concentración. Desde este lugar muchos judíos fueron enviados a los campos de exterminio. De los judíos que sobrevivieron, fueron más de 2.000 los que murieron de hambre y frío. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de la Gran Sinagoga. Visitamos el cementerio y llama la atención que la mayoría de las tumbas comparten año de fallecimiento 1945, sin especificar fecha. El guía nos explica que algunas familias compraron la lápida aquí como homenaje a sus familiares fallecidos en el genocidio, pero no hay cuerpo.

La mayoría yacen en una fosa común bajo el monumento Árbol de la Vida, en el patio trasero de la Sinagoga, una escultura similar a un sauce llorón en el que cada hoja lleva escrita el nombre de un judío asesinado durante el Holocausto. Esta escultura fue construida en 1991 en memoria a todas las víctimas judías del nazismo.

Nos da un tiempo libre para recorrer el patio trasero del templo, en el que se encuentran algunos edificios más.

Tras una hora cargada de explicaciones sobre su historia y su cultura, salimos de nuevo a las frías calles de Budapest. Decidimos caminar por la ciudad y verla desde otra perspectiva… caminando y disfrutando de sus rincones. Recorremos calles conocidas como Vacy Utcá y otras callejuelas menos conocidas pero que guardan bonitos rincones.

Llegamos hasta el Puente de las Cadenas donde admiramos las vistas que ofrece el puente sobre el río lleno de bloques de hielo y la colina de Buda, con sus majestuosos monumentos en la parte más alta de la ciudad.

Seguimos caminando por la orilla del Danubio, aquí hace solecito y se está genial… llegamos al Monumento a los Zapatos e impresiona de verdad. Ver las gélidas aguas del Danubio y lo que representa el memorial… para aquellos que desconozcáis la historia, la forma más habitual de matar a los judíos de la ciudad que tenían los nazis era atar a unos 40 en fila frente al río helado. Les quitaban los zapatos y la ropa que pudieran aprovechar o vender, y pegaban un tiro a las dos personas de los extremos de modo que todos ellos caían a las congeladas aguas del río y con tan solo dos balas, mataban a 40 judíos. Creo que hay que ser salvaje para echar a la gente atada al río helado… no se puede decir de otra forma, bueno si, pero tendría que usar muchos tacos ¬¬’

Tenemos el Parlamento al lado, bajamos a un muelle sobre el río para echar unas panorámicas. De verdad que impresionan esos grandes bloques de hielo sobre el Danubio.

Decidimos entrar al centro de visitantes del Parlamento para hacer parada en boxes y entrar un poco en calor. De aquí, seguimos caminando y callejeando hasta llegar a la Avenida Iszent Istvan dónde nos encontramos con una estatua en bronce de Colombo y su perro, el protagonista de la serie con el mismo nombre de los 80. Nos hace mucha gracia porque desconocíamos que estuviera la estatua en la ciudad y lo descubrimos anoche por casualidad mirando cosillas por internet 🙂

Son las 14,30h y empezamos a tener hambre, así que entramos en un restaurante en la misma avenida y tomamos un pollo empanado con patatas y una crêpe por 2400Ft los dos.

Con energías renovadas y poco de calor en el cuerpo, decidimos seguir con la caminata… así que vamos callejeando, disfrutando de los curiosos edificios que conforman la ciudad hasta llegar a la Plaza de la Libertad. Aquí nos llama la atención ver un edificio rodeado por una verja y mucha policía, ¿adivináis de qué se trata? Pues no es más que la embajada de EEUU ¬¬’

Seguimos con el callejeo hasta llegar a la basílica de San Esteban dónde tomamos unas fotos del imponente edificio.

Todavía es pronto pero empieza a hacer mucho frío para estar más tiempo en la calle, así que decidimos entrar a un Starbucks que hay en la misma plaza y tomarnos un café tranquilamente mientras aprovechamos el wifi del local para hablar un rato con los nuestros. Cuando se hacen las 16,15h decidimos ir al hostal a recoger el equipaje e ir tirando hacia el aeropuerto. De nuevo, caminamos unos 15 minutos hasta el Maverick Hostel dónde nos guardan las maletas. Las recogemos, nos despedimos y ahora si, cogemos el metro en Ferenciek Tere hasta Kobanya-Kispest, dónde hacemos transbordo al bus 200E que nos lleva hasta la terminal 2 del aeropuerto. Pasamos los controles de seguridad sin problemas y decidimos comprar algunos vinos/licores típicos de la zona en el Dutty Free.

Subimos a la planta superior a tomarnos algo y hacer tiempo hasta que a las 19,45h sale anunciada nuestra puerta de embarque y vamos hacia allá.

Como nos temíamos, la zona de embarque de las compañías low cost están en una especie de nave, para llegar a ella tienes que caminar unos minutos al aire libre y si tienes suerte, puedes esperar dentro de la nave, si llegas más justo de tiempo, te tocará esperar en la calle. Aún así, hace bastante frío en el local… Cuando el avión aterriza, te pasan de nuevo a la calle a esperar a que la gente baje y poder subir a él… así que si viajáis en invierno, recordad no quitaros la ropa térmica, jerséis, guantes y todo lo que llevéis encima hasta llegar al avión, menudo frío hace a éstas horas, exactamente ¡¡¡-10ºC!!!

la foto se ve fatal pero para que os podáis hacer una idea de la situación…

Es la primera vez que viajamos en la fila 1 (por sorteo de Ryanair) así que tenemos la suerte de ver todos los procedimientos que lleva a cabo durante el despegue, vuelo y aterrizaje el personal de cabina. Realmente asombra ver la cantidad de tareas tan dispares que realizan… la pega es que hasta que cierran la puerta del avión hace bastante frío (recordad los -10º) y a pesar de que tienes más espacio para las piernas, da una cierta sensación de inseguridad no tener nada delante…
El vuelo ha salido con media hora larga de retraso, así que la hora prevista de llegada a Barcelona son las 23h pasadas. Decidimos pedirnos un menú (bocata, chips y agua) por 10€ cada uno y así llegar cenados a casa.

Las 2h 40 de vuelo transcurren sin problemas y nada más aterrizar en Barcelona cogemos las maletas para salir los primeros, aprovechando al máximo la fila 1 🙂

La temperatura aquí es de 9º y aunque pueda parecer frío, para nosotros ¡¡¡hace calor!!! ¡tenemos 20ºC de diferencia respecto a lo que hacía en Budapest justo al embarcar!

Cogemos un taxi que nos lleva hasta casa y así ponemos fin a una escapada que nos ha gustado muchísimo y que la hemos disfrutado al máximo. A pesar del frío (llegando hasta los -12ºC) no lo hemos pasado tan mal como creíamos y hemos podido disfrutar de la ciudad, nos ha encantado y sin duda Budapest pasa a buen puesto entre las ciudades europeas visitadas. Totalmente recomendable 😉

21/01/17: recorremos la colina de Buda y disfrutamos de las vistas panorámicas sobre Pest.

Día 3: conocemos la colina de Buda: su castillo, su bunker-hospital y sus grandes monumentos

Hoy dormimos casi hasta las 10h, necesitamos recuperar un poco las pilas que ¡estamos de vacaciones! Nos levantamos y tras arreglarnos y colocarnos 3 millones de capas de ropa, salimos hacia Dear Ferenk Ter. Allí entramos a un Starbucks a desayunar, casi otra tradición viajera…

Ya con el estómago lleno, caminamos unos metros hasta la basílica de San Esteban. Realmente estar frente a este mastodonte impresiona… ¡cómo les gustan las cosas grandes a los húngaros! 🙂

Pagamos 100Ft de “donativo” obligado y entramos. Si por fuera la basílica impone, por dentro me parece mucho más impresionante con esas enormes naves y los techos altísimos.

La Szent István-bazilika, hace honor al primer rey de Hungría: Esteban I (975–1038), la estatua del cuál corona el altar principal de la basílica. Las dimensiones de la basílica hablan por sí solas: su base mide 55 metros de ancho por 87 de largo y la altura de la cúpula central son 96m, convirtiéndose en el punto más alto de Budapest junto al edificio del Parlamento, cuya cúpula también mide 96m de alto. La construcción de la Basílica de San Esteban finalizó en 1905 después de más medio siglo de obras.

En una pequeña capilla dentro de la basílica se encuentra el brazo derecho del rey-san Esteban I, la reliquia más sagrada del país. También hay varias imágenes del momento en que lo encontraron intacto entre sus restos e imágenes de las procesiones que hacen por la ciudad con él durante las festividades de San Esteban…

Tras recorrerla, decidimos subir a la cúpula para disfrutar de las vistas de la ciudad desde allá arriba. Pagamos 400Ft cada uno y tomamos un par de ascensores que te llevan a arriba, evitando los 364 escalones por una escalera de caracol que también te lleva hasta lo más alto -pagando igualmente-. A pesar de que hay algo de niebla, las vistas sobre Pest y Buda son geniales.

A las 12h y entre campanadas, salimos de nuevo al frío de la calle… ¡hoy -4ºC! Damos un paseo hasta el Puente de las Cadenas que lo recorremos hasta la otra orilla. Me alucina un montón ver esos enormes bloques de hielo flotando y crujiendo sobre la superficie del Danubio. Las orillas directamente están heladas.

Hay manifestantes a lo largo del puente que forman una fila india a lo largo de todo un lateral, como todo está en húngaro pues no conseguimos enterarnos cuál es el motivo de reunión… hay muchísima gente pero llama la atención lo silenciosos que son, se manifiestan a través de mensajes en pancartas y camisetas, pero de una forma muy ordenada y pacífica. Así deberían ser todas las manifestaciones, creo yo…

Oficialmente es conocido como Puente Széchenyi en honor a su creador, el conde István Széchenyi. Hasta la construcción del puente, el Danubio sólo se podía cruzar en barco o, durante los inviernos fríos, caminando sobre sus aguas congeladas. La dificultad de cruzar el Danubio entre estaciones fue el principal motivo de su construcción, inaugurado el 20 de noviembre de 1849 después de 20 años de obras. El actual puente es la reconstrucción de aquél ya que durante la Segunda Guerra Mundial los alemanes volaron todos los puentes de la ciudad, el actual se inauguró en 1949.

Cuando llegamos a la otra orilla del Danubio, a los pies de la colina de Buda, nos encontramos con una cola tremenda para el funicular. A estas horas o no hace tanto frío o nos hemos acostumbrado a él, así que decidimos subir hasta el castillo a pie y aprovechar para admirar las vistas sobre la ciudad que ofrece este paseo. Eso si, con mucho cuidado porque el camino está helado y es fácil patinar a pesar de llevar calzado para nieve… En la plaza del funicular también se encuentra el punto kilométrico 0 de Hungría 🙂

El camino no es difícil, hay algunos atajos que permiten acortarlo un poco. Lo malo es la cantidad de hielo que hay en el suelo con el que tenemos cierto miedo a pegar un resbalón… pero las vistas sobre el río y Pest compensan, y la estampa del camino todo nevado también es bonita de ver 🙂

Al llegar a lo alto de Buda, rodeamos el Castillo con cuidado porqué aquí aún hay más hielo que en Pest. Como todo en Budapest, ¡su Castillo también es enorme!

El castillo también es conocido como Palacio Real, ya que antiguamente fue la residencia de los reyes de Hungría. Actualmente, el Castillo de Buda alberga la Biblioteca Széchenyi, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia de Budapest. No nos llaman demasiado los museos, así que decidimos recorrer el recinto sin entrar.

restos arqueológicos

Vemos un puesto de vino caliente y nos hace gracia probar una bebida típica de la zona, así que compramos un vaso para compartir (609Ft) que nos hace entrar en calor en menos que canta un gallo 😛 A pesar de que está bueno, se nos hace raro eso de beberlo caliente…

Caminamos hasta la iglesia de San Matias, que si por fuera nos maravilla por dentro nos deja directamente sin palabras (entrada 1500Ft c/u). Es la iglesia más curiosa y colorida a la que he entrado nunca… Visita totalmente recomendable a pesar del precio.

Se trata de la iglesia católica más famosa de Budapest, su nombre oficial es Iglesia de Nuestra Señora. Construida entre los siglos XIII y XV, sufrió una importante reforma a finales del siglo XIX. Actualmente su estilo predominante es el neogótico.
En la iglesia se encuentran las tumbas de Béla III y su esposa Ana de Antiochia. También ha sido la sede de bodas y coronaciones reales, una de las más importantes fue la de Carlos IV, el último rey de la dinastía de los Habsburgo en 1916.
Gracias a su acústica, en la Iglesia Matías se celebran habitualmente conciertos de órgano y de música clásica.

Son casi las 14h cuando damos por acabada la visita a la iglesia. Junto a la iglesia se encuentra otro de los grandes monumentos de Budapest, el Bastión de los Pescadores.

Pero decidimos ir primero a comer a un restaurante por el que pasamos antes en el que hacen menú por 1700 florines. No comemos nada mal, de nuevo cocina local y hasta los topes, coronado por un postre la mar de rico 😛

Tras la comida, vamos a un lugar que nos llamó mucho la atención cuando lo vimos por internet y que -deformación profesional-, no nos podíamos perder su visita. Callejeamos un poco y bajamos unas escaleras para llegar al Hospital in the Rock, un hospital construido en un bunker nuclear antes de la II Guerra Mundial.

Pagamos la entrada (4000Ft c/u) con tour en inglés de 60 minutos y tras unos pocos minutos de espera que pasamos curioseando las cosas que tienen en la entrada y aprovechando el wifi gratis, entramos al bunker. La guía nos explica la historia del lugar y nos muestran una buena parte de sus salas y túneles. La fortaleza mide 220 metros de largo, 60 de ancho y sus muros miden 4 metros de altura. Al acabar la Gran Guerra los húngaros quisieron destruirla, pero en 1960 se declaró lugar de interés turístico. Alberga cantidad de material sanitario original lo cuál me tiene embelesada, ¡me encanta ver material antiguo! Deformación profesional o no, el lugar nos encanta y recomendamos su visita al 100% Aunque no permiten hacer fotos, al terminar propone hacer una de grupo que puedes descargar de su web.

Salimos de nuevo a la calle que empieza a oscurecer, así que nos dirigimos al Bastión de los Pescadores a disfrutar de las vistas sobre Pest mientras iluminan los monumentos de la ciudad.

Mientras anochece y admiramos las vistas fabulosas que hay desde aquí, recorremos el Bastión, un mirador situado en la colina de Buda. Su construcción finalizó en 1902, tras casi dos décadas de obras. Sus siete torres conmemoran a las siete tribus fundadoras Hungría.

Las vistas sobre Pest, con su imponente basílica, Parlamento y puentes cruzando el Danubio son fantásticas… Si de día los monumentos imponen, de noche quitan el aliento.

A la que oscurece del todo decidimos volver a Pest ya que hace mucho frío (-8ºC para ser exactos). Cogemos el bus 16 frente a la iglesia de San Matias y bajamos justo antes de cruzar el Puente de las Cadenas para poder disfrutarlo iluminado en la noche, así como de las vistas del Parlamento, es nuestra última noche en la ciudad y no queríamos perdernos esta estampa 🙂

Castillo de Buda

Ya en la orilla de Pest, una última captura del Puente más bonito de la ciudad con la colina de Buda iluminada a sus espaldas.

Cogemos el tranvía 2 que tiene la parada junto a la orilla del río y que nos lleva al Puente de Elisabeth, a escasos metros de nuestro hostal. Vamos un rato a la habitación a entrar en calor y hacer las maletas ya que mañana toca volver a casa…

Hace mucho frío a estas horas, ¡¡¡-9ªC!!!, así que decidimos no complicarnos para cenar. Nos ponemos las tres mil capas de ropa y vamos al pub Bonnie, el bar dónde cenamos la primera noche y que está a un paso del hostal. Repetimos una pizza deliciosa con una buena cerveza negra del país por 4500Ft todo.

Tras la cena, vuelta al hotel, ducha para entrar en calor y a dormir que mañana nos espera un día intenso.

20/01/17: pasamos la mañana en Pest y su barrio judío y, la tarde en uno de sus balnearios con el contraste de temperaturas…

Día 2: Recorremos el barrio judío y Pest, acabamos el día de relax total en uno de los balnearios de la ciudad

Nos levantamos a las 9h pasadas con algo de resaca después del tour por los bares en ruinas de anoche… Nos damos una ducha rápida y salimos hacia la Sinagoga dónde empezará el tour que contratamos ayer por el barrio judío y Pest con los chicos de White Umbrella.

Aprovechamos que tenemos el pase del metro activo para cogerlo y que nos acerque, por las mañanas hace un frío tremendo… El metro de Budapest merece una mención a parte. Siempre, siempre, comprad billete y validadlo al entrar a la estación en las máquinas naranjas -excepto si lleváis un pase que solo hay que activarlo la primera vez que lo uses- porque los revisores están en cada esquina y tienen devoción por los guiris. Si te pillan sin billete te cae una multa de varios cientos de euros y te llevas un mal rato, así que no merece la pena ir sin él, creo yo. El metro es de los más antiguos de Europa y mantiene un estilo soviet peculiar, pero es altamente eficaz y rápido.

Al llegar a la zona decidimos desayunar tranquilamente en una cafetería frente a la Sinagoga. Tomamos un par de menús con croissant, café y zumo por 1500 florines cada uno. A las 10,40h salimos a los fríos -7ºC que hay en este momento en la calle.

Nos unimos al grupo de españoles que se ha empezado a formar frente a la Sinagoga,  coincidimos con tres parejas que hicieron el free tour con nosotros ayer. La guía de nuevo es Xela.

Trolebús frente a la Gran Sinagoga

 

Empezamos el tour conociendo la historia de la Sinagoga, del barrio judío y de su historia más oscura en el holocausto nazi. Se trata de la segunda Sinagoga más grande del mundo, sólo superada por la de Jerusalén. El estilo predominante de la sinagoga es el morisco, aunque también combina toques bizantinos, románticos y góticos. Recibe muchos otros nombres: La Gran Sinagoga, La Sinagoga Dohány o la Sinagoga del Tabaco, ya que en judío dohány significa tabaco.

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis hicieron de los alrededores de la sinagoga un ghetto judío que posteriormente se convirtió en un campo de concentración. Desde este lugar muchos judíos fueron enviados a los campos de exterminio. De los judíos que sobrevivieron, fueron más de 2.000 los que murieron de hambre y frío. Sus cuerpos fueron enterrados en el cementerio de la Gran Sinagoga.

A lo largo del recorrido por el barrio descubrimos esculturas y graffitis que simbolizan o conmemoran a grandes personas que de forma altruista ayudaron a los judíos a escapar del genocidio nazi que había en Hungría y especialmente en la ciudad de Budapest, así como a grandes judíos húngaros que hicieron cosas grandes.

Carl Rutz memorial

 

 

 

Budapest tiene tres Sinagogas en realidad aunque la más conocida es la Gran Sinagoga, cuenta también con la Sinagoga de la calle Rumbach o “Pequeña sinagoga”, actualmente en desuso ya que está muy deteriorada, y la Sinagoga de la calle Kazinczy (no permiten las visitas). Pasamos frente a la Sinagoga pequeña y vemos que a pesar de contar con una arquitectura del estilo a la más grande del barrio está en condiciones deplorables…

 

 

Seguimos caminando por las callejuelas del barrio judío descubriendo rincones, bares en ruinas y edificios simbólicos. Entramos en un patio privado dónde se encuentra el último resquicio del muro que separaba el ghetto judío del resto de la ciudad. Se encuentra en un patio de casas bastante deterioradas pero en las que aún hay gente que las habita.

 

 

plano del antiguo ghetto marcado por el muro

 

Y tras un recorrido de 2h por él, nos dirigimos hacia la avenida más famosa y glamurosa de la ciudad, la Avenida Andrassy, justo a la altura de la gran Opera de Budapest.

La avenida, construida en 1872, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2002, en gran parte gracias a las bellas fachadas de las casas y palacios renacentistas que se conservan. Era la avenida construida por el emperador austro-húngaro Andrassy, esposo de la emperatriz Sisi. Tenía tanto glamour en su época que construyeron la avenida con suelos de madera. Frente a la Opera aún se conserva algún pedazo del suelo original.

Entramos al hall de la Opera dónde nos explica la historia de ésta. Fue construida por el pueblo húngaro poco después de haber finalizado la construcción de la Opera de Viena para deleite de los emperadores cuando venían a la ciudad, pero como a los húngaros les gusta hacer las cosas a lo grande, pues resultó que ésta Opera gustó más que la de Viena, lo cuál no acabó de gustar al emperador Andrassy quién era nacido en Viena y sentía más devoción por su ciudad… a quién si le apasionó, tanto en belleza como en acústica fue a la emperatriz Sisi quién pasaba largas temporadas en Budapest alejada de los grandes lujos de Viena.

 

 

La emperatriz Sisi se sentía mucho más a gusto en Budapest y la ciudad, sentía devoción por ella. Se puede observar al comprobar que hay calles, plazas, edificios, pinturas, monumentos, etc. dedicados a su figura.

Llevamos más de 3h en la calle con un frío que pela… Xela nos da unos minutos de descanso para tomar un café y entrar en calor. Junto a la cafetería dónde nos tomamos un café calentito, se encuentra una estatua en memoria de Miklós Radnóti, uno de los grandes poetas y líricos de la historia de Hungría.

 

La vida de este hombre estuvo cargada de mala suerte desde su nacimiento… en el que falleció su madre y su hermano gemelo. Muy jovencito quedó huérfano de padre también, aún así consiguió estudiar y hacerse un hueco en el comercio del país, mientras dedicaba su tiempo libre a la lírica y la poesía. Lideró algunos movimientos en contra del gobierno de su país que no gustaron a algunos y lo castigaron a realizar trabajos forzados. En la II Guerra Mundial, se vio obligado a luchar en el frente ucraniano y cuando Hungría perdió frente al ejército alemán, Radnóti que era de origen judío, fue condenado a un campo de concentración. Consiguió escapar de éste para volver con su esposa, y cuando le quedaban apenas unas pocas horas de camino (desde Ucrania y en pleno invierno), falleció de frío e inanición. Su esposa al enterarse, decidió publicar sus obras y consiguió el éxito como escritor a título póstumo. Toda una desgracia de vida… si queréis saber más sobre él hay mucha información en Wikipedia. Es solo un ejemplo de la lucha de algunos judíos por hacerse un huequito en la historia, otros cientos de miles quedaron simplemente en el olvido…

Seguimos caminando por la Avenida Andrassy hasta la altura de la Casa del Terror. Me hubiera gustado entrar en este museo comunista pero está cerrado por mantenimiento anual todo el mes de enero.

Aquí cogemos el metro eléctrico más antiguo de Europa, construido para la Exposición Universal de 1896, coincidiendo con la celebración del 1000 años de la fundación de la ciudad. Se trata de la línea 1 del metro de la ciudad que recorre la Av. Andrassy de punta a punta.

Bajamos en Hosok Ter, la plaza de los Héroes. También construida para aquella Exposición Universal en la que se encuentra el mayor monumento y cenotafio a los héroes caídos en guerra -en las muchas en las que el país se ha visto involucrado-.

A lado y lado del monumento, encontramos el Museo de Bellas Artes y la Galería Nacional.

Y si caminamos un poco más hacia el Parque de la Ciudad, encontramos junto a su entrada una enorme pista de hielo y el Castillo Vajdahunyad, con una gran similitud al castillo del Conde Drácula de Transilvania (antiguo territorio húngaro).

Caminamos sobre placas de hielo hasta el castillo. Construido inicialmente en madera para la Expo de 1896 (les faltaba tiempo…), fue reconstruido en piedra al terminar el evento. Su arquitectura es una copia de otros edificios existentes en Hungría. Dentro del castillo podéis encontrar un museo de agricultura y una pequeña iglesia.

 

 

 

Xela nos explica algunas historias sobre personajes húngaros bastante sangrientos y después vamos a conocer la estatua del escritor Anónimo y a tocar su lápiz para que me inspire en la redacción del trabajo de final de máster que tengo entre manos 😛

 

Son las 15h cuando finaliza el tour. A pesar de que el parque tiene pinta de ser muy bonito y de esconder más estatuas y rincones, todo el suelo está helado y se hace difícil caminar por él sin resbalar (a pesar de llevar calzado para nieve)… así que volvemos al metro echando un último vistazo a la imponente imagen que ofrece la puerta amurallada del castillo.

Ya en el metro, y tras un par de transbordos, nos bajamos en la parada Fovam Ter. Desde aquí hay unas vistas geniales de la puesta de sol sobre el Szabadság Híd o Puente de la Libertad que cruza hacia el monte Gellért.

Entramos al Mercado Central y alucinamos con el ambiente que hay en él. Nos recuerda bastante al Mercado del Ninot de Barcelona, con ese estilo industrial que han mantenido.

 

Subimos a la planta superior y escogemos un restaurante de comida local en el que nos ponemos las botas de comida local y vino caliente por 30€. Tenemos demasiada hambre cuando escogemos los platos y luego somos incapaces de terminar todo lo pedido… la comida local es buena, bastante condimentada con pimentón rojo y de cuchara se nota que hace frío 🙂

Paseamos por la planta superior entre los puestos de souvenirs y productos locales, y compramos un imán para la colección y una caja secreta, souvenir típico de aquí.

Salimos del mercado y cogemos el metro hasta el hostal. Descansamos un ratito y luego salimos bañador en mano hasta el Balneario Szchény, situado en el Parque de la Ciudad. Se trata de uno de los recintos termales más grandes de Europa. El edificio actual fue inaugurado en 1913 y tiene un estilo neo gótico; cuenta con 15 piscinas, 3 grandes al aire libre y 12 pequeñas en los recintos del interior, en los que también hay saunas y salas de masajes. Pagamos la entrada básica (4000 florines cada uno) y vamos a buscar toallas de alquiler por 1000 Ft. El recinto es enorme y cuenta con grandes vestuarios, hay algunos privados pero ya no les queda, así que vamos a los comunes. Allí encuentras taquillas dónde poder dejar tus cosas que se abren y cierran con el chip de la pulsera que te entregan al comprar la entrada, lo único que debes recordar es el número de ésta 🙂

Una vez cambiados, cubiertos con el biquini y una mini toalla salimos al exterior, a los -7ºC que hay en este momento… salimos disparados hacia la piscina más cercana, con el agua a 38ºC. Es increíble la sensación de bienestar que genera el agua y el vapor que emana de la piscina.

 

Nuestra idea inicial era ir solo a las piscinas interiores, pero descubrimos que para llegar a ellas hay que cruzar por las piscinas exteriores… así que ésta caía más cerca de la puerta 😛

Aún así, somos valientes y corremos hasta la otra piscina exterior, situada en el otro extremo del recinto y hasta las interiores. Entramos en uno de los baños de vapor y al salir descubrimos que ¡nos han quitado una toalla! No os imagináis nuestra cara y nuestro cabreo… por lo visto es una práctica habitual porque una vez te has secado con ella, con el frío de la calle se congela y la gente coge la de los demás… así que no nos queda otra que buscarnos la vida para recuperarla. Tras esto, decidimos volver a la piscina exterior dónde podemos controlar mejor las toallas.

Nos pegamos casi 2h en remojo en ella. Menuda sensación estar a 38º en el agua cuando en la calle hay -7!!

Sobre las 19,30h salimos del agua con mucho pesar y ¡mucho frío! Volvemos a los vestuarios, nos cambiamos y secamos el pelo y volvemos al metro.  De allí cogemos el metro hasta la Nyugati Pályaudvar o estación central de trenes.

El hecho de venir hasta aquí no es solo por ver la estación, si no para cumplir una tradición viajera: “McDonalds por el mundo” y es que adherido a la estación hay uno de los restaurantes de la cadena más elegantes del mundo, ambientado en estilo neo gótico que caracteriza a la ciudad 🙂

Y tras la cena y con un relax increíble en el cuerpo volvemos al hostal en metro. Nos damos una ducha para entrar en calor y a dormir, estamos ko.